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    <title><![CDATA[elDiario.es - Javier Pérez Andújar]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/javier-perez-andujar/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Javier Pérez Andújar]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Eduardo, príncipe de las letras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/eduardo-principe-letras_129_12298199.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bb094312-5fae-4e61-9632-b19426f9668b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Eduardo, príncipe de las letras, por Javier Pérez Andújar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El prodigio, los prodigios, de Eduardo Mendoza consisten en convertir a los lectores en lectores mayores. A la gente que no acostumbra a leer, Eduardo con su verdad literaria la atrae hacia su lectura", elogía Javier Pérez Andújar</p><p class="subtitle">Eduardo Mendoza, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2025</p></div><p class="article-text">
        Si Barcelona fuera una persona, se llamar&iacute;a <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/eduardo-mendoza-premio-princesa-asturias-artes-2025_1_12297361.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Eduardo Mendoza</a>. Y si Eduardo Mendoza fuese una ciudad, se llamar&iacute;a Barcelona. A fuerza de ser de Barcelona, de mostrar y encarnar la esencia de su ciudad, Eduardo Mendoza es el escritor m&aacute;s cosmopolita y m&aacute;s internacional de nuestras letras. 
    </p><p class="article-text">
        Un cosmopolita es un caballero que da la vuelta al mundo en ochenta d&iacute;as y le sobra uno. Un cosmopolita es un se&ntilde;or de Barcelona que rellena en el comedor de su casa&nbsp;el crucigrama de The Guardian todos los s&aacute;bados antes de tomar el aperitivo con aceitunas, y que en su juventud fue int&eacute;rprete en el laberinto donde se citaban presidentes de Gobierno como Ronald Reagan y Felipe Gonz&aacute;lez. 
    </p><p class="article-text">
        Pero Eduardo Mendoza, adem&aacute;s de un mundo hecho de idiomas, es un mundo hecho de literatura. Porque Eduardo Mendoza tiene toda la elegancia, todo el gran estilo, todo el gran mundo de la llamada gran literatura. La mejor. 
    </p><p class="article-text">
        Esta gran literatura es sencillamente la que se ha practicado siempre, desde el inicio de la escritura. El regreso de las tropas diezmadas de Jenofonte, la An&aacute;basis, es un recorrer el mundo. Las novelas bizantinas de caballer&iacute;as eran cosmopolitas. Los cuentos de Kipling de la selva india se leyeron en las grandes ciudades de todo el planeta. El desamparo de Dickens, que sublimaba a trav&eacute;s de los ni&ntilde;os explotados en las f&aacute;bricas, en las familias, en los orfanatos, est&aacute; presente a&uacute;n, en nuestros d&iacute;as, y lo vemos en las grandes ciudades de los&nbsp;pa&iacute;ses BRIC, y de los nuestros, que son pa&iacute;ses tetrabrik, es decir cuatro veces BRIC. El profundo sur de Faulkner no es m&aacute;s que el coraz&oacute;n profundo de una forma de escribir. Todo esto a la vez es Eduardo Mendoza. Toda esta internacionalidad, toda esta universalidad, toda esta literatura. 
    </p><p class="article-text">
        Eduardo Mendoza ha recibido todos los grandes premios literarios que se dan en Espa&ntilde;a. Es un reconocimiento obligatorio, pero es sobre todo el abrazo desesperado y reverencial que nuestro pa&iacute;s est&aacute; abocado a darle para sujetarlo, para que no se eleve como el globo de Julio Verne y se vaya a recorrer el mundo, y se nos escape Eduardo, una pieza fundamental de nuestra cultura. Siendo pr&iacute;ncipe de las letras, ahora es princesa de Asturias. No pod&iacute;a ser menos. 
    </p><p class="article-text">
        El prodigio, los prodigios, de Eduardo Mendoza consisten en convertir a los lectores en lectores mayores. A la gente que no acostumbra a leer, Eduardo con su verdad literaria la atrae hacia su lectura. Esa es la sola verdad sobre el caso de sus novelas. Y a los escritores, Eduardo les hace querer ser m&aacute;s escritores. A las ciudades como Barcelona, las hace querer llamarse como &eacute;l. A los pa&iacute;ses como Espa&ntilde;a, los convierte en focos de cultura y les proporciona cultura para mostrar y representarse. Es cultura barcelonesa. Es cultura catalana. Es literatura cosmopolita. A los continentes como Europa, su literatura los sostiene cuando todo parece que son placas a la deriva. Por eso es tan importante Eduardo Mendoza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/eduardo-principe-letras_129_12298199.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 May 2025 14:46:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Eduardo, príncipe de las letras]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Eduardo Mendoza,Escritores,Literatura,Premios Princesa de Asturias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un Gernika de niños]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gernika-ninos_129_12223762.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7ab30036-bd13-4d20-b0a2-7570e84d6ebb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un Gernika de niños"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los 17.000 niños asesinados en los bombardeos sobre Gaza no tienen un Picasso que sostenga la llama como la mujer del candil que pintó en su 'Guernica'. En esta masacre solo hay fuego, fuego, fuego, pero no hay luz</p></div><p class="article-text">
        Ya nadie se acuerda de qu&eacute; muri&oacute; Yasir Arafat. La verdad es que se dijeron tantas cosas que, ahora, en la Wikipedia el apartado dedicado a su muerte se titula &ldquo;Controversia sobre su muerte&rdquo;. Ni siquiera ya nadie se acuerda de Yasir Arafat. La destrucci&oacute;n de Palestina consiste tambi&eacute;n en la destrucci&oacute;n de su historia.
    </p><p class="article-text">
        Claro, eran otros tiempos. Los l&iacute;deres guerrilleros llevaban uniformes, ropa de guerrilla. As&iacute; se vest&iacute;an Arafat, Castro, el Che... Nunca nos hubi&eacute;ramos imaginado a ninguno de estos con traje y corbata. Hoy, se prefiere para los momentos dif&iacute;ciles el ch&aacute;ndal o la ropa de salvamento. La indumentaria tambi&eacute;n tiene sus eufemismos. Mientras los Gobiernos de todos los pa&iacute;ses occidentales insisten en que hay que comprar y almacenar m&aacute;s armamento, se oculta la palabra guerra en sus discursos, se la proscribe en las comunicaciones oficiales, se la expulsa de los informativos con per&iacute;frasis y con im&aacute;genes domesticadas e hip&oacute;critamente compasivas. La palabra guerra es un tab&uacute; para los poderosos, es decir, para los ganadores, y &uacute;nicamente se transforma en realidad para quienes no pueden escapar de ella.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, la palabra guerra suele utilizarse como eufemismo de otras formas de asesinato. Llamar guerra al exterminio de la poblaci&oacute;n de Palestina es un eufemismo. Por eso se emplea abiertamente esta palabra en este caso. Por supuesto, no hay guerra sin genocidio; pero, desde siempre, la mayor&iacute;a de los genocidios se han ejecutado sin guerras. No son necesarias cuando sobra la fuerza. En la actual masacre de la poblaci&oacute;n de Palestina, se han contado 60.000 muertos hasta el pasado 4 de marzo. La cifra ha seguido creciendo desde entonces. Una relaci&oacute;n m&aacute;s detallada se&ntilde;ala que los bombardeos de Israel sobre la Franja de Gaza han matado a m&aacute;s de 17.000 ni&ntilde;os. La organizaci&oacute;n Save The Children calcula que m&aacute;s de 26.000 ni&ntilde;os han muerto o han sido heridos en Gaza.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, &Aacute;vila, Zamora, M&eacute;rida, Motril, Huesca, Ibiza, Cuenca... son ciudades espa&ntilde;olas de casi 60.000 habitantes. Imaginen que alguna de estas desaparece del mapa y ya no queda nadie. Cada uno y cada una de sus habitantes, minuciosamente uno por uno, han muerto porque les ha ca&iacute;do una bomba y sus cuerpos yacen reventados bajo los cascotes de sus casas derruidas. Lo cierto es que ya no existe &Aacute;vila, o ya no existe M&eacute;rida, o ya no existe Huesca..., estas ciudades han sido borradas simb&oacute;lica y f&iacute;sicamente de la faz de la Tierra en el exterminio de la poblaci&oacute;n de Palestina. A eso se refieren cuando hablan de la guerra de Gaza omitiendo la palabra genocidio.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Se acuerdan de Gernika? Hay un cuadro de Picasso donde el arte se convierte en memoria colectiva y viceversa. Lo mismo sucede con los tebeos de Paco Roca (<em>El abismo del olvido,</em> sobre las fosas comunes;<em> Los surcos del azar,</em> sobre la 9 Divisi&oacute;n de los republicanos espa&ntilde;oles...). Gernika es actualmente una ciudad de 17.000 habitantes. Si todos sus habitantes fueran ni&ntilde;os, si Gernika fuese una ciudad de 17.000 ni&ntilde;os, o 17.000 ni&ntilde;as, habr&iacute;a desaparecido ahora mismo para siempre, habr&iacute;a quedado m&aacute;s pulverizada todav&iacute;a que cuando sufri&oacute; el bombardeo de los aviones nazis y del fascio al servicio de Franco. Hoy no hubiera quedado ni una sola persona viva en Gernika, y todo ser&iacute;a monta&ntilde;as de ni&ntilde;os muertos. Los 17.000 ni&ntilde;os asesinados en los bombardeos sobre Gaza no tienen un Picasso que sostenga la llama como la mujer del candil que pint&oacute; en su <em>Guernica.</em> En esta masacre solo hay fuego, fuego, fuego, pero no hay luz.
    </p><p class="article-text">
        La guerrilla del c&oacute;mic es el fanzine. Los dibujantes y las dibujantes aspiran a vivir del c&oacute;mic y lo que hacen es sentirse vivos a trav&eacute;s de sus fanzines. La vida se parece m&aacute;s a una flor que nace un d&iacute;a, y muere al siguiente, que a un dinosaurio, a los que s&oacute;lo conocemos por sus esqueletos eternos. Un fanzine es un telegrama urgente, como la poes&iacute;a urgente de Gabriel Celaya. Seguir vivo es urgente. En nuestras calles, en nuestras librer&iacute;as, en nuestras casas, no tenemos cuadros de Gernika que nos hablen de Palestina, pero tenemos fanzines. Esto ha sucedido con <em>BDS,</em> un fanzine que acaba de salir. Su t&iacute;tulo son las iniciales de <em>Boicot, Dibujos y Sanciones.</em>
    </p><p class="article-text">
        Y el subt&iacute;tulo obedece a estas mismas iniciales de una forma m&aacute;s expl&iacute;cita: Boicot, Desinversiones y Sanciones a Israel. Porque este es el lema y el nombre de un movimiento global que llama a presionar al Gobierno de Israel, hasta hacerle abandonar su pol&iacute;tica de ocupaci&oacute;n, colonialismo y apartheid, con la que masacra al pueblo palestino. Se trata de un fanzine comercializado con fines ben&eacute;ficos, 68 p&aacute;ginas de ilustraciones, historietas y art&iacute;culos de autores internacionales (re&uacute;ne 35 firmas), que destina &iacute;ntegramente la recaudaci&oacute;n de sus ventas a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Pr&oacute;ximo (UNWRA).
    </p><p class="article-text">
        La portada (alguien en paz, con camisa blanca, acompa&ntilde;ado de una mariposa blanca, en un campo verde y, detr&aacute;s, la red negra de una <em>kufiya</em>, el pa&ntilde;uelo tradicional que llevaba, por ejemplo, Arafat, pero tambi&eacute;n parece una verja negra rota, y tambi&eacute;n hay un sol rojo contra fondo blanco..., son los cuatro colores de la bandera palestina), es obra de la dibujante Mar Mascar&oacute; (la actual coordinadora de la revista <em>Forn de Cal&ccedil;)</em>. La edici&oacute;n y coordinaci&oacute;n de este n&uacute;mero de <em>BDS-</em>Madrid se debe a la dibujante Ana Pando, que asimismo edita el fanzine <em>Mano Opuesta,</em> y a H&eacute;ctor Cimbr&oacute;n, otro editor de fanzines y activista de la serigraf&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Medem, Sami Alwani, Nekudotexe, Evin Colins, Anuj Shrestha y Tana Oshima son algunos de los dibujantes que participan en la publicaci&oacute;n. El coordinador, H&eacute;ctor Cimbr&oacute;n, escribe un art&iacute;culo sobre Handala, el ni&ntilde;o creado por Nayi al-Ali, el popular dibujante de prensa palestino, que sufri&oacute; la c&aacute;rcel, que se enfrent&oacute; a todos los dictadores del mundo &aacute;rabe, y que fue asesinado de un disparo, en Londres, en 1987. Handala es un ni&ntilde;o al que casi siempre vemos de espaldas. No quiere que los lectores le veamos, sino que nos convirtamos en testigos de los horrores que &eacute;l ve. Cuando seamos dignos de ser mirados por este ni&ntilde;o, Handala volver&aacute; su cabeza hacia nosotros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gernika-ninos_129_12223762.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Apr 2025 20:31:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un Gernika de niños]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manual de supervivencia para fans de Doctor en Alaska]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/manual-supervivencia-fans-doctor-alaska_129_12181438.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4d6391fd-c6cf-416c-b9b0-73ea1af76086_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La comisaria europea de Gestión de Crisis."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estos días, la voz que viene de arriba nos ha aconsejado que nos compremos un kit de supervivencia por si hubiera una guerra, o un terremoto, o algo. En España, la supervivencia solo podemos permitírnosla de juguete, porque, aquí, sobrevivir de verdad ha sido siempre un lujazo</p></div><p class="article-text">
        Sobrevivir est&aacute; sobrevalorado. Hay mucho prefijo &ldquo;sobre&rdquo;, porque vivimos en un pa&iacute;s de sobres. Incluso, en plena era digital, lo importante sigue yendo por sobre. A nosotros, los mindundis de la Tierra, un sobre nos parece una cosa antigua, algo que ya no se lleva. Pero es que no nos enteramos. Creemos que los sobres son como las peladillas, tambi&eacute;n mayormente blancos. Y sin embargo, a pesar de haber ca&iacute;do en desuso en nuestra vida cotidiana, al sobre se le sigue nombrando a diario.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo viejo resiste m&aacute;s que lo moderno. Sucede lo mismo con la voz que viene de arriba. Es la voz de cuando se pierde un ni&ntilde;o en un sitio y reclaman a los padres. O se anuncia un coche mal aparcado. Antiguamente, la gente quer&iacute;a a sus coches tanto como a sus ni&ntilde;os. Incluso, los lavaba m&aacute;s a menudo. Hoy pasa con los perros. A medida que nos civilizamos, nos deshumanizamos. Los llamamos sentimientos, pero es anestesia.
    </p><p class="article-text">
        Actualmente, la voz que viene de arriba se plasma en pol&iacute;tica cuando, sin ir m&aacute;s lejos, se utiliza el argumento de &ldquo;lo ha dicho Bruselas&rdquo;, del mismo modo que en el <em>Un, dos, tres..., </em>se dec&iacute;a: &ldquo;Oigamos la voz de los supertaca&ntilde;ones&rdquo;. Pero este &uacute;ltimo ejemplo ya es del siglo pasado. No importa, en uno y otro caso, se trata de la misma voz sin rostro, como la que le dec&iacute;a cosas a Mois&eacute;s en lo alto del monte.
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as, la voz que viene de arriba nos ha aconsejado que nos compremos un kit de supervivencia por si hubiera una guerra, o un terremoto, o algo. Un kit de supervivencia es algo as&iacute; como el malet&iacute;n de la Se&ntilde;orita Pepis. Hay que meter dentro cosas peque&ntilde;as y que no sirvan para nada, salvo para representar que sirven para algo. En Espa&ntilde;a, la supervivencia solo podemos permit&iacute;rnosla de juguete, porque, aqu&iacute;, sobrevivir de verdad ha sido siempre un lujazo. &iexcl;Pero si la gente no tiene d&oacute;nde vivir! &iexcl;C&oacute;mo van a pedirle, encima, que sobreviva! Es muy parecido a cuando estall&oacute; la gran recesi&oacute;n y nos dijeron que hab&iacute;amos vivido por encima de nuestras posibilidades. &iexcl;Ojal&aacute;! El caso es que, en menos de veinte a&ntilde;os, hemos pasado de vivir por encima a sobrevivir. O sea, estamos igual. Esto es as&iacute; porque, en Espa&ntilde;a, no somos tanto de sobrevivir, aqu&iacute; estamos condenados a malvivir.
    </p><p class="article-text">
        De este modo, cada vez que la voz que viene de arriba habla de sobrevivir, sabemos que lo que de verdad nos toca es malvivir. En el caso del aumento del presupuesto armament&iacute;stico queda bien claro. Es necesario malvivir m&aacute;s a&uacute;n (es decir, recortar lo poco que se gasta en bienestar), si se quiere sobrevivir. Desde tiempos del ciego del Lazarillo, siempre ha sido as&iacute;. Los que sobreviven lo hacen a costa de los que malviven.
    </p><p class="article-text">
        No valgo para la vida pr&aacute;ctica. Si, ahora o en cualquier otra &eacute;poca, tuviera que prepararme un kit de supervivencia, me quedar&iacute;a paralizado pensando qu&eacute; libro iba a coger. Seguro que ser&iacute;a un libro prohibido. El contenido es lo de menos, ni siquiera me lo iba a leer. Solo lo llevar&iacute;a para recordar que vivo en un mundo donde los libros se proh&iacute;ben.
    </p><p class="article-text">
        Se sobrevive, sobre todo, a los dem&aacute;s. Una guerra mundial no es muy diferente, en esencia, de un linchamiento colectivo. Es una cuesti&oacute;n de bandos y de dar le&ntilde;a a discreci&oacute;n. Se bombardea igual que se lincha, a bulto. Se hace ver que se tiene un objetivo (una f&aacute;brica de armas, una idea moral o pol&iacute;tica), pero luego resulta que el objetivo es lo de menos, pues lo que cuenta es destruir a las personas. No hay victoria sin muertos.
    </p><p class="article-text">
        Otra cosa que meter&iacute;a en el kit de supervivencia para 72 horas (lo que dura un <em>habeas corpus)</em> ser&iacute;a una lupa como la de Sherlock Holmes. Ahora, los patios de los colegios tienen el suelo de cemento, pero antiguamente los patios de los colegios eran de carne y hueso, y en sus m&aacute;rgenes crec&iacute;an plantas (vegetaci&oacute;n nitr&oacute;fila o, como el t&iacute;tulo de Baroja, <em>La mala hierba),</em> y adem&aacute;s ca&iacute;an al suelo las hojas secas de los &aacute;rboles. Y hasta ca&iacute;an bellotas. La bellota es el m&aacute;s literario de nuestros frutos del bosque. Cuando don Quijote pronunci&oacute; su famoso discurso de la Edad de Oro, junto a una hoguera, sosten&iacute;a en la mano un pu&ntilde;ado de bellotas y las contemplaba inspirado. Cada vez que decimos bellota, estamos diciendo <em>Quercus,</em> el nombre latino y ecologista de nuestras encinas, robles y alcornoques. En ese ambiente escolar, descubrimos la manera de hacer fuego con una lupa. Y as&iacute; aprendimos a escribir con fuego. Pon&iacute;as la lupa sobre el papel, y los rayos concentrados del sol se convert&iacute;an en la punta de un l&aacute;piz. Lo malo de escribir con fuego es que, tarde o temprano, te quedas sin sitio donde escribir. Les ha pasado a todos los que lo han intentado.
    </p><p class="article-text">
        El poder siempre da miedo porque no hay quien se f&iacute;e. Cuanto m&aacute;s insiste un gobierno en garantizar el derecho a una vivienda o a un empleo digno, m&aacute;s evidencia hay de que eso peligra. Por tal motivo estremece que, de repente, pretendan garantizarnos nuestra supervivencia. Ahora s&iacute; que est&aacute; en peligro. Proponen garantizarla con un kit para 72 horas, exactamente igual que con el resto de los derechos. Es la ley del embudo, el malet&iacute;n de la Se&ntilde;orita Pepis para los de abajo, y el Monopoly para los de arriba. Y encima, no se puede protestar, porque ya no les basta con decirnos que no sabemos en qu&eacute; mundo vivimos, sino que ahora tambi&eacute;n nos reprochan que no sabemos en qu&eacute; mundo sobrevivimos. Nos lo est&aacute;n quitando todo. C&oacute;mo dec&iacute;a Haro Tecglen: &iexcl;Qu&eacute; estafa!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/manual-supervivencia-fans-doctor-alaska_129_12181438.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Apr 2025 20:25:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Manual de supervivencia para fans de Doctor en Alaska]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mariana Bellido, modelo de dibujo: "Lo único que tenía para salir adelante eran unas pestañas postizas y una minifalda"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/mariana-bellido-modelo-dibujo-unico-tenia-salir-adelante-pestanas-postizas-minifalda_1_12171520.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7101add4-d61e-4151-97d3-2834f77554bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_1114549.jpg" width="4340" height="2441" alt="Mariana Bellido, modelo de dibujo: &quot;Lo único que tenía para salir adelante eran unas pestañas postizas y una minifalda&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La mujer que sirvió de inspiración a grandes ilustradores del cómic como Josep Maria Beà, Pepe González o Enrique Torres repasa su ajetreada vida desde que llegó a Barcelona con apenas siete años</p><p class="subtitle">El anterior 'La gente habla' - Ricardo Rodrigo, propietario de RBA: “El Che y yo tuvimos con Fidel discusiones que llegaron al borde de la agresión física”
</p></div><p class="article-text">
        Mariana Bellido (Fuente &Aacute;lamo, 1947), llega a la entrevista andando con dificultad y vestida de cuero negro. Se ha torcido el pie al salir de casa y ahora le duele mucho, pero es m&aacute;s de hablar con alegr&iacute;a que de callar y sufrir. Dice que luego ir&aacute; al m&eacute;dico para ver qu&eacute; le ha pasado. Es un esc&aacute;ndalo de persona: &ldquo;Yo era un esc&aacute;ndalo. No me dejaban andar por la calle&rdquo;. Pero, &iquest;no te sent&iacute;as agredida, Mariana? &ldquo;Solo por la guardia civil, cuando estaba con Josep Maria dentro del coche, y se acercaban y nos enfocaban con las linternas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su marido, Josep Maria Be&agrave;, es uno de los dibujantes m&iacute;ticos de la historieta europea. Series como <em>Historias de taberna gal&aacute;ctica </em>y <em>En un lugar de la mente</em> marcaron a miles de lectores y han influido en creadores actuales del c&oacute;mic, del cine y de la literatura. Mariana fue modelo de Be&agrave; y de otros dibujantes en un mont&oacute;n de tebeos. Pepe Gonz&aacute;lez y Enrique Torres, que hac&iacute;an las portadas de <em>Vampirella</em> para Estados Unidos, se inspiraban a veces en fotos de Mariana de manera reconocible. Aunque, oficialmente, posaba de modelo para <em>Vampirella</em> la bailaora de Gorafe, Juana de Haro. La vampira de buen coraz&oacute;n de los tebeos de miedo era del sur de la vieja pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        Pero Marina Bellido no es ninguna vampira. Al contrario, da su sangre en todo lo que hace y su reflejo est&aacute; en la carrera y en la obra de todos quienes la han tratado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iexcl;Qu&eacute; chulada, Mariana, qu&eacute; jovencita est&aacute;s en esta foto de modelo!</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Es que he sido jovencita, cari&ntilde;o!
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iexcl;T&uacute; has sido una </strong><em><strong>sex symbol</strong></em><strong> de los tebeos! &iquest;C&oacute;mo empezaste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mira, yo vine a Barcelona muy peque&ntilde;a. Antes, viv&iacute;amos en un pueblito de Murcia, Fuente &Aacute;lamo. Era un pueblo con casitas. En cada casa ten&iacute;a una amiga, y las puertas estaban siempre abiertas. Nosotras &iacute;bamos al colegio como la Heidi por el campo. Entonces, cuando a los siete a&ntilde;os me dijeron que ten&iacute;a que irme a Barcelona, sent&iacute; que estaba a punto de perder todo lo que conoc&iacute;a. Pero me aseguraron que me iba a encantar, porque en Barcelona hab&iacute;a muchos jardines y mucha luz. As&iacute; que, en 1956, llegu&eacute; a la estaci&oacute;n de Francia. Yo esperando ver los jardines, y me encontr&eacute; con una Barcelona gris, sucia y oscura.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tus padres ven&iacute;an a trabajar.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mi padre se vino antes que nosotras. Ten&iacute;a la sastrer&iacute;a del pueblo y unas oficialas que trabajaban para &eacute;l. Todo el mundo iba all&iacute; a hacerse los trajes, pues era la &uacute;nica sastrer&iacute;a. Pero nunca sab&iacute;a cu&aacute;ndo iba a cobrar. Le dec&iacute;an: &ldquo;Luis, el traje de la boda de mi hijo ya te lo pagar&eacute;, porque me he quedado sin dinero&rdquo;. Mi padre nos miraba a mis hermanas y a m&iacute;, y se preguntaba: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; futuro les espera a estas criaturas?&rdquo;. En aquel momento, &eacute;ramos tres hermanas, y luego fuimos cuatro. Dio la coincidencia de que hab&iacute;a un se&ntilde;or que veraneaba en el pueblo, y que ten&iacute;a una gran finca. Era de Barcelona, y se llamaba el marqu&eacute;s de Galtero. Mi padre y &eacute;l ten&iacute;an muy buena relaci&oacute;n, y le dijo que le gustar&iacute;a irse a Barcelona. El marqu&eacute;s habl&oacute; con uno de los directores de la Seat, y le dieron a elegir entre tres puestos en la empresa. Como a mi padre le encantaba tener poder, escogi&oacute; el puesto de encargado de orden y vigilancia. Ten&iacute;a alma policial.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;D&oacute;nde os instalasteis al llegar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues cuando mi padre ya llevaba un tiempo en Barcelona, llam&oacute; a mi madre y le dijo: &ldquo;Vendedlo todo all&iacute; y veniros&rdquo;. Entonces, nos vinimos la abuela, que era suegra de mi padre, mis hermanas, mi madre y yo. Y fuimos a casa de mis t&iacute;os, que viv&iacute;an detr&aacute;s de la plaza de toros de la Monumental. Yo no ve&iacute;a jardines por ninguna parte. Mis t&iacute;os nos alojaron con mucho cari&ntilde;o, hasta que encontramos una casa. El mismo d&iacute;a que llegamos, me dijeron: &ldquo;Mientras guarda tu madre las maletas, baja a comprar&rdquo;. &iexcl;Amigo m&iacute;o! Yo nunca hab&iacute;a estado en una finca con escaleras y con puertas. Mientras sal&iacute;a, pensaba que no iba saber volver. No recordaba en qu&eacute; puerta estaba. Y tuve la sensaci&oacute;n de que en Barcelona estaba perdida. Aqu&iacute; no conoc&iacute;a a nadie.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero luego tuvisteis vuestra propia vivienda.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, y entonces lleg&oacute; la luz. Mis padres cogieron un piso con una terraza muy grande, y nos fuimos a vivir juntos toda la familia. As&iacute; empec&eacute; a descubrir que Barcelona no era tan oscura. Nos fuimos a la parte de abajo de la monta&ntilde;a de Montju&iuml;c, por el lado donde est&aacute; la estatua ecuestre del Sant Jordi desnudo, que es de Llimona. Era la calle Sant Fructu&oacute;s. Y tambi&eacute;n volv&iacute; a ir al colegio, y empec&eacute; a tener amigas. As&iacute; empec&eacute; a amar Barcelona.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; era lo que m&aacute;s te gustaba?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Que hab&iacute;a much&iacute;simas cosas para elegir. En el pueblo solo hab&iacute;a una tienda de cada cosa. Aqu&iacute;, iba andando al colegio, que lo ten&iacute;a a tres calles, y pasaba por una panader&iacute;a y ve&iacute;a que ten&iacute;a cruasanes. Todo eso me gustaba much&iacute;simo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando llegué a Barcelona, esperaba ver jardines y me encontré una ciudad gris.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Descubriste entonces la moda?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El cine, la moda, todo eso lo descubr&iacute; muy pronto. Mi primer trabajo fue en el mundo de la moda. Pero, antes, en mi casa se hab&iacute;an montado una empresa sumergida. Mi madre era bordadora, mis dos hermanas mayores tambi&eacute;n, y bordaban los uniformes de los trabajadores de la Seat, de la cerveza Damm... A m&iacute; me daba mucha pena que me mandaran al colegio, cuando ellas se quedaban escuchando a Elena Francis por la radio. Encima, me dec&iacute;an: &ldquo;Al volver del colegio, trae el pan&rdquo;. As&iacute; dej&eacute; de querer ir a la escuela. Porque ve&iacute;a que ellas se quedaban juntas escuchando la radio, y conmigo solo contaban para mandarme a hacer los recados.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;No te gustaba estudiar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No me gustaba nada en absoluto. Iba a un cole de barrio, que lo llevaba un cura. Mi madre era una fan&aacute;tica religiosa. Era el colegio de la iglesia de Santa Dorotea, un sitio muy aburrido. El cura nos vigilaba en el patio para que no nos mezcl&aacute;ramos con los ni&ntilde;os. Desde muy peque&ntilde;a, nunca he dejado que me supervisen. Siempre he tenido una necesidad de libertad imperiosa. Es innata. En aquel colegio me agobiaba, y en mi familia me sent&iacute;a disminuida. Despu&eacute;s de mucho insistir y mucho llorar, cuando ten&iacute;a 13 a&ntilde;os, mis padres me dijeron: &ldquo;Si ya no quieres estudiar m&aacute;s, qu&eacute;date en casa; pero te ponemos una m&aacute;quina, y a bordar&rdquo;. Yo les dije: &ldquo;&iexcl;Tampoco!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; quer&iacute;as hacer?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No quer&iacute;a estar bordando de la ma&ntilde;ana a la noche, sin salir a la calle. Y encima, el s&aacute;bado se distribu&iacute;a la limpieza de la casa, y solo quedaba el domingo para salir un ratito. Yo no ten&iacute;a referencias de otras experiencias, pues siempre hab&iacute;a vivido all&iacute;, pero algo a m&iacute; me dec&iacute;a que hab&iacute;a otras formas de vivir.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;No sent&iacute;as que te estabas escaqueando de las obligaciones familiares?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No. En absoluto. Yo notaba una sensaci&oacute;n de que ten&iacute;a que haber otras formas de vida, y de que esa no era la que me gustaba. As&iacute; que le dije a mi madre que no quer&iacute;a bordar. Y mi madre dec&iacute;a: &ldquo;Si no has querido estudiar y no quieres bordar, te tendr&aacute;s que ir a una f&aacute;brica. Levantarte a las cuatro de la ma&ntilde;ana. Y este es un trabajo de se&ntilde;oritas, est&aacute;s en tu casa&rdquo;. Pero yo pensaba: &ldquo;Yo no soy se&ntilde;orita. Yo no soy se&ntilde;orita&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Hab&iacute;a escapatoria?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Busqu&eacute; en el peri&oacute;dico, y un d&iacute;a vi que hab&iacute;a una escuela de maniqu&iacute;es en Barcelona, en la calle Rossell&oacute;. Ya ten&iacute;a 15 o 16 a&ntilde;os. Y me dije: &ldquo;Pues, aqu&iacute;, como estoy delgada, igual pego&rdquo;. As&iacute; que empec&eacute; a decirle a mis padres que quer&iacute;a apuntarme, porque era una escuela profesional, y al acabar los cursos te daban un diploma, y as&iacute; podr&iacute;a tener trabajo. Insist&iacute; tanto que, al final, mi padre le dijo a mi madre: &ldquo;Va, Celia, acomp&aacute;&ntilde;ala, total, como le van a decir que no&rdquo;. O sea, mi padre siempre estimulando.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero le sali&oacute; el tiro por la culata.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque fui y me dijeron que acababa de empezar un curso, al que pod&iacute;a sumarme. Mis padres se quedaron a cuadros. Al poco, en la agencia me dijeron: &ldquo;Estamos preparando el concurso de Miss Barcelona. Si quieres, te puedes presentar&rdquo;. No sabes lo contenta que me puse.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Te preparaste a tope para el concurso.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Iba todos los d&iacute;as. Me ense&ntilde;aban a caminar recta. Nos dec&iacute;an: &ldquo;Imaginaos que llev&aacute;is un libro en la cabeza y que no se os puede caer&rdquo;. Nos correg&iacute;an la manera de andar... Tambi&eacute;n nos ense&ntilde;aban un poco de maquillaje. Cuatro tonter&iacute;as. Pero a m&iacute; me gustaba porque pensaba que era distinto, y que me daba la opci&oacute;n de no quedarme trabajando en mi casa y de aprender algo diferente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te fue bien?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Qued&eacute; dama de honor de Miss Barcelona. Tengo un v&iacute;deo. El original est&aacute; guardado en Televisi&oacute;n Espa&ntilde;ola. Siempre que se lo ense&ntilde;o a alguien, digo: &ldquo;Pero he cambiado. Ha llovido mucho desde entonces, y ahora s&eacute; lo que significa pasear con un n&uacute;mero&rdquo;. Entonces no era consciente, pero lo cierto es que estaba rodeada de vejestorios, y se&ntilde;ores gordos, mientras paseaba con un numerito por el Sal&oacute;n Rosa, en el paseo de Gr&agrave;cia, en medio de una cena. Los hombres com&iacute;an y las modelos desfil&aacute;bamos por la pasarela, que estaba alzada, para que nos vieran bien los vejestorios que ten&iacute;an que votarnos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te daba repel&uacute;s?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entonces no, porque para m&iacute; era una forma de salir de mi casa y de librarme de ir a la f&aacute;brica. A partir de aquel momento, empezaron a llamarme para participar en cabalgatas, las maniqu&iacute;es &iacute;bamos con una carroza. Encima, como en aquellos d&iacute;as se impuso la moda<em> op art,</em> nos hac&iacute;an unos vestidos muy llamativos. Nosotras &eacute;ramos las de la agencia de modelos, que era la que hab&iacute;a, y luego puso otra Teresa Gimpera.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Con el tiempo, he comprendido lo que significa desfilar por la pasarela con un número.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo era la vida en la escuela?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;as que ir defendi&eacute;ndote de todo. Y eso que la llevaba un matrimonio. Cuando yo llegu&eacute; para preguntar, tuve que pasar una entrevista. Y cuando me dijeron que estaba admitida, me hicieron entrar en el despacho del director para hablar con &eacute;l. Y el director va y me dice &ldquo;Si&eacute;ntate aqu&iacute;, en sus piernas, y cu&eacute;ntame&rdquo;. Y yo le contest&eacute;: &ldquo;No, si quiere que le cuente se lo cuento, pero sin sentarme ah&iacute;&rdquo;. Y su mujer, rondado por la escuela.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Lo pasaste mal?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, porque yo ya era una guerrera desde peque&ntilde;ita, y de joven, y de siempre. Yo, lo que quer&iacute;a lo hac&iacute;a; pero me lo ve&iacute;a venir. Y lo que no quer&iacute;a, no quer&iacute;a. El caso es que nunca m&aacute;s me dijo que me sentara encima de &eacute;l. Pas&eacute; el examen y me saqu&eacute; el t&iacute;tulo de modelo. Y como era menor de edad, me sal&iacute;an much&iacute;simos trabajos. De modelo de punto, fotograf&iacute;as para marcas, desfiles para empresas de ropa..., cosas as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; dec&iacute;a tu padre?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mi padre era muy reacio a que yo entrara en ese mundo; pero, cuando vio que en un desfile yo cobraba como &eacute;l en un mes, tuvo que callarse. Igual ganaba 4.000 o 5.000 pesetas al mes, y esto solo con 16 a&ntilde;os. Lo que pasaba es que como mi padre era de la secci&oacute;n de orden y vigilancia, y su hija era menor de edad, yo siempre llevaba al guardia conmigo, mi padre siempre al lado. Iba con una cara como diciendo: &iexcl;Cuidado! La verdad es que me proteg&iacute;a, pero tambi&eacute;n era un poco un incordio, tanto para la empresa como para m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tan joven y ganando tanto dinero, &iquest;eras feliz?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No. Porque, en ese momento, empec&eacute; a encontrar a faltar todos los a&ntilde;os de estudios y aprendizaje que no hab&iacute;a tenido. Hab&iacute;a ah&iacute; un vac&iacute;o brutal, y yo me daba cuenta. Sab&iacute;a que ten&iacute;a que prepararme para estar m&aacute;s completa, para tener m&aacute;s confianza en m&iacute;. Entonces, apareci&oacute; Be&agrave;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;T&uacute; ya estabas en el mundo del c&oacute;mic?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qu&eacute; va! Yo fui un canje. Yo ten&iacute;a un amigo, que era el hermano de Isidre Sola, el locutor de radio, que era la voz de <em>Taxi Key,</em> y que hab&iacute;a sido novio de la Massiel. Bueno, pues este, Javier, era el hermano peque&ntilde;o. &Eacute;ramos como amigos del colegio, aunque &eacute;l no iba a ese colegio, pues estaba en un estadio superior. Pero s&iacute; ven&iacute;a a la parroquia de Santa Dorotea, porque la madre era portadora del estandarte de la iglesia. Era tan beata como la m&iacute;a. Imag&iacute;nate qu&eacute; dos huesos para roer. El caso es que empezamos los dos a salir. Hab&iacute;amos ido alguna vez al cine, que si la manita, que si tal, pero nada. Y &eacute;l era muy amigo de Be&agrave;. Y le dijo: &ldquo;Mira, Josep Maria, yo tengo una amiga que est&aacute; muy bien, pero no puedo hacer nada con ella porque su madre y la m&iacute;a se conocen mucho. &iquest;Por qu&eacute; no hacemos una cosa? T&uacute; haces una fiesta, yo te la presento y, si te gusta, me la cambias por una de las tuyas&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; te parece, muy feminista?
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                Bellido, en su domicilio de Barcelona.                            </span>
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        <strong>&iquest;Te gust&oacute; Be&agrave; desde el principio?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Claro! Hubo flechazo. Yo, que iba con chicos de mi edad, de mi colegio, me encontr&eacute; con Josep Maria, que ten&iacute;a 7 a&ntilde;os m&aacute;s que yo. Y yo comparaba a los ni&ntilde;os que conoc&iacute;a con Be&agrave;, que me vino a buscar con su 600, y una corbata de flores, que la llamaban la corbata Antoine, se las tra&iacute;a de Londres el Toutain (Josep Toutain, propietario de la agencia Selecciones Ilustradas donde trabajaba Be&agrave;). Imag&iacute;nate. Me deslumbr&oacute;. Josep Maria era un dibujante profesional, un artista. Ya hab&iacute;a hecho la mili. Era muy pijo. Sus padres eran burgueses y de derechas, y nunca supieron que su hijo era de izquierdas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Viste en &eacute;l a una persona con formaci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vi todo lo que me pod&iacute;a ense&ntilde;ar ese hombre a todos los niveles. Era culto a todos los niveles, y era mayor que yo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Sent&iacute;as complejo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero contrat&eacute; a una profesora particular. Le expliqu&eacute;: &ldquo;Mire, es que mi novio me lleva a unas reuniones con unas personas muy politizadas, y no entiendo nada, y me quedo callada. Cuando salgo, le pregunto, y me lo explica todo muy bien, pero no es plan&rdquo;. Y la profesora me dijo: &ldquo;No te preocupes. T&uacute; compra distintos peri&oacute;dicos de distintas tendencias. Y trae cada ma&ntilde;ana estos peri&oacute;dicos y los vamos leyendo. Lo que t&uacute; no sepas, o te interese, lo comentamos&rdquo;. Yo ten&iacute;a una voluntad de hierro para aprender, y as&iacute; fui comprendiendo. Pero, adem&aacute;s, Josep Maria siempre se port&oacute; conmigo maravillosamente bien y nunca me hizo sentir mal.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Has aprendido con el tiempo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entonces yo no era como soy ahora, que no me da miedo hablar y me digo: &ldquo;Mira, esto es lo que soy yo&rdquo;. Pero, en aquella &eacute;poca, lo &uacute;nico que yo ten&iacute;a para defenderme, para abrirme puertas, era mi f&iacute;sico. Lo &uacute;nico que yo ten&iacute;a para salir adelante eran unas pesta&ntilde;as postizas y una minifalda. Sin embargo, eso no me hac&iacute;a feliz en absoluto. Al contrario, me daba mucha pena, porque pensaba: &ldquo;Dentro de m&iacute;, yo tengo m&aacute;s cosas que dar. No soy solo esto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Estabas conforme con tu aspecto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mi aspecto era una forma de encubrir mi insatisfacci&oacute;n personal. Lo que yo quer&iacute;a era entrar en ese otro mundo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mi aspecto era una forma de encubrir mi insatisfacción personal.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; dejaste el trabajo de modelo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque aquello no era una vocaci&oacute;n, era un salto. Se dieron varios episodios que me fueron alejando del modelaje. Una vez, me llamaron para participar en un concurso donde ten&iacute;a la posibilidad de que me hicieran modelo exclusiva para una marca. Nos citaron en el restaurante La P&eacute;rgola, en Montju&iuml;c. Era una cena y yo ten&iacute;a que salir en el desfile. Y fui tan contenta con Josep Maria. Pero en la puerta le dijeron a &eacute;l que no pod&iacute;a pasar. Y les dije que me borraran de la lista, porque yo me iba con &eacute;l. Todo eso me hizo dejarlo. Ve&iacute;a que tampoco ese era mi mundo. Be&agrave; me dec&iacute;a que no lo hiciera por &eacute;l; pero, desde siempre, yo tengo muy claro lo que quiero hacer.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y a d&oacute;nde fuiste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a vi que ped&iacute;an una encargada para una galer&iacute;a de arte en la Rambla de Catalunya, con Diputaci&oacute;, que se llamaba Sennacheribbo. Ahora est&aacute;n la calle Enric Granados. En aquel mismo local, ten&iacute;an otra secci&oacute;n, que era la librer&iacute;a italiana. El caso es que fui, me hicieron una serie de pruebas del tipo c&oacute;mo enmarcar&iacute;as esto, d&oacute;nde lo pondr&iacute;as..., y empec&eacute; a trabajar al momento. Todo lo que sab&iacute;a de cuadros y pintura lo hab&iacute;a aprendido de Be&agrave;, que tambi&eacute;n es pintor y, antes de casarnos, hab&iacute;a estudiado en Par&iacute;s con unos herederos de la Academia Julian, por donde pasaron muchos grandes de la pintura francesa. Cuando nos casamos, &eacute;l ten&iacute;a 28 y yo ten&iacute;a 21.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay una relaci&oacute;n art&iacute;stica entre ser modelo de modas y trabajar en una galer&iacute;a de pintura.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero hubo un paso intermedio entre ambos trabajos, que fue cuando, a los 15 d&iacute;as de casarnos, muri&oacute; el padre de Be&agrave; y le dej&oacute; las tiendas en herencia. Vend&iacute;an juguetes, carritos de beb&eacute;, cunas, art&iacute;culos de deporte... Una tienda estaba en la calle Creu Coberta, en el tramo de Hostafrancs, y la otra en la calle del Call, en el barrio g&oacute;tico. Esa tienda era preciosa, con un artesonado modernista... Todav&iacute;a existe. Pero Josep Maria no quer&iacute;a llevarlas, y yo le dije: &ldquo;Pues yo tambi&eacute;n quiero ser libre como t&uacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En Sennacheribbo tratabas con artistas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Claro, estuve 14 a&ntilde;os trabajando all&iacute;. Era maravilloso. Fue una escuela de aprendizaje. Hac&iacute;amos marcos a medida y muchos pintores quer&iacute;an que fuera yo quien les enmarcase los cuadros. Conoc&iacute; a Antonio Saura. &iexcl;Qu&eacute; guapo era Saura! &iexcl;Ten&iacute;a un aura ese hombre! Y much&iacute;simo a F&eacute;lix Revello de Toro. Victoria de los &Aacute;ngeles tambi&eacute;n era clienta, y fue ella quien me anim&oacute; a escuchar &oacute;pera. Y, adem&aacute;s, fue aqu&iacute; donde aprend&iacute; a hablar catal&aacute;n. Me ayudaron todos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; la dejaste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque Be&agrave; dej&oacute; la revista <em>Rambla</em> por problemas con su socio. Era una revista de c&oacute;mics que hab&iacute;a tenido mucho &eacute;xito. Cuando se fue, decid&iacute; que ten&iacute;a que ayudarle a montar su propia editorial. As&iacute; que le dije: &ldquo;No te preocupes, ponemos una editorial t&uacute; y yo, y me voy de Sennacheribbo. Yo me encargo de toda la parte comercial, y t&uacute; de la art&iacute;stica&rdquo;. De este modo, naci&oacute; Editorial Intermargen, que fue una aventura que arranc&oacute; muy bien, hasta que empezamos a perder dinero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Ten&iacute;as experiencia previa como editora?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, pero yo siempre he ido as&iacute; por la vida. Si que hay que montar una editorial, se entera una de c&oacute;mo se monta una editorial, d&oacute;nde te tienes que dar de alta, qu&eacute; hay que hacer, con qui&eacute;n hay que hablar, y adelante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Podr&iacute;a decirse que tambi&eacute;n has sido la agente de Be&agrave;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aparte de su relaci&oacute;n con Toutain, siempre le he hecho yo de agente a Josep Maria. Desde que me conoci&oacute;, se lo he repetido: &ldquo;Mira, lo que yo s&eacute; hacer, puede hacerlo mucha gente. Pero lo que t&uacute; puedes hacer, no; porque eso es un arte que t&uacute; tienes, que no se puede transpolar. Por lo tanto, a m&iacute; no me importar&aacute; hacer cosas que me gusten, pero que vayan en apoyo a que t&uacute; puedas hacer aquello te guste&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;No sent&iacute;as que pon&iacute;as tu vida al servicio de la suya?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute;? Son mis decisiones. Y yo siempre he tenido muy en cuenta toda la ayuda que &eacute;l me proporcion&oacute; para darme otro nivel de de conocimiento y otras relaciones. Por eso he sido yo muy generosa. Siempre he celebrado sus &eacute;xitos como m&iacute;os, porque tambi&eacute;n lo son un poco, o m&aacute;s que un poco.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vivisteis en Castelldefels en la &eacute;poca de las drogas y el rock.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, pero yo no tomaba nada de droga nunca. Es que no quise ni probarla. Soy una persona que s&eacute; que, si pruebo algo que me gusta, no tengo voluntad. Voy a aquello que me gusta, a repetir. No me fiaba de m&iacute;, me conoc&iacute;a. As&iacute;, que mejor no probarla. En Castelldefels viv&iacute;a Pete Sinfield, que hab&iacute;a sido letrista de King Crimson, y nos hicimos muy amigos. Montamos una pandilla. Pete organizaba fiestas particulares en una discoteca que se llamaba El Mosquito, e invitaba a sus amigos que andaban por Espa&ntilde;a de concierto. Ven&iacute;an Roxy Music... Mucha gente. Era fant&aacute;stico.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Siempre he celebrados los éxitos de mi pareja como míos.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; os fuisteis de all&iacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por lo que te he dicho. Porque todo el mundo consum&iacute;a y hab&iacute;a de todo en bandejas. Coca, cristal l&iacute;quido... Ibas a una fiesta, y te recib&iacute;an pregunt&aacute;ndote &iquest;qu&eacute; quieres, subir o bajar? Te ofrec&iacute;an lo que quisieras. Y enseguida empezaron a morirse uno detr&aacute;s de otro. Todo tipo de muertes. Se estampaban por la carretera al salir de una fiesta. Un d&iacute;a me qued&eacute; mirando dentro de mi casa, y le dije a Josep Maria: &ldquo;&iquest;Te das cuenta de que todos los camellos de Castelldefels han estado aqu&iacute;? Si en este momento hay una redada, con el tipo de gente que nos visita no salimos&rdquo;. Josep Maria siempre ha tenido mucha curiosidad por conocerlo todo. Y yo me sent&iacute;a absolutamente aislada. A m&iacute; me gustaba estar con &eacute;l, ir a comer juntos, irme a la playa con &eacute;l... Sin embargo, hubo un momento en que siempre iba sola. Adem&aacute;s, me daba miedo viajar en coche en seg&uacute;n qu&eacute; condiciones. Hasta que al final le dije: &ldquo;Mira, nos estamos jugando la vida. T&uacute; decides. O te quedas con el rollo de Castelldefels, pero entonces te quedas sin m&iacute;, o dejamos Castelldefels y nos vamos juntos&rdquo;. Y dej&oacute; Castelldefels y seguimos viviendo pl&aacute;cidamente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo es tu vida pl&aacute;cida actual?</strong>
    </p><p class="article-text">
        He estudiado. Despu&eacute;s de cuidar a mi suegra, que estuvo cuatro a&ntilde;os viviendo con nosotros, muri&oacute; a los 97 a&ntilde;os, dulcemente, durmiendo, me apunt&eacute; a la escuela de adultos para sacarme el graduado escolar. Y, cuando lo obtuve, me prepar&eacute; para el acceso a la universidad. Lo aprob&eacute; y me matricul&eacute; en Periodismo, en la rama de Humanidades, en la Universitat Pompeu Fabra. Pero solo aguant&eacute; un a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Dejaste la universidad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La empec&eacute; con 60 a&ntilde;os y ahora tengo 77. Era la mayor de mi curso de largo, las que m&aacute;s se me aproximaban eran treinta&ntilde;eras.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Fue por eso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No. Fue porque me decepcion&oacute;. Cre&iacute;a que iba a descubrir que la gente estaba movilizada, y me encontr&eacute; que estaba llena de ni&ntilde;os Dios. Cuando hab&iacute;a que hacer una huelga, la gente se iba al cine. Le dije a un profesor: &ldquo;He venido buscando una revoluci&oacute;n para mejorar o para cambiar algo, y no la encuentro&rdquo;. Su respuesta fue: &ldquo;Tienes una idea muy rom&aacute;ntica de la universidad&rdquo;. Esa forma de ense&ntilde;ar me desmoron&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ay, Mariana. &iquest;Has visto la pel&iacute;cula de Bob Dylan? Trata de un artista que solo se ha sido fiel a s&iacute; mismo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Algo de eso hay. En la universidad, un profesor les dec&iacute;a a los estudiantes que hay que trabajar para los peri&oacute;dicos sin tener en cuenta si son de derechas o de izquierdas, que hay que amoldarse. Fue entonces cuando lo dej&eacute;. Yo no voy a dejar de ser yo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/mariana-bellido-modelo-dibujo-unico-tenia-salir-adelante-pestanas-postizas-minifalda_1_12171520.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Mar 2025 21:21:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mariana Bellido, modelo de dibujo: "Lo único que tenía para salir adelante eran unas pestañas postizas y una minifalda"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cómic,Ilustración,Barcelona,Transición española]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los pragmáticos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/pragmaticos_129_12142667.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5e11cb41-5581-4d4d-b8a8-25b915d2a85d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los pragmáticos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En cuestiones bélicas no se tolera disentir. Lo estamos viendo de nuevo. Parece consenso, pero es una apisonadora. Va de arriba abajo. Lo han decido los Gobiernos, y su plan ahora es imponer esta decisión a sus respectivos ciudadanos. No hay tiempo para convencer, el horno no está para bollos</p></div><p class="article-text">
        Los pragm&aacute;ticos siempre est&aacute;n del lado del poder. No en vano, lo m&aacute;s pragm&aacute;tico es estar con quien manda. Esto lo vemos ahora con los pragm&aacute;ticos en cuesti&oacute;n de defensa. Van de realistas, pero son los m&aacute;s fantasiosos. No solo se lo creen ellos mismos, sino que encima se empe&ntilde;an en hacernos creer a los dem&aacute;s que incrementar el gasto en armas no va a suponer reducir el gasto en otras partidas, sobre todo en las que ata&ntilde;en a los m&aacute;s pringados, que son los que siempre acaban yendo a las guerras como carne de ca&ntilde;&oacute;n. Dan lecciones de realismo, y aseguran que las armas disuaden solo con tenerlas. Pero quien tiene armas las usa. Sucede con la Asociaci&oacute;n Nacional del Rifle, y ocurre con los pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        La alternativa a la guerra es el pacifismo. Solo la paz es lo opuesto a la guerra. La famosa paz romana, aquella m&aacute;xima de clase de lat&iacute;n, que dec&iacute;a &ldquo;Si vis pacem, para bellum&rdquo; (si quieres la paz, prep&aacute;rate para la guerra), la forj&oacute; un Estado imperialista, la antigua Roma, que quiso ser ama del mundo. Siempre es lo mismo, aunque siempre se crea que el momento actual es diferente, pero por eso es lo mismo. Como ser pacifista cuesta la vida, resulta m&aacute;s pragm&aacute;tico tolerar el belicismo, que solo cuesta la vida de los otros. A Jean Jaur&egrave;s, el dirigente socialista franc&eacute;s que se opuso radicalmente a participar en lo que iba a ser la I Guerra Mundial, le mataron de un tiro en Par&iacute;s, para quitarle de en medio, y as&iacute; la guerra pudo tener lugar sin una oposici&oacute;n real. A los pacifistas los matan antes, pero luego va el mogoll&oacute;n al matadero.
    </p><p class="article-text">
        En cuestiones b&eacute;licas no se tolera disentir. Lo estamos viendo de nuevo. Parece consenso, pero es una apisonadora. Va de arriba abajo. Lo han decidido los Gobiernos, y su plan ahora es imponer esta decisi&oacute;n a sus respectivos ciudadanos. No hay tiempo para convencer, el horno no est&aacute; para bollos. Por eso se evita el debate social y pol&iacute;tico. No hay di&aacute;logo, ni preguntas, al respecto. Alg&uacute;n articulillo suelto se puede permitir. Su mera presencia anecd&oacute;tica convierte en an&eacute;cdota cualquier disconformidad.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez que se empieza a decir soberan&iacute;a, la cosa se pone mal. Esto lo aprend&iacute; aqu&iacute;, en Catalunya. Un soberanista es un nacionalista con servicio dom&eacute;stico. Los antiguos eran menos refinados y en vez soberan&iacute;a dec&iacute;an patriotismo. En pol&iacute;tica, es muy dif&iacute;cil liberarse del patriotismo. Hasta a Pablo Iglesias se le llenaba la boca con la palabra patriotismo. Pone mucho arengar a las masas. El soberanismo es el patriotismo pronunciado con Auto-Tune. Lo opuesto a ser soberano no es estar sometido, esto es m&aacute;s bien una consecuencia de lo primero, pues no hay soberanos sin s&uacute;bditos. La soberan&iacute;a no es m&aacute;s que otra forma de ejercer la autoridad, lo mismo da que sea individual o colectiva o popular. El leviat&aacute;n es el buen salvaje con estudios. La &uacute;nica alternativa a ser soberano es ser libre.
    </p><p class="article-text">
        Ahora mismo, un soberanista ser&iacute;a capaz de poner la mano en el fuego amigo para intentar convencernos de que solo la soberan&iacute;a militar garantiza el bienestar social. Y, a la vez, con la otra mano nos tapa los ojos para que no miremos hacia las bases americanas instaladas en Europa. Pero es que la soberan&iacute;a, bien entendida, nunca empieza por uno mismo, sino que empieza y acaba en quien manda. En Espa&ntilde;a fue as&iacute;. De esto, el a&ntilde;o que viene se cumplir&aacute;n 40 a&ntilde;os: una vez hubo aqu&iacute; un refer&eacute;ndum donde se aprob&oacute; el cierre de las bases americanas a cambio de ingresar de pleno en la OTAN. Ni por pienso se iban a cerrar las bases. El pragmatismo es eso.
    </p><p class="article-text">
        Unos meses antes de aquel hist&oacute;rico refer&eacute;ndum de la OTAN, que se celebr&oacute; el 12 de marzo de 1986, el periodista pol&iacute;tico V&iacute;ctor M&aacute;rquez Reviriego (ahora tiene 89 a&ntilde;os, nunca le olviden, escribe mejor que nadie), public&oacute; el libro <em>Cien espa&ntilde;oles y la OTAN</em> (Plaza &amp; Jan&eacute;s, septiembre, 1985). Resulta fascinante repasarlo en estos momentos por much&iacute;simas razones. Los entrevistados (apenas hay mujeres, menos mal que en esto hemos evolucionado), ya hablan del &ldquo;paraguas nuclear&rdquo; (en esto, no hemos conseguido evolucionar). El fil&oacute;sofo Fernando Savater (que entonces era buen salvaje y hoy es leviat&aacute;n) contest&oacute; que algo &ldquo;digno de ser llamado democracia&rdquo; era incompatible con &ldquo;la justificaci&oacute;n pragm&aacute;tica del militarismo, del equilibrio del terror y de la raz&oacute;n de la fuerza&rdquo;. Yo me lo cre&iacute;, y fui form&aacute;ndome con este tipo de ideas.
    </p><p class="article-text">
        Ser pacifista es una cuesti&oacute;n de principios, no de coyuntura. Se es pacifista contra viento y marea. Ni siquiera es un asunto de ser de izquierdas o de derechas. Se es pacifista en primer lugar, y a veces esto nos hace de izquierdas. El pacifismo no cede ante el chantaje pol&iacute;tico, y emocional, que procede desde la propia izquierda. Encima, los gobiernos pasan, pero las armas permanecen. Cada gobierno las gestiona a su manera. El pacifismo es una manera de estar en la vida, donde la paz y la vida van de la mano de manera irreversible.
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada, Emmanuel Macron, el presidente de la Rep&uacute;blica Francesa (el &uacute;nico pa&iacute;s de la Uni&oacute;n Europea que ha fabricado su bomba at&oacute;mica; el Reino Unido, que era el otro pa&iacute;s, se fue de la UE con el Brexit), sostuvo en una entrevista que, en Francia, la vuelta del servicio militar obligatorio no era &ldquo;una opci&oacute;n realista&rdquo;. Pero, no hace tanto, Macron tambi&eacute;n hab&iacute;a dicho, en un discurso, que estaba dispuesto a reinstaurar el servicio militar universal, ya que, y esta era una de sus terribles razones, los j&oacute;venes que actualmente se inscriben voluntarios en el ej&eacute;rcito &ldquo;no son forzosamente representativos de la Francia de hoy&rdquo; (cita de la cadena France Inter, 3 de enero de 2023).
    </p><p class="article-text">
        No es solo en Francia, este es, hoy, el tono general de toda Europa. En Dinamarca, el servicio militar ser&aacute; obligatorio para las mujeres a partir de 2026, como ya lo es en Suecia y en Noruega. Por su parte, el primer ministro polaco, Donald Tusk, ha declarado estos d&iacute;as que tiene la intenci&oacute;n de &ldquo;preparar una formaci&oacute;n militar a gran escala para todos los hombres adultos de Polonia&rdquo; (cita de BBC News Mundo, 7 de marzo de 2025).
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, la vuelta al servicio militar obligatorio no es hoy una propuesta; pero tampoco hoy el aumento del presupuesto militar es una propuesta, sino una orden. &iexcl;Ar! Del mismo modo, cuando se tenga que volver a la mili, se volver&aacute;, y punto, y los pragm&aacute;ticos tambi&eacute;n sabr&aacute;n comprenderlo aunque cueste comprender, tanto como cuesta olvidar, aquel a&ntilde;o largo, de novatadas crueles y humillantes, de arrestos arbitrarios, de j&oacute;venes muertos por accidentes en transportes y en maniobras, muchos de los cuales no quer&iacute;an ser soldados, y de suicidios en las garitas durante las guardias, y de depresiones soterradas... Porque la mili era todo eso, aunque solo se reconociera con la boca peque&ntilde;a. Los ej&eacute;rcitos destruyen por fuera y tambi&eacute;n destruyen por dentro. Cuando el servicio militar dej&oacute; de ser obligatorio en Espa&ntilde;a, el n&uacute;mero de objetores era cada vez mayor. Una avalancha. Estos a&ntilde;os sin mili han servido de desag&uuml;e. Ya pueden empezar de nuevo a reclutar.
    </p><p class="article-text">
        Las palabras son extra&ntilde;as. Se incrementa el gasto en asuntos militares para defender la civilizaci&oacute;n; pero la palabra civilizaci&oacute;n viene de civil, y civil es, precisamente, todo el que no es militar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/pragmaticos_129_12142667.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Mar 2025 21:10:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los pragmáticos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El diente de la serpiente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/diente-serpiente_129_12102228.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/57ed33fe-244b-4421-926a-528b33942bb1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El diente de la serpiente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Volodímir Zelenski vestía, hasta hace poco, de verde militar, de color caqui, y ahora va de negro. En cierto modo, elige su indumentaria; pero lo hace condicionado. En su situación actual, como presidente de un país irreversiblemente invadido, ya solo puede ir de negro</p></div><p class="article-text">
        Como estamos en carnaval, cada cual se viste como quiere. Pero, precisamente, Volod&iacute;mir Zelenski, el presidente de Ucrania, es una de las pocas personas que, ahora mismo, no tiene derecho a vestirse de la manera en que le d&eacute; la gana. Esto no lo comprendi&oacute; Donald Trump, pues es un chulo, y lo que m&aacute;s caracteriza al chulo es su incapacidad para respetar a los dem&aacute;s. Aunque no nos hayamos dado cuenta, en Espa&ntilde;a no hay chulos, hay chulapos. Ah&iacute; reside la diferencia entre Donald Trump, que es un chulo, e Isabel D&iacute;az Ayuso, que es una chulapa. El t&eacute;rmino medio entre el chulo y el chulapo es el chuleta, por ejemplo, Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar. Lo de Abascal, m&aacute;s que de chulo, es de Cthulhu (la criatura de Lovecraft).
    </p><p class="article-text">
        Volod&iacute;mir Zelenski vest&iacute;a, hasta hace poco, de verde militar, de color caqui, y ahora va de negro. En cierto modo, elige su indumentaria; pero lo hace condicionado. En su situaci&oacute;n actual, como presidente de un pa&iacute;s irreversiblemente invadido, ya solo puede ir de negro. Se trata de un color que, en &oacute;ptica, acapara toda la luz, y en el terreno de lo simb&oacute;lico abarca todas las interpretaciones. Por ejemplo, en<em> La monta&ntilde;a m&aacute;gica,</em> de Thomas Mann, hay un personaje que &ldquo;viste de negro para indicar que el &aacute;mbito espec&iacute;fico de sus estudios es la noche&rdquo;, as&iacute; lo define otro personaje m&aacute;s relevante en la novela, el humanista Settembrini.
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n es la noche el &aacute;mbito espec&iacute;fico de Volod&iacute;mir Zelenski. La noche rubia de Putin, por un extremo, y la noche rubia de Trump, en el otro extremo. Los rubios son incriticables. Todo el que critica a Putin acaba envenenado, se demuestra en el libro de Marc Marginedas<em>, Rusia contra el mundo</em> (Pen&iacute;nsula, 2025). Y, por otro lado, ni siquiera Jane Fonda, que le plant&oacute; cara a su pa&iacute;s en la guerra del Vietnam, ha osado en la pasada celebraci&oacute;n de los Oscars tener una mala palabra contra Donald Trump.
    </p><p class="article-text">
        Porque resulta que el trumpismo es el napalm de la pol&iacute;tica. Vlad&iacute;mir Putin, al lado de Donald Trump, es un minorista, pues envenena al detall (al detalle, al por menor, perd&oacute;n por el localismo l&eacute;xico, pero en toda infracci&oacute;n hay un acto de libertad). Lo contempor&aacute;neo, en Putin, es que practica la atenci&oacute;n personalizada en sus envenenamientos. Se esmera en aplicar la sustancia y las dosis id&oacute;neas para cada una de sus v&iacute;ctimas. A cada cual, seg&uacute;n sus necesidades, a&uacute;n le quedan trazas del KGB que le vio nacer.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, Donald Trump procede del futuro. Creo que yo ya no lo voy a ver, pero los m&aacute;s j&oacute;venes lo vivir&eacute;is. Donald Trump es una criatura que ha llegado de la pr&oacute;xima era postapocal&iacute;ptica. As&iacute;, como es &eacute;l, ser&aacute; el mundo despu&eacute;s de la cat&aacute;strofe. Donald Trump es un especulador en un paisaje en ruinas. Donde la humanidad quiere construir los Derechos Humanos, Donald Trump piensa construir Marbella. Lo que no es gusano es ciempi&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Durante sus &uacute;ltimos a&ntilde;os de mandato (perd&oacute;n, iba a poner de dictadura), Fidel Castro se cambi&oacute; el uniforme de color caqui por un ch&aacute;ndal. Son capitulaciones diferentes la de Castro y la de Zelenski. En el ch&aacute;ndal de Castro, hab&iacute;a una rendici&oacute;n ante la vida. En el uniforme negro de Zelenski, hay una rendici&oacute;n de Breda. Pero, a diferencia del Nassau, Zelenski se queda plantado, patidifuso, con la llave en la mano. No tiene, delante, nadie a quien tend&eacute;rsela.
    </p><p class="article-text">
        Europa la desea, porque el <em>hobby</em> de Europa es coleccionar llaveros de casas a las que no quiere ir. Las deja cerradas hasta que se hunden. Ning&uacute;n presidente ha estado tan solo y se ha visto tan tirado en medio de una guerra como Zelenski. Quiz&aacute;, tambi&eacute;n fue el caso de la Espa&ntilde;a de la Rep&uacute;blica durante la guerra civil. Y tal vez, al igual que en nuestra guerra, ahora al resto del mundo le importa un pito esa masacre, pues la comunidad internacional anda ya preparando su gran masacre particular. La comunidad internacional es el m&aacute;s ego&iacute;sta de los individuos. Hasta para sacarse los ojos.
    </p><p class="article-text">
        Las palabras de chulo de Donald Trump han constatado lo que nos hace sentir a los simples mortales el color negro de la vestimenta de Zelenski. Pero, m&aacute;s a&uacute;n que hacernos constatar lo que sentimos, esas palabras de desprecio lo decretan. Zelenski ha sido expulsado del juego, ha sido desterrado de la comunidad internacional. El suyo es el negro del proscrito, como la capa negra del derviche gir&oacute;vago de las canciones de Battiato. El negro es el color de los solitarios, por eso los viudos y las viudas van de negro.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Tun, tun! &iquest;Qui&eacute;n es la comunidad internacional? Abre la muralla a Xi Jinping. Abre la muralla a Donald Trump. Abre la muralla a Vlad&iacute;mir Putin. &iexcl;Caramba, Nicol&aacute;s Guill&eacute;n! &iquest;Y qui&eacute;nes son los otros? Cierra la muralla a los siglos de lucha por los derechos civiles, por la democracia, por la tolerancia, por emanciparse del poder de las religiones. La tendencia, hoy, es decir que la Ilustraci&oacute;n est&aacute; sobrevalorada. &iexcl;Tun, tun! &iquest;Qui&eacute;n es? La motosierra de Javier Milei. Abre la muralla al brazo en alto de Elon Musk. Abre la muralla al saludo nazi de Steve Bannon. La historia siempre pasa dos veces, la primera a modo de accidente, y la siguiente en clave de comedia. &iexcl;Tun, tun! &iquest;Qui&eacute;n es? Donald Trump, el rey de la comedia televisada, el diente de la serpiente.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No eres de los nuestros&rdquo;, esto es lo que sobreentiende siempre que alguien se&ntilde;ala la vestimenta de otro. &iexcl;Ah! Pues, &iexcl;tun, tun! &iquest;Qui&eacute;nes son los nuestros? &iquest;Los que quieren convencernos de que hay que incrementar los presupuestos militares en los pa&iacute;ses de Europa? &iexcl;Armas, armas, armas!, as&iacute; lo gritaba la gente, el pueblo, en las calles de Madrid, en julio del 36, durante los primeros d&iacute;as del levantamiento franquista. Pero hoy son los Gobiernos quienes lo corean. &iexcl;Armas, armas, armas! No se equivoquen, no es lo mismo. &iexcl;Ah! Pues, &iexcl;tun, tun! &iquest;Entonces, d&oacute;nde est&aacute;n los nuestros? Quiz&aacute; en esa soledad, en esa indefensi&oacute;n, en ese sentimiento de haber sido expulsado del juego, que transmite la vestimenta negra de Zelenski.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/diente-serpiente_129_12102228.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Mar 2025 20:49:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El diente de la serpiente]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cristina Caparrós, armadora: "La gran industria pesquera es la que está acabando con el pescado"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/cristina-caparros-armadora-gran-industria-pesquera-acabando-pescado_1_12082615.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ac7ea899-6df7-4933-af60-976c84df8d22_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cristina Caparrós, armadora: &quot;La gran industria pesquera es la que está acabando con el pescado&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hija, nieta y bisnieta de pescadores, Caparrós reivindica la pesca tradicional y repasa los desafíos de un oficio en peligro por la falta de relevo generacional y la tentación de convertir los muelles y puertos en un escaparate turístico más</p><p class="subtitle">El anterior 'La gente habla' | Ricardo Rodrigo, propietario de RBA: “El Che y yo tuvimos con Fidel discusiones que llegaron al borde de la agresión física”</p></div><p class="article-text">
        Todo son m&uacute;ltiplos de dos en Cristina Caparr&oacute;s, y adem&aacute;s rima. Tiene 44 a&ntilde;os, tiene dos hijos y tiene dos barcos. Es hija, nieta, bisnieta de pescadores (y as&iacute; sigue la saga, hasta perderse la memoria familiar), pero no sabe si sus hijos ser&aacute;n pescadores. Corren malos tiempos para la pesca de proximidad, que es como esta armadora prefiere llamar a la pesca de bajura. La industria alimentaria est&aacute; devorando los ecosistemas, y la gentrificaci&oacute;n devora los muelles de los modestos barcos de pesca que van y vuelven a la mar en el d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Cristina Caparr&oacute;s se doctor&oacute; en Qu&iacute;mica y se especializ&oacute; en Biotecnolog&iacute;a. Cuando la llaman de los colegios, les explica a los estudiantes los oficios de la pesca. Tambi&eacute;n ha montado una p&aacute;gina web, La Platjeta, para llevar a domicilio el pescado de sus barcos. Durante los confinamientos de la pasada pandemia, empez&oacute; a recibir montones de encargos en la p&aacute;gina. Pero no quiere competir con las pescader&iacute;as de toda la vida, sino plantear una alternativa a la pesca industrializada. &ldquo;La misi&oacute;n de La Platjeta es evangelizar a la gente para que vuelva a los mercados a comprar el pescado&rdquo;, as&iacute; define su proyecto.
    </p><p class="article-text">
        Mantenemos esta entrevista en el Moll dels Pescadors, del puerto de Barcelona. Igual que en las discotecas antiguamente, para entrar te piden el DNI (el pasado mi&eacute;rcoles 26 de febrero <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/paseo-torre-reloj-gesto-barcelona-230-anos-sistema-metrico-hoy_1_12082723.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se abri&oacute; al p&uacute;blico este recinto</a>). La mar est&aacute; gris y llana. El rumor de los motores recuerda que el trabajo siempre es invisible, y chillan las gaviotas como en una tragedia de Shakespeare. Huele a salitre, a redes, a contenedores, a grasa, a maquinaria y a mar Mediterr&aacute;neo. Est&aacute;n cerradas las puertas de los tinglados y apenas se ven barcos. Los de la pesca de cerco deben andar por Arenys siguiendo al pez. Antes, hab&iacute;a m&aacute;s barcos en este muelle. Pero, actualmente, solo lo habitan 22 embarcaciones, que son: 10 de pesca de cerco, 9 de pesca de arrastre y 3 de artes menores (barcas tasmalleras y palangreras). Tambi&eacute;n est&aacute; en silencio la f&aacute;brica de hielo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Este es un sitio tranquilo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Antiguamente, los pescadores celebraban aqu&iacute; las bodas, las comuniones... Pero, ahora ya no, aunque de vez en cuando a&uacute;n se organice alguna comilona. Aqu&iacute; dentro, el tiempo pasa de otra manera.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo pasa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo marcan la meteorolog&iacute;a y el pescado. Y as&iacute;, est&aacute;s aqu&iacute; o no est&aacute;s. Como hacemos pesca de arrastre, nosotros somos bastante estables. Tiene que haber muy mala mar para no salir. Por lo general, siempre salimos, y pescamos m&aacute;s, o pescamos menos, pero pescamos. Pero con la pesca de cerco no es as&iacute;. Con el cerco, si hace mala mar, si est&aacute; removido, o si hace viento, es m&aacute;s dif&iacute;cil que el pescado se est&eacute; quieto, de modo que es m&aacute;s complicado poder detectarlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y el otro tiempo, el tiempo meteorol&oacute;gico, se parece al de la ciudad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En la mar es distinto. Por mucho que en Barcelona diluvie, no quiere decir que en la mar vayamos a encontrarnos una lluvia que nos impida trabajar. Pero cuando hace mucho sol, hace mucho sol en todas partes. Eso es m&aacute;s parecido. Muchas veces, hay mal tiempo en la mar dos d&iacute;as antes o dos d&iacute;as despu&eacute;s de lo que dicen en tierra. Mi padre se queja cada vez que dan la previsi&oacute;n. Dice que ellos nunca la miraban para salir, y que ahora todos patrones la miran y est&aacute;n demasiado pendientes. Pero tenerla en cuenta es un adelanto, porque puedes planificarte mejor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; hac&iacute;an los pescadores como tu padre, salir a la aventura?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, sal&iacute;an sin mirar y si a media ma&ntilde;ana hab&iacute;a que volver, se volv&iacute;a. Ahora es diferente. Se miran m&aacute;s los costes. El gasoil es un coste muy importante, muy alto. Eso de salir por salir, para que luego resulte que no tienes nada despu&eacute;s de todo un d&iacute;a de pesca, no tiene mucho sentido. Adem&aacute;s, cada vez que sales te cuenta como un d&iacute;a salido, y como tenemos tan pocos d&iacute;as, pues hay veces que preferimos no salir.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;ntos d&iacute;as ten&eacute;is?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues ahora yo no te sabr&iacute;a decir. Nos han ido recortando. No s&eacute; si esta vez nos dar&aacute;n los 140 del a&ntilde;o pasado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;La pesca te crea alg&uacute;n conflicto de conciencia ecol&oacute;gica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, claro, siempre. Aunque realmente pienso que, hoy, somos bastante sostenibles, porque la cantidad de gente que estaba pescando hace unos a&ntilde;os se ha reducido tanto que, ahora mismo, nuestro impacto es muy poca cosa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sois sostenibles por extinci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Realmente eso es terrible, por extinci&oacute;n...
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La gente joven no quiere pescar</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qui&eacute;n quiere pescar hoy?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Casi nadie, gente que igual viene de otros pa&iacute;ses donde ya eran pescadores. La gente joven no quiere pescar. Hacemos proyectos con el departamento d'Educaci&oacute;. Traemos a los ni&ntilde;os aqu&iacute; y les ense&ntilde;amos los diferentes oficios, c&oacute;mo se vive... Porque la pesca engancha. Pero no es un enganche que nazca de la rutina laboral, de pasar muchas horas. Lo que te engancha es la forma de vida. Eres parte de un entorno, de una estructura. Sabes que est&aacute;s en el muelle, y un d&iacute;a cualquiera te puedes comer <em>cap i pota </em>(morro y manitas de ternera, un plato tradicional de casquer&iacute;a), con la familia y con los amigos. O te traen unas sardinas, o te quedas y cenas unas gambas. Y puedes pasar un buen rato con los ancianos escuchando sus historias, que a m&iacute; es una cosa que me gusta mucho.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Tu entorno te absorbi&oacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Siempre te puedes dedicar a cosas m&aacute;s rentables. El embarcarse, el empezar a ser pescador, sucede de una manera org&aacute;nica. De repente, durante un verano, tu familia o un vecino, (imagina que vives en la Barceloneta y tus vecinos son pescadores), te invita a embarcarte un d&iacute;a, o t&uacute; se lo pides por curiosidad, y descubres que te gusta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;As&iacute; fue tu vida?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tengo una foto de cuando era muy peque&ntilde;a, con un jersey rojo, igual ten&iacute;a 5 o 6 a&ntilde;os, y yo ya estaba embarcada. Ahora ya no se puede. Mis hijos no pueden salir a pescar con mi padre. Creo que todas estas cosas tienen un impacto. Yo me he quedado aqu&iacute; porque me gusta todo esto. Me gusta llegar y hablar con Cabrera, que luego vendr&aacute;. Todo eso lo he vivido. Me he criado aqu&iacute; y he jugado aqu&iacute;. Pero ya no es legal que mis hijos vengan a jugar aqu&iacute;. En teor&iacute;a, ni siquiera pueden entrar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La red de la familia es tambi&eacute;n una red de pesca.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sobre todo. Pero eso tampoco significa que aqu&iacute; todos seamos familia. S&iacute; que hay una base familiar. Por ejemplo, el barco que hemos visto parado es de otra familia, y tienen unos hermanos que van en otro barco, y luego hay otros dos barcos que los llevan Joan y Evaristo, que tambi&eacute;n son hermanos. Y est&aacute; el de Francesc y Llu&iacute;s, que lo lleva el primo de Margarita... Pero resulta que, hoy, toda esta gente tiene 50, 52, 54 a&ntilde;os. Y aqu&iacute;, los pescadores, los patrones, los motoristas, suelen jubilarse a los 56, 57, 58 a&ntilde;os... De modo que ya est&aacute;n todos a punto de retirarse. La tripulaci&oacute;n que nosotros llevamos ahora es senegalesa. Gente joven que era pescadora en su pa&iacute;s de origen. Pero tampoco podemos trabajar con muchos de ellos porque, aunque eran pescadores de oficio en sus pa&iacute;ses, no tienen ninguna titulaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Hay que pasar un examen para ser pescador?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para ser pescador, y para ser marinero, como para ser motorista o como para ser patr&oacute;n. El problema es que es un oficio y, si se jubilan los patrones que tenemos, no va a haber nadie para ense&ntilde;arlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y desaparecer&aacute; tambi&eacute;n este muelle?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En este momento veo complicada nuestra supervivencia. Creo que Barcelona ser&aacute; el primer basti&oacute;n de la pesca que caer&aacute;. Antiguamente, Barcelona era un puerto muy importante, por su actividad y por el n&uacute;mero de embarcaciones. Ahora ya no. Hoy son m&aacute;s importantes Vilanova o La R&agrave;pita. O Tarragona, donde todav&iacute;a se mantiene el esp&iacute;ritu de barrio de pescadores, en el Serrallo. All&iacute;, a&uacute;n sigue pasando el oficio de padres a hijos y se contagia a los vecinos. Aqu&iacute;, somos un objetivo de la gentrificaci&oacute;n. Mira este muelle, estamos en un lugar que es muy goloso, que podr&iacute;a ser ocupado perfectamente por yates.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;D&oacute;nde viv&iacute;s los pescadores del muelle?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo vivo en la Barceloneta, con mi marido y mis dos hijos, pero vivir ah&iacute; es un privilegio. Hoy d&iacute;a, resulta muy dif&iacute;cil vivir en un barrio cerca del puerto, que es lo ideal para los pescadores. Mis padres, por ejemplo, viven en la primera calle del Poble-sec. Si ahora viene una familia de pescadores de Senegal, no se puede permitir vivir en la Barceloneta. Tiene que irse lejos, incluso fuera de Barcelona. En una ciudad, es dif&iacute;cil que la pesca siga. En un pueblecito m&aacute;s marinero, m&aacute;s peque&ntilde;ito, todo es a&uacute;n relativamente m&aacute;s f&aacute;cil, porque en verano sufren tambi&eacute;n mucha masificaci&oacute;n, de forma que los pescadores no pueden encontrar una vivienda para todo el a&ntilde;o. El turismo hoy genera m&aacute;s dinero y tiene m&aacute;s importancia social que la pesca. Y as&iacute; nos diluimos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si ahora viene una familia de pescadores de Senegal, no se puede permitir vivir en la Barceloneta</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Tarda mucho en formarse un pescador?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La gente joven lo tiene muy dif&iacute;cil para formarse. Si un chico, pongamos de 18 a&ntilde;os, quiere embarcarse, tiene que hacer un cursillo previamente. Para ello, debe esperar meses a que salga el curso, y cuando lo termina, que dura tambi&eacute;n meses, puede que coincida con que ya no hay temporada de pesca, de modo que a&uacute;n tiene que esperar para empezar a trabajar. As&iacute;, puede transcurrir un a&ntilde;o y medio. Esto es much&iacute;simo tiempo para alguien joven que est&aacute; buscando trabajo. Lo que hacen es irse a la construcci&oacute;n o a la restauraci&oacute;n, donde tienen entrada directa. Nos estamos quedando sin relevo generacional por todas estas razones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cristina, la gente est&aacute; bien pagada en la pesca?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cada uno te dir&aacute; una cosa. Yo creo que no est&aacute;n tan bien pagados como antes. Pero hay barcos, y barcos. A veces, hablamos como si no hubiera precariedad. Y, realmente, todo se tiene que mejorar. Respecto a nuestros barcos, creo que ofrecemos un salario digno en relaci&oacute;n a las horas y los meses que se trabaja.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Se trabaja muchas horas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; lo que pasa es que se est&aacute; embarcado muchas horas. Es una cosa que nunca me preguntaban antes, cuando conoc&iacute;a a gente y habl&aacute;bamos de la pesca. Pero, ahora, cuando vamos a dar charlas para explicar los oficios del mar, siempre nos preguntan cu&aacute;ntas horas se trabaja. Realmente, son muchas. La media va desde las seis de la ma&ntilde;ana hasta las seis de la tarde. Unas doce horas en el mar. No se trabaja todas las horas, pero est&aacute;s ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;A las seis de la tarde, ya se pueden ir a su casa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; tambi&eacute;n vienen muchas quejas. A veces, tienes que tirar un arte en tierra o hay que hacer alg&uacute;n trabajo. O, por ejemplo, el tema de las inspecciones. Porque llega un inspector, y totalmente de acuerdo en inspeccionar lo que haga falta, pero eso quiere decir que tienes que sacar a lo mejor una red de 100 o 200 metros, y luego hay que volver a meterla. Y esto tambi&eacute;n requiere tiempo, tambi&eacute;n es trabajo. Encima, si est&aacute;s en Barcelona, o en Tarragona, o en seg&uacute;n qu&eacute; puertos, hay muchas m&aacute;s inspecciones que en el resto de Espa&ntilde;a. O, al menos, es nuestra sensaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; miran en la inspecci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, que la malla sea reglamentaria, sobre todo, el copo. O que todo el mundo tenga al corriente la revisi&oacute;n m&eacute;dica, que todos los chalecos hayan pasado las revisiones, que los salvavidas est&eacute;n en fecha.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los copos son el extremo final de la malla y, recientemente, </strong><a href="https://www.eldiario.es/economia/ue-pacta-reparto-pesca-2025-medidas-amortiguar-recorte-arrastre-mediterraneo_1_11891456.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Bruselas ha modificado el l&iacute;mite de espesor para ellos.</strong></a><strong> As&iacute; que hay que cambiarlos. &iquest;C&oacute;mo te enteras de los cambios de normativas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En teor&iacute;a, hay reuniones con las cofrad&iacute;as y con las federaciones. Y estas van a Madrid, donde est&aacute;n informados de lo que se decide en Europa. Y as&iacute; la informaci&oacute;n va pasando. Y acaba llegando. Es como te enteras de que tienes que cambiar algo. Por ejemplo, ahora nos piden que cambiemos los copos. Y ha salido la noticia de que la Generalitat y el Gobierno subsidiar&aacute;n estos cambios. Pero, claro, copos hay de 300 a 2.000 euros. Y hasta de 4.000. Y encima, te subvencionan solo dos copos, pero nosotros tenemos diez redes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;D&oacute;nde compras las redes, los copos, todo eso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay una empresa en Galicia, que trabaja de modo tradicional, que a&uacute;n aguanta. Tambi&eacute;n hay otra en Portugal. Y hay una en Holanda.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y en Barcelona?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; ya no queda nada. Antiguamente, ten&iacute;amos El Remitger (ahora siguen por Internet). Incluso, dentro del muelle, hab&iacute;a zonas de compra para artes y aparejos. Y, en la Barceloneta, por todo lo que es el paseo Joan de Borb&oacute;, vamos, el paseo Nacional, hab&iacute;a muchas tiendas para pesca. En la Barceloneta, a&uacute;n nos queda una, que es Hilos Donado. Est&aacute;n al lado del mercado. Ahora tambi&eacute;n venden mucho para decoraciones y hacen reparaciones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Esos hombres que hemos visto antes sentados en el suelo remendando redes son pescadores o son especialistas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Son los pescadores. Apenas hay especialistas. Queda un par, que s&iacute; se dedican &uacute;nica y exclusivamente a remendar y tambi&eacute;n forman parte de la tripulaci&oacute;n. Antes hab&iacute;a m&aacute;s, porque hab&iacute;a m&aacute;s barcos. Antiguamente, este trabajo lo hac&iacute;an las mujeres de los pescadores. Pero eso yo ya no lo he visto. Yo no he visto a mi abuela remendar en la playa de la Barceloneta. La imagen del calcet&iacute;n con el dedo... Yo ya aprend&iacute; a remendar en los caballetes. Antes, lo que hac&iacute;an las mujeres era sentarse y ponerse la red en el dedo gordo del pie, y entonces tiraban de ella.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tu abuelo vino de Granada muy joven, &iquest;se hizo pescador aqu&iacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, pero mi bisabuelo ya era pescador. Hasta donde nos llega la memoria, todos nosotros hemos sido pescadores. Lo que pasa es que, antes de mi abuelo, hac&iacute;an la temporada. Pescaban en Castell de Ferro, que es un pueblo de Granada, aunque tenga este nombre. Dicen que lo fund&oacute; gente de Matar&oacute;. En aquella &eacute;poca, ven&iacute;an aqu&iacute; en verano, o no s&eacute; si era al rev&eacute;s. Pero solo ven&iacute;an los hombres, sin las familias. Y mi abuelo, digamos, es el primero que se queda aqu&iacute; a vivir. En realidad, durante los primeros a&ntilde;os, a malvivir. Andaba por Badalona, por la Barceloneta... Antes, los pescadores hasta dorm&iacute;an en la playa. &iexcl;Papa...!
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Caparrós, a bordo de una de las barcas de la flota del puerto de Barcelona                            </span>
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        Cristina pide ayuda a su padre, que le dicen el Capa abreviando su apellido de Caparr&oacute;s<strong>. </strong>El padre se llama, de nombre de pila, Jos&eacute; Antonio, tiene bigote blanco y barba corta y blanca, usa gafas y est&aacute; dentro del tinglado, o el taller, o la barraca, o como se llame la nave a cuya puerta, Cristina y aqu&iacute; un grumete, nos hemos sentado para mantener la entrevista. Esta explanada recibe el nombre de patio de redes, y se extienden por el suelo las redes largu&iacute;simas de los pescadores. 
    </p><p class="article-text">
        Los objetos ejercen sobre las personas una influencia moral, lo dice Dickens en <em>Nuestro amigo com&uacute;n.</em> As&iacute; era cuando exist&iacute;a el trabajo, cuando los oficios ten&iacute;an su rito de iniciaci&oacute;n y sus herramientas con sus nombres. Las redes negras que hay extendidas son de los barcos que salen de noche (por eso son negras), y esos barcos practican la pesca de cerco y traen sardinas y otros tipos de pescado azul. Y las redes verdes y las azules pertenecen a los barcos que salen de d&iacute;a, como los dos de Cristina, y se dedican a la pesca de arrastre.
    </p><p class="article-text">
        El padre est&aacute; trabajando con un ordenador port&aacute;til, pero no se concentraba porque dec&iacute;a que hoy estaba <em>emboirado</em> (digamos, espeso, <em>boira</em> es niebla en catal&aacute;n). Trabaja en una mesa hecha con un tabl&oacute;n muy largo cubierto con un hule blanco. Junto al ordenador, hay una barra de pan en su bolsa de papel y una lata de at&uacute;n en migas, sin abrir. Al fondo, sobre una cocina, hierve el <em>cap i pota. &ldquo;</em>&iquest;Papa, de d&oacute;nde era el Pedro?&rdquo;, pregunta Cristina. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;El Pedro? De Punta del Moral, de Huelva. Pero, la gente se ten&iacute;a que quedar a dormir en la playa si hab&iacute;a mucho trabajo. Entonces, dorm&iacute;an en la barca. Eso se hac&iacute;a antes, ahora no. Igual se quedaban a cambiar redes, o a remendarlas porque les iban muy bien y hab&iacute;a que arreglarlas al momento para no dejar de usarlas. A lo mejor, les daban las doce de la noche y ya se quedaban a dormir en la barca&rdquo;, responde su padre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cristina, &iquest;cu&aacute;ndo decidiste hacerte pescadora?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde peque&ntilde;a, yo sab&iacute;a que, a m&iacute;, lo que me gustaba era estar aqu&iacute;. Siempre me ha gustado estar encima de los barcos, el ambiente del muelle... Escuchar las historias de los pescadores. A veces, les tienes que tirar mucho para que te las cuenten. No suelen hablar de temporales, ni de accidentes, ni de malos momentos en la mar. Prefieren contar cosas de huelgas, o de otros temas que no son del mar. Lo que yo s&eacute; de mi abuelo, no lo s&eacute; por &eacute;l. Me lo han contado mi padre o Evaristo... Por ejemplo, un verano, en agosto, hubo una tormenta de rayos en la mar. En esa &eacute;poca, siempre hay bastantes tormentas de rayos. Esto sucedi&oacute; con la barca antigua. Le entr&oacute; un rayo por la antena y se quemaron todos los equipos. El rayo flashe&oacute; a mi abuelo durante unos minutos. Debi&oacute; ocurrir despu&eacute;s de los a&ntilde;os 90, porque &eacute;l ya ten&iacute;a tel&eacute;fono y, por eso, lo supimos enseguida. Pero, antes de los tel&eacute;fonos, era muy dram&aacute;tico. Nadie sab&iacute;a qu&eacute; pasaba en la mar. Y encima, mi abuelo ten&iacute;a mucha tendencia a salir siempre, aunque hubiera muy mala mar, aunque hubiera mucha tormenta. Se sal&iacute;a, y se sal&iacute;a. Adem&aacute;s, tambi&eacute;n sab&iacute;as que si ese d&iacute;a consegu&iacute;as pescar algo se iba a vender bien, porque nadie m&aacute;s hab&iacute;a pescado. Era una ventaja en la que te jugabas mucho.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;T&uacute; has pasado miedo en la mar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo no he embarcado nunca de ese modo. Lo m&iacute;o siempre ha sido bastante de recreo, en vacaciones. He salido a pescar muy circunstancialmente, muy poco. T&eacute;cnicamente, soy armadora, aunque me parece pretenciosa la palabra en mi caso. Pero, vamos, los pescadores nunca van a decirte que han pasado miedo. Prefieren no decirlo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Creo que Barcelona será el primer bastión de la pesca que caerá</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Un armador qu&eacute; tiene que hacer?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El armador se dedica a hacer todo lo que se necesita para que el barco salga. Yo llevo m&aacute;s la parte de gesti&oacute;n con mi madre. Por ejemplo, si ahora hay que usar unas puertas voladoras (un tipo de redes) que no toquen el fondo del mar, yo busco una subvenci&oacute;n y la manera de pagarlas. Y mi padre lleva la parte m&aacute;s t&eacute;cnica de la pesca. Se ocupa de las redes, de decidir qu&eacute; sonda es la mejor...
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Tambi&eacute;n decide cu&aacute;ndo hay que salir a pescar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Eso lo hace el patr&oacute;n. Hay como una jerarqu&iacute;a militar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y el patr&oacute;n est&aacute; por debajo de vosotros en la jerarqu&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, a nivel t&eacute;cnico; pero no a nivel empresarial. Nosotros creemos que quien est&aacute; en el barco y quien est&aacute; trabajando es quien tiene que tomar la decisi&oacute;n de c&oacute;mo hay trabajar. Otra cosa es que el patr&oacute;n, que ha aprendido de mi padre, y que ha estado con &eacute;l, vaya y le consulte: &ldquo;Mira, Antonio, me est&aacute; pasando esto, &iquest;t&uacute; qu&eacute; har&iacute;as?&rdquo;. Un patr&oacute;n es alguien con mucho instinto en la mar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo es ese instinto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los patrones tienen una inteligencia y una claridad mental incre&iacute;bles. Deben controlar muchos par&aacute;metros. Saben c&oacute;mo hacerlo, d&oacute;nde hacerlo, cu&aacute;ndo hacerlo. Por eso deciden cu&aacute;ndo se sale. Saben lo que se puede pescar en funci&oacute;n del tiempo que lleven puestas las redes. Deciden c&oacute;mo bajas las redes, c&oacute;mo las subes, qu&eacute; marcha les das... Saben por qu&eacute; les ha ido de una manera u otra. Cu&aacute;ndo les ha revirado el arte o cu&aacute;ndo no van bien. Si te sale mucho fango, quiz&aacute; no es bueno; pero si, a primera hora, te sale tal pescado sabes que all&iacute;, si contin&uacute;as por la tarde, igual sacar&aacute;s otros pescados. Todo eso es experiencia e instinto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;T&uacute; comes pescado congelado?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, yo no como congelado, y espero no tener que comerlo nunca. Con el congelado ya no estamos hablando de pesca, sino de industria pesquera o de industria alimentaria. Hay una gran diferencia. El pescado congelado viene de grandes barcos pesqueros, que tienen plantas de fileteado a bordo, que desechan, que ahora pescan aqu&iacute;, que ahora se quedan all&iacute;, y que est&aacute;n acabando con el pescado. Yo defiendo a los pescadores de proximidad. Nosotros vamos y venimos el mismo d&iacute;a, no manipulamos a bordo, no a&ntilde;adimos ning&uacute;n tipo de producto. Nuestro pescado se vende en la lonja. Hay una trazabilidad, se cumplen las normas de selecci&oacute;n, se colabora con la administraci&oacute;n y con la ciencia. Y esto no se hace en la gran industria.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; hacen en la gran industria?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Acaban con el pescado, porque lo pescan a gran escala y tiran el que no les sirve. Si tienen la planta preparada para filetear merluzas de 1 kilo, tiran todo lo que hayan pescado y no sea eso. En nuestra pesca, no se tira nada que se pueda vender o que se pueda comer. La industria, aparte de esquilmar, tambi&eacute;n altera todo el ecosistema. Y afecta a la econom&iacute;a de los pa&iacute;ses. Por ejemplo, esos pescados peque&ntilde;itos que hab&iacute;a muy cerca de la costa y, que con el cayuco, se los llevaba un pescador senegal&eacute;s, o gambiano. Pero solo se llevaban los que necesitaban para comer. O los que cab&iacute;an en sus barcos, porque tampoco ten&iacute;an muchas neveras, ni mucha electricidad constante. Y los vend&iacute;an en sus puertos, o los intercambiaban por otros productos. Todo esto era pesca sostenible que se ha convertido en inexistente, porque la gran industria ha alterado los ecosistemas, y se han quedado sin pesca. Hoy, esos pescadores vienen a Europa a buscarse la vida, porque ya no pueden trabajar en su pa&iacute;s. Son buenos pescadores, pero aqu&iacute; no les dejamos pescar, porque no tienen papeles y no podemos contratarlos, y hacen de manteros. Mientras tanto, nosotros estamos sin personal para salir a pescar, lo cual ya es el sinsentido total.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/cristina-caparros-armadora-gran-industria-pesquera-acabando-pescado_1_12082615.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Feb 2025 21:33:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cristina Caparrós, armadora: "La gran industria pesquera es la que está acabando con el pescado"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pescadores,Pesca,Pescado,mujeres,Barceloneta,Barcelona,Gentrificación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todos tenemos un corazón político]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/corazon-politico_129_12063310.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b8333386-400e-4223-a854-8d56986a38e0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Todos tenemos un corazón político"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Europa de hoy, y no digamos Estados Unidos, vota más bien con la bilis. No se vota, se antivota. Votamos por resentimiento. De hecho, hace tiempo que cambiamos las elecciones por las votaciones. Más que elegir a alguien, se vota en contra de alguien</p></div><p class="article-text">
        Lo mismo que los Papas suelen dar catequesis los mi&eacute;rcoles, a m&iacute; me ha tocado opinar los mi&eacute;rcoles en este diario. Por supuesto, les estoy muy agradecido a los lectores, a mis compa&ntilde;eros y a mis jefes; pero, menudo trago. Para opinar, hay que tener una opini&oacute;n. Muchas veces, la opini&oacute;n (y no solo la de los mi&eacute;rcoles) es lo m&aacute;s parecido a impartir doctrina. Vamos, que opinar est&aacute; m&aacute;s cerca de la patrolog&iacute;a (que m&aacute;s o menos consiste en estudiar la vida de los padres de la Iglesia, no confundir con la patr&iacute;stica, que estudia sus escritos), que de la pol&iacute;tica. Porque tambi&eacute;n el art&iacute;culo de opini&oacute;n se escribe en funci&oacute;n de la vida y milagros de un elegido, en este caso, de un pol&iacute;tico. La diferencia fundamental entre un pol&iacute;tico y un santo es que los santos resucitan. Los pol&iacute;ticos son gatos pobres. Solo tienen una vida.
    </p><p class="article-text">
        Para tener una opini&oacute;n pol&iacute;tica, hay que conocer la pol&iacute;tica y hay que saber opinar, cualidades de las que ando falto; por eso, cada vez que me pongo a ello, tengo que inventarme una opini&oacute;n nueva. Es una especie de barraquismo, donde las ideas se levantan como fr&aacute;giles chabolas a las afueras de la gran ciudad del entendimiento. A este chabolismo, antiguamente, se le llamaba escribir. La literatura era inventar. Sencillamente, era eso. Ya no. Ahora, la literatura es explicar. Por su necesidad de explicar las cosas, pero sucede con el arte y la cultura en general, tambi&eacute;n la literatura se ha convertido en doctrina. Hoy, al igual que en la patr&iacute;stica, a una novela se le exige ortodoxia doctrinal (es decir, que no haya herej&iacute;a en sus escritos), y, del mismo modo, al autor se le exige santidad de vida. Antes, a los autores se les ped&iacute;a, sobre todo, inspiraci&oacute;n; pero hoy queremos predicadores en vez de artistas.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, lo que no es barraquismo es barroquismo. Nuestra mejor literatura es la que viene del barroco y la que viene de las barracas. El <em>Lazarillo de Tormes </em>anuncia a ambas. Tambi&eacute;n tenemos una larga tradici&oacute;n en dar santos y en escribir sobre estos. Esto ser&iacute;a el barroquismo. Y lo mismo, en pol&iacute;tica, es barraquismo. Sin embargo, el santo espa&ntilde;ol no es barroco, lo es su representaci&oacute;n, que viene luego. Entre nosotros, el santo aspira a la barraca. Este camino de santidad llega hasta las Misiones Pedag&oacute;gicas de la Segunda Rep&uacute;blica, y cobra su mayor dimensi&oacute;n cuando Garc&iacute;a Lorca llama a su compa&ntilde;&iacute;a de teatro itinerante La Barraca. En pol&iacute;tica, la barraca significa otra cosa. A menudo, se le llama chiringuito.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s que en Espa&ntilde;a, el pol&iacute;tico que aspira a la santidad se da en Francia. Como ese pa&iacute;s es la cuna del laicismo, a los franceses no les ha quedado m&aacute;s remedio que rellenar el santoral con pol&iacute;ticos. Nadie mejor que un santo, o que un pol&iacute;tico, ha comprendido que el fin de nuestros cuerpos es la corrupci&oacute;n. Por eso, tanto en pol&iacute;tica como entre los santos, lo incorrupto toma la categor&iacute;a de milagro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Jam&aacute;s hubiera sido presidente de la Rep&uacute;blica sin la enfermedad y la muerte del presidente Pompidou&rdquo;, as&iacute; empiezan las memorias pol&iacute;ticas de Val&eacute;ry Giscard d'Estaing, que constituyen una trilog&iacute;a titulada <em>El poder y la vida. </em>La enfermedad y la muerte figuran desde el principio de este libro como cuando, en la pintura barroca, se representa el tema del Descendimiento de la cruz. Tambi&eacute;n aqu&iacute;, Giscard quiere sostener el cuerpo sin vida de Pompidou, una vez ha cesado su inmolaci&oacute;n f&iacute;sica. La generaci&oacute;n de Giscard ha le&iacute;do en directo a Graham Greene (pues luego hay un momento, ya antes de que mueran, en que empezamos a leer a nuestros autores en diferido), y, a causa de ese estrecho v&iacute;nculo hist&oacute;rico, el pol&iacute;tico franc&eacute;s titula a la manera del escritor ingl&eacute;s. Pero, sobre todo, Giscard titula como Graham Greene porque ambos son reconocidos cat&oacute;licos.<em> El poder y la gloria,</em> el t&iacute;tulo de la famosa novela de Greene que inspira a Giscard, procede de una frase que se dice despu&eacute;s del Padrenuestro.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, Giscard comprende la diferencia entre un santo y un pol&iacute;tico. El primero busca la gloria,&nbsp; el segundo se conforma con la vida. Y en los dos casos, se trata de una cuesti&oacute;n de poder humano. &ldquo;Usted no tiene el monopolio del coraz&oacute;n&rdquo;, esta es la cita m&aacute;s famosa de Giscard. Se lo solt&oacute; a Mitterrand en un debate televisado, y, en estas memorias, Giscard dice que cree que gracias a esa frase gan&oacute; la presidencia de la Rep&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ndo dejamos de votar con el coraz&oacute;n? As&iacute; era Europa hasta no hace mucho. La Europa de hoy, y no digamos Estados Unidos, vota m&aacute;s bien con la bilis. No se vota, se antivota. Votamos por resentimiento. De hecho, hace tiempo que cambiamos las elecciones por las votaciones. M&aacute;s que elegir a alguien, se vota en contra de alguien. Esto lo trajeron concursos como El Gran Hermano, donde se votaba para expulsar a los habitantes de una casa (era un desahucio consensuado). Un espectador corre menos riesgos que un elector. Su votaci&oacute;n no le acarrea consecuencias. Y as&iacute; actuamos ahora cuando vamos a votar.
    </p><p class="article-text">
        A veces, lo llaman coraz&oacute;n; pero, en realidad, quieren decir rabia. Han trucado las palabras. Y la rabia est&aacute; ganando las elecciones en todos los pa&iacute;ses donde se puede votar. Hoy, se vota en contra del vecino. Hace falta ser un desaprensivo, un canalla, un c&iacute;nico, para querer apropiarse de ese voto de odio, y as&iacute; son los l&iacute;deres de los partidos que est&aacute;n recabando tales votos. En manos de este personal se pone el mundo. La gente est&aacute; rabiosa como en una pel&iacute;cula de Cronenberg, esto es, por contagio telep&aacute;tico. Aunque, al final, la realidad siempre es f&iacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        Los ciudadanos est&aacute;n rabiosos porque el mundo ha cambiado sin su participaci&oacute;n y sin su consentimiento. Y, ahora, se sienten excluidos del juego. M&aacute;s a&uacute;n, se creen expulsados. Est&aacute;n rabiosos porque creen que les han negado hasta el derecho a ser pobres, pues hoy hay otros que son m&aacute;s pobres todav&iacute;a. Es muy dif&iacute;cil no sentirse un pringado cuando no se es nada, ni rico, ni pobre, ni jefe de uno mismo, ni empleado de nadie, ni verdadero propietario de lo suyo, ni despose&iacute;do aut&eacute;ntico.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute;n rabiosos porque todo lo que han heredado, un mundo y una manera de ver el mundo, ya no sirve para leg&aacute;rselo a sus descendientes. Se ha quedado obsoleto. Son los parias de una civilizaci&oacute;n que se ha extinguido y est&aacute;n dispuestos a entrar a saco en las ruinas de sus s&iacute;mbolos llenos de rabia. Eso fue lo que pas&oacute; en el Capitolio cuando Donald Trump perdi&oacute; las elecciones en 2021.
    </p><p class="article-text">
        Pero ahora Donald Trump ha vuelto otra vez y se ha constituido definitivamente en el principal representante de esta manera de sentir. Y, sobre todo, tambi&eacute;n es quien la inocula. Un tipo que ha hecho su fortuna con los negocios inmobiliarios y que manda en un mundo donde el derecho a la vivienda ha sido pulverizado, donde conseguir una vivienda cuesta la vida, incluso f&iacute;sicamente. Una cosa es consecuencia de la otra, por supuesto.
    </p><p class="article-text">
        La oligarqu&iacute;a ha instaurado sus gobiernos tildando de &eacute;lites a quienes viven en las barracas. A impartir doctrina lo llaman libertad de expresi&oacute;n, y al mismo tiempo persiguen, proh&iacute;ben y cancelan cualquier actividad que cuestione sus doctrinas. Los oligarcas lo han convertido todo en doctrina, y hasta sus enemigos compran su juego y hacen lo mismo. Los oligarcas, y m&aacute;s a&uacute;n sus adeptos, se erigen en v&iacute;ctimas de su sistema para que no veamos a las v&iacute;ctimas verdaderas. De tal modo, creemos que la causa de nuestra pobreza es la pobreza de otros m&aacute;s pobres, y no la opulencia de los oligarcas. Los oligarcas son m&aacute;quinas de crear irreversibles v&iacute;ctimas sociales, econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas. Pol&iacute;tica. La oligarqu&iacute;a quiere acabar con la pol&iacute;tica para acabar de una vez por todas con el coraz&oacute;n de la gente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/corazon-politico_129_12063310.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Feb 2025 20:40:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Todos tenemos un corazón político]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los inconformistas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/inconformistas_129_12024723.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f3865162-5749-4b51-8376-b580db894306_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los inconformistas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No hay que darle muchas vueltas, hoy el lobo feroz es Donald Trump, y los países del mundo son tan solo casitas expuestas a sus furibundas embestidas. Cada casa es del material de quien la habita</p></div><p class="article-text">
        Solo pienso en Donald Trump. Se ha convertido en una neurosis personal, como en un cuento fant&aacute;stico de Leopoldo Lugones. Trump es un monstruo moderno. Todo el rato va vestido con los tres colores de la bandera de su pa&iacute;s: traje azul, camisa blanca y corbata roja. Aqu&iacute;, eso lo hizo Fraga con los tirantes. Antes, el populismo se hac&iacute;a con garbanzos, con tirantes... Cosas de realquilados. Ser de derechas consist&iacute;a en conformarse con la vida. Se ve en <em>El conformista,</em> la novela de Alberto Moravia, y tambi&eacute;n en la versi&oacute;n cinematogr&aacute;fica de Bertolucci, los conformistas siempre han sido de derechas. Cuanto m&aacute;s conformista, m&aacute;s de derechas, as&iacute; hasta llegar a ambos extremos. Pero, hoy, la derecha se ha vuelto inconformista. &iquest;Es que no le basta con mandar siempre? En absoluto. La derecha ya no se conforma con nada, ni con s&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Han visto la pel&iacute;cula <em>La sustancia?</em> Parece que va de cuando ya no te quieren para dar saltos, pero tambi&eacute;n es la historia de la derecha, y de la ultraderecha, hoy d&iacute;a; porque explica c&oacute;mo una y otra son la misma derecha, c&oacute;mo ambas forman una sola persona. De un modo religioso, es igual que el misterio de la Sant&iacute;sima Trinidad. Se puede ser uno y trino a la vez, y no estar loco. Y literariamente, es como <em>El extra&ntilde;o caso del doctor Jekyll y el se&ntilde;or Hyde,</em> la novela de Stevenson. Cuando Feij&oacute;o sale traspuesto de una reuni&oacute;n tumultuosa, o lee unas encuestas adversas, entra en p&aacute;nico y cierra la puerta de su despacho para tomar la sustancia que le transformar&aacute; en el se&ntilde;or Abascal. Pero siempre se trata de la misma persona, no se equivoquen. Los oscuros callejones donde no llega la luz de la democracia son su territorio favorito.
    </p><p class="article-text">
        En <em>La sustancia, </em>la bailarina joven sale de dentro del cuerpo de la bailarina envejecida, y una voz telef&oacute;nica le dice: recuerda que t&uacute; eres ella y ella eres t&uacute;. Sois la misma. Bueno, no bailan, hacen aer&oacute;bic. Para sobrevivir, una se alimenta de la otra, y viceversa. Id&eacute;ntico proceso se ha dado entre la ultraderecha actual y la derecha tradicional. La nueva nace en el seno de la vieja. Una a otra se fagocitan a costa de s&iacute; mismas. Y al mismo tiempo, se inicia un proceso de degradaci&oacute;n, igual que ocurre en <em>El retrato de Dorian Gray,</em> la novela de Oscar Wilde. Pero en nuestra vida pol&iacute;tica, lo mismo que en <em>La sustancia, </em>no se degrada el retrato, sino el original, es decir, la democracia. Porque el original de todo partido pol&iacute;tico es el sistema pol&iacute;tico que los origina. Un sistema democr&aacute;tico tiende a originar partidos democr&aacute;ticos, hasta que empieza a descomponerse, a corromperse cuando los protagonistas venden su alma al diablo.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; mismo, Donald Trump surge del seno del partido Republicano. Alguien lo introdujo desde afuera como una sustancia extra&ntilde;a. O se introdujo a s&iacute; mismo, no vamos a ponernos picajosos, pues, sea como sea, el resultado es que Trump necesita parasitar un cuerpo pol&iacute;tico, y lo hace hasta el grado en que el partido depende de &eacute;l para sobrevivir y, finalmente, &eacute;l y el partido constituyen una misma persona. De este modo nacen los totalitarismos. La directora de <em>La sustancia,</em> Coralie Fargeat, es francesa, de Par&iacute;s, la vieja naci&oacute;n donde el lepenismo se ha convertido en un t&iacute;tulo hereditario capaz de hacerse con el latifundio de toda Francia. En Europa, sabemos mucho de esto.
    </p><p class="article-text">
        Otra pel&iacute;cula reciente,<em> Sangre en los labios, </em>de la directora inglesa Rose Glass, comparte con <em>La sustancia, </em>no solo el discurso antipartriarcal, sino tambi&eacute;n el desmadre a la americana, tener un final apocal&iacute;ptico y sin freno. Las descabelladas pelis de la Troma, en una, y la parodia del incre&iacute;ble Hulk, en la otra, son el pretexto para sus respectivos delirios en las escenas finales. M&aacute;s que hablar de la vida, es cine que habla de c&oacute;digos. Esto, ahora, se llama resignificaci&oacute;n; pero en las canciones de Quilapay&uacute;n se le dec&iacute;a: el d&iacute;a en que la tortilla se vuelva. Ha desaparecido el lenguaje de la calle, y por eso el pueblo ya no tiene voz. La voz llega del otro lado del aparato telef&oacute;nico, de alguien que nunca vemos, como en <em>La sustancia. </em>A esta voz, hoy la llamamos lenguaje acad&eacute;mico. Cuanta m&aacute;s resignificaci&oacute;n, menos tortilla. Por otro lado, los garbanzos no crecen en las tierras raras. Trump prefiere los casquetes de hielo.
    </p><p class="article-text">
        Como dec&iacute;a Colombo, &iquest;me permiten una &uacute;ltima pregunta? Y la pregunta es: &iquest;recuerdan el cuento de los tres cerditos y el lobo? Es que esto lo comprend&iacute; el pasado domingo viendo la obra de teatro <em>Tres porques,</em> de la compa&ntilde;&iacute;a El Eje, en la sala Beckett, de Barcelona. Soy fan de la compa&ntilde;&iacute;a El Eje. Son tres: Mar Pawlowsky, Eric Balb&agrave;s y Maria Hern&aacute;ndez Giralt. Es gente de acci&oacute;n directa. Acci&oacute;n teatral, quiero decir. En su nueva obra (creada y escrita junto a Carla Tovias y Pau Masal&oacute;), le dan la vuelta a la tortilla (resignificar no cabe aqu&iacute;) del cuento de los tres cerditos. Es muy buena.
    </p><p class="article-text">
        La protagonizan tres cerdas, que son tres obreras de la construcci&oacute;n que est&aacute;n levantando un matadero, o una nave. Vamos, que la obra teatral es una obra de currantes donde las obreras trabajan como cerdas, donde son explotadas igual que los cerdos de un matadero. Esta es la situaci&oacute;n real de la mayor&iacute;a de las trabajadoras del sector industrial c&aacute;rnico. En la obra teatral, el testimonio en v&iacute;deo de Kana da fe de la infame situaci&oacute;n laboral en la que se encuentran. Sobre el escenario, el sacrificio de los cerdos es el sacrificio humano de las trabajadoras. Como en <em>La sustancia</em> y en <em>Sangre en los labios</em>, aqu&iacute; el discurso cr&iacute;tico alcanza al final de la obra un tono delirante, sat&iacute;rico, y las cerdas sacrificadas reparten bocadillos de salchichas entre los espectadores. No se la pierdan, aunque solo sea por salir merendado.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Tres porques, </em>hay una alusi&oacute;n rabiosa a la versi&oacute;n del cuento de los tres cerditos y el lobo, que hizo Walt Disney en sus famosos dibujos animados. Era el a&ntilde;o 1933, Estados Unidos estaba en plena Gran Depresi&oacute;n, y aquel cortometraje irrump&iacute;a con el mensaje salv&iacute;fico del capitalismo liberal. Por supuesto, en los dibujos de Disney ning&uacute;n cerdito muere entre las fauces del lobo feroz, ni el lobo paga con su vida tanta ferocidad. Aqu&iacute;, los cerdos se salvan tan solo gracias al trabajo duro y sin protesta. La canci&oacute;n de estos dibujos, <em>&iquest;Qui&eacute;n teme al lobo feroz?,</em> se hizo muy famosa entonces. Una lectura psicoanal&iacute;tica nos permite identificar al lobo feroz con la crisis econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde, Walt Disney insistir&iacute;a en las virtudes del esfuerzo de los trabajadores cuando todo va mal. De tal modo, en su versi&oacute;n de <em>Blancanieves, </em>de 1938, incluy&oacute; otra canci&oacute;n muy pegadiza que entonar&iacute;a todo el pa&iacute;s al un&iacute;sono: <em>Silbando al trabajar.</em> No era l&iacute;cita otra actitud. Trabajar y callar. Tal vez silbar. La canci&oacute;n acompa&ntilde;aba el desfile de los siete enanitos obreros que iban alegres al tajo diario. El compositor de ambos &eacute;xitos, <em>&iquest;Quien teme al lobo feroz?</em> y <em>Silbando al trabajar</em>, estaba alcoholizado y acab&oacute; peg&aacute;ndose un tiro en el coraz&oacute;n, con su escopeta, en el sof&aacute; de su casa. Ten&iacute;a 40 a&ntilde;os y se llamaba Frank Churchill. Cuando se mat&oacute;, trabajaba en la m&uacute;sica de<em> Bambi,</em> la historia de un cervatillo en medio de un incendio, que, en el lenguaje de Walt Disney, mostraba como se sent&iacute;an los americanos en plena segunda guerra mundial.
    </p><p class="article-text">
        He invocado tres veces seguidas el nombre de Walt Disney a pesar de que en <em>Tres porques </em>avisan de que hacerlo ante un espejo (cada art&iacute;culo es un espejo donde se reflejan quienes leen y quien escribe) puede traer graves consecuencias. De hecho, en la obra, cada vez que sale su nombre saltan los plomos.
    </p><p class="article-text">
        No hay que darle muchas vueltas, hoy el lobo feroz es Donald Trump, y los pa&iacute;ses del mundo son tan solo casitas expuestas a sus furibundas embestidas. Cada casa es del material de quien la habita. Groenlandia est&aacute; hecha de hielo, por supuesto. M&eacute;xico es una enorme pir&aacute;mide misteriosa. Panam&aacute; es simplemente agua. Y el resto del mundo canta la pegadiza canci&oacute;n para que se le pase el miedo. Es decir, se conforma.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/inconformistas_129_12024723.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Feb 2025 21:23:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los inconformistas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ricardo Rodrigo, propietario de RBA: "El Che y yo tuvimos con Fidel discusiones que llegaron al borde de la agresión física"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/ricardo-rodrigo-propietario-rba-che-tuvimos-fidel-discusiones-llegaron-borde-agresion-fisica_128_12002771.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b1fd8d1d-cf53-4983-9485-7866db85320c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ricardo Rodrigo, propietario de RBA: &quot;El Che y yo tuvimos con Fidel discusiones que llegaron al borde de la agresión física&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nacido en Buenos Aires, fundó en Barcelona el que es el tercer grupo editorial en España y en esta entrevista, la primera en 10 años, repasa su vida, desde la época de guerrillero a su amistad con Julio Cortázar o García Márquez</p><p class="subtitle">El anterior 'La gente habla' - Victoria Bermejo, escritora: “En Barcelona ya no hay ningún sitio donde puedas ir a cenar a las tres de la mañana”</p></div><p class="article-text">
        Ricardo Rodrigo (Buenos Aires, 1947), es el due&ntilde;o de RBA, el tercer grupo editorial de Espa&ntilde;a despu&eacute;s de Planeta y Penguin Random House. Su despacho est&aacute; en la planta 17 de un edificio de 19.000 m2, dise&ntilde;ado por el estudio de arquitectos de Oriol Bohigas. Nos ha contado que Bohigas solo proyectaba obra p&uacute;blica, pero que con &eacute;l hizo una excepci&oacute;n por amistad. Diecisiete plantas y cuatro s&oacute;tanos. Ricardo Rodrigo es como su edificio. Pero, en &eacute;l, lo subterr&aacute;neo es el fantasma de la lucha clandestina. Los s&oacute;tanos son su subconsciente. 
    </p><p class="article-text">
        Amigo de Judith Miller, la hija de Lacan, Ricardo Rodrigo se someti&oacute; a psicoan&aacute;lisis durante 23 a&ntilde;os. Su primera mujer, su hermana y su hija peque&ntilde;a son psicoanalistas. No hay imperio sin catacumbas. La sede de RBA se encuentra en la Diagonal, en el famoso 22@, la cotizada zona del Poblenou donde las viejas chimeneas de ladrillo yacen a la sombra de rascacielos de cristal. Si se sigue rumbo al F&ograve;rum, al final se llega al violento barrio de La Mina. Otro subsconsciente de nuestra ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Todo es blanco en su despacho, pero no como un iceberg. Parece m&aacute;s bien un fotograma de 2001: <em>Una odisea del espacio</em>. Solo el blanco sabe mostrar as&iacute; esa sensaci&oacute;n de soledad y poder. Que se lo pregunten, si no, al capit&aacute;n Achab en su caza de Moby Dick. Ni un papel en su mesa. No le hacen falta para negociar. Viste sin llamar la atenci&oacute;n, traje y camisa sin corbata, y calza mocasines. El traje nuevo del emperador siempre es invisible. Los que mandan no van desnudos, esas son cosas de pobres. Guarda en un ropero una camiseta gruesa, que se pone en los d&iacute;as de fr&iacute;o cuando est&aacute; solo en el despacho.
    </p><p class="article-text">
        Tres pinturas de Francis Bacon y una de Mir&oacute; ocupan las paredes del extremo donde conversamos la directora adjunta de este diario, Neus Tom&agrave;s, y, aqu&iacute;, un amigo, con el entrevistado, Ricardo Rodrigo. Luego vendr&aacute; el fot&oacute;grafo, Kike Rinc&oacute;n, con su guerrilla de objetivos y la mochila. Ricardo Rodrigo se explica lentamente y sus p&aacute;rrafos son densos y surgen llenos de zonas inexploradas. Habla como avanzando por la selva de los cuentos de Horacio Quiroga. Nunca se sabe d&oacute;nde acaba la selva de omb&uacute;s y tucanes, y empieza la jungla de cristal.
    </p><p class="article-text">
        Pero algunas de las cosas m&aacute;s importantes las dice de pie. Cuando nos despedimos, Ricardo Rodrigo se queda al otro lado de la l&iacute;nea de sombra, y nos dice taciturno que, de alg&uacute;n modo, todos se lo esperaban, aunque &eacute;l se resist&iacute;a a creer que fuera inevitable. As&iacute; son las enfermedades gen&eacute;ticas. Recientemente, en un lapso de cinco a&ntilde;os, han fallecido su hijo Juan Manuel, de 47 a&ntilde;os, y el pasado noviembre, su hija Ana, de 58. Ambos le ayudaban a dirigir RBA. Era algo que todos tem&iacute;an desde que muri&oacute; Ana, la madre, ya hace mucho tiempo, en plena treintena. 
    </p><p class="article-text">
        Junto a su despacho, est&aacute; la enorme biblioteca de tres niveles, donde se exhibe el fondo hist&oacute;rico de la editorial, y tambi&eacute;n hay otros libros, pues adem&aacute;s tiene muchos de editoriales que han ido comprando, como Molino (donde estaban Agatha Christie y Guillermo, el travieso). A la inversa de la canci&oacute;n &ldquo;&iquest;Hay alguien ah&iacute; afuera?&rdquo;, de Pink Floyd, nunca hay nadie aqu&iacute; adentro. Es dif&iacute;cil saber el lado del muro en el que se est&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vosotros erais los elenos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;De d&oacute;nde sacas esa palabra? Hac&iacute;a a&ntilde;os...
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo he le&iacute;do por ah&iacute;. (A los del ELN los llamaban elenos. ELN eran las siglas del Ej&eacute;rcito de Liberaci&oacute;n Nacional, una guerrilla latinoamericana, aunque la palabra eleno, pronunciada, tiene resonancias de la Grecia cl&aacute;sica). Sois unos cl&aacute;sicos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo dirig&iacute;a el ELN argentino. Entren&eacute; mucho tiempo en Cuba, en Argelia... Me siento orgullos&iacute;simo de todo ese tiempo. No tengo ning&uacute;n inconveniente en hablar de ello.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo empez&oacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En la facultad de Derecho de Buenos Aires. Era la m&aacute;s politizada. Est&aacute;bamos nosotros por un lado y, por otro, estaba el sindicato de Derecho. Obviamente, hab&iacute;a un enfrentamiento. Pero con tiroteos. Entonces, la facultad era dura. Para resumirlo claramente: el jefe del sindicato de Derecho luego fue jefe de polic&iacute;a de la dictadura militar. Un d&iacute;a, en el gimnasio de la facultad, yo estaba entrenando con un amigo, y entr&oacute; este tipo, que se llamaba Graci Susini. Mi amigo y yo nos pusimos espalda contra espalda, pues nos rodearon. Eran como quince. Entonces dijo: No, a estos no los toqu&eacute;is. Estos son valientes. Solo queremos cargarnos a los mariquitas comunistas. Bueno, nosotros pensamos: Pues no lo tenemos muy bien. El caso es que se dieron media vuelta y se fueron. Los fachas tienen ese curioso sentido de la valent&iacute;a y la cobard&iacute;a. Un mes antes, hab&iacute;a muerto un compa&ntilde;ero nuestro. Ellos entraron en nuestro local y lo mataron. Era del Partido Comunista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Entonces, te llamabas Antonio.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero, bueno... Ahora cu&eacute;ntame tu vida. Est&aacute;bamos perseguidos. En los cuatro &uacute;ltimos a&ntilde;os de vivir en Buenos Aires, no dorm&iacute; dos noches en una misma casa. Cambiaba cada d&iacute;a. Hab&iacute;an puesto en la calle carteles con nuestras fotos, en plan enemigo p&uacute;blico n&uacute;mero uno.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo lo viv&iacute;a tu familia? &iquest;Ten&iacute;an miedo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No. Mi padre era socialista, yo me hab&iacute;a formado en ese ambiente. Porque los dirigentes socialistas..., algunos eran execrables, pero otros no. Realmente, era gente seria. Yo nunca he dejado de ser socialista. Pero tampoco he sido nunca de partido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero estabas en el MUR (Movimiento Universitario Reformista).</strong>
    </p><p class="article-text">
        Precisamente, como todo lo que lo que plante&oacute; el ELN. Era algo absolutamente transversal. En el MUR hab&iacute;a comunistas, trotskistas, peronistas..., todo tipo de izquierda. Obviamente, de derecha, no.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;La carrera de Derecho la acabaste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, s&iacute;. Y practiqu&eacute; la Medicina, aunque no la estudi&eacute;, pero la guerrilla era un curso pr&aacute;ctico muy bestia. En la columna hab&iacute;a seis o siete m&eacute;dicos, y sin embargo muchos prefer&iacute;an que los atendiera yo. De modo que todo eso de cortar, sajar..., me lo tomaba con absoluta naturalidad. Realmente, a veces, el m&eacute;dico estaba demasiado lejos. O en ese grupo en el que &iacute;bamos, porque las columnas se divid&iacute;an y tal, no hab&iacute;a ning&uacute;n m&eacute;dico y, bueno, me designaban a m&iacute; para esas cosas. A veces, me tomaban por m&eacute;dico. Aqu&iacute; tambi&eacute;n me ha pasado. Una vez fui a visitar a <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Sampayo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carlos Sampayo</a> al hospital y la enfermera me confundi&oacute; con un doctor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El Che tambi&eacute;n era m&eacute;dico, &iquest;le conociste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo estaba ungido por el Che y nadie discut&iacute;a mi jefatura. Esa era la situaci&oacute;n cuando decidimos marcharnos de Argentina. Y lo digo en plural, porque nos fuimos 23, y no 23 cualesquiera, sino, digamos, toda la c&uacute;spide de la pir&aacute;mide, todos los que hab&iacute;amos estado en Cuba, en Argelia, en Vietnam, en China, es decir, los que ten&iacute;amos mayor formaci&oacute;n pol&iacute;tica; pero, adem&aacute;s, mayor formaci&oacute;n en lo que a lo militar se refiere.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; hac&iacute;ais en tantas partes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El proyecto era crear una lucha coordinada en Brasil, Uruguay, Argentina, Bolivia, Per&uacute; y Chile. Los cubanos, y esa es la cuesti&oacute;n principal, y la causa por la que me cuesta mucho hablar de esto, iban por otro lado. El Che y yo tuvimos con Fidel discusiones que llegaron al borde de la agresi&oacute;n f&iacute;sica. El Che siempre fue socialista. Cuando, despu&eacute;s de la crisis de los misiles, se lleg&oacute; al pacto de coexistencia pac&iacute;fica, la primera condici&oacute;n que puso la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, porque lo hab&iacute;a acordado as&iacute; con los americanos, era que hab&iacute;a que acabar con la lucha armada en Am&eacute;rica Latina. Y con el primero que quer&iacute;an acabar era con el propio Che.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Partido Comunista espa&ntilde;ol tuvo una trayectoria totalmente diferente. Fue un partido que combati&oacute; en la guerra. Pero el Partido Comunista argentino era igual que el PP/Vox. Estaba al servicio absoluto. Hab&iacute;a que acabar con el Che, y se convirtieron en nuestros principales enemigos. Entonces, sucedi&oacute; algo que tan solo Cuba podr&iacute;a haberlo hecho as&iacute;. La primera v&iacute;ctima fue Inti Peredo, que lo hab&iacute;amos designado jefe de todo un poco, porque ya hab&iacute;a estado con el Che en la primera etapa... 
    </p><p class="article-text">
        El Che hab&iacute;a nombrado a su hermano, Coco Peredo, jefe de Bolivia. Pero, entonces, en septiembre del 69, asesinaron a Inti. En noviembre del 69, asesinaron a Mariela, que era l&iacute;der de Brasil. En mayo del 70, asesinaron a Elmo Catal&aacute;n, que era el responsable de Chile, digamos, de una escisi&oacute;n del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) volcada a la lucha armada. Curiosamente, la segunda de Elmo Catal&aacute;n era Tati Allende, la hija de Salvador Allende. Pero nosotros &iexcl;no &iacute;bamos a luchar contra Allende!, era un contrasentido. De todos modos, nos dec&iacute;amos un d&iacute;a u otro caer&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Nadie se dio cuenta de lo que estaba pasando?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, es que en esto el periodismo y los historiadores tambi&eacute;n tienen una responsabilidad. Porque todos los l&iacute;deres guerrilleros de Am&eacute;rica, Johnson en Guatemala, que llevaba a&ntilde;os combatiendo, Douglas Bravo en Venezuela... Todos dijeron: Cuba nos est&aacute; traicionando. Y nadie dijo nada. Y aqu&iacute;, las discusiones que ten&iacute;amos al principio eran, para m&iacute;, un poco surrealistas, porque esas en Am&eacute;rica Latina no se pod&iacute;an tener.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; se calla?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute;, el mundo es curioso. Claro, siempre la izquierda calla. La izquierda... Pero, bueno, esta es una palabra de mi &eacute;poca. Luego se cambi&oacute; por progresismo... Todo se diluye tanto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Es herm&eacute;tico tu pasado en Argentina?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, no. Est&aacute; todo en los archivos militares. Saben m&aacute;s ellos, que yo. Algunas cosas hasta me sorprendieron.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Llegaste a estar detenido?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. Cuando muri&oacute; mi padre. Yo ya llevaba m&aacute;s de un a&ntilde;o sin militar, pero me acerqu&eacute; a mi familia por la muerte de mi padre. No fui a la casa, pero l&oacute;gicamente ten&iacute;an todo un aparato montado. Eran los de la Triple A.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; te hicieron?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Guant&aacute;namo. Lo curioso es que hay partes militares que dicen: General, este hombre ha sido preparado para la tortura. Ya se ha desmayado varias veces. No nos va a decir ni una palabra ya. Si quiere, lo matamos; pero no le vamos a sacar ni una palabra. S&oacute;lo te digo que por todo el abdomen, desde aqu&iacute; hasta todo esto, tengo todos los m&uacute;sculos desgarrados; porque lo m&aacute;s suave que me hac&iacute;an era ponerme en una cruz con tres picanas grandes, y aplicarme descargas el&eacute;ctricas simult&aacute;neas. Se iban desgarrando los m&uacute;sculos. 
    </p><p class="article-text">
        Llegu&eacute; a Espa&ntilde;a con una faja. El m&eacute;dico me hab&iacute;a dicho: Ponte una faja porque se te saldr&aacute; todo. Y cuando vine, coincidi&oacute; que acababan de abrir el hospital de Bellvitge. Aqu&iacute;, me preguntaban: &iquest;C&oacute;mo se ha hecho usted esto? Pues, mire, jugando al tenis. &iexcl;Hombre, jugando al tenis...! Pero, claro, estando aqu&iacute; con Franco, &iquest;qu&eacute; iba a decir? El caso es que no preguntaron m&aacute;s y me operaron.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo más suave que me hicieron fue ponerme en una cruz con tres picanas grandes, y aplicarme descargas eléctricas simultáneas. Se iban desgarrando los músculos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te hab&iacute;an entrenado para soportar las torturas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, te preparan. Sobre todo, si vas a liderar un pa&iacute;s, m&aacute;s. El que me entren&oacute; personalmente era jefe de la RDA, Klaus... Vaya, ahora me sale Klaus Barbie.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El criminal nazi.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues mira, a Klaus Barbie lo conoc&iacute; en Bolivia. Es que su sobrina, Monika Ertl, a la que &eacute;l hizo matar, estaba con nosotros, y much&iacute;simas noches, en Bolivia, dorm&iacute;a en su casa. Ella era alemana, y viaj&oacute; a Hamburgo, donde estaba de c&oacute;nsul el que hab&iacute;a ordenado asesinar al Che. Claro, al ser alemana se desenvolv&iacute;a muy bien all&iacute;. As&iacute; que, bum, bum, bum, le peg&oacute; tres tiros al c&oacute;nsul, y se fue. Entonces, claro, cuando volvi&oacute; a Bolivia, aguant&oacute; dos o tres meses, porque ella tambi&eacute;n militaba y sab&iacute;a cuidarse, pero, bueno, estos cabrones tambi&eacute;n sab&iacute;an de eso, y la ametrallaron en una calle, creo que de La Paz.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; piensas cuando oyes definir Cuba como un experimento fallido?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, un experimento fallido no fue. Tal vez podr&iacute;a definir as&iacute;, y me costar&iacute;a mucho, a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Pero Cuba, no. Fidel Castro fue un sinverg&uuml;enza desde el primer d&iacute;a. Y no ten&iacute;a ninguna ideolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; lo dejasteis?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mientras yo dirig&iacute; la organizaci&oacute;n, no hubo ni un muerto, ni un herido. Pero esto lo aprendimos del Che. El mito del grupito en la monta&ntilde;a, eso es aberrante. Es decir, nunca hubi&eacute;semos triunfado en la Sierra Maestra, si no hubiese existido el movimiento 26 de Julio. Hay que tener implantadas en todas las ciudades organizaciones pol&iacute;ticas para que den soporte a lo que despu&eacute;s ser&aacute; la guerrilla urbana. Nuestra renuncia vino a consecuencia de que plante&aacute;bamos una lucha continental, que acabar&iacute;a en un enfrentamiento con el ej&eacute;rcito en la selva; pero que, inicialmente, ser&iacute;a una fase de propaganda armada mediante acciones simp&aacute;ticas, sin sangre y que convencieran a la gente. Pero no pudo ser.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo es una acci&oacute;n simp&aacute;tica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute;, por ejemplo, Pepe Mujica. Esa fue una acci&oacute;n simp&aacute;tica. Secuestraron, nosotros dimos mini apoyo, pero bueno, a un alto cargo ministerial con todo lo que sab&iacute;a y lo que no sab&iacute;a. Entreg&oacute; a todo el mundo sin tocarle un pelo. &iquest;Y ahora qu&eacute; me vais a hacer? No, no, ya est&aacute;. Se acab&oacute; la entrevista. Salga a la calle. No lo mataron de milagro, pero se tuvo que ir de Uruguay. Denunci&oacute; todos los pactos con la CIA, todos los secuestros... Bueno, era c&oacute;mico, porque no se le dio ni una bofetada. Simplemente se le sent&oacute; a grabar y el t&iacute;o se asust&oacute;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mientras yo dirigí la organización, no hubo ni un muerto, ni un herido. Pero esto lo aprendimos del Che</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; ha quedado de aquel esp&iacute;ritu, de aquella guerrilla de Am&eacute;rica Latina?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nada. Tras el asesinato del Che y el intento nuestro, se acab&oacute; todo. Por ejemplo, a Mariela (la primera mujer guerrillera del ELN), le sucedi&oacute; el comandante Clemente hasta el final. Clemente vino a verme infinidad de veces aqu&iacute;. Tambi&eacute;n vino Ra&uacute;l Sendic, que era de los Tupamaros. De Bolivia vino mucha gente, pero no de los dirigentes. Porque, claro, el Chato subi&oacute; con un grupito de gente a la que exterminaron en tres o cuatro meses. Nosotros nos hab&iacute;amos tirado a&ntilde;os en la selva y le advertimos de que no pod&iacute;a subir as&iacute; a esos chicos de la universidad. Ni har&aacute; falta el ej&eacute;rcito. Se morir&aacute;n solos... Todo esto dio lugar a que, en Argentina, creciera en las columnas cada vez con m&aacute;s fuerza la idea de hacer una lucha, no internacional, sino nacional, y no rural, sino urbana. Claro, para m&iacute; significaba renegar de todo aquello en lo que hab&iacute;a cre&iacute;do toda la vida. Y dije, vale, hacedlo, pero sin m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;El chavismo es heredero de todo esto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Heredero de qu&eacute;? De Fidel Castro, tal vez. Del Che y de nosotros en absoluto. Me parece una verg&uuml;enza absoluta. Fue as&iacute; desde el principio. Mira, otra cosa, se cas&oacute; el hijo de Carmen Balcells y, creyendo que era una atenci&oacute;n a &eacute;l y a m&iacute;, nos sent&oacute; juntos en la boda de su hijo al n&uacute;mero dos del r&eacute;gimen nicarag&uuml;ense y a m&iacute;. Ahora no me acuerdo de c&oacute;mo se llamaba. Estaban Daniel Ortega y &eacute;l, que hab&iacute;a sido el jefe del ej&eacute;rcito. Y me dice tan tranquilo: Daniel es el principal terrateniente. El segundo soy yo. Y el tercero es Iv&aacute;n, que era un cubano encargado de montar la red urbana del Che.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Ni siquiera el Uruguay de Mujica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pepe Mujica, s&iacute;. Sin duda forma parte de todo esto. Lo que pasa es que Pepe era el sexto o s&eacute;ptimo de la estructura. Y mi respeto por Pepe Mujica es absoluto. Pero tambi&eacute;n, Dilma Rousseff, que ser&iacute;a la presidenta del Brasil, se entren&oacute; conmigo en Cuba, y luego nos reun&iacute;amos peri&oacute;dicamente. Y a trav&eacute;s del comandante Clemente, que hab&iacute;a sido su jefe en la clandestinidad, me mandaba fotos graciosas. Eso est&aacute; muy bien. S&iacute;, hubo mucha gente v&aacute;lida. Y otra mucha gente que ojal&aacute; no me hubiera cruzado nunca en el camino.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te has vuelto esc&eacute;ptico?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, en absoluto.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Rodrigo explica que mucha gente se sorprende cuando ve su mesa vacía de papeles pero que esta es una costumbre de la clandestinidad.                            </span>
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        <strong>Cuando viniste a Espa&ntilde;a con tu familia, hab&iacute;a aqu&iacute; una dictadura. &iquest;No te import&oacute; vivir bajo Franco?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mi suegra era prima, o se hab&iacute;an criado juntos, del Director de Seguridad de la polic&iacute;a. Era uno de los tres jefes de la polic&iacute;a argentina. As&iacute; que habl&oacute; con &eacute;l, y me dijo: &lsquo;Quiere verte&rsquo;. Me preocup&eacute;, pero hicimos la entrevista en un bar, sin uniforme. Y me dijo: &lsquo;Si te fueras, nos har&iacute;as un favor inmenso&rsquo;. Entonces, mi compa&ntilde;era estaba embarazada. Y tambi&eacute;n me dijo: &lsquo;Si lo que tienes en la cabeza es llevarte a Ana a un pa&iacute;s extranjero para que nazca el ni&ntilde;o tranquilamente y volver aqu&iacute;, har&eacute; lo imposible por encontrarte y, personalmente, te matar&eacute;; porque yo con esto no me juego el puesto, me juego la vida&rsquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya hac&iacute;a a&ntilde;os que no me llamaba Ricardo Rodrigo y venir a Espa&ntilde;a me hizo recuperar el nombre. Cuando naci&oacute; mi hijo, Juan Manuel, practiqu&eacute; yo el parto. No me fiaba nada de ellos, y nos fuimos a un pueblo perdido de C&oacute;rdoba para dar a luz. Tambi&eacute;n es cierto que en la selva yo ya hab&iacute;a hecho veinte o treinta partos para ayudar a las ind&iacute;genas. Los hice por ignorancia; porque, luego, cuando presenci&eacute; el parto de mi hija Beatriz... Claro, ella naci&oacute; con tres vueltas de cord&oacute;n. Y en el hospital ten&iacute;an el aparatito ese que indica las pulsaciones, y el f&oacute;rceps. Adem&aacute;s, la comadrona era m&aacute;s o menos amiga. Si te pasa eso, aunque hayas hecho quinientos partos, no sabes resolverlo. Tuve la fortuna de que no hubo ning&uacute;n problema en los partos que practiqu&eacute; en la selva. Tuve mucha suerte.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; te instalaste en Barcelona y no en Madrid?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entonces, en 1971, un viaje en avi&oacute;n era prohibitivo. Todo el mundo viajaba en barco. Incluso fue as&iacute; en el 78, cuando hubo la mayor emigraci&oacute;n argentina. Porque, digamos, aunque Ongan&iacute;a tom&oacute; el poder en el 65, fue ajustando, y ya en el 67, y m&aacute;s en el 68, apret&oacute;. Lo hizo aplicando lo que llamaban la estrategia de la cebolla. Ellos ya no eran como Lanusse, que hab&iacute;a ido directamente a por el n&uacute;cleo militante. Hicieron, simplific&aacute;ndolo mucho, la estrategia opuesta, que era la que hab&iacute;an practicado los generales argelinos. Dej&eacute;mosles aislados, esa era la estrategia. Se cargaron a todos los profesores universitarios de izquierda, a todos los periodistas de izquierda, a todos los psicoanalistas de izquierda. Y la verdad es que fue efectiva.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;La estrategia militar se puede aplicar al &aacute;mbito empresarial?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;En qu&eacute; sentido dices?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Por ejemplo, la estrategia de las capas de la cebolla. &iquest;Puede plantearse como empresa y decir: mira, a este competidor voy a dejarlo aislado? &iquest;Si has actuado como guerrillero, puedes actuar igual como empresario?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Ah! &iexcl;S&iacute;, s&iacute;! Pero, bueno, tampoco en esos t&eacute;rminos tan militares... No, lo que pasa es que hay much&iacute;simas cosas de las que s&iacute; soy consciente. Mucha gente viene a mi despacho y ve la mesa totalmente vac&iacute;a, y me dice: Oye, &iquest;c&oacute;mo que no tienes ning&uacute;n papel en la mesa? Nunca tengo papeles. Nunca he tenido ning&uacute;n papel. Claro, as&iacute; fue durante siete a&ntilde;os de clandestinidad y, si encima cambiaba cada d&iacute;a de casa, no pod&iacute;a llevar papeles. Hoy, ya es una costumbre. Son estas cosas que internalizas y luego te cuesta modificarlas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En Espa&ntilde;a, tuviste problemas con el franquismo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando alquilamos la casa de Castelldefels, no s&eacute;, 48 o 72 horas despu&eacute;s apareci&oacute; un sargento. Parec&iacute;a el capo de un campo de concentraci&oacute;n. Y me dijo: &lsquo;S&eacute; muy bien qui&eacute;n eres, te tenemos las 24 horas bajo control. Vale, te han dado esa especie de tranquilidad, no s&eacute; por qu&eacute;. Pero cu&iacute;date, porque te estar&eacute; vigilando las 24 horas&rsquo;. S&iacute; que vinieron muchos compa&ntilde;eros de militancia, para pedirme que me reincorporara.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y la clandestinidad espa&ntilde;ola intent&oacute; contactarte?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. Claro, yo ya tra&iacute;a experiencia. Por ejemplo, aqu&iacute; siempre mantuve contacto con Jorge Sempr&uacute;n. Nos hicimos muy amigos. Al principio, recel&eacute;, porque viendo que era del Partido Comunista, yo, pensando en Argentina, me dije &iexcl;uy!, pero, luego..., la verdad es que tengo muy buen recuerdo suyo. En realidad, aqu&iacute; nos juntamos en el Felipe (acr&oacute;nimo del FLP, Frente de Liberaci&oacute;n Popular).
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Estuviste en el </strong><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Frente_de_Liberaci%C3%B3n_Popular" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><strong>Felipe</strong></a><strong>?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, s&iacute;, pero como ten&iacute;a encima a ese sargento de Castelldefels... Hombre, enti&eacute;ndeme. Perderlo en trenes, metros..., ya sab&iacute;a hacerlo, si no, no hubiera vivido tantos a&ntilde;os en la clandestinidad. Pero, quieras o no, hay un t&iacute;o que te sigue, y ve que lo sabes. Pero eso no se lo pod&iacute;a hacer dos o tres veces por semana. As&iacute; que mejor no ir a reuniones. Bueno, s&iacute; cuando ven&iacute;a Jorge.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Fue aqu&iacute; donde conociste a Julio Cort&aacute;zar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No. En el premio Barral, fue cuando volvimos a encontrarnos. Antes, yo ya era muy amigo de Julio. Para decirlo con propiedad, Julio era de mi barrio, en Argentina, viv&iacute;amos a 300 metros. Entonces, era amigo de mi padre. Y en Cuba coincidimos muchas veces, y se estrech&oacute; much&iacute;simo la relaci&oacute;n. Considero que el azar existe. Cuando llegamos a Castelldefels mi compa&ntilde;era y yo con los ni&ntilde;os, solo ten&iacute;amos dinero para un mes y medio. Alquilamos all&iacute; porque pr&aacute;cticamente cobraban un alquiler simb&oacute;lico si les cuid&aacute;bamos la casa. Todo perfecto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; hab&iacute;a un grupo grande de argentinos. No nos conoc&iacute;amos. Quiz&aacute;, sab&iacute;amos de nosotros de referencia, pero no personalmente. Eran traductores y del mundo editorial. Como vieron que me gustaba mucho la literatura, uno de ellos me pidi&oacute; una noche que le acompa&ntilde;ara a Barcelona, al premio Barral. Y me encuentro con que el presidente del jurado era Julio. Tambi&eacute;n estaban Garc&iacute;a M&aacute;rquez y Carmen Balcells. A Julio le hab&iacute;a visto por &uacute;ltima vez en la casa de Aleida March, es decir, la viuda ya del Che. &Eacute;l tambi&eacute;n era muy amigo de Aleida... Pero Aleida no estaba muy a favor, bah, es igual, esto ya ser&iacute;an digresiones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;De qu&eacute; no estaba a favor?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, solo que me dec&iacute;a: Te van a traicionar igual que traicionaron a Ernesto. Luego dijo otras cosas, pero, enti&eacute;ndeme, era una mujer de treinta y pocos a&ntilde;os, con los ni&ntilde;os, en Cuba..., etc&eacute;tera. Ella le hizo decir a Fidel en mi presencia que la autorizaba a venir a Argentina conmigo. Quer&iacute;a que eso quedara ante un testigo. Tambi&eacute;n me dijo: &lsquo;Si el noveno mes no voy, alarma roja&rsquo;. Cuando pasaron nueve meses y no lleg&oacute;, encendimos la alarma roja. Entonces, los doscientos y pico que hab&iacute;amos pasado por Cuba y, que por tanto ten&iacute;an nuestros datos, nos fuimos a la clandestinidad. Al cabo de un mes, las casas de los doscientos y pico que hab&iacute;amos estado en Cuba fueron allanadas por el ej&eacute;rcito, todas. A ver... Digamos que tengo infinitas certezas mayores de la traici&oacute;n de Fidel al Che.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y c&oacute;mo sigue la historia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues que Julio, claro, cuando me vio se emocion&oacute;. Y yo me emocion&eacute; tanto o m&aacute;s. Nos abrazamos, me llev&oacute; a un rinc&oacute;n, y nos pusimos a hablar. All&iacute;, le cont&eacute; como me hab&iacute;a ido, y el premio se retras&oacute; una hora. En el fondo, yo era un cr&iacute;o. Hab&iacute;a llegado a Castelldefels con 23 o 24 a&ntilde;os. Julio era 30 a&ntilde;os mayor que yo, y la gente se preguntaba qui&eacute;n era ese joven desconocido a quien abrazaba tanto Julio Cort&aacute;zar. Todo iba muy r&aacute;pido en aquella &eacute;poca. Me hab&iacute;a acostumbrado a mandar a gente 10 y 20 a&ntilde;os mayor que yo. Nunca me plante&eacute; lo de la edad. Entonces, Julio llam&oacute; a Barral y le dijo: &lsquo;Oye, este es mi hermano menor. Esto te lo pido, o te lo exijo, t&oacute;malo como quieras; pero ma&ntilde;ana tiene que estar trabajando contigo&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;As&iacute; entraste en el mundo editorial?</strong>
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, empezando a trabajar con Carlos. Pero Carlos publicaba uno o dos libros por mes. Y nosotros ten&iacute;amos dos ni&ntilde;os. De modo que empec&eacute; a compaginar eso con colaboraciones con Bruguera. Al principio, hice hasta de negro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Negro de qui&eacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        De muchos. Entre otros, de Marcial Lafuente Estefan&iacute;a (el m&aacute;s popular escritor espa&ntilde;ol de novelas del Oeste). Pero con lo que m&aacute;s sufr&iacute;a era con las novelas rom&aacute;nticas. Se me atragantaban. Tambi&eacute;n hab&iacute;a un tal profesor Lester, que escrib&iacute;a libros de hor&oacute;scopos. El t&iacute;o era astuto, en el sentido de que cada mes sal&iacute;an doce libros suyos, que los escrib&iacute;a yo. Seguramente que fue de este de quien m&aacute;s hice de negro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Tambi&eacute;n fue veloz tu ascenso en Bruguera?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es curioso. Bueno, a ver, curioso a medias. El due&ntilde;o, Francisco Bruguera hab&iacute;a sido capit&aacute;n de la Rep&uacute;blica, y la gente se solidarizaba con &eacute;l a tope. A veces ven&iacute;a la Guardia Civil, y le escond&iacute;an entre los rollos de papel. Ten&iacute;a la f&aacute;brica en el barrio de Vallcarca, en la calle Mora d'Ebre, y alrededor viv&iacute;an todos sus trabajadores. Supongo que le pas&oacute; igual que a m&iacute;, porque tambi&eacute;n iba dando inyecciones por todo el barrio y no era m&eacute;dico. Bueno, en esto era un chalado igual que yo, supongo. Atend&iacute;a a los empleados, y les buscaba un m&eacute;dico cuando lo necesitaban. De manera que sent&iacute;an devoci&oacute;n por &eacute;l. Era muy buen tipo. Sin duda, fue quien m&aacute;s me ense&ntilde;&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; aprendiste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El oficio de editor. En aquella &eacute;poca, en pleno franquismo, el ascensor social funcionaba. Entr&eacute; como corrector de estilo, que entonces cobraba lo mismo o algo menos que el conserje. Pero cada dos meses me cambiaban el puesto. Me ascend&iacute;an. Hab&iacute;a pasado de corrector tipogr&aacute;fico a corrector de estilo, luego a jefe de los correctores, luego a redactor de segunda, luego a redactor de primera, luego a dirigir colecciones de libros... El jefe de personal me dec&iacute;a: Oye, cuando se aclaren, ven a verme, porque estoy harto de hacerte cada mes un contrato nuevo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te cre&iacute;as lo que te estaba pasando?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como en realidad hab&iacute;a hecho el bachillerato en dos a&ntilde;os, que era de cinco, y la Universidad, que era de seis, la hice en otros dos a&ntilde;os, tampoco me sorprend&iacute;a que aqu&iacute; esto fuera tan r&aacute;pido. Me parec&iacute;a normal. M&aacute;s bien, me dec&iacute;a: No s&eacute; por qu&eacute; estos tardan tanto.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hoy, muchos editores no tienen ni idea de lo que publican</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo llegaste a dirigir Bruguera?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Francisco Bruguera era un hombre absolutamente admirable para m&iacute;. Un d&iacute;a, le diagnosticaron parkinson. Vino un lunes como si fuera su &uacute;ltimo d&iacute;a y nos llam&oacute; a tres o cuatro. Y a m&iacute; me dijo: Mire, en la edici&oacute;n solo creo en usted. Haga lo que pueda, pero dirija toda la editorial. Lo acept&eacute; con naturalidad. En la selva uno se acostumbra a que los escenarios cambian a cada rato, para bien o para mal, quieras o no. Estuvimos tres a&ntilde;os, digamos, intentando sacar adelante la empresa. Durante ese tiempo publicamos novelas con Gabo, que nos hab&iacute;amos hecho &iacute;ntimos amigos. Fuimos los primeros en publicar <em>Cr&oacute;nica de una muerte anunciada</em> y <em>El amor en tiempos del c&oacute;lera</em>. Tambi&eacute;n editamos a Carlos Fuentes. A Mario, no. Coincidi&oacute; que, en ese per&iacute;odo, Mario Vargas Llosa no hab&iacute;a sacado nada. Pero de Onetti, que era el padrino de mi mujer, s&iacute;. Tambi&eacute;n publicamos las dos &uacute;ltimas novelas de Cort&aacute;zar. Y a Borges.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; quebr&oacute; Bruguera?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que la edici&oacute;n de libros iba fant&aacute;sticamente bien. El cementerio, que no de Bruguera, sino de casi todos los editores en aquellos a&ntilde;os, fue la imprenta propia y la quiebra del mercado de Am&eacute;rica Latina.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En 1980, Bruguera organiz&oacute; unas jornadas literarias en Barcelona, donde participaron grandes autores de la &eacute;poca. La&nbsp;nota de prensa denunciaba entonces el empobrecimiento intelectual y que la gente le&iacute;a solo los titulares de los peri&oacute;dicos. Si eso era as&iacute; hace 45 a&ntilde;os, &iquest;ahora, c&oacute;mo estamos? &iquest;Eres consciente como editor?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Quieres que me ponga a llorar? Es terror&iacute;fico. Lo que est&aacute; sucediendo me parece muy, muy inquietante. Pero me lo explico. Yo estudi&eacute; abogac&iacute;a porque mis padres eran abogados. Mi hermano mayor era abogado. Lo hice por inercia. Pero mi pasi&oacute;n eran la Historia y la Filosof&iacute;a. Si repasas la Historia, ver&aacute;s que jam&aacute;s ha habido un cambio geopol&iacute;tico, m&aacute;s o menos trascendente, que no conllevara violencia, muertes, etc&eacute;tera. Que hoy estamos ante un inevitable cambio geopol&iacute;tico me parece que hay que ser ciego para no verlo. Otra cosa es saber ahora c&oacute;mo va a acabar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En Bruguera, conociste a Carmen Balcells y a Roberto Altarriba?</strong>
    </p><p class="article-text">
        A Carmen la hab&iacute;a conocido como consecuencia de aquel premio Barral. Porque, claro, entonces empezaron a invitarme. Gabo, el primero, y seguramente as&iacute; nos hicimos m&aacute;s amigos. Tambi&eacute;n hab&iacute;a otros escritores. A Roberto Altarriba s&iacute; que le conoc&iacute; en Bruguera. Cuando Francisco Bruguera se retira, a m&iacute; me nombra director editorial y a Roberto, director comercial, y as&iacute; trabajamos juntos un a&ntilde;o o dos. Pero sucedi&oacute; algo para los dos inasumible: se cerr&oacute; la delegaci&oacute;n de Granada y hab&iacute;a que despedir a seis personas. Hubo huelgas en solidaridad y manifestaciones en la calle, y negociaron. Nuestros negociadores aceptaron una subida salarial del 16%, cuando en todo el sector se hab&iacute;a firmado el 5%. Esos 11 puntos hab&iacute;a que aplicarlos a los miles de trabajadores que ten&iacute;a Bruguera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fue entonces cuando me fui, y Carmen me propuso que mont&aacute;ramos algo juntos. Ella hab&iacute;a conocido a Altarriba como amigo m&iacute;o, as&iacute; que lo montamos un poco entre los tres. RBA, las iniciales de Rodrigo, Balcells y Altarriba. En la primera etapa, plante&aacute;bamos una idea y su realizaci&oacute;n. Si la obra costaba 100, le cobr&aacute;bamos 50 al editor de Espa&ntilde;a, pero tambi&eacute;n 50 al de M&eacute;xico, y 50 al del Pacto Andino, y 50 al de Argentina. Con lo que, ya de salida, dobl&aacute;bamos la inversi&oacute;n hecha. Adem&aacute;s, siempre nos aceptaban quedarnos entre el 1 y el 2% de derechos.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">José Manuel Lara me dijo: ¡Yo quiero contratar tus horas de insomnio!</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;RBA te llev&oacute; a conocer a Jos&eacute; Manuel Lara?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, a partir de entonces nos convertimos en amigos Jos&eacute; Manuel Lara y yo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y luego, en rivales.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que, m&aacute;s all&aacute; de las diferencias ideol&oacute;gicas, que mayores no pod&iacute;an ser, siempre le he admirado much&iacute;simo. Probablemente, haya sido uno de los hombres m&aacute;s inteligentes que he conocido en el mundo de la edici&oacute;n. Siempre tuvo una relaci&oacute;n muy conflictiva con su padre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Es verdad que os hab&iacute;ais repartido los restaurantes de Barcelona para no coincidir?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bah, se dice. Llegamos a un acuerdo, digamos, amistoso. &Eacute;l se quedaba con determinados bufetes de abogados y yo con otros. Y con los cuatro restaurantes preferidos, dijimos: Bueno, t&uacute; te quedas estos dos y yo me quedo estos dos. Hubo un momento, as&iacute;, tenso, pero no con agresividad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo conectasteis?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;amos exactamente la misma edad. Los tres. Marco Drago, que es el presidente de De Agostini, Jos&eacute; Manuel Lara y yo. Jos&eacute; Manuel, con su vena andaluza, dec&iacute;a: &iexcl;Esta es la mejor a&ntilde;ada! Ten&iacute;amos 26 a&ntilde;os. RBA trabajaba como <em>packager</em>, para Planeta, en Espa&ntilde;a, y para De Agostini, en Italia [una agencia <em>packager </em>es la encargada de hacer efectivas las ideas editoriales. Dado el contexto, podr&iacute;amos decir que RBA se convirti&oacute; en el brazo armado de Planeta y de De Agostini].
    </p><p class="article-text">
        Cuando Jos&eacute; Manuel y Marco decidieron fundar juntos Planeta De Agostini, me pidieron que entrara; pero yo no ten&iacute;a ning&uacute;n inter&eacute;s en trabajar en una empresa de ese tipo. Entonces, Jos&eacute; Manuel me dijo: Oye, solo un a&ntilde;o. Bueno, vale, solo un a&ntilde;o. Y entr&eacute; como consejero delegado. M&aacute;s por amistad, que por cualquier otra raz&oacute;n. Jos&eacute; Manuel era genialoide. Le dije: Oye, es que acaba de morir mi compa&ntilde;era y tengo dos ni&ntilde;os que son peque&ntilde;os. Yo no estoy para ir a una oficina. Y &eacute;l, con sus salidas ocurrentes, me dijo: &iexcl;No, no! Puedes no venir nunca. &iexcl;Yo quiero contratar tus horas de insomnio!
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y se alarg&oacute; el a&ntilde;o.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El a&ntilde;o se convirti&oacute; en cinco a&ntilde;os, hasta que dije, bueno, &iexcl;ya basta! Me aumentaban, y me aumentaban, y me aumentaban el sueldo. Pero para todos. Era un disparate que yo decidiera, en un momento que tampoco era el mejor, renunciar a ese sueldazo y montarme por mi cuenta. Pero, bueno, lo hice, y estuvimos m&aacute;s de un a&ntilde;o negociando la salida. Tanto Jos&eacute; Manuel como Marco usaron las buenas y las malas artes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;RBA dej&oacute; de funcionar mientras estabas en Planeta De Agostini?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;No! &iexcl;Nunca, nunca! Porque los dos me lo exigieron. Les dije que no pod&iacute;a tener el gorro de consejero delegado y ser proveedor de una sociedad m&iacute;a en la que ten&iacute;a que autorizar la inversi&oacute;n. Pero RBA nunca dej&oacute; de trabajar. En Planeta De Agostini hab&iacute;a tra&iacute;do a mi equipo y pensaba llev&aacute;rmelo al cabo de un a&ntilde;o. Ellos estuvieron de acuerdo, pero cuando me fui, me pidieron que montara un nuevo equipo. Me tir&eacute; casi un a&ntilde;o contratando a todos los que iban a ser mis competidores. Es un poco surrealista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>RBA triunfa en la &eacute;poca dorada de los fasc&iacute;culos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El fasc&iacute;culo no surgi&oacute; como negocio, sino para dividir enciclopedias. Si financiabas una obra enciclop&eacute;dica de 26 vol&uacute;menes, el proyecto se convert&iacute;a en una sangr&iacute;a que duraba a&ntilde;os de redacci&oacute;n y de edici&oacute;n, hasta que llegabas a tener un m&iacute;nimo de tres o cuatro vol&uacute;menes para hacer una primera entrega. A partir de ah&iacute;, hab&iacute;a que mantener la capacidad de entregar un volumen cada seis meses o as&iacute;. Pero, de esta manera, las editoriales se desangraban. De hecho, Planeta estuvo al borde de la suspensi&oacute;n de pagos por ese motivo. Probaron a publicar las enciclopedias en fasc&iacute;culos, y vieron que se vend&iacute;an mucho.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Adem&aacute;s, RBA publica revistas. Por ejemplo, </strong><em><strong>El Jueves</strong></em><strong>, que es una revista de humor sat&iacute;rico. &iquest;Por qu&eacute; la editorial impidi&oacute; que saliera aquel n&uacute;mero con la portada donde se satirizaba sobre la abdicaci&oacute;n del rey Juan Carlos I?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Eso es un bulo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; pas&oacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La historia real es que no se destruy&oacute; ni un solo ejemplar. Simplemente, al editor de entonces, cuando present&oacute; la portada, se le dijo: Oye, me parece innecesario, mejor cambiadla... Y bueno, un grupito, que se fueron precisamente con Nacho...
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Nacho?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Con vosotros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iexcl;Ah, Ignacio Escolar!</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, cosa que a m&iacute; no me hizo mucha gracia. De entrada, yo ni los conoc&iacute;a. Se fueron diciendo que estaban ofendidos porque se les hab&iacute;a prohibido... Pero hace tres a&ntilde;os estuvieron a punto de volver a<em> El Jueves</em>.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Pero estabas dispuesto a permitir que saliera esa portada?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nunca, jam&aacute;s he prohibido nada, nada, nada, nunca, nunca, nunca, nunca. Quiero decir, evidentemente, si estamos en una l&iacute;nea en la que me parece que hay una agresividad innecesaria... Aquello fue una cosa surrealista, porque <em>El Jueves</em> existe, y hace no tanto tiempo Vox me amenaz&oacute; por editar <em>El Jueves</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Precisamente, la misi&oacute;n de una revista sat&iacute;rica es combatir la intolerancia.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Por supuest&iacute;simo!&nbsp;Me parecer&iacute;a una aberraci&oacute;n prohibir, como editor, la publicaci&oacute;n de cualquier art&iacute;culo. &iexcl;Pero prohibir un art&iacute;culo en una revista sat&iacute;rica es rid&iacute;culo! Lo cierto es que despu&eacute;s seguimos publicando del mismo tono o peor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vox sugiri&oacute; en X que alguien podr&iacute;a ir a pedirte explicaciones a la salida de tu despacho, en Diagonal, &iquest;tuviste miedo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Despu&eacute;s de a&ntilde;os de clandestinidad, voy a tener miedo de estos matones? Ser&iacute;a grotesco, &iquest;no?
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Me parecería una aberración prohibir, como editor, la publicación de cualquier artículo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Ahora, eres una persona rica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, no es algo que me haya interesado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo se congenia ser socialista y capitalista a la vez?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No creo que exista ninguna contradicci&oacute;n. No s&eacute; por qu&eacute; los socialistas tenemos que ser pobres. Ni s&eacute; qu&eacute; derechos nos da eso o qu&eacute; derecho nos quita el que podamos tener dinero. Otra cosa, por decir algo que est&aacute; a la orden del d&iacute;a, es que que antepongas el dinero a la verdad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Robarse autores entre editores es cada vez m&aacute;s com&uacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, bueno, esto es lo que pasa hoy; pero no era lo que pasaba entonces. Lo dram&aacute;tico para m&iacute; es que, hace 20 a&ntilde;os, yo conoc&iacute;a personalmente, es decir, de verdad, a todos los editores medios/grandes de Francia, Alemania, Italia... Hoy, no. Hoy la inmensa mayor&iacute;a son financieros. Hablar con ellos de edici&oacute;n no tiene ning&uacute;n sentido. Ellos compran y venden, y ya est&aacute;. En ese sentido ha habido un deterioro horrible. No hay l&iacute;neas editoriales. Llevan las cuentas de resultados por editor. Se re&uacute;nen los financieros y dicen: &lsquo;A ver, este editor &iquest;cu&aacute;nto ha publicado? Pues ha hecho 120.000 de facturaci&oacute;n. &iquest;Resultado? Pues tiene 20.000 euros de p&eacute;rdida. Bueno, en observaci&oacute;n. A ver, el a&ntilde;o anterior hab&iacute;a dado beneficios&rsquo;. As&iacute; va. Das beneficios o p&eacute;rdidas, y te mantienen el contrato o te despiden. Pero no tienen ni idea de lo que se publica. Ni idea.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sois raros los empresarios que os consider&aacute;is de izquierdas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Somos cada vez menos, eso es un hecho indiscutible. Pero excepcionales tampoco lo somos... Por ejemplo, a m&iacute; nunca me gust&oacute; pedir subvenciones. Y, de hecho, en Espa&ntilde;a nunca recibimos ning&uacute;n tipo de ayuda. Ni con la pandemia, ni con la crisis del papel, de los precios, ni con el cierre y la distribuci&oacute;n. Con el absurdo de que, durante dos a&ntilde;os, por ejemplo, Italia nos dio siete millones, un a&ntilde;o, sin haber pedido nunca nada. Francia, no tanto, si no que cuatro un a&ntilde;o, tres el siguiente... Aqu&iacute;, en Espa&ntilde;a, nos borraron. Es un acto doblemente absurdo. Te digo, nosotros tenemos seguidores &uacute;nicos m&aacute;s que, por ejemplo, elDiario.es, a quien supongo que le dan las subvenciones y una gran cantidad de publicidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Pero, en Espa&ntilde;a, las ayudas las hab&eacute;is pedido?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, no las pedimos. Pero, quiero decirte, aqu&iacute; Salvador Illa ha venido a comer infinidad de veces. No s&eacute;, es una cuesti&oacute;n de pudor, de ser de izquierdas, de no querer que se me vincule diciendo es que, mira, est&aacute;, subvencionado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; es ser de izquierdas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, las palabras...
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los fachas dicen zurdo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ese es el retrasado de Milei, con su &ldquo;zurdo de mierda&rdquo;. Lo populariz&oacute;. Pero zurdos se les dijo siempre a los izquierdistas de Argentina. Lo de Milei es horrible.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y fuera de las palabras?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mira, una manera de ser de izquierdas, en el mundo editorial, es no apretar al colaborador, sino poner un sueldo digno aun sabiendo que en la competencia pagan menos. Otra cosa, en RBA tenemos una guarder&iacute;a para los trabajadores.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">
No sé por qué los socialistas tenemos que ser pobres
</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>En 2016, tuviste un problem&oacute;n con Hacienda. &iquest;Eso es consustancial a ser empresario?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo primero es que no tuve un problem&oacute;n. Un problemita, s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Problemita, en tanto que se solucion&oacute;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bah, solo era un problemita. Mi abogado entonces solo trabajaba con gente de izquierdas, y yo luch&eacute; para convencerle de que no se autolimitara as&iacute;... Hoy es s&uacute;per popular. Es Crist&oacute;bal Martell, que era muy amigo m&iacute;o. &Eacute;l est&aacute; m&aacute;s cerca del PSC que yo. Hasta el juez dijo: Esto es una verg&uuml;enza; pero, &iquest;cu&aacute;l es la acusaci&oacute;n? Y el que estaba como representante de la Fiscal&iacute;a dijo: Se&ntilde;or&iacute;a, yo vengo en representaci&oacute;n del Ministerio Fiscal, pero yo no he hecho la acusaci&oacute;n. Las acusaciones eran realmente rid&iacute;culas. Tengo algunos edificios y departamentos en Barcelona, y entonces la inspectora puso: Uso personal. Entonces, el juez reaccion&oacute; y dijo: A ver, usted me dice que este se&ntilde;or tiene 110 pisos en la ciudad de Barcelona. Unos de 80, otros de 90, otros de 100 metros... &iquest;y que cada dos d&iacute;as se traslada de uno de ellos al otro? Crist&oacute;bal se qued&oacute; alucinado porque el juez tom&oacute; claramente parte a mi favor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero te condenaron a dos a&ntilde;os, que cambiaron por el pago de una multa.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, no, no, no... Entonces, el juez archiv&oacute; la diligencia. No me acuerdo de si fue dos o tres a&ntilde;os el tiempo que estuvo [en instrucci&oacute;n, antes de cerrarse el caso]. Crist&oacute;bal, mientras tanto, habl&oacute; con el fiscal de Catalunya, y aceptamos un acuerdo. Sospech&eacute; que pudo ser una causa impulsada desde Madrid porque desde all&iacute; me consideraban catalanista.&nbsp; [Rodrigo lleg&oacute; a un pacto con la Fiscal&iacute;a para devolver 2,3 millones de euros a Hacienda de sus declaraciones de IRPF entre 2005 y 2008].
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te consideras catalanista?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Catalanista es una palabra manoseada, igual que la izquierda. Si defiendo la lengua, la historia, la cultura y la idiosincrasia del pueblo catal&aacute;n, pues, s&iacute;, soy catalanista. Ahora, me dices: &iexcl;Declaramos la independencia! Ya te lo digo, no entiendo c&oacute;mo hay abogados que aprueban eso. Es una aberraci&oacute;n jur&iacute;dica. Adem&aacute;s, no hubo ni siquiera una isla perdida del Pac&iacute;fico que en esos siete minutos de ser independientes nos reconociera. Es que era rid&iacute;culo. Todos los amigos que tengo son catalanistas, pero no independentistas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo viviste el proc&eacute;s?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Fatal. No me lo pod&iacute;a creer. Todos los presidentes de la Generalitat, los principales consellers de todos los Gobiernos han venido a cenar a mi casa, y he ido yo a cenar a casa de ellos. Es decir, Jordi Pujol... Bueno, Pasqual Maragall es uno de mis mejores amigos. Tambi&eacute;n Montilla. Y Artur Mas... Pero ya con estos indepes, no. No, porque todo lo que dicen me parece tan alucinante...
    </p><p class="article-text">
        <strong>Parece que a Madrid le ha tocado ahora su propio proc&eacute;s.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo que pasa es que la M-30 crea realidades paralelas. Desde aqu&iacute;, se comenta con una risa dif&iacute;cil de reprimir. Se dice: Hoy, en Madrid, est&aacute;n peor de lo que se estuvo nunca en Barcelona. En el peor momento del proc&eacute;s, no se viv&iacute;a esta crispaci&oacute;n loca que se vive hoy en Madrid.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En el peor momento del procés, no se vivía esta crispación loca que se vive hoy en Madrid</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>En la planta 17 del edificio de RBA, desde la soledad que te has creado, &iquest;c&oacute;mo lo ves todo all&iacute; abajo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Horrible. La gente dice que siente incertidumbre. &iquest;Y c&oacute;mo no vas a sentir incertidumbre?
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;T&uacute; la sientes tambi&eacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si decimos incertidumbre por el futuro, rotundamente s&iacute;. Incertidumbre a nivel personal, a la edad que tengo tampoco creo que suceda una cat&aacute;strofe. Aunque puede suceder en cualquier momento.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tienes al lado el edificio de Mediapro, otra mole. &iquest;C&oacute;mo te llevas con los vecinos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bien, bien, s&iacute;. Con Jaume (Roures), siempre hemos tenido una buena relaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tambi&eacute;n tiene un pasado combativo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, s&iacute;. Lo que pasa es que &eacute;l se autodefine como trotskista, que, bueno, me parece un poco ex&oacute;tico a esta altura del partido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; te parece la izquierda woke?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una ingenuidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/ricardo-rodrigo-propietario-rba-che-tuvimos-fidel-discusiones-llegaron-borde-agresion-fisica_128_12002771.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Jan 2025 21:12:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ricardo Rodrigo, propietario de RBA: "El Che y yo tuvimos con Fidel discusiones que llegaron al borde de la agresión física"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Editoriales,Fidel Castro,Che Guevara,Barcelona]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La música gótica contra Margaret Thatcher]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/musica-gotica-margaret-thatcher_129_11980095.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/36be9a69-212f-4825-9abf-021ebfbe0abc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La música gótica contra Margaret Thatcher"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo de este lunes de Donald Trump, tomando posesión de su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, no es el colofón del tsunami, sino el inicio del hundimiento de la Atlántida progresista en lo más negro de las profundidades</p></div><p class="article-text">
        El otro d&iacute;a viaj&eacute; a las ra&iacute;ces g&oacute;ticas de la cultura popular. Tiene que ver con Margaret Thatcher. Lo pone en el ensayo 'Temporada de brujas. El libro del rock g&oacute;tico' (ed. Contra, 2024), escrito por la novelista y cr&iacute;tica inglesa Cathi Unsworth. Es un libro autobiogr&aacute;fico, porque lo es de toda una generaci&oacute;n, de toda una &eacute;poca. Y, ley&eacute;ndolo, me daba cuenta de que compartir una &eacute;poca es mucho m&aacute;s intenso, une mucho m&aacute;s, que compartir un pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Desde el principio del libro, queda claro que vivimos lo mismo en Gran Breta&ntilde;a y en Espa&ntilde;a, y en todo lo que entonces era Europa (la cortina ya hab&iacute;a empezado a rasgarse, por decirlo con t&iacute;tulos de Hitchcock, pero ah&iacute; segu&iacute;a el tel&oacute;n de acero). Y supongo que sucedi&oacute; igual en el continente americano. Ahora, se le llama un cambio de paradigma, y eso me recuerda al profe de lengua en COU explic&aacute;ndonos la ling&uuml;&iacute;stica de Saussure, su doble articulaci&oacute;n, sintagm&aacute;tica y paradigm&aacute;tica. Por ejemplo, un cambio paradigm&aacute;tico consist&iacute;a en cambiar la letra de una palabra. En realidad se trataba de cambiar un sonido, un fonema. No es lo mismo rojos que rotos. Este ejemplo sirve, adem&aacute;s, para ilustrar nuestra evoluci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Todo es una cuesti&oacute;n de lenguaje, un juego de palabras. Antiguamente, la gente hablaba normal y, en vez de decir que se hab&iacute;a dado un cambio de paradigma, dec&iacute;a sencillamente que el mundo hab&iacute;a cambiado. Hoy, la gente habla fino, en vez de normal, y dice paradigma en vez de mundo. Han ganado los del Bic naranja. Quiz&aacute;, conforme la realidad se ha vuelto virtual, hemos reemplazado el mundo por los paradigmas. El caso es que tambi&eacute;n en aquellos d&iacute;as cambi&oacute; una &eacute;poca, y con ella cambi&oacute; una m&uacute;sica, un sonido. De esto va el libro de Cathi Unsworth.
    </p><p class="article-text">
        Ahora somos <em>boomers,</em> pero entonces &eacute;ramos posmodernos. Ambos son t&eacute;rminos peyorativos, el primero nos lo aplican los j&oacute;venes y el segundo nos lo aplicaban los viejos. En este libro del rock g&oacute;tico, la autora empieza diciendo que nos toc&oacute; ser testigos del fin de los a&ntilde;os setenta, del final de cierto progresismo pol&iacute;tico, social, cultural, cuyo cuerpo incorrupto, por cierto, enterramos definitivamente hace nada con la muerte de Jimmy Carter. Y acto seguido nos toc&oacute; ser testigos y v&iacute;ctimas (creo que protagonistas fueron otros), de la ola conservadora de los ochenta, que hoy d&iacute;a, m&aacute;s que ola, es tsunami. Lo de este lunes de Donald Trump, tomando posesi&oacute;n de su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, no es el colof&oacute;n del tsunami, sino el inicio del hundimiento de la Atl&aacute;ntida progresista en lo m&aacute;s negro de las profundidades.
    </p><p class="article-text">
        Aquella ola conservadora, neoliberal, identitaria y retr&oacute;grada, en Gran Breta&ntilde;a se llamaba Margaret Thatcher; en Estados Unidos, Ronald Reagan; en la Iglesia, Karol Wojty&#322;a; y en Catalunya, Jordi Pujol (los catalanes hemos sido siempre muy modernos). La escritora Cathi Unsworth explica c&oacute;mo le sucedi&oacute; de adolescente lo que entonces nos pas&oacute; a todos, que los libros y la m&uacute;sica se convirtieron en su escondite y en su consuelo. La m&uacute;sica a la que se refiere en este ensayo es la de grupos como The Cure, Joy Division, Bauhaus, Siouxsie &amp; The Banshees, por supuesto; pero empieza el relato desde el G&eacute;nesis, desde los primeros punks, y el libro abarca casi toda la m&uacute;sica que se toc&oacute; en los ochenta, pues para esta autora el rock g&oacute;tico no es un estilo musical, sino un estado del alma, la sensibilidad de una &eacute;poca. Habla mucho de las lecturas de aquellos tiempos, y observa que tambi&eacute;n los libros de Oscar Wilde y, claro, su actitud, a trav&eacute;s de este mundo g&oacute;tico y postpunk, influyeron en unos j&oacute;venes a los que una y otra vez se tild&oacute; de raros y elitistas.
    </p><p class="article-text">
        A prop&oacute;sito de utilizar el t&eacute;rmino elitista para descalificar a la gente, de intentar convertir esa palabra en &ldquo;la m&aacute;s sucia de nuestro vocabulario&rdquo;, dice textualmente Cathi Unsworth, el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo del libro est&aacute; dedicado a recordar c&oacute;mo fue el populismo, el amarillismo del indecente empresario de los medios de comunicaci&oacute;n brit&aacute;nicos, Rupert Murdoch, quien puso de moda llamar elitistas, ensa&ntilde;ada y resentidamente, a todos los creadores y a todos los intelectuales que se opon&iacute;an al thatcherismo. Tildarlos de elitistas fue la manera de estigmatizar a quienes ten&iacute;an un discurso inteligente y practicaban un arte complejo. Y ya que sale el tema, en aquellos mismos a&ntilde;os, el reci&eacute;n inaugurado r&eacute;gimen de los ayatol&aacute;s, en Ir&aacute;n, acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino islam&oacute;fobo para descalificar y perseguir a quien se opusiera la dictadura religiosa de Jomeini. Bueno, no s&eacute; si es el tema, pero s&iacute; el modo.
    </p><p class="article-text">
        En el libro, la autora subraya que todos aquellos artistas a quienes los populistas acusaron de elitismo eran gente que hab&iacute;a salido adelante con su propio esfuerzo, buscando unas oportunidades que sus familias no pod&iacute;an darles, ni tampoco iban a encontrarlas en una educaci&oacute;n p&uacute;blica a la que la administraci&oacute;n Thatcher hab&iacute;a castigado y recortado hasta dejarla in&uacute;til para ello. Porque otra cosa que se ve en este libro es que la m&uacute;sica pop no es el &uacute;ltimo refugio para j&oacute;venes descarriados, sino la salida digna, la &uacute;nica salida, para muchos adolescentes que tienen un car&aacute;cter art&iacute;stico, un esp&iacute;ritu creativo, y no se amoldan al resto de las convenciones, ya que ello supondr&iacute;a su destrucci&oacute;n como personas. Este es un libro que supura respeto y comprensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La manera de trabajar de Cathi Unsworth en estas p&aacute;ginas es la que se ha empleado desde los tiempos de la antig&uuml;edad cl&aacute;sica, desde los d&iacute;as de Plutarco, y las dos vidas paralelas que articulan su libro son la biograf&iacute;a pol&iacute;tica y personal de Margaret Thatcher y la biograf&iacute;a art&iacute;stica y personal de Siouxsie Sioux. Dos mujeres hechas a s&iacute; mismas, con or&iacute;genes diferentes. Dos mujeres protagonistas de los mismos a&ntilde;os, en el mismo pa&iacute;s, con discursos radicalmente opuestos. Margaret Thatcher, la Dama de Hierro, con su peinado en forma de yelmo, su traje de <em>tweed</em> y el lazo cerr&aacute;ndole el cuello de la camisa. Siouxsie, la <em>banshee </em>(el alma en pena que a&uacute;lla), con el pelo pintado de colores, los ojos perfilados como Cleopatra, botas altas de l&aacute;tex y medias de rejilla.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, ambas comparten ciertos tics, una estructura. Tanto una como otra han contado con los servicios de un fact&oacute;tum, de un Pigmali&oacute;n siniestro, de un Merl&iacute;n como tuvo el rey Arturo. En el caso de Margaret Thatcher, su inspiraci&oacute;n, su estrategia, su crecimiento como pol&iacute;tica, proced&iacute;a, si no es que fue obra suya, de Alfred Sherman, un antiguo militante del Partido Comunista ingl&eacute;s, que hab&iacute;a combatido en las Brigadas Internacionales durante la guerra civil espa&ntilde;ola. A su lado, Miguel &Aacute;ngel Rodr&iacute;guez es el osito de Mimos&iacute;n con tendencia a deste&ntilde;ir. Sherman hab&iacute;a renunciado a sus viejos principios y ahora su &uacute;nico prop&oacute;sito era dinamitar el <em>statu quo. </em>El mismo y &uacute;nico prop&oacute;sito que alentar&iacute;a a Steve Bannon, el primer consejero que tuvo Donald Trump en su anterior presidencia. A estas alturas, no es que estemos rodeados de antisistemas como estos, es que ya estamos en sus manos. Son antisistemas, en plural, porque, partidarios de la ley de la selva, est&aacute;n en contra de cualquier sistema de sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, el art&iacute;fice que catapult&oacute; a Siouxsie Sioux (cuando a&uacute;n era Susan Janet Ballion) fue Malcolm McLaren, el inventor de los Sex Pistols (el grupo llevaba el nombre de su tienda de ropa en King's Road, SEX, todo en may&uacute;sculas). Antiguo estudiante de Bellas Artes e ideol&oacute;gicamente formado en los principios de la Internacional Situacionista, McLaren encontr&oacute; la manera de ponerle a los negocios un disfraz de guerrilla cultural. En Siouxsie, la autora Cathi Unsworth ve a la amiga imaginaria a la que nunca abandonar&iacute;a, la mujer que la arrastr&oacute; al mundo g&oacute;tico, donde la escritora sigue viviendo y desde donde ha producido su obra y desarrollado su carrera. En Margaret Thatcher, al contrario, encuentra su n&eacute;mesis, y tiene en la l&iacute;der pol&iacute;tica a la mujer que m&aacute;s ha odiado, a la mujer que represent&oacute; una gesti&oacute;n y unos valores que destruyeron, para d&eacute;cadas y d&eacute;cadas, la posibilidad de un mundo mejor.
    </p><p class="article-text">
        'Temporada de brujas' es un libro pol&iacute;tico que habla de la vida, de la manera ser de un mont&oacute;n de gente durante los diez penosos a&ntilde;os en los que el mundo cambi&oacute; para siempre. Al final de sus m&aacute;s de 500 p&aacute;ginas, la autora se despide reafirm&aacute;ndose. Soy g&oacute;tica, es lo ultim&iacute;simo que dice. Aunque luego aparece un apartado de recomendaciones cinematogr&aacute;ficas y literarias a modo de complemento vitam&iacute;nico. Cuando acab&eacute; el libro, me qued&eacute; pensando si a lo mejor yo tambi&eacute;n era g&oacute;tico y no me hab&iacute;a dado cuenta. Pero no. Solo que nos pas&oacute; lo mismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/musica-gotica-margaret-thatcher_129_11980095.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Jan 2025 21:51:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La música gótica contra Margaret Thatcher]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sinéad Spelman, artista visual: "Un artista ya no puede alquilar un local en Barcelona"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/sinead-spelman-artista-visual-artista-no-alquilar-local-barcelona_1_11963887.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c4b10f88-ee6d-4078-960e-a7d20a93b647_16-9-discover-aspect-ratio_default_1109517.jpg" width="3845" height="2163" alt="Sinéad Spelman, artista visual: &quot;Un artista ya no puede alquilar un local en Barcelona&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nacida en Irlanda y residente en Barcelona desde 2007, la dibujante y escultora expone parte de su obra en el MACBA y en esta entrevista repasa las diferencias entre las dos culturas, la magia del dibujo y los problemas de los artistas actuales, al tiempo que advierte: "Sin fracaso, no hay arte"</p><p class="subtitle">El anterior 'La Gente Habla' | Victoria Bermejo, escritora: “Ya no hay ningún sitio donde puedas ir a cenar a las tres de la mañana”</p></div><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la entrevista, fui con Sin&eacute;ad Spelman (Dubl&iacute;n, 1978) al horno Mistral, que est&aacute; muy cerca del Museu d'Art Contemporani de Barcelona (MACBA). La charla, es inexacto llamarla entrevista, la hab&iacute;amos mantenido all&iacute;, en un banco del museo, al pie de las escaleras mec&aacute;nicas. Los museos son sitios muy tranquilos si no los hacen interactivos. En la sala contigua a nuestro banco se exhiben varios dibujos de Spelman, que forman parte de una colecci&oacute;n del MACBA llamada &ldquo;Preludio. Intenci&oacute;n po&eacute;tica&rdquo;. Dibuja, sobre todo, figuras humanas. Son l&iacute;neas de tinta negra. Muchas veces la figura es ella misma, y se desintegra al contacto con la realidad y hasta con su propio cuerpo. Parece que se trate de metaf&iacute;sica, pero viene de las novelas. Tampoco el horno Mistral es un lugar muy metaf&iacute;sico, es m&aacute;s para comprar magdalenas y cruasanes, y hacen las mejores ensaimadas de cabello de &aacute;ngel de la ciudad. Lo que no es metaf&iacute;sica es cabello de &aacute;ngel.
    </p><p class="article-text">
        Spelman es dibujante y escultora. Lleva 17 a&ntilde;os afincada en Barcelona, y junto al artista Alberto Peral fund&oacute; Halfhouse, un lugar donde se programan exposiciones, encuentros y residencias de artistas, y tambi&eacute;n es la casa donde viven. En unos tiempos en que se privatiza lo p&uacute;blico, estos dos artistas decidieron ir a la contra y compartir p&uacute;blicamente lo privado. En el a&ntilde;o 2018, el Ayuntamiento le concedi&oacute; a Halfhouse el premio Ciutat de Barcelona a las Artes Visuales. Le iba a preguntar si era familia del cardenal Spellman; pero es otro apellido, el del antiguo arzobispo de Nueva York tiene dos eles, como una vez las tuvo la ciudad con las Torres Gemelas. Spelman dice que ni la m&uacute;sica irlandesa ni la Guinness saben igual fuera de Irlanda, y por eso hemos ido a esta panader&iacute;a de barrio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Sin&eacute;ad, te acuerdas de </strong><em><strong>El tercer polic&iacute;a</strong></em><strong>?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;La novela de Flann O'Brien? Me ha marcado mucho. Est&aacute; siempre en mis dibujos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;ndo la le&iacute;ste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En la universidad, estudiaba Humanidades y la dimos en literatura. Es un libro fascinante. Se public&oacute; a finales de los a&ntilde;os sesenta, pero me qued&eacute; muy sorprendida al saber que hab&iacute;a sido escrito a finales de los treinta. Me atrap&oacute; su estructura.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Parece estar hecha de part&iacute;culas subat&oacute;micas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y eso que aparenta ser una simple novela polic&iacute;aca. Me impactaron sus im&aacute;genes. Todo es permeable en ese libro. Me recordaba lo que hab&iacute;a le&iacute;do de peque&ntilde;a, como <em>Alicia en el pa&iacute;s de las maravillas.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>En tus dibujos, tambi&eacute;n los cuerpos se traspasan a s&iacute; mismos. No hay una muralla f&iacute;sica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es un tipo de novela que crea im&aacute;genes en varios niveles, en diferentes dimensiones. Sus personajes son como figuras hechas de cart&oacute;n. Se vuelven irreales en relaci&oacute;n con un mundo que nosotros conocemos en tres dimensiones. Me qued&eacute; impresionada con esa manera de narrar tan visual.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Eso es el arte?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Las im&aacute;genes? S&iacute;, en el libro hay una parte muy pl&aacute;stica, porque todo el rato est&aacute;s creando como esculturas en tu mente. Pero tambi&eacute;n, esto es muy interesante, hay algo muy psicol&oacute;gico y muy interior.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nadie ha escrito una novela tan incontable. Todo lo que digas es esp&oacute;iler.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Eso la hace herm&eacute;tica. Todo en el libro est&aacute; en transici&oacute;n. Empieza con la interrupci&oacute;n de la lectura del fil&oacute;sofo que se ha inventado, De Selby creo que se llamaba... Tengo una memoria fatal. Las cosas que m&aacute;s me han gustado de la vida se me borran. Es fascinante, en<em> En el tercer polic&iacute;a</em> est&aacute; esa cosa de que se mezclan los &aacute;tomos de la bicicleta y de los polic&iacute;as... Leerlo fue una revoluci&oacute;n para m&iacute;, porque ah&iacute; est&aacute; como siento la vida. Y, sin embargo, siempre se ha dicho lo contrario. Te hacen creer que cada cosa est&aacute; separada de su entorno. Que algo es sim&eacute;trico o no sim&eacute;trico, que hay una ley que delimita las cosas... Hoy, hemos empezado a aceptar que todo es fluido, que es imposible quedarse en el l&iacute;mite, en la superficie de las cosas, porque todo es m&aacute;s poroso de lo que imaginamos. La novela parece escrita siguiendo los principios de la f&iacute;sica cu&aacute;ntica. Y esa es la realidad que quiero plasmar en mis dibujos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Estudiaste Humanidades en Dubl&iacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No. Viv&iacute;a en Dubl&iacute;n, pero me fui al oeste de Irlanda, a Galway, un sitio con el que mi padre ten&iacute;a mucha conexi&oacute;n, y yo tambi&eacute;n la he tenido desde peque&ntilde;a. Como siempre quer&iacute;a irme de casa, acab&eacute; all&iacute;. Es una parte de Irlanda que antes fue muy pobre, donde se habla mucho en ga&eacute;lico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En tu familia se habla?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, no. En realidad, queda muy poca gente hablando en ga&eacute;lico. Mi madre, adem&aacute;s, es de Irlanda del Norte, de cerca de Belfast y, en su &eacute;poca, no se ense&ntilde;aba en la escuela. Mi padre s&iacute; que lo estudi&oacute; en el colegio, como yo. Pero no lo usamos en la familia. Sencillamente, es una lengua muy querida.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cuando estudiabas en la universidad de Galway ya dibujabas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Empec&eacute; despu&eacute;s. Entonces, no sab&iacute;a lo que quer&iacute;a hacer. A&uacute;n no s&eacute; lo que quiero hacer. Estudiar all&iacute; Humanidades era una cosa muy abierta. Durante la carrera, ibas eligiendo. Pod&iacute;a ser tan variado como estudiar F&iacute;sica, Derecho... Yo hice Ciencias Pol&iacute;ticas y Literatura francesa e inglesa. Y ya segu&iacute; con la Literatura por inter&eacute;s. Me permit&iacute;a proyectar lo que sent&iacute;a. Sobre todo, cuando sabes que no vales para cosas pr&aacute;cticas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La primera vez que entré en un museo de arte, yo tenía 18 años</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Leer te hizo dibujante?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Al principio, no. Entonces, yo ten&iacute;a cero conocimiento de las artes visuales. Realmente, nadie en mi familia lo ten&iacute;a. La primera vez que entr&eacute; en un museo de arte, yo ten&iacute;a 18 a&ntilde;os. No estaba en ese mundo. Estaba muy desconectada de todo eso. Y todav&iacute;a me siento as&iacute;. Pero me encanta el arte, y cada vez me gusta m&aacute;s. Es un mundo externo. La literatura, no. La literatura es algo muy interno. En el arte, hay como una distancia f&iacute;sica entre lo que te est&aacute;n contando y t&uacute;. Existe una separaci&oacute;n real.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y con los libros?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Con los libros, est&aacute; impl&iacute;cita la idea de que la persona que escribe se encuentra en una especie de burbuja y t&uacute; entras en esa burbuja. Entras en esa historia y quieres perder todo lo que te rodea. Se rompe la distancia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Eso se puede dibujar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, me gustar&iacute;a dibujarlo. Es algo que siento continuamente. Un libro te lo llevas a la cama, te vas a dormir con el libro porque sabes que es como una escalera al mundo de los sue&ntilde;os. Y te dices: Ojal&aacute; pudieras seguir ah&iacute;, en esa historia, mientras duermes. Pero, con lo visual, esto no te apetece; porque el sue&ntilde;o quieres fabricarlo t&uacute;. No quieres tener las im&aacute;genes de otros. Los sue&ntilde;os te los tienes que crear.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; diferencia hay entre la escritura y el dibujo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En mi caso, no mucha. Mis dibujos son siempre l&iacute;neas negras, como en la escritura. Las uso para reproducir la forma humana, pero la base es la l&iacute;nea negra. Hay algo m&aacute;gico en el dibujo, porque la l&iacute;nea negra habla directamente, sin pasar por el c&oacute;digo del lenguaje.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Irte a dormir con un libro es como llevar una escalera al mundo de los sueños</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; viniste a Barcelona?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Primero volv&iacute; a Dubl&iacute;n. Ten&iacute;a mi vida all&aacute;. No conoc&iacute;a mucho el mundo, y no sab&iacute;a a d&oacute;nde ir. No ten&iacute;a claro lo que me atra&iacute;a. Entonces, en Dubl&iacute;n, conoc&iacute; a Alberto Peral, y el camino empez&oacute; a ir muy r&aacute;pido. Hasta que vi que ya estaba preparada para irme. Y quise venir a Barcelona, a probar, a conocer. En aquella &eacute;poca, Alberto y yo &eacute;ramos pareja, y me qued&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Alberto era artista cuando le conociste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l s&iacute;. Yo, todav&iacute;a no. Prob&eacute; con la animaci&oacute;n. Me daba cuenta de que, cuando le&iacute;a, ten&iacute;a una sensaci&oacute;n totalmente visual, leyera lo que leyera. As&iacute; que me puse a buscar el puente entre lo visual y la literatura. Pero en la escuela de animaci&oacute;n comprob&eacute; que era un trabajo muy laborioso. Yo no tengo esa aptitud. Mis profes me dec&iacute;an: Mira, t&uacute; tienes que dedicarte al arte, porque tienes cosas que decir, pero no sabes repetir. Aqu&iacute;, hay que repetir muchos dibujos. Tienes que buscar otro camino.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo era Barcelona cuando llegaste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Llegamos en 2007. Vinimos a una especie de <em>loft,</em> en la calle Pere IV, en el barrio del Poblenou. Todo era nuevo para m&iacute;. &iexcl;Un <em>loft!</em> Yo no estaba acostumbrada a vivir en un espacio abierto. En Irlanda, viv&iacute;a en una casita, con el dormitorio arriba, las escaleras, el fuego... Todo como un poco dem&oacute;crata, como algo muy cotidiano. Y de repente me veo en un sitio donde todo es luz y no tengo puerta en la habitaci&oacute;n. Madre m&iacute;a. Me encantaba, pero: &iquest;D&oacute;nde est&aacute; mi intimidad? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el lugar para esconderme cuando viene gente? Es que, adem&aacute;s, siempre hab&iacute;a gente. Nosotros somos sociales, pero tambi&eacute;n andamos siempre en busca de ese rinc&oacute;n. Quiz&aacute; esta sensaci&oacute;n est&eacute; reflejada en la literatura de Irlanda.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es otro clima.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; hay otra mirada. Recuerdo, al principio, ir por Barcelona en bicicleta y tener la impresi&oacute;n de que era la bici la que me llevaba, y no yo a ella. De sentir que aqu&iacute; las cosas son m&aacute;s f&aacute;ciles. Porque no te da todo el rato el viento en la cara y se te cierran los ojos, ni sientes todo el rato el fr&iacute;o y la lluvia. No est&aacute;s oyendo sin parar el ruido del viento. Aqu&iacute;, miras arriba y ves el cielo tan bien... Parece que se hagan ciertas esas psicolog&iacute;as que dicen que con el movimiento de ojos puedas curarte un trauma.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En aquel momento, &iquest;el Poblenou era una zona de artistas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s que ahora, supongo. Hoy, ya no pueden quedarse los artistas. Todav&iacute;a siguen en el Poblenou proyectos como Hangar, y La Escocesa; pero, tener ahora un<em> loft</em> de artistas..., los precios han hecho que esa opci&oacute;n sea para otro estilo de persona.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Alberto Peral y t&uacute; montasteis all&iacute; Halfhouse. &iquest;C&oacute;mo fue la idea?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Fue en 2009. El a&ntilde;o anterior estuvimos en Brasil. All&iacute; se respiraba una libertad muy grande para montar cosas. En Irlanda, tambi&eacute;n hab&iacute;a visto este tipo de proyectos, de gente que transforma su casa en un espacio p&uacute;blico dedicado al arte. Como en Barcelona hay artistas a toneladas, nos pareci&oacute; que no eran suficiente las galer&iacute;as. As&iacute; que Alberto y yo nos animamos a convertir nuestra casa en Halfhouse. Un lugar donde los artistas vengan a exponer, a crear, a trabajar, incluso a residir temporalmente. O sencillamente a compartir comidas y a charlar. Todas las inauguraciones las celebramos con comidas comunitarias con el p&uacute;blico, los artistas, los amigos... Cuando abrimos Halfhouse, en Barcelona no hab&iacute;a tantos espacios independientes como ahora.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Tuvo &eacute;xito enseguida?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute;, el <em>feedback</em> entre la ciudad y el artista ha sido siempre muy bonito. Al menos, esa es mi experiencia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Spelman cree que el fracaso es necesario tanto en el arte como en la crianza                            </span>
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        <strong>&iquest;De d&oacute;nde viene el nombre de Halfhouse?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues toda la esencia de Halfhouse est&aacute; en su nombre. Traducido, al pie de la letra, significa media casa. Pero el nombre est&aacute; inspirado en una expresi&oacute;n que existe en el mundo anglosaj&oacute;n. Es Halfway House. Algo as&iacute; como una casa en medio del camino. En general, se aplica una especie de casa de transici&oacute;n, donde, por las razones que sea, la gente va a vivir una temporada para reincorporarse a la sociedad. Pero a m&iacute; me sugiere una especie de taberna. No s&eacute; si en el diccionario significa eso. Me da una sensaci&oacute;n de sitio c&aacute;lido, donde te ponen algo de comer cuando llegas en caballo despu&eacute;s de un largo trayecto. Y luego sigues tu camino.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iexcl;Como las tabernas donde paraba Dick Turpin!</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Seguramente viene de ah&iacute;! Un hostal en medio del camino. Un lugar donde puedan estar los artistas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; os fuisteis del Poblenou?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque yo quer&iacute;a tener un poco de verde. Ya no. Ahora, solo quiero ciudad. Pero entonces sent&iacute;a con mucha fuerza esa necesidad. Y vimos un sitio para alquilar. Era muy especial, ten&iacute;a un jard&iacute;n muy grande. Hab&iacute;a lugares as&iacute; en Italia. Algunos palacios. No recuerdo sus nombres, pero me gustar&iacute;a recordarlos. Son casas donde se ha metido el arte, que igual tienen una escultura de Lucio Fontana en la cama y muchas esculturas en el jard&iacute;n, entre las malas hierbas. Son sitios preciosos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;D&oacute;nde estaba?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute;, Barcelona, en Vallvidrera, cerca del tren de Peu del Funicular. El edificio lo hab&iacute;a hecho un arquitecto modernista, de la &eacute;poca de Gaud&iacute;. Nosotros alquilamos la parte de abajo de la casa, y encima viv&iacute;an los due&ntilde;os, que no ten&iacute;an nada que ver con el arte. En el jard&iacute;n hicimos muchos proyectos. En aquella Halfhouse, estuvimos cinco o seis a&ntilde;os. Hasta que nos mudamos otra vez, a la calle Santander, en el barrio de La Verneda, donde seguimos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; os volvisteis a ir?</strong>
    </p><p class="article-text">
        De repente, necesit&eacute; m&aacute;s espacio. Me hab&iacute;an ofrecido una exposici&oacute;n en la Fundaci&oacute; Su&ntilde;ol, que es un lugar amplio, y eso me permit&iacute;a hacer dibujos muy grandes, as&iacute; que ten&iacute;a que buscar un sitio m&aacute;s espacioso para trabajar. Tener el proyecto en casa es muy bonito, en eso consiste Halfhouse; pero tienes que acostumbrarte a guardar las esculturas en tu habitaci&oacute;n y cosas as&iacute;. Y encima, nosotros somos un poco ca&oacute;ticos. De modo que me puse a buscar un estudio y encontr&eacute; el actual, en la calle Santander, que es un local de 500 m. Aqu&iacute;, pod&iacute;a venir mucha gente. As&iacute; que lo habl&eacute; con Alberto y nos mudamos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero ten&eacute;is los d&iacute;as contados ah&iacute;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las estructuras para artistas est&aacute;n siempre en peligro. Resulta que el edificio se encuentra afectado por las obras de la nueva estaci&oacute;n del AVE, en la Sagrera. Igual lo derriban. El caso es que vamos a tener que irnos de nuevo. Moverse de un lugar a otro se ha convertido en algo org&aacute;nico. Lo malo es que no s&eacute; c&oacute;mo lo vamos a hacer esta vez. Se ha vuelto todo much&iacute;simo m&aacute;s complicado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por los alquileres?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un artista ya no puede alquilar un local en Barcelona.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Barcelona se ha convertido en una ciudad que llama a la gente para que venga a verla y echa a los que viven en ella.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Much&iacute;simos artistas se est&aacute;n yendo a las ciudades vecinas. Una gran parte se ha concentrado en L'Hospitalet. Sin ir m&aacute;s lejos, yo tengo all&iacute; a mi galerista, es la galer&iacute;a etHALL. Pero L'Hospitalet tambi&eacute;n se ha vuelto muy caro, y la gente se tiene que ir todav&iacute;a m&aacute;s lejos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La ideología es de una manera y la vida de otra</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Ha ido cambiado Halfhouse en sus respectivas versiones?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n cambia la vida. Por ejemplo, en la &uacute;ltima mudanza ya hab&iacute;a nacido nuestra hija. Era algo que encajaba totalmente en nuestra idea de que el trayecto de la vida y los proyectos art&iacute;sticos ten&iacute;an que ir juntos. Pero la realidad es diferente, y te das cuenta de que la ideolog&iacute;a es de una manera y la vida de otra. Al final, vi que, cada vez m&aacute;s, me quedaba m&aacute;s fuera del proyecto y me dedicaba a los cuidados.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo es la vida de una artista con hija?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tanto el embarazo como tener la experiencia de ser madre son la parte m&aacute;s rica de mi vida, evidentemente. Pero es que, adem&aacute;s, todo lo que me impacta, todo lo que es emoci&oacute;n y amor, significa para m&iacute; la base de la creaci&oacute;n. No se puede crear en el vac&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Creas desde el amor, &iquest;pero tambi&eacute;n se puede crear desde el odio?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Ah! Yo creo desde todos estos lugares. No lo decido. Si hay rabia, pues me va a salir rabia. Claro que me gustar&iacute;a decidir; pero entonces no es arte, es un control. No me interesa tenerlo claro por adelantado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para ejercer de madre, &iquest;tienes que ser m&aacute;s organizada?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La maternidad tiene una parte que te pone en relaci&oacute;n con la sociedad, y te marca c&oacute;mo organizas tu tiempo, y te lleva a participar en actividades que no acabas de querer integrarlas. En mi caso, tengo tendencia a salirme de toda estructura organizativa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Entonces, qu&eacute; pasa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues que hago lo m&iacute;nimo posible en ese aspecto. Me dedico solo a la parte de amor y a la educaci&oacute;n que sale de este amor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te sientes culpable por no dedicarle m&aacute;s atenci&oacute;n a los otros aspectos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Al aspecto social? &iexcl;Ah, no! Porque pienso que hay un poco de fallo en esa estructura, y me siento obligada tambi&eacute;n a se&ntilde;alarlo. Tengo que ense&ntilde;arle a mi hija que tiene que vivir en esto, por supuesto. No quiero que sienta que tiene padres que no la ayudan, que no participan. Pero tambi&eacute;n quiero que vea que hay una lecci&oacute;n en eso. Que se d&eacute; cuenta de que no hace falta estar siempre en todo. Que aprenda que tambi&eacute;n tenemos que hacer nuestros t&uacute;neles, abrir nuestros huecos &iacute;ntimos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Es lo mismo criar que crear?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En ambos casos es importante fracasar. Al principio, yo era un poco na&iacute;f, lo mismo que todas las madres, al pensar que mi dedicaci&oacute;n era tan importante. No. Mi hija me dedica m&aacute;s a m&iacute; que viceversa. Pero as&iacute; me he dado cuenta de que lo que m&aacute;s educa es lo que no haces. Y he aprendido que tambi&eacute;n aqu&iacute; hay que fracasar. Bueno, esto no s&eacute; si lo aprendes alguna vez o no. Pero tengo claro que as&iacute; es en mis procesos creativos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si no se fracasa, no hay arte</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En qu&eacute; consiste fracasar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es fundamental. Es que, si no, no hay arte. Porque, si no es as&iacute;, resulta que tienes un plan y lo quieres ejecutar como un ingeniero. Pero yo pienso que el &uacute;nico lugar por donde pueden entrar el arte y la vida es a trav&eacute;s de una apertura creada por el fracaso. Antes de empezar una obra tengo una m&iacute;nima idea, por supuesto. Nunca dibujo desde cero. No es como que se me cierran los ojos y me convierto en un robot y empiezo a dibujar de repente. Siempre tengo alguna cosa que quiero poner ah&iacute;, pero sabiendo de antemano que va a fracasar, y esperando el fracaso para que pase algo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; sucede?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es deslumbrante. Es como un ni&ntilde;o que piensa que va andando hacia la derecha y acaba a la izquierda, y entonces dices: &iexcl;Menos mal!
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo te organizas para presentar un proyecto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Soy nula en esas cosas. Lo paso muy mal para solicitar las becas, que es la manera en que, hoy, los artistas podemos sobrevivir. No soy capaz de definir un proyecto. Pero es habitual entre los artistas. Tanto, que hemos llegado a una situaci&oacute;n perversa. Te piden un proyecto diciendo que ya entienden que el artista no va a hacer este proyecto. Contar algo sabiendo que no lo voy a hacer va en contra de m&iacute;, de mi manera de trabajar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Ocurre en todas partes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute;, m&aacute;s. Aqu&iacute;, hay una vena muy organizativa, que va mucho de pensarlo todo muy bien, y hablarlo todo mucho, les gustan mucho las asambleas, y que est&aacute; relacionada con la manera de pedir los requisitos para las becas. Tiene que ver con el car&aacute;cter de aqu&iacute;. Hay una tendencia a organizar mucho las cosas, a hablar mucho de ellas, que pienso que crea un base muy bonita para luego dejar que sucedan cosas muy ca&oacute;ticas. En Irlanda, es todo lo contrario. Son ca&oacute;ticos y muy poco capaces de organizar, y por eso hay una tendencia a que las estructuras sean un poco m&aacute;s r&iacute;gidas. No dejan margen para improvisar. Aqu&iacute;, primero me piden organizarlo todo mucho, sabiendo que luego voy a ser ca&oacute;tica. Pero esto mismo es lo que me impide dar el primer paso para organizarme.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Aquí nos gustan mucho las asambleas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo sales adelante?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Con mucha dificultad. Bueno, en el proyecto de Halfhouse no hacemos nada de eso. No imponemos un orden as&iacute;. Y creo que esto se agradece en el contexto del Barcelona. A la gente le gusta ver un sitio donde las cosas surgen de un modo m&aacute;s espont&aacute;neo. No nos hace falta reunirnos. Nunca nos hemos reunido para hablar de organizar Halfhouse. Lo hemos hecho antes de pensar si era buena idea.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Para ser artista es necesario plasmarlo f&iacute;sicamente?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que no. Entre mis mejores amigos hay artistas que no est&aacute;n haciendo exactamente nada; pero son absolutamente artistas en su manera de expresarse, en su manera de hablar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;De ni&ntilde;a, ya sab&iacute;as que ibas a ser artista?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a no s&eacute; si lo soy. &iquest;Qui&eacute;n no lo es de alguna manera? &iquest;Qui&eacute;n lo es, y qu&eacute; es serlo? &iquest;Qu&eacute; parte de mi educaci&oacute;n de peque&ntilde;a ha hecho que sea como soy? &iquest;De qu&eacute; hemos tenido que liberarnos para permitirle entrar a esta parte nuestra, o dejarla salir, aflorar? &iquest;C&oacute;mo se hace eso? &iquest;De qu&eacute; modo una persona acaba convirti&eacute;ndose en artista? &iquest;Es voluntario o azaroso?
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Hay respuestas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute;n en las miles y miles de minidecisiones que vamos tomando a lo largo de toda la vida. Son decisiones cotidianas. Cosas como que no te interesa ahorrar dinero para tener un coche... Las cosas a las que te dedicas sin darles importancia. Por ejemplo, cuando ten&iacute;a 15 a&ntilde;os, me encantaba ir al bar para hablar con la gente. De esta manera, est&aacute;s en el arte tambi&eacute;n. Es construir cosas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;El premio Ciutat de Barcelona lo vivisteis como un reconocimiento a vuestra manera de trabajar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Fue superbonito recibirlo, porque, de repente, algo institucional, alguien hacia quien tienes el prejuicio de que no le interesa lo que haces, resulta que te da un premio. Entonces, ves que tiene sentido el trabajo que est&aacute;s realizando. Aunque hay que se&ntilde;alar que, en este caso, sobre todo el trabajo es de Alberto. Sientes que ha valido la pena todo ese tiempo que le has dedicado. Porque no lo montas como un proyecto para sobrevivir, bueno, esperas que te ayude a sobrevivir, pero no es la idea principal. Ante todo, es un proyecto de arte.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; es un proyecto de arte?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es como un proyecto de amor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/sinead-spelman-artista-visual-artista-no-alquilar-local-barcelona_1_11963887.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jan 2025 21:12:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sinéad Spelman, artista visual: "Un artista ya no puede alquilar un local en Barcelona"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Barcelona,Alquiler,Artistas,Dibujos,Ilustración]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los hechos reales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hechos-reales_129_11945831.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d66774f6-2807-47a3-8dc2-2acd1ec4233f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1108921.jpg" width="1123" height="632" alt="Los hechos reales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Navidad es una tradición cristiana, la Nochevieja es genuinamente pagana, que estaban antes. Que las uvas sean doce es por las horas, no por los apóstoles. Además ¡en ninguna parte se dice que en la Última Cena pusieran uvas! ¡Eso era en Esopo, otra fábula! Lo de estos fundamentalistas ultracatólicos es, clara y llanamente, apropiacionismo cultural</p></div><p class="article-text">
        Para celebrar el a&ntilde;o nuevo, despu&eacute;s de las uvas, me le&iacute; el cuento <em>El entierro prematuro, </em>de Edgar Allan Poe. Es un relato muy entretenido y del todo rom&aacute;ntico. Pero, lo de rom&aacute;ntico, en el sentido de la corriente cultural y art&iacute;stica que hemos dado en llamar romanticismo; no desde un punto de vista m&aacute;s com&uacute;n, donde se identifica el romanticismo con los despojos de la colecci&oacute;n Harlequin (verdaderas m&aacute;quinas de hacer picadillo a los lectores y a los autores), o con las sentimentales novelas de Rosemunde Pilcher (muchas de las cuales fueron adaptadas a televisi&oacute;n por la cadena p&uacute;blica alemana ZDF, lo que da una idea de cu&aacute;nto se puede aburrir una persona lamiendo una tostada de mermelada barata durante horas).
    </p><p class="article-text">
        Ya al principio de <em>El entierro prematuro,</em> Poe aconseja al escritor rom&aacute;ntico (para &eacute;l, el m&aacute;s loable), que no se inspire en hechos reales. No recordaba esta frase de las otras veces que hab&iacute;a le&iacute;do el relato, y me reconfort&oacute; encontrarla, porque reflejaba mi situaci&oacute;n en aquel preciso instante. Como ejemplo de hechos reales, Poe se&ntilde;alaba el terremoto de Lisboa y la peste de Londres, entre otras cat&aacute;strofes que han conmovido a la humanidad. Edgar Allan Poe es tambi&eacute;n un escritor rom&aacute;ntico, cree en el poder de la literatura, y toma partido por la ficci&oacute;n en estado puro.
    </p><p class="article-text">
        En ese cuento, Poe defiende que el largo y horripilante cat&aacute;logo de calamidades y miserias humanas con que se entretiene al publico carece de valor en el terreno de la ficci&oacute;n, ya que, de esas cosas, lo que excita a la gente es la historia, la realidad, y no la imaginaci&oacute;n y la creatividad, es decir, lo que constituye la obra de arte. Y, ya digo, ese era mi caso en aquel preciso instante, pues no quer&iacute;a entrar en Netflix, o lo que fuera, y encontrarme con la habitual coletilla que anuncia: basada en hechos reales. &iquest;A qui&eacute;n le puede interesar algo basado en hechos reales?
    </p><p class="article-text">
        Porque los hechos reales resultan fascinantes por s&iacute; mismos, mientras suceden, quiero decir, mientras son reales, sobre todo, mientras son hechos. Al tiempo que est&aacute;n haci&eacute;ndose ante nuestras propias narices. Por ejemplo, la pasada noche de fin de a&ntilde;o, los espectadores presenciamos una magn&iacute;fica exhibici&oacute;n de hechos reales. Me refiero a las doce campanadas retransmitidas por Broncano y por Lalachus, en RTVE. La tele (tambi&eacute;n la radio) tienen la capacidad no solo de mostrar hechos reales, sino tambi&eacute;n de crearlos. Pero para ello deben morder la realidad hasta el tu&eacute;tano, y esto es &uacute;nicamente posible en directo. Sin embargo, se renuncia cada vez m&aacute;s a los programas en directo.
    </p><p class="article-text">
        Son m&aacute;s aut&eacute;nticas las campanadas retransmitidas en directo, que cualquier serie basada en hechos reales. A esta impostura, a esta tumba de lo vivo, es a lo que se refer&iacute;a Edgar Allan Poe al inicio de su cuento. Pero, a&uacute;n es m&aacute;s, las doce uvas contadas por Broncano y por Lalachus resultaron m&aacute;s reales, m&aacute;s verdaderas, no que una teleserie, sino que las otras uvas retransmitidas por el resto de las cadenas. Cuando la c&aacute;mara de TVE enfoc&oacute; a los presentadores de Antena 3, en la terraza vecina, y los meti&oacute; en el programa que est&aacute;bamos viendo, los despoj&oacute; de su realidad para hacerla nuestra. Chicote y Cristina Pedroche dejaban de ser hechos reales.
    </p><p class="article-text">
        Esto no solo sucedi&oacute; en el plano semi&oacute;tico (de chaval, quer&iacute;a ser semi&oacute;logo como Umberto Eco, pero al final me conform&eacute; con Jim&eacute;nez del Oso, otro uso de los s&iacute;mbolos). En aquel instante, Cristina Pedroche y Chicote no solo dejaban de ser reales como im&aacute;genes, sino que tambi&eacute;n dejaban de estar basados en hechos reales. Nunca lo estuvieron. Desde su naturalidad, Broncano y Lalachus desmontaron el simulacro televisivo en que se ha convertido, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, la Nochevieja. Al fin y al cabo, la noche de fin de a&ntilde;o somos gente comiendo uvas. Gente normal, con uvas de s&uacute;per o de fruter&iacute;a de barrio, que quiere celebrar un momento especial. Los meg&aacute;fonos de mano con los que Broncano y Lalachus le hablaban, desde el terrado, a la multitud de la Puerta del Sol se convert&iacute;an en un nivelador de igualdades. Se establec&iacute;a una comunicaci&oacute;n directa entre los presentadores y el mogoll&oacute;n. Eran lo mismo. La misma gente. Era imposible, viendo aquellos meg&aacute;fonos de mano y la plaza llena de gente, no acordarse de un tel&eacute;fono hecho con envases de yogur. O del 15M.
    </p><p class="article-text">
        Broncano es real d&aacute;ndole un abracito en la cabeza a Lalachus. La gente se quiere y la gente se toca. Lalachus es realista cuando, como s&iacute;mbolo de las uvas (ella misma la llam&oacute; simbolog&iacute;a), muestra una uva. No se puede ser m&aacute;s de verdad. No hay manera m&aacute;s certera de ser fiel a los hechos reales. Lalachus es una mujer que pretende parecer una mujer, parecer ella misma en concreto. No quiere parecer el p&oacute;ster de una mujer, como sucede en tantos sitios. Broncano se convierte en un hecho real cuando se sube al anuncio de T&iacute;o Pepe. Todo el mundo que ha pasado por debajo de ese anuncio ha tenido el sue&ntilde;o de subir all&iacute; para estar cerca. El anuncio de T&iacute;o Pepe de la Puerta del Sol es el Everest de nuestra cultura popular. &iquest;C&oacute;mo resistir la tentaci&oacute;n de encaramarse a ese sitio cuando est&aacute; al alcance de la mano? Eso hizo Broncano.
    </p><p class="article-text">
        D&iacute;as despu&eacute;s de ver la retransmisi&oacute;n, he comprendido que el enemigo de los hechos reales no es la ficci&oacute;n. Ambas categor&iacute;as se nutren de la vida. Los enemigos de los hechos reales son, sencillamente, los enemigos de la vida, los que se oponen a todo lo que est&aacute; vivo, aunque se llamen provida. Una cortina de humo. Lo hemos constatado con la denuncia que le han puesto a Lalachus las asociaciones ultramontanas Hazte O&iacute;r y Abogados Cristianos (con el apoyo de Vox y de la Conferencia Episcopal), por mostrar, durante la retransmisi&oacute;n de las campanadas, una estampilla de la vaquita del Grand Prix caracterizada como las t&iacute;picas l&aacute;minas del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Nada m&aacute;s siniestro, nada m&aacute;s dispuesto al entierro prematuro de toda muestra de vida, que la ultraderecha espa&ntilde;ola envuelta en su tradicional integrismo religioso. Nada m&aacute;s irrespetuoso con nuestras m&aacute;s antiguas tradiciones, que los ultras de Hazte O&iacute;r, Manos Limpias, Vox y lo que surja. Pues, si bien, la Navidad es una tradici&oacute;n cristiana, la Nochevieja es genuinamente pagana, que estaban antes. Que las uvas sean doce es por las horas, no por los ap&oacute;stoles. Adem&aacute;s &iexcl;en ninguna parte se dice que en la &Uacute;ltima Cena pusieran uvas! &iexcl;Eso era en Esopo, otra f&aacute;bula! Lo de estos fundamentalistas ultracat&oacute;licos es, clara y llanamente, apropiacionismo cultural. Basta con comparar la escultura griega del Mosc&oacute;foro y cualquier representaci&oacute;n del Buen Pastor, para comprender hasta qu&eacute; punto la imaginer&iacute;a cristiana es toda apropiacionismo.
    </p><p class="article-text">
        No puedo evitar un momento <em>Cachitos</em> (soy carne de programaci&oacute;n de Nochevieja), pues me he acordado del grupo Tam Tam Go! Salieron a mediados de los ochenta, y entonces estaba de moda el disco <em>Menos mal que nos queda Portugal,</em> de los gallegos Siniestro Total. Como los de Tam Tam Go! eran extreme&ntilde;os, a uno de sus miembros se le ocurri&oacute; rivalizar diciendo: Portugal es nuestro, y no de los de Siniestro. Sucede lo mismo con la vaquilla del Mosc&oacute;foro y el Sagrado Coraz&oacute;n. La vaquilla, bueno, el ternero, era anterior. Cuando los cristianos plagiaron la escultura, se les cay&oacute; la b&oacute;vida celeste, es decir, la vaquilla, y pusieron en su lugar el cordero, otro ungulado de pezu&ntilde;a partida. As&iacute; que ya pueden denunciar, ya; pero, digan lo que digan, la vaquilla es nuestra y no de esa secta tan siniestra. Lo podemos demostrar, porque est&aacute; basado en hechos reales.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hechos-reales_129_11945831.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Jan 2025 21:21:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los hechos reales]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los progres comen pistachos (cuento de Navidad)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/progres-comen-pistachos-cuento-navidad_129_11925469.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7a48c7fc-e2b0-4e64-bf10-fc6b02933e99_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pistachos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La primera vez que lanzó una 'fake news' (a veces, le gustaba hablar como a los progres con estudios), fue para hacer creer, a quien pudiera leerlo en Internet, que cierto inquilino del entresuelo, un tal José Luis Pitagol Votoenblanco, era un consumidor compulsivo de pistachos</p></div><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de la ventana, no estaba nevando. Raro es el a&ntilde;o que nieva en Barcelona. As&iacute; que, al fin y al cabo, podr&iacute;a decirse que, otra vez, eran unos d&iacute;as de Navidad normales. Y, esto tambi&eacute;n, que hac&iacute;a un fr&iacute;o que pelaba. Por tal raz&oacute;n, don Abrelatas Flequill&iacute;n Pantojo se ech&oacute; sobre los hombros la manta de la mili, que conservaba desde hac&iacute;a d&eacute;cadas. Era una manta astrosa, de color oscuro y echaba peste a humedad. Si embargo, ello no era &oacute;bice para que don Abrelatas se sintiese a sus anchas divulgando todo tipo de infundios ante la pantalla del port&aacute;til. Para ser un port&aacute;til, resultaba un trasto muy grande, pues era de los primeros que salieron al mercado, aunque el suyo se lo hab&iacute;an regalado juntando puntos en la caja de ahorros, cuando todav&iacute;a exist&iacute;an estas instituciones. Todo era muy antiguo en su vida. No digamos sus principios, de los que estaba muy orgulloso.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, hay que reconocer que la actividad que le ocupaba la mayor parte de su tiempo libre era bien moderna. Bueno, m&aacute;s que moderna, era muy actual, estaba vigente. Porque, en realidad, era tan antigua como la civilizaci&oacute;n. A don Abrelatas Flequill&iacute;n Pantojo le pirraba inventarse trolas sobre los dem&aacute;s y ponerlas en circulaci&oacute;n desde el anonimato. Hab&iacute;a creado varios avatares en las redes para este fin, pero el que m&aacute;s usaba era El Altramuz Leal. Le encantaban los altramuces, siempre ten&iacute;a una bolsita junto al ordenador, que iba picoteando a medida que se le ocurr&iacute;an ideas con que poner de vuelta y media a los vecinos de la escalera.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente, la primera vez que lanz&oacute; una <em>fake news</em> (a veces, le gustaba hablar como a los progres con estudios), fue para hacer creer, a quien pudiera leerlo en Internet, que cierto inquilino del entresuelo, un tal Jos&eacute; Luis Pitagol Votoenblanco, era un consumidor compulsivo de pistachos. &iexcl;S&iacute;, dec&iacute;a bien: de pistachos! Evidencias, no ten&iacute;a ninguna. Pruebas, solo una; pero fundamental. Un viernes por la tarde... &iexcl;Ah, encima tuvo que ser viernes por la tarde! &iexcl;Si es que salta a la vista!, don Abrelatas se frotaba las manos regode&aacute;ndose en que el acontecimiento hubiese tenido lugar en el momento m&aacute;s sospechoso y siniestro de la semana. El viernes por la tarde la gente deja de trabajar y hace lo que quiere. Devolver libros a la biblioteca..., ya, ya, una forma hip&oacute;crita de enmascarar las bacanales de las que, sin lugar a dudas, ellos mismos deben sentirse avergonzados.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, un viernes por la tarde encontr&oacute; una c&aacute;scara de pistacho sobre la alfombrilla ante la puerta de aquel detestable vecino, y no de otro. Del progre que hab&iacute;a puesto escandalosamente esa alfombrilla con la cita de Antonio Machado, un republicano de dudosa moral. En la alfombrilla se le&iacute;a impreso: &ldquo;Caminante, no hay camino, pero deja los zapatos fuera&rdquo;. Aquel viernes, don Abrelatas volv&iacute;a de comprar altramuces, por supuesto. Porque el pistacho..., &iexcl;todo el mundo sabe lo que es el pistacho: el alimento preferido de Gadafi! No recordaba don Abrelatas Flequill&iacute;n Pantojo d&oacute;nde se hab&iacute;a enterado de este dato tan relevante. Seguro lo vio en Discovery Channel. &iquest;Qu&eacute; puede comer un dictador sanguinario de ese pa&iacute;s tan raro que lo mismo se llama L&iacute;bano, que Libia, que Liberia...? No, Liberia seguro que no era. Estaba en otro continente. O, a lo mejor, en el mismo, pero por otro lado. En &Aacute;frica, uno nunca sabe qu&eacute; camino est&aacute; pisando. Como la alfombrilla del vecino.
    </p><p class="article-text">
        Todos los progres comen pistachos, don Abrelatas lo capt&oacute; al vuelo y le sali&oacute; una mueca de repugnancia. Hay que reconocer que, al principio, se hab&iacute;a pegado un susto de muerte; pues, en vez de ver en el suelo una c&aacute;scara de pistacho vac&iacute;a, le pareci&oacute; identificar una cucaracha, como las que pululaban a todas horas por su casa. Crey&oacute; que ese bicho asqueroso se le hab&iacute;a escapado a &eacute;l, y temi&oacute; que los vecinos se enterasen de que la vida le superaba, y que no pod&iacute;a con nada que no fuese navegar por Internet. As&iacute; que pas&oacute; al ataque. Antes de que empezasen a criticarle, m&aacute;s a&uacute;n, que ya es decir, al fin tomar&iacute;a &eacute;l la iniciativa. Vale, no era una cucaracha. Peor a&uacute;n, era un pistacho. &iexcl;Espuertas de pistachos era lo que inger&iacute;a aquel vecino desaprensivo, lo mismo un Gadafi cualquiera que lee art&iacute;culos de Javier P&eacute;rez... Royo! Todos los Javier P&eacute;rez tienen mucho rollo, de eso estaba bien seguro don Abrelatas Flequill&iacute;n Pantojo.
    </p><p class="article-text">
        V&iacute;ctimas de los bulos de racimo con que dinamitaba las redes sociales, uno tras otro fueron cayendo en el descr&eacute;dito todos los vecinos de la finca. Una vez, vio asomados al balc&oacute;n a los cinco hijos de la se&ntilde;ora de la puerta de al lado. Estaban contemplando el arco iris muy contentos. &iquest;Arco iris? &iexcl;Adoctrinamiento! &iquest;Qu&eacute; educaci&oacute;n familiar se puede esperar de una mujer que vive sola con sus hijos! &iexcl;Seis personas solas en una casa! &iexcl;Qu&eacute; barbaridad! Ya podr&iacute;a haber cien, que seguir&iacute;an solas igualmente; porque las mujeres y los ni&ntilde;os siempre estar&aacute;n solos si no hay un hombre en la casa. Al reflexionar sobre este concepto, don Abrelatas record&oacute; que su serie de infancia preferida era <em>Un hombre en casa. </em>Lo que m&aacute;s le gustaba era el t&iacute;tulo. Antiguamente, s&iacute; que hab&iacute;a valores.
    </p><p class="article-text">
        Con los rumores y las calumnias que don Abrelatas propagaba sin parar, se extendi&oacute; entre los vecinos un mutuo recelo. Aparentemente, nadie se tragaba esas patra&ntilde;as, pero daban qu&eacute; pensar, y as&iacute; se cre&oacute; un irrespirable clima de desconfianza. Ya nadie le sujetaba la puerta del ascensor al vecino para compartirlo. Al contrario, si lo ve&iacute;a venir se daba prisa para entrar solo. Una vez, en el portal, pero dentro, no en la calle, el inquilino del entresuelo vio que al hijo peque&ntilde;o de la vecina se le ca&iacute;a una c&aacute;scara de pipa al suelo, y se abalanz&oacute; a recogerla, por miedo de que ahora tambi&eacute;n le acusaran a &eacute;l de comer pipas, como Pippi L&aring;ngstrump o alguien relacionado. Estuvo a punto de darle un pescoz&oacute;n al ni&ntilde;o por haber puesto su reputaci&oacute;n en peligro. Y aunque fue capaz de contener su mano, no lo consigui&oacute; con la lengua, y le dijo que todo el mundo sab&iacute;a lo que pasaba en su casa cuando llov&iacute;a y hac&iacute;a sol, y que o lluvia o sol, pero que todo no se pod&iacute;a tener en la vida. Y desapareci&oacute; murmurando, pero para que le oyeran, que estaba la finca que daba asco de c&aacute;scaras de pipas. Y de pl&aacute;tanos. Y de patatas. Y que la culpa no era de los pistachos. As&iacute; fue como, en muy poco tiempo, aquel edificio se volvi&oacute; un lugar triste y sombr&iacute;o, donde ya nadie respetaba a sus semejantes, donde la gente ya no cre&iacute;a en nada que no fuera en sus propios miedos, y donde nadie esperaba nada del porvenir porque todo el mundo vislumbraba un futuro a&uacute;n peor.
    </p><p class="article-text">
        En resumidas cuentas, don Abrelatas Flequill&iacute;n Pantojo consigui&oacute; que todo el vecindario se comportase como &eacute;l. A falta de proyectos en com&uacute;n, buenas son las enfermedades contagiosas. No es que la desdicha de los otros reconfortase la propia, don Abrelatas no lo ve&iacute;a as&iacute;, no. Desde su punto de vista, todo estaba, al fin, en orden y, de una vez por todas, se hab&iacute;a impuesto la verdad, aunque para ello la verdad hubiera tenido que invent&aacute;rsela.
    </p><p class="article-text">
        Aquella ma&ntilde;ana de vacaciones navide&ntilde;as, don Abrelatas se hab&iacute;a ido a los Encantes Nuevos, en la calle Valencia con Dos de Mayo, para comprarse de segunda mano el helic&oacute;ptero amarillo de los Madelman. Era una adquisici&oacute;n que iba m&aacute;s all&aacute; del coleccionismo. Necesitaba el helic&oacute;ptero para una cosa. Porque resulta que, reuniendo montones de Ex&iacute;n Castillos, encontrados en mercadillos, o localizados por Wallapop, hab&iacute;a construido una reproducci&oacute;n del Valle de los Ca&iacute;dos m&aacute;s que fidedigna. Si &Aacute;lex de la Iglesia la hubiera visto, le habr&iacute;a contratado para hacer la maqueta en esa pel&iacute;cula suya que llevaba el t&iacute;tulo de una canci&oacute;n de Raphael,<em> Balada triste de trompeta</em>. En gustos musicales, don Abrelatas se ten&iacute;a un por un mel&oacute;mano, ojo, amante del sonido tanto como de la m&uacute;sica, y Raphael se le quedaba corto. De un tiempo a esta parte, sus discos preferidos eran los de Supertrump. Durante un instante, calibr&oacute; la posibilidad de que Pippi L&aring;ngstrump tambi&eacute;n estuviese en el ajo. Cuidado con las palabras que acaban en Trump. Lo cantaban los Focomelos: todo lo que rima es verdadero. Es m&aacute;s, aunque no lo parezca, hasta la misma democracia acaba con Trump. Don Abrelatas se apresur&oacute; a apuntar esta idea, pero luego tir&oacute; el papelito porque le pareci&oacute; una frase desagradablemente ambigua.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que el helic&oacute;ptero de los Madelman significaba la guinda de su proyecto. Pues, ni m&aacute;s, ni menos, ten&iacute;a planeado recrear la exhumaci&oacute;n de los restos de Franco en el Valle de los Ca&iacute;dos. Para hacer el cad&aacute;ver, hab&iacute;a preparado un buzo de Montaplex, que parec&iacute;a ya de por s&iacute; bastante embalsamado, y, con el fin de darle veracidad, le peg&oacute; en el rostro un sello de correos con la cara del Caudillo, que guardaba desde ni&ntilde;o cuando empez&oacute; una colecci&oacute;n. A falta del a&ntilde;orado mensaje de nochevieja de Francisco Franco, &eacute;l le rendir&iacute;a su personal homenaje con esta acci&oacute;n de arte contempor&aacute;neo, y con m&uacute;sica del himno nacional, el <em>Cara al sol </em>y el villancico <em>Dime, ni&ntilde;o, de qui&eacute;n eres.</em> La gente tiene que mojarse.
    </p><p class="article-text">
        Pero un d&iacute;a la tristeza lleg&oacute; hasta su coraz&oacute;n. Sucedi&oacute; en el preciso instante en que iba a poner en marcha su cuidadosa escenificaci&oacute;n, ya que cay&oacute; en la cuenta de que no ten&iacute;a amigos para compartirla. Ni amigos, ni siquiera espectadores (que para eso est&aacute;n los amigos). No ten&iacute;a a nadie porque, a veces, los vecinos le tem&iacute;an y &eacute;l los despreciaba, y otras veces era al rev&eacute;s, y los vecinos le despreciaban y &eacute;l los tem&iacute;a. Aun as&iacute;, reparti&oacute; invitaciones por los buzones, sin precisar en qu&eacute; consist&iacute;a la funci&oacute;n. Siempre hay cosas que a uno le gustan mucho, pero que le da verg&uuml;enza decirlas en p&uacute;blico. En pol&iacute;tica, tambi&eacute;n. Como ya hab&iacute;a pasado mucho rato de la convocatoria sin que apareciera nadie, se resign&oacute; a empezar su patri&oacute;tico espect&aacute;culo solo y lleno de resentimiento. Y cuando ya se dispon&iacute;a a hacer aterrizar el helic&oacute;ptero sobre una plataforma llena de banderines y pendones (en el sentido de estandarte), retumb&oacute; en toda la casa un ding dong tubular. Hac&iacute;a a&ntilde;os que nadie llamaba a su puerta, y al sonido del timbre le precedi&oacute; un chasquido el&eacute;ctrico como de cortocircuito, pero, afortunadamente, no pas&oacute; nada. Y eso que en Espa&ntilde;a siempre pasan cosas. Esto es porque no estamos preparados para nada.
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; Luis Pitagol, el inquilino del entresuelo, estaba al otro lado de la puerta cuando la abri&oacute;, y llevaba en la mano una bolsa de kilo llena de pistachos. Finalmente, se hab&iacute;a animado y acept&oacute; la invitaci&oacute;n. Sent&iacute;a una curiosidad tremenda por lo que pudiera haber organizado su vecino, y de alg&uacute;n modo tambi&eacute;n se sent&iacute;a halagado de que le hubiera tenido en cuenta. Cuando todo va mal, hay que empezar desde las cenizas. Jos&eacute; Luis Pitagol no era mucho de comer pistachos, si bien es cierto que, ocasionalmente, los hab&iacute;a comprado. Sin embargo, desde que se corri&oacute; la voz de que Gadafi, o sus herederos, se los mandaban por toneladas, se aficion&oacute; a este fruto seco de manera compulsiva. Es muy duro estar a la altura de la propia leyenda, y m&aacute;s cuando es inmerecida.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Me permite que tome uno?&rdquo;, le pregunt&oacute; don Abrelatas Flequill&iacute;n Pantojo se&ntilde;alando con el &iacute;ndice el paquete de pistachos. Y su vecino alarg&oacute; los brazos y se lo tendi&oacute; con generosidad, al tiempo que a&ntilde;ad&iacute;a: &ldquo;&iexcl;Los he tra&iacute;do para eso!&rdquo;. Con un adem&aacute;n, el anfitri&oacute;n invit&oacute; al inquilino a pasar al interior, y este le sigui&oacute; por un pasillo lleno de metopas con escudos militares y una estanter&iacute;a con toda la colecci&oacute;n de <em>Los hombres de Harrelson,</em> en VHS. &ldquo;&iquest;Es como el Valle de los Ca&iacute;dos, verdad? Nunca he estado, pero ni ganas&rdquo;, dijo Jos&eacute; Luis Pitagol cuando se encontr&oacute; ante la maqueta. Don Abrelatas se encogi&oacute; de hombros y le contest&oacute;: &ldquo;Yo tampoco he ido nunca, pero creo que no me ha quedado mal. &iquest;Puedo coger m&aacute;s pistachos? Aqu&iacute; solo tengo altramuces. Si usted gusta...&rdquo;. La verdad es que los pistachos no le desagradaban. Cogi&oacute; un tercero y, sin prestar atenci&oacute;n, dej&oacute; caer la c&aacute;scara al suelo y sigui&oacute; andando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando se hizo de nuevo la oscuridad en el pasillo, una cucaracha joven confundi&oacute; la c&aacute;scara de pistacho con su abuela, que estaba sorda. Insisti&oacute; varias veces; pero, harta de que no le contestara, supuso que se trataba de otra cosa, as&iacute; que le dio un bocado para ver si, por lo menos, era comestible; pero sab&iacute;a fatal y se dio media vuelta en busca del due&ntilde;o de la casa. &iexcl;Menudo timo de abuela! &iquest;Qui&eacute;n habr&iacute;a puesto esa cosa en medio del camino? Aquello era tan falso que no se pod&iacute;a ni comer. Entonces, sucedi&oacute; algo terrible. A Jos&eacute; Luis Pitagol se le volc&oacute; accidentalmente la bolsa de pistachos, y cayeron todos sobre la joven cucaracha, que pereci&oacute; al instante. De este modo tan tr&aacute;gico, hab&iacute;a descubierto que las mentiras no se pueden comer, pero se lo pueden comer a uno.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/progres-comen-pistachos-cuento-navidad_129_11925469.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Dec 2024 20:28:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los progres comen pistachos (cuento de Navidad)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fake News]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Victoria Bermejo, escritora: "En Barcelona ya no hay ningún sitio donde puedas ir a cenar a las tres de la mañana"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/victoria-bermejo-escritora-barcelona-no-hay-sitio-puedas-cenar-tres-manana_1_11912900.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a046c4c9-27ef-4f45-9054-22bd9ba339e1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Victoria Bermejo, escritora: &quot;En Barcelona ya no hay ningún sitio donde puedas ir a cenar a las tres de la mañana&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Guionista y directora de documentales, Bermejo recuerda a sus familiares más célebres, además de rememorar las noches de una Barcelona que ya se fue y los tiempos en los que era la única mujer de los consejos de redacción de 'TBO' o 'Complot' </p><p class="subtitle">El anterior 'La gente habla' | Elena González Matas, librera: “A veces, conocer a un escritor es decepcionante”
</p></div><p class="article-text">
        La silla de oficina donde Victoria Bermejo (Barcelona, 1958), se sienta a escribir estaba en un parking y, como iban a tirarla, se la qued&oacute; ella. Tiene la casa llena de muebles antiguos y modernos. Un bargue&ntilde;o, que perteneci&oacute; a sus tatarabuelos. Una l&aacute;mpara finlandesa de dise&ntilde;o, que se retuerce como una columna salom&oacute;nica, y que Victoria quiere mucho porque le va muy bien cuando est&aacute; triste, ya que se abraza a ella y se le va la pena. En una estanter&iacute;a, con los libros, exhibe una reproducci&oacute;n en peque&ntilde;o de la Dama del Paraguas (la estatua que hay en el parque de la Ciutadella), y es una de las muchas que mandaba hacer su abuela, para regalar.
    </p><p class="article-text">
        Ante su mesa de trabajo, una larga ventana horizontal muestra la ciudad desde Montju&iuml;c hasta el Tibidabo. Una amiga le dijo que parece un cuadro de Antonio L&oacute;pez y que es la vista m&aacute;s madrile&ntilde;a que hay en Barcelona. Son sus calles, Barcelona, y su pasi&oacute;n es madrile&ntilde;a. Como fue protagonista y musa de los tebeos en la Barcelona posmoderna, tiene las paredes decoradas con originales de aquellos dibujantes: Gallardo, Mariscal, Sento, Cifr&eacute;, Micharmut... Tambi&eacute;n hay fotos de Alvargonz&aacute;lez y de Ouka Leele, y un reloj de sus abuelos, que da la hora moderna, y otro reloj moderno de Micharmut, que da la hora antigua.
    </p><p class="article-text">
        Ha escrito guiones de pel&iacute;culas, ha dirigido su propio documental, <em>Volver a casa con 50 a&ntilde;os</em> (2016),<em> </em>y es autora de m&aacute;s de veinte libros infantiles y juveniles, algunos muy populares, como <em>Cuentos para contar en 1 minuto,</em> ilustrado por Gallardo (Arpa, 2017). El a&ntilde;o pasado, public&oacute; su primera novela para adultos, <em>S&iacute;, lo hice </em>(Pepitas de Calabaza, 2023), donde sostiene que la vida son los actos por encima de los miedos y hasta de los sentimientos, y que lo valiente es hacer.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Victoria, cuando acabemos la entrevista vamos a los Encantes.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Pero si hoy es jueves!
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iexcl;Es verdad! &iexcl;No hay!</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estuve el s&aacute;bado pasado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es cuando va m&aacute;s gente.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Much&iacute;sima.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Fuiste sola?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, fui con una amiga del cole. La gente, como sabe que voy tanto, se piensa que soy una gu&iacute;a. &ldquo;Oye, me tienes que llevar a los Encantes&rdquo;, esta es la frase. El caso es que ahora tambi&eacute;n voy con las amigas del cole, que nos hemos vuelto a unir. Un d&iacute;a llev&eacute; a unas, y con esta llevo dos veces.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Se lo pasan bien?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Uy, mi amiga! Encontr&oacute; un huevo de cristal para poner de pisapapeles, que era maravilloso. Y una l&aacute;mpara de flexo, en hierro colado, de los a&ntilde;os 50, que pesa lo suyo, por 5 euros. &iexcl;Joyas!
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Joyas tambi&eacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero no de joyer&iacute;a. &iexcl;Aut&eacute;nticas joyas de los Encantes! Solo busco piezas de chamarileros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y qu&eacute; encuentras?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute;, los Encantes son como El Corte Ingl&eacute;s. Si necesito una bombilla, la compro all&iacute;. O si necesito un colador o una sart&eacute;n. O la tela de las cortinas. Aunque, m&aacute;s que nada, voy a hacer fotos de los muebles, de los cuadros, y luego escribo historias sobre ellos. Invento las biograf&iacute;as de los retratos. Los recorro en zigzag, de punta a punta. Sobre todo, la parte de abajo. Arriba, el se&ntilde;or que vende cuentas de l&aacute;mparas de ara&ntilde;a, que tiene cosas de cristal tan bonitas, se jubila ya.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; hace la gente con las cuentas de las l&aacute;mparas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por estas fechas, decorar los &aacute;rboles de Navidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Vas con mirada de anticuaria o por glamur?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Voy de paseo. Es un paseo emocional. Me encanta conversar con los vendedores, es que ya somos como amigos. El otro d&iacute;a, un se&ntilde;or me explic&oacute; que no puede irse a su casa de Fez, que se la hizo en Marruecos, porque los vecinos le han robado todo. Le han dejado sin l&aacute;mparas y sin grifos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En los Encantes he visto grandes colecciones arrojadas al suelo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l es tu relaci&oacute;n con los objetos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aunque no lo parezca, yo soy muy l&iacute;nea clara. No me gusta tener trastos en casa. Lo que me encanta es tener pocas cosas y bonitas. Conservo algunos objetos del pasado. Unos eran de mi casa, y los quer&iacute;an tirar. Otros los he heredado de mis antepasados. Y luego tengo cosas que he comprado porque las necesitaba. Mira, estas sillas son de los Encantes. &iquest;Verdad que son un poco hermanas Gilda?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Como las que dibujaba V&aacute;zquez.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues son comod&iacute;simas, porque te recogen toda la ri&ntilde;onera. Me costaron nada, a&uacute;n eran pesetas. Todav&iacute;a las voy tapizando. Y esto, que no s&eacute; si es alfonsino, o isabelino, o lo que sea, era de mis bisabuelos. No me gusta comprar cosas peque&ntilde;as, cajitas, cosas as&iacute;. Yo solo compro cosas necesarias y grandes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Sales en busca de belleza?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es eso, pero me da mucha pena. En los Encantes he visto grandes colecciones arrojadas al suelo. Como la de la pintora Maria Girona, su obra, sus cosas. O la del fundador de Eina, la escuela de arte y dise&ntilde;o. All&iacute; estaban amontonados todos sus cat&aacute;logos, sus libros... La gente vac&iacute;a las casas con cristaler&iacute;as y vajillas completas, que han puesto, tirando largo, cuarenta navidades en su vida. Porque no las han usado de a diario.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; te parece el edificio de los Encantes? Es del Estudio b720, unos arquitectos de vanguardia.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ya har&aacute; diez a&ntilde;os que est&aacute;n ah&iacute;. &iquest;Sabes qu&eacute;? Al principio, yo estaba como todos. Me molestaba que a los Encantes les quitaran el barro, el fango, la lluvia... Cre&iacute;a que estar a la intemperie les daba m&aacute;s autenticidad. Pero ahora pienso lo contrario. Me gustan m&aacute;s ah&iacute;. Es una gran obra arquitect&oacute;nica. Todo el edificio me fascina. Y lo del techo de espejos es una maravilla. Est&aacute;s all&iacute;, y te ves reflejada entre la multitud. Se ve todo el hormigueo. Y el suelo es muy zoco &aacute;rabe.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;No crees que han perdido libertinaje?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todo est&aacute; perdiendo siempre libertinaje. Antes, en el caf&eacute; de la esquina, serv&iacute;an una &ldquo;barrecha&rdquo; de huevo con gaseosa y caf&eacute; y un chorre&oacute;n de co&ntilde;ac, que no s&eacute; c&oacute;mo se llamaba. Y, ahora, pues hacen un huevo b&eacute;n&eacute;dictine. Pero, bueno, as&iacute; es esta ciudad. En Barcelona ya no hay ning&uacute;n sitio donde puedas ir a cenar a las tres de la ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;T&uacute; has cenado a las tres de la ma&ntilde;ana?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En mis &eacute;pocas, claro. Saliendo de los bares de la parte alta, baj&aacute;bamos a la plaza Letamendi y dentro de un parking hab&iacute;a una hamburgueser&iacute;a. All&iacute; nos met&iacute;amos a las tres de la ma&ntilde;ana. Era una cosa loca, porque a esa hora poca gente estaba serena. Ve&iacute;as a la gente con el r&iacute;mel corrido, o una media rota, y te sentabas a comer con avidez. Necesitabas morder una hamburguesa. Era m&aacute;gico. Hab&iacute;a otro lugar por el Born, cerca del Zeleste, que tambi&eacute;n estaba abierto hasta tarde. Era en la calle Assaonadors, o una de estas. Se llamaba la Lola, que era una se&ntilde;ora, para m&iacute;, mayor. Claro, yo ten&iacute;a 18 o 20 a&ntilde;os. Y ella iba vestida de negro, guap&iacute;sima, y serv&iacute;a estofado de carne, pero muy bien hecho, y estaba abierto toda la noche. Cuando le daba la gana, cog&iacute;a la guitarra y cantaba boleros y unas canciones preciosas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Se acab&oacute; esa Barcelona.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute;. Supongo que en el puerto ol&iacute;mpico habr&aacute; alg&uacute;n sitio. Porque si no, &iquest;la gente qu&eacute; hace? &iquest;Llamar al Glovo para que les traigan una pizza? Igual es as&iacute;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Barcelona era la ciudad de los cómics, las revistas y los bares de diseño</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Victoria, cada vez que hablo contigo, me acuerdo de tus circunstancias, es decir, de Ortega y Gasset.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es de la familia. De joven, procuraba que no se supiera. Pero, sobre todo, desciendo de los Gasset, porque yo no soy Ortega.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Entonces, tambi&eacute;n eres familia de aquel que molaba tanto, el que hac&iacute;a </strong><em><strong>D&iacute;as de cine?</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Mi t&iacute;o! Antonio Gasset era t&iacute;o m&iacute;o. Lo trat&eacute; mucho cuando se vino a vivir a Barcelona. Estaba enrollado creo que con Emma Cohen. Ten&iacute;a muchas novias siempre. En aquella &eacute;poca, era director de fotograf&iacute;a de cine. Iba a comer a casa de mis abuelos. La Gasset era mi abuela. Un d&iacute;a les solt&oacute; que era amigo de Oriol Bohigas, el arquitecto. Y a mi abuelo, que era secretario del ayuntamiento, le sent&oacute; muy mal porque Bohigas era de izquierdas. Entonces, mi madre, que era su prima hermana, le prohij&oacute; y ven&iacute;a a comer a casa un d&iacute;a a la semana. Era muy t&iacute;mido y hablaba muy poco; pero, cuando hablaba, dec&iacute;a cosas interesantes y soltaba chistes de esos suyos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y tu abuela no intercedi&oacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues no s&eacute;. Pero mi abuela Pilar era de lo mejorcito de la familia. Una mujer extraordinaria, divertid&iacute;sima. Llegabas a su casa y siempre hab&iacute;a cambiado los muebles de sitio. Donde ahora est&aacute; el MNAC (Museu Nacional d'Art de Catalunya), ten&iacute;a un estudio que usaba para aprender a restaurar. Era muy aficionada a la restauraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iexcl;Los Gasset fueron muy importantes en la Restauraci&oacute;n! Eran conservadores de Silvela o algo as&iacute;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ese era mi antepasado, Rafael Gasset, que fue ministro. Y su padre, Eduardo Gasset, hab&iacute;a fundado el diario<em> El Imparcial. </em>Hay un libro de Gabriel Cardona, <em>Los Gasset,</em> donde se cuenta toda la saga. Pero se imprimieron pocos ejemplares. Tambi&eacute;n mi abuela era todo un car&aacute;cter. Se sac&oacute; el carnet de conducir con 55 a&ntilde;os. Condujo hasta casi el final de su vida, pasados los 80. Yo me lo saqu&eacute; a los 20, precisamente, para poder llevarla.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;D&oacute;nde viv&iacute;ais entonces?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues, mira, yo nac&iacute; en la calle Manila, en Pedralbes. Luego nos fuimos a vivir a Valladolid. All&iacute; estuve desde los 7 hasta los 10 a&ntilde;os. Y luego volvimos a la Diagonal, en la plaza Calvo Sotelo, que ahora se llama plaza Francesc Maci&agrave;. Pero, claro, me cuesta much&iacute;simo llamarla por su nombre actual, porque antes era Calvo Sotelo, y se me qued&oacute; as&iacute;, aunque es un nombre horrible. Menos mal que a la Diagonal la gente nunca la llam&oacute; avenida del General&iacute;simo Franco. Y ahora vivo en la plaza de Tetu&aacute;n, que es Tetu&aacute;n de las Victorias, y yo me llamo Victoria. Hay un hilo secreto que lo conecta todo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Tu familia era de izquierdas en un ambiente de derechas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, mi familia era de derechas en un ambiente de derechas. La familia de Antonio Gasset era otra historia, m&aacute;s de izquierdas. Mi abuela y su padre, Carlos, eran hermanos. Mi abuelo lleg&oacute; tarde a la boda con mi abuela porque tuvo que ir a sacarlo de c&aacute;rcel. Mi abuelo s&iacute; que era de derechas, pero liberal. Un hombre cultivado, que estudi&oacute; cinco carreras. Siempre ten&iacute;a un juego con mi padre, que era su yerno, y que consist&iacute;a en ver qui&eacute;n dec&iacute;a una palabra que el otro no conociese. La soltaban en medio de la conversaci&oacute;n. As&iacute;, un d&iacute;a, de peque&ntilde;a, descubr&iacute; la palabra &oacute;sculo, que es beso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hoy, esas palabras acabar&iacute;an en los Encantes.</strong>
    </p><p class="article-text">
        He conocido muchas cosas antiguas. En mi familia se distingu&iacute;a, al pronunciar, la v de la b. Lo hac&iacute;a, por ejemplo, otra prima hermana de mi abuela, &Aacute;ngeles Gasset, que fue la que mont&oacute; el colegio Estudio, de Madrid, que era heredero de la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza. A esta t&iacute;a m&iacute;a s&iacute; que la he tratado much&iacute;simo. Veraneaba en Cuenca, y nosotros tambi&eacute;n pas&aacute;bamos el verano all&iacute;, porque mi abuelo materno, Bermejo, era conquense. Ten&iacute;a una casa palacio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo se conocieron tus abuelos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mi abuelo, Juan Ignacio Bermejo, se hab&iacute;a quedado viudo, porque su mujer muri&oacute; de parto, y se fue a Madrid. Y un d&iacute;a, al salir de la pensi&oacute;n, vio a una se&ntilde;ora muy guapa por la calle, que era mi abuela Pilar Gasset, y la sigui&oacute; hasta la cervecer&iacute;a Cruz Blanca, y se present&oacute;. Luego fue a casa de mi bisabuela para decirle que era un hombre serio, que ten&iacute;a tres carreras y que sab&iacute;a tocar el piano.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero t&uacute; usas Bermejo de primer apellido.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es que los he invertido. Yo me llamo Victoria S&aacute;nchez-Izquierdo Bermejo. Mi padre era S&aacute;nchez-Izquierdo, de Ciudad Real. Pero he sido Victoria Bermejo desde muy joven. A veces, a mi hermana y a m&iacute; nos llamaban las hermanas Bermejo. Bueno, eso era una que estaba como una cabra, que trabajaba en el ayuntamiento porque mi abuelo la hab&iacute;a puesto all&iacute;. Y luego, cuando mi madre se muri&oacute;, quise hacerle un homenaje y usar siempre su apellido. Victoria Bermejo. Muri&oacute; muy joven, con 44 a&ntilde;os. Yo ya ten&iacute;a 22, porque me tuvo a los 22. Yo soy la mayor de siete hermanos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La escritora Victoria Bermejo en la terraza de su casa de Barcelona.                            </span>
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        <strong>&iquest;Cu&aacute;ndo empezaste a leer tebeos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde peque&ntilde;a. Sobre todo, los le&iacute;a cuando estaba enferma. Me compraban el <em>Lily, </em>el <em>TBO,</em> el <em>DDT...</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y al final te casaste con un editor de tebeos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Con Joan Navarro. Pero, cuando nos conocimos, Navarro a&uacute;n no era editor, aunque ya hab&iacute;a abierto Continuar&aacute;, la librer&iacute;a de c&oacute;mics.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Os conocisteis en el ambiente del c&oacute;mic de Barcelona?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qu&eacute; va! Fue en Par&iacute;s. Yo ten&iacute;a una amiga parisina, Nicole Canto, que ven&iacute;a al Archivo Hist&oacute;rico de Barcelona, donde yo trabajaba. Estaba en la hemeroteca, en la secci&oacute;n de tebeos y revistas, y microfilmando todo aquel papel. Y Nicole investigaba sobre el grupo de Mujeres Libres, y nos hicimos amigas. Me invit&oacute; a su casa, en Par&iacute;s, y all&iacute; apareci&oacute; Joan Navarro, que era medio novio suyo. Bueno, ella ten&iacute;a m&aacute;s de un novio y de una novia. Pero, antes, me hab&iacute;a ido a Nueva York con mi hermana Mar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;A qu&eacute; fuiste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues a vivir la vida, en los 80.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;De qu&eacute; viv&iacute;as?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Durante un tiempo, estuve haciendo unas encuestas de papel higi&eacute;nico para hispanos, quiero decir, las encuestas, no el papel. Y tambi&eacute;n trabaj&eacute; en unas oficinas de exportaci&oacute;n e importaci&oacute;n de productos electr&oacute;nicos, walkman y todas aquellas cosas que estaban de moda. Lo llevaba un catal&aacute;n, el se&ntilde;or Ferrer. All&iacute;, vi a los marqueses de Urquijo poco antes de que los asesinaran. El que m&aacute;s ven&iacute;a, el marqu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Volviste cambiada?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Volvimos con minifaldas. Yo no us&eacute; minifalda hasta que no fui a Nueva York. Antes, las progres llevaba faldas largas. Pero, con la <em>new wave</em>, se recuper&oacute; la minifalda. Y los zapatos de punta, los abrigos de imitaci&oacute;n de piel, los colores rosa fucsia..., todo aquel estilo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Con esa pinta, pegabas en Barcelona?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, yo siempre he pegado en todas partes. Y Barcelona estaba muy bien. Muy viva, muy moderna. Era la ciudad de los c&oacute;mics, las revistas, los bares de dise&ntilde;o...
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hab&iacute;a pocas mujeres en aquel ambiente cultural.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Se nombra a muy pocas mujeres, es verdad. Pero lo cierto es que entonces hab&iacute;a much&iacute;simas mujeres que quer&iacute;an hacer cosas, exposiciones, ser artistas, escribir, dirigir pel&iacute;culas, trabajar en televisi&oacute;n... Nosotras formamos un grupo de mujeres artistas, que se llamaba Griffeesofistika.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Muy sofisticado, muy ochentero.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esa era la idea. El nombre era por el grifo, el animal mitol&oacute;gico, y por la pretensi&oacute;n de sofisticaci&oacute;n. En el M&agrave;gic, montamos una exposici&oacute;n sobre grifos de todo tipo. La &uacute;nica que hicimos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo era ser la &uacute;nica chica en los consejos de redacci&oacute;n de un tebeo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues s&iacute;, eran todos hombres menos yo, sobre todo en el <em>TBO </em>y en <em>Complot</em>. Aunque opinaba igual que todos en la mesa, luego era yo quien ten&iacute;a que llevar las cartas a Correos, y era la que hac&iacute;a la cena en nuestra casa cuando ven&iacute;an todos a cenar. Pero vamos, Navarro siempre me escuch&oacute;, aunque no lo reconociera mucho. Me hac&iacute;a bastante caso porque creo que confiaba en mi criterio. Si no, no me hubiera dado trabajo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Aunque opinaba igual que todos los hombres del consejo de redacción, luego era yo quien tenía que llevar las cartas a Correos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Ya quer&iacute;as ser escritora entonces?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Claro! Desde los 4 a&ntilde;os lo sab&iacute;a, que iba a ser escritora. De ni&ntilde;a, escrib&iacute;a cuentos, los ilustraba, y se los dejaba a mis padres debajo de la almohada. Cuando vaci&eacute; el armario de mi madre, descubr&iacute; que guardaba varios de esos cuentos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo fue escribir los libros ilustrados con Gallardo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hombre, Gallardo y yo hemos trabajado juntos much&iacute;simos a&ntilde;os. Por lo menos, hemos hecho juntos 12 o 15 libros, ya no me acuerdo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo era?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me ca&iacute;a fenomenal. Parec&iacute;a un sabio distra&iacute;do. Y, sin embargo, era un t&iacute;o que se fijaba en detalles, particularidades. Me encanta la gente que se dedica a encontrar un pelo o una flor en un sitio donde no pega. Ese era Gallardo. Un t&iacute;o exquisito y un ser humano excepcional. Cari&ntilde;oso y bueno.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;La gente joven te influye?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, s&iacute;, me gusta estar al corriente. Aprendes de ellos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; aprendes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sobre todo aprendo que hay que seguir vivo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero, Victoria, &iexcl;si no paras de vivir!</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Te refieres a que salgo mucho? Es que tengo muchos amigos. He trabajado en muchos campos y he hecho amigos en muchos &aacute;mbitos diferentes. As&iacute; que salgo mucho, porque todos me invitan, y me gusta asistir. Me gusta estar a su lado. Pero se me acumula la faena. Ahora viene un amigo m&uacute;sico, de Nueva York, que act&uacute;a el lunes y me digo, madre m&iacute;a, empiezas a salir el lunes, qu&eacute; horror. Porque, adem&aacute;s, luego pierdo comba para escribir mis cosas. As&iacute; que voy, pero muy poco rato. Me suelo despedir a la francesa de todos los sitios, porque no soporto que me digan que me quede m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Han cambiado mucho los saraos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mucho. El otro d&iacute;a lo coment&aacute;bamos en una inauguraci&oacute;n, en la galer&iacute;a de Esther Montoriol, que est&aacute; aqu&iacute; al lado. Antes pon&iacute;an cervezas. Pero ya no. Yo creo que se equivocan; porque, adem&aacute;s, si la gente va un poco mona, compra m&aacute;s, &iquest;no?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La vida social de Madrid es muchísimo más variada</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Has instalado una luz roja en la terraza.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es que la luz roja pone. Desde que he puesto una bombilla roja, todo ha cambiado. La gente est&aacute; m&aacute;s sensual. Viene m&aacute;s contenta. La luz roja le da una atm&oacute;sfera muy bonita a la terraza. Parece un meubl&eacute;. Con otra luz, la gente t&iacute;mida habla menos. Yo no, yo no paro de largar. Y cuando me pongo nerviosa, largo m&aacute;s todav&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hablando de la terraza, cu&eacute;ntame la historia del pajarito.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Empez&oacute; a venir en la pandemia. Claro, los p&aacute;jaros pasaban hambre porque no hab&iacute;a vida en la calle y buscaban comida por las terrazas. Yo no me hab&iacute;a fijado nunca, y mira que trabajo aqu&iacute;. Pero, de repente, me di cuenta de que hab&iacute;a empezado a venir siempre el mismo pajarito.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; p&aacute;jaro era?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un gorri&oacute;n o un petirrojo. No entiendo nada de p&aacute;jaros. Como vi que ven&iacute;a, y ven&iacute;a, y ven&iacute;a, empec&eacute; a ponerle migas de pan. Un d&iacute;a que no le puse nada, toc&oacute; en el cristal con el pico para llamar. No entr&oacute;, porque le daba miedo. Solo entr&oacute; una vez, que sal&iacute; y hab&iacute;a dejado la ventana abierta. Lo encontr&eacute; all&aacute; arriba, en el estore. Y desde entonces, no ha dejado de venir. Lo pasmante es que ahora, cuando estoy escribiendo, cada vez que me hago una pregunta, o me sale una frase que est&aacute; bien, aparece el pajarito. Y me digo: &iexcl;Ya lo tengo! Otras veces, cuando me veo en un apuro, lo invoco, y lo llamo: &iexcl;Pajarito!
    </p><p class="article-text">
        <strong>Te ayud&oacute; cuando escribiste </strong><em><strong>S&iacute;, lo hice.</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, me ayud&oacute;. El pajarito forma parte de los mejores momentos de mi libro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te result&oacute; dif&iacute;cil escribirlo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Fue todo muy r&aacute;pido. Incluso publicarlo, pero esto fue gracias a Marcos Ord&oacute;&ntilde;ez, que me present&oacute; en Pepitas de Calabaza. Empec&eacute; a escribirlo un 8 de enero y lo termin&eacute; a finales de abril. Luego lo correg&iacute; y lo di por definitivo en junio. O sea, lo escrib&iacute; expr&eacute;s, Cada d&iacute;a me pon&iacute;a de 5 o 6 de la ma&ntilde;ana hasta las 11. Se escribi&oacute; solo. No tuve que hacer nada. Incluso el final, que no lo ten&iacute;a claro, se me apareci&oacute; por s&iacute; mismo cuando, en la Diagonal, vi a una t&iacute;a que se cay&oacute; y se rompi&oacute; los dientes. Y gracias a eso supe qu&eacute; hacer con mi protagonista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Se estamp&oacute; contra el suelo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, contra las baldosas de Barcelona, como esas que tengo de adorno en el balc&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Barcelona es tu ciudad.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una de ellas. Ahora mi objetivo, para el resto de mi vida, es ser mitad madrile&ntilde;a y mitad barcelonesa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Entre la vida cultural de ambas ciudades, ves diferencias?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La vida social de Madrid es much&iacute;simo m&aacute;s variada. En Madrid se mezclan m&aacute;s todas las generaciones. Y tambi&eacute;n se mezclan m&aacute;s todas las artes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero t&uacute; andas desde siempre con dibujantes, bailarines, fot&oacute;grafos, periodistas, m&uacute;sicos, escritoras y escritores...</strong>
    </p><p class="article-text">
        Voy con todo el mundo. Una vez, Antonio Gasset vino a cenar a mi casa, en Berl&iacute;n. Yo viv&iacute;a con elfot&oacute;grafo Chema Alvargonz&aacute;lez. De repente, Chema dijo: Es que Victoria es una inmadura en el fondo. Y Antonio le solt&oacute;: Deseng&aacute;&ntilde;ate, los Gasset no maduramos nunca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/victoria-bermejo-escritora-barcelona-no-hay-sitio-puedas-cenar-tres-manana_1_11912900.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Dec 2024 21:12:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Victoria Bermejo, escritora: "En Barcelona ya no hay ningún sitio donde puedas ir a cenar a las tres de la mañana"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Cómic,Barcelona,Arte,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hay ciudades que no tienen catedral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hay-ciudades-no-catedral_129_11889007.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d0f939c3-81f8-4116-bb17-0b49d4e5c5cc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hay ciudades que no tienen catedral"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La política francesa sigue pegada a su academia. Esto quiere decir que se ha quedado antigua, fuera de época. Por eso vive en pleno desconcierto. Por eso sufre esas convulsiones. Su tiempo de las catedrales es el viejo teatro neoclásico. Todo Macron está en Corneille</p></div><p class="article-text">
        Patrias hay un mont&oacute;n. Muchas veces, se dice que la patria es la lengua, el idioma. Otros creen que nuestra patria es nuestra infancia. Quiz&aacute; esto se manifieste en <em>La infancia recuperada, </em>aquel libro de Fernando Savater sobre las lecturas de su ni&ntilde;ez. O tal vez lo que ah&iacute; se vea es que la patria infinita son los libros. Max Aub aseguraba que uno era de donde hab&iacute;a hecho el bachillerato; pero, claro, solo pod&iacute;an darse por aludidos quienes hubiesen estudiado bachillerato, que, en la Espa&ntilde;a de su &eacute;poca, m&aacute;s bien eran pocos. Yo nac&iacute; (perdonadme) en la edad de la Espa&ntilde;a boomer, y fui carne de BUP, como aquella inmensa mayor&iacute;a de &aacute;ngeles atroces, que dijo Blas de Otero.
    </p><p class="article-text">
        Pero acaso fue en el COU cuando nos hicieron leer el libro. Entonces, Fernando Poblet ya era un cincuent&oacute;n, y dec&iacute;a que COU COU le sonaba a Mau Mau. Sal&iacute;a en Radio 3 y escrib&iacute;a muy bien. Hac&iacute;a tiempo que hab&iacute;a sucumbido en la guerra entre su voz y su pluma, y su voz le hab&iacute;a condenado para siempre al destierro del folio le&iacute;do. No le demos m&aacute;s vueltas, y pongamos que fue el profe de literatura de COU (se apellidaba Serra) quien nos mand&oacute; leer <em>Tiempo de silencio,</em> la &uacute;nica novela que public&oacute; en vida Luis Mart&iacute;n Santos.
    </p><p class="article-text">
        Estaba muy impresionado por una frase largu&iacute;sima, que empezaba diciendo: Hay ciudades que..., y entonces Mart&iacute;n Santos introduc&iacute;a un mont&oacute;n de subordinadas, y una p&aacute;gina despu&eacute;s conclu&iacute;a la frase sentenciando: ...no tienen catedral. Es decir: Hay ciudades que no tienen catedral. Quien estaba impresionado era el profesor. A m&iacute; nada me sorprend&iacute;a entonces, porque era joven e inculto (esto &uacute;ltimo no se me ha pasado), de modo que todo me parec&iacute;a normal. No ten&iacute;a con qu&eacute; comparar y cre&iacute;a que lo extraordinario era natural. Y que lo natural era vivir de modo extraordinario.
    </p><p class="article-text">
        Hay ciudades que no tienen catedral, y otras, como Par&iacute;s, que por nada del mundo est&aacute;n dispuestas a perderla. Porque las catedrales no solo son un centro religioso, tambi&eacute;n se han convertido en arte, en historia, en literatura, en cultura, en s&iacute;mbolo de una ciudad y hasta de todo un pa&iacute;s. Es el caso de Notre Dame, de Par&iacute;s. Desde Victor Hugo hasta Fulcanelli, su misterio llega a todas partes. Y su verdad y su &eacute;poca (el tiempo de las catedrales) han sido recogidas por grandes historiadores como Georges Duby. En Espa&ntilde;a, tambi&eacute;n tenemos catedrales, pero no tenemos nuestros Georges Duby (estuvimos a punto, pero vino la guerra y despu&eacute;s la dictadura), ni tampoco hubo aqu&iacute; un Fulcanelli (hemos de conformarnos con el barrizal de &Iacute;ker).
    </p><p class="article-text">
        Tras cinco a&ntilde;os de obras y restauraci&oacute;n, la ceremonia de reapertura de la catedral de Notre Dame de Par&iacute;s (devastada por el fuego) ha supuesto todo un acontecimiento mundial. Lo retransmitieron por Eurovisi&oacute;n, y estuvieron presentes los grandes dirigentes de muchos pa&iacute;ses. Donald Trump fue recibido como presidente de facto. Zelenski lleg&oacute; vestido de ciudadano invadido. Los dem&aacute;s iban de gala, como la ocasi&oacute;n requer&iacute;a, excepto los bomberos que hab&iacute;an participado en la extinci&oacute;n del incendio, que asistieron con traje de bombero. Durante una hora y media larga, Macron y su mujer recibieron uno a uno a los invitados, a la puerta de la catedral, bajo la lluvia nocturna, bueno, hab&iacute;an puesto una carpa. El obispo de Par&iacute;s golpe&oacute; tres veces la puerta con el b&aacute;culo (con la base, no con la voluta), y en cada una de esas tres ocasiones le pidi&oacute; a la catedral que abriese sus puertas a los fieles. Desde dentro, un coro de ni&ntilde;os respond&iacute;a que estaban en ello y, de paso, daban la bienvenida.
    </p><p class="article-text">
        Ser creyente no era importante en ese momento. Bastaba con tener fe en la cultura, con hacerse cargo de que el ta&ntilde;ido de aquella campana, que de nuevo se escuchaba, proced&iacute;a del viejo tiempo de las catedrales. Antes de la liturgia, que mayormente fue un conciertazo de &oacute;rgano, entre Johann Sebastian Bach y el John Lord del <em>Made in Japan</em> (tambi&eacute;n, al final de cada pieza, el obispo le ped&iacute;a al &ldquo;muy sagrado &oacute;rgano&rdquo;, que tocara otra), el presidente Emmanuel Macron pronunci&oacute; unas palabras de agradecimiento a los asistentes. Nada m&aacute;s laico en su contenido, en su aspecto, en su actitud. Acab&oacute; dando vivas a Notre Dame, a la Rep&uacute;blica y a Francia (el pa&iacute;s donde un Jefe de Estado, que se ha declarado agn&oacute;stico, puede decir viva la Rep&uacute;blica dentro de una catedral).
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente, un chiste de prensa, era una doble vi&ntilde;eta, mostraba una caricatura de Par&iacute;s en 2019, con la catedral ardiendo y la ciudad intacta, y otra de Par&iacute;s en 2024, con la catedral intacta y la ciudad en llamas. Porque, ahora, la pol&iacute;tica francesa est&aacute; que arde. Pero ese teatro es distinto al drama lit&uacute;rgico, al auto sacramental (la funci&oacute;n religiosa medieval, tan recargada de escenograf&iacute;a), con que se reabrieron las puertas de Notre Dame.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica francesa sigue pegada a su academia. Esto quiere decir que se ha quedado antigua, fuera de &eacute;poca. Por eso vive en pleno desconcierto. Por eso sufre esas convulsiones. Su tiempo de las catedrales es el viejo teatro neocl&aacute;sico. Todo Macron est&aacute; en Corneille. No ha habido presidente de Francia que no haya obedecido al precepto de Corneille, seg&uacute;n el cual el amor es una cuesti&oacute;n de Estado. En Corneille, no hay honor sin amor, aunque ambos acaben enfrentados. Por otra parte, visto lo que le ha pasado con su Gobierno, &iquest;por qu&eacute; no dimite Macron? Porque tambi&eacute;n lo dec&iacute;a Corneille: no hay nada tan lamentable como que un actor se retire de escena s&oacute;lo porque ya no tiene con quien hablar. Sin poder recurrir a la confidencia, solo le queda el mon&oacute;logo. As&iacute;, Macron, como la escenograf&iacute;a en Corneille, busca sustentarse por la fuerza de los aparatos, de las m&aacute;quinas. La obra m&aacute;s famosa de Corneille es <em>El Cid, </em>una tragedia que acaba bien. A eso se agarra Macron.
    </p><p class="article-text">
        Pareciendo c&oacute;mico, M&eacute;lenchon es un tr&aacute;gico, como los dramas de Racine. Un tipo que se cree sencillo, y se considera representativo del pueblo, pero que siempre acaba metido en unos l&iacute;os tremendos y atrapado en situaciones alambicadas. Con la complejidad psicol&oacute;gica, Racine hizo teatro de mujeres, <em>Andr&oacute;maca, Ifigenia, Fedra..., </em>y, preso de sus laberintos mentales, M&eacute;lenchon aspira a hacerse con el Estado. Lo que pasa es que a M&eacute;lenchon se le entiende menos que a Racine.
    </p><p class="article-text">
        Es Marine Le Pen heredera de Moli&egrave;re, la reina de la comedia. Al igual que Moli&egrave;re, la dirigente ultra cree que la naturaleza de la gente no cambia y que la vida es inmutable. Los caracteres no var&iacute;an, somos como somos de nacimiento, y todo consiste en salvar el pellejo. Un hip&oacute;crita ser&aacute; un hip&oacute;crita toda la vida, lo mismo que un hipocondr&iacute;aco, lo mismo que un mis&aacute;ntropo. Todo el mundo est&aacute; condenado a ser lo que es, sin remisi&oacute;n. Como tambi&eacute;n cree eso sociol&oacute;gicamente, Marine Le Pen es de ultraderecha. Los rasgos distintivos de Corneille, Racine y Moli&egrave;re los he aprendido con el manual de Edgar Ceballos, <em>C&oacute;mo escribir teatro </em>(Escenolog&iacute;a editores, 2013).
    </p><p class="article-text">
        Fuera del mundo, el viejo Jean-Marie Le Pen pertenece a la antig&uuml;edad cl&aacute;sica, donde la fatalidad doblegaba a los mortales, donde Edipo nac&iacute;a condenado a ser incestuoso. Entonces, cada pasi&oacute;n acababa con un sacrificio. Esta misma concepci&oacute;n de lo inamovible es lo que ha hecho c&oacute;mica a su hija, Marine, pues ha llegado despu&eacute;s, y ya no hay dioses en los que creer. Lo que en su padre era pat&eacute;tico, en ella es sarcasmo. El valedor de las primeras obras de Moli&egrave;re fue Racine, aunque luego se enemistaron. Ahora sucede al rev&eacute;s, y ese aval se plasma en las mociones de censura.
    </p><p class="article-text">
        El teatro va siempre por delante de la sociedad. Todo el neoclasicismo de Corneille, Racine y Moliere, aquel teatro nacional que se convirti&oacute; en mod&eacute;lico, fue derribado de un plumazo y reinventado por un irland&eacute;s, un rumano y un loco. Desde el principio, se tild&oacute; de absurdo el teatro del irland&eacute;s Beckett y del rumano Ionesco, y de cruel el teatro de Artaud. Y ellos lo defendieron as&iacute;. Hoy, a las puertas de una pol&iacute;tica enterrada en cenizas y anquilosada, golpean tres veces los extra&ntilde;os, gentes de or&iacute;genes lejanos, a menudo tachadas de crueles y absurdas. Y sin embargo, la pol&iacute;tica les pertenecer&aacute; un d&iacute;a a ellos, sin m&aacute;s preparaci&oacute;n que su instinto de vida, m&aacute;s fuertes al final que el patr&oacute;n que les paga, como dijo Gil de Biedma en su paseo en solitario por Barcelona.
    </p><p class="article-text">
        Pero todo esto se lo perdi&oacute; Espa&ntilde;a el otro d&iacute;a, pues no hubo ning&uacute;n representante del Gobierno en la ceremonia de reapertura de Notre Dame. Pa&iacute;s de catedrales (Burgos, Le&oacute;n, Santiago, Salamanca, la Sagrada Familia en Barcelona consagrada por un Papa...), pa&iacute;s europeo desde el principio, desde la primera p&aacute;gina de Georges Duby, Espa&ntilde;a nunca est&aacute;, quiz&aacute; porque no existe.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hay-ciudades-no-catedral_129_11889007.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Dec 2024 21:13:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hay ciudades que no tienen catedral]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elena González Matas, librera: "A veces, conocer a un escritor es decepcionante"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/elena-gonzalez-matas-librera-veces-conocer-escritor-decepcionante_1_11876548.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/712f0264-0a58-4fc7-87d3-4c78b16b77a7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Elena González Matas, librera: &quot;A veces, conocer a un escritor es decepcionante&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La librera del barrio de la Sagrada Familia de Barcelona cuenta cómo es la relación con sus vecinos, el mundo editorial y los autores, además de sus experiencias en un negocio a caballo entre lo personal y lo comercial</p><p class="subtitle">El anterior 'La gente habla' | Daniel Di Pietropaolo, relojero: “Queremos ver la hora, pero no queremos ver el tiempo”
</p></div><p class="article-text">
        El comercio m&aacute;s renombrado de esta manzana de la calle Padilla, entre las calles Mallorca y Proven&ccedil;a, es Tot Ib&egrave;ric, una tienda de jamones. Y en segundo lugar, ya viene la librer&iacute;a T&ograve;miris. La vida es as&iacute;, y los lectores que hemos crecido con las historietas de Pepe Gotera y Otilio sabemos que todo es mejor con un bocadillo de jam&oacute;n entre las manos.
    </p><p class="article-text">
        Hace ya seis a&ntilde;os que Elena Gonz&aacute;lez Matas abri&oacute; esta librer&iacute;a. Su propia librer&iacute;a. Entonces, ten&iacute;a 47 a&ntilde;os, dos hijos peque&ntilde;os (no demasiado), llevaba d&eacute;cadas trabajando para otros en el mundo de los libros, y a su librer&iacute;a le puso el nombre de una reina guerrera de tierras lejanas. La inaugur&oacute; un mes de abril. En Catalunya, abril es el m&aacute;s bello los meses. Esto es porque hay un d&iacute;a, el 23, en que todas las ciudades, y no digamos Barcelona, se llenan de libros a m&aacute;s no poder. Sin embargo, en el poema La tierra bald&iacute;a, dijo T.S. Eliot que abril es el mes m&aacute;s cruel. Siempre pasa lo mismo. Uno sue&ntilde;a con libros, y la realidad le pone en su sitio a jamonazos para que no se haga ilusiones. O peor a&uacute;n, para que se haga otras ilusiones. Sobre el poder de las ilusiones, quien m&aacute;s escribi&oacute; fue Balzac.
    </p><p class="article-text">
        Barcelona se est&aacute; convirtiendo, a pasos agigantados, en una ciudad de grandes ilusiones cimentadas sobre peque&ntilde;as librer&iacute;as que, desde hace unos a&ntilde;os, proliferan sin cesar. Cada librera (son mayor&iacute;a las mujeres) y cada librero traen su propuesta personal y aportan su idea precisa e insobornable de lo que merece la pena leerse, de los libros que hay que defender, aunque nadie hable de ellos en los grandes foros. Estas librer&iacute;as rebosan actividades, presentaciones, charlas, talleres, fiestas... Tambi&eacute;n coinciden en la voluntad de convertir la librer&iacute;a en un motor del barrio. En la convicci&oacute;n de que entrar a comprar un libro no puede reducirse a un mero intercambio de dinero por un t&iacute;tulo de inter&eacute;s, sino que debe proyectarse como una forma clara de pertenecer al vecindario y de forjar un grupo de amigos. De este modo es como la cultura y el conocimiento dejan de ser exclusivamente un esfuerzo individual.
    </p><p class="article-text">
        A la entrada de la librer&iacute;a T&ograve;miris hay, sobre el escaparate, un r&oacute;tulo de madera, con un arco y una flecha como emblemas. Al fondo de la tienda, se abre un patio con macetas, una mesita y sillas de tijera. La luz gris y fresca del patio le hace creer a uno que est&aacute; en una casita de verano, en vez de en una librer&iacute;a. Una casa acogedora y llena de libros. Antiguamente, el local pertenec&iacute;a a unas se&ntilde;oras que ten&iacute;an una tienda de diet&eacute;tica, y en la parte del fondo daban clases de yoga. Lo del yoga se acab&oacute;, y dedicaron toda esa zona a almac&eacute;n. Al final, cerr&oacute; la tienda y permaneci&oacute; unos a&ntilde;os sin actividad y as&iacute; se convirti&oacute; todo en un almac&eacute;n vac&iacute;o, hasta que Elena se fij&oacute; en el sitio, y comprendi&oacute; que hab&iacute;a llegado su momento.
    </p><p class="article-text">
        La acera de enfrente est&aacute; ocupada toda por el mercado municipal de Sagrada Familia y por la biblioteca central del distrito de l'Eixample, de cuatro plantas de altura. Mercado y biblioteca juntos. Comercio y cultura. El viejo esp&iacute;ritu de Barcelona. Elena est&aacute; muy contenta de tener tan cerca el mercado, porque compra all&iacute; la fruta (y tambi&eacute;n la frutera le compra a ella los libros). Y, por otra parte, le gusta mandar a sus clientes a la biblioteca para que se ahorren dinero. B&aacute;sicamente, se escuchan dos tipos de m&uacute;sica cuando se entra en la librer&iacute;a. Si la ha puesto Elena, todo tiene un aire m&aacute;s folk o, tambi&eacute;n, m&aacute;s de cantautor. Pero si la pone David Salvador, su socio, la cosa se vuelve m&aacute;s garajera. A veces, David lleva una camiseta de MC5, la banda de Detroit que radicaliz&oacute; el rock en los a&ntilde;os de la contracultura. David toc&oacute; el bajo en bandas subversivas, por ejemplo, una fue RadioError. Cuando no est&aacute; ayudando en la librer&iacute;a, est&aacute; trabajando en el diario Mundo Deportivo, en los departamentos de producci&oacute;n y cierre.
    </p><p class="article-text">
        En T&ograve;miris, siempre hay clientes conversando con los libreros de lecturas, de novedades, de asuntos del barrio y de las atrocidades que ocurren en el mundo (es decir, de Trump y de Milei). Este es uno de esos sitios a los que se va mucho a saludar, pues todo el mundo sabe que los libros son muy saludables. Elena tambi&eacute;n opina que los libros son muy bonitos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Elena, &iquest;qu&eacute; es el ser?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Eso me gustar&iacute;a saber, qu&eacute; es el ser. Por eso me gusta leer.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero t&uacute; estudiaste filosof&iacute;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No acab&eacute; la carrera.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; la elegiste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque me interesan muchas cosas, y entiendo que la filosof&iacute;a es la base de absolutamente todo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;D&oacute;nde la dejaste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En tercero. No pod&iacute;a con tanto. Ya trabajaba. Aparte de que, cuando eres joven, tienes la mente en otros sitios. Hoy me arrepiento. Ahora me pondr&iacute;a a estudiar de todo, filosof&iacute;a, biolog&iacute;a, antropolog&iacute;a...
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cosas pr&aacute;cticas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tengo hijos que estudian, y ya voy mirando un poco las salidas que ofrecen las carreras. Quiz&aacute;, hay algunas que no las har&iacute;a; pero en la mayor&iacute;a me encantar&iacute;a matricularme. Aunque entiendo que esto no vaya a pasar. Adem&aacute;s, creo que tampoco tengo ahora la capacidad mental como para eso. Me estoy haciendo mayor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;De qu&eacute; trabajabas cuando estudiabas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Al principio, estuve ayudando a un arquitecto. Le pasaba los presupuestos a m&aacute;quina y con eso me sacaba un dinerito para el fin de semana. Luego, trabaj&eacute; con mi padre, que ten&iacute;a una empresa de congelados en Mercabarna.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; tipo de congelados?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vend&iacute;an marisco, verduras congeladas... Era una nave de Mercabarna de producto congelado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Ah&iacute; qu&eacute; hac&iacute;as?</strong>
    </p><p class="article-text">
        De administrativa, facturaci&oacute;n... Ten&iacute;a que llamar a los clientes para cobrar facturas. Hac&iacute;a todo eso porque me tocaba. Pero me costaba much&iacute;simo trabajar con mi padre y con mi hermana. &Eacute;ramos muy diferentes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, ten&iacute;amos caracteres incompatibles, yo quer&iacute;a vivir de otra manera. Quer&iacute;a ser hippie. So&ntilde;aba con tener una furgoneta e ir por los mercados, arriba y abajo. Ser feriante. Tambi&eacute;n me hubiera encantado cuidar caballos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Eras lectora entonces?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ya era lectora. Y mi madre era muy lectora.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te aficion&oacute; ella?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, s&iacute;, fue mi madre quien me enganch&oacute; a la lectura.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo fue?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como casi todas las mujeres de aquella &eacute;poca, mi madre no trabajaba y era de C&iacute;rculo de Lectores. Ten&iacute;a tiempo para leer. O sacaba tiempo para ello. Cada dos semanas, ven&iacute;a un vendedor de C&iacute;rculo con un mont&oacute;n de libros y con la revista. Yo miraba la revista y dec&iacute;a: &iexcl;Ah, pues esto igual est&aacute; bien! Mi madre nunca tuvo un no para un libro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Mirabais juntas la revista?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;S&iacute;! Era muy entretenido. Cuando ve&iacute;as los t&iacute;tulos y las portadas, se convert&iacute;a en un momento emocionante. Y eso que aquellas revistas eran bastante cutres comparado con lo que se har&iacute;a ahora.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Soñaba con tener una furgoneta e ir por los mercados, arriba y abajo. Ser feriante</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Hubo alg&uacute;n libro entonces que te influyera especialmente?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me acuerdo de empezar a leer Stephen King gracias a mi madre. Yo era muy joven. Y me encantaba leerlo. Pero el libro que m&aacute;s recuerdo, que de verdad viv&iacute; como un cambio de chip, fue <em>El retorno de los brujos</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Madre m&iacute;a, Louis Pauwles y Jacques Bergier. &iexcl;A m&iacute; tambi&eacute;n me marc&oacute; </strong><em><strong>El retorno de los brujos!</strong></em><strong>  Tiene una historia flipante para m&iacute;. Me lo descubri&oacute; un tipo misterioso, en un bar, en el barrio g&oacute;tico. Era un hombre sudoroso y sin afeitar. Un t&iacute;o solitario que beb&iacute;a cerveza en una mesa. Iba con un traje desgastado. No s&eacute; por qu&eacute;, pero me sent&eacute; con &eacute;l. Y empezamos hablar y me habl&oacute; de ese libro de una manera que me dej&oacute; fascinado. Con mucho conocimiento de lo que dec&iacute;a. Una mezcla de pasi&oacute;n e iron&iacute;a. Tambi&eacute;n me habl&oacute; de Ren&eacute; Gu&eacute;non y de Fulcanelli, que entonces no los conoc&iacute;a. Me los descubri&oacute; &eacute;l. Cuando se fue, me dio su tel&eacute;fono y quedamos para el d&iacute;a siguiente en el bar, con el prop&oacute;sito de seguir hablando de libros. Me present&eacute; y no apareci&oacute;. Prob&eacute; al otro d&iacute;a, y tampoco. As&iacute; que llam&eacute; al n&uacute;mero que me hab&iacute;a dado. Cogi&oacute; el tel&eacute;fono una mujer que parec&iacute;a anciana. Me dijo que era su madre y que hac&iacute;a mucho que no le ve&iacute;a. Nunca m&aacute;s volv&iacute; a verle.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es un libro m&aacute;gico. A m&iacute; me lo descubri&oacute; mi madre cuando yo no ten&iacute;a ni 18 a&ntilde;os. Lo compr&oacute; porque era muy ecl&eacute;ctica, y esos temas le interesaban. Lo mencion&oacute; en alguna sobremesa y entonces le dije: &iexcl;Yo quiero leerlo! Y la verdad es que me abri&oacute; una puerta a otra manera de ver las cosas. Seguramente, ahora lo leer&iacute;a y dir&iacute;a qu&eacute; horror. Porque, cuando recuperas un libro pasados los a&ntilde;os, muchas veces no se repite lo que sent&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iexcl;C&oacute;mo qu&eacute; horror! &iexcl;Esas puertas est&aacute;n todav&iacute;a ah&iacute;!</strong>
    </p><p class="article-text">
        A lo mejor, es cierto. Me fascinan esas puertas. Recuerdo que tambi&eacute;n le&iacute; <em>Las puertas de la percepci&oacute;n,</em> de Aldous Huxley.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y despu&eacute;s de </strong><em><strong>El retorno de los brujos,</strong></em><strong> seguiste leyendo a Pauwles y a Bergier?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No los conoc&iacute;a. No me qued&eacute; con los nombres. Entonces, no era muy consciente de qui&eacute;nes eran los autores del libro. Luego vi que se hab&iacute;an publicado m&aacute;s cosas de ellos por separado, pero yo no los segu&iacute;. Nunca he sido muy de seguir autores. He preferido ir picoteando.
    </p><p class="article-text">
        <strong>De todas maneras, esto no significa que tengas una mentalidad esot&eacute;rica, ni que creas en el pensamiento m&aacute;gico...</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, qu&eacute; va. No creo en nada de eso. Realmente, no s&eacute; en qu&eacute; creo. Por un lado, me parece que necesitamos tener un pensamiento m&aacute;gico, que la magia le da sentido a la vida. Pero creo m&aacute;s en la imaginaci&oacute;n. En que hay cosas que, si somos capaces de imaginarlas, es que pueden existir m&aacute;gicamente. Creo que la magia existe. Pero no tengo fe.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es todo una contradicci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo vivo mucho en la contradicci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; otros libros te influyeron?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hubo uno fundamental y anterior a todo esto. <em>Un coraz&oacute;n d&eacute;bil, </em>un relato de Dostoievski que me impact&oacute; para siempre. Lo le&iacute; a los 13 a&ntilde;os. Pero no recuerdo nada en concreto. S&oacute;lo que ese cuento me conmovi&oacute;. Tanto que, cuando Godall lo edit&oacute; en catal&aacute;n hace unos a&ntilde;os, no me atrev&iacute; a volver a leerlo. Me daba miedo perder aquella sensaci&oacute;n. Y, claro, me influy&oacute; much&iacute;simo <em>La metamorfosis,</em> de Kafka, que la compramos en una edici&oacute;n ilustrada, de C&iacute;rculo. Y esto te va a sorprender, me gusta mucho Cela. Si tuviera que decirte solo una obra suya, te dir&iacute;a <em>La colmena</em> o, quiz&aacute;, <em>Pascual Duarte.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo convertiste el amor a los libros en tu trabajo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todo empez&oacute; despu&eacute;s de trabajar con mi padre. Cuando dej&eacute; los congelados, estuve haciendo un poco de todo. Pero mi padre ten&iacute;a muchos hermanos, y dos de mis t&iacute;as empezaron a trabajar en el mundo editorial. Entonces les dije aquello de: &iexcl;Ay!, si te enteras de algo... Y as&iacute; fue c&oacute;mo me llamaron para hacer un inventario.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;D&oacute;nde?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me llev&oacute; una de mis t&iacute;as a Edicions La Magrana. Fue en la &eacute;poca de Carles Jordi Guardiola. Y all&iacute; estuve un tiempo colaborando ocasionalmente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Lo trataste? Es uno de los m&aacute;s prestigiosos editores en lengua catalana.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No tuve mucha relaci&oacute;n directa con &eacute;l. Yo era muy joven y &eacute;l ya era un se&ntilde;or. Me impon&iacute;a. Recuerdo sobre todo el buen rollo que hab&iacute;a en el equipo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La personalidad de tu librería es tu propia personalidad</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Conociste a alg&uacute;n autor de la casa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;A Jes&uacute;s Moncada! Era el primer escritor importante al que conoc&iacute;a, y fue una maravilla. Fue en una feria del libro. Antiguamente, se celebraba en paseo de Gr&agrave;cia, pero ya no se hace esa feria. Un a&ntilde;o que estuve trabajando all&iacute;, en la caseta de La Magrana, vino Jes&uacute;s Moncada a firmar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Ya hab&iacute;as le&iacute;do </strong><em><strong>Cam&iacute; de sirga?</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        No. Lo le&iacute; en aquel momento. No sabes c&oacute;mo que impact&oacute; su humanidad. Creo que Jes&uacute;s Moncada es el escritor que m&aacute;s huella me ha dejado personalmente. Era un hombre muy querido, y un autor muy respetado. Y aun as&iacute; no se trataba de alguien con ego. Para nada. Como los dos viv&iacute;amos en el barrio de Gr&agrave;cia, seguimos hablando. M&aacute;s tarde, conoc&iacute; a otros autores, y empec&eacute; a caer de la parra; porque, a veces, conocer a un escritor es decepcionante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Con los autores pasa como con las pel&iacute;culas, casi siempre es mejor el libro.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es que conocerlos es perder la magia. Una puede querer conocer a un autor o puede admirar mucho a un editor, y en el momento en que se lo encuentra se cae todo. Pero esto no significa que no tengas que mantenerte en la objetividad de decir, bueno, personalmente me cae fatal, pero sigue siendo muy bueno en lo suyo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Elena, &iquest;crees que la vida de un artista impugna o justifica su obra?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es todo muy contradictorio. Todos tenemos cosas buenas y cosas malas. A un artista prefiero valorarlo por su obra. No por su vida, ni por su car&aacute;cter. Hay que poner l&iacute;mites a lo que es personal y distanciarlo de la obra. Pero es dif&iacute;cil hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;La pol&iacute;tica de la cancelaci&oacute;n qu&eacute; te parece?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me parece mal. Si, por ejemplo, ahora me dices que uno de mis autores vivos preferidos es un violador o es un asesino, voy a tener muchas dudas para seguir ley&eacute;ndolo. Creo que el l&iacute;mite est&aacute; ah&iacute;, en el mal, pero si son cosas cuestionables, quiz&aacute; no sean tan decisivas. Yo no entiendo, por ejemplo, este acoso y derribo que se hace ahora contra Picasso. Lo puedo entender; pero lo entiendo porque lo vemos desde el a&ntilde;o 2024, pero en 1973 las cosas no se ve&iacute;an as&iacute;. Y Picasso contin&uacute;a siendo uno de los mayores artistas que ha dado el mundo. Creo que hay que valorar su obra y no su vida. Nadie est&aacute; libre de culpa. Nadie tiene una vida impoluta. No lo veo justo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Seguimos en la contradicci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo malo de la contradicci&oacute;n es que no te lleva a una respuesta.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En un artista, hay que poner límites a lo que es personal y distanciarlo de la obra</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l fue tu primer trabajo estable con los libros?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La &eacute;poca que estuve en el aeropuerto, en la terminal B. En el kiosco librer&iacute;a. Era una concesi&oacute;n de Prodesa, que est&aacute;n especializados en kioscos y librer&iacute;as de estaciones de tren, centros comerciales...
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; aprendiste all&iacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El aeropuerto es una experiencia muy bestia, porque tiene much&iacute;simo volumen de trabajo y de gesti&oacute;n. Y cuando has estado con peri&oacute;dicos y revistas, adquieres una capacidad de trabajo considerable. Aprendes a gestionar el stock de manera muy r&aacute;pida. Piensa que los peri&oacute;dicos los tienes que gestionar d&iacute;a a d&iacute;a; las revistas tienes que gestionarlas semanal o mensualmente. Otras son quincenales. Tener todo ese control es muy importante para llevar una librer&iacute;a. Y al mismo tiempo, siempre estaba al corriente de las novedades editoriales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te atra&iacute;an las novedades?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, pero todav&iacute;a no ten&iacute;a formado mi criterio. Es algo que sucede poco a poco. Entonces ya sab&iacute;a que me gustaba m&aacute;s el ensayo que la novela. Pero, aun as&iacute;, me lo pasaba muy bien leyendo algunas novelas. Era la &eacute;poca en que empezaba a imponerse el fen&oacute;meno <em>best seller</em> y, claro, me encontraba con libros que a lo mejor no me interesaban tanto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;ndo te diste cuenta de que se hab&iacute;a formado tu gusto como lectora?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando fui a trabajar a la Fnac, de l'Illa. Ah&iacute; me defin&iacute; much&iacute;simo. Me centr&eacute; en el ensayo y en la poes&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Para trabajar en una librer&iacute;a, hab&iacute;a que pasar alg&uacute;n tipo de selecci&oacute;n cultural?</strong>
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute;, fue la experiencia en la librer&iacute;a del aeropuerto lo que me abri&oacute; la puerta de la Fnac, porque all&iacute; tambi&eacute;n estuve llevando el kiosco. Y los libros. Hac&iacute;a un poco las dos cosas. Ten&iacute;a experiencia de gesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Ya sent&iacute;as que ser&iacute;as librera?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me gustaba mucho estar con el papel. Pero lo de librera propietaria vino m&aacute;s tarde.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Mientras tanto, qu&eacute; paso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a me enter&eacute; de que quer&iacute;an instalar una gran librer&iacute;a en Barcelona. Llam&eacute; y me contrataron. Era La Casa del Libro, que iba a abrir una tienda en pleno paseo de Gr&agrave;cia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te hac&iacute;a ilusi&oacute;n trabajar en un sitio tan grande?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, s&iacute;. Fue una etapa muy bonita, porque ah&iacute; aprend&iacute; much&iacute;simo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;nto tiempo estuviste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Dieciocho a&ntilde;os.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El primer libro que se vendió en Tòmiris fue un ensayo de Schiller                            </span>
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        <strong>&iquest;C&oacute;mo empez&oacute; todo eso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Antes de que se inaugurase la librer&iacute;a, empezamos a prepararlo todo en lo que era la librer&iacute;a Austral, en la calle Roger de Ll&uacute;ria, que estaba especializada en Derecho. La librer&iacute;a no era muy grande, pero abajo ten&iacute;an unos s&oacute;tanos inmensos, y all&iacute; trabaj&aacute;bamos preparando el fondo de La Casa del Libro, haciendo los pedidos, documentando minuciosamente los libros, porque entonces todav&iacute;a se hac&iacute;a todo a mano. Muchos aprendimos all&iacute; a documentar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En qu&eacute; consiste documentar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es dar de alta un libro, decidir en qu&eacute; secci&oacute;n va a ir, indicar las p&aacute;ginas que tiene, describir la encuadernaci&oacute;n... Todo eso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y un pu&ntilde;ado de j&oacute;venes libreras y libreros fuisteis los encargados de formar ese fondo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. Fue en aquel s&oacute;tano donde se gest&oacute; La Casa del Libro. De hecho, mientras trabaj&aacute;bamos en el s&oacute;tano, el local de paseo de Gr&agrave;cia a&uacute;n estaba en obras.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo lo creasteis?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues mir&aacute;bamos cat&aacute;logos y dec&iacute;amos: quiero esto, quiero esto tambi&eacute;n... Hab&iacute;a un fondo previo, que ya estaba dado de alta, porque ven&iacute;a desde la Casa del Libro de Madrid, de Gran V&iacute;a; pero hab&iacute;a otro fondo que ten&iacute;amos que crear desde aqu&iacute;, sobre todo el fondo en catal&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;De qu&eacute; secci&oacute;n te encargaste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        De Humanidades. Entonces ya hab&iacute;a empezado a estudiar filosof&iacute;a. Fue una &eacute;poca muy bonita; porque piensa que eso se abri&oacute; con un presupuesto inmenso. Pod&iacute;a pedir todo lo que quisiera.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Barra libre.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Era como pedir en el cat&aacute;logo de C&iacute;rculo a lo bestia. Era lo quiero todo, todo lo que me interesa puedo pedirlo. Era sensacional. Aquella tienda se abri&oacute; con m&aacute;s de 250.000 libros. Nadie nos puso ni l&iacute;mites, ni ning&uacute;n tipo de censura. Pod&iacute;a pedir todos los libros que quisiera.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Al pasear entre aquellas estanter&iacute;as, &iquest;te sent&iacute;as como en tu propia biblioteca?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Exacto. Los hab&iacute;amos escogido nosotros. Y tambi&eacute;n los hab&iacute;amos colocado uno a uno. Cuando llegaban los libros que hab&iacute;amos pedido, los dej&aacute;bamos en un pal&eacute;, que luego ten&iacute;amos que llevar a la librer&iacute;a, en paseo de Gr&agrave;cia. Llegamos a llevar los pal&eacute;s a pie, arrastr&aacute;ndolos por la acera, por toda la calle. Ten&iacute;amos camiones, evidentemente, pero para hacer las cosas m&aacute;s r&aacute;pidas llev&aacute;bamos los pal&eacute;s andando desde Roger de Ll&uacute;ria. Nos re&iacute;amos much&iacute;simo. Y luego, todos esos libros ten&iacute;as que ponerlos en sus correspondientes estanter&iacute;as. Hab&iacute;a que darle forma a todo aquello y ordenarlo de alg&uacute;n modo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Para elegir los libros os asesoraban expertos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todo era muy personal. A m&iacute; me ayud&oacute; mucho el padre de un amigo, que era psicoanalista lacaniano, y yo no ten&iacute;a ni idea de Psicolog&iacute;a. El hombre me tra&iacute;a manuales a mi casa para que adquiriera unas nociones elementales de Psicolog&iacute;a, y as&iacute; ver c&oacute;mo iba a organizar aquella secci&oacute;n. Antes de la inauguraci&oacute;n, lo llam&eacute; para ense&ntilde;arle c&oacute;mo hab&iacute;a quedado la secci&oacute;n de Psicolog&iacute;a y que me dijera qu&eacute; cambios hab&iacute;a que hacer para tener una secci&oacute;n un poco decente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Fuiste muy libre.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero es que mi jefa, la directora general de la cadena de librer&iacute;as, Charo, era una t&iacute;a que sab&iacute;a muy bien c&oacute;mo crear una gran librer&iacute;a y confiaba mucho en nosotros. De modo que nos dejaba mucha libertad para montar la secciones. Transmit&iacute;a su amor por los libros. La verdad es que tuve mucha suerte.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nunca lo hubiera dicho de un grupo comercial tan poderoso.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, s&iacute;. Al principio, La Casa del Libro fue una muy buena librer&iacute;a. Adem&aacute;s, hab&iacute;a una cosa que a m&iacute; me gustaba mucho, y es que aquella jefa nuestra era una mujer que hab&iacute;a empezado como librera en Gran V&iacute;a, en Madrid. Hab&iacute;a sido una simple librera como nosotras. Seguramente, nuestros criterios literarios eran muy distintos, pero ella sab&iacute;a perfectamente cu&aacute;l es el trabajo de un librero, y lo respetaba.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Quería tener una librería de barrio para no tratar el libro como un mero producto</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l es el trabajo de un librero?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Consiste en tener cari&ntilde;o por lo que est&aacute;s tocando. Y en leer siempre. Y, tambi&eacute;n, en intentar conocer a la persona a la que est&aacute;s mirando, pues tienes que recomendarle un libro. Para un librero, tan necesario como conocer los libros, es conocer a las personas. Y por supuesto, tienes que estar informada permanentemente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te informas mediante los suplementos literarios?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En absoluto. Me informo sobre todo por los distribuidores. Evidentemente, s&iacute; que miro los suplementos; pero, en general, las cr&iacute;ticas que traen son m&aacute;s recomendaciones personales del periodista, que otra cosa. Prefiero fiarme de mi sentido. La cr&iacute;tica que se publica hoy d&iacute;a produce mucha desconfianza.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ser librero resulta muy creativo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Depende, por momentos creo que, actualmente, hay sitios donde ya no es tan creativo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero tambi&eacute;n se est&aacute;n abriendo en Barcelona un mont&oacute;n de peque&ntilde;as librer&iacute;as. Se respira esa creatividad en todas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, s&iacute;. Y todas esas peque&ntilde;as librer&iacute;as son diferentes, ninguna se parece a otra. En nada, ni siquiera en el fondo que ofrecen. Esto es porque la peque&ntilde;a librer&iacute;a te permite hacer una selecci&oacute;n de lo que a ti te gusta. Darle un estilo. Por suerte, tenemos muchos libros en el mercado, con lo cual t&uacute; puedes formar la personalidad de tu librer&iacute;a, que al final es tu propia personalidad. Es como cuando vas a casa de alguien y quieres conocerle mejor. Lo primero que hago es mirar su biblioteca.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; ten&eacute;is en com&uacute;n todas estas peque&ntilde;as librer&iacute;as, adem&aacute;s de no pareceros?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay un perfil que se repite. Las ha montado un librero que sale rebotado de trabajar en librer&iacute;as. No le ha gustado lo que ha visto, le desagrada la experiencia que ha vivido, pero no quiere renunciar a su vocaci&oacute;n de librero y est&aacute; dispuesto a hacerlo a su manera.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En el caso de tu librer&iacute;a, T&ograve;miris, se mantiene esa idea inicial?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Claro que s&iacute;. Creo que acert&eacute; con mi idea. Cuando abr&iacute;, ten&iacute;a las ideas muy claras. Pero tambi&eacute;n sab&iacute;a que mi propuesta pod&iacute;a fallar. Tal vez, si hubiera tenido una l&iacute;nea m&aacute;s literaria, con m&aacute;s ficci&oacute;n y menos ensayo, facturar&iacute;a m&aacute;s, es cierto. En cualquier caso, la selecci&oacute;n que hice de novela y la selecci&oacute;n que hice de ensayo a la gente del barrio le ha gustado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Siempre que vengo a tu librer&iacute;a, hay ni&ntilde;os con sus padres.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los ni&ntilde;os leen mucho hasta cierta edad. Despu&eacute;s, hay una &eacute;poca en que dejan de leer, y a partir de ah&iacute; ellos ya tienen la libertad de volver a leer. Te puedes encontrar con gente joven que te dice: es que necesito conocer, necesito leer, dame algo, porque hace a&ntilde;os que no leo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo orientas a esa persona?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pregunt&aacute;ndole qu&eacute; estudia, qu&eacute; le gustaba en su &eacute;poca de lector, qu&eacute; le interesa ahora... Y al final, siempre le digo: si me equivoco, por favor, vuelve, devu&eacute;lveme el libro y buscamos otro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Se suele equivocar uno al aconsejar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La parte prescriptiva es muy arriesgada. Por supuesto que te puedes equivocar. Otras veces, aciertas a la primera. A veces, ha entrado una persona y solo mir&aacute;ndole a los ojos he sabido qu&eacute; libro me iba a pedir. Suena muy raro, pero me ha pasado. No me preguntes por qu&eacute;. Hay mucha intuici&oacute;n, pero tambi&eacute;n hay mucho rodaje. Son muchos a&ntilde;os vendiendo libros y hablando con la gente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l es la recompensa de acertar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Que vuelve el cliente. No s&oacute;lo es la gente del barrio. Es gente que, a lo mejor viene de m&aacute;s lejos; pero, cuando vienen a Barcelona y tienen que ir a una librer&iacute;a, vuelven a la tuya porque hasta ahora les has acertado el gusto.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La imagen de la librería la creas con los libros que tienes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Est&aacute;s muy cerca de la Sagrada Familia, &iquest;tienes una librer&iacute;a c&eacute;ntrica o una librer&iacute;a de barrio?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La Sagrada Familia puede ser una frontera, y yo estoy fuera de esa frontera. Por poco, pero esta es ya una zona un poco olvidada. Esta es una librer&iacute;a de barrio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Desde que abriste hace seis a&ntilde;os, &iquest;se ha gentrificado el barrio?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; que se gentrifica. La gente se est&aacute; yendo por culpa de los alquileres. Hay muchos vecinos que me han dicho que seguramente tendr&aacute;n que irse.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;A ti tambi&eacute;n te suben alquiler?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El alquiler que pago ya es muy alto, con lo cual, si me lo suben, no voy a poder soportarlo. Creo que ya estoy en el l&iacute;mite. Pero, bueno, la &uacute;ltima firma la hice este a&ntilde;o para otros siete a&ntilde;os. Tengo todo ese tiempo por delante. Si hay m&aacute;s subidas, no voy a poder asumirlo, De hecho, ya me cuesta mucho ahora.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;ntos libros hay que vender cada d&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute;, lo ideal ser&iacute;a vender m&aacute;s de treinta libros diarios de lunes a domingo. Y luego est&aacute; el gran d&iacute;a de ventas, que es Sant Jordi. Nosotros podemos vender m&aacute;s de novecientos libros solo en ese d&iacute;a. Y eso que es una librer&iacute;a de barrio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Es lo que t&uacute; quer&iacute;as montar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Totalmente. Yo quer&iacute;a tener una librer&iacute;a de barrio. Lo vi claro en La Casa del Libro. All&iacute; aprend&iacute; muchas cosas buenas, pero aprend&iacute; much&iacute;simo de lo malo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; es lo malo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Trabajar solo con n&uacute;meros. Tratar el libro como un mero producto. Fue lo que sucedi&oacute; al final. Mientras mont&aacute;bamos la librer&iacute;a, no pasaba. Yo siempre digo que empezamos como libreros y acabamos como n&uacute;meros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo se convierte un libro en n&uacute;mero?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues se convierte en n&uacute;mero cuando el librero empieza a pactar los espacios con las editoriales. Mira, yo tengo en esta mesa los libros que a m&iacute; me da la gana. Puede ser productiva, o no, porque esos libros se pueden vender o no. Pero imagina que ahora viene una editorial y me dice: si pones ah&iacute; mis libros, te voy a pagar equis dinero por darme visibilidad. Tambi&eacute;n se convierte en un n&uacute;mero cuando t&uacute; tienes un buen libro y la editorial te dice que ese libro lleva tantos meses en la estanter&iacute;a y no se ha vendido y, como no hay rotaci&oacute;n, se lo tienes que devolver. Cuando t&uacute; sabes que ese libro merece estar ah&iacute; el tiempo que haga falta. Aunque lleve un a&ntilde;o o dos en la estanter&iacute;a. Porque al final acabar&aacute;s vendi&eacute;ndolo, ya que el libro es bueno.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y le da prestigio a la librer&iacute;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La imagen de la librer&iacute;a la creas con los libros que tienes. Y un d&iacute;a, vendr&aacute; alguien que sabr&aacute; valorar ese libro tan bueno que no se vend&iacute;a. No necesariamente tendr&aacute;s que venderlo t&uacute;, sino que vendr&aacute; una persona lo ver&aacute;, lo apreciar&aacute; y lo comprar&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En T&ograve;miris han intentado comprarte una mesa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, no. Eso pasa en las grandes librer&iacute;as. La facturaci&oacute;n de esta librer&iacute;a es rid&iacute;cula para dar lugar a eso.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                González, si volviera a empezar, abriría una librería en el barrio de la Verneda                            </span>
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        <strong>&iquest;Abriste tu propia librer&iacute;a para librarte de todo eso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Empezaron a hacer cambios en el Grupo Planeta, en el departamento financiero, y esto se reflej&oacute; en la cadena de librer&iacute;as. Entonces, empec&eacute; a ver que eso a m&iacute; no me gustaba, pero que quer&iacute;a seguir siendo librera.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una vez me dijiste que, aunque te tocaran millones en la loter&iacute;a, seguir&iacute;as siendo librera.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es que es muy divertido. O sea, tener una librer&iacute;a es muy duro. Ahora mismo, por ejemplo, tengo un problema. No tengo dinero, no tengo liquidez, pero tambi&eacute;n s&eacute; que llegar&aacute; Navidad, y esto se solucionar&aacute;. Pero es muy duro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Tambi&eacute;n es duro compaginarlo con la vida familiar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por suerte, mis hijos ya son mayores, y eso est&aacute; como m&aacute;s superado. Pero si hubieran sido peque&ntilde;os, seguramente no hubiese podido. Es un trabajo duro. Requiere mucha dedicaci&oacute;n. No solo de horarios de ventas. Tambi&eacute;n de gesti&oacute;n, y de poner y quitar libros. Las estanter&iacute;as no son flexibles. En ellas, cabe lo que cabe. Con lo cual, tienes que estar jugando al Tetris todo el d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En el ordenador?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;No, hombre, no! Quiero decir que est&aacute;s todo el rato buscando un hueco para poner un libro, y cuando ya no encuentras ese hueco tienes que plantearte quitar otros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te da pena devolverlos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Depende de qu&eacute;, no me cuesta absolutamente nada hacer devoluciones. Pero depende de qu&eacute;, me duele.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Hay libros que no quisieras tener?</strong>
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s bien hay libros que aqu&iacute; no entran. Seg&uacute;n qu&eacute; autores, tipo Jim&eacute;nez Losantos, todo este tipo de cosas yo no las tengo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Eso es censurar, Elena.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, porque si un cliente me lo pide, yo se lo voy a traer, por supuesto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo supiste que hab&iacute;a llegado el momento de abrir tu librer&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que todo se debe a que siempre he sido un poco rebelde.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Contra qui&eacute;n te rebelaste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando la direcci&oacute;n me quiso cortar las alas. Me rebel&eacute; contra esa manera de trabajar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Hasta d&oacute;nde quer&iacute;as llegar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, si yo estaba en Humanidades, y apostaba por un libro, pues entraba en el sistema y compraba el libro. Pero, de repente, empezaron a decirme: t&uacute; ya no puedes comprar los libros. O tambi&eacute;n me dec&iacute;an: este libro lleva aqu&iacute; desde tal &eacute;poca, tienes que devolverlo. Pero yo no lo devolv&iacute;a porque continuaba pensando que era importante que estuviera.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En las grandes librer&iacute;as, los empleados ibais con un chaleco. &iquest;Te sent&iacute;as c&oacute;moda?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me molestaba. Pero lo contrarrestaba llevando una ropa vieja. Me gusta ir siempre rota. As&iacute; que iba con ropa vieja y rota. No me dec&iacute;an nada. Iba con los pantalones totalmente rotos y el chaleco.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las pequeñas distribuidoras nos ayudan a los libreros igual que los libreros ayudamos al lector</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Has vuelto a pasar por esos sitios?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero sin entrar. La &uacute;ltima vez que pas&eacute; por delante de paseo de Gr&agrave;cia, vi c&oacute;mo estaba el escaparate, bueno, la parte de dentro, las primeras estanter&iacute;as, y suspir&eacute; de alivio por haberme ido. Todo eran libros de cara, lo que llaman <em>facing.</em> Entr&oacute; muy a saco el <em>marketing </em>en las tiendas, en el sector, con esa palabra que odio, que se llama <em>retail.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Creo que significa minorista en ingl&eacute;s, al por menor... Bueno, en todos los idiomas quiere decir lo mismo: algo peque&ntilde;o. Cuando mi madre cos&iacute;a, ten&iacute;a un canasto lleno de retales.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues, con esa jerga, empezaron a llegar personas para dirigir la cadena de librer&iacute;as, que ven&iacute;an del Alcampo, del Decathlon, del C&amp;A, es decir, que no hab&iacute;an estado con libros. Ni tan solo eran lectores. No ten&iacute;an ning&uacute;n cari&ntilde;o hacia los libros que ten&iacute;amos en las manos. Sosten&iacute;an que hay unas reglas fundamentales que lo mismo sirven para vender bragas como para vender libros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y fue entonces cuando te piraste.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, lo dej&eacute;, y me apunt&eacute; a un curso de formaci&oacute;n en Barcelona Activa, que es una agencia de desarrollo del Ayuntamiento. Pero, en realidad, montar la librer&iacute;a era algo que ten&iacute;a muy meditado desde hac&iacute;a tiempo. Hac&iacute;a ya a&ntilde;os que ten&iacute;a un Excel con un plan de empresa para abrir mi librer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; tipo de formaci&oacute;n buscabas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para montar la librer&iacute;a, me lo ten&iacute;a que plantear como empresaria, no solo como librera. As&iacute; que necesitaba formaci&oacute;n para abrir un comercio y no ir tan perdida. De libros, s&iacute; que s&eacute;; pero no tengo ni idea de nada m&aacute;s. Entonces, me apunt&eacute; al proyecto para tienda de barrio. Se llamaba comercio de proximidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y te libraste del </strong><em><strong>marketing</strong></em><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, no. Tambi&eacute;n te hablaban de <em>marketing</em>, eran gente de comercio, pero con otros puntos de vista. S&iacute; que te dec&iacute;an c&oacute;mo tienes que poner las cosas para crear puntos calientes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo se crea un punto caliente en una librer&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Con novedades. Se parte de que el punto caliente es la novedad que m&aacute;s se va a vender.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Eso lo has subvertido o has acabado aplic&aacute;ndolo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Eso lo he antiaplicado. Porque, como tengo ese punto rebelde, me dije: pues a m&iacute; no me da la gana hacer las cosas como piensan que tengo que hacerlas, y voy a hacerlas como yo quiera. Entonces, la novedad que veo que se va a vender m&aacute;s, como ya s&eacute; que va a venderse, la coloco m&aacute;s abajo, y arriba pongo los libros que me hace ilusi&oacute;n que descubra el lector.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo descubriste este local?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pasaba por aqu&iacute; cada d&iacute;a, porque mis hijos todav&iacute;a iban al Ramon Llull y hac&iacute;amos este camino. Siempre ve&iacute;a el local en alquiler, pero luego no pod&iacute;a encontrarlo por Internet. Hasta que un d&iacute;a pude entrar a preguntar y, cuando vi el sitio por dentro, me dije: &iexcl;ya est&aacute;!
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Fue el patio lo que te convenci&oacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un patio siempre da mucho encanto. Pero, sobre todo, me atrajo la luz, que entrara luz natural. A m&iacute; me gustan las librer&iacute;as con luz, no las librer&iacute;as oscuras. Cuando visit&eacute; el local y abrieron las ventanas, dije: &iexcl;guau, esto es muy bonito!
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Pediste un pr&eacute;stamo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, porque, como en La Casa del Libro me port&eacute; mal, me dieron el dinero que necesitaba. Vamos, me indemnizaron. Yo no fui la &uacute;nica rebelde. Pero tuve la suerte de que me indemnizaron. A otras personas, las desterraron. Las enviaron a trabajar a tiendas en La Maquinista, en Cornell&agrave;...
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; hiciste para que te despidieran?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Le dije al director general lo que pensaba.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;De &eacute;l o de la tienda?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Solo le dije que una librer&iacute;a no hab&iacute;a que tratarla as&iacute;, que hab&iacute;a que tratarla con un poco de cari&ntilde;o. Y que a las personas tambi&eacute;n hab&iacute;a que tratarlas un poco m&aacute;s de cari&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te sent&iacute;as maltratada?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Te cuento una historia. Hab&iacute;a una chica con la que yo no me llevaba bien. Entonces, por la baja de la directora de la tienda de paseo de Gr&agrave;cia, esta chica pas&oacute; a ocupar su puesto. Yo no me llevaba bien con ella, pero ella no era una mala profesional. Una cosa no tiene que ver con la otra. Las dos &eacute;ramos lo suficientemente inteligentes para saber que, a lo mejor, personalmente no congeni&aacute;bamos, pero profesionalmente ten&iacute;amos que entendernos. Pero, de repente, el director general cogi&oacute; y la destituy&oacute; de su cargo porque le dio la gana. Y ese d&iacute;a me vino con una sonrisa de oreja a oreja y me dijo: estar&aacute;s contenta, que me he cargado a esta chica. Ah&iacute; me encend&iacute; y le dije absolutamente de todo. Y con la indemnizaci&oacute;n, mont&eacute; esta librer&iacute;a.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Quedarme leyendo un domingo por la tarde es casi un acto religioso</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Con cu&aacute;ntos libros empezaste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues igual con cinco mil y pico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Eso es poco o normal?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cinco mil era poco. Lo que pasa es que tuve una ventaja, y es que, como hab&iacute;a estado trabajando muchos a&ntilde;os en una librer&iacute;a que me dio visibilidad, las distribuidoras me conoc&iacute;an, sab&iacute;an qui&eacute;n era, y me ofrecieron muchas facilidades. Es muy diferente tener que empezar desde cero. Hay gente que, a lo mejor, sale del posgrado de librer&iacute;as, pero todav&iacute;a no ha trabajado en ninguna, y no est&aacute; dentro del sector, de modo que se encuentran con much&iacute;simas m&aacute;s dificultades que yo a la hora de abrir su librer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cre&iacute;a que las distribuidoras eran las malas de la pel&iacute;cula.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, eso depende. En mi caso, la mayor&iacute;a son amigas. Quiz&aacute; los editores no piensen as&iacute;. Pero, con las que yo trabajo, estoy muy contenta. Lo que sucede es que no trabajo con todas, porque hay un sector de distribuci&oacute;n con el que no quiero trabajar, y punto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te pierdes alg&uacute;n tipo de libro a causa de esta decisi&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; me puedo perder algo, pero no es relevante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l es la raz&oacute;n para no trabajar con esas distribuidoras?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues porque son grandes grupos que se comen todo lo peque&ntilde;o y lo no tan peque&ntilde;o. Yo valoro mucho, en el trato con la distribuidora, disponer de contacto directo con tu comercial. Si tienes un problema, o si preparas una presentaci&oacute;n, un evento, o se te presenta un caso especial, puedes acudir a ellos y te atienden. Tienes una relaci&oacute;n fluida, aunque solo te vengan a ver de cuando en cuando. Muchas veces, vienen para proponerte algo que creen que te cuadra, porque conocen tu estilo, tu gusto. Ayudan a los libreros en el mismo sentido en que los libreros ayudamos al lector.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Las que no ayudan as&iacute; c&oacute;mo trabajan?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Te viene un gran grupo y lo que quiere es que le pidas todo a ellos para cumplir unos m&iacute;nimos y, a cambio, servirte los libros en un solo d&iacute;a o dos. Ofrecen esa inmediatez que tanto se cree necesitar hoy d&iacute;a. Por eso, encargas un libro en una librer&iacute;a y te lo traen al d&iacute;a siguiente. La gente se ha acostumbrado a esto. Ya nadie quiere esperar. Adem&aacute;s, te lo ponen muy f&aacute;cil, porque con un solo servidor te ahorras trabajo de facturaci&oacute;n; pero te cargas el trabajo de esas otras distribuidoras que te est&aacute;n cuidando y te est&aacute;n asesorando. Con eso, yo no puedo, porque significa ir en contra de mis principios.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Actualmente cu&aacute;ntos libros tienes aqu&iacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ahora mismo, unos nueve mil o diez mil. Ahora estoy sobreestocada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Dise&ntilde;aste t&uacute; la tienda en tu casa, la dibujaste con un l&aacute;piz y un papel?</strong>
    </p><p class="article-text">
        De punta a punta. Cog&iacute; un metro, med&iacute; cada pared, calcul&eacute; las estanter&iacute;as que quer&iacute;a y me hice una idea de los libros que me pod&iacute;an caber. Ten&iacute;a la experiencia previa de haber montado una librer&iacute;a muy grande.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;D&oacute;nde compraste las estanter&iacute;as? Tienen algo dom&eacute;stico, familiar.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Claro, son del Leroy Merlin, las compr&eacute; por Internet. La verdad es que si no tienes medios para decorar, pero tienes libros, puede quedar muy bonito, porque los libros son muy bonitos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Oye, Elena, &iquest;a ti te ayudaron los amigos a pintar, montar las estanter&iacute;as, poner los libros ordenadamente en cada balda?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, me ayudaron. Menos mal. Solo tuve que contratar a alguien para hacer el suelo, dar una &uacute;ltima mano de pintura y cuatro cosas. El local estaba muy viejo, pero nos qued&oacute; muy bien.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo se te ocurri&oacute; el nombre de T&ograve;miris?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es un homenaje a una mujer libre, una guerrera. Era una amazona de un pueblo escita, la reina de los masagetas. Se llamaba T&ograve;miris. (Se escribe as&iacute; en catal&aacute;n, con el acento abierto en la o.) Aparece en las cr&oacute;nicas de los griegos. Aquellos griegos eran unos mis&oacute;ginos. Odiaban a las mujeres libres; sin embargo, les regalaban a sus mujeres vasijas decoradas con figuras de guerreras amazonas, con sus arcos. Todo es una contradicci&oacute;n. Yo tom&eacute; partido por ellas. Por las b&aacute;rbaras y por las rebeldes que iban a caballo. Y tambi&eacute;n me gustan porque pertenecen a la literatura oral, m&aacute;s que a la escrita. Adoro las historias que no tienen un relato escrito, pero que podemos leer a trav&eacute;s de la arqueolog&iacute;a y de los objetos. Me gustan mucho los libros, pero m&aacute;s todav&iacute;a las historias que no est&aacute;n en los libros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iexcl;Ah! &iexcl;Por eso hay un arco dibujado en el r&oacute;tulo de la librer&iacute;a, en la calle. Es un r&oacute;tulo precioso de madera.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Me lo hizo una amiga, que es artista! Se llama Rosa Castells. Nos conocemos desde P3. Rosa se dedica al dise&ntilde;o, a la estampaci&oacute;n y, sobre todo, a la pintura sobre seda. Es una maravilla.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Lees en la librer&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Imposible. No se puede leer aqu&iacute;. Es muy dif&iacute;cil, no puedes estar concentrada. A ratos, voy hojeando libros. Leo a la noche y el fin de semana. Leer es una de mis actividades principales del fin de semana. Quedarme leyendo un s&aacute;bado por la tarde o un domingo por la tarde es casi un acto religioso.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Algunos, en los grandes grupos editoriales, creen que hay unas reglas que lo mismo sirven para vender bragas como para vender libros</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qui&eacute;n te compr&oacute; el primer libro en T&ograve;miris?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La primera persona que entr&oacute; en la librer&iacute;a... Pues, mira, me acuerdo. Fue un chico, lo que no recuerdo ahora es su nombre, s&iacute; que se dedicaba al arte. Y se llev&oacute; un libro de Schiller. Es este, siempre tengo un ejemplar, siempre lo repongo, fue el primero que vend&iacute;: <em>Cartes sobre l'educaci&oacute; est&egrave;tica de l'home</em>. Editado por Adesiara y traducido por el profesor Jordi Llovet.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vaya nivelazo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        He tenido mucha suerte con la librer&iacute;a. Porque otra de las primeras personas que entraron, David, es hoy mi socio en la librer&iacute;a. Un d&iacute;a apareci&oacute; por aqu&iacute;, empez&oacute; a venir y nos hicimos amigos. Siempre le ha gustado mucho el mundo de los libros. El caso es que enseguida se puso a colaborar, hasta que se convirti&oacute; en una pieza clave de todo esto. Es muy, muy lector. Lee de todo. Quiz&aacute;s, &eacute;l tiene el punto m&aacute;s literario y yo el m&aacute;s ensay&iacute;stico, pero eso tambi&eacute;n da equilibrio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;De qu&eacute; parte se encarga?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de ayudar en lo m&aacute;s pesado, que es colocar libros, David tambi&eacute;n se dedica a hacer los carteles de las actividades. Es muy bueno dise&ntilde;ando. Ha hecho el logo de la librer&iacute;a que sale en las tarjetas y en Internet, que es el sof&aacute; que tenemos en la sala de dentro. Lo de elegir libros todav&iacute;a me lo deja a m&iacute;. Yo intento meterle en la rueda. Le digo: venga, &iquest;qu&eacute; coger&iacute;as? Pero prefiere que los seleccione yo. Y eso que nunca falla cuando recomienda libros. Tambi&eacute;n me ayuda en la programaci&oacute;n de actos, a decidir a qui&eacute;n traemos. Otras veces, organizamos cenas en la librer&iacute;a y elegimos entre los dos a los invitados. Trabajar as&iacute; es divertido. Pero, sobre todo, est&aacute; muy bien tener con qui&eacute;n llorar. En esto me ayuda much&iacute;simo, me da apoyo para resistir. A veces, se desmorona una. Por ejemplo, cuando llevas una temporada de ventas muy flojas y no ves la salida del t&uacute;nel. Pero ya hemos salido de un mont&oacute;n de crisis.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el mundo de las librer&iacute;as, las mujeres sois mayor&iacute;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sobre todo, a partir de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. En la mayor&iacute;a de las librer&iacute;as que se abren en Barcelona, est&aacute;n al frente mujeres. Creo que no s&oacute;lo sucede en el terreno de las librer&iacute;as; en muchos otros &aacute;mbitos, el porcentaje de mujeres que se hacen aut&oacute;nomas es cada vez mayor. Dir&iacute;a que se debe a que las mujeres hemos tenido que inventarnos nuestros puestos de trabajo. Aun as&iacute;, hay una discriminaci&oacute;n de g&eacute;nero muy grande. Me refiero a las librer&iacute;as. Si eres una mujer joven, ni los jefes ni los clientes te toman en serio. Por ser joven y tambi&eacute;n por ser mujer. No se f&iacute;an de tus recomendaciones. Y no s&oacute;lo viene por parte de los hombres, es en general. Creo que la gente empieza a confiar en ti cuando empiezan a salirte un poco de canas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; sent&iacute;as cuando recomendabas un libro y no te hac&iacute;an caso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que entonces no era tan consciente como lo soy ahora. De esto, te das cuenta m&aacute;s tarde. Tambi&eacute;n hay otra cuesti&oacute;n de g&eacute;nero que es importante se&ntilde;alar, y es el tema de la maternidad. Cuando una decide tener hijos, de entrada, no lo sabes; pero, de repente, te encuentras con que se te limita absolutamente todo. Hasta que no tienes criados a los hijos, que ya m&aacute;s o menos pueden andar un poco solos, vas a tener las manos totalmente atadas. Y si no las tienes, te las atan los dem&aacute;s. Que una mujer tenga hijos, o no, es decisivo para que cuenten o no con ella.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo te influy&oacute; la maternidad a la hora de abrir la librer&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ya los ten&iacute;a un poco criados. As&iacute; que pude hacerlo. Pero si mis hijos hubieran sido m&aacute;s peque&ntilde;os, quiz&aacute; me hubiera planteado no abrirla. O igual s&iacute; la hubiera abierto. Me hubiese ido a otro sitio donde tuviera un espacio para que pudieran estar mis hijos conmigo. No lo s&eacute;. No s&eacute; qu&eacute; hubiera pasado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;De no encontrar este local, la hubieras montado en cualquier otro barrio?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estoy muy bien aqu&iacute;. Pero hay barrios donde pienso que habr&iacute;a que montar una librer&iacute;a ya. De hecho, si ahora tuviera que volver a empezar, me ir&iacute;a al barrio de la Verneda. Creo que la Verneda merece ahora mismo una buena librer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; es lo mejor de ser librera?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Que es la vida en directo. Ves a los clientes crecer. Algunos ven&iacute;an de ni&ntilde;os con sus padres, y ahora se compran ellos solos los libros. Otras clientas ven&iacute;an embarazadas y ahora traen a sus hijos. Tambi&eacute;n ves que se mueren algunos clientes a los que quieres mucho. Y hay casos de lectores alucinantes. Hay un hombre que vive en la calle, y que tiene un aspecto, pues eso, de alguien que tiene que vivir en la calle, y de vez en cuando entra con el dinero que ha juntado para comprarse un libro. Suelen ser libros de misticismo y espiritualidad. Es lo que le gusta. Pero lo mejor de todo es cuando vienen los clientes y no es para comprar. Vienen simplemente porque les apetece hablar. Eso me encanta. Se hacen muchos amigos en una librer&iacute;a, y eso es una de las mejores cosas que me pueden pasar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/elena-gonzalez-matas-librera-veces-conocer-escritor-decepcionante_1_11876548.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Dec 2024 21:24:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Elena González Matas, librera: "A veces, conocer a un escritor es decepcionante"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Lectura,Librerías,Filosofía,Ensayos,Sagrada Familia,Barcelona,Catalunya]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La gente sin casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gente-casa_129_11853881.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/68654acf-32d0-474c-a134-81f1e22b55d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La gente sin casa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No se tiene casa cuando nadie ofrece garantías de que se podrá seguir viviendo en la casa por la que se paga. Nunca se va a tener casa cuando ni siquiera se puede acceder a pagar un alquiler. Lo mismo que la tierra es de quien la trabaja, la casa es de quien la habita</p></div><p class="article-text">
        Los socialistas tienen un problema fundamental, un pecado original, y es que el mundo de hoy no es socialista, ya nada es socialista, y nadie se acuerda de lo que significa socialista, pero ellos se siguen llamando as&iacute; porque, de lo contrario, dejar&iacute;an de ser lo que son, aunque no tengan claro qu&eacute; son. Son socialistas.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, los partidos no se definen en sus siglas mediante ideolog&iacute;as, ya no se llaman comunistas, socialistas, socialdem&oacute;cratas o conservadores, ni tampoco esa palabra innombrable, que los de extrema derecha ocultan, aunque les supura a borbotones. Los partidos modernos llevan en sus siglas palabras que aluden a deseos, a voluntades, antes que a ideolog&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Socialista es una palabra f&oacute;sil, en el m&aacute;s bello de los sentidos. Se ha convertido en el &aacute;mbar donde se conserva eternamente una manera de ver la vida. En religi&oacute;n, a esto se le llama el alma. El &aacute;mbar tanto puede ser un aristocr&aacute;tico signo de distinci&oacute;n como un abalorio. Hoy d&iacute;a, un socialista tiene que dedicarse a mil cosas (a eso tambi&eacute;n se le llama gestionar), antes que a ser socialista. No le da la vida. Ya no le queda tiempo para eso.
    </p><p class="article-text">
        Porque gestionar es lo opuesto a reivindicar. Ni siquiera es una manera de defender una ideolog&iacute;a, aunque pueda parecerlo por persona interpuesta. En Espa&ntilde;a, lo m&aacute;s similar a hacer gestiones ha sido hacer recados. Hacer mandados es el paso siguiente en el descenso del escalaf&oacute;n. Los mandados los hacen los ni&ntilde;os y los mozos de cuerda. Las gestiones las hace la clase media, el pueblo con cartera de cremallera; hoy, se lleva dentro de la cartera un ordenador, en vez de un cuaderno. Para hacer gestiones hay que perder toda una ma&ntilde;ana de trabajo o dedicarle entera una tarde libre. El Gobierno no hace gestiones, el Gobierno manda. Gestionar es para cuando alguien se pone la americana de sentarse a esperar.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, los inquilinos denuncian y reivindican, y nadie gestiona sus demandas. Porque las gestiones se las tienen que hacer ellos solos cuando acaban la manifestaci&oacute;n. En l&iacute;neas generales, existen dos tipos de inquilino, el que no puede pagar el alquiler y el que no puede ni so&ntilde;ar con alquilar. Entonces, llaman a la huelga de alquileres, aunque no se reconozca este derecho. Negarse a pagar es una idea dram&aacute;tica, est&aacute; en el teatro de Dario Fo, que en los a&ntilde;os 70 estren&oacute; <em>Aqu&iacute; no paga nadie.</em> En esta obra, era en un supermercado donde no se pagaba, en protesta por la inflaci&oacute;n. Casi un cuarto de siglo despu&eacute;s de escribir <em>Aqu&iacute; no paga nadie,</em> Dario Fo fue galardonado con el premio Nobel de Literatura. Siempre es as&iacute;, gestionar es hacer las cosas tarde. Y hacerlas a su tiempo es actuar, que es lo que sucede en el teatro. Dario Fo actu&oacute;. Un artista es una persona de acci&oacute;n, siempre sabe cu&aacute;ndo actuar.
    </p><p class="article-text">
        Desde R&oacute;mulo y Remo, los italianos han sido m&aacute;s temperamentales que los espa&ntilde;oles. A nosotros, nos puede la resignaci&oacute;n. No somos cat&oacute;licos de Pedro, que puso en Roma la primera piedra, sino de Santiago, que lleg&oacute; cad&aacute;ver a nuestras costas para evangelizarnos. En Espa&ntilde;a, las batallas siempre se ganan despu&eacute;s de muerto. Sucedi&oacute; lo mismo con el Cid. Y con Adolfo Su&aacute;rez. Cuando un italiano se sulfura y, entre grandes gestos, exclama: <em>&iexcl;Aqu&iacute; no paga nadie!</em>, los espa&ntilde;oles nos conformamos con decir:<em> Aqu&iacute; no hay quien viva.</em> Preferimos otro tipo de programaci&oacute;n. Tenemos otra forma de ver las cosas. Somos gente m&aacute;s paciente, m&aacute;s dispuesta a soportarlo todo si, a cambio, nos hacen sonre&iacute;r. En un pa&iacute;s donde nunca hubo dinero, m&aacute;s que para los poderosos, la gente de la calle ha tenido que conformarse hist&oacute;ricamente con que les paguen sac&aacute;ndoles una sonrisa. Al se&ntilde;or Troncoso, de la canci&oacute;n de Triana, le suced&iacute;a eso.
    </p><p class="article-text">
        Ser inquilino ha supuesto toda la vida ser un espa&ntilde;ol de segunda. Porque, en nuestro pa&iacute;s, a lo que aspira todo el mundo es al piso en propiedad para que nadie pueda echarte de tu casa. Aqu&iacute;, hemos expulsado de sus casas a comunidades enteras. Se ha hecho con los jud&iacute;os, con los moriscos, con los gitanos cuando estaban asentados. Y tambi&eacute;n con los itinerantes. Un carro es una casa. Tambi&eacute;n una cueva es una casa, las de Guadix est&aacute;n de moda.
    </p><p class="article-text">
        Del mismo modo, un emigrante econ&oacute;mico es alguien al que han echado de su casa. De todo esto sabemos un mont&oacute;n los espa&ntilde;oles. Toda la emigraci&oacute;n industrial de Barcelona que, primero, vivi&oacute; en barracas, en las laderas de Montju&iuml;c y del Carmel, o en chabolas a orillas del mar, hasta que pudo comprarse un piso reci&eacute;n pintado en medio de un descampado, es gente a la que expulsaron de su casa en el pueblo, a fuerza de hambre, miseria y subdesarrollo.
    </p><p class="article-text">
        Sigue siendo as&iacute;. La mayor&iacute;a de la gente sin casa, que llega a nuestras ciudades, tuvo antes una casa en su pa&iacute;s de procedencia. Estos inquilinos e inquilinas son otro ej&eacute;rcito en la sombra, pienso al decir esto en los parados como un ej&eacute;rcito industrial de reserva, seg&uacute;n Marx, y en la cr&oacute;nica de la resistencia francesa, que cont&oacute; Joseph Kessel en su novela <em>El ej&eacute;rcito de las sombras</em> (luego, Jean-Pierre Melville le hizo una pel&iacute;cula muy buena). Pero inquilino es una palabra quim&eacute;rica (lo vio Topor), un t&eacute;rmino t&eacute;cnico, incluso un eufemismo, porque en Espa&ntilde;a inquilino, sobre todo, quiere decir gente sin casa.
    </p><p class="article-text">
        No se tiene casa cuando nadie ofrece garant&iacute;as de que se podr&aacute; seguir viviendo en la casa por la que se paga. Nunca se va a tener casa cuando ni siquiera se puede acceder a pagar un alquiler. Lo mismo que la tierra es de quien la trabaja, la casa es de quien la habita. No me refiero a la escritura de propiedad, sino a la confianza en continuar perteneciendo a ella. Me refiero al derecho, m&aacute;s hondo, de pertenecer a una casa, por encima, incluso, de que una casa te pertenezca. La gente pertenece a la casa donde vive.
    </p><p class="article-text">
        Igual que en los siglos XV, XVII y XVIII, hoy los fondos buitre, y el resto de los especuladores inmobiliarios, est&aacute;n expulsando en masa a la poblaci&oacute;n de las ciudades. Hacen pol&iacute;tica de tierra quemada, pero no queman su trigo sino nuestras casas. Desplazando a los habitantes hacia las ciudades vecinas de las grandes capitales, convierten a la gente en llamaradas de fuego, pues tambi&eacute;n van a quemar los lugares a los que llegan. Y cuando los alquileres y los pisos sean inasumibles en barrios donde todo era m&aacute;s barato, volver&aacute;n a desplazar a la gente todav&iacute;a m&aacute;s lejos reproch&aacute;ndoles no tener un concepto grande de lo que es Barcelona. En boca de los especuladores, las palabras gran Barcelona apestan a Milo&scaron;evi&#263;. Para los especuladores de la vivienda, Barcelona no existe, las ciudades no existen, son solo tierra para quemar.
    </p><p class="article-text">
        Las inquilinas y los inquilinos que han salido estos d&iacute;as a manifestarse representan la peque&ntilde;a punta de un iceberg insondable que penetra hasta el abismo de los pisos patera, de las escaleras de vecinos donde ya no se conoce nadie, de los viejos y las viejas que suicidan porque se les han acabado las cartas y no saben c&oacute;mo van a seguir jugando a ese juego tan largo, tan extenuante, que se llama salir adelante. Fauna abisal. Monstruos a los que cortan la luz. Los nuestros. Por eso naci&oacute; el socialismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gente-casa_129_11853881.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 Nov 2024 21:08:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La gente sin casa]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Daniel Di Pietropaolo, relojero: "Queremos ver la hora, pero no queremos ver el tiempo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/daniel-di-pietropaolo-relojero-queremos-ver-hora-no-queremos-ver-tiempo_1_11840066.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/48fcf8dd-e740-4a00-a4a4-29d929ebc21e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Daniel Di Pietropaolo, relojero: &quot;Queremos ver la hora, pero no queremos ver el tiempo&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este artesano barcelonés conforma la tercera generación de su familia argentino-italiana que dedica su vida a reparar estos pequeños objetos a través de los cuales, asegura, puede ver el alma de sus propietarios</p><p class="subtitle">El anterior 'La gente habla'  - Inés Boza, bailarina y coreógrafa: “El baile libera el miedo, la represión y la inseguridad del cuerpo”
</p><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Antes de la pandemia, mi madre me dio el reloj de mi t&iacute;o, que muri&oacute; hace m&aacute;s de sesenta a&ntilde;os. El reloj se hab&iacute;a parado hac&iacute;a much&iacute;simo, por supuesto, y lo llev&eacute; a arreglar. Es un Duward dorado, con el circulito de los segundos abajo, y la flechita del segundero dando vueltas sin cesar, como si vivi&eacute;ramos dos vidas. Una que pasa muy deprisa y otra que pasa muy despacio.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que, a los tres d&iacute;as de repararlo, se volvi&oacute; a parar, y me hab&iacute;an cobrado una pasta. Pero, al d&iacute;a siguiente, decretaron el primer confinamiento y tambi&eacute;n confin&eacute; el reloj, y ya me olvid&eacute; hasta hace unos meses. Porque, paseando por el barrio, me top&eacute; con una relojer&iacute;a que nunca hab&iacute;a visto, y eso que ya lleva diez a&ntilde;os abierta.
    </p><p class="article-text">
        La relojer&iacute;a tiene unos cristales muy grandes. Toda su fachada es de cristal y, tras ellos, se ven las paredes abarrotadas de relojes de p&eacute;ndulo de todo tipo, de cuco, se&ntilde;oriales, dom&eacute;sticos, ornamentados con <em>chinoiseries</em>... Uno no se da cuenta, porque se queda impresionado ante ese misterio. 
    </p><p class="article-text">
        El sitio es como un poema de Valle-Incl&aacute;n. Como aquel que dec&iacute;a: <em>Aquella cueva del herbolario / se me ofrec&iacute;a como un breviario</em>... Tambi&eacute;n, lleno de ciencia y de visiones, lo mismo que en esa poes&iacute;a. De lo que uno no se da cuenta es de que est&aacute; ah&iacute; el relojero.
    </p><p class="article-text">
        Hay que fijarse bien. Est&aacute; trabajando, sentado, en una esquina, tras los cristales, observando la maquinaria de un reloj, con la lupa sujeta al ojo. Un hombre normal y corriente, con un jersey normal y corriente. Y, sin embargo, todo a su alrededor es enigm&aacute;tico. Es un hombre com&uacute;n envuelto en profundos arcanos.
    </p><p class="article-text">
        Volv&iacute; a casa nervioso para traerle mi reloj. Lo mir&oacute;, no le dio importancia, y en unos d&iacute;as lo repar&oacute;. Ya no ha dejado de funcionar. Es el mismo tictac que escuchaba mi t&iacute;o hace m&aacute;s de sesenta a&ntilde;os. En el Eclasiast&eacute;s dice que las generaciones pasan unas tras otras, pero la tierra permanece. El tiempo tambi&eacute;n permanece. Nos lo dicen estos relojes. No son la palabra de Dios, pero quiz&aacute; sea una palabra m&aacute;s antigua. A saber.
    </p><p class="article-text">
        En el r&oacute;tulo de la tienda, pone &ldquo;Alea. Reparaci&oacute; de rellotges i p&egrave;ndols&rdquo; (Alea. Reparaci&oacute;n de relojes y p&eacute;ndulos). Est&aacute; en el cruce de la calle C&ograve;rsega con Independ&egrave;ncia. Esto es el barrio de Camp de l'Arpa, o quiz&aacute; a&uacute;n sea el Clot, y tambi&eacute;n est&aacute; muy cerca de ser la derecha del Eixample. Un cruce de caminos, un punto alef o acaso un jard&iacute;n de senderos que se bifurcan. Nada m&aacute;s borgiano que una encrucijada hecha de tiempo. Bueno, de relojes. 
    </p><p class="article-text">
        Una m&iacute;stica argentina se condensa en este enclave de Barcelona, pues esa relojer&iacute;a es tambi&eacute;n lo m&aacute;s parecido que nunca vi a la tienda del anticuario de <em>Mort Cinder,</em> el m&iacute;tico tebeo que Oesterheld y Alberto Breccia publicaron en los a&ntilde;os 60, en la editorial Abril, en Buenos Aires.
    </p><p class="article-text">
        El relojero se llama Daniel Di Pietropaolo y lleg&oacute;, de Argentina a Barcelona, con el siglo XXI. Tiene 60 a&ntilde;os, es decir, que naci&oacute; cuando dej&oacute; de publicarse <em>Mort Cinder, </em>pero &eacute;l recuerda m&aacute;s <em>El eternauta, </em>tambi&eacute;n de H.G. Oesterheld, y sobre todo las tiras del indio Patoruz&uacute;. Ha hecho cuatro veces el camino de Santiago. Le apasiona la arqueolog&iacute;a y visit&oacute; algunos de los m&aacute;s importantes yacimientos de la Am&eacute;rica precolombina. Siempre, buscando algo. 
    </p><p class="article-text">
        Como en las historias que el viajero del tiempo Mort Cinder (m&aacute;s bien era un inmortal) le contaba al anticuario Ezra Winston, la historia de este relojero se remonta a tiempos pret&eacute;ritos, y transcurre en otras tierras. Porque la historia de Daniel Di Pietropaolo empieza en Italia, en los a&ntilde;os previos a la Primera Guerra Mundial. No es que viaje en el tiempo, es que es el tercero de una estirpe de relojeros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La gente ya no lleva reloj.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Ha vuelto! Pero lo lleva de otra manera.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo lo lleva?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como objeto de distinci&oacute;n. Hoy d&iacute;a, la hora est&aacute; en el m&oacute;vil, y el reloj se ha convertido en un objeto en s&iacute; mismo. Lo que pasa que el m&oacute;vil es un atraso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En qu&eacute; sentido?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque es una vuelta al reloj del bolsillo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iexcl;Como Phileas Fogg!</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero en la pr&aacute;ctica, es inc&oacute;modo, porque hay que preguntarle la hora. Tienes que sacarlo de donde lo lleves. En cambio, el reloj de pulsera es lo pr&aacute;ctico. Por eso fue inventado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;A qui&eacute;n se le ocurri&oacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues, mira, al principio era un reloj para las mujeres. Pero entre los hombres se populariz&oacute; despu&eacute;s de la Primera Guerra Mundial.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Antes, las guerras lo cambiaban todo. Ahora, disimulamos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El reloj masculino que se usaba antiguamente era el de bolsillo. Y entonces, cuando los pobres soldados estaban en las trincheras, bueno, los soldados eran pobres en todos los sentidos, pero quiz&aacute; alguno habr&iacute;a tenido reloj... Sobre todo, eran los oficiales y los suboficiales quienes ten&iacute;an reloj. Y si, en las trincheras, ten&iacute;an que ver la hora, ten&iacute;an que moverse, buscarlo en el bolsillo... Resultaba aparatoso y, tambi&eacute;n, era un peligro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y cambi&oacute; la manera de llevar el reloj.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; cambiaron los tiempos. Porque, de repente, alguien vio que lo pr&aacute;ctico era el reloj de pulsera. Son inventos que nacen de lo pr&aacute;ctico. Por ejemplo, un soldado est&aacute; haciendo guardia, o est&aacute; en una trinchera, y solamente con una ojeada ya ve la hora. Fue de este modo como los ej&eacute;rcitos empezaron a dotar a su personal con relojes de pulsera, y a&uacute;n existen los famosos relojes trinchera. Se llaman as&iacute; en el coleccionismo. Son unos relojes muy b&aacute;sicos, pero de marca. Son Omega, Longines, son relojes buenos. Yo tengo uno. Son los primeros relojes de pulsera.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text"> Los imitadores sacan los productos que la gente demanda. Pero demanda mal.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>El reloj se lleva mucho para fardar.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque, en cierto modo, solo importa el objeto. Tanto es as&iacute; que, desgraciadamente, est&aacute; invadido el mercado de relojes de imitaci&oacute;n. Son truchos; pero, para darles m&aacute;s cach&eacute;, los llaman r&eacute;plicas. No importa que sea bueno, importa que aparente. Los imitadores est&aacute;n al d&iacute;a de todo eso. Sacan los productos que la gente demanda. Pero demanda mal.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l es la demanda?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay dos vertientes. El que quiere aparentar que tiene algo, cuando realmente no lo tiene. Y el coleccionista. Y tambi&eacute;n est&aacute; quien hereda un reloj del abuelo. No hace falta que sea coleccionista. Tiene un reloj de la familia y lo hace restaurar. Ahora est&aacute; de moda el reloj <em>vintage</em>. Suele ser un reloj de los a&ntilde;os 70, autom&aacute;tico, un Seiko, que hay mucho y es un reloj extraordinario. Y vuelven todos esos relojes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Entonces entr&aacute;is en acci&oacute;n los miembros del sector R.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;S&iacute;, s&iacute;! Los que nos dedicamos a la reparaci&oacute;n, al sector R, como lo llaman, estamos trabajando mucho con los relojes antiguos. Son relojes de verdad. No son relojes parecidos a otros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo es un reloj de verdad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues los que no son anal&oacute;gicos. Porque los anal&oacute;gicos son relojes an&aacute;logos... a otros relojes. Siempre se es an&aacute;logo respecto a algo preexistente. Por eso el reloj de cuarzo se llama anal&oacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo preexistente siempre es mejor que lo existente.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo preexistente, antes del cuarzo, era el reloj mec&aacute;nico. El impulso del reloj era mec&aacute;nico. Y, bueno, entonces, &iquest;para qu&eacute; voy a comprar algo an&aacute;logo? &iexcl;Compro el original! Uso el original y encima lo tengo en mi casa, porque era de mi abuelo, de mi padre, de mi t&iacute;o. Lo tengo ah&iacute;, dando vueltas... La gente est&aacute; recuperando eso porque es de verdad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Un reloj vive m&aacute;s que una persona?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, puede durar toda la vida y mucho m&aacute;s. Hay un proverbio que se utiliza en relojer&iacute;a, que dice: Un reloj no es tuyo, lo est&aacute;s cuidando para las pr&oacute;ximas generaciones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Las imitaciones, tambi&eacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No. Solo es cierto hablando de un reloj de pared o de un reloj mec&aacute;nico. Pero cuando hablamos de un reloj de pila, ya no es as&iacute;. Y no porque sea malo, porque existen Omegas de pila muy buenos; simplemente no duran toda la vida porque est&aacute; en su propia naturaleza. Hay pl&aacute;stico dentro. Eso tiene una caducidad impl&iacute;cita, que es la de ese material. No se puede trabajar con pl&aacute;stico. En cambio, dentro de los relojes de los a&ntilde;os 50, 60, 70 y, por supuesto, de m&aacute;s atr&aacute;s, de principios del siglo XX, &iquest;qu&eacute; encontramos? Bronce, acero, cristal, rub&iacute;es... Los rub&iacute;es son eternos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Para qu&eacute; sirven los rub&iacute;es?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para que haya menos roce. Para que el acero del eje de la rueda no toque directamente el metal, que es lo que pasa en relojes m&aacute;s econ&oacute;micos. Hoy d&iacute;a le ponen rub&iacute;es a todo, porque antiguamente eso daba la calidad del reloj. Un reloj que ten&iacute;a rub&iacute;es era bueno, el rub&iacute; era un componente caro. Pero los de ahora son rub&iacute;es artificiales. Es una cosa que no sirve para nada, m&aacute;s all&aacute; de estar adentro del reloj. Una cosa de un mil&iacute;metro de di&aacute;metro, dos m&aacute;ximo, con un agujerito en el medio, donde descansa el eje, y nada m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Daniel, &iquest;c&oacute;mo te hiciste relojero?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo tengo por tradici&oacute;n familiar. Mi padre y mi abuelo eran relojeros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pues empecemos por el principio.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por el principio? Bueno... La relojer&iacute;a existe desde hace varios siglos. Pero la relojer&iacute;a, a nivel popular, surge a inicios del siglo XX. Con los relojes de bolsillo, las f&aacute;bricas vieron el negocio, y decidieron utilizar materiales menos nobles, antes eran de oro y de plata, pero empezaron a hacerlos de bronce, cromados... Esto hizo que los relojes se popularizaran de tal forma que hab&iacute;a cada vez m&aacute;s necesidad de gente que los reparara, y as&iacute; fue como naci&oacute; la demanda de t&eacute;cnicos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y en ese momento es cuando aparece tu familia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Exactamente. Aparece mi abuelo Eliseo. Todo empez&oacute; porque tuvo un peque&ntilde;o accidente. Fue en Italia. Mi abuelo era italiano, de un pueblo que se llama Pianzano, en Treviso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; tipo de accidente?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un accidente normal. Algo com&uacute;n, pero que entonces, porque estamos hablando de principios del siglo XX, pod&iacute;a haber sido mortal. Se cay&oacute; adentro de un arroyo congelado. Estaba patinando, jugaba con sus primos y sus amigos, y el hielo se quebr&oacute; y se cay&oacute; dentro; pero, claro, estaban como a tres o cuatro kil&oacute;metros de la casa, en pleno invierno, sin ning&uacute;n material t&eacute;cnico de estos de ahora, ni gomas, ni nailon, ni nada de eso. 
    </p><p class="article-text">
        O sea que, calado de pies a cabeza a 7, u 8 o 10 grados bajo cero, tuvo que caminar hasta a la casa. Cuando lleg&oacute;, estaba literalmente congelado, violeta. Siempre dicen que estaba violeta, y eso le llev&oacute; a tener que guardar cama dos a&ntilde;os. En aquel tiempo no hab&iacute;a penicilina. No hab&iacute;a nada. Entonces, &iquest;qu&eacute; pas&oacute;? Porque la familia de mi abuelo eran todos campesinos...
    </p><p class="article-text">
        <strong>El campo es un trabajo muy duro.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y m&aacute;s entonces, que todo hab&iacute;a que hacerlo a mano: la cosecha, el arado, la siembra, la uva.., porque ten&iacute;an vi&ntilde;edos tambi&eacute;n. Mi abuelo qued&oacute; enfermo, muy delicado. Mis bisabuelos estaban preocupados por el futuro de su hijo, porque ya no pod&iacute;a hacer las labores. Y, entonces, el cura del pueblo les dijo que no se preocuparan, que el chico pod&iacute;a aprender un oficio de interior. Barber&iacute;a, sastrer&iacute;a, y qu&eacute; s&eacute; yo, cocinero, cosas que se tengan que hacer bajo techo. Como el cura conoc&iacute;a a una familia de relojeros, que tambi&eacute;n ten&iacute;an joyer&iacute;a, lo mand&oacute; all&iacute;, con 14 a&ntilde;os. Y as&iacute; aprendi&oacute; el oficio.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mi abuelo no pudo ir a la guerra, se quedó enterrando muertos. A veces no se sabe qué es peor</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;A&uacute;n eran relojeros de relojes de bolsillo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Claro, era antes de la Primera Guerra Mundial. Cuando vino la guerra, se cerr&oacute; la tienda, se cerraron muchos negocios, y mi abuelo se volvi&oacute; a la casa. Pero no fue convocado a filas por su misma enfermedad, por la poca capacidad pulmonar que ten&iacute;a. No pod&iacute;a hacer ejercicio, porque se ahogaba. Es m&aacute;s, muri&oacute; de insuficiencia card&iacute;aca a los a&ntilde;os 50. &iquest;Entonces, qu&eacute; pas&oacute;? Que se qued&oacute; en el pueblo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y de qu&eacute; trabajaba?</strong>
    </p><p class="article-text">
        A veces, no se sabe qu&eacute; es peor. Se qued&oacute; enterrando a los muertos que tra&iacute;an los convoyes militares que ven&iacute;an de Austria, y que iban para el puerto de Venecia, y pasaban por el pueblo. Iban desfilando carros de heridos por aquel camino. Y, cuando llegaban a un pueblo, miraban los que hab&iacute;an muerto y los dejaban all&iacute;. Y, a la ma&ntilde;ana, los del pueblo se encontraban con un mont&oacute;n de cad&aacute;veres que hab&iacute;an tirado los de los carros. Eran carros tirados por caballos. Imag&iacute;nate, carros de gente herida que ya hac&iacute;a un mes que les hab&iacute;an pegado un tiro en el frente y se mor&iacute;an en el camino. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Pero tu abuelo ten&iacute;a fuerza para ese trabajo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, pero la cuesti&oacute;n es que &eacute;l, como no hab&iacute;a ido al frente, ten&iacute;a que colaborar. Y a esa labor se dedicaban el cura y algunas personas mayores del pueblo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;D&oacute;nde los enterraban?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En las cunetas. Es m&aacute;s, al d&iacute;a de hoy, en el pueblo a&uacute;n se sabe cu&aacute;l es la cuneta. Porque mis t&iacute;os, que todos viven ah&iacute;, los primos de mi padre, dicen: Toda esa cuneta, por debajo, est&aacute; llena de muertos de la Primera Guerra Mundial.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y nadie ha hecho nada por ellos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es que es tragic&oacute;mico. Encima de ese sitio, ahora hay un centro de ventas de art&iacute;culos deportivos muy grande, y justo donde est&aacute; la fosa com&uacute;n es donde construyeron el parking. Lo que era antes el borde del camino, hoy d&iacute;a, es la avenida principal, por ah&iacute; pasan los autobuses y ah&iacute; se ha formado el centro comercial del pueblo. Mi t&iacute;o me dice: Mira, ac&aacute; abajo, desde las v&iacute;as del tren hasta aqu&iacute;, est&aacute; todo lleno de muertos que trajeron de la Primera Guerra Mundial.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pasada la guerra, tu abuelo sigui&oacute; con la relojer&iacute;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vuelve a trabajar, vuelven a abrir los negocios, vuelve a abrir todo, y a mi abuelo ya se le puso en la cabeza la locura de la &eacute;poca, que era emigrar de Italia a la Argentina, que en aquellos a&ntilde;os 20, era una potencia econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es la historia de Marco.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Marco, claro, ah&iacute; est&aacute;. Pero entonces, mi abuelo ya ten&iacute;a 20 a&ntilde;os. Junt&oacute; dinero y se fue a Buenos Aires a trabajar de relojero. Y, bueno, el hombre se integr&oacute;, trabaj&oacute; y se muri&oacute; ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Llegaste a conocerle?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, no. Muri&oacute; nueve a&ntilde;os antes de que yo naciera. Yo soy del 64, y &eacute;l muri&oacute; en el 55.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Tu abuelo se cas&oacute; con una argentina?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; va. Mi abuela tambi&eacute;n era italiana, de Verona, se llamaba Cesira, que es como Ces&aacute;rea, pero no por la operaci&oacute;n, sino porque es el femenino de C&eacute;sar. El caso es que se conocieron en Buenos Aires, y en el 36 tuvieron a mi padre, que se llamaba H&eacute;ctor, y sigui&oacute; la tradici&oacute;n de ser relojero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Vive tu padre?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ya es fallecido. Muri&oacute; en el 21 de COVID, cuando la pandemia, en Buenos Aires.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En qu&eacute; barrio de Buenos Aires puso la relojer&iacute;a tu abuelo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, no. Mi abuelo nunca tuvo relojer&iacute;a, siempre fue empleado. Una vez, intent&oacute; entrar en el ferrocarril, cuando Per&oacute;n, en los a&ntilde;os 50, les confisc&oacute; los ferrocarriles a los ingleses. Porque el ferrocarril, en aquella &eacute;poca, ten&iacute;a un departamento de relojer&iacute;a. Se ocupaba de los relojes de todas las estaciones y de los relojes de bolsillo que llevaban el inspector, el jefe de estaci&oacute;n... Era un departamento muy grande con muchos relojeros reparando.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; no pudo entrar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque, por el mismo hecho de pasar el ferrocarril ser nacional, el Estado &uacute;nicamente tomaba a argentinos, nativos o naturalizados, y mi abuelo era italiano. Nunca pidi&oacute; la nacionalidad argentina.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Viv&iacute;a en un microclima de italianos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No era su caso. Mi abuelo viv&iacute;a en Villa Devoto. All&iacute; hab&iacute;a emigrantes de todas partes. Es un lugar conocido porque es el barrio con m&aacute;s &aacute;rboles de todo Buenos Aires.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;T&uacute; tambi&eacute;n eres de all&iacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qu&eacute; va! Cuando mi padre se cas&oacute; con mi madre, se fueron a vivir al barrio de Flores, de donde es el Papa. Y bueno, despu&eacute;s, ya fuimos cambiando, qu&eacute; s&eacute; yo... La cuesti&oacute;n es que mi padre no puso la relojer&iacute;a hasta el 72. Antes, tambi&eacute;n fue empleado. Adem&aacute;s de relojer&iacute;a, era joyer&iacute;a. Mi padre reparaba y mi madre atend&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En el barrio de Flores?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, en Villa Crespo. Es otro barrio de Buenos Aires, son muchos barrios. Un barrio normal, de clase media com&uacute;n. Y all&iacute; tuvo la relojer&iacute;a hasta que lleg&oacute; el corralito famoso de 2001. Y en 2002, mi padre cerr&oacute;. Ya ten&iacute;a edad de jubilarse, aunque no le resultara prioritario. Aquello fue un caos. Ya todo el mundo sabe lo que fue el corralito. Un desastre. Mi padre dijo, hasta aqu&iacute; llegu&eacute;, y se jubil&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Pudo jubilarse bien?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, s&iacute;. Normal. Es decir, mal, como todo jubilado argentino.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Su relojer&iacute;a era parecida a esta tuya?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, pero con joyer&iacute;a tambi&eacute;n. Yo solamente tengo relojer&iacute;a, porque es una inversi&oacute;n muy grande la joyer&iacute;a y no es mi oficio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Daniel, &iquest;de ni&ntilde;o sab&iacute;as que ibas a ser relojero?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Yo no quer&iacute;a! A m&iacute; me interesaba m&aacute;s la venta, me atra&iacute;a m&aacute;s el trabajo de comercial. Pero mi padre, con muy buen criterio, me dijo: No, t&uacute; aprende a reparar relojes y, despu&eacute;s haz lo que quieras, porque esto ya lo sabr&aacute;s. Entonces empec&eacute; a trabajar con &eacute;l en la tienda, y me dio todos los despertadores. En los a&ntilde;os 80, a&uacute;n hab&iacute;a mucho despertador mec&aacute;nico. Me dijo: Todo lo mec&aacute;nico, los relojes y despertadores que entren, los haces t&uacute; y los cobras t&uacute;, nada m&aacute;s. Y, claro, cuando entraba un despertador, yo me desviv&iacute;a para dejarlo perfecto. Los limpiaba, los luc&iacute;a y la gente se iba contenta.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo de la vista es una cosa que se va subsanando con adminículos artificiales. Es decir, con una lupa</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Tuviste que cursar estudios de relojer&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Eso fue despu&eacute;s. Me matricul&eacute; en la escuela industrial. Se llama Otto Krause, Escuela T&eacute;cnica N&#8304; 1 de Buenos Aires. All&iacute; estaba la secci&oacute;n de relojer&iacute;a, que es como la secundaria. Son tres a&ntilde;os de ciclo b&aacute;sico, con historia, matem&aacute;ticas, qu&iacute;mica, todo..., y luego dos a&ntilde;os de especialidad de relojer&iacute;a. Hac&iacute;amos torner&iacute;a fina, y a mano. Empez&aacute;bamos limando una madera de 1x1 cm y termin&aacute;bamos torneando un eje de acero de 0.10 o 0.20.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Adem&aacute;s de habilidad, hay que tener buena vista.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, pero bueno, como usamos lupas... La lupa normal es de 3 aumentos, pero tambi&eacute;n est&aacute; la otra especial, que es de 12, cuando vas a ver un detalle. Lo de la vista es una cosa que se va subsanando con admin&iacute;culos artificiales. Es decir, con una lupa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>O sea, que al final sentiste la vocaci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Claro, y ah&iacute; sent&iacute; la vocaci&oacute;n. Ah&iacute; me empez&oacute; a gustar. y vi que pod&iacute;a ganarme la vida con ello. Y bueno, estuve trabajando por ah&iacute;, hasta que en el 2000 emigr&eacute; a Espa&ntilde;a.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Daniel, en plena tarea de reparación de un reloj                            </span>
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        <strong>&iquest;Por qu&eacute; decidiste venir a Espa&ntilde;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Realmente, me qued&eacute; varado en Espa&ntilde;a. Solo ven&iacute;a por dos a&ntilde;os. Trabajaba de relojero en el servicio t&eacute;cnico de Casio, en Buenos Aires, y a mi exmujer le dieron una beca para estudiar en Espa&ntilde;a Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En Barcelona?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, pod&iacute;amos tener Madrid, Barcelona, L&eacute;rida y otro lugar m&aacute;s. Pero mi jefe de Buenos Aires habl&oacute; con los de Casio de Espa&ntilde;a y les pregunt&oacute; si necesitaban alg&uacute;n relojero. Les dijo: Uno de mis relojeros, -porque &eacute;ramos 31 relojeros-, se va a vivir a Espa&ntilde;a. Y result&oacute; que necesitaban uno en Barcelona. Vinimos aqu&iacute; en el 2000, y en el 2001 estall&oacute; el corralito. Pero yo ya estaba trabajando aqu&iacute; y, como tengo nacionalidad italiana, me qued&eacute; como ciudadano italiano.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Es hereditaria?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay que pedirla, y por abuelos y bisabuelos te la dan.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; Barcelona te encontraste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En ese momento, lo que me gust&oacute; de Barcelona fue la diferencia que hab&iacute;a con Buenos Aires en cuanto a seguridad. Me acuerdo de que, al principio, &iacute;bamos por Barcelona y mir&aacute;bamos para atr&aacute;s, por la costumbre de caminar en Buenos Aires, porque Buenos Aires era una ciudad muy insegura. Aqu&iacute;, entonces, se estaba de f&aacute;bula. La seguridad que hab&iacute;a en Barcelona en ese momento era impresionante.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El otro día llegó un cliente, y veo que viene con un bastón, y le digo: &quot;¿Qué le ha pasado, que anda con un bastón?&quot; Y me dice: &quot;¡Nada! ¡Lo uso de arma!</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y ahora, no?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La echamos en falta ahora, con toda la inseguridad que hay.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Est&aacute;s seguro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Pero no lo digo porque ahora tengo un comercio! Te hablo en general. El otro d&iacute;a lleg&oacute; un cliente, y veo que viene con un bast&oacute;n, y le digo: &iquest;Qu&eacute; le ha pasado, que anda con un bast&oacute;n? Y me dice: &iexcl;Nada! &iexcl;Lo uso de arma!
    </p><p class="article-text">
        <strong>Igual tiene que ver con el tiempo. Siempre nos parece que antes era mejor.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Eso tambi&eacute;n es cierto. La gente habla maravillas de su infancia en el pueblo; pero, antiguamente, la gente se mor&iacute;a en los pueblos por un flem&oacute;n. Puede que con la seguridad pase lo mismo; pero yo lo vivo por lo que me comenta la gente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En qu&eacute; barrio aterrizasteis?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En Gr&agrave;cia. Eso fue espectacular. Llegamos sin saber lo que era Gr&agrave;cia, ni lo que significaba el barrio para la ciudad de Barcelona. Mi mujer vino en septiembre, para empezar la Universidad en octubre. Y yo vine en diciembre. Los de la inmobiliaria le mostraron tres pisos y el que le gust&oacute; estaba en Gr&agrave;cia, y se lo qued&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y os encontrasteis con las fiestas de Gr&agrave;cia, con los cines Verdi...</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, bueno, pero todo eso lo recorr&iacute; ya de separado. Despu&eacute;s de que ella se volviera a Argentina, porque sufri&oacute; una crisis psicol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque, hablando mal y pronto, la pobre nunca hab&iacute;a visto una mierda de perro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En la acera?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;En la vida! Era la t&iacute;pica nena que hab&iacute;a ido al colegio privado. Accedi&oacute; por las notas que ten&iacute;a, porque era un coco. El colegio secundario donde estudiaba ten&iacute;a convenio con la Universidad del Salvador, que es la universidad de los jesuitas. Entr&oacute; con becas. Estudi&oacute; siempre con becas, as&iacute; que ella no trabaj&oacute; nunca fuera de la educaci&oacute;n. Ni siquiera trabaj&oacute; con gente normal. Trabaj&oacute; siempre con fil&oacute;logos, con doctores... Pero claro, cuando, estando ya en Barcelona, le quitaron la beca, tuvo que enfrentarse al mundo de la calle. La dureza de la calle no la conoci&oacute; hasta entonces.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero Gr&agrave;cia tampoco es un barrio duro para vivir.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, no era por el barrio. Es que ella, despu&eacute;s, cuando se qued&oacute; sin la beca, logr&oacute; hacer los papeles, y le dieron la residencia de trabajo. Pero para eso tuvo que buscarse un trabajo, claro, y ya vinieron los problemas, porque a una estudiante de Filolog&iacute;a no le dan trabajo en ning&uacute;n lado. Al final, consigui&oacute; entrar en una rosticer&iacute;a llenando barquetas con ensaladilla rusa, y con un gorrito blanco. Y las mujeres trataban mal a las empleadas: Nena, dame esas croquetas, esa no, la otra... Y le afect&oacute; psicol&oacute;gicamente. Le dio como un rebote contra Espa&ntilde;a, contra Barcelona, contra m&iacute;, contra los amigos que hab&iacute;amos hecho aqu&iacute;, y se volvi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;No te volviste con ella?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No. Me qued&eacute; solo aqu&iacute;. Todos me dec&iacute;an: Bueno, te vuelves t&uacute; tambi&eacute;n. Pero, claro, justo era el a&ntilde;o posterior al corralito, en el 2002. &iquest;C&oacute;mo me voy a volver? Hablaba con mis excompa&ntilde;eros de trabajo y me dec&iacute;an: &iexcl;Ni se te ocurra! &iexcl;Si nos queremos ir todos, eso es un desastre.! No hay nada, quebr&oacute; el Estado, no hay dinero... Hab&iacute;an vuelto al trueque. El corralito fue una cosa espantosa. Incluso mis amigos y mi familia me dec&iacute;an: Ni se te ocurra volver. Ya volver&aacute;s el a&ntilde;o que viene, o el otro. Y yo aqu&iacute; ten&iacute;a mi piso, ten&iacute;a mi trabajo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Entonces pusiste esta relojer&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, esto lo abr&iacute; mucho despu&eacute;s. Entonces, nada. Segu&iacute; trabajando en Casio y, como estaba solo, me dediqu&eacute; a la bohemia de Gr&agrave;cia, a ir a los cines Verdi. Hice cursos de cine, que me gusta mucho. Eran de traslaci&oacute;n del g&eacute;nero literario al f&iacute;lmico. Porque, en Buenos Aires, tambi&eacute;n hab&iacute;a hecho dos a&ntilde;os de cine. As&iacute;, que me qued&eacute;, y fui ligando con chicas que me iban presentando.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te has vuelto a casar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y bueno, despu&eacute;s, a los 8 a&ntilde;os de que me qued&eacute; solo, conoc&iacute; a mi actual mujer. Que fue una risa, porque yo ya estuve ah&iacute; desde el primer momento, pero no la conoc&iacute;a aunque era vecina. Ella ten&iacute;a debajo de mi piso una tienda de est&eacute;tica, y a m&iacute; se me rompi&oacute; un tubo de la ba&ntilde;era. Pero yo no lo ve&iacute;a. En ese momento, yo iba a un gimnasio, as&iacute; que de lunes a viernes me duchaba en el gimnasio, y s&aacute;bado y domingo me duchaba en casa, que era cuando ella ten&iacute;a la tienda cerrada. Entonces, cuando ella ven&iacute;a el lunes ve&iacute;a agua. Y despu&eacute;s se secaba. Y el lunes siguiente, otra vez.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Parece un caso para sir Tim O'Theo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entonces, bueno, vinieron los t&eacute;cnicos, rompieron el ba&ntilde;o, arreglaron eso y ya est&aacute;. Empezamos a hablar, pero solo habl&aacute;bamos de la cuesti&oacute;n del seguro, que no se aclaraban entre ellos. Yo le dec&iacute;a: &iquest;Cristina, vino el perito? Poco m&aacute;s. Claro, como era una est&eacute;tica de mujer, yo no hab&iacute;a entrado nunca, ni hablaba con ella. Yo no me depilo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo empezasteis a hablar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Se vino una prima m&iacute;a de Italia a vivir conmigo cerca de medio a&ntilde;o. Al poco de estar en casa, mi prima me dice: Oye, me tengo que depilar, &iquest;conoces alg&uacute;n sitio? Y le digo: Mir&aacute;, ac&aacute; abajo hay una chica que tiene una tienda. &iquest;Y depila bien? &iexcl;Yo qu&eacute; s&eacute; c&oacute;mo depila! El caso es que le da una cita a mi prima y cuando sube me dice: &iexcl;Eres un idiota! Tienes ah&iacute; una chica maj&iacute;sima y t&uacute;, aqu&iacute;, que la conoces y no haces nada. Y me dice: Ma&ntilde;ana, viernes, la invit&eacute; a cenar, que lo sepas. Porque le voy a hacer pasta italiana. Y as&iacute; fue. Y bueno, a los cinco a&ntilde;os naci&oacute; Hugo, mi hijo, y ahora tengo un hijo y estoy aqu&iacute;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Resulta que no hay manera de encontrar trabajo porque tienes 50 años. Cuando, en este oficio, mientras más experiencia tienes, mejor. Pues no había forma</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Abrir esta relojer&iacute;a fue como sentar la cabeza?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todo empez&oacute; porque me qued&eacute; sin trabajo en 2014. Justo en ese a&ntilde;o cumpl&iacute;a los 50. Empec&eacute; a buscar trabajo en grandes servicios t&eacute;cnicos. Pero son esas estupideces que uno no puede creer. Resulta que no hay manera de encontrar trabajo porque tienes 50 a&ntilde;os. Cuando, en este oficio, mientras m&aacute;s experiencia tienes, mejor. Pues no hab&iacute;a forma. Y eso que yo ten&iacute;a conocidos dentro de las empresas y daba los curr&iacute;culos en mano. No los mandaba a ciegas. Los daba en mano.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Te viste obligado a instalarte por tu cuenta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No me contrataban en ning&uacute;n lado. En ning&uacute;n lado. Entonces habl&eacute; con un amigo que viv&iacute;a en Sant Cugat, que ya muri&oacute;, y me dijo: Olv&iacute;date, no vas a encontrar trabajo nunca. Tienes que inventarte el trabajo. As&iacute; que empec&eacute; a buscar un local. Me puse a hacer esto con todo en contra, mi mujer, mis suegros. Les parec&iacute;a una locura abrir esta tienda. Para colmo, al no tener capital, yo no pod&iacute;a poner una relojer&iacute;a con 500 relojes. Al principio, tuve unos pocos para vender. Pero lo dej&eacute; enseguida. Ahora no vendo, solo reparo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;nto tardaste en encontrar este local?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Dos meses, fue todo un trabajo de campo. Explor&eacute; toda Barcelona, porque no me importaba el barrio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; prioridades ten&iacute;as?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El entorno y el precio. Y el espacio. Por eso esta tienda es chiquitita, porque yo no necesito grandes espacios.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es muy de relojero.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Claro, nos desenvolvemos en lo m&iacute;nimo. Y aqu&iacute; me puse. Yo guardaba todas mis herramientas, ten&iacute;a todos mis repuestos. Ac&aacute;, en este caj&oacute;n, hay repuestos de mi abuelo, de mi padre y m&iacute;os. Conservo piezas de relojes desde hace 60 a&ntilde;os atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te trajiste de Argentina tus herramientas de relojero?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, me traje todas estas cajas. Todo esto. S&iacute;. Estas cajitas tambi&eacute;n est&aacute;n llenas de repuestos. Mira, todo esto son coronas. Y diez cajas m&aacute;s que tengo arriba. Lo tengo todo clasificado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Son tu memoria familiar.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, me lo traje todo, aunque algunas otras las compr&eacute; aqu&iacute;, y qu&eacute; s&eacute; yo. Con esas herramientas me mont&eacute; esta tienda.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;ndo la abriste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Fue todo muy r&aacute;pido. En 2014. Mi hijo todav&iacute;a no hab&iacute;a nacido. Naci&oacute; en 2015. Ah&iacute; tengo una maceta, con la fecha que le puse el d&iacute;a que la abr&iacute;: 22/10/14. As&iacute; que esta maceta tiene diez a&ntilde;os. Bueno, resulta que me pongo aqu&iacute;, y el primer mes, Javier, saqu&eacute; el dinero que hab&iacute;a ganado con el &uacute;ltimo sueldo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Te ha ido bien desde el principio.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un milagro. Porque en este local no hubo nunca una relojer&iacute;a. Yo no hered&eacute; ning&uacute;n cliente. Nada. Antes, hubo uno que vend&iacute;a accesorios de moda y, hace muchos a&ntilde;os, uno que vend&iacute;a revistas y peri&oacute;dicos. Y en toda la zona, tampoco hab&iacute;a un relojero que reparase relojes antiguos. As&iacute; que se corri&oacute; la voz, y enseguida funcion&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hab&iacute;a una necesidad de lo que ofrec&iacute;as.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y entonces ah&iacute; me di cuenta, claro. Al haber sido empleado de un servicio t&eacute;cnico oficial, no ten&iacute;a contacto con la calle. Pero, cuando me puse aqu&iacute;, vi que en este barrio hac&iacute;a falta un relojero que tocase el reloj.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tienes muchos fans. &iquest;Qu&eacute; sientes cuando ves que tus clientes te ponen por las nubes en Internet?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un orgullo muy grande. Una alegr&iacute;a muy grande. Es un premio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En Barcelona, quedan muchos relojeros que reparen piezas antiguas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cada d&iacute;a hay menos. Y, desgraciadamente, sin relevo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Pero tampoco todos los hijos y nietos de relojeros quieren ser relojeros. Quieren ser Youtubers o trabajar en la administración</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Ya nadie quiere ser relojero?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No entra nadie nuevo. Solo si se es de una familia de relojeros, si el tipo lo mam&oacute; de chico. Pero tampoco todos los hijos y nietos de relojeros quieren ser relojeros. Quieren ser Youtubers o trabajar en la administraci&oacute;n. Entonces, queda una franja muy peque&ntilde;ita. Y luego, hay que ver la mano que tenga el chico, porque puede tener las ganas de ser relojero, pero no le da la habilidad manual requerida para estos oficios de tanta precisi&oacute;n. As&iacute; que queda un mercado s&uacute;per peque&ntilde;o. Aqu&iacute;, estamos cada vez menos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pensaba que Alea era tu apellido. Que la relojer&iacute;a llevaba el nombre de tu familia.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;No! &iexcl;Es <em>alea</em> en lat&iacute;n! Es la frase de Julio C&eacute;sar cuando cruz&oacute; el Rubic&oacute;n: <em>Alea iacta est</em> (los dados est&aacute;n echados). Porque lo que yo hice fue tambi&eacute;n dar el paso, cruzar el Rubic&oacute;n con 50 a&ntilde;os. Me dije: Es ahora o nunca. Yo ten&iacute;a unos ahorros, y me dije: Los pongo y cruzo y me nombran emperador, o cruzo y me meten preso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; tipo de clientela tienes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; hay de todo. Desde la se&ntilde;ora y el se&ntilde;or del barrio que vienen a cambiar una pila, hasta coleccionistas muy expertos. Trabajo mucho con coleccionistas que vienen de toda Barcelona. Son un mundo aparte. Saben much&iacute;simo. Hay varios que coleccionan Seiko de los a&ntilde;os 60 y 70. Y tengo un chico que colecciona relojes de bolsillo de plata de principios del siglo XX, y de ah&iacute; no lo mueven. Compran por Internet y me traen los relojes para ver si puedo repararlos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tienes todo esto lleno de relojes de pared.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ese es otro mercado. Ya es otra cosa. Son relojes de p&eacute;ndulo. Los relojes de las familias. Me encanta repararlos. Es mi especialidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y qu&eacute; historias tienen?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Uy, cada uno de estos relojes tiene una historia atr&aacute;s. Historias preciosas, historias tr&aacute;gicas, historias de terror, de todo tienen. Por supuesto, no me las cuentan todas; pero, muchas veces, la persona viene y me la cuenta. Un se&ntilde;or me dijo: Usted no restaura relojes, usted restaura sentimientos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Un señor me dijo: Usted no restaura relojes, usted restaura sentimientos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Cu&eacute;ntame una historia.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una vez entr&oacute; un hombre de 70 a&ntilde;os largos, y me dijo: Mis abuelos vuelven a vivir, los vuelvo a escuchar. Se refer&iacute;a a un reloj de pared que le hab&iacute;a arreglado. De ni&ntilde;o, este hombre iba a comer a la casa de sus abuelos ,y la abuela le obligaba a dormir la siesta; pero &eacute;l nunca ten&iacute;a sue&ntilde;o. Y entonces le dec&iacute;a la abuela: Cuando suenen las cuatro campanadas, nos levantamos. As&iacute; que &eacute;l se quedaba escuchando todo el rato el silencio de la siesta. Y cuando daban las cuatro campanadas, saltaba de la cama para irse a jugar con los otros chicos del pueblo. 
    </p><p class="article-text">
        Bueno, entonces pasan los a&ntilde;os, y emigra a Barcelona. Vino con sus padres. Luego, se murieron sus abuelos y en la casa se qued&oacute; viviendo una hermana de su abuela, que vivi&oacute; much&iacute;simos a&ntilde;os. Y cuando muere esta se&ntilde;ora, desmontan la casa del pueblo y &eacute;l se trae el reloj, pero el reloj ya no caminaba. As&iacute; que me lo trae y se lo reparo. Le hago una restauraci&oacute;n de caja de m&aacute;quinas, de todo... 
    </p><p class="article-text">
        Cuando termino, le mando un WhatsApp para avisarle de que ya puede pasar. Bueno, el hombre llega. Eran las siete de la tarde y entra en la tienda. Y, cuando se para frente al reloj, empiezan a sonar las campanadas. Claro, era la hora en punto. Y el hombre se puso llorar porque aquel era el sonido de su infancia, el sonido de sus abuelos. Llor&oacute; delante de m&iacute; oyendo el reloj.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo se repara un reloj de hace cien a&ntilde;os?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En realidad, los relojes de hace cien a&ntilde;os son m&aacute;s f&aacute;ciles de reparar que los de pila porque no tienen pl&aacute;stico. Con un reloj de metal puedo cortar, tornear, fresar, soldar, limar.., puedo hacer de todo. Dialogas con el reloj. Me dice lo que le sucede. Pero con un reloj de pl&aacute;stico no puedo hacer nada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;El reloj te habla de la personalidad del cliente?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, s&iacute;, se ve. Es como todo, hay calidades y hay precios, y entonces uno ve. Pero siempre te sorprendes. Una vez fui a una casa muy humilde, que me llamaron para arreglar un reloj de pared. La se&ntilde;ora era muy mayor, y me explic&oacute;: Mire, yo no lo puedo bajar, no tengo fuerza, as&iacute; que tiene que venir usted a mi casa. Bueno, yo voy. No estaba lejos de aqu&iacute;, por la calle Marina. 
    </p><p class="article-text">
        Y llego a una casa muy humilde, y me abre una se&ntilde;ora muy mayor. Todo lo que se ve&iacute;a era pobre. Primero, el recibidor; luego, el pasillo, todo muy humilde. Y, cuando llego al comedor, veo un reloj que es una cosa impresionante, todo trabajado y lleno de de volutas. Miro dentro, y veo una m&aacute;quina alemana espectacular. Y no digo nada, por supuesto. Me lo traigo y, cuando se lo llevo reparado y se lo voy a instalar, empezamos a hablar, y la se&ntilde;ora me cuenta que trabajaba de servicio en una casa, y cuando desmontaron la casa, porque murieron los se&ntilde;ores, la hija se lo regal&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La gente se engancha en mirar el reloj.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tenemos una relaci&oacute;n estrecha con el tiempo. Sobre todo, la gente mayor. Algunos pueden llegar a la obsesi&oacute;n total. Sienten un deseo constante de ver la hora. De ver que se les va el tiempo. Y, si est&aacute;n en una residencia, es todav&iacute;a peor. Miran el reloj sin parar. Vienen ac&aacute; los hijos para que les arregle el reloj de sus padres y, a lo mejor, les pido una semana de plazo, y se escandalizan, y todos dicen lo mismo: No, por Dios, porque es de mi madre o de mi padre, que est&aacute; en una residencia. Entonces suspendo los otros encargos y se lo hago, porque s&eacute; que aquella persona est&aacute; desesperada por su reloj.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; tipo de desesperaci&oacute;n es?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una vez, vino un hombre que me trajo el reloj de su padre. No le pasaba nada, pero su padre le ajustaba la hora veinte veces al d&iacute;a. Se hab&iacute;a obsesionado. A veces, creo que, por ser relojero, por poder tocar el alma del reloj, puedo ver el alma de las personas. Bueno, me dice: Es que no para, se vuelve loco porque perdi&oacute; un poco el oremus. Y yo entend&iacute; al padre. Aquel reloj no ten&iacute;a nada. Le puse una pila nueva y le saqu&eacute; la corona para que no pudiera ajustar la hora. Tuve que tapar con pegamento el agujerito para que no le entrara polvo, ni agua, y no lo tocara m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>A veces queremos ver la hora solo por curiosidad. Miramos el reloj, y ya.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es algo muy raro. Queremos ver la hora y no queremos ver el tiempo. El tiempo, no. Por eso empezamos a enterrar a los muertos, para apartarlos de la vista; porque sab&iacute;amos que eso era nuestro futuro. Pero, eso mismo, enterrar a los muertos, fue lo que nos convirti&oacute; en humanos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Daniel, &iquest;qu&eacute; es el tiempo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No lo s&eacute;. Solo s&eacute; que el tiempo, sin memoria, no existe.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Conservas un reloj heredado?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, este que me dio mi padre cuando cumpl&iacute; los 18 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Lo has llevado siempre?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No. Nunca. Por eso est&aacute; nuevo. Lo guardo como recuerdo. Es un Shake. Un reloj com&uacute;n y silvestre. Mi padre vend&iacute;a este tipo de relojes y, cuando cumpl&iacute; los 18 a&ntilde;os, me dio este reloj y desde entonces me acompa&ntilde;a. No lo uso, pero le voy cambiando la pila.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Eres m&aacute;s de minutos o de horas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo soy m&aacute;s de horas. Los minutos son para los trenes, no para las personas. El minuto empieza a ser importante a partir del ferrocarril, en Inglaterra. Antes, los relojes no ten&iacute;an la precisi&oacute;n del minuto. La gente viv&iacute;a de otra manera. Pero un reclamo de aquellos trenes era su puntualidad. Por eso en las estaciones les pusieron el minutero a los relojes. En aquella &eacute;poca, ese tipo de reloj solo lo ten&iacute;an los ricos y los trenes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El tiempo se acumula en los relojes.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Claro. Hay un tiempo acumulado en el reloj, que es el de tu padre, el de tu abuelo, que es el tiempo heredado, y no es el de las agujas. Una vez, vino un chico para que le restaurara un reloj. Me cont&oacute; que no lo usaba mucho; pero, cada vez que ten&iacute;a un examen, una entrevista de trabajo..., se lo pon&iacute;a porque era el reloj de su padre, y as&iacute; sent&iacute;a que su padre estaba con &eacute;l. Con los relojes de pared, pasa m&aacute;s todav&iacute;a. Tienen m&aacute;s agarre en la gente. A veces, no es que est&eacute;n en la casa, es que son la casa. Est&aacute;n vivos. Cambias de casa, y te los llevas, y con ellos te llevas toda la casa antigua.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo pasas el tiempo cuando no est&aacute;s en la relojer&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, con un ni&ntilde;o de 9 a&ntilde;os, pues a estar con el ni&ntilde;o. Le dedico todo el tiempo que tengo cuando no estoy aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Crees que ser&aacute; relojero?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una vez, fuimos a al parque de Can Mercader, donde est&aacute; El Corte Ingl&eacute;s de Cornell&agrave;. Hay un trenecito, que ha montado una asociaci&oacute;n de ferromodelismo, y se puede subir un ni&ntilde;o y lo lleva. A mi hijo le encant&oacute;. Y, poco despu&eacute;s, la maestra le pregunt&oacute; qu&eacute; quer&iacute;a ser mayor, y dijo: De lunes a viernes, relojero, y s&aacute;bado y domingo, conducir un tren.
    </p><p class="article-text">
        <strong>De nuevo, el tren y el reloj, como su bisabuelo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; est&aacute;, vamos a ver si ser&aacute; la cuarta generaci&oacute;n. Ser relojero es un oficio muy bueno. No lo puede hacer ninguna inteligencia artificial, esto no lo puede hacer ning&uacute;n robot. Esto lo tiene que hacer una persona, porque, aparte, cada reloj es diferente. &iquest;Qui&eacute;n va a reparar relojes de pared? Solo una persona.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/daniel-di-pietropaolo-relojero-queremos-ver-hora-no-queremos-ver-tiempo_1_11840066.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Nov 2024 21:23:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Daniel Di Pietropaolo, relojero: "Queremos ver la hora, pero no queremos ver el tiempo"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relojes,Artesanía,Barcelona,Tiempo,Entrevistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fuenteovejunismo a venirrr...]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/fuenteovejunismo-venirrr_129_11812790.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e4ad9c4a-c505-487e-9772-6e8a1f5a7610_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fuenteovejunismo a venirrr..."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¡Fuente Ovejuna, todo el pueblo a una!”. La frase sale del drama de Lope de Vega y se convierte para siempre en lema del pueblo, en grito desgarrado; pero, en realidad, enmascara un linchamiento colectivo. Aquí, el pueblo es entendido como masa informe, como una ciega fuerza de la naturaleza, antes que como pueblo civilizado. Se trata de un pueblo que necesita obedecer a un jefe justo, ser gobernado, porque si no se desmanda, aunque sea con razón</p></div><p class="article-text">
        Lo que m&aacute;s nos amalgama, lo que nos hace pueblo, por ejemplo, nuestro teatro cl&aacute;sico, en este caso, <em>Fuente Ovejuna,</em> puede escribirse de cuatro maneras diferentes: de la forma anterior y, adem&aacute;s, Fuenteovejuna, Fuente Obejuna y Fuenteobejuna. Nunca nos hemos puesto de acuerdo en nada.
    </p><p class="article-text">
        Solo el pueblo salva al pueblo ha sido una frase de consenso, pero nadie sabe a ciencia cierta qui&eacute;n la dijo. Quiz&aacute;, por tal raz&oacute;n ha sido posible tanta unanimidad. Se la han atribuido a Antonio Machado, que est&aacute; enterrado fuera de Espa&ntilde;a sin que nadie pudiera salvarle m&aacute;s que a posteriori, dejando sobre su l&aacute;pida francesa ramos de flores cogidos con el pu&ntilde;o y retales de una vieja bandera que tampoco nadie pudo salvar. En la carta, donde muchos aseguran haber le&iacute;do esa cita de Machado, el poeta escribi&oacute;: &ldquo;En Espa&ntilde;a, lo mejor es el pueblo&rdquo;. No dec&iacute;a nada de salvarse. Esc&eacute;ptico hasta la m&eacute;dula, como su Juan de Mairena (personaje al que mantuvo vivo durante toda la guerra), Antonio Machado no esperaba demasiada salvaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La frase es bonita, solo el pueblo salva al pueblo; pero Machado era un gran poeta y no hac&iacute;a frases, escrib&iacute;a poes&iacute;as. Es otra t&eacute;cnica, otra sensibilidad. Las frases las hacemos los plumillas. Solo el pueblo salva al pueblo es una redundancia, una tautolog&iacute;a. As&iacute;, hablaban Alejandro Lerroux o Gabriel Rufi&aacute;n, que tienen oratorias similares. El amor al pueblo, en Antonio Machado, est&aacute; en la h&eacute;lice de su ADN. La demofilia (palabra compuesta de pueblo y de amar) le viene al poeta por su padre, el folclorista Antonio Machado &Aacute;lvarez, que firm&oacute; con el pseud&oacute;nimo de Dem&oacute;filo gran parte de su obra, incluida una famosa antolog&iacute;a de cantes flamencos. Antonio Machado era un dem&oacute;filo, hijo de Dem&oacute;filo, no un salvador.
    </p><p class="article-text">
        En la &eacute;poca en la que Antonio Machado escribi&oacute; la tan mencionada carta, eran otros los salvadores. De hecho, siempre son los mismos. Los que dan m&aacute;s miedo. Al poco de empezar la guerra, en octubre de 1936, otro enorme poeta, Rafael Alberti, estren&oacute; en Madrid su farsa sat&iacute;rica <em>Los salvadores de Espa&ntilde;a</em>. Se trataba de un retablillo, para mu&ntilde;ecos de gui&ntilde;ol, donde hab&iacute;a esbozado una burla caricaturesca de los facciosos. Los personajes estaban representados por un campesino, un obispo, un general, un alem&aacute;n, un italiano, un portugu&eacute;s y un moro (sic.). Y la escena ten&iacute;a lugar en una plaza andaluza flanqueada, a un lado, por una catedral con un nido de ametralladoras en el campanario y, al otro lado, por mujeres de mantilla y mant&oacute;n, y se&ntilde;oritos de sombrero ancho, asomados todos a los balcones. Como indicaba su t&iacute;tulo, la pieza iba sobre los salvadores de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Hubo una guerra cultural (entonces las guerras culturales las hac&iacute;a gente culta), que consisti&oacute; en recuperar, salvar, apropiarse, todas estas palabras tienen parte de verdad, de los cl&aacute;sicos del teatro espa&ntilde;ol. Los falangistas construyeron su imaginario con el oro m&iacute;tico de aquel siglo de oro. De Lope de Vega, Calder&oacute;n..., tomaron una ret&oacute;rica, un l&eacute;xico y cierta iconograf&iacute;a. El honor, la religi&oacute;n, las armas, la integridad de la doncella, el pueblo que ama a un rey que no est&aacute;, que vive ajeno a lo que sucede, la rebeld&iacute;a del caudillo del pueblo.... Todo eso est&aacute; en este teatro, por supuesto.
    </p><p class="article-text">
        Es el caso de &ldquo;&iexcl;Fuente Ovejuna, todo el pueblo a una!&rdquo;. La frase sale del drama de Lope de Vega y se convierte para siempre en lema del pueblo, en grito desgarrado; pero, en realidad, enmascara un linchamiento colectivo. Aqu&iacute;, el pueblo es entendido como masa informe, como una ciega fuerza de la naturaleza, antes que como pueblo civilizado. Se trata de un pueblo que necesita obedecer a un jefe justo, ser gobernado, porque si no se desmanda, aunque sea con raz&oacute;n. Este es el mensaje que encuentra Falange en Lope de Vega, esta era la lectura que defend&iacute;an en su guerra cultural. M&aacute;s adelante, y en otro pa&iacute;s, la novela popular sostendr&aacute; que la democracia colectiva no es posible sin el individuo. Esto se ve cuando en <em>Los tres mosqueteros, </em>de Dumas, se grita al un&iacute;sono: &ldquo;&iexcl;Uno para todos y todos para uno!&rdquo;. Es otra manera de repartir.
    </p><p class="article-text">
        En aquella guerra cultural, frente a los ultranacionalistas y frente al nacionalcatolicismo, los intelectuales leales a la Rep&uacute;blica tambi&eacute;n quisieron hacer suyo el teatro cl&aacute;sico para devolv&eacute;rselo al pueblo, como consideraban que le hab&iacute;a pertenecido en el tiempo en que aquellas obras se estrenaban. Las Misiones Pedag&oacute;gicas, la Barraca de Garc&iacute;a Lorca, las representaciones del<em> Caballero de Olmedo</em>, ten&iacute;an este prop&oacute;sito. El adjetivo popular de aquel llamado teatro popular consist&iacute;a en que ning&uacute;n pueblo de Espa&ntilde;a se quedase sin ver este teatro, por muy pobre que fueran sus gentes, por muy aisladas que estuviesen las aldeas en las monta&ntilde;as m&aacute;s inaccesibles. Popular significaba llegar a todos. Llevar la cultura a los pueblos era un trabajo arduo. Los actores, los maestros de escuela, viajaban en camiones y en carros por caminos de cabras hasta alcanzar los pueblos m&aacute;s rec&oacute;nditos, donde nunca hab&iacute;an o&iacute;do una sinfon&iacute;a, ni visto una obra de teatro, ni una pel&iacute;cula, ni un cuadro.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, nuestro acceso a la cultura no pasa por aquellos tortuosos caminos, sino por grandes medios de comunicaci&oacute;n. Llegar a todos es m&aacute;s sencillo que nunca y, sin embargo, sucede al rev&eacute;s. Cualquier intento de llevar la cultura, primorosamente cuidada, conservada, ofrecida, es desprestigiado por un despectivo: &iexcl;esto no le interesa a nadie! De un plumazo, se desprecia a la cultura y se desprecia al pueblo. Basta con repasar la programaci&oacute;n de las televisiones para hacerse una idea de qu&eacute; valor se le otorga a la cultura. Y, sin embargo, en las pantallas no cesan de repetir: Solo el pueblo salva al pueblo. Resulta m&aacute;s f&aacute;cil salvar al pueblo que respetarlo.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n durante la guerra civil, en 1937, Rafael Alberti estren&oacute; en el teatro de la Zarzuela de Madrid su versi&oacute;n roja de la <em>Numancia,</em> de Cervantes. Fue un acto de apropiacionismo pol&iacute;tico. De guerra cultural. En su adaptaci&oacute;n, segu&iacute;a el pueblo numantino salv&aacute;ndose hasta sucumbir bajo el cerco de los romanos. Pero, ahora, era la Roma de Mussolini la que cercaba a los republicanos de celtiberia. Ese era el mensaje de Alberti. Hoy, se la recuerda m&aacute;s porque su club de f&uacute;tbol gan&oacute; la copa del Rey, y hasta lleg&oacute; a jugar en primera divisi&oacute;n; pero, durante siglos, Numancia fue una consigna, una se&ntilde;a de identidad, un nervio de la raza, como dir&iacute;a Eugenio Noel. Durante el cerco de las tropas napole&oacute;nicas a la ciudad de Zaragoza, el famoso sitio de Zaragoza, se represent&oacute; en escenarios improvisados la<em> Numancia</em> de Cervantes. El teatro siempre est&aacute; al pie del ca&ntilde;&oacute;n. Ni siquiera en tiempos de guerra cierran los teatros. En ning&uacute;n pa&iacute;s del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Solo el pueblo sirve al pueblo, esta es nuestra verdadera tragedia y nuestra &uacute;nica &eacute;pica. Salvarse es otro concepto. Salvarse tiene mucho de cristiano. Jesucristo, <em>salvator mundi,</em> es el gran salvador de la humanidad. Un elegido, un ser divino, los salvadores son siempre muy sospechosos, no tienen m&aacute;s referencias que a s&iacute; mismos, y por eso se inventan las citas y crean una bibliograf&iacute;a a costa de quienes no pudieron, ni les dejaron, ni les consintieron, que se salvaran.
    </p><p class="article-text">
        Para acabar, me atrevo a citar lo que s&iacute; existi&oacute;. Aqu&iacute; van estos cachiporrazos que reparte el t&iacute;tere del campesino, al final de <em>Los salvadores de Espa&ntilde;a,</em> la pieza de Rafael Alberti para teatro de marionetas:
    </p><p class="article-text">
        Toma, Obispo de Sevilla,
    </p><p class="article-text">
        que ya has perdido tu silla.
    </p><p class="article-text">
        Toma t&uacute;, Queipo de Llano,
    </p><p class="article-text">
        por borracho y por marrano.
    </p><p class="article-text">
        Adolfo, lleg&oacute; tu fin,
    </p><p class="article-text">
        convi&eacute;rtete en un bac&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hijo de la gran Benita,
    </p><p class="article-text">
        toma de esta agua bendita.
    </p><p class="article-text">
        Y toma t&uacute; este tomate
    </p><p class="article-text">
        de Oliveira Sarasate.
    </p><p class="article-text">
        A ti, morazo enga&ntilde;ado,
    </p><p class="article-text">
        te doy por el otro lado.
    </p><p class="article-text">
        Ya terminaron su haza&ntilde;a
    </p><p class="article-text">
        los &ldquo;Salvadores de Espa&ntilde;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        NOTA: Por supuesto, es un humor discriminatorio y prejuicioso, que hoy no tiene derecho a la complicidad. Algo hemos aprendido en 88 a&ntilde;os. Por otro lado, como todos los grandes poetas, Rafael Alberti era prof&eacute;tico. Pero esto siempre lo vemos luego, cuando ya no hacen falta las profec&iacute;as. Menos mal que la poes&iacute;a permanece. En este caso, el estremecedor vaticinio del poeta se encuentra en los dos &uacute;ltimos versos. Basta con quitarle la &ldquo;h&rdquo; a haza&ntilde;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pérez Andújar]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Nov 2024 21:19:22 +0000]]></pubDate>
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