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    <title><![CDATA[elDiario.es - Joseba Beloki]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/joseba-beloki/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Joseba Beloki]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La ilusión se cumple]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/andar-en-bici/el-velodromo/ilusion-cumple_132_10309796.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4ecf5eb9-102b-4dbe-9017-165d7f97093b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ilusión se cumple"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Estoy muy orgulloso de mi carrera, pero sobre todo de mi perseverancia, que me ayudó a no hincar la rodilla en momentos difíciles"</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&hellip;Doy la vuelta al mundo en el golpe de viento. / Se pas&oacute; la eternidad en un suspiro. / Te confieso que de nada me arrepiento...&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Estas letras pertenecen a uno de mis temas favoritos de la banda Sidecars. Este fragmento en concreto, lo podr&iacute;amos asignar como esencia pura de lo que hoy nos ha tra&iacute;do hasta aqu&iacute;. No es f&aacute;cil, dir&iacute;a que incluso algo inc&oacute;modo, hablar de logros en primera persona. Sin egocentrismos y con todo el respeto del mundo, una empresa dif&iacute;cil que gestiono desde lo m&aacute;s profundo y con el coraz&oacute;n en la mano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que la eternidad pas&oacute; en un suspiro. Lejos quedan aquellas vivencias de aquel ni&ntilde;o revoltoso que puso medio Beasain a comprar boletos en una t&oacute;mbola con el &uacute;nico objetivo de conseguir aquella bicicleta roja y con manillar de carreras que colgaba de lo m&aacute;s alto. Desde la rabieta a luchar por un sue&ntilde;o. As&iacute; comenz&oacute; mi vuelta al mundo, mi ilusi&oacute;n, mi pasi&oacute;n, mi vida, mi sue&ntilde;o de ser ciclista del Tour de Francia. Por cierto, la bici nos toc&oacute;; lo digo por si alguno ha dudado.
    </p><p class="article-text">
        El Tour, &iquest;y por qu&eacute; el Tour? Esta es una pregunta que durante a&ntilde;os me he lanzado a mi mismo y nunca he sido capaz de encontrar respuesta; mucho me temo adem&aacute;s que con el paso del tiempo a&uacute;n va a ser m&aacute;s complicado hacerlo.&nbsp; Es cierto que ahora tendr&iacute;a su l&oacute;gica, incluso que fuese el sue&ntilde;o de mi hijo, m&aacute;s que nada por lo que respira en casa. Pero en aquel entonces no tuve m&aacute;s que una cultura ciclista muy generalista, una afici&oacute;n inculcada por mi aita y mi t&iacute;o, al que acompa&ntilde;&aacute;bamos de vez en cuando siendo director del Transportes Uriarte (amateur). No me hac&iacute;a yo el interesante ni nada dando vueltas en la calle Arana y el antiguo front&oacute;n de Beasain con mi bici roja y la gorra de Transportes Uriarte jugando a ser el m&aacute;s r&aacute;pido en un sprint con rivales ficticios en forma de sombras. No necesitaba el con qui&eacute;n: me bastaba conmigo mismo para hacerme la pel&iacute;cula. Quiz&aacute;s en este momento, embriagado por la nostalgia e impulsado por la a&ntilde;oranza, revivo pasajes maravillosos, siempre presentes, aunque sea en la despensa polvorienta de un cerebro de un casi cincuent&oacute;n. No necesito recordar porque nunca he olvidado.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El Tour, ¿y por qué el Tour? Esta es una pregunta que durante años me he lanzado a mi mismo y nunca he sido capaz de encontrar respuesta; mucho me temo además que con el paso del tiempo aún va a ser más complicado hacerlo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Un d&iacute;a quien fue mi director, Manolo Saiz, me dijo: &ldquo;Joseba, el destino no existe&rdquo;. Como no le gustaba que le llevasen mucho la contraria respond&iacute; en silencio: &ldquo;Yo creo que s&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El destino nos trajo a Vitoria-Gasteiz y es aqu&iacute; donde comenc&eacute; a competir, con 9 a&ntilde;itos ya. La bici roja hab&iacute;a pasado a manos de mi hermano Gorka y yo entraba a formar parte de la escuela de ciclismo Iturribero.&nbsp;Esa escuela, a&uacute;n en activo, pertenece a la ikastola Ikas Bidea de Durana, que es donde yo estudiaba. Siempre defender&eacute; que aquellos fueron los mejores a&ntilde;os de mi vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todas las pel&iacute;culas y performances ahora comenzaban a tener un sentido tangible. Convivencia y un dorsal: volv&iacute;a a no necesitar nada m&aacute;s. Ahora s&iacute; que me parec&iacute;a a los protagonistas de mis sue&ntilde;os. El sistema marcaba que all&iacute; se aprend&iacute;a a querer a la bicicleta; yo iba m&aacute;s lejos: jugaba a ser ciclista. No voy a decir que era el alumno aventajado, porque est&aacute; mal que yo lo diga, pero s&iacute; que era el que estaba siempre dispuesto a rizar un poco m&aacute;s el rizo. Cada gesto, cada detalle, cada charla de quien era nuestro educador Fernando Urteaga era oro para m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a dijo en voz alta: &ldquo;Estoy convencido de que ir&eacute; a Paris a acompa&ntilde;ar a uno de vosotros&rdquo;. Un comentario en cierto modo pretencioso viniendo de un educador.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cada noche me acostaba sintiéndome observado por Lemond e Hinault, Fignon, Pello, Lucho, Gorospe, Jokin Mujika, Perico… Nuestro estampado de alcoba tomaba vida por momentos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Nada m&aacute;s lejos de la realidad. Fernando es un hombre fant&aacute;stico al que nunca dejaremos de agradecer todo aquello que nos inculc&oacute;. &iexcl;Cu&aacute;nto tenemos que agradecer a todas esas personas que de manera desinteresada han sido y son parte de nuestra formaci&oacute;n ciclista!
    </p><p class="article-text">
        Fernan ya hablaba de Par&iacute;s, poco necesitaba que me tocasen las palmas.
    </p><p class="article-text">
        Cada noche me acostaba sinti&eacute;ndome observado por Lemond e Hinault, Fignon, Pello, Lucho, Gorospe, Jokin Mujika, Perico&hellip; Nuestro estampado de alcoba tomaba vida por momentos. &iexcl;Cu&aacute;nto mejor nos ir&iacute;a si de vez en cuando dej&aacute;ramos volar nuestra imaginaci&oacute;n y di&eacute;ramos paso a la ficci&oacute;n! Hoy admito que remach&eacute; a Perico en Luz, gan&eacute; sin acoples una crono a Lemond en Par&iacute;s&nbsp;y&nbsp;destroc&eacute; a Hinault en Alpe D&acute;Huez.&nbsp;Testigo de ellos son mis libros de texto que a&uacute;n, algunos de ellos, conserva mi ama donde no hay p&aacute;gina sin bicicleta dibujada o rese&ntilde;a del ciclismo. Parece ser que lo de dibujar se me daba mejor que subrayar lo importante de cada p&aacute;rrafo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El niño de la bici roja de la tómbola quedó absorbido por el rebufo de sus ídolos. Así lo he sentido siempre, ese fue el día que dije: quiero ser ciclista</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text">17 de julio de 1990 Luz Ardiden. Mi primera visita al Tour</h3><p class="article-text">
        Junto a mis compa&ntilde;eros del equipo junior (17-18 a&ntilde;os) Bacomat y bajo la tutela de un valiente llamado J.C. Sancha (director) &mdash;digo valiente por no decir inconsciente&mdash; nos embarcamos llenos de ilusi&oacute;n en nuestra primera expedici&oacute;n al Tour. Luz Ardiden nos esperaba de v&iacute;spera con los brazos abiertos. Una noche guardada en mi disco duro en carpeta de favoritos. Por describirlo mejor dir&iacute;a que lo m&aacute;s parecido a una noche de Olentzero.
    </p><p class="article-text">
        Llegamos con una noche estrellada y amanecimos con una ma&ntilde;ana de niebla y h&uacute;meda. Desde primeras horas respir&aacute;bamos un ambiente ciclista diferente, para m&iacute;, el de verdad, el que quer&iacute;a descubrir. Pese al fr&iacute;o necesitaba estar activo fuera de la furgoneta: el tiempo pasaba m&aacute;s r&aacute;pido as&iacute;. Con el paso lento de las horas el ambiente iba cogiendo temperatura, los primeros coches ya circulaban camino de la cima, alguna furgoneta rotulada ofrec&iacute;a peri&oacute;dicos y merchandising&hellip; Todo era nuevo para m&iacute;. &ldquo;Esto es el Tour&rdquo; repet&iacute;a una y otra vez en mi interior.
    </p><p class="article-text">
        Se hizo de rogar, pero la caravana publicitaria ya estaba con nosotros. En realidad, y pese a la impresi&oacute;n, aquello no me importaba demasiado. Ol&iacute;a a carrera, los helic&oacute;pteros sobrevolaban el valle contiguo, por mediaci&oacute;n de algunos aficionados llegaba informaci&oacute;n de la situaci&oacute;n de carrera. El flujo de coches cada vez era mayor al igual que mi ritmo cardiaco. Sin querer, poco a poco me iba inclinando hacia delante: no quer&iacute;a perderme absolutamente nada. Coches y motos, motos y coches, cada vez m&aacute;s r&aacute;pido en el orden del desorden, los helic&oacute;pteros nos ten&iacute;an a tiro. Claxon y silbatos, m&aacute;s motos&hellip;. Recuerdo que grit&eacute;: &ldquo;Ya est&aacute;n aqu&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entre la marabunta y un ruido ensordecedor aparece Miguel Angel Mart&iacute;nez (ONCE) como cabeza de carrera. Mi cuerpo en total descontrol no sabe si correr o quedarse est&aacute;tico. Sin duda la cabeza y el coraz&oacute;n van descoordinados. Sin tiempo a recuperarme de la primera dosis recibo el impacto de la segunda ola, que trae menos espuma, pero es mucho m&aacute;s potente. Una moto de televisi&oacute;n con el c&aacute;mara en pie abre el grupo perseguidor. Lemond lleva la voz cantante, Indur&aacute;in a rueda, Marino, Claudio&hellip;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Somos &#039;hijos&#039; de Indurain                            </span>
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        Era cierto que el estampado de mi habitaci&oacute;n cobraba vida. Lo que tanto hab&iacute;a fantaseado durante a&ntilde;os, aunque solo en parte, por fin se hac&iacute;a realidad. Si ahora me entra cierta congoja al revivirlo imaginaos en aquel momento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El baj&oacute;n del post se sumergi&oacute; en un letal efecto rebote. De la euforia al misticismo interno, sin reacci&oacute;n, sin expresividad, completamente derrotado ante la situaci&oacute;n, desbordado. Lo que durante a&ntilde;os hab&iacute;a so&ntilde;ado me dej&oacute; f&iacute;sicamente hecho trizas. El ni&ntilde;o de la bici roja de la t&oacute;mbola qued&oacute; absorbido por el rebufo de sus &iacute;dolos.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; lo he sentido siempre, ese fue el d&iacute;a que dije: &ldquo;Quiero ser ciclista&rdquo;. Todo en la vida tiene un punto de inflexi&oacute;n y aquel 17 de julio de 1990 est&aacute; subrayado en el diario de mi vida deportiva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De Lemond pas&eacute; a ser de Marino. Siempre en lucha. Igual lo m&aacute;s f&aacute;cil hubiese sido ser de Miguel, pero no, yo me hice marinista. El destino me ha regalado que, de tenerle en la pared de mi habitaci&oacute;n como &iacute;dolo, a conocerle, a ser mi director y ahora amigo. Eso tambi&eacute;n estaba escrito. Estoy seguro de ello.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Marino Lejarreta. Ídolo, conocido, director y ahora amigo                            </span>
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        Marino era un luchador, un t&iacute;o que se atrev&iacute;a con las tres grandes en una temporada: deb&iacute;a tener algo m&aacute;s que un RH negativo. Poco expresivo y fiel a su estilo se aferraba a la carrera como nadie. Nada que ver a Miguel. El ciclismo de Miguel era otro. Miguel jugaba en otra liga, todo parec&iacute;a f&aacute;cil. A decir verdad, ser de Indurain era apostar a caballo ganador. Cinco Tours consecutivos para el de Atarrabia, ah&iacute; es nada. Aun con el paso del tiempo pienso que no hemos sido capaces de valorar aquello en su globalidad.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;C&oacute;mo se ver&aacute; Par&iacute;s desde el podio?</h3><p class="article-text">
        Mientras Marino, Miguel y compa&ntilde;&iacute;a iban d&aacute;ndonos satisfacciones, yo progresaba adecuadamente esperando mi oportunidad. Dos para adelante, medio para atr&aacute;s, pero como Marino: siempre constante y fiel a mi sue&ntilde;o. Muchos lucharon, algunos brindaron en el anonimato, alguno minti&oacute;, otros en cambio disfrutaron conmigo. All&aacute; cada uno con su conciencia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                París, a nuestros pies. El paso de los años agranda la dificultad                            </span>
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        En su d&iacute;a me dijeron que el tren solo pasa una vez. Cierto. Por eso me apliqu&eacute; el cuento... no as&iacute; el que lo predicaba.
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            <span class="title">
                El tren que me llevó al Tour era amarillo y azul                            </span>
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        Festina me dio la oportunidad de ser integrante del pelot&oacute;n del Tour 2000. Han pasado 23 a&ntilde;os y a&uacute;n lo recuerdo como si fuese ayer. 23, un n&uacute;mero m&aacute;gico. 23 a&ntilde;os tard&eacute; en completar el recorrido entre Beasain y Futuroscope. Ser&aacute;n casualidades de la vida... o quiz&aacute;s el destino.
    </p><p class="article-text">
        Ya soy uno m&aacute;s del circo. Creo que mereci&oacute; la pena: Hautacam, Ventoux, Morzine, Courchevel&hellip;. Paris.
    </p><p class="article-text">
        Pintadas con mi nombre en el asfalto, aficionados desencajados corriendo a mi lado, mi familia apareciendo entre la multitud, &eacute;xtasis. En alg&uacute;n momento pens&eacute; que me iba a encontrar al chaval de gafas que vio el paso de sus &iacute;dolos en Luz Ardiden. Aquel ni&ntilde;o se hab&iacute;a hecho mayor y estaba plet&oacute;rico.
    </p><p class="article-text">
        Tres semanas de &ldquo;reality&rdquo;, un Gran Hermano en toda regla, donde sobrevivir era lo principal. Pocos Erasmus hay como un Tour de Francia. Sin opci&oacute;n de victoria, pero aferrado al tercer pelda&ntilde;o del caj&oacute;n, sufr&iacute; toda una semana. Mereci&oacute; la pena.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Par&iacute;s me recibi&oacute; con los brazos abiertos. Paseo por el Sena y entrada a los Campos El&iacute;seos. Lo hab&iacute;a visto tantas veces en televisi&oacute;n que nada me pill&oacute; por sorpresa. &iexcl;Qu&eacute; injusta es la realidad! Al toque de campana mi disco duro se bloque&oacute; por completo, nada qued&oacute; registrado. Superado por la emoci&oacute;n no fui capaz de gestionar el momento. Necesit&eacute; unas horas para volver a tener el control. Fue al asomarme a la ventana del hotel situado junto al Arco del Triunfo, cuando reaccion&eacute;. Llor&eacute; en total soledad como un ni&ntilde;o con verg&uuml;enza.
    </p><p class="article-text">
        Mi nombre ya est&aacute; en el libro m&aacute;s cultural y rom&aacute;ntico del ciclismo. Una reflexi&oacute;n m&aacute;s que justa.
    </p><h3 class="article-text">2001-2002</h3><p class="article-text">
        Y volvimos para repetir. Ya con el equipo ONCE, m&aacute;s maduro y, sobre todo, con un plan estrat&eacute;gico pensado &uacute;nica y exclusivamente en conseguir el m&aacute;ximo en el Tour. Algo llamado &lsquo;presi&oacute;n&rsquo; apareci&oacute; en la ecuaci&oacute;n, por lo que el sentimiento ya ten&iacute;a otro color. Mi amor por la carrera segu&iacute;a siendo m&aacute;ximo, aunque en lo productivo la cosa iba por rachas. Salvamos los muebles, no sin dificultad.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Lucha individual, como la vida misma                            </span>
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        Todo parece mucho m&aacute;s f&aacute;cil si la inercia lo empuja. Alguno pensar&aacute; que los cinco de Indurain fueron por cuesti&oacute;n de racha. Nada m&aacute;s lejos de la realidad. Como dicen en Francia &ldquo;Le Tour c&rsquo;est le Tour&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Joane Somarriba, nuestra musa txirrindulari                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        &iquest;Y Joane? Cuatro podios consecutivos, tres de ellos en lo m&aacute;s alto. Nuestra musa. &iexcl;Cu&aacute;nto te echamos de menos! Nunca olvidaremos aquella sonrisa de chica t&iacute;mida, vestida de amarillo, ikurri&ntilde;a en mano. Las chicas del Orbea fueron pioneras y Joane Somarriba nos puso en lo m&aacute;s alto. Ahora es el momento de trabajar por coger aquel testigo. El universo ciclista tambi&eacute;n est&aacute; en racha.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El maillot del Tour del equipo Once llevaba una frase lapidaria: la ilusión se cumple. Que se cumpla la vuestra también</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Estoy muy orgulloso de mi carrera, pero sobre todo de mi perseverancia. Esta me ayud&oacute; a no hincar la rodilla en momentos dif&iacute;ciles. Orgulloso de cumplir aquel sue&ntilde;o de ni&ntilde;o, de los caminos elegidos, del antes y el despu&eacute;s. Orgulloso de amar una carrera que me ha dado y me ha quitado tanto. Orgulloso de mi legado. Orgulloso de tener a&uacute;n una pintada con mi nombre en uno de los pretiles en Luz Ardiden: esto no lo puede decir cualquiera.
    </p><p class="article-text">
        *Las im&aacute;genes que ilustran el art&iacute;culo son de Sprint Cycling Agency, Archivo Editorial Dorleta y Jos&eacute; Miguel Llano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joseba Beloki]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/andar-en-bici/el-velodromo/ilusion-cumple_132_10309796.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 Jun 2023 19:55:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ilusión se cumple]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Euskadi,Álava,Bizkaia,Gipuzkoa,Francia,Ciclismo]]></media:keywords>
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