<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Ángela Rodríguez Pam]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/angela-rodriguez-pam/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ángela Rodríguez Pam]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1048246/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA["Unos churros y se te pasa", "nadie te tocaría ni con un palo": yo soy gorda y lo tuyo es violencia política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/blog/micromachismos/churros-pasa-nadie-tocaria-palo-gorda-violencia-politica_132_10596039.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c0b5942a-b92a-436b-921a-bb414f3251ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Unos churros y se te pasa&quot;, &quot;nadie te tocaría ni con un palo&quot;: yo soy gorda y lo tuyo es violencia política"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se han metido con mi forma de vestir, con mi voz, con mis capacidades intelectuales, me han tocado sin que yo quisiera, me han increpado mientras paseaba, me han escupido a la cara, me han mandado mensajes subidos de tono y mensajes amenazantes y, sin embargo, nada me ha dolido tanto como el desprecio absolutamente normalizado a mi físico</p></div><p class="article-text">
        Me pidieron que escribiera un art&iacute;culo sobre el machismo cotidiano que he sufrido como secretaria de Estado de Igualdad y contra la Violencia de G&eacute;nero del Gobierno de Espa&ntilde;a. Lo cierto es que he tardado mucho en escribirlo porque sab&iacute;a el dolor que me iba a provocar hacerlo. No me considero una v&iacute;ctima, ni creo que muchas mujeres que est&aacute;n ahora en situaciones similares se consideren v&iacute;ctimas tampoco. No s&eacute; tampoco cu&aacute;nta de esta fuerza tiene que ver con que sabemos bien que cualquier muestra de debilidad se usa para golpearnos m&aacute;s. Pero lo cierto es que estamos fuertes. Y a la vez lo cierto es que duele much&iacute;simo y probablemente lo que m&aacute;s duele es el silencio. Por ello, finalmente, y tras mucho pensarlo, este art&iacute;culo no es otra reflexi&oacute;n te&oacute;rica sino m&aacute;s bien un bestiario de reflexiones sobre las violencias que las mujeres que ocupamos posiciones como la que yo ocupo normalizamos en nuestro d&iacute;a a d&iacute;a. Y es un art&iacute;culo que escribo como secretaria, pero sobre todo como Pam; porque hace poco fue el D&iacute;a de la Salud Mental no quiero ni puedo permitirme a m&iacute; misma tratar este asunto como un debate m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Empiezo por el principio. Ya ni yo misma me llamo otra cosa que no sea Pam. Y Pam se ha convertido en una onomatopeya, en una clave entre los miembros de la machosfera que les autoriza a tratarme como a un trozo de <em>pan</em>, una cosa que no llega a ser humana, que puede ser despreciada en cualquier forma y frecuencia, y que por muy graves que estos desprecios sean, solo formar&aacute;n parte del ruido que nosotras mismas hemos creado y que justifica toda violencia que podamos recibir. Algo habremos hecho, grita esa esfera. Y s&iacute;, claro, hablo en plural porque nada de lo que a m&iacute; se me diga o haga es comparable a lo que le han hecho a Irene Montero y a otras mujeres antes. Y s&iacute;, tambi&eacute;n porque ni siquiera lo que le hacen a ella y a tantas otras mujeres en el mundo que defienden los derechos de todas es por lo que somos, sino por lo que hacemos.
    </p><p class="article-text">
        Mientras escribo en el ordenador de mi despacho de la calle Alcal&aacute; 37 se escuchan gritos de fondo. Hay desde hace d&iacute;as un hombre que nos increpa porque estamos destrozando el Estado. Pienso qu&eacute; suceder&iacute;a si este mismo se&ntilde;or estuviera gritando bajo el balc&oacute;n de otro alto cargo del Gobierno. No ser&aacute; para tanto, mujer, me digo, como me dijeron tambi&eacute;n mientras pon&iacute;a una denuncia en comisar&iacute;a por las amenazas de muerte que estaba recibiendo, y porque ciertamente he llegado a creer que no es para tanto. Todo el rato pasan cosas mucho m&aacute;s graves que lo que a nosotras nos sucede. Pero tampoco creo que sea lo normal ni que debamos normalizarlo con silencio. As&iacute; que me pregunto, &iquest;qu&eacute; es lo normal cuando eres un cargo p&uacute;blico? &iquest;Hay un precio a pagar? &iquest;Hay una violencia normal?
    </p><p class="article-text">
        Abro Twitter. Justo esta semana se han cumplido dos a&ntilde;os de mi nombramiento como secretaria de Estado. Ese mismo d&iacute;a me quit&eacute; las notificaciones de todas las redes sociales. As&iacute; que abro Twitter. Repaso las &uacute;ltimas noticias. Leo ya sin sorpresa c&oacute;mo a cada persona de izquierdas de este pa&iacute;s que ha querido contextualizar sobre el conflicto palestino-isreal&iacute; le ha llovido una cantidad desmesurada de insultos. En esa misma l&iacute;nea me dicen: &ldquo;Es de cerdos horripilarse por unos muertos y disimular ante otros&rdquo;. Hasta ah&iacute; la media nacional. Pero nunca se queda solo ah&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Cualquiera de las publicaciones que hago tiene siempre una respuesta m&aacute;s o menos estructurada del siguiente modo: si fueran s&oacute;lo diez comentarios, recibir&iacute;a uno de apoyo, uno sobre alguna de las cr&iacute;ticas habituales al Ministerio de Igualdad (exceso de gasto y personal, contador de sentencias de rebajas de penas por la mala aplicaci&oacute;n de algunos tribunales de la ley de libertad sexual, transfobia, etc.) y los otros ocho tendr&iacute;an que ver con mi f&iacute;sico.
    </p><p class="article-text">
        Los miles de comentarios semanales sobre mi f&iacute;sico me parecen un asunto relevante. Debajo de los cuestionamientos a mi salario y a mi posici&oacute;n sobre el asunto que corresponda recibo: &ldquo;Vete a un gimnasio tarada&rdquo;, &ldquo;menuda barbacoa, c&oacute;mo te vas a poner&rdquo;, &ldquo;unos churros y se te pasa&rdquo;, &ldquo;haz una huelga de hambre&rdquo;, &ldquo;vete a parar las balas que tienes con qu&eacute;&rdquo;, &ldquo;trabaja primero por el alto a la comida&rdquo;, &ldquo;a ti lo &uacute;nico que te duele es el est&oacute;mago de hambre&rdquo;, &ldquo;nadie te tocar&iacute;a ni con un palo&rdquo;, &ldquo;gorda, gorda, das asco, gorda, asco&rdquo;. Mi psic&oacute;logo, mi madre, mis amigas, mi novia, el equipo con el que trabajo me dicen que no lo lea. Y casi nunca lo hago, pero por desgracia traspasa lo que ah&iacute; sucede.
    </p><p class="article-text">
        La deshumanizaci&oacute;n que va impl&iacute;cita en el tipo de odio que recibimos en las redes sociales se reproduce en muchos de los marcos comunicativos que se construyen sobre nosotras, permeando as&iacute; en una forma de hacer pol&iacute;tica y periodismo que normaliza en muchas ocasiones la violencia pol&iacute;tica hacia las feministas. As&iacute; se entiende c&oacute;mo en la &uacute;ltima semana se difundi&oacute; como bulo una foto m&iacute;a con un amigo que ha sido usada como prueba para acusarme de gastar dinero p&uacute;blico en prostituci&oacute;n; se entiende c&oacute;mo se hicieron noticias falsas afirmando que yo equipar&eacute; darse dos besos a la violencia sexual, bulo que ha sido utilizado para publicar serias columnas de reflexi&oacute;n en uno de los peri&oacute;dicos m&aacute;s le&iacute;do de nuestro pa&iacute;s; o incluso se entiende c&oacute;mo se me ha llegado a acusar de negacionista de la ciencia por no creer en la utilidad de los buenos h&aacute;bitos de salud frente a la apolog&iacute;a de la obesidad que supuestamente defiendo.
    </p><p class="article-text">
        Soy consciente de que van a perseguir mis pasos en el futuro. De que no habr&aacute; un solo destino de mi carrera o de mi vida que no sea susceptible de ser criticado y se&ntilde;alado. El fin de semana pasado otro bulo afirmaba que me hab&iacute;a presentado a un examen de oposici&oacute;n p&uacute;blica al que ni siquiera acud&iacute;. Hace unos d&iacute;as un presentador de televisi&oacute;n ca&iacute;do en desgracia pon&iacute;a mi nombre a una vaca para subir su audiencia.
    </p><p class="article-text">
        Si lo que te llega de m&iacute; es que soy una gorda in&uacute;til que cobra mucho por hacerlo todo mal y que dice todo el rato cosas est&uacute;pidas es que la estrategia para desacreditar el trabajo feminista que hemos hecho estos a&ntilde;os funciona. El problema en todo esto es que hay una cosa que s&iacute; es verdad: soy gorda. Lo llevo siendo toda mi vida, tengo un cuerpo que no encaja por muchos motivos dentro del canon de belleza de nuestro tiempo y mucho menos a&uacute;n dentro del canon exigible de manera impl&iacute;cita a todas aquellas mujeres que vayan a ocupar la primera l&iacute;nea de la pol&iacute;tica en este pa&iacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Ser una gorda es mucho m&aacute;s que tener sobrepeso. He pesado m&aacute;s y mucho menos de lo que peso ahora y siempre he sido una gorda. Gorda significa que no te cabe la ropa que venden en las tiendas donde todas se compran la ropa, pero significa tambi&eacute;n que eres otro tipo de mujer, una que no se esfuerza lo suficiente en serlo y que tu simple imagen es la viva muestra de que existe disciplinamiento para quien no dedique todos sus esfuerzos para entrar, esta vez s&iacute; lo digo, en ese estrechito carril que nos dejan a las mujeres para ser quienes somos en libertad. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El desprecio a mi físico me ha hecho preguntarme si las personas gordas no merecemos lo mismo que el resto, si efectivamente somos menos válidas, nos esforzamos menos o somos sencillamente peores por ocupar un poco más de espacio en una silla al sentarse</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Ser una gorda es mucho m&aacute;s que un peso determinado, es ser, sobre todo, una mala mujer. Se han metido con mi forma de vestir, con mi voz, con mis capacidades intelectuales, con mi manera barriobajera de expresarme, me han tocado sin que yo quisiera, me han agarrado del brazo por la calle, me han increpado mientras paseaba, me han escupido a la cara, me han mandado mensajes subidos de tono, mensajes amenaz&aacute;ndome con violencia sexual, f&iacute;sica o la muerte, han intentado tambi&eacute;n perseguir a las personas que m&aacute;s quiero, y, sin embargo, nada me ha dolido tanto como el desprecio absolutamente normalizado a mi f&iacute;sico. Me ha hecho preguntarme si las personas gordas no merecemos lo mismo que el resto, si efectivamente somos menos v&aacute;lidas, nos esforzamos menos o somos sencillamente peores por ocupar un poco m&aacute;s de espacio en una silla al sentarse. Cu&aacute;ntos kilos separan lo v&aacute;lido de lo que no lo es. 
    </p><p class="article-text">
        Me ha dolido tanto que me ha hecho intentar por todos los medios dejar de ser una gorda. Me he puesto m&aacute;s atr&aacute;s en las fotos, me he vestido solo de negro, he ido al gimnasio, he dejado de comer, he vomitado hasta perder la cuenta, he querido irme, he querido desparecer y sobre todo he dedicado much&iacute;simas horas a esto aun sabiendo que era algo imposible de cambiar. Si ser mujer y hacer pol&iacute;ticas de izquierdas ya te coloca en el punto de mira, hacerlo con un cuerpo gordo es una osad&iacute;a imperdonable que quieren recordarme cada d&iacute;a. Ojal&aacute; poder decir ahora que esto #SeAcab&oacute;, pero ni la violencia pol&iacute;tica, ni la gordofobia ni un TCA son cosas que se terminen con un art&iacute;culo o con muchos art&iacute;culos, de hecho. Y ojal&aacute; se dejase de ser una gorda solo con adelgazar.
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; puedo decir muy tranquila es que lo que se ha acabado es el silencio. Y esto es una victoria inmensa que nunca habr&iacute;amos conseguido de no intentarlo colectivamente. No soy ingenua, soy consciente de que soy una mujer con una posici&oacute;n de poder. Es por ello que soy consciente tambi&eacute;n, porque lo he vivido toda mi vida, de que despreciar a las gordas es algo que te pasa incluso si eres secretaria de Estado, pero porque antes te sucede en el colegio, en tu casa, por la calle y por todas las expresiones m&aacute;s o menos institucionales de una sociedad que, con demasiada frecuencia, castiga lo diferente.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, y ahora s&iacute;, y porque soy secretaria de Estado de Igualdad, quiero (y debo) decirles a todas las ni&ntilde;as y mujeres que sufren porque creen que su cuerpo no es lo suficientemente v&aacute;lido que nuestro silencio se tiene que acabar. Que sois v&aacute;lidas y maravillosas. Que somos v&aacute;lidas y nos merecemos estar. Que juntas podemos hacer que la sociedad camine en direcci&oacute;n contraria a la gordofobia. Que gracias a las que ya hab&eacute;is roto el silencio. Que ninguna mujer o ni&ntilde;a tendr&iacute;a que sufrir por esto. Que nadie tiene que aguantar esto. Que no existe ning&uacute;n precio a pagar por estar en pol&iacute;tica. Que yo ser&eacute; gorda, pero lo suyo se llama violencia pol&iacute;tica. Y que hay esperanza siempre y se llama feminismo.
    </p><p class="article-text">
        <em>Si t&uacute; tambi&eacute;n quieres compartir tu historia de machismo cotidiano escribe a </em><em><strong>micromachismos@eldiario.es</strong></em><em>.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Sigue la actualidad en el&nbsp;</em><a href="https://whatsapp.com/channel/0029VaADvoj96H4Sk7x8xL3i" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>nuevo canal de WhatsApp de elDiario.es</em></a><em>&nbsp;con las claves del d&iacute;a y las &uacute;ltimas horas m&aacute;s importantes.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Rodríguez Pam]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/blog/micromachismos/churros-pasa-nadie-tocaria-palo-gorda-violencia-politica_132_10596039.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Oct 2023 20:46:31 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c0b5942a-b92a-436b-921a-bb414f3251ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2123546" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c0b5942a-b92a-436b-921a-bb414f3251ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2123546" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Unos churros y se te pasa", "nadie te tocaría ni con un palo": yo soy gorda y lo tuyo es violencia política]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c0b5942a-b92a-436b-921a-bb414f3251ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Violencia machista,Machismo,Acoso sexual,Discriminación de género,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
