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    <title><![CDATA[elDiario.es - Nicolás Dorta]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/nicolas-dorta/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Nicolás Dorta]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La bondad vence a la envidia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/bondad-vence-envidia_1_12605830.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/30800da7-9899-4c12-a2d4-92b0eb20fcf7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La bondad vence a la envidia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Manuel Vilas presenta ‘El mejor libro del mundo’ en el festival Santiago de Letras</p></div><p class="article-text">
        La literatura, la creaci&oacute;n, es una v&iacute;a para soportar el fracaso de la realidad. Ning&uacute;n artista est&aacute; exactamente conforme con su obra, como ning&uacute;n ser humano est&aacute; perfectamente conforme con su vida. Siempre hay aristas. La obra de Manuel Vilas intenta superar los vaivenes del fracaso: como escritor, como padre, como hijo, como marido, como persona, como poeta. En el poema <em>Los nadadores nocturnos</em> escribe: &ldquo;Bajo el agua parece que el fracaso no existe&rdquo;. Y frente a ello, la bondad y el amor son algo m&aacute;s que ant&iacute;dotos, son imperativos.&nbsp;Ser bueno debe ser una obligaci&oacute;n. La envidia no es el camino. La bondad vence a la envidia. Por eso es necesario agarrarse a &ldquo;la alegr&iacute;a, no tanto a la felicidad&rdquo;, dice el escritor, que acaba de estar este fin de semana en Santiago del Teide (Tenerife) para hablar de <em>El mejor libro del mundo</em>, en el marco de la primera edici&oacute;n del festival Santiago de Letras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el autor de&nbsp;<em>Ordesa</em>, novela traducida a m&aacute;s de 20 idiomas, la felicidad es un edificio moldeado por &ldquo;el capitalismo&rdquo;, al que el escritor abraza para decir: puedo contigo, puedo con esa idea de progreso, puedo con el dinero, puedo con las cenas, las invitaciones, los viajes y con el confort de los hoteles que me hacen creer que esto es la felicidad. Es un invento la felicidad, como son las ciudades, &ldquo;invenciones de los hombres, ingratas y amarillas, artificiales y aterrorizadas, como todos los seres humanos que la crearon&rdquo;, escribe en el poemario Roma. Es un invento creer que podemos con todo, porque&nbsp;necesitamos de la compa&ntilde;&iacute;a de los otros. &ldquo;Que te espere alguien en alg&uacute;n sitio es el &uacute;nico sentido de la vida, y el &uacute;nico &eacute;xito&rdquo;, dice en <em>Ordesa.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        En la alegr&iacute;a -explic&oacute; en una feria del libro instalada en la plaza de la iglesia- hay un desprendimiento de toda pretensi&oacute;n, de toda intenci&oacute;n, hay un habitar despreocupado en el presente, precisamente&nbsp;donde siempre se nos hace complejo estar. Esta alegr&iacute;a, como la bondad,&nbsp;&ldquo;debe ser una obligaci&oacute;n&rdquo;, frente a un mundo de tragedia, destrucci&oacute;n, pero tambi&eacute;n de luz, porque hay mucha luz en el mundo, y hay una poes&iacute;a que nos salva del ruido. Hay incluso luz si quitas las capas que cubren el fantasma del capitalismo, porque la luz es anterior. &ldquo;Luz, eres siempre la misma&rdquo;, escribe en el poema <em>La Luz sobre Florencia.</em>
    </p><p class="article-text">
        Habl&oacute; Manuel Vilas de la importancia de transmitir esa alegr&iacute;a, de la bondad y del amor, como acto &ldquo;de compartir&rdquo;, frente a las tormentas que azotan todo cuerpo, porque todo cuerpo, si est&aacute; vivo, pasa por los territorios pedregosos del &ldquo;miedo, la depresi&oacute;n o la ansiedad&rdquo;; pero es un pasar, aceptar y seguir, no es un quedarse, regodearse en su gravedad, porque la gravedad hunde, no posibilita, arruga, entierra. &ldquo;Si yo me enfadara en una entrega de premios porque me han confundido con Manuel Rivas, cosa que ha pasado m&aacute;s de una vez, pues imag&iacute;nense, en lugar de tom&aacute;rmelo a la tremenda, pues&nbsp;me r&iacute;o&rdquo;, dijo. Porque &ldquo;la vida es tambi&eacute;n comedia&rdquo;, cont&oacute;, y&nbsp;la comedia&nbsp;est&aacute; conectada a la alegr&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El escritor ha vuelto a este Valle de Santiago despu&eacute;s de que lo pisara por primera vez junto a sus padres en los setenta.&nbsp;&ldquo;Somos parte tambi&eacute;n de lo que nuestros padres nos han dejado&rdquo;, explic&oacute;. El hambre, unida a la Espa&ntilde;a de la posguerra, de la necesidad , es un rastro que se ha quedado en su generaci&oacute;n.&ldquo;Las generaciones de ahora, por fortuna, no saben lo que es el hambre, nuestros padres s&iacute;&rdquo;. Queda una huella en Vilas de la Espa&ntilde;a que luchaba contra el hambre. Porque el hambre era sin&oacute;nimo de fracaso.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En <em>En el mejor Libro del mundo</em>,&nbsp;el autor intenta escribir el mejor libro del mundo. Obviamente no lo consigue, pero lo acepta, como acepta la culpa y la verg&uuml;enza que todo ser humano ha podido sentir a lo largo de su existencia. &ldquo;Lo importante es que ahora ya me da igual; quiero decir que lo comprendo , y al comprenderlo descanso de ese v&eacute;rtigo de la culpa y del castigo&rdquo;, escribe. El libro, entre otras cosas, cuenta esa aceptaci&oacute;n de toda tormenta interior, de toda mentira, porque &ldquo;nos mentimos hasta la abominaci&oacute;n&rdquo;. As&iacute;, abre el autor la ventana que permite la alegr&iacute;a, el amor y la bondad, y que permite llegar a sus lectores, porque &ldquo;un escritor sin lectores es el alma en pena m&aacute;s grande del universo&rdquo; .&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Festival Santiago de Letras est&aacute; organizado por el Ayuntamiento de Santiago del Teide y la gestora Atl&aacute;ntida Cultural. Seg&uacute;n su web, &ldquo;nace con la intenci&oacute;n de hermanar al municipio con el pueblo gallego de Mi&ntilde;o y su festival cultural EnCaMi&ntilde;o, mediante un intercambio de autores, actividades y experiencias vinculadas al Camino de Santiago&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Dorta]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Sep 2025 08:23:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La bondad vence a la envidia]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Principios de estética]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/principios-estetica_132_13225907.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La isla en la que vivo agoniza pese a su potencia de permanecer, como lo hace la planta que crece entre una grieta de cemento
</p></div><p class="article-text">
        No sabemos muy bien qu&eacute; es lo bello, pero s&iacute; intuimos qu&eacute; cosa no participa de la belleza, pues molesta, erosiona, desencaja, deshumaniza: irradia fealdad.&nbsp;La isla en la que vivo agoniza, pese a su potencia de permanecer, como lo hace la planta que crece entre una grieta de cemento. Quiz&aacute; no le quede mucho tiempo, pues&nbsp;soporta una fealdad cotidiana de dif&iacute;cil encaje, una fealdad como de met&aacute;stasis. La isla carece de unos m&iacute;nimos principios de est&eacute;tica que permitan la armon&iacute;a entre&nbsp;el territorio y los seres que la habitan, entre el silencio de su paisaje y el ruido de sus calles, entre los intentos humanos del crear y la amalgama irrompible de la tradici&oacute;n, la religi&oacute;n y &ldquo;lo nuestro&rdquo;. Adem&aacute;s, las oportunidades que tienen las administraciones p&uacute;blicas para poner en marcha modelos, planes, estructuras, iniciativas, no digo ya miradas, de&nbsp;esos principios mediante mecanismos democr&aacute;ticos (ordenanzas, decretos, acuerdos) chocan con los intereses privados de un turismo depredador y sus c&oacute;mplices, que no mejoran la vida de la mayor&iacute;a,&nbsp;sino que la convierten en una vida en la cola, con las promesa del mito del progreso y el bienestar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La consecuencia es una anestesia generalizada (la angustia por la imposibilidad de cambio genera inmovilidad, conformismo, cerraz&oacute;n, somnolencia) sobre cuestiones que tienen que ver con el bien com&uacute;n, con crear una isla, as&iacute; de &ldquo;simple&rdquo;: m&aacute;s bonita, porque lo bonito expande lo vivo y despierta nuevas percepciones, ahuyenta la visi&oacute;n miope y mercantilista a la que estamos asistiendo. Las consecuencias&nbsp;hace tiempo que ya las estamos viviendo: el aumento de poblaci&oacute;n y la saturaci&oacute;n de servicios,&nbsp;m&aacute;s coches, m&aacute;s pisos y m&aacute;s caros, m&aacute;s carreteras, m&aacute;s basura, m&aacute;s centros comerciales, m&aacute;s ocio y fiestas y menos cultura,&nbsp;pueblos dormitorio y pueblos dormidos. Hay rotondas copadas por m&eacute;diums justicieras, por cl&iacute;nicas dentales, por restaurantes de comida r&aacute;pida; rotondas cercadas por banderas de Espa&ntilde;a que rodean a un guanche o a un santo o a una cruz; pulseras&nbsp;y cinturones cercados por banderas de Espa&ntilde;a; rotondas con plantas for&aacute;neas mantenidas con agua desalada e imbebible, carteles desplegados en las paredes de las casas con anuncios de mesones&nbsp;de carnuza o parques acu&aacute;ticos que, ya que estamos, poco tienen que ver con alg&uacute;n elemento identificativo del paisaje donde se insertan; carteles&nbsp;donde se lee &ldquo;an&uacute;nciate&rdquo;, en medio de cardones o tabaibas,&nbsp;entre el viento del triste, extra&ntilde;o y solitario del paisaje sure&ntilde;o. Casas sin pintar, muchas sin encalar,&nbsp;casas pintadas de verde fluorescente en medio del pinar, casas con balcones de yeso y garajes donde se come, se deja el coche y se vive.&nbsp;Ferias de abril, <em>burguer fest</em>, <em>gastrobares</em> en cada esquina, ensaladas encharcadas de vinagre bals&aacute;mico y rulos de queso de cabra, tartares de atunes y salm&oacute;n.&nbsp;Luces nocturnas de gasolineras, autopista sin luz, hospitales a medio hacer frente a tanatorios y cementerios perfectamente equipados en cada pueblo, camellos en medio del follaje del norte, cines con programaci&oacute;n basura.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace 21 a&ntilde;os, los que fueran Reyes de Espa&ntilde;a inauguraron el Magma Arte y Congresos, en Adeje. Poco se sabe del genial edificio. Mart&iacute;n Menis, su arquitecto, pas&oacute; muchas tardes entre cardones y la piedra caliza. Quer&iacute;a hacer una gran piedra igual de bella y en cuyo interior se respirara vida, movimiento (es una instalaci&oacute;n con muchas opciones por su estructura modular) y que la ciudadan&iacute;a, toda, disfrutara de este espacio, no solo para el congreso o el tributo de turno, sino por ejemplo, se me ocurre, para la posibilidad de construir una gran biblioteca y sala de encuentros, espacios accesibles de di&aacute;logo y trabajo. Una vez, junto al fot&oacute;grafo del <em>Diario</em>, subimos&nbsp;al techo. Est&aacute;bamos como en el caparaz&oacute;n de un armadillo. Al fondo el sol se perd&iacute;a. Parec&iacute;a que pod&iacute;amos&nbsp;tocar la orilla con solo unos pasos. En uno de los balcones de hormig&oacute;n que dan al mar, entrevist&eacute; a un simp&aacute;tico Crist&oacute;bal Montoro, que en ese momento era ministro de Econom&iacute;a y Hacienda. Conoc&iacute;a los recovecos de La Laguna y de la isla como si viviera por aqu&iacute;. &iquest;Espa&ntilde;a iba bien?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otra vez, una psiquiatra, durante un almuerzo,&nbsp;confes&oacute; que sol&iacute;a escuchar a Keith Jarrett y su tr&iacute;o al llegar a casa, cuando quer&iacute;a evadirse del ruido del mundo. El pianista ha grabado casi siempre para ECM, un sello alem&aacute;n, creado por Manfred Eichner, que cuida mucho el sonido, respeta el silencio de la m&uacute;sica, mima las portadas como si de cuadros se trataran y crea una atm&oacute;sfera curativa, similar a un paseo por&nbsp;el Llano de Ucanca (sin coches) o Benijo (sin demasiada gente). Principios de est&eacute;tica: belleza, bienestar, honestidad, atenci&oacute;n. Nada grave. Kafka escribi&oacute; en uno de sus cuadernos: &ldquo;Lo que distrae es malo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Dorta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/principios-estetica_132_13225907.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 May 2026 07:16:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Principios de estética]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Octubre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/octubre_132_12649756.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Unas gotas humedecen por un d&iacute;a la tierra de aquel morro donde invent&aacute;bamos la vida. All&iacute; siguen los dos pinos, a pocos metros de casa. De uno asoman las ra&iacute;ces, que flotan sobre un hueco enorme lleno escombros. El otro se sostiene como creci&oacute;, esperando a que regrese el hombre sordo y ciego y lo arranque con su pala mec&aacute;nica. El morro era un valle verde donde nos ensuciamos y ahora es un solar. Los dos pinos nos vieron crecer, como nosotros a ellos. Mantienen su dignidad. No se mueven y aceptan, como lo hizo el fil&oacute;sofo, su destino. &Uacute;ltimamente hablan mucho entre ellos: cuando llega la noche y los coches descansan en los garajes, cuando la avenida es un p&aacute;ramo con los restos de basura que dejan los j&oacute;venes veloces.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vuelve en octubre la pregunta de qu&eacute; eres. Y hay dos cosas que flotan por ah&iacute;: miedo a no estar a la altura (todav&iacute;a no sabes qui&eacute;n ha puesto la altura) y miedo a que ciertas heridas nunca cicatricen cuando te sientes m&aacute;s vulnerable. No te sientes escritor, ni profesor, ni periodista, ni mucho menos m&uacute;sico. Andas de puntillas en cada cosa, andas de esa forma para sobrevivir al ruido, que es a veces tu propio ruido.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se va septiembre con una r&aacute;faga de noticias que inquietan el orden mundial, si es que alg&uacute;n d&iacute;a hubo orden. La democracia, si no la cuidamos, si no ponemos mecanismos para no dejar de creer en ella y construirla de manera s&oacute;lida, puede entrar en una crisis profunda, amenazada por los aut&oacute;cratas, enemigos de la verdad&nbsp;y el bien com&uacute;n,&nbsp;respaldados a su vez por los jefes de nuestros tel&eacute;fonos m&oacute;viles que expanden la mentira, el odio y la desinformaci&oacute;n por todo el planeta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aceptas las lecturas dispersas. Te cuesta dejar un libro por la mitad &iquest;Y si est&aacute; en el final lo que buscabas?, porque en las lecturas siempre buscas algo que se parezca a lo que te pasa, respuestas, un paisaje familiar. Buscas ser otro o que el otro no sea muy diferente a ti. A veces tienes&nbsp;&eacute;pocas Richard Ford, &eacute;pocas Piglia, &eacute;pocas Kafka, &eacute;pocas Luise Gl&uuml;ck, &eacute;pocas Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, &eacute;pocas Agota Kristof. Y sus vidas recobran todo el inter&eacute;s: qu&eacute; hac&iacute;a y por qu&eacute; hac&iacute;a lo que hac&iacute;a,&nbsp;c&oacute;mo lleg&oacute; a escribir eso, en qu&eacute; circunstancias. Subrayas a l&aacute;piz y apuntas en una libreta. Siempre el mismo proceso. A veces sale un poema, otras el comienzo de un relato, un titular, una idea de novela, y la mayor&iacute;a de veces, cosas que no sirven para nada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, acatar la dispersi&oacute;n en la lectura. Desde comienzos de setiembre hasta hora solo has podido leer de manera intermitente varios libros a la vez: durante respiro necesario en La Monta&ntilde;a M&aacute;gica te has sobrecogido con algunos <em>Cuentos Salvajes,</em> de Ednodio Quintero; siempre extra&ntilde;o e incre&iacute;ble Roland Barthes con el <em>Imperio de los signos;</em> el papel&nbsp;invisible de la traducci&oacute;n en la autora Laura Esther Wolfson y su <em>Perder el Novel;</em> extra&ntilde;o e inquietante es tambi&eacute;n es Patrick Harpur en el <em>Fuego secreto de los Fil&oacute;sofos</em>;&nbsp;coges y sueltas a Ram&oacute;n Andr&eacute;s, desde <em>Camino a Intemperie</em> hasta <em>Pensar y no caer.</em> Regresas a Juan Arnau, que viene esta semana a Tenerife, con <em>Materia que respira luz</em>. En el ba&ntilde;o, <em>Carta a Li-Po </em>de Corredor Matheos, y junto al pan, en la mesa de la cocina, el poemario&nbsp;<em>Venir desde lejos</em>, de Eloy S&aacute;nchez Rosillo. &laquo;Lib&eacute;rate en el camino de quien eres. Y entra entonces sin nada en ese todo&raquo;, escribe el poeta. Liberarse, s&iacute;: anhelo de vuelo y de alas, de tiempo propio sin tiempo. Anhelo de fr&iacute;o. De un octubre fr&iacute;o y generoso.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Dorta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/octubre_132_12649756.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Oct 2025 21:05:56 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Octubre]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Septiembre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/septiembre_132_12567169.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando el sol se marcha detrás de La Gomera, el ojo ya no está. El centro cultural isorano, una gran caja amarilla levantada junto al fracaso de una piscina para no pensar, ha quedado, definitivamente, liberado de la mirada
</p></div><p class="article-text">
        Uno: 
    </p><p class="article-text">
        Se llevaron la mirada. Los operarios, aut&oacute;matas madrugadores, arrancaron el ojo que colgaba del centro cultural. Miradasdoc, un proyecto hecho en Gu&iacute;a de Isora que cumplir&iacute;a 18 ediciones, ya no existe. Pasaron por el fin del mundo, o el principio, seg&uacute;n se mire: Eduardo Galeano, Mart&iacute;n Patino, Montxo Armend&aacute;riz, Isabel Coixet, David Bradbury, Michael Robinson, Carlos Francino, Nicol&aacute;s Castellano (que recuerde). Javier Tolentino ven&iacute;a todos los a&ntilde;os y hac&iacute;a en directo <em>El s&eacute;ptimo vicio, </em>de Radio 3. Pasaron por Miradasdoc los estudiantes del municipio para ver c&oacute;mo se hac&iacute;a cine desde la escucha y el di&aacute;logo. Desde la pregunta. Su &uacute;ltimo director, David Baute, tiene un Goya. Pero no fue suficiente. 
    </p><p class="article-text">
        El pueblo ha quedado limpio de culturetas y caza subvenciones. Ahora, por fin, se ha igualado al resto de pueblos de esta nuestra querida isla. Unidos, jam&aacute;s ser&aacute;n vencidos: <em>food tracks</em>, rutas de la tapa, noches en blanco, noche joven (como si la noche fuese vieja) y una deriva infinita de &ldquo;Fest&rdquo;. Pero sobre todo santos, muchos santos (y santas), y que Dios me perdone, que saldr&aacute;n en procesi&oacute;n y que dar&aacute;n nombre a las fiestas por los siglos de los siglos. El ocio ha absorbido como un Calippo a la cultura; pero es un ocio porque s&iacute;, porque hay que divertir a la gente (&iquest;qui&eacute;n es la gente?), emborracharla de felicidad. &iexcl;Cu&aacute;nta tristeza daban aquellas pel&iacute;culas tan lejanas&iexcl; &iexcl;Qu&eacute; necesidad!, &iexcl;mostrar la miseria, el racismo, la inmigraci&oacute;n, la precariedad&hellip;! 
    </p><p class="article-text">
        No ver, no sentir, seguir con los ojos frente &laquo;al adormecedor murmullo de la oscuridad&raquo; de la caverna, que es una tragedia cuando el liberado cuenta a los cautivos que ha visto la luz, donde las cosas no son como alguien o algunos (sin nombre) las hab&iacute;a mostrado. Y el liberado desea compartirlo, porque &laquo;de nada vale ser solitario gozador de la luz&raquo;. Y la risa colectiva, esa risa floja del que no sabe por qu&eacute; r&iacute;e, acaba en muerte, en la muerte del que logra ver, escribe Emilio Lled&oacute; en <em>D&iacute;as y libros</em>. Y es que cuando el conocimiento no se comparte, se muere, como ocurri&oacute; hace 24 siglos en la fallida <em>Rep&uacute;blica </em>de Plat&oacute;n y como ha pasado con la tijera a Miradasdoc. <em>En Caminos de intemperie</em>, el m&uacute;sico y escritor Ram&oacute;n de Andr&eacute;s dice: &laquo;conseguir una forma de hacer que no produzca, que no genere&raquo;. Hay un mantra trasnochado empe&ntilde;ado en que la cultura no genera &iquest;dinero? El ocio s&iacute;: para algunos. Primero, no es verdad y segundo: no tiene por qu&eacute; hacerlo. &iquest;Acaso la sanidad o el transporte tambi&eacute;n deben hacerlo? El objeto de la cultura es el pensamiento, la resistencia y sobre todo la posibilidad de mundo, de palabra frente a la crispaci&oacute;n y la incertidumbre. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando el sol se marcha detr&aacute;s de La Gomera, el ojo ya no est&aacute;. El centro cultural isorano, una gran caja amarilla levantada junto al fracaso de una piscina para no pensar, ha quedado, definitivamente, liberado de la mirada. Los vecinos comen pizza enfrente, algunos, todav&iacute;a despiertos, comentan la jugada, otros siguen masticando, con esa amable risa floja, propia de los moradores de la caverna.
    </p><p class="article-text">
        Dos: 
    </p><p class="article-text">
        Pienso que el estado ideal del ser humano es no hacer nada. Pero eso es imposible. Yo necesitar&iacute;a mucho tiempo para no salir de casa y acabar cosas pendientes. Estar en movimiento sin moverse. &iquest;Ad&oacute;nde va tanta gente corriendo? A partir de septiembre llega la prisa, el invierno se echa encima y apuras la recta para aterrizar otra vez en las vacaciones de verano, para el que las tenga. Al entrar al instituto, intentar&eacute; aplicarme la lecci&oacute;n de Federico Luppi en <em>Lugares comunes, </em>que dirig&iacute;a a sus alumnos: &laquo;Ense&ntilde;ar quiere decir mostrar, y mostrar no es adoctrinar, es dar informaci&oacute;n&hellip; analizar, razonar, y cuestionar esa informaci&oacute;n&hellip; si alguno de ustedes cree en verdades reveladas o doctrinas pol&iacute;ticas ser&iacute;a bueno que se dedicase a predicar en un templo o en una tribuna. Si por desgracia siguen en esto (la ense&ntilde;anza) traten de dejar las supersticiones antes de entrar al aula, no obliguen a sus alumnos a estudiar de memoria (con matices), pues lo que se impone por la fuerza es rechazado y al poco tiempo se olvida. P&oacute;nganse como meta ense&ntilde;arles a pensar, que duden, que se hagan preguntas. Las mejores preguntas se repiten desde los fil&oacute;sofos griegos. Muchas, son lugares comunes, no pierden vigencia: qu&eacute;, cu&aacute;ndo c&oacute;mo, d&oacute;nde, por qu&eacute;. Si admitimos que la meta es el camino, como respuesta no nos sirve: describe la tragedia de la vida pero no la explica. Hay una misi&oacute;n, un mandato que quiero que cumplan: despierten en sus alumnos el dolor de la lucidez, sin l&iacute;mites, sin piedad&raquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Y todo camina hacia evitar el dolor de la lucidez: vivir en la analgesia, sin mirada, rellenar informes seg&uacute;n la normativa, vitaminarte. Y siempre, como Hans Castorp en el sanatorio de Davos, con un term&oacute;metro a mano y una manta esperancera que te abrigue, que garantice el reposo. Sentirse enfermo sin estar enfermo. Cuid&eacute;monos de eso. Septiembre es el verdadero principio del a&ntilde;o. Enero es un alegre amago que inventaron los comercios. Septiembre otra vez. Porque al mundo le gusta mostrarse en c&iacute;rculo. Te castiga con lo igual. No renunciemos a ese dolor l&uacute;cido y procuremos hacer de lo igual algo nuevo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Dorta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/septiembre_132_12567169.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Aug 2025 18:39:34 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Septiembre]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aulas sin móviles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/aulas-moviles_132_10271756.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Pensemos en hacer de los centros educativos lugares de resistencia frente al ruido del mundo </p></div><p class="article-text">
        En cada final de curso hay una mezcla de tristeza <strong>(</strong>uno quiere a los chicos) y alivio por tener un tiempo propio. Tambi&eacute;n hay una idea<strong>, </strong>casi un convencimiento: cuando m&aacute;s crece la digitalizaci&oacute;n dentro del aula (m&oacute;viles, tablets, c&oacute;digos QR, aplicaciones), m&aacute;s decrece la lectura y comprensi&oacute;n de textos, la paciencia para profundizar en contenidos, la atenci&oacute;n sostenida, la escucha activa, las libretas y los l&aacute;pices, los libros de papel, y quiz&aacute;, (estamos por<strong> </strong>saber lo que deparar&aacute; el ChatGPT), m&aacute;s peligro corre la figura del docente o de la educaci&oacute;n como actualmente la conocemos. No hace mucho, defend&iacute;a el uso los m&oacute;viles en clase como instrumentos &uacute;tiles para contribuir al &ldquo;proceso de aprendizaje&rdquo;. &iquest;Si el mundo es cada vez m&aacute;s digital -me preguntaba- por qu&eacute; no lo van a ser las clases? Ahora no pienso lo mismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En abril, salimos desde O`Cebreiro y llegamos a la Catedral de Santiago de Compostela despu&eacute;s de una semana y 160 kil&oacute;metros en las piernas. La ciudad comenzaba a despertar de la primavera. El sol brillaba en calles y casas. Los chicos, muchos con ampollas en los pies, cantaban a Celia Cruz mientras cruzaban el t&uacute;nel previo a la plaza del Obradoiro. Ariadne, en alg&uacute;n momento del Camino, entre el bosque, los p&aacute;jaros, el agua, la neblina del amanecer, entre el silencio, me confesaba, como si hubiera despertado de un sue&ntilde;o, que llevaba gran parte del d&iacute;a sin usar el tel&eacute;fono m&oacute;vil. Sus ojos comenzaban a salir de un confortable letargo, distanciados del gesto compulsivo, de la seducci&oacute;n irrenunciable de consultar el Iphone cada minuto. La luz de la pantalla, una semana antes, brillaba de manera clandestina en cada clase. Durante todo el viaje, la joven, como el resto de alumnado, colabor&oacute; en hacer la comida, en dejar la maleta lista cada vez que sal&iacute;amos de los albergues a seguir la flecha amarilla, pero sobre todo se relacion&oacute; con compa&ntilde;eros con los que pocas veces hab&iacute;a hablado. Escuch&oacute;, cant&oacute; y entendi&oacute; que hab&iacute;a algo en esa &ldquo;expedici&oacute;n&rdquo; que nos un&iacute;a: no s&eacute;, la naturaleza, las cosas, las voces, le gente de carne y hueso, las conversaciones, y una clase de &iquest;m&iacute;stica? que la ciencia explica con la qu&iacute;mica que genera mantener el cuerpo en movimiento, en silencio, escuchar al otro, compartir una experiencia as&iacute;. De regreso a Tenerife cre&iacute;mos que el viaje hab&iacute;a cambiado algunos h&aacute;bitos, pero Ariadne volvi&oacute; a recuperar sus TOCs con las TICs. En el aula, dispersa, entre el resplandor de las pantallas, regresaba a esa necesidad misteriosa de estar conectada, de consultar en segundos la nada digital: datos, fotos, correo, redes. De fondo, una voz intentando explicar qu&eacute; quer&iacute;a decir Newton con Ley de la Gravitaci&oacute;n Universal. Y ella, como muchos otros, parec&iacute;a &iquest;comprenderlo? desde el despiste disimulado de un adolescente, mirando de reojo el tel&eacute;fono o chateando con su tablet, como el adicto que oculta su adicci&oacute;n. Esta imagen se<strong> </strong>repite cada semana, a pesar de las prohibiciones, se extiende como una plaga por los chicos<strong>, </strong>sobre todo aquellos que navegan en medio de una enorme soledad y hast&iacute;o, empujados, tambi&eacute;n en recreos y ba&ntilde;os, por la fuerza poderosa de los chisporroteos de los juegos, chats, bailecitos y dem&aacute;s entretenimientos que, eso ya lo sabemos, generan grandes lagunas en la atenci&oacute;n, la escucha, la observaci&oacute;n, la comprensi&oacute;n, la toma de apuntes. Debe haber algo que a&uacute;n no se ha explicado lo suficiente para que esos aparatos tengan tanta fuerza. En el mundo &ldquo;de fuera&rdquo; ya no hay vuelta atr&aacute;s, pero hay esperanza en las aulas; quiz&aacute; haya tiempo de hacer algo, no solo prohibirlos, sino algo de lo que saquen m&aacute;s provecho cuando est&eacute;n en casa, solos, frente al escritorio, en el cine, en la cena. Nosotros, los profes, pasamos lista con el propio m&oacute;vil, y hacemos lo que podemos, entre cables y adaptadores, entre programaciones y planes de estudios que no ven inconvenientes en &ldquo;el&nbsp;Escaneado con CamScanner&nbsp;uso pedag&oacute;gico&rdquo; de tel&eacute;fonos y chismes similares, donde m&aacute;s bien se marca, se contesta o se resuelve de forma breve, en lugar de debatir, escribir, leer, profundizar. El fil&oacute;sofo Byung-Chul Han llama los smatphones &ldquo;inf&oacute;matas&rdquo;. Y dice en <em>No Cosas </em>que la realidad ya es percibida a trav&eacute;s de la pantalla, como una ventana digital que &ldquo;diluye la informaci&oacute;n que luego registramos&rdquo;. &ldquo;No hay contacto con las cosas&rdquo;, sino con las &ldquo;no-cosas&rdquo; digitales que no oponen resistencia: im&aacute;genes que constantemente abordan los muros de las redes y los buscadores. &iquest;C&oacute;mo puede un adolescente luchar contra esto?.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Futuro capital social.<strong> </strong>Con todo esto, creo que debemos pensar en los centros educativos como lugares de resistencia frente al ruido del mundo, el &ldquo;ruido digital&rdquo; y frente a no se qu&eacute; gur&uacute;s empe&ntilde;ados concebir a los centros y planes de estudio como si fueran empresas, donde cabe casi todo. Las tareas se llaman &ldquo;productos&rdquo; y las habilidades &ldquo;competencias claves&rdquo; de ambigua aplicaci&oacute;n. &ldquo;De lo que se trata no es formar a ciudadanos cr&iacute;ticos (ahora parece que todos los curr&iacute;culos lo contemplan)<strong>, </strong>como se empe&ntilde;an, por falta de capacidad o puro cinismo, sino a futuros consumidores, futura mano de obra, futuro capital social&rdquo;, escribe el profesor Alberto Royo en su libro <em>Contra la nueva educaci&oacute;n. </em>Comparto que a los alumnos se les debe preparar para la vida, con una formaci&oacute;n cultural integral, te&oacute;rica y pr&aacute;ctica, donde los ahora llamados &ldquo;saberes b&aacute;sicos&rdquo; de la ley del partido que gobierne (educar no debe<strong> </strong>estar a merced de los partidos pero lo est&aacute;) se mezclen, se relacionen o se integren. Y entiendo que el trabajo llegar&aacute; despu&eacute;s, forma parte de la vida, gran parte, pero sin conocimiento, sin saber leer (no es solo hacer sonar las palabras por la boca), sin escribir (no es solo reproducir letras y s&iacute;mbolos<strong>)</strong>, sin saber la importancia que tiene la historia, la ciencia, la biolog&iacute;a, la literatura, comprender, con criterio, la realidad desde sus estructuras pol&iacute;ticas, materiales, culturales, en resumen, sin formar a ciudadanos libres que cuiden nuestras democracias para que no se conviertan en autocracias, o algo peor, si cabe, &ldquo;en demagogias, o sea, en simple apariencia, en falsedad&rdquo;, escribe Emilo Lled&oacute; en La <em>educaci&oacute;n de la mirada; </em>sin esto, no es posible la <em>paide&iacute;a</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una forma de amor. Conviene bajar a la realidad no teorizar desde las nubes. Hag&aacute;moslo. Al impartir una clase conseguir que te escuchen, que respeten cuando se est&aacute; queriendo decir algo. Para todo esto, el docente debe querer hacerlo aunque a veces no se den las mejores condiciones. Y para esto hace falta saber de lo que habla y transmitirlo, que se facilite la tarea (aulas y ratios adecuadas, suprimir la burocracia innecesaria), y por &uacute;ltimo amor. S&iacute;, educar es una pasi&oacute;n que implica ense&ntilde;ar a mirar y para todo esto hace falta amor. Educar es una forma de amor. Y tambi&eacute;n una tarea compleja que requiere tiempo, trabajo, compromiso, pero sobre todo amor. El conocimiento, el saber, se trasmite con el entusiasmo de querer proteger al otro, pues el saber &ldquo;no pertenece a nadie&rdquo;, escribe el poeta Carlos Marzal, en su &uacute;ltimo libro <em>Euforia</em>. &ldquo;En cualquier aula hay un secreto que busca ser nombrado, una canci&oacute;n que no es de nadie, y nadie la conoce por entero, la m&uacute;sica que suena milagrosa en el hecho de estar vivos&rdquo;, a&ntilde;ade. En ese entusiasmo est&aacute; la alegr&iacute;a de que otro vea el mundo con unos ojos diferentes a aquellos que se creen los poseedores de la verdad, los dogm&aacute;ticos, adoctrinadores, los que creen que el conocimiento es una manera de acceder a alguna clase de poder, los que creen in&uacute;tiles, como dir&iacute;a el profesor Nuccio Ordine, ciertos saberes que no producen beneficios materiales, palpables, para un &ldquo;futuro&rdquo; trabajo. Lo que antes era una salida hoy puede ser una entrada hacia la precariedad. Nunca sabemos. Nunca sabemos nada del todo. Permitir el &ldquo;no saber &rdquo; es una manera de despertar la curiosidad. La fil&oacute;sofa Marina Garc&eacute;s, desde el amor a sus estudiantes universitarios, en una carta incluida en su libro <em>Escuela de Aprendices, </em>les dec&iacute;a: busca lo que te importa y tr&aacute;talo como un fin en s&iacute; mismo. Todo lo que instrumentalices te acabar&aacute; instrumentalizando. Olvida las palabras que se adecuan demasiado&nbsp;Escaneado con CamScanner&nbsp;bien al ruido que nos ensordece y anestesia. Busca las que lo interrumpen, aunque para ello tengas que enmudecer. Gana conocimiento sin perder las preguntas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El conocimiento en segundo plano. Internet es una fuente infinita de informaci&oacute;n, pero no de conocimiento. El conocimiento es otra cosa. El alumno no aprende por s&iacute; mismo, o m&aacute;s bien poco. Es el profesor quien te gu&iacute;a, te dice, te incita o te anima a pensar. Asimismo, no necesariamente el acceso al conocimiento tiene que ser divertido, lo que no quiere decir que carezca de inter&eacute;s y satisfacci&oacute;n, o innovador, pues existe la man&iacute;a en que todo lo que innove necesariamente es v&aacute;lido. Nadie aprende a tocar el piano, a analizar una oraci&oacute;n subordinada pas&aacute;ndolo especialmente bien. Pensar, desarrollar una t&eacute;cnica para ejecutar una acci&oacute;n requiere tiempo y sacrificio, como estudiar, leer, escribir, defender un argumento, sentarse a solucionar un problema de F&iacute;sica. A diario, los compa&ntilde;eros admitimos que &ldquo;hemos bajado el nivel&rdquo;, empujados por normativas y leyes tan laxas y &ldquo;transversales&rdquo; (otra palabra de moda) como irrealizables. En esta direcci&oacute;n<strong>, </strong>creo que los docentes, atrapados en un sistema donde es muy dif&iacute;cil suspender y muy f&aacute;cil aprobar teniendo poca idea, solemos caer en una complacencia generalizada, dejando a un lado la cultura del esfuerzo en favor de una especie de empat&iacute;a que si bien conecta con ciertos valores, deja el conocimiento en un segundo plano. Dec&iacute;a Emilio Lled&oacute;, que de ni&ntilde;o el maestro le&iacute;a una p&aacute;gina del Quijote y preguntaba por las &ldquo;sugerencias&rdquo;. Y uno intenta abrir con esa maravillosa palabra, &ldquo;sugerencia&rdquo;, la posibilidad de que los pibes pregunten<strong>, </strong>deduzcan, act&uacute;en<strong>, </strong>se expresen, es decir: que puedan pensar, eso s&iacute;, desde una base de<strong> </strong>contenidos s&oacute;lidos, porque no es posible pensar desde la nada o desde contenidos vagos, sin peso. Estamos ante una generaci&oacute;n de chicos y chicas que nunca han tenido tanta informaci&oacute;n frente a sus ojos, pero a la vez tanta confusi&oacute;n. Nosotros estamos para ayudarlos a ver los &ldquo;claros del bosque&rdquo;. Son gente genial, no la condenemos a convertirse en esclavos de s&iacute; mismos ni de otros, en zombies de pupitre, en aut&oacute;matas que saben pronunciar las letras y escribirlas con m&aacute;s o menos acierto pero sin entender lo que quieren decir, en gente a los que les<strong> </strong>resulta un suplicio leer un libro, porque lo sienten aburrido y lejano. El art&iacute;culo 22.4 de la Decreto 30/2023 por el que se establece la ordenaci&oacute;n y el curr&iacute;culo de la ESO y Bachillerato en Canarias dice: &ldquo;A fin de fomentar el h&aacute;bito y el dominio de la lectura, se dedicar&aacute; un tiempo a la misma en la pr&aacute;ctica docente de todas las materias&rdquo;. Pero no se lee, o se lee poco, o no se lee ese &ldquo;tiempo&rdquo; suficiente, ni en el centro ni en las casas<strong>, </strong>o m&aacute;s bien se lee trav&eacute;s de esa peque&ntilde;a pantalla t&aacute;ctil, de brillo sospechoso, donde el ojo humano, todav&iacute;a humano, se acostumbra cada vez m&aacute;s, a lo que ya viene dado. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Dorta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/aulas-moviles_132_10271756.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Jun 2023 14:00:54 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Aulas sin móviles]]></media:title>
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