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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ignacio Gutiérrez de Terán Gómez-Benita]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ignacio-gutierrez-de-teran-gomez-benita/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ignacio Gutiérrez de Terán Gómez-Benita]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El efecto bumerán de Estados Unidos en Oriente Medio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/efecto-bumeran-estados-unidos-oriente-medio_129_10654197.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2470b55a-216b-433d-a2fc-8cbaa8cfd1df_16-9-discover-aspect-ratio_default_1083964.jpg" width="4871" height="2740" alt="El efecto bumerán de Estados Unidos en Oriente Medio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">EEUU ha decidido superar su papel como encubridor para convertirse en actor cooperante de una estrategia bélica israelí que va mucho más allá de erradicar a Hamás</p><p class="subtitle">Análisis - Occidente ante la masacre en Gaza, por Olga Rodríguez
</p></div><p class="article-text">
        En el a&ntilde;o 2000, el polit&oacute;logo Chalmers Johnson public&oacute; un libro que se ha convertido en cl&aacute;sico de la &ldquo;contra-historia&rdquo; de la pol&iacute;tica exterior estadounidense: <em>Blowback. The Costs and Consequences of American Empire</em>. Ah&iacute; detallaba c&oacute;mo las decisiones adoptadas por los responsables estadounidenses hab&iacute;an generado un efecto de <em>blowback </em>o bumer&aacute;n que se hab&iacute;a terminado volviendo contra sus intereses y supuestos principios de acci&oacute;n en aquellas regiones del planeta sometidas a su influencia directa. Johnson se refer&iacute;a a la estrategia general de los Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial, con especial &eacute;nfasis en el periodo inmediatamente posterior al fin de la Guerra Fr&iacute;a una vez convertida en potencia hegem&oacute;nica mundial.
    </p><p class="article-text">
        El hecho de que la traducci&oacute;n espa&ntilde;ola apareciera en 2004, tres a&ntilde;os despu&eacute;s de los atentados del 11-S, hizo creer a muchos que el original estaba centrado en un &ldquo;efecto contraproducente&rdquo; en particular. A saber, la relaci&oacute;n de connivencia mantenida en los ochenta entre los servicios de inteligencia estadounidenses, la confederaci&oacute;n de muyahidines afganos y la organizaci&oacute;n de Al-Qaeda, presidida por Osama bin Laden. El objeto por aquel entonces no era otro que combatir la invasi&oacute;n sovi&eacute;tica de 1979, que fue resuelta en 1989 con la salida de las tropas de Mosc&uacute; y el triunfo resonante de la asociaci&oacute;n estadounidense con el yihadismo de la &eacute;poca, calificado entonces como aliado &ldquo;provechoso&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias de tal contubernio las conocemos muy bien hoy; en aquella &eacute;poca, sin embargo, los servicios de inteligencia estadounidenses se disputaban con sus hom&oacute;nimos saud&iacute;es y paquistan&iacute;es el protagonismo principal, congratul&aacute;ndose todos por haber hallado en el yihadismo un arma letal para combatir el comunismo.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, algunos debieron de pensar que el libro se centraba en otro gran ejemplo de la contradicci&oacute;n entre los valores supuestamente defendidos por EEUU y la realidad de su pol&iacute;tica exterior, la cuesti&oacute;n palestina y el apoyo incondicional a las tesis israel&iacute;es. 
    </p><p class="article-text">
        Pero tampoco: el autor, por aquel entonces profesor em&eacute;rito de la Universidad de California, focalizaba su estudio en un an&aacute;lisis minucioso de la pol&iacute;tica exterior de su pa&iacute;s en Asia Oriental, en especial Jap&oacute;n, China y las dos Coreas &ndash;de hecho, era el presidente del Japan Policy Research Institute, con sede en Oakland y, en la actualidad, con una web en espa&ntilde;ol en la cual pueden consultarse sus art&iacute;culos&ndash;. 
    </p><p class="article-text">
        El texto, en consecuencia, ten&iacute;a mucho de prof&eacute;tico, pues no cabe duda de que los ataques de Nueva York y Washington de 2001, organizados por Al Qaeda y un n&uacute;mero considerable de individuos de nacionalidad saud&iacute; (Arabia Saud&iacute; era uno de los principales aliados de EEUU en Oriente Medio), corroboran de manera fehaciente buena parte de cuanto se expon&iacute;a en &eacute;l: las pol&iacute;ticas &ldquo;err&aacute;ticas&rdquo; y perniciosas, basadas en falsos discursos y alianzas inconfesables, constituyen la mejor semilla para asegurar &ldquo;futuros desastres&rdquo; de consecuencias imprevisibles. 
    </p><p class="article-text">
        Washington sembr&oacute; las tempestades que condujeron al 11-S y, acto seguido, sin haber aprendido de aquellos errores, volvi&oacute; a poner las bases de nuevos efectos contraproducentes. Invadi&oacute; Afganist&aacute;n en el mismo 2001 y despu&eacute;s ocup&oacute; Irak dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, con el argumento de que era la mejor manera de acabar con el radicalismo isl&aacute;mico, a sabiendas de que entre todos los defectos del r&eacute;gimen de Sadam Husein, el yihadismo, precisamente, no era uno de ellos. Al tiempo, segu&iacute;a justificando el sost&eacute;n de determinados gobiernos &aacute;rabes y musulmanes corruptos y autoritarios, arm&aacute;ndolos con gran generosidad e interpretando la represi&oacute;n de la sociedad civil local como una medida necesaria para poner coto a las formaciones afines al islamismo pol&iacute;tico anti occidental. 
    </p><p class="article-text">
        El desaguisado originado por los estadounidenses en Irak desestabiliz&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s la regi&oacute;n de Oriente Medio; peor a&uacute;n, propici&oacute; la aparici&oacute;n de nuevos movimientos yihadistas, hasta el punto de que uno de ellos, el llamado Estado Isl&aacute;mico o Daesh, termin&oacute; desplazando a la propia Al-Qaeda y se apoder&oacute; de amplios territorios en Siria y el propio Irak. Nunca antes una formaci&oacute;n de este tipo hab&iacute;a disfrutado de tanto poder e influencia en la regi&oacute;n, hasta el punto de permitirse el lujo de adoptar el pomposo t&iacute;tulo de &ldquo;Estado Isl&aacute;mico en Irak y Siria&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a Afganist&aacute;n, baste recordar que los talibanes, supuestamente derrotados en 2001 por negarse a entregar a Osama bin Laden, volvieron al poder en 2021 tras un entendimiento tan oscuro como intrigante con los estadounidenses.
    </p><h3 class="article-text">Apoyo inequ&iacute;voco a Israel</h3><p class="article-text">
        El apoyo inequ&iacute;voco dado por Washington a la campa&ntilde;a militar de Israel contra la Franja de Gaza en los d&iacute;as siguientes al ataque sorpresivo de Ham&aacute;s el 7 de octubre de 2023 supone sin duda un nuevo ejemplo de <em>blowback</em>, cuyos efectos, nos tememos, veremos pronto. 
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que las atrocidades cometidas por el Ej&eacute;rcito israel&iacute; contra objetivos civiles dentro de la Franja han obligado a modular el respaldo estadounidense. Washington, acompa&ntilde;ado aqu&iacute; por numerosos Estados europeos que dieron carta blanca a Tel Aviv desde un primer momento, han terminado aceptando la idea del corredor y las ayudas humanitarias, insistiendo sin demasiada contundencia en la necesidad de respetar el derecho internacional y preservar la seguridad de hospitales y centros educativos. Pero, en esencia, se mantiene el tono decidido de que Israel tiene el derecho &ndash;y debe&ndash; exterminar a los <em>daish&iacute;es</em> de Ham&aacute;s a cualquier precio, aunque sea a costa de la vida de decenas de miles de personas, la mayor parte de ellos, al menos en las tres primeras semanas de operaci&oacute;n, mujeres y ni&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Para Johnson, hay medios m&aacute;s efectivos para derrotar el terrorismo que la respuesta militar a gran escala, vengativa y a despecho del derecho internacional. El problema es que no se repara en ellos porque determinadas directrices de la pol&iacute;tica exterior &ldquo;marco&rdquo; lo impiden o, lisa y llanamente, porque existe una estrategia de largo alcance que incluye objetivos dif&iacute;cilmente confesables. Es decir, que el discurso aportado para justificar este tipo de acciones encierra presupuestos falsos. 
    </p><p class="article-text">
        Dejando a un lado la ret&oacute;rica oficial del Gobierno israel&iacute; y sus portavoces militares, la guerra de Gaza va m&aacute;s all&aacute; de una reacci&oacute;n en leg&iacute;tima defensa que busca impedir la repetici&oacute;n de la ofensiva lanzada por Ham&aacute;s el 7 de octubre, la m&aacute;s dolorosa y humillante sufrida por el estado de Israel desde su creaci&oacute;n en 1948. Por lo mismo, excede la ret&oacute;rica visceral de la ley del Tali&oacute;n, tan cultivada por los responsables pol&iacute;ticos de Tel Aviv a lo largo de los &uacute;ltimas semanas. 
    </p><p class="article-text">
        Tal y como ha sido presentada por los miembros de la alianza del Gobierno que maneja los hilos de poder desde hace menos de un a&ntilde;o, esta operaci&oacute;n es de vida o muerte para el futuro mismo del proyecto sionista israel&iacute; tal y como lo entienden los colaboradores m&aacute;s radicales del primer ministro, Benjamin Netanyahu. &Eacute;ste ha repetido en las &uacute;ltimas semanas que la respuesta del Ej&eacute;rcito &ldquo;va a cambiar el mapa de Oriente Medio&rdquo;. Y no se trata de una met&aacute;fora o un ejercicio ret&oacute;rico: si tomamos en cuenta declaraciones antiguas suyas, as&iacute; como otras m&aacute;s recientes de miembros de la alianza gubernamental, podremos hacernos una idea fidedigna de qu&eacute; podr&iacute;a ser eso de un nuevo mapa para la zona. 
    </p><p class="article-text">
        Ya en 1996, al asumir por primera vez la jefatura del gobierno, dej&oacute; entrever su opini&oacute;n sobre la autonom&iacute;a de los territorios palestinos ocupados, contraria por supuesto; en septiembre de 2023, volvi&oacute; a mostrar ante ante la Asamblea General de las Naciones Unidas un mapa del Israel hist&oacute;rico desde el &ldquo;r&iacute;o (Jord&aacute;n) hasta el mar (Mediterr&aacute;neo)&rdquo;, en el que Gaza y Cisjordania se inclu&iacute;an en aquel como si conformaran partes naturales del mismo. Todo esto tiene correspondencia, por supuesto, con lo expuesto por Netanyahu y sus aliados en el acuerdo program&aacute;tico de gobierno, en el sentido de que Israel tiene derecho a expandir los asentamientos y construir viviendas para sus colonos en todo el territorio, Cisjordania en primer lugar. 
    </p><p class="article-text">
        Pero hay m&aacute;s: en el mapa en cuesti&oacute;n, un exultante Netanyahu traz&oacute; una l&iacute;nea en verde que iba desde la costa mediterr&aacute;nea israel&iacute; hasta la India, en alusi&oacute;n a la gran conexi&oacute;n mar&iacute;tima y ferroviaria alentada por Washington que conectar&iacute;a tambi&eacute;n con Europa y el Golfo a trav&eacute;s de Arabia Saud&iacute;, la cual, seg&uacute;n anunci&oacute; tambi&eacute;n, se encontraba a punto de firmar un acuerdo de paz con Tel Aviv. Su alegr&iacute;a estaba justificada: el establecimiento de relaciones plenas dejar&iacute;a en una situaci&oacute;n de extrema debilidad a los palestinos y reducir&iacute;a su causa a un factor molesto e indigesto en el espectro de la gran propuesta de estabilizaci&oacute;n regional a trav&eacute;s de un gran acuerdo econ&oacute;mico internacional. El presidente estadounidense Joe Biden celebr&oacute; la proximidad del acuerdo, que el heredero al trono saud&iacute;, Mohammed ben Salm&aacute;n, pareci&oacute; corroborar en declaraciones posteriores. Semanas antes, aquel hab&iacute;a augurado durante la cumbre de los G20 en Nueva Delhi un futuro de bonanza econ&oacute;mica presidido por relaciones comerciales llenas de paz y concordia, a expensas de los derechos hist&oacute;ricos de los palestinos y la seguridad nacional y econ&oacute;mica de otros pa&iacute;ses de la zona, como Egipto, que perder&iacute;a los generosos ingresos procedentes del canal de Suez. 
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, el plan en s&iacute; trataba de crear un eje alternativo a la nueva Ruta de la Seda alentada por China para unir el extremo asi&aacute;tico con el continente europeo a trav&eacute;s de &Aacute;frica. Juegos de geoestrategia mundial que suelen deparar, tambi&eacute;n, efectos secundarios de dif&iacute;cil diagn&oacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        El principal escollo de este gran proyecto radicaba, precisamente, en el futuro inmediato de los territorios palestinos. Aqu&iacute;, Tel Aviv deb&iacute;a enfrentarse a varios problemas. En primer lugar, Gaza, donde las tensiones internas y la actitud de Ham&aacute;s no aportaban la estabilidad necesaria para asegurar el acceso desde el puerto de Eilat en el mar Rojo hasta el Mediterr&aacute;neo, dentro de la Franja o en los alrededores; en segundo, Cisjordania, en la que tanto el gobierno como los colonos han puesto sus ojos para ampliar la extensi&oacute;n de sus asentamientos, a costa de las tierras de los palestinos y sus derechos leg&iacute;timos; y tercero, relacionado con lo anterior, el enorme reto demogr&aacute;fico derivado del crecimiento sostenido de la poblaci&oacute;n palestina, que ya casi supera en n&uacute;mero a la jud&iacute;a si computamos los habitantes de Gaza, Cisjordania y los llamados &aacute;rabes del 48, con nacionalidad israel&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Hemos visto en tiempos recientes informes oficiales supuestamente confidenciales en los que se habla con claridad de este aspecto, la presi&oacute;n demogr&aacute;fica palestina, y la necesidad de hallar soluciones dr&aacute;sticas. Por supuesto, la expulsi&oacute;n de cientos de miles de civiles hacia Egipto, Jordania o Siria se ha convertido desde hace tiempo en una de las opciones principales; y los ataques del 7 de octubre parecieron abrir una puerta a esta posibilidad, tal y como pod&iacute;a apreciarse en las declaraciones de muchos representantes y analistas israel&iacute;es. Aqu&iacute;, como en tantas otras cosas derivadas de su entente con las prioridades israel&iacute;es, no se sabe hasta qu&eacute; punto los estadounidenses asienten, colaboran o comparten activamente. O tratan de corregir el rumbo desbocado de este gobierno israel&iacute; ultra derechista que amenaza con desgarrar las costuras del proyecto sionista cl&aacute;sico. 
    </p><p class="article-text">
        Por ello, m&aacute;s que en ning&uacute;n otro momento en el historial del conflicto &aacute;rabe-israel&iacute;, la Administraci&oacute;n Biden se ha implicado en el conflicto de forma directa, aun a costa de potenciar nuevos <em>blowbacks</em> en la zona. El env&iacute;o de cerca de 20 barcos al Mediterr&aacute;neo y el Golfo de Om&aacute;n, miles de asesores, marines e instructores militares, el aporte de toneladas de bombas y material militar de &uacute;ltima tecnolog&iacute;a, la financiaci&oacute;n millonaria aprobada por v&iacute;a urgente, etc., no s&oacute;lo imprime el mensaje de que Israel se halla en una situaci&oacute;n de debilidad desconocida hasta el momento presente sino tambi&eacute;n que Estados Unidos ha decidido unir su destino al de aquella en una huida hacia adelante, sin calibrar el efecto no deseado de desatender las otras coordenadas de su pol&iacute;tica exterior en Oriente Medio.
    </p><p class="article-text">
        Johnson hac&iacute;a alusi&oacute;n en su estudio a que las pol&iacute;ticas de desplazamiento y expulsi&oacute;n llevadas a cabo por Israel respecto a los ciudadanos palestinos que est&aacute;n bajo su jurisdicci&oacute;n por mor de la ocupaci&oacute;n asentaban las bases de un nuevo efecto de bumer&aacute;n, el cual habr&iacute;a de impactar necesariamente en la estabilidad de los intereses estadounidenses. 
    </p><p class="article-text">
        Las sociedades de las grandes potencias internacionales tienen propensi&oacute;n, a&ntilde;ad&iacute;a, a olvidarse con cierta rapidez de sus actos &ldquo;imperialistas&rdquo; menos honrosos. Por ello, se muestran con demasiada frecuencia incapaces de aprender de sus errores pasados. Para Biden, esta guerra constituye &ldquo;un punto de inflexi&oacute;n en la historia&rdquo;. Resulta sencillo imaginar, pues, que Washington no permitir&aacute; en ning&uacute;n caso que Israel salga de ella con algo que no sea una victoria, al menos parcial. 
    </p><p class="article-text">
        El problema, una vez m&aacute;s, reside en el hecho de que esta apuesta firme en favor del gobierno m&aacute;s radical en la historia de Israel, lo cual es mucho decir, tensando al m&aacute;ximo la relaci&oacute;n de Washington con una comunidad internacional que habla sin ambages de cr&iacute;menes de guerra, pone en peligro tanto la credibilidad en el exterior de EEUU como la integridad de sus representantes civiles y militares en Oriente Medio y otras regiones del planeta. Los ataques de milicias chi&iacute;es contra destacamentos estadounidenses en Siria e Irak son s&oacute;lo el principio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para las sociedades de la gran mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses &aacute;rabes e isl&aacute;micos la cobertura aportada por Biden a los ataques indiscriminados contra civiles en Gaza supone mucho m&aacute;s que una nueva muestra del doble rasero de estadounidenses &ndash;y europeos&ndash; respecto a la cuesti&oacute;n palestina. Confirma que EEUU ha decidido superar su papel como encubridor para convertirse en actor cooperante de una estrategia b&eacute;lica israel&iacute; que va mucho m&aacute;s all&aacute; de erradicar a Ham&aacute;s. Adem&aacute;s, la defensa a ultranza de las tesis expansionistas israel&iacute;es, por mucho que unos y otros las nieguen, pone en peligro la estabilidad de los estados &aacute;rabes aliados de EEUU con acuerdos de paz o proyectos de normalizaci&oacute;n en curso con Israel. 
    </p><p class="article-text">
        Una cosa es callar o limitarse a protestas formales ante &ldquo;las atrocidades israel&iacute;es&rdquo;, y otra contener la creciente indignaci&oacute;n de sus ciudadanos no s&oacute;lo contra el asesinato de civiles indefensos sino tambi&eacute;n contra los supuestos planes acerca de un nuevo &eacute;xodo masivo de palestinos, esta vez hacia Egipto, y quien sabe si hacia Jordania, desde Cisjordania, el d&iacute;a de ma&ntilde;ana. Las autocracias &aacute;rabes de la zona han sabido hasta ahora reprimir las corrientes opositoras internas; pero esta guerra en Gaza, con sus&nbsp;im&aacute;genes de muerte y destrucci&oacute;n, representa un desaf&iacute;o monumental para cualquiera, ya sea en el Golfo, Jordania o Egipto. 
    </p><p class="article-text">
        Habida cuenta de los antecedentes, ser&iacute;a iluso pensar que la estrategia actual de EEUU en la Palestina hist&oacute;rica va a neutralizar a los movimientos armados opuestos a Israel &ndash; o lo que ellos entienden de manera muy general por &ldquo;terrorismo&rdquo;&ndash; y, por extensi&oacute;n, a la pol&iacute;tica exterior de Washington en la zona.&nbsp;Y si determinados reg&iacute;menes &aacute;rabes e isl&aacute;micos tenidos por &ldquo;moderados&rdquo; entran en colapso podemos imaginar el formidable efecto de radiaci&oacute;n de este nuevo <em>blowback</em> para Estados Unidos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Gutiérrez de Terán Gómez-Benita]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Nov 2023 21:26:01 +0000]]></pubDate>
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