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    <title><![CDATA[elDiario.es - Tesh Sidi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/tesh-sidi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Tesh Sidi]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Entre 'La Terminal' y la realidad: mi lucha por la nacionalidad española]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/terminal-realidad-lucha-nacionalidad-espanola_129_12080451.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/46dd7869-26af-4e55-a89e-261fdc2b3bc1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Entre &#039;La Terminal&#039; y la realidad: mi lucha por la nacionalidad española"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mi historia no es una excepción ni un golpe de mala suerte; es el resultado del racismo institucional y del abandono de España. Es la historia de cualquier saharaui. Hoy el Congreso de los Diputados tiene la oportunidad de hacer justicia, de reconocer una deuda histórica y de apostar por una memoria democrática y restaurativa</p></div><p class="article-text">
        Cuando vi <em>La Terminal</em> (2004), protagonizada por Tom Hanks, sent&iacute; que esa historia ten&iacute;a mucho de la m&iacute;a. En la pel&iacute;cula, Hanks interpreta a Viktor Navorski, un hombre atrapado en un aeropuerto sin poder entrar ni salir porque su pa&iacute;s deja de existir debido a un conflicto pol&iacute;tico. Atrapado en un limbo legal, Navorski sobrevive en la terminal, esperando que la burocracia le devuelva su derecho a existir en alg&uacute;n lugar.
    </p><p class="article-text">
        Yo no viv&iacute; en un aeropuerto, pero s&iacute; pas&eacute; a&ntilde;os sinti&eacute;ndome igual que el personaje de Hanks: un ser humano al que la administraci&oacute;n se negaba a reconocer. Cuando sali&oacute; <em>La Terminal</em>, yo apenas ten&iacute;a 10 a&ntilde;os y a&uacute;n no entend&iacute;a bien el espa&ntilde;ol, pero la angustia de Tom Hanks la sent&iacute;a m&iacute;a. A Tom y a m&iacute; nos quitaban el sue&ntilde;o las mismas cosas.
    </p><p class="article-text">
        Llegu&eacute; a Espa&ntilde;a con apenas siete a&ntilde;os, en 2002, gracias al programa Vacaciones en Paz. Viaj&eacute; con mi hermano mellizo y nuestra &uacute;nica preocupaci&oacute;n era pasar dos meses de verano con nuestra familia de acogida y llevarnos muchos juguetes para nuestros hermanos. Sab&iacute;amos que nuestra casa no era ese campo de refugiados; era un lugar que nuestros padres llamaban el &lsquo;Mantaga&rsquo; o &lsquo;territorios ocupados&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro padre, una figura ausente, pasaba largos per&iacute;odos en el ej&eacute;rcito y nos recompensaba nuestras buenas notas con caramelos de nata, probablemente lo &uacute;nico que pod&iacute;a ofrecernos entonces. Nuestra madre, despojada de todo por la guerra, nos crio sola, record&aacute;ndonos siempre el Mantaga, un lugar con vistas al mar, donde hab&iacute;a mucho pescado y donde sol&iacute;a comer carne a diario. Pero cuando terminaba la frase, sonre&iacute;a mirando el plato que nos serv&iacute;a: casi siempre lentejas durante el d&iacute;a y arroz con leche por la noche.
    </p><p class="article-text">
        A los 12 a&ntilde;os me qued&eacute; a vivir con mi familia de acogida en el pueblo alicantino de Banyeres de Mariola. Y ah&iacute; empez&oacute; mi propia <em>Terminal</em>. La terminal de una ni&ntilde;a saharaui que hoy ocupa un esca&ntilde;o en el Congreso de los Diputados.
    </p><p class="article-text">
        Mi padre naci&oacute; en 1952, bajo la ocupaci&oacute;n espa&ntilde;ola del S&aacute;hara Occidental. Trabaj&oacute; en la mina de fosfatos en el S&aacute;hara cuando era territorio espa&ntilde;ol. Su vida laboral est&aacute; registrada en el Ministerio de Hacienda. En 2007, recuper&oacute; su nacionalidad espa&ntilde;ola porque fue de los pocos que llevaba el DNI durante la Marcha Verde, algo que no hizo mi madre ante la ocupaci&oacute;n marroqu&iacute; del S&aacute;hara con el consentimiento de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Sus hijos, en cambio, sufrimos una cancelaci&oacute;n administrativa que, en mi caso, se prolong&oacute; m&aacute;s de 20 a&ntilde;os. Durante tres a&ntilde;os fui una menor &ldquo;MENA, ilegal&rdquo;, sin papeles, sin derechos. Mi familia de acogida viv&iacute;a con el miedo de que me enfermara o sufriera un accidente. Me admitieron en el colegio del pueblo despu&eacute;s de muchas peleas, pero la burocracia segu&iacute;a repitiendo la misma frase: &ldquo;No existes.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Mi hermano mellizo, mi padre y yo sabemos lo crueles que fueron aquellos a&ntilde;os de colas en Extranjer&iacute;a, peleando por ser reconocidos como hijos de espa&ntilde;oles, como personas con derecho a una existencia oficial. &ldquo;Vuestro pa&iacute;s no existe, vosotros no exist&iacute;s.&rdquo; Era la frase que nos repet&iacute;an los funcionarios. Por entonces, hab&iacute;amos conseguido un suced&aacute;neo de papeles: el t&iacute;tulo de viaje argelino de car&aacute;cter humanitario, el NIE para estudiar y las partidas de nacimiento de la Rep&uacute;blica &Aacute;rabe Saharaui Democr&aacute;tica (RASD), documentos que Espa&ntilde;a no reconoc&iacute;a, ya que tampoco reconoce la RASD.
    </p><p class="article-text">
        En 2014, gracias a la lucha de la Abogac&iacute;a Saharaui en los tribunales espa&ntilde;oles, el Estado comenz&oacute; a reconocer las partidas de nacimiento de los saharauis, y por fin pude iniciar los tr&aacute;mites de nacionalidad mientras estudiaba en la universidad. Sin embargo, solo me la otorgar&iacute;an si se resolv&iacute;a antes de mis 21 a&ntilde;os. &iquest;C&oacute;mo de aleatorio es imaginar que un derecho viene delimitado por un n&uacute;mero? A los 21 s&iacute;, a los 22 no.
    </p><p class="article-text">
        Como muchos saharauis, mi expediente se &ldquo;perdi&oacute;&rdquo; en alg&uacute;n registro y jam&aacute;s recib&iacute; respuesta. A los 22 a&ntilde;os, tuve que empezar de nuevo. Ahora deb&iacute;a acreditar 10 a&ntilde;os de residencia legal y continuada.
    </p><p class="article-text">
        El documento m&aacute;s preciado en mi piso de estudiantes era mi NIE. Un d&iacute;a, me robaron la cartera y casi me da algo. Un amigo de la universidad bromeaba con pedirme matrimonio para arreglarlo, pero a m&iacute; siempre me ha gustado plantarle cara al sistema. Esto me lo ofrec&iacute;a un amigo, pero no quiero imaginar las miles de mujeres que terminan siendo chantajeadas por esta concesi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tras a&ntilde;os de batalla, en septiembre de 2021 recib&iacute; la resoluci&oacute;n de concesi&oacute;n de nacionalidad espa&ntilde;ola por parte del Ministerio de Justicia, aunque no fue hasta 2022 cuando se materializ&oacute; realmente, ya que el Registro Civil no quiso inscribirme como saharaui y me reclamaba una prueba forense para determinar mi edad y sexo. Algo que me parec&iacute;a inaceptable, considerando toda la cancelaci&oacute;n que hab&iacute;a sufrido.
    </p><p class="article-text">
        Mi caso y el de mi hermano lo elevamos al Defensor del Pueblo y a la v&iacute;a judicial. Seis meses despu&eacute;s conseguimos nuestro DNI espa&ntilde;ol, y no se me olvidar&aacute; la cara de emoci&oacute;n de mi madre de acogida, esper&aacute;ndonos fuera del registro para hacernos una foto, como si se tratara del d&iacute;a de nuestra graduaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mi historia no es una excepci&oacute;n ni un golpe de mala suerte; es el resultado del racismo institucional y del abandono de Espa&ntilde;a. Es la historia de cualquier saharaui. Hoy, el Congreso de los Diputados tiene la oportunidad de hacer justicia, de reconocer una deuda hist&oacute;rica y de apostar por una memoria democr&aacute;tica y restaurativa.
    </p><p class="article-text">
        La ley de nacionalidad para saharauis nacidos antes de 1976, una ley de memoria restaurativa que devolver&aacute; a la generaci&oacute;n de mi padre y mi madre su DNI espa&ntilde;ol y equiparar&aacute; los derechos de los inmigrantes saharauis con permiso de residencia, permiti&eacute;ndoles solicitar la nacionalidad tras dos a&ntilde;os, como ya ocurre con los ciudadanos de Am&eacute;rica Latina o los sefard&iacute;es, ley aprobada durante el mandato de Mariano Rajoy. Esta ley no es un regalo ni una concesi&oacute;n. No exime la responsabilidad jur&iacute;dica del Estado espa&ntilde;ol con el S&aacute;hara Occidental ni su obligaci&oacute;n en el proceso de descolonizaci&oacute;n. Es, simplemente, un acto de memoria con el pueblo saharaui.
    </p><p class="article-text">
        Tom Hanks volvi&oacute; a casa, pero yo he hecho de este pa&iacute;s el m&iacute;o, porque mis identidades no compiten. Voten que s&iacute;, se&ntilde;ores y se&ntilde;oras del PSOE, para que esa sensaci&oacute;n de seguridad y pertenencia sea una realidad para quienes a&uacute;n viven en el limbo. Voten que s&iacute; por mi padre, por mi madre, por todas las familias de acogida. Voten que s&iacute; por m&iacute; y por todas las ni&ntilde;as que, como yo, agarraron una mochila y decidieron cambiar el mundo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tesh Sidi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/terminal-realidad-lucha-nacionalidad-espanola_129_12080451.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Feb 2025 21:04:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Entre 'La Terminal' y la realidad: mi lucha por la nacionalidad española]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Conquistar el ciberespacio para conquistar las instituciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/conquistar-ciberespacio-conquistar-instituciones_129_11837668.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e7ee3565-d6b0-44d5-b90e-b6fadb1f29cb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Conquistar el ciberespacio para conquistar las instituciones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Debemos legislar con un conocimiento profundo de los entresijos de los algoritmos, conquistar todos los ciberespacios —incluido Twitter— para que no se conviertan en cámaras de eco ultraconservadoras, y luchar por redes públicas y descentralizadas</p></div><p class="article-text">
        Hace pocos d&iacute;as se produjo uno de los fen&oacute;menos meteorol&oacute;gicos m&aacute;s devastadores de la historia de nuestro pa&iacute;s. La DANA arrasaba con los recursos, los trabajos, los recuerdos, los sue&ntilde;os y las vidas de muchos valencianos.
    </p><p class="article-text">
        Como cada martes, se celebra en el Congreso de los Diputados la sesi&oacute;n de pleno, con debates legislativos que suelen terminar alrededor de las nueve de la noche, y algunas veces incluso m&aacute;s tarde. Durante la sesi&oacute;n del pleno, la informaci&oacute;n sobre la DANA era escasa, especialmente en los medios nacionales. Al finalizar la sesi&oacute;n, recuerdo perfectamente ver un sinf&iacute;n de tuits hablando de cad&aacute;veres flotando, videos desgarradores de gente subida a sus coches o directamente ahog&aacute;ndose. Lo primero que hice, con mucha angustia e incertidumbre, fue marcar el n&uacute;mero de tel&eacute;fono de mi hermano mellizo para saber si aquello era cierto, si &eacute;l estaba bien y si nuestra familia se hab&iacute;a visto afectada.
    </p><p class="article-text">
        Mi infancia entera est&aacute; ligada al Pa&iacute;s Valenci&agrave;, a familiares y amigos con los que fui al instituto, a la universidad y a mis primeros trabajos. Ese d&iacute;a, nadie pudo pegar ojo; la impotencia recorr&iacute;a todos los grupos parlamentarios, con diputados y diputadas del Pa&iacute;s Valenci&agrave; que ni siquiera pod&iacute;an volver a casa.
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente, mientras las grandes cadenas pivotaban entre el relato de Maz&oacute;n y el Gobierno central buscando qui&eacute;n ten&iacute;a raz&oacute;n, la internacional de <em>cu&ntilde;aos</em> reaccionarios digitales desplegaba sobre el terreno f&iacute;sico y digital su arsenal de artiller&iacute;a pesada de mentiras. Las redes sociales se inundaban de bulos, v&iacute;deos manipulados, de pseudoperiodistas e influencers expertos e incluso de plantillas de Instagram con manifestaciones convocadas por ultras, que ocultaban en letra peque&ntilde;a sus organizaciones. En ese instante la desinformaci&oacute;n se convirti&oacute; en un elemento desestabilizador del Estado de derecho.
    </p><p class="article-text">
        Durante la DANA pretend&iacute; explicar la cuesti&oacute;n de las competencias auton&oacute;micas sin salir apaleada en el intento, pero me di cuenta de que lo que necesitaba la gente en mi Instagram era ser escuchada. La gente que me segu&iacute;a necesitaba descargar su frustraci&oacute;n y ver que me estaba implicando en ayudarles a contar sus historias en primera persona. En ese instante, como otros muchos, mi cuenta se convirti&oacute; en un consultorio de quejas y ruegos. Puede que fuera lo &uacute;nico que pod&iacute;a hacer una diputada novel en esos instantes y me gustar&iacute;a pensar que fue reconfortante para muchas personas.
    </p><p class="article-text">
        La misma estrategia sigui&oacute; el ministro &Oacute;scar Puente en Twitter, pasando de ser un &ldquo;agitador boomer&rdquo; a convertirse en el ministro que soluciona problemas y lo hace r&aacute;pido. Puente ha sabido hacerse cargo de la situaci&oacute;n desde un espacio que, como se ha visto, la gente necesitaba. Y eso es lo que debemos hacer todos los pol&iacute;ticos, especialmente para explicar la labor de las instituciones: comunicar de forma sencilla el trabajo pol&iacute;tico es proteger la legitimidad de las instituciones.
    </p><p class="article-text">
        En los d&iacute;as sucesivos, numerosas instituciones tambi&eacute;n se han visto obligadas a comenzar sus ruedas de prensa desmintiendo bulos: el ej&eacute;rcito, la Polic&iacute;a Nacional, el Gobierno, la Casa Real, Cruz Roja&hellip; En ese momento, los propagadores de bulos ya hab&iacute;an ganado el relato y capitalizaban, as&iacute;, el dolor de las v&iacute;ctimas, llegando incluso a legitimar la violencia f&iacute;sica contra el presidente del Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, he dedicado mucho tiempo a programar algoritmos: unas veces para analizar las m&eacute;tricas de capital regulatorio en la banca y otras para los derechos humanos, como la creaci&oacute;n de bots para amplificar la voz del pueblo saharaui y defender los derechos humanos en Twitter. Sin embargo, desde 2016, cuando publiqu&eacute; <em>Desnuda tu alma de 140 en 140 caracteres</em>, Twitter y las redes sociales han cambiado.
    </p><p class="article-text">
        En 2016 ten&iacute;a acceso total a la API de Twitter; es decir, pod&iacute;a acceder a las tripas de los tuits y analizar bien los discursos, su localizaci&oacute;n, si eran mensajes de odio o no y el sentimiento de la ciudadan&iacute;a. Pero desde la compra de la plataforma en 2022 por parte del magnate Elon Musk todo cambi&oacute;. Las primeras acciones que hizo el nuevo due&ntilde;o de X fueron despedir a los principales directivos y opositores, manipular los algoritmos y, por supuesto, limitar el acceso de desarrolladores a la base de datos de Twitter. Si no tienes acceso a las tripas de un algoritmo, est&aacute;s ciego como desarrollador.
    </p><p class="article-text">
        Muchos hablan de la ca&iacute;da en picado del valor de Twitter desde su compra por parte de Musk, una ca&iacute;da que ha llegado a superar el 72%. Musk compr&oacute; Twitter por 44 mil millones, y se calcula que ahora su precio de mercado es de 4 mil millones. Pero &iquest;acaso le importa eso a Musk? &iquest;Es acaso la prioridad del magnate generar un espacio discursivo seguro? &iquest;Le importan a Musk los bulos y la democracia? La respuesta es NO. Musk es el hombre m&aacute;s rico de la Tierra; puede permitirse el capricho de quemar literalmente 40 mil millones para imponer su ideolog&iacute;a. Adem&aacute;s, Musk le declar&oacute; la guerra al progresismo desde hace tiempo y se ha alineado, sin tapujos, con el hoy electo Donald Trump.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, no solo ha ganado un racista y agresor sexual, que volver&aacute; a ser presidente de los Estados Unidos; hoy tambi&eacute;n ha ganado Elon Musk, el due&ntilde;o de una de las imprentas digitales m&aacute;s poderosas del mundo. D&eacute;jense de hablar de que la gente no sabe qu&eacute; vota, de que los latinos votan en contra de sus intereses o de que hay que llenar la nevera de la gente. Siento deciros que, ahora, lo que hay que hacer es conquistar el ciberespacio.
    </p><p class="article-text">
        La ciudadan&iacute;a est&aacute; saturada de informaci&oacute;n; est&aacute; desconcertada, abrumada y ya no sabe a qui&eacute;n creer, sencillamente est&aacute; en estado de shock. Esto lo hemos visto durante la DANA o el genocidio en Palestina. La inteligencia artificial es una herramienta en manos de unas pocas &eacute;lites que hablan de libertad individual y de las redes sociales como garantes de esa libertad. En este espacio digital en disputa, la internacional progresista no est&aacute; presente; tiene miedo a exponerse y parece m&aacute;s preocupada en disputar dos minutos en un informativo que en hacer una story en Instagram contando qu&eacute; est&aacute; pasando.
    </p><p class="article-text">
        No soy ingenua y s&eacute; que el due&ntilde;o de la &ldquo;imprenta,&rdquo; Musk, tiene el poder de invisibilizar las ideas progresistas, los v&iacute;deos pedag&oacute;gicos y de silenciar los discursos feministas. Eso lo conocemos bien los pueblos oprimidos, y por ello creo que es fundamental que, dentro del &aacute;mbito regulatorio ya existente, exijamos transparencia algor&iacute;tmica. Debemos legislar con un conocimiento profundo de los entresijos de los algoritmos, conquistar todos los ciberespacios &mdash;incluido Twitter&mdash; para que no se conviertan en c&aacute;maras de eco ultraconservadoras, y luchar por redes p&uacute;blicas y descentralizadas, en las que los usuarios tengan acceso al algoritmo para evitar sesgos de terceros. Los datos deben considerarse un bien com&uacute;n para garantizar la soberan&iacute;a del Estado. Porque cuando en la disputa de las ideas hay alguien detr&aacute;s favoreciendo unas en detrimento de otras, estamos perdidos. &iexcl;Conquistemos el ciberespacio desde las instituciones!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tesh Sidi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/conquistar-ciberespacio-conquistar-instituciones_129_11837668.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Nov 2024 05:00:51 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La soledad de un voto: el dilema de apoyar la investidura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/soledad-voto-dilema-apoyar-investidura_129_10684661.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/81a980cd-dac3-4597-a92b-91496643dbca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La soledad de un voto: el dilema de apoyar la investidura"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La mención al Sahara Occcidental y muchas medidas migratorias estuvieron en el documento del PSOE y Sumar del desde el principio, pero no hemos tenido éxito para que figuraran en el acuerdo final. No obstante, no hemos tirado la toalla</p></div><p class="article-text">
        Hace apenas unas semanas se firmaba el acuerdo entre el Partido Socialista y Sumar, y la alegr&iacute;a de muchos se reflej&oacute; en las redes sociales. &iexcl;Por fin hay acuerdo entre formaciones progresistas! Pero tambi&eacute;n, al mismo tiempo, se manifestaban duras cr&iacute;ticas por todas las ausencias tem&aacute;ticas en el documento, con muchas y muchos que ten&iacute;an el texto ya preparado para sacarlo del horno a 280 grados. Y, entonces, muchas personas me escriben a trav&eacute;s de las redes sociales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como siempre, y es habitual en m&iacute;, contesto a todos los mensajes e intento hacer pedagog&iacute;a, porque esa es mi forma de hacer pol&iacute;tica; pero no pod&iacute;a negar el dolor que me atravesaba por dentro, la impotencia y la rabia que otras muchas y muchos sent&iacute;an ese d&iacute;a. Eso s&iacute;, en mi caso, el proceso de incertidumbre de m&aacute;s de tres meses llegaba a su fin. Las cartas estaban sobre la mesa y, por mucho que mis cartas me importaran mucho a m&iacute;, no eran una l&iacute;nea roja para los otros 349 diputados y diputadas de la C&aacute;mara del Congreso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Puede que esto parezca algo l&oacute;gico para muchos que est&aacute;n muy implicados en la pol&iacute;tica nacional, para los que &eacute;sta es una agenda de prioridades; pero era algo complejo para una diputada novel, con apenas experiencia parlamentaria y con muchas representatividades que atraviesan qui&eacute;n es. En el acuerdo no figuraba ni una sola menci&oacute;n al Sahara Occidental, ni tampoco medidas tan importantes como la iniciativa Regularizaci&oacute;nYa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Supongo que es muy probable que el resto de las diputadas y diputados tambi&eacute;n se hayan sentido, en alg&uacute;n momento, como yo porque, al final, todas y todos, en la casa de la soberan&iacute;a popular, representamos a un electorado. Pero, a diferencia de muchos, yo, activista de origen saharaui, hab&iacute;a llegado a la pol&iacute;tica institucional para defender los derechos humanos, y supon&iacute;a un gran &ldquo;fracaso&rdquo; que mis demandas no figurasen en el acuerdo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se suele decir que un acuerdo es una serie de puntos en los que las partes llegan&nbsp; a un consenso, y que todo lo que no figura es porque no se ha logrado una aceptaci&oacute;n mutua. As&iacute; es como lo expresan los entendidos de la pol&iacute;tica, pero es algo muy complejo de trasladar a un electorado que ve en ti a un referente de su propia lucha. Es complejo para una saharaui formar parte de un Gobierno en el que la otra alma niega la existencia de su pueblo y busca contentar al ocupante. Es complejo para una saharaui no sentir impotencia cuando su pueblo lleva m&aacute;s de 50 a&ntilde;os resistiendo. Es complejo para una saharaui que ha criticado tan duramente a Pedro S&aacute;nchez fuera de la instituci&oacute;n. Es complejo para una persona migrante que ha sufrido tanto racismo institucional y violencia burocr&aacute;tica: 24 a&ntilde;os para obtener la ciudadan&iacute;a, vivir en un limbo legal desde que nac&iacute; porque Espa&ntilde;a no reconoce mi origen&hellip; Es complejo sentir que llevas a la espalda tantas luchas y que no consigues alcanzar lo que desde fuera se te exige.
    </p><p class="article-text">
        Y es entonces cuando surge la segunda voz que reside en ti, la que es pragm&aacute;tica, con la mente fr&iacute;a, capaz de contar hasta diez y buscar una soluci&oacute;n; la que es capaz de aguantar el chaparr&oacute;n aunque, a veces, sea injusto. Puede que eso sea lo mejor que aprend&iacute; siendo ingeniera, hasta hace apenas unos meses. Y es que, como dice siempre mi hermano, &ldquo;Roma no se hizo en un d&iacute;a&rdquo;. Puede que los episodios estresantes &ndash;como los de los cierres de la banca&ndash; sean ahora mi d&iacute;a a d&iacute;a y que, entonces, ser activista y pol&iacute;tica sea m&aacute;s complejo de lo que pensaba.
    </p><p class="article-text">
        Puede que cuando acced&iacute; a ir en una lista electoral no supiera la cantidad de contradicciones y sacrificios que tenemos que hacer cuando institucionalizamos nuestro activismo, pero ahora me pregunto, &iquest;ten&iacute;a opci&oacute;n de no ser pol&iacute;tica? Lo cierto es que sigo pensando que no, que no ten&iacute;a otra opci&oacute;n. Que quienes creemos firmemente en transformar la instituci&oacute;n ocupando espacios como la &uacute;nica manera de cambiar las cosas tenemos que asumir el reto de entrar y hacer resistencia; que, como mujeres y migrantes, ese espacio tambi&eacute;n es nuestro y ocuparlo es un acto de responsabilidad y ejemplaridad para las generaciones futuras, que no nos perdonar&iacute;an empezar siempre una y otra vez; no nos perdonar&iacute;an ser cobardes y no atrevernos
    </p><p class="article-text">
        Aquel d&iacute;a me llegaron mensajes de varios paisanos &ndash;en su mayor&iacute;a hombres&ndash; y uno de ellos me llev&oacute; a una profunda reflexi&oacute;n acerca de lo complejo que ser&iacute;a hacer pol&iacute;tica. El mensaje dec&iacute;a as&iacute;: &ldquo;Vota que NO a S&aacute;nchez y tendr&aacute;s el respeto de tu pueblo, y ser&aacute;s la portada de los libros de Historia&rdquo;, a lo que respond&iacute;: &ldquo;Las mujeres no solemos ser la portada de los libros de Historia&rdquo;. Aunque duela, sabemos que es cierto. Nosotras comprendimos el feminismo como movimiento pol&iacute;tico transformador capaz de construir pol&iacute;tica por la paz y de respeto a la existencia. Luego, cada una de nosotras hemos intentado ponerle apellidos, pero, al fin y al cabo, lo m&aacute;s importante para m&iacute; es poder decir que mi lucha, sobre todo, es feminista. Porque lo que sufrimos las mujeres en la pol&iacute;tica, en el activismo y los espacios de poder solo es una demostraci&oacute;n clara de lo necesarias que somos ocupando espacios para educar a nuestras hijas e hijos para un futuro m&aacute;s justo y coherente.
    </p><p class="article-text">
        Otros mensajes que recib&iacute; eran con la t&iacute;pica frase: &ldquo;Te han utilizado, aunque s&eacute; que eres una gran persona&rdquo;. Reducir todo mi trabajo a esa frase siempre me ha parecido una falta de respeto, con cierto poso, incluso, de tintes coloniales &ndash;por no hablar de la condescendencia patriarcal hacia una mujer joven a la que tratan como a una ni&ntilde;a inocente&ndash;. Comprendo que esa lectura victimista de mi persona es una forma de perdonarme y justificar mi presencia en la instituci&oacute;n, porque es m&aacute;s complejo comprender que soy capaz de llevar procesos de negociaci&oacute;n interna para lograr cambiar la vida de la ciudadan&iacute;a, porque muchos y muchas siguen sin aceptar que los migrantes tambi&eacute;n damos un pu&ntilde;etazo sobre la mesa cuando hay que darlo. Somos plenamente conscientes de lo f&aacute;cil que es que nuestras voces se vean apagadas; por eso sabemos que necesitamos m&aacute;s como nosotras dentro para que nuestra agenda logre ser una l&iacute;nea roja
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que las negociaciones de un acuerdo de gobierno entre formaciones como Sumar y el PSOE, con algunas l&iacute;neas ideol&oacute;gicas similares y otras totalmente dispares, son un proceso complejo. La menci&oacute;n al Shara Occcidental o muchas medidas migratorias estuvieron en el documento desde el principio, pero no hemos tenido &eacute;xito para que figuraran en el acuerdo final. No obstante, he de aclarar que no por ello hemos tirado la toalla con el Sahara o con las cuestiones migratorias.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, d&iacute;as despu&eacute;s de la presentaci&oacute;n de ese acuerdo que nos dej&oacute; con tan mal sabor de boca, hemos pactado una bater&iacute;a de medidas que har&aacute;n m&aacute;s f&aacute;cil la vida a la poblaci&oacute;n saharaui, d&aacute;ndonos un bal&oacute;n de ox&iacute;geno para reforzar a la sociedad civil saharaui y al movimiento solidario de apoyo al S&aacute;hara Occidental, y siempre con la descolonizaci&oacute;n del territorio como objetivo. Es posible que esto suene a papel mojado para un pueblo que el Estado espa&ntilde;ol ha abandonado durante estos 50 a&ntilde;os y al que ya han prometido tanto;&nbsp;es por eso que yo no me atrevo a hacer promesas. Porque s&eacute; que, como yo, todo el pueblo saharaui hemos construido un armaz&oacute;n de tortugas para seguir resistiendo, y es por ello que tenemos que interiorizar que estar en la instituci&oacute;n tambi&eacute;n puede convertirse en otra forma de resistencia.
    </p><p class="article-text">
        Estoy segura de que, durante esta legislatura, podremos lograr grandes cambios sociales para nuestra ciudadan&iacute;a. No solo habremos frenado la ultraderecha y la derecha, con sus pol&iacute;ticas neoliberales; sino que estoy segura de que este barco, que ya zarp&oacute; el pasado 23 de julio, puede traer una legislatura larga y estable. Esto es lo que le debemos a la ciudadan&iacute;a y, por ello, no podemos permitirnos la irresponsabilidad de una repetici&oacute;n electoral.
    </p><p class="article-text">
        Estoy orgullosa del trabajo invisible que construye confianza, y hoy cruzo la puerta del Congreso de los Diputados con la intenci&oacute;n de votar S&iacute; a la investidura, consciente de lo que supone. Pero, dentro de este enorme palacio cargado de Historia, el compromiso que muchas mantienen con las causas migrante y saharaui me hacen sentir que no estoy sola. Lo que hoy parece un punto y aparte, os lo aseguro, es un punto y seguido: un paso intermedio hacia la autodeterminaci&oacute;n del Pueblo Saharaui.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Llego a la C&aacute;mara. Me siento en mi esca&ntilde;o. Respiro. Yo ya estoy dentro. Y pronto, seremos muchas m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tesh Sidi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/soledad-voto-dilema-apoyar-investidura_129_10684661.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Nov 2023 05:00:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La soledad de un voto: el dilema de apoyar la investidura]]></media:title>
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