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    <title><![CDATA[elDiario.es - José Ibarra Bastida]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jose-ibarra/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José Ibarra Bastida]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Pero, ¿dónde están los jóvenes?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/jovenes_132_13120847.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/43430621-187e-43e7-b37a-42082895b302_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pero, ¿dónde están los jóvenes?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No había jóvenes en la manifestación del 'No a la guerra' en Murcia el pasado sábado. Pero seguro que sucede algo más</p></div><p class="article-text">
        Uno recuerda las manifestaciones multitudinarias que se celebraron hace 23 a&ntilde;os, cuando la guerra era en Irak y no en Ir&aacute;n. Conviene refrescar la memoria: en 2003 el gobierno de Aznar nos meti&oacute; en una guerra promovida por los Estados Unidos, y el 93% de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola lo rechaz&oacute;. Llenamos entonces las calles de Espa&ntilde;a y en las movilizaciones se ve&iacute;an manifestantes de todas las edades: desde viejos hasta ni&ntilde;os, pasando por adultos, j&oacute;venes y adolescentes. Hab&iacute;a de todo. El 'No a la guerra' fue la consigna seguida por todos y, muy especialmente, por los j&oacute;venes del momento. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora vuelven esos tiempos b&eacute;licos y, aunque nuestro gobierno actual ha optado por la prudencia y no nos ha metido en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Ir&aacute;n, una parte de la sociedad (desde luego no el 93% de anta&ntilde;o) tambi&eacute;n cree necesario salir a las calles para seguir gritando en 2026 'No a la guerra' a la vista de las masacres del &uacute;ltimo quinquenio: Ucrania, Gaza e Ir&aacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Pero hay m&aacute;s diferencias, y saltan a la vista. En las calles de Murcia, el s&aacute;bado 28 de marzo nos manifestamos un buen mont&oacute;n de gente. Y al igual que suced&iacute;a en las otras ciudades espa&ntilde;olas, hab&iacute;a un rasgo definitorio: abundaban las cabezas canosas. Una generaci&oacute;n brillante de mujeres y hombres que lucharon por las libertades, bati&eacute;ndose el cobre en los a&ntilde;os setenta, ochenta y noventa, y que ahora tienen 80, 70 o 60 a&ntilde;os, era la que predominaba en las calles murcianas al igual que en las calles espa&ntilde;olas. Me di una vuelta desde la cabecera hasta la cola, y entre los miles de personas asistentes hab&iacute;a una ausencia clamorosa: los j&oacute;venes. No vi ni a un veintea&ntilde;ero. Treinta&ntilde;eros, pocos. Algunos de cuarenta. Y la aplastante mayor&iacute;a &eacute;ramos todos mayores de cincuenta. Me sent&iacute;, por un lado, orgulloso de pertenecer al grupo de los que est&aacute;n del lado bueno de la historia. Y por otro, desolado al ver que nuestros j&oacute;venes no est&aacute;n luchando por su futuro. Y no es que no est&eacute;n en estas causas: es que no est&aacute;n en casi ninguna. 
    </p><p class="article-text">
        El caso es que no hab&iacute;a j&oacute;venes ni en las pancartas de los partidos pol&iacute;ticos que hab&iacute;a en la manifestaci&oacute;n (en ninguna de las pancartas), ni hab&iacute;a j&oacute;venes ecologistas, ni hab&iacute;a j&oacute;venes de las universidades, ni de los institutos, ni de ning&uacute;n colectivo organizado ni viejuno ni juvenil, ni en las feministas tampoco. Solo hab&iacute;a all&iacute; adultos muy adultos. La mayor&iacute;a, dign&iacute;simos <em>peloplatas</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pregunto a mi alrededor, y todo el mundo me da respuestas parciales que explican algo, no todo, de este fen&oacute;meno que est&aacute; ocurriendo. Es que los j&oacute;venes se sienten abandonados por los <em>boomers</em>. Es que est&aacute;n secuestrados por los tel&eacute;fonos m&oacute;viles. Es que el gobierno regional del PP ha ido laminando todas las organizaciones juveniles que no son de su cuerda. Es que todos los j&oacute;venes se han hecho de ultraderecha. Es que les enga&ntilde;an los youtubers de Andorra y los <em>criptobros</em>,<em> alvises</em> y <em>vitoquiles</em> de moda. Es que. Es que... 
    </p><p class="article-text">
        Me pregunto si esta dimisi&oacute;n juvenil no ser&aacute; una manifestaci&oacute;n m&aacute;s de la at&aacute;vica abulia murciana o del no menos castizo pasotismo espa&ntilde;ol, que a veces vuelve en oleadas que nadie se explica. Pero leo y miro lo que est&aacute; pasando en Estados Unidos y resulta que las protestas anti-Trump las est&aacute;n liderando figuras como Bruce Springsteen (por el amor de dios: cada a&ntilde;o lo amo m&aacute;s), Robert de Niro, quien ha puesto toda su mucha testosterona al servicio de una buena causa (los ataques que hace con mucha mala hostia sobre la figura de Trump son emocionantes) y tambi&eacute;n hemos podido ver la bravura de mujeres artistas que han tirado para adelante arriesgando prestigio (quiz&aacute; a esa edad ya no tienen miedo de perder nada) y dando la cara de forma ejemplar: actrices como Susan Sarandon o Jane Fonda y cantantes como Joan B&aacute;ez. No he visto a nadie m&aacute;s. Bueno, s&iacute;: un sorprendente Arnold Schwarzenegger, qui&eacute;n lo dir&iacute;a. &iquest;Sus edades? Respectivamente: 76, 82, 79, 88, 85 y 78 a&ntilde;os. Los l&iacute;deres culturales de la protesta son muy, muy viejos, rayando ya la ancianidad. Como en Murcia, tambi&eacute;n en USA los j&oacute;venes est&aacute;n ausentes &iquest;o alguien conoce a alg&uacute;n joven l&iacute;der o lideresa cuya cara y nombre est&eacute;n al frente de algo all&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Bob Dylan en una canci&oacute;n de los revueltos tiempos sesenteros aquello de <em>something is happening, and you don&rsquo;t know what it is. Do you, Mr Jones?</em>, y yo me pregunto con bastante verg&uuml;enza si no seremos nosotros los despistados Mr. Jones del presente que no nos estamos enterando de qu&eacute; es lo que est&aacute; pasando por ah&iacute; abajo con los j&oacute;venes, a la misma vez que tambi&eacute;n me pregunto si es que de verdad est&aacute; pasando algo o, a&uacute;n peor, constatando que no pasa nada de nada. El caso es que yo contemplaba las cabezas canosas que se manifestaban por Murcia y me dec&iacute;a a m&iacute; mismo: antes las calles las tomaban los j&oacute;venes, y ahora las calles las toman los viejos, y si esto sigue as&iacute;, en diez o veinte a&ntilde;os no quedar&aacute; nadie que luche por nada. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/jovenes_132_13120847.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 09:05:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pero, ¿dónde están los jóvenes?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El eterno retorno de la reconversión industrial a Cartagena]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/eterno-retorno-reconversion-industrial-cartagena_132_12956506.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a025699a-9612-4ab3-8820-e7e81636a50a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El eterno retorno de la reconversión industrial a Cartagena"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
Tres décadas después, vuelven algunas fábricas cartageneras a estar en riesgo de cierre. Ahora le toca el turno a SABIC
</p></div><p class="article-text">
        El 3 de febrero de 1992 Juan Andreu Poveda era el l&iacute;der sindical de una de las empresas a las que afect&oacute; de lleno la reconversi&oacute;n industrial en Cartagena. Juan Andreu era un sindicalista de Comisiones Obreras que presid&iacute;a el comit&eacute; de empresa de Pe&ntilde;arroya, una vieja fundici&oacute;n de plomo que daba empleo a cientos de trabajadores en el barrio de Santa Luc&iacute;a. Ese aciago d&iacute;a hab&iacute;a una movilizaci&oacute;n en Cartagena por la crisis simult&aacute;nea en varias empresas (la fundici&oacute;n de Pe&ntilde;arroya, el astillero de Baz&aacute;n y las tres f&aacute;bricas de fertilizantes del Valle de Escombreras) y aquello acab&oacute; en un duro enfrentamiento con 40 heridos entre los obreros y la polic&iacute;a que no pudo evitar que ardiera parte del edificio de la Asamblea Regional, tal era la rabia que hab&iacute;a entonces. La fecha emblem&aacute;tica del 3 de febrero de 1992 ha quedado en la memoria hist&oacute;rica de los cartageneros como recuerdo de la dureza de los golpes de una reconversi&oacute;n industrial que destruy&oacute; miles de empleos en la ciudad, y de ello salieron un par de libros: <em>La quema de la Asamblea</em>, de Manuel Ponce y publicado en 2004, y&nbsp;en 2016 vio la luz <em>Cartagena en llamas: la crisis industrial de 1992, </em>cuyo autor es quien esto escribe. Tambi&eacute;n sali&oacute; de ah&iacute; una pel&iacute;cula descomunal, multipremiada en festivales de cine de todo el mundo y merecedora de un par de premios Goya: <em>El a&ntilde;o del descubrimiento</em>, de Luis L&oacute;pez Carrasco, un documental de 200 minutos estrenado en 2020 en el que Juan Andreu era precisamente uno de los personajes intervinientes. Juan falleci&oacute; en 2022 y en 2024 el Ayuntamiento de la ciudad le otorg&oacute; p&oacute;stumamente la Medalla de Oro de la ciudad. 
    </p><p class="article-text">
        Y hoy 3 de febrero de 2026, Daniel Andreu Cano es un sindicalista de Comisiones Obreras en el comit&eacute; de empresa de SABIC en Cartagena que tambi&eacute;n tiene que salir a movilizarse esta tarde en las calles de la ciudad para que no le cierren la f&aacute;brica, exactamente igual que tuvo que hacer su padre 34 a&ntilde;os antes. Como un bucle siniestro del destino y en una extra&ntilde;a paradoja, tres d&eacute;cadas despu&eacute;s tiene que volver a luchar el hijo como luch&oacute; el padre con el consabido recorrido al frente de una pancarta detr&aacute;s de la cual le acompa&ntilde;ar&aacute;n miles de cartageneros manifest&aacute;ndose para que no se cierre, entonces como ahora, otra vez, una de nuestras f&aacute;bricas. La direcci&oacute;n de SABIC ha decidido desde Arabia Saud&iacute; deslocalizar la empresa, desinvertir, venderla a un fondo buitre alem&aacute;n de dudosa reputaci&oacute;n y largarse a Oriente Medio y a Asia a producir los pl&aacute;sticos industriales que hasta ahora fabricaba en Cartagena abandonando 500 empleos directos y m&aacute;s de 2000 indirectos. Y todo eso sucede despu&eacute;s de haberse beneficiado de cuantiosas ayudas p&uacute;blicas en forma de suelo, de dinero y de subvenciones de todo cu&ntilde;o que ahora se van a miles de kil&oacute;metros de aqu&iacute; y si te he visto, no me acuerdo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La historia de la reconversi&oacute;n industrial es la historia de familias obreras perdedoras. Y en Cartagena la familia Andreu es el s&iacute;mbolo del eterno retorno de algo que cre&iacute;amos olvidado. Porque SABIC se instal&oacute; en Cartagena (entonces bajo bandera de General Electric Plastics) en 1994 y como compensaci&oacute;n por el cierre de las viejas f&aacute;bricas que hab&iacute;an quedado obsoletas y abandonadas por las instituciones. El puesto de trabajo que perd&iacute;a el padre en la f&aacute;brica vieja dejaba paso al puesto de trabajo del hijo en la f&aacute;brica nueva y volv&iacute;a as&iacute; la esperanza. Y solo 32 a&ntilde;os despu&eacute;s, la nueva f&aacute;brica que iba a ser la soluci&oacute;n, tambi&eacute;n puede que acabe cerrando y con un Andreu de nuevo sumido en la desesperaci&oacute;n y obligado a negociar como buenamente pueda la mejor salida posible para sus compa&ntilde;eros. Estoy seguro que el trabajo sindical ser&aacute; eficaz minimizando el impacto en las familias afectadas. Pero, ay, ya no estoy tan seguro de que el trabajo pol&iacute;tico que se requiere para solucionar problemas tan gordos como este tenga el mismo nivel de eficacia. Miles de puestos de trabajo se pueden ir por el sumidero y al final Cartagena, otra vez, perder&aacute; una f&aacute;brica y habr&aacute; de nuevo un Andreu honesto y triste luchando por los dem&aacute;s que acabar&aacute; siendo el &uacute;ltimo testigo y superviviente de un desastre anunciado. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/eterno-retorno-reconversion-industrial-cartagena_132_12956506.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Feb 2026 05:00:08 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Cartagena de finales del franquismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/cartagena-finales-franquismo_1_12919200.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/97838edf-630f-489d-a182-819f79c59583_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134569.jpg" width="1982" height="1115" alt="La Cartagena de finales del franquismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El libro vuelve a ser presentado el miércoles 21 de enero a las 18:00 en el salón de actos de CCOO Cartagena</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Ahora que en Espa&ntilde;a se cumplen 50 a&ntilde;os de casi todo (la muerte de Franco y la Transici&oacute;n a la democracia como hitos principales), es un buen momento que los historiadores est&aacute;n aprovechando para recuperar el devenir de aquellos a&ntilde;os. Cinco d&eacute;cadas es tiempo suficiente como para que haya un m&iacute;nimo razonable de perspectiva hist&oacute;rica y poder hacer con ella buenos estudios hechos con rigor y que no est&eacute;n contaminados por la historia del presente. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Francisco Velasco Hern&aacute;ndez es uno de esos investigadores que ha decidido poner su mirada en ese tiempo concreto y acaba de publicar una monograf&iacute;a titulada 'Cartagena y su municipio a finales del franquismo (1965-1975)' que viene a cumplir ese prop&oacute;sito de examinar los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la dictadura en nuestra ciudad. Doctor en Historia, acad&eacute;mico correspondiente de la Real Academia Alfonso X el Sabio, profesor y editor, Francisco Velasco es un autor que se ha prodigado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os con numerosas publicaciones sobre la historia de Cartagena y la Regi&oacute;n de Murcia en la edad moderna, investigaciones que abarcan los siglos XVI al XVIII, principalmente, y en esta ocasi&oacute;n ha dado el salto al siglo XX para convertirse en un contemporane&iacute;sta ocasional. Y lo hace, como todo lo dem&aacute;s, con maestr&iacute;a y solvencia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Estamos ante una densa monograf&iacute;a de 416 p&aacute;ginas divididas en cinco partes que abordan consecutivamente diversos aspectos de la historia de nuestra ciudad en aquellos a&ntilde;os comprendidos entre el 65 y el 75: el crecimiento demogr&aacute;fico y la expansi&oacute;n urbana; las luces y las sombras del desarrollismo econ&oacute;mico y de la industrializaci&oacute;n; el inmovilismo pol&iacute;tico de aquel momento predemocr&aacute;tico; las grandes transformaciones sociales y un &uacute;ltimo cap&iacute;tulo dedicado a la sanidad, la beneficencia, la educaci&oacute;n, las fiestaslos deportes y la cultura de la Cartagena tardofranquista. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El libro ha sido publicado por la editorial Nova Spartaria (tambi&eacute;n dirigida por el propio Francisco Velasco) y fue presentado en una fecha emblem&aacute;tica: el 20 de noviembre de 2025, justo el d&iacute;a en el que se cumpl&iacute;an 50 a&ntilde;os de la muerte de Francisco Franco. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Para el autor, la dictadura en Cartagena se subdivide en tres etapas: la primera ir&iacute;a desde 1939 hasta 1950, que coincide con la autarqu&iacute;a, las cartillas de racionamiento y la feroz represi&oacute;n (en Cartagena la dictadura franquista estuvo fusilando gente hasta 1945, seis a&ntilde;os despu&eacute;s de finalizada la guerra). Despu&eacute;s vendr&iacute;a una etapa intermedia entre 1950 y 1960, donde se establecen las bases para el desarrollo econ&oacute;mico posterior y con el poder omnipresente de la Falange y la Iglesia. La &uacute;ltima etapa comprender&iacute;a desde 1960 hasta 1975, donde se produce la expansi&oacute;n industrial, urbana y tur&iacute;stica de la ciudad, y esa es precisamente la etapa que estudia el libro. Una etapa que coincide con las alcald&iacute;as de Trillo Figueroa, Gin&eacute;s Huertas y Luis Roch.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Este periodo de la historia cartagenera no hab&iacute;a sido abordado con anterioridad con la profundidad con la que lo ha hecho Francisco Velasco. El propio autor indica en la introducci&oacute;n que &ldquo;parece como si fuera un terreno estigmatizado, donde nadie se atreve o tiene inter&eacute;s en investigar&rdquo;. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y tambi&eacute;n indica algo muy importante y muy oportuno en los tiempos que corren: y es que la enorme desinformaci&oacute;n que hoy existe, espoleada por el abuso de las redes sociales y la falta de una pedagog&iacute;a m&aacute;s atractiva para los j&oacute;venes, sobre todo en la ense&ntilde;anza de la historia del siglo XX -que en muchos casos se queda en la II Guerra Mundial- han llevado al autor a investigar y mostrar lo que fueron aquellos a&ntilde;os cr&iacute;ticos del pasado m&aacute;s o menos cercano de la ciudad de Cartagena.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Los temas abordados son numeros&iacute;simos: la demograf&iacute;a, la expansi&oacute;n urbana, la vivienda, el Ensanche, los nuevos barrios, los barrios tradicionales, el campo, la ganader&iacute;a, la industria naval, la miner&iacute;a, el polo de Escombreras, las otras industrias, la actividad portuaria, el inmovilismo pol&iacute;tico e ideol&oacute;gico, la persistencia del nacionalcatolicismo, el poder civil, la Marina, la Iglesia, el sindicalismo incipiente, el nuevo movimiento obrero con el surgimiento de las primeras Comisiones Obreras, los diversos grupos sociales: &eacute;lites y masa obrera, j&oacute;venes, mujeres, etc... No se han dejado fuera la transformaci&oacute;n del turismo, la mala urbanizaci&oacute;n del Mar Menor en los a&ntilde;os sesenta y setenta, el aumento del nivel de vida, la universalizaci&oacute;n del autom&oacute;vil, la asistencia sanitaria, los hospitales, la educaci&oacute;n, la cultura, las fiestas, el teatro, el cine, los toros y los deportes.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En definitiva, Francisco Velasco nos ofrece una mirada cr&iacute;tica, profunda, rigurosa y con un abundante material gr&aacute;fico sobre un periodo hist&oacute;rico del que los m&aacute;s mayores tienen muchos recuerdos y los m&aacute;s j&oacute;venes deber&iacute;an aprender, m&aacute;xime en estos tiempos donde muchos gur&uacute;s desinformados reivindican un periodo que no deber&iacute;a volver nunca porque no era, ni mucho menos, el para&iacute;so que ciertas nostalgias interesadas quieren recordar. El franquismo, ni para quien lo quiera. Y el libro vuelve a ser presentado el pr&oacute;ximo mi&eacute;rcoles 21 de enero a las 18:00 en el sal&oacute;n de actos de CCOO Cartagena.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/cartagena-finales-franquismo_1_12919200.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 Jan 2026 05:01:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Cartagena de finales del franquismo]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Hacer nacer un bosque en la Cartagena Oeste]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/nacer-bosque-cartagena-oeste_132_12874676.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/743dfe70-2367-4664-a76c-c4a04c380ee5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hacer nacer un bosque en la Cartagena Oeste"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una asociación vecinal y un colegio levantan un bosque primigenio cuaternario de la nada en una zona volcánica</p><p class="subtitle">El Sabinar de Canteras, ¿en riesgo de desaparición?</p></div><p class="article-text">
        Fue el poeta cubano&nbsp;Jos&eacute; Mart&iacute;&nbsp;quien dijo una vez que &ldquo;hay tres cosas que cada persona deber&iacute;a hacer a lo largo de su vida: tener un hijo, escribir un libro y plantar un &aacute;rbol&rdquo;. Pero hay quienes doblan la apuesta y deciden plantar no un &aacute;rbol, sino un bosque entero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo la estela de exitosas reforestaciones del pasado, como la que hizo hace cien a&ntilde;os Ricardo Codorniu y Starico en Sierra Espu&ntilde;a, una entusiasta Asociaci&oacute;n de Defensa de Cartagena Oeste, con el liderazgo de Pilar Ju&aacute;rez y Ram&oacute;n Navia, est&aacute; acometiendo la repoblaci&oacute;n forestal de un paraje de la diputaci&oacute;n de Los Puertos de Santa B&aacute;rbara, en una zona volc&aacute;nica de nuestra comarca actualmente inh&oacute;spita y sin arbolado alguno.
    </p><p class="article-text">
        El proyecto no es ninguna locura, porque est&aacute; s&oacute;lidamente basado en los conocimientos cient&iacute;ficos y t&eacute;cnicos y en la pr&aacute;ctica de alguien que ya lo hizo hace cuarenta a&ntilde;os en el Sabinar de Canteras y que no ha parado de innovar con &eacute;xito en el mundo de la ingenier&iacute;a agr&oacute;noma y la agricultura biol&oacute;gica. El ingeniero Ram&oacute;n Navia est&aacute; al frente de esta aventura que consiste en repoblar un monte con plantas nativas que ya estaban aqu&iacute; hace millones de a&ntilde;os. La idea es crear un bosque diverso con especies aut&oacute;ctonas, que es mucho m&aacute;s estable que las reforestaciones con una sola especie como pinos, que es lo que siempre se ha hecho mal. En unos textos se le llama a esto bosque primigenio, en otros bosque cuaternario. En cualquier caso, se va a hacer nacer un bosque del desierto volc&aacute;nico que hay ahora all&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque actualmente vemos en nuestra Cartagena y alrededores un erial, en realidad esto se convirti&oacute; en un desierto a partir del siglo XVIII, con las talas excesivas que alimentaron la demanda de consumo de madera del arsenal de Cartagena, entre otras causas. La idea falsamente admitida es que esta falta de &aacute;rboles siempre fue as&iacute; en estos parajes y nada m&aacute;s lejos de la realidad: el sureste ib&eacute;rico es la zona con m&aacute;s diversidad bot&aacute;nica por superficie de Europa y los escritos de siglos pasados hablan de un bosque denso y diverso.
    </p><p class="article-text">
        Y si la mano humana acab&oacute; con aquellos bosques, tambi&eacute;n ahora la inteligencia y la ciencia, sabiamente mezcladas con una voluntariosa iniciativa ciudadana, pueden corregir errores del pasado y reconstruir esos bosques con criterios t&eacute;cnicos adecuados y resultados visibles a medio plazo. Ram&oacute;n explica las ventajas e importancia de realizar una reforestaci&oacute;n con plantas aut&oacute;ctonas y diversas. La nueva vegetaci&oacute;n provoca que el agua penetre en el suelo en vez de fluir tal como cae -que es lo que sucede en suelos desnudos-, evitando riadas e incrementando el volumen del agua del subsuelo. Para crear un equilibrio biol&oacute;gico en estos nuevos bosques es necesario que haya diversidad de plantas cada una floreciendo en &eacute;pocas diferentes del a&ntilde;o para alimentar con polen y n&eacute;ctar de las flores a insectos y &aacute;caros, que a su vez acaban con las plagas indeseadas. Tambi&eacute;n es necesario procurar una diversidad de plantas que produzcan bayas a lo largo del a&ntilde;o para atraer a las aves. Con ello se consolida fauna de todo tipo, y los paisajes que se crean son muy arm&oacute;nicos, generando adem&aacute;s un atractivo tur&iacute;stico importante.
    </p><p class="article-text">
        Y con esos mimbres la Asociaci&oacute;n decidi&oacute; poner la teor&iacute;a en pr&aacute;ctica y se le ocurri&oacute; la idea de comprometer en la tarea a una escuela de la zona. Y este mes de diciembre de 2025, 30 ni&ntilde;os de 12 a&ntilde;os de sexto de primaria del Colegio Azor&iacute;n de los Molinos Marfagones&nbsp;han colaborado como voluntarios plantando 300 &aacute;rboles de especies aut&oacute;ctonas que ya estaban aqu&iacute; hace milenios: jaras, algarrobos, retamas, acebuches,&nbsp;sabinas&hellip; Cuando esa zona tenga de cuatro a seis a&ntilde;os, esos arbustos y &aacute;rboles volver&aacute;n a formar parte del bosque primigenio que fue anta&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ni la gripe ni el fr&iacute;o invernal impidieron que se llevaran a cabo dos jornadas de plantaci&oacute;n que acabaron en un convite con unas migas ruleras con ajos tiernos y &ntilde;oras acompa&ntilde;adas de higos llorales, que son tard&iacute;os, uva de la casa, sardinas de bota, anchoas, bacalao asado, granada y naranja, y al aire libre, con toldo, claro, cayendo una lluvia muy fina, -una lluvia &ldquo;calaera&rdquo;, as&iacute; la llaman por estos predios- que volvi&oacute; a expandir ese aroma de dioses a tierra mojada y suscit&oacute; la tertulia y el debate, que fue lo mejor.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay que hablar de la otra persona que ha lanzado este proyecto. Una de esas personas con luz, con ilusi&oacute;n y con empuje que son las que ponen el coraz&oacute;n tan necesario para que estos prop&oacute;sitos se lleven a cabo. Pilar Ju&aacute;rez es esa persona que tantos proyectos ha puesto en marcha en su vida y la que insufla la energ&iacute;a necesaria para estimular a las otras personas para que lleven a cabo sus planes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s hermoso de todo esto, tengo que decirlo para acabar, es que Pilar Ju&aacute;rez tiene ochenta a&ntilde;os, la energ&iacute;a de una treinta&ntilde;era, la ilusi&oacute;n de una cr&iacute;a y la experiencia de una veterana, y ha lanzado el m&aacute;gico proyecto de plantar un bosque que ella no sabe si terminar&aacute; de verlo crecer alg&uacute;n d&iacute;a. La iniciativa de Ram&oacute;n y Pilar y todos quienes les siguen es una historia de ciencia, humanidad, ecolog&iacute;a, ilusi&oacute;n, energ&iacute;a y generosidad, valores tan necesarios y que en estos tiempos duros cotizan a la baja, y un desaf&iacute;o al tiempo, a la edad, a la pasividad y al pesimismo. Menudo ejemplo.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/nacer-bosque-cartagena-oeste_132_12874676.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Dec 2025 10:19:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hacer nacer un bosque en la Cartagena Oeste]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Región de Murcia,Bosques,Repoblación,Cartagena]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fascismo versus Pedro Costa Morata en Águilas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/fascismo-versus-pedro-costa-morata-aguilas_132_12833569.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f34c8618-1abf-447e-b49d-841f680c6602_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fascismo versus Pedro Costa Morata en Águilas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Intentan desposeer al ecologista Pedro Costa Morata de su título de Hijo Predilecto de Águilas</p></div><p class="article-text">
        Primero, convencen a los tontos. Luego, silencian a los inteligentes. El fil&oacute;sofo brit&aacute;nico Bertrand Russell dijo esto hace casi cien a&ntilde;os cuando le preguntaron por el &eacute;xito del fascismo en los a&ntilde;os treinta del siglo XX. Yo me pregunto si no es eso lo que estar&aacute; sucediendo en &Aacute;guilas en estos momentos. Alguien ha convencido a alguien de que presente una petici&oacute;n al Ayuntamiento para revocar el t&iacute;tulo de Hijo Predilecto de &Aacute;guilas a Pedro Costa Morata, quien lo ostenta desde que en 2017 se lo otorgara la corporaci&oacute;n gobernada por los socialistas. &iquest;Los motivos esgrimidos? &ldquo;Que hay miles de aguile&ntilde;os que sin pedir nada a cambio ni querer ninguna distinci&oacute;n, se merecen ese reconocimiento; que este &rdquo;personaje&ldquo; (as&iacute; lo califican), escribe medias verdades en sus escritos y que se inventa enemigos; que ha tenido una falta de agradecimiento para quien se lo otorg&oacute;, como es Do&ntilde;a Mar&iacute;a del Carmen Moreno P&eacute;rez, a la cual le ha faltado el respeto a su honorabilidad; y que no ha tra&iacute;do trabajo ni futuro para el t&eacute;rmino municipal de &Aacute;guilas, sino todo lo contrario&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cabe describir ahora el perfil de la persona a la que se homenaje&oacute; en su d&iacute;a y a la que ahora se quiere silenciar y desprestigiar de esta mala manera. Pedro Costa Morata naci&oacute; en &Aacute;guilas en 1947 y es ingeniero de telecomunicaciones, doctor en sociolog&iacute;a, profesor universitario y Premio Nacional de Ecolog&iacute;a en 1998. A su activismo socioecologista le debemos que en la Regi&oacute;n de Murcia no nos implantaran en 1974 una central nuclear en la Marina de Cope. Los ciudadanos de &Aacute;guilas est&aacute;n a&uacute;n m&aacute;s en deuda con su figura, aunque solo fuera por esta valiente actuaci&oacute;n suya que impidi&oacute; el desaguisado. En &eacute;poca de Franco hab&iacute;a un joven ecologista que movi&oacute; cielo y tierra para parar aquello: ese era Pedro. 
    </p><p class="article-text">
        Quien presenta la petici&oacute;n de revocaci&oacute;n de la concesi&oacute;n de Hijo Predilecto de &Aacute;guilas a Pedro Costa Morata es todo un expresidente de la organizaci&oacute;n patronal agraria ASAJA en Murcia, Jos&eacute; Mart&iacute;nez Qui&ntilde;onero, y hace unos d&iacute;as ya hab&iacute;a reunido 300 firmas de apoyo. Por el otro lado, Pedro ha recibido el sost&eacute;n decidido e inequ&iacute;voco de partidos pol&iacute;ticos de la izquierda murciana, sindicatos, asociaciones ecologistas, vecinales, sociales, etc. La izquierda ha querido ver aqu&iacute; un evidente ataque ultraderechista: esto es una caza de brujas en la que los neofascistas van a por los rojos y a por los verdes, en todos los terrenos posibles. Seg&uacute;n este planteamiento, lo que los ultras quieren hacer con Pedro es una batalla m&aacute;s en la guerra cultural que la extrema derecha plantea all&aacute; donde puede. Es de esperar que el actual gobierno local aguile&ntilde;o, presidido por un socialista, impida que esto llegue a su fin. De esa corporaci&oacute;n depende que &Aacute;guilas no haga el rid&iacute;culo ni a&ntilde;ada una p&aacute;gina m&aacute;s a aquella famosa Historia Universal de la Infamia borgiana. 
    </p><p class="article-text">
        Pero siendo eso seguramente cierto, aqu&iacute; hay m&aacute;s mar de fondo, claro. Lo que de verdad sucede es que Pedro Costa Morata, a sus 78 a&ntilde;os, sigue luchando y denunciando todas las injusticias que detecta. Es tambi&eacute;n un articulista bastante impertinente, pone el dedo donde nadie m&aacute;s se atreve y se&ntilde;ala corrupciones e irregularidades all&aacute; donde las ve, y pisa callos que duelen. El agropoder es uno de ellos, conectado con la especulaci&oacute;n inmobiliaria y sus tent&aacute;culos en los ayuntamientos costeros. En alg&uacute;n art&iacute;culo suyo reciente &eacute;l dice que hay que denunciar una mafia local que afirma que hay instalada en los municipios de &Aacute;guilas y Mazarr&oacute;n, y se&ntilde;ala incluso a un capo que hay en segunda fila de quien dicen que tiene a mucha gente cogida por semejante sitio y quien desde una secretar&iacute;a municipal con much&iacute;simo poder en la sombra es quien de verdad est&aacute; moviendo los hilos por detr&aacute;s para revocarle. 
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Shakespeare en Hamlet aquello de &ldquo;algo huele a podrido en Dinamarca&rdquo;. Quiz&aacute; en &Aacute;guilas no hagan falta ni fil&oacute;sofos ni dramaturgos brit&aacute;nicos, sino algo m&aacute;s pedestre: periodismo de investigaci&oacute;n, o qui&eacute;n sabe si fiscal&iacute;a. Porque ah&iacute; est&aacute;n pasando cosas, y no el rid&iacute;culo argumento de la merma de un ego maltrecho, como quiere hacer ver la ultraderecha local menoscabando a Pedro, ni solamente el derribo de una estatua viva, como es Pedro Costa Morata, una voz necesaria e imprescindible, de las que quedan pocas en esta regi&oacute;n tan cobardona y tan disparatada. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/fascismo-versus-pedro-costa-morata-aguilas_132_12833569.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Dec 2025 05:00:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fascismo versus Pedro Costa Morata en Águilas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Región de Murcia,Ecologismo,Águilas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cabo de Palos, 1960. Echar de menos el franquismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/cabo-palos-1960-echar-franquismo_132_12774950.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/71a3af68-a79d-419c-aef9-d312cc124400_16-9-discover-aspect-ratio_default_1130604.jpg" width="1557" height="876" alt="Archivo Municipal de Cartagena"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un pueblo costero sin agua corriente, sin teléfono, con cables por los aires, sin escuelas, sin cine, ni policías, ni basureros. Un pueblo de veraneo sin cine de verano, ni limpieza de playas, ni calles asfaltadas. Un documento de la época retrata involuntariamente las penurias del franquismo en donde hoy veranean los ricos
</p></div><p class="article-text">
        Hay documentos hist&oacute;ricos que le saltan a uno al ojo por motivos espurios: finas iron&iacute;as involuntarias, escritos que acaban diciendo lo que no quer&iacute;an decir, luces del pasado que iluminan el presente sin querer, porque quienes los escribieron hace 65 a&ntilde;os no quer&iacute;an ni denunciar ni retratar nada, tan s&oacute;lo pedir algo (o mucho). Y, de manera involuntaria e inopinada, a nosotros, los lectores que miramos desde el futuro esas viejas hojas mecanografiadas nos acaban diciendo otras cosas distintas despu&eacute;s de d&eacute;cadas amarilleando en cajones y carpetas de archivos, porque el tiempo y los sucesos transcurridos caen sobre esas palabras de una manera implacable y la foto que vemos acaba explic&aacute;ndonos cosas distintas a las pretendidas. 
    </p><p class="article-text">
        Sirva esta parrafada inicial para poner en contexto algo que me sucedi&oacute; el otro d&iacute;a al ver un documento hist&oacute;rico de 1960, tampoco hace tanto tiempo. Resulta que el&nbsp;Archivo Municipal de Cartagena est&aacute; haciendo una labor magn&iacute;fica rescatando viejos documentos de sus fondos, y todos los d&iacute;as nos deleita a los aficionados con alg&uacute;n descubrimiento de lo m&aacute;s interesante, que publican a diario en sus redes sociales. Eligen a diario uno que, por lo que sea, les choca, y siempre aciertan. Chapeau por el archivero o archivera que hace unos d&iacute;as sac&oacute; este, porque es maravilloso sin querer haberlo sido, seguro. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo lo le&iacute; y enseguida mi mente conect&oacute; esa lectura con esa moda tonta que hay ahora entre muchos desinformados de echar de menos el franquismo. El documento, fechado en julio de 1960, lleva por t&iacute;tulo <em>Mejoras necesarias en Cabo de Palos, para hacer este lugar acogedor a turistas y veraneantes</em>. Por si leyera esto alguien de fuera de nuestra regi&oacute;n y lo ignore, conviene recordar que hoy, en esta democracia tan terrible y tan mala en la que seg&uacute;n algunos malvivimos, Cabo de Palos es uno de los lugares tur&iacute;sticos m&aacute;s importantes de la comarca de Cartagena, lugar de residencia de veraneantes m&aacute;s bien ricos que pobres. Pero hacia el a&ntilde;o 1960, en mitad del franquismo -aquella Arcadia feliz para la actual joven generaci&oacute;n de <em>bros</em> desinformados-, esto no era as&iacute; en absoluto. 
    </p><p class="article-text">
        El documento es corto y no tiene desperdicio. B&aacute;sicamente se trata de un breve informe de situaci&oacute;n que parece redactado por alg&uacute;n concejal, alg&uacute;n peque&ntilde;o funcionario o pol&iacute;tico local destinado a que la superioridad le hiciera algo de caso a lo que se necesitaba en ese lugar para lograr la anhelada prosperidad, atraer al turismo y salir de la miseria. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un pueblo costero que no ten&iacute;a nada de nada</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quien eche de menos el franquismo, lo que supongo que echar&aacute; de menos es todo eso que se puede leer ah&iacute;: un pueblo costero sin agua corriente, sin tel&eacute;fono, con cables por los aires, un lugar sin escuelas, polic&iacute;as, basureros, seguridad, limpieza de playas... (Con Franco no se pagaban impuestos, &iquest;a que lo hab&eacute;is o&iacute;do &uacute;ltimamente?). Por no haber, no hab&iacute;a ni iglesia, y al menos 20 pescadores no ten&iacute;an casa, al parecer. Ni el maestro tampoco. Un pueblo costero que quer&iacute;a ser tur&iacute;stico y que no ten&iacute;a ni cine de verano, ni paseo mar&iacute;timo, ni un puerto en condiciones para los barcos ni asfalto en las calles.
    </p><p class="article-text">
        Esa es la Espa&ntilde;a de 1960, un pa&iacute;s que aun despu&eacute;s de que hubieran pasado 20 a&ntilde;os desde el fin de la guerra civil, segu&iacute;a hundido en un subdesarrollo vergonzante que se prolongaba en una posguerra interminable. As&iacute; era en realidad la Espa&ntilde;a de la dictadura de Franco que anhelan ciertas personas que no la han conocido, y que no resistir&iacute;an ni un d&iacute;a ninguna de todas esas penurias si tuvieran que vivir as&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Retirada de cerdos de las calles de Cabo de Palos</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me he dejado para el final la guinda del documento. Porque estoy seguro de que vosotros tambi&eacute;n habr&eacute;is sonre&iacute;do al haber le&iacute;do el rengl&oacute;n en el que se expresa la necesidad de retirar a los cerdos del pueblo. Yo me imagino el actual Cabo de Palos con cerdos sueltos por las calles y de la sonrisa paso a la risa. Y como estamos en modo ir&oacute;nico, me pregunto si en serio el triste concejal franquista aquel se refer&iacute;a &uacute;nicamente a los cerdos de cuatro patas, o quiz&aacute; tambi&eacute;n a los de dos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/cabo-palos-1960-echar-franquismo_132_12774950.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Nov 2025 05:00:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cabo de Palos, 1960. Echar de menos el franquismo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El último vals de Nacho Para]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/ultimo-vals-nacho_1_12735467.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/01e18662-b33e-4e80-90fe-eed7a9ad0167_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El último vals de Nacho Para"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Bantastic Fand y un montón de amigos rinden tributo en el 44 Festival de Jazz de Cartagena al fundador de la banda, Nacho Para, fallecido en 2024</p><p class="subtitle">Nacho Para, llamando a las puertas del cielo el mismo día que Lennon</p></div><p class="article-text">
        En varios momentos de la noche del pasado jueves 30 de octubre, el Luzzy no parec&iacute;a una de las sedes de nuestro veterano festival de jazz, sino mism&iacute;simamente el Winterland Ballroom de San Francisco. Tampoco parec&iacute;a que estuvi&eacute;ramos en una noche de finales de octubre de 2025 en Cartagena, sino en California y en el d&iacute;a de acci&oacute;n de gracias de noviembre de 1976. Ni que estuvi&eacute;ramos ante el concierto de homenaje de la Bantastic Fand al difunto Nacho Para, sino ante aquel otro concierto de despedida de The Band que Martin Scorsese film&oacute; en aquella legendaria pel&iacute;cula que fue <em>The Last Waltz</em>, una cinta de culto que todo verdadero aficionado al rock cl&aacute;sico habr&aacute; visto al menos cien veces. 
    </p><p class="article-text">
        Y una muy digna versi&oacute;n de eso mismo es lo que vimos en&nbsp;Cartagena la otra noche. Porque los miembros supervivientes de la Bantastic Fand supieron copiar exactamente aquel mismo esp&iacute;ritu en el concierto de homenaje al compa&ntilde;ero que falleci&oacute; s&uacute;bitamente en su casa&nbsp;el pasado 8 de diciembre (mismo d&iacute;a que Lennon) a los 62 a&ntilde;os. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>El homenajeado y el homenaje</strong></h2><p class="article-text">
        Nacho Para fue un almeriense que un d&iacute;a decidi&oacute; acabar de golpe con su exitosa carrera period&iacute;stica (fue durante muchos a&ntilde;os el jefe de Cultura de El Peri&oacute;dico de Catalunya), abandonar Barcelona y dedicarse a su verdadera pasi&oacute;n: el rock&rsquo;n&rsquo;roll. Se radic&oacute; en el campo de Cartagena, lejos del ruido de las capitales, fund&oacute; su grupo, la Bantastic Fand, con quienes estuvo girando por todo el pa&iacute;s durante m&aacute;s de una d&eacute;cada y entregando varios &aacute;lbumes (<em>Strong enough to refuse, Wellcome to desert town, Somebody&rsquo;s world </em>y<em> Under dim lights)</em> y una joya en solitario titulada <em>No parking tickets in the clouds</em>.
    </p><p class="article-text">
        Y el concierto homenaje, presentado por Joserra Rodrigo -quien se desplaz&oacute; desde Bilbao- se plante&oacute; con el repertorio de esos &aacute;lbumes de la Bantastic Fand con un Fernando Rubio como maestro de ceremonias a lo Robbie Robertson y el eterno Carlos Campoy en el papel de Richard Manuel cuando atacaba el piano o Garth Hudson cuando se iba al &oacute;rgano Hammond. 
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a un mont&oacute;n de gui&ntilde;os m&aacute;s hacia <em>El &Uacute;ltimo Vals</em> de The Band: si los americanos contaban con un bater&iacute;a que tambi&eacute;n cantaba, Paco del Cerro cant&oacute; unas cuantas sin soltar las baquetas, al modo de Levon Helm, y como los miembros de The Band, tambi&eacute;n se cambiaba de instrumento porque en algunas toc&oacute; la guitarra. De Rick Danko hizo Jacinto Marcos. Qui&eacute;n tocaba la mandolina en The Band no lo recuerdo, pero aqu&iacute; fue Iv&aacute;n Estefan&iacute;a. Jos&eacute; del Cerro animaba el cotarro con las percusiones, hac&iacute;a coros y levantaba a un p&uacute;blico que tambi&eacute;n comulg&oacute; con la ceremonia. Porque esto no es rock&rsquo;n&rsquo;roll solamente. Esto es religi&oacute;n. Y el difunto Nacho Para es el santo al que venerar, el m&aacute;rtir a recordar. Ni esto era solo un concierto: era una celebraci&oacute;n, una liturgia como aquella californiana de 1976.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Los invitados y la viuda</strong></h2><p class="article-text">
        Si en <em>The Last Waltz</em> aparec&iacute;an a cada momento estrellas invitadas como Bob Dylan, Neil Young, Van Morrison, Joni Mitchell, Ringo Starr, Eric Clapton y una larga n&oacute;mina compuesta por toda la aristocracia del rock de aquellos momentos, en el Luzzy y para homenajear a Nacho Para se iban sumando amigos m&uacute;sicos invitados al escenario a cada canci&oacute;n: el pianista Ram&oacute;n Garc&iacute;a; el guitarrista Fino Onoyarte (ex bajista de Los Enemigos); Isabel M&aacute;rquez y Pablo Vizca&iacute;no, coautores de varias letras con Nacho Para; y el bajista Rom&aacute;n Garc&iacute;a, que fueron a&ntilde;adiendo talento y emoci&oacute;n mientras la noche avanzaba.
    </p><p class="article-text">
        Hemos dejado un espacio especial para Paloma del Cerro, cantante y percusionista de la Bantastic Fand. Porque ella qued&oacute; viuda aquel fat&iacute;dico d&iacute;a que la parti&oacute; por la mitad, y un a&ntilde;o despu&eacute;s ah&iacute; estuvo bravamente al frente de su banda defendiendo el legado de su marido, Nacho Para. Con una dignidad y entereza admirables, sin momentos lacrim&oacute;genos, con fuerza, con sonrisas y con solvencia. A Nacho le habr&iacute;a gustado verla as&iacute;. Y el p&uacute;blico la llev&oacute; en volandas todo el rato. Cu&aacute;ntas emociones y qu&eacute; bien llevadas, qu&eacute; gusto dio verla, qu&eacute; gusto tuvo tambi&eacute;n la gente haci&eacute;ndole todo eso. Fuerza para Paloma.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La apoteosis final</strong></h2><p class="article-text">
        Un concierto que no tuvo altibajos y que fue in crescendo de principio a fin acab&oacute; como ten&iacute;a que acabar: al igual que en <em>The Last Waltz</em>, el momento cumbre y definitivo fue cuando grupo y m&uacute;sicos invitados interpretaron juntos en el escenario el <em>I shall be released</em> de Bob Dylan a modo de plegaria comunitaria. Esto fue ya la catarsis, con todo el p&uacute;blico cantando en comuni&oacute;n el himno dylaniano, con un nivel de intensidad emocional que este cronista ocasional curtido en mil conciertos ha visto pocas veces. Todos vimos venir la luz brillando desde el oeste hasta el este repetidas veces y seguimos so&ntilde;ando con que alg&uacute;n d&iacute;a seremos liberados. Una felicidad plena que no quer&iacute;amos ninguno que se acabara.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un concierto esdr&uacute;julo </strong></h2><p class="article-text">
        Fue un concierto esdr&uacute;julo, porque la Bantastic Fand construy&oacute; para homenajear al ca&iacute;do un ambiente m&aacute;gico y &eacute;pico. Y para describir bien lo que pudimos disfrutar la otra noche, le caben, sin exagerar, todos los otros t&oacute;picos hiperb&oacute;licos con acento en la antepen&uacute;ltima s&iacute;laba, porque adem&aacute;s fue m&iacute;tico, lit&uacute;rgico, ic&oacute;nico, may&uacute;sculo, c&oacute;mico, espl&eacute;ndido, nost&aacute;lgico, cl&aacute;sico, magn&iacute;fico, cat&aacute;rtico y &uacute;nico. Quiero pensar que al homenajeado, quien sin duda escrib&iacute;a mejor que yo, le habr&iacute;a gustado esta colecci&oacute;n de palabras esdr&uacute;julas que quieren, torpemente, resumir la pasi&oacute;n con la que vivimos todos esa (s&iacute;) fant&aacute;stica noche de rock&rsquo;n&rsquo;roll con la Bantastic Fand en el Luzzy de Cartagena en honor al a&ntilde;orado Nacho Para.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/ultimo-vals-nacho_1_12735467.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Nov 2025 05:00:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El último vals de Nacho Para]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cartagena,Región de Murcia,Almería,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mircea Cartarescu en Cartagena]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/mircea-cartarescu-cartagena_1_12640541.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/441c50a7-84d0-4c4f-8c69-61e77e6e997b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mircea Cartarescu en Cartagena"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El novelista rumano, candidato fijo al premio Nobel de Literatura, ha visitado la región este fin de semana con parada obligada en una librería de Cartagena
</p></div><p class="article-text">
        Todos est&aacute;n seguros de que un a&ntilde;o u otro le dar&aacute;n el premio Nobel de Literatura. Lo que no se sabe es cu&aacute;ndo. El autor rumano Mircea Cartarescu, considerado uno de los mejores novelistas mundiales del siglo XXI, acaba de visitar nuestra regi&oacute;n. En Murcia ha recibido el premio Ex Libris y el autor ha querido a&ntilde;adir una m&aacute;s que curiosa parada en una librer&iacute;a cartagenera en donde la afici&oacute;n literaria local, convertida en una especie de divertida secta devocionaria cartarescuana, abarrot&oacute; la tienda esperando al genio rumano en un acto &iacute;ntimo celebrado en la ciudad por esa entregada comunidad lectora que este autor tiene aqu&iacute;, rareza local que hay que explicar a continuaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo por obra y gracia de Vicente Velasco, aut&eacute;ntico ap&oacute;stol de Cartarescu en Espa&ntilde;a. Porque este librero vocacional, apasionado amante de su oficio y devoto seguidor del rumano, en cuanto aparece por su librer&iacute;a una persona despistada que no sabe qu&eacute; comprar y del que Vicente olfatea que tiene buen gusto y es candidata, le encasqueta un <em>solenoide</em> o un <em>theodoros</em> o un <em>cegador</em> en toda la cabeza a&ntilde;adiendo un individuo m&aacute;s a esta comunidad de lectores felices.
    </p><p class="article-text">
        Hay datos objetivos: La Monta&ntilde;a M&aacute;gica es la librer&iacute;a espa&ntilde;ola que m&aacute;s ejemplares ha vendido de <em>Solenoide</em>, y vende diez veces m&aacute;s que la segunda librer&iacute;a espa&ntilde;ola, sea la que sea. Cartarescu ten&iacute;a una deuda moral con esta rec&oacute;ndita librer&iacute;a que se encuentra en la peque&ntilde;a ciudad de Cartagena, a 3.200 kil&oacute;metros de Bucarest. Y el autor ha cumplido, para alegr&iacute;a de todos los que formamos parte de la secta.
    </p><h2 class="article-text">El autor</h2><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El autor rumano Mircea Cartarescu                            </span>
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        Mircea Cartarescu (Bucarest, 1956) ha escrito obras monumentales en las que el lector queda inmerso en un riqu&iacute;simo mundo on&iacute;rico que no deja indiferente y que le lleva muy lejos. Sus libros, traducidos a m&aacute;s de veinte lenguas, son de una gran complejidad, cargados de s&iacute;mbolos, con un imaginario muy denso y muy particular. Son experiencias totales que van mucho m&aacute;s all&aacute; de una mera lectura. La trilog&iacute;a <em>Cegador</em> es la m&aacute;s exhaustiva: 1.400 p&aacute;ginas en tres vol&uacute;menes. La obra maestra es <em>Solenoide</em>, que con sus 794 p&aacute;ginas est&aacute; considerada como la mejor novela del siglo XXI. En ella hay un realismo m&aacute;gico con reminiscencias de Garc&iacute;a M&aacute;rquez pasado por el oscuro tamiz de la Ruman&iacute;a de los a&ntilde;os setenta. La &uacute;ltima entrega es <em>Theodoros</em>, una novela hist&oacute;rica narrada en segunda persona publicada en 2024 que <em>solo </em>tiene 643 p&aacute;ginas. Cartarescu ha agrandado su leyenda y ya est&aacute; en el olimpo mundial de las letras, pero aqu&iacute; se nos present&oacute; con una humildad tan sorprendente como la altura de su literatura.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">El acto: cien lectores donde caben veinte</h2><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El acto atrajo a una gran cantidad de público                            </span>
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        Vicente Velasco dec&iacute;a que cualquier d&iacute;a Cartarescu vendr&iacute;a a su tienda, tambi&eacute;n entre las mejores veinte librer&iacute;as de Espa&ntilde;a. Era un sue&ntilde;o, una quimera. &iquest;C&oacute;mo alguien tan grande va a venir aqu&iacute;, que estamos en el culo del mundo? Vaya que si vino. Acept&oacute; la invitaci&oacute;n y nos visit&oacute; un s&aacute;bado, y fue como si hubiera bajado un mes&iacute;as o un profeta o un diosecillo laico. Recibido con una ovaci&oacute;n por cien lectores o adeptos o devotos que no s&eacute; c&oacute;mo pudimos entrar en una librer&iacute;a en la que no cab&iacute;amos, algunos venidos desde Zaragoza, Valencia o Murcia, nos deleit&oacute; con sus curiosidades de escritor: dice que sigue escribiendo a mano (miles de p&aacute;ginas a mano); no edita ni corrige sus textos, porque es capaz de escribirlos del tir&oacute;n y sin tachones ni correcciones (c&oacute;mo no creer esto de alguien que hace cre&iacute;ble lo incre&iacute;ble). Dice que no sabe distinguir entre realidad y sue&ntilde;o. Cree de verdad que su madre vuela, que todas las madres del mundo vuelan, y aquel gigante de la literatura se nos mostr&oacute; cercano y agradecido, con un sentido del humor dif&iacute;cil de encontrar en sus novelas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el espect&aacute;culo no era verle a &eacute;l, sino a Vicente Velasco, el librero que hab&iacute;a organizado el acto cumpliendo su sue&ntilde;o. &Eacute;l no caminaba por la calle Juan Fern&aacute;ndez de Cartagena: levitaba de felicidad a medio metro del suelo como les podr&iacute;a pasar a cualquiera de los on&iacute;ricos personajes del <em>Solenoide</em>.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Habr&aacute; llamada desde Estocolmo este a&ntilde;o?</h2><p class="article-text">
        El Nobel de Literatura se otorga en octubre. Desde Suecia el c&eacute;lebre tel&eacute;fono comunicar&aacute; la buena nueva al premiado que recoger&aacute; el galard&oacute;n en el solemne acto de diciembre en la capital sueca. Cartarescu lleva a&ntilde;os en todas las quinielas. La verdad es que ser&iacute;a de justicia que lo ganara y, de paso, que el &iacute;nclito Vicente estuviera en la comitiva acompa&ntilde;&aacute;ndole en Estocolmo. Qui&eacute;n sabe si pronto habr&aacute; que reescribir esta columna y titularla <em>Cuando el Nobel Cartarescu estuvo en Cartagena.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/mircea-cartarescu-cartagena_1_12640541.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Sep 2025 04:00:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mircea Cartarescu en Cartagena]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Región de Murcia,Cartagena,Cultura,Literatura,Librerías]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El pequeño gran preestreno del documental de La Algameca Chica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/pequeno-gran-preestreno-documental-algameca-chica_1_12610753.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e381421b-d70d-4439-8bce-4ce664962abb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El pequeño gran preestreno del documental de La Algameca Chica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Blanca Pérez de Tudela muestra su esperada película ante los vecinos del célebre poblado de barracas de la costa cartagenera
</p><p class="subtitle">La eterna búsqueda de protección de la Algameca Chica ante la amenaza del derribo: “El miedo está siempre presente”</p></div><p class="article-text">
        Tras tres a&ntilde;os de trabajo cinematogr&aacute;fico, el documental sobre La Algameca Chica ya ha podido ser exhibido en p&uacute;blico. Y su joven directora, Blanca P&eacute;rez de Tudela (Alguazas, 1994), ha cumplido su compromiso con los vecinos y vecinas del poblado y ha decidido preestrenar su pel&iacute;cula ante ellos antes que nadie en la noche del 12 de septiembre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El acontecimiento tuvo lugar en este fascinante poblado de 110 barracas que resiste frente a todas las administraciones contra viento y marea. La Algameca Chica, para quien no lo conozca, es un asentamiento alegal situado a la desembocadura de la Rambla de Benipila en Cartagena. Un vestigio del veraneo popular de hace 100 o 150 a&ntilde;os, un lugar congelado en el tiempo que no parece que pertenezca ni a Europa ni al siglo XXI, un rinc&oacute;n olvidado que ha sido objeto de la atenci&oacute;n de soci&oacute;logos, historiadores, fot&oacute;grafos, ingenieras, pintores, reporteros y visitantes de todo cu&ntilde;o y procedentes de lugares muy lejanos. Y un d&iacute;a de 2022, la cineasta Blanca P&eacute;rez de Tudela se dej&oacute; caer por all&iacute;, fue seducida por el extra&ntilde;o encanto de este lugar tan chocante como repelente, y decidi&oacute; hacer un documental porque todo aquello tiene una potencia visual enorme y una incre&iacute;ble historia humana dentro que nadie hab&iacute;a llevado al cine. Comenz&oacute; entonces un trabajo cinematogr&aacute;fico de cocina lenta y sabrosa que se ha ido elaborando pacientemente y que ya ve la luz en este verano de 2025, ante unos emocionados y agradecidos habitantes que se han visto retratados con una sensibilidad, con un tacto y con una humanidad a los que no est&aacute;n acostumbrados.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una pantalla de cine en un campo de f&uacute;tbol de tierra</strong></h2><p class="article-text">
        Era digna de ver aquella pantalla gigante en el campo de f&uacute;tbol del poblado, donde se instalaron sillas que albergaron a m&aacute;s de 300 personas en un p&uacute;blico compuesto exclusivamente por vecinos y vecinas y por los casi 200 mecenas que aportaron dinero generosamente en un crowdfunding que se llev&oacute; a cabo hace a&ntilde;o y medio para ayudar a financiar la pel&iacute;cula. Un ambiente acogedor de cine de verano a la antigua fue el formato elegido por Blanca para la exhibici&oacute;n del documental. Y tras muchos tropezones en estos tres a&ntilde;os y cuando ca&iacute;a la noche, los vecinos comenzaron a verse en la pantalla en un relato documental cuyo hilo conductor era el personaje m&iacute;tico de la Amalia, aquella pitonisa y curandera legendaria que vivi&oacute; en el margen derecho de La Algameca Chica en el siglo XIX y cuya leyenda penetra por todos los rincones del poblado y atraviesa los siglos en la historia y los minutos en el documental.&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Puro cine entre barracas</strong></h2><p class="article-text">
        Por la pantalla pasan los actuales pobladores de La Algameca Chica, vecinos y vecinas que cuentan la peripecia de su vida en este extra&ntilde;o poblado desde la autenticidad de unos testimonios sin filtro, en un relato trufado con intervenciones m&aacute;s t&eacute;cnicas (pero no menos comprometidas) de otras miradas que se han posado en el poblado: el soci&oacute;logo que ha estudiado el entramado antropol&oacute;gico de la comunidad que puebla en el siglo XXI La Algameca Chica; la ingeniera que cuenta desde el claustro de la&nbsp;universidad c&oacute;mo es el suministro de energ&iacute;a autogestionada por los vecinos en una comunidad energ&eacute;tica independiente que merece un todo un estudio ingenieril; el historiador que recuerda a todos que esto est&aacute; habitado desde el siglo XVIII y que ha hecho infinidad de visitas guiadas que muestran el poblado a los at&oacute;nitos visitantes.
    </p><p class="article-text">
        Blanca P&eacute;rez de Tudela ha tenido el acierto de poner la c&aacute;mara y el ojo donde nadie antes hab&iacute;a venido a hacerlo. La Algameca Chica hab&iacute;a sido narrada, pintada, fotografiada, reportada y tambi&eacute;n perseguida, humillada, ofendida e ignorada, pero nunca antes hab&iacute;a sido filmada con esta profundidad y este cari&ntilde;o. Blanca la ha captado en su c&aacute;mara por todos los sitios: por dentro, en sus casas imposibles y sus calles an&aacute;rquicas, con sus mujeres resilientes y sus hombres curtidos por el sol, la sal y las derrotas; por abajo, con im&aacute;genes submarinas de un mar que lo impregna todo; por arriba, con im&aacute;genes a&eacute;reas tomadas con drones. Un festival de color, de sonidos, de retratos de personajes tratados con un respeto, un afecto y una sensibilidad propias de una mirada femenina que ha sabido desprejuiciarse ante un paisaje a veces fascinante y a veces hostil, porque La Algameca Chica, ese paraje que est&aacute; al sur del sur del sur del sur de todo, es bella y dura, fea y amable, es un monumento a la anarqu&iacute;a, al contraste, al equ&iacute;voco. El lugar ped&iacute;a a gritos una c&aacute;mara y un relato cinematogr&aacute;fico y Blanca lo ha logrado con creces en una potente narraci&oacute;n po&eacute;tica de im&aacute;genes y sonidos singulares, inesperados, con una mirada &uacute;nica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pronto se podr&aacute; ver en los lugares de nuestra regi&oacute;n donde debe arrancar su recorrido cinematogr&aacute;fico: la Filmoteca regional y, esperemos que sea as&iacute;, el Festival Internacional de Cine de Cartagena, el pr&oacute;ximo noviembre. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/pequeno-gran-preestreno-documental-algameca-chica_1_12610753.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Sep 2025 04:01:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El pequeño gran preestreno del documental de La Algameca Chica]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Región de Murcia,Cartagena,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Guerra Civil en Cartagena: Atlas fotográfico de ayer y hoy]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/guerra-civil-cartagena-atlas-fotografico-ayer-hoy_1_12360559.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6c83f03b-7cfc-4b3b-8cc6-109424f64dd2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Guerra Civil en Cartagena: Atlas fotográfico de ayer y hoy"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Daniel Pérez Martínez ofrece un recorrido por los lugares emblemáticos de la Guerra Civil en Cartagena en un libro a caballo entre la historia y la fotografía
</p></div><p class="article-text">
        Consciente de la fuerza que alberga el hecho de enfrentar viejas fotograf&iacute;as con los mismos lugares captados en la actualidad, el m&eacute;dico Daniel P&eacute;rez Mart&iacute;nez (Cartagena 1974), tan aficionado a la historia como a la fotograf&iacute;a, ha querido contar la historia de la guerra civil en Cartagena a trav&eacute;s de antiguas im&aacute;genes y su paralelismo en el presente<em>.</em>
    </p><p class="article-text">
        La guerra civil espa&ntilde;ola de 1936-1939 es nuestra gran epopeya nacional. Es el gran tema de la historia contempor&aacute;nea de Espa&ntilde;a. Han pasado 90 a&ntilde;os y todo el mundo, desde un lugar o desde el otro,<strong> </strong>vuelve una y otra vez a poner su mirada en aquellos a&ntilde;os negros de nuestro pa&iacute;s. Son una fuente inagotable de recuerdos, historias, versiones, miradas y huellas. Y de nuevos libros que siguen apareciendo. En nuestra ciudad, adem&aacute;s, estos recuerdos y estas revisiones se producen con m&aacute;s frecuencia si cabe, porque si en otros territorios la guerra dur&oacute; unas pocas semanas o unos pocos meses, aqu&iacute; se vivi&oacute; todo de una manera intensa en los 33 meses que dur&oacute; el conflicto b&eacute;lico. Cartagena fue protagonista de la guerra de principio a fin.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El autor</strong></h2><p class="article-text">
        Daniel P&eacute;rez Mart&iacute;nez naci&oacute; en Cartagena en 1974 y es un m&eacute;dico especialista en cuidados intensivos. La fotograf&iacute;a y la historia son sus principales aficiones. No es un historiador profesional, pero en sus notas biogr&aacute;ficas nos dice que siempre ha sentido predilecci&oacute;n por la lectura de ensayos sobre los conflictos europeos del siglo XX. Y se ha atrevido a hacer un libro bastante correcto sobre la guerra civil en Cartagena que une esas dos aficiones: la historia y la fotograf&iacute;a, que ha merecido que la editorial Nova Spartaria lo publique y que se present&oacute; hace dos semanas en un acto que tuvo lugar en el sal&oacute;n de actos del Archivo Municipal de Cartagena.
    </p><p class="article-text">
        El autor nos cuenta en el pr&oacute;logo que se inspir&oacute; en un fot&oacute;grafo llamado Paco G&oacute;mez, que hab&iacute;a escrito un libro basado en el encuentro de una vieja colecci&oacute;n de im&aacute;genes in&eacute;ditas de un fot&oacute;grafo amateur franc&eacute;s de principios del siglo XX, y la decisi&oacute;n que tom&oacute; de hacer las mismas fotograf&iacute;as en los mismos lugares pero 100 a&ntilde;os despu&eacute;s. Al comparar ambos grupos de fotograf&iacute;as Daniel se percat&oacute; de la enorme fuerza que tiene revisitar viejos lugares que de alguna manera nos conectan sentimentalmente con nuestro pasado. Y decidi&oacute; copiar la idea y hacer lo mismo con la guerra civil en Cartagena, de cuyos episodios hay numerosas fotograf&iacute;as. Se trataba de volver a poner la c&aacute;mara de fotos en el mismo sitio, la misma calle, edificio o fachada y registrar la misma imagen. A ser posible, desde la misma posici&oacute;n y el mismo encuadre, pero 90 a&ntilde;os despu&eacute;s. Y la comparaci&oacute;n provoca en el lector una evocaci&oacute;n o intuitiva, o nost&aacute;lgica o real, o, a veces, surreal. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Las fuentes</strong></h2><p class="article-text">
        En solo 142 p&aacute;ginas el autor ha sido capaz de condensar la historia de aquel conflicto en nuestra ciudad, y eso sin ser historiador. Como dice el autor, Cartagena jug&oacute; un importante papel en el territorio republicano durante la guerra civil espa&ntilde;ola, pero cuando lees los grandes tratados sobre el conflicto apenas se menciona de pasada el papel de nuestra ciudad. Por ello es bienvenido cualquier intento de hacer ver el protagonismo que tuvo Cartagena en ese episodio central de la historia contempor&aacute;nea espa&ntilde;ola. Adem&aacute;s, el texto se ha apoyado en una bibliograf&iacute;a m&aacute;s que aceptable: los trabajos sobre la II rep&uacute;blica en Cartagena de Juan Mart&iacute;nez Leal y los textos sobre la guerra civil de Pedro Mar&iacute;a Egea Bruno, por ejemplo, adem&aacute;s de un gigante de la historiograf&iacute;a contempor&aacute;nea espa&ntilde;ola como el brit&aacute;nico Anthony Beevor y tambi&eacute;n monograf&iacute;as de otros historiadores locales como Luis Miguel P&eacute;rez Ad&aacute;n, Manuel Mart&iacute;nez Pastor, Adolfo Morales Trueba o Luis Romero. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Im&aacute;genes de ayer y hoy</strong></h2><p class="article-text">
        En la portada ya hay esa doble imagen de un lugar emblem&aacute;tico de la guerra civil fotografiado en los a&ntilde;os 30 y ahora, con 80 o 90 a&ntilde;os de diferencia. Es un acierto elegir la bater&iacute;a de la Parajola desde la que se dispar&oacute; el ca&ntilde;onazo que hundi&oacute; al buque franquista Castillo Olite, un hecho b&eacute;lico de gran magnitud y del que public&oacute; un libro Luis Miguel P&eacute;rez Ad&aacute;n, uno de los acontecimientos centrales de la guerra aqu&iacute;. Se ha elegido una foto en blanco y negro con la bater&iacute;a lanzando un ca&ntilde;onazo hace un mont&oacute;n de d&eacute;cadas, similar a aquel que hizo naufragar al barco, y bajo ella una misma foto en color tomada en el presente exactamente desde el mismo sitio. Un contraste entre la guerra en blanco y negro y la paz en color, porque en la foto actual adem&aacute;s han desaparecido los ca&ntilde;ones y solo quedan las barbetas vac&iacute;as sobre las que se pon&iacute;an las piezas de artiller&iacute;a, ahora rodeadas de &aacute;rboles y con el mar de fondo. Una imagen de fuego del pasado frente a una imagen id&iacute;lica del presente. En la contraportada se ha elegido la foto en blanco y negro de un submarino C saliendo por el puerto con el faro rojo de fondo, y bajo ella una imagen exactamente desde la misma posici&oacute;n, ahora en color y con un barco y su estela blanca entrando a la bocana. Otro ejemplo ser&iacute;a la Casa del Pueblo del Llano del Beal, con un mont&oacute;n de hombres armados a las puertas, porque en 1937 fue un centro de reclutamiento de milicianos que defend&iacute;an la Rep&uacute;blica y hoy tiene un uso distinto: es una de las centenarias sedes del PSOE y la UGT en nuestra comarca que a&uacute;n est&aacute; abierta, fotografiada en el presente desde la misma posici&oacute;n y el mismo encuadre que en 1937.
    </p><h2 class="article-text"><strong>117 bombardeos</strong></h2><p class="article-text">
        Sin duda, las fotos de bombardeos son las m&aacute;s chocantes. Recordemos que la ciudad sufri&oacute; 117 bombardeos entre 1936 y 1939 por parte de la aviaci&oacute;n franquista. Tristemente c&eacute;lebre es uno de los primeros: el bombardeo de las cuatro horas, que tuvo lugar a comienzos de la guerra, cuando veinte aviones Junkers pertenecientes a la Legi&oacute;n C&oacute;ndor de la Alemania nazi aliada con Franco dejaron caer decenas de bombas en la ciudad que albergaba el principal arsenal republicano desde las 5 de la tarde hasta las 9 de la noche del 25 de noviembre de 1936. Adem&aacute;s de muchos muertos y mucho terror en la ciudadan&iacute;a cartagenera, las escenas de la destrucci&oacute;n han llegado hasta nuestros d&iacute;as: en la hoy pl&aacute;cida Plaza del Risue&ntilde;o cay&oacute; una bomba de 250 kilos que abri&oacute; un cr&aacute;ter espectacular que qued&oacute; reflejado en una bastante conocida foto hist&oacute;rica que Daniel recoge en su libro, contrastada con una actual. 
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n es muy sorprendente ver una l&iacute;nea entera de viviendas del lado izquierdo de la Calle del Carmen totalmente destrozada en un ataque a&eacute;reo, con los balcones reventados, los toldos rajados colgando de las ventanas y un mont&oacute;n de escombros en las puertas, y verla hoy en color con sus comercios funcionando pac&iacute;ficamente. Tambi&eacute;n es curioso ver c&oacute;mo hoy en d&iacute;a permanecen las huellas de los disparos sobre la fachada posterior del Ayuntamiento, unos peque&ntilde;os hoyos hechos a balazos sobre los sillares que nadie ha querido reparar en 90 a&ntilde;os. O los destrozos sobre la fachada principal del antiguo Palacio Cuartel de Guardiamarinas en la Muralla del Mar, que en la guerra civil operaba como la Comandancia de la Base Naval. Estos desperfectos s&iacute; fueron arreglados posteriormente en la posguerra, y hoy luce lustroso y con un uso distinto, como edificio de los Servicios Generales de la Armada. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Los hechos particulares de la guerra en Cartagena</strong></h2><p class="article-text">
        <strong> </strong>La verdad es que el autor ha sabido documentar textual y fotogr&aacute;ficamente todos los acontecimientos de la guerra civil en Cartagena. A pesar de que el libro no es muy exhaustivo, incluso corto -algo que en estos tiempos de prisas se agradece- est&aacute; todo contado y registrado: las manifestaciones republicanas en las calles antes de la guerra; salidas de tropas; entierros de milicianos; la voladura del acorazado Jaime I; el hundimiento del Castillo Olite; los cr&iacute;menes de la retaguardia republicana; la famosa saca de los 49; la atrocidad de los asesinatos de oficiales franquistas a bordo de los buques R&iacute;o Sil y Espa&ntilde;a n&ordm; 3; el oro de Mosc&uacute; que se custodi&oacute; en La Algameca; el efecto de los bombardeos que hemos comentado antes; los refugios de la calle Gisbert&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Y no faltan im&aacute;genes exteriores y a&eacute;reas de ayer y de hoy del arsenal de Cartagena, las instalaciones portuarias, el Parque de Artiller&iacute;a, las bater&iacute;as de costa, las bases a&eacute;reas de San Javier y Los Alc&aacute;zares, o los monumentos funerarios a las v&iacute;ctimas de uno y otro bando en el cementerio de Santa Luc&iacute;a
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un anhelo de concordia</strong></h2><p class="article-text">
        Pues precisamente con esto &uacute;ltimo, lo de los monumentos funerarios a las v&iacute;ctimas, en un pie de foto el autor expresa un deseo: &ldquo;Espero que en un futuro pr&oacute;ximo se pueda levantar un monumento com&uacute;n a los ca&iacute;dos en nuestra &uacute;ltima guerra&rdquo;. Y yo me temo que falta mucho tiempo a&uacute;n para eso, porque la concordia es un deseo que la actual polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica impide, y porque a pesar de las leyes de la memoria democr&aacute;tica recientes en nuestro pa&iacute;s, sigue habiendo muertos bien enterrados y muertos mal enterrados, dependiendo del bando, y eso no parece tener visos de soluci&oacute;n, la verdad. El deseo de Daniel es, a pesar de esto, noble, y no tiene por qu&eacute; ser inalcanzable. Dentro de pocos a&ntilde;os se cumplir&aacute; el centenario de la guerra civil. &iquest;Habr&aacute; llegado entonces ese momento?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/guerra-civil-cartagena-atlas-fotografico-ayer-hoy_1_12360559.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jun 2025 04:01:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Guerra Civil en Cartagena: Atlas fotográfico de ayer y hoy]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Isidoro Galán Carretero, primer delegado comarcal de CCOO en Cartagena en la Transición, fallece a los 88 años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/sociedad/isidoro-galan-carretero-primer-delegado-comarcal-ccoo-cartagena-transicion-fallece-88-anos_1_12351691.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/528a1fa5-6d7f-4479-be3a-2c025637fa97_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Isidoro Galán Carretero, primer delegado comarcal de CCOO en Cartagena en la Transición, fallece a los 88 años"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La magnífica generación de curas obreros que desarrolló su actividad en Cartagena desde los años 60 en adelante acaba de perder a una de sus figuras más preeminentes</p></div><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os sesenta y bajo la inspiraci&oacute;n del Concilio Vaticano II, la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s crea la Misi&oacute;n Obrera. El objetivo era claro: hacer bajar a los curas jesuitas a la clase obrera, inmiscuirse en sus problemas, abandonar los p&uacute;lpitos y mezclarse con el mundo del trabajo. Otra iniciativa parecida tendr&aacute; un movimiento apost&oacute;lico como la Hermandad Obrera de Acci&oacute;n Cat&oacute;lica (HOAC). Hay en esos a&ntilde;os un aut&eacute;ntico despliegue por todo el territorio nacional de curas obreros que ocupan el espacio que la dictadura no dejaba a las organizaciones sindicales proscritas por el r&eacute;gimen. El mundo obrero e industrial de una ciudad como Cartagena no ser&aacute; ajeno a este movimiento. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Isidoro Gal&aacute;n en Cartagena</strong></h2><p class="article-text">
        En ese contexto, recalar&aacute; en Cartagena Isidoro Gal&aacute;n Carretero, nacido en 1936 en plena guerra civil. Llega a nuestra ciudad en 1968 junto con dos jesuitas m&aacute;s: Mariano Gonz&aacute;lez Mangada y Miguel &Aacute;ngel Ond&iacute;nez. Se unen a un grupo de activistas de la HOAC y de otros focos eclesi&aacute;sticos y de cristianos de base en los que estaban Pepe Ros, Carmen &Aacute;lvarez, Mercedes Trujillo, Paca Ca&ntilde;avate. Una pl&eacute;yade de curas obreros ocupa poco a poco las parroquias de los barrios industriales de la ciudad (Pedro Casta&ntilde;o, Antonio Bermejo, Telesforo Hermosilla, Juan L&oacute;pez Berm&uacute;dez, Pedro Hern&aacute;ndez Cano y muchos m&aacute;s) y en los a&ntilde;os 70 comienzan a desplegar un activismo incesante y a enfrentarse al r&eacute;gimen. Sufrir&aacute;n persecuci&oacute;n, detenciones y prisi&oacute;n por parte de aquella dictadura que agonizaba. En el caso de Isidoro, el 14 de noviembre de 1972 ser&aacute; detenido, golpeado, encarcelado y temporalmente desterrado de Cartagena junto a varios curas m&aacute;s por actividades subversivas, en la jerga de la polic&iacute;a franquista. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Primero curas, despu&eacute;s obreros, al final sindicalistas</strong></h2><p class="article-text">
        Muchos de estos cl&eacute;rigos concienciados hicieron una transici&oacute;n personal que va del cura al obrero y del obrero al sindicalista. Varios de ellos se involucran tanto que acabar&aacute;n siendo tambi&eacute;n dirigentes en algunas organizaciones sindicales.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el caso de Isidoro Gal&aacute;n, que siendo cura de la parroquia de las 600 se colocar&aacute; como trabajador de una empresa de la construcci&oacute;n (Dragados y Construcciones), se erigir&aacute; en l&iacute;der sindical y capitanear&aacute; en Cartagena la c&eacute;lebre huelga de la construcci&oacute;n de Murcia de 1976 por la que sufrir&aacute; tambi&eacute;n represalias laborales. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Isidoro Galán y José Ibarra Bastida en 2023                            </span>
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        En 1978, y tras la legalizaci&oacute;n del PCE y las Comisiones Obreras, organizaciones a las que Isidoro Gal&aacute;n se hab&iacute;a venido acercando, tiene lugar el I Congreso Confederal de CCOO. Ese es el momento en el que Isidoro Gal&aacute;n asume el compromiso de ser el delegado comarcal de CCOO en Cartagena, el primero en la transici&oacute;n, en unos momentos en los que no hab&iacute;a muchos voluntarios para ese puesto entonces tan ingrato. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Actividad cultural</strong></h2><p class="article-text">
        Otra vertiente suya es la cultural, que desarroll&oacute; en la plataforma editorial ZYX y en la apertura en 1974 de la m&iacute;tica librer&iacute;a Espartaco de Cartagena, junto con otros miembros de la HOAC y en la que destac&oacute; su f&eacute;rrea amistad con el no menos m&iacute;tico librero Mariano Gonz&aacute;lez Mangada, con quien comparti&oacute; militancias, credos, luchas y vivencias hasta su muerte en 1996.  
    </p><h2 class="article-text"><strong>Luchador hasta el final</strong></h2><p class="article-text">
        Isidoro Gal&aacute;n ha fallecido en Cartagena en 2025 tras toda una vida de lucha. Todav&iacute;a se le pudo ver, ya anciano, en las primeras asambleas de Podemos all&aacute; por 2014. Y, en definitiva, hay que reconocer que su labor y la de todos sus compa&ntilde;eros curas obreros fue fundamental en la conformaci&oacute;n no ya de la lucha obrera del tardofranquismo, sino para la consolidaci&oacute;n y el desarrollo de los sindicatos y de la democracia en Espa&ntilde;a, nada menos. Esta gente merece el reconocimiento de todos nosotros, los trabajadores y ciudadanos de la Espa&ntilde;a democr&aacute;tica del siglo XXI. En los or&iacute;genes y en la elaboraci&oacute;n de la historia del sindicato CCOO se reconoce la labor fundamental de los curas obreros vinculados a los jesuitas, a la Hermandad Obrera de Acci&oacute;n Cat&oacute;lica (HOAC) y las Juventudes Obreras Cristianas (JOC), como es el caso de Isidoro y sus compa&ntilde;eros, para ayudar a conformar un nuevo sindicalismo que surgi&oacute; en sus parroquias en la gris Espa&ntilde;a de los a&ntilde;os 60. La clase obrera cartagenera est&aacute; en deuda con todos ellos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/sociedad/isidoro-galan-carretero-primer-delegado-comarcal-ccoo-cartagena-transicion-fallece-88-anos_1_12351691.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Jun 2025 09:05:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Isidoro Galán Carretero, primer delegado comarcal de CCOO en Cartagena en la Transición, fallece a los 88 años]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Rumbo a Bizerta: dos generaciones, tres guerras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/rumbo-bizerta-generaciones-tres-guerras_1_12323540.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cc379383-2c2c-41e2-907b-533d2c21adc8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rumbo a Bizerta: dos generaciones, tres guerras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Jeannine Alcaraz recupera la memoria de su familia, con el relato de la peripecia de su padre cartagenero, un anarquista exiliado en el norte de África tras la guerra civil</p></div><p class="article-text">
        Cuando los cartageneros perd&iacute;an en una revoluci&oacute;n, ya fuera en el Cant&oacute;n o en la guerra civil, era habitual que se exiliaran en el cercano norte de &Aacute;frica. Juan Alcaraz Saura, un joven anarquista de La Aparecida, tuvo que tomar el camino del exilio en marzo de 1939 y arrib&oacute; a Bizerta (T&uacute;nez). Y despu&eacute;s a Or&aacute;n (Argelia) y despu&eacute;s a Avignon (Francia), saltando de guerra en guerra y de pa&iacute;s en pa&iacute;s. Y en la estela de la memoria democr&aacute;tica que muchas familias est&aacute;n recuperando, su hija, la poeta Jeannine Alcaraz, recapitula 80 a&ntilde;os despu&eacute;s la peripecia de la di&aacute;spora de esos padres y sus tres hijos en un libro de memoria familiar titulado Rumbo a Bizerta. Dos generaciones, tres guerras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La autora de este libro recientemente presentado en Cartagena, naci&oacute; en Or&aacute;n en 1946, fruto de ese exilio argelino en el que se tuvieron que refugiar muchos republicanos espa&ntilde;oles derrotados en la guerra. Jeannine es argelina de nacimiento, pero tambi&eacute;n es francesa y es espa&ntilde;ola por todos los lugares por los que pas&oacute; su familia. Nuestra autora de hoy es una conocida poeta francoespa&ntilde;ola radicada hace a&ntilde;os en Cartagena y que ha dedicado toda su vida a la ense&ntilde;anza, con bastante obra publicada en diversos g&eacute;neros: poes&iacute;a, literatura infantil, traducciones&hellip;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Rumbo a Bizerta: dos generaciones, tres guerras</strong></h2><p class="article-text">
        Ese es el sugestivo t&iacute;tulo y subt&iacute;tulos elegidos para este libro, que esta vez no es de poes&iacute;a. Estamos ante un libro de memoria familiar que va m&aacute;s all&aacute;, porque trasciende ese &aacute;mbito &iacute;ntimo, que en principio solo ser&iacute;a interesante para los integrantes de esa familia, pero que despu&eacute;s se convierte en un relato de aut&eacute;ntica memoria hist&oacute;rica colectiva y democr&aacute;tica, y eso ya nos interesa a muchos m&aacute;s lectores. Porque la historia del exilio de esta familia es un pedazo de historia de Espa&ntilde;a, pues corrieron esa triste suerte cientos de miles de compatriotas nuestros de la Espa&ntilde;a que defendi&oacute; la democracia. Las dos generaciones a las que alude el t&iacute;tulo son la de Juan y Therese, los padres, y la de la propia Jeannine, Pierre e Yves, los tres hijos del matrimonio. Y las tres guerras consecutivas a las que esta familia de origen cartagenero tuvo que sobrevivir fueron la guerra civil espa&ntilde;ola hasta 1939, la II guerra mundial hasta 1945 y la guerra de independencia de Argelia en 1962.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Primeros a&ntilde;os, II Rep&uacute;blica y guerra civil</strong></h2><p class="article-text">
        Juan Alcaraz Saura nace en el pueblo de La Aparecida en el a&ntilde;o 1921, por lo que vivi&oacute; su adolescencia en la Cartagena republicana, imbuy&eacute;ndose de todo aquel ambiente de modernidad intelectual, de efervescencia pol&iacute;tica y de militancia sindical. Estudia hasta los 14 a&ntilde;os y pronto se pone a trabajar de camarero en el Bar Sol, ese bar c&eacute;ntrico casi centenario que a&uacute;n hoy sigue abierto. Abraza entonces las ideas anarcosindicalistas que le marcar&aacute;n en el futuro, para bien y para mal, y se afilia a la CNT. Cuando estalla el conflicto b&eacute;lico en el 36 Juan tiene 15 a&ntilde;os; cuando cumple 18, al final de la guerra, es llamado para defender la Rep&uacute;blica en sus &uacute;ltimos estertores en las filas de lo que se conoci&oacute; como <em>la quinta del biber&oacute;n, </em>por lo j&oacute;venes que eran sus integrantes<em>. </em>El 5 de marzo de 1939 las tropas franquistas toman Cartagena, y lo que Juan toma ese preciso d&iacute;a es algo inesperado para &eacute;l: el barco en el que huy&oacute; de una muerte segura rumbo al exilio, el crucero Miguel de Cervantes. El chaval aquel de 18 a&ntilde;os no lo sab&iacute;a, pero ya no volver&iacute;a a pisar suelo espa&ntilde;ol hasta 35 a&ntilde;os despu&eacute;s.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El comienzo del exilio</strong></h2><p class="article-text">
        Jeannine Alcaraz nos cuenta que los buques que salieron de Cartagena cargados de exiliados huyendo de la represi&oacute;n franquista en marzo del 39 pusieron rumbo a Or&aacute;n, la plaza norteafricana m&aacute;s cercana a nuestras costas, 200 kil&oacute;metros al sur de nuestra ciudad, a ocho horas de barco y el destino habitual de los fugitivos cartageneros en todas las derrotas. Las autoridades argelinas no permitieron la entrada ni en Or&aacute;n ni en Argel, y tuvieron que irse m&aacute;s al este, a T&uacute;nez, donde llegaron dos d&iacute;as m&aacute;s tarde, y desembarcaron en el puerto de Bizerta que le da t&iacute;tulo al libro. Y a partir de ah&iacute; comenz&oacute; un calvario en el exilio para Juan y sus compa&ntilde;eros. Porque no fueron recibidos como peticionarios de asilo pol&iacute;tico, sino como delincuentes, y considerados por las autoridades francesas del norte de &Aacute;frica como lo que no eran: terroristas. Estuvieron sometidos a custodia militar y fueron tratados como mano de obra esclava: trasladados en vagones de tren de ganado, fueron enviados a trabajar en las minas de Meheri-Zebbeus, en el centro de T&uacute;nez, durmiendo en poblachos de casas derruidas, sin camas ni colchones ni ropa. Se les ofreci&oacute; regresar a la Espa&ntilde;a franquista, pero se negaron a volver porque sab&iacute;an que les ajusticiar&iacute;an (lo que sucedi&oacute; con muchos que creyeron que no les iba a suceder y fueron ejecutados), y entonces se les militariz&oacute; en un batall&oacute;n disciplinario franc&eacute;s que les oblig&oacute; a trabajar construyendo fortificaciones en el desierto, con escasa agua y comida y con malos tratos.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>La II Guerra Mundial</strong></h2><p class="article-text">
        Los espa&ntilde;oles que compon&iacute;an esos batallones disciplinarios eran enviados a los destinos m&aacute;s duros. Francia est&aacute; gobernada en los primeros a&ntilde;os de la II Guerra Mundial por un r&eacute;gimen filonazi, y los territorios franceses del Norte de &Aacute;frica ser&aacute;n administrados con mano de hierro en esos 1940, 1941 y 1942. Los nuestros son enviados entonces de T&uacute;nez a Argelia, a una misi&oacute;n infernal: las minas de Kenadza, donde trabajaban en r&eacute;gimen de esclavitud, con castigos como el <em>tombeau</em>: un hoyo que ten&iacute;a que cavar el castigado en tierra, a modo de tumba, y permanecer encerrado en &eacute;l un mont&oacute;n de d&iacute;as a base de agua y pan. Y luego el rebelde Juan estuvo tres meses castigado en el temible campo de Hadjerat M&rsquo;Guill, un campo represivo al que llamaban <em>El Valle de la Muerte</em>. 300 hombres vigilados por centinelas sanguinarios vivieron all&iacute; un infierno. Los presos all&iacute; eran desnudados, desprovistos de toda pertenencia, recib&iacute;an palizas a estacazos o guantazos, nada de toallas ni jab&oacute;n, con dos mudas de ropa, pelados al cero, comiendo en platos que no se lavaban nunca, contrayendo todo tipo de enfermedades&hellip; Y trabajos forzados de pico y pala. Muchos exiliados espa&ntilde;oles murieron en esa fase de la II Guerra Mundial, que para Juan Alcaraz y sus compa&ntilde;eros supervivientes acab&oacute; un poco antes que en Europa, pues el 8 de noviembre de 1942 los aliados desembarcan en la conocida Operaci&oacute;n <em>Torch</em> y liberan el norte de &Aacute;frica, derrocando a los nazis franceses. El territorio argelino se reincorpora a la nueva Francia democr&aacute;tica y los exiliados espa&ntilde;oles son liberados.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/eldiario/private/content/image/original/2025/0523/08/portada-5f8fd3f.jpg?X-Amz-Content-Sha256=UNSIGNED-PAYLOAD&X-Amz-Algorithm=AWS4-HMAC-SHA256&X-Amz-Credential=AKIA2M6SND5L4DATCTVO%2F20250523%2Feu-west-1%2Fs3%2Faws4_request&X-Amz-Date=20250523T082546Z&X-Amz-SignedHeaders=host&X-Amz-Expires=86400&X-Amz-Signature=5a03d32e12eaf2c63b1d150fd2f4363cf904c5dc40d158675f6a685cd634d354"" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Entonces ahora nuestro paisano Juan Alcaraz contin&uacute;a como exiliado en Argelia pero ya como ciudadano libre. Juan Alcaraz recupera la libertad en 1943 y decide instalarse en Or&aacute;n, como tantos espa&ntilde;oles que eran o exiliados izquierdistas o inmigrantes econ&oacute;micos que abandonaban Espa&ntilde;a por razones pol&iacute;ticas o laborales. Hab&iacute;a una viva colonia espa&ntilde;ola en Or&aacute;n y all&iacute; rehace Juan su vida, en la ciudad africana m&aacute;s cercana a Cartagena, y sin intentar regresar a Espa&ntilde;a, en donde la represi&oacute;n m&aacute;s feroz contra los republicanos que no pudieron huir continuar&aacute; hasta 1945. Es cuando comienza a trabajar en restaurantes y construye su nuevo futuro. Conocer&aacute; a Therese, una chica mucho m&aacute;s joven que &eacute;l y tambi&eacute;n descendiente de espa&ntilde;oles. En los a&ntilde;os 40 y 50 nacer&aacute;n all&iacute; los hijos del matrimonio: la autora del libro, Jeannine Alcaraz, y sus hermanos.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>La tercera guerra de la familia Alcaraz</strong></h2><p class="article-text">
        Esta familia ya francoespa&ntilde;ola vivi&oacute; una relativa tranquilidad en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 50, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os del dominio franc&eacute;s en el oranesado. Y, de hecho, Jeannine Alcaraz relata escenas pl&aacute;cidas de su infancia oranesa, rodeada de muchas familias de origen espa&ntilde;ol y en la que recibieron la visita a veces de los abuelos y t&iacute;os cartageneros. La guerra de liberaci&oacute;n de Argelia hab&iacute;a comenzado en 1954, pero no llegar&aacute; a Or&aacute;n hasta 1960. En el verano de 1962 se produce la fase final de ese conflicto, cuando el Frente de Liberaci&oacute;n Nacional Argelino se acaba por imponer tras una larga guerra al Estado franc&eacute;s y el nuevo pa&iacute;s consigue la independencia. Y con ello se acaba la convivencia pac&iacute;fica entre las comunidades europea y argelina: hubo un aut&eacute;ntico ba&ntilde;o de sangre en julio del 62 con miles de muertos en ambos bandos y un clima de terror generalizado que hace que Juan y Therese teman por sus hijos, y lo que hacen por seguridad es enviarlos a veranear a Espa&ntilde;a, a la casa paterna de Juan en La Aparecida, con los abuelos, mientras los padres permanecen en Or&aacute;n aguantando el tipo y esperando el final del conflicto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras 1962, y una vez conseguida la independencia de Argelia, la mayor parte de los 1.100.000 argelinos de origen europeo regresa a Europa, y en Argelia apenas quedaron unos 170.000. Pero Juan Alcaraz hab&iacute;a prometido no volver a Espa&ntilde;a hasta que se muriera Franco, y para eso a&uacute;n faltaba una d&eacute;cada. En 1964, la familia Alcaraz hace las maletas, abandona Argelia y vuelve a Europa tras la tercera guerra que tuvieron que sufrir, pero ahora se instalar&aacute;n en suelo franc&eacute;s, concretamente en Avignon.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El regreso a Cartagena de un anarquista pertinaz</strong></h2><p class="article-text">
        Tras la muerte de Franco, la familia Alcaraz volver&aacute; a Espa&ntilde;a paulatinamente. El anarquista Juan Alcaraz vuelve a pisar suelo espa&ntilde;ol en enero de 1976. Se hab&iacute;a ido del pa&iacute;s en 1939.<strong> </strong>Estuvo exiliado m&aacute;s de 35 a&ntilde;os: toda la duraci&oacute;n de la dictadura y unos cuantos a&ntilde;os m&aacute;s. Poco a poco, la familia va volviendo a la Espa&ntilde;a democr&aacute;tica. Primero los hijos, y despu&eacute;s Juan y Therese, que ser&aacute;n los &uacute;ltimos en regresar volviendo a residir en Cartagena en los a&ntilde;os ochenta tras su jubilaci&oacute;n en Avignon y hasta su muerte en 2011, a los 91 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Algo curioso a destacar es que Juan Alcaraz fue un anarquista pertinaz. Estuvo afiliado a la CNT y pagando religiosamente la cuota sindical todos los meses de su vida, hasta el d&iacute;a de su muerte, y en su ata&uacute;d se pos&oacute; la c&eacute;lebre bandera rojinegra. Un hombre leal que mantuvo sus ideales hasta el final de su existencia. Y, finalmente, que el libro est&aacute; trufado no solo del relato memor&iacute;stico de la familia: tambi&eacute;n hay intercalados poemas de Jeannine Alcaraz, una constante reivindicaci&oacute;n pol&iacute;tica de los valores de aquella generaci&oacute;n y letras de canciones anarquistas por todo el texto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Rumbo a Bizerta, dos generaciones, tres guerras</em> es uno de esos saludables ejercicios de memoria democr&aacute;tica que sirven para impedir que olvidemos lo que le sucedi&oacute; a la media Espa&ntilde;a que perdi&oacute; la guerra hace 90 a&ntilde;os.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/rumbo-bizerta-generaciones-tres-guerras_1_12323540.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 May 2025 08:31:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rumbo a Bizerta: dos generaciones, tres guerras]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Región de Murcia,Cartagena,Guerra Civil Española,Exilio,Argelia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todas las estatuas de Cartagena]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/estatuas-cartagena_1_12302918.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/35cc5e8a-3f28-4eb3-af3d-1b10bb470a27_16-9-discover-aspect-ratio_default_1117959.jpg" width="721" height="405" alt="Todas las estatuas de Cartagena"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El historiador Diego Ortiz publica el libro 'La escultura pública y conmemorativa en Cartagena. Siglos XIX-XXI', en el que recopila y estudia toda la estatuaria cartagenera de los últimos 200 años 
</p></div><p class="article-text">
        De bronce, de m&aacute;rmol, de piedra o de acero<em>. </em>Civiles, religiosas, militares. De poetas, de pol&iacute;ticos, de personajes hist&oacute;ricos, de actores, de m&eacute;dicos, de maestros, de inventores, de h&eacute;roes conocidos y de h&eacute;roes an&oacute;nimos. Almirantes, obreros, santas y santos, marineros, reyes y reinas, escritoras, m&uacute;sicos y aventureros. Masculinas y femeninas, de ni&ntilde;os y de viejos. Conmemorativas, aleg&oacute;ricas, realistas, abstractas o reivindicativas. En calles, plazas, fachadas, en el centro de la ciudad y en los barrios. Ninguna de las m&aacute;s de 130 esculturas desperdigadas por todo el entorno urbano de Cartagena escapa al estudio profundo que Diego Ortiz acaba de publicar en este mes de mayo de 2025; un libro en el que se analiza la obra, el personaje y el autor de todas y cada una de las estatuas p&uacute;blicas y conmemorativas de los &uacute;ltimos doscientos a&ntilde;os que se diseminan por las calles y plazas de la ciudad a lo largo de un volumen de m&aacute;s de 300 p&aacute;ginas lujosamente editado por el Ayuntamiento de Cartagena.&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>El autor</strong></h2><p class="article-text">
        Diego Ortiz es un conocido historiador cartagenero que destaca por dos cosas: es tan discreto como prol&iacute;fico. Tiene una amplia trayectoria en el mundillo de la historia local: autor de 26 libros y m&aacute;s de 250 art&iacute;culos, adem&aacute;s de comisario de varias exposiciones, labores de museograf&iacute;a, excavaciones arqueol&oacute;gicas y un largo etc&eacute;tera de trabajos historiogr&aacute;ficos. Y en el mundo del periodismo, fue redactor jefe del desaparecido diario local El Faro y tambi&eacute;n ha hecho colaboraciones radiof&oacute;nicas en varias emisoras de Cartagena. Tiene publicaciones sobre las m&aacute;s diversas tem&aacute;ticas, pero por lo que m&aacute;s destaca es por ser el mejor estudioso de la escultura local, con una multitud de textos entregados en los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os. Diego Ortiz es un enamorado del arte escult&oacute;rico y autor de un mont&oacute;n de monograf&iacute;as sobre la escultura religiosa y civil de Cartagena, y ahora re&uacute;ne todo ese conocimiento en una compilaci&oacute;n que se puede considerar una obra cumbre.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>La obra</strong></h2><p class="article-text">
        <em>La escultura p&uacute;blica y conmemorativa en Cartagena. Siglos XIX-XXI </em>viene a cubrir un hueco en la historiograf&iacute;a local, pues nadie antes hab&iacute;a hecho un libro que recopilara la historia de toda la estatuaria de Cartagena en los &uacute;ltimos doscientos a&ntilde;os. Y, adem&aacute;s, es un estudio en profundidad: las m&aacute;s de 130 estatuas comentadas son analizadas con detalle y se a&ntilde;ade en cada una de ellas unos p&aacute;rrafos alusivos tanto al personaje esculpido como al autor. No ha quedado fuera nada ni nadie que tenga que ver con la escultura cartagenera de los siglos XIX, XX y XXI. Y tambi&eacute;n hay que destacar la calidad de la edici&oacute;n: buen papel, buenas im&aacute;genes y un formato manejable.
    </p><p class="article-text">
        Comienza con un cap&iacute;tulo dedicado a la escultura que va de la restauraci&oacute;n borb&oacute;nica en el &uacute;ltimo tercio del siglo XIX a la &eacute;poca de la dictadura de Primo de Rivera, con realizaciones tanto profanas como religiosas y con un ep&iacute;grafe dedicado a los monumentos irrealizados.
    </p><p class="article-text">
        El segundo cap&iacute;tulo se dedica a las estatuas erigidas en Cartagena en los a&ntilde;os de la dictadura franquista, con un predominio de la obra de car&aacute;cter religioso: santos, v&iacute;rgenes y Semana Santa, y con nuevos temas en los a&ntilde;os finales de la dictadura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El tercer cap&iacute;tulo es el m&aacute;s extenso, y est&aacute; dedicado a analizar las much&iacute;simas esculturas desperdigadas por la ciudad que se han instalado en los a&ntilde;os que van desde la transici&oacute;n democr&aacute;tica hasta nuestros d&iacute;as, con dos etapas, una inicial entre 1977 y 2000 en la que hay un mantenimiento de temas, formas y materiales, y otra entre 2001 y 2024 en la que se verifica la llegada de nuevos autores, materiales y formas.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/eldiario/private/content/image/original/2025/0515/16/portada-9e6762e.jpg?X-Amz-Content-Sha256=UNSIGNED-PAYLOAD&X-Amz-Algorithm=AWS4-HMAC-SHA256&X-Amz-Credential=AKIA2M6SND5L4DATCTVO%2F20250515%2Feu-west-1%2Fs3%2Faws4_request&X-Amz-Date=20250515T161637Z&X-Amz-SignedHeaders=host&X-Amz-Expires=86400&X-Amz-Signature=15250834c34ab3355d7368e013bdb83c8fcab79371ce0112ff159955844b69c3"" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><h2 class="article-text"><strong>Los escultores</strong></h2><p class="article-text">
        Son m&aacute;s de 50 los escultores estudiados, de muy variadas l&iacute;neas, procedencias y escuelas. Destaca sobre todo la prolija trayectoria de Manuel Ardil Pag&aacute;n, con 23 monumentos repartidos por calles y plazas de toda la ciudad durante cinco d&eacute;cadas de actividad. Hijo del tambi&eacute;n escultor Manuel Ardil Robles, Manuel Ardil Pag&aacute;n debut&oacute; en 1965 con la escultura de Asdr&uacute;bal, el cartagin&eacute;s fundador de la ciudad, que se encuentra en el Parque Torres. Y luego ha ido dejando una obra fecunda con estatuas repartidas por toda la ciudad: una de las m&aacute;s famosas es la del Icue de 1969, pero tambi&eacute;n los monumentos al maestro, al pescador, al minero, al procesionista, y a otros personajes c&eacute;lebres de la ciudad: Antonio Ramos Carratal&aacute;, el doctor Jos&eacute; D&iacute;az, el alcalde Torres, el pintor Nicomedes G&oacute;mez, el pol&iacute;tico municipal Juan Calero Jord&aacute;, el submarinista Mateo Garc&iacute;a de los Reyes, el almirante Elizalde, el m&uacute;sico Gregorio Garc&iacute;a Segura&hellip;
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha emergido la figura de Fernando S&aacute;enz de Elorrieta,<strong> </strong>con un total de 13 esculturas que ornamentan diversos lugares de la ciudad. &Eacute;l es el autor del monumento al soldado de reemplazo, de 2004; el <em>Flautista de Hamel&iacute;n</em> y el <em>B&uacute;ho</em>, ambas de 2006 y situadas en el parque de los Juncos; la <em>Cola de ballena</em> de 2007, en la antigua d&aacute;rsena de botes, y otras obras como el c&eacute;lebre <em>Gallo </em>de la calle del Duque, que sustituye al que robaron en 1996, el <em>Bebedor de cerveza</em> de 2007 y el <em>T&iacute;o del reparo</em> de 2012, o el m&aacute;s reciente monumento al Nazareno de 2020.
    </p><p class="article-text">
        En una ciudad en la que abundan los monumentos religiosos y militares, brillan tambi&eacute;n aquellas esculturas dedicadas a figuras de la vida civil: escritores y escritoras, y las dedicadas a profesores o estudiantes, o a menesteres m&aacute;s sencillos. Especialmente interesante es una obra dedicada a los bolos cartageneros situada en La Magdalena: <em>El Manillas, </em>hecha con una configuraci&oacute;n novedosa, pues est&aacute; construida con varillas de hierro de 5 mil&iacute;metros, obra de Jos&eacute; Antonio L&oacute;pez Palaz&oacute;n. Y tambi&eacute;n la <em>Anoxia</em> y el <em>Sabino</em> que est&aacute;n en el IES Isaac Peral, elaboradas por Mar&iacute;a Jos&eacute; L&oacute;pez Salas y los propios alumnos de ese instituto p&uacute;blico.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Las escultoras</strong></h2><p class="article-text">
        El autor no ha ignorado el papel de las escultoras, que tambi&eacute;n est&aacute;n presentes. Desde luego no en los primeros a&ntilde;os estudiados, en los que solo hay (porque solo exist&iacute;an) autores masculinos. Pero en los &uacute;ltimos a&ntilde;os s&iacute; que se ha incorporado la mujer al arte escult&oacute;rico y en Cartagena hay varios ejemplos: destaca, por encima de todas, la pionera:&nbsp; Maite Defruc, con al menos seis obras, entre ellas el monumento al trovero Mar&iacute;n, el monumento al radioaficionado, el busto de Jos&eacute; Garc&iacute;a Cervantes, y un p&oacute;stumo torso femenino instalado en 2023 tras su muerte y tras haber aprobado el Ayuntamiento la denominaci&oacute;n de Parque Maite Defruc a una zona urbana de Pozo Estrecho, localidad en la que trabajaba la escultora nacida en La Palma. Otras escultoras de las que hay obra expuesta en calles y plazas de Cartagena son Beatriz Carbonell Ferrer, Nati Serrano Jim&eacute;nez y Mar&iacute;a del Pilar L&oacute;pez Salas, Bel&eacute;n Orta N&uacute;&ntilde;ez&hellip;
    </p><h2 class="article-text"><strong>&iquest;Pablo Iglesias o Marcos Jim&eacute;nez de la Espada? La estatua an&oacute;nima, desvelada</strong></h2><p class="article-text">
        Todas las historias sobre estas obras son interesantes, desde luego, pero hay una que el autor quiere destacar. Fue el propio Diego Ortiz quien descubri&oacute; un busto de m&aacute;rmol abandonado en un almac&eacute;n municipal del Ayuntamiento de Cartagena durante casi 80 a&ntilde;os y que nadie sab&iacute;a de qui&eacute;n se trataba. Hab&iacute;a varias especulaciones: como era una escultura de 1928 y lleg&oacute; a la ciudad en 1935, se pens&oacute; que pod&iacute;a ser de Pablo Iglesias Posse, el fundador del PSOE, pero tras arduas investigaciones de Diego Ortiz y de Luis Miguel P&eacute;rez Ad&aacute;n se lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que se trataba del cient&iacute;fico del siglo XIX Marcos Jim&eacute;nez de la Espada y, tras una restauraci&oacute;n de Pilar Vallalta, fue colocado finalmente en 2016 en una isleta situada junto al instituto que lleva el mismo nombre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay que destacar varias virtudes que tiene este libro: el rigor, la exhaustividad, la abundancia de informaci&oacute;n sobre obras, personajes y autores, la calidad de los textos y la pasi&oacute;n que ha puesto Diego Ortiz al examinar absolutamente todas y cada una de las estatuas que los cartageneros podemos ver en nuestros paseos por la ciudad. Es un cat&aacute;logo completo, es una gran obra de historia del arte. Y tambi&eacute;n la calidad de las fotograf&iacute;as, la mayor parte de las cuales son de Pablo S&aacute;nchez del Valle, aunque el autor ha buceado tambi&eacute;n en el fondo fotogr&aacute;fico de diversos archivos. La foto de portada es de Felipe Garc&iacute;a Pag&aacute;n. Y, finalmente, hay que indicar que el libro no habr&iacute;a salido si no lo hubiera lanzado el Ayuntamiento de Cartagena y, m&aacute;s concretamente, la Unidad de Patrimonio Arqueol&oacute;gico, cuyo impulso ha sido determinante para que esta obra viera la luz.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/estatuas-cartagena_1_12302918.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 May 2025 04:00:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Todas las estatuas de Cartagena]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Región de Murcia,Cultura,Cartagena]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La historia de la II República y la Guerra Civil en el litoral de la región de Murcia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/politica/historia-ii-republica-guerra-civil-litoral-region-murcia_1_12289887.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ca057006-b0e2-4d8c-a138-4e7a6e3baef0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La historia de la II República y la Guerra Civil en el litoral de la región de Murcia Eloy Vidal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La editorial Nova Spartaria publica un nuevo volumen de 'Mediterranía', la obra global sobre la historia del litoral de la Región de Murcia en el siglo XX</p></div><p class="article-text">
        <em>Mediterran&iacute;a</em> es el nombre elegido por Francisco Velasco, el director de la editorial cartagenera Nova Spartaria, para darle t&iacute;tulo a esta interesant&iacute;sima colecci&oacute;n de la que se llevan editados tres vol&uacute;menes y en la que se quiere relatar el siglo XX en el litoral de la Regi&oacute;n de Murcia. Lo que ha pretendido Francisco Velasco en esta compilaci&oacute;n es reunir a un elenco de buenos historiadores regionales y reconstruir el relato hist&oacute;rico de cada periodo no solo de la ciudad de Cartagena, que tambi&eacute;n se contempla, sino de todos los municipios de la costa. Es un acierto extender la memoria a esas otras localidades que siempre se quedan fuera de los estudios habituales. Y en una serie de vol&uacute;menes previstos de la historia del siglo XX en nuestro litoral aparecer&aacute;n estudios de la etapa contempor&aacute;nea de cada periodo de los municipios de Cartagena, La Uni&oacute;n, &Aacute;guilas, Mazarr&oacute;n, Los Alc&aacute;zares, Fuente &Aacute;lamo, Torre Pacheco, San Javier y San Pedro del Pinatar.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Cinco tomos</strong></h2><p class="article-text">
        La editorial Nova Spartaria<strong> </strong>ha planteado una edici&oacute;n de <em>Mediterran&iacute;a</em> en la que va a tomo por a&ntilde;o. El primer tomo apareci&oacute; en 2023 y cubr&iacute;a el reinado de Alfonso XIII entre 1902 y 1923, y su elaboraci&oacute;n estuvo a cargo del catedr&aacute;tico de Historia Contempor&aacute;nea de la Universidad de Murcia, Pedro Egea Bruno. El segundo tomo vio la luz en 2024, es obra de Diego Victoria Moreno y otros autores que acometieron la historia de la dictadura de Primo de Rivera y el final del reinado de Alfonso XIII entre 1923 y 1931. Este a&ntilde;o 2025 aparece el libro que comentamos hoy, el tomo III en el que otro grupo de autores acometen la historia de la II Rep&uacute;blica y la Guerra Civil entre 1931 y 1939. Y de cara a los pr&oacute;ximos lanzamientos, para 2026 Francisco Velasco nos tendr&aacute; preparado el tomo IV en el que se abordar&aacute;n los cuarenta a&ntilde;os de dictadura franquista, y en 2027 se terminar&aacute; la colecci&oacute;n con la publicaci&oacute;n del tomo V en el que se finaliza hablando de la etapa de la Transici&oacute;n a la democracia
    </p><h2 class="article-text"><strong>Historia de la II Rep&uacute;blica y la guerra civil en Cartagena y La Uni&oacute;n&nbsp;</strong></h2><p class="article-text">
        El primer cap&iacute;tulo del tomo III, recientemente presentado en un acto en el ISEN, acomete la historia de la II Rep&uacute;blica y la Guerra Civil en la ciudad de Cartagena. Dos son sus autores: Paco Franco es el gran especialista en la II Rep&uacute;blica en Cartagena, quien ya nos ilustr&oacute; sobre este tema hace veinte a&ntilde;os con un libro que se llamaba <em>Los a&ntilde;os de la esperanza</em>. La historia de la guerra civil corre a cargo de Pedro Mar&iacute;a Egea Bruno. Ambos profesores contribuyen con textos muy trabajados en el pasado, pero con aportaciones nuevas, con un fondo fotogr&aacute;fico muy rico.
    </p><p class="article-text">
        Lo que sucedi&oacute; en los primeros a&ntilde;os de la II Rep&uacute;blica en La Uni&oacute;n ha sido redactado<strong> </strong>por Gonzalo Wandosell Fern&aacute;ndez de Bobadilla, con ep&iacute;grafes muy interesantes. Comienza hablando de las graves consecuencias de la paralizaci&oacute;n de la actividad minera en La Uni&oacute;n en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os treinta, la construcci&oacute;n del camino del 33 como soluci&oacute;n al paro forzoso de los mineros, las dificultades del erario municipal y su efecto sobre las infraestructuras, a&ntilde;os grises en los que tambi&eacute;n se resinti&oacute; la cultura local, aunque apareciera la figura emergente de Mar&iacute;a Cegarra, la ilusionante creaci&oacute;n de las Escuelas Graduadas de La Uni&oacute;n, el triste episodio del cierre de las Cantinas Escolares, y finaliza con un repaso a la labor en aquellos a&ntilde;os de los alcaldes de la Uni&oacute;n. Y en los tiempos de la guerra civil, tratados por otro historiador unionense, el archivero Gonzalo Vicente Pag&aacute;n, se nos explica el funcionamiento de la administraci&oacute;n local en el periodo b&eacute;lico, la colectivizaci&oacute;n y nacionalizaci&oacute;n de las minas y de la represi&oacute;n y muerte en La Uni&oacute;n en los a&ntilde;os del conflicto.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Mazarr&oacute;n y &Aacute;guilas</strong></h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/eldiario/private/content/image/original/2025/0511/20/cubierta-79e608e.jpg?X-Amz-Content-Sha256=UNSIGNED-PAYLOAD&X-Amz-Algorithm=AWS4-HMAC-SHA256&X-Amz-Credential=AKIA2M6SND5L4DATCTVO%2F20250511%2Feu-west-1%2Fs3%2Faws4_request&X-Amz-Date=20250511T200219Z&X-Amz-SignedHeaders=host&X-Amz-Expires=86400&X-Amz-Signature=e89bec8daef6ff2f51af1429475ef458146f7ae268484fd0c2803bc40c0f0898"" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Fernando Carre&ntilde;o Zamora acomete la historia de los primeros a&ntilde;os republicanos en el municipio costero de Mazarr&oacute;n comenzando con los albores de la II Rep&uacute;blica, cuando tuvieron lugar las elecciones municipales de 1931 que acabaron en Espa&ntilde;a con la monarqu&iacute;a. La gesti&oacute;n del primer alcalde republicano mazarronero, Tom&aacute;s Vivancos, que gobern&oacute; los destinos de la ciudad hasta 1934, tambi&eacute;n se narra en profundidad. La actividad huelgu&iacute;stica y conflictiva de la miner&iacute;a mazarronera tambi&eacute;n es analizada, con la activa presencia del sindicato anarquista CNT en esa cuenca minera.&nbsp; Acaba el cap&iacute;tulo con la descripci&oacute;n de la victoria del Frente Popular en febrero del 36 y posteriormente el golpe de estado de julio de ese a&ntilde;o. Y de nuevo Pedro Egea Bruno nos cuenta la guerra civil en el municipio de Mazarr&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La voluntad de <em>Mediterran&iacute;a</em> es narrar lo acontecido en el siglo XX en todo el litoral y llega lejos: a &Aacute;guilas, un municipio colindante con Andaluc&iacute;a de cuya historia no sab&iacute;amos demasiado en Cartagena, ya que no pertenece a nuestra comarca. Jos&eacute; Luis Rabal Garc&iacute;a es el encargado de cubrir este hueco y sigue un esquema un tanto diferente: la II rep&uacute;blica en &Aacute;guilas es contada a trav&eacute;s de estudios sobre poblaci&oacute;n, educaci&oacute;n, transformaciones urbanas, bases econ&oacute;micas, sociedad, vida cotidiana y vida pol&iacute;tica. La guerra civil en &Aacute;guilas es repasada por Miguel Puchol Franco, un especialista en historia militar y sobre todo, de la aviaci&oacute;n. En 1936-1939, &Aacute;guilas es una ciudad en la retaguardia, y en estas p&aacute;ginas se nos muestra la actividad del puerto y sobre todo los bombardeos que sufri&oacute; la ciudad por parte de la aviaci&oacute;n franquista.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Campo de Cartagena: rep&uacute;blica y guerra en Fuente &Aacute;lamo y Torre Pacheco</strong></h2><p class="article-text">
        Andr&eacute;s Nieto Conesa comienza cont&aacute;ndonos que el periodo de la II Rep&uacute;blica en Fuente &Aacute;lamo fue de continuidad del caciquismo. El autor define ese mundo rural como una triada campo-hombre-hambre en el que la II Rep&uacute;blica irrumpe no sin conflictos en los primeros a&ntilde;os. Tras el bienio derechista, la victoria del Frente Popular, el golpe franquista y el inicio de la guerra, Andr&eacute;s Nieto nos habla de Fuente &Aacute;lamo como un municipio ejemplo de solidaridad&nbsp; y auxilio entre vecinos, de la alcald&iacute;a de Jos&eacute; Carrascosa Moreno y del inicio del desastre b&eacute;lico, con detenciones, quema de iglesias, incautaciones de fincas, requisas de coches y viviendas, decomisos, estraperlo, y el episodio del apresamiento de los supervivientes del naufragio del Castillo Olite en la iglesia de Fuente &Aacute;lamo, algo que ya contamos aqu&iacute; en un art&iacute;culo anterior reciente.
    </p><p class="article-text">
        Es Laureano Buend&iacute;a Porras el que analiza el proceso pol&iacute;tico republicano en Torre Pacheco con las alcald&iacute;as de Bibiano Perona Ruiz y Luis Mar&iacute;n entre 1931 y 1934, el desmontaje de la pol&iacute;tica republicana progresista con la alcald&iacute;a del derechista Francisco Ros Cortado entre 1934 y 1936, y su sustituci&oacute;n por Jos&eacute; de Taranco Gonz&aacute;lez tras el triunfo del Frente Popular en febrero del 36. Ya en guerra, se ahonda en el an&aacute;lisis del gobierno de la Alianza Revolucionaria UGT-CNT en el a&ntilde;o 1937 y las colectivizaciones agrarias.
    </p><h2 class="article-text"><strong>En el Mar Menor: San Pedro, San Javier y Los Alc&aacute;zares</strong></h2><p class="article-text">
        Es, de nuevo, el catedr&aacute;tico Pedro Egea Bruno el encargado de desarrollar los episodios de la II Rep&uacute;blica y de la guerra civil en los otros tres municipios ribere&ntilde;os del Mar Menor: San Javier, San Pedro del Pinatar y Los Alc&aacute;zares. Es este el municipio con m&aacute;s protagonismo en la guerra civil, debido a la ubicaci&oacute;n del aer&oacute;dromo en esa localidad desde el a&ntilde;o 1915 y su participaci&oacute;n en los hechos b&eacute;licos de 1936-1939. Pedro tambi&eacute;n acomete, muy en su l&iacute;nea, un an&aacute;lisis social de lo acontecido en los a&ntilde;os 30 en el entorno marmenorense: el papel de los partidos pol&iacute;ticos, las organizaciones obreras, y tambi&eacute;n de otros grupos sociales: agricultores, marinos, veraneantes...&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una obra monumental</strong></h2><p class="article-text">
        Hay que elogiar la encomiable labor del editor Paco Velasco, quien desde la editorial Nova Spartaria ha tenido esta iniciativa tan interesante tanto para los investigadores hist&oacute;ricos como para toda aquella persona interesada en la Historia. <em>Mediterran&iacute;a</em> es ya un hito en la historiograf&iacute;a de nuestra comarca y nuestra regi&oacute;n. Es menester que no desfallezca y que logre culminar los tomos IV y V previstos para los siguientes dos a&ntilde;os, lo que constituir&aacute; una aportaci&oacute;n muy necesaria y un legado impagable.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/politica/historia-ii-republica-guerra-civil-litoral-region-murcia_1_12289887.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 May 2025 04:00:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La historia de la II República y la Guerra Civil en el litoral de la región de Murcia]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Poesía y química en el primer libro de María Cegarra, reeditado en su 90 aniversario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/poesia-quimica-primer-libro-maria-cegarra-reeditado-90-aniversario_1_12258000.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6e5c9107-5f8a-48b6-9490-3c4ee68ce0d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Poesía y química en el primer libro de María Cegarra, reeditado en su 90 aniversario"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se reedita 'Cristales míos', el primer poemario de la unionense María Cegarra Salcedo, de 1935. Acompaña a la reedición una exposición que se puede visitar en el Museo Minero de La Unión</p><p class="subtitle">“María Cegarra siempre estuvo enamorada del poeta Miguel Hernández”</p></div><p class="article-text">
        <em>Cristales m&iacute;os</em>, de Mar&iacute;a Cegarra, es la primera obra l&iacute;rica que esta poeta unionense public&oacute; hace 90 a&ntilde;os, en 1935, y ahora ha sido reeditado por el Ayuntamiento de La Uni&oacute;n y gracias al mecenazgo de Mar&iacute;a Jos&eacute; V&aacute;zquez y Francisco de la Iglesia. Parece que hay un saludable inter&eacute;s en nuestra comarca por recuperar a las poetas cl&aacute;sicas de los a&ntilde;os treinta. &Uacute;ltimamente ha habido varias iniciativas en este sentido: recordemos que hace unos meses se produjo la reedici&oacute;n de otro poemario de Carmen Conde, <em>J&uacute;bilos</em>, tambi&eacute;n de los a&ntilde;os anteriores a la guerra civil. Es bueno recuperar a esas autoras que no deber&iacute;an caer nunca en el olvido. 
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Cegarra Salcedo fue una de las ciudadanas m&aacute;s ilustres de la ciudad de La Uni&oacute;n. Mar&iacute;a, nacida en 1899, no sali&oacute; nunca de su terru&ntilde;o y vivi&oacute; en esa ciudad toda su larga y fecunda vida. Fue una mujer pionera en much&iacute;simos &aacute;mbitos, porque adem&aacute;s de dedicarse a la poes&iacute;a, fue la primera mujer en Espa&ntilde;a en obtener el t&iacute;tulo de perito qu&iacute;mico, all&aacute; por los a&ntilde;os 20, y tambi&eacute;n una de las primeras en obtener la licenciatura en Qu&iacute;micas en 1946, e incluso fue la primera mujer concejal en el Ayuntamiento de La Uni&oacute;n en 1960. Aunque tuvo amigos republicanos, se vincul&oacute; al franquismo en la dictadura. Dedic&oacute; su vida a tres pasiones: la literatura, la qu&iacute;mica y la docencia, pues fue profesora durante m&aacute;s de 40 a&ntilde;os en distintos centros educativos tanto de La Uni&oacute;n como de Cartagena. 
    </p><p class="article-text">
        La pasi&oacute;n por la literatura la compart&iacute;a con su hermano Andr&eacute;s Cegarra, impulsor de la murciana editorial <em>Levante</em>. En los a&ntilde;os 30 trab&oacute; amistad con un grupo literario muy enriquecedor compuesto por ella misma, Carmen Conde y Antonio Oliver Belm&aacute;s, entre otros, con el a&ntilde;adido a&ntilde;os m&aacute;s tarde de autores m&aacute;s j&oacute;venes como el unionense Asensio S&aacute;ez y la cartagenera Mar&iacute;a Teresa Cervantes. Con Carmen Conde lleg&oacute; a elaborar un texto teatral a cuatro manos, titulado <em>Mineros </em>y elaborado en 1933. Mar&iacute;a Cegarra adquiri&oacute; fama tambi&eacute;n en esos a&ntilde;os f&eacute;rtiles de la edad de plata republicana por una relaci&oacute;n bastante estrecha con el poeta Miguel Hern&aacute;ndez. Hay quien ha querido ver un enamoramiento de ambos poetas, pero la propia Mar&iacute;a Cegarra zanj&oacute; la cuesti&oacute;n declarando que se trat&oacute; solo de una pura amistad. Una relaci&oacute;n mayormente epistolar que evidenciaba nada m&aacute;s que un fraternal afecto entre ambos.
    </p><h2 class="article-text">Minas y qu&iacute;mica</h2><p class="article-text">
        <em>Cristales m&iacute;os</em> supone el bautismo en el universo l&iacute;rico de Mar&iacute;a Cegarra. Se impregna del paisaje de las minas, del pueblo llano, de las gentes trabajadoras de La Uni&oacute;n, de la familia, de los amigos y tambi&eacute;n del ambiente del laboratorio de qu&iacute;mica en el que la autora trabajaba. Est&aacute; formado por 82 poemas en prosa, agrupados en una primera serie de 48 composiciones breves, seguidos de una secci&oacute;n titulada <em>Recuerdos de la nevada</em> y otras dos en las que se unen la pasi&oacute;n por la qu&iacute;mica y por la literatura: <em>Poemas de laboratorio</em> y <em>Ensayo espiritual de los perfumes. </em>
    </p><p class="article-text">
        En palabras del catedr&aacute;tico Javier D&iacute;ez de Revenga, se trata de <em>un libro heterog&eacute;neo, inicial e inseguro, pero que en la individualidad de sus poemas contiene aciertos que revelan la alta sensibilidad de la escritora, desde cuyo laboratorio surgen f&oacute;rmulas qu&iacute;micas y l&iacute;neas de inspiraci&oacute;n que dotan al poemario de sorprendente originalidad</em>. Para este profesor, en <em>Cristales m&iacute;os</em> hay <em>desnudez expresiva, pureza, ausencia de an&eacute;cdota, vivencia so&ntilde;adora de la realidad y b&uacute;squeda de esencias</em>. Hay una reflexi&oacute;n constante sobre la muerte, pues fue concebido con la huella de la muerte de su querido e inspirador hermano Andr&eacute;s Cegarra, fallecido en 1928, y a cuya memoria est&aacute; consagrado el libro, que comienza con una dedicatoria tambi&eacute;n muy po&eacute;tica: <em>Al hermano ausente, en su retiro de eternidad. </em>
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        La edici&oacute;n de 1935 de<strong> </strong><em>Cristales m&iacute;os</em><em><strong> </strong></em>llevaba un pr&oacute;logo de Ernesto Gim&eacute;nez Caballero, considerado en aquellos momentos como un autor vanguardista, un prosista integrante de la c&eacute;lebre generaci&oacute;n del 27, luego devenido en ferviente falangista. Esto supuso un enorme espaldarazo para Mar&iacute;a, quien tambi&eacute;n recibi&oacute; el elogio de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, el gran pope de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola del momento, quien la felicit&oacute; <em>por su hermoso libro de cristales y esp&iacute;ritu. </em>&nbsp;Por su parte, Miguel Hern&aacute;ndez indic&oacute; que los poemas de Mar&iacute;a Cegarra estaban <em>rociados de p&oacute;lenes de las minas y el coraz&oacute;n, sumergidos en melancol&iacute;a, mar y soledades. </em>
    </p><h2 class="article-text">Un matrimonio de mecenas</h2><p class="article-text">
        Le debemos la reedici&oacute;n de <em>Cristales m&iacute;os </em>en 2025 al impulso de un matrimonio de aut&eacute;nticos mecenas, los cartageneros Mar&iacute;a Jos&eacute; V&aacute;zquez y Francisco de la Iglesia, quienes sin &aacute;nimo de lucro y por puro amor al arte, literalmente, vienen impulsando reediciones de antiguos poetas de nuestro entorno para que no caigan en el olvido, con la colaboraci&oacute;n de diversas instituciones. Han formado ya una aut&eacute;ntica colecci&oacute;n que, de momento lleva cuatro vol&uacute;menes, y esperamos que publiquen a&uacute;n muchos m&aacute;s. Ellos consideran que hay un nexo de uni&oacute;n entre los poetas unionenses y cartageneros de hace d&eacute;cadas, imbuidos todos del poderoso influjo de un territorio, la Sierra Minera de Cartagena-La Uni&oacute;n, tan singularmente cargado de belleza, al tiempo que lleno de dramatismo, que prende en todos sus poemas. 
    </p><p class="article-text">
        Y, de esta manera, han contribuido a la reedici&oacute;n en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de viejos poemarios, como <em>M&aacute;stil, </em>el primero de Antonio Oliver Belm&aacute;s, de 1925, o <em>Brocal, </em>el primero de Carmen Conde, de 1929, o el primer libro de Mar&iacute;a Teresa Cervantes de 1954, <em>Ventanas de Amanecer</em>, y ahora este <em>Cristales m&iacute;os</em> de Mar&iacute;a Cegarra, de 1935, que se ha lanzado este a&ntilde;o en una muy cuidada edici&oacute;n no venal de 500 ejemplares. 
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Jos&eacute; V&aacute;zquez y Francisco de la Iglesia<em> </em>recurren siempre a dos ilustradores de cabecera que enriquecen la edici&oacute;n de los cuatro libros que han publicado hasta el momento: Salvador Torres y Virginia Bernal. Y para ilustrar <em>Cristales m&iacute;os </em>han decidido en esta ocasi&oacute;n decantarse por Virginia Bernal, que ha aportado ocho obras compuestas para la ocasi&oacute;n. Ha utilizado una t&eacute;cnica habitual en ella, la cianotipia, un <span class="highlight" style="--color:white;">procedimiento fotogr&aacute;fico monocromo, que consigue una copia negativa del original en un color azul de Prusia. Ella indica que la emulsi&oacute;n fotosensible tanto en los formatos como en los soportes le da mucho juego, y la verdad es que el resultado es verdaderamente llamativo. Las ilustraciones est&aacute;n intr&iacute;nsecamente ligadas con los temas del poemario, y dialogan en la intimidad con los poemas, iluminando los sentimientos, las sensaciones y las im&aacute;genes que emanan de las composiciones de Mar&iacute;a Cegarra. </span>
    </p><h2 class="article-text">Exposici&oacute;n en el Museo Minero de La Uni&oacute;n </h2><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Como ilustraci&oacute;n de cubierta los editores han elegido una obra pict&oacute;rica de su propiedad y que adem&aacute;s es coet&aacute;nea de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Cristales m&iacute;os. </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">Se trata de una acuarela de Juan Jos&eacute; G&aacute;rate de 1932 titulada </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Soledad, </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">el retrato de una mujer en el que se ve la influencia de Julio Romero de Torres y sus retratos de mujeres espa&ntilde;olas muy raciales.</span>
    </p><p class="article-text">
        El Ayuntamiento de La Uni&oacute;n, que ya declar&oacute; hija predilecta a Mar&iacute;a Cegarra antes de su muerte, acaecida en 1993, ha querido ahora en 2025 aprovechar esta efem&eacute;ride del 90 aniversario de la primera publicaci&oacute;n de <em>Cristales m&iacute;os </em>no solo para publicar la reedici&oacute;n de la obra<em>, </em>sino para desplegar una completa e interesante exposici&oacute;n de todos estos trabajos de reediciones del matrimonio V&aacute;zquez-de la Iglesia, con las ilustraciones de Salvador Torres y Virginia Bernal, una semblanza biogr&aacute;fica de Mar&iacute;a Cegarra, su relaci&oacute;n con Mar&iacute;a Teresa Cervantes y fotograf&iacute;as de &eacute;poca. Todo esto se puede visitar hasta el 4 de mayo en el flamante Museo Minero de La Uni&oacute;n. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/poesia-quimica-primer-libro-maria-cegarra-reeditado-90-aniversario_1_12258000.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Apr 2025 04:01:09 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hablando de Miguel Hernández con Carmen Conde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/hablando-miguel-hernandez-carmen-conde_1_12173798.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cfdec781-72e1-4c9a-98b9-ca3e55653125_16-9-discover-aspect-ratio_default_1114555.jpg" width="593" height="334" alt="Hablando de Miguel Hernández con Carmen Conde"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">María Victoria Martín González recoge en un libro el trabajo de memoria hernandiana que Carmen Conde tejió durante 60 años</p></div><p class="article-text">
        El 28 de marzo de 1942 fallec&iacute;a el poeta Miguel Hern&aacute;ndez de tuberculosis en una c&aacute;rcel franquista. La poeta cartagenera Carmen Conde mantuvo viva la llama de la obra hernandiana en los d&iacute;as dulces de la rep&uacute;blica, en los duros a&ntilde;os de la guerra civil y en los tiempos m&aacute;s dif&iacute;ciles a&uacute;n de la posguerra y la larga dictadura. 60 a&ntilde;os de relaci&oacute;n literaria entre un poeta muerto y una poeta superviviente que se encarg&oacute; de mantener vivo el legado del amigo desaparecido. La cartagenera Mar&iacute;a Victoria Mart&iacute;n Gonz&aacute;lez ha realizado en su obra<em> Con la alegre tristeza del olivo. Hablando de Miguel Hern&aacute;ndez con Carmen Conde</em> una ambiciosa investigaci&oacute;n filol&oacute;gica buceando en el archivo personal de la poeta cartagenera, donde se desmenuzan todos los documentos, cartas, art&iacute;culos y recuerdos de m&aacute;s de seis d&eacute;cadas de interacci&oacute;n entre ambos literatos.
    </p><p class="article-text">
        <em>Sonre&iacute;r con la alegre tristeza del olivo</em><strong> </strong>es el primer verso de un soneto de Miguel Hern&aacute;ndez, de su obra p&oacute;stuma <em>Cancionero y romancero de ausencias, </em>y a la autora le pareci&oacute; suficientemente evocador para narrar la relaci&oacute;n literaria entre la Carmen Conde superviviente de la guerra civil y el poeta fallecido en la posguerra, que es de lo que va este libro. 
    </p><p class="article-text">
        La autora, Mar&iacute;a Victoria Mart&iacute;n Gonz&aacute;lez, naci&oacute; en Cartagena en 1964 y es doctora en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica por la Universidad de Murcia. Desde 2004 es miembro de la Junta Rectora del Patronato Carmen Conde &ndash; Antonio Oliver, y ha publicado numerosos trabajos filol&oacute;gicos relacionados con estos poetas. Desde 1997 organiza y coordina actividades de divulgaci&oacute;n como ponencias, jornadas y rutas literarias sobre la vida y obra de Carmen Conde. Como investigadora literaria realiza conferencias, colabora con art&iacute;culos en ediciones conjuntas, revistas especializadas y prensa. 
    </p><p class="article-text">
        En el libro de Mar&iacute;a Victoria se distinguen dos etapas en la relaci&oacute;n entre Carmen Conde y Miguel Hern&aacute;ndez: en primer lugar, la memoria de los a&ntilde;os vividos con Miguel Hern&aacute;ndez entre 1932 y 1937, en la &eacute;poca de la II Rep&uacute;blica anterior a la guerra civil, con visitas continuas entre Orihuela y Cartagena y contactos en Madrid entre el matrimonio Conde/Oliver y el poeta oriolano; y posteriormente la etapa de la memoria de los a&ntilde;os recordando a Miguel Hern&aacute;ndez, ya en la posguerra y tras su muerte, entre 1942 y 1992, que es un viaje por los recuerdos que Carmen Conde atesor&oacute; sobre la figura del poeta de Orihuela. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>La relaci&oacute;n de Miguel Hern&aacute;ndez con Cartagena</strong></h2><p class="article-text">
        Ha habido varios libros de otros autores en los que se ha hecho la cr&oacute;nica de las estancias de Miguel Hern&aacute;ndez en Cartagena en los a&ntilde;os 30. Ya hablaron de esto Paco Franco, Joaqu&iacute;n Jare&ntilde;o, Aitor Larrabide y la propia autora de hoy en al menos tres libros anteriores. Pero Mar&iacute;a Victoria profundiza en este a&uacute;n m&aacute;s. Nos recuerda que tanto Carmen Conde como su marido Antonio Oliver eran poetas e intelectuales cartageneros que compart&iacute;an multitud de espacios con otros poetas tanto de Murcia como de Alicante, y en ese microcosmos estaba claro que un d&iacute;a u otro iban a encontrarse el matrimonio cartagenero y el poeta oriolano. El encuentro se produjo finalmente en Orihuela, en el seno de un homenaje de todos los poetas regionales a Gabriel Mir&oacute; el 2 de octubre de 1932, y all&iacute; naci&oacute; una amistad eterna. Miguel Hern&aacute;ndez formar&iacute;a parte indeleble de la vida de Carmen Conde hasta el final. 
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a la relaci&oacute;n con nuestra ciudad, Miguel Hern&aacute;ndez fue invitado por la Universidad Popular de Cartagena para presentar su obra <em>Perito en lunas </em>el 29 de julio de 1933, en un acto que fue ameno, original, muy aplaudido y en el que el poeta recit&oacute; alguno de sus poemas en tono juglaresco y tambi&eacute;n uno dedicado a los mineros de aqu&iacute;: <em>Oda al minero. </em>Posteriormente y tambi&eacute;n a trav&eacute;s de la Universidad Popular, Miguel Hern&aacute;ndez vendr&aacute; a Cartagena en agosto de 1935 a conferenciar en un homenaje a Lope de Vega en el tercer centenario de su fallecimiento. Ese verano visit&oacute; La Uni&oacute;n y Cabo de Palos en una tambi&eacute;n famosa excursi&oacute;n que dio para su recuerdo en varios libros. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Tras la guerra civil</strong></h2><p class="article-text">
        Todos estos poetas se significaron a favor del bando republicano y perdieron la guerra civil con consecuencias dram&aacute;ticas y tr&aacute;gicas. Miguel Hern&aacute;ndez fue encarcelado y falleci&oacute; de tuberculosis en la prisi&oacute;n en 1942; y el matrimonio Conde/Oliver tambi&eacute;n sufrir&aacute; un cierto grado de represi&oacute;n. Carmen y Antonio decidieron no refugiarse en Am&eacute;rica o Francia, como s&iacute; pudieron hacer otros republicanos perseguidos, y permanecieron en un duro exilio interior, sobre todo en los primeros a&ntilde;os de la posguerra. Vivieron casi escondidos en Madrid y sobrevivieron con muchas dificultades. Superados estos primeros golpes, el tiempo pasa y el franquismo acaba perdon&aacute;ndoles la vida, y comienzan entonces unos a&ntilde;os de silencio y de censura en los que ser&aacute; muy dif&iacute;cil sobrevivir y tambi&eacute;n mantener viva la llama de la poes&iacute;a hernandiana. 
    </p><p class="article-text">
        Miguel Hern&aacute;ndez ser&aacute; un poeta maldito para el franquismo, como lo fueron Lorca y Machado, y muy pocos intelectuales espa&ntilde;oles se atrever&aacute;n a reivindicar sus respectivos legados salvo en perdidas revistas literarias de provincias y actos literarios de segundo orden. Se publican en el extranjero (Nueva York, Buenos Aires) algunos poemarios p&oacute;stumos y antolog&iacute;as en los a&ntilde;os cuarenta y cincuenta, que llegan con cuentagotas y casi de tapadillo a Espa&ntilde;a. Carmen Conde ser&aacute; una de esas pocas personas que mantienen el legado, y queda convertida pr&aacute;cticamente en una albacea del poeta, con conexiones con la familia, con custodia de muchos documentos relacionados con el escritor, desde cartas hasta fotograf&iacute;as y recortes de prensa, y con la esperanza de que un d&iacute;a, recobradas las libertades, se pudiera homenajear al escritor alicantino como se merec&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, en 1972 y de manera ajena a todo lo que se cuenta en este libro, sucede algo que desvelar&aacute; definitivamente el manto que cubr&iacute;a la memoria oculta del poeta oriolano: la publicaci&oacute;n del exitoso disco de Joan Manuel Serrat con canciones basadas en poemas de Miguel Hern&aacute;ndez. En Espa&ntilde;a entera (y en Latinoam&eacute;rica) se redescubre entonces y se encumbra al poeta cuya memoria Carmen Conde ven&iacute;a cuidando en silencio y soledad durante tantos a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que nos viene a contar este libro de Mar&iacute;a Victoria Mart&iacute;n Gonz&aacute;lez es que durante sesenta a&ntilde;os Carmen Conde supo evocar, contar, difundir y conservar la memoria de Miguel Hern&aacute;ndez. Con afecto, constancia, lealtad, generosidad y conciencia hist&oacute;rica Conde atesor&oacute; un peque&ntilde;o museo a base de recuerdos entre recortes, art&iacute;culos, cartas y libros en los que colabor&oacute;. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un trabajo filol&oacute;gico exhaustivo</strong></h2><p class="article-text">
        En la solapa del libro se nos informa de que <em>Con la alegre tristeza del olivo. Hablando de Miguel Hern&aacute;ndez con Carmen Conde </em>es, en esencia, un itinerario por el recuerdo de la juventud apasionadamente libre del poeta hasta su dolorosa e injusta muerte, a partir de la que existi&oacute; el empe&ntilde;o incesante de muchas personas para construir su edificio inmortal, y que con Carmen Conde recorremos los a&ntilde;os de silencio, los a&ntilde;os de censura, las voces nunca calladas del todo de amigos y conocidos, y los inicios y el camino de los grandes hispanistas actuales que en la d&eacute;cada de los sesenta eran j&oacute;venes de apenas treinta a&ntilde;os, cuando sobre Miguel Hern&aacute;ndez quedaba tanto por hacer. 
    </p><p class="article-text">
        Se trata de un inmenso trabajo de varios a&ntilde;os de una fil&oacute;loga que se ha dedicado a escudri&ntilde;ar el enorme archivo de Carmen Conde, que lo guardaba todo, y que lo componen miles y miles de documentos personales con los que escribir este libro tiene que haber sido como bucear en un laberinto. Es una tarea tit&aacute;nica, una labor minuciosa y exhaustiva de 423 p&aacute;ginas en las que no falta por investigar detalle alguno de la relaci&oacute;n literaria que mantuvieron Carmen Conde y Miguel Hern&aacute;ndez antes, durante y despu&eacute;s de la muerte del poeta. Son miles de cartas le&iacute;das y comentadas, con buenos anexos hemerogr&aacute;fico y fotogr&aacute;fico; un corpus documental dens&iacute;simo.
    </p><p class="article-text">
        La obra constituye un homenaje tanto a Carmen Conde como a Miguel Hern&aacute;ndez, y se debe a la colaboraci&oacute;n entre sendas entidades que son las columnas imprescindibles en la tarea de conservaci&oacute;n y difusi&oacute;n de ambos legados: el Patronato Carmen Conde &ndash; Antonio Oliver de Cartagena y la Fundaci&oacute;n Cultural Miguel Hern&aacute;ndez de Orihuela.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/hablando-miguel-hernandez-carmen-conde_1_12173798.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Mar 2025 16:33:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hablando de Miguel Hernández con Carmen Conde]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El hundimiento del Castillo Olite en aguas de Cartagena: la mayor tragedia naval de la Guerra Civil Española]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/hundimiento-castillo-olite-aguas-cartagena-mayor-tragedia-naval-guerra-civil-espanola_1_12151280.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/17984e4b-57da-444b-a31c-f6dca9853b06_16-9-discover-aspect-ratio_default_1113981.jpg" width="990" height="557" alt="El hundimiento del Castillo Olite en aguas de Cartagena: la mayor tragedia naval de la Guerra Civil Española"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se reedita el libro que narra el último hecho bélico de la II República española. Nuevas indagaciones sobre aquel suceso nutren la segunda edición del libro de Pérez Adán, 20 años después de publicar la primera en 2004</p></div><p class="article-text">
        El 7 de marzo de 1939, en los d&iacute;as finales de la Guerra Civil Espa&ntilde;ola, se produjo el hundimiento en el puerto de Cartagena del buque franquista <em>Castillo Olite</em>, un barco mercante que formaba parte de una expedici&oacute;n de m&aacute;s de 30 barcos que iban a tomar la base naval de la II Rep&uacute;blica en un asalto que iba a ser definitivo. El vapor iba cargado de tropas y se dirig&iacute;a a una ciudad en la que se cre&iacute;a que la Rep&uacute;blica ya se hab&iacute;a rendido. No era del todo as&iacute;, porque un ca&ntilde;onazo disparado desde la bater&iacute;a de costa situada en La Parajola -que a&uacute;n permanec&iacute;a fiel al gobierno republicano- cruz&oacute; la bah&iacute;a desde el oeste al este y hundi&oacute; el buque en las proximidades de la Isla de Escombreras, con el resultado de 1.476 muertos, 342 heridos y 294 prisioneros.
    </p><p class="article-text">
        En el a&ntilde;o 2004 el historiador local Luis Miguel P&eacute;rez Ad&aacute;n se puso manos a la obra y public&oacute; un libro en el que relataba ese suceso, que lleva por t&iacute;tulo <em>El hundimiento del Castillo Olite</em>: <em>la mayor tragedia naval de la Guerra Civil Espa&ntilde;ola. </em>Lo sorprendente es que, siendo esto as&iacute;, ning&uacute;n otro historiador -cartagenero o no- hubiera tenido hasta ese momento la voluntad de investigar y publicar sobre este hecho b&eacute;lico tan trascendental. Por suerte, Luis Miguel le ech&oacute; valor y la extinta y recordada editorial &Aacute;glaya, dirigida por el malogrado y tambi&eacute;n a&ntilde;orado &Aacute;ngel M&aacute;rquez Delgado, decidi&oacute; publicar un libro que hoy, 20 a&ntilde;os despu&eacute;s, est&aacute; agotado, y los escasos ejemplares de esa primera edici&oacute;n que hay a la venta de segunda mano en internet tienen un precio astron&oacute;mico. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un testimonio crucial</strong></h2><p class="article-text">
        Nos suele pasar a los historiadores que, cuando publicamos un libro sobre un hecho hist&oacute;rico, despu&eacute;s de publicado empieza a aflorar informaci&oacute;n nueva que no conoc&iacute;amos antes y que viene a enriquecer el relato que hemos contado. De repente vienen las fotos que no encontramos en su momento; documentos que salen de aqu&iacute; y de all&aacute; y que surgen despu&eacute;s de haber publicado nuestros trabajos, y hasta testimonios orales valios&iacute;simos que antes no hab&iacute;an aparecido. A Luis Miguel le sucedi&oacute; algo milagroso: el hombre que orden&oacute; aquel ca&ntilde;onazo en 1939 a&uacute;n viv&iacute;a en 2004, y cuando se enter&oacute; de que hab&iacute;an publicado un libro sobre el hundimiento del <em>Castillo Olite</em>, este superviviente sali&oacute; de la bruma del olvido y se le present&oacute; a Luis Miguel para contarle de primera mano el suceso 68 a&ntilde;os despu&eacute;s de acontecido. Ese anciano capit&aacute;n de la II Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola que conoci&oacute; el exilio, Crist&oacute;bal Guirao Garc&iacute;a, a los 93 a&ntilde;os de edad volvi&oacute; a visitar el lugar de los hechos junto con el autor y all&iacute;, en la bater&iacute;a de La Parajola y frente al mar, rememor&oacute; in situ lo sucedido en la bah&iacute;a de Cartagena aquel fat&iacute;dico d&iacute;a de siete d&eacute;cadas atr&aacute;s con todo lujo de detalles: hechos, datos, fechas, nombres, de todo. Esa entrevista grabada en video se incorpora tambi&eacute;n al nuevo texto enriquecido con este testimonio fundamental.
    </p><p class="article-text">
        Por a&ntilde;adidura, han aflorado desde 2004 multitud de nuevos testimonios, im&aacute;genes y documentos relacionados con el hundimiento del <em>Castillo Olite</em> que se han incorporado a esta segunda edici&oacute;n de 2024 enriqueci&eacute;ndola y aument&aacute;ndola. Para el autor lo m&aacute;s valioso, sin duda, es el documento que apareci&oacute; en el a&ntilde;o 2015 en el Archivo Municipal de Cartagena: el listado completo de todos los tripulantes del barco con sus nombres y apellidos, unidad a la que pertenec&iacute;an y lo m&aacute;s crucial: su estado como supervivientes, heridos o fallecidos. La mayor parte de ellos integraban tropas de infanter&iacute;a de los batallones II y III de Zamora; soldados espa&ntilde;oles que estuvieron guerreando con Franco durante tres a&ntilde;os y encontraron la muerte cuando solo faltaban tres semanas para que acabara la guerra. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Los protagonistas</strong></h2><p class="article-text">
        Hubo muchas personas implicadas en aquellos sucesos, pero hay dos grandes protagonistas en esta historia. El primero es el capit&aacute;n de la bater&iacute;a, Antonio Mart&iacute;nez Pallar&eacute;s, un comunista que ve&iacute;a perdida la guerra y que a primeros de marzo estaba a punto de rendir la bater&iacute;a a favor del ej&eacute;rcito de Franco cuando en &uacute;ltima instancia otro capit&aacute;n, el republicano Crist&oacute;bal Guirao Garc&iacute;a le ordena, con la pistola en la sien, que realice el fatal disparo. Un momento cr&iacute;tico y cat&aacute;rtico en donde estos dos hombres deciden, uno involuntariamente y el otro totalmente convencido, disparar el ca&ntilde;onazo que matar&aacute; a casi 1.500 tripulantes del <em>Castillo Olite</em>. Tras la guerra, estos dos hombres corrieron desigual suerte: el capit&aacute;n Crist&oacute;bal Guirao pudo huir desde el puerto de &Aacute;guilas hasta Argelia tan solo unos d&iacute;as despu&eacute;s, vivi&oacute; en el exilio durante los 40 a&ntilde;os de dictadura, regres&oacute; a Espa&ntilde;a en democracia y muri&oacute; de viejo en 2007; pero el capit&aacute;n Antonio Mart&iacute;nez Pallar&eacute;s permaneci&oacute; en la Espa&ntilde;a franquista esperando no ser culpado por este hecho de guerra aduciendo su involuntariedad. Este argumento no les vali&oacute; a los magistrados franquistas del juicio sumar&iacute;simo al que fue sometido y a resultas del cual fue condenado a muerte y fusilado dos a&ntilde;os despu&eacute;s, pues ni el juez ni el fiscal de ese Consejo de Guerra creyeron en su inocencia. Fue el &uacute;nico de los 97 militares que serv&iacute;an en la bater&iacute;a de la Parajola que pag&oacute; con su vida por estos hechos. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>El recuerdo en Cartagena de este suceso</strong></h2><p class="article-text">
        Estuvieron apareciendo cuerpos flotando en la d&aacute;rsena de Cartagena durante mucho tiempo: treinta o cuarenta cad&aacute;veres cada mes todos los meses siguientes, incluso hasta septiembre de 1939. Enterrados los difuntos, curados los heridos y liberados los prisioneros tras la guerra, el franquismo comenz&oacute; con una serie de homenajes a los fallecidos en forma de desfiles militares en fechas se&ntilde;aladas y la erecci&oacute;n de un monumento, en principio una cruz de piedra erigida en 1939 en la costa de Escombreras acompa&ntilde;ada de una concentraci&oacute;n multitudinaria. Cada 7 de marzo se repiti&oacute; esta ceremonia hasta los a&ntilde;os 50, cuando aquello ya cay&oacute; en el olvido, aunque en 1956 se levant&oacute; otro monumento en forma de cruz de hierro, porque el monumento anterior desapareci&oacute; por la construcci&oacute;n en su anterior emplazamiento de la nueva central t&eacute;rmica. La cruz de hierro que homenajeaba a los fallecidos del <em>Castillo Olite</em> era visible desde muy lejos, y constitu&iacute;a una imagen t&iacute;pica del puerto de Cartagena hasta el a&ntilde;o 2001, cuando fue desmontada por la ampliaci&oacute;n de la d&aacute;rsena de Escombreras que se desarroll&oacute; tras la reconversi&oacute;n industrial de los a&ntilde;os 90
    </p><h2 class="article-text"><strong>La segunda edici&oacute;n</strong></h2><p class="article-text">
        El libro que se puede volver a adquirir en 2024 es en esta ocasi&oacute;n una autoedici&oacute;n no respaldada por una editorial, y que solo se puede adquirir en formato f&iacute;sico por internet. Esta segunda entrega del libro veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de la primera incorpora, adem&aacute;s de las novedades anteriormente descritas, algunas modificaciones m&aacute;s: la portada es distinta; la edici&oacute;n es en tapa dura; mientras la primera edici&oacute;n solo ofrec&iacute;a fotos en blanco y negro, ahora hay im&aacute;genes en color, y hay un buen trabajo adicional de mapas y reproducci&oacute;n de documentos originales, as&iacute; como incorporaci&oacute;n de hemerograf&iacute;a e infograf&iacute;a nueva que, desde luego, enriquecen el producto. 
    </p><p class="article-text">
        Y en cuanto al contenido, el autor reparte responsabilidades de los sucesos. Porque tambi&eacute;n el alto mando franquista fue responsable de las casi 1.500 muertes que provoc&oacute; el hundimiento del <em>Castillo Olite</em>, pues enviaron a un barco a una muerte segura al intentar tomar una ciudad en una operaci&oacute;n suicida sin seguridad alguna, ya que el buque zarp&oacute; con una radio averiada que no le pudo avisar del peligro que le esperaba. Un error b&eacute;lico de fatales consecuencias. Los homenajes p&oacute;stumos y la pantomima de reconocimientos no compensaron la p&eacute;rdida cruel y absurda de vidas humanas. En su introducci&oacute;n Luis Miguel P&eacute;rez Ad&aacute;n lo resume con estas palabras: <em>Los vencedores no pod&iacute;an asumir un fracaso tan costoso en vidas de hombres que hab&iacute;an combatido toda la guerra y en casi todos los frentes. &iquest;Qui&eacute;n los conduc&iacute;a? &iquest;Y la nave, ese f&eacute;retro acu&aacute;tico, qu&eacute; destino le reservaba su timonel? &iquest;Fue el c&oacute;mplice de su tr&aacute;gico destino, desoyendo consejos y guiando a cientos hacia la carnicer&iacute;a? &iquest;Qui&eacute;n orquest&oacute; esta operaci&oacute;n temeraria?</em>
    </p><p class="article-text">
        A Luis le ha correspondido escribir esta historia tan apasionante de un naufragio que pudo haberse evitado. Y yo me pregunto: &iquest;no hay aqu&iacute; un gui&oacute;n de pel&iacute;cula de guerra? &iquest;Se atrever&iacute;a alguien a hacerla?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/hundimiento-castillo-olite-aguas-cartagena-mayor-tragedia-naval-guerra-civil-espanola_1_12151280.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Mar 2025 05:00:23 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[El Cantón de Cartagena sigue apasionando a los historiadores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/canton-cartagena-sigue-apasionando-historiadores_1_12123543.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/332d5f76-9abf-4c91-be0c-5b3c30abe587_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Cantón de Cartagena sigue apasionando a los historiadores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se ha celebrado en Cartagena los días 6 y 7 de marzo de 2025 la segunda edición del Congreso Internacional sobre la revolución cantonal de 1873 </p><p class="subtitle">Jeanne Moisand: “El Cantón de Cartagena es el final de un ciclo revolucionario global y una lección democrática”</p></div><p class="article-text">
        Hace dos a&ntilde;os, en marzo de 2023, se celebr&oacute; el I Congreso Internacional sobre la Revoluci&oacute;n Cantonal de Cartagena, que llevaba por subt&iacute;tulo <em>Memoria, Sociedad y Discurso</em>. El motivo fue el 150 aniversario del Cant&oacute;n de Cartagena, que tuvo su inicio el 12 de julio de 1873, y tuvo lugar en el sal&oacute;n de actos Isaac Peral de la Universidad Polit&eacute;cnica. Fue un &eacute;xito de participaci&oacute;n en el que se recibieron multitud de comunicaciones de expertos y expertas nacionales y extranjeras de las universidades de Madrid, Barcelona, Valencia, Murcia, C&aacute;diz y tambi&eacute;n de la Sorbona de Par&iacute;s. Su organizaci&oacute;n fue fruto de la colaboraci&oacute;n de la Universidad de Murcia, de la Universidad Polit&eacute;cnica de Cartagena y de la concejal&iacute;a de Cultura del Ayuntamiento de Cartagena. 
    </p><p class="article-text">
        A los organizadores les dej&oacute; tan buen sabor de boca que decidieron hacer una segunda edici&oacute;n del congreso. El comit&eacute; cient&iacute;fico habr&iacute;a querido celebrar el segundo congreso en 2024, con motivo del 150 aniversario del final del Cant&oacute;n el 6 de enero 1874, pero por problemas de agenda de algunos participantes ha habido que esperar a 2025 para hacerlo. Y esta segunda edici&oacute;n del congreso ha mantenido el t&iacute;tulo pero ha renovado el subt&iacute;tulo: <em>La revoluci&oacute;n Cantonal de Cartagena: Ecos de la sublevaci&oacute;n: memoria y recepci&oacute;n.</em> Si el primer congreso se dedic&oacute; a profundizar en qu&eacute; es lo que sucedi&oacute; en el Cant&oacute;n de Cartagena, este segundo ha versado sobre qu&eacute; es lo que pas&oacute; despu&eacute;s: c&oacute;mo qued&oacute; la ciudad, qu&eacute; recuerdo dej&oacute; todo aquello, qu&eacute; implicaciones pol&iacute;ticas, sociales, culturales e hist&oacute;ricas posteriores tuvo el Cant&oacute;n en la historia local, en la nacional y en la internacional, pues la nuestra fue la &uacute;ltima de todas las revoluciones europeas del siglo XIX.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La jornada del 6 de marzo</strong></h2><p class="article-text">
        En la mesa inaugural estuvieron representantes de las tres instituciones organizadoras: la UPCT estuvo representada por Antonio Guerrero Gonz&aacute;lez, vicerrector de Estudiantes y Empleo; por la Universidad de Murcia acudi&oacute; el catedr&aacute;tico de Historia Contempor&aacute;nea Pedro Mar&iacute;a Egea Bruno, quien tambi&eacute;n encabeza el comit&eacute; cient&iacute;fico de este congreso, y por el Ayuntamiento de Cartagena, cuya Concejal&iacute;a de Cultura y la C&aacute;tedra de Historia y Patrimonio han colaborado decisivamente en la organizaci&oacute;n del congreso, intervino el concejal de Cultura Ignacio J&aacute;udenes.
    </p><p class="article-text">
        La conferencia inaugural la protagoniz&oacute; Edgar Straehle, un profesor de la Universidad de Barcelona licenciado en Historia, en Filosof&iacute;a y en Antropolog&iacute;a y tambi&eacute;n doctor en Filosof&iacute;a cuya &uacute;ltima publicaci&oacute;n es <em>Los pasados de la revoluci&oacute;n: los m&uacute;ltiples caminos de la memoria revolucionaria. </em>Fue presentado por otro de los miembros del comit&eacute; cient&iacute;fico de este II Congreso: el cartagenero Andr&eacute;s Pedre&ntilde;o C&aacute;novas, tambi&eacute;n doctor en Sociolog&iacute;a por la Universidad de Murcia. 
    </p><p class="article-text">
        La tarde de la primera jornada culmin&oacute; con una mesa redonda moderada por Jos&eacute; Ibarra en la que se habl&oacute; de la arqueolog&iacute;a y la literatura en la memoria cantonal. En primer lugar intervino la arque&oacute;loga murciana Ana Ba&ntilde;o, quien present&oacute; un trabajo arqueol&oacute;gico interesant&iacute;simo sobre la primera fase de la restauraci&oacute;n de la decimon&oacute;nica vivienda de Antonete G&aacute;lvez, uno de los h&eacute;roes de la revoluci&oacute;n cantonal. El viejo caser&oacute;n familiar de quien bien podr&iacute;a haber sido el Garibaldi espa&ntilde;ol est&aacute; situado en la localidad murciana de Torreag&uuml;era. En su charla, Ana Ba&ntilde;o solicit&oacute; que las administraciones contin&uacute;en con la culminaci&oacute;n de este trabajo arqueol&oacute;gico en una futura segunda fase que convierta la vivienda, una vez restaurada, en un museo o un centro de interpretaci&oacute;n sobre la vida de este personaje hist&oacute;rico murciano. 
    </p><p class="article-text">
        Cerr&oacute; la tarde la profesora belga Lieve Behiels, de la Universidad Cat&oacute;lica de Lovaina, una especialista en literatura espa&ntilde;ola del siglo XIX, que nos habl&oacute; de la cobertura que Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s dio al Cant&oacute;n de Cartagena en dos de sus Episodios Nacionales escritos en 1911 (<em>La Primera Rep&uacute;blica</em> y <em>De Cartago a Sagunto</em>)
    </p><h2 class="article-text"><strong>La jornada del 7 de marzo</strong></h2><p class="article-text">
        La segunda jornada se celebr&oacute; el viernes 7 con una sesi&oacute;n de ma&ntilde;ana y otra de tarde. El primer acto de la ma&ntilde;ana corri&oacute; a cargo de un gran estudioso del Cant&oacute;n, Manuel Rolandi S&aacute;nchez Sol&iacute;s, quien tiene varios libros publicados sobre la materia y que ofreci&oacute; una conferencia titulada<em><strong> </strong></em><em>El final del Cant&oacute;n en Cartagena. Principales operaciones militares, intrigas, conspiraciones y conversaciones de rendici&oacute;n de la plaza.</em><em><strong> </strong></em>Moder&oacute; Jos&eacute; S&aacute;nchez Conesa, cronista oficial de Cartagena y tambi&eacute;n miembro del comit&eacute; organizador del Congreso. 
    </p><p class="article-text">
        Y posteriormente hubo una mesa<strong> </strong>redonda en la que Luis Miguel P&eacute;rez Ad&aacute;n, tambi&eacute;n cronista oficial de la ciudad y profesor en la UPCT, y Diego Victoria Moreno, doctor en Historia, nos hablaron de <em>La Cartagena postcantonal. </em>Y en este bloque nos mostraron las consecuencias urban&iacute;sticas, demogr&aacute;ficas, arquitect&oacute;nicas, pol&iacute;ticas y sociales que trajo la derrota b&eacute;lica tras la explosi&oacute;n final del Parque de Artiller&iacute;a el 6 de enero de 1874, que dej&oacute; m&aacute;s de 400 personas muertas, siendo la puntilla final a la aventura cantonal. 
    </p><p class="article-text">
        La tarde del viernes 7 el congreso se cerr&oacute; con dos actos. A primera hora se desarroll&oacute; una mesa redonda con Juli&aacute;n Vadillo, de la Universidad Carlos III y autor de la obra <em>La rebeli&oacute;n cantonal en la I Rep&uacute;blica</em>, y Eduardo Higueras, de la UNED, autor de <em>El republicanismo en el espacio ib&eacute;rico contempor&aacute;neo: recorridos y perspectivas, </em>moderados por el catedr&aacute;tico Pedro M. Egea Bruno, de la Universidad de Murcia. Los tres disertaron sobre la <em>I Internacional en Espa&ntilde;a: republicanismo, federalismo, anarquismo y socialismo. </em>Y se estableci&oacute; un interesante debate sobre el car&aacute;cter de la revoluci&oacute;n cartagenera: la cuesti&oacute;n de si aquello se trat&oacute; de una revoluci&oacute;n burguesa o una revoluci&oacute;n obrera ocup&oacute; muchos minutos, intervenciones y momentos clave del congreso. 
    </p><p class="article-text">
        Y la conferencia de clausura la ofreci&oacute; la invitada estrella de este congreso, Jeanne Moisand, recientemente nombrada catedr&aacute;tica de Historia Contempor&aacute;nea en la Universidad de Nanterre (Par&iacute;s) tras haber sido profesora en la Sorbona, y autora de un libro fundamental publicado hace dos a&ntilde;os y que ha puesto patas arriba todas las investigaciones hist&oacute;ricas sobre el Cant&oacute;n: <em>Federaci&oacute;n o Muerte: los mundos posibles del Cant&oacute;n de Cartagena. </em>Es la tercera vez que Jeanne Moisand visita nuestra ciudad, y en las ocasiones anteriores dej&oacute; tan alto el pabell&oacute;n que los organizadores ten&iacute;an claro que ten&iacute;a que volver desde Par&iacute;s a Cartagena. En su disertaci&oacute;n mostr&oacute; un conocimiento oce&aacute;nico sobre los hechos, los lugares y los protagonistas del Cant&oacute;n de Cartagena e incidi&oacute; en ciertos aspectos de este episodio hist&oacute;rico en los que nadie hab&iacute;a profundizado tanto: la dimensi&oacute;n internacional de una revoluci&oacute;n que fue mucho m&aacute;s que una insurrecci&oacute;n local pues Europa entera estuvo pendiente de ella; el papel de la mujer en la revoluci&oacute;n cantonal; la conexi&oacute;n con territorios tan lejanos como Cuba y Filipinas; la decisiva intervenci&oacute;n de los muy organizados obreros del Arsenal y la estrecha relaci&oacute;n entre el Cant&oacute;n y la Comuna de Par&iacute;s, entre otras cuestiones desarrolladas durante m&aacute;s de una hora de exposici&oacute;n. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una visita guiada pendiente</strong></h2><p class="article-text">
        Queda pendiente una visita guiada a los lugares del Cant&oacute;n, a cargo de Luis Miguel P&eacute;rez Ad&aacute;n, cronista oficial de la ciudad de Cartagena, quien llevar&aacute; a los visitantes por las calles y los emplazamientos emblem&aacute;ticos donde tuvieron lugar los acontecimientos cantonales. Esta visita ser&aacute; a las 11 de la ma&ntilde;ana del pr&oacute;ximo s&aacute;bado 22 de marzo y partir&aacute; desde la puerta del Parque de Artiller&iacute;a, donde est&aacute;n el archivo municipal y el museo militar. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Las conclusiones del Congreso</strong></h2><p class="article-text">
        Tanto la I como la II edici&oacute;n del Congreso Internacional del Cant&oacute;n de Cartagena se han dedicado a estudiar en profundidad, con rigor cient&iacute;fico y lejos de t&oacute;picos y falacias la verdadera dimensi&oacute;n de la revoluci&oacute;n cantonal dentro de la I Rep&uacute;blica y del ciclo de revoluciones que acontecieron en Espa&ntilde;a y toda Europa en el siglo XIX, todas ellas con la voluntad de extender los derechos democr&aacute;ticos en los pa&iacute;ses en los que acaecieron. Y, en el caso particular del Cant&oacute;n de Cartagena, se trata de la aportaci&oacute;n que desde esta ciudad se hizo a la historia republicana y democr&aacute;tica de nuestro pa&iacute;s con reivindicaciones que se anticiparon 50, 100 o 150 a&ntilde;os a su tiempo, pues aquellos adelantados progresistas lo que propon&iacute;an eran avances de los que hoy ya disfrutamos: la descentralizaci&oacute;n del Estado; la jornada laboral de 8 horas; la abolici&oacute;n del servicio militar; la emancipaci&oacute;n de la mujer; la ley del divorcio; la separaci&oacute;n entre la Iglesia y el Estado... 
    </p><p class="article-text">
        Un programa inaudito que la Espa&ntilde;a conservadora aplast&oacute; a base de una intervenci&oacute;n b&eacute;lica sin precedentes en la historia de las guerras civiles espa&ntilde;olas del XIX: un total de 27.000 bombas que causaron un millar de muertos y m&aacute;s de un millar de heridos en un asedio por mar y tierra que dur&oacute; seis meses, que dej&oacute; solo 27 casas intactas en una ciudad arruinada por los continuos bombardeos de d&iacute;a y de noche sobre sus 75.000 habitantes que sufrieron en sus propias carnes el infierno de una guerra, y que acabaron con el sue&ntilde;o revolucionario de una Espa&ntilde;a moderna y aut&eacute;nticamente democr&aacute;tica, que tuvo que esperar 60 a&ntilde;os m&aacute;s hasta la aparici&oacute;n en 1931 de la tambi&eacute;n ef&iacute;mera II Rep&uacute;blica. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/canton-cartagena-sigue-apasionando-historiadores_1_12123543.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Mar 2025 16:29:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Cantón de Cartagena sigue apasionando a los historiadores]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Región de Murcia,Cartagena,Historia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['El día que nací yo': la historia de un maestro republicano cartagenero represaliado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/dia-naci-historia-maestro-republicano-cartagenero-represaliado_1_12090617.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bd818de2-add3-4f2d-aa43-4293751b6bc2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;El día que nací yo&#039;: la historia de un maestro republicano cartagenero represaliado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ana María Alcaraz Roca lleva a la novela la biografía de Enrique Piñana Segado, un maestro cartagenero al que la guerra civil y la posguerra postergaron injustamente
</p></div><p class="article-text">
        Entre los horrores que nos dej&oacute; la guerra civil de 1936 se encuentra, adem&aacute;s de los millares de personas que perdieron la vida por su culpa, la imagen trist&iacute;sima de quienes quedaron con el alma devastada y que tardaron a&ntilde;os en recuperar (o no recuperaron) su buen nombre y su dignidad p&uacute;blica. Por ejemplo, los maestros, objetivo prioritario de la sa&ntilde;a de los vencedores.
    </p><p class="article-text">
        En este libro, que es un trabajo de reconstrucci&oacute;n biogr&aacute;fica en formato de novela, se recupera la historia de Enrique Pi&ntilde;ana Segado, un hombre &iacute;ntegro y cabal, maestro en la Cartagena republicana, profundamente cristiano, arrollado por aquel tsunami de calumnias y rencor, que intent&oacute; derribarlo y aniquilar su esp&iacute;ritu, sin que jam&aacute;s se resignara a aceptarlo. Una novela conmovedora, que nos muestra hasta d&oacute;nde puede llegarse con la verdad, la rectitud y la dignidad como banderas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Toma su t&iacute;tulo de una copla interpretada por Imperio Argentina: <em>El d&iacute;a que nac&iacute; yo</em>, una canci&oacute;n eterna y ya cl&aacute;sica que formaba parte de una pel&iacute;cula no menos legendaria. Los lectores de m&aacute;s edad recordar&aacute;n a sus madres y abuelas cantando las canciones de una vieja pel&iacute;cula musical, <em>Morena Clara, </em>un filme de 1936, el a&ntilde;o de nuestra guerra civil. Es la &uacute;ltima pel&iacute;cula importante de la II Rep&uacute;blica y un hito en la historia del cine espa&ntilde;ol. Y la letra de la canci&oacute;n es verdaderamente oportuna para relacionarla con la historia que se cuenta en la novela.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La autora</strong>&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Ana Mar&iacute;a Alcaraz Roca es tambi&eacute;n una maestra cartagenera que ha tenido la suerte de poder desarrollar su labor pedag&oacute;gica en tiempos de democracia y de paz, al contrario que Enrique Pi&ntilde;ana, el desafortunado protagonista de su novela, un maestro que sufri&oacute; tiempos convulsos de guerra y dictadura. Nacida en Cartagena en 1960, lleva varios a&ntilde;os publicando libros. Los primeros fueron de poes&iacute;a: <em>Entre el cielo y el agua</em>, de 2001, <em>Cuatro romances y una leyenda</em>, de 2008 y <em>La cara oculta de la luna</em>, de 2019, no sabemos si tendr&aacute; que ver poco, mucho o nada con el disco hom&oacute;nimo de Pink Floyd. En otro momento dio el salto a la novela, con tres t&iacute;tulos: <em>No crecieron rosas sobre sus tumbas, </em>de 2007, <em>Sirenas en la niebla, </em>de 2016 y este &uacute;ltimo <em>El d&iacute;a que nac&iacute; yo, </em>de 2024 y publicado por la editorial Murcia Libro.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/eldiario/private/content/image/original/2025/0227/16/portada-c6f4fda.jpg?X-Amz-Content-Sha256=UNSIGNED-PAYLOAD&X-Amz-Algorithm=AWS4-HMAC-SHA256&X-Amz-Credential=AKIA2M6SND5L4DATCTVO%2F20250227%2Feu-west-1%2Fs3%2Faws4_request&X-Amz-Date=20250227T161812Z&X-Amz-SignedHeaders=host&X-Amz-Expires=86400&X-Amz-Signature=02f48485c4dd23e5384c86ae496a398b4b6aa05416e3bdba8f7a2d4b9ae3fcc7"" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>

    </figure><h2 class="article-text"><strong>La represi&oacute;n de los maestros de la II Rep&uacute;blica</strong></h2><p class="article-text">
        Los maestros de la II Rep&uacute;blica fueron luchadores comprometidos contra el atraso y la incultura y fueron, durante y tras la guerra civil, perseguidos, encarcelados, torturados y asesinados por el r&eacute;gimen franquista por defender la causa m&aacute;s preciada de la II Rep&uacute;blica: la ense&ntilde;anza. El objetivo de acabar con el progreso educativo y cultural fue fundamental en la insurrecci&oacute;n fascista tras el golpe de estado del 18 de julio de 1936. Por detr&aacute;s de los asesinatos, de la crueldad, el dolor y el miedo, exist&iacute;a la pol&iacute;tica del franquismo: una campa&ntilde;a sistem&aacute;tica de erradicaci&oacute;n de la pol&iacute;tica educativa y cultural de la Rep&uacute;blica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se habla de una cifra de 60.000 maestros republicanos depurados por las leyes franquistas. Cientos de ellos fueron fusilados en todo el territorio espa&ntilde;ol.&nbsp; Y fueron sustituidos en las aulas por militares afectos al r&eacute;gimen y con escas&iacute;sima formaci&oacute;n, con lo que la calidad de la ense&ntilde;anza descendi&oacute; considerablemente. Hay al menos dos estudios importantes sobre esto: <em>Maestros de la Rep&uacute;blica</em>, un libro de 2006 de Mar&iacute;a Antonia Iglesias, y despu&eacute;s, <em>Maestras de la Rep&uacute;blica</em>, un documental de 2013 realizado por Pilar P&eacute;rez Solano. Porque tambi&eacute;n a las maestras republicanas se las hizo desaparecer del mapa y con especial sa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Aterrizando en Cartagena,<strong> </strong>Enrique Pi&ntilde;ana Segado fue un maestro y poeta nacido en Cartagena en 1909. Obtuvo plaza de maestro en 1934, mismo a&ntilde;o que contrajo matrimonio con Rosario S&aacute;nchez. Destinado en Vertientes, un pueblo del altiplano granadino, en 1936 fue llamado a filas, prestando servicio en el ej&eacute;rcito republicano como soldado escribiente en el Centro de Reclutamiento de Murcia. Detenido por el bando franquista en 1939, fue enviado a Cartagena, donde permaneci&oacute; recluido en la c&aacute;rcel de San Ant&oacute;n hasta obtener la prisi&oacute;n atenuada unos meses m&aacute;s tarde. En 1942 sufri&oacute; una doble desgracia: su esposa falleci&oacute; a causa de la tuberculosis y fue expulsado del cuerpo de maestros. Al a&ntilde;o siguiente, un Consejo de Guerra lo sentenci&oacute; a 12 a&ntilde;os y un d&iacute;a, pena que fue reducida a la mitad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un juicio sumar&iacute;simo a un inocente que no ten&iacute;a delitos ni de sangre ni de otro tipo: su crimen fue solamente haber escrito tres sonetos sat&iacute;ricos durante la guerra civil y ser considerado un maestro rojo. Tras la estancia en la c&aacute;rcel, estuvo trabajando como pintor en la Empresa Nacional Baz&aacute;n, despu&eacute;s como administrativo y tard&oacute; much&iacute;simo en poder recuperar su puesto de trabajo, lo que aconteci&oacute; en 1959. Esto le permiti&oacute; retomar el ejercicio de la ense&ntilde;anza p&uacute;blica a&uacute;n durante 15 a&ntilde;os, hasta su jubilaci&oacute;n. El 27 de noviembre de 1978 falleci&oacute; en su ciudad natal.
    </p><h2 class="article-text"><strong>De la tesis doctoral a la novela</strong></h2><p class="article-text">
        La autora de la novela ha seguido la estela de la nieta del maestro republicano, Bel&eacute;n Pi&ntilde;ana, quien hizo su tesis doctoral en 2012 sobre la obra po&eacute;tica de su abuelo Enrique Pi&ntilde;ana, y ten&iacute;a el deseo de que alguien pudiera escribir su historia en forma literaria, para que la vida de este maestro se contara como un acto de justicia, de reparaci&oacute;n y de verdad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y para trasladar todo eso a la estructura de una novela, Ana Mar&iacute;a Alcaraz Roca, dudando entre echar mano de un cl&aacute;sico narrador omnisciente o utilizar una primera persona, opt&oacute; finalmente por poner la voz narrativa en un personaje abstracto que es el Tiempo. El Tiempo se convierte en un narrador que solo obedece a su superiora: La Muerte. Y con esta f&oacute;rmula tan ingeniosa ha resuelto la autora la cuesti&oacute;n de la voz narrativa elegida. La novela, que se abre con un introito y un breve cap&iacute;tulo inicial que lleva por nombre <em>El Armario</em> y tiene lugar en 1990, once a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte del protagonista, cubre todas las etapas de la vida del biografiado: <em>Los a&ntilde;os de fe y esperanza</em>, desde 1909 hasta 1928; <em>Los a&ntilde;os de ilusiones, la docencia y el amor</em> entre 1928 y 1936; el cap&iacute;tulo de la guerra civil de 1936-1939 se titula <em>Caminando por el borde del precipicio; </em>los duros a&ntilde;os de posguerra se acometen en un cap&iacute;tulo titulado <em>El largo periplo: a&ntilde;os de miseria y desdichas, </em>que transcurren entre 1939 y 1945; el periodo transcurrido entre 1945 y 1959 nos habla de la reconstrucci&oacute;n de su existencia y un ep&iacute;logo marca la etapa final entre 1959 y 1979.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una portada simb&oacute;lica</strong></h2><p class="article-text">
        La propia Ana Mar&iacute;a Alcaraz Roca confes&oacute; que es autora tambi&eacute;n de la idea original de la portada, ejecutada mediante inteligencia artificial. Una galer&iacute;a de dos puertas se abre al horizonte; un maestro cabizbajo y solitario contempla desde lo alto de ese balc&oacute;n un pueblo en ruinas abajo en el valle, y en el fondo un convulso atardecer con nubes de un inquietante rojo, amarillo y morado: los colores de la bandera republicana. Una imagen con fuerza, con melancol&iacute;a y con tristeza. Es la estampa de un perdedor, el trasunto de una larga y vieja derrota. La imagen de la contraportada tiene la autor&iacute;a de otra de las descendientes del autor: Alicia Torres Pi&ntilde;ana
    </p><p class="article-text">
        Aunque este libro es la historia tambi&eacute;n de una recuperaci&oacute;n, de un ejercicio de resiliencia y de c&oacute;mo un represaliado por el franquismo pudo superar el exilio interior al que fue condenado aqu&iacute; en la ciudad de Cartagena, nos quedamos con la imagen de un Enrique Pi&ntilde;ana que en plena debacle personal y profesional en los a&ntilde;os cuarenta canturreaba de forma continua y para consolarse el estribillo de la copla que da t&iacute;tulo a esta historia: <em>El d&iacute;a que nac&iacute; yo / qu&eacute; planeta reinar&iacute;a /por donde quiera que voy / qu&eacute; mala estrella me gu&iacute;a</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/dia-naci-historia-maestro-republicano-cartagenero-represaliado_1_12090617.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Feb 2025 08:46:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['El día que nací yo': la historia de un maestro republicano cartagenero represaliado]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Más prostíbulos que escuelas": Egea Bruno analiza la prostitución en Cartagena durante los siglos XIX y XX]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/cultura/prostibulos-escuelas-egea-bruno-analiza-prostitucion-cartagena-durante-siglos-xix-xx_1_12072520.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5d7a1a7b-fe6b-417f-81fa-03adec93e572_16-9-discover-aspect-ratio_default_1111972.jpg" width="1005" height="565" alt="&quot;Más prostíbulos que escuelas&quot;: Egea Bruno analiza la prostitución en Cartagena durante los siglos XIX y XX"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En cada época las autoridades gubernamentales, sanitarias y militares de Cartagena iban regulando la prostitución con diferentes esquemas, dependiendo del momento histórico y político</p></div><p class="article-text">
        En Cartagena hab&iacute;a m&aacute;s prost&iacute;bulos que escuelas y m&aacute;s prostitutas que maestros. Es solo una de las muchas frases impactantes de este trabajo del veterano historiador que analiza en profundidad la actividad de la prostituci&oacute;n en la Cartagena de los siglos XIX y XX.&nbsp;El libro es tambi&eacute;n una aproximaci&oacute;n a la sexualidad sin perder de vista el contexto econ&oacute;mico, social y pol&iacute;tico de cada momento hist&oacute;rico. Un universo con s&oacute;rdidos burdeles, casas de lenocinio, cafetines, caf&eacute;s cantantes y cabarets; un submundo de mujeres explotadas, camareras, madamas, chulos y matones; todo ello en el entorno de lugares como el barrio de prostitutas por excelencia de Cartagena: el Molinete, el escenario de tanto sufrimiento, depravaci&oacute;n y explotaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Estamos ante la obra cumbre del cartagenero Pedro Mar&iacute;a Egea Bruno, catedr&aacute;tico em&eacute;rito de Historia Contempor&aacute;nea de la Universidad de Murcia, maestro de historiadores y quiz&aacute; (o seguramente) la persona que m&aacute;s sabe de la historia de la Cartagena de los siglos XIX y XX. Y en este libro sobre la prostituci&oacute;n en la Cartagena contempor&aacute;nea entre 1808 y 1956 lo demuestra con creces. Pedro ha publicado a lo largo de su extensa carrera una buena colecci&oacute;n de libros y monograf&iacute;as sobre diversas materias de historia cartagenera, as&iacute; como cientos de art&iacute;culos en publicaciones universitarias de todo tipo en los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os. Un veterano, un historiador imprescindible para comprender el pasado de esta ciudad, con un conocimiento apabullante y oce&aacute;nico de todo lo que ha sucedido en la ciudad portuaria en estos doscientos a&ntilde;os. Y este libro de 553 p&aacute;ginas, publicado por la editorial Nova Spartaria, est&aacute; en la cima de su vida investigadora.
    </p><p class="article-text">
        La presentaci&oacute;n del libro tuvo lugar el pasado jueves 20 de febrero en los locales de CCOO de Cartagena y con gran asistencia de p&uacute;blico, pues este tema siempre ha sido interesante en la ciudad y tiene un gran efecto llamada. Numerosas im&aacute;genes de &eacute;poca, que tambi&eacute;n ilustran un libro largo y denso, se proyectaron ante el p&uacute;blico. 
    </p><p class="article-text">
        No es el primer autor que se anima a escribir sobre la historia de la prostituci&oacute;n en Cartagena. Otros autores locales se acercaron al tema en trabajos de hace a&ntilde;os: Manuel L&oacute;pez Paredes, Jos&eacute; Juan Garc&iacute;a Aniorte o Francisco M&iacute;nguez Lasheras escribieron libros sobre el barrio del Molinete. Aproximaciones interesantes todas ellas, pero que se quedaron en el campo del anecdotario y no hicieron un an&aacute;lisis hist&oacute;rico y cient&iacute;fico tan profundo como el que s&iacute; ha logrado forjar Pedro Mar&iacute;a Egea Bruno en este libro. 
    </p><h2 class="article-text">Con perspectiva de g&eacute;nero</h2><p class="article-text">
        Pedro da una visi&oacute;n desde el profesional de la Historia, no desde el punto de vista de un divulgador al uso. Es un libro que aplica un rigor universitario y un m&eacute;todo meticuloso, totalmente alejado de cualquier atisbo de morbo o frivolidad que estos temas a veces suscitan. Es una historia de la prostituci&oacute;n en Cartagena que podr&iacute;a ser, simplemente, una entera historia de la Cartagena de los siglos XIX y XX. Hay una historia pol&iacute;tica de la prostituci&oacute;n, una historia social, una historia m&eacute;dica, una historia del sufrimiento las mujeres y una historia local de la ciudad. Y todo ello tambi&eacute;n desde una perspectiva de g&eacute;nero y de clase: es el retrato del sufrimiento de unas mujeres explotadas y pobres. En realidad, es la historia de las de abajo, siempre mujeres, pisoteadas por los de arriba, siempre hombres: clientes, proxenetas, polic&iacute;as o pol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        El arrabal del Molinete es el escenario principal (aunque no el &uacute;nico) de toda esa depravaci&oacute;n moral y explotaci&oacute;n humana. Un cap&iacute;tulo entero se dedica a describir el barrio y sus vicisitudes, y por qu&eacute; se ubic&oacute; la prostituci&oacute;n all&iacute;. Est&aacute; enclavado no en las afueras, sino en pleno centro de una ciudad que hasta hace 120 a&ntilde;os estaba amurallada, pero en lo alto de una colina que, en cierto modo, alejaba la actividad del comercio sexual de la vista del resto de la ciudad. Un barrio conocido en toda Espa&ntilde;a, como lo eran todos los barrios chinos de las ciudades portuarias europeas: el Raval barcelon&eacute;s o La Chanca de Almer&iacute;a, por ejemplo. Tambi&eacute;n recordaba a Marsella o a Or&aacute;n. 
    </p><h2 class="article-text">El Molinete</h2><p class="article-text">
        Las calles donde el comercio carnal se ejerc&iacute;a m&aacute;s regularmente eran la calle Adarve, la del Maestro Franc&eacute;s, la calle Balcones Azules o la Plaza de la Aurora. Y en la &uacute;ltima &eacute;poca los nombres de los locales del Molinete eran muy sonoros y bien conocidos por la clientela masculina: <em>El Trian&oacute;n, Kentucky, El Gato Negro, La Pu&ntilde;al&aacute;&hellip;</em> Llegaron a llamarle <em>El Molinete Rouge, </em>as&iacute;, a la parisina, aunque aquello solo ten&iacute;a un glamour cutre con luces de ne&oacute;n de colorines en lupanares de mala muerte y, en realidad, solo era un barrio de casas insalubres, de miseria femenina disfrazada de otra cosa, de calles tristes y oscuras a veces iluminadas por una sola bombilla que ped&iacute;a a gritos una demolici&oacute;n que lleg&oacute; muy tarde, en 1974. 
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; hac&iacute;an acto de presencia las enfermedades de transmisi&oacute;n sexual, que<strong> </strong>era lo que m&aacute;s preocupaba a las autoridades de cada una de las &eacute;pocas estudiadas. Sin preservativos, prevenci&oacute;n, profilaxis ni antibi&oacute;ticos eficaces, aquellas mujeres sufr&iacute;an s&iacute;filis, blenorragia, gonorrea, metritis, &uacute;lceras vaginales, hepatitis e, incluso, viruela. Enfermedades infecciosas, cr&oacute;nicas y hasta mortales. No importaban las dolencias que sufr&iacute;an ellas, sino la capacidad de contagio entre los clientes. Recordemos que la poblaci&oacute;n cartagenera estaba masculinizada: una ciudad militarizada con miles de hombres j&oacute;venes que hac&iacute;an crecer la demanda de servicios sexuales. A los mandos militares les preocupaban los contagios entre la soldadesca y la mariner&iacute;a, donde las enfermedades ven&eacute;reas, que as&iacute; se les llamaba entonces, causaban estragos. 
    </p><p class="article-text">
        En cada &eacute;poca las autoridades gubernamentales, sanitarias y militares de Cartagena iban regulando la prostituci&oacute;n con diferentes esquemas, dependiendo del momento hist&oacute;rico y pol&iacute;tico.<strong> </strong>Casi siempre con una doble moral llena de hipocres&iacute;a. Se entend&iacute;a que era una actividad imposible de abolir, que era una v&aacute;lvula de escape social irrefrenable y que, aunque creaba algunos problemas de orden p&uacute;blico, porque hab&iacute;a en esos ambientes muy alcoholizados frecuentes ri&ntilde;as y peleas que a veces acababan con pu&ntilde;aladas o tiroteos, por otro lado canalizaba muchas bajas pasiones y evitaba males mayores. 
    </p><h2 class="article-text">Entre la tolerancia y la represi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        En ninguna de las etapas hist&oacute;ricas, salvo en la II Rep&uacute;blica, hab&iacute;a el m&aacute;s m&iacute;nimo inter&eacute;s en defender los derechos de las mujeres prostituidas a las que, adem&aacute;s, se culpaba de su situaci&oacute;n y no se las trataba como las aut&eacute;nticas v&iacute;ctimas sist&eacute;micas que eran. Pedro Egea dedica un cap&iacute;tulo entero a analizar c&oacute;mo eran esas regulaciones en todas las etapas estudiadas, que oscilaban entre la tolerancia y la represi&oacute;n m&aacute;s o menos severa. En &eacute;l se nos describe toda una parafernalia de reglamentaciones, disposiciones municipales, cartillas sanitarias, inspecciones higi&eacute;nicas, informes m&eacute;dicos, historias cl&iacute;nicas, actuaciones policiales, gesti&oacute;n de altercados y listas tanto de prostitutas como de establecimientos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La portada es verdaderamente atrevida. Aparecen dos j&oacute;venes cartageneras de los a&ntilde;os treinta, en un desnudo frontal e integral en una de las cl&aacute;sicas im&aacute;genes con las que el afamado fot&oacute;grafo Casa&uacute; comerciaba clandestinamente, pues la pornograf&iacute;a era otro de esos negocios ocultos y con gran demanda. La visi&oacute;n prohibida de esas dos pobres muchachas de clase baja que sonr&iacute;en desnudas y, seguro, forzadas a hacerlo, provocar&iacute;a excitaci&oacute;n sexual masculina hace cien a&ntilde;os, pero hoy solo producen melancol&iacute;a y ternura en medio de la cutrez y la sordidez del escenario y el escaso vestuario elegido para la ocasi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Podemos ofrecer algunos datos curiosos. El primero es que el vicio sexual no se circunscrib&iacute;a al Molinete. En distintas &eacute;pocas hubo burdeles y casas de lenocinio en calles como San Fernando, San Vicente, la calle del Parque, la calle Caballero, la Serreta, la Plaza del Rey o la Morer&iacute;a Baja, entre otras muchas m&aacute;s. Parecer&iacute;a que en aquellos tiempos aparentemente tan puritanos, la prostituci&oacute;n se extend&iacute;a por doquier, en especial en momentos de crisis econ&oacute;mica, tan frecuentes en el convulso siglo XIX, donde la inestabilidad pol&iacute;tica y la actividad b&eacute;lica de varios periodos empujaban a las mujeres cartageneras m&aacute;s pobres a ejercer el oficio. 
    </p><h2 class="article-text">Corrupci&oacute;n de menores</h2><p class="article-text">
        Ante un desembarco de marineros, una sola prostituta refiere 76 servicios en dos d&iacute;as, sin tiempo ni a lavarse entre acto y acto. En 1889, por ejemplo, hab&iacute;a censadas 127 prostitutas en toda la ciudad. En 1921 se hace un censo en el Molinete y se reportan 77 meretrices; y en la posguerra de 1942, la ciudad que ha perdido la Guerra Civil tiene 39 burdeles con 79 chicas ejerciendo solo en el barrio del Molinete. Hab&iacute;a tambi&eacute;n corrupci&oacute;n de menores, y a veces eran las propias madres las que ofrec&iacute;an los servicios sexuales de sus hijas adolescentes -incluso de 13 o 14 a&ntilde;os- a la clientela masculina. La violencia de g&eacute;nero era generalizada: no era raro que clientes borrachos apu&ntilde;alaran o dispararan a las mujeres con las que se acostaban. Lo que para unos era disfrute, para otras era pura esclavitud.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, hay que indicar que Pedro es el maestro de muchos investigadores: con &eacute;l aprendimos muchos de nosotros visi&oacute;n y m&eacute;todo, y este ejercicio de alta historiograf&iacute;a es un trabajo de madurez ejemplar. Si yo fuera el editor, lo presentar&iacute;a a alg&uacute;n premio nacional de ensayo o de historia, ya que estamos ante una aut&eacute;ntica obra maestra que merecer&iacute;a alg&uacute;n tipo de reconocimiento m&aacute;s all&aacute; del c&iacute;rculo de atenci&oacute;n habitual en una monograf&iacute;a local de este tipo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ibarra Bastida]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Feb 2025 09:28:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Más prostíbulos que escuelas": Egea Bruno analiza la prostitución en Cartagena durante los siglos XIX y XX]]></media:title>
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