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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan Carlos Muñoz Riesco]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan-carlos-munoz-riesco/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan Carlos Muñoz Riesco]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Yuncler, punto y seguido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/yuncler-punto-seguido_132_12334010.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/11461df3-e4cc-4ea2-a2df-003439a34de2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Yuncler, punto y seguido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Una carretera secundaria completamente llena de parches sería una alegoría suficiente para expresar el estado de los servicios sociales"</p><p class="subtitle">Profesionales efímeros</p></div><p class="article-text">
        El 28 de marzo fue un d&iacute;a diferente. Conduc&iacute;a hacia Yuncler d&aacute;ndole vueltas a multitud&nbsp; de ideas que rodaban por mi cabeza. La primera era que ya que el I Foro de Servicios&nbsp; Sociales de Castilla-La Mancha se organizaba en un municipio de Toledo, podr&iacute;a haber&nbsp;sido uno m&aacute;s cercano a Albacete, pero sal&iacute; con tiempo suficiente para dar una vuelta&nbsp;tranquila por el pueblo, tomar un t&eacute; y as&iacute; conocerlo un poco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No estoy acostumbrado a hacer ponencias, aunque sean de 20 o 30 minutos, as&iacute; que&nbsp; desde que le dije a Paz que podr&iacute;an contar conmigo y en las semanas posteriores Lina&nbsp;me fue contando los detalles de c&oacute;mo ser&iacute;a el acto, me acompa&ntilde;&oacute; el s&iacute;ndrome del&nbsp; impostor como si de mi sombra se tratara.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fue otra oportunidad para repasar mi experiencia profesional en los Servicios Sociales&nbsp;B&aacute;sicos, as&iacute; que en los d&iacute;as siguientes vinieron a mi cabeza cientos de experiencias,&nbsp;personas y situaciones que me han hecho crecer durante estos 22 a&ntilde;os ejerciendo desde&nbsp;el Trabajo Social en el medio rural.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Record&eacute; los a&ntilde;os en la Universidad de Salamanca. Queda lejos el a&ntilde;o 1988, cuando&nbsp;comenc&eacute; los estudios compartiendo un edificio que ya no existe con enfermer&iacute;a y&nbsp;&ldquo;experimentaci&oacute;n animal&rdquo;. Tiempos de voluntariado como trabajo amable no&nbsp;remunerado y casi imprescindible para situar a decenas de reci&eacute;n diplomados en un&nbsp;mundo laboral que empez&aacute;bamos a vislumbrar. 
    </p><p class="article-text">
        Fueron a&ntilde;os de insumisi&oacute;n frente a la&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/provincias/albacete/insumision-puta-mili-rearme-pacifismo-no-moda-magma-social-no-desaparecido_1_12234674.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">prestaci&oacute;n social sustitutoria del servicio militar,</a> no s&oacute;lo por lo que ten&iacute;a de coartada&nbsp;para mantener la &ldquo;mili&rdquo; obligatoria, si no por la toma de conciencia de que estaba siendo&nbsp;utilizada como mano de obra gratuita por parte de ayuntamientos y todo tipo de&nbsp;entidades enclavadas dentro del marco de los Servicios Sociales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pens&eacute; que ser&iacute;a m&aacute;s efectivo acompa&ntilde;ar mis palabras de im&aacute;genes que expresaran de&nbsp;forma clara el estado actual del Sistema P&uacute;blico de Servicios Sociales. Una carretera&nbsp;secundaria completamente llena de parches ser&iacute;a una alegor&iacute;a suficiente, como tambi&eacute;n&nbsp;lo ser&iacute;a la m&aacute;quina de triturar profesionales (en lugar de escolares) reciclada de la&nbsp;pel&iacute;cula 'The wall' de Pink Floyd, un peque&ntilde;o cami&oacute;n de mudanzas con un gran cartel&nbsp;de &ldquo;precariedad&rdquo; con la que pr&aacute;cticamente todas las personas del gremio nos sentimos&nbsp;identificadas, un gran anuncio de &ldquo;Se vende&rdquo; como denuncia del ritmo privatizador de&nbsp;casi todo, o las grandes palabras con las que desde hace tanto tiempo nuestros pol&iacute;ticos&nbsp;y medios de comunicaci&oacute;n invisibilizan a los Servicios Sociales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre las m&aacute;s de 200 personas asistentes (la gran mayor&iacute;a profesionales) estaba el&nbsp;Director General de Acci&oacute;n Social, algo que me result&oacute; reconfortante, ya que ten&iacute;a la&nbsp;oportunidad de exponerle mi punto de vista del estado de los Servicios Sociales y no le&nbsp;quedaba m&aacute;s remedio que escucharme, precisamente la persona que tiene la obligaci&oacute;n&nbsp;de hacer lo posible por mejorarlo. Cuando comenc&eacute; a hablar se esfumaron los nervios y&nbsp;las dudas y reconozco que disfrut&eacute;. Lo pas&eacute; bien explicando todo lo que ten&iacute;a pensado&nbsp;compartir y el resultado fue mucho mejor de lo que mi impostor interno auguraba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;a ganas de reencontrarme con Paz, a quien quer&iacute;a abrazar despu&eacute;s de unos pocos&nbsp;a&ntilde;os. Con ella vinieron al presente otros intentos anteriores de organizarnos a nivel&nbsp;regional para denunciar lo mismo que est&aacute;bamos haciendo en Yuncler. Sent&iacute;a necesidad&nbsp;de poner cara a las compa&ntilde;eras y compa&ntilde;eros que llevaban tiempo organiz&aacute;ndolo todo,&nbsp;con pasi&oacute;n, buen hacer e imaginaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Era un aliciente m&aacute;s que suficiente para&nbsp;enfrentarme a mis miedos como orador ocasional y que el viaje valiera la pena.&nbsp;En el ambiente estuvo siempre presente la reivindicaci&oacute;n primera con la que se&nbsp;constituy&oacute; la Plataforma por la equiparaci&oacute;n salarial en los Servicios Sociales de Castilla-La Mancha: terminar con la precariedad laboral de las y los profesionales de los servicios&nbsp;sociales de atenci&oacute;n primaria que dependen de convenios con ayuntamientos y&nbsp;mancomunidades. Sencillo, claro y urgente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora la mirada est&aacute; puesta en el II Foro de Servicios Sociales, esta vez en Aben&oacute;jar&nbsp;(Ciudad Real) el d&iacute;a 6 de junio. De nuevo un municipio lejos de Albacete, pero otra vez&nbsp;la misma necesidad de estar y aportar lo que pueda por una causa de justicia social que&nbsp;necesita del concurso de a&uacute;n m&aacute;s profesionales. Es mi forma de militar en el Trabajo&nbsp;Social y en defensa de un objetivo en el que creo ciegamente: un Sistema de Servicios&nbsp;Sociales 100% P&uacute;blico.&nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        (Como en las im&aacute;genes que compart&iacute; en aquella sala de Yuncler, tambi&eacute;n aqu&iacute; siento la necesidad de pedir a gritos que nuestro gobierno haga todo lo posible por impedir que&nbsp;contin&uacute;e el genocidio en Palestina).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Muñoz Riesco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/yuncler-punto-seguido_132_12334010.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 May 2025 05:07:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Yuncler, punto y seguido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Castilla-La Mancha,Servicios básicos,Servicios sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Difícil de explicar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/dificil-explicar_132_12031230.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e80401aa-9267-4170-a0a2-ec13531e49d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Difícil de explicar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Mi hijo nunca ha entendido por qué hay personas que lo pasan mal y no tienen dinero suficiente ni una casa donde vivir"</p><p class="subtitle">Los ocho de Caixabank se declaran insumisos judiciales: “Es un juicio contra el activismo”
</p></div><p class="article-text">
        Antes era m&aacute;s f&aacute;cil explicarles a mis hijos en qu&eacute; consiste mi trabajo. Cuando eran m&aacute;s&nbsp; peque&ntilde;os sol&iacute;a valer con decir que mi trabajo consiste en ayudar a la gente. Con el paso&nbsp;de los a&ntilde;os esa contestaci&oacute;n no satisface su curiosidad y hay que ir concretando cosas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya hablamos del respeto, de acompa&ntilde;ar a personas en sus decisiones, de escuchar, etc&eacute;tera. Con los 11 a&ntilde;os que tiene el peque&ntilde;o y una curiosidad casi tan grande como su&nbsp;capacidad para empatizar, el pasado lunes sus preguntas se iban enlazando con cada&nbsp; respuesta. Nunca ha entendido por qu&eacute; hay personas que lo pasan mal y no tienen&nbsp;dinero suficiente ni una casa donde vivir, o por qu&eacute; hay gente que odia a quienes vienen&nbsp;de otros pa&iacute;ses y les culpan de todos los males que les pasan a ellos. Tampoco que haya&nbsp;personas que se aprovechen de otras o a las que les resultan indiferentes esas injusticias. 
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil explicar que hay personas buenas y malas, pero alrededor existen incontables&nbsp;ejemplos.
    </p><p class="article-text">
        El camino desde casa en coche suele durar 10 minutos m&aacute;s otros tantos buscando&nbsp;aparcamiento y caminado hasta nuestro destino. Durante todo el trayecto fuimos&nbsp;hablando de estas cosas a partir de sus m&uacute;ltiples preguntas y la charla avanz&oacute; hasta&nbsp;llegar <a href="https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/provincias/guadalajara/ocho-caixabank-declaran-insumisos-judiciales-juicio-activismo_1_11910838.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a Las 8 de CaixaBank</a>. A mi hijo le cambi&oacute; el gesto cuando trataba de explicarle que&nbsp;a nuestra amiga Tasia, la que vive en Guadalajara, quieren meterla en la c&aacute;rcel por&nbsp;intentar parar un desahucio de manera completamente pac&iacute;fica. Por querer impedir que&nbsp;una familia se quedara en la calle por culpa de un banco y sin hacer uso de ning&uacute;n tipo&nbsp; de violencia. 
    </p><p class="article-text">
        En otro momento le explicar&eacute; que no se presentaron al juicio y las&nbsp;consecuencias que esto tendr&aacute; para ella y las otras 7 personas tan valientes. Seguramente&nbsp;pase un tiempo hasta que pueda entender m&aacute;s cosas, como lo que es un juicio pol&iacute;tico&nbsp;o por qu&eacute; determinadas personas arriesgan tanto declar&aacute;ndose insumisas a diversas&nbsp;normas y leyes completamente injustas. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo es posible que alguien quiera que est&eacute;n&nbsp;en la c&aacute;rcel m&aacute;s de tres a&ntilde;os si no han hecho da&ntilde;o a nadie ni nada malo, pap&aacute;? As&iacute; llegamos hasta cerca del Altozano, donde se encuentra la academia de ingl&eacute;s a la&nbsp;que acompa&ntilde;o a mi hijo una vez por semana durante este curso escolar. Y all&iacute; mismo,&nbsp;en la calle, tuve una breve, intensa y muy inoportuna conversaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Un hombre muy alto, casi un palmo m&aacute;s que yo, de unos 70 y pico a&ntilde;os, caminaba por&nbsp;la acera de la academia sonriendo mientras miraba a los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as entrar. Yo estaba&nbsp;parado en la misma puerta viendo entrar al m&iacute;o. Al llegar a mi lado me habl&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        - Y dicen que se va a acabar el mundo por falta de chiquillos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        - No. Por eso precisamente no.
    </p><p class="article-text">
        - Por los moros.
    </p><p class="article-text">
        - Por los fascistas, le contest&eacute; sin levantar el tono ni la mirada.
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;C&oacute;mo?
    </p><p class="article-text">
        - Que son los fascistas los que van a terminar con el mundo.
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Y eso?
    </p><p class="article-text">
        - Esa es mi opini&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Y por qu&eacute;? A ver.
    </p><p class="article-text">
        - Usted tiene su opini&oacute;n y yo la m&iacute;a. Sencillo.
    </p><p class="article-text">
        En el transcurso de esas frases me dio la sensaci&oacute;n de ser una persona acostumbrada a&nbsp;intimidar acerc&aacute;ndose demasiado a su interlocutor, pero con su edad ya debe estar&nbsp;haci&eacute;ndose a la idea de que no sea una estrategia eficaz, as&iacute; que continu&oacute; su camino con&nbsp;el mismo aire marcial que dej&oacute; ver.
    </p><p class="article-text">
        Seguramente aquel hombre sigui&oacute; su camino pensando que no solo los moros van a&nbsp;llevar al mundo a la perdici&oacute;n. Los rojos tambi&eacute;n, que ya ni se les distingue de las&nbsp;personas de bien.
    </p><p class="article-text">
        (Este texto est&aacute; dedicado a Tasia y el resto de las 8 de CaixaBank. Mucha fuerza, suerte&nbsp;y gracias.)
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Muñoz Riesco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/dificil-explicar_132_12031230.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Feb 2025 18:56:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Difícil de explicar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Castilla-La Mancha,Albacete,Justicia,Guadalajara,Caixabank]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Profesionales efímeros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/profesionales-efimeros_132_11291580.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c3782c91-865e-4e99-9d53-0ee3415aeff0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Profesionales efímeros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Son muchas las personas a las que les obligamos una y otra vez a volver a enfrentarse a sus malas experiencias y sus miedos"</p></div><p class="article-text">
        Cuando camino por las calles de los pueblos donde trabajo son muy pocas las personas de las que al menos no me suena su cara. Debe ser un indicador de algo. El hecho de ser trabajador social y llevar tantos a&ntilde;os ejerciendo en los servicios sociales comunitarios rurales, me ha permitido conocer a muchas personas.
    </p><p class="article-text">
        En estos a&ntilde;os he compartido inquietudes y trabajo con todo tipo de profesionales de la sanidad, la educaci&oacute;n, los ayuntamientos, el comercio, las obras, la limpieza, la cultura&hellip;
    </p><p class="article-text">
        He sido testigo de las idas y venidas de unas cuantas corporaciones municipales. Tambi&eacute;n son muchas las jubilaciones celebradas en todos los &aacute;mbitos. He ido coincidiendo con m&uacute;ltiples trabajadoras de entidades del tercer sector pero, sobre todo, he podido disfrutar de muchas profesionales contratadas por administraciones p&uacute;blicas (en la zona donde trabajo, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y la Mancomunidad para el Desarrollo de la Manchuela). 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay algo curioso en el paso del tiempo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Con algunas de esas trabajadoras sociales, educadoras, psic&oacute;logas, etc., he tenido la oportunidad de compartir conocimientos, tostadas, viajes, t&eacute;s y preocupaciones por el estado del Sistema P&uacute;blico de Servicios Sociales. Con algunas compart&iacute; apenas el tiempo que tard&eacute; en presentarles a parte de la gente que deb&iacute;an conocer para desarrollar su trabajo. No hubo tiempo para m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Siempre agradec&iacute; que con cada cambio de trabajo mi nuevo equipo me acogiera con cari&ntilde;o y paciencia y supiera acompa&ntilde;arme en los inicios. La inseguridad del principio es normal cuando trabajas con personas, ya que los errores pueden tener consecuencias graves para alguien. As&iacute; que desde que consegu&iacute; mi plaza y decid&iacute; que probablemente no exista un puesto de trabajo que me satisfaga m&aacute;s que el que ahora desempe&ntilde;o, pens&eacute; que deb&iacute;a recibir a cada compa&ntilde;era que llegara detr&aacute;s de m&iacute; lo mejor posible.
    </p><p class="article-text">
        Implica una inversi&oacute;n en tiempo y esfuerzo. Y aunque suponga la ralentizaci&oacute;n de mi d&iacute;a a d&iacute;a al principio, es algo que vale la pena y tiene sus frutos con el paso de los meses. Hay algo curioso en el paso del tiempo. Y es que cuando me quise dar cuenta, la mayor&iacute;a de las personas que se incorporaban a mi equipo ten&iacute;an una edad similar a la de mi sobrina mayor. Quienes llegan ahora ver&iacute;an a mi sobrina como una se&ntilde;ora de cierta edad. 
    </p><p class="article-text">
        Dentro de 10 a&ntilde;os, igual alguno de mis hijos me termina diciendo que mi nueva compa&ntilde;era lo fue antes suya en el instituto. El caso es que al final ya no podr&eacute; acordarme del nombre de todas las profesionales con las que habr&eacute; coincidido cuando llegue el momento de mi jubilaci&oacute;n, &iexcl;menuda fiesta si existiera la posibilidad de hacer coincidir a tanta gente!
    </p><p class="article-text">
        Desde el 2017, a&ntilde;o en el que empez&oacute; a funcionar el equipo de inclusi&oacute;n social en mi &aacute;rea, he contado 20 compa&ntilde;eras y compa&ntilde;eros a los que he dado la bienvenida. Y de ellos ya no est&aacute;n 17. S&oacute;lo cuento profesionales de los Servicios Sociales que han trabajado conmigo en algunos de los 5 municipios que componen mi zona de trabajo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Somos poquitas y es casi imposible seguirnos la pista.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Casi 3 compa&ntilde;eras nuevas al a&ntilde;o, con sus bienvenidas y otras tantas despedidas. Y s&oacute;lo desde el sector p&uacute;blico, que deber&iacute;a ser el &uacute;nico. Somos poquitas y es casi imposible seguirnos la pista.
    </p><p class="article-text">
        La gran mayor&iacute;a de estas profesionales trabajan o han trabajado contratadas por la Mancomunidad para el Desarrollo de La Manchuela, fruto de convenios con la Junta de Comunidades de Castilla La-Mancha. Estos convenios son tan precarios y deficitarios que las diferencias salariales entre quienes trabajamos en la Junta y quienes no son insultantes (y eso que mi salario no es para tirar cohetes). 
    </p><p class="article-text">
        Entre otras cosas, hacen que no sea tan dif&iacute;cil encontrar alg&uacute;n otro trabajo mejor. Lo de que este sector est&eacute; fuertemente feminizado y precarizado debe ser una coincidencia sin m&aacute;s. Para poder desarrollar en toda su plenitud nuestra tarea hay que conocer el entorno, las relaciones entre las personas del pueblo, conseguir una cierta confianza en el profesional. 
    </p><p class="article-text">
        Mucho m&aacute;s a&uacute;n si lo que se pretende abarcar es algo tan apasionante como la intervenci&oacute;n comunitaria. Y para eso hacen falta, principalmente, motivaci&oacute;n, formaci&oacute;n y tiempo. Tiempo suficiente para conocer y que te conozcan.
    </p><p class="article-text">
        Cuando hablamos de intervenci&oacute;n, nos referimos a procesos de acompa&ntilde;amiento a personas, familias y grupos a lo largo del tiempo (variable en funci&oacute;n de la situaci&oacute;n de partida y las decisiones que vayan tomando sobre el rumbo de sus vidas). Es necesario que existan figuras estables, ya que cada vez que alguien tiene que volver a empezar a contar su historia podemos hablar de maltrato institucional. Son muchas las personas a las que les obligamos una y otra vez a volver a enfrentarse a sus malas experiencias y sus miedos. Personas con limitaciones, retos, deseos, proyectos y, sobre todo, derechos.
    </p><p class="article-text">
        P.D.: Mis compa&ntilde;eras de la regi&oacute;n que trabajan desde el sector p&uacute;blico (ayuntamientos y mancomunidades) en convenios con la Junta se han organizado en torno a una plataforma de defensa de sus derechos b&aacute;sicos, comenzando por el sueldo y las condiciones de trabajo. Su nombre es Plataforma de Servicios Sociales por la equiparaci&oacute;n salarial de Castilla La-Mancha. Organizarse y pelear es b&aacute;sico. Mis compa&ntilde;eras saben que el d&iacute;a que decidan levantar una barricada estar&eacute; all&iacute;. Ya basta de precariedad laboral en el sector p&uacute;blico. 
    </p><p class="article-text">
        Ya est&aacute; bien de ver c&oacute;mo casi todo el dinero va a manos privadas. Es hora de defender al menos la dignidad de las profesionales de lo p&uacute;blico y un Sistema P&uacute;blico de Servicios Sociales que no maltrate a profesionales y ciudadan&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Muñoz Riesco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/profesionales-efimeros_132_11291580.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Apr 2024 04:01:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Profesionales efímeros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Servicios sociales,Castilla-La Mancha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Otra historia del campo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/historia-campo_132_10931217.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0a60c004-0b19-4858-a82b-c65d8aacbbf4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Otra historia del campo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta es la historia de Rosa y Javier, que pertenecen a una clase trabajadora sin derechos e invisibilizada: la inmigrante</p></div><p class="article-text">
        Rosa llam&oacute; a mi despacho casi al final de la ma&ntilde;ana de un martes. Se disculp&oacute; porque mientras buscaba la puerta correcta ley&oacute; un cartel que avisa de la necesidad de solicitar cita previa. Hab&iacute;a terminado la atenci&oacute;n programada, as&iacute; que la hice pasar. Le ped&iacute; que se sentara y me contara el motivo de su visita. No sab&iacute;a por d&oacute;nde empezar, as&iacute; que comenz&oacute; por una frase demoledora que resumi&oacute; todo. Dejar salir aquellas palabras le permiti&oacute; relajarse levemente y empezar a contarme lo ocurrido. 
    </p><p class="article-text">
        Se lament&oacute; de la mala suerte de haber llegado hace apenas tres meses desde el otro lado del Atl&aacute;ntico para encontrarse con lo peor que le hab&iacute;a pasado en la vida. &ldquo;Dej&eacute; todo en mi tierra para buscar aqu&iacute; un trabajo y una vida digna&rdquo;. Sin familiares en Espa&ntilde;a, Rosa me cont&oacute; que una persona que conoci&oacute; aqu&iacute; le habl&oacute; de un pueblo de algo m&aacute;s de 15.000 habitantes en la provincia donde estaban buscando personas para trabajar en el campo. Hasta entonces no hab&iacute;a conseguido nada, as&iacute; que fue all&iacute; con la esperanza de un empleo. 
    </p><p class="article-text">
        El trabajo era en una finca muy apartada del pueblo, donde &uacute;nicamente hab&iacute;a tres trabajadores m&aacute;s (dos marroqu&iacute;es y un paisano suyo). Trabaj&oacute; los cinco primeros d&iacute;as con los otros hombres, jornadas interminables sin apenas descanso. Desde el primer d&iacute;a le incomod&oacute; la forma que ten&iacute;a el due&ntilde;o de mirarla y dirigirse a ella. Sinti&oacute; su falta de respeto desde que lleg&oacute; hasta el quinto d&iacute;a, en el que despu&eacute;s del trabajo el due&ntilde;o quiso tener relaciones sexuales con ella. Le dijo que esa era una parte importante de su trabajo. Cuando se neg&oacute; e indign&oacute; por aquella propuesta, ocurri&oacute; el intento de violaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Rosa sali&oacute; corriendo con sus pertenencias, su rabia, su miedo y cientos de sensaciones que le explotaban en la cabeza. A&uacute;n le bull&iacute;an sentimientos diferentes al comenzar la conversaci&oacute;n conmigo. Las manos le temblaban, tragaba saliva y miraba al techo de vez en cuando para poder terminar algunas frases. Escuch&eacute; lo mejor que pude, tratando de dejar que contara todo aquello que necesitaba contar. &ldquo;No es justo. Ninguna mujer se merece eso. No quiero dejarlo pasar. Dime c&oacute;mo tengo que hacer para denunciarle, por favor&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Rosa sali&oacute; de mi despacho con la direcci&oacute;n y el n&uacute;mero de tel&eacute;fono del centro de la mujer. Le expliqu&eacute; de qu&eacute; manera le podr&iacute;an ayudar la abogada o la psic&oacute;loga del centro. Cuando nos despedimos se hab&iacute;a deshecho de una peque&ntilde;a parte del peso que tra&iacute;a encima. Al d&iacute;a siguiente mis compa&ntilde;eras me confirmaron que acudi&oacute; al centro y la acompa&ntilde;aron a poner la denuncia. 
    </p><p class="article-text">
        Solo una semana despu&eacute;s me llam&oacute; Javier, a quien hac&iacute;a meses que no ve&iacute;a. Quedamos a la ma&ntilde;ana siguiente y me cont&oacute; que hab&iacute;a estado trabajando durante algo m&aacute;s de tres meses en una finca de labranza. Le prometieron un contrato de trabajo de un a&ntilde;o para poder regularizar por fin su situaci&oacute;n. Despu&eacute;s de m&aacute;s de 15 a&ntilde;os sin parar de trabajar en el campo en el mismo pueblo y para muchos empleadores diferentes, por fin uno de ellos estaba dispuesto a hacerle un contrato de trabajo por un a&ntilde;o, lo que facilitar&iacute;a que pudiera terminar con sus miedos de trabajador de 64 a&ntilde;os sin derecho a nada. 
    </p><p class="article-text">
        En la finca solo hab&iacute;a un par de trabajadores marroqu&iacute;es que llevaban all&iacute; m&aacute;s de dos a&ntilde;os y el due&ntilde;o, seg&uacute;n me cont&oacute; Jos&eacute;, con aires de se&ntilde;orito. El trabajo de sol a sol. El descanso para comer era siempre menos de una hora. Y el contrato de trabajo no llegaba, como tampoco un solo d&iacute;a libre (las tardes de los domingos &iexcl;y gracias!). Javier est&aacute; acostumbrado a que las cosas no sean como se las han prometido, pero es que el sueldo tampoco aparec&iacute;a. De hecho, para el due&ntilde;o el sueldo era m&aacute;s bien una limosna a la que ten&iacute;an que a&ntilde;adir la comida, el techo y la cama que les prestaba para vivir sin salir de all&iacute;. Me cont&oacute; que un d&iacute;a lleg&oacute; a la finca a trabajar una mujer unos 20 a&ntilde;os m&aacute;s joven que &eacute;l. Era de su pa&iacute;s y tampoco ten&iacute;a papeles, como todos all&iacute;. Vieron desde su llegada que el jefe no la respetaba y a los pocos d&iacute;as ella se fue porque intent&oacute; tener relaciones sexuales por la fuerza con ella. Aquella mujer huy&oacute; de all&iacute; inmediatamente. Javier me cont&oacute; que ese fue el motivo por el que decidi&oacute; irse tambi&eacute;n. Aguant&oacute; dos d&iacute;as m&aacute;s las excusas del due&ntilde;o y se volvi&oacute; sin cobrar los meses trabajados. Durante la conversaci&oacute;n de despedida de sus compa&ntilde;eros marroqu&iacute;es trat&oacute; de convencerles de hacer lo mismo, pero a ellos les daba p&aacute;nico salir de all&iacute;, ya que dec&iacute;an no tener un sitio donde ir. 
    </p><p class="article-text">
        Con el mismo gesto de resignaci&oacute;n de casi siempre, Javier me dijo: &ldquo;Es por esta raz&oacute;n por la que llevas tiempo sin verme. Cre&iacute; que me hab&iacute;a llegado la suerte, pero ya me queda poca esperanza&rdquo;. Brome&oacute; diciendo que la &uacute;nica posibilidad que le queda de residir de manera &ldquo;legal&rdquo; en Espa&ntilde;a ser&iacute;a casarse con una mujer espa&ntilde;ola. &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n va a querer a un panchito viejo y enfermo que apenas puede ya trabajar para subsistir?&rdquo; Jos&eacute; pregunt&oacute; por los repartos de comida de Cruz Roja antes de irse. Hay ocasiones en las que necesito respirar hondo antes de salir del despacho y retomar la vida. Rosa y Javier pertenecen a una clase trabajadora sin derechos e invisibilizada. Ambas sufren abusos por su condici&oacute;n. Rosa, adem&aacute;s, de manera desgarradora por ser mujer. Esta es otra historia del campo. De ahora mismo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Muñoz Riesco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/historia-campo_132_10931217.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Feb 2024 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Otra historia del campo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Castilla-La Mancha,Inmigrantes,Inmigración]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un tipo con suerte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/tipo-suerte_132_10789813.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ab56d933-e076-4ad1-ad0e-246ffed5479c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un tipo con suerte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Ousmane llegó en una patera que no desapareció en el mar. Apenas pasó sólo tres días en un CIE antes de comenzar a buscarse la vida por las calles de una ciudad muy diferente a las que había visto hasta entonces"</p></div><p class="article-text">
        Ousmane es un tipo con suerte. Naci&oacute; en Senegal, pa&iacute;s precioso con grandes riquezas naturales. Vivi&oacute; durante 25 a&ntilde;os junto a su familia en un peque&ntilde;o pueblo de la regi&oacute;n de Louga, lejos de Dakar. Es el hijo m&aacute;s joven de Mamadou y Moussa. Al contrario que el resto de su familia, tuvo la oportunidad y la fuerza suficiente como para emprender un largo viaje que pudiera ayudar a su familia a mejorar sus condiciones de vida. El hecho de ser pobre est&aacute; inevitablemente condicionado por el lugar de nacimiento, pero al menos casi todos en su casa se han librado de la mortalidad infantil.
    </p><p class="article-text">
        A Ousmane le acompa&ntilde;&oacute; la suerte en su trayecto. Fue capaz de atravesar varios pa&iacute;ses y llegar hasta el norte de &Aacute;frica. Conoci&oacute; a mucha gente en el camino que cuando lleg&oacute; ya eran para &eacute;l sus hermanos y hermanas. Siempre pens&oacute; que era afortunado por ser hombre, ya que aquel viaje que le llev&oacute; casi un a&ntilde;o y las situaciones por las que tuvo que pasar para sobrevivir siempre son menos duras que las que tienen que sufrir las mujeres que intentan la misma aventura.
    </p><p class="article-text">
        Ousmane lleg&oacute; en una patera que no desapareci&oacute; en el mar. Apenas pas&oacute; s&oacute;lo tres d&iacute;as en un CIE antes de comenzar a buscarse la vida por las calles de una ciudad muy diferente a las que hab&iacute;a visto hasta entonces. Contact&oacute; con miembros de alguna organizaci&oacute;n de apoyo a personas migrantes y as&iacute; accedi&oacute; a su primer curso de lengua castellana. Descubri&oacute; que tiene m&aacute;s facilidad de la que cre&iacute;a para aprender un nuevo idioma y aprovech&oacute; los pocos cursos que se pusieron a su alcance para hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Ousmane es joven y fuerte. Gracias a eso ha podido trabajar en el campo para ganarse la comida y pagar su parte de gastos comunes con los paisanos/hermanos con los que ha ido conviviendo (en masculino, ya que todos han sido hombres). Cuando no pod&iacute;a hacerlo por culpa de no tener permiso de trabajo, los dem&aacute;s se han encargado de asumir su parte, igual que &eacute;l ha hecho cuando era uno de ellos quien no encontraba sustento.
    </p><h3 class="article-text">Ousmane lleg&oacute; a Albacete</h3><p class="article-text">
        Ousmane ha tenido la oportunidad de conocer varias provincias espa&ntilde;olas: Almer&iacute;a, Tarragona, Castell&oacute;n, Murcia y Zaragoza. Ha coincidido con muchas personas, casi todas ellas nacidas en otros pa&iacute;ses. Ha pasado interminables jornadas laborales en los campos de cada una de esas provincias, en numerosos municipios distintos. Uno de esos trabajos de temporero sin contrato le trajo a Albacete y m&aacute;s tarde a Fuentealbilla.
    </p><p class="article-text">
        Ousmane se present&oacute; en mi despacho la primera vez para solicitar un informe de arraigo social. Me mostr&oacute; orgulloso el contrato de trabajo que un empresario de la zona le hizo como pe&oacute;n agr&iacute;cola a jornada completa y por tiempo indefinido. Ese papel fue determinante para que su solicitud de residencia temporal por arraigo social fuera resuelta de manera favorable. Tambi&eacute;n fue decisivo el hecho de que ya llevaba sobreviviendo en Espa&ntilde;a m&aacute;s de 4 a&ntilde;os y ten&iacute;a documentos de sobra para demostrarlo.
    </p><p class="article-text">
        Ousmane me llam&oacute; unos cuantos meses despu&eacute;s. Hab&iacute;a conseguido el permiso de trabajo y residencia y pudo alquilar una casa antigua a la que s&oacute;lo le hac&iacute;a falta una mano de pintura y comprar le&ntilde;a para la estufa. El hecho de que hubiera pocos muebles y estuvieran mucho m&aacute;s que usados no le importaba. Con el tiempo podr&iacute;a ir adquiriendo lo que fuera necesario. S&oacute;lo lo imprescindible. Segu&iacute;a como siempre en contacto con Mamadou, Moussa y el resto de la familia, pero sobre todo con Awa, su mujer, y sus dos peque&ntilde;as hijas. Ellas son su principal motivaci&oacute;n y quienes le han mantenido con fuerzas.
    </p><p class="article-text">
        Awa se qued&oacute; en la aldea con las dos ni&ntilde;as. Cuando Ousmane empez&oacute; su viaje eran muy peque&ntilde;as. Ahora Fatou tiene 11 a&ntilde;os reci&eacute;n cumplidos y Khady casi 9. Siempre lleva consigo fotos de ellas, sus tres mujeres. Tambi&eacute;n una fotograf&iacute;a m&aacute;s antigua de sus padres va con &eacute;l a todas partes. Habla con su gente en Senegal siempre que puede y les env&iacute;a dinero de manera regular. Ahora, con trabajo, puede hacerlo. Ya no sufre por los env&iacute;os espor&aacute;dicos de 20, 30 o 45 euros cada dos meses o s&oacute;lo cuando hab&iacute;a algo que enviar. Ahora puede permitirse cantidades m&aacute;s altas y eso le reconforta levemente.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ya se imagina a sus hijas compartiendo habitación y a su mujer aprendiendo con él a hablar castellano. Cada día le asaltan los nervios y la impaciencia de tenerlas allí</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Ousmane me abri&oacute; hoy la puerta de su vivienda y compartimos una taza de t&eacute; de 30 minutos, que es el tiempo del que dispone para volver al trabajo. Ha presentado una solicitud de reagrupamiento familiar para traer con &eacute;l a Awa, Fatou y Khady, a vivir a un pueblo donde ya apenas nacen 10 beb&eacute;s cada a&ntilde;o. Necesita que le haga un informe sobre su vivienda para completar el largo listado de documentos que debe acompa&ntilde;ar a la solicitud en la Subdelegaci&oacute;n del Gobierno. Me ha ense&ntilde;ado orgulloso todas las mejoras que le ha hecho a la casa que conoc&iacute;, incluido alg&uacute;n mobiliario nuevo. Ya se imagina a sus hijas compartiendo habitaci&oacute;n y a su mujer aprendiendo con &eacute;l a hablar castellano. Cada d&iacute;a le asaltan los nervios y la impaciencia de tenerlas all&iacute;. Tiene ganas de volver a aprender a convivir con Awa y de abrazar los cuerpos ya grandes de sus peque&ntilde;as hijas. Desea besarlas y contarles todo lo que necesitar&aacute;n saber para tener suerte en su nueva vida.
    </p><p class="article-text">
        Ousmane me cuenta durante la conversaci&oacute;n que &eacute;l ha sido muy afortunado, al contrario de quienes no pudieron salir de su pueblo y quedaron condenados a la extrema pobreza, de quienes conoci&oacute; caminando y sospecha que no llegaron a ning&uacute;n destino, de las mujeres violadas que conoci&oacute;, de quienes subieron a una patera y desaparecieron, de quienes pasaron a&ntilde;os vagando por calles desconocidas en busca de una forma de ganarse el pan del d&iacute;a de manera honrada, de quienes se encontraron odio y rechazo a la vuelta de la esquina, de quienes llevan m&aacute;s a&ntilde;os que &eacute;l esperando ese contrato que les abra las puertas a una nueva vida, de quienes ya no tienen a nadie a quien enviarles el dinero que no necesitan para vivir en Espa&ntilde;a. Todas estas cosas las guarda en su cabeza y por eso procura ayudar a quienes van llegando en todo lo que puede.
    </p><p class="article-text">
        Ousmane nunca se ha comparado con el resto de vecinos y vecinas del pueblo en el que ahora vive. Aprendi&oacute; desde muy peque&ntilde;o a valorar lo m&aacute;s importante. Tiene un proyecto de vida. Es un tipo con suerte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Muñoz Riesco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/tipo-suerte_132_10789813.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Dec 2023 18:22:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un tipo con suerte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Migrantes,Migraciones,Derechos Humanos,Albacete]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lucía, la última]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/lucia-ultima_132_10729184.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a2d27d2b-67a1-4562-8b26-70758ef57c9a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lucía, la última"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El sol seguirá entrando por las ventanas de la antigua consulta del médico, pero no habrá ningún espíritu volando junto a las rapaces"</p></div><p class="article-text">
        Desde el llano apenas se intuye el desnivel que hay que afrontar para llegar a la aldea. Supone algo as&iacute; como una monta&ntilde;a invertida con rocas superficiales y una estrecha carretera que salva ambas laderas como una l&iacute;nea marcando el l&iacute;mite del precipicio.
    </p><p class="article-text">
        Abajo, quieta, el agua del pantano. Escasos y peque&ntilde;os &aacute;rboles, matorrales de interior mezclados con arom&aacute;ticas y viento. Siempre viento en esta &eacute;poca. Las casas se empiezan a ver despu&eacute;s de las dos primeras decenas de curvas. La indicaci&oacute;n vial para entrar con el coche es artesanal y s&oacute;lo se distingue cuando la buscas sabiendo que ya debe estar cerca.
    </p><p class="article-text">
        Este fue el pueblo original. A&uacute;n una vez cada a&ntilde;o viene gente de muchos lugares para llegar hasta el templo que parece presidir el paisaje. Firma humana reivindicando el dominio sobre todo lo que se ve desde all&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Pocas calles y m&aacute;s de la mitad de las casas ya no son habitables. Con el coche no se puede llegar a todos los lugares, as&iacute; que Luc&iacute;a siempre sale a recibirme y abre las portadas de una peque&ntilde;a parcela junto a la entrada de su vivienda. El d&iacute;a que la conoc&iacute; me explic&oacute; que esa era la &uacute;nica forma que tendr&iacute;a de poder darle la vuelta al coche para salir cuando quisiera volver al pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Conozco a Luc&iacute;a desde hace 12 a&ntilde;os. Ahora tiene 91. Su casa es la casa donde vivi&oacute; de peque&ntilde;a con su familia. Su padre era el m&eacute;dico de un pueblo con vida, con gente.
    </p><p class="article-text">
        Trabajadores y trabajadoras, ni&ntilde;os y ni&ntilde;as transitaban aquellas calles hasta que empezaron a trasladarse varios kil&oacute;metros m&aacute;s arriba, en el llano, para fundar un nuevo pueblo en un lugar m&aacute;s c&oacute;modo. Y as&iacute; comenz&oacute; el &eacute;xodo que dej&oacute; el n&uacute;cleo original olvidado hasta el punto de que s&oacute;lo Luc&iacute;a duerme all&iacute; durante la mayor parte de los meses del a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Sus hijas han tratado de convencerla para quedarse en Valencia a vivir con ellas, pero no quiere ni o&iacute;r hablar de eso. Lo m&aacute;s que han conseguido es que los dos o tres meses en los que las heladas hacen excesivamente peligrosa la carretera, ceda a la petici&oacute;n familiar. Va a la ciudad y all&iacute; espera impaciente una subida suficiente de temperatura como para volver a su vida preciada.
    </p><p class="article-text">
        Algunos fines de semana vienen a verla. A veces las hijas y otras las nietas, o todas a la vez. En otras ocasiones las nietas llevan a amigas y amigos para presumir de abuela y de pueblo id&iacute;lico para desconectar (del todo, ya que no hay cobertura para los tel&eacute;fonos m&oacute;viles) y disfrutar de la naturaleza. 
    </p><p class="article-text">
        Pero a Luc&iacute;a le estorban cuando pasan los d&iacute;as y hay m&aacute;s de dos personas con ella. Le estorban porque le roban los sonidos que vienen de fuera, le distorsionan sus rutinas y se multiplican las tareas que no tiene cuando est&aacute; sola.
    </p><p class="article-text">
        Luc&iacute;a ama y disfruta cada d&iacute;a esa casa y el paisaje alrededor. A pesar de su edad es capaz de hacer casi todo: cocina, cose, limpia, pasea, lee y habla mucho por tel&eacute;fono. Largas conversaciones de quien no enciende la televisi&oacute;n porque desde su salita preferida tiene unas vistas impresionantes de todo el valle y el embalse, de quien se entretiene viendo el vuelo de las rapaces en lugar de coches y gente yendo y viniendo. Conversa con algunas amigas a&uacute;n vivas y con sus hijas y nietas. Lo hace con la prisa de a quien le da igual atender sus tareas ahora o cuando se pueda.
    </p><p class="article-text">
        El primer d&iacute;a me ense&ntilde;&oacute; orgullosa su casa. Me cont&oacute; historias de su madre, de su infancia en aquel lugar y, sobre todo, cosas de su padre, el m&eacute;dico del pueblo cuando era ni&ntilde;a. La consulta estaba dentro de la casa. Al entrar me sorprendieron los techos altos y las amplias puertas de madera a la izquierda. Orgullosa, me explic&oacute; que esa estancia con baldosas antiguas y z&oacute;calos ornamentados es la sala de espera donde los pacientes aguardaban su turno. 
    </p><p class="article-text">
        Desde all&iacute; se accede a la consulta, tambi&eacute;n con azulejos artesanales y z&oacute;calos que rezuman frescor e historias de otra &eacute;poca. Luc&iacute;a conserva all&iacute; muebles de su padre, vitrinas para guardar el instrumental y botes de porcelana con esencias farmacol&oacute;gicas. El resto de la vivienda es tan complicada como el terreno donde se levanta. Escalones para arriba y para abajo al pasar de una estancia a otra. Todo lleno de muebles antiguos en perfecto estado y muchas ventanas para permitir entrar el sol y el aire y dejar salir a volar a la imaginaci&oacute;n y el esp&iacute;ritu.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces he ido muchas veces a verla y hemos hablado por tel&eacute;fono muchas m&aacute;s. En ocasiones me tiene preparadas pastas hechas con sus manos, en cajas de colores y envueltas como el regalo que son. La &uacute;ltima vez me explic&oacute; que s&oacute;lo pod&iacute;a hacerlas de un tipo porque ya no le quedaban bien las otras. &ldquo;Me he hecho mayor y ya no me salen bien del todo, as&iacute; que he decidido no hacer m&aacute;s de las que no quedan bien y centrarme en las que s&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con el paso del tiempo, permiti&oacute; que la auxiliar de ayuda a domicilio fuera una vez por semana para ayudarle con las tareas que a ella le resultan m&aacute;s dif&iacute;ciles de hacer. Para hacer gestiones y compras llama a Antonia, vecina del pueblo, el de arriba, el nuevo, a la que por su edad trata como si fuera una nieta postiza a la que debe ense&ntilde;ar a afrontar la vida porque sabe que lo necesita. 
    </p><p class="article-text">
        Ella escucha y ha aprendido a respetar a su abuela prestada hasta hacerle caso en algunos de sus consejos. Luc&iacute;a consigue transporte y ayuda a Antonia de la manera m&aacute;s importante. Antonia logra algo de dinero como transportista y aprende de Luc&iacute;a lecciones que su madre no ha podido darle nunca porque tambi&eacute;n las desconoce.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; han ido transcurriendo los a&ntilde;os hasta hace dos d&iacute;as. Luc&iacute;a me llam&oacute; con voz serena, como siempre. Pens&eacute; que me querr&iacute;a recordar las semanas que llevo sin verla. Me pregunt&oacute; si me acordaba de que la mayor de sus hijas se jubilaba el mes que viene y ten&iacute;a pensado pasar &eacute;pocas con ella en su casa de la aldea para cuidarla, porque a los 91 a&ntilde;os &ldquo;una ya est&aacute; para que la cuiden un poco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Juan Carlos, a mi hija le ha dado un ICTUS y est&aacute; en la UVI en Valencia. Fue hace tres d&iacute;as y yo imaginaba que algo pasaba, porque no pude hablar con ella por la noche, como siempre. Ayer vino una de mis nietas y me lo cont&oacute;. Esta tarde nos vamos a Valencia. Recojo las cosas que necesito y me voy con ella. Tengo que cuidar a mi hija; a la misma que quer&iacute;a venir a cuidarme a m&iacute;. Ella est&aacute; grave y si sale de esta no saben c&oacute;mo va a quedar. Mi sitio est&aacute; junto a mi hija. No s&eacute; si podr&eacute; volver alg&uacute;n d&iacute;a, as&iacute; que quiero contarte varias cosas: Le he dicho a Antonia que te llame y que te haga caso como me hace a m&iacute;. Te aprecia mucho, as&iacute; que lo har&aacute;. Le he dado una caja de pastas que te ten&iacute;a preparada para cuando vinieras. Y lo &uacute;ltimo es que quiero agradecerte que estuvieras dispuesto estos a&ntilde;os a escucharme y venir a verme a casa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mientras me hablaba apenas le cambi&oacute; la voz salvo cuando nombr&oacute; la posibilidad de no volver a su casa. Me cost&oacute; contestarle sin que me brotaran los sentimientos. Sent&iacute; por un momento compartir el vac&iacute;o de una despedida urgente y definitiva. Se va la &uacute;ltima. 
    </p><p class="article-text">
        El sol seguir&aacute; entrando por las ventanas de la antigua consulta del m&eacute;dico, pero no habr&aacute; ning&uacute;n esp&iacute;ritu volando junto a las rapaces.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Muñoz Riesco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/lucia-ultima_132_10729184.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Dec 2023 08:10:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lucía, la última]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Duele Palestina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/duele-palestina_132_10640477.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5d57fcfe-742f-4963-9d11-2a2d4b819292_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Duele Palestina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Me siento incapaz de imaginar tanto terror, tanto daño, tanta tortura durante tanto tiempo"</p><p class="subtitle">Miles de personas se manifiestan por Madrid en apoyo al pueblo palestino y en contra de la ofensiva israelí sobre Gaza
</p></div><p class="article-text">
        Conduzco y apago la radio del coche con enfado otro d&iacute;a m&aacute;s. &ldquo;Conflicto entre Israel y Palestina&rdquo;, &ldquo;guerra entre Ham&aacute;s e Israel&rdquo;. Lo que llaman &ldquo;conflicto&rdquo; en la inmensa mayor&iacute;a de los medios de comunicaci&oacute;n no es m&aacute;s que la forma de blanquear una injusticia que lleva produci&eacute;ndose desde hace d&eacute;cadas. La denominaci&oacute;n de guerra es a&uacute;n peor, ya que sugiere un enfrentamiento de igual a igual, en lugar de visibilizar una masacre con muy pocos precedentes en la historia reciente de la humanidad.
    </p><p class="article-text">
        Tras conectar el port&aacute;til y ordenar todas las cosas que necesito para comenzar a trabajar, recuerdo que el d&iacute;a anterior qued&oacute; pendiente realizar un informe social, as&iacute; que voy directo a ponerme con &eacute;l. Respiro profundo&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de m&aacute;s de 20 minutos escribiendo ideas sueltas me doy cuenta de que hoy es uno de esos d&iacute;as en los que resulta complicado concentrarme. Trato de redactar un informe dif&iacute;cil por lo delicado del contenido, por lo que todo debe reflejarse de una manera fiel a lo que conozco y he trabajado con la familia a la que se refiere. Pero esta ma&ntilde;ana las palabras no salen con fluidez. Para colmo, me siento cansado por las pocas horas dormidas (tener hijos a veces implica que no es posible acostarse a la hora en la que el cuerpo lo pide a gritos).
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Con el miedo constante y los bombardeos que se han llevado todo.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A mi cabeza vienen im&aacute;genes de bombardeos en Gaza, de asesinatos en Cisjordania, de los ni&ntilde;os masacrados por un ej&eacute;rcito al que nuestros gobiernos no intentan parar por todos los medios posibles. Un ni&ntilde;o asesinado cada 15 minutos. Y as&iacute; desde hace semanas. Sin agua, sin luz, sin comida, sin medicinas. Con el miedo constante y los bombardeos que se han llevado todo. El n&uacute;mero de habitantes que tienen algunos de los pueblos en los que trabajo es menor que las vidas que puede quitar un solo bombardeo a un hospital en Gaza.
    </p><p class="article-text">
        Trato de volver a la pantalla. Escribo, pero no me gusta lo que escribo. No es eso exactamente lo que quiero decir. Miro la lista de tareas que tengo previstas hoy y me alegro de volver a ver que dentro de media hora vendr&aacute; una de mis compa&ntilde;eras y vamos a hacer un par de visitas. Decido seguir escribiendo lo que me sale, a modo de notas mentales para retomar ma&ntilde;ana u otro d&iacute;a, cuando la inspiraci&oacute;n y la concentraci&oacute;n me permitan expresarme de manera objetiva y clara.
    </p><p class="article-text">
        La preparaci&oacute;n, la realizaci&oacute;n de las visitas y la conversaci&oacute;n posterior sobre muchas cuestiones del trabajo del d&iacute;a han conseguido distraerme y centrarme en mi tarea diaria.
    </p><p class="article-text">
        Hablamos con varias personas sobre su situaci&oacute;n y sobre la manera en que podr&iacute;amos ayudarles, sobre sus prioridades y las decisiones que han de tomar en sus vidas. Se pasa la ma&ntilde;ana mucho m&aacute;s r&aacute;pido de lo que parec&iacute;a que iba a ser a primera hora. 
    </p><p class="article-text">
        Subo al coche e inicio el camino de vuelta a casa. Llamo a mi madre. Pienso en mis ni&ntilde;os esper&aacute;ndome en casa para contarme algunas de las cosas que les pasaron hoy y me veo pasando la tarde con ellos: un poco de tareas, un mucho de baloncesto&hellip; vuelve el dolor al pecho cuando hago el amago de encender la radio de manera autom&aacute;tica y decido no hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Hasta el momento de salir del ascensor y abrir la puerta de casa no soy capaz dejar de pensar en lo injustamente distantes que son las realidades entre las familias de Castilla-La Mancha y las que viven en Palestina.
    </p><p class="article-text">
        El sonido de uno de tantos aviones de guerra aterrizando a muy pocos kil&oacute;metros de mi casa hace que mire por la ventana. Ese ruido atronador sobrecoge. Me duele Palestina. Y me siento incapaz de imaginar tanto terror, tanto da&ntilde;o, tanta tortura durante tanto tiempo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Muñoz Riesco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/duele-palestina_132_10640477.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Oct 2023 19:32:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Duele Palestina]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Palestina,Gaza,Conflicto Palestina-Israel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Remedio para la distancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/remedio-distancia_132_10499051.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3a889bed-919e-4790-9720-0ef04efa4797_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Remedio para la distancia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"En ocasiones la nostalgia que siento al salir de sus casas me brota en los ojos y en la piel"</p><p class="subtitle">No pasaron (esta vez)
</p></div><p class="article-text">
        Desde hace ya unos a&ntilde;os, cada vez que hago una visita domiciliaria a alguna pareja de avanzada edad, pienso en los 500 kil&oacute;metros que me separan de lo que queda de mis ra&iacute;ces y de los besos y abrazos que me curan. 
    </p><p class="article-text">
        Entrar en las casas de personas que esperan que su vida pueda mejorar siempre entra&ntilde;a una especial responsabilidad. En muchas de esas ocasiones se trata de mujeres y hombres con quienes ya hay un nivel de confianza suficiente como para hablar de las cosas m&aacute;s importantes, de aquellas que no cuentan a sus hijos e hijas. Y en esa forma de mostrar los sentimientos hay palabras que resumen vidas enteras, casi siempre duras desde la infancia. Me gusta encontrar los momentos en los que poder animar e incluso re&iacute;r con esas personas. Siempre suaviza la conversaci&oacute;n y ayuda a que fluyan los pensamientos atravesados. 
    </p><p class="article-text">
        A veces la viuda o viudo recientes son quienes me cuentan su experiencia junto a quien no est&aacute;. O me recuerdan las cosas que conoc&iacute; de esa persona. En su forma de recolocar el mundo para adaptarse a la &uacute;ltima etapa esperan que el trabajador social les sea &uacute;til. Sentir la soledad es algo doloroso. Cualquier cosa que ayude a olvidarse de ella es bienvenida. 
    </p><p class="article-text">
        Todas esas personas, parejas, familias, buscan una opini&oacute;n sobre lo que han decidido o est&aacute;n por decidir. La vida sigue. Y a partir de una edad indeterminada contin&uacute;a con cada vez m&aacute;s limitaciones a las que deben adaptarse, ya sea de buen grado o a rega&ntilde;adientes. Aceptando el paso del tiempo o queriendo enga&ntilde;arse para intentar sortear la vejez. 
    </p><p class="article-text">
        En algunas ocasiones son hijos, hijas e incluso sobrinas y sobrinos quienes empujan a las personas mayores a aceptar mejoras en su d&iacute;a a d&iacute;a en forma de derechos sociales. Otras veces el empuj&oacute;n es real, a pesar de su opini&oacute;n, as&iacute; que es con esos hijos e hijas con quien invierto esfuerzo en explicar que los cambios siempre son procesos, no saltos al vac&iacute;o. Que respetar su opini&oacute;n y sus tiempos es fundamental para ayudarles. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando despu&eacute;s de un mes de comienzo de una ayuda a domicilio les pregunto si se imaginan su vida sin la auxiliar que acude a su casa cada d&iacute;a, siempre hay palabras de agradecimiento y la sensaci&oacute;n de ser capaces de respirar ahora llenando los pulmones. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Una mentalidad impuesta con sangre y catecismo: vivir siendo la responsable única de los cuidados de la casa y de cada persona que hay dentro de ella</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Son las mujeres quienes han cargado con casi todo en el d&iacute;a a d&iacute;a, as&iacute; que son ellas quienes se tienen que quitar esa responsabilidad de encima. Las que m&aacute;s sufren por no ser j&oacute;venes y que el cuerpo no les responda. Una mentalidad impuesta con sangre y catecismo: vivir siendo la responsable &uacute;nica de los cuidados de la casa y de cada persona que hay dentro de ella. Esto les hace tener que descargarse incluso del sentimiento de culpa por no poder seguir cuid&aacute;ndolo todo. Por fin, parece que las cosas han cambiado en las generaciones posteriores (sin entrar a valorar cu&aacute;nto, porque sigue siendo muy insuficiente), pero este proceso no todas las mujeres m&aacute;s mayores son capaces de recorrerlo. 
    </p><p class="article-text">
        Cada d&iacute;a, a la vuelta del trabajo, en los al menos 45 kil&oacute;metros de Manchuela que tengo que recorrer para llegar a casa, llamo a mi madre. Y me veo insisti&eacute;ndole en que solicite un aumento de las horas de ayuda a domicilio, o en buscar m&aacute;s ayuda para que a sus cerca de 89 a&ntilde;os no siga siendo la cuidadora principal de mi padre, un a&ntilde;o y medio mayor que ella. Le cuento algunas de las veces que les habl&eacute; de ellos a las personas a las que visito, de cuantas personas de su edad conf&iacute;an en m&iacute; para vivir algo mejor. En ocasiones la nostalgia que siento al salir de sus casas me brota en los ojos y en la piel. 
    </p><p class="article-text">
        Mi padre se queja de su edad. No lleg&oacute; a aprender a vivir con ninguna de sus enfermedades y da la sensaci&oacute;n de que las lleva encima como un castigo que no merece. Ella no cuenta muchas de las cosas que le pasan; aunque somos dos hijas y dos hijos, ya la conocemos. Trato de convencerla de buscar a una persona que la acompa&ntilde;e y la cuide y a la que poder contar todo lo que probablemente nunca nos contar&aacute; a nosotros. Durante toda la vida cuid&oacute; a su marido, a sus hijos, a sus hermanos, nietos y bisnietos y no va a cambiar por muchas m&aacute;s vueltas al sol que diera. 
    </p><p class="article-text">
        A veces durante la conversaci&oacute;n y otras nada m&aacute;s colgar el tel&eacute;fono, me doy cuenta de lo mucho que me cuesta separar mi profesi&oacute;n de la forma de pensar. Y me olvido de ser hijo en ocasiones. S&eacute; que aunque sean cortas algunas de nuestras conversaciones, nos curan a los dos: a mi madre, que es quien puede conversar por tel&eacute;fono y a m&iacute;. Me gusta haber sido capaz de conseguir muchos &ldquo;te quiero&rdquo; en lugar de &ldquo;yo tambi&eacute;n a ti&rdquo;. Le insist&iacute; cada d&iacute;a y ahora sabe hacerlo y eso nos cura a los dos de la distancia y s&eacute; que a ella un poquito de la vejez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Muñoz Riesco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/remedio-distancia_132_10499051.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Sep 2023 13:56:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Remedio para la distancia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No pasaron (esta vez)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/no-pasaron-vez_132_10409353.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8797bf79-d7c4-4e77-96e3-8c4f0963dadd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No pasaron (esta vez)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Para poder decir cada vez con más garantías 'no pasarán', hay que empezar ya a hacer las cosas mejor"</p><p class="subtitle">Lo que está en juego
</p></div><p class="article-text">
        Primera hora de un lunes diferente. La noche fue larga y de emociones contradictorias. Hab&iacute;a tanto en juego en las elecciones generales que cuesta quitarse la preocupaci&oacute;n de la mente y la sonrisa de la cara. No pasaron. Esta vez no han pasado, pero est&aacute;n ah&iacute; y lo volver&aacute;n a intentar. Seguir&aacute; el acoso y continuar&aacute;n las amenazas. Millones de personas les apoyan. Trabajadoras y trabajadores defendiendo a quien les explota y manipula. Algo se est&aacute; haciendo mal. Algo se lleva haciendo mal desde hace demasiado tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        El domingo estaba en juego la posibilidad de existir del sistema p&uacute;blico de servicios sociales. Casi nadie habla de nosotras. Dependencia, cuidados, derechos sociales&hellip; &iexcl;eh! &iexcl;estamos aqu&iacute;! Y somos m&aacute;s necesarios de lo que se nos atribuye. Invisibilizar tan frecuentemente un sistema p&uacute;blico imprescindible no es la mejor forma de defenderlo. 
    </p><p class="article-text">
        Si anoche hubieran pasado habr&iacute;an instalado como &uacute;nica opci&oacute;n la beneficencia devota, esa con la que mantienen vivos a personas pobres y excluidas por un sistema inaccesible para quien no naci&oacute; bien situado. 
    </p><p class="article-text">
        No han pasado, pero est&aacute;n volando en c&iacute;rculos, esperando que el sistema caiga por s&iacute; solo para entrar y arrasar casi todo. 
    </p><p class="article-text">
        Sentado en mi despacho, mientras se enciende el ordenador y saco todo lo necesario para comenzar a trabajar, esta ma&ntilde;ana me cuesta un buen rato centrarme. Pienso en que seguir&eacute; teniendo como referencia un centro de la mujer comarcal con cuatro profesionales que dominan perfectamente su trabajo y conocen de sobra la zona. S&eacute; que van a seguir ah&iacute; las cinco compa&ntilde;eras de los servicios sociales comunitarios con las que comparto el d&iacute;a a d&iacute;a en los municipios donde desarrollo mi profesi&oacute;n. Todas ellas son referentes para la poblaci&oacute;n y dependen de convenios. Su labor est&aacute; en manos de la voluntad pol&iacute;tica del gobierno de turno, sea regional o nacional. En ocasiones me siento como un bicho raro por ser el &uacute;nico funcionario. Esto tampoco se est&aacute; haciendo bien. Est&aacute; claro. 
    </p><p class="article-text">
        Debemos recordar el deseo de no retroceder setenta a&ntilde;os. Darnos cuenta de la necesidad de apostar sin reparos por reconstruir un sistema p&uacute;blico fuerte y &uacute;til a todas esas personas que, fruto de la manipulaci&oacute;n o de la necesidad, identifican como enemigos a individuos y colectivos equivocados, con quienes comparten problemas y ausencia de soluciones. Lo hecho hasta ahora nos ha tra&iacute;do la posibilidad del gobierno de quienes quieren mantener derechos y oportunidades s&oacute;lo para ellos. As&iacute; que algo se estaba construyendo mal. 
    </p><p class="article-text">
        Es necesario fortalecer los servicios sociales. Si no somos suficientes en n&uacute;mero, en preparaci&oacute;n y en motivaci&oacute;n, no podremos atender lo que vemos, ni prevenir lo que vendr&aacute;. No podremos ayudar a la gente a mejorar sus condiciones de vida, ni seremos capaces de acompa&ntilde;ar a las suficientes personas en sus procesos vitales para que se sientan libres. Tanto como para querer defender su libertad a pesar de los m&uacute;ltiples voceros que se van a interponer en sus caminos. Hay que mejorar. Hay que invertir en el d&iacute;a a d&iacute;a de la gente. Hay que dejar de especular y olvidar las pol&iacute;ticas que un d&iacute;a dan y al siguiente quitan. Hay que gobernar con valent&iacute;a. De lo contrario, no podremos resistir la siguiente embestida. 
    </p><p class="article-text">
        Para poder decir cada vez con m&aacute;s garant&iacute;as 'no pasar&aacute;n', hay que empezar ya a hacer las cosas mejor.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Muñoz Riesco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/no-pasaron-vez_132_10409353.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Jul 2023 21:59:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No pasaron (esta vez)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Castilla-La Mancha,Albacete,Elecciones Generales 23J 2023]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que está en juego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/juego_132_10365167.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/34374b83-54af-420b-9a62-0fdf64d2fdba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que está en juego"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Odio, incomprensión y desconocimiento se mezclan con las necesidades reales no cubiertas de muchas personas. Y esa mezcla es tan explosiva como previsible"</p></div><p class="article-text">
        Esta ma&ntilde;ana tomaba t&eacute; fr&iacute;o y tostada en cualquier bar de uno de los pueblos donde desarrollo mi profesi&oacute;n como trabajador social. La tele machacaba a quienes est&aacute;bamos all&iacute;. Una matraca incansable de okupas/violencia/inmigrantes en bucle. El relato habitual en las muchas horas de tortura dedicadas a infundir miedo irracional basado en bulos, manipulaciones y malas intenciones. Llegu&eacute; all&iacute; con la desaz&oacute;n que siempre me produce haber recibido en el despacho una visita no s&oacute;lo inesperada, sino inc&oacute;moda y profundamente injusta. Estoy convencido de que la totalidad de trabajadoras y trabajadores sociales de atenci&oacute;n primaria/b&aacute;sicos/comunitarios han vivido esta situaci&oacute;n en alg&uacute;n momento de su vida profesional. Posiblemente me quede corto y pueda decir que esta situaci&oacute;n pasa en algunas zonas con cierta e incluso con demasiada frecuencia. 
    </p><p class="article-text">
        Por desgracia, nos resulta familiar una secuencia como esta: 
    </p><p class="article-text">
        Paso 1: Vengo a preguntar por &hellip; (este espacio se puede rellenar con cualquier prestaci&oacute;n, sea de gesti&oacute;n propia o incluso de otras administraciones). 
    </p><p class="article-text">
        Paso 2: Pues un amigo me ha dicho que a &eacute;l se lo hab&eacute;is aprobado y est&aacute; mejor y tiene m&aacute;s que yo. 
    </p><p class="article-text">
        Paso 3: &iquest;Y entonces no hay nada para m&iacute;? (ese nada se refiere pr&aacute;cticamente siempre a una prestaci&oacute;n econ&oacute;mica mensual y vitalicia, como si nuestros despachos fueran expendedur&iacute;as de lo que despu&eacute;s llaman &ldquo;paguitas&rdquo;). 
    </p><p class="article-text">
        Paso 4: Claro, como no soy extranjero, para m&iacute; no hay. 
    </p><p class="article-text">
        Paso 5: Di lo que quieras, pero el 99% reciben pagas y dinero, que conozco a mucha gente a la que se lo est&aacute;is dando. 
    </p><p class="article-text">
        Paso 6: Despedida. En sus diferentes modalidades: con o sin portazo, con o sin insulto m&aacute;s o menos grave. Amenaza opcional. 
    </p><p class="article-text">
        En esta sucesi&oacute;n he suprimido las diferentes respuestas profesionales a cada uno de los pasos porque da igual cu&aacute;ntas explicaciones o aclaraciones se quieran aportar. Da igual la paciencia que seamos capaces de tener, porque siempre viene el siguiente paso. A veces saltamos alguno o se introducen variantes nuevas, pero el esquema es el mismo. 
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una forma de proceder en la que esa persona en cuesti&oacute;n viene a los servicios sociales solamente a confirmar lo que su entorno, su partido pol&iacute;tico de referencia, sus amigos, sus cu&ntilde;ados y, sobre todo, su televisi&oacute;n y emisora de radio favoritas le repiten con insistencia, porque creen saber mucho mejor lo que hacemos, con qui&eacute;n lo hacemos y cu&aacute;ndo lo hacemos que cualquier profesional de los servicios sociales. No les interesa escuchar ni conocer la realidad. La igualdad real y la justicia social son para esas personas meras patra&ntilde;as, porque odian y temen a quienes no van a querer conocer jam&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        He detectado con preocupaci&oacute;n la aparici&oacute;n e incremento de esas amenazas con las que en ocasiones se terminan este tipo de conversaciones fallidas. Frases del tipo &ldquo;se os va a acabar el chollo&rdquo;, &ldquo;espero que esto cambie de arriba abajo cuando ganemos&rdquo;, o &ldquo;para lo que serv&iacute;s, mejor cerrar esto&rdquo;. Este tipo de frases son la concreci&oacute;n pr&aacute;ctica de las soflamas de algunos partidos pol&iacute;ticos y medios de comunicaci&oacute;n. Esto es lo que nos estamos jugando en las elecciones generales. 
    </p><p class="article-text">
        Odio, incomprensi&oacute;n y desconocimiento se mezclan con las necesidades reales no cubiertas de muchas personas. Y esa mezcla es tan explosiva como previsible. Frente a esta situaci&oacute;n se presentan tres alternativas. No son dos, son tres: 
    </p><p class="article-text">
        Primera. Las cosas pueden ir a peor para toda la poblaci&oacute;n y dejar a la gente en dificultades en manos de las organizaciones prestadoras de beneficencia, como se hac&iacute;a hace muchas d&eacute;cadas, cuando tampoco las personas trabajadoras ten&iacute;amos derechos laborales ni libertad para elegir como ciudadanas y ciudadanos. 
    </p><p class="article-text">
        Segunda. Las cosas pueden permanecer como est&aacute;n. Con sus aciertos, pero tambi&eacute;n con sus errores. Con las muchas personas que est&aacute;n perfectamente atendidas, las que est&aacute;n atendidas insuficientemente y las que est&aacute;n esperando desesperadamente a ser atendidas. Con quienes tienen un recurso o prestaci&oacute;n que se adecua a su situaci&oacute;n y quienes no. 
    </p><p class="article-text">
        Tercera. Reforzar de manera suficiente el sistema p&uacute;blico de servicios sociales para que nadie se quede fuera de &eacute;l y exista siempre alguna alternativa a cada situaci&oacute;n personal. 
    </p><p class="article-text">
        Desarrollar el sistema de atenci&oacute;n primaria, b&aacute;sica, para que de verdad pueda desplegar una prevenci&oacute;n eficaz en los barrios y en los pueblos. Estamos frente a unas elecciones generales que van a ser decisivas para tomar alguna de estas tres alternativas. Sabemos en cu&aacute;l de ellas encuadrar a cada uno de los partidos pol&iacute;ticos que pugnan por formar parte del gobierno de Espa&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        No votar es dar como admisible la primera opci&oacute;n. Tenemos una oportunidad de mejorar las cosas, de avanzar. Espero que las personas profesionales que pertenecemos al sistema de servicios sociales demostremos ese deseo. Y de la misma manera, que quienes en alguna ocasi&oacute;n han necesitado de nuestros servicios, ayuda, acompa&ntilde;amiento, muestren la misma preferencia. Porque se trata de mejorar la vida de cada persona, de todas las personas, renovar su realidad y que cada cual pueda tener la oportunidad de caminar por la vida que libremente haya elegido
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Muñoz Riesco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/juego_132_10365167.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Jul 2023 11:07:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo que está en juego]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Elecciones Generales 23J 2023,Castilla-La Mancha,Servicios sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elecciones municipales y trabajo social rural]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/elecciones-municipales-trabajo-social-rural_132_10238460.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/09668699-dcec-412c-807b-0d02762d55b3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Elecciones municipales y trabajo social rural"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Cuanto más pequeño es el municipio, más importante es esa elección, porque la oportunidad de poder premiar o castigar la acción política de alguien es real"</p><p class="subtitle">Fotografía de pueblos olvidados
</p></div><p class="article-text">
        En estas &uacute;ltimas semanas y sobre todo a medida que se acerca el momento de ir a votar para elegir a quienes dirijan los ayuntamientos durante cuatro a&ntilde;os, surgen de manera natural conversaciones que no tienen desperdicio. Tambi&eacute;n dentro de nuestros despachos, o cuando realizamos una visita o quedamos con alguna persona para cualquier cosa. Hay quienes hacen claramente campa&ntilde;a por su opci&oacute;n y quienes hacen campa&ntilde;a por ninguna opci&oacute;n. Hay quienes se sienten en la obligaci&oacute;n de devolverle el favor al alcalde saliente o de pasarle factura por incumplir sus promesas individuales, grupales o comunitarias. 
    </p><p class="article-text">
        Tengo la sensaci&oacute;n de que cuanto m&aacute;s peque&ntilde;o es el municipio, m&aacute;s importante es esa elecci&oacute;n, porque la oportunidad de poder premiar o castigar la acci&oacute;n pol&iacute;tica de alguien es real. Soy trabajador social en varios de esos pueblos donde el n&uacute;mero de concejal&iacute;as oscila entre nueve y tres. Reconozco que, al no residir en ninguno de esos municipios, me siento tentado de ser un simple espectador, abrir una bolsa de pipas, sentarme en un banco a la sombra y ver los movimientos de unos y otros en estos meses, semanas y d&iacute;as previos a la votaci&oacute;n. Asistir al espect&aacute;culo previo como quien ve una pel&iacute;cula que bien podr&iacute;a ser de Bu&ntilde;uel o de &Aacute;lex de la Iglesia, con sus carreras para empadronar a m&aacute;s gente y su competici&oacute;n para liberarse durante cuatro a&ntilde;os por fin o cuatro a&ntilde;os m&aacute;s, seg&uacute;n el caso. Cada cual sabe con cuantos votos cuenta y el margen de error es peque&ntilde;o. Se multiplican las presiones y promesas. Se puede sentir la tensi&oacute;n en algunos lugares porque da la impresi&oacute;n de que lo que se ense&ntilde;a no es lo que realmente se pone en juego. 
    </p><p class="article-text">
        Como trabajador social de esos pueblos (no s&oacute;lo como persona/ciudadano) veo con preocupaci&oacute;n en numerosas ocasiones y con esperanza en otras la fiesta de las elecciones municipales. Y es que la persona que ostentar&aacute; la alcald&iacute;a va a afectar muy directamente a mi trabajo, aunque no tanto como a alguno de los elegidos les gustar&iacute;a. Porque no es lo mismo un alcalde (o alcaldesa) que entienda mi trabajo y lo respete a alguien que no s&oacute;lo no lo entiende, si no que tampoco lo respeta. No es lo mismo quien quiere saber y controlar qu&eacute; personas vienen a verme y qu&eacute; es lo que quieren, que quien se preocupa por intentar salvar la privacidad de cada cual en todo momento. No es lo mismo querer utilizar al trabajador social de su pueblo como un instrumento de realizaci&oacute;n de favores (con los que acumular otros por recibir) que echarse a un lado y dejar hacer. No es lo mismo intentar imponer su criterio personal que respetar nuestro criterio profesional. No es lo mismo atender a la poblaci&oacute;n en un despacho con fr&iacute;o en invierno y calor en verano o sin un lugar apropiado donde poder esperar a ser escuchado, que disponer de un lugar acondicionado convenientemente y equipado con todo lo necesario.
    </p><p class="article-text">
        Porque hay injerencias en nuestro trabajo. Muchas. Por af&aacute;n manipulador, por desconocimiento, por desconfianza o por todas estas razones a la vez, seg&uacute;n el caso y los a&ntilde;os de ostentaci&oacute;n del cargo. Y seguramente m&aacute;s cuanto m&aacute;s joven es el o la trabajadora social, m&aacute;s si tiene poca experiencia y m&aacute;s a&uacute;n si es mujer. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Siempre albergo una esperanza al ver tres listas o más en las elecciones municipales</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En la Espa&ntilde;a de las dos listas municipales y la sucesi&oacute;n interminable de caciques, donde las cosas se hacen porque s&iacute; o porque lo digo yo, siempre albergo una esperanza al ver tres listas o m&aacute;s en las elecciones municipales. A ver si hay suerte y nadie saca mayor&iacute;a absolutista. A ver si no les queda m&aacute;s remedio que sentarse y negociar, intentar llegar a acuerdos, explicar sus razones y escuchar las contrarias. A ver si de una vez no se pueden hacer las cosas porque aqu&iacute; se hace lo que yo diga durante cuatro a&ntilde;os. Es una ilusi&oacute;n que nunca he visto materializarse en municipios de menos de dos mil habitantes. Me conformar&iacute;a incluso con tres listas de derechas (&iexcl;qu&eacute; poquito pido!). Por mala que sea una opci&oacute;n, siempre hay otra peor. Este argumento me parece suficiente para moverse y depositar una papeleta, aunque sea, literalmente, con una pinza de la ropa en la nariz. A ver si entre ellos al menos son capaces de sentarse a hablar y razonar sus decisiones. Y de explicarlas a la poblaci&oacute;n, que eso tampoco es algo que se prodigue de forma abierta en todos los municipios precisamente. 
    </p><p class="article-text">
        He trabajado con responsables municipales que se han puesto a disposici&oacute;n del equipo de Servicios Sociales de su municipio y ha sido un placer siempre. Y la gente del pueblo ha notado que nuestro trabajo es mucho m&aacute;s eficaz y llega mucho m&aacute;s lejos. Cuando el objetivo de alcaldes y alcaldesas es controlarlo todo el resultado es justo lo contrario. Ya es bastante dif&iacute;cil garantizar la privacidad a la que toda persona tiene derecho cuando acude a vernos incluso haciendo las cosas bien. He desarrollado mi labor profesional en municipios donde el hecho de venir a verme se convierte en motivo de inter&eacute;s, intriga e intento de investigaci&oacute;n por parte de trabajadores municipales y concejales. Hay gente que viene a verme a nueve kil&oacute;metros o m&aacute;s de su pueblo porque no quiere que nadie del suyo sepa que ha quedado conmigo, aunque sea para temas intrascendentes. Hay muchas maneras de presionar e incomodar a las personas y a los profesionales. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando este art&iacute;culo se publique estar&eacute; a punto de saber si ha habido cambios en las composiciones de los ayuntamientos donde trabajo. Como siempre, espero que para la vecindad de esos pueblos, se elija la opci&oacute;n que me facilite y permita el trabajo, o al menos la que menos pegas me ponga, que tampoco es mucho pedir.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p style="text-align: center;"><a href="https://telegram.me/eldiarioclm" target="_blank"><img src="https://static.eldiario.es/eldiario/public/content/file/original/2021/0118/13/siguenos-en-telegram-lideres-entre-los-medios-espanoles-78ba19d.png" alt="síguenos en Telegram" /></a></p>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Muñoz Riesco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/elecciones-municipales-trabajo-social-rural_132_10238460.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 May 2023 15:39:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Elecciones municipales y trabajo social rural]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Elecciones 28M 2023,Castilla-La Mancha,Trabajo social,Zonas rurales,Medio rural]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fotografía de pueblos olvidados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/fotografia-pueblos-olvidados_132_10156784.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/92c93dcd-a10d-4e17-b7f7-f8aa45135898_16-9-discover-aspect-ratio_default_1071725.jpg" width="4096" height="2304" alt="Fotografía de pueblos olvidados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Siento que mi labor es proporcionar cuidados paliativos a los municipios que parecen no importar ya a casi nadie"</p><p class="subtitle">Las cifras del impacto sobre la despoblación que Castilla-La Mancha estrena en sus presupuestos
</p></div><p class="article-text">
        Al bajar esta ma&ntilde;ana las cincuenta curvas que llevan hasta una de las pedan&iacute;as m&aacute;s apartadas de la zona en la que trabajo, pienso en el alivio que estar&aacute;n empezando a sentir all&iacute; con la retirada definitiva del fr&iacute;o y la llegada de la primavera. El camino es precioso en esa &eacute;poca. A veces aminoro la marcha para intentar disfrutar de los recodos y descubrir animales y p&aacute;jaros que se oyen con la ventanilla bajada. 
    </p><p class="article-text">
        Desplazarme por las &uacute;ltimas carreteras locales de la provincia de Albacete me hace pensar en las ocasiones en las que escucho hablar de la &ldquo;Espa&ntilde;a vaciada&rdquo; como una foto fija de algo que pas&oacute;. Pero no es m&aacute;s que un eufemismo. Una parte de Espa&ntilde;a se est&aacute; &ldquo;vaciando&rdquo; cada d&iacute;a desde hace d&eacute;cadas. En ma&ntilde;anas como la de hoy siento, como trabajador social de atenci&oacute;n primaria, que mi labor es proporcionar cuidados paliativos a los municipios que parecen no importar ya a casi nadie, acompa&ntilde;ando los m&uacute;ltiples duelos de sus habitantes. 
    </p><p class="article-text">
        Tengo dos visitas que hacer y s&eacute; que me esperan. Nadie por la calle. Perros sesteando, el vuelo de gorriones y alg&uacute;n mirlo, la sombra de nubes aisladas y silencio. 
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a sale a su puerta cuando escucha mi coche. Como siempre, me recibe con una sonrisa y alguna observaci&oacute;n sobre mi aspecto f&iacute;sico (esta vez sentencia que el pelo ya est&aacute; demasiado largo). Comenta que Manuel no est&aacute; mejor, que no consigue levantar cabeza. <em>Son muchos a&ntilde;os ya y la vida que nos ha tocado pasa factura</em>. Trabajo duro desde la ni&ntilde;ez, apuros, fr&iacute;o, criar tres hijas y un hijo, envejecer juntos y soledad en pareja. 
    </p><p class="article-text">
        La chimenea encendida. La casa es fresca y cuesta calentarla a&uacute;n. Manuel apenas se mueve, as&iacute; que al calor de las peque&ntilde;as llamas se est&aacute; mejor. Me siento junto a &eacute;l y cree reconocerme. Se siente flojo esta ma&ntilde;ana. El andador le permite moverse dentro de casa, pero a veces cuesta mucho ponerse en pie y caminar unos pasos. Mar&iacute;a agradece, como cada d&iacute;a, la ayuda de Mercedes, la auxiliar de ayuda a domicilio que acude de lunes a viernes para levantar y asear a Manuel, y al final de cada jornada para acostarle y ponerse a las &oacute;rdenes de Mar&iacute;a en las tareas b&aacute;sicas, dejando la casa recogida. 
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a se sienta con nosotros trayendo la solicitud que le dej&eacute; d&iacute;as atr&aacute;s, acompa&ntilde;&aacute;ndola de un informe m&eacute;dico con fecha del d&iacute;a anterior. Me entrega los papeles haci&eacute;ndome un gesto de negaci&oacute;n con la cabeza y cara de preocupaci&oacute;n. Manuel se desorienta cada vez con m&aacute;s frecuencia y los sustos empiezan a ser mayores. Pero ninguno de los dos est&aacute; dispuesto a abandonar su casa ni su amado pueblo. S&eacute; que sus hijas acuden para cuidarles y acompa&ntilde;arles cada fin de semana y les insisten en que se trasladen a vivir con ellas, pero sienten que la vida en un piso de una gran ciudad no es para ellos. 
    </p><p class="article-text">
        La conversaci&oacute;n se vuelve un repaso de c&oacute;mo la vejez le ha ido robando a Manuel su fortaleza f&iacute;sica, su salud y buena parte de su alegr&iacute;a. Cuentan c&oacute;mo les fue cambiando la vida despu&eacute;s de la primera operaci&oacute;n, c&oacute;mo se iban adaptando a no poder hacer las cosas igual que antes. Manuel dice no recordar su &uacute;nico viaje a&eacute;reo, pero para Mar&iacute;a est&aacute; presente aquel d&iacute;a en el que pens&oacute; que se le mor&iacute;a en sus manos. El &ldquo;botoncito&rdquo; funcion&oacute; y movilizaron hasta un helic&oacute;ptero para salvarle la vida. Despu&eacute;s de ese d&iacute;a fueron aceptando otras ayudas para permanecer en su hogar. &Uacute;ltimamente los olvidos de Mar&iacute;a est&aacute;n m&aacute;s presentes y, sin decirlo, le preocupan y la hacen dudar de la posibilidad de estar solos dentro de poco tiempo. El futuro asusta si se piensa. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Todos nuestros recuerdos son de este lugar. Aquí hemos sido muy felices</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A veces las palabras tardan en salir de la boca de Mar&iacute;a. Da la impresi&oacute;n de que teme que al o&iacute;rlas se hagan realidad. Busca el refuerzo de las fotos de sus hijas, hijo, nietas y nietos para animarse y se quiebra cuando la mirada encuentra la foto de su boda o las de sus padres y hermanos.<em> Todos nuestros recuerdos son de este lugar. Aqu&iacute; hemos sido muy felices</em>. Me despido de la pareja y Mar&iacute;a me acompa&ntilde;a hasta la calle. Pregunta si voy a ver a alguien m&aacute;s y le digo que he quedado con Pedro. Hace un nuevo gesto de contrariedad y me cuenta que Pedro sigue acerc&aacute;ndose a visitarles y se hacen compa&ntilde;&iacute;a. Lo define como un hombre bueno y le apena verlo solo. Antes de que Pedro enviudara, Manuel y &eacute;l conversaban cada d&iacute;a bajo el nogal de la plaza. Muchas veces se un&iacute;an Mar&iacute;a y Josefa, la mujer de Pedro. Les gustaba ver las idas y venidas del resto del vecindario. Desde all&iacute; se estaba al tanto de todo. Llego a la plaza dando un peque&ntilde;o rodeo para respirar y cobijarme en el horizonte brevemente antes de ver a Pedro. Estaba, como casi siempre, a la sombra del imponente nogal, a escasos veinte metros de su casa. <em>&iquest;Vienes de visitar a Manuel?, mira que hemos echado horas sentados en este banco y ahora no puede acercase hasta aqu&iacute; siquiera. &iexcl;Qu&eacute; l&aacute;stima! </em>
    </p><p class="article-text">
        Pedro no tiene hijos y es el menor de seis hermanos. S&oacute;lo vive uno de ellos en Valencia, al que hace a&ntilde;os no ve. Me hizo un nuevo recuento de cuantas personas siguen viviendo en las siete casas habitadas durante todo el a&ntilde;o. S&oacute;lo dos parejas no est&aacute;n jubiladas a&uacute;n, pero les falta poco. Nadie con menos de cincuenta y cinco a&ntilde;os en la pedan&iacute;a. <em>Aqu&iacute; hubo mucha gente viviendo. Hab&iacute;a bullicio cuando era joven. Todas las casas ten&iacute;an al menos una o dos familias</em>. Pedro se&ntilde;al&oacute;, como cada vez que converso con &eacute;l, el edificio donde estaba el colegio. <em>Hab&iacute;a chavaler&iacute;a de todas las edades y ven&iacute;a bastante gente de otros pueblos a las fiestas</em>, dijo con orgullo. 
    </p><p class="article-text">
        Comenzaron a marcharse hace muchos a&ntilde;os. Cada persona que se iba ya no volv&iacute;a, la mayor&iacute;a de las veces ni para las fiestas. Las casas se olvidaron y desapareci&oacute; aquello que les daba vida. <em>Primero el colegio, despu&eacute;s la caja, las tiendas, los bares&hellip; y lo pr&oacute;ximo ser&aacute; el m&eacute;dico, que ya s&oacute;lo viene una vez a la semana por si necesitamos algo. Ahora tenemos que ir al pueblo para casi todo. Y los que no podemos conducir ni tenemos familia dependemos del alguacil del ayuntamiento, que nos acerca cuando no queda m&aacute;s remedio</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Hay quienes acuden aprovechando los festivos de las ciudades, los fines de semana con buen tiempo y en vacaciones algunas semanas. Pero no cuidan el pueblo, dejan suciedad, ruido y prisas a su paso<em>. A pesar de todo, me distrae mirarlos desde la sombra. Siempre me pregunto durante cu&aacute;nto tiempo m&aacute;s seguir&aacute;n viniendo. </em>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A la sombra de este árbol me he entretenido siempre, pero ya resulta aburrido</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A<em> la sombra de este &aacute;rbol me he entretenido siempre, pero ya resulta aburrido. Aunque no tanto como estar en casa.</em> Pedro tiene castigada a su televisi&oacute;n por mentirosa. S&oacute;lo si ponen alg&uacute;n partido de tenis de Alcaraz la mantiene encendida. Al menos Nadal parece que ha dejado a quien contin&uacute;e con su legado. 
    </p><p class="article-text">
        La casa es g&eacute;lida para Pedro. Me pide ampliar la ayuda a domicilio. Mercedes va con &eacute;l despu&eacute;s de atender a Mar&iacute;a y Manuel y le hace sonre&iacute;r y pensar en otras cosas. Pedro le pide que le cuente cosas de su pueblo, mucho m&aacute;s grande, desde el que viene cada d&iacute;a a traer orden, distracci&oacute;n y algo de ternura. Ese tiempo compartido se va haciendo corto para Pedro, as&iacute; que su inter&eacute;s es que Mercedes pueda permanecer m&aacute;s horas para dar alg&uacute;n paseo por los alrededores. Con el paso de los a&ntilde;os, la confianza con ella le hace sentirla como una hija. 
    </p><p class="article-text">
        Es un hombre sabio, como tantos otros. Sin estudios pero con un enorme sentido com&uacute;n. Su rostro siempre me transmite confianza y firmeza. Los ojos reflejan el fluir de su vida y las ausencias. La mirada hacia el monte y los bosques cercanos le reconforta. Al menos algo permanece. 
    </p><p class="article-text">
        Pedro me acompa&ntilde;a hasta el coche y antes de meterme en &eacute;l para iniciar el regreso me dice en voz baja: <em>Mira alrededor. Algunas casas se caen y las que no, est&aacute;n vac&iacute;as. Ya no hay vida en las calles, ni ruidos, ni juegos. Y por mucho que digan los pol&iacute;ticos, tampoco hay ya esperanza. El pueblo se muere, Juan Carlos, como Manuel</em>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p style="text-align: center;"><a href="https://telegram.me/eldiarioclm" target="_blank"><img src="https://static.eldiario.es/eldiario/public/content/file/original/2021/0118/13/siguenos-en-telegram-lideres-entre-los-medios-espanoles-78ba19d.png" alt="síguenos en Telegram" /></a></p>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Muñoz Riesco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/fotografia-pueblos-olvidados_132_10156784.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 May 2023 04:07:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fotografía de pueblos olvidados]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Despoblación,Despoblación rural,Albacete,Castilla-La Mancha]]></media:keywords>
    </item>
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