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    <title><![CDATA[elDiario.es - Anelio Rodríguez Concepción]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Anelio Rodríguez Concepción]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Manuel González Plata, ‘Bejeque’ en su alto alero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/manuel-gonzalez-plata-bejeque-alto-alero_129_13637079.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/65b13a8c-f3f6-4892-b349-9573bd24f018_16-9-discover-aspect-ratio_default_1154895.jpg" width="619" height="348" alt="Manuel González Plata, ‘Bejeque’ en su alto alero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">IN MEMORIAM - Así, al fin hemos de entender que la desaparición de Manolo, inapelable, y la ya lejana ausencia de Inés crepitan en un mismo fuego y bajo una misma evocación emocionada</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Manuel González Plata, “Bejeque”, a comienzos de la década de los 80. Fotografía cedida por Jose Ayut.                            </span>
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        Manuel Gonz&aacute;lez Plata, nuestro querido Manolo Plata, no por capricho adopt&oacute; desde joven el sobrenombre <em>Bejeque</em> en consonancia con todo lo que buscaba a trav&eacute;s del juego literario. Tanto la planta como la palabra que la designa eran talismanes para su persona y para los poemas o los art&iacute;culos que iba escribiendo, siempre rebosantes de expresiones cercanas, visiones certeras de la realidad, intuiciones nacidas para conservar los ensue&ntilde;os de hombre de pueblo instruido &mdash;instruido el hombre, instruido el pueblo&mdash;. La rareza bot&aacute;nica del bejeque nunca dejar&aacute; de atraer la mirada de quienes saben recrearse en el espect&aacute;culo de lo circundante. Incluso a escondidas, camuflado entre tejados, el bejeque conserva todo su poder de fascinaci&oacute;n como especie antigua, de ra&iacute;z enigm&aacute;tica y hojas carnosas, y por eso mismo inspira un sentido de apego: nos conmueve por ser fiel al punto al que se aferra, y tambi&eacute;n por crecer donde quiere, igual en una huerta que en la techumbre de una casa de paredes desconchadas donde se muda la piel de los esp&iacute;ritus. Pues bien, todo esto podr&iacute;a valernos para una descripci&oacute;n r&aacute;pida de la vida y la obra de Manuel Gonz&aacute;lez Plata. Desde pronto, hace muchos a&ntilde;os, mientras se iba ganando un hueco como escritor independiente, <em>Bejeque</em> comprendi&oacute; que deb&iacute;a proyectar su conciencia sobre las fragilidades del medio inmediato. Es m&aacute;s, se fij&oacute; en los resquicios de un mundo cambiante para ofrecer la visi&oacute;n de algo hermoso que ven&iacute;a de muy atr&aacute;s y que hab&iacute;a que salvar como reliquia antes de que las voracidades humanas lo pervirtiesen o lo borrasen por completo.
    </p><p class="article-text">
        	Sin importarle si se encontraba en la vanguardia o en la retaguardia ante las conquistas de las modas literarias del &uacute;ltimo cuarto del siglo xx y el primero del xxi, Manolo-poeta-cronista abordaba asuntos banales en apariencia &mdash;en apariencia, repito, y acaso por su proximidad a lo cotidiano&mdash; pero en el fondo muy serios, dir&iacute;amos que de largo aliento; y hemos de admitir que lo hac&iacute;a con encanto, convirtiendo lo dif&iacute;cil en f&aacute;cil desde el punto de vista formal con un lenguaje lleno de astillas de madera reci&eacute;n cortada. Adem&aacute;s recurr&iacute;a a la memoria de los ancestros para encontrar respuestas francas, a veces peliagudas, frente al absurdo de la existencia. Le interesaba preservar la sensatez de la gente de su generaci&oacute;n, ciudadanos de a pie con ganas de mejorar las cosas tirando del carro hacia adelante al margen de los bandazos provocados por quienes se empe&ntilde;an en poner palitos en las ruedas. Aunque actuara por libre, durante d&eacute;cadas Manolo Plata se sinti&oacute; parte de una comunidad a la que en cierto modo representaba con sus opiniones y sus versos compuestos de un tir&oacute;n, casi a bote pronto.
    </p><p class="article-text">
        	Por si esto no bastase, la potencia de su voz f&iacute;sica, en cualquier caso di&aacute;fana a pesar de que bordeaba una ronquera cr&oacute;nica, ven&iacute;a del pueblo, y por supuesto de la tierra, del aire, del mar&hellip; Esa voz resonaba directa, se sal&iacute;a del borde sin perder su camino, llegaba lejos gracias al aire fresco de la sinceridad que la propulsaba hacia nosotros como garant&iacute;a de hondura. As&iacute; fue como, palabra a palabra, palabra sobre palabra, nos convenci&oacute; a todos de que los valores naturales y antropol&oacute;gicos de la isla trascienden al mismo tiempo que sintetizan el universo entero, tanto el que conocemos como el que obviamos por ignorancia o por temor a descubrir m&aacute;s de lo que nuestras capacidades mentales soportan. En el conjunto de su obra rebulle un compromiso sociopol&iacute;tico: en prosa o en verso, mientras se centraba en temas <em>menores</em>, <em>Bejeque</em> se&ntilde;alaba con firmeza que las razones m&aacute;s elementales del individuo no deben albergar intereses espurios en contra de la comunidad a la que pertenece. Ven&iacute;a a decirnos con acento refranero que no podemos permitirnos el lujo de dormirnos en los laureles, que la propia condici&oacute;n humana nos ciega ante el peligro de las contradicciones inherentes al ser, y que hay que potenciar el disfrute de la mera contemplaci&oacute;n con el esp&iacute;ritu cr&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Otra veta, m&aacute;s intimista, era la de los poemas de amor que le dedic&oacute; a su esposa, In&eacute;s Guti&eacute;rrez, cuya compa&ntilde;&iacute;a constante disfrutaba como un regalo de los dioses. In&eacute;s, colmada de bendiciones c&aacute;lidas, sin duda influy&oacute; en su trayectoria: encarn&oacute; lo esencial de aquello por lo que tanto luch&oacute;, acaso lo m&aacute;s sagrado de una ley de vida que no se pod&iacute;a traicionar nunca, bajo ning&uacute;n concepto. Los poemas dedicados a In&eacute;s muestran una voluntad de estilo abierto al lirismo de los sentimientos primarios, por m&aacute;s que el plan ret&oacute;rico se base en la contenci&oacute;n. Este soporte afectivo de la compa&ntilde;era, nada menos que la madre de sus hijos, hac&iacute;a posible que Manolo siguiese adelante en todo y a pesar de todo, incluso en la cuesta abajo de unos a&ntilde;os en que era normal que le fallasen las fuerzas para mantenerse en pie. Ella lo amparaba con su sonrisa desbordada de bondad e inteligencia. Ella lo completaba.
    </p><p class="article-text">
        	As&iacute;, al fin hemos de entender que la desaparici&oacute;n de Manolo, inapelable, y la ya lejana ausencia de In&eacute;s crepitan en un mismo fuego y bajo una misma evocaci&oacute;n emocionada.
    </p><p class="article-text">
        	Ambos se la merecen ahora y se la merecer&aacute;n en adelante mientras tengamos memoria para honrarlos como es debido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>	Anelio Rodr&iacute;guez Concepci&oacute;n</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anelio Rodríguez Concepción]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/manuel-gonzalez-plata-bejeque-alto-alero_129_13637079.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Nov 2026 11:07:52 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Antonio Abdo, sensacional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/antonio-abdo-sensacional_129_10353962.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6e6de679-1652-4e0b-9354-498e3a03c1b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Antonio Abdo, sensacional"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo recordaré siempre diciendo eso. Qué gozada, Antonio. Sensacional esa canción de Louis Armstrong. Sensacional esa obra de Sófocles. Sensacional ese gol del Atlético de Madrid en el último minuto. Sensacional
</p></div><p class="article-text">
        El gran Antonio Abdo supo compaginar como nadie la alegr&iacute;a de la bohemia con el rigor de quienes ponen los pies bien fijos en el suelo en busca de un equilibrio que parece imposible. Para alcanzar esa cima de la vida plena sigui&oacute; al pie de la letra aquellos versos de Jos&eacute; Mart&iacute; que hablan del cultivo de una rosa blanca en junio como en enero para el amigo sincero que me da su mano franca, etc. Antonio cultiv&oacute; esa rosa blanca, vaya que s&iacute;, porque dispon&iacute;a por derecho propio del don de la felicidad, s&oacute;lo al alcance de unos pocos elegidos. Claro que lo ten&iacute;a f&aacute;cil viviendo al lado de Pilar Rey, ese prodigio de energ&iacute;a bondadosa. De hecho las arrugas en el rostro de Antonio fueron esculpidas por el gesto de la risa imborrable, de igual manera que las maravillas de su voz y su mirada, ambas di&aacute;fanas, ven&iacute;an desde lo m&aacute;s profundo, es decir, desde lo m&aacute;s alto. Por ello, el modo de afrontar la realidad como ciudadano comprometido con su tiempo no distaba del modo de afrontar la ficci&oacute;n como actor de primer nivel: en una y en otra dimensi&oacute;n, sin necesidad de confundirlas &ndash;peligro en el que incurren muchos artistas del teatro&ndash;se sent&iacute;a en deuda con las fuerzas redentoras de algo que podr&iacute;amos llamar verdad; no en vano las transmit&iacute;a de la mejor manera posible, honestamente, en virtud de unos valores &eacute;ticos en cuyos cimientos hoy debi&eacute;ramos reconocernos todos cuantos tuvimos la fortuna de conocerlo y amarlo como lo que era, y como lo que es, un ser lleno de luz, alguien capaz de apostar a conciencia por todas y cada una de las cosas buenas de este mundo. Parece l&oacute;gico que soliera pronunciar como una bendici&oacute;n el adjetivo &ldquo;sensacional&rdquo;. Lo recordar&eacute; siempre diciendo eso. Qu&eacute; gozada, Antonio. Sensacional esa canci&oacute;n de Louis Armstrong. Sensacional esa obra de S&oacute;focles. Sensacional ese gol del Atl&eacute;tico de Madrid en el &uacute;ltimo minuto. Sensacional.
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                Anelio Rodríguez Concepción. Foto: Vasco Szinetar                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Anelio Rodríguez Concepción]]></dc:creator>
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