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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ana Campoy]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ana-campoy/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ana Campoy]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La novela de caballerías no era solo cosa de hombres: el 'Cristalián' de Beatriz Bernal resucita después de 500 años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/novela-caballerias-no-cosa-hombres-cristalian-beatriz-bernal-resucita-despues-500-anos_1_12818504.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2080b419-1c0a-4707-b4fe-01dafa7e1513_16-9-discover-aspect-ratio_default_1131792.jpg" width="3937" height="2215" alt="La novela de caballerías no era solo cosa de hombres: el &#039;Cristalián&#039; de Beatriz Bernal resucita después de 500 años"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las aventuras del caballero Cristalián, una selección de textos de Beatriz Bernal, se publicó por primera vez en 1545 y se recupera ahora gracias a la editorial Anaya</p><p class="subtitle">Stephen King y Maurice Sendak, una unión inesperada (pero coherente) para revisar el cuento de 'Hansel y Gretel'
</p></div><p class="article-text">
        Dice Beatriz Bernal en su <em>Cristali&aacute;n </em>que la fortuna no gusta de mantener las cosas siempre de la misma forma. Los destinos de los libros pueden cambiar con el paso del tiempo y a veces es necesaria casi una eternidad para que un texto vuelva a ver la luz. La fortuna ha querido que Beatriz Bernal siga viva 480 a&ntilde;os despu&eacute;s de escribir <em>Don Cristali&aacute;n de Espa&ntilde;a</em>, la primera novela de caballer&iacute;as creada por una mujer que se conserva en <a href="https://www.eldiario.es/cultura/lengua-igual-especies-evolucion_1_11523843.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lengua castellana</a>, y que, siglos m&aacute;s tarde, los lectores puedan disfrutarla.
    </p><p class="article-text">
        Su adaptaci&oacute;n, <em>Las aventuras del caballero Cristali&aacute;n</em>, que acaba de llegar a librer&iacute;as, est&aacute; dirigida, principalmente, a los amantes de la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/literatura-fantastica-triunfa-renueva-hablando-feminismo-lucha-clases_1_11454435.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fantas&iacute;a</a>. El libro recoge dos peripecias pertenecientes a la obra original de Bernal, publicada por primera vez en 1545, y pretende ser una transcripci&oacute;n fiel de sus palabras. &ldquo;Me he acercado al texto m&aacute;s como escritor que como fil&oacute;logo&rdquo;, explica Diego Arboleda,&nbsp;Premio Nacional de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/20-libros-literatura-infantil-juvenil-regalar_1_11886665.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Literatura Infantil y Juvenil</a> y adaptador de la obra. &ldquo;Deb&iacute;a conseguir que alguien se lo pasara tan bien como yo leyendo el original y que se sorprendiera de las cosas extraordinarias que hay en &eacute;l&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y es verdad que las hay. Cristali&aacute;n es un joven caballero, pr&iacute;ncipe de Trapisonda, que protagoniza unas aventuras rebosantes de fantas&iacute;a. Lagos con pr&iacute;ncipes que levitan, dragones con puertas incorporadas, bestias temibles de cuyas piernas salen caballeros que se baten en duelo&hellip; Un despliegue de imaginaci&oacute;n medieval. Arboleda lleg&oacute; al texto original por puro divertimento, poco antes de la pandemia. Pronto descubri&oacute; que lo que Beatriz Bernal narraba no solo era un libro de caballer&iacute;as plagado de fantas&iacute;a, sino que algo m&aacute;s lo distingu&iacute;a: una visi&oacute;n inusual.
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                Lago de Larenta para &#039;Las aventuras del caballero Cristalián (Anaya)&#039;, por Eugenia Ábalos                            </span>
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        &ldquo;Lo que lo hace original es su mirada femenina y tiene que ver, precisamente, con los personajes femeninos&rdquo;, dice Arboleda, que se refiere, sobre todo, a la <em>virgo bellatrix</em>, un tipo de personaje recurrente en los libros de caballer&iacute;as. Son mujeres atrevidas, que se enfundan la armadura, dispuestas a batallar. Pero, en este caso, el fin no es el casamiento. En el<em> Cristali&aacute;n, </em>la infanta Minerva &mdash;inspirada en la tradici&oacute;n cl&aacute;sica de la que bebi&oacute; su autora&mdash; se viste de caballero solo por vivir aventuras. Las brujas y magas son tan sabias que prefieren no casarse y la escritora lo deja claro repetidas veces. Los personajes femeninos est&aacute;n activos y muy presentes a lo largo de las 800 p&aacute;ginas del original.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a una edici&oacute;n del libro perteneciente a la biblioteca hist&oacute;rica de la Universidad de Valencia, Arboleda pas&oacute; el confinamiento por covid desentra&ntilde;ando su facs&iacute;mil, escrito a doble columna y letra g&oacute;tica. Confiesa que una de las partes m&aacute;s fascinantes es el pr&oacute;logo del mismo. Pues, a pesar de que en la primera edici&oacute;n no se revela la identidad de Beatriz Bernal, ella s&iacute; reivindica en dicho apartado la autor&iacute;a femenina: &ldquo;No oculta que es una mujer. Al contrario, lo dice de manera muy abierta. Acepta la 'osad&iacute;a' de que una mujer se atreva a escribir un libro y es humilde, pero tambi&eacute;n inteligente: afirma que es un texto que est&aacute; muy bien escrito&rdquo;. No ser&aacute; hasta la segunda edici&oacute;n del libro, publicada 42 a&ntilde;os m&aacute;s tarde gracias a su hija Juana, cuando la identidad de la autora quede, al fin, revelada. Para entonces, Beatriz Bernal ya habr&aacute; fallecido.
    </p><h2 class="article-text">Una escritora fascinante</h2><p class="article-text">
        Pero &iquest;qui&eacute;n era Beatriz Bernal? Es dif&iacute;cil encontrar datos sobre la escritora fuera de los c&iacute;rculos acad&eacute;micos. Tan solo se sabe que fue una vallisoletana de clase acomodada y que, desde su visi&oacute;n femenina, dio una vuelta de tuerca a las novelas de caballer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es la primera novelista en lengua castellana con obra conservada&rdquo;, se&ntilde;ala Arboleda, &ldquo;y esto es muy importante recalcarlo porque probablemente hubo otras cuya obra no se ha conservado o tambi&eacute;n obras an&oacute;nimas que fueron escritas por mujeres&rdquo;. Y es que el anonimato era habitual en algunos casos y acceder a la publicaci&oacute;n era enrevesado. Hab&iacute;a que pedir permisos &mdash;denominados <em>privilegios</em>&mdash; y los pr&oacute;logos se redactaban a modo de petici&oacute;n para lograrlo. En una aventura digna de su personaje, y gracias a estar casada con un funcionario, Beatriz Bernal pudo tener informaci&oacute;n para que su <em>Cristali&aacute;n</em> viera la luz. Algo aguerrido en una &eacute;poca en la que las autoridades, sobre todo eclesi&aacute;sticas, recomendaban que las mujeres no se acercaran a los libros.
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; se sabe es que era una mujer muy culta &mdash;algo que se observa al leer su texto&mdash;. Un detalle poco habitual. De hecho, uno de los documentos que se conservan es el listado de los m&aacute;s de 60 libros de su biblioteca, compartida con su hija Juana. &ldquo;Cuando ves que en el <em>Cristali&aacute;n </em>menciona a Homero y a Virgilio, entiendes que el nivel cultural de Bernal era muy superior no solo al de muchas mujeres, sino al de much&iacute;simos hombres de la &eacute;poca&rdquo;, se&ntilde;ala Arboleda.
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            <span class="title">
                Beatriz Bernal para &#039;Las aventuras del caballero Cristalián&#039; (Anaya), por Eugenia Ábalos.                            </span>
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        De hecho, Bernal consigui&oacute; que el libro fuera relevante. Resulta curioso fabular sobre el recorrido de una publicaci&oacute;n en pleno siglo XVI compar&aacute;ndola con la distribuci&oacute;n actual. Pero exist&iacute;a gracias a las tiendas de libros, similares a las librer&iacute;as actuales, las librer&iacute;as-imprenta &mdash;que ofertaban sus propios productos&mdash; o incluso los mercaderes de libros, que recorr&iacute;an los pueblos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los compraba alguien que sab&iacute;a leer y se lo le&iacute;a en grupo a los que no sab&iacute;an. Hab&iacute;a mucha lectura en voz alta&rdquo;, cuenta Arboleda. &ldquo;De hecho, cuando Beatriz Bernal se dirige al lector, no dice 'como hab&eacute;is le&iacute;do antes' sino 'como hab&eacute;is <em>o&iacute;do</em> antes', porque cuenta con que muchos de los que est&aacute;n atendiendo a esa historia no la est&aacute;n leyendo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a este modelo, es muy comprensible, por tanto, que las aventuras de Cristali&aacute;n llegaran incluso a Italia, que cuenta con su propia traducci&oacute;n, y que permeara en los lectores &mdash;o escuchantes&mdash; populares. Tambi&eacute;n que G&oacute;ngora lo mencionara en uno de sus poemas.
    </p><h2 class="article-text">Un libro del siglo XVI para lectores actuales</h2><p class="article-text">
        Es posible que, debido a ese &eacute;xito, su hija Juana lograra el <em>privilegio</em> para la segunda edici&oacute;n. El ejemplar de la Universidad de Valencia, firmado ya por Beatriz Bernal en 1587, ha sido la fuente original para que Diego Arboleda realizara la adaptaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Aunque, en realidad, Arboleda se entretuvo un poco. Antes escribi&oacute; <em>Una librer&iacute;a en el bosque</em>, una de sus &uacute;ltimas novelas infantiles. En el libro, Beatriz Bernal aparece como personaje. &ldquo;Ella me parece fascinante&rdquo;, explica el escritor. &ldquo;Me daba mucha rabia que tras plasmar a un personaje hist&oacute;rico como ella, que es la primera novelista en lengua espa&ntilde;ola de la historia, alguien leyera mi libro, le diera curiosidad y no pudiera leer algo de esta autora&rdquo;.
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            <span class="title">
                Inicio de &#039;Don Cristalián de España&#039;, en su edición de 1587 de la Biblioteca histórica de la Universidad de Valencia.                            </span>
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        Es por ello que se propuso recuperar el<em> Cristali&aacute;n</em>, pues entendi&oacute; que no distaba mucho de la fantas&iacute;a que el lector actual consume. De hecho, hay una sensaci&oacute;n de confort, de reconocimiento en las historias cl&aacute;sicas, mientras se pasan las hojas del libro. Sus personajes se topan con retos como la cruz de las aventuras, donde, si toman un camino, les llevar&aacute; a vivir aventuras intensas pero, si eligen el otro, las aventuras ser&aacute;n a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;ciles. &ldquo;No tiene nada que envidiar a los <a href="https://www.eldiario.es/cultura/videojuegos/denuncias-explotacion-laboral-apuestas-camufladas-pedofilos-infiltrados-roblox-punto-mira_1_12801788.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">videojuegos actuales</a>&rdquo;, coincide Arboleda, &ldquo;y sucede porque los libros de caballer&iacute;as beben de los c&iacute;rculos art&uacute;ricos y fant&aacute;sticos de su &eacute;poca, cosa que comparten con los libros de fantas&iacute;a de ahora&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El libro tambi&eacute;n cuenta con las ilustraciones minuciosas de Eugenia &Aacute;balos, quien, adem&aacute;s de reflejar los c&aacute;nones de la &eacute;poca, tambi&eacute;n se inspir&oacute; en el ejemplar de la Universidad de Valencia para el dise&ntilde;o de las capitulares. Mientras tanto, Arboleda se encargaba del texto: &ldquo;Me interesaba mucho que fuera un libro ilustrado y que no tuviera notas a pie de p&aacute;gina, pensando precisamente en el lector juvenil&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, Arboleda menciona a Donatella Gagliardi, experta en Bernal y cuyo trabajo previo fue capital a la hora de adaptar el<em> Cristali&aacute;n</em>,<em> </em>ya que la autora solo es conocida en los c&iacute;rculos universitarios. El libro cay&oacute; en el olvido y era completamente desconocido para el gran p&uacute;blico, algo que trata de revertirse. Arboleda recalca la importancia de esto: &ldquo;En el<em> Cristali&aacute;n </em>hay personajes femeninos haciendo cosas importantes. Hasta la misma autora se introduce a s&iacute; misma en el libro. Ojal&aacute; alguna mujer del siglo XVI lo escuchara y se sintiera identificada&rdquo;. Y no solo en ese siglo, pues las historias escritas con otra mirada no solo son importantes como reflejo de pluralidad de su &eacute;poca, tambi&eacute;n crean referentes para que otras enarbolen la pluma.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Campoy]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/novela-caballerias-no-cosa-hombres-cristalian-beatriz-bernal-resucita-despues-500-anos_1_12818504.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Dec 2025 21:20:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La novela de caballerías no era solo cosa de hombres: el 'Cristalián' de Beatriz Bernal resucita después de 500 años]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Escritores,Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Judith Kerr, la Ana Frank que sí sobrevivió]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/judith-kerr-ana-frank-si-sobrevivio_1_10790603.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f0d11aea-3fc7-47bd-8516-2c2007de7ee8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Judith Kerr, la Ana Frank que sí sobrevivió"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este 2023, que ya casi acaba, se conmemora el centenario del nacimiento de la autora de 'Cuando Hitler robó el conejo rosa', cuya biografía estuvo marcada por la huida del nazismo, el exilio y los golpes de suerte; una vida y una obra que estuvieron a punto de no suceder</p><p class="subtitle">Vivir del cuento, por Ledicia Costas</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Cuando Judith Kerr ten&iacute;a nueve a&ntilde;os, Hitler puso precio a la cabeza de su padre. Alfred Kerr era un famoso cr&iacute;tico de teatro, tan medi&aacute;tico como pod&iacute;a serlo alguien en la Alemania de los a&ntilde;os treinta. Amigo de Ibsen y Einstein, referente de la intelectualidad berlinesa, criticaba abiertamente el nazismo sin siquiera predecir todo lo que estaba por llegar.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">&ldquo;En aquellos a&ntilde;os, nadie en Alemania pensaba que Hitler, a pesar de sus gritos y desvar&iacute;os, llegara a nada&rdquo; explicaba, a&ntilde;os despu&eacute;s, la propia Judith Kerr. Pero todo cambi&oacute; en apenas un suspiro. Alguien anot&oacute; a Alfred Kerr en una lista de objetivos a eliminar para cuando los nazis llegaran al poder. Y no solo es que el nombre apareciera. Es que, adem&aacute;s, era el segundo de la lista. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Aqu&iacute; comienza la historia de Judith y de su familia. El inicio de su huida, que arranc&oacute; con la llamada de un polic&iacute;a admirador. El soplo les advert&iacute;a de la intenci&oacute;n de retirarles los pasaportes. As&iacute; que, esa misma noche, a pesar de hallarse en la cama con fiebre, Alfred Kerr se visti&oacute; y huy&oacute; a Zurich. El resto de la familia le sigui&oacute; los pasos un d&iacute;a antes de la victoria electoral de Hitler. Atr&aacute;s quedaron Berl&iacute;n y los peluches de Judith, abandonados a merced de los nazis. Pues, tal y como la lista negra hab&iacute;a pronosticado, la Gestapo se present&oacute; en la casa de los Kerr, justo a la ma&ntilde;ana siguiente de que la barbarie ganara las elecciones.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Judith Kerr es un referente indispensable para varias generaciones de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as no solo brit&aacute;nicos, sino del resto del mundo. En Espa&ntilde;a es conocida gracias a su</span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><strong> </strong></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">obra m&aacute;s emblem&aacute;tica: </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>Cuando Hitler rob&oacute; el conejo rosa</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">, pero su producci&oacute;n</span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><strong> </strong></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">abarca varias novelas y, sobre todo, libros ilustrados. Una jugosa carrera que estuvo a punto de no suceder.</span>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/787753b8-af95-43c5-9ef3-239b1966c9e6_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">La autora siempre reconoci&oacute; que su existencia fue fruto de la buena suerte. Gracias a aquel chivatazo, Alfred Kerr logr&oacute; salvar la vida. Por mucho que el cr&iacute;tico bromeara, ya a salvo, en Suiza, de que la cantidad de su recompensa fuera demasiado baja, hab&iacute;an esquivado el desastre por una decisi&oacute;n tomada en el momento adecuado. Un d&iacute;a despu&eacute;s, habr&iacute;a sido demasiado tarde. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">A partir de entonces, la familia luch&oacute; por sobrevivir. Mientras los nazis quemaban los libros del padre, los Kerr se refugiaban en Suiza, para m&aacute;s tarde pasar a Francia y despu&eacute;s al Reino Unido. Fue all&iacute; donde sufrieron los estragos de la pobreza y las bombas del </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>blitz</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">. Pero, curiosamente, Judith siempre record&oacute; su infancia como una aventura.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Ya anciana, en cada una de las entrevistas concedidas c&oacute;modamente en su casa, reconoc&iacute;a que, gracias al trasiego de pa&iacute;ses y de escuelas, hab&iacute;a aprendido franc&eacute;s e ingl&eacute;s. Hasta hab&iacute;a sobrevivido a un bombardeo en el hotel de Bloomsbury en el que viv&iacute;an &mdash;donde un armario aguant&oacute; el techo que se les vino encima&mdash;. Una suerte, sin duda. </span>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mientras los nazis quemaban los libros del padre, los Kerr se refugiaban en Suiza, Francia y Reino Unido. Allí donde sufrieron los estragos de la pobreza y las bombas del &#039;blitz&#039;. Pero, curiosamente, Judith siempre recordó su infancia como una aventura</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">A pesar de tanta vicisitud, Judith insist&iacute;a en que no se lo habr&iacute;a perdido por nada del mundo. Pues muchos no pudieron ni contarlo. Al contrario que otras ni&ntilde;as de su &eacute;poca, </span><a href="https://www.eldiario.es/internacional/notario-judio-habria-revelado-escondite-ana-frank-amsterdam-nazis_1_8661151.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:transparent;">como Ana Frank</span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;">, Judith fue afortunada. Admit&iacute;a que, de peque&ntilde;a, al igual que sucede ahora, so&ntilde;aba con ser famosa. Ya entonces escrib&iacute;a y pintaba. Es posible que la influencia de un padre tan medi&aacute;tico &mdash;tan ilustre, insistimos, que incluso aparece en libros como </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>Sombras sobre el Hudson </em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">del premio Nobel Isaac B. Singer&mdash; le diera una pista de la estela a seguir. Cuando desde la radio alemana iban recogerle a casa con coche y guardaespaldas, Judith ve&iacute;a la figura de su padre como algo sobrehumano. Lo que entonces ignoraba era que en Berl&iacute;n, en los a&ntilde;os treinta, esa parafernalia se desplegaba para que no te mataran.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Una vez en Londres, la familia se estableci&oacute; definitivamente y pudo ver el final de la guerra y el triunfo de los aliados. Judith, ya adulta, trabaj&oacute; en un taller textil mientras que acud&iacute;a a la Escuela de Artes y Oficios por las noches. Poco despu&eacute;s lleg&oacute; otro de sus giros de suerte: un d&iacute;a, en la cantina de la BBC donde fue a comer por casualidad, conoci&oacute; a un joven guionista &mdash;el afamado Nigel Kneale&mdash; que se convirti&oacute;, poco m&aacute;s tarde, en su marido. &ldquo;A veces me pregunto c&oacute;mo habr&iacute;a sido mi vida si &eacute;l hubiera estado resfriado el d&iacute;a que fui a la BBC&rdquo; dec&iacute;a. El destino se hubiera bifurcado.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Pero afortunadamente para Judith, la historia fue por el lado correcto. Aunque se tom&oacute; su tiempo. La autora ha llegado a ser muy popular en el mundo literario a pesar de sus inicios tard&iacute;os. Ten&iacute;a 45 a&ntilde;os cuando public&oacute; su primer cuento ilustrado, </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>El tigre que vino a tomar el t&eacute;</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">, el punto de partida de una carrera prodigiosa.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">La obra narra la historia de un tigre que llega de visita y arrasa con todo. Se come lo que hay en la despensa y se bebe hasta el agua de las tuber&iacute;as. Cuando el padre llega a casa, propone que vayan a un restaurante. Pero al d&iacute;a siguiente, los hijos y la madre van a hacer la compra por si el tigre vuelve a aparecer. Algo que, por fortuna, nunca sucede.</span>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/c2a3b2e5-1376-4ec7-bd35-2cd57241b58b_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">A&ntilde;os despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de este y de otros libros, como la saga de </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>El gato Mog</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">, Judith cont&oacute; su infancia en </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>Cuando Hitler rob&oacute; el conejo rosa</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">. Le suceder&iacute;a </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>En la batalla de Inglaterra</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">, su adolescencia bajo los bombardeos de Londres &mdash;publicado, en su momento, por Alfaguara en Espa&ntilde;a, pero descatalogado actualmente&mdash; y, por &uacute;ltimo, </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>A small person far away, </em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">que nunca lleg&oacute; a nuestro pa&iacute;s y cierra la trilog&iacute;a con un momento tan duro como necesario: la vida adulta y el regreso a Berl&iacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">D&eacute;cadas m&aacute;s tarde, Kerr encontrar&iacute;a un archivo con cartas de su padre. Descubrir&iacute;a que, ya desde el exilio, Alfred Kerr escrib&iacute;a sin descanso a sus amigos para obtener dinero. Pero ni Judith ni su hermano&mdash;el jurista Michael Kerr&mdash; fueron conscientes de ello. Sus padres consiguieron ocultarles su angustia.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">La visita de regreso de Judith a Berl&iacute;n fue dura. Costaba divisar la misma estaci&oacute;n desde la que ellos partieron hacia una buena vida &mdash;la actual Friedrichstrasse&mdash; mientras que otros muchos lo hicieron hacia los campos de exterminio. Y no solo eso. Para Kerr fue muy complicado enfrentarse como adulta a la comprensi&oacute;n del drama de sus padres. Los intentos de suicidio de su madre &mdash;que planeaba efectuar junto a sus hijos durante la guerra, seg&uacute;n una de las cartas familiares&mdash;, la desesperaci&oacute;n y la defenestraci&oacute;n de Alfred Kerr, su triste muerte, y lo que sufre cualquier refugiado al no pertenecer a ning&uacute;n sitio. </span>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Judith siempre contaba que no había sido consciente de aquel tormento mientras era pequeña y todos huían. Pues los niños no entienden de geopolítica. Es posible que esa capacidad de refugiarse en la realidad infantil fuera su salvavidas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Judith siempre contaba que no hab&iacute;a sido consciente de aquel tormento mientras era peque&ntilde;a y todos hu&iacute;an. Pues los ni&ntilde;os no entienden de geopol&iacute;tica. Es posible que esa capacidad de refugiarse en la realidad infantil fuera su salvavidas. Los ni&ntilde;os fabrican su propio mundo l&oacute;gico. Un terreno asociado, por norma general, a la fantas&iacute;a.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Tal vez por eso se consagr&oacute; en vida y obra a complacer a la infancia. Cuando su hijo Matthew Kneale &mdash;de adulto, tambi&eacute;n un famoso escritor&mdash; vio el musical de </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>Sonrisas y l&aacute;grimas,</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;"> crey&oacute; entender por lo que hab&iacute;a pasado su madre. Judith Kerr decidi&oacute; que era el momento de contar lo que hab&iacute;a ocurrido en realidad. As&iacute; que compuso la primera novela de su famosa trilog&iacute;a. Puede que en un intento de explicar algo de por s&iacute; inexplicable.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Pero Judith sab&iacute;a, y siempre remarcaba, que los ni&ntilde;os solo son eso: ni&ntilde;os. Peque&ntilde;os seres que van de un lado para otro sin que nadie les aclare nada. Ya sean refugiados o v&iacute;ctimas de la injusticia. Incluso cuando les cortan los suministros o los bombardean sin descanso.</span>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/f0dd71b2-c32f-4ad8-9caf-32ab25dc0cba_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Puede que por hacer frente a esa falta de razones, Ana Frank deseara ser escritora. Mientras los d&iacute;as se suced&iacute;an en su escondite de Prinsengracht 263, en Amsterdam, so&ntilde;aba con ver publicado su diario. Hasta comenz&oacute; a prepararlo para cuando llegara el d&iacute;a de salir y respirar. Pero no pudo ser.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Judith, en cambio, termin&oacute; su vida en la misma casa del suroeste de Londres en la que vivi&oacute; durante cincuenta a&ntilde;os. Con la estabilidad de hallarse en el mismo estudio de siempre, acompa&ntilde;ada por los libros de su padre, de su marido y de su hijo. De los suyos propios. Una genealog&iacute;a literaria que no hubiera sido posible sin los golpes de suerte. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Es posible que la historia de Judith sea la cara de la moneda. La que nos recuerda que cuando se mata a un ni&ntilde;o, no solo se cercena una vida. Se destruye todo lo que podr&iacute;a llegar a ser. La muerte se traduce en relatos que no se transmiten, tradiciones que no persisten, creatividad que ya no prospera. Matar deber&iacute;a ser muy complicado. Pero es dolorosamente f&aacute;cil.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Judith Kerr es el claro ejemplo de lo que estuvo a punto de no ser. Lo que Ana Frank no fue nunca. Kerr misma lo sab&iacute;a: &ldquo;He tenido una vida muy feliz, pero casi no llega a suceder&rdquo;. Y aclaraba: &ldquo;Nunca podr&eacute; olvidar lo afortunada que he sido&rdquo;.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Campoy]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Dec 2023 21:23:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Judith Kerr, la Ana Frank que sí sobrevivió]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura infantil,Literatura juvenil,Nazismo,Judíos,Adolf Hitler]]></media:keywords>
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