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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alberto Alonso]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alberto-alonso/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alberto Alonso]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La censura cultural y las grietas en la convivencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/censura-cultural-grietas-convivencia_132_10867114.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c200fce4-75fa-4fb9-a5e1-3649e0a06324_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La censura cultural y las grietas en la convivencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"No comprenden que nuestro país, España, siempre ha sido el producto de una compleja amalgama cultural. Que ha sido esa complejidad, esa interacción constante entre diferentes la que ha dotado de cohesión a la sociedad"</p></div><p class="article-text">
        Stefan Zweig escribi&oacute; sobre la impresi&oacute;n que le hab&iacute;a causado conocer a un analfabeto. Se trataba de un joven italiano que trabajaba en el barco en el que viajaba el escritor all&aacute; por los a&ntilde;os 20 del pasado siglo. Aquel joven buscaba entre los pasajeros qui&eacute;n le pudiera leer las cartas que le mandaba una modistilla de su pueblo. Viv&iacute;a condenado a una visi&oacute;n del mundo que se reduc&iacute;a exclusivamente a lo que le dictaba su experiencia o, en el mejor de los casos, a lo que terceras personas le pudieran contar.
    </p><p class="article-text">
        Zweig termina su reflexi&oacute;n conmocionado al considerar lo limitado que debe de parecerle el mundo a quien vive de espaldas a los libros. Me atrever&iacute;a a decir lo mismo de quienes viven de espaldas a la cultura, en general. Y yo me pregunto si no ser&aacute; precisamente eso lo que pretenden quienes, en pleno siglo XXI, han comenzado una verdadera campa&ntilde;a inquisitorial desde las instituciones que gobiernan, censurando sin tapujos todas aquellas manifestaciones culturales que les incomodan o les parecen sospechosas. Casi todas las semanas nos enteramos de otra obra de teatro, otra pel&iacute;cula u otro concierto censurado por alg&uacute;n gobierno del PP a iniciativa de sus nuevos confesores, los nuevos puritanos de VOX.
    </p><p class="article-text">
        La desconfianza como base fundamental de la pol&iacute;tica cultural del Partido Popular. La imposici&oacute;n de una moral, de una y solo una forma posible de ver el mundo. La anticultura por excelencia. Ellos - porque aqu&iacute; mayoritariamente suelen ser ellos y casi nunca ellas - son los encargados de imponer a la ciudadan&iacute;a qu&eacute; es lo que pueden y lo que no pueden ver. Como aquel padre autoritario que tapaba los ojos a su hija cuando los protagonistas se besaban en la tele. Una derecha que asume, agachando la cabeza, que se les imponga una vicesecretar&iacute;a de Educaci&oacute;n Popular, como aquella que, en los primeros a&ntilde;os de represi&oacute;n la franquista, controlaba toda manifestaci&oacute;n cultural bajo la f&eacute;rrea direcci&oacute;n de Arias Salgado.
    </p><p class="article-text">
        No comprenden que nuestro pa&iacute;s, Espa&ntilde;a, siempre ha sido el producto de una compleja amalgama cultural. Que ha sido esa complejidad, esa interacci&oacute;n constante entre diferentes, esa diversidad ling&uuml;&iacute;stica, esa pluralidad de pensamiento, la que ha dotado de cohesi&oacute;n a una sociedad que, por primera vez en su historia contempor&aacute;nea, ha logrado vivir medio siglo en concordia. Ning&uacute;n pa&iacute;s se rompe por dejar que cada uno se exprese libremente. Las grietas siempre han aparecido cuando una parte, sea mayoritaria o minoritaria, se ha empe&ntilde;ado en imponer al resto qu&eacute; es lo que tiene que pensar, en qu&eacute; lengua tiene que hablar o a qu&eacute; dios tienen que rezar.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo el silencio ante esta censura, golpe directo a la convivencia, por parte de esa supuesta intelectualidad que hiperventila cada ma&ntilde;ana amenazando con la ruptura de Espa&ntilde;a, es atronador. Miran a otro lado. Quiz&aacute; piensen que son da&ntilde;os colaterales en la construcci&oacute;n de esa &ldquo;gente de bien&rdquo; que tanto anhelan. Quiz&aacute; incluso lleguen a creer que de esta manera sus voces resuenan m&aacute;s. Qui&eacute;n sabe. Quiz&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a comprendan que cuando se censura una obra de teatro en un pueblo de provincias, cuando un polic&iacute;a municipal obliga a una cantante a taparse los pechos, cuando se retira de la cartelera una pel&iacute;cula, con cada uno de esos ataques a la cultura, al patrimonio com&uacute;n de toda la ciudadan&iacute;a, se abre una peque&ntilde;a grieta divisoria. Un peque&ntilde;o hueco, por ahora imperceptible, que comienza a separarnos. Quiz&aacute; sea por ah&iacute; por donde est&eacute; comenzando a romperse Espa&ntilde;a. Qui&eacute;n sabe.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Alonso]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/censura-cultural-grietas-convivencia_132_10867114.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Jan 2024 20:46:19 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[El estruendoso silencio de la derecha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/estruendoso-silencio-derecha_132_10823414.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ec6daa2-dae5-487d-bcd1-8ff494acec49_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El estruendoso silencio de la derecha"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"No son tiempos para la tibieza o para silencios cómplices cuando la radicalidad quiere volver a apoderarse de nuestras calles, cuando quiere enmudecernos con sus bravuconadas y sus manifestaciones antidemocráticas"</p></div><p class="article-text">
        Lo de una multitud apaleando a un mu&ntilde;eco revestido con los atributos del poder mientras grita aquello de &ldquo;vivan las cadenas&rdquo; o garruladas similares, es tan viejo como la propia historia de Espa&ntilde;a. Las im&aacute;genes de esta Nochevieja, con esa panda de energ&uacute;menos, bien pertrechados de banderas franquistas y todo tipo de simbolog&iacute;a antidemocr&aacute;tica y anticonstitucional, ahorcando un pelele que simboliza al presidente del Gobierno, a la m&aacute;xima representaci&oacute;n de la voluntad y la soberan&iacute;a de la ciudadan&iacute;a espa&ntilde;ola, es el mejor retrato de esa Espa&ntilde;a inmensamente minoritaria, nost&aacute;lgica de aquellos tiempos de palizas y purgas con ricino a quienes consideraban fuera de la normalidad que ellos impon&iacute;an; de los tiempos en los que entre el p&aacute;rroco, el boticario y el terrateniente redactaban los censos de vecinos 'fusilables<em>'</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pero, pasado el bochorno y la verg&uuml;enza ajena que en buena parte de la ciudadan&iacute;a generan este tipo de im&aacute;genes, lo que realmente retumba, el verdadero estruendo que queda en el ambiente, es el que genera el silencio de la derecha. Esa contemporizaci&oacute;n, la justificaci&oacute;n o relativizaci&oacute;n de este tipo de manifestaciones, sus palabras tibias y ambiguas, no est&aacute;n tan lejos de aquella vieja estrategia de dejar que unos agiten el &aacute;rbol con la esperanza de que ellos, agazapados detr&aacute;s de la tapia, puedan pasar despu&eacute;s a recoger los frutos. Otra vez volvemos a escuchar aquellas excusas de mal pagador, aquello de que est&aacute; mal lo que hacen, pero, siempre ese maldito &ldquo;pero&rdquo; c&oacute;mplice, en el fondo quiz&aacute; no les falte raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los que somos de pueblo y alguna vez hemos saltado la tapia del convento con la intenci&oacute;n de robarle manzanas a las monjas, m&aacute;s por sentir la adrenalina de quien se zambulle en lo prohibido que por la fruta en s&iacute;, sabemos que esa estrategia de retaguardia la tuvo que inventar alguien de ciudad. Nadie agita el &aacute;rbol por el mero placer de verlo moverse. Si lo hace es porque quiere los frutos para &eacute;l. Quien venga por detr&aacute;s a aprovecharse del envite ajeno, tendr&aacute; que conformarse con las pochas, las rotas y las magulladas. Que se lo pregunten, si no, al PNV de Gipuzkoa.
    </p><p class="article-text">
        Un silencio, el de la derecha, que recorre los peores a&ntilde;os de la historia contempor&aacute;nea de Europa. Un silencio que comenz&oacute; en Italia, cuando la derecha democr&aacute;tica decidi&oacute; mirar para otro lado mientras las bandas de matones comenzaban a amenazar a sindicalistas y pol&iacute;ticos de izquierda. Silencios como el de Pamplona, donde la derecha celebraba en las calles y en sus medios de comunicaci&oacute;n el miedo de militantes socialistas a tomar su acta de concejal, se&ntilde;alados por una turba minoritaria pero envalentonada. Silencios como los que vivimos durante las semanas previas a la investidura democr&aacute;tica del presidente del Gobierno, con trogloditas cantando el cara al sol y el brazo alzado al estilo romano, frente la sede de un partido pol&iacute;tico. Pero tambi&eacute;n el silencio de la derecha ante las manifestaciones que, frente a su propia sede, forzaron al presidente de su partido a dimitir, salt&aacute;ndose a la torera sus propias normas internas. Silencio, en definitiva, ante una corriente, minoritaria pero ruidosa, que ha decidido que su ruido, su voces, sus amenazas, pueden llegar a condicionar la vida pol&iacute;tica de este pa&iacute;s. O, al menos, lo pretenden.
    </p><p class="article-text">
        No son tiempos para la tibieza o para silencios c&oacute;mplices. Ahora, cuando la radicalidad quiere volver a apoderarse de nuestras calles, cuando quiere enmudecernos con sus bravuconadas y sus manifestaciones antidemocr&aacute;ticas, ahora, como tantas y tantas veces, es preciso que alcemos la voz, no nos callemos ni miremos hacia otro lado. Que nuestro silencio jam&aacute;s sea su c&oacute;mplice. Que nadie lo pretenda emplear para agitar el &aacute;rbol de la discordia y el enfrentamiento. Que nadie pueda recoger con nuestro silencio el fruto del odio y la sinraz&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Alonso]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Jan 2024 20:46:01 +0000]]></pubDate>
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