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    <title><![CDATA[elDiario.es - Álvaro Lobato Lavín]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alvaro-lobato-lavin/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Álvaro Lobato Lavín]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Por amor a Cataluña]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/amor-cataluna_129_10758263.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/021cbf46-8dcd-4153-bbd5-8d3c0b355905_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por amor a Cataluña"></p><p class="article-text">
        Llegu&eacute; a Barcelona hace ahora casi dos a&ntilde;os. Fue una decisi&oacute;n voluntaria. Despu&eacute;s de haber trabajado los &uacute;ltimos veinticinco a&ntilde;os de mi vida profesional en el sector privado, por razones estrictamente personales, decid&iacute; regresar a la Administraci&oacute;n. Y Catalu&ntilde;a me pareci&oacute; un destino afortunado.
    </p><p class="article-text">
        En mi particular imaginario, un tanto idealizado, me representaba aquella Catalu&ntilde;a que hab&iacute;a visitado en mi infancia y en mi juventud, la regi&oacute;n m&aacute;s europea del pa&iacute;s, pr&oacute;spera e industrializada, una ventana abierta a las corrientes culturales que proven&iacute;an de m&aacute;s all&aacute; de los Pirineos, la cuna de una cultura alternativa de la que hab&iacute;a surgido la m&uacute;sica contestataria, las ideas m&aacute;s novedosas, los autores m&aacute;s reivindicativos y las editoriales m&aacute;s prestigiosas.
    </p><p class="article-text">
        Digo esto, porque hoy, desafortunadamente, cualquier reflexi&oacute;n, sea del signo que sea, que no se ajuste al particular canon laudatorio que proclama el advenimiento de una nueva tierra de Cana&aacute;n, deviene autom&aacute;ticamente sospechosa en nuestro enrarecido clima pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, confieso que siempre he sentido una especial simpat&iacute;a por Catalu&ntilde;a y por sus ciudadanos; me gusta su clima, su diversidad geogr&aacute;fica, su variada cultura y su elaborada gastronom&iacute;a y hasta simpatizo con los cl&aacute;sicos estereotipos que, tradicionalmente, se asocian con el pueblo catal&aacute;n. Y aunque he nacido y vivido la mayor parte de mi vida en Madrid, no pertenezco a ninguna de esas numerosas facciones que hacen del anticatalanismo f&oacute;bico una se&ntilde;a de identidad colectiva. Si mi pensamiento est&aacute; contaminado por alg&uacute;n sesgo o prejuicio, que sin duda lo est&aacute;, es a favor y no en contra de Catalu&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, como suele acontecer en estos casos, cuando cae el tel&oacute;n la realidad nos muestra la densidad del espejismo con que la imaginaci&oacute;n colorea nuestro recuerdo. La Catalu&ntilde;a que yo he conocido y en la que ahora vivo no se parece en nada a la acogedora arcadia de mi imaginaci&oacute;n nost&aacute;lgica. Es m&aacute;s, se sit&uacute;a en las ant&iacute;podas de ese modelo.
    </p><p class="article-text">
        Son muchas las diferencias. Aqu&iacute; solo quiero rese&ntilde;ar algunas de las m&aacute;s significativas, aquellas que, en mi intuici&oacute;n, est&aacute;n en el origen de las dificultades por las que hoy atraviesa Catalu&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        En mi opini&oacute;n, el factor determinante que condiciona todos los aspectos de la sociedad catalana es el manifiesto y notorio declive econ&oacute;mico de toda la regi&oacute;n. Desde hace a&ntilde;os, los datos evidencian que el crecimiento econ&oacute;mico de Catalu&ntilde;a se ha ralentizado, la ventaja comparativa de la que gozaba en relaci&oacute;n con otras zonas, igualmente pr&oacute;speras, como Baleares, el Pa&iacute;s Vasco o Madrid ha desaparecido o est&aacute; en v&iacute;as de desaparici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las industrias tradicionales que formaban el denso tejido econ&oacute;mico de Catalu&ntilde;a-el textil o la industria automotriz-, han perdido peso relativo en el PIB, siendo sustituidas por actividades de ocio-hosteler&iacute;a o turismo, de escaso valor a&ntilde;adido y menor productividad-. Dicho en otras palabras, Catalu&ntilde;a ha perdido el tren de la revoluci&oacute;n digital.
    </p><p class="article-text">
        Las razones de ello son, sin duda, m&uacute;ltiples y no es este el lugar adecuado para analizarlas, pero la sociedad catalana se encuentra inmersa en una ola de profunda decadencia, en algo parecido a una modalidad de ese fen&oacute;meno que se conoce como la &ldquo;trampa de las rentas medias&rdquo;, que se caracteriza porque un tejido industrial obsoleto dificulta el crecimiento de actividades innovadoras y alternativas, de nuevas y m&aacute;s eficientes tecnolog&iacute;as, debido a que la antigua estructura productiva, a&uacute;n en proceso de extinci&oacute;n, se resiste a su sustituci&oacute;n proporcionando un nivel residual&nbsp; de ingresos que ralentiza el conocido proceso de la &ldquo;destrucci&oacute;n creativa &rdquo;. Es significativa la diferencia con algunas otras ciudades del denominado &ldquo;corredor mediterr&aacute;neo&rdquo;, particularmente, pero no solo, M&aacute;laga. Situada a m&aacute;s de 1200 km de la frontera europea ha experimentado, sin embargo, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os un crecimiento econ&oacute;mico espectacular particularmente en el sector de las TIC (electr&oacute;nica, informaci&oacute;n, inform&aacute;tica y telecomunicaciones). Intuyo que la ausencia de una base industrial previa puede formar parte de la respuesta. Alicante y Valencia presentan tambi&eacute;n tasas de crecimiento superiores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se ha convertido en un lugar com&uacute;n responsabilizar de este deterioro econ&oacute;mico relativo, al proceso independentista que ha vivido Catalu&ntilde;a en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Se trata, sin duda, de un factor que no ha beneficiado ni favorecido el desarrollo econ&oacute;mico de la regi&oacute;n. Pero en mi opini&oacute;n, no es esa la direcci&oacute;n en la que hay que mirar. El denominado proc&eacute;s viene as&iacute; a cumplir una funci&oacute;n parecida a la del culpable muerto en el procedimiento penal: se le echa la culpa de todo.
    </p><p class="article-text">
        El problema de este an&aacute;lisis, como el de todo mal diagn&oacute;stico, es que al identificar err&oacute;neamente las causas y desviar la atenci&oacute;n hacia otros fen&oacute;menos, dificulta sobremanera el proceso de aprendizaje que garantiza las correcciones adecuadas y las pol&iacute;ticas exitosas.
    </p><p class="article-text">
        Esta decadencia ha convertido la Catalu&ntilde;a de hoy en una sociedad profundamente colonizada por la sombra tentacular de la administraci&oacute;n auton&oacute;mica. La Generalitat se ha convertido en un gigantesco Leviat&aacute;n que supervisa, fiscaliza y legitima con su presencia o, en ocasiones, por su significativa ausencia, una gran parte de la sociedad civil catalana. La que en un tiempo fue una sociedad extraordinariamente vertebrada en torno a instituciones arraigadas en el seno de la comunidad, se ha fragmentado en un tejido atomizado cuyo &uacute;nico v&iacute;nculo com&uacute;n es la dependencia claudicante y tributaria del poder pol&iacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo ello ha generado una competitiva din&aacute;mica clientelar por obtener los favores del poder que est&aacute; en la base de los altos &iacute;ndices de corrupci&oacute;n que han jalonado la vida pol&iacute;tica catalana durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, el corolario obligado de todo esto ha sido un extraordinario reforzamiento de los v&iacute;nculos emocionales y culturales que promueven y favorecen la cohesi&oacute;n interna frente al extra&ntilde;o o el diferente, que se perciben, si no como una amenaza, al menos como una anomal&iacute;a. Se erige una especie de frontera invisible, un <em>limes</em> que se&ntilde;aliza, siquiera inconscientemente, la diferencia entre <em>nosotros </em>y <em>ellos</em>.
    </p><p class="article-text">
        Esta especie de &ldquo;ensimismamiento identitario&rdquo; no solo tiende a favorecer la cohesi&oacute;n interna de los que se encuentran dentro del c&iacute;rculo afortunado, sino lo que es extraordinariamente nocivo, dificulta la incorporaci&oacute;n desde el exterior.
    </p><p class="article-text">
        Todos estos factores y algunos m&aacute;s que apuntan en la misma direcci&oacute;n, generan din&aacute;micas end&oacute;genas cuya reversi&oacute;n es, ciertamente, problem&aacute;tica. Se consolidan en torno a principios y valores de car&aacute;cter primario que apelan a las capas m&aacute;s profundas de nuestro cerebro emocional. Me atrevo a afirmar que una gran parte de la sociedad catalana se encuentra hoy &ldquo;capturada&rdquo; por este bucle que genera una visi&oacute;n del mundo a trav&eacute;s del prisma de la identidad.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto es muy evidente para cualquier observador externo, m&aacute;s all&aacute; de cualquier otra consideraci&oacute;n, que Catalu&ntilde;a debe variar el rumbo porque la desafortunada conjunci&oacute;n de todos los factores enunciados tiene un nombre: se llama empobrecimiento y su inevitable correlato, la crisis social y pol&iacute;tica. Catalu&ntilde;a se encamina al precipicio de la pobreza econ&oacute;mica y de la insignificancia pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        En un escenario de esta naturaleza el reciente anuncio de la Ley de Amnist&iacute;a para los pol&iacute;ticos condenados por sedici&oacute;n se presenta como la &uacute;nica alternativa por min&uacute;scula que resulte, para desbloquear el impasse que atenaza la sociedad catalana. Naturalmente no obrar&aacute; milagros. Se trata solo de un primer paso en la larga marcha de la recuperaci&oacute;n y quiz&aacute; sea un paso est&eacute;ril. Ello depender&aacute;, fundamentalmente, del conjunto del pueblo de Catalu&ntilde;a, de sus instituciones y de su gobierno. Tendr&aacute;n que elegir entre gobernar y gestionar para favorecer el crecimiento de la econom&iacute;a catalana o seguir enzarz&aacute;ndose en disputas identitarias con el gobierno central. Pero ser&aacute; su elecci&oacute;n y su responsabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Es posible que no haya muchas razones para la esperanza, pero recuerdo ahora las palabras de Walter Benjamin en un escenario ciertamente diferente: &ldquo;solo por amor a los desesperados, conservamos todav&iacute;a la esperanza&rdquo;. Por amor a Catalu&ntilde;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álvaro Lobato Lavín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/amor-cataluna_129_10758263.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Dec 2023 21:16:49 +0000]]></pubDate>
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