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    <title><![CDATA[elDiario.es - Rayco González]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/rayco-gonzalez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Rayco González]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA['World Wide War'. Cuando comunicar es un acto de guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/world-wide-war-comunicar-acto-guerra_129_10750345.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/02a0dc78-c066-464f-be13-afb7db736169_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;World Wide War&#039;. Cuando comunicar es un acto de guerra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se suele olvidar que, para resolver el conflicto, se necesita un mediador, opuesto al 'tertius gaudens' que se regocija en el conflicto y al déspota que lo provoca en su propio beneficio. El mediador no es el indiferente, sino aquel que toma partido por el conflicto en el lenguaje político, no en el bélico.</p></div><p class="article-text">
        Durante la guerra en la ex-Yugoslavia, un corresponsal de la RAI italiana en Belgrado afirm&oacute;: &ldquo;estas bombas son signos, se mata para comunicar&rdquo;. Este testimonio mantiene clara asonancia con el del historiador estadounidense Bruce Cummings (<em>War and Television</em>, 1992), quien se&ntilde;al&oacute; que durante la guerra del Golfo P&eacute;rsico las im&aacute;genes captadas por c&aacute;maras montadas en las ojivas, toda una novedad televisiva, convert&iacute;an a las bombas en &ldquo;espect&aacute;culo y publicidad para el Pent&aacute;gono&rdquo;. Durante la guerra en Siria el mundo fue testigo de horribles v&iacute;deos de rehenes siendo brutalmente asesinados por miembros del Estado Isl&aacute;mico. En las &uacute;ltimas semanas, hemos sido inundados por numerosas im&aacute;genes que revelan el horror que enfrenta la poblaci&oacute;n civil durante el &uacute;ltimo enfrentamiento entre Israel y Palestina.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, dos eventos quedaron parcialmente olvidados ante la posterior avalancha comunicativa. Por un lado, Ham&aacute;s difundi&oacute; v&iacute;deos de la liberaci&oacute;n de dos ancianas con un trato humano, equiparable al ofrecido por cualquier cooperante. Por el otro, periodistas de todo el mundo asistieron a una proyecci&oacute;n privada organizada por Israel en un cine de Tel Aviv, donde se les present&oacute; un &ldquo;documental&rdquo; sobre las atrocidades perpetradas por sus enemigos. Estos casos, que podr&iacute;an multiplicarse sin fin, subrayan la necesidad de analizar la guerra desde su dimensi&oacute;n comunicativa, a menudo considerada el perfecto ali&ntilde;o de las estrategias y t&aacute;cticas de combate, como si se tratase de algo perif&eacute;rico. No obstante, la experiencia hist&oacute;rica nos ense&ntilde;a que debemos prestar atenci&oacute;n a la guerra como fen&oacute;meno letalmente comunicativo que trasciende, y no solo acompa&ntilde;a, las estrategias y las t&aacute;cticas militares.
    </p><p class="article-text">
        Entre los expertos de <em>military studies </em>es bastante com&uacute;n citar un famoso aforismo del general prusiano Carl von Clausewitz, autor del primer tratado contempor&aacute;neo sobre la guerra (<em>Vom Kriege</em>, 1832): &ldquo;La guerra no es m&aacute;s que la continuaci&oacute;n de la pol&iacute;tica, con otros medios&rdquo;. Esta proposici&oacute;n ha sido conocida como &ldquo;paradigma Clausewitz&rdquo;, que sostiene que la violencia durante la guerra no ser&iacute;a m&aacute;s que el sustitutivo directo de la comunicaci&oacute;n en periodos de paz, donde la pol&iacute;tica prevalece. Esta imagen de la relaci&oacute;n entre comunicaci&oacute;n y violencia como formas culturales mutuamente excluyentes peca evidentemente de reduccionismo. Y ha recibido numerosas cr&iacute;ticas, entre ellas, las del influyente historiador brit&aacute;nico, John Keegan (<em>Historia de la guerra</em>, 1993), quien lleg&oacute; a negar el papel de &ldquo;instrumento pol&iacute;tico&rdquo; que Clausewitz atribu&iacute;a a la guerra. Para Keegan, la guerra es un fen&oacute;meno puramente cultural que se manifiesta de manera muy diversa dependiendo de las culturas y sus contextos hist&oacute;ricos y sociales. En consecuencia, Keegan argumenta que las ideas de Clausewitz no hacen m&aacute;s que reflejar la mentalidad conservadora prusiana del siglo XIX y, en general, la mentalidad europea de esa &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, Federico Montanari, semi&oacute;logo de la guerra, argumenta que este paradigma cambi&oacute; radicalmente a partir de los a&ntilde;os noventa. A partir de entonces se produjo una diseminaci&oacute;n y dispersi&oacute;n de la guerra, que se fragment&oacute; y se infiltr&oacute; en todas las esferas de la vida social. Esto condujo a una continua reversibilidad entre pol&iacute;tica y guerra. Montanari se inspira directamente en un curso impartido por Michel Foucault en el Coll&egrave;ge de France (1975-1976), donde el fil&oacute;sofo franc&eacute;s invirti&oacute; el famoso aforismo de Clausewitz<em> </em>sugiriendo que hoy en d&iacute;a es la pol&iacute;tica la que desempe&ntilde;a el papel de continuadora de la guerra, otorgando as&iacute; a la guerra un rol central en la pol&iacute;tica. Foucault abogaba aqu&iacute; por la dimensi&oacute;n conflictiva de las relaciones humanas en periodos de paz, que no ser&iacute;an as&iacute; m&aacute;s que la traducci&oacute;n del conflicto manifestado en las pr&aacute;cticas de la guerra a las de la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La comunicaci&oacute;n es el escenario principal de las persistentes batallas entre la concordia y la discordia. Y es la discordia, ese lado oscuro que normalmente preferimos evitar, el aspecto m&aacute;s adecuado para el an&aacute;lisis de las pr&aacute;cticas sociales y comunicativas. Desde la perspectiva a menudo dominante, que prefiere ver la comunicaci&oacute;n como la transmisi&oacute;n de se&ntilde;ales con significado para llegar al entendimiento, bastar&iacute;a con comunicarnos m&aacute;s para resolver cualquier conflicto. Sin embargo, sabemos que esta proporci&oacute;n entre m&aacute;s comunicaci&oacute;n y m&aacute;s entendimiento es una simplificaci&oacute;n grosera e ilusoria. Por su parte, los griegos ten&iacute;an una comprensi&oacute;n m&aacute;s matizada. Por ejemplo, Hes&iacute;odo, en su obra <em>Los trabajos y los d&iacute;as</em> (11&ndash;24), menciona a dos Eris, diosas de la Discordia. Una de ellas &ldquo;fomenta la guerra y batallas maliciosas, siendo cruel y despreciada por todos&rdquo;. La otra es &ldquo;hermana mayor de la oscura Noche&rdquo; y &ldquo;mucho m&aacute;s benigna&rdquo;, ya que &ldquo;motiva a los perezosos a esforzarse&rdquo; mediante un modelo de conflicto que podr&iacute;amos identificar con una competencia constructiva, que beneficiar&iacute;a a la propia comunidad.No obstante, en tiempos de guerra, prevalece la Eris despiadada del conflicto violento que impone unas voluntades sobre otras.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier contexto b&eacute;lico, la naturaleza conflictiva de la comunicaci&oacute;n vuelve a situarse en primer plano, oblig&aacute;ndonos a analizarla sin ilusiones ingenuas ni visiones candorosas. Esto no implica excluir su dimensi&oacute;n cooperativa, sino m&aacute;s bien reconocer que, para comprenderla plenamente, debemos explorar ese supuesto lado oscuro: el conflicto. Esto es lo que destacadas figuras de la semi&oacute;tica contempor&aacute;nea, como Umberto Eco y Paolo Fabbri, nos ense&ntilde;aron: para comprender la verdad, examinemos la falsedad; para comprender la legalidad, estudiemos la delincuencia; y para entender la paz, analicemos la guerraAsumamos, pues, que la comunicaci&oacute;n puede tomarse como la continuaci&oacute;n de la guerra por otros medios. Frente a aquel viejo &ldquo;paradigma Clausewitz&rdquo;, hoy nos enfrentamos a<em> </em>lo que los expertos han denominado, con un humor negro tal vez involuntario, <em>soft war</em>, un modelo de guerra &ldquo;suave&rdquo; que dispersa los campos de batalla en el tiempo y en el espacio y cuyos principio y fin sean dif&iacute;ciles de delimitar. Es en esta dispersi&oacute;n del conflicto donde la comunicaci&oacute;n extiende sus ra&iacute;ces, bajo estrategias y t&aacute;cticas que se declinan en forma de <em>cyberwar</em>, <em>infowar</em> o <em>netwar</em>. Las comunicaciones se transforman as&iacute; en aut&eacute;nticos actos de guerra: manipular, intimidar, difamar, infamar, enga&ntilde;ar, ocultar y camuflar se convierten en movimientos cruciales para influir y determinar las acciones de enemigos y aliados dentro del conflicto. En el contexto b&eacute;lico, tres son los objetivos de las operaciones comunicativas: obtener informaci&oacute;n del enemigo, impedir que este obtenga informaciones sensibles y lograr que el enemigo act&uacute;e de acuerdo a la voluntad de uno en todo momento.
    </p><p class="article-text">
        El control de las comunicaciones se vuelve, por tanto, un factor clave para controlar las percepciones que otros actores poseen, y sobre las que, a su vez, estos basar&aacute;n cada una de sus acciones. Se comprende as&iacute; que las estrategias comunicativas van m&aacute;s all&aacute; de una simple interacci&oacute;n entre dos partes. Adem&aacute;s de los contendientes, existe un p&uacute;blico observador al que tambi&eacute;n se dirige la comunicaci&oacute;n. Desde una perspectiva social dramat&uacute;rgica, impulsada por los trabajos de Erving Goffman, surge otro actor en el conflicto: el &ldquo;tercer sujeto&rdquo; que ocupa la posici&oacute;n del &ldquo;p&uacute;blico&rdquo;. Lejos de ser el observador silencioso y af&aacute;sico teatral, este sujeto ejerce una influencia determinante en estos fatales juegos de la comunicaci&oacute;n. Es destinatario indirecto que puede ocupar dos roles distintos: por un lado, el del destinatario conocido, cuya presencia los contendientes saben que influir&aacute; en las acciones de otros actores; y, por el otro, est&aacute;n los intrusos, figuras ocultas que en contextos de conflicto se manifiestan como esp&iacute;as, infiltrados y agentes dobles.
    </p><p class="article-text">
        Adoptando esta perspectiva podemos comprender algunas estrategias comunicativas en el conflicto israelo-palestino actual. Por ejemplo, las oraciones adversativas de mandatarios europeos y otros aliados internacionales de Israel (por ejemplo: &ldquo;Israel tiene derecho a defenderse, pero dentro de la ley internacional&rdquo;) est&aacute;n dirigidas no solo a los contendientes, sino a otros actores indirectamente implicados. De igual manera, podemos entender que los v&iacute;deos producidos por Ham&aacute;s y los difundidos por el gobierno israel&iacute; est&aacute;n dirigidos a ese tercer sujeto, compuesto por numerosos actores. Se sigue as&iacute; una l&oacute;gica de comunicaciones y contra-comunicaciones que hacen proliferar mendaces verdades, falsas mentiras y verdaderas falsedades con el objetivo de involucrar o despistar al enemigo, pero tambi&eacute;n al p&uacute;blico en la distancia, que se compadece de las v&iacute;ctimas ora palestinas ora israel&iacute;es, que unas veces se indigna rabiosamente contra los actos terroristas y otras contra las bombas israel&iacute;es.
    </p><p class="article-text">
        Con ansias, aguardamos las &uacute;ltimas novedades tanto en los noticieros como en las publicaciones de X, Instagram y TikTok, siguiendo la guerra con una intensidad semejante a la que nos produce una serie de ficci&oacute;n, inmersos en esta maquinaria comunicativa de guerra. Ante el enga&ntilde;oso efecto de transparencia generado por la avalancha de informaci&oacute;n, ser&iacute;a aconsejable adoptar una diet&eacute;tica informativa, como dec&iacute;a Jorge Lozano. En medio de esta <em>World Wide War </em>que nos convierte en piezas de su propia maquinaria, se suele olvidar que, para resolver el conflicto, se necesita un mediador, opuesto, seg&uacute;n Georg Simmel, al <em>tertius gaudens</em> que se regocija en el conflicto y al d&eacute;spota, que lo provoca en su propio beneficio. El mediador no es el indiferente, sino aquel que toma partido por el conflicto en el lenguaje pol&iacute;tico, no en el b&eacute;lico. El di&aacute;logo no debe profundizar en los or&iacute;genes del conflicto, evitando la peligrosa identificaci&oacute;n de hist&oacute;ricos culpables, ni presuponer que todo acto violento debe ser respondido con violencia. &iquest;Qu&eacute; actor tendr&aacute; el valor de ocupar esta temida posici&oacute;n de mediaci&oacute;n que permita continuar el conflicto bajo la forma m&aacute;s constructiva y segura de la pol&iacute;tica? A menudo, basta tiempo para resolver inc&oacute;gnitas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rayco González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/world-wide-war-comunicar-acto-guerra_129_10750345.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Dec 2023 05:00:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Franja de Gaza,Guerras,Comunicación política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Duelistas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/duelistas_129_10369114.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a2a21de-1ac8-423b-b41a-81e2f9890b04_16-9-discover-aspect-ratio_default_1077091.jpg" width="3827" height="2153" alt="El presidente del Gobierno y candidato del PSOE a la reelección, Pedro Sánchez y el candidato del PP a la presidencia, Alberto Núñez Feijóo, antes del debate."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es evidente que Sánchez y Feijóo optaron por estrategias diferentes durante el debate. Pero, como en cualquier interacción comunicativa, los imprevistos requieren ajustes a pesar de la programación de las estrategias</p></div><p class="article-text">
        Durante las campa&ntilde;as electorales, un torrente abrumador de signos da forma a todo un universo de significados: palabras, gestos, im&aacute;genes, esl&oacute;ganes, siglas, logotipos, carteles, entrevistas, rumores, imprecaciones, cr&oacute;nicas, <em>spots</em> electorales, tuits, <em>stories </em>de Instagram. Sin olvidar los <em>lapsus linguae</em> y las <em>gaffes</em>. Todo culmina en una fecha fat&iacute;dica: el d&iacute;a de la votaci&oacute;n, el hito democr&aacute;tico que marca &eacute;xitos y fracasos.
    </p><p class="article-text">
        La notable estabilidad del sistema pol&iacute;tico contempor&aacute;neo es la que garantiza un marco temporal definido a esta hipertrofia de comunicaciones pol&iacute;ticas. Las votaciones, al celebrarse en principio cada cuatro a&ntilde;os, otorgan a la &ldquo;competici&oacute;n&rdquo; un alto grado de ritualizaci&oacute;n, algo no demasiado alejado de lo que ocurre con las olimpiadas. El l&iacute;mite temporal es crucial, el tiempo de preparaci&oacute;n anterior, la memoria de los desaf&iacute;os precedentes, los ritmos de la historia y de la cr&oacute;nica actual, y, por supuesto, los ritmos de los diversos formatos medi&aacute;ticos. Y dentro de esta temporalidad, el debate es el gran momento previo a la votaci&oacute;n, ya que los contendientes ponen en liza sus propuestas entre ellos y, adem&aacute;s, es cuando pueden hacer saber tanto a los propios participantes como a los simpatizantes adversarios y a los indecisos sus propias posiciones y sus proyectos pol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Debate&rdquo; y &ldquo;combate&rdquo; tienen en com&uacute;n etimol&oacute;gicamente el verbo latino <em>battere</em>, que significa &ldquo;golpear&rdquo;. Su diferencia proviene de sus dos prefijos: <em>de-</em> significa &ldquo;a distancia&rdquo;, mientras que &ldquo;co-&rdquo; significa &ldquo;junto a&rdquo;. El debate implica guerra de ideas y de propuestas, mientras que el combate implica una confrontaci&oacute;n f&iacute;sica directa. No estar&iacute;a de m&aacute;s decir que el debate no es m&aacute;s que la guerra mediante un medio m&aacute;s pac&iacute;fico. Aunque un refr&aacute;n latino ya advert&iacute;a de que &ldquo;la lengua hiere m&aacute;s que la espada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El debate es, probablemente, el acto de habla m&aacute;s belicoso. Se habla para derrotar al adversario y debemos analizar sus discursos como el ingeniero de bal&iacute;stica estudia el resultado de las armas utilizadas despu&eacute;s de una batalla. No es extra&ntilde;o que se use tan frecuentemente la met&aacute;fora del duelo, que etimol&oacute;gicamente significa &ldquo;guerra de dos&rdquo;. En teor&iacute;a de juegos, el duelo se encuadra dentro de los llamados juegos no cooperativos, donde los participantes tienen intereses opuestos y buscan maximizar sus propios resultados sin tener en cuenta los beneficios del otro jugador. Uno gana porque el otro pierde. En cambio, en debates con m&aacute;s de dos participantes, se deber&iacute;a utilizar la met&aacute;fora de la carrera de relevos o alg&uacute;n otro juego cooperativo, donde la colaboraci&oacute;n puede llevar a resultados positivos para varios contendientes, sin necesidad de un ganador absoluto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, si tomamos la campa&ntilde;a como narraciones, se observar&aacute; que la llegada del debate ha sido preparada por los medios. En algunos, la narraci&oacute;n podr&iacute;a titularse <em>El extra&ntilde;o caso del Dr. S&aacute;nchez</em>, donde el actual presidente ser&iacute;a un <em>doppelg&auml;nger</em> de s&iacute; mismo, escondiendo un <em>alter ego</em> siniestro. En otros, el rol tem&aacute;tico de N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o se asemeja al del Bartleby melvilliano, tan ejemplar como inquietante. Por tanto, las expectativas y las interpretaciones posteriores del debate variar&aacute;n notablemente. A lo que hay a&ntilde;adir las &uacute;ltimas elecciones municipales y auton&oacute;micas y la mayor&iacute;a de las encuestas. En otras palabras, los espectadores del debate entre S&aacute;nchez y Feij&oacute;o estaban determinados por una serie de <em>a priori</em>, que constituye un marco interpretativo fundamental. Todo esto se pod&iacute;a inferir de algunas alusiones mutuas, que obligaban a los destinatarios a activar una memoria de los &ldquo;acontecimientos&rdquo; de la campa&ntilde;a e, incluso, de antes: &ldquo;esto no es El Hormiguero&rdquo;, &ldquo;usted siempre miente&rdquo;, etc.
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que ambos candidatos optaron por estrategias diferentes durante el debate. Pero, como en cualquier interacci&oacute;n comunicativa, los imprevistos requieren ajustes a pesar de la programaci&oacute;n de las estrategias. El semi&oacute;logo franc&eacute;s &Eacute;ric Landowski propuso una tipolog&iacute;a que abarca cuatro posibles interacciones o encuentros entre los interlocutores. S&aacute;nchez desempe&ntilde;&oacute; a la perfecci&oacute;n uno de esos roles, el del comportamiento programado y regular, muy alejado de los par&aacute;metros de la <em>fresh talk</em> (Erving Goffman). Por otro lado, Feij&oacute;o cumpli&oacute; con el papel contradictorio, el de la competencia para introducir y adaptarse a los imprevistos. En un momento del debate, Feij&oacute;o afirm&oacute;: &ldquo;usted dice que va a ganar las elecciones, pues yo me puedo comprometer a garantizar su investidura; si las gano yo, &iquest;la va a facilitar?&rdquo;. Esta argucia de Feij&oacute;o resulta interesante, ya que, si seguimos a John Austin en su obra <em>How to Do Things with Words </em>(1962), se trata de un &ldquo;acto indirecto de habla&rdquo;. Feij&oacute;o hablaba indirectamente a los espectadores, convenci&eacute;ndoles de que su frase deb&iacute;a ser interpretada como una promesa hacia S&aacute;nchez; pero tambi&eacute;n se dirig&iacute;a a su contrincante, quien no la admiti&oacute;. Feij&oacute;o sab&iacute;a de antemano la respuesta de S&aacute;nchez, y que ella podr&iacute;a interpretarse como el reconocimiento de sentirse perdedor de las elecciones <em>avant la lettre</em>. Para su interlocutor, la propuesta de Feij&oacute;o significaba una desafiante amenaza, no una promesa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, es llamativo que los ex&eacute;getas medi&aacute;ticos mencionen tan a menudo los efectos propios de lo que llamamos enunciaci&oacute;n. Han dicho que S&aacute;nchez estaba nervioso y Feij&oacute;o mostraba seguridad. El timbre de la voz, la acentuaci&oacute;n, la tesitura, las inflexiones, la fluidez y el ritmo: todos los ingredientes pros&oacute;dicos son susceptibles de conformar un acontecimiento noticiable. La monofon&iacute;a de la antigua pol&iacute;tica, aquella del discurso altamente ritualizado y convencional del orador en los m&iacute;tines y en los debates, ha sido sustituida por una gran polifon&iacute;a, que mezcla los registros de lo susurrado y lo estruendoso, lo improvisado y lo deslenguado, multiplicando sus fuentes y sus destinatarios. Se valora el registro o el tono como el centro mismo de la comunicaci&oacute;n. Es el registro el que determina, antes que todo contenido, la potencial confianza del elector. Y, adem&aacute;s, es el forraje para las narraciones medi&aacute;ticas: traspi&eacute;s discursivos, deslices, meteduras de pata&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde el punto de vista de los espectadores, estos ingredientes forman una receta coherente. La fascinaci&oacute;n y el desenga&ntilde;o por la persona es lo que se impone; es el sujeto hablante lo que interesa y se critica. El <em>ego </em>se sit&uacute;a en el centro del escenario: &ldquo;yo quiero&rdquo;, &ldquo;yo prometo&rdquo;, &ldquo;yo har&eacute;&rdquo;, &ldquo;yo derogar&eacute;&rdquo;. Todo ocurre como si el sistema y los procedimientos legislativos y ejecutivos no existieran. Este s&uacute;per sujeto pol&iacute;tico est&aacute; sometido al imperio pleno y absoluto de la subjetividad, al r&eacute;gimen de visibilidad m&aacute;s propia de las <em>celebrities </em>medi&aacute;ticas, a las euforias y las disforias de los consumidores.
    </p><p class="article-text">
        Toda una concepci&oacute;n de la &iacute;nclita madre de todos los debates, la ret&oacute;rica, principalmente ejemplificada por las obras de J&uuml;rgen Habermas y Cha&iuml;m Perelman, afirmaba que la adhesi&oacute;n pol&iacute;tica se construye mediante un proceso deliberativo y un asentimiento final a la plena validez racional de los argumentos. Las pasiones aqu&iacute; no eran m&aacute;s que adiciones. Sin embargo, los componentes pasional y dox&aacute;stico son uno de los efectos necesarios de los propios discursos.
    </p><p class="article-text">
        Y nada mejor que la <em>mise-en-sc&egrave;ne</em> del duelo, lugar com&uacute;n narrativo donde desemboca &ldquo;el &iacute;mpetu irresistible de las pasiones&rdquo; (Alexandr Pu&scaron;kin, <em>Eugenio Oneguin</em>).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rayco González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/duelistas_129_10369114.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Jul 2023 20:43:00 +0000]]></pubDate>
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