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    <title><![CDATA[elDiario.es - Javier Astudillo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/javier-astudillo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Javier Astudillo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Bonitas, pero no buenas? Los efectos electorales de las primarias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/bonitas-no-buenas-efectos-electorales-primarias_132_10152844.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/870c84fb-7bf5-48fe-84c0-a76c2da73b19_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Bonitas, pero no buenas? Los efectos electorales de las primarias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Introducir primarias con el único objetivo de recuperar votantes es ineficaz. Incluso si el principal rival no las utiliza, no se obtendrá premio electoral alguno</p></div><p class="article-text">
        En diciembre de 2021, tras perder las elecciones y terminar as&iacute; 16 a&ntilde;os en el poder, la CDU eligi&oacute; a su nuevo l&iacute;der federal por primera vez en su historia mediante una consulta a sus bases. El uso de un sistema de selecci&oacute;n plebiscitario por parte de los conservadores alemanes no parece excepcional. En Espa&ntilde;a otros partidos que han pasado a usarlas tras salir del gobierno, o tener unos resultados electorales muy insatisfactorios, han sido tanto el Partido Popular en julio de 2018 (para la primera vuelta de un proceso en dos etapas), o el PSOE en 1998 (para elegir a su candidato a presidente del gobierno) o de nuevo en 2014 (para elegir esta vez a su secretario general). Parece que detr&aacute;s de este inter&eacute;s en &ldquo;democratizar&rdquo; la selecci&oacute;n de l&iacute;deres se encuentra un deseo de reconectar con la sociedad y, por tanto, recuperar votantes. Sin embargo, que las primarias sirvan realmente para ello ha sido, y es, objeto de debate. Dentro de los propios partidos no es infrecuente cuestionar su uso bajo el argumento de que las primarias &ldquo;son bonitas, pero no buenas&rdquo; para ganar las elecciones (afirmaci&oacute;n atribuida a Alfonso Guerra &ldquo;La Voz de Cadiz&rdquo;, 11-11-2017). De hecho, la evidencia emp&iacute;rica que se acumula en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se divide a partes iguales entre los efectos electorales negativos de las primarias (debido a que se seleccionan candidatos extremistas y se generan divisiones internas dentro de los partidos) y los positivos (debido a que se seleccionan candidatos con una mayor legitimidad democr&aacute;tica, apoyo popular y consenso dentro de los partidos). En el medio, un tercer argumento sostiene que las primarias no tienen efectos electorales positivos o negativos per se, sino que depende de c&oacute;mo se hagan, esto es, su grado de inclusividad o la divisi&oacute;n que puedan generar el momento en que tengan lugar.
    </p><p class="article-text">
        En un art&iacute;culo publicado en el <a href="https://doi.org/10.1017/S0007123419000632" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">British Journal of Political Science</a> en 2021 discutimos los problemas de la literatura existente sobre los efectos electorales de las primarias y proponemos una manera distinta de estudiar la cuesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La aproximaci&oacute;n convencional se basa en (i) recopilar datos sobre elecciones en sistemas presidencialistas (esto es, cuando solo suele haber dos candidatos) en muchos pa&iacute;ses, (ii) separar a los candidatos elegidos por primarias de los elegidos de otra manera y (iii) comparar con m&eacute;todos m&aacute;s o menos sofisticados los resultados electorales de unos y otros. Si los candidatos elegidos por primarias consiguen mejores resultados que los otros, las primarias son positivas para los partidos; si son los segundos los que alcanzan mejores resultados, las primarias son negativas.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro argumento es que esta metodolog&iacute;a no es correcta por dos motivos. En primer lugar, si las primarias tienen un efecto negativo o positivo, este efecto solo se puede observar cuando en unas determinadas elecciones un candidato es elegido por primarias y su rival no. Si los dos (o ninguno) son elegidos a trav&eacute;s de primarias, el efecto de las primarias se cancelar&iacute;a, todo lo dem&aacute;s igual. Al comparar cientos de candidatos elegidos con primarias con otros tantos elegidos a trav&eacute;s de otros mecanismos, como hace la literatura, no podemos saber qu&eacute; han hecho los rivales de cada candidato. En otras palabras, no se debe usar una variable dicot&oacute;mica (elegido a trav&eacute;s de primarias o no), sino que hay que emplear una variable con cuatro categor&iacute;as (los dos candidatos has sido elegidos a trav&eacute;s de primarias, uno s&iacute; y el otro no, uno no y el otro s&iacute; o ninguno de los dos ha sido elegido a trav&eacute;s de primarias). El efecto de las primarias depende de lo que haga el rival.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, como en los an&aacute;lisis existentes solo hay dos candidatos o partidos, los votos que consigue el partido A son x% y los que consigue el otro son 100 &ndash; x. Si A consigue m&aacute;s votos que B, no podemos saber si se premia el uso de primarias, si se castiga que no se usen o las dos cosas al mismo tiempo. En t&eacute;rminos estad&iacute;sticos, hay un problema de grados de libertad que lleva a que el mecanismo causal que explica el efecto de las primarias no se pueda conocer. Para resolver esta problema hay que tener en cuenta elecciones con m&aacute;s de dos partidos para aumentar as&iacute; los grados de libertad. Si nos centramos en dos partidos determinados, A y B, en un sistema con al menos tres partidos, cuando A consigue x% de votos, B no alcanza 100 &ndash; x, puesto que los restantes partidos tambi&eacute;n cuentan. De este modo, podemos determinar si se premia usar primarias o se castiga no hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro an&aacute;lisis emp&iacute;rico sobre el efecto de las primarias con las dos correcciones se&ntilde;aladas se centra en los principales partidos nacionales en Alemania (CDU y SPD), Canad&aacute; (LP, NDP y CPC) y Espa&ntilde;a (PP y PSOE) en 296 elecciones regionales celebradas entre 1990 y 2017. Se trata de tres pa&iacute;ses con sistemas parlamentarios, multipartidismo y una fuerte descentralizaci&oacute;n. Tenemos en total 553 casos (partidos que compiten elecciones); en alrededor del 30 por ciento se usaron primarias (sobre todo en Canad&aacute;).
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los resultados de nuestro an&aacute;lisis, donde comparamos los resultados electorales de los partidos entre dos elecciones consecutivas, cuando se sigue la aproximaci&oacute;n convencional basada en usar una variable dicot&oacute;mica (primarias s&iacute; o no), las primarias no tienen un efecto electoral claro: los partidos que emplean primarias pierden 1,03 puntos y los que no las emplean 1,05. La diferencia no es estad&iacute;sticamente significativa. Sin embargo, cuando se sigue nuestra aproximaci&oacute;n, las cosas son muy distintas. Vamos a olvidarnos de los casos en los que los dos partidos usan primarias: ocurre muy pocas veces y lo que observamos no es fiable. Cuando un partido elige a su candidato a trav&eacute;s de primarias y su rival no, los resultados electorales del primero (un avance de 0,15 puntos) no son estad&iacute;sticamente distintos de lo que sucede cuando ninguno de los partidos elige a su candidato a trav&eacute;s de primarias (un retroceso de -0,71 puntos). Por el contario, los partidos que no emplean primarias y que se enfrentan a un partido que s&iacute; lo hace, consiguen resultados electorales sensiblemente (y estad&iacute;sticamente) peores (-3,31 puntos) que los partidos que no usan primarias y su rival tampoco (-0,71 puntos).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1, que se detiene en los cuatro escenarios que se distinguen en nuestro argumento, muestra claramente las pautas se&ntilde;aladas. Recordemos que el borde inferior de la caja representa el primer cuartil de los casos, el borde superior representa el tercer cuartil y la l&iacute;nea en el interior de la caja es la mediana. Las cajas de las elecciones en las que ning&uacute;n partido celebra primarias y en las que solo el propio partido las celebra son similares. La caja de las elecciones en las que solo el rival hace primarias es, no obstante, distinta de la caja de elecciones sin primarias. Los resultados de modelos m&aacute;s sofisticados (en los que tenemos cuenta la situaci&oacute;n econ&oacute;mica, qui&eacute;n estaba en el gobierno, etc. y que no se muestran) confirman plenamente la evidencia descriptiva.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 1</strong>.&nbsp;Efectos electorales de las primarias en cuatro escenarios distintos
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, para confirmar nuestros hallazgos, en particular que los candidatos que no son elegidos a trav&eacute;s de primarias son peor valorados cuando sus rivales s&iacute; lo son, hemos recopilado los datos de 62 encuestas preelectorales en elecciones regionales en Alemania y Espa&ntilde;a realizadas por el <em>Mannheimer Forschungsgruppe Wahlen</em> y el <em>Centro de Investigaciones Sociol&oacute;gicas</em>, respectivamente. En ellas se les pide a los encuestados que eval&uacute;en de 0 (muy mal) a 10 (muy bien) a los candidatos de los dos principales partidos. Nuestra comparaci&oacute;n se centra en los candidatos que en las elecciones sobre las que se pregunta han sido elegidos por primarias, pero no en las elecciones anteriores frente a los candidatos que no han sido elegidos a trav&eacute;s de primarias ni ahora ni antes. Como se puede ver en el Gr&aacute;fico 2 (cuya interpretaci&oacute;n es similar al anterior), los candidatos que ahora han sido elegidos a trav&eacute;s de primarias, pero antes no, son mejor evaluados (0,18 puntos <em><strong>m&aacute;s</strong></em>), mientras que los que no han sido elegidos por primarias ni en el pasado ni en el presente son peor evaluados (0,18 puntos <em><strong>menos</strong></em>).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 2</strong>. Efecto de las primarias en la valoraci&oacute;n de los candidatos
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En definitiva, &iquest;las primarias importan? S&iacute;. Pero para los votantes de los partidos que no las hacen cuando su rival las lleva a cabo. Ahora bien, introducir las primarias con el &uacute;nico objetivo de recuperar votantes parece no s&oacute;lo bastante &ldquo;electoralista&rdquo;, sino adem&aacute;s ineficaz. Incluso si el principal rival no las utiliza, no se obtendr&aacute; premio electoral alguno. S&oacute;lo ser&iacute;a recomendable introducirlas para no ser penalizado electoralmente si el rival pasa a usarlas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Astudillo, Ignacio Lago]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/bonitas-no-buenas-efectos-electorales-primarias_132_10152844.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Apr 2023 20:26:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Bonitas, pero no buenas? Los efectos electorales de las primarias]]></media:title>
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