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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ledicia Costas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ledicia-costas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ledicia Costas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El milagro de 'Blackwater']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/milagro-blackwater_129_11634997.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a9d76630-26e5-4730-b901-fb910768cd65_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El milagro de &#039;Blackwater&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritora Ledicia Costas confiesa que ella también ha caído en las redes de los habitantes de un pueblo y los dos ríos que lo delimitan, un fenómeno adictivo y superventas escrito en 1983 de un autor bajo pseudónimo al que Stephing King llamó su "maestro"</p><p class="subtitle">Juan Tallón: “Se necesita algo más que cultura para ser una persona digna y con referentes éticos ejemplares”
</p></div><p class="article-text">
        El campo sem&aacute;ntico del marketing editorial es el de la hip&eacute;rbole. Las fajas de los libros se llenan de frases cargadas de adjetivos que se repiten hasta la saciedad: &ldquo;conmovedora&rdquo;, &ldquo;adictiva&rdquo;, &ldquo;trepidante&rdquo;, &ldquo;brutal&rdquo;&hellip; La carta de presentaci&oacute;n de las novedades editoriales son textos promocionales cuya misi&oacute;n es convencer al p&uacute;blico de que tiene que comprar esa novela y no la de la competencia, que resulta estar justo al lado, en la mesa de novedades de la librer&iacute;a. Pero sucede que la sinopsis de la novela de la competencia se corona con un p&aacute;rrafo pr&aacute;cticamente id&eacute;ntico en la forma al de todas las dem&aacute;s, y llega un momento en el que resulta complicado salir de la idea de que, en realidad, nos est&aacute;n vendiendo clones de novelas.
    </p><p class="article-text">
        Distinguir un libro de otro es tan dif&iacute;cil como distinguir a simple vista un replicante de un humano. Me he preguntado muchas veces si es posible huir de eso, casi con la misma frecuencia con la que me he preguntado en qu&eacute; momento hemos renunciado a la capacidad de reinventarnos. Entre tantos fen&oacute;menos editoriales &#8213;ignoro cu&aacute;ntos se nos presentan cada a&ntilde;o&#8213;, docenas de frases que informan de los cientos de miles de ejemplares vendidos, y pilas colocadas estrat&eacute;gicamente en los puntos calientes de las librer&iacute;as, en contad&iacute;simas ocasiones se produce la magia.
    </p><p class="article-text">
        Creo en la idea de que el marketing inteligente es el de la precisi&oacute;n. Aquel que dise&ntilde;a una publicidad espec&iacute;fica para una obra concreta. Cuando esto marida con un producto exquisito, entonces s&iacute; que se abre una peque&ntilde;&iacute;sima posibilidad de que se produzca el milagro. Y el milagro editorial de este 2024 se llama <em>Blackwater</em>. La campa&ntilde;a publicitaria de Blackie Books funcion&oacute; como el goteo discreto del agua que se filtra debajo de la tierra. Esa mina que est&aacute; naciendo ah&iacute; abajo sin que ni siquiera seas consciente. Y cuando quisimos darnos cuenta, el goteo result&oacute; ser el caudal de los r&iacute;os de Perdido y todo el mundo estaba empapado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Las portadas de &#039;Blackwater&#039;                            </span>
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        El material promocional inicial de la saga consisti&oacute; en dos tarjetones negros sin apenas texto. En uno de ellos pod&iacute;as leer: &ldquo;BLACKWATER. Una novela en seis entregas. Un fen&oacute;meno editorial sin precedentes. Gran lanzamiento 7.2.2024&rdquo;. En el otro, la palabra BLACKWATER impresa en dorado sobre negro en letras gigantes. En el anverso, la siguiente frase: &ldquo;La &eacute;pica saga de la Familia Caskey. Una novela en seis entregas, de febrero a abril&rdquo;. El <em>flyer </em>era una invitaci&oacute;n a descubrir el universo Blackwater con una idea afilada como una navaja: &ldquo;La novela por entregas del maestro de Stephen King&rdquo;. A continuaci&oacute;n, las palabras de King: &ldquo;Michael McDowell: mi amigo, mi maestro. De lejos, el mejor de todos nosotros: el mejor escritor de literatura popular&rdquo;. &iexcl;BAM! Ya est&aacute; hecho.
    </p><p class="article-text">
        Y ahora s&iacute;, el marketing editorial, se pone un lazo al definir a Michael McDowell (1950 - 1999) como un aut&eacute;ntico monstruo de la literatura y lanza varias ideas en su biograf&iacute;a: guionista, <em>Bettlejuice</em>, <em>Pesadilla antes de Navidad</em>, <em>Alfred Hitchcock presenta</em>, autor de terror g&oacute;tico, novelas con pseud&oacute;nimo... Yo ya estoy dentro. Quiero saber c&oacute;mo escrib&iacute;a este hombre. Pero, sobre todo, quiero leer estas novelas en edici&oacute;n de bolsillo con esas cubiertas tan perfectas de Pedro Oyarbide, volverme anfibia y sumergirme en las aguas de Perdido.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/c7fe5cdf-388c-4175-a6da-4ad29e2e6e9b_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El lanzamiento de las dos primeras novelas de forma simult&aacute;nea, sabiendo que hab&iacute;a otras cuatro en los almacenes de la editorial con fecha de lanzamiento marcada, me hicieron pensar en que esto era un ejercicio de m&uacute;sculo de Blackie Books. &iquest;Hab&iacute;an impreso la saga completa en edici&oacute;n de bolsillo? &iquest;Esa decisi&oacute;n estaba vinculada a la propia elecci&oacute;n de MacDowell, que hab&iacute;a escogido el <em>paperback</em> como medio de difusi&oacute;n de sus obras? De nuevo, la informaci&oacute;n del <em>flyer </em>lanz&aacute;ndome dardos: &ldquo;En 1983 public&oacute; la que es sin duda su obra maestra: BLACKWATER. Y exigi&oacute; que se publicara en seis entregas a raz&oacute;n de una por mes. El &eacute;xito fue arrollador&rdquo;. Pero, &iquest;<em>arrollador</em> en el sentido de que revent&oacute; las listas de ventas de la &eacute;poca, o <em>arrollador</em> en el sentido de que tienes un nervio retorci&eacute;ndose en tu pecho que te dice: &ldquo;Vamos, empieza a leer ya&rdquo;?
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es c&oacute;mo Blackie Books plant&oacute; la semilla. C&oacute;mo desat&oacute; la pulsi&oacute;n para que tantas personas empez&aacute;semos a leer la saga. El resto &#8213;que es en realidad lo crucial para saltar en cadena de un libro a otro&#8213; lo hizo McDowell. Y entonces entend&iacute; por qu&eacute; Stephen King lo llamaba maestro, por qu&eacute; en la editorial se refer&iacute;an a &eacute;l como monstruo de la literatura, por qu&eacute; estaba teniendo un &eacute;xito tan bestial en Francia e Italia. Y aqu&iacute;, de nuevo, el olfato de los editores de Blackie y ese permanecer al acecho y no perder de vista c&oacute;mo se comportan los libros en otros mercados, y d&oacute;nde se esconde aquello que diferencia una obra literaria de otra. La b&uacute;squeda del milagro.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/f84eed2b-7e82-4187-b24e-ac1e62d0ccad_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Empec&eacute; <em>La riada, </em>el primero de los vol&uacute;menes de la saga, con las expectativas en el cielo. Pero mi temperamento pasional me juega muy malas pasadas. Son tantas las ocasiones en las que me he sentido frustrada porque una obra literaria no cumple lo que espero de ella, que podr&iacute;a volverme a pasar y no pesta&ntilde;ear&iacute;a. Cerrar&iacute;a el primer volumen con un decepcionante &ldquo;meh&rdquo;, y a otra cosa. Pero sucedi&oacute; que en <em>La riada</em> me encontr&eacute; que las aguas de Perdido y de Blackwater, los dos r&iacute;os que marcan el car&aacute;cter de un pueblo de Alabama, se hab&iacute;an desbordado inund&aacute;ndolo todo.
    </p><p class="article-text">
        Bray Sugarwhite lleva los remos de una barca que dirige Oscar Caskey. Est&aacute;n buscando alg&uacute;n superviviente. La envergadura del desastre hace pensar en que casi todo el mundo ha perdido todas sus cosas y que tienen que empezar de nuevo. Entonces, encuentran una mujer llamada Elinor sentada sobre una cama del Hotel Osceola. La marca del agua llega casi hasta el techo y esto ha sucedido hace d&iacute;as. &iquest;C&oacute;mo ha podido sobrevivir esa desconocida? &iquest;De qu&eacute; se ha alimentado? &iquest;Por qu&eacute; no se ha ahogado? A todas las preguntas que le formula Oscar, Elinor contesta con respuestas que hacen que el misterio sobre su presencia en Perdido y sobre su pasado, marquen esa tensi&oacute;n narrativa que se va a instalar en toda la saga como un inquilino que irrumpe para no marcharse nunca.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/4e32f563-18f6-47cf-83bd-007442f75be5_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Porque esto es lo que se plantea en el primer cap&iacute;tulo de <em>La riada</em>. A partir de aqu&iacute;, la saga no para de crecer. La atm&oacute;sfera que dibuja MacDowell te obliga a contener el aliento, todo parece siempre a punto de explotar, pero nunca explota. O eso crees, hasta que, de pronto, sucede algo que te hace levantarte de la silla, echarte las manos a la cabeza, y repetirte: &ldquo;Efectivamente, eres un monstruo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Me atrap&oacute; el elemento sobrenatural que atraviesa la saga, el matriarcado que plantea MacDowell, el car&aacute;cter de Elinor, su relaci&oacute;n tens&iacute;sima con Mary-Love, las relaciones entre los habitantes de Perdido. El pueblo como testigo de todas las tramas que se cruzan, se solapan, se suceden. Una familia que se multiplica y donde se establecen roles, se heredan vicios, se contaminan las relaciones porque el ser humano es una fuente inagotable de defectos y traiciones. Y los fantasmas, que se manifiestan al considerar que quiz&aacute;s no se hizo justicia con ellos cuando estaban en el otro lado.
    </p><p class="article-text">
        Me abalanc&eacute; sobre Blackwater repiti&eacute;ndome en voz baja: &ldquo;Que esto sea exactamente como parece, por favor&rdquo;. Y lo fue. &iquest;Y ahora qu&eacute;? Ahora la orfandad, porque me desped&iacute; de la familia Caskey y de Perdido hace ya meses, pero qu&eacute; maravilla poder contagiar la pasi&oacute;n por una saga que es un maldito prodigio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ledicia Costas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/milagro-blackwater_129_11634997.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Sep 2024 20:03:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El milagro de 'Blackwater']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Stephen King,Fantasía,Literatura fantástica,Terror]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vivir del cuento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/vivir-cuento_129_10766424.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/064e3daa-c292-4814-b194-da4d8375ea66_16-9-discover-aspect-ratio_default_1086449.jpg" width="5389" height="3031" alt="Vivir del cuento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritora de libros infantiles y de adultos, la gallega Ledicia Costas, reflexiona sobre lo que implica apostar por vivir de la literatura en España a partir de su propia experiencia</p></div><p class="article-text">
        A veces fantaseo con escenas absurdas. En una de ellas me imagino en una oficina del INEM, cubriendo los impresos necesarios para cobrar el paro. La funcionaria teclea con la mirada clavada en la pantalla de su ordenador. Pienso en que me gusta m&aacute;s el sonido de los teclados mec&aacute;nicos, porque evocan al de las m&aacute;quinas de escribir, y que no soy capaz de trabajar con una sola pantalla. Le dedico bastante tiempo mental a la conversaci&oacute;n ficticia con la funcionaria: &ldquo;&iquest;Su &uacute;ltimo puesto de trabajo?&rdquo;. &ldquo;Escritora&rdquo;, susurrar&iacute;a yo, tan bajito que le costar&iacute;a entenderme. &ldquo;Perdone, no le he entendido&rdquo;. &ldquo;Escritora&rdquo;, repetir&iacute;a un poco m&aacute;s alto, mir&aacute;ndola a los ojos y esperando su reacci&oacute;n: &ldquo;&iquest;Escritora de qu&eacute;?&rdquo;. En ese momento, yo respirar&iacute;a hondo y me armar&iacute;a de valor para decirle: &ldquo;&iquest;Acaso importa eso? &iquest;Van a tener ustedes un puesto disponible para una autora de libros infantiles? &iquest;De narrativa para p&uacute;blico adulto? &iquest;Tendr&aacute;n quiz&aacute;s una vacante para una poeta?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si ser una profesional de la escritura implica perder el pudor a enfrentarte a este tipo de fantasmas, esa prueba todav&iacute;a no la he superado. Pero s&iacute; muchas otras. He escuchado tantas veces la pregunta de &ldquo;&iquest;pero se puede vivir de los libros?&rdquo;, que tengo disponible toda una bater&iacute;a de respuestas. Una de mis favoritas es &ldquo;&iquest;A usted qu&eacute; le parece?&rdquo;. Aqu&iacute; el otro interlocutor suele titubear. Normalmente, confiesa: &ldquo;A m&iacute; me parece que no&rdquo;. Entonces, sonr&iacute;o triunfante y sentencio: &ldquo;Pues se equivoca&rdquo;. Es curioso, pero la mayor&iacute;a de opiniones acerca de si se puede vivir de los libros son esgrimidas por personas que no viven de los libros, como si les llegasen nuestras liquidaciones a sus domicilios por error. &iquest;Por qu&eacute; no nos preguntan directamente a nosotras? No somos tantas en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Hay cierta tendencia desde el propio sector a echarnos un poquito de tierra por encima, como si el hecho de simular que no existimos nos hiciese desaparecer. M&aacute;s todav&iacute;a si escribes en idiomas diferentes al castellano, m&aacute;s todav&iacute;a si eres autora en lugar de autor, y m&aacute;s todav&iacute;a si la mayor parte de tu producci&oacute;n es de libros infantiles y juveniles. Entonces, directamente pasas a la categor&iacute;a de escritora espectro. &iquest;Existes o eres un producto de tu propia imaginaci&oacute;n? Llevo m&aacute;s de diez a&ntilde;os cotizando en el R&eacute;gimen de Aut&oacute;nomos. El mismo tiempo que llevo viviendo en exclusiva de los libros y de la actividad literaria. Escribo en gallego y desde ese idioma me traducen a otras lenguas. &iquest;C&oacute;mo lo he conseguido? Entregando mi vida a la literatura. Dejando mi carrera como abogada y dedicando toda mi jornada laboral a los libros. Esta es la primera barrera que hay que superar. No s&eacute; c&oacute;mo se puede ser escritora profesional teniendo otro puesto de trabajo al que tienes que dedicarle siete u ocho horas diarias. Si no produces libros, no puedes vivir de los libros, y esto requiere una cantidad de tiempo ingente. Parece una obviedad, pero no lo es. He o&iacute;do comentarios de todos los colores acerca de esta cuesti&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Siempre me chirría la defensa de que el arte, cuando se convierte en trabajo, pierde el sentido y la esencia, como si el hecho de monetizar una obra fuese algo sucio, que transforma una cosa bella en algo mediocre</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Siempre me chirr&iacute;a la defensa de que el arte, cuando se convierte en trabajo, pierde el sentido y la esencia, como si el hecho de monetizar una obra fuese algo sucio, que transforma una cosa bella en algo mediocre. D&iacute;ganle esto a Laura Gallego o a Stephen King mir&aacute;ndoles a los ojos. D&iacute;ganselo a Nando L&oacute;pez o a Julia Donaldson. D&iacute;ganselo a Kae Tempest o a Yolanda Casta&ntilde;o. &ldquo;Es que ellas no viven de la poes&iacute;a, viven de la actividad literaria que genera la poes&iacute;a&rdquo;, escucho esas voces replicando, las mismas que ponen sobre la mesa el argumento de que una cosa es vivir de los derechos de autor&iacute;a y otra distinta de las actividades que existen alrededor del hecho literario: los talleres, los recitales, las charlas y conferencias&hellip; Nunca he o&iacute;do a nadie argumentar que un m&eacute;dico tiene una consulta privada, o que imparte conferencias en congresos, como una m&aacute;cula para poner en entredicho que vive de la Medicina. Pero escucho continuamente la coletilla &ldquo;vive de los libros pero porque da charlas&rdquo;. Como si esto redujese a las escritoras y escritores profesionales a una especie de subcategor&iacute;a, por debajo de la otra. &iquest;Y cu&aacute;l es la otra? Pues no lo s&eacute;, porque no conozco a ning&uacute;n escritor que no haya impartido charlas. Es precioso compartir tu trabajo con el p&uacute;blico, recibir <em>feedback,</em> tener la oportunidad de hablar de tu obra y, por qu&eacute; no, conocer el mundo gracias a tus obras.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n me han dicho no en pocas ocasiones que vivo de los libros porque escribo obras infantiles y juveniles que se leen en los colegios. &ldquo;Y claro, as&iacute; es m&aacute;s f&aacute;cil&rdquo;. Hay que aclarar que f&aacute;cil no es jam&aacute;s, escribas lo que escribas. Existen m&aacute;s autoras y autores en Espa&ntilde;a que viven de los libros para p&uacute;blico adulto que autoras y autores que viven de libros infantiles y juveniles. Esta es la primera realidad. La segunda, es que la literatura infantil y juvenil es tan apasionante como poco visible en los medios. Salvo excepciones, se le dedica espacio en Navidades y poco m&aacute;s. Por eso, cuando sucede un milagro como que la saga <em>Anna Kadabra</em>, de Pedro Ma&ntilde;as y David Sierra acabe de superar el mill&oacute;n de ejemplares vendidos en tres a&ntilde;os, lo celebramos emocionados de coraz&oacute;n y nos rendimos a su &eacute;xito. Hay una tendencia bastante fea a mirarnos por encima del hombro a quienes escribimos literatura infantil y juvenil, como si los libros que se leen en escuelas e institutos fuesen armas de un sistema que nos convierte en privilegiados. No se critica que se lean los cl&aacute;sicos, pero &iexcl;ay del autor que se atreva a entrar en el sistema escolar! &ldquo;Es que has escrito esta novela para vender libros&rdquo;, me han acusado de esto en alguna ocasi&oacute;n. Perdone usted por cometer ese delito. Mejor los escribo mal, y as&iacute; se quedan condenados para siempre en un almac&eacute;n hasta su destrucci&oacute;n. Adem&aacute;s, &iexcl;como si tuvi&eacute;semos la f&oacute;rmula infalible para que esto suceda! Esto consiste b&aacute;sicamente en talento, instinto y algo de fortuna. El resto es ruido, bastante molesto, por cierto.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es que has escrito esta novela para vender libros, me han acusado de esto en alguna ocasión. Perdone usted por cometer ese delito. Mejor los escribo mal, y así se quedan condenados para siempre en un almacén hasta su destrucción</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La tercera cuesti&oacute;n a la que me quiero referir es que las escritoras tenemos la autor&iacute;a aproximada del 37% de libros que se publican en el Estado espa&ntilde;ol. Esto reduce nuestras oportunidades de manera significativa con respecto a las de los autores. &iquest;Por qu&eacute;? Porque el tiempo del que disponemos para escribir es menor, porque la esfera de los cuidados sigue teniendo en esta sociedad una distribuci&oacute;n poco equitativa, porque el s&iacute;ndrome de la impostora nos castiga de una forma mucho m&aacute;s severa&hellip; Publicamos menos libros, ganamos menos premios, estamos menos presentes en las Reales Academias. Es por ello que cuando una autora despega con fuerza y puede sostenerse de la venta de sus libros, la proeza es mayor. Y esto no es una opini&oacute;n, es un hecho. La profesionalizaci&oacute;n tiene muchas caras. La m&aacute;s perversa es la de la desigualdad, pero existen otras.
    </p><p class="article-text">
        Nos devora la burocracia y, como le pasaba a Momo, hay ladrones de tiempo por todas partes. Necesitas un m&aacute;ster en FACe [Facturas Electr&oacute;nicas], recitar de memoria las exenciones del IVA, una asesor&iacute;a contable, una agencia literaria, otra para derechos audiovisuales, una persona de confianza que lleve tu agenda y, al mismo tiempo, un estado de calma apropiado para escribir.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Y c&oacute;mo te inspiras?&rdquo;. Esta es quiz&aacute;s la pregunta que m&aacute;s veces nos formulan en nuestra carrera. Yo no s&eacute; qu&eacute; es inspirarse. Yo s&eacute; lo que es crear una infraestructura que me sostenga y disponer de horas cada d&iacute;a para entregarme al oficio de escribir. La inspiraci&oacute;n es el oficio en s&iacute; mismo. &ldquo;Pero pagas facturas&rdquo;. Claro, por eso me ofendo cuando me invitan a un sitio a &ldquo;promocionarme&rdquo; porque no se contempla una remuneraci&oacute;n. Hay una norma que rompo solo cuando yo decido: salir de casa y restarle tiempo a la lectura y escritura diaria no puede costarte dinero. No puedo aceptar desplazarme a otra ciudad para hablar de mis libros &ldquo;y promocionarme&rdquo; cuando este hecho implica una p&eacute;rdida econ&oacute;mica. Y para esto hay que ser asertiva, aprender a decir que no y hacer mucha pedagog&iacute;a. Una escritora que no escribe no es una escritora. Los ladrones de tiempo son el enemigo. Esta frase que llevo grabada a fuego podr&iacute;a ir acompa&ntilde;ada de otra. He escuchado tantos argumentos y c&aacute;balas sobre c&oacute;mo vivir de los libros que me atrevo a reducirlo a una frase: si eres narradora, para vivir de los libros lo que hay que hacer es vender libros.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ledicia Costas]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Dec 2023 20:49:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vivir del cuento]]></media:title>
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