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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ángela Jareño]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/angela-jareno/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ángela Jareño]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Chispeando a cántaros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/chispeando-cantaros_129_10300636.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/11a24477-ff10-4eae-a7a6-d81622eff839_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Chispeando a cántaros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Diez personas a mi cargo con las que estar a diario de 9 de la mañana a 5 de la tarde y en convivencia con otras 30 más, en un Centro pequeño, claustrofóbico. Diez personas excesivas, demandantes, infatigables, que en cada momento de vacío preguntaban: ¿y ahora qué hacemos? Pero lo estaba consiguiendo... hasta que recibí aquel SMS</p></div><p class="article-text">
        Era viernes, y el momento en el que recib&iacute; aquel SMS me pill&oacute; trabajando. En concreto, estaba en una asamblea hablando con los usuarios del Centro de los planes futuros a corto plazo. Los viernes eran los d&iacute;as m&aacute;s l&uacute;dicos de la semana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo llevaba dos meses de los cuatro que durar&iacute;a el contrato de sustituci&oacute;n, y, estando en el ecuador del trayecto, empezaba a adaptarme al frenes&iacute; del trabajo: para quien no haya trabajado en el terreno de la discapacidad intelectual, muchas veces es hacerlo con la locura, con las emociones sin filtro y sin freno, repeticiones en bucle, palabras vac&iacute;as, hablar sin decir nada, silencios que dicen mucho, miradas perdidas, autismos, gritos, obsesiones, babas que caen, risas, muchas risas, risas desmedidas, sin sentido, escandalosas, risas mec&aacute;nicas, risas que tapan llantos, que esconden angustias... y tambi&eacute;n llantos, llantos secos, o infantiles, de rabieta, de rabia, de dolor profundo, llantos solitarios y llantos exhibicionistas. Risas y llantos que al final nos est&aacute;n hablando de la imposibilidad de poder <em>ser.</em>
    </p><p class="article-text">
        Diez personas a mi cargo con las que estar a diario de 9 de la ma&ntilde;ana a 5 de la tarde y en continua convivencia con otros treinta m&aacute;s, en un Centro peque&ntilde;o, reducido, claustrof&oacute;bico y sin luz. Diez personas excesivas, demandantes, incansables, infatigables, a las cuales hab&iacute;a que estar atendiendo continuamente, adem&aacute;s de ser persona referente, y las que en cada momento de vac&iacute;o preguntaban incesantemente: &iquest;y ahora qu&eacute; hacemos?&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al principio me llam&oacute; la atenci&oacute;n la buena organizaci&oacute;n que hab&iacute;a, ya que todos los horarios y actividades estaban detalladas con precisi&oacute;n en un engranaje complejo y muy din&aacute;mico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero conforme pasaban las semanas me daba cuenta de que hab&iacute;a muchas actividades, una tras otra, sin parar, sin pausa, y que a los usuarios se les iba moviendo como piezas, llenando espacios y horarios, cambi&aacute;ndolos de un sitio a otro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No puedo dejar de comparar el Centro del que hablo con otro de las mismas caracter&iacute;sticas en el que trabaj&eacute; 14 a&ntilde;os y que fue una aut&eacute;ntica escuela de vida, en el que los usuarios eran escuchados y tratados como adultos: un lugar con puertas abiertas, sin represi&oacute;n, sin vigilancia, sin sobreprotecci&oacute;n; un lugar en el que se le daba espacio a la locura que en ning&uacute;n sitio se permit&iacute;a; un lugar donde en el espacio de la Cl&iacute;nica no se les amonestaba y censuraba o castigaba, sino que m&aacute;s bien se les interpelaba para que se pudieran hacer cargo de sus actos. Nunca escuch&eacute; en el Centro actual la pregunta &ldquo;&iquest;por qu&eacute; has hecho o dicho esto?&rdquo;. No escuch&eacute; preguntas, solo sermones, sermones interminables que ca&iacute;an en saco roto y que recib&iacute;an respuestas complacientes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bueno, es otra forma de funcionar y abordar la cl&iacute;nica y el trabajo social con personas llenas de dificultades: puedes trabajar con sujetos o con objetos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo, realmente, para cuatro meses que iba a estar all&iacute;, tampoco quise cambiar nada ni dar lecciones, me adapt&eacute; a las din&aacute;micas existentes e intent&eacute; hacerlo lo mejor que sab&iacute;a y pod&iacute;a, aunque bien es cierto que sent&iacute;a que muchos ojos s&oacute;lo estaban puestos en los posibles fallos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Relato una an&eacute;cdota con el fin de ilustrar el funcionamiento del Centro: Puri (nombre inventado) era una chica de mi taller que estaba obsesionada con un monitor y con el hecho de robar documentos (que pod&iacute;an ser importantes o no) y cambiarlos de sitio. Cada vez que sal&iacute;a sola del taller todos pon&iacute;an el grito en el cielo, ya que se supon&iacute;a que deb&iacute;a ir acompa&ntilde;ada por el peligro de que robase. A m&iacute; todo aquello me pareci&oacute; una barbaridad e intent&eacute; normalizarlo asign&aacute;ndole tareas que tuviesen relaci&oacute;n con documentos (repartir hojas, traer una fotocopia, etc.) pero de un modo reglado, como una forma de sacarla del lugar que se esperaba de ella, el de ladrona, y poder trabajar e ir hablando de ello. Lo que termin&oacute; de sorprenderme fue el hecho de que, como premio, si se portaba bien, los viernes le ense&ntilde;aban una foto del monitor del que estaba &ldquo;enamorada&rdquo;, algo bastante perverso que le daba continuidad y fuerza a esa locura suya.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Confieso que mi proceso de adaptaci&oacute;n ha sido muy duro, tanto por la intensidad del trabajo y los usuarios, los largos horarios, el espacio reducido y el conductismo profesional... Pero lo estaba consiguiendo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo estaba consiguiendo si no hubiera sido porque aquel SMS de aquel viernes l&uacute;dico interrumpi&oacute; todos los planes de futuro con ellos, pues anunciaba que ese mismo d&iacute;a acababa mi relaci&oacute;n laboral por no haber superado el periodo de prueba de dos meses. Lo tuve que leer repetidas veces para poder asimilar la deshumanizaci&oacute;n de los tiempos que corren, donde todo es digital, donde la directora no te pone sobre aviso ni te comunica tu cese y los motivos mir&aacute;ndote a los ojos; todo segu&iacute;a haciendo honor a esa 'objetualizaci&oacute;n' del modus operandi del Centro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me llevo de esta experiencia las l&aacute;grimas <em>reales</em> de p&eacute;rdida de las personas de mi grupo, que en este caso no lloraban sin saber por qu&eacute;... Y me llevo una carta ininteligible, llena de letras y s&iacute;mbolos, sin orden, preciosa visualmente, y que, seg&uacute;n su autora, al d&aacute;rmela y yo preguntarle qu&eacute; pon&iacute;a, me dijo: pone que te quiero mucho. El d&iacute;a anterior, otra de las chicas me dijo una frase que me atraves&oacute;: me dijo que estaba chispeando a c&aacute;ntaros....
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Jareño]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/chispeando-cantaros_129_10300636.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Jun 2023 20:21:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Discapacidad,Discapacidad intelectual]]></media:keywords>
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