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    <title><![CDATA[elDiario.es - Patricio Pron]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/patricio-pron/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Patricio Pron]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[No es negar el pasado, sino el futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/no-negar-pasado-futuro_129_11272595.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fe0640f1-a83d-4e82-be42-b3ab88596789_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No es negar el pasado, sino el futuro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El secuestro de la historia no tiene como objeto ni la historia ni el pasado, sino el futuro: se trata de crear las “dinámicas de enfrentamiento” que, en palabras de la extrema derecha de Castilla y León, fueron la causa de la Guerra Civil y de la dictadura posterior</p></div><p class="article-text">
        Vengo de un pa&iacute;s donde treinta mil personas fueron asesinadas en nombre de la concordia. No es el &uacute;nico, por supuesto. Y lo que hizo con esos cr&iacute;menes tampoco es excepcional. Primero juzg&oacute; a sus principales responsables. Luego los indult&oacute;. Dos d&eacute;cadas m&aacute;s tarde, cuando estuvo en condiciones de hacerlo, volvi&oacute; a juzgarlos &ndash;y junto con ellos, a otros&ndash; y los conden&oacute; nuevamente, por delitos sobre los que los jueces m&aacute;s calificados de una Justicia independiente no albergaron ninguna duda razonable. Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, los m&aacute;s j&oacute;venes comenzaron a cuestionar la existencia de esos cr&iacute;menes y a exigir m&aacute;s de su tipo, cada uno de ellos, como en la ocasi&oacute;n anterior, destinado &ndash;ir&oacute;nicamente&ndash; a sembrar el amor en la sociedad. Votaron a quien les prometi&oacute; esas atrocidades: toda la pol&iacute;tica del nuevo Gobierno argentino se resume en crear las condiciones para que se produzcan.
    </p><p class="article-text">
        Cada generaci&oacute;n se inventa un pasado a su medida y lo convierte en una verdad incontrovertible. &ldquo;El pasado siempre est&aacute; a punto de ocurrir&rdquo;, afirm&oacute; en una oportunidad el escritor serbio Milorad Pavi&#263;. Es el sitio donde dirimimos nuestros pleitos del presente. No est&aacute; cerrado. Ni es inalterable: en su maleabilidad, en el modo en que es apropiado y reapropiado, discutido y puesto en cuesti&oacute;n, negado, recordado o desestimado por tratarse de algo que &ldquo;ya pas&oacute;&rdquo;, es mucho m&aacute;s productivo y est&aacute; m&aacute;s presente en nuestras vidas que el futuro, hacia el que nos dirigimos y, sin embargo, persiste como una enorme inc&oacute;gnita. De hecho, es en la discusi&oacute;n sobre el pasado donde comienza a tomar forma el futuro, como pone de manifiesto, impl&iacute;citamente, la arremetida contra la Ley de Memoria Hist&oacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        Si el negacionismo de la extrema derecha tiene que preocuparnos &ndash;y creo que debe hacerlo&ndash; no es porque la Ley de Memoria Hist&oacute;rica que pretende derogar sea satisfactoria. (En ella, incluso el nombre es discutible: &ldquo;memoria&rdquo; e &ldquo;historia&rdquo; no son lo mismo, y su conciliaci&oacute;n es extremadamente problem&aacute;tica). Tampoco es por la torpeza con que Vox y un Partido Popular que se cree en sus manos dicen querer &ldquo;eliminar imposiciones ideol&oacute;gicas que intentan fijar una versi&oacute;n oficial&rdquo; para imponernos otra; en este caso, la &ldquo;versi&oacute;n oficial&rdquo; de la dictadura de Francisco Franco y las visiones conciliatorias del tipo de &ldquo;libertad sin ira&rdquo; que prosperaron despu&eacute;s. (No hay acci&oacute;n pol&iacute;tica sin un porcentaje de ira, y la libertad de la que hablaba la canci&oacute;n s&oacute;lo result&oacute; Libertad de Mercado). Por &uacute;ltimo, no es s&oacute;lo porque esa derogaci&oacute;n supone hacer inviables econ&oacute;micamente las aperturas de las fosas comunes &ndash;en Arag&oacute;n, donde el proceso est&aacute; en marcha, hay m&aacute;s de mil identificadas, por ejemplo&ndash;, lo que significa que Espa&ntilde;a incumplir&aacute; sus compromisos con organismos internacionales como Naciones Unidas. Si la negaci&oacute;n del pasado por parte de la extrema derecha debe preocuparnos es por dos razones. La primera es que prolonga el dolor de miles de espa&ntilde;oles y espa&ntilde;olas que contin&uacute;an sin poder enterrar a sus muertos pr&aacute;cticamente un siglo &ndash;repito: casi un siglo&ndash; despu&eacute;s de la Guerra Civil y a medio siglo &ndash;medio siglo&ndash; del comienzo de la Transici&oacute;n. La segunda, porque el secuestro de la historia no tiene como objeto ni la historia ni el pasado, sino el futuro: se trata de crear las &ldquo;din&aacute;micas de enfrentamiento&rdquo; que, en palabras de la extrema derecha de Castilla y Le&oacute;n, fueron la causa de la Guerra Civil y de la dictadura posterior.
    </p><p class="article-text">
        Bernardo Vergara <a href="https://www.eldiario.es/opinion/concordia_131_11253627.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dio en el clavo</a>, en este mismo peri&oacute;dico: la &ldquo;concordia&rdquo; que quieren instalar consiste en borrar los cr&iacute;menes. Pero borrarlos es crear las condiciones para volver a cometerlos; en especial, para perpetuar el orden econ&oacute;mico instalado por la dictadura franquista que Juan Laborda <a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/madrid-nido-totalitarismo-invertido_129_11249798.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">describi&oacute; recientemente</a>, tambi&eacute;n en elDiario.es, como un &ldquo;totalitarismo invertido&rdquo;: m&aacute;s, pero s&oacute;lo para un pu&ntilde;ado de narcisistas infatuados que circulan por los pasillos de la pol&iacute;tica y de la econom&iacute;a sin hacer distinci&oacute;n entre la una y la otra.
    </p><p class="article-text">
        No muchas personas parecen saber qui&eacute;n fue George Santayana. Pero casi todas conocen la siguiente frase: &ldquo;Aquellos que no pueden recordar el pasado est&aacute;n condenados a repetirlo&rdquo;. No es su &uacute;nico epigrama memorable. (Supuestamente, Santayana tambi&eacute;n dijo: &ldquo;No hay Dios, y Mar&iacute;a es su madre&rdquo;.) Pero si hemos olvidado que le pertenece es porque se nos antoja un lugar com&uacute;n, algo que expresa una verdad tan evidente que no requiere autor&iacute;a. Repetida hasta el hartazgo en los &uacute;ltimos d&iacute;as en relaci&oacute;n con la avanzada contra la historia tanto en Espa&ntilde;a como en Argentina, la frase es esgrimida contra la extrema derecha, pero no cabe duda de que &eacute;sta la conoce bien. De hecho, espera y desea que cumpla su tenebrosa promesa porque de ese cumplimiento depende el estado de crispaci&oacute;n permanente y el orden econ&oacute;mico en los que esa extrema derecha cifra su existencia.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Como a muchos, el regateo inmoral que el Estado argentino llevó a cabo el mes pasado bajo el eslogan “no fueron treinta mil”, sobre las víctimas de la dictadura, se me hizo intolerable</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Secuestrar. Torturar. Violar. Robar. Asesinar. Son cosas que el Estado argentino hizo en nombre de los ciudadanos, tambi&eacute;n en mi nombre. Por supuesto: en cuanto pude, escap&eacute; de la autoridad de ese Estado. Mis padres son activistas pol&iacute;ticos. En las listas de desaparecidos hay decenas de nombres de personas que ellos conocieron, as&iacute; como de padres y madres de amigos y amigas m&iacute;os. Que ni ellos ni yo integremos esas listas es una especie de milagro que ninguno de nosotros podr&aacute; explicarse nunca. (Que mis padres nunca pertenecieran a una organizaci&oacute;n armada no los pon&iacute;a a salvo del terrorismo de Estado, por supuesto). Casi nunca hablo de estas cosas. Pero esta es s&oacute;lo una de las razones por las que, como a tantos otros, el regateo inmoral que el Estado argentino llev&oacute; a cabo el mes pasado bajo el eslogan &ldquo;no fueron treinta mil&rdquo; se me hizo intolerable: incluso si tan s&oacute;lo hubieran sido tres personas &ndash;o dos, o solamente una&ndash; las que hubieran sido asesinadas en su nombre, y en el de la concordia, ese Estado estar&iacute;a obligado a pedir disculpas y a tratar de enmendar sus actos por lo que le quede de existencia. Nuevamente, sin embargo, en el negacionismo hist&oacute;rico del Gobierno argentino no se pon&iacute;a de manifiesto una simple &ldquo;reescritura del pasado&rdquo;, sino la creaci&oacute;n de las condiciones de posibilidad de un futuro intolerable en el que las vidas humanas no tengan valor alguno.
    </p><p class="article-text">
        Oleg Orlov, l&iacute;der de la organizaci&oacute;n de derechos humanos Memorial y premio Nobel de la Paz en 2022, condenado en febrero a dos a&ntilde;os y medio de c&aacute;rcel por &ldquo;desacreditar al ej&eacute;rcito ruso&rdquo;, quiso interrogar a sus jueces: &ldquo;&iquest;No tienen ustedes los mismos miedos? &iquest;No les asusta ver en lo que se est&aacute; convirtiendo nuestro pa&iacute;s, nuestro pa&iacute;s que ustedes aman tambi&eacute;n? &iquest;No les da miedo que no solo ustedes, sino tambi&eacute;n sus hijos y, Dios no lo quiera, sus nietos, tendr&aacute;n que vivir en esta absurdidad, esta distop&iacute;a?&rdquo;. Pero sus jueces no tem&iacute;an: la distop&iacute;a se&ntilde;alada por Orlov es el proyecto pol&iacute;tico de los negadores del pasado. &ldquo;Dicen que el presente es demasiado r&aacute;pido. A m&iacute; me parece que es el pasado el que nos devora&rdquo;, escribi&oacute; Gustave Flaubert. Vamos hacia ese pasado. Pero &eacute;ste, como el futuro, no est&aacute; escrito todav&iacute;a. Y nuestra existencia y la de nuestra sociedad tiene ahora un prop&oacute;sito no tan nuevo como podr&iacute;a parecer: estar del lado de las v&iacute;ctimas, estar a la altura del pasado, merecer un pasado mejor y un futuro que no se le parezca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Patricio Pron]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/no-negar-pasado-futuro_129_11272595.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Apr 2024 19:39:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No es negar el pasado, sino el futuro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dictadura argentina,Franquismo,Memoria Histórica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La política cruel]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/politica-cruel_129_11249902.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f932f230-10f5-4071-86ce-480407d1e944_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La política cruel"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una corriente de antipatía, de odio por el otro –en especial si éste es vulnerable por razones de clase, de género o de raza–, y el deseo de venganza articulan una aceptación de políticas lesivas para la democracia y sus votantes</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La crueldad es la fuerza de los cobardes&rdquo;, dicen los &aacute;rabes. Pero hay que admitir que se requiere valent&iacute;a para ejercerla con la brutalidad con la que se lo hace en estos tiempos. Una forma de crueldad, por ejemplo: la de quien utiliz&oacute; hace unos d&iacute;as una celebraci&oacute;n de las luchas de las mujeres para sostener que existe un supuesto &ldquo;ataque al hombre, a la familia, a la madre y la maternidad&rdquo;, cuando en lo que llevamos de 2024 ya se han producido catorce feminicidios; s&oacute;lo unos a&ntilde;os atr&aacute;s, la misma pol&iacute;tica hab&iacute;a admitido p&uacute;blicamente que, en su opini&oacute;n, &ldquo;no todos somos iguales ante la ley&rdquo;, dijo que la pandemia era &ldquo;lo mejor y lo peor&rdquo; que le hab&iacute;a pasado en la vida &ndash;el reparto no fue justo, sin embargo: a ella le toc&oacute; lo mejor y lo peor fue para los ancianos en residencias, los trabajadores y las personas vulnerables&mdash;, azuz&oacute; la xenofobia hablando de &ldquo;oleadas masivas&rdquo; de inmigrantes que estar&iacute;an sembrando la &ldquo;inseguridad&rdquo; en las calles, etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        Parte de la raz&oacute;n por la que la pol&iacute;tica atrae a tantos malos actores es que es muy teatral: como sucede en el teatro, sin embargo, los actores tienen una importancia reducida en comparaci&oacute;n con la de quienes les escriben los papeles. Ninguno de ellos vale mucho, y lo sabe: su drama se desencadena cuando descubren que el p&uacute;blico nunca los am&oacute;. (Porque el p&uacute;blico s&oacute;lo se ama a s&iacute; mismo). Lo que s&iacute; tiene importancia &ndash;una importancia absoluta&ndash; es su crueldad, y el da&ntilde;o que &eacute;sta provoca.
    </p><p class="article-text">
        Pero de ese da&ntilde;o no son ellos los &uacute;nicos responsables, por supuesto. Una parte importante de la poblaci&oacute;n mundial vot&oacute; o votar&aacute; en 2024; al parecer &ndash;las &uacute;ltimas elecciones en Argentina, las de Portugal, varias elecciones auton&oacute;micas en Espa&ntilde;a, incluso el m&aacute;s que posible regreso de Donald Trump al poder parecen demostrarlo&ndash;, lo har&aacute; en los t&eacute;rminos de la pol&iacute;tica cruel, convencida de que lo que ha perdido le ha sido en realidad robado por otro &ndash;un g&eacute;nero, una minor&iacute;a nacional, los votantes de una fuerza pol&iacute;tica rival, los inmigrantes, las feministas, los defensores de los derechos humanos...&ndash; en lugar de aceptar que su p&eacute;rdida fue orquestada por las fuerzas econ&oacute;micas que operan detr&aacute;s de los partidos pol&iacute;ticos, en especial, de los m&aacute;s crueles.
    </p><p class="article-text">
        Nuestras causas jam&aacute;s son populares, en especial si postulan el respeto por el otro y la posibilidad de m&aacute;s derechos para m&aacute;s personas. Pero es posible que nunca antes desde el final de la Segunda Guerra Mundial nos hayamos encontrado con tantas personas deseosas de venganza. En su opini&oacute;n, las pol&iacute;ticas de igualdad estar&iacute;an ocasionando enormes perjuicios, las &uacute;ltimas elecciones estadounidenses habr&iacute;an sido &ldquo;robadas&rdquo; por Joe Biden, las autoridades ucranianas ser&iacute;an responsables de una &ldquo;limpieza &eacute;tnica&rdquo; en el este de ese pa&iacute;s, estar&iacute;amos sufriendo una &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo; de inmigrantes, Pa&iacute;s Vasco se encontrar&iacute;a en manos de radicales, los intentos de reducir el impacto de la cat&aacute;strofe clim&aacute;tica ser&iacute;an &ldquo;adoctrinamiento&rdquo;, la sequ&iacute;a en Espa&ntilde;a habr&iacute;a sido provocada por el Gobierno, etc&eacute;tera. Pueden parecer agravios imaginarios, pero sus consecuencias son bien reales, como saben los refugiados, las disidencias de g&eacute;nero, los activistas pol&iacute;ticos y sociales, todos quienes aspiran a una sociedad cuyos integrantes hayan comprendido que su salvaci&oacute;n individual no es posible sin la de sus pr&oacute;jimos.
    </p><p class="article-text">
        Por primera vez en la historia, tenemos las herramientas para hacer creer pr&aacute;cticamente cualquier cosa a la totalidad de la poblaci&oacute;n mundial, en especial aquella que no desarroll&oacute; la capacidad de ejercer un pensamiento cr&iacute;tico pero se cree en posesi&oacute;n de una verdad trascendental tras haber completado el nada dif&iacute;cil tr&aacute;mite de comprarse un tel&eacute;fono inteligente. No es el fantasma del comunismo &ndash;ni el del feminismo, ni el del &ldquo;gran reemplazo&rdquo;&ndash; el que recorre Europa, como piensan algunos, sino el del desprecio por el otro y la orgullosa exhibici&oacute;n de una ignorancia s&oacute;lo aparentemente bien informada. Sobre todo, lo que recorre &ndash;no s&oacute;lo&ndash; Europa es la suma de una disminuci&oacute;n de la inversi&oacute;n p&uacute;blica en educaci&oacute;n y el surgimiento de tecnolog&iacute;as tan disruptivas como lo son, cuando no existe nada ni nadie que observe sobre ellas, las fuerzas econ&oacute;micas que las han creado.
    </p><p class="article-text">
        El resultado de ambos factores es la reducci&oacute;n a m&iacute;nimos de la capacidad de las personas de comprender siquiera de forma esquem&aacute;tica el mundo que las rodea y, por consiguiente, de tomar decisiones que no vayan en su propio perjuicio. En Argentina, por ejemplo, la imagen del presidente Javier Milei contin&uacute;a siendo mayoritariamente positiva pese a sus manifestaciones de desprecio por la inteligencia, las perspectivas y el futuro de casi todo lo que es importante para su electorado, incluyendo la sanidad y el transporte p&uacute;blicos, los derechos reproductivos, las pensiones y el acceso a la educaci&oacute;n. Podr&iacute;a parecer sorprendente que personas que en este momento est&aacute;n perdi&eacute;ndolo todo &ndash;el transporte p&uacute;blico aument&oacute; un 56% desde la asunci&oacute;n de Milei en diciembre de 2023; los alimentos, el 30,8%; la electricidad, entre el 47,1 y el 128,2%; el gas, el 485,7%&ndash; sigan apoyando las pol&iacute;ticas que provocan estas p&eacute;rdidas y atribuyendo su causa a las minor&iacute;as: desafortunadamente, no lo es. Una corriente de antipat&iacute;a, de odio por el otro &ndash;en especial si &eacute;ste es vulnerable por razones de clase, de g&eacute;nero o de raza&ndash;, y el deseo de venganza articulan una aceptaci&oacute;n de pol&iacute;ticas lesivas para la democracia y sus votantes, no s&oacute;lo en Argentina. Postular que cierto tipo de acciones &ndash;mostrar un pecho en un show musical, contraponer a los efectos devastadores de &ldquo;la era de los imperios&rdquo; una pol&iacute;tica cosm&eacute;tica de cuotas y devoluciones, &ldquo;cancelar&rdquo;&ndash; podr&iacute;a revertir el ascenso de la pol&iacute;tica cruel es ingenuo, por otra parte: el desmantelamiento del Estado de Bienestar y del consenso de posguerra parece haber ense&ntilde;ado a las personas que la inhumanidad trae a cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Para Hannah Arendt, el prop&oacute;sito de los reg&iacute;menes totalitarios es el disciplinamiento y la pasividad aterrada de sus ciudadanos. La pol&iacute;tica cruel, por el contrario, quiere a los suyos fren&eacute;ticos, pendientes de amenazas improbables y soluciones contundentes e imaginarias. Una cosa los une, o varias. Y la principal es el proyecto pol&iacute;tico de que unas vidas valgan m&aacute;s que las otras, y que las primeras puedan dictaminar la aniquilaci&oacute;n de las segundas. Hay una complacencia generalizada por el incendio de la casa de al lado que parece ser suficientemente poderosa como para soslayar el hecho de que, a continuaci&oacute;n, la que se quemar&aacute; es la casa propia. Y que no habr&aacute; ninguna instancia p&uacute;blica &ndash;y, por supuesto, ninguna privada&ndash; que est&eacute; en condiciones de reparar los da&ntilde;os. Un nihilismo extendido determina que las personas prefieran hundirse si otros se hunden antes. Pero, naturalmente, las personas creen que no se hundir&aacute;n. Y &eacute;sa contradicci&oacute;n es su mayor tragedia, de momento. En realidad, no existe pr&aacute;cticamente nada que, haci&eacute;ndoles a otros, no nos hagamos a nosotros mismos; en especial, en las ciudades densamente pobladas y repletas de contradicciones en las que vivimos. Necesitamos m&aacute;s pol&iacute;tica, y mejor. Pero, parafraseando a Adam Phillips, &ldquo;si la pol&iacute;tica legitima la crueldad, entonces la pol&iacute;tica no vale la pena&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Patricio Pron]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/politica-cruel_129_11249902.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Mar 2024 21:11:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La política cruel]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Política,Javier Milei]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Entre nosotros y la vida real]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/vida-real_129_10887211.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/38e4bc49-6e20-4fae-a862-04de741505f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Entre nosotros y la vida real"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Prácticamente la mitad de la población mundial vota este año, en más de setenta países. Y lo hace condicionada por el nihilismo de sus fuerzas políticas, la radicalización y fragmentación de la sociedad, la emergencia de tecnologías disruptivas, la desinformación y un empobrecimiento de la discusión pública</p></div><p class="article-text">
        Dos m&aacute;s dos es cuatro, cuatro m&aacute;s cuatro es ocho, el ocho es el s&iacute;mbolo de una progresi&oacute;n sin final, etc&eacute;tera. Para los numer&oacute;logos, 2024 va a ser &ndash;ya est&aacute; siendo&ndash; un buen a&ntilde;o. Para quienes preferimos otro tipo de n&uacute;meros, y tenemos un entusiasmo moderado por el pensamiento m&aacute;gico, puede que vaya a ser un desastre. Pr&aacute;cticamente la mitad de la poblaci&oacute;n mundial vota este a&ntilde;o, en m&aacute;s de setenta pa&iacute;ses. Y lo hace condicionada por el nihilismo de sus fuerzas pol&iacute;ticas, la radicalizaci&oacute;n y fragmentaci&oacute;n de la sociedad &ndash;un fen&oacute;meno que es producto de, y se expresa en, la desaparici&oacute;n de la franja media de ingresos: el centro ceder&aacute;&ndash;, la emergencia de tecnolog&iacute;as disruptivas, la desinformaci&oacute;n y un empobrecimiento de la discusi&oacute;n p&uacute;blica como consecuencia de una p&eacute;rdida de la calidad de la educaci&oacute;n que es perceptible con cualquiera de los m&eacute;todos de medici&oacute;n que se empleen, incluyendo la observaci&oacute;n directa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desinformaci&oacute;n&rdquo; pareciera ser aqu&iacute; la palabra clave. El <a href="https://www.weforum.org/publications/global-risks-report-2024/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">informe anual de riesgos del Foro Econ&oacute;mico Mundial</a>, que recog&iacute;a la opini&oacute;n de mil quinientos expertos, ya la consideraba el principal riesgo que enfrenta la humanidad a corto y mediano plazo junto con el desastre clim&aacute;tico. Un a&ntilde;o antes, no figuraba ni siquiera entre los diez principales. Del presente se puede decir casi todo, excepto que carece de iron&iacute;as. Que el Foro de Davos, donde una vez al a&ntilde;o se re&uacute;nen las mayores fortunas del mundo y los l&iacute;deres pol&iacute;ticos de mayor peso, denuncie una desinformaci&oacute;n que es funcional a su proyecto de un crecimiento ilimitado de la producci&oacute;n y del consumo &ndash;en un mundo f&iacute;sico que, por definici&oacute;n, no lo es&ndash; es una de esas iron&iacute;as. (De acuerdo con un nuevo informe de la Agencia Internacional de la Energ&iacute;a, las empresas que proveen servicios tecnol&oacute;gicos, las de inteligencia artificial y las de criptomonedas, todas ellas en manos de los asistentes habituales a Davos, habr&aacute;n duplicado en 2026 su ya desmesurado consumo de electricidad, por ejemplo). Otra de esas iron&iacute;as consiste en el hecho de que, desde hace semanas, la prensa nos alerta de una desinformaci&oacute;n que, ingenua o c&iacute;nicamente, presenta como un fen&oacute;meno nuevo al que estar&iacute;a haciendo frente.
    </p><p class="article-text">
        Nunca el m&aacute;s insincero de los interlocutores, el escritor austr&iacute;aco Heimito von Doderer afirm&oacute; en una oportunidad que &ldquo;el peri&oacute;dico es la mejor pantalla que podemos poner entre nosotros y la vida real&rdquo;. Podr&iacute;a parecer una simple humorada, pero Von Doderer no era humorista. Y, en cualquier caso, hay mucho de verdad en su afirmaci&oacute;n. En especial si se considera que, leg&iacute;timamente, el periodismo no s&oacute;lo &ldquo;informa&rdquo;, &ldquo;interpreta&rdquo; o &ldquo;difunde&rdquo; noticias, sino que tambi&eacute;n las crea para dar forma as&iacute; a eso tan inasible, &ldquo;la vida real&rdquo;. Si tienen alguna importancia, sus advertencias m&aacute;s recientes contra la &ldquo;desinformaci&oacute;n&rdquo; tienen la relevancia de lo que se&ntilde;ala una tendencia: la amenaza al monopolio de la construcci&oacute;n de realidad por parte del periodismo que suponen las tecnolog&iacute;as disruptivas.
    </p><p class="article-text">
        Quienquiera que haya estado medianamente despierto en los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os habr&aacute; comprobado &ndash;una y otra vez, pa&iacute;s tras pa&iacute;s&ndash; que a una disminuci&oacute;n de la calidad y la relevancia del periodismo la siguen, por lo general, una disminuci&oacute;n de la calidad democr&aacute;tica y un menor entusiasmo por la democracia. Si 2024 es un a&ntilde;o tan peligroso es porque, como puso de manifiesto anticipadamente la elecci&oacute;n presidencial argentina de diciembre de 2023, en este momento, unas elecciones democr&aacute;ticas son el veh&iacute;culo m&aacute;s id&oacute;neo para el acceso al poder de las ideas m&aacute;s antidemocr&aacute;ticas. Y estas entusiasman al electorado, en buena medida, porque la prensa ya no est&aacute; en condiciones de crear para sus consumidores una realidad que exprese un ideal inclusivo, plural y democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La crisis del periodismo es multiforme: no se trata s&oacute;lo de que los peri&oacute;dicos ya no vendan &ndash;o no vendan lo suficiente&ndash;, sino tambi&eacute;n de que su p&eacute;rdida de rentabilidad lo es tambi&eacute;n, simult&aacute;neamente, de calidad y de objetivo. &iquest;Por qu&eacute; continuar apostando por la prensa de calidad en un momento en que tecnolog&iacute;as disruptivas como las redes sociales y las inteligencias artificiales permiten a sus usuarios creer que est&aacute;n informados? &iquest;Y c&oacute;mo justificar esa apuesta cuando incluso los peri&oacute;dicos m&aacute;s serios &ndash;inmersos como est&aacute;n en la confusi&oacute;n entre lo que fueron, lo que son y lo que podr&iacute;an llegar a ser en un futuro que, a diferencia del que tenemos, no vaya a ser completamente dist&oacute;pico&ndash; escogen y dan forma a sus contenidos recurriendo a m&eacute;tricas que privilegian el impacto en redes sociales antes que eso tan dif&iacute;cil de medir, la calidad del contenido y la posibilidad de que contribuya a un di&aacute;logo en torno a los asuntos p&uacute;blicos cada vez m&aacute;s amenazado? Unos d&iacute;as atr&aacute;s, el despido del columnista de uno de los peri&oacute;dicos de mayor circulaci&oacute;n centr&oacute; una discusi&oacute;n acerca del periodismo, la censura, la tolerancia &ndash;incluso de la del nacionalismo m&aacute;s rancio, la misoginia y el relato conspirativo&ndash;, la radicalizaci&oacute;n del discurso p&uacute;blico y el modo en que &eacute;ste vulnera cada vez m&aacute;s no solamente el principio de la convivencia democr&aacute;tica sino incluso el sentido de la realidad de quienes participan en ella. Pero la discusi&oacute;n soslay&oacute; otros desarrollos, algunos incluso m&aacute;s importantes, como el despido de ciento quince empleados de <em>Los Angeles Times</em>, uno de los peri&oacute;dicos estadounidenses m&aacute;s exitosos. Es tan absurdo sostener que el actual es &ldquo;el peor Gobierno que ha tenido la democracia espa&ntilde;ola&rdquo; como afirmar que es el mejor u olvidar que la alternativa a ese Gobierno era el triunfo de fuerzas pol&iacute;ticas cuyo prop&oacute;sito impl&iacute;cito es dinamitar esa democracia. Y es igualmente absurdo afirmar que el periodismo es el dique de contenci&oacute;n de la desinformaci&oacute;n de la que se benefician esas fuerzas pol&iacute;ticas sin tomar en consideraci&oacute;n el hecho de que, en nombre de la rentabilidad, y de la supuesta necesidad de continuar siendo relevante, una parte del periodismo se ha puesto en manos de las tecnolog&iacute;as que provocan la desinformaci&oacute;n y la destrucci&oacute;n de la democracia. &iquest;Cu&aacute;nto tardaremos a&uacute;n en leer titulares del tipo 'El Papa es gilipollas' s&oacute;lo porque generan muchos clics y eso gusta a los directores de los peri&oacute;dicos incluso aunque de esos clics su peri&oacute;dico no obtenga ning&uacute;n beneficio? &iquest;De verdad alguien cree que Google y Meta compensar&aacute;n las p&eacute;rdidas que generan a los peri&oacute;dicos por el uso de sus contenidos, unos 13.900 millones de d&oacute;lares anuales seg&uacute;n los &uacute;ltimos datos? &iquest;Y cu&aacute;nto tiempo m&aacute;s tomar&aacute; el que incluso en los peri&oacute;dicos de calidad se imponga la m&aacute;xima period&iacute;stica de acuerdo con la cual un periodista nunca debe permitir que la realidad le impida escribir una buena pieza? Dos m&aacute;s dos es cuatro, cuatro m&aacute;s cuatro es ocho y el ocho es el s&iacute;mbolo de una progresi&oacute;n sin final. Pero puede que nuestro futuro inmediato se juegue en las p&aacute;ginas de la prensa mucho m&aacute;s que en las tablas de los numer&oacute;logos y en la capacidad de la primera de volver a crear una realidad inclusiva, que nos interpele a todos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Patricio Pron]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/vida-real_129_10887211.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Feb 2024 05:00:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Entre nosotros y la vida real]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Google,Periodismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yo estoy sufriendo, y seguramente tú también]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/sufriendo-seguramente_129_10772964.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7e677405-f9ba-4836-aada-e91165246775_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Yo estoy sufriendo, y seguramente tú también"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La diferencia más visible entre la literatura comercial y aquella que no lo es no está, en este momento, ni en el ámbito del vocabulario ni en el de los géneros ni en el de las formas narrativas, sino en la importancia dada al autor y a su experiencia personal</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Si los griegos inventaron la tragedia, los romanos la ep&iacute;stola y los renacentistas el soneto&rdquo;, escribi&oacute; Elie Wiesel, &ldquo;nuestra generaci&oacute;n ha inventado una nueva literatura, la del testimonio&rdquo;&raquo;, recordaba Parul Sehgal en el <em>New Yorker</em> un tiempo atr&aacute;s en una inobjetable, pero muy resistida, &ldquo;objeci&oacute;n a la narrativa del trauma&rdquo;. &ldquo;La consagraci&oacute;n del testimonio en todas sus formas &ndash;memorias, poes&iacute;a confesional, relatos de supervivientes, <em>talk-shows&ndash;</em> ha elevado el trauma, de indicador de un defecto, a fuente de autoridad moral, incluso a una especie de habilidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Todos conocemos esa narrativa, o hemos escuchado hablar de ella, posiblemente hayamos ca&iacute;do en un momento u otro bajo su influjo: un narrador traumatizado revisita un hecho devastador que le sucedi&oacute; &ndash;una violaci&oacute;n, una relaci&oacute;n incestuosa, un aborto involuntario, alguna de las muchas formas de discriminaci&oacute;n que nuestra sociedad reserva para quienes no se disciplinan, un rapto de violencia, un trastorno psicol&oacute;gico, una manifestaci&oacute;n m&aacute;s de la precariedad econ&oacute;mica, sentimental y pol&iacute;tica de nuestros tiempos&ndash; y narra c&oacute;mo lo &ldquo;super&oacute;&rdquo;. Edward St. Aubyn, Leslie Jamison, Jonathan Safran Foer, Naoise Dolan, Karl Ove Knausgaard y Ottessa Moshfegh son algunos de los autores m&aacute;s destacados de esta literatura &ndash;ahorr&eacute;monos los nombres de sus imitadores en espa&ntilde;ol&ndash;, pero sus libros pueden inducir a un error no del todo infrecuente, el de creer que el trauma es sin&oacute;nimo de un talento como el suyo: la mayor parte del tiempo, como afirm&oacute; recientemente Pip Finkemeyer en un art&iacute;culo en <em>The Guardian</em> sobre las as&iacute; llamadas &ldquo;<em>sad-girl novels</em>&rdquo;, s&oacute;lo consiste en &ldquo;<em>millennials</em> privilegiados que leen sobre <em>millennials</em> privilegiados que escriben libros sobre<em> millennials</em> privilegiados&rdquo;. Uno de los problemas m&aacute;s persistentes de la edici&oacute;n contempor&aacute;nea &ndash;que &eacute;sta, en su condici&oacute;n de industria, no tiene realmente intenciones de solucionar&ndash; es que su diversidad es s&oacute;lo aparente, y que, tambi&eacute;n por esa raz&oacute;n, las personas de verdad excluidas siguen sin poder hacer o&iacute;r su voz en t&eacute;rminos literarios. De hecho, para esas personas, la literatura ya no existe como posible medio de expresi&oacute;n, y el <em>loop</em> desesperante que describe Finkemeyer es tanto causa como consecuencia de este estado de cosas.
    </p><p class="article-text">
        En el presente, &ldquo;las convenciones de reciprocidad en que se basan los modos de vivir e imaginar la vida atraviesan tal proceso de desbaratamiento que los gestos que improvisamos de manera corriente en la vida cotidiana se ven obligados a ser mucho m&aacute;s expl&iacute;citos en t&eacute;rminos est&eacute;ticos y afectivos&rdquo;, afirm&oacute; Lauren Berlant en 'El optimismo cruel', uno de sus libros m&aacute;s importantes. La apelaci&oacute;n al trauma se articula en ese rasgo del presente, y es una de las proyecciones m&aacute;s expl&iacute;citas sobre esa enorme pantalla cinematogr&aacute;fica que es la literatura del modo en que, como sostiene Berlant, los objetos de nuestro deseo &ndash;un ascenso, casarse, un cambio de profesi&oacute;n, el &eacute;xito comercial, un nuevo autom&oacute;vil...&ndash; se interponen deliberadamente con la satisfacci&oacute;n de ese deseo, dej&aacute;ndonos impotentes y aturdidos. &ldquo;La manera dominante de entrar en la conversaci&oacute;n p&uacute;blica para un escritor joven y hambriento es decidiendo cu&aacute;l de sus traumas podr&iacute;a monetizar: la anorexia, la depresi&oacute;n, el racismo casual, o quiz&aacute;s una tristeza que mezcla las tres cosas&rdquo;, sostiene Larissa Pham en un libro reciente. &ldquo;<em>My pain, whose gain?&rdquo;</em>, suele decirse en ingl&eacute;s; si alguien gana dinero con la exhibici&oacute;n de su dolor, muy rara vez esa persona es el autor o la autora, sino, m&aacute;s frecuentemente, sus editores, cierto tipo de prensa, un consenso err&oacute;neo en torno a la idea de que los traumas podr&iacute;an superarse: para quien narra el suyo, y se ve obligado a continuaci&oacute;n a dar entrevistas, presentar su libro, participar de clubes de lectura o lo que sea, el haberlo hecho &ndash;si es real&ndash; se constituye en una intensa, angustiosa revisi&oacute;n de ese trauma.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia m&aacute;s visible entre la literatura comercial y aquella que no lo es no est&aacute;, en este momento, ni en el &aacute;mbito del vocabulario ni en el de los g&eacute;neros ni en el de las formas narrativas, sino en la importancia dada al autor y a su experiencia personal: la literatura de calidad &ndash;que algunos llaman, no sin iron&iacute;a, &ldquo;literatura literaria&rdquo;&ndash; subvierte esa figura, que en la literatura comercial es absolutamente central para la rentabilidad del producto y a menudo su &uacute;nica justificaci&oacute;n. Y la narrativa del trauma expresa, en sus peores ejemplos, un narcisismo tan profundo que su intenci&oacute;n expl&iacute;cita de convertirse en parte de un di&aacute;logo se ve frustrada. En una sociedad como la nuestra, claramente traumatizada por im&aacute;genes de tortura, terrorismo, enfermedad y guerra, y por el intercambio que las redes sociales pretenden estimular al tiempo que impiden, hablar de ciertos acontecimientos traum&aacute;ticos requiere valent&iacute;a y es enormemente necesario. La transformaci&oacute;n de la literatura en un arte dial&oacute;gico &ndash;el t&eacute;rmino es de Grant Kester y designa el tipo de pr&aacute;ctica art&iacute;stica pre&ntilde;ada de activismo que es dominante en nuestros d&iacute;as&ndash; es importante y &uacute;til, aunque s&oacute;lo a condici&oacute;n de que, a diferencia de lo que sucede en la mayor parte de la narrativa del trauma, no sea ni una forma de mercadotecnia ni activismo rampl&oacute;n y trascienda el &aacute;mbito de la experiencia de su autor o autora para dar cuenta del hecho de que el trauma es individual, pero su causa est&aacute; en el modo en que vivimos de espaldas a nuestras ideas de justicia y equidad y en abierta oposici&oacute;n al mundo f&iacute;sico que nos rodea y limita y que parece que deseamos explotar hasta su destrucci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De fondo est&aacute; el problema de que muchas personas creen que el arte tiene que &ldquo;revelarnos&rdquo; algo, debe ser &uacute;til, tiene que &ldquo;contarnos&rdquo; la vida de alguien, tiene que &ldquo;rasgar el velo&rdquo; y mostrarnos &ldquo;la verdad&rdquo; de las cosas. Pero el arte no hace nada de eso. Como sostiene Maggie Nelson en 'El arte de la crueldad', &ldquo;Bacon nos muestra im&aacute;genes de Bacon, Arbus nos muestra personajes de Arbus&rdquo;. 'El rapto de las sabinas' en el Museo del Prado no es un rapto ni una violaci&oacute;n: son pigmentos ordenados de una determinada manera para producir un efecto est&eacute;tico ante el que no estamos indefensos, un efecto que podemos aceptar, admirar, rechazar, incluso repudiar, pero que cumple con la idea de un arte dial&oacute;gico, no en la medida en que se recubre de superioridad moral ni se ampara en una causa colectiva, sino porque genera una reacci&oacute;n en nosotros que no se hubiera producido de otra manera y tiene el potencial de cambiar aunque sea ligeramente la forma en que vemos el mundo y c&oacute;mo concebimos nuestro lugar en &eacute;l. No es lo que sucede con la narrativa del trauma &ndash;para Sehgal, &ldquo;aplana, distorsiona, reduce el car&aacute;cter a s&iacute;ntoma y, a su vez, instruye e insiste en su autoridad moral&rdquo;&ndash;, que, como observa Berlant, tiene una l&oacute;gica &ldquo;eminentemente ahistorizante&rdquo; que impide comprender sus causas sociales, que invalida el proyecto compartido de una acci&oacute;n pol&iacute;tica que elimine esas causas, que nos deja frustrados y patol&oacute;gicamente deprimidos, conmiser&aacute;ndonos de nuestra situaci&oacute;n y consumiendo la conmiseraci&oacute;n de otros. Nuestro anhelo de un modo de vivir distinto &ndash;en una sociedad liberada de las formas industrializadas de producci&oacute;n, desacelerada, igualitaria, no sexista, horizontal, solidaria, lo suficientemente vigorosa, justa&ndash; merece algo m&aacute;s que su satisfacci&oacute;n superficial y requiere detenernos algo menos en nuestro dolor y en nuestro trauma para volver a comprender el dolor de los dem&aacute;s. Como escribi&oacute; Devin Kelly recientemente, &ldquo;no hablo s&oacute;lo del cambio clim&aacute;tico, sino de la gracia humana, de lo que podr&iacute;a significar vivir en un mundo que resiste la urgencia de culpar, de consumir, de buscar soluciones. De lo que podr&iacute;a significar vivir en un mundo en el que aprendi&eacute;ramos a reconocer las formas en las que estamos sufriendo individualmente y luego dij&eacute;ramos: 'Yo estoy sufriendo, y seguramente t&uacute; tambi&eacute;n'&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos la ficci&oacute;n para hacerlo, para convencernos de que las cosas pueden ser distintas de como son, para continuar creyendo que existe alg&uacute;n tipo de diferencia entre lo que hacemos y lo que imaginamos, y porque, en nuestro deseo de comprender la naturaleza secreta de las cosas de este mundo, sentimos una necesidad irreprimible de consuelo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Patricio Pron]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/sufriendo-seguramente_129_10772964.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Dec 2023 21:21:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Yo estoy sufriendo, y seguramente tú también]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuevas y mejores formas de leer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/nuevas-mejores-formas-leer_129_10583324.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/808f4ef7-7183-4c35-a3f8-b7ef241bd42a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nuevas y mejores formas de leer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De inventar nuevas y mejores formas de leer depende la posibilidad de demorar la emergencia de la sociedad post-ilustrada y post-democrática a la que nos conducen las tecnologías disruptivas</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos meses, di clases como profesor invitado en una universidad alemana, algo que hago en algunas ocasiones. El futuro de las Humanidades &ndash;al menos tal como se puede atisbar desde el campus universitario de una ciudad mediana del norte de Europa&ndash; se ve sorprendentemente negro, sin embargo, y no s&oacute;lo a consecuencia de mi contrataci&oacute;n: descenso del n&uacute;mero de alumnos, falta de personal, recortes presupuestarios, un profesorado perplejo y exhausto, una administraci&oacute;n incapaz de cumplir las reglas que ella misma ha creado, etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        Visto de esta manera, el derrotismo de muchos colegas parece fundado, y esto no s&oacute;lo en Alemania. Recientemente, cuatro de cada cinco pa&iacute;ses que integran la Organizaci&oacute;n para la Cooperaci&oacute;n y el Desarrollo Econ&oacute;mico reconocieron haber visto disminuido el n&uacute;mero de sus estudiantes de Humanidades. En Estados Unidos, el n&uacute;mero de alumnos de esa disciplina se redujo en un 17% en la &uacute;ltima d&eacute;cada. En Harvard, por ejemplo, pasaron de aproximadamente 7.000 en los a&ntilde;os 1970 a 60 en 2020. En su art&iacute;culo 'El fin de la carrera de ingl&eacute;s', publicado por el <em>New Yorker</em> en marzo de este a&ntilde;o, Nathan Heller cita las palabras de uno de sus entrevistados, un profesor que pidi&oacute; permanecer en el anonimato: &ldquo;Por aqu&iacute; todos tenemos la impresi&oacute;n de que estamos en el Titanic&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De todas las alarmantes predicciones que compartieron conmigo mis colegas al comienzo de mi estancia, s&oacute;lo una no se cumpli&oacute;, la de que mi principal decepci&oacute;n provendr&iacute;a de mis alumnos: atemorizados, curiosos, interesados, con enormes lagunas, incapaces de diferenciar una cita de un plagio, entretenidos hasta el aburrimiento, imposibilitados de distinguir entre un autor y un narrador, dotados de una atenci&oacute;n reducida y dispersa, impedidos, naturalmente, de saber qu&eacute; no saben, apasionados cuando se les daba una raz&oacute;n para ello, esos alumnos estaban vivos, sin embargo. Mucho m&aacute;s que sus profesores. Sus lagunas se hac&iacute;an visibles a cada momento, pero tambi&eacute;n su entusiasmo y su convicci&oacute;n &ndash;confusamente formulada, pero clara&ndash; de que la literatura puede decirles algo acerca de qui&eacute;nes son y de c&oacute;mo es el mundo al que deben enfrentarse. Nunca hubo una mala clase, o esta corri&oacute; a mi cargo. 
    </p><p class="article-text">
        Explorar con ellos ciertos textos &ndash;incluso los de &ldquo;grandes hombres blancos&rdquo; como Jorge Luis Borges, que, de acuerdo con las advertencias de mis colegas iban a generar en mis alumnos un rechazo inmediato&ndash; supuso, para m&iacute;, descubrir aspectos de estos que hab&iacute;a pasado por alto en mis lecturas anteriores; supuso, tambi&eacute;n, ver c&oacute;mo algunos textos contin&uacute;an resonando profundamente y de qu&eacute; manera es posible extraer de ellos, con una mirada nueva, un significado nuevo. Nuestro trabajo durante algunos meses consisti&oacute; en volver sobre el viejo v&iacute;nculo entre las palabras y las cosas; la experiencia fue tan enriquecedora para m&iacute; que s&oacute;lo espero que tambi&eacute;n lo haya sido para ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como afirm&oacute; recientemente Noam Chomsky, &ldquo;tenemos un par de d&eacute;cadas para decidir si el experimento humano va a continuar o si se hundir&aacute; en un glorioso desastre. Apostar por las Humanidades es una de las cosas m&aacute;s importantes que podemos hacer para ayudar a otras personas a tomar esa decisi&oacute;n; su justificaci&oacute;n, en los hechos, est&aacute; en todo lo que en este momento amenaza esas mismas Humanidades y contribuye a que los alumnos no vean en ellas una alternativa v&aacute;lida. 
    </p><p class="article-text">
        El auge de las inteligencias artificiales y el tipo de comunicaci&oacute;n sub&oacute;ptima que estas producen, que ya empieza a verse incluso en los peri&oacute;dicos de calidad, el incremento de los discursos de odio y la manipulaci&oacute;n pol&iacute;tica, el auge del tipo de nihilismo pol&iacute;tico de corte narcisista que puede verse en personajes como Donald Trump, Jair Bolsonaro y la italiana Giorgia Meloni, el argentino Javier Milei, Santiago Abascal y el iraqu&iacute; Salwan Momika, determinan la necesidad de darles herramientas cr&iacute;ticas para diferenciar los hechos de su interpretaci&oacute;n y del impacto emocional que esos hechos producen en nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Para que apreciar la variedad y la riqueza de la experiencia humana, as&iacute; como los problemas &eacute;ticos y morales que se derivan de nuestra existencia social, para interrogar las causas y las consecuencias del tipo de tecnolog&iacute;as de las que depende todo en este momento, para comprender las ficciones afines de un crecimiento y una optimizaci&oacute;n permanentes y la posibilidad de cuantificarlo todo, para navegar las enormes cantidades de informaci&oacute;n a las que nos enfrentamos a diario y valorarla, para entender de qu&eacute; manera los discursos &ndash;pol&iacute;ticos, period&iacute;sticos, literarios, estad&iacute;stico&ndash; son construidos y pueden ser desarticulados &mdash;es decir, el tipo de cosas que hacen los programas de Humanidades, al menos idealmente&ndash;, sea a&uacute;n mayor que en el pasado.
    </p><p class="article-text">
        De inventar nuevas y mejores formas de leer depende la posibilidad de demorar la emergencia de la sociedad post-ilustrada y post-democr&aacute;tica a la que nos conducen las tecnolog&iacute;as disruptivas. El desaf&iacute;o est&aacute; en que, como sostuvo John Guillory en su &uacute;ltimo libro, los alumnos ya viven parcialmente en esa sociedad, que adem&aacute;s es post-literaria en su concepci&oacute;n, o falta de ella, de para qu&eacute; servir&iacute;a la literatura. Pero es un reto que vale la pena aceptar, si no en nombre de nuestras ideas de orden, s&iacute; en el de los alumnos. No se merecen que se los deje de lado. Tienen mucho para ense&ntilde;arnos, y lo que nos queda de futuro, mucho o poco, les pertenece.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Patricio Pron]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/nuevas-mejores-formas-leer_129_10583324.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Oct 2023 20:33:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
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