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    <title><![CDATA[elDiario.es - Coradino Vega]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/coradino-vega/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Coradino Vega]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Individualismo o rebeldía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/individualismo-rebeldia_129_12682497.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b7df141-6219-4923-a183-ae8148b52321_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Individualismo o rebeldía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Gritan “menos estadios, más hospitales”, en un país que ha relanzado su economía desde que subió al trono Mohamed VI y a la vez aumentado la desigualdad hasta el punto de que, mientras un 10% controla el 63% de la riqueza, el 50% de la población más desfavorecida solo tiene un 5%</p></div><p class="article-text">
        La semana pasada, en la imagen de un peri&oacute;dico, un grupo nutrido de j&oacute;venes alzan sus brazos en Rabat haciendo la se&ntilde;al de victoria. Muchas son mujeres sin velo, con la cabeza descubierta. Tambi&eacute;n han salido a las calles de Casablanca y T&aacute;nger, en la mayor revuelta marroqu&iacute; desde la Primavera &Aacute;rabe de 2011. Se han organizado a trav&eacute;s de las redes sociales y una aplicaci&oacute;n de videojuegos, y exigen mejoras en la sanidad, la educaci&oacute;n y el empleo. La represi&oacute;n policial no ha sido escrupulosa con la violencia. Gritan &ldquo;menos estadios, m&aacute;s hospitales&rdquo;, en un pa&iacute;s que ha relanzado su econom&iacute;a desde que subi&oacute; al trono Mohamed VI y a la vez aumentado la desigualdad hasta el punto de que, mientras un 10% controla el 63% de la riqueza, el 50% de la poblaci&oacute;n m&aacute;s desfavorecida solo tiene un 5%. Dirigen su c&oacute;lera contra un gobierno corrupto, amparado por el rey, que desoye las protestas por el nepotismo, los conflictos de intereses y las pr&aacute;cticas fraudulentas que se dan entre los negocios privados y la administraci&oacute;n p&uacute;blica. Junto a los familiares que se han unido a ellos, piden escuelas y hospitales de calidad frente a las cl&iacute;nicas de lujo y universidades de &eacute;lite que comienzan a verse en Marruecos. A las afueras de Casablanca se est&aacute; construyendo el mayor campo de f&uacute;tbol del planeta, para disputarles al Bernab&eacute;u y el Camp Nou la final del Mundial de 2030. Y han sido ellos, la generaci&oacute;n Z o posmilenial, quienes han tomado la iniciativa de denunciarlo.
    </p><p class="article-text">
        Unas p&aacute;ginas m&aacute;s adelante, el mismo d&iacute;a en el mismo peri&oacute;dico, un reportaje con estad&iacute;sticas nos informa de c&oacute;mo ha calado en Espa&ntilde;a el furor antiimpuestos y la tolerancia ante el fraude fiscal entre los hombres j&oacute;venes. El 39,6% no cree en el sistema. Casi cuatro de cada diez varones entre 18 y 24 a&ntilde;os est&aacute;n de acuerdo con que &ldquo;si no se pagara ning&uacute;n impuesto todos vivir&iacute;amos mejor&rdquo;. El contraste es notorio, pero quiz&aacute;s convendr&iacute;a dejar de subrayarse la importancia que tiene este segmento demogr&aacute;fico en la propagaci&oacute;n de los discursos antipol&iacute;ticos y el fulgurante ascenso de la ultraderecha. Ya sabemos lo que dicen las encuestas, su reacci&oacute;n ante la inmigraci&oacute;n y el feminismo; el problema est&aacute; detectado; sin embargo, seguir culpabiliz&aacute;ndolos desde cierta superioridad intelectual solo contribuye a agrandar su herida. Y tampoco cabe la condescendencia. Entre otras cosas, porque su responsabilidad es relativa. Con el horizonte m&aacute;s nublado que las generaciones precedentes, con las mayores dificultades de acceso a la vivienda y el mercado laboral en d&eacute;cadas y el agravamiento dram&aacute;tico de su salud mental, solo han extremado la receta nihilista que ya estaba incub&aacute;ndose en el individualismo de sus padres. Vivimos en la sociedad de la desconfianza de la que habla en su &uacute;ltimo libro Victoria Camps: &ldquo;El problema que hoy tenemos con la libertad es que ha conformado un tipo de sujeto insensible hacia las necesidades ajenas, que va a lo suyo y no se siente concernido ni comprometido con problemas que no le afectan muy directamente&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Proliferaci&oacute;n de cl&iacute;nicas de cirug&iacute;a est&eacute;tica y locales enfocados al embellecimiento de la apariencia, ostentaci&oacute;n del lujo que no se tiene, preocupaci&oacute;n primitiva por lo de uno mismo, exhibicionismo narcisista, irritabilidad susceptible y agresiva ante la supuesta intromisi&oacute;n en lo propio: tratamientos en la l&iacute;nea de Robert Kennedy Jr. para subir la testosterona, cuya bajada algunos incluso asocian, con involuntario sentido c&oacute;mico, al efecto producido por la emancipaci&oacute;n de la mujer en la psicolog&iacute;a de los varones. Hay un clima generalizado de farsa, de hipocres&iacute;a, de poca autenticidad. Muchos padres, por ejemplo, muestran una atenci&oacute;n muy relativa a los hijos, pues mientras se rasgan las vestiduras si son sancionados en el instituto o quedan excluidos de una selecci&oacute;n deportiva, el resto del tiempo no hablan con ellos, no les dedican tiempo, los abandonan al inframundo de las pantallas: el otro d&iacute;a en el tren, una madre le dijo a su hijo peque&ntilde;o que mirase la vaquita que pod&iacute;a verse por la ventana, y el ni&ntilde;o hizo el gesto de ampliar el zoom de la imagen sobre el cristal, como si fuera una superficie t&aacute;ctil.
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n guarda relaci&oacute;n con la incapacidad cada vez m&aacute;s extendida de aceptar lo que Marina van Zuylen llama &ldquo;una vida suficiente&rdquo;, es decir, que no todos tengamos que ser los mejores en todo. Porque, inmersos en el consumismo y programados por la publicidad y la competitividad, son los padres de los j&oacute;venes ego&iacute;stas y radicales de ahora, la generaci&oacute;n que se hizo adulta en el esp&iacute;ritu c&iacute;nico y neoliberal de los a&ntilde;os noventa, quienes confundieron antes la facultad de ser libres con la satisfacci&oacute;n inmediata de cualquier deseo. A un muchacho le atrae tanto la osad&iacute;a del <em>influencer</em> que fija su domicilio fiscal en Andorra para evitar pagar impuestos porque antes ha visto la misma picaresca en sus mayores, porque ha o&iacute;do en ellos c&oacute;mo se admira al listo que se ahorra o gana algo sin caer en a qui&eacute;n se perjudica, y, porque de manera m&aacute;s sensible que sus progenitores, experimenta en carne propia que los buenos datos econ&oacute;micos no tienen una correlaci&oacute;n con su vida, con la redistribuci&oacute;n de la riqueza ni con la progresiva depauperaci&oacute;n de las clases bajas y medias ante la subida de precios. Ese es el clima donde, como volvi&oacute; a suceder este verano con los incendios, brotan las variantes del &ldquo;solo el pueblo salva al pueblo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y a su vez es un enorme fracaso educativo. Y no solo porque en la escuela y los institutos falte una pedagog&iacute;a fiscal que explique c&oacute;mo el mantenimiento de los servicios asistenciales depende de la contribuci&oacute;n de todos y en especial de quienes m&aacute;s tienen. Es preciso ir m&aacute;s all&aacute;. Hay que encontrar la manera de vincular el concepto de libertad personal con los derechos sociales que deber&iacute;a garantizar un Estado del Bienestar que nuestra generaci&oacute;n Z percibe como algo ajeno. Es un problema pol&iacute;tico de primera magnitud que tenemos que afrontar con inventiva y sin derrotismo previo. Una sociedad que no cuida a sus j&oacute;venes, que no les ofrece un ma&ntilde;ana mejor y los deja sin amparo en medio de la jungla del s&aacute;lvese quien pueda, est&aacute; malbaratando su futuro. Aprendamos de la rebeld&iacute;a de la juventud de Marruecos. Aprendamos de las mujeres andaluzas que el pasado 8 de octubre salieron a decirle basta a otra administraci&oacute;n auton&oacute;mica (no todos los titulares los va a dar Ayuso) que, aprovechando el individualismo y la desafecci&oacute;n social, planifica la sanidad y la ense&ntilde;anza p&uacute;blicas con criterios de eficiencia propios de la empresa privada, escatimando en la contrataci&oacute;n de profesionales, consciente de que el Gobierno central pagar&aacute; el desempleo que as&iacute; origina.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Coradino Vega]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/individualismo-rebeldia_129_12682497.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Oct 2025 21:45:25 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Una emancipación política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/emancipacion-politica_129_10524199.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/614b40ae-1d89-4637-9b69-2ebd51ea2d86_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Presentacion del libro de Alfonso Guerra &#039;La rosa y las espinas&#039;."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A muchos de quienes en su día los apoyamos, nos entristece asistir a la atención selectiva de González y Guerra, que solo saltan para censurar las aspiraciones del líder de su partido de formar un gobierno progresista, y en cambio callan ante las medidas reactivas puestas en marcha por el PP con Vox</p></div><p class="article-text">
        Pertenezco a la franja de edad que vivi&oacute; su primera infancia en la Transici&oacute;n y creci&oacute; junto a la democracia. En las primeras reuniones familiares de las que guardo recuerdo, siempre hab&iacute;a un ni&ntilde;o que imitaba a Manuel Fraga o Santiago Carrillo, tal y como los ve&iacute;amos en la tele. Pero quienes de verdad nos fascinaban por su manera de hablar y aire renovador eran Felipe Gonz&aacute;lez y Alfonso Guerra. A su lado, los pol&iacute;ticos de la UCD resultaban mon&oacute;tonos y grises. A mi abuelo no le gustaba la virulencia con la que Guerra arremet&iacute;a contra Adolfo Su&aacute;rez, pero casi todos los amigos de mis padres deseaban el cambio que finalmente sobrevino en 1982. En la barriada en la que viv&iacute;amos, habitada sobre todo por maestros, los ni&ntilde;os jug&aacute;bamos con las papeletas de las primeras votaciones y habl&aacute;bamos de pol&iacute;tica con la misma naturalidad con la que nuestros padres confesaban sus simpat&iacute;as socialistas o comunistas. En un ambiente de euforia propiciado por la libertad reci&eacute;n conquistada, la ilusi&oacute;n ante el nuevo futuro, y la efervescencia de las asociaciones vecinales, manifestaciones y coches con banderas, meg&aacute;fonos y propaganda de partidos pol&iacute;ticos, la mayor&iacute;a mostramos nuestra alegr&iacute;a cuando el PSOE comenz&oacute; a ganar las elecciones, una tras otra.
    </p><p class="article-text">
        Ese optimismo aglutinador de los primeros ayuntamientos de la democracia permaneci&oacute; inquebrantable hasta mediados de los ochenta, cuando las huelgas contra el gobierno socialista y el refer&eacute;ndum de la OTAN alentaron el nacimiento de Izquierda Unida. Sin embargo, en mi barrio, muchos permanecimos leales a Felipe Gonz&aacute;lez no solo por su liderazgo carism&aacute;tico y su pragmatismo convincente, sino porque la pureza maximalista de Julio Anguita nos resultaba de alguna forma ajena. Hasta los veinte a&ntilde;os, al igual que buena parte de los amigos con los que hab&iacute;a ido al instituto o jugado desde que tuvimos uso de raz&oacute;n, yo tambi&eacute;n jaleaba y re&iacute;a con fervor las arengas mitineras de Alfonso Guerra: su apelaci&oacute;n continua al miedo a que viniera la derecha, la caricatura que hac&iacute;a de &laquo;los de los apellidos largos&raquo;, su defensa demag&oacute;gica de los &laquo;descamisados&raquo;, como record&oacute; muy bien hace poco Elvira Lindo. Viviendo en una comarca minera, no reparamos entonces en los estragos que comenzaba a producir la reconversi&oacute;n industrial, en c&oacute;mo empezaban a privatizarse las principales empresas p&uacute;blicas, en los primeros indicios de corrupci&oacute;n y de cultura del pelotazo: en la ridiculizaci&oacute;n histri&oacute;nica que Guerra hac&iacute;a del adversario y que, para nosotros, era la prueba irrefutable de su superioridad l&oacute;gica en lugar de una muestra evidente de la prepotencia de los ganadores.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s porque viv&iacute;amos en un pueblo y los vientos nihilistas de nuestra generaci&oacute;n soplaban a&uacute;n desde demasiado lejos, mis amigos y yo &eacute;ramos conscientes de nuestra condici&oacute;n de beneficiarios de las pol&iacute;ticas de los gobiernos de Felipe Gonz&aacute;lez, de sus inversiones en el terreno de la sanidad y la educaci&oacute;n, de la democratizaci&oacute;n del acceso a la universidad y la mejora de las becas. Por eso quiz&aacute;s nos afan&aacute;bamos tanto por estudiar: porque nosotros no pod&iacute;amos permitirnos las tonter&iacute;as que hac&iacute;an los compa&ntilde;eros que luego conocimos en la carrera y que gozaban del colch&oacute;n del estatus de sus familias. Ir a la Facultad de Derecho a mediados de los noventa con <em>El Pa&iacute;s</em> bajo el brazo, junto al manual de Javier P&eacute;rez Royo que nos hizo partidarios rotundos de la Constituci&oacute;n, despertaba una creciente hostilidad: la de los furiosos cachorros de las Nuevas Generaciones que ansiaban conquistar el poder sin m&aacute;s dilaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n la de los militantes de las juventudes comunistas que utilizaban el t&eacute;rmino &laquo;socialdem&oacute;crata&raquo; con la misma displicencia desde sus impolutas credenciales radicales.
    </p><p class="article-text">
        Entre los primeros, algunos alcanzaron con los a&ntilde;os posiciones relevantes dentro del Partido Popular. Mientras que los segundos, fundi&eacute;ndose en su mayor&iacute;a con grupos m&aacute;s j&oacute;venes que no aceptaban el estado de precariedad heredado por sus mayores, ti&ntilde;eron las reivindicaciones del 15M de un agrio revanchismo generacional. Entretanto, quienes no simpatiz&aacute;bamos ni con unos ni con otros, hu&eacute;rfanos de referentes pol&iacute;ticos desde la jubilaci&oacute;n relativa de Gonz&aacute;lez y Guerra y el proyecto truncado de Josep Borrell, a pesar del periodo de Zapatero, vivimos con escepticismo el surgimiento de lo que pas&oacute; a llamarse &laquo;nueva pol&iacute;tica&raquo;. Algunos entusiastas del magma del que naci&oacute; Podemos, no obstante, completar&iacute;an en tan solo unos a&ntilde;os, gracias a su inteligencia y precocidad, ese viaje a las ant&iacute;podas tan visible en la generaci&oacute;n de pol&iacute;ticos e intelectuales veteranos a la que poco antes despreciaban y pretend&iacute;an derrocar. La diferencia es que estos articulistas prematuramente desencantados ni han necesitado d&eacute;cadas ni se han detenido un instante en la socialdemocracia, pues han pasado de odiarla desde la impugnaci&oacute;n izquierdista del sistema a hacerlo desde nuevas formas de reaccionarismo.
    </p><p class="article-text">
        Da igual. Tampoco es cosa de edades. Del mismo modo que hay j&oacute;venes viejos, como dijo Salvador Allende, hay muchos viejos j&oacute;venes que han conservado su esp&iacute;ritu de rebeld&iacute;a de una manera m&aacute;s l&uacute;cida y vigorosa que la de sus hijos. En cualquier caso, todos los que han llegado al &ldquo;antisanchismo&rdquo; desde el origen que sea, de una generaci&oacute;n o de otra, parecen al fin en su sitio en la misi&oacute;n compartida por periodistas en otro tiempo enemigos, coincidentes con ellos en el &uacute;nico objetivo de echar obsesivamente a S&aacute;nchez de la Moncloa. Su inquina apocal&iacute;ptica es notoria. Algunos apelan de manera autorreferencial a su independencia, pero sus columnas parecen de modo invariable calles de direcci&oacute;n &uacute;nica. Ya dec&iacute;a la investigadora en ciencias del comportamiento Winifred Gallagher que la vida de cada uno depende de la atenci&oacute;n que le prestemos a este o aquel detalle. Pero ante una realidad siempre plural y compleja, a muchos de quienes en su d&iacute;a los apoyamos &ndash;aunque no tanto como para escribirles una hagiograf&iacute;a&ndash;, nos entristece asistir a la atenci&oacute;n selectiva de Felipe Gonz&aacute;lez y Alfonso Guerra, que solo saltan para censurar el mismo tema, las aspiraciones del secretario general de su partido de formar un gobierno de coalici&oacute;n progresista, y en cambio callan ante las medidas reactivas puestas en marcha por el PP, que es el partido por el que pasa la alternativa que prefieren, en los ayuntamientos y comunidades donde se ha unido a Vox.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los mismos peri&oacute;dicos que quisieron acabar con ellos a trav&eacute;s de cualquier medio a principios de los noventa, integrantes de aquel turbio y autodenominado &ldquo;sindicato del crimen&rdquo;, se complacen ahora de llamarlos &ldquo;socialistas hist&oacute;ricos&rdquo;, de servirles de altavoz y de subrayar sus coincidencias con la derecha. Uno escucha a estos padres pol&iacute;ticos y no reconoce su propia filiaci&oacute;n, se revuelve contra su tutela, reflexiona sobre lo que dicen y lo que han debido de saber y sin embargo ocultan. Los mira con la misma incomprensi&oacute;n con que los adolescentes miran a sus padres naturales. El problema es que a quienes Gonz&aacute;lez y Guerra pretenden dirigir, desde sus poltronas situadas m&aacute;s all&aacute; del bien y del mal, con la soberbia de quien dispone de lo que piensan que &uacute;nicamente ellos han creado y por lo tanto consideran suyo, hace mucho que dejaron de ser adolescentes. Ambos tienen tanto derecho a expresar su opini&oacute;n como sus destinatarios a replicarles. Pero a lo que no tienen derecho es que estos tengan que obedecerles. Porque, con todas sus virtudes y sus errores, si algo se han ganado a pulso durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha sido su emancipaci&oacute;n pol&iacute;tica.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Coradino Vega]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/emancipacion-politica_129_10524199.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Sep 2023 20:28:30 +0000]]></pubDate>
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