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    <title><![CDATA[elDiario.es - Pau Olmo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/pau-olmo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Pau Olmo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El centro de datos: la extenuante biblioteca moderna que la arquitectura necesita repensar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/centro-datos-extenuante-biblioteca-moderna-arquitectura-necesita-repensar_1_10876745.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/64468d5b-6db9-4c8a-a71d-65eb4adbbe40_16-9-discover-aspect-ratio_default_1088821.jpg" width="1022" height="575" alt="El centro de datos: la extenuante biblioteca moderna que la arquitectura necesita repensar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La arquitecta Marina Otero reflexiona sobre el imperativo de repensar las infraestructuras digitales o, cuanto menos, el modo en que, desde la arquitectura, se pueden plantear modelos más sostenibles</p><p class="subtitle">Una batalla en la fachada: ¿nos fastidió el balcón o fue el cerramiento?</p></div><p class="article-text">
        Desde la Edad Media hacia adelante fue la iglesia. Bajo el yugo de la modernidad se pas&oacute; de la f&aacute;brica al rascacielos corporativo, m&aacute;s tarde y sujetas a las progresivas escalas de cambio, las tecnolog&iacute;as digitales se fueron convirtiendo en una pr&oacute;tesis esencial para una idea sobre la creaci&oacute;n de formas. La virtualidad trajo la computaci&oacute;n y donde antes tuvimos la biblioteca de Alejandr&iacute;a e imaginamos la Torre de Babel, ahora tenemos el centro de datos. Entremedias quedaron los litigios de la posmodernidad, la intercambiabilidad entre signos y dinero, y la poca atenci&oacute;n prestada a las inquietudes de una contracultura que suspicaz, empezaba a divisar el agotamiento de las reservas energ&eacute;ticas. 
    </p><p class="article-text">
        Cada &eacute;poca tiene sus propias tipolog&iacute;as arquitect&oacute;nicas definidas por los medios de producci&oacute;n predominantes. Cada &eacute;poca es capaz de explicarse a s&iacute; misma a trav&eacute;s de su imaginer&iacute;a, y cada arquitectura se hace efectiva en nuestra mente en funci&oacute;n de si somos capaces de imaginarnos en ella. Pero &iquest;c&oacute;mo imaginar una arquitectura tan et&eacute;rea e inmaterial como 'la nube', m&aacute;s cuando es producto de algo tan abstracto como los datos?
    </p><p class="article-text">
        Contra lo que su vaporoso nombre sugiere, 'la nube' no es ni ingr&aacute;vida ni invisible, es el resultado de la cooperaci&oacute;n entre un vasto n&uacute;mero de sat&eacute;lites, fibra &oacute;ptica, cables tendidos sobre el lecho marino y centros de datos repletos de servidores que consumen ingentes cantidades de agua y electricidad. Los minerales &#8213;el silicio y los metales pesados&#8213;, son su columna vertebral, pero su savia sigue siendo la energ&iacute;a. Se alimenta de todo lo que pilla, su cuerpo es insaciable: consume el 20% de toda la electricidad que el mundo utiliza, crece m&aacute;s r&aacute;pido que las fuentes de energ&iacute;a sostenibles y bebe m&aacute;s agua que toda la poblaci&oacute;n mundial junta, seg&uacute;n el estudio de la&nbsp;investigadora principal del Microsoft Research Lab y directora del AI Now&nbsp;Kate Crawford, en colaboraci&oacute;n con la Universidad de S&iacute;dney. Eso, por no hablar de que las gigantescas infraestructuras que sustentan la dermis computacional del mundo no paran de crecer: la construcci&oacute;n de centros de datos ha aumentado un 30% desde los a&ntilde;os pand&eacute;micos, seg&uacute;n el mismo estudio. 
    </p><p class="article-text">
        Con todo, su expansi&oacute;n abre una oportunidad y un reto impostergable para abordar desde lo arquitect&oacute;nico la interacci&oacute;n entre estas instalaciones y los entornos en los que se asientan. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Data center&#039; de Oppo en Dongguan (China)                            </span>
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        A este cometido se consagra el trabajo de la arquitecta Marina Otero Verzier <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">(A Coru&ntilde;a, 1981) quien lleva a&ntilde;os investigando sobre la infraestructura f&iacute;sica de Internet, </span>no solo como una serie de objetos arquitect&oacute;nicos a observar, sino como veh&iacute;culo para analizar los urbanismos que despliega, la materialidad de su poder distribuido, el capital que moviliza, el trabajo que requiere, la energ&iacute;a que necesita y disipa, pero, sobre todo, los entornos que construye y la sociedad que imagina. En consecuencia, en el a&ntilde;o 2022 fue galardonada <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">con el prestigioso Premio Wheelwright de la Universidad de Harvard.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Para Otero, doctora arquitecta formada en la Escuela de Arquitectura de Madrid (ETSAM), en la Delft University of Technology (TU Delft) y en la Columbia University de Nueva York, (donde ahora tambi&eacute;n ense&ntilde;a), </span>la obra de los arquitectos ha implicado, hist&oacute;ricamente, el trazo de l&iacute;neas abstractas y asertivas que, con demasiada frecuencia, han suscrito la l&oacute;gica de la eficacia econ&oacute;mica a expensas de la conciencia &eacute;tica y ecol&oacute;gica. <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Su visi&oacute;n de la arquitectura, no obstante, est&aacute; atravesada por la responsabilidad de aportar nuevas nociones ante los desaf&iacute;os a los que se enfrenta la pr&aacute;ctica arquitect&oacute;nica </span>para desmantelar las fronteras que actualmente definen, encierran y explotan el mundo en detrimento del inter&eacute;s com&uacute;n<span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> y la justicia social. De ah&iacute; su inter&eacute;s por temas relacionados con la migraci&oacute;n, la seguridad, el acceso a la vivienda y el cambio clim&aacute;tico. Y de ah&iacute;, tambi&eacute;n, por supuesto,</span> su disposici&oacute;n <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">a enfrentar el imperativo de repensar las infraestructuras digitales o, por lo menos, el modo en que se pueden reutilizar sus excreciones para que otras arquitecturas puedan beneficiarse de sus excedentes t&eacute;rmicos y as&iacute; abastecer sus propias demandas energ&eacute;ticas.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Equipos de climatización en la azotea del centro de datos Digital Realty (Interxion), en Madrid                            </span>
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        En este sentido, su trabajo no solo apunta hacia todas esas iniciativas desarrolladas en los &uacute;ltimos tiempos que, con intenci&oacute;n de perdurar, se centran en la gesti&oacute;n t&eacute;rmica de sus sobrantes para climatizar grandes lotes de vivienda y otros equipamientos urbanos, como tampoco indaga exclusivamente en los proyectos que reutilizan este calor residual para abastecer procesos agrarios e industriales de escala a&uacute;n modesta. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estos anuncios son muy positivos, pero hay que observarlos no sin cierto escepticismo. No hay que obviar que, en ocasiones, para materializar estas acciones y para movilizar el calor de un sitio a otro, hay que a&ntilde;adir un capital energ&eacute;tico extra. Para que todo esto tenga sentido en t&eacute;rminos de eficiencia energ&eacute;tica, ubicar estrat&eacute;gicamente los centros de datos cerca de los enclaves que vayan a hacer uso de sus remanentes t&eacute;rmicos es fundamental. La idea es que se reduzcan las p&eacute;rdidas, no que se a&ntilde;adan m&aacute;s costes al traslado de la energ&iacute;a&rdquo; agrega Otero. 
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                Centro de datos de Amazon World Services                            </span>
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        Para esta arquitecta, es fundamental entender, primero, que los centros de datos son la prueba fehaciente de que hemos pasado de un urbanismo de usos permanentes y sistemas de control f&iacute;sicos a otro m&aacute;s mutable, l&iacute;quido y digital. Segundo, que este desplazamiento abre un campo de posibilidades en cuanto al planeamiento de estas espacialidades, al tiempo que abre un debate muy importante sobre los derechos y mecanismos de poder que entra&ntilde;an. Y, tercero, que estas infraestructuras llevan consigo unas implicaciones cr&iacute;ticas para la actual crisis clim&aacute;tica y requieren de un profundo cambio cultural en t&eacute;rminos de dise&ntilde;o, pero tambi&eacute;n en lo que se refiere a nuestra manera de aproximarnos y convivir con ellas. 
    </p><p class="article-text">
        Es parad&oacute;jico pensar que estas <em>alejandr&iacute;as</em> digitales son tipolog&iacute;as arquitect&oacute;nicas herederas de las centrales telef&oacute;nicas que se empezaron implantar en los n&uacute;cleos urbanos a finales de los sesenta y que respond&iacute;an a la necesidad de comunicaci&oacute;n de una sociedad que comenzaba a interconectarse.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Render de un centro de datos ADI de Euskaltel                            </span>
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            <span class="title">
                Proyecto de ampliación del campus de centro de datos de Nabiax Alcalá Data Center (ADC)                            </span>
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        Si edificios como las centrales telef&oacute;nicas de Torrej&oacute;n de Ardoz o la central de comunicaciones v&iacute;a sat&eacute;lite en Buitrago de Lozoya (ambas obras admirables del arquitecto madrile&ntilde;o Julio Cano Lasso), tuvieron la doble misi&oacute;n de ser, al mismo tiempo, enclaves t&eacute;cnicos y estandartes de la compa&ntilde;&iacute;a que los levant&oacute;, ahora la representatividad de la arquitectura de los centros de datos ha sido relegada a la ignominia. No se trata de visibilizar su arquitectura como un reclamo de vanguardia tecnol&oacute;gica, m&aacute;s bien de ocultarla y erigir un paisaje de patio trasero. No hay m&aacute;s que atender a los ejemplos: su dise&ntilde;o prioriza los criterios de seguridad y privacidad frente a la representatividad, mientras que su construcci&oacute;n raras veces recae sobre los arquitectos, sino que es acometida, principalmente, por grandes consultoras en colaboraci&oacute;n con los conglomerados corporativos que las promueven. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pese a que los centros de datos son nodos fundamentales en nuestro panorama social, geopol&iacute;tico, cultural y financiero, su presencia, bajo el umbral de la detectabilidad, sigue siendo banal y an&oacute;nima. El oscurantismo que los rodea refleja muy bien las relaciones asim&eacute;tricas y abusivas entre las corporaciones tecnol&oacute;gicas y los usuarios finales. Por un lado, estas empresas se atrincheran en sedes transparentes, permeables y accesibles, mientras que, por el otro, la maquinaria real con la que opera su software est&aacute; ubicada tras los cierres biom&eacute;tricos de arquitecturas anodinas, impermeables e impenetrables. En tanto que poco, o muy poco se sabe acerca de estos espacios omnipresentes, ya se han consolidado como tipolog&iacute;as urbanas o periurbanas de pleno derecho&rdquo;, se&ntilde;ala Otero.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Recreación de lo que será &#039;Madrid One&#039;, el mayor centro de datos de Madrid que será puesto en marcha por Thor"
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                Recreación de lo que será &#039;Madrid One&#039;, el mayor centro de datos de Madrid que será puesto en marcha por Thor                            </span>
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        Ubicar los centros de datos dentro del tejido social es esencial para transformar su sobrecalentamiento en un recurso valioso para los urbanismos en los que participan y tambi&eacute;n, para las comunidades que se ven afectadas con su mera presencia. El trabajo de los arquitectos puede y debe tener en su agenda esta cuesti&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, Otero pone como ejemplo a la empresa Qarnot, que se inclina por la progresiva descentralizaci&oacute;n de sus instalaciones en Francia: en lugar de apostar por la adquisici&oacute;n de grandes superficies de terreno y por el dise&ntilde;o de edificios de grandes dimensiones, sin ventanas y alejados de los n&uacute;cleos de poblaci&oacute;n, sugieren que se instalen servidores en los mismos edificios donde la gente vive. A tal efecto, desarrollan dispositivos de almacenamiento de datos que se pueden instalar en los domicilios de cada cual, aportando sus saldos calor&iacute;ficos a la propia vecindad. Bajo esta premisa, existe toda una l&iacute;nea de investigaci&oacute;n que sugiere el dise&ntilde;o de edificios mixtos que aprovechen los espacios bajo rasante, con mejores condiciones higrot&eacute;rmicas (ausencia de malestar t&eacute;rmico), para la ubicaci&oacute;n de los centros de datos, siendo las plantas superiores destinadas a otro tipo de usos, tanto privados como comunitarios, las que se beneficien de la disipaci&oacute;n resultante de los procesos computacionales.
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                Proyecto del centro de datos de Interxion en Madrid, de 35.000 metros cuadrados.                            </span>
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        &ldquo;Este modelo, no exento de externalidades, atiende a otras formas de gobernanza de los datos. Eso es positivo y algo a tener muy cuenta porque nos aleja de la concepci&oacute;n del centro de datos como una gran caja negra por abrir, sino que lo sit&uacute;a en el centro de nuestras domesticidades como un elemento cr&iacute;tico que media en la creaci&oacute;n, el almacenamiento y la transmisi&oacute;n de nuestros registros digitales a trav&eacute;s de las redes f&iacute;sicas tangibles: la nube deja de ser invisible para ser palpable. Esto es esencial puesto que deber&iacute;a existir una creciente conciencia individual y colectiva respecto a las ecolog&iacute;as que se derivan de nuestra vida <em>en l&iacute;nea</em>, sobre todo, para poder mitigar sus efectos y empezar a pensar futuros computacionales m&aacute;s deseables, m&aacute;s sostenibles, m&aacute;s equitativos e igualitarios&rdquo;, sentencia. 
    </p><p class="article-text">
        El centro de datos empieza a tomar una posici&oacute;n relevante en los debates sobre la producci&oacute;n arquitect&oacute;nica contempor&aacute;nea, y, a trancas y a barrancas, se empieza a activar una mirada mucho m&aacute;s exhaustiva sobre los mismos. Queda mucho camino por recorrer, muchas cuestiones sin resolver y muchas preguntar por plantear: &iquest;Deber&iacute;amos pensar que nos encontramos frente a nuestros archivos contempor&aacute;neos, la tipolog&iacute;a m&aacute;s importante de nuestro siglo? &iquest;Deber&iacute;a representar su dise&ntilde;o una tarea de relevancia similar a la que tuvieron las catedrales en el g&oacute;tico o los museos durante la Ilustraci&oacute;n? Y, si es as&iacute;: &iquest;Qu&eacute; ocurrir&iacute;a si lo concibi&eacute;ramos como una verdadera infraestructura p&uacute;blica de c&oacute;digo abierto para acudir a conocer c&oacute;mo funcionan datos y algoritmos? &iquest;Estar&iacute;amos ante un lugar para el conocimiento y la participaci&oacute;n pol&iacute;tica: el espacio p&uacute;blico de la era digital? 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pau Olmo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/centro-datos-extenuante-biblioteca-moderna-arquitectura-necesita-repensar_1_10876745.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Feb 2024 21:22:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El centro de datos: la extenuante biblioteca moderna que la arquitectura necesita repensar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arquitectura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Brutalismo: palabra en boga, edificios en riesgo de derribo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/brutalismo-palabra-boga-edificios-riesgo-derribo_1_10667352.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aeabb95a-1f0a-4520-a95c-953805ffd2dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Brutalismo: palabra en boga, edificios en riesgo de derribo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En sus 60 años de vida y, convertido en lenguaje, este estilo arquitectónico resucita y fluctúa entre la admiración y el rechazo, hasta el punto de que algunas de estas contundentes moles de hormigón corren el peligro de quedar reducidas a escombros</p><p class="subtitle">Isabel Coixet: “En mis 35 años dirigiendo he tenido que aguantar que me digan de todo y a un nivel muy salvaje” </p></div><p class="article-text">
        Las palabras, en ocasiones, preceden a los hechos. Si antes 'virus' era ponzo&ntilde;a, veneno o podredumbre, ahora existe en la medida en que se extiende y prolifera en ese fen&oacute;meno al que nos referimos como viral. Sin embargo, el privilegio que tienen las palabras es que, al contrario que otros entes, estas pueden resucitar e incluso para m&aacute;s inri, una vez resucitadas, a veces se ponen de moda. Y es que ya se sabe, todo vuelve. 
    </p><p class="article-text">
        De s&iacute;mbolo marginal a aparador de tendencias, la palabra en auge es brutalismo, otra fosilizaci&oacute;n de la arquitectura moderna convertida en espect&aacute;culo de decrepitud arquitect&oacute;nica: moles de hormig&oacute;n crudo, sin ornamento y, en muchos casos, carcomidas por el amianto. 
    </p><p class="article-text">
        Si antes esta arquitectura era escenario suburbial en pel&iacute;culas como <em>Alphaville, La naranja mec&aacute;nica o Gomorra, </em>de un tiempo a esta parte, es escaparate de campa&ntilde;as como la de Loewe frente al edificio de la Unesco en Par&iacute;s de Marcel Breuer y Pier Luigi Nervi (1958) o la de Longchamp a las puertas de la m&iacute;tica terminal 5 del aeropuerto JFK de Eero Saarinen (Nueva York, 1962), mientras que artistas como C.Tangana o Bad Gyal graban sus videoclips en obras como la Casa Carvajal del mismo Javier Carvajal (Somosaguas, 1966) o en el Barrio Gaud&iacute; (Reus,1968) ideado por Ricardo Bofill. Y no es que recuperar, redimir y reivindicar el brutalismo no sea l&iacute;cito o como m&iacute;nimo una obligaci&oacute;n de los organismos encargados de la preservaci&oacute;n del patrimonio arquitect&oacute;nico, sino que m&aacute;s all&aacute; de lo <em>instagrameable,</em> a menudo<em>, </em>mirar de lejos, huir de la nostalgia retro, de las simplificaciones y, sobre todo, de las etiquetas estil&iacute;sticas, muestra cosas que de cerca ni siquiera se sospechan. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo (FAU-USP). Arquitectos: Vilanova Artigas (1968)"
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                Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo (FAU-USP). Arquitectos: Vilanova Artigas (1968)                            </span>
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        Sin embargo, la arquitectura, a menudo, no es lo que se suele decir de ella. Contrariamente a lo que se piensa, el t&eacute;rmino brutalista no hace referencia a la contundencia, la rotundidad o, en ocasiones a la extravagancia formal caracter&iacute;stica de muchas de estas edificaciones. Tampoco se concreta en una arquitectura de lo esencial: sin revestimientos, sin nada superfluo, sin ornamento ni delito, sino por el contrario, sus estructuras se presentan gestuales y ostentosas, por momentos complejas y aparatosas. Como mucho el brutalismo se refiere al predominio en la mayor&iacute;a de las obras del &ldquo;hormig&oacute;n crudo&rdquo; (<em>b&eacute;ton brut</em>&nbsp;en palabras de Le Corbusier). 
    </p><p class="article-text">
        Fue el cr&iacute;tico Reyner Banham quien en 1966 acu&ntilde;ar&iacute;a la etiqueta de &ldquo;arquitectura brutalista&rdquo; en las p&aacute;ginas de su ensayo <em>The New Brutalism: Ethic or Aesthetic?</em> En sus p&aacute;ginas Banham sostiene que, m&aacute;s all&aacute; de sus rasgos est&eacute;ticos, la arquitectura brutalista responde a unos principios &eacute;ticos que, de alg&uacute;n modo, podr&iacute;an considerarse la culminaci&oacute;n del ideario del Movimiento Moderno iniciado a principios de siglo XX. Sirvi&eacute;ndose de la resistencia, la versatilidad y el bajo coste del hormig&oacute;n, muchos de los representantes de lo que hoy se encuentra bajo el clich&eacute; del brutalismo participaron en la reconstrucci&oacute;n de una Europa todav&iacute;a convaleciente a causa de las heridas materiales causadas por la Segunda Guerra Mundial.
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                La torre Nakagin Capsule. Arquitecto: Kisho Kurokawa (1972)                            </span>
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            <span class="title">
                Auditorio de la Technical University en Delft. Arquitectos: Johannes Van DenBroek y Jaap Bakema (1966)                            </span>
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        Encargados, en muchas ocasiones, como im&aacute;genes gubernamentales o culturales, en estas arquitecturas de notable carga ut&oacute;pica, el hormig&oacute;n levant&oacute; urbes de la nada desde Brasilia a Chandigarh, convirti&eacute;ndose as&iacute; en un emblema de todo nuevo proyecto pol&iacute;tico de posguerra, desde la socialdemocracia europea a los estados emancipados del colonialismo.
    </p><p class="article-text">
        Estos ejemplos pueden ser vistos retrospectivamente como la expresi&oacute;n de la aspiraci&oacute;n del Movimiento Moderno por el progreso y la transformaci&oacute;n social, m&aacute;s a&uacute;n cuando en las d&eacute;cadas de 1960 y 1970, a un lado y al otro del Tel&oacute;n de Acero se erigi&oacute; un aut&eacute;ntico legado de monumentos y edificios p&uacute;blicos bajo tutela federal o estatal que supuso el cl&iacute;max de la arquitectura brutalista.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Iglesia de Peregrinación de Nevijes. Arquitecto: Gottfried Böhm (1972)                            </span>
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        Con todo, el brutalismo convertido en lenguaje define un sello homogeneizador asociado a una determinada imagen visual que no le hace justicia ya que existe una diversidad pasmosa de edificios surgidos en un mismo momento y en contextos bien diferentes que podr&iacute;an quedar al abrigo de esta cu&ntilde;a estil&iacute;stica. Como ejemplos que establecen relaciones heterog&eacute;neas con el brutalismo encontramos buena parte de la obra de Le Corbusier, pionera en el uso del hormig&oacute;n armado; los cicl&oacute;peos edificios-estructura de los arquitectos brasile&ntilde;os Affonso Reidy, Vilanova Artigas o Lina Bo Bardi; las megaestructuras del movimiento metabolista nip&oacute;n encarnado en las propuesta urbanas de Kenzo Tange, Kisho Kurokawa y Fumihiko Maki; el estructuralismo holand&eacute;s encarnado en los edificios docentes de <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Herman Hertzberger y &nbsp;Jaap Bakema;</span> las iglesias de expresionistas de Gottfried B&ouml;hm en Alemania; las New Towns y los proyectos de vivienda social brit&aacute;nicos del matrimonio Smithson y James Stirling y en Espa&ntilde;a, los proyectos experimentales sobre la versatilidad del hormig&oacute;n estructural de los arquitectos espa&ntilde;oles Miguel Fisac, Fernando Higueras, S&aacute;enz de O&iacute;za, Ignacio &Aacute;lvarez de Castelao o Fernando Moreno Barber&aacute;. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Robin Hood Gardens. Arquitectos: Alison y Peter Smithson (1972)                            </span>
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                Viviendas en la glorieta de San Bernardo para el Patronato Militar. Arquitectos: Fernando Higueras y Antonio Miro (1973)                            </span>
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        Parad&oacute;jicamente, pese a que el brutalismo ha pasado a ser m&aacute;s apreciado que nunca por el gran p&uacute;blico, copar tablones de Pinterest o <em>likes</em> en Instagram no ha salvado de la piqueta a muchas de sus arquitecturas. Una gran cantidad de estas obras han acusado el paso del tiempo, la rigidez de sus sistemas constructivos, as&iacute; como la dificultad de adaptaci&oacute;n a nuevos usos y la dura austeridad de sus materiales, conden&aacute;ndolos, en algunos casos, al derribo. 
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                Espai Verd, Valencia. Arquitecto: Antonio Cortés (1973)                            </span>
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                Fuente en el Edifici Espai Verd de València                            </span>
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        La lista es larga: en 2021 la bola de demolici&oacute;n se llev&oacute; por delante la sede de los laboratorios Burroughs (Carolina del Norte, 1969) de Paul Rudolph, uno de los exponentes m&aacute;s meritorios del episodio brutalista en Estados Unidos. La misma suerte corri&oacute; el conjunto de vivienda social Robin Hood Garden (Londres, 1972), obra de Alison y Peter Smithson. La cosa no queda ah&iacute;, la lista de desgracias es interminable y dolorosa: sin ir m&aacute;s lejos en nuestro pa&iacute;s tropezamos con La Pagoda de Miguel Fisac, sede de laboratorios Jorba (Madrid, 1965), demolidos en julio de 1999; la c&eacute;lebre galer&iacute;a de arte Joan Prats (Barcelona, 1976), proyectada por Josep Llu&iacute;s Sert y destruida en 2015 o el trist&iacute;simo caso de la casa Guzm&aacute;n (Algete, 1972), dise&ntilde;o de Alejandro de la Sota y arrasada en 2016 sin que pr&aacute;cticamente nadie se percatara de ello. &ldquo;Nuevamente, la arquitectura contempor&aacute;nea sufre de la falta de cultura, de la falta de sensibilidad, la falta de protecci&oacute;n y el fallo en cadena de la profesi&oacute;n, fruto de la desidia que se ampara en lo que es legal&rdquo;, apuntaron en 2017 desde la Fundaci&oacute;n Alejandro de la Sota. El heredero de Enrique Guzm&aacute;n, el propietario de la casa, la demoli&oacute; para hacer una nueva. &ldquo;Es el concepto de lo m&iacute;o es m&iacute;o y hago con ello lo que quiero. En Arquitectura, a diferencia de otras Artes esto es lo normal. Nadie se imagina que un heredero pueda destruir un cuadro o una escultura, quemar el manuscrito de un escritor. Nadie lo puede imaginar y tendr&iacute;a enfrente, adem&aacute;s del peso de la ley, el esc&aacute;ndalo de la sociedad. En la Arquitectura, sin embargo, es posible y ocurre en demasiadas ocasiones&rdquo;, a&ntilde;adieron.
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                Mapa de edificios brutalistas en el mundo, recogidos por #SOSBrutalism                            </span>
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        Si bien el expolio de este patrimonio no es balad&iacute;, los casos bajo amenaza tampoco son exiguos: la Embajada de Kuwait de Kenzo Tange y el edificio de c&aacute;psulas Nagakin de Kisho Kurokawa (Tokio,1970), la torre de apartamentos de Tao Gofers (S&iacute;dney,1980), el centro c&iacute;vico dise&ntilde;o de John Bonnington (Sunderland, 1970), <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">el Instituto de Educaci&oacute;n Secundaria N&aacute;utico Pesquero de Pasajes (1968) de Luis Laorga y Jos&eacute; L&oacute;pez Zanon, el Hotel Claridge (Alarc&oacute;n, 1969) de Roberto Puig, el Palacio de Congresos y Exposiciones de la Costa del Sol (Torremolinos, 1970) de Rafael de La-Hoz y la peque&ntilde;a </span><a href="https://www.revistaad.es/articulos/francisco-alonso-zapateria-brutalista-madrid-vendida" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">zapater&iacute;a de Paco Alonso </span></a><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">en el n&uacute;mero 55 de la calle Jorge Juan (Madrid, 1989), todos ellos, corren el riesgo de quedar reducidos escombros. </span>
    </p><p class="article-text">
        En su defensa, ante la lentitud y la lacerante pasividad de las administraciones incapaces de velar por la preservaci&oacute;n de un patrimonio que solidifica la riqueza y la diversidad cultural de nuestros entornos construidos, han salido algunas asociaciones internacionales. <a href="https://docomomoiberico.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">DOCOMOMO</a> tiene una filial para la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica con un censo de m&aacute;s de 2.500 edificios vinculados a la modernidad del siglo XX. O el proyecto <a href="https://www.sosbrutalism.org/cms/15802395" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">#SOSBrutalism</a>, iniciativa dirigida por el Museo Alem&aacute;n de Arquitectura y la Fundaci&oacute;n W&uuml;stenrot que ha creado una base de datos creciente con m&aacute;s de 2.000 edificios brutalistas en el mundo asumen &#8213;para intentar revocar los planes de demolici&oacute;n&#8213; una tarea de difusi&oacute;n y conservaci&oacute;n que deber&iacute;a recaer sobre las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Las palabras pueden resucitar, los edificios no. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pau Olmo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/brutalismo-palabra-boga-edificios-riesgo-derribo_1_10667352.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Nov 2023 21:06:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Brutalismo: palabra en boga, edificios en riesgo de derribo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arquitectura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La "arquitectura para todos" de Balkrishna Doshi enseña que habitar es compartir con el otro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/arquitectura-balkrishna-doshi-ensena-habitar-compartir_1_10637276.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c20f4e7b-4a88-45a9-abcb-bc9acee021c5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La &quot;arquitectura para todos&quot; de Balkrishna Doshi enseña que habitar es compartir con el otro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Museo ICO acoge hasta el 14 de enero la primera gran retrospectiva en España del primer arquitecto indio galardonado con el Pritzker que no olvidó que su disciplina es, ante todo, un ejercicio de humanidad</p><p class="subtitle">El rincón de pensar -  El mundo: 'deprisa, deprisa' </p></div><p class="article-text">
        Sorprende que el trabajo del arquitecto Balkrishna Doshi (1927-2023), ganador del premio <a href="https://www.eldiario.es/temas/premio-pritzker/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pritzker</a> en 2018, no tuviese un lugar en las agendas muse&iacute;sticas hasta tres a&ntilde;os antes de su muerte, la cual tuvo lugar el pasado mes de febrero a los 95 a&ntilde;os. Resulta igualmente chocante que su obra ocupara un lugar tan escu&aacute;lido en el c&iacute;rculo de las publicaciones arquitect&oacute;nicas, por no hablar de su presencia en los tratados de historia de la arquitectura moderna. Se trata de un brete que, a pesar del olvido recurrente, instituciones como e<span class="highlight" style="--color:#ffffff;">l </span>Vitra Design Museum, la W&uuml;stenrot Foundation, la Vastushilpa Foundation y ahora el Museo ICO, en Madrid, se esfuerzan por superar. 
    </p><p class="article-text">
        Dise&ntilde;ada y comisariada por Khushnu Panthaki Hoof, nieta del arquitecto y directora de la fundaci&oacute;n Vastu Shilpa, la retrospectiva que el ICO acoge sobre la obra del arquitecto, sintetiza entre planos de colores vivos, instalaciones, pel&iacute;culas, pinturas, collages de textos y fotograf&iacute;as el saber at&aacute;vico del arquitecto indio. La muestra &ndash;tras su paso por Nueva Deli, Shangh&aacute;i y, en &uacute;ltima instancia por el museo de Frank O. Gehry en el campus de Vitra de Weil am Rhein (Alemania)&#8213; llega ahora al Museo ICO y se expone all&iacute; como una &ldquo;celebraci&oacute;n del habitar&rdquo;, expresi&oacute;n que el mismo arquitecto eligi&oacute; para definir su pr&aacute;ctica. 
    </p><p class="article-text">
        Rompiendo con ese convencionalismo que quiere que un edificio est&eacute; siempre representado en un ambiente est&eacute;ril, libre de cualquier contaminaci&oacute;n org&aacute;nica, sus edificios, en la exhibici&oacute;n, se presentan habitados: asociados a cuerpos, a rostros que revelan su raz&oacute;n de ser y justifican el t&iacute;tulo de la exposici&oacute;n: <em>Balkrishna Doshi. Arquitectura para todos</em>. Y es que su legado es el de una arquitectura que, en b&uacute;squeda de una identidad poscolonial, evit&oacute; los peligros gemelos de la tecnolog&iacute;a desarraigada y la nostalgia folcl&oacute;rica.&nbsp;El de una arquitectura que se inscribe de Bombay a Jaipur en convergencia con el clima, la cultura y las tradiciones de una India ya independiente. 
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                El arquitecto Balkrishna Doshi, primer indio en ganar el Premio Pritzker                            </span>
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        Cuando Doshi estudi&oacute; arquitectura por primera vez en Bombay, a finales de la d&eacute;cada de 1940, insatisfecho con su educaci&oacute;n, viaj&oacute; a Londres, se encerr&oacute; con un amigo durante meses en la biblioteca del Royal Institute of British Architects y all&iacute;, al abrigo de los libros y en el transcurso de una conferencia, conoci&oacute; a Le Corbusier, a quien se le hab&iacute;a encargado dise&ntilde;ar la nueva ciudad de Chandigarh (India). Sin pensarlo, Doshi se mud&oacute; a Par&iacute;s para trabajar en el n&uacute;mero 35 de la rue de S&egrave;vres, donde permaneci&oacute; durante cuatro a&ntilde;os.&nbsp;El peque&ntilde;o <em>atelier </em>de Le Corbuiser<em> </em>se hab&iacute;a convertido en una especie de laboratorio de ideas para la nueva tradici&oacute;n internacional, y los vol&uacute;menes de la <em>oeuvre compl&egrave;te</em> aseguraban gran cantidad de seguidores. Arquitectos tan distintos como Kenz&#333; Tange en Jap&oacute;n y Paul Rudolph en Estados Unidos extrajeron ense&ntilde;anzas de la expresi&oacute;n monumental y los ecos arcaicos de la arquitectura del maestro suizo.
    </p><p class="article-text">
        Balkrishna Doshi &ndash;al igual que otros arquitectos indios de su generaci&oacute;n como Charles Correa, Anant Raje y Raj Rewal&ndash;, no fue ninguna excepci&oacute;n; en la India reci&eacute;n independizada, el Movimiento Moderno fue tanto un proyecto pol&iacute;tico como arquitect&oacute;nico.&nbsp;Las caracter&iacute;sticas distintivas del estilo de Le Corbusier: las estructuras de hormig&oacute;n visto, el esp&iacute;ritu de la industralizaci&oacute;n y&nbsp;la monumentalidad anticipaban el futuro y Doshi quer&iacute;a formar parte de &eacute;l. Cuando regres&oacute; a la India en 1954, fue a Ahmedabad, hogar de la burgues&iacute;a textil de los Lalbhai, donde supervis&oacute; la construcci&oacute;n de los proyectos de Le Corbusier.
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                Edificio de la escuela de negocios Indian Institute of Management en Bangalore (India), construida por Doshi en 1977                            </span>
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        Bajo el mecenazgo de los Lalbhai mont&oacute; su primera oficina y levant&oacute; otra efigie. En 1962, el cient&iacute;fico y activista social Vikram Sarabhai fund&oacute; el Instituto Indio de Gesti&oacute;n en Ahmedabad y, por sugerencia de Doshi, invit&oacute; a otro t&oacute;tem de la modernidad, el arquitecto estadounidense de origen estonio&nbsp;Louis I. Kahn, a dise&ntilde;arlo conjuntamente.&nbsp;Su proyecto combin&oacute; dormitorios, salas de conferencias y una biblioteca en un denso barullo de espacios interiores y exteriores, hilvanados por medio de una audaz celos&iacute;a de ladrillo visto (ahora <a href="https://www.arquitecturaydiseno.es/arquitectura/a-punto-ser-derrumbada-obras-mas-importantes-arquitecto-louis-kahn-instituto-indio-administracion-ahmedabab_5282" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">bajo amenaza de demolici&oacute;n</a>).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Kahn inspir&oacute; a Doshi de la misma manera que lo hab&iacute;a hecho Le Corbusier: con una arquitectura y una filosof&iacute;a que aspiraban a valores atemporales sin dejar de ser aut&eacute;nticamente modernas.&nbsp;Sin embargo, a pesar de la inapelable belleza de las abstracciones escult&oacute;ricas que erigi&oacute; junto a Le Corbuiser y de los poemas de luz y hormig&oacute;n que escribi&oacute; con Kahn, ambas experiencias le reportaron a Doshi una satisfacci&oacute;n mixta. El sol implacable, los vientos c&aacute;lidos y&nbsp;la furia del monz&oacute;n daban cuenta de que sus dise&ntilde;os, para sobrevivir, deb&iacute;an propiciar un pacto con la naturaleza a&uacute;n por descubrir. 
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1715353007099965675?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Aunque la muestra exhibe una jerarqu&iacute;a expositiva manifiestamente legible en programas que discurren desde lo dom&eacute;stico a lo dotacional, subraya en todo momento la imposibilidad de separar la obra de Doshi de aquello que &eacute;l mismo se&ntilde;al&oacute; en 1954: &ldquo;Parece que deber&iacute;a hacer un juramento y recordarlo durante toda mi vida: proporcionar a la clase m&aacute;s baja una vivienda adecuada&rdquo;.&nbsp;Acaso su mejor destreza fue esa: en ese confluir de escalas, no olvidar nunca esa promesa. 
    </p><p class="article-text">
        Como atestiguan las paredes del Museo ICO, Doshi dise&ntilde;&oacute; numerosos complejos de viviendas de bajo costo en Ahmedabad (1959): una urdimbre de unidades abovedadas con patios traseros que recalcan la ambivalencia entre la calle y la casa. Al enfrentarse a los barrios marginales resultantes de los &eacute;xodos migratorios del campo a la ciudad, ide&oacute; formas de aprender de su compleja organizaci&oacute;n social.&nbsp;Las viviendas de Aranya en Indore (1983) proporcionaron un n&uacute;cleo de comodidades higi&eacute;nicas b&aacute;sicas y permitieron la construcci&oacute;n de ampliaciones propias en una aglomeraci&oacute;n en constante crecimiento.&nbsp;De una manera un tanto ut&oacute;pica, Doshi esperaba volver a vincular la sociedad moderna desarraigada con la armon&iacute;a de la naturaleza.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El antiguo teatro Premabhai Hall, diseñado por Balkrishna Doshi en 1956 y cerrado desde 1997, en Ahmedabad                            </span>
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        Muchas d&eacute;cadas antes de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/confesiones-arquitectos-premios-pritzker-naturaleza-infierno-vivienda-dignidad_1_10113670.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que se pusiera de moda</a>, Doshi abraz&oacute; la sostenibilidad, y estudi&oacute; los ejemplos urbanos de la arquitectura vern&aacute;cula india como la ciudad des&eacute;rtica de Jaisalmer (siglo XII) con su fusi&oacute;n de patios interiores y exteriores o las residencias haveli: un enjambre de casas adosadas con terrazas escalonadas, para luego aplicar esa sapiencia en Amdavad ni Gufa (1990), donde utilizar&iacute;a b&oacute;vedas cer&aacute;micas forradas de <em>trencad&iacute;s</em> para alumbrar un espacio que se asemeja a una cueva fant&aacute;stica.&nbsp;All&iacute;, el &eacute;xito residi&oacute; en combinar los tejados de los templos jainistas con unas columnas arb&oacute;reas que recuerdan a las dise&ntilde;adas por Gaud&iacute; en el Parc G&uuml;ell.
    </p><p class="article-text">
        Balkrishna Doshi hered&oacute; la creencia de Gandhi en el valor de una vida ligada a la naturaleza junto a la querencia de recuperar la arquitectura vern&aacute;cula, pero dentro de los esquemas nacionales de socialismo, secularismo e industrializaci&oacute;n por los que abogaba Jawaharlal Nehru, primer ministro de la India independiente. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Esta exposición es importante por la vigencia de las ideas de Balkrishna Doshi y la esperanza que suscitan sus propuestas; porque su arquitectura nos recuerda que el habitar es aquello que estamos dispuestos a compartir con el otro</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Con todo, cuando los temas de ayer y de hoy son los mismos, con la salvedad de que ahora el mundo asiste ojipl&aacute;tico a propuestas urbanas fara&oacute;nicas como la de <em>NEOM The Line,</em> &#8213;donde a trav&eacute;s de una est&eacute;tica futurista se propone una idea de 'modernidad' que ara&ntilde;a los s&iacute;mbolos de la nacionalidad y luego los empaqueta en nociones sobre eficiencia energ&eacute;tica, innovaci&oacute;n, alta tecnolog&iacute;a, sostenibilidad y <em>greenwashing</em> a partes iguales&#8213;, Balkrishna Doshi es todav&iacute;a una figura por descubrir y reivindicar. Por todo ello, esta exposici&oacute;n es tan importante: por la vigencia de sus ideas y la esperanza que suscitan sus propuestas; porque su arquitectura nos recuerda que el habitar es aquello que estamos dispuestos a compartir con el otro. 
    </p><p class="article-text">
        Que la modernidad de Doshi es singular y que Doshi es uno entre cientos es inapelable, pero que su arquitectura es para cientos, para miles, para millones es un principio de certeza y eso es, como poco, ilusionante. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pau Olmo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/arquitectura-balkrishna-doshi-ensena-habitar-compartir_1_10637276.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Oct 2023 20:47:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La "arquitectura para todos" de Balkrishna Doshi enseña que habitar es compartir con el otro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Premio Pritzker,Arquitectos,Arquitectura,India]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mundo: 'deprisa, deprisa']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/mundo-deprisa-deprisa_1_10594714.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1df47ba3-ef6a-48c0-acf4-622e33ef1eb2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El mundo: &#039;deprisa, deprisa&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El reto es mayúsculo y el crédito de las Naciones Unidas, así como el de buena parte de las democracias mundiales dependerá estrechamente del triunfo o la decepción que resulte de la acción climática global </p><p class="subtitle">El último 'Rincón de pensar' - Libertario o cómo el saqueo semántico de la ultraderecha nos está dejando sin palabras</p></div><p class="article-text">
        Me lo hab&iacute;an explicado, lo hab&iacute;a le&iacute;do muchas veces: el tiempo no se engendr&oacute; en las estrellas ni en los relojes, sino en las l&aacute;grimas. 
    </p><p class="article-text">
        Aduzco dos an&eacute;cdotas como prueba insuficiente de esta hip&oacute;tesis. La primera se remonta a las historias de las gentes que habitaron y prosperaron en el desierto de Sonora durante siglos:&nbsp;en 1050, una tribu precolombina, <a href="https://www.nationalgeographic.es/ciencia/2018/04/los-nomadas-del-mar-los-primeros-humanos-adaptados-geneticamente-para-sumergirse" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">los Sinagua</a>, construy&oacute; a pocos kil&oacute;metros de la actual ciudad de Phoenix, uno de los mejores ejemplos de arquitectura bioclim&aacute;tica que se recuerda: sus casas de madera y barro fueron erigidas en las paredes de un barranco de piedra caliza a trav&eacute;s de un sistema de cuevas ventiladas capaz de conservar el fr&iacute;o en verano y el calor en invierno. Al correr de los a&ntilde;os, los Sinagua no resistieron las inclemencias del desierto y terminaron por mudarse. 
    </p><p class="article-text">
        En la d&eacute;cada de 1970, un arquitecto italiano llamado <a href="https://www.urbipedia.org/hoja/Paolo_Soleri" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Paolo Soleri</a> levant&oacute; su propia vivienda en un acantilado al sur de la misma ladera con la esperanza de recuperar el proyecto precolombino y fundar una nueva colonia ecol&oacute;gica de casitas laber&iacute;nticas en medio del desierto.&nbsp;Arcosanti, como &eacute;l la llam&oacute;, todav&iacute;a existe. Sin embargo, a pesar de contar con decenas de vecinos, la visi&oacute;n de Soleri parece hoy tan perdida como la de los Sinagua: el pasado verano murieron en Phoenix y aleda&ntilde;os 257 personas debido a unas temperaturas extremas que se prolongaron la friolera de treinta y un d&iacute;as consecutivos. La hipertermia de su asfalto provocaba quemaduras en apenas unos segundos, y las urgencias colapsaron. 
    </p><p class="article-text">
        De ese mundo a este mundo; el segundo argumento que apoya la tesis inicial es un dato dram&aacute;tico: seg&uacute;n la<span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> Organizaci&oacute;n Meteorol&oacute;gica Mundial</span> entre 1970 y 2021 &ndash; de las ideas Soleri a esta parte-, hemos registrado una media de un desastre clim&aacute;tico diario, eso implica una media de <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">11.788 cataclismos reportados con m&aacute;s de dos millones de muertes y m&aacute;s de 4 billones de euros en p&eacute;rdidas. Eso son muchas, demasiadas l&aacute;grimas. </span>
    </p><p class="article-text">
        Si hace unos a&ntilde;os, cada septiembre una mano ben&eacute;vola pon&iacute;a una sordina al sol al tiempo que la 'rentr&eacute;e' transcurr&iacute;a entre relatos de amores de verano e instantes de alegr&iacute;a fugaz, ahora el curso se abri&oacute; con los titulares que dej&oacute; la tormenta Daniel. Un temporal que azot&oacute; varios pa&iacute;ses mediterr&aacute;neos durante la primera quincena del mes para poco despu&eacute;s desplazarse hacia Libia, donde hizo colapsar dos antiguas presas cerca de la ciudad de Derna con la devastaci&oacute;n de barrios enteros que dejaron un fat&iacute;dico n&uacute;mero de muertos confirmados que se cuenta ya por millares.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el mundo desarrollado, volvemos a casa y al trabajo sobrecogidos. Obviamente, se trata de una ilusi&oacute;n destinada a apuntalar el tartamudeo de nuestras conciencias. Durar&aacute; un rato, por cierto: &iquest;Hasta cu&aacute;ndo? &iquest;hasta una nueva DANA o una nueva ola de calor? &iquest;hasta que empiece otra temporada de incendios? Es inapelable que nuestra memoria colectiva es endeble y discontinua, quebradiza, y por tanto amn&eacute;sica. 
    </p><p class="article-text">
        Bajo la ret&oacute;rica de la urgencia se afilan los l&aacute;pices se publican art&iacute;culos; se convocan marchas, se organizan trienales, bienales, congresos, cumbres y semanas por el clima; se escucha hablar de descarbonizaci&oacute;n, de islas de calor, de restituir la vegetaci&oacute;n donde hay asfalto; de super-islas urbanas, de refugios clim&aacute;ticos, de sustituir los tejados de zinc - como ocurre en muchos de los centros hist&oacute;ricos de las grandes urbes europeas-, por otros hechos con materiales que no se sobrecalientan tanto. Se habla, tambi&eacute;n, de peatonalizaciones, de transporte p&uacute;blico, de bicicletas y movilidad sostenible. Luego est&aacute;n las soluciones t&eacute;cnicas, los 'gadgets': paneles solares, bombas de calor, sistemas de aerotermia, mejora de las envolventes t&eacute;rmicas de los edificios, etc. Pero incluso con todo esto combinado, no ser&iacute;a suficiente para alcanzar los objetivos de cero emisiones netas de carbono. 
    </p><p class="article-text">
        Las urgencias marcan la contemporaneidad, pero ligarse a los apremios conlleva riesgos. La noci&oacute;n de urgencia es, en el fondo, una llamada a la acci&oacute;n en detrimento de la reflexi&oacute;n. La urgencia es, a fin de cuentas, una forma de negaci&oacute;n de un destino que nos agobia y frente a la que somos impotentes, en singular: nuestra muerte, y en plural: nuestra propia supervivencia como especie. Ante esta amenaza y la falta de tiempo, la actitud favorita parece ser la de un nihilismo presentista que elige el aqu&iacute; y el ahora. La mejor prueba de ello es que, tras el evento meteorol&oacute;gico m&aacute;s extremo en t&eacute;rminos de lluvia desde que hay registros en Grecia, su primer ministro sentenciara: &ldquo;Los veranos sin preocupaciones dejar&aacute;n de existir&rdquo;. Como diciendo: ya no podremos solazarnos al sol de Corf&uacute; sin el runr&uacute;n fastidioso de los incendios o las tormentas. Omiti&oacute; el hecho de que, precisamente, las pol&iacute;ticas de urbanizaci&oacute;n y la deforestaci&oacute;n han propiciado que muchas m&aacute;s construcciones se vieran afectadas por las inundaciones. Hubo menos naturaleza para absorber las aguas pluviales. 
    </p><p class="article-text">
        La crisis clim&aacute;tica deja a la vista la fragilidad de ese mundo que alguna vez inventamos y que parec&iacute;a tan s&oacute;lido; la desventura de millones, la desigualdad extrema en el reparto de recursos, la eficacia de los Estados en ciertas circunstancias y su fracaso en muchas otras. Se vaticina que la proyecci&oacute;n m&aacute;s inmediata de todo ello tomar&aacute; forma de movimientos migratorios masivos. Durante la &uacute;ltima d&eacute;cada, casi 22 millones de personas se han visto desplazadas por fen&oacute;menos relacionados con el clima. Sin embargo, perm&iacute;tanme cierta suspicacia, el concepto de refugiados clim&aacute;ticos suena a un fen&oacute;meno ex&oacute;tico e invisible que puede ser puesto en cuarentena por aquellos pa&iacute;ses que se lo puedan permitir, eso s&iacute;, si las barreras se elevan lo suficiente. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que experimentamos como fen&oacute;menos meteorol&oacute;gicos extravagantes, son menos alarmantes porque se sienten temporales y en &uacute;ltima instancia absorbibles. De momento, las econom&iacute;as urbanas relativamente pr&oacute;speras pueden amortiguar su impacto. Queda lejos, excesivamente lejos, que la disminuci&oacute;n de las precipitaciones en el Sahel haya llevado a los pastores de ganado a una contienda por el suministro de agua con las comunidades pesqueras, lo que ha terminado por desencadenar un conflicto armado que envi&oacute; instant&aacute;neamente a miles de personas a trav&eacute;s de la frontera con Chad y, en &uacute;ltima instancia, cre&oacute; un flujo migratorio hacia el norte, hacia el Mediterr&aacute;neo y sus peligros. M&aacute;s l&aacute;grimas. 
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que debi&eacute;ramos salir conmocionados de nuestra complacencia ante el calentamiento del planeta y los desastres inesperados que le seguir&aacute;n, en lo que dura este hiato de sosiego, nos mantenemos a la espera, situando todos nuestros imaginables a la defensiva.  Este repliegue es el pr&oacute;logo de una discusi&oacute;n donde todo parece ser urgente y sobre lo urgente, pero es que estamos ya en la hora del almuerzo del siglo XXI. No solo hay que darse prisa y afanarse en actuar, sino hacerlo con compromiso y determinaci&oacute;n, sin medias tintas. 
    </p><p class="article-text">
        A la administraci&oacute;n Biden le fue muy dif&iacute;cil explicar la aprobaci&oacute;n, primero, de una hist&oacute;rica ley clim&aacute;tica y, despu&eacute;s, la firma de proyectos de perforaci&oacute;n petrol&iacute;fera adem&aacute;s de la expansi&oacute;n de instalaciones de gas en el Golfo de M&eacute;xico. Del mismo modo, sonroja explicar la decisi&oacute;n del Ejecutivo del primer ministro brit&aacute;nico, Rishi Sunak, de conceder nuevas licencias para las explotaciones de petr&oacute;leo y gas en el Mar del Norte, al tiempo que se intenta justificar o no la idoneidad de su presencia en la pr&oacute;xima cumbre clim&aacute;tica. El reto es may&uacute;sculo y el cr&eacute;dito de las Naciones Unidas, as&iacute; como el de buena parte de las democracias mundiales depender&aacute; estrechamente del triunfo o la decepci&oacute;n que resulte de la acci&oacute;n clim&aacute;tica global. 
    </p><p class="article-text">
        Por el momento, los cactus end&eacute;micos del desierto de Sonora, aunque asfixiados por el calor a&uacute;n no han bajado los brazos. Y es que, probablemente, de todos nuestros sentimientos el &uacute;nico que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendi&eacute;ndose. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pau Olmo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/mundo-deprisa-deprisa_1_10594714.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Oct 2023 20:26:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El mundo: 'deprisa, deprisa']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Emergencia climática,Arquitectura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“The Architect”: el futuro que habitamos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/the-architect-futuro-habitamos_1_10442268.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a9a92116-bdb3-402f-a816-8c327664f0fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“The Architect”: el futuro que habitamos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los 76 minutos de la serie de Kerren Lumer-Klabbers ofrecen algunas pinceladas en clave distópica del conflicto habitacional</p><p class="subtitle">Al rescate de los ascensores centenarios de Barcelona: “Nos explican la historia de nuestra ciudad” </p></div><p class="article-text">
        El futuro es siempre conjetura, persiste en deseos, intenciones, miedos y formas de imaginarlo. Cada &eacute;poca se distingue por eso: por los modos en los que concibe su futuro. La vivienda y los modos de vivir siempre fueron un indicador decisivo del estado de una sociedad al que la gobernanza nunca termin&oacute; por atener demasiado. Sin embargo, el futuro no existe en el futuro, insiste en el presente. Si bien es cierto que el modo en que pensamos el futuro nos define d&iacute;a tras d&iacute;a, la historia ha certificado que aquellas comunidades que ingenian futuros deseables terminan por anhelarlos y las que no se pueden permitir tal ingenio, entonces, se sobrecogen. De eso trata <em>Arkitekten, </em>la miniserie de la danesa Kerren Lumer-Klabbers, premiada como Mejor serie del &uacute;ltimo <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/dictado-chispa-vida-festival-berlin_1_5570495.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Festival de Berl&iacute;n</a> y que ha sido estrenada en Espa&ntilde;a por Filmin. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Arkitekten </em>o<em> The Architect</em> no es solo una serie sobre un Oslo de alquileres imposibles e hipotecas prohibitivas donde germina la especulaci&oacute;n en forma de concursos p&uacute;blicos. Tampoco es solo una serie sobre la obligaci&oacute;n de no obviar la precariedad, esta vez encarnada en Julie (Eili Harboe), una arquitecta que trabaja como becaria para un gran estudio de arquitectura, a la que le pagan un sueldo que no le da casi ni para costearse un techo. Y digo <em>casi</em> porque a Julie le acaban de subir el alquiler; su banco le ha denegado en repetidas ocasiones un pr&eacute;stamo hipotecario y el acceso a una vivienda digna se le antoja inabordable. 
    </p><p class="article-text">
        Con todo, <em>The Architect</em> tampoco va de la soluci&oacute;n a la que ella, como mucha otra gente que vive en la intranquilidad y la zozobra haciendo equilibrios para sortear la pobreza, se ve abocada: la de vivir &mdash;previo pago a usurero&mdash; bajo tierra, en un <em>parking, </em>al abrigo de dos cortinas y cercada por unas rayas de pintura blanca. Es, sobre todo, una serie que nos presenta un futuro que ya est&aacute; aqu&iacute; y nos enfrenta a uno de los principales problemas de la arquitectura, aquel con el que ha lidiado permanentemente, pero que en el paisaje de la escena contempor&aacute;nea ha alcanzado otra escala: la culpa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="En la serie, la protagonista no puede pagar el alquiler de un piso y encuentra una salida habitacional en los aparcamientos vacíos"
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                En la serie, la protagonista no puede pagar el alquiler de un piso y encuentra una salida habitacional en los aparcamientos vacíos                            </span>
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        En la arquitectura contempor&aacute;nea, la culpa surge porque es sabido que vivimos en un sistema que genera asimetr&iacute;as, fomenta la desigualdad y supone una amenaza existencial para nuestra propia supervivencia. A la vez que se tiene una conciencia de que la arquitectura es una herramienta fundamental de ese engranaje &mdash;en la medida en que al darle valor al suelo pone en marcha un aumento de plusval&iacute;as&mdash;, se conoce que es una de las principales razones de la amenaza clim&aacute;tica (es irrebatible que la industria de la construcci&oacute;n tiene efectos m&uacute;ltiples y masivos en cuanto a la contaminaci&oacute;n del planeta). Para sobrellevar esa culpa, la arquitectura la desplaza hac&iacute;a acciones que aparentemente vienen a resolver problemas pero que, en el mejor de los casos, dejan las cosas tal y como est&aacute;n y, en el peor, incluso los agravan, pues nos hacen creer que los problemas se resolv&iacute;an tan solo con creatividad y dise&ntilde;o, lo que impide enfrentarlos en su complejidad real desde las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. 
    </p><p class="article-text">
        <em>The Architect</em> habla de todo ello a trav&eacute;s de los nuevos paradigmas de la vivienda social: los ejemplos de c&oacute;mo hacer mucho con muy poco. A priori suena bien si no fuese por las m&uacute;ltiples demostraciones de manique&iacute;smo y su predisposici&oacute;n a ofrecer respuestas parciales que, si bien permiten hacernos creer que la arquitectura es consciente de los problemas del mundo, solo logran acrecentar la brecha que existe entre el mundo de la arquitectura y la arquitectura del mundo. 
    </p><p class="article-text">
        En la serie, ante la posibilidad de progresar econ&oacute;micamente y escapar de su plaza de garaje, la protagonista se enrola en un concurso p&uacute;blico en el que se plantea la construcci&oacute;n de 1.000 viviendas de nueva planta en el centro de Oslo: una barbaridad por la que el ganador obtendr&aacute; una bonificaci&oacute;n de 800.000 coronas. Ante tal disyuntiva, Julie abrazar&aacute; esa picaresca que especula sobre las posibilidades de lo existente: aquella capaz de convertir las peores tribulaciones en un contexto de negocio y oportunidad. Es decir, de prosperidad para unos pocos. Su idea no ser&aacute; otra que dotar al aparcamiento en el que vive de unas condiciones de salubridad m&iacute;nimas para acomodar en &eacute;l contenedores (bunkers), ya que carecen de ventanas (porque el vidrio est&aacute; car&iacute;simo). Otro ejercicio <em>low-tech</em> a los que ya, mal que nos pese, estamos tan acostumbrados. Proyectos que, si les da por atender a la actualidad de las revistas de arquitectura, se siguen celebrando como una imagen de proeza arquitect&oacute;nica pero, lejos de aliviar la culpa y sentir que se hace algo, no constituyen m&aacute;s que una estrategia econ&oacute;micamente factible. 
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                El estudio de arquitectura presenta su proyecto de infraviviendas a los clientes mediante VR                            </span>
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        <em>The Architect</em> nos retrata entonces al arquitecto contempor&aacute;neo como un home&oacute;pata ahogado en su propia precariedad; alguien que, a sabiendas y para poder escapar de ella, propone un remedio que no cura ninguna enfermedad y que, al no hacerlo, termina agrav&aacute;ndola. Alguien que colabora en la expansi&oacute;n y validaci&oacute;n cultural de la idea de que la carencia de recursos no es un problema. Alguien que transforma su conciencia social en instinto de supervivencia, en la ansiedad por el aqu&iacute; y el ahora, anulando la voluntad pol&iacute;tica y colaborando para que todo siga igual, sin alternaciones. En otras palabras, alguien que, ante la imposibilidad de resolver el problema social real &mdash;muy complejo como para ser enfrentado solo desde la arquitectura&mdash;, establece un peaje que conduce a una resoluci&oacute;n insatisfactoria de los problemas transformando la pobreza en una est&eacute;tica deseable. 
    </p><p class="article-text">
        A Julie, &ldquo;<em>the architect&rdquo;,</em> la culpa la consume; y no es otra culpa que esa culpa agria que se mezcla con la rabia; una rabia &mdash;y una culpa&mdash; que surge cuando uno se doblega, servicial, ante los requerimientos del capital; cuando uno se despoja de la idea de que todos somos parte de lo mismo; cuando te olvidas de los tuyos; de d&oacute;nde vienes y por qu&eacute; quer&iacute;as ir donde quisieras ir. En definitiva, la culpa que viene cuando relegamos nuestra humanidad y dejamos de ser solidarios.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; Julie, cuando a&uacute;n era alumna en la Escuela de Arquitectura, hubo un momento en que le pareci&oacute; que la historia ser&iacute;a otra: otra lejos de la culpa, de la ansiedad, de la precariedad. Por eso, la serie comparece como augurio de un futuro no demasiado lejano, porque aunque la esperanza sobreviva de formas sibilinas, si el futuro no es un espejismo de ilusi&oacute;n es amenaza y as&iacute; lo percibimos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pau Olmo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/the-architect-futuro-habitamos_1_10442268.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Aug 2023 20:41:33 +0000]]></pubDate>
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