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    <title><![CDATA[elDiario.es - Mariano Torcal]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/mariano-torcal/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Mariano Torcal]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Polarizar negando al otro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/polarizar-negando_132_10881247.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3254b9d3-366d-4a0d-ad3a-2f3cb5f405c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Polarizar negando al otro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aunque los niveles de polarización son significativos, parecen haber alcanzado un límite que el ciudadano español medio no está dispuesto a superar. Los réditos electorales de la polarización parecen ya cada vez más amortizados</p></div><p class="article-text">
        La polarizaci&oacute;n afectiva, un fen&oacute;meno que supone la identificaci&oacute;n con un grupo partidista y el rechazo a los seguidores de otros partidos, ha cobrado relevancia en el contexto pol&iacute;tico actual. Este inter&eacute;s se ha intensificado debido a la creciente crispaci&oacute;n entre l&iacute;deres pol&iacute;ticos y su potencial impacto en los ciudadanos. Sin embargo, es conveniente analizar cr&iacute;ticamente dos argumentos respecto de este asunto que, aunque frecuentemente esgrimidos, carecen de una s&oacute;lida base emp&iacute;rica y te&oacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        El primer argumento sugiere que la crispaci&oacute;n entre l&iacute;deres pol&iacute;ticos se est&aacute; extendiendo cada vez m&aacute;s a la ciudadan&iacute;a. Aunque es cierto que las manifestaciones p&uacute;blicas de seguidores de ciertos partidos pueden ser m&aacute;s visibles (como por ejemplo las manifestaciones en la calle Ferraz de Madrid), esto no necesariamente implica un aumento real de la polarizaci&oacute;n en el ciudadano medio. 
    </p><p class="article-text">
        En un estudio reciente con datos que he recopilado en momentos clave de 2023 (junio, julio y diciembre), se observa un claro estancamiento de la polarizaci&oacute;n afectiva en Espa&ntilde;a, manteni&eacute;ndose notablemente estables, entre los valores 5,6 y 5,8 desde octubre de 2021. Estos datos sugieren que, aunque los niveles de polarizaci&oacute;n son significativos, parecen haber alcanzado un l&iacute;mite que el ciudadano espa&ntilde;ol medio no est&aacute; dispuesto a superar. As&iacute;, los efectos de la polarizaci&oacute;n en el comportamiento electoral podr&iacute;an estar sobredimensionados. 
    </p><p class="article-text">
        Los r&eacute;ditos electorales de la polarizaci&oacute;n parecen ya cada vez m&aacute;s amortizados, obviando la importancia electoral de los votantes moderados m&aacute;s interesados en pol&iacute;ticas y resultados concretos, quienes, por cierto, podr&iacute;an optar por abandonar el espacio electoral ante tanta crispaci&oacute;n. Los partidos pol&iacute;ticos deber&iacute;an considerar este hecho y adaptar sus estrategias.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Gráfico 1. Polarización afectiva en España                            </span>
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        El segundo argumento sugiere que la acusaci&oacute;n mutua entre partidos y l&iacute;deres pol&iacute;ticos contribuye a este proceso de polarizaci&oacute;n construyendo diferentes &ldquo;muros&rdquo; ideol&oacute;gicos. Si bien es cierto que todos los actores pol&iacute;ticos tienen una parte de responsabilidad en este fen&oacute;meno, es crucial reconocer que la naturaleza de la polarizaci&oacute;n promovida por los distintos discursos no es homog&eacute;nea. Chantal Mouffe, en sus diversos escritos, distingue entre dos tipos de discursos polarizadores: los discursos ag&oacute;nicos y los antag&oacute;nicos. De este modo se podr&iacute;a hablar de una polarizaci&oacute;n afectiva ag&oacute;nica y antag&oacute;nica tal y como ha hecho recientemente la investigadora Manon Westphal de la Universidad de M&uuml;nster.
    </p><p class="article-text">
        La polarizaci&oacute;n afectiva ag&oacute;nica se caracteriza por no percibir al oponente como un enemigo a destruir, sino m&aacute;s bien como un rival pol&iacute;tico. En este tipo de relaci&oacute;n, las ideas del oponente se combaten, pero se reconoce su derecho a defenderlas dentro del marco del juego pol&iacute;tico. Por otro lado, la polarizaci&oacute;n afectiva antag&oacute;nica implica una visi&oacute;n m&aacute;s extrema del otro, consider&aacute;ndolo un enemigo y negando su legitimidad como actor en el &aacute;mbito pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Esta distinci&oacute;n es fundamental, ya que se basa en la intensidad de las visiones negativas del otro involucradas en las relaciones entre oponentes pol&iacute;ticos. En el caso de la polarizaci&oacute;n afectiva ag&oacute;nica, la visi&oacute;n negativa del otro se limita por el reconocimiento del oponente como un jugador leg&iacute;timo en la pol&iacute;tica. Estas visiones negativas pueden variar en intensidad, pero no alcanzan un nivel que comprometa la voluntad de reconocer el derecho del otro a defender sus ideas en el proceso pol&iacute;tico. En contraste, la polarizaci&oacute;n afectiva antag&oacute;nica presenta una visi&oacute;n negativa intensa del otro, rechazando la legitimidad de su participaci&oacute;n en el juego pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Es crucial diferenciar entre albergar visiones negativas del oponente pol&iacute;tico, ya sean moderadas o fuertes, y traducir estas visiones en acciones concretas. Aunque es posible sentir rechazo hacia el otro sin que esto se manifieste en comportamientos espec&iacute;ficos, la polarizaci&oacute;n afectiva se convierte en un tema de preocupaci&oacute;n cuando influye en c&oacute;mo los actores pol&iacute;ticos interact&uacute;an con sus oponentes y afecta la disposici&oacute;n de las personas a tolerar ciertos comportamientos pol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        La polarizaci&oacute;n afectiva es relevante en la pol&iacute;tica porque a menudo conlleva consecuencias para las interacciones entre actores pol&iacute;ticos y la disposici&oacute;n de las personas a apoyar o tolerar ciertas formas de comportamiento pol&iacute;tico por parte de otros, incluyendo a sus representantes pol&iacute;ticos. En este sentido es incluso deseable en un sistema democr&aacute;tico que se ofrezca a los ciudadanos una pluralidad de principios e intereses que deben obtener representaci&oacute;n en las instituciones. Eso incluye representar y dar voz a los sectores de una sociedad tan plural como la que hoy existe (y ha existido) en Espa&ntilde;a. Sin embargo, negar la legitimidad democr&aacute;tica de un gobierno elegido por representantes pol&iacute;ticos que han recibido cientos de miles de votos, pedir la prisi&oacute;n del Presidente salido de una mayor&iacute;a parlamentaria e incluso plantear la posibilidad de declarar ilegales a partidos por no compartir una determinada visi&oacute;n de Espa&ntilde;a se aproxima claramente a discursos polarizadores antag&oacute;nicos que, como discute la te&oacute;rica pol&iacute;tica Chantal Mouffe, suponen una antesala para propiciar enfrentamientos y acciones que suponen un gran peligro para la convivencia democr&aacute;tica de los ciudadanos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariano Torcal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/polarizar-negando_132_10881247.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Feb 2024 05:01:40 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La hostilidad entre partidarios destruye los cimientos de la convivencia democrática y la sociedad civil]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/hostilidad-partidarios-convivencia-democratica_132_11498655.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Pese a que la polarizaci&oacute;n afectiva est&aacute; en boca de todos, nadie ha demostrado realmente que tenga un efecto negativo, al menos en Espa&ntilde;a. Esto ha generado un debate frecuentemente poco informado y carente de rigor entre acad&eacute;micos y expertos, resultando en una considerable discrepancia respecto a los efectos de esta polarizaci&oacute;n. Algunas opiniones argumentan que, lejos de ser perjudicial, la polarizaci&oacute;n constituye un elemento fundamental e incluso necesario para el dinamismo de la competencia pol&iacute;tica. Sin embargo, esta visi&oacute;n no solo carece de respaldo emp&iacute;rico, sino que tambi&eacute;n adolece de la profundidad conceptual y te&oacute;rica necesaria, pasando por alto la esencia de la polarizaci&oacute;n afectiva y sus potenciales impactos diferenciados.
    </p><p class="article-text">
        Esta forma de polarizaci&oacute;n, que opera en el &aacute;mbito de las identidades y los sentimientos que estas generan, no es comparable con la l&oacute;gica y consecuencias de una polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica. La polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica est&aacute; directamente relacionada con las posturas sobre los grandes temas de conflicto en la sociedad espa&ntilde;ola y las propuestas partidistas para abordarlos. Como ya he demostrado en otro <a href="https://www.cambridge.org/core/journals/european-political-science-review/article/ideological-extremism-perceived-party-system-polarization-and-support-for-democracy/D248B8254D93BE2D6632133D79E2CB3B" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a>, la polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica favorece algunos aspectos de la competici&oacute;n partidista, beneficiando el apoyo a los principios de la democracia liberal, siempre que se mantenga dentro de unos l&iacute;mites a partir de los cuales el efecto empieza a ser negativo.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la polarizaci&oacute;n afectiva carece de cualquier atisbo positivo para la democracia, ya que es resultado fundamentalmente de una crispaci&oacute;n en la que se niega la legitimidad de los otros e incluso se permite la constante descalificaci&oacute;n y desnaturalizaci&oacute;n del enemigo pol&iacute;tico. Esto es as&iacute;, al menos, en lo que respecta a sus consecuencias en las actitudes de los ciudadanos que la albergan. No hay que olvidar que dicha polarizaci&oacute;n se basa fundamentalmente en la hostilidad que se desarrolla hacia los otros partidos y sus partidarios, siendo esta, como ha demostrado la profesora Alexa <a href="https://books.google.es/books?hl=en&amp;lr=&amp;id=ttfbEAAAQBAJ&amp;oi=fnd&amp;pg=PR9&amp;dq=bankert+negative+partisanship+2024&amp;ots=8NGNRVMjzT&amp;sig=UIfQw_ce_9gb72lur9QWHugXIho#v=onepage&amp;q=bankert%20negative%20partisanship%202024&amp;f=false" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bankert</a> &nbsp;en su reciente libro, la causante de actitudes negativas para la convivencia democr&aacute;tica. Esto no es una cuesti&oacute;n balad&iacute; cuando hablamos de ganadores y perdedores en las elecciones, momento culminante en el que dicha polarizaci&oacute;n se agudiza.
    </p><p class="article-text">
        En todas las democracias hay ganadores y perdedores como resultado de los procesos electorales, pero como se ha discutido desde el cl&aacute;sico de <a href="https://books.google.es/books?hl=en&amp;lr=&amp;id=qMcSDAAAQBAJ&amp;oi=fnd&amp;pg=PR7&amp;dq=Anderson+et+al+2005+winner+and+losers&amp;ots=r-QxBuM7c7&amp;sig=fHYFal3PcCkvjxRoit7s-jFngQk#v=onepage&amp;q=Anderson%20et%20al%202005%20winner%20and%20losers&amp;f=false" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Anderson y colegas</a>, para la democracia es esencial el consentimiento de los perdedores. Si este consentimiento es bajo, puede propiciarse el aumento desmesurado del &ldquo;agujero de ganadores y perdedores&rdquo; (<em>winners and losers gap</em>) que se observa en la distancia entre ambos en actitudes como la satisfacci&oacute;n con el funcionamiento de la democracia, la confianza en el parlamento o la justicia, y otras actitudes b&aacute;sicas que constituyen el esqueleto actitudinal detr&aacute;s del comportamiento democr&aacute;tico de los ciudadanos. Si el consentimiento del perdedor se deteriora mucho, tenemos un problema de legitimidad que puede alterar el equilibrio democr&aacute;tico, ya que perder se convierte en un acicate en favor de actitudes y comportamientos contrarios a la democracia liberal. Pero como se ha discutido recientemente, el efecto negativo no solo afecta a los perdedores. En determinadas situaciones, los ganadores ven en su victoria una posibilidad de alterar el juego democr&aacute;tico para imponer sus preferencias y pol&iacute;ticas, aunque sea en detrimento de los principios de la democracia liberal. En suma, los ganadores dejan de &ldquo;contenerse&rdquo; desde el poder e inician y fomentan un deterioro democr&aacute;tico en favor de sus intereses partidistas. Esto es visible en casos de los ciudadanos que han apoyado y apoyan a l&iacute;deres como Bolsonaro en Brasil, Orb&aacute;n en Hungr&iacute;a o el mismo Trump en los Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;qu&eacute; cabe esperar si la hostilidad entre los ciudadanos aumenta como consecuencia de la competencia y la crispaci&oacute;n, como ocurri&oacute; en las pasadas elecciones de julio de 2023? Los datos recogidos en la encuesta postelectoral dentro del marco del proyecto <em>Comparative National Election Project</em> (CNEP) permiten indagar en mayor medida en este aspecto. Los resultados del an&aacute;lisis muestran un efecto inesperadamente negativo tanto entre ganadores (PSOE) como perdedores (el resto), lo cual es realmente preocupante y descarta cualquier posibilidad respecto a los supuestos beneficios de la actual crispaci&oacute;n. Con estos datos he estimado un modelo del efecto de ganar y perder seg&uacute;n el grado de hostilidad, controlado por aspectos b&aacute;sicos como edad, h&aacute;bitat, g&eacute;nero, educaci&oacute;n, inter&eacute;s en la pol&iacute;tica e incluso extremismo ideol&oacute;gico. Adem&aacute;s, para evitar ciertos problemas respecto de qui&eacute;nes son los perdedores, he separado a los mismos de los partidarios de VOX.
    </p><p class="article-text">
        Los gr&aacute;ficos 1, 2 y 3 que vienen a continuaci&oacute;n muestran los resultados de los valores medios esperados con actitudes como la satisfacci&oacute;n con la democracia, confianza en el parlamento y en la justicia. Todos ellos confirman el mismo patr&oacute;n en cuanto al efecto de la hostilidad hacia &ldquo;los otros&rdquo; tanto entre ganadores como entre perdedores:
    </p><p class="article-text">
        1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Da igual ser ganador o perdedor, la hostilidad propicia de igual manera un descenso significativo de estas actitudes; es decir, todos tienen menos satisfacci&oacute;n con la democracia y conf&iacute;an menos en el Parlamento y en la justicia.
    </p><p class="article-text">
        2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Adem&aacute;s, ese descenso en los dos grupos de partidarios es paralelo (en el caso de satisfacci&oacute;n con la democracia, hay unos pocos casos entre los perdedores que desvirt&uacute;an esa visualizaci&oacute;n, pero el efecto es claramente similar). Tanto es as&iacute; que ese patr&oacute;n negativo que se da tanto en ganadores como en perdedores (e incluso entre los seguidores de Vox) se hace indistinguible si a&ntilde;adimos al modelo la interacci&oacute;n entre perdedores y polarizaci&oacute;n, o entre partidarios de VOX y polarizaci&oacute;n. En los resultados de esas interacciones, nada sale significativo; en otras palabras, todos ellos se caracterizan por un deterioro notable de estas actitudes en grados muy semejantes.
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                Gráfico 1                            </span>
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                Gráfico 2                            </span>
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            <span class="title">
                Gráfico 3                            </span>
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        Podr&iacute;a argumentarse que lo observado puede ser un efecto temporal que tiende a diluirse una vez pasadas las elecciones, pero no es as&iacute;. Esta misma encuesta forma parte de un panel realizada (a los mismos individuos) en octubre de 2023, en donde se reproducen exactamente las mismas pautas (resultados no mostrados, pero disponibles si se solicitan).
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, parece claro que no puede defenderse en ninguna circunstancia que la hostilidad hacia los otros (parte esencial de la polarizaci&oacute;n afectiva) promovida por la actual crispaci&oacute;n tenga algo de beneficioso para la democracia. Esto se debe a que la polarizaci&oacute;n afectiva depende de los efectos erosivos provocados por discursos negativos hacia los otros l&iacute;deres, partidos y sus partidarios. No es lo mismo una polarizaci&oacute;n que se&ntilde;ale las diferencias respecto a una agenda pol&iacute;tica que hacerlo apelando a identidades b&aacute;sicas y discursos descalificadores que consideran al otro como un enemigo, negando su legitimidad como actor en el &aacute;mbito pol&iacute;tico. Esto &uacute;ltimo deteriora gravemente la opini&oacute;n de los m&aacute;s hostiles hacia los otros respecto a la democracia y sus principios, as&iacute; como su grado de confianza en las instituciones b&aacute;sicas (las de representaci&oacute;n y las que representan el estado de derecho) y el mismo funcionamiento de la democracia.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dejemos, por tanto, de alabar los cuestionables efectos movilizadores de la creciente crispaci&oacute;n (dado adem&aacute;s que su efecto en la poblaci&oacute;n sea cada vez m&aacute;s residual) y pasemos a preocuparnos m&aacute;s sobre los efectos que esta polarizaci&oacute;n puede tener en las actitudes democr&aacute;ticas b&aacute;sicas. Hay incluso algo m&aacute;s preocupante al respecto. Aunque no lo he mostrado, este mismo patr&oacute;n se produce en el efecto sobre la cohesi&oacute;n social: los partidarios m&aacute;s hostiles hacia los &ldquo;otros&rdquo;, sean ganadores, perdedores o partidarios de Vox, desconf&iacute;an m&aacute;s de aquellos que no forman parte de sus c&iacute;rculos sociales conocidos, lo que est&aacute; destruyendo el cemento de la sociedad civil.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariano Torcal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/hostilidad-partidarios-convivencia-democratica_132_11498655.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jul 2024 20:08:21 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La hostilidad entre partidarios destruye los cimientos de la convivencia democrática y la sociedad civil]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El papel de los moderados en las elecciones del odio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/papel-moderados-elecciones-odio_132_10450085.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bb25f310-4f1b-4c31-a310-b9eb8acbd28a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El papel de los moderados en las elecciones del odio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Son los moderados los que decidieron participar en los últimos días de la campaña para apoyar a los partidos de izquierda. Los pactos Vox/PP para la formación de gobiernos regionales y locales pueden haber sido decisivos para movilizar a los moderados</p></div><p class="article-text">
        Un argumento recurrente de las elecciones del 23 de julio y sus inesperados resultados constituye la suposici&oacute;n de que la crispaci&oacute;n que caracteriz&oacute; la reciente campa&ntilde;a propici&oacute; una movilizaci&oacute;n electoral del electorado de izquierda en favor del Partido Socialista y de la coalici&oacute;n Sumar.&nbsp;Si esto es correcto, implicar&iacute;a, por tanto, que los votantes de izquierdas m&aacute;s afines a esos partidos y, por consiguiente, m&aacute;s hostiles a Vox y al Partido Popular optaron por acudir a las urnas con la intenci&oacute;n a &uacute;ltima hora de apoyar a alguno de esos partidos.&nbsp;Por otro lado, esto tambi&eacute;n significar&iacute;a que los sectores m&aacute;s polarizados fueron los causantes del cambio electoral del &uacute;ltimo minuto no previsto por la mayor&iacute;a de las encuestas preelectorales
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, este argumento requiere de una discusi&oacute;n m&aacute;s detallada basada en datos en lugar de apreciaciones impresionistas.&nbsp;Para empezar, y como ya he discutido en mi reciente libro 'De votantes a hooligans', es necesario distinguir entre la polarizaci&oacute;n afectiva, producto de sentimientos individuales a los que colectivamente representan los respectivos partidos y sus integrantes, de la polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica, que es m&aacute;s bien un reflejo de posicionamientos m&aacute;s razonados de cada individuo respeto de los grandes temas de la agenda partidista (aborto, inmigraci&oacute;n, impuestos, etc).&nbsp;Ambos tipos de polarizaci&oacute;n no siempre est&aacute;n relacionados o van en la misma direcci&oacute;n, y desde luego pueden tener consecuencias distintas respecto del comportamiento de los ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Para comprobar esta hip&oacute;tesis cuento con los datos de una encuesta de panel de 1.100 espa&ntilde;oles en edad de votar (los mismos entrevistados analizados dos veces) que se ha llevado a cabo durante la campa&ntilde;a electoral, en una primera etapa, y, en una segunda, una vez finalizado y conocidos los resultados finales.&nbsp;Estos datos muestran que, pese a que puede que haya aumentado la crispaci&oacute;n entre l&iacute;deres y en los medios de comunicaci&oacute;n (algo por demostrar), lo que s&iacute; es cierto es que la polarizaci&oacute;n entre los ciudadanos apenas ha aumentado con respecto a la observada en 2021 (el &uacute;ltimo a&ntilde;o de los que tenemos datos).&nbsp;Adem&aacute;s, el an&aacute;lisis de estos datos nos permite llegar a las siguientes conclusiones respecto al efecto de la polarizaci&oacute;n en las pasadas elecciones generales:
    </p><p class="article-text">
        1.	Con respeto a la participaci&oacute;n electoral: Ni la hostilidad hacia los partidos o partidarios de la derecha ni la afinidad con los partidos de izquierda han propiciado un aumento de la participaci&oacute;n electoral. Y lo mismo pasa a la inversa con los partidarios de los partidos de la derecha. Tampoco la polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica de izquierdas o de derechas ha propiciado un aumento del voto. Cuando se discute sobre este tema, se olvida que, en sociedades polarizadas, como la espa&ntilde;ola, el efecto movilizador de la polarizaci&oacute;n ya est&aacute; descontado en una determinada convocatoria electoral (como he dicho, la alta polarizaci&oacute;n detectada en 2021, apenas ha aumentado).&nbsp;Los polarizados por definici&oacute;n est&aacute;n ya m&aacute;s movilizados y no deciden ir a votar en el &uacute;ltimo momento.&nbsp;Los expertos en participaci&oacute;n pol&iacute;tica conocen desde hace tiempo que la decisi&oacute;n de ir o no a votar depende principalmente de la motivaci&oacute;n individual y no tanto de los c&aacute;lculos instrumentales respecto del coste y beneficio que suponga hacerlo o no.&nbsp;&iquest;Qu&eacute; mayor motivaci&oacute;n que estar polarizado?&nbsp;Los &ldquo;hooligans partidistas&rdquo; van a ir a votar s&iacute; o s&iacute;, incluso aunque s&oacute;lo sea para poder expresar con su voto su hostilidad hacia &ldquo;los otros&rdquo; partidos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        2.	Con respecto al voto: Precisamente los moderados han sido clave para el voto a los partidos de izquierda.&nbsp;Me explico. Como muestran los datos, los ciudadanos que han mostrado en general una mayor propensi&oacute;n a votar al PSOE y especialmente a Sumar se caracterizan por la combinaci&oacute;n de dos caracter&iacute;sticas.&nbsp;Por un lado, son los que presentan menor hostilidad hacia los otros (polarizaci&oacute;n afectiva); pero, por otro, son los que se sit&uacute;an en posiciones m&aacute;s extremas respecto a los grandes temas de la agenda de discusi&oacute;n como derechos de minor&iacute;as, defensa de los programas sociales, lucha contra la violencia de g&eacute;nero, lucha contra el cambio clim&aacute;tico entre otros.&nbsp;Es decir, son m&aacute;s radicales desde el punto de vista ideol&oacute;gico al adoptar posiciones m&aacute;s claras respecto de estos grandes temas.&nbsp;Esto significa que los &ldquo;m&aacute;s razonables&rdquo; (los &ldquo;no hooligans&rdquo;) se dejan llevar m&aacute;s por c&aacute;lculos racionales basados en sus discrepancias respecto de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que los partidos puedan aplicar desde el poder.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, la clave del resultado de las elecciones pasadas est&aacute; en los moderados y el rechazo que les ha generado la visualizaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que un posible gobierno PP/Vox podr&iacute;a haber adoptado.&nbsp;En este sentido, son estos moderados los que decidieron participar en los &uacute;ltimos d&iacute;as de la campa&ntilde;a para dar su apoyo a los partidos de izquierda. Los datos analizados evidencian claramente que los que decidieron su voto el d&iacute;a antes de la elecci&oacute;n son precisamente los m&aacute;s moderados, no los que expresan los niveles m&aacute;s altos de hostilidad hacia los otros o de afinidad con el mismo partido. El nivel de hostilidad media hacia los otros partidos entre los votantes de izquierda que decidieron su voto el d&iacute;a anterior a la votaci&oacute;n o durante la &uacute;ltima semana es significativamente inferior al que muestran aquellos que ten&iacute;an decidido su voto antes de la campa&ntilde;a (por cierto, algo que no ocurre entre los votantes de derecha).&nbsp;En este sentido, los pactos Vox/PP para la formaci&oacute;n de gobiernos regionales y locales pueden que hayan sido decisivos para movilizar a los moderados.
    </p><p class="article-text">
        Puede concluirse, por tanto, que las elecciones se ganan conquistando el voto de los moderados que no expresan grandes dosis de hostilidad hacia los otros partidos, es decir, de aquellos que no ven al otro como enemigo, favoreciendo un espacio mayor para reflexionar sobre aquellas pol&iacute;ticas que la llegada de un determinado partido al gobierno puede propiciar. El hooliganismo no proporciona victorias electorales, s&oacute;lo reafirma a los convencidos. Los partidos deber&iacute;an tener esto en cuenta cuando adoptan estrategias de comunicaci&oacute;n basadas en la crispaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariano Torcal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/papel-moderados-elecciones-odio_132_10450085.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Aug 2023 04:01:13 +0000]]></pubDate>
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