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    <title><![CDATA[elDiario.es - Gil Toll]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Gil Toll]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Primo de Rivera, un dictador contra los periodistas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/primo-rivera-dictador-periodistas_129_10504871.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5567dccf-104f-4378-879f-b158832c1580_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Primo de Rivera, un dictador contra los periodistas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El general recurrió a los sobornos a redactores extranjeros para proyectar una imagen positiva de su régimen en los periódicos internacionales</p></div><p class="article-text">
        El 9 de marzo de 1929 los peri&oacute;dicos de toda Espa&ntilde;a publicaban una &ldquo;nota oficiosa&rdquo; del dictador Miguel Primo de Rivera en la que comentaba, con supuesto azoramiento, la suscripci&oacute;n popular abierta para sufragarle la compra de una casa. Hasta ese momento se llevaban recaudados cuatro millones de pesetas, pero el mismo general advert&iacute;a que algunas personas pod&iacute;an haber entendido que las aportaciones eran obligatorias o forzadas. A pesar de ello, Primo de Rivera explicaba que con el dinero pensaba comprarse una casa porque as&iacute; lo merec&iacute;an sus servicios al pa&iacute;s y para que sus hijos no anduviesen cambiando de apartamento de alquiler como &eacute;l hab&iacute;a debido hacer a lo largo de su vida una docena de veces.
    </p><p class="article-text">
        Eran los compases finales de la dictadura que hab&iacute;a arrancado en 1923 y la p&eacute;rdida de contacto con la realidad del general resultaba evidente. Pero no hab&iacute;a quien lo se&ntilde;alara en las p&aacute;ginas de los peri&oacute;dicos porque estaban sometidas a censura previa y obligadas a publicar las &ldquo;notas oficiosas&rdquo; que Primo de Rivera escrib&iacute;a de su pu&ntilde;o y letra con unas frases largas e ininteligibles, llenas de expresiones pedantes con las que pretend&iacute;a impresionar a los lectores.
    </p><p class="article-text">
        Los textos de Primo fueron objeto de mofa por parte de la opini&oacute;n m&aacute;s ilustrada, seg&uacute;n Dionisio P&eacute;rez, escritor y periodista de la &eacute;poca. La ausencia de ideas claras mostraba la endeblez del pensamiento del dictador espa&ntilde;ol, que quedaba a gran distancia del italiano Benito Mussolini, con quien se quer&iacute;a comparar. La pulsi&oacute;n escritora de Primo se asentaba sobre una vocaci&oacute;n period&iacute;stica frustrada en varios intentos editoriales fracasados en a&ntilde;os anteriores que llevaban su firma, seg&uacute;n P&eacute;rez. Por estos fracasos el militar habr&iacute;a acumulado un resentimiento con la profesi&oacute;n que le llev&oacute; a tratarla con dureza cuando tuvo la oportunidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Claro que los periodistas m&aacute;s decentes no aceptaban la situaci&oacute;n obsequiando al l&iacute;der con una actitud sumisa. M&aacute;s bien al contrario, como lo cont&oacute; Celedonio de la Iglesia, el jefe de la censura, a&ntilde;os despu&eacute;s, en un sorprendente libro de memorias. All&iacute; explicaba c&oacute;mo cada d&iacute;a los redactores de los peri&oacute;dicos m&aacute;s combativos, encabezados por <em>La</em> <em>Libertad</em> y <em>Heraldo de Madrid</em>, buscaban nuevas v&iacute;as para contar a los lectores las noticias que el r&eacute;gimen prefer&iacute;a ocultar.
    </p><p class="article-text">
        El caso m&aacute;s c&eacute;lebre tuvo como protagonista a la Caoba, la artista flamenca amante del mujeriego general. La bailaora y su entorno estaban relacionados con los bajos fondos, lo que acab&oacute; llevando a las manos de la ley a una de sus hermanas por tr&aacute;fico de drogas, coca&iacute;na por m&aacute;s se&ntilde;as. El juez la iba a procesar, pero la mano de Miguel Primo de Rivera le movi&oacute; la silla con fuerza suficiente para hacerle desistir de sus intenciones. La historia lleg&oacute; a la Redacci&oacute;n de <em>Heraldo de Madrid</em>, que public&oacute; los hechos, pero cambiando el pa&iacute;s y los nombres de los protagonistas. En el texto publicado Espa&ntilde;a se convert&iacute;a en Bulgaria y Primo en el dictador Aleksander Zankof. Los lectores m&aacute;s avezados captaron la clave y la transmitieron al resto del p&uacute;blico de manera que a las pocas horas todo Madrid re&iacute;a con la jugosa historia. El pol&iacute;tico Rodrigo Soriano lo denunci&oacute; p&uacute;blicamente en el Ateneo de Madrid y acab&oacute; desterrado en Fuerteventura junto a Miguel de Unamuno, el gran cr&iacute;tico de la dictadura.
    </p><p class="article-text">
        Unamuno termin&oacute; en Par&iacute;s como figura principal del exilio, compuesto por intelectuales, pol&iacute;ticos progresistas y militantes anarquistas. La dictadura ten&iacute;a especial inter&eacute;s en ahogar la voz de los exiliados y presionaba a las autoridades francesas para conseguir que se limitaran sus publicaciones y su acceso a la prensa parisina. Una muestra de esta fijaci&oacute;n fue la censura de uno de los art&iacute;culos que Manuel Chaves Nogales escribi&oacute; sobre su 'Vuelta a Europa en avi&oacute;n' para <em>Heraldo de Madrid</em>. En la segunda entrega se describe el accidente que padeci&oacute; en B&eacute;ziers, en el Sur de Francia, la avioneta que transportaba al periodista. La versi&oacute;n aparecida en el diario termina explicando el aterrizaje forzoso, mientras que la incluida en el libro posterior a&ntilde;ad&iacute;a que el periodista recibi&oacute; la ayuda de un grupo de espa&ntilde;oles exiliados. La profesora Mar&iacute;a Isabel Cintas detect&oacute; el caso al comparar ambos textos y explica que la dictadura no censuraba los libros de m&aacute;s de doscientas p&aacute;ginas porque los consideraba fuera del alcance econ&oacute;mico e intelectual de los obreros.
    </p><p class="article-text">
        Primo de Rivera s&iacute; cont&oacute; con el apoyo de la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica y su peri&oacute;dico La Naci&oacute;n, a los que se a&ntilde;adieron otros editores beneficiados por la situaci&oacute;n. Fue el caso del diario <em>La Vanguardia</em> de Barcelona, que durante la dictadura goz&oacute; de un gran crecimiento de lectores acaudalados satisfechos con la mano dura aplicada a los revoltosos anarquistas. El d&iacute;a posterior al golpe de estado, <em>La Vanguardia</em> titul&oacute; 'Tentativa de regeneraci&oacute;n nacional', mientras que el diario popular barcelon&eacute;s <em>El Diluvio</em> sentenciaba 'Golpe de Estado militar'. Muestra de primera mano de esa proximidad es una carta bronca del propio Conde de God&oacute; dirigida a uno de sus periodistas, Santiago Vinardell, con motivo de un art&iacute;culo cr&iacute;tico que public&oacute; al morir el dictador, ya en 1930.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a el editor Ram&oacute;n God&oacute; en la carta revelada por el bi&oacute;grafo de Vinardell, Pere Ti&oacute;: &ldquo;Vino el General Primo de Rivera y concluye con el fantasma de Marruecos. El problema sindicalista de aqu&iacute; es amordazado. Las huelgas terminan. Las carreteras mejoran. Y lleva su lealtad hasta un punto tan elevado que reconoce sus errores, cuando ning&uacute;n pol&iacute;tico profesional lo ha hecho. Crea la censura para la prensa y yo le aplaudo por razones que no son para dichas ahora&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Vinardell hab&iacute;a osado afirmar que el pa&iacute;s se hallaba sometido al dictador como si fuera un pueblo colonizado. Todo ello sin mencionar siquiera el nombre del general, lo que no se escapaba de los entrenados lectores de peri&oacute;dicos de la &eacute;poca, capaces de cazar las m&aacute;s disimuladas cr&iacute;ticas. El editor permiti&oacute; al periodista residente en Madrid que continuara publicando textos. Eso s&iacute;, deb&iacute;an limitarse a cuestiones culturales y costumbristas, sin entrar nunca m&aacute;s en el terreno pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La obsesi&oacute;n de Primo de Rivera por controlar el mensaje period&iacute;stico la recoge su &uacute;ltimo bi&oacute;grafo, Alejandro Quiroga, en el libro que public&oacute; hace unos meses. All&iacute; se documenta c&oacute;mo el dictador recurri&oacute; a los sobornos a periodistas extranjeros para proyectar una imagen positiva de su r&eacute;gimen en los peri&oacute;dicos internacionales. Para ello lleg&oacute; a constituir una agencia period&iacute;stica, llamada Plus Ultra, que distribu&iacute;a materiales producidos por plumas amigas y tambi&eacute;n el dinero que llegaba a las manos de los escogidos. Un redactor del diario <em>Le Temps</em>, Pierre Dehillot, era el m&aacute;s preciado contacto por el espacio que ten&iacute;a en el peri&oacute;dico y tambi&eacute;n por sus relaciones profesionales. A Dehillot se confiaba la distribuci&oacute;n de buena parte de las 45.000 pesetas trimestrales que se invert&iacute;an en Francia, seg&uacute;n document&oacute; la historiadora Rosa Cal. Sin embargo, la relaci&oacute;n con el periodista franc&eacute;s acab&oacute; mal, pues en 1929 public&oacute; un art&iacute;culo en el que denunciaba la violencia y la represi&oacute;n con que la dictadura impon&iacute;a sus pol&iacute;ticas a una poblaci&oacute;n crecientemente hostil. El giro del periodista fue interpretado como una traici&oacute;n en el peor momento, cuando el r&eacute;gimen abr&iacute;a las exposiciones internacionales de Barcelona y Sevilla para dar a conocer al mundo sus bondades.
    </p><p class="article-text">
        Tras la ca&iacute;da del dictador, la Prensa aceler&oacute; en sus denuncias y peticiones de cambio pol&iacute;tico, apuntando en la mayor&iacute;a de los casos a favor de la Rep&uacute;blica, que llegar&iacute;a en 1931. Primo gobern&oacute; contra los periodistas, pero no pudo con ellos ni con las ansias democr&aacute;ticas de una poblaci&oacute;n sometida a una grotesca dictadura militar, la primera del siglo XX en Espa&ntilde;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gil Toll]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/primo-rivera-dictador-periodistas_129_10504871.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Sep 2023 21:01:38 +0000]]></pubDate>
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