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    <title><![CDATA[elDiario.es - José Sanz Mora]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jose-sanz-mora/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José Sanz Mora]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Familias con discapacidad intelectual: "Peleamos mucho para que confiasen en que podíamos cuidar de nuestra hija"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/familias-discapacidad-intelectual-peleamos-confiasen-podiamos-cuidar-hija_1_10518250.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2ff25e63-602d-4293-9702-a4724a49b099_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Familias con discapacidad intelectual: &quot;Peleamos mucho para que confiasen en que podíamos cuidar de nuestra hija&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nuria y Felipe forman parte de esa minoría de personas con discapacidad intelectual que han tenido descendencia, en una sociedad en la que "la discriminación y la infantilización lastran las posibilidades de formar una familia", advierten desde la ONG Plena Inclusión</p><p class="subtitle">Estigma y dificultades por ser madre con discapacidad: “La gente dice que deberían quitarme a mis hijos, que no sé criarlos”</p></div><p class="article-text">
        Nuria (Madrid, 45 a&ntilde;os) y Felipe (Madrid, 45 a&ntilde;os) llevan unos d&iacute;as un poco preocupados. Aroa, su &uacute;nica hija, de 12 a&ntilde;os, comienza el instituto y tanto ella como sus padres, cada uno por causas diferentes, no pueden evitar estar nerviosos. &ldquo;Es que no es lo mismo el colegio que el instituto &ndash;se reafirma Nuria&ndash; aunque lo bueno es que en primero y segundo de la ESO no les dejan salir del recinto, ni siquiera a comprar el bocadillo, y eso nos tranquiliza, la verdad&rdquo;. Seguramente, detr&aacute;s de esta microescena familiar se vean reflejados cientos de miles de madres y padres en nuestro pa&iacute;s. Sin embargo, ese regusto agridulce ante el cambio, ante el hecho de que sus hijos y sus hijas se hacen mayores sin remisi&oacute;n, cobra una dimensi&oacute;n diferente en familias como las de Nuria, Felipe y Aroa. Porque los tres tienen una discapacidad intelectual.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la Convenci&oacute;n sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, aprobada por Naciones Unidas el 13 de diciembre de 2006 y ratificada por Espa&ntilde;a, todas las personas con discapacidad tienen derecho a formar una familia y decidir el n&uacute;mero de hijos que quieren tener. Pero m&aacute;s all&aacute; del papel, las parejas con discapacidad con menores a su cargo siguen siendo hoy una minor&iacute;a lastrada en la mayor parte de las ocasiones por los prejuicios y los tab&uacute;es.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La discriminaci&oacute;n que se produce en el &aacute;mbito de la discapacidad intelectual es interseccional&rdquo;, sostiene Silvia S&aacute;nchez, directora de Estrategia y Desarrollo de <a href="https://plenainclusionmadrid.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Plena Inclusi&oacute;n Madrid</a>. &ldquo;Ya solo en el &aacute;mbito laboral, la tasa de empleo del colectivo es cuatro veces menor que en el resto de la poblaci&oacute;n, por ejemplo. Si a eso le sumamos la infantilizaci&oacute;n a la que se suele someter a las personas con discapacidad intelectual por parte de la sociedad, las posibilidades para que puedan formar una familia se diluyen casi completamente&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Una historia poco habitual</h3><p class="article-text">
        Nuria y Felipe se conocieron en la Red, en una de aquellas salas de chat de Terra que ahora parecen el paleol&iacute;tico de Internet pero que durante mucho tiempo fueron punto de encuentro de soledades compartidas. &ldquo;Aquel d&iacute;a, justo antes de acostarme, me conect&eacute; y encontr&eacute; a una chica que estaba teniendo problemas con su Messenger&rdquo;, cuenta Felipe. La coincidencia dio pie la conversaci&oacute;n; esta, a siguientes quedadas virtuales; y, poco tiempo despu&eacute;s, a la primera cita cara a cara. &ldquo;Quedamos varias veces y enseguida decidimos ser pareja. Un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, ya est&aacute;bamos buscando piso&rdquo;, completa Nuria. 
    </p><p class="article-text">
        Y lo encontraron en Legan&eacute;s (Madrid), en el barrio de toda la vida de Felipe &ndash;&ldquo;sigo comprando en la misma poller&iacute;a en la que compraba mi madre&rdquo;&ndash;, aunque necesitaron el aval de sus padres para poder hacer frente a la hipoteca. &ldquo;Yo trabajo en la lavander&iacute;a de un centro especial de empleo de <a href="https://www.ilunion.com/es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ilunion</a>&rdquo;, se&ntilde;ala Felipe, &ldquo;y Nuria, en un colegio, as&iacute; que nuestros sueldos no nos daban para hacer demasiadas cosas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En l&iacute;neas generales, las personas con discapacidad intelectual perciben sueldos bajos&rdquo;, afirma Raquel Rodicio, t&eacute;cnico de Proyectos de la asociaci&oacute;n <a href="https://afanias.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">AFANIAS</a>, organizaci&oacute;n de referencia de Nuria. &ldquo;El caso de Felipe y Nuria representa el contrapunto positivo respecto a otras historias similares. Ellos representan la imagen de una familia que ha salido adelante a pesar de todo porque disponen de apoyos familiares. Pero, lamentablemente, su historia no es la habitual&rdquo;, concluye.
    </p><h3 class="article-text">Corresponsabilidad motivada por las circunstancias</h3><p class="article-text">
        A las siete de la ma&ntilde;ana suena el despertador en casa de Nuria, Felipe y Aroa. Con los primeros rayos de luz entrando por la ventana, cada uno se prepara para afrontar la jornada. Hoy es el primer d&iacute;a que Aroa acudir&aacute; al instituto y, por eso, parece mucho m&aacute;s introvertida de lo que es en realidad. &ldquo;Est&aacute; muy nerviosa&rdquo;, reconoce Nuria. &ldquo;Y nosotros tambi&eacute;n, porque los d&iacute;as que Felipe tenga turno de ma&ntilde;ana no llegar&aacute; a casa hasta las cuatro y la ni&ntilde;a va a tener que comer sola. A ver c&oacute;mo se apa&ntilde;a&rdquo;. Felipe interviene para mostrar confianza en su hija: &ldquo;El microondas lo sabe utilizar. Se va a manejar bien, seguro&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Cuando Aroa naci&oacute;, en cambio, trabajadores sociales y alg&uacute;n m&eacute;dico no ten&iacute;an muy claro que ellos fuesen a ser capaces de cuidar a una ni&ntilde;a. Tampoco dentro de sus propias familias mostraban demasiada confianza. &ldquo;Mi suegra intentaba siempre que no me quedase sola con Aroa&rdquo;, recuerda Nuria. &ldquo;Tuve que pelearlo mucho hasta conseguir que confiasen en m&iacute;. Hasta consegu&iacute; hacer un viaje sola en el tren con ella cuando todav&iacute;a era un beb&eacute;&rdquo;, se enorgullece. Felipe tambi&eacute;n tuvo que atravesar su desierto particular hasta lograr desarrollar v&iacute;nculos con la ni&ntilde;a: &ldquo;Al principio me daba miedo cogerla en brazos por si se me ca&iacute;a, pero enseguida aprend&iacute; a cambiarle los pa&ntilde;ales y aprend&iacute; r&aacute;pido los trucos que me daban mis compa&ntilde;eros de trabajo que ya ten&iacute;an hijos&rdquo;. Nada que le diferenciara de cualquier padre primerizo.
    </p><p class="article-text">
        Con un a&ntilde;o y medio, a Aroa le diagnosticaron un retraso madurativo que no le permite aprender a la misma velocidad que el resto de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as de su misma edad. &ldquo;El a&ntilde;o pasado, a mitad de curso, buscamos a una profesora particular de matem&aacute;ticas para que le echase una mano, porque no se le dan bien, la verdad&rdquo;, se lamenta Nuria. &ldquo;Pero conseguimos que aprobase. Nunca ha sido una ni&ntilde;a de grandes notas, pero ha ido aprobando todo siempre&rdquo;. De ah&iacute; que esta ma&ntilde;ana se les agolpen a los tres un mont&oacute;n de dudas: &iquest;dispondr&aacute; de apoyos en el instituto? &iquest;Conseguir&aacute; tener un grupo de referencia? Este &uacute;ltimo aspecto es un tema que a Nuria le preocupa abiertamente: &ldquo;A m&iacute; me cost&oacute; mucho tener amigas en el colegio. No lo consegu&iacute; hasta que me cambiaron a un centro de Educaci&oacute;n Especial&rdquo;, recuerda. Tal vez por eso, Nuria y Felipe han favorecido siempre un ocio activo que los tres comparten. &ldquo;Nos gusta mucho salir a dar paseos o con la bicicleta. Y los juegos de mesa nos encantan&rdquo;, cuenta Felipe.
    </p><p class="article-text">
        Antes de salir de casa, el reparto de tareas dom&eacute;sticas est&aacute; plenamente automatizado. Mientras Nuria prepara el desayuno, Aroa deja su habitaci&oacute;n ordenada y Felipe hace lo propio con el sal&oacute;n. Hoy les toca turno de ma&ntilde;ana y la casa estar&aacute; vac&iacute;a hasta la hora de comer. &ldquo;Yo me encargo m&aacute;s de las comidas y Felipe y la ni&ntilde;a, de la limpieza y de la compra&rdquo;, cuenta Nuria. &ldquo;De hecho, ense&ntilde;amos a Aroa a tirar el pa&ntilde;al a la basura y a echar la ropa sucia a la cesta cuando ten&iacute;a tres a&ntilde;os&rdquo;. Una corresponsabilidad no forzada, motivada exclusivamente por las circunstancias: &ldquo;Es que los horarios de Nuria no nos dejan m&aacute;s remedio&rdquo;, a&ntilde;ade Felipe. Durante mucho tiempo, he sido yo quien se ha encargado de dejar a la ni&ntilde;a en el colegio, de hacer la compra y limpiar la casa cuando ten&iacute;a turno de tarde&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aroa coge la mochila y sale la primera. Detr&aacute;s le siguen sus padres que, antes de cerrar la puerta, cruzan sus miradas por un instante. Cualquiera que lo hubiese visto se habr&iacute;a dado cuenta de que en ese gesto, casi imperceptible, hab&iacute;a algo de miedo pero mucho tambi&eacute;n de orgullo. Ya son las ocho, en las calles de Legan&eacute;s arranca un nuevo d&iacute;a y en la vida de Nuria, Felipe y Aroa, un nuevo cap&iacute;tulo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Sanz Mora]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/familias-discapacidad-intelectual-peleamos-confiasen-podiamos-cuidar-hija_1_10518250.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Sep 2023 20:21:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Discapacidad,familias,Maternidad,Discapacidad intelectual]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un ictus en mitad de un embarazo: "Coger a la niña, darle el biberón o cantarle una canción eran tareas imposibles"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/ictus-mitad-embarazo-coger-nina-darle-biberon-cantarle-cancion-tareas-imposibles_1_10086610.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b417e289-fafe-4cbf-9089-f3997569ac40_16-9-discover-aspect-ratio_default_1070129.jpg" width="2282" height="1283" alt="Un ictus en mitad de un embarazo: &quot;Coger a la niña, darle el biberón o cantarle una canción eran tareas imposibles&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un grupo de madres con daño cerebral adquirido han creado 'Braining mum', una comunidad de apoyo y asesoramiento para las mujeres que afrontan la maternidad en circunstancias similares </p><p class="subtitle">Criar a un hijo con enanismo: entre las miradas de curiosidad y el desconocimiento
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Llevaba mucho tiempo intentando ser madre, pero no hab&iacute;a manera. Quemamos todos los cartuchos de la fecundaci&oacute;n artificial y cuando, por fin, consegu&iacute; quedarme embarazada, sufr&iacute; un ictus hemorr&aacute;gico durante el parto a consecuencia de una serie de complicaciones que surgieron en la ces&aacute;rea. Eso fue hace cinco a&ntilde;os, los mismos que tienen mis mellizos. Puedo decir que comparto con ellos edad. Llevamos cinco a&ntilde;os creciendo juntos&rdquo;. Celi Mart&iacute;nez (Madrid, 41 a&ntilde;os) ha contado tantas veces su historia, que apenas se inmuta cuando sigue reivindicando su rol activo como madre: &ldquo;La parte izquierda de mi cuerpo todav&iacute;a est&aacute; paralizada, y sigo acudiendo a rehabilitaci&oacute;n cada d&iacute;a porque es mi trabajo. Sin embargo, desde el primer momento he querido tener un papel protagonista en la crianza de mis hijos. Nunca me conformar&iacute;a con ser una actriz secundaria en mi maternidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La realidad de Celi es la misma de muchas mujeres que sufren un da&ntilde;o cerebral adquirido (DCA), una patolog&iacute;a que afecta a cerca de medio mill&oacute;n de personas en nuestro pa&iacute;s, seg&uacute;n datos de&nbsp;<a href="https://fedace.org/index.php" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">FEDACE, Federaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Da&ntilde;o Cerebral</a>, y que la mayor&iacute;a de las veces se produce por un accidente cerebrovascular. Esta no es la &uacute;nica causa; traumatismos craneoencef&aacute;licos o tumores son responsables cada a&ntilde;o en Espa&ntilde;a de las lesiones cerebrales de m&aacute;s de 100.000 personas, tal y como refleja la &uacute;ltima&nbsp;<a href="https://www.ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=Estadistica_C&amp;cid=1254736176782&amp;menu=resultados&amp;idp=1254735573175" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Encuesta de Discapacidad, Autonom&iacute;a Personal y Situaciones de Dependencia</a>&nbsp;publicada por el INE el pasado a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, detr&aacute;s de las cifras siempre se esconden historias personales, como la de Celi. &ldquo;Mi forma de volver a empezar de cero fue ser consciente de que la vida me hab&iacute;a dado una segunda oportunidad de vivir, y de vivir con mis hijos, adem&aacute;s. Hab&iacute;a deseado tanto ser madre que ahora no pod&iacute;a bajar los brazos, por mucho que mi vida se hubiese convertido en una rehabilitaci&oacute;n constante&rdquo;, sostiene. Esa &ldquo;rehabilitaci&oacute;n constante&rdquo; le llev&oacute; a pasar por diferentes recursos sociosanitarios, tanto p&uacute;blicos como privados, entre ellos el&nbsp;<a href="https://ceadac.imserso.es/web/ceadac" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Centro de Referencia Estatal de Atenci&oacute;n al Da&ntilde;o Cerebral (CEADAC)</a> 
    </p><p class="article-text">
        Fue precisamente all&iacute; donde Celi se encontr&oacute; con mujeres que, como ella, compart&iacute;an, por un lado, una lesi&oacute;n cerebral y, por otro, su condici&oacute;n de madres. A fuerza de compartir horas, d&iacute;as y meses de rehabilitaci&oacute;n, Celi, Almudena, Sandra y las dem&aacute;s tuvieron tiempo de poner en com&uacute;n sus problemas, las necesidades que compart&iacute;an alrededor de sus maternidades y los sentimientos que su nueva situaci&oacute;n les generaba. &ldquo;Nos entend&iacute;amos sin hablar&rdquo;, afirma Celi con rotundidad. &ldquo;S&oacute;lo alguien que ha pasado por lo mismo que t&uacute; te comprende totalmente&rdquo;. Fue entonces cuando trazaron su plan: crear&iacute;an un grupo de apoyo para mujeres que, como ellas, estuviesen enfrent&aacute;ndose al desaf&iacute;o de la crianza con un da&ntilde;o cerebral. Acababa de nacer&nbsp;<a href="https://www.instagram.com/brainingmum/?hl=es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Braining Mum</a>.
    </p><h3 class="article-text">Una madriguera</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Nuestro objetivo es, sobre todo, ayudar a madres que se enfrenten a una situaci&oacute;n parecida a la que hemos pasado nosotras, pero tambi&eacute;n apoyar a mujeres con un da&ntilde;o cerebral a ser madres si as&iacute; lo desean, contarles c&oacute;mo va a ser su maternidad con todas las limitaciones de su nueva situaci&oacute;n&rdquo;, nos cuenta Almudena Mart&iacute;n (Madrid, 47 a&ntilde;os), una mujer &ldquo;sana, con h&aacute;bitos saludables y sin ninguna dificultad en 2017&rdquo;, como ella misma se define, &ldquo;aunque muy exigente conmigo misma, sobre todo en temas relacionados con mi trabajo, que era de mucha responsabilidad&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Una noche de aquel a&ntilde;o, tras varias horas delante de la pantalla del ordenador, sinti&oacute; un terrible dolor de cabeza, as&iacute; que se tom&oacute; un ibuprofeno y se acost&oacute;. Durmi&oacute; toda la noche, pero por la ma&ntilde;ana se despert&oacute; con mareos y problemas de visi&oacute;n. Hab&iacute;a sufrido un ictus hemorr&aacute;gico. Esa &ldquo;nueva situaci&oacute;n&rdquo; a la que alude Almudena est&aacute; &iacute;ntimamente relacionada con las secuelas que provocan las lesiones cerebrales en los casos m&aacute;s graves, como la&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Afasia" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">afasia</a>, los problemas de movilidad o de memoria y que dificultan la crianza.
    </p><p class="article-text">
        Como Celi, despu&eacute;s de meses de hospital, Almudena recal&oacute; en el CEADAC para llevar a cabo su rehabilitaci&oacute;n, y sin pretenderlo se convirti&oacute; en una de las ide&oacute;logas de Braining Mum. &ldquo;Somos una madriguera, una manada&rdquo;, sostiene.&nbsp;Para ella, que ya ten&iacute;a a su hija cuando le sobrevino el accidente cerebrovascular, hay una maternidad anterior al ictus y otra posterior: &ldquo;Despu&eacute;s de que me ocurriese no pod&iacute;a cuidar de la ni&ntilde;a, por m&aacute;s que quisiera; imag&iacute;nate la frustraci&oacute;n de querer cuidar de un ser que depende de ti y sentir que no puedes cuidar ni de ti misma&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 2019, Almudena sufri&oacute; un segundo ictus, m&aacute;s leve que el primero, pero que le oblig&oacute; a volver a replantear la relaci&oacute;n con su hija: &ldquo;Con el primer ictus no pod&iacute;a atender a la ni&ntilde;a en sus necesidades m&aacute;s b&aacute;sicas, como darle de comer, ayudarle con su aseo o jugar con ella. Ahora, que tiene 11 a&ntilde;os, las dificultades son diferentes. Las secuelas me provocan no ser la misma mujer resolutiva que era antes, y eso se traduce, por ejemplo, en que no tengo la misma paciencia que antes. Ahora es una continua &lsquo;lucha psicol&oacute;gica&rsquo;; eso y ayudarle con los deberes son las mayores barreras&rdquo;, concluye. 
    </p><p class="article-text">
        Muy parecido es el testimonio de Sandra Fern&aacute;ndez (Madrid, 41 a&ntilde;os): &ldquo;En mi caso, tuve que empezar de cero; volver a aprender las letras, a leer, a caminar, a entender las cosas...&rdquo;. Sandra trabajaba como profesora de Educaci&oacute;n Especial cuando, a los 35 a&ntilde;os y embarazada de 26 semanas, sufri&oacute; una hemorragia cerebral a causa de una malformaci&oacute;n cong&eacute;nita. Los m&eacute;dicos consiguieron estabilizarla a ella y tambi&eacute;n al feto y, despu&eacute;s de un mes en la UCI, la subieron a planta. All&iacute; descubri&oacute; que el ictus le hab&iacute;a arrebatado la movilidad, el habla y parte de la visi&oacute;n. Noventa d&iacute;as despu&eacute;s, nac&iacute;a su hija. &ldquo;No fue un camino f&aacute;cil; en mi caso, poder coger a la ni&ntilde;a, darle el biber&oacute;n o cantarle una canci&oacute;n eran tareas imposibles por culpa de la falta de movilidad y de las alteraciones en el lenguaje&rdquo;.
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                Olga López, de 44 años, sufrió un ictus hemorrágico durante su embarazo.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Miedo a no estar a la altura</h3><p class="article-text">
        Las experiencias compartidas dieron paso a la sororidad. Atravesar el desierto que supone recuperarse de un da&ntilde;o cerebral adquirido puede convertirse en una aut&eacute;ntica prueba de fuego cuando hay hijas o hijos a cargo. De ah&iacute; que la idea que Celi y sus compa&ntilde;eras tuvieron durante su rehabilitaci&oacute;n en el CEADAC empezase a sumar enseguida compa&ntilde;eras de viaje. 
    </p><p class="article-text">
        Una de ellas fue Rosa Rubio (Barcelona, 50 a&ntilde;os), que en 2012 sufri&oacute; un ictus hemorr&aacute;gico provocado por una malformaci&oacute;n cong&eacute;nita en el cerebelo. &ldquo;En aquel momento, mis hijas ten&iacute;an 12 y 9 a&ntilde;os, y en cuanto empec&eacute; a sentir una peque&ntilde;a recuperaci&oacute;n me acostumbr&eacute; a esconder mis sentimientos y mis emociones delante de ellas. Me obsesionaba no ser la madre perfecta y que llegara un d&iacute;a en que ellas pudieran rechazarme&rdquo;, afirma. &ldquo;Los primeros meses todo me agotaba. Estaba enfadada, rota, me obsesionaba no ser la madre &lsquo;perfecta&rsquo;&rdquo;, contin&uacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Este sentimiento de frustraci&oacute;n es una constante en muchas de las madres que han sufrido alg&uacute;n tipo de lesi&oacute;n cerebral. Un miedo atroz a no estar a la altura. &ldquo;Las mujeres normalizamos eso de echarnos encima todas las cargas imaginables; las sociedad nos dicta muchas veces c&oacute;mo tenemos que sentirnos, c&oacute;mo tenemos que vivir y, por supuesto, qu&eacute; clase de madres tenemos que ser&rdquo;, se&ntilde;ala Mar&iacute;a Gironza (Madrid, 43 a&ntilde;os), la &uacute;nica mujer de las que componen Braining Mum que no padece un da&ntilde;o cerebral. Gironza es una arquitecta especializada en accesibilidad universal que lleva a&ntilde;os trabajando en el &aacute;mbito de la discapacidad. &ldquo;Nos venden un modelo de maternidad &uacute;nico e ideal. Tenemos que poder con todo, ser perfectas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Casi desde los or&iacute;genes de Braining Mum, Gironza colabora con el grupo prestando apoyo log&iacute;stico y abriendo el punto de mira no s&oacute;lo a las necesidades que tienen como madres, sino a los autocuidados individuales; a salvaguardar su identidad como mujeres. &ldquo;Si una mujer no se siente plena consigo misma &ndash;sentencia&ndash; dif&iacute;cilmente va a poder estar en condiciones de criar&rdquo;. Eso mismo lo ratifica Rosa Rubio: &ldquo;Ser madre es dif&iacute;cil con y sin da&ntilde;o cerebral, pero cuando hay un da&ntilde;o cerebral es infinitamente m&aacute;s complicado. Quiz&aacute; el secreto para volver a criar en buenas condiciones pasa por aceptar lo que te ha ocurrido y, desde ah&iacute;, pasito a pasito, ir conectando contigo misma&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Los hijos normalizan</h3><p class="article-text">
        Olga L&oacute;pez (Alicante, 44 a&ntilde;os) es una de las reci&eacute;n llegadas; apenas lleva un par de meses en la &ldquo;madriguera&rdquo;. &ldquo;Lo que m&aacute;s destaco, sin duda, es que desde que estoy en contacto con el grupo me siento menos sola. Cada una vivimos en una provincia diferente, pero la conexi&oacute;n es constante, ya sea a trav&eacute;s de WhatsApp, videoconferencia o por tel&eacute;fono&rdquo;, sostiene. 
    </p><p class="article-text">
        La historia de Olga es un relato de tes&oacute;n y paciencia: &ldquo;Mi deseo era ser madre. No ten&iacute;a pareja y mi trabajo me proporcionaba estabilidad econ&oacute;mica, as&iacute; que decid&iacute; emprender mi maternidad en solitario. Empec&eacute; en 2015 y, despu&eacute;s de seis inseminaciones fallidas, un a&ntilde;o m&aacute;s tarde comenc&eacute; con el tratamiento in vitro. En septiembre de 2016 me comunicaron por fin que estaba embarazada, pero el 7 de diciembre sufr&iacute; un ictus hemorr&aacute;gico provocado por un aneurisma. Desde ese d&iacute;a y hasta el mes de abril, en el que naci&oacute; Marta, mi hija, todo fue un hurac&aacute;n de hospitales, traqueotom&iacute;as, complicaciones, rehabilitaci&oacute;n... Pero ahora la ni&ntilde;a tiene cinco a&ntilde;os y, despu&eacute;s de todo este tiempo, ya podemos mantener conversaciones ella y yo sobre lo que me ocurre. Yo intento adaptar mis respuestas a sus preguntas, pero siempre, siempre, le cuento la verdad&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En este punto, es inevitable cuestionarse c&oacute;mo se establecen los v&iacute;nculos entre las madres con DCA y sus hijos e hijas. &iquest;Se llega en alg&uacute;n momento a normalizar la crianza? &ldquo;Cuando Marta era un beb&eacute;&rdquo;, prosigue Olga, &ldquo;necesitaba permanentemente la ayuda de terceras personas porque, sinceramente, no era capaz de cuidarla. Si la quer&iacute;a coger, por ejemplo, le ten&iacute;a que pedir a alguien que la pusiera en mis brazos. Ten&iacute;a que vivir mi maternidad siempre acompa&ntilde;ada de otra persona. Ahora que la ni&ntilde;a tiene cinco a&ntilde;os la ayuda ha ido disminuyendo, pero sigo necesitando apoyo, incluso a veces de la propia Marta&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Alba de Lara (Madrid, 34 a&ntilde;os) lo tiene claro: &ldquo;Nuestros hijos e hijas normalizan lo que nos sucede. Somos nosotras, las adultas, quienes le sumamos importancia&rdquo;, una idea que Olga remata: &ldquo;Recuerdo que, cuando Marta aprendi&oacute; a ponerse de pie, inventamos una manera de poder abrazarnos las dos. Yo le ped&iacute;a que se subiese encima de la cama con la excusa de que estuvi&eacute;semos las dos a la misma altura, pero la realidad era que yo me sent&iacute;a m&aacute;s segura apoyando las pantorrillas en el lateral del colch&oacute;n para no perder el equilibrio mientras la cog&iacute;a. A medida que ella ha ido creciendo y siendo consciente de mi realidad, yo he podido ir explic&aacute;ndole cosas y eso ha hecho que estemos cada d&iacute;a m&aacute;s unidas&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Sanz Mora]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Apr 2023 20:51:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Ictus,Embarazo,Maternidad]]></media:keywords>
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