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    <title><![CDATA[elDiario.es - Magis Iglesias]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/magis-iglesias/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Magis Iglesias]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La flotilla navega de nuevo hacia Gaza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/flotilla-navega-nuevo-gaza_129_13152304.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6b7fb4c6-332f-43c0-8e49-c047ccf957c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La flotilla navega de nuevo hacia Gaza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los autócratas siempre buscan mecanismos que acallan las protestas y, para ello, cuentan con múltiples recursos como las fuerzas del orden y algunos tribunales. En este caso, la eficacia de tales instrumentos de coacción palidece ante la colosal influencia de las redes sociales</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Los padres de mi padre no hab&iacute;an estado ni del lado de las v&iacute;ctimas ni del lado de los verdugos. No se hab&iacute;an distinguido por actos de valent&iacute;a, pero tampoco hab&iacute;an pecado por exceso de celo. Simplemente eran <em>Mitl&auml;ufer</em>, personas 'que siguen la corriente&rdquo;, nos explica la escritora y periodista franco-alemana, G&eacute;raldine Schwarz, en su libro editado en espa&ntilde;ol con el t&iacute;tulo &ldquo;Los amn&eacute;sicos&rdquo;. En esta obra imprescindible de memoria hist&oacute;rica del nazismo, la autora escruta el comportamiento de su familia como ep&iacute;tome de la inmensa mayor&iacute;a del pueblo alem&aacute;n que contribuy&oacute; al Holocausto mediante la acumulaci&oacute;n de peque&ntilde;as cobard&iacute;as que hab&iacute;an creado las condiciones necesarias para el desarrollo de &ldquo;los peores cr&iacute;menes de Estado organizados que la humanidad haya conocido jam&aacute;s&rdquo;, explica Schwarz.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s sea este el ejemplo m&aacute;s cercano que tenemos en la historia reciente que nos demuestra la importancia del comportamiento, aparentemente inocuo, de los indiferentes y socialmente individualistas que no se comprometen con nada y se mantienen en la indiferencia porque van a lo suyo -en falaz equidistancia- sin apoyar ni a tirios ni a troyanos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando las tropas aliadas entran victoriosas en territorio nazi y descubren las atrocidades del r&eacute;gimen de Hitler se produce una catarsis de incredulidad mundial ante la aparici&oacute;n de aquellos seres humanos convertidos en esqueletos vivientes y&nbsp;de los horrores que relatan. La asunci&oacute;n de la culpa o, cuando menos, de la responsabilidad de todo un pueblo, evidentemente c&oacute;mplice silencioso o part&iacute;cipe de la locura del III Reich, ha sido un proceso largo y doloroso que todav&iacute;a est&aacute; por concluir y que afecta a toda Europa.
    </p><p class="article-text">
        Hijo bienvenido de aquel desastre humanitario y criminal es el marco de la legalidad internacional, acuerdos e instituciones vigentes, dise&ntilde;adas para buscar y mantener la paz a trav&eacute;s del di&aacute;logo y los compromisos. Es l&oacute;gico que se enciendan todas las alarmas, cuando vemos que todo salta por los aires con tres peligrosos y muy poderosos protagonistas que se destacan por su desacato manifiesto al <em>statu quo</em> mundial&nbsp;como hacen Trump, Netanyahu y Putin en estos tiempos. Que no nos extra&ntilde;e la desesperanza y desaz&oacute;n que despiertan y contagian los furibundos belicistas con sus atronadoras amenazas que retumban en todos los medios de comunicaci&oacute;n cada ma&ntilde;ana y aterrorizan a los internautas durante las 24 horas del d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Hoy comprendemos muy bien la depresi&oacute;n que embargaba a Stefan Zweig cuando, en carta al escritor Joseph Roth, confiesa en 1933: &ldquo;Me siento muy oprimido. Mi amargura por la desgracia pol&iacute;tica me atormenta como un nervio inflamado. Temo por Austria, y la ca&iacute;da de Austria ser&iacute;a tambi&eacute;n, en lo m&aacute;s hondo, nuestro fin&rdquo;. La negra premonici&oacute;n del jud&iacute;o austr&iacute;aco se ver&iacute;a cumplida con el peor de los escenarios poco despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En sistemas democr&aacute;ticos occidentales actuales, tenemos la suerte de que la sociedad civil se expresa mediante la opini&oacute;n p&uacute;blica, el activismo y las movilizaciones. As&iacute; ha ocurrido frente a la invasi&oacute;n de Ucrania por parte de Rusia, los desmanes imperialistas y autoritarios del presidente de los Estados Unidos o la respuesta c&iacute;vica y cr&iacute;tica ante el genocidio del gobierno de Israel contra los gazat&iacute;es, tras el atroz atentado de Ham&aacute;s y secuestro de israel&iacute;es, el 7 de septiembre de 2023.&nbsp;Sin embargo, los aut&oacute;cratas siempre buscan mecanismos que acallan las protestas y, para ello, cuentan con m&uacute;ltiples recursos como las fuerzas del orden y algunos tribunales. En este caso, la eficacia de tales instrumentos de coacci&oacute;n palidece ante la colosal influencia de las redes sociales, que multiplican <em>ad infinitum</em> el poder de medios tradicionales.
    </p><p class="article-text">
        Cuando, en octubre de 2023, Israel respondi&oacute; al atentado de Ham&aacute;s con una nueva guerra (la segunda despu&eacute;s de <em>Yom Kipur</em> en 1973), emprendi&oacute; una agresi&oacute;n de tal magnitud contra la poblaci&oacute;n civil gazat&iacute; que ha sido reiteradamente calificada como genocidio por el empleo de t&aacute;cticas de exterminio contrarias al Derecho Internacional. El Tribunal Penal Internacional y la ONU denunciaron los cr&iacute;menes de lesa humanidad del Ej&eacute;rcito israel&iacute;: asesinatos de ni&ntilde;os y beb&eacute;s, desplazamientos de 2 millones de personas, destrucci&oacute;n de hospitales, mezquitas y cementerios&hellip; Han sido acreditadas atrocidades que el mundo ha visto en el cine y la televisi&oacute;n, como la hambruna a causa del uso del hambre como castigo colectivo, asesinatos de menores a sangre fr&iacute;a, sin olvidar el bloqueo del suministro de agua y la ayuda humanitaria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Personalidades del mundo de la cultura, el cine, el ecologismo y la pol&iacute;tica participaron el a&ntilde;o pasado en una iniciativa propagand&iacute;stica contra la guerra, -convocada por organizaciones humanitarias- y se embarcaron en la &ldquo;Global Sumud Flotilla&rdquo; que, el 1 de septiembre del 2025, inici&oacute; su singladura. La flotilla solidaria con el pueblo palestino concit&oacute; el apoyo de 42 pa&iacute;ses con activistas que pretend&iacute;an romper el aislamiento de ayuda humanitaria a Gaza. La iniciativa tuvo una enorme repercusi&oacute;n y recibi&oacute; una solidaridad asombrosa por cada puerto por el que pasaba desde donde se desped&iacute;a y celebraba esta manifestaci&oacute;n mar&iacute;tima al grito de &ldquo;Gaza no est&aacute;s sola&rdquo;. Aunque los barcos fueron bloqueados antes de lograr su objetivo y los activistas detenidos y deportados, la flotilla constituy&oacute; el mayor &eacute;xito propagand&iacute;stico y medi&aacute;tico de las protestas contra el genocidio.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a periodistas y cooperantes que transmit&iacute;an al mundo lo que estaba ocurriendo en esa franja de Gaza, las gentes decentes de las democracias se rebelaban&nbsp;y denunciaban el horror&nbsp;y las matanzas con diversas manifestaciones y protestas. Los gobiernos empezaron a darse cuenta de que no pod&iacute;an permanecer por m&aacute;s tiempo en la equidistancia de la culposa indiferencia y surgieron nuevos gestos diplom&aacute;ticos contra Israel aumentando. Se multiplic&oacute; el n&uacute;mero de pa&iacute;ses a favor de un estado palestino en convivencia pac&iacute;fica con Israel.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El resultado de las atrocidades del gobierno de Netanyahu empezaba a volverse en su contra hundiendo en el abismo su imagen de v&iacute;ctima. Pero Estados Unidos, como no pod&iacute;a ser de otra manera, acudi&oacute; en su ayuda y se sac&oacute; de la manga -el pasado mes de octubre- un bonito Plan de Paz que inclu&iacute;a un enga&ntilde;oso alto el fuego. Un cese de hostilidades que no ha sido tal porque se estima que el ej&eacute;rcito de Israel ha matado a 700 palestinos desde entonces, adem&aacute;s de bombardear a la poblaci&oacute;n civil del L&iacute;bano y seguir apoyando las ocupaciones de colonos en Cisjordania.
    </p><p class="article-text">
        No hay duda de que el Plan de Paz ha sido un rotundo &eacute;xito para sus promotores. El llamado alto el fuego de octubre ha conseguido lo que Israel necesitaba: el silencio internacional y el aislamiento completo de la poblaci&oacute;n gazat&iacute;. Confinados en una estrecha porci&oacute;n del territorio, la poblaci&oacute;n contin&uacute;a sin alimentos, agua, ayuda humanitaria o sanitaria. Los periodistas y el personal sanitario local han sido asesinados y no est&aacute; autorizada la entrada a Gaza de la prensa internacional. Ya no tenemos im&aacute;genes que desde el interior se enviaban a fotoperiodistas y corresponsales extranjeros. No sabemos qu&eacute; est&aacute; pasando all&iacute; dentro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La guerra de Trump contra Ir&aacute;n y el coincidente ataque de Netanyahu al L&iacute;bano terminaron por completar la maniobra. El impacto de esta nueva guerra -de tintes dram&aacute;ticos por sus protagonistas y el impacto econ&oacute;mico mundial- ha terminado por desplazar a Gaza del inter&eacute;s mundial. Primero, desapareci&oacute; de las portadas, despu&eacute;s de las noticias y, posteriormente, de las preocupaciones de la ciudadan&iacute;a. Los poderosos han cubierto con un tupid&iacute;simo velo lo que est&aacute; pasando en Gaza, donde millones de personas siguen sufriendo la tortura de una limpieza &eacute;tnica que nadie parece poder impedir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El pasado domingo zarparon de varios puertos del Mediterr&aacute;neo naves que a estas horas navegan formando una nueva otra Global Sumud Flotilla, con 3000 activistas de un centenar de pa&iacute;ses en singladura hacia Gaza. En esta ocasi&oacute;n, cuentan con la veteran&iacute;a de Greenpeace y Open Arms para&nbsp;establecer un corredor humanitario de ayuda a Gaza. Esta pertinaz flotilla supone la mayor intervenci&oacute;n civil coordinada que se ha organizado en apoyo del pueblo palestino. Sin embargo, casi nadie lo sabe. Apenas ha tenido reflejo en los medios de comunicaci&oacute;n. No hay cabida en los peri&oacute;dicos ni minutos de televisi&oacute;n para hablar de Gaza. Esta flotilla, m&aacute;s numerosa, mejor organizada y preparada que la anterior, ha sido despedida con indiferencia. La ciudadan&iacute;a est&aacute; angustiada por otra guerra, por su econom&iacute;a y por lo que pueda venir. Me pregunto si nos llamar&aacute;n <em>Mitl&auml;ufer </em>cuando, alg&uacute;n d&iacute;a, las tropas aliadas entren en Gaza y descubran lo que est&aacute; ocurriendo all&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/flotilla-navega-nuevo-gaza_129_13152304.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 19:34:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La flotilla navega de nuevo hacia Gaza]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Palestina,Conflicto Palestina-Israel,Israel,Ayudas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La buena muerte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/buena-muerte_129_13119502.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/51579aa4-90ce-4b6c-9f9b-8f29765e5bf1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La buena muerte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando se murió mi abuelo inesperadamente, lo primero que le dije a mi madre era que ni me pondría luto ni quería verlo en su lecho de muerte. Creo que era una forma de ahorrarme recuerdos penosos y guardar para siempre la imagen de mis seres queridos cuando disfrutaban de vida</p></div><p class="article-text">
        Me pareci&oacute; que su rostro estaba muy p&aacute;lido. No era raro porque siempre hab&iacute;a sido un hombre de tez clara que resaltaba sus cejas negras, una se&ntilde;a de identidad que le caracterizaba. El tono macilento y, sobre todo, el rictus de la boca entreabierta me dieron la respuesta. Ya hab&iacute;a fallecido. Incorporado con ayuda de las almohadas y reinando sobre la cama del hospital, aquel periodista manten&iacute;a toda la dignidad de la persona valerosa y a la vez humilde que fue y yo hab&iacute;a admirado desde siempre. Cuando llegu&eacute; a la facultad de Periodismo, mi sue&ntilde;o era imitar a gente como &eacute;l y ser una gran reportera para contar todo tipo de conflictos, guerras y padecimientos de los m&aacute;s pobres y abandonados. Nunca imagin&eacute; que este querido y admirado colega ser&iacute;a la primera persona muerta que ver&iacute;a en mi vida.
    </p><p class="article-text">
        Mi compa&ntilde;ero tuvo un buen final de su agitada vida, querido y homenajeado por la profesi&oacute;n en m&uacute;ltiples actos a los que acud&iacute;a emocionado aunque fuera con la salud mermada. Le lleg&oacute; la muerte pl&aacute;cidamente, rodeado de los cuidados del personal sanitario de la Fundaci&oacute;n Jim&eacute;nez D&iacute;az y la presencia permanente de su hermana, a los pies de su cama. Me los encontr&eacute; de sopet&oacute;n porque alguien se hab&iacute;a dejado la puerta de la habitaci&oacute;n entreabierta. No me esperaba contemplar esa imagen cuando sub&iacute; a acompa&ntilde;arle, tras haber sido avisada de su gravedad mientras me encontraba en una consulta de rutina en el mismo hospital.
    </p><p class="article-text">
        Hasta entonces, me negaba en rotundo a ver personas muertas. Supongo que la juventud y el tab&uacute; de la muerte en esta moderna cultura occidental me empujaban a ignorarla u orillarla cuando me la encontraba en el camino. Me las hab&iacute;a arreglado para lograrlo, a pesar de haber acompa&ntilde;ado a amigas con sus padres reci&eacute;n fallecidos e incluso, cuando deb&iacute;a cubrir informaciones de sucesos con v&iacute;ctimas, me fui haciendo una experta en mirar para otro lado. Cuando se muri&oacute; mi abuelo inesperadamente, lo primero que le dije a mi madre era que ni me pondr&iacute;a luto ni quer&iacute;a verlo en su lecho de muerte. Creo que era una forma de ahorrarme recuerdos penosos y guardar para siempre la imagen de mis seres queridos cuando disfrutaban de vida.
    </p><p class="article-text">
        Todo cambi&oacute; cuando tuve que afrontar la muerte de mi padre. Tras sobrellevar un c&aacute;ncer durante casi 20 a&ntilde;os, lleg&oacute; su final aquejado de met&aacute;stasis y decidimos llevarlo a casa de mi hermana mayor, donde estuvo rodeado del diverso personal sanitario con el que, afortunadamente, contamos en mi familia. Haber pasado los &uacute;ltimos meses a su lado, en una in&eacute;dita pero valios&iacute;sima compa&ntilde;&iacute;a mutua, caminando de la mano hacia su final, fue un proceso que recomiendo a todo el mundo. Si morir es un hecho individual, personal e intransferible, el derecho a la llamada &ldquo;buena muerte&rdquo; o &ldquo;muerte digna&rdquo; deber&iacute;a ser obligatoriamente una actividad compartida de los m&aacute;s allegados para acompa&ntilde;ar a su ser querido y librarle de sufrimientos evitables. Y no s&oacute;lo porque es de justicia para el que se va sino por los efectos beneficiosos que nos aporta a los que nos quedamos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso no entiendo muy bien por qu&eacute; llaman &ldquo;Cristo de la Buena Muerte&rdquo; a la escultura de Pedro de Mena, cuando se ve a las claras que ese hombre joven, semidesnudo, clavado en un madero y coronado de espinas, tuvo un final espantoso. Supongo que se refiere al significado religioso del t&eacute;rmino que se refiere a estar en gracia de Dios. Pero el sentido en el que utilizo este concepto no es religioso sino etimol&oacute;gico. Prefiero el significado que le atribuye el diccionario etimol&oacute;gico al definir la eutanasia, palabra griega (euthanas&iacute;a) formada por el prefijo eu (buena) y el t&eacute;rmino thanatos (muerte), o sea, un final tranquilo, dulce y sin sufrimiento.
    </p><p class="article-text">
        Esa fue la muerte que tuvo mi padre en aquella convivencia familiar de sus &uacute;ltimos d&iacute;as. El trayecto no estuvo exento de inconvenientes pero, para m&iacute;, fue la mejor despedida que pod&iacute;a darle y result&oacute; ser el m&aacute;s generoso regalo que nunca hab&iacute;a imaginado que me har&iacute;a aquel hombre pac&iacute;fico, idealista y flem&aacute;tico que fue mi progenitor. Ya octogenario, muy consciente de que su final se acercaba, soport&oacute; todos los inconvenientes y limitaciones f&iacute;sicas sin una queja. En esa breve e intensa armon&iacute;a del ep&iacute;logo de su vida, s&oacute;lo quiso que le acompa&ntilde;&aacute;ramos la familia m&aacute;s &iacute;ntima y disfrutaba enormemente con la prole de nietos y nietas. S&eacute; que se sent&iacute;a orgulloso de los turnos de cuidados que hac&iacute;amos entre hermanas y hermanos, cada cual seg&uacute;n sus habilidades y posibilidades. Su constante preocupaci&oacute;n por el bienestar de mi madre, que fue aumentando a medida que envejec&iacute;an, creci&oacute; en aquellos d&iacute;as y nos insist&iacute;a para que la hici&eacute;ramos salir y distraerse con sus amigas.
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a de su 80 cumplea&ntilde;os, vimos a mis padres besarse como enamorados, por vez primera delante de todos nosotros. Pap&aacute; siempre hab&iacute;a sido mucho m&aacute;s cari&ntilde;oso de lo que sol&iacute;a ser un hombre de su &eacute;poca y acostumbraba a regalarnos &ldquo;coli&ntilde;os&rdquo; (abrazos en el regazo) sin importarle nuestra edad o envergadura f&iacute;sica. En aquellos d&iacute;as nos repart&iacute;a afectos a granel. Si le preguntaba tras la comida qu&eacute; quer&iacute;a de postre me respond&iacute;a, sonriendo: &ldquo;Te quiero a ti&rdquo;. Pero ten&iacute;a la mirada del espanto que despu&eacute;s he tenido que ver en otros seres queridos aquejados por un c&aacute;ncer terminal. &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; traballi&ntilde;o costa morrer!&rdquo;, me dijo uno de sus &uacute;ltimos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Puede decirse que mi padre tuvo una muerte dulce, con sus tres hijas en la cama abraz&aacute;ndole, sus hijos y mi madre a la vera de su lecho, embargados todos por un llanto manso y pac&iacute;fico con el que le dijimos &ldquo;adi&oacute;s, pap&aacute;&rdquo; acompa&ntilde;&aacute;ndole hasta su &uacute;ltimo suspiro. Desde entonces, me gusta recordarlo en cualquier momento de su vida y de la m&iacute;a, incluida su buena muerte, algo que me reconforta. Quisiera para m&iacute; y para todos los que amo un fin parecido. Si &ldquo;morir habemos, ya lo sabemos&rdquo; &mdash;<em>memento mori</em> que repiten los monjes&mdash;, quiero hacerlo en paz y sin sufrimiento, ni f&iacute;sico ni mental. Afortunadamente, en este pa&iacute;s, disfrutamos de unas leyes muy avanzadas que nos permiten elegir c&oacute;mo queremos irnos de este mundo y, sobre todo, nos libran de dolores en ese tr&aacute;nsito.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Creo firmemente que no hay nada m&aacute;s cruel que lo que le han hecho a Noelia Castillo, retrasando su eutanasia e infligi&eacute;ndole una injustificada prolongaci&oacute;n del dolor durante casi dos a&ntilde;os hasta lograr la muerte digna que la legislaci&oacute;n y el personal sanitario le dieron, tal como ella quer&iacute;a. Que haya sido su padre el principal causante de este sufrimiento explica muy bien la penosa vida que ha tenido la joven que tuvo que ser tutelada por la Generalitat de Catalunya. Tampoco me extra&ntilde;ar&iacute;a que, como dice la ciencia y la psicolog&iacute;a que ocurre en el duelo, ese padre se sintiera &mdash;sin saberlo&mdash; culpable del final de su hija. Una culpabilidad inconsciente porque su litigiosidad demostraba a las claras que le preocupaban m&aacute;s sus sentimientos paternos que el deseo liberador de morir que ten&iacute;a su hija. &ldquo;El dolor que resulta insoportable&nbsp;es el que has creado t&uacute; sinti&eacute;ndote culpable&rdquo;, dice uno de los personajes de la obra &ldquo;El hechizo de Lily Dahl&rdquo;, de la escritora norteamericana Siri Hustvedt.
    </p><p class="article-text">
        Si se puede comprender humanamente la condescendencia de un padre as&iacute;, considero una exigencia &eacute;tica censurar el comportamiento de quienes se han aprovechado de una desgracia tan terrible como la muerte deseada de una persona en constante sufrimiento. Me refiero a los medios que han ca&iacute;do en el execrable periodismo espect&aacute;culo para hacer caja y a los demandantes de causas judiciales con las que quer&iacute;an impedir que se hiciera la voluntad de Noelia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Son deplorables, sobre todo, estos denunciantes que, llevando la causa a los tribunales y ventilando el proceso abierto por el se&ntilde;or Castillo, han convertido los &uacute;ltimos d&iacute;as de esta chica en un suplicio innecesario, &uacute;nicamente por su fanatismo y la b&uacute;squeda de una notoriedad espuria que han logrado a costa de los padecimientos de ella. No deber&iacute;a haber perd&oacute;n para los llamados &ldquo;Abogados Cristianos&rdquo;, convertidos en vengadores justicieros de un caso que no les afectaba en absoluto y que utilizaron de forma miserable para la promoci&oacute;n de su intolerante ideolog&iacute;a de ultraderecha. Y lo hicieron fingiendo una defensa de la vida que tiene muy poco de cristiana porque esta doctrina predica el amor al pr&oacute;jimo y la compasi&oacute;n ante quien sufre.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/buena-muerte_129_13119502.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Apr 2026 20:23:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La buena muerte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Eutanasia,Muerte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuestros niños y niñas de la guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ninos-ninas-guerra_129_13087247.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dbcd319c-d152-4187-9fdf-b49a98f9408e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nuestros niños y niñas de la guerra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algo cambia en nuestro cerebro cuando ese niño que llora con la pierna amputada o la niña famélica de mirada triste está sufriendo una guerra que vemos lejana. Pero ellos siguen siendo nuestros niños y niñas</p></div><p class="article-text">
        No soy de l&aacute;grima f&aacute;cil y menos en el cine. Pero confieso que he sentido correr las l&aacute;grimas, con verdadero dolor de coraz&oacute;n, ante la pel&iacute;cula <em>La voz de Hind</em>. La cinta incluye grabaciones reales de la llamada telef&oacute;nica de una ni&ntilde;a de seis a&ntilde;os en Gaza, atrapada en el veh&iacute;culo de su familia, rodeada de los cad&aacute;veres de sus familiares y con los tanques del ej&eacute;rcito de Israel al acecho. Con su tono infantil, aterrorizada pero firme, se muestra extra&ntilde;ada de que nadie acuda a socorrerla durante las 3 horas de espera. El desamparo est&aacute; en esa vocecita de seis a&ntilde;os. El desespero, en sus interlocutores. La verg&uuml;enza, en el alma de sus asesinos. Y las l&aacute;grimas, escapando de mis ojos. Llor&eacute; de pena y de rabia porque Hind me llamaba a m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        La tristeza se volvi&oacute; furia el d&iacute;a de la entrega de los Oscar al ver la desverg&uuml;enza de los protagonistas de un acto tan c&iacute;nico y superficial, la indiferencia de gentes rodeadas de glamour&nbsp;y modelos despampanantes. Sin atisbo de compasi&oacute;n o empat&iacute;a por esos ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que viven, sufren y mueren en el horror de las guerras que nos rodean cada vez con mayor crueldad y menos justificaci&oacute;n. El miedo a las represalias ser&iacute;a una explicaci&oacute;n muy generosa para esas gentes de la far&aacute;ndula que no permiten que su vida se vea interrumpida por malas noticias. Pero es una disculpa f&aacute;cil y demasiado simple. La indiferencia ante el dolor de los dem&aacute;s es un mal de estos tiempos que est&aacute; muy extendido en el planeta.
    </p><p class="article-text">
        Las sociedades modernas viven (vivimos) muy preocupadas por el cuidado y la protecci&oacute;n de los menores, su salud, alimentaci&oacute;n, seguridad, buena educaci&oacute;n y bienestar emocional. En las familias se ha desarrollado un sistema encomiable de atenci&oacute;n a los menores de la casa con horarios, presupuesto y cuidados que giran siempre a su alrededor. En las escuelas, existen protocolos para todo, bien sea para casos de padres separados, muertes de familiares o necesidades especiales, para las que se han desarrollado todo un acervo de recursos que atienden a discapacidades f&iacute;sicas, intelectuales, del desarrollo, etc. Afortunadamente, los pa&iacute;ses desarrollados como el nuestro, cuidan de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as con especial atenci&oacute;n. Mundialmente, est&aacute;n protegidos jur&iacute;dicamente por declaraciones de derechos y convenciones muy exigentes que imponen a las autoridades de los estados firmantes una rotunda defensa del inter&eacute;s superior del menor, como eje imprescindible de sus pol&iacute;ticas y legislaciones.
    </p><p class="article-text">
        La protecci&oacute;n de los m&aacute;s peque&ntilde;os prevalece desde los inicios de la humanidad cuando las tribus se quedaban al cuidado de las criaturas mientras los adultos &ndash;hombres y mujeres&ndash; sal&iacute;an a cazar. Es natural. Ellos son los m&aacute;s d&eacute;biles e indefensos y con su cuidado se garantiza la perpetuaci&oacute;n de la especie.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No cuidarlos y asegurarles una buena infancia ser&iacute;a tanto como cavar la tumba de nuestro futuro como seres humanos. Quiz&aacute; por eso, sentimos una ternura infinita ante un beb&eacute; que balbucea o nos sonr&iacute;e y existe un impulso natural que nos conmueve para acudir en su defensa cuando le vemos sufrir. Sin embargo, algo cambia en nuestro cerebro cuando ese ni&ntilde;o que llora con la pierna amputada o la ni&ntilde;a fam&eacute;lica de mirada triste est&aacute; sufriendo una guerra que vemos lejana. Pero ellos siguen siendo nuestros ni&ntilde;os y ni&ntilde;as.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese caudal de entretenimiento en el que se han convertido las noticias de las guerras en los telediarios, dedicamos un exabrupto ante esas im&aacute;genes o, como mucho, una l&aacute;grima porque nos sentimos impotentes frente a contiendas b&eacute;licas que vemos tan ajenas. Mientras revisamos la mochila de nuestros hijos y nietas para comprobar si se han comido la fruta de media ma&ntilde;ana y as&iacute; completar adecuadamente el men&uacute; escolar, nos preocupamos por su higiene envi&aacute;ndolos a la ducha y preparamos sus cenas saludables, miles de criaturas menores en todo el mundo son ametralladas, torturadas, aterrorizadas o detenidas a punta de pistola sin que nadie haga nada por evitarlo o, al menos, perseguir a los culpables.
    </p><p class="article-text">
        La ruptura constatada del marco jur&iacute;dico internacional &ndash;que tanto Israel como Rusia y Estados Unidos&ndash; han violado sin mayor sonrojo- incluye tambi&eacute;n la grave vulneraci&oacute;n de los compromisos asumidos en la &ldquo;Declaraci&oacute;n sobre la protecci&oacute;n de la mujer y el ni&ntilde;o en estados de emergencia o de conflicto armado&rdquo; de la ONU suscrita en 1974. Las madres y sus criaturas son objeto de mayor protecci&oacute;n en caso de guerra por considerarse personas vulnerables dentro de la protecci&oacute;n de la poblaci&oacute;n civil en causas b&eacute;licas, trato especial justificado en esta norma &ldquo;por el destino de la generaci&oacute;n venidera&rdquo;. Es obvio que a los actuales gobernantes en guerra no les preocupa lo m&aacute;s m&iacute;nimo la generaci&oacute;n venidera que no sea la suya. Porque estamos comprobando que una de las armas de guerra de estos pa&iacute;ses incluye el hostigamiento y destrucci&oacute;n de civiles, ancianos y ni&ntilde;os en hospitales, escuelas o lugares de residencia.
    </p><p class="article-text">
        Rusia ha secuestrado grupos de ni&ntilde;as y ni&ntilde;os ucranios a las que est&aacute; aleccionando lejos de sus padres y su pa&iacute;s, en abierta conculcaci&oacute;n de la &ldquo;Declaraci&oacute;n de Derechos del Ni&ntilde;o&rdquo; que obliga a los estados, expresamente, a preservar &ldquo;su identidad, incluidos la nacionalidad, el nombre y las relaciones familiares&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Estados Unidos, en su obsesi&oacute;n xen&oacute;foba, persigue a los extranjeros con tanta sa&ntilde;a que no respeta a los menores de las familias inmigrantes, a los que mantiene recluidos con sus padres. En esta guerra interior desatada por el actual presidente, los crueles agentes del ICE han llegado a emplear a los peque&ntilde;os como cebos para capturar a sus padres. No podemos olvidar la carita de susto de Liam, un cr&iacute;o de preescolar que, con su gorro de orejillas y mochila de Spider-Man era conducido por los agentes al coche policial apenas reci&eacute;n llegado de la guarder&iacute;a, cuando la ley dice que los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as &ldquo;por su falta de madurez f&iacute;sica y mental, necesitan protecci&oacute;n y cuidado especiales&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La misma declaraci&oacute;n internacional, que defiende a los menores en zonas de conflicto, es reiteradamente ignorada y violada por Israel en sus ataques a Gaza, en una guerra que naci&oacute; como venganza por un execrable atentado terrorista y termin&oacute; por convertirse en un genocidio para el exterminio de todo un pueblo. S&oacute;lo as&iacute; se entiende la sa&ntilde;a con la que el ej&eacute;rcito israel&iacute; trata a la poblaci&oacute;n civil y, especialmente, a los m&aacute;s peque&ntilde;os. Seg&uacute;n datos facilitados por UNICEF en octubre de 2025, 64.000 ni&ntilde;os y ni&ntilde;as fueron asesinados o resultaron heridos en la guerra de Gaza, con el espantoso agravante de que entre ellos hay 1000 beb&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Hemos visto a ni&ntilde;os jugando al f&uacute;tbol caer abatidos por los disparos de un francotirador, beb&eacute;s ensangrentados o muertos de hambre, criaturas amputadas o ametralladas cuando viajaban con sus familias, como le ocurri&oacute; a Hind. Hemos conocido relatos como el del adolescente que sobrevivi&oacute; al tiroteo del coche familiar, donde perecieron sus padres y hermanos, pero fue maltratado y golpeado por los militares israel&iacute;es cuando sali&oacute; herido del veh&iacute;culo. No es un caso excepcional en el trato a los palestinos de militares israel&iacute;es, violando el principio legal que ordena &ldquo;que ning&uacute;n ni&ntilde;o sea sometido a torturas ni otros malos tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;S&oacute;lo aspiramos&nbsp;(hasta ahora en vano) a impedir el genocidio, a presentar ante la justicia a los que violan gravemente las leyes de la guerra (pues la guerra tiene sus leyes, y los combatientes deber&iacute;an atenerse a ellas) y ser capaces de impedir guerras espec&iacute;ficas imponiendo alternativas negociadas al conflicto armado&rdquo;. (Susan Sontag).</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ninos-ninas-guerra_129_13087247.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Mar 2026 20:47:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nuestros niños y niñas de la guerra]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mulher, mujer, woman, zanan, nahif, femme …]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mulher-mujer-woman-zanan-nahif-femme_129_13047415.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3acefc31-70ed-4543-81fe-970d2e27bea0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mulher, mujer, woman, zanan, nahif, femme …"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Despreciada social y familiarmente por su condición de divorciada, Khadija logró estudiar periodismo e inglés hasta convertirse en reportera y presentadora de la televisión nacional de Afganistán. La echaron de la cadena cuando los talibanes entraron en Kabul y una periodista española la ayudó a huir en los primeros aviones del ejército</p></div><p class="article-text">
        Ella so&ntilde;aba con ser periodista pero su familia la vendi&oacute; con 19 a&ntilde;os y la cas&oacute; con un hombre que nunca la quiso. Su hermano mayor fij&oacute; el precio, gestion&oacute; el acuerdo y la amenaz&oacute; de muerte si no obedec&iacute;a. Su marido la maltrat&oacute; desde el primer d&iacute;a, la encerr&oacute; en la c&aacute;rcel de un burka y la recluy&oacute; en la vivienda familiar de la que no pod&iacute;a salir si no era para visitar a sus padres y siempre acompa&ntilde;ada por sus hermanos varones. Durante siete a&ntilde;os, soport&oacute; un r&eacute;gimen de esclavitud y golpes, obligada a trabajar en la cocina y tareas del hogar a las &oacute;rdenes de su suegra, a la que deb&iacute;a pedir permiso para todo. Tuvo tres hijos en dos embarazos que soport&oacute; aterrorizada por la amenaza del esposo que s&oacute;lo aceptar&iacute;a ni&ntilde;os. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; har&eacute; con ella si nace ni&ntilde;a?&rdquo;, era el pensamiento que no la dejaba vivir.
    </p><p class="article-text">
        En mitad de la noche, desesperada, llena de llagas en la boca y el cuello -fruto de las palizas- se prendi&oacute; fuego arroj&aacute;ndose a la estufa de gas. Su hijo se despert&oacute; y fue en busca del padre. &ldquo;Si quieres suicidarte, vete a casa de tus padres a hacerlo&rdquo;, le dijo aquel hombre. As&iacute; relata su desgraciada existencia en Afganist&aacute;n la periodista Khadija Am&iacute;n, protagonista de la miniserie documental &ldquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute;n mis hijos?&rdquo;, estrenado esta semana en Movistar.
    </p><p class="article-text">
        La joven maltratada acudi&oacute; a las autoridades en busca del divorcio, un &ldquo;privilegio&rdquo; fruto del sistema <em>pseudodemocr&aacute;tic</em>o del pa&iacute;s tras la llegada de las tropas internacionales. El maltratador acord&oacute; dejarla ir si no reclamaba nada y regresaba a casa de sus padres con lo puesto. No es una pel&iacute;cula ni un relato dram&aacute;tico ficcionado. Es la realidad que viven millones de mujeres en todo el mundo. La situaci&oacute;n ha empeorado incluso para las afganas desde que, en el a&ntilde;o 2021, los talibanes se hicieron con el poder. Ahora ni siquiera tienen opci&oacute;n a quejarse por la violencia de sus maltratadores porque, seg&uacute;n reciente normativa, los esposos solo ser&aacute;n castigados con meses de arresto si las palizas se saldan con huesos rotos y heridas abiertas. Y, aun para llegar a la condena, es preciso que ellas acudan acompa&ntilde;adas de sus maltratadores a presentar la denuncia.
    </p><p class="article-text">
        Despreciada social y familiarmente por su condici&oacute;n de divorciada, Khadija logr&oacute; estudiar periodismo e ingl&eacute;s hasta convertirse en reportera y presentadora de la televisi&oacute;n nacional de Afganist&aacute;n. La echaron de la cadena cuando los talibanes entraron en Kabul y una periodista espa&ntilde;ola la ayud&oacute; a huir en los primeros aviones del ej&eacute;rcito. Solo otra mujer afgana volaba en aquel avi&oacute;n que aterriz&oacute; en Torrej&oacute;n. Nada m&aacute;s llegar, gestion&oacute; los visados y 4 plazas en otro avi&oacute;n para el traslado de sus hijos y exmarido a Espa&ntilde;a, pero &eacute;l se neg&oacute; a venir.
    </p><p class="article-text">
        Desde ese d&iacute;a, esta mujer sufre violencia vicaria en toda su crudeza, a pesar de encontrarse a miles de kil&oacute;metros de su pa&iacute;s maltratador. Su sufrimiento es permanente y cruel porque el padre de los ni&ntilde;os afirma que la madre ha muerto y le impide una comunicaci&oacute;n fluida con los peque&ntilde;os. La legislaci&oacute;n afgana solo reconoce la paternidad de los reci&eacute;n nacidos mientras que la madre que los ha parido no figura en ning&uacute;n documento. No tiene legislaci&oacute;n que la ampare, sobrevive condenada a vagar en busca de sus hijos y llorar su p&eacute;rdida, ante la indiferencia del mundo desarrollado donde ahora reside y trabaja.
    </p><p class="article-text">
        He elegido la historia de la refugiada que revela este documental como paradigma del sufrimiento que a&uacute;n deben soportar las mujeres, simplemente, por su lugar de nacimiento. En este 8M de 2026 que celebramos,&nbsp;Afganist&aacute;n es considerado el peor lugar del planeta para ser mujer,&nbsp;seg&uacute;n la ONU, que ha declarado que los talibanes mantienen un <em>apartheid</em> <em>de g&eacute;nero</em>. En otros pa&iacute;ses del mundo -Ir&aacute;n, Sud&aacute;n, Jordania, Arabia Saud&iacute;&hellip;- ellas soportan una existencia sin derechos y nos interpelan a todas y todos sobre c&oacute;mo podr&iacute;amos cambiar tan injusta realidad. Compromiso, empat&iacute;a y solidaridad es la respuesta feminista.
    </p><p class="article-text">
        Lo que es m&aacute;s penoso y cruel es que el populismo pol&iacute;tico tan en boga en el mundo actual utilice el dolor de la poblaci&oacute;n femenina de estas desalmadas autocracias para justificar su racismo, manipular a las v&iacute;ctimas y excusar una guerra decidida `por hombres que, como en la de EEUU e Israel en Ir&aacute;n, las mujeres ser&aacute;n la sufran, como siempre. No olvidemos que se estren&oacute; con una matanza de ni&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        En los pa&iacute;ses occidentales, supuestamente democr&aacute;ticos, vivimos las privilegiadas que hemos avanzado mucho en derechos a lo largo de siglos, gracias a la lucha feminista de quienes -anta&ntilde;o- se levantaron contra la opresi&oacute;n de la mitad de la poblaci&oacute;n. Sin embargo, el trayecto iniciado con la Ilustraci&oacute;n est&aacute; lejos de haber culminado cuando ya surgen s&iacute;ntomas de regresi&oacute;n. Aunque hayan cambiado las leyes para favorecer una situaci&oacute;n social, econ&oacute;mica, vital, justa y equitativa entre hombres y mujeres, la igualdad real est&aacute; lejos de ser una realidad. Las actitudes, mentalidades y reacciones al avance en derechos de todas lastran la aplicaci&oacute;n de las leyes y retrasan la aut&eacute;ntica transformaci&oacute;n social que consiga &ldquo;un mundo de hombres y mujeres m&aacute;s felices y m&aacute;s honestos consigo mismos&rdquo;, como nos ense&ntilde;&oacute; la nigeriana Chimamanda Ngozi.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el sue&ntilde;o que persigue el feminismo, por el que debemos salir todos los d&iacute;as como hoy, 8M, a gritar a las calles para denunciar la desigualdad y la injusticia aqu&iacute; y en Ir&aacute;n, en Espa&ntilde;a y en Afganist&aacute;n, porque todas somos personas sujetas a derechos, con independencia de d&oacute;nde nos haya tocado nacer. Eso es el feminismo que, por definici&oacute;n, ha de ser internacionalista y pacifista. Los estudios de opini&oacute;n nos dicen que algunos y algunas j&oacute;venes se sienten inc&oacute;modas con las connotaciones negativas que se han asociado al t&eacute;rmino en el relato negacionista que etiqueta la lucha por la igualdad como la ant&iacute;tesis del machismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me ha parecido curioso que, siendo Espa&ntilde;a el pa&iacute;s a la vanguardia de la legislaci&oacute;n y sensibilidad feminista dentro del &aacute;mbito europeo, sea tambi&eacute;n donde hoy m&aacute;s crece el n&uacute;mero de mujeres j&oacute;venes que rechaza este concepto y -como los varones de la misma edad- recela de las medidas de igualdad por considerarlas discriminatorias para los hombres. No saben que ellas ya se han beneficiado del feminismo por haber nacido en un pa&iacute;s que respeta sus derechos y crecido en un lugar que les permite la misma capacidad de acci&oacute;n que a los chicos del pupitre de al lado, donde pueden hablar y vestirse como quieran, reclamar cuando se sientan discriminadas, etc. Hay que hacer m&aacute;s pedagog&iacute;a porque&nbsp;se demuestra que est&aacute; cosechando &eacute;xitos la ola reaccionaria que se activ&oacute; para frenar la explosi&oacute;n intergeneracional feminista que ocup&oacute; las calles en 2018.
    </p><p class="article-text">
        Elijo los lemas de una de las manis de este domingo en Madrid que refuerza la idea del Feminismo Internacionalista y Pacifista en respuesta a la barbarie patriarcal y a todo tipo de violencias<em>. &ldquo;Como mujer no tengo patria. Como mujer no quiero patria. Como mujer mi patria es el mundo&rdquo;</em> (Virginia Woolf).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mulher-mujer-woman-zanan-nahif-femme_129_13047415.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Mar 2026 21:37:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mulher, mujer, woman, zanan, nahif, femme …]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[8M,Feminismo,Afganistán,Violencia vicaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lealtad institucional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/lealtad-institucional_129_13007759.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bb13f967-cce0-460f-80e9-40e695f799ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lealtad institucional"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si actuamos de forma consciente y acordada en las despedidas, más aún lo hacemos con motivo de nacimientos, aniversarios y efemérides. Especialmente, en España, lo celebramos todo y no hay meses en el año en los que falte una fiesta diaria en cada uno de los territorios</p></div><p class="article-text">
        Dicen que enterramos muy bien porque a nadie se le ocurre hacer un obituario injurioso del difunto. Cuesti&oacute;n de elegancia, delicadeza y buena educaci&oacute;n. El protocolo funerario forma parte de las costumbres ancestrales que, por repetici&oacute;n y asimilaci&oacute;n, se convierten en cultura de una sociedad, mediante la incorporaci&oacute;n del consiguiente relato a su identidad como grupo para dotar de significado al ritual, sea religioso o no. Si actuamos de forma consciente y acordada en las despedidas, m&aacute;s a&uacute;n lo hacemos con motivo de nacimientos, aniversarios y efem&eacute;rides. Especialmente, en Espa&ntilde;a, lo celebramos todo y no hay meses en el a&ntilde;o en los que falte una fiesta diaria en cada uno de los territorios. La ceremonia con motivo de la longevidad de la Constituci&oacute;n del 78 &mdash;que convoc&oacute; a la clase pol&iacute;tica esta semana en el Parlamento&mdash; parecer&iacute;a algo forzado o, cuando menos, sobreactuado si no la enmarcamos en esta man&iacute;a ritual de inventar causas de celebraci&oacute;n. Teniendo en cuenta nuestros antecedentes como pueblo experto en la discrepancia, m&aacute;s proclive a los altibajos pasionales que a la concienzuda perseverancia, hay muchos motivos para darnos un chute de autoestima y aprovechar la ocasi&oacute;n para sentirnos orgullosos y orgullosas del trabajo bien hecho. &iexcl;&iexcl;&iexcl;Hay tan poco que celebrar &uacute;ltimamente!!!
    </p><p class="article-text">
        Festejar la estabilidad pol&iacute;tica y jur&iacute;dica de nuestro marco de convivencia, que no ha cumplido siquiera 50 a&ntilde;os, puede parecer biso&ntilde;o y autocomplaciente. Lo es si tenemos en cuenta que la Constituci&oacute;n de Estados Unidos lleva en vigor desde 1787 (con sus posteriores enmiendas) y la no codificada del Reino Unido aplica documentos hist&oacute;ricos anteriores a 1215. Pero no se trata ahora de medir el simple paso del tiempo como un valor positivo en s&iacute; mismo, sobre todo cuando estamos viendo c&oacute;mo la longevidad de la &ldquo;Carta de Derechos&rdquo; norteamericana parece papel mojado en manos del trumpismo. Pongamos el foco en los valores que este proceso constituyente ha aportado al desarrollo en paz de una sociedad moderna surgida de un pa&iacute;s que era pobre y atrasado, ahora convertido en uno de los m&aacute;s avanzados, integrado en el espacio geopol&iacute;tico m&aacute;s pr&oacute;spero del planeta. Nadie habr&iacute;a dado un duro por ello cuando se celebraron las primeras elecciones por sufragio universal, tras 40 a&ntilde;os de dictadura. &iquest;Que habr&iacute;a sido posible otra transici&oacute;n? Puede ser... &iquest;Que se cometieron errores? Sin duda. Pero en esa tesitura quisiera ver yo a los que hoy fanfarronean menospreciando la obra del 78, un aut&eacute;ntico milagro realizado en tiempo r&eacute;cord por constituyentes sin experiencia democr&aacute;tica, con los cuarteles en pie de guerra, el b&uacute;nker en primera posici&oacute;n y la vida diaria del pa&iacute;s ensangrentada de muerte por el terrorismo etarra o fascista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que el hoy devaluado consenso y la altura de miras de la clase pol&iacute;tica de los a&ntilde;os 70 fueron las claves del &eacute;xito es una obviedad. Como tambi&eacute;n lo es que el marco de convivencia haya llegado vivo a nuestros d&iacute;as por haber sido resultado de un acuerdo que comprometi&oacute; a todo el espectro econ&oacute;mico, social y pol&iacute;tico (con el a&ntilde;adido de los Pactos de La Moncloa). La sacralizaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n durante estos a&ntilde;os impidi&oacute; su reforma y una necesaria adecuaci&oacute;n a los tiempos modernos (con tan solo tres cambios muy parciales), pero sin duda ha preservado toda su virtualidad como anclaje fiable de nuestra convivencia. Las dos grandes fuerzas pol&iacute;ticas (socialdem&oacute;cratas y conservadores) fueron art&iacute;fices de su aplicaci&oacute;n en las primeras d&eacute;cadas pero la transformaci&oacute;n del espectro electoral y el final del bipartidismo con nuevos elementos de convivencia en el siglo XXI ha alterado este equilibrio. No basta con ensalzar la santa obra constitucional de forma ret&oacute;rica. Como bien dijo Felipe VI en el Parlamento, hay que aplicarla. En la forma y fondo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La lealtad constitucional est&aacute; hoy claramente en entredicho por culpa de tirios y troyanos. La oposici&oacute;n no ejerce de tal ni busca controlar el trabajo del Gobierno para mejorar la vida de la ciudadan&iacute;a sino que usa y abusa de los instrumentos de que dispone con el &uacute;nico af&aacute;n de destruir al adversario. Y el Gobierno se ha atrincherado en su parcela de poder multiplicando su gesti&oacute;n de manera unilateral, sin duda m&aacute;s preocupado de contar con los votos que le permitan seguir administrando el pa&iacute;s que de conservar el esp&iacute;ritu del consenso fundacional de la democracia del 78 que implic&oacute; la complicidad con el partido opositor. Ni el PSOE es lo que era ni mucho menos el PP actual responde al esp&iacute;ritu centrista de los herederos de la UCD. Pero la Constituci&oacute;n que nos rige sigue siendo la misma y ambos partidos est&aacute;n obligados a acatarla y aplicarla, m&aacute;s all&aacute; de sus intereses electorales coyunturales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El texto de la Carta Magna supuso un ejercicio de pericia y prestidigitaci&oacute;n que permiti&oacute; la articulaci&oacute;n de distintas sensibilidades pol&iacute;ticas, identitarias y culturales en un modelo que entonces era novedoso y demostr&oacute; su eficacia durante a&ntilde;os. El reparto de competencias,&nbsp;poderes y contrapoderes est&aacute; basado en el principio de la lealtad institucional para as&iacute; preservar su equilibrio y eficacia. Es esa lealtad, que implica el respeto a las leyes y las instituciones, la piedra de toque de la Constituci&oacute;n, lo que nos garantiza la paz y asegura la convivencia. Si pervertimos y destruimos ambas estamos debilitando su arquitectura y corrompiendo sus valores. Se da&ntilde;an las instituciones cuando las autonom&iacute;as incumplen sistem&aacute;ticamente las leyes del gobierno central o llevan a los consejos territoriales posiciones que obedecen a t&aacute;cticas de partido; los ayuntamientos aplican las normas de acuerdo con su ideolog&iacute;a y desequilibran el reparto territorial de los servicios p&uacute;blicos; cuando las mayor&iacute;as reforzadas previstas en la Constituci&oacute;n son utilizadas como herramientas de bloqueo, el Senado se convierte en una jaula de grillos o la sesi&oacute;n de control al Gobierno simula un patio de monipodio; las instancias judiciales se usan para ajustes de cuentas y siempre que los adversarios se comportan como enemigos mortales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De poco servir&aacute; seguir celebrando efem&eacute;rides constitucionales si estamos minando sistem&aacute;ticamente su esp&iacute;ritu de respeto institucional y fidelidad a sus principios. Ya podemos proclamar la longevidad de un bonito marco jur&iacute;dico si lo estamos dinamitando en sus cimientos, cuales termitas depredadoras, porque se convertir&aacute; en un texto inane y hueco de imposible aplicaci&oacute;n. As&iacute; que, menos fastos y m&aacute;s esfuerzos. Menos predicar y m&aacute;s dar trigo, como dice el refr&aacute;n. Porque, al final, los temporales no eligen territorios, pueden llegar por igual a cualquiera, las danas e incendios devastadores pueden afectar hoy a una y ma&ntilde;ana a otra autonom&iacute;a, las pandemias o los accidentes ferroviarios, de aviaci&oacute;n o mar&iacute;timos no eligen el color del gobierno al que le explotan. Todos y todas vamos en el mismo barco. Ocup&eacute;monos de que la carga vaya bien estibada, el motor est&eacute; en condiciones y la ruta, certera. Por lo menos, cuidemos los botes salvavidas, por si acaso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/lealtad-institucional_129_13007759.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Feb 2026 20:55:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lealtad institucional]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Constitución,Constitución Española,Felipe VI,Congreso de los Diputados]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué no nos creen?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-creen_129_12969885.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3afd4dd7-c739-4805-b97f-263515b4e5f2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué no nos creen?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Todas conocemos a chicas que han sido agredidas, abusadas, importunadas o amenazadas por varones en su ámbito de trabajo, en la familia, en un taxi o en una noche de copas, sin que se hayan planteado siquiera denunciar. Es más, quienes lo hacen, terminan por retirarse de la causa para evitar mayores sufrimientos</p><p class="subtitle">Elisa Mouliaá alega “razones de salud” y retira su acusación de abuso sexual contra Íñigo Errejón</p></div><p class="article-text">
        Pen&eacute;lope desciende de sus aposentos privados a la gran sala de palacio y se encuentra con un trovador que canta, para la multitud de pretendientes, las vicisitudes que sufren los h&eacute;roes griegos en su viaje de regreso al hogar. El tema no le agrada porque su esposo Ulises se halla en esa tesitura en aquellos momentos. La reina pide al cantante que elija otra pieza m&aacute;s alegre. Tel&eacute;maco, su hijo, interviene de inmediato para ejercer su masculinidad reci&eacute;n estrenada, pues acaba de salir del cascar&oacute;n. &ldquo;Madre m&iacute;a, vete adentro de la casa y oc&uacute;pate de tus labores propias, del telar y de la rueca&hellip; El relato estar&aacute; al cuidado de los hombres y sobre todo al m&iacute;o. M&iacute;o es, pues, el gobierno de la casa&rdquo;. En este relato que recoge Homero en su<em> Odisea</em> sit&uacute;a la gran historiadora brit&aacute;nica Mary Beard el primer momento documentado de un hombre dici&eacute;ndole a una mujer que se calle, que su voz no hab&iacute;a de ser escuchada en p&uacute;blico. La historia data de tres mil a&ntilde;os pero esa man&iacute;a con silenciar a las mujeres pervive todav&iacute;a hoy en nuestras sociedades modernas.
    </p><p class="article-text">
        En Afganist&aacute;n, los talibanes han prohibido que las voces femeninas puedan ser escuchadas fuera de sus casas. Les est&aacute; prohibido hablar en voz alta o cantar y no pueden dejarse o&iacute;r por quienes no sean de su familia. Me dir&aacute;n que es una aberraci&oacute;n m&aacute;s del <em>apartheid </em>de g&eacute;nero que azota a ese pa&iacute;s &mdash;que lo es&mdash; pero no es s&oacute;lo una casualidad irracional de esos salvajes que detentan el poder en Kabul sino la consecuencia de una tradici&oacute;n ancestral de los afganos. En tiempos de la supuesta democracia que cay&oacute; en 2021, los hombres silenciaban sin pudor los auriculares en el parlamento cuando hablaban las diputadas y senadoras y los pol&iacute;ticos retiraban el micr&oacute;fono a las periodistas que hac&iacute;an preguntas inc&oacute;modas. No nos rasguemos las vestiduras con el mundo afgano puesto que un tal Trump y su equipo responden de manera igualmente intempestiva ante las preguntas molestas de las periodistas. &ldquo;Cerdita est&uacute;pida&rdquo;, &ldquo;eres lo peor, nunca te he visto sonre&iacute;r&rdquo;, les dice el aut&oacute;crata, entre otras lindezas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En occidente, el desprecio de la voz de las mujeres &mdash;cuando se hace patente en &aacute;mbitos de hegemon&iacute;a masculina&mdash; est&aacute; tan arraigado que lo hemos normalizado. Ni siquiera nos damos cuenta de que existe pero salpica a todos los estamentos, sin olvidar el judicial donde las mujeres deben comportarse como hero&iacute;nas dispuestas a pasar por el cadalso si quieren denunciar a un hombre por acoso, especialmente, si es de car&aacute;cter sexual. Ese trato vejatorio pero espont&aacute;neo se manifiesta cuando se busca silenciar a las que denuncian ante los tribunales, ignorar a las que tratan de defender sus posiciones &mdash;incluso si ocupan puestos de poder&mdash; y desacreditar las acusaciones o la simple exposici&oacute;n de los hechos. Acallar, ignorar y negar son las tres caras de un mismo prisma que busca deslegitimar la palabra femenina cuando queremos hacernos o&iacute;r como voces de autoridad. Porque, en realidad, lo que se niega es el valor de la palabra de las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        El hartazgo de Elisa Moulia&aacute;, que ha tirado la toalla en la causa judicial, tras el calvario que ha sufrido durante a&ntilde;o y medio del proceso de su acusaci&oacute;n a I&ntilde;igo Errej&oacute;n por acoso sexual, es un ejemplo de lo que muchas otras sufren y padecen. Tras haber visto el doloroso interrogatorio al que fue sometida por el juez (por su notoriedad, difundido p&uacute;blicamente), a nadie puede extra&ntilde;ar que ninguna otra en sus circunstancias se haya atrevido a acudir a la Justicia donde, a buen seguro, se encontrar&iacute;a igualmente tratada por el mismo tribunal. Sin prejuzgar la culpabilidad del acusado al que le asiste la presunci&oacute;n de inocencia, me atrevo a afirmar que Moulia&aacute; ha sido innecesaria y cruelmente martirizada y revictimizada. Me basta para ello, tomar en cuenta la decisi&oacute;n del juez que encontr&oacute; indicios suficientes para instruir la causa y la opini&oacute;n de la fiscal&iacute;a que dio veracidad a sus palabras. El sufrimiento procesal s&oacute;lo ha sido una parte del castigo recibido por la acusadora puesto que en internet se ha abierto barra libre para la jaur&iacute;a juzgadora que la ha Hostigado con los m&aacute;s descarnados veredictos condenatorios. Ocurri&oacute; en redes sociales y tambi&eacute;n en comentarios de la noticia de su renuncia en este y otros diarios. Llamarla mentirosa fue lo m&aacute;s suave que le dijeron en una conversaci&oacute;n espeluznante donde vi salir a la luz del anonimato toda la bilis machista, seguramente, escondida bajo el rostro de personas supuestamente progresistas. Ya dijo Errej&oacute;n que, a veces, entre lo que defiendes y lo que haces hay un mundo cuando reconoci&oacute; haber &ldquo;llegado al l&iacute;mite de la contradicci&oacute;n entre el personaje y la persona&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando cre&iacute;amos que esta sociedad hab&iacute;a cambiado, que hoy no ser&iacute;an posibles juicios como los de La Manada o la tortura a la que sometieron su partido y sus vecinos a Nevenka, resulta que estamos en lo mismo. Que en el caso de la edil de M&oacute;stoles, el PP sigue creyendo que la mejor defensa es guardar silencio, como le dijeron a la concejala cuando se quejaba del acoso del alcalde.&nbsp;En el colmo del cinismo, mientras Ayuso acusa a la v&iacute;ctima y cierra filas con el presunto acosador, los populares se llenan la boca de palabras gruesas regode&aacute;ndose en los casos de acoso de los socialistas, como hicieron en el Senado con Francisco Salazar, a quien s&oacute;lo castig&oacute; su partido cuando salieron a la luz sus obscenidades. Callar es por lo que optaron las mujeres que sumaron sus casos a los de Moulia&aacute; en redes sociales pero nunca denunciaron en los tribunales. Siguen pensando que el silencio las protege. Cuando es todo lo contrario y s&oacute;lo dando voz a las agresiones y abusos se puede luchar contra ellos. Pero a las v&iacute;ctimas no se les puede exigir que se entreguen ciegamente a la jaur&iacute;a que las va a despedazar. Hay que levantar la voz. Pero la sociedad y las instituciones tienen la obligaci&oacute;n de defendernos.
    </p><p class="article-text">
        No basta con disponer de leyes tan avanzadas como las que hemos alcanzado en Espa&ntilde;a. Como dice Anna Caball&eacute;, &ldquo;por s&iacute; solos, los derechos formales son sacos vac&iacute;os&rdquo;. Aunque la ley garantiza una asistencia especializada jur&iacute;dica, psicol&oacute;gica y social a las v&iacute;ctimas, no parece que esto haya ocurrido hasta ahora. El sistema ha fallado y se impone una urgente revisi&oacute;n y correcci&oacute;n para que las administraciones a las que corresponda la competencia asuman su culpa y corrijan las carencias. No es de recibo que, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, veamos c&oacute;mo algunas autonom&iacute;as cierran sus ejercicios sin haber gastado los presupuestos destinados a violencia de g&eacute;nero. Adem&aacute;s, es necesario que cambien las estructuras sociales y, especialmente, los &aacute;mbitos de poder. Es urgente dotar a las instituciones e invertir, de verdad, esos recursos p&uacute;blicos especializados para acompa&ntilde;ar a las v&iacute;ctimas, aliviar su sufrimiento y evitar la revictimizaci&oacute;n en un proceso en el que buscan justicia y no venganza. Hay que darles credibilidad desde el principio, para que no desistan. Lo que subyace en todas las denuncias de malos tratos y acoso a las mujeres -especialmente si es sexual- siempre es la desconfianza y la puesta en cuesti&oacute;n de sus acusaciones. Porque no nos creen.
    </p><p class="article-text">
        Todas conocemos a chicas que han sido agredidas, abusadas, importunadas o amenazadas por varones en su &aacute;mbito de trabajo, en la familia, en un taxi o en una noche de copas, sin que se hayan planteado siquiera denunciar. Es m&aacute;s, quienes lo hacen, terminan por retirarse de la causa para evitar mayores sufrimientos. Urge un estudio riguroso de los elevados porcentajes de las denuncias de acoso que son retiradas porque saben que su palabra va a ser cuestionada y ser&aacute;n ellas las acusadas. Este miedo tiene que cambiar de bando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A todos esos opinadores que han condenado ya y tildado de mentirosa a Moulia&aacute;, me gustar&iacute;a hacerles la pregunta que lanz&oacute; al aire mi colega Cristina Fallar&aacute;s, en TVE: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; razones llevaron a Elisa Moulia&aacute; a mentir sin necesidad, sabiendo la que se le ven&iacute;a encima y que lo &uacute;nico que pod&iacute;a hacer era perder?&rdquo;. Es una cuesti&oacute;n interesante que nos lleva a preguntarnos, una vez m&aacute;s, &iquest;por qu&eacute; no nos creen a las mujeres cuando hablamos de acoso y consentimiento? &iquest;Por qu&eacute; nadie nos inquiere los detalles de un robo cuando denunciamos que nos han sustra&iacute;do el bolso pero nos preguntan c&oacute;mo fueron los detalles &iacute;ntimos del sobeteo de pechos, pubis y nalgas? Es la credibilidad de las voces femeninas la que est&aacute; en juego y, sobre todo, cuando se ve amenazada la primac&iacute;a de la iniciativa sexual que siempre han llevado los varones mientras a nosotras ni se nos conced&iacute;a el derecho al consentimiento. Y otra vez con lo mismo: es la resistencia a asumir que somos la mitad de la poblaci&oacute;n con igualdad de derechos en todos los &aacute;mbitos p&uacute;blicos y privados. Que debemos compartir espacios y disfrute sin supremac&iacute;a de nadie sobre nadie. M&aacute;s all&aacute; del consentimiento, nosotras decidimos si queremos o no iniciar, continuar o terminar una relaci&oacute;n. Es nuestra decisi&oacute;n y nuestra palabra. Empecemos por aceptarlo, compa&ntilde;eros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-creen_129_12969885.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Feb 2026 21:03:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué no nos creen?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Íñigo Errejón,Agresiones sexuales,Justicia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un rayo de luz en la oscuridad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/rayo-luz-oscuridad_129_12932836.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ab456d96-06e0-4517-b75c-5950f5535ec4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2668y1179.jpg" width="1200" height="675" alt="Un rayo de luz en la oscuridad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Frente a la degradación de la política y el desprestigio que alcanza en estos tiempos el ejercicio de esta vocación de servicio, los comportamientos y el liderazgo de Óscar Puente y Juanma Moreno nos permiten atisbar un hilo de esperanza y optimismo sobre la posible recuperación de los principios democráticos de nuestros gobernantes y partidos opositores.</p></div><p class="article-text">
        Estaba yo batallando con el endemoniado portal de Renfe, con intenci&oacute;n de comprar el billete de mi pr&oacute;ximo viaje, cuando la televisi&oacute;n me dio la noticia: descarrilamiento de un tren. En un primer momento, hablaban de una v&iacute;ctima mortal pero, por mi experiencia en informaci&oacute;n sobre cat&aacute;strofes, ya me tem&iacute;a que el dato cambiar&iacute;a. Puse el radar informativo y continu&eacute; con el tr&aacute;mite sin dejarme condicionar por el escalofr&iacute;o. Finalmente, le gan&eacute; la batalla a la fastidiosa web y me hice con el derecho a viajar en AVE la pr&oacute;xima semana. La vida sigue. Y la m&iacute;a siempre ha circulado entre las paralelas v&iacute;as de los trenes, que son los referentes de mis peripecias vitales. Es lo que tiene haber nacido en la esquina noroeste de la pen&iacute;nsula.
    </p><p class="article-text">
        Gentes como cualquiera de nosotros y nosotras viajaban en tren ese d&iacute;a de Madrid a Huelva y de M&aacute;laga a la capital. En cuesti&oacute;n de segundos, la cat&aacute;strofe se apoder&oacute; del pa&iacute;s, de las gentes del com&uacute;n y de las autoridades. Como las familias se ven en las herencias y las amistades en las enfermedades, la ciudadan&iacute;a y las instituciones revelan su aut&eacute;ntico rostro en las situaciones de emergencia. En Espa&ntilde;a hemos vivido muchas desgracias para saber a qu&eacute; atenernos. Sin embargo, en cada ocasi&oacute;n, se supera nuestra capacidad de asombro ante los ejemplos de nuestro pueblo, por las respuestas solidarias, esforzadas, generosas, eficaces y fiables de la ciudadan&iacute;a y las instituciones p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        En sucesos de esta magnitud, el demonio tambi&eacute;n est&aacute; en los detalles. Y, adem&aacute;s de los medios humanos y materiales de la emergencia, los tiempos tambi&eacute;n son importantes. Mucho m&aacute;s cuando estamos ante una cat&aacute;strofe que se desata en segundos con consecuencias mortales y traum&aacute;ticas para el personal y los usuarios de los trenes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso, la visi&oacute;n temprana de las autoridades del Estado en su conjunto &mdash;de todos los niveles de la Administraci&oacute;n&mdash;, en la rueda de prensa en la ma&ntilde;ana del d&iacute;a siguiente al choque de trenes, signific&oacute; un atisbo de aire, un peque&ntilde;o alivio para quienes ten&iacute;amos en la retina desafortunadas situaciones anteriores donde tal nivel de colaboraci&oacute;n hab&iacute;a brillado por su ausencia. Que el presidente del Gobierno central y el de la autonom&iacute;a andaluza dieran preferencia al alcalde de Adamuz para abrir la comparecencia ante los medios fue un gesto generoso y acorde con el comportamiento del pueblo, todos sus servicios y vecindario que se movilizaron sin paliativos para ayudar en la atenci&oacute;n y rescate de las v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        Desde el primer momento, tanto el ministro de Transportes como el presidente de Andaluc&iacute;a se hab&iacute;an personado en el lugar de los hechos para seguir sobre el terreno el trabajo esforzado y sin pausa de bomberos, guardias, sanitarios, funcionariado y otros profesionales de las emergencias. No es de extra&ntilde;ar que ambos hayan podido ofrecer tan exhaustivos detalles de los trenes, las v&iacute;ctimas y hasta vivencias humanas de los profesionales en el terreno. No fueron s&oacute;lo a hacerse la foto sino que se implicaron a fondo y a ambos pudimos verlos conmovidos y emocionados por la atroz visi&oacute;n del sufrimiento conocido. Acertaron al mantener en estas fat&iacute;dicas horas un nivel de comparecencias, comunicaci&oacute;n e informaci&oacute;n p&uacute;blica sin parang&oacute;n, en lo que yo puedo recordar tras casi cinco d&eacute;cadas de ejercicio del periodismo. Bendita lealtad institucional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Frente a la degradaci&oacute;n de la pol&iacute;tica y el desprestigio que alcanza en estos tiempos el ejercicio de esta vocaci&oacute;n de servicio &mdash;claramente justificado por los comportamientos abyectos de los propios dirigentes&mdash;, los comportamientos y el liderazgo de &Oacute;scar Puente y Juanma Moreno nos permiten atisbar un hilo de esperanza y optimismo sobre la posible recuperaci&oacute;n de los principios democr&aacute;ticos de nuestros gobernantes y partidos opositores. Un rayo de luz en la oscuridad. Hasta ahora, el pesimismo pesaba en el &aacute;nimo de quienes siempre quisimos una democracia solvente y fiable para nuestro pa&iacute;s. El panorama de la controversia pol&iacute;tica en Espa&ntilde;a es sombr&iacute;o porque se ve alimentado a diario por guerras fratricidas entre adversarios que se comportan como enemigos sanguinarios en peleas cainitas, m&aacute;s personales que ideol&oacute;gicas. La politizaci&oacute;n ha adquirido as&iacute; un sentido peyorativo que nunca deber&iacute;a haber tomado y los j&oacute;venes han empezado a usar este t&eacute;rmino como sin&oacute;nimo de abuso y corrupci&oacute;n, cuando es todo lo contrario. Politizar lo personal es elevarlo de categor&iacute;a, como nos ense&ntilde;&oacute; Simone de Beauvoir.
    </p><p class="article-text">
        La coincidencia del presidente del Gobierno y el de la Junta de Andaluc&iacute;a en defender al alim&oacute;n la &ldquo;lealtad institucional&rdquo;, como un valor incuestionable, nos recuerda un principio que parec&iacute;an haber olvidado quienes tienen la responsabilidad de entenderse para preservar un sistema democr&aacute;tico de valores y principios que es de todos y todas, y que nadie tiene derecho a degradar por intereses privados de sus respectivos equipos u organizaciones pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el presidente andaluz les ha dado una lecci&oacute;n a sus correligionarios del partido opositor al adelantarse en aquella primera y emblem&aacute;tica rueda de prensa de la ma&ntilde;ana del d&iacute;a 19 de enero y apostar por la cooperaci&oacute;n institucional, sin paliativos, sin restricciones mentales ni eufemismos. &ldquo;Juntos llegamos m&aacute;s lejos y m&aacute;s r&aacute;pido&rdquo;, dijo. La rotundidad de este pensamiento y la categor&iacute;a de quien lo pronunciaba &mdash;con una dilatada experiencia pol&iacute;tica en el PP y considerables resultados electorales&mdash; se convirti&oacute;, en ese momento, en voz de autoridad dentro del primer partido de la oposici&oacute;n que &mdash;a duras penas, y con alguna nauseabunda salida de guion&mdash; rebaj&oacute; el tono de sus habitualmente agresivas declaraciones, en los primeros momentos.
    </p><p class="article-text">
        El luto qued&oacute; establecido en Andaluc&iacute;a y en toda Espa&ntilde;a, como corresponde al sentimiento de dolor compartido, seg&uacute;n la tradici&oacute;n y costumbres en este pa&iacute;s. Con penosas excepciones. En las primeras horas del siniestro, con los cad&aacute;veres todav&iacute;a por retirar del amasijo de chatarra, los enfermos en las UCIs y las familias buscando desesperadas a sus desaparecidos, Santiago Abascal despreci&oacute; el duelo para acusar al Gobierno de Espa&ntilde;a y sembrar la desconfianza entre la ciudadan&iacute;a, demostrando con ello una bajeza moral solo comparable a la del familiar que aprovecha el enterramiento para exigir la herencia.
    </p><p class="article-text">
        La tentaci&oacute;n de buscar culpables de todo lo malo que nos ocurre est&aacute; en el ADN de los espa&ntilde;oles y espa&ntilde;olas, como consecuencia de una educaci&oacute;n religiosa en la que el pecado imprime una mancha indeleble. Creo que esta obsesi&oacute;n condiciona toda discusi&oacute;n y diatriba entre nosotros y nosotras. Lo vemos en las comidas familiares, asociaciones de vecinos o charlas de barra de bar y tambi&eacute;n se ve reflejado en el comportamiento de nuestros representantes pol&iacute;ticos que confunden la b&uacute;squeda de culpables con la exigencia de la verdad. Igualmente, en este terreno de la investigaci&oacute;n de las causas del accidente ferroviario, es necesario que funcionen con rigor las instituciones y, una vez m&aacute;s, los tiempos son importantes. La ciencia y la justicia deben actuar con los procedimientos, medios y m&eacute;todos m&aacute;s exigentes&nbsp;y coordinados. La autoridad judicial (con la Guardia Civil bajo su mandato) y la Comisi&oacute;n Independiente de Accidentes Ferroviarios&nbsp;habr&aacute;n de trabajar para prestar siempre su servicio a la verdad y nunca de la inmediatez de unas conclusiones precipitadas para servir a intereses particulares, sean pol&iacute;ticos o personales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La excelente gesti&oacute;n de la tragedia por parte de las instituciones y autoridades no excluye la posterior exigencia de responsabilidades por las deficiencias, errores o incompetencias que puedan detectarse en un estudio detallado y menos apresurado de los hechos y la respuesta de emergencias. Desde el punto de vista del servicio ferroviario, hemos pasado ya a la segunda fase que implica las investigaciones cient&iacute;ficas y de los tribunales, ya mencionadas. De ellas, adem&aacute;s de las posibles consecuencias judiciales, tendr&aacute; que derivarse, necesariamente, un diagn&oacute;stico del suceso con sus consabidas repercusiones en la adopci&oacute;n urgente de medidas para que no se vuela a repetir y la exigencia de responsabilidades.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cabe esperar que la grandeza mostrada por nuestros representantes en los primeros momentos, los lleve a actuar en consecuencia en la asunci&oacute;n de sus culpas, si las hubiere. De no ser as&iacute;, tambi&eacute;n confiamos en que la oposici&oacute;n se la reclame, como le corresponde hacer en toda democracia. Pero eso ya llegar&aacute;. Ser&aacute; m&aacute;s adelante. De momento, yo me voy a coger el AVE a Vigo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/rayo-luz-oscuridad_129_12932836.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jan 2026 21:22:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un rayo de luz en la oscuridad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Accidente trenes Adamuz,Óscar Puente]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nos movieron los marcos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/movieron-marcos_129_12896227.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8cd58a79-e32d-4071-95a0-aa44ef2db1f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nos movieron los marcos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con Rusia y China, Trump jugará su partida de pillos para repartirse el mundo, sin tener en cuenta a los seres humanos que se vean afectados por sus decisiones, sean emigrantes, víctimas de mortíferos autócratas o la existencia misma del planeta</p></div><p class="article-text">
        Lo aconsejaba el experto en comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica George Lakoff, tras el atentado a las torres gemelas de Nueva York: &ldquo;Nuestros cerebros tienen que cambiar&rdquo;. Lo dijo en 2003, pero entonces no sab&iacute;amos hasta qu&eacute; punto el mundo se iba a volver del rev&eacute;s. Asistimos as&iacute; a la agon&iacute;a del antiguo r&eacute;gimen porque en ese instante hist&oacute;rico en el que ve&iacute;amos la destrucci&oacute;n fulminante del <em>skyline</em>, la pol&iacute;tica exterior norteamericana y, en consecuencia, la de occidente se desmoronaban. Todo lo que hasta entonces d&aacute;bamos por supuesto empez&oacute; a deshacerse entre los dedos como arena de la playa. Hoy, los pocos terrones que nos quedaban, est&aacute;n saltando por los aires.
    </p><p class="article-text">
        El 11-S, la administraci&oacute;n Bush transform&oacute; las tremendas masacres terroristas en una declaraci&oacute;n de guerra y as&iacute; lanzar un contraataque violento a la altura de la ofensa. Resignific&oacute; el criminal atentado con una met&aacute;fora b&eacute;lica para justificar una respuesta sin precedentes &ndash;&ldquo;Guerra contra el terror&rdquo;-, saltarse las normas y, de paso, aprovechar los r&eacute;ditos econ&oacute;micos. Ignor&oacute; a la ONU para atacar Irak y, en el nuevo estilo metaf&oacute;rico, busc&oacute; una burda disculpa en las armas de destrucci&oacute;n masiva que nunca aparecieron. No es que antes no hubiera desmanes colonizadores de su pa&iacute;s, pero siempre se hicieron de tapadillo. Es m&aacute;s, nadie en Azores explicit&oacute; &ldquo;ataques terrestres&rdquo; o &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo; de Irak sino meras amenazas a Sadam. Est&aacute;bamos a&uacute;n ante los primeros pasos de una nueva realidad en la que todav&iacute;a se guardaban las formas de diplom&aacute;tica tradici&oacute;n internacional.
    </p><p class="article-text">
        Poco a poco, la quiebra del sistema fue aumentando su desgarro, incluidos cambios legales para la relajaci&oacute;n del control parlamentario y las medidas legales garantistas a fin de acometer acciones antiterroristas, supuestamente de guerra (o al rev&eacute;s, seg&uacute;n conviniera). La brecha en la legalidad vigente se acrecentaba corroyendo un sistema de seguridad jur&iacute;dica internacional (legalidad, acuerdos y derechos humanos) que nuestros antepasados definieron, a partir de las experiencias aprendidas de las dos destructivas guerras mundiales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su primer mandato, Donald Trump, ya mostr&oacute; rasgos de matonismo y ense&ntilde;&oacute; los dientes de depredador del multilateralismo. La comunidad internacional no se conmovi&oacute; demasiado frente a su crueldad, pensando que pronto ser&iacute;a frenado por la potente administraci&oacute;n norteamericana. Fue Robert de Niro quien advirti&oacute; al mundo: &ldquo;En cuanto a Trump, sinceramente creo que es malo&rdquo; (<em>Envoy&eacute; Special</em>, nov. 2024).
    </p><p class="article-text">
        El violento asalto al Capitolio, cuando perdi&oacute; las elecciones de 2020, supuso un aviso: hordas desbocadas ejerciendo violencia, movidas por una pasi&oacute;n desenfrenada inyectada por la toxicidad de una mentira defendida, difundida y sostenida en el tiempo por su jefe de filas. El elemento audiovisual e iconogr&aacute;fico tuvo y sigue teniendo un rol decisivo en los nuevos tiempos. Los desmanes de la masa iracunda en la sede de la soberan&iacute;a nacional norteamericana fueron seguidos en directo por el mundo entero y para siempre quedar&iacute;a en nuestra retina aquel hombre coronado de cuernos y pieles, bandera en ristre y pinturas de guerra en rostro y torso (representante de la pureza de la raza de los colonos del lejano oeste), violentando sin respeto ni escr&uacute;pulos el templo de la democracia.
    </p><p class="article-text">
        En su segundo mandato, Trump super&oacute; todos los l&iacute;mites y se hizo acreedor de las escandalosas escenas de sus fan&aacute;ticos hinchas, a los que indult&oacute; sin reparar en el da&ntilde;o causado ni el dolor de las familias de los fallecidos. Estren&oacute; su presidencia con la emisi&oacute;n continuada del <em>show</em> en el que convirti&oacute; sus primeros pasos y la firma de una ristra desmedida de decretos en los que ya incluy&oacute; amenazas a diestra y siniestra, rubricadas por el delirante lanzamiento del rotulador a su entregada audiencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No ha perdido el tiempo. A cada paso que, da el resto del mundo se va quedando m&aacute;s pasmado y, lo que es m&aacute;s lamentable, sin capacidad de reacci&oacute;n. Los movimientos -ahora vemos que pacatos- de sus predecesores fueron aprovechados por Trump para romper la baraja internacional de forma brutal e imponer sus nuevas normas del juego. Sin complejos &ndash; casi siempre con muy malos modos-, est&aacute; echando por tierra los principios sobre los que se ha asentado el orden mundial durante d&eacute;cadas. Los valores morales y compromisos legales que conformaban el marco de convivencia global ya no existen y van a ser sustituidos por intereses particulares y lucrativos de quien tenga m&aacute;s poder, dinero, petr&oacute;leo, armas, tierras raras, etc.
    </p><p class="article-text">
        Con Rusia y China, Trump jugar&aacute; su partida de pillos para repartirse el mundo, sin tener en cuenta a los seres humanos que se vean afectados por sus decisiones, sean emigrantes, v&iacute;ctimas de mort&iacute;feros aut&oacute;cratas o la existencia misma del planeta (abandono total de la lucha contra el cambio clim&aacute;tico). Que Delcy Rodr&iacute;guez sea una gobernante tan ileg&iacute;tima como Maduro y que Diosdado Cabello deba pagar por la sangre derramada, no le importa. Que el pueblo siga sin comida ni libertad o que el aparato represor del r&eacute;gimen chavista siga intacto, tampoco. Lo &uacute;nico que le preocupa es que otros escarmienten en cabeza ajena (Colombia) ante su &ldquo;guerra contra el narcotr&aacute;fico&rdquo;. Ahora centra sus esfuerzos en anular la fuerza de los <em>aparachis</em> cubanos que mueven los hilos de la guerrilla en Venezuela para poder mantener la estabilidad de un pa&iacute;s que ya da por colonizado. En un tira y afloja (como la liberaci&oacute;n de presos pol&iacute;ticos), har&aacute; lo que le convenga para asentar su poder, satisfacer su codicia y acallar las cr&iacute;ticas internas de sus electores republicanos.
    </p><p class="article-text">
        En el minifundio gallego, el valor del terreno -rico pero escaso- es sagrado y cada cual vigila con empecinamiento los marcos (mojones) que lo se&ntilde;alizan. Sin embargo, desde tiempos ancestrales, existen vecinos ambiciosos que aprovechan la oscuridad para mover las piedras que marcan las lindas de las haciendas colindantes. &ldquo;<em>Mov&eacute;ronme os marcos</em>&rdquo; (me movieron los marcos), se escucha a menudo el lamento de las v&iacute;ctimas mientras el supuesto ladronzuelo es repudiado por el pueblo y castigado socialmente con la tacha de tan fea man&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo a Lakoff que acu&ntilde;&oacute; un t&eacute;rmino conceptual con la misma palabra, convertido en referente de la comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica, porque &ldquo;los marcos son estructuras mentales que conforman nuestro modo de ver el mundo&rdquo;, al tiempo que nos ense&ntilde;&oacute; que &ldquo;el cambio de marco es cambio social&rdquo;. Para transformar el <em>statu quo</em> de las relaciones internacionales, Trump nos movi&oacute; los marcos y ahora la respuesta est&aacute; en nuestro tejado.
    </p><p class="article-text">
        Busquemos lo que nos une, que son nuestros valores y principios morales, porque EEUU viene a por la Uni&oacute;n Europea. Como tambi&eacute;n dijo De Niro: &ldquo;Hay que pelear, no hay otra forma de enfrentar a un mat&oacute;n&rdquo;.&nbsp;Es tiempo de unidad para presentar un frente com&uacute;n, en Espa&ntilde;a y en toda la UE. Hagamos valer su potencia econ&oacute;mica y comercial mundial actuando con una sola voz, aunque algunos prefieran quedarse en los m&aacute;rgenes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/movieron-marcos_129_12896227.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jan 2026 21:45:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nos movieron los marcos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Venezuela,Vladímir Putin,Xi Jinping]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nacidas el 20N]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nacidas-20n_129_12806323.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ac31209e-111b-44b8-94b2-cff22c11f6ee_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nacidas el 20N"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Frente a la creencia común que entiende la felicidad como sinónimo de juventud, mi generación tiene motivos para reivindicar el disfrute de una existencia plena a partir de la madurez. Especialmente, las mujeres podemos decir que el 20N nacimos de nuevo</p></div><p class="article-text">
        Recuerdo que estaba muy dormida cuando escuch&eacute; un timbrazo largo que sonaba en mi habitaci&oacute;n del colegio mayor. Anuncio de visita. Me parec&iacute;a extra&ntilde;&iacute;simo un aviso as&iacute; a aquellas horas. Las correr&iacute;as y voces de mis compa&ntilde;eras por el pasillo me pusieron en alerta. Encend&iacute; la radio. M&uacute;sica sacra. &iexcl;El hecho biol&oacute;gico! Me vest&iacute; a toda prisa y baj&eacute; a recepci&oacute;n. El hall era un hervidero de estudiantes. Se respiraba una agitaci&oacute;n en el ambiente, mezcla de inquietud, miedo y alivio. Le vi sentado con otros chicos del colegio de al lado hojeando los peri&oacute;dicos llenos de lutos. &ldquo;Franco ha muerto&rdquo;. Me mir&oacute;, pero yo desvi&eacute; la mirada. Segu&iacute; de frente para conversar con un granadino muy guapo, compa&ntilde;ero de Periodismo. Cuando la marabunta se disolvi&oacute; y apenas quedamos un pu&ntilde;ado de rezagadas haciendo cola para llamar a casa, &eacute;l se acerc&oacute; y me invit&oacute; a salir mientras preparaba el Seiscientos para viajar a Valladolid. 50 a&ntilde;os, dos hijos y dos nietos despu&eacute;s, lo celebramos el otro d&iacute;a con un centollo de la r&iacute;a. Por pura casualidad del destino, esa fecha coincidi&oacute; con el principio de mi identidad adulta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Frente a la creencia com&uacute;n que entiende la felicidad como sin&oacute;nimo de juventud, mi generaci&oacute;n tiene motivos para reivindicar el disfrute de una existencia plena a partir de la&nbsp;madurez. Especialmente, las mujeres podemos decir que el 20N nacimos de nuevo porque nuestras circunstancias personales aparecer&aacute;n para siempre te&ntilde;idas por hechos hist&oacute;ricos trascendentales.&nbsp;Ni el franquismo muri&oacute; con Franco ni la Transici&oacute;n empez&oacute; esa madrugada, pero ya sabemos que se abri&oacute; el camino hacia un futuro transformador para todas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desaparecido el dictador, dimos el primer paso decisivo hacia esa renovada existencia, el 6 de julio de 1978, cuando el pleno del Congreso acab&oacute; con la discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo, gracias al art&iacute;culo 14 del texto constitucional. &ldquo;Con este art&iacute;culo que hemos votado afirmativamente, la mujer espa&ntilde;ola adquiere, por fin, la plenitud de derechos&rdquo;, as&iacute; empez&oacute; su discurso ante el pleno la discreta parlamentaria de UCD, Mar&iacute;a Teresa Revilla, &uacute;nica mujer en la Comisi&oacute;n Constitucional del Congreso.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En casa la llamaban &ldquo;Tere la Justiciera&rdquo; porque siempre sal&iacute;a en defensa de causas perdidas. Aquella ni&ntilde;a que naci&oacute; en Tetu&aacute;n el a&ntilde;o de la guerra civil -hija de militar artillero del ej&eacute;rcito nacional y nieta de un carabinero republicano fusilado por Queipo de Llano- vivi&oacute; obsesionada por una idea de la justicia insobornable y una firme convicci&oacute;n a favor de la autonom&iacute;a de las mujeres. Perteneciente a una &eacute;lite social e intelectual de los primeros a&ntilde;os del franquismo, tuvo el privilegio de cursar la carrera de Derecho pero, como todas, padeci&oacute; las limitaciones del r&eacute;gimen. No pudo ser notaria porque estaba prohibido para ellas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras la muerte de Franco, empu&ntilde;&oacute; la bandera de la palabra y lleg&oacute; a ser una de las pioneras de la democracia en el Congreso de los Diputados. Sus art&iacute;culos a favor del cambio pol&iacute;tico, publicados en la prensa bajo la firma del colectivo T&aacute;cito, supusieron el primer paso para ser tenida en cuenta por la jerarqu&iacute;a masculina de los partidos centristas, que le ofrecieron el tercer puesto en la lista de Valladolid en las primeras elecciones de 1977.
    </p><p class="article-text">
        De las conversaciones en voz baja con sus allegados y el silencio impuestos del franquismo, pas&oacute; a proclamar p&uacute;blicamente unas ansias de libertad, inauditas para la &eacute;poca en una mujer de su alto nivel social. Hab&iacute;a vivido en el extranjero y, adem&aacute;s, pudo contar con potentes referentes familiares -un esposo liberal, un padre poderoso y una abuela republicana- que la prepararon para luchar por un pa&iacute;s en diferente en el que las mujeres pudieran vivir en plenitud de derechos.
    </p><p class="article-text">
        Cristina Almeida era la candidata n&uacute;mero 9 de la lista del PCE a las primeras elecciones y su carteler&iacute;a exhib&iacute;a su sonriente rostro junto al de Santiago Carrillo. Proced&iacute;a de la lucha antifranquista y no consigui&oacute; esca&ntilde;o ese a&ntilde;o. A Manuel Almeida casi le da un ataque cuando vio la cara de su ni&ntilde;a en los muros de las calles madrile&ntilde;as en aquella primavera de 1977. Demasiado para un abogado adepto al r&eacute;gimen &ndash;&ldquo;Mi padre era m&aacute;s franquista que Franco&rdquo;, suele decir-, aunque no fue una sorpresa para quien hab&iacute;a sido reportero de guerra entre las tropas nacionales durante la guerra civil. Su hija le hab&iacute;a salido roja y las broncas familiares por cuestiones de pol&iacute;tica estaban a la orden del d&iacute;a en la casa de la familia pacense, que se hab&iacute;a mudado a Madrid en 1956. El esp&iacute;ritu combativo y feminista lo hered&oacute; Cristina de su heterodoxa t&iacute;a Esperanza, una <em>rara avis</em> en su entorno familiar y de la que tambi&eacute;n aprendi&oacute; a amar las casas de mu&ntilde;ecas. Cuando falleci&oacute; su t&iacute;a perdi&oacute; aquel v&iacute;nculo emocional que tanto la hab&iacute;a marcado hasta que una amiga le regal&oacute; una casita de madera de cinco pisos, que ha ido amueblando con gran dedicaci&oacute;n a lo largo de su vida y hoy conserva a la entrada de su hogar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Almeida fue de las primeras mujeres en las aulas de Derecho en Madrid. El fusilamiento de Juli&aacute;n Grimau le caus&oacute; tanta impresi&oacute;n que decidi&oacute; afiliarse al PCE con apenas 20 a&ntilde;os. Cuando ya era abogada laboralista, el 19 de noviembre de 1975, la joven disfrutaba de una velada de bailes con sus amistades en El Junco cuando, a la salida, se sinti&oacute; atemorizada por dos j&oacute;venes que la se&ntilde;alaron: &ldquo;Es ella&rdquo;. Los ignor&oacute;, pero comprob&oacute; que la segu&iacute;an en otro coche de camino a casa y, consciente de la seria amenaza de la ultraderecha para los comunistas, regres&oacute; al bar donde estaba su pandilla. Un procurador amigo le ofreci&oacute; pasar la noche en su domicilio. Mientras Franco abandonaba este mundo, Almeida dorm&iacute;a a pierna suelta en un piso de Aluche que, por supuesto, no ten&iacute;a tel&eacute;fono ni televisi&oacute;n. Adelantada la ma&ntilde;ana, acudi&oacute; a un bar cercano a tomarse un caf&eacute;. &ldquo;Franco ha muerto&rdquo;, dec&iacute;a Arias Navarro en la tele, mientras ella se cos&iacute;a un bot&oacute;n del vestido. Llam&oacute; a casa y supo que la estaban buscando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aquel fue el principio de una nueva y decisiva etapa en la vida de la joven comunista. Su activismo subi&oacute; de nivel hasta convertirse en candidata, primero y concejala y parlamentaria, despu&eacute;s. Como abogada, pol&iacute;tica y feminista, la historia le tendr&iacute;a preparados momentos inolvidables -como la legalizaci&oacute;n del PCE- pero tambi&eacute;n muy dolorosos, como la matanza de Atocha, en la que cayeron ametrallados amigas y compa&ntilde;eros. Ha sido y sigue siendo una protagonista de nuestra historia y referente para todas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como Revilla y Almeida, la mayor&iacute;a de las pol&iacute;ticas que nos representaron tras la muerte de Franco, en la oposici&oacute;n o en cargos p&uacute;blicos, hab&iacute;an nacido tras la guerra civil, fueron educadas por la Iglesia y criadas por familias franquistas (algunas, con pasado republicano pero ocultado durante 40 a&ntilde;os) que disfrutaban de cierto nivel social e intelectual como para permitirles acceder a la universidad. Muchas de aquellas pioneras deb&iacute;an reunir estas condiciones para constituir una &eacute;lite pol&iacute;tica femenina que, como bien la describe Mar&iacute;a Antonia Garc&iacute;a de Le&oacute;n, eran una &ldquo;&eacute;lite discriminada&rdquo; porque el machismo segu&iacute;a muy arraigado en la sociedad espa&ntilde;ola y hemos tenido que avanzar entre luces y sombras. Pero esa es otra historia que apenas empezaba aquel 20N.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nacidas-20n_129_12806323.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Nov 2025 21:17:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nacidas el 20N]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Periodistas muertos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/periodistas-muertos_129_12769300.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5579d299-ca1d-462a-a87e-67e735b965ab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Periodistas muertos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El ejército israelí prohibió la entrada de periodistas al territorio que estaba arrasando y por eso casi la totalidad de las víctimas de los medios de comunicación son palestinas</p></div><p class="article-text">
        Lo que m&aacute;s me impresion&oacute; cuando visit&eacute; el Museo del Holocausto en Jerusal&eacute;n fue la Sala de los Nombres, que despide al visitante antes de abandonar ese templo de la memoria, construido dentro del monte del Recuerdo desde el que se divisa la Ciudad Santa. Te adentras en un espacio bajo las entra&ntilde;as de la tierra donde una c&uacute;pula exhibe las fotos y nombres de las v&iacute;ctimas que perecieron en la <em>Shoah, </em>al tiempo que retumba en el espacio una voz grabada que cita a cada uno de ellos y ellas. Y as&iacute;, cada hora y cada minuto, sin parar, en un bucle interminable. &ldquo;&hellip; Oto Yosef Halpert, Zili Heinrich, Boris Shukhman, Batia Patt, Sebilla Bella Gazan&hellip;&rdquo;, suena el conmovedor recuerdo como una cadena de golpes. &ldquo;Para que lo sepan las generaciones venideras&rdquo;, reza uno de los libros que acompa&ntilde;a a documentos, fotos y hojas de testimonios que han servido de base para los historiadores. Como corresponde a las tecnolog&iacute;as modernas, existe un impresionante archivo digital en el que las im&aacute;genes lo dicen todo, seguramente, en su mayor&iacute;a fueron captadas por fotorreporteros que, como el franc&eacute;s Eric Schwab, aportaron instant&aacute;neas espeluznantes y ya ic&oacute;nicas, testimonios de la tremebunda realidad de los hechos sucedidos en los campos de exterminio, concentraci&oacute;n tr&aacute;nsito y muerte.
    </p><p class="article-text">
        Ser&aacute; dif&iacute;cil que otro pueblo pueda alcanzar siquiera una m&iacute;nima parte de la fuerza y el impacto efectivo que ha conseguido el hebreo en su justa reivindicaci&oacute;n de la memoria del atroz holocausto nazi. Su experiencia en el reconocimiento a las v&iacute;ctimas es incuestionable y se ha convertido en una referencia para otros casos desgraciados en todo el mundo que trata de consolar a quienes han padecido el horror y difundir su dolor para que el mundo los conozca y no vuelva a repetirse.
    </p><p class="article-text">
        Con la misma intenci&oacute;n, el pasado 11 de noviembre, pudimos contemplar en Madrid un recuento pavoroso de v&iacute;ctimas del periodismo en Palestina representadas con sus nombres y apellidos. &ldquo;&hellip;Assem Kamal Moussa, Ayat Khadoura, Bilal Jadallah, Duaa Jabbour&hellip;&rdquo;. As&iacute; se suced&iacute;an en la gran pantalla del auditorio de Caixaforum en Madrid las se&ntilde;as de identidad de los cientos de periodistas asesinados en Gaza. Era una retah&iacute;la, en l&uacute;gubre procesi&oacute;n que parec&iacute;a interminable y, a cada <em>frame</em> que avanzaba, nos encog&iacute;a el coraz&oacute;n a quienes ocup&aacute;bamos los sillones de la sala.&nbsp;Reporteros Sin Fronteras Espa&ntilde;a, que celebr&oacute; as&iacute; su XXX aniversario, no pod&iacute;a olvidar a los cientos de periodistas v&iacute;ctimas del genocidio en Gaza que se ceb&oacute; con nuestra profesi&oacute;n. Calculados en alrededor de 260 los asesinados desde el a&ntilde;o 23 a la actualidad, el n&uacute;mero representa un hito desgraciado que no tiene precedentes en la historia moderna. Mamen Mendiz&aacute;bal present&oacute; la ceremonia y asegur&oacute; que, en estos dos a&ntilde;os, fueron abatidos tantos periodistas como en la suma de los que murieron en las dos guerras mundiales, Vietnam, Corea, Balcanes y Afganist&aacute;n. La organizaci&oacute;n les rindi&oacute; homenaje con la entrega de sus primeros premios a dos de los que han podido salvarse y huir de la franja:&nbsp;Motaz Azaiza, jovenc&iacute;simo fotoperiodista que perdi&oacute; a 15 miembros de su familia en los bombardeos, y Ola Zanoun, corresponsal en Palestina de RSF, que result&oacute; herida y pudo huir con su esposo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quienes cayeron en esta guerra arriesgaron y perdieron su vida para contar lo que estaba ocurriendo en la franja y que el gobierno de Israel no quer&iacute;a que se supiera. El ej&eacute;rcito israel&iacute; prohibi&oacute; la entrada de periodistas al territorio que estaba arrasando y por eso casi la totalidad de las v&iacute;ctimas de los medios de comunicaci&oacute;n son palestinas.
    </p><p class="article-text">
        Si los y las periodistas gazat&iacute;es no hubieran cumplido con su obligaci&oacute;n como hicieron, a sabiendas de que se convert&iacute;an en objetivo cierto de las tropas de Israel, el resto del mundo no se habr&iacute;a enterado, de manera fehaciente, de lo que estaba perpetrando Netanyahu con el pueblo gazat&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nos habr&iacute;amos quedado con las espeluznantes im&aacute;genes de la abominable masacre de Ham&aacute;s el 7 de octubre de 2023, que los sanguinarios milicianos se encargaron de grabar y difundir en sus Redes Sociales para que el mundo contemplara su ataque en tiempo real, con intenci&oacute;n de propagar el pavor como una parte de su extrema crueldad. Mientras los terroristas mataban a 1200 personas y secuestraban a otras 1250 en el kibutz de Beri, el festival Noa y la base militar cercana, el fotoperiodista israel&iacute; Ziv Koren llegaba al sur de Tel Aviv e inmortalizaba con su c&aacute;mara los resultados de la masacre. Las instant&aacute;neas han pasado a formar parte de las colecciones de memoria hebrea y son exhibidas por su autor en todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, el ataque israel&iacute; a Gaza se convirti&oacute; en un tel&oacute;n de acero infranqueable para la informaci&oacute;n, s&oacute;lo traspasado a costa de la sangre de reporteros al pie de la batalla. La campana de silencio que Israel quer&iacute;a imponer para ocultar sus masacres continuadas, asesinatos de ni&ntilde;os por disparos de francotiradores, traslados forzosos de la poblaci&oacute;n, la guerra del hambre y la sed de civiles, vulnerando la legalidad internacional, fue documentada por trabajadores de la comunicaci&oacute;n con im&aacute;genes y datos que nos permitieron conocer los desastres que han menguado la poblaci&oacute;n palestina con 68.000 muertos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Son los reporteros y reporteras de guerra (cada vez m&aacute;s mujeres se arriesgan en este valeroso oficio) quienes redimen a esta profesi&oacute;n tan menospreciada en tiempos de la devaluaci&oacute;n de la verdad y el auge del imperio de la desinformaci&oacute;n. Lejos de m&iacute; caer en el c&iacute;nico corporativismo y la falsa idealizaci&oacute;n del periodismo cuando soy muy consciente que existe una realidad lamentable de quienes pervierten la profesi&oacute;n y nos condenan a comulgar con piedras de molino, juegan a ser poder en lugar de vigilarlo o buscan el lucro por encima de la honestidad que nos es obligada. Siempre he defendido que el mayor da&ntilde;o al periodismo es autoinfligido y por eso creo que han de ser las organizaciones profesionales y la autorregulaci&oacute;n lo que nos salve.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tal soluci&oacute;n no se encuentre, tenemos que apechugar con lo que hay. Es muy lamentable que estos d&iacute;as hayamos podido comprobar el escandaloso desprecio de algunos personajes por nuestro trabajo y el nulo reconocimiento a la autoridad moral que significa la palabra de un periodista. As&iacute; lo hemos visto en el proceso penal contra el Fiscal General del Estado, empezando por el juez instructor, que ignor&oacute; por completo los testimonios exculpatorios de nuestros compa&ntilde;eros de diversos medios, para procesar a &Aacute;lvaro Garc&iacute;a Ortiz y ordenar la apertura del juicio oral. Pero el colmo corri&oacute; a cargo del abogado de la acusaci&oacute;n particular, el letrado de &Aacute;lvaro Gonz&aacute;lez Amador, que en el m&aacute;s puro desprecio por el papel que la Constituci&oacute;n otorga a los periodistas, lleg&oacute; a tratarlos como si fueran los acusados y lleg&oacute; a exigirles que demostraran la veracidad de sus testimonios. 
    </p><p class="article-text">
        Eso nos pasa por la p&eacute;rdida de credibilidad que nos aqueja, por desgracia, cuando lo &uacute;nico que vale un periodista es su palabra. No debimos dejar pasar la banalizaci&oacute;n de este valios&iacute;simo trabajo y permitir el olvido de la misi&oacute;n que define nuestro lugar en un sistema democr&aacute;tico. Frente al trabajo honesto y riguroso de excelentes profesionales que contrastan las informaciones, preservan a sus fuentes y cumplen con su obligaci&oacute;n; dolorosa realidad de tantas muertes de colegas, no podemos permanecer impasibles. Es inadmisible que brillen m&aacute;s las baratijas que fomentan la confusi&oacute;n entre espect&aacute;culo e informaci&oacute;n, la permisividad que alimenta el intrusismo o la complicidad con los poderosos que nos corrompe a todos y todas. Tengo fe en que esto cambiar&aacute; porque la sociedad entera necesita a periodistas valientes. Cada vez m&aacute;s.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/periodistas-muertos_129_12769300.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Nov 2025 21:25:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Periodistas muertos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El poder del dinero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/dinero_129_12732681.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4fc2a89c-7f02-4a49-88f9-355ee9f0c03c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El poder del dinero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No solo es el dinero el que manda sino que lo que antes se hacía de tapadillo, lo que estaba mal visto por ser moralmente inaceptable, hoy se hace a cara descubierta y sin el menor rubor</p></div><p class="article-text">
        La privacidad ya casi no existe. La podemos dar por finiquitada y para alguien que todav&iacute;a tenga dudas le recomiendo informarse de c&oacute;mo manejan nuestros datos las grandes tecnol&oacute;gicas. El narcisismo es la marca de los tiempos y a costa de ella viven los multimillonarios del planeta a base de comerciar con nuestros deseos y pasiones. Siempre saben cu&aacute;l es nuestro estado de &aacute;nimo, conocen el flanco m&aacute;s d&eacute;bil y detectan hasta nuestros sue&ntilde;os imposibles. Eso les permite poner al alcance de esa prolongaci&oacute;n de nuestras manos que es el m&oacute;vil respuestas instant&aacute;neas que medran su cuenta de resultados. 
    </p><p class="article-text">
        A tan solo un clic tenemos todo lo que anhelamos que, casi siempre, es la impostura de realidades paralelas que sacian nuestros sentidos aunque sean falsas. Lo m&aacute;s dram&aacute;tico es que no nos importa. La privacidad parece haber perdido su sentido, olvidada por los rincones del pasado cuando, aparentemente, de forma voluntaria hemos ventilado nuestra intimidad. Ya es un valor que cotiza a la baja. Como la verdad. En la bulosfera de realidades alternativas, no parece interesarnos cu&aacute;nta veracidad encierran y cu&aacute;nto de falso contienen los datos, informes o im&aacute;genes que nos rodean en ese espacio digital tan omnipresente.
    </p><p class="article-text">
        Es un cambio de &eacute;poca, dicen. El antiguo r&eacute;gimen desaparece y hemos de adaptarnos al nuevo sistema en el que lo corporal y f&iacute;sico se nos presenta trufado de realidades mediatizadas por la tecnolog&iacute;a y nuestra particular percepci&oacute;n, aprendida o inducida a trav&eacute;s de las emociones. Se nos describe como hom&iacute;nidos en crisis transitando un mundo desconocido que envejece en cuanto nace, sin soluci&oacute;n de continuidad. Seres pensantes que act&uacute;an por instintos instant&aacute;neos o permanecen inertes e insensibles a la realidad circundante, centrados exclusivamente en lo que ocurre en la pantalla. La Historia juzgar&aacute; y analizar&aacute; estos tiempos en el futuro. Actualmente, no hay duda de que vivimos un tiempo de transici&oacute;n -en todos los aspectos- entre dos etapas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Podemos atrevernos a imaginar c&oacute;mo ser&aacute; el futuro que viene, especular o adivinar cada cual a su antojo. Pero nadie puede, honestamente, garantizar c&oacute;mo ser&aacute; la vida adulta de nuestros nietos y nietas. Lo que est&aacute; en nuestras manos es la descripci&oacute;n precisa del mundo en el que hemos habitado y est&aacute; convirti&eacute;ndose en un pasado (<em>vintage</em>) que se descompone a cada instante por la vertiginosa instantaneidad testaruda de un bucle infinito que se precipita hacia el desag&uuml;e.
    </p><p class="article-text">
        En &ldquo;La Rebeli&oacute;n de las Masas&rdquo;, Ortega y Gasset&ldquo; dice que existe una &rdquo;crisis moral&ldquo; en cualquier etapa de la historia en la que los principios sociales que rigieron una edad han perdido su vigor pero a&uacute;n no han madurado los que van a imperar en la siguiente. Desde este punto de vista, estar&iacute;amos en tiempos transitorios de abandono de las normas establecidas &ndash; t&aacute;cita o expresamente- por las que se reg&iacute;an el orden mundial, las instituciones y hasta las vidas diarias de los individuos en el planeta. 
    </p><p class="article-text">
        Es f&aacute;cil aplicar tal definici&oacute;n al momento geopol&iacute;tico actual en el que los principios que inspiraron la Carta Internacional de Derechos Humanos y sus tratados subsiguientes han perdido toda su fuerza moral y muchos de sus preceptos son ahora cuestionados por quienes manejan el mundo. No hay m&aacute;s que ver el descr&eacute;dito al que se ha sometido a la ONU y sus organismos, denostados hoy en d&iacute;a, tanto por Estados Unidos como por Israel, que est&aacute; vulnerando todas las leyes humanas y divinas en el genocidio que perpetra en Gaza. No solo Netanyahu desobedece la legislaci&oacute;n internacional y moral que ha regido hasta ahora, es que Putin se comporta con la misma desverg&uuml;enza robando territorios a Ucrania a costa de otra guerra de ocupaci&oacute;n, mientras que Estados Unidos asume las tropel&iacute;as como parte de un juego sin reglas. Porque es el estilo <em>trumpista </em>el que se lleva ahora, el que se extiende como el aceite, bien sea con amenazas verbales o extorsiones econ&oacute;micas, bautizadas con el eufem&iacute;stico t&eacute;rmino de &ldquo;guerra de aranceles&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Poderoso caballero es Don Dinero, ya lo dijo Quevedo. Pero es que este principio que rige desde que el mundo es mundo ha llegado en nuestros d&iacute;as a cotas inimaginables cuando la avaricia se suma a la ausencia de principios morales. No solo es el dinero el que manda sino que lo que antes se hac&iacute;a de tapadillo, lo que estaba mal visto por ser moralmente inaceptable, hoy se hace a cara descubierta y sin el menor rubor. Lo vemos en las codiciosas intenciones colonizadoras, explicitadas de forma despiadada por ministros israel&iacute;es con declaraciones que rezuman odio por su vecino pueblo palestino. Y as&iacute; tambi&eacute;n se entiende la amoralidad de los bombardeos a supuestas &ldquo;narcolanchas&rdquo; de sus vecinos del sur, de los que presume Donald Trump en sus redes sociales confesando abiertamente ejecuciones sumarias sin juicio. En el mismo plano, vemos el inter&eacute;s confeso de Putin de quedarse con toda Ucrania, sin disimular que tras este pa&iacute;s podr&iacute;an venir otros. Por supuesto, no puede ser Trump quien se lo reproche porque el presidente norteamericano tambi&eacute;n ha mostrado su deseo de anexionarse Canad&aacute; y Groenlandia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; se desmorona el tablero geopol&iacute;tico y el orden construido tras las dos guerras mundiales con la intenci&oacute;n de articular una convivencia en paz o, al menos, que alejada de la violencia. Los organismos internacionales est&aacute;n de capa ca&iacute;da y sus tratados van camino de convertirse en papel mojado. Empezando por la ONU, la relatora para Gaza y su comit&eacute; de expertos;&nbsp;el Tribunal Penal Internacional; la OMS -tan atacada y desacreditada en la COVID-, la Organizaci&oacute;n Mundial del Comercio -que podr&iacute;a desaparecer bajo los cascotes de los aranceles- y as&iacute; el resto de acuerdos e instituciones. En definitiva, todo se tambalea sin que podamos vislumbrar en el horizonte nada bueno que pueda sustituir los pilares arrumbados.
    </p><p class="article-text">
        Ortega nos ilumina en esta reflexi&oacute;n de incertidumbre sobre el futuro cuando explica que reconoceremos las &eacute;pocas de crisis moral porque prevalece el poder del dinero a falta de otros valores. &ldquo;El dinero no manda m&aacute;s que cuando no hay otro principio que mande&rdquo;, escribi&oacute; hace casi un siglo, como si estuviera retratando la realidad de esta tercera d&eacute;cada del siglo XXI. El lucro es la palanca que mueve el mundo de hoy mientras los valores humanos, es decir, lo que nos hace personas, son postergados, relegados a los m&aacute;rgenes e incluso discutidos como hace Vox con los Derechos Humanos. Facturar, facturar, facturar, claman desde el mundo de la empresa. P&uacute;blicamente y sin pudor, las grandes firmas financieras o las tecnol&oacute;gicas -aut&eacute;nticos se&ntilde;ores feudales de la sociedad- lo condicionan todo al beneficio y siguen, a pies juntillas, el principio del ultracapitalismo que defiende que las empresas &ldquo;no son seres morales&rdquo; porque su objetivo es hacer dinero para sus accionistas, vali&eacute;ndose de sus clientes.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no hay que perder la esperanza de que surjan nuevos anhelos en las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes, las &uacute;nicas capaces de protagonizar el cambio para salir del lodazal. El amor por el planeta y la b&uacute;squeda de la paz son dos tendencias que podr&iacute;an articular ese nuevo orden que ansiamos, como reacci&oacute;n a los excesos actuales. En las movilizaciones en todo el mundo contra las guerras podemos ver siempre grupos de chicos y chicas que asumen con pasi&oacute;n esta lucha pac&iacute;fica.&nbsp;Por otra parte, el respeto a la tierra y la defensa de la naturaleza es algo ya indiscutible entre la gente joven. La realidad del cambio clim&aacute;tico se impone a las teor&iacute;as negacionistas y nos azota sin contemplaciones en cada grado de temperatura que aumenta, en las cat&aacute;strofes, las Filomenas y Danas, los incendios y huracanes. El medio ambiente es un valor emergente que se impone por la fuerza de los hechos consumados. Claro que todav&iacute;a no ha llegado el momento de la madurez de la generaci&oacute;n ecologista si nos atenemos a c&oacute;mo se mueven algunas empresas que quieren sumirse al carro de la moda por puro oportunismo, con pr&aacute;cticas como el <em>greenwashing</em>. Pero todo se andar&aacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/dinero_129_12732681.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Nov 2025 21:45:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El poder del dinero]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un derecho irrenunciable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/derecho-irrenunciable_129_12693972.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/264ceb72-6e9c-42df-9bd3-8da55e6cc0ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un derecho irrenunciable"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Causa bochorno el uso público que ha hecho en este debate de sus dos abortos espontáneos, algo que les sucede a una gran mayoría de mujeres. Pero esos hechos, que por frecuentes no dejan de ser desgraciados y dolorosos como muchas sabemos, no tienen cabida en un debate político</p></div><p class="article-text">
        El derecho a la interrupci&oacute;n voluntaria de su embarazo que tienen todas las mujeres est&aacute; reconocido en el frontispicio de la Ley Org&aacute;nica de Salud Sexual y Reproductiva de 2023, actualmente vigente en Espa&ntilde;a, fruto del consenso social asentado a lo largo de la democracia y resultado de una larga lucha de las feministas. La propia norma, que tiene el m&aacute;ximo rango porque se deriva de nuestra Constituci&oacute;n, se explica en su pre&aacute;mbulo como la aplicaci&oacute;n de convenciones internacionales suscritas por nuestro pa&iacute;s. Adem&aacute;s, recuerda que la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos &ldquo;relaciona la salud sexual y reproductiva de las mujeres con los derechos humanos, incluyendo el derecho a la vida, a la salud, a la intimidad, a la educaci&oacute;n y a la prohibici&oacute;n de discriminaci&oacute;n&rdquo;. Es potestad irrenunciable de las mujeres decidir sobre sus cuerpos y derechos reproductivos dentro de la ley. Un hito alcanzado para todas gracias a feministas que, como Carlota Bustelo -que acaba de dejar el planeta que habitamos-, han peleado durante el franquismo y desde los inicios de la democracia para que ahora la mitad de la poblaci&oacute;n pueda elegir.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; claro que al reclamar la decisi&oacute;n de abortar en el marco de la legislaci&oacute;n vigente no estamos hablando de un mero servicio sanitario y mucho menos de un capricho o un exceso indeseable, como insin&uacute;a la presidenta de Madrid, Isabel Ayuso. Cuando la<em> lideresa</em> madrile&ntilde;a les dice a las mujeres -nada menos que en sede parlamentaria-: &ldquo;&iexcl;V&aacute;yanse a abortar a otra parte!&rdquo;, se est&aacute; retratando con todos sus atributos dictatoriales, que dan la medida de su estatura pol&iacute;tica y moral. No nos enga&ntilde;emos, con Ayuso no se dirime una cuesti&oacute;n de principios porque ya la hemos visto cambiar de opini&oacute;n sobre este asunto sin pudor alguno, a favor y en contra del derecho al aborto. No es eso. Esta &uacute;ltima salida modelo <em>trumpista</em> est&aacute; pensada para escandalizar y seguir en el foco medi&aacute;tico sin importarle las mujeres a las que intimida desde su poderoso trono de la mayor&iacute;a absoluta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No contenta con la zapatiesta montada por el arrebato de la semana pasada, ha continuado estos d&iacute;as con la misma pol&eacute;mica en peor tono, si cabe, en la respuesta al presidente del Gobierno, cuando este le reclama el cumplimiento de la ley con la presentaci&oacute;n del listado de objetores de conciencia en la sanidad p&uacute;blica de su competencia (cosa que hace sin problema para la eutanasia). Vemos aqu&iacute; a una presidenta que se envuelve en la bandera de un falso feminismo para proclamar su condici&oacute;n femenina, reivindicar la rebeli&oacute;n ante las leyes y utilizar asuntos de su intimidad como recurso dial&eacute;ctico en la bronca pol&iacute;tica. Causa bochorno el uso p&uacute;blico que ha hecho en este debate de sus dos abortos espont&aacute;neos, algo que les sucede a una gran mayor&iacute;a de mujeres. Pero esos hechos, que por frecuentes no dejan de ser&nbsp;desgraciados y dolorosos como muchas sabemos, no tienen cabida en un debate pol&iacute;tico sobre la ley para la interrupci&oacute;n VOLUNTARIA de un embarazo. Hablamos de otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Ayuso expulsa de sus dominios a las mujeres que opten por el aborto, se expresa como una reina de taifa que abomina de un derecho que reconoce la ley porque quiere hacer limpieza en su territorio. Nos demuestra, una vez m&aacute;s, que los personajes ultras de la pol&iacute;tica se consideran due&ntilde;os de sus administrados en lugar de sus servidores y se arrogan la legitimidad de elegir, en este caso, a qui&eacute;n consideran merecedoras de ser madrile&ntilde;as. A las dem&aacute;s, les niega los derechos de ciudadan&iacute;a arroj&aacute;ndolas m&aacute;s all&aacute; de sus fronteras como si extramuros de Madrid estuviera la escoria de los pueblos depravados. Como si no existiera una Espa&ntilde;a sino &uacute;nicamente dentro de los l&iacute;mites de la Comunidad Aut&oacute;noma en la que ella quiere reinar a su antojo.
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que la escandalera est&aacute; siendo muy eficaz -aunque nos resulte abominable- para paliar los efectos de la bomba que supuso de cara a la opini&oacute;n p&uacute;blica la confesi&oacute;n de Miguel &Aacute;ngel Rodr&iacute;guez en sede judicial, donde reconoci&oacute; sus mentiras en el caso por el que el novio de la presidenta madrile&ntilde;a ha denunciado al Fiscal General por revelaci&oacute;n de secretos. La difusi&oacute;n del v&iacute;deo de la declaraci&oacute;n del jefe de gabinete de Ayuso se derivan muchas preguntas e incluso sospechas muy inconvenientes para la presidenta, pero la tinta del calamar de la h&aacute;bil lideresa lo est&aacute; ocultando casi todo y, al mismo tiempo, descubri&eacute;ndonos que nuestros derechos est&aacute;n en peligro. Se le ha visto el plumero.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno -ya advertido por un primer y torpe movimiento del alcalde madrile&ntilde;o- no ha dejado pasar la ocasi&oacute;n para subirse a la ola del debate p&uacute;blico sobre el aborto y colocar muy oportunamente su propuesta de blindaje de este derecho en la Constituci&oacute;n. De nuevo, es una reclamaci&oacute;n del movimiento feminista que se est&aacute; intentando situar en la agenda pol&iacute;tica desde que Francia tom&oacute; esta decisi&oacute;n en el a&ntilde;o 2024. El pa&iacute;s vecino es el primero que lo ha hecho en todo el mundo, con un ampl&iacute;simo acuerdo al que se sum&oacute; hasta la ultraderecha de Marine Le Pen. Fue una acertada y &aacute;gil reacci&oacute;n de un Gabinete con mayor&iacute;a de ministras ante el peligro evidente para las mujeres si gobiernan las derechas, que ya cabalgan a lomos de la ola conservadora en todo el mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La clave est&aacute; en incluir en la Carta Magna y convertir en un derecho constitucional expl&iacute;cito la opci&oacute;n de las mujeres para decidir sobre sus propios cuerpos. Es f&aacute;cilmente deducible este extremo con la ley actual, si nos atenemos a los argumentos del Tribunal Constitucional que rechaz&oacute; el recurso de inconstitucionalidad presentado por el PP. Pero tambi&eacute;n se hace muy evidente que la ultraderecha no lo interpretar&aacute; as&iacute;. Y de ello nos alerta la rebeld&iacute;a de Ayuso a cumplir la ley, como se demuestra que en Madrid es uno de los territorios donde menos abortos se practican en la sanidad p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        En medio de estos dos lados de la trinchera, a favor y en contra del aborto, se encuentra prisionero N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o que quiere alejar de su presencia tan da&ntilde;ina tinta de calamar y trata de buscar un espacio de centro pol&iacute;tico que ha abandonado o quiz&aacute;s ya no exista. Con reiteradas y confusas declaraciones intent&oacute;, sin &eacute;xito, cerrar el debate que le resulta de todo punto inconveniente porque tambi&eacute;n opaca el grave caso de corrupci&oacute;n que acosa al PSOE, de tremenda actualidad por el procedimiento contra Koldo, &Aacute;balos y Cerd&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tanto el partido del Gobierno como el de la oposici&oacute;n saben que existe un amplio consenso social que respalda este derecho. Ni el PP cambi&oacute; la ley cuando gobern&oacute; ni el PSOE podr&aacute; modificar la Constituci&oacute;n sin el voto de los populares.
    </p><p class="article-text">
        Electoralmente, el voto de las mujeres est&aacute; en juego en debates como este en el que se pone en duda su condici&oacute;n de persona, su integridad y seguridad al decidir sobre s&iacute; mismas, sus cuerpos y proyectos de vida. Todas las encuestas reflejan un fuerte aumento del voto femenino a posiciones progresistas, sobre todo, de electoras a partir de los 60 a&ntilde;os. Tambi&eacute;n se ha establecido una brecha de g&eacute;nero importante entre los votantes m&aacute;s j&oacute;venes que representan el caladero de votos a Vox, entre los que los varones son ampl&iacute;sima mayor&iacute;a.&nbsp;Es la semilla que sembraron Carlota y otras feministas, que ha fructificado para que las mujeres pongamos pie en pared en defensa de los derechos adquiridos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/derecho-irrenunciable_129_12693972.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Oct 2025 20:43:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un derecho irrenunciable]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tu casa es tu vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/casa-vida_129_12655790.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dedc4c7b-d065-4103-ae9d-b331285fb57a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1123070.jpg" width="1599" height="899" alt="Tu casa es tu vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Me indigno porque me parece que las autoridades -gobiernos y oposiciones- tanto en España como en el resto de Europa, aquejada de la misma lacra, hablan de la vivienda con la frialdad de una cifra sobre la que discutir. Cuando un piso no es sólo un producto con el que comerciar sino el punto de partida en la vida de todo ser humano adulto</p></div><p class="article-text">
        &Aacute;ngel era un exitoso profesional que resid&iacute;a en un &aacute;tico magn&iacute;ficamente ubicado en el centro de Madrid. Aunque con las muchas deficiencias propias de las viejas construcciones de los a&ntilde;os 60 del desarrollismo, aquel hogar era todo un lujo. Disfrutaba de un precio de alquiler moderado y la cercan&iacute;a de todos los servicios, hasta que la explosi&oacute;n urban&iacute;stica de nuevo cu&ntilde;o le oblig&oacute; a desalojar el c&oacute;modo apartamento y alejarse del centro para trasladarse a un piso barato pero muy nuevo en Guadalajara. El teletrabajo de un aut&oacute;nomo pod&iacute;a hacerse desde cualquier sitio, dec&iacute;a y presum&iacute;a de que todos sus gastos no alcanzaban siquiera a lo que pagaba en el &aacute;tico madrile&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Fumador empedernido, un c&aacute;ncer de pulm&oacute;n trunc&oacute; sus planes y pidi&oacute; ayuda a familia y amistades para seguir el tratamiento de quimioterapia en un hospital de la capital. Cada uno de sus hijos e hijas ten&iacute;a su propia problem&aacute;tica habitacional y no pudieron acogerlo. Unos estaban en el extranjero, otros ten&iacute;an viviendas de reducidas dimensiones para el matrimonio y los nietos, mientras que la m&aacute;s joven compart&iacute;a espacio con otros cinco compa&ntilde;eros de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Pas&oacute; meses en casa de una amiga y regres&oacute; a Guadalajara con un nuevo y desgraciado diagn&oacute;stico que apuntaba a la met&aacute;stasis. Intent&oacute; buscar un piso compartido para los meses del nuevo tratamiento que tratar&iacute;a los &oacute;rganos afectados, pero result&oacute; imposible. El rango de edad de todas las ofertas disponibles se limitaba a gente muy joven o, en el mejor de los casos, a personas en edad de trabajar. Superando ya los 60 y jubilado por motivos de salud, mi amigo &Aacute;ngel no encajaba en ning&uacute;n sitio. El tiempo le apremiaba porque el tumor cerebral avanzaba y sus limitaciones f&iacute;sicas iban en aumento. Finalmente, pudo alquilar un diminuto bajo con rejas en el barrio de San Ferm&iacute;n, donde una noche dej&oacute; de habitar entre los vivos.
    </p><p class="article-text">
        Me indigno por lo que le pas&oacute; a mi amigo pero, sobre todo, porque la triste experiencia de &Aacute;ngel no es &uacute;nica ni casual sino el reflejo m&aacute;s cruel del edadismo a&ntilde;adido a la cr&iacute;tica situaci&oacute;n de la vivienda que, lejos de solventarse, empeora a cada paso. Es una carencia que siempre denunciamos como un problema de &iacute;ndole econ&oacute;mica y que, sobre todo, afecta a la gente joven. En el caso de las nuevas generaciones que deben tomar el testigo de las precedentes, no hay duda de que su existencia se ve lastrada por la falta de un lugar donde hacer vida propia.
    </p><p class="article-text">
        Me indigno al ver a mi hija, que ha dedicado sus 30 a&ntilde;os a estudiar, hablar varios idiomas, trabajar desde muy joven y dejar su juventud en una empresa que le exige estar conectada casi 20 horas. Recibe un buen sueldo, pero no puede comprarse una casa porque necesitar&iacute;a unos ahorros que no tiene ni tendr&aacute; nunca si sigue viviendo de alquiler y padeciendo la angustia de que, en cualquier momento, la pueden desalojar o exigir el doble de lo que ya paga.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me indigno al saber que un hombre con canas tuviera que dormir en su coche tras haber sido desahuciado por un fondo buitre -&iexcl;qu&eacute; buena met&aacute;fora!- de un piso que un a&ntilde;o despu&eacute;s sigue deshabitado. Tambi&eacute;n me rebelo contra quienes tienen en su mano actuar de forma decisiva para defender a inquilinos y propietarios sin aceptar como inevitables desalojos crueles de familias, ancianos, personas con discapacidad o vulnerables hasta el punto de, en ocasiones, llegar a nutrir las estad&iacute;sticas de suicidios.
    </p><p class="article-text">
        Me indigno porque me parece que las autoridades -gobiernos y oposiciones- tanto en Espa&ntilde;a como en el resto de Europa, aquejada de la misma lacra, hablan de la vivienda con la frialdad de una cifra sobre la que discutir. Cuando un piso no es s&oacute;lo un producto con el que comerciar sino el punto de partida en la vida de todo ser humano adulto al que le cabe el derecho constitucional de disponer de un techo bajo el que vivir.
    </p><p class="article-text">
        Me indigno porque sufrimos y repetimos, una vez m&aacute;s, los dramas de otros tiempos como si nunca aprendi&eacute;ramos nada. En la magn&iacute;fica pel&iacute;cula <em>&ldquo;El 47</em>&rdquo; conocimos en detalle la situaci&oacute;n de emigrantes andaluces a Catalu&ntilde;a que buscaban obsesionados una nueva existencia huyendo de la miseria del campo en un flujo demogr&aacute;fico importante durante los a&ntilde;os 60. En Madrid- Vallecas, Palomeras, el pozo del T&iacute;o Raimundo&hellip;- muchos de nuestros abuelos se afanaban en id&eacute;ntico empe&ntilde;o para poner la techumbre cuanto antes, por ser requisito para burlar la demolici&oacute;n de las autoridades franquistas. Acoger a tu familia bajo un techo convierte el espacio en un hogar, un lugar que formar&aacute; parte de ti para siempre.
    </p><p class="article-text">
        Vivir no es meramente habitar. La vivencia de las casas por las que has pasado a lo largo de tu existencia forman parte importante de tu memoria. Sin duda, el recuerdo es indeleble cuando se trata del hogar de tus primeros a&ntilde;os, los de la infancia y adolescencia. Cada d&iacute;a que paso por delante del edificio en el que nac&iacute; y viv&iacute; mis primeros 20 a&ntilde;os, miro hacia sus ventanas en el tercer piso, como si todav&iacute;a estuvieran all&iacute; las tres camas de las hermanas, las dos de los hermanos y el armario de formica con puertas correderas. El inmueble que construy&oacute; mi abuelo en la posguerra, con la herencia de sus padres y la madera de los pinos de las fincas de mi abuela  ya no existe. Aquel edificio de piedra fue derribado y en su lugar se yergue un moderno bloque de apartamentos con grandes ventanales que han perdido los balcones a la calle. Pero all&iacute; est&aacute; mi casa, mi vida. Aunque haya sido sustituida por una impersonal cristalera, yo sigo viendo el portal de madera marr&oacute;n con la aldaba de una mano y la bola; el portal&oacute;n del bajo donde mi padre alojaba los veh&iacute;culos y paqueter&iacute;a de su agencia de transportes; la bodega donde un d&iacute;a apareci&oacute; mi bicicleta roja -de segunda mano y repintada- como premio a mis buenas notas de sexto y rev&aacute;lida; la buhardilla de los juegos con mis primas, llena de disfraces, trastos y libros viejos. Y all&iacute; habitan tantos y tantos trazos de mi vida que van conmigo como aquella habitaci&oacute;n en la que me dijeron que nac&iacute; en una maleta bajo la cama del piso de mi abuela.&nbsp;No. Una soluci&oacute;n habitacional no es s&oacute;lo una vivienda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me indigno porque tengo unos celos terribles de Viena donde la mitad de la poblaci&oacute;n vive en casas de propiedad municipal o cooperativa, lo que les permite disfrutar de una seguridad una vida sin sobresaltos. Porque los vieneses con buenos sueldos de clase media pueden optar a estas viviendas sociales por las que pagan 6,60 euros metro cuadrado. Exactamente el precio de coste. Adem&aacute;s, est&aacute; prohibida la venta de estas viviendas de propiedad p&uacute;blica y el sindicato de inquilinas tiene una fuerza considerable para dirimir conflictos mediante la negociaci&oacute;n. Por todo eso, s&eacute; que es posible que nuestras autoridades -si quieren- pueden encontrar una soluci&oacute;n a esta crisis antes de que nos estalle como la anterior y sin que el sector inmobiliario medre a base de aplicar la usura a una ciudadan&iacute;a cada vez m&aacute;s indefensa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/casa-vida_129_12655790.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Oct 2025 19:14:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tu casa es tu vida]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El espanto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/espanto_129_12617353.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a01d29e0-a92a-470b-9f57-d258e8e5fae2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El espanto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esas manifestaciones de gentes que portan banderas palestinas para denunciar el exterminio de gazatíes son las mismas que sellaron en su día una poderosa alianza contra el terrorismo etarra o yihadista</p><p class="subtitle">Cómo fue el boicot a Sudáfrica por el apartheid y cómo inspira el bloqueo a Israel</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La uni&oacute;n hace la fuerza&rdquo; es uno de los esl&oacute;ganes con los que nos educaron y que se atribuye a Homero, pero que a m&iacute; me recuerda un concurso de la TVE en blanco y negro. En modalidades m&aacute;s modernas sigue siendo un principio indiscutible y una proclama que siguen utilizando hasta los partidos pol&iacute;ticos para sus campa&ntilde;as, como hacen el PP de Galicia con &ldquo;Xuntos&rdquo;, Unidas Podemos, etc. Nada m&aacute;s lejos de la realidad. En la clase pol&iacute;tica espa&ntilde;ola, la divisi&oacute;n y el cainismo campa a sus anchas a medida que se aleja del aut&eacute;ntico sentir de la ciudadan&iacute;a.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        He visto reflejada la desorientaci&oacute;n, el temor y la angustia en los ojos y las palabras de las gentes en este verano de incendios, guerras, desprop&oacute;sitos y v&oacute;mitos dial&eacute;cticos. &ldquo;Entre Trump, Putin y Netanyahu no s&eacute; si me compensa pertenecer a esta generaci&oacute;n&rdquo;, &ldquo;&iquest;Qu&eacute; mundo les vamos a dejar a nuestros nietos y nietas?&rdquo;, &ldquo;No s&eacute; a qui&eacute;n creer y qui&eacute;n me est&aacute; mintiendo&rdquo; ,&ldquo;&iquest;Cu&aacute;nto tendr&eacute; que ganar para poder pagar una casa...?&rdquo;. Pensamientos as&iacute; son frecuentes en nuestra sociedad desarrollada y rica. Preocupaciones que parecen insuperables y nos abruman porque no vemos una salida l&oacute;gica que podr&iacute;a permitirnos la aplicaci&oacute;n de c&oacute;digos democr&aacute;ticos fieles a las ra&iacute;ces de la civilizaci&oacute;n europea que hemos heredado y cultivado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este di&aacute;logo social del caos surgen voces razonables, pero tambi&eacute;n arriesgadas que nos hablan de fin de &eacute;poca y la muerte de un tiempo que no volver&aacute;. Pocas son las esperanzas que podemos atisbar para ese futuro inmediato porque las turbulencias actuales parecen abocarnos a una nueva edad cibern&eacute;tica, sin reglas ni equilibrios conocidos porque estar&aacute; manejada por fuerzas poderosas, pero caprichosas que no atienden a preceptos humanistas e ignoran todo lo que hemos heredado de las civilizaciones antiguas en las que se asientan costumbres, valores y creencias hasta ahora compartidas y felizmente asumidas por los seres humanos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando rememoraba la Transici&oacute;n pol&iacute;tica que vivimos en Espa&ntilde;a en los a&ntilde;os 70, el ponente constitucional Jos&eacute; Pedro P&eacute;rez Llorca sol&iacute;a decir -parafraseando el poema de Borges- &ldquo;no nos uni&oacute; el amor sino el espanto&rdquo;. Y as&iacute; explicaba a las j&oacute;venes generaciones de la democracia c&oacute;mo sus padres hab&iacute;an logrado el milagro de alumbrar un sistema democr&aacute;tico a partir de las estructuras de una asentad&iacute;sima dictadura. En un contexto de violencia terrorista y la presi&oacute;n de fuerzas reaccionarias los constituyentes consiguieron enterrar el guerracivilismo end&eacute;mico de nuestros pueblos.
    </p><p class="article-text">
        Ese entendimiento y conciliaci&oacute;n entre diferentes, llamado &ldquo;<em>consenso</em>&rdquo;, permiti&oacute; la aprobaci&oacute;n de una Constituci&oacute;n considerada entonces de las m&aacute;s avanzadas y que hoy sabemos que nos dej&oacute; disfrutar la etapa m&aacute;s larga de paz pol&iacute;tica que se conoce en esta tierra de conejos. Los radicales de la &eacute;poca exig&iacute;an m&aacute;s, mucho m&aacute;s. Los revisionistas posteriores -con el <em>cu&ntilde;adismo</em> propio de quienes aciertan la quiniela los lunes- despreciaron el hito y denunciaron las excesivas cesiones de uno u otro lado. Claro que pudo haberse hecho de manera diferente, que tendr&iacute;amos que haber apretado m&aacute;s por aqu&iacute; y por all&iacute;. A toro pasado, es f&aacute;cil conocer todas las respuestas de lo que habr&iacute;a sido m&aacute;s conveniente, pero hab&iacute;a que haber estado all&iacute;, en aquel contexto del espanto, de la sangre derramada por grupos terroristas, la sombra de un ej&eacute;rcito que acababa de ejecutar penas de muerte, del pavor todav&iacute;a inspirado por la guerra reciente y su cruenta represi&oacute;n posterior.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que la historia no se repite y que a cada acontecimiento le corresponde un tiempo distinto. Sin embargo, no es menos cierto que el ser humano tiende a repetir los errores e ignorar las lecciones de la experiencia aprendida. Los que se repiten, para nuestra desgracia, son los mecanismos sociales que convierten a personas decentes en c&oacute;mplices del horror. Lo estamos viendo. Es el fatalismo de movimientos sociales en pa&iacute;ses y territorios que parec&iacute;an avanzados, cultos, pac&iacute;ficos y pr&oacute;speros, pero terminan por caer en los mismos abismos de sus antepasados en un regreso a la violencia, la guerra y la miseria. Igualmente, el pueblo como masa indiferente, se convierte en c&oacute;mplice silencioso.
    </p><p class="article-text">
        Veamos, por ejemplo, c&oacute;mo no hemos aprendido casi nada de nuestra historia m&aacute;s nefasta y, por lo tanto, corremos el riesgo de repetirla. Estamos bordeando el abismo cuando el reconocimiento de la memoria m&aacute;s reciente y de la que deber&iacute;amos aprender es causa de enfrentamiento. Cuando llega la guerra a nuestras puertas y Ucrania padece el ataque del invasor ruso, quienes nos representan son incapaces de unirse en frente com&uacute;n para buscar soluciones. Y si los oligarcas de la econom&iacute;a y la pol&iacute;tica, comandados por el amenazante presidente norteamericano, nos chantajean y amenazan, tampoco contamos con la fortaleza de la unidad. Ni el aberrante genocidio que perpetra el gobierno de Israel contra el pueblo palestino de Gaza conmueve del mismo modo a quienes deber&iacute;an aprender del pueblo espa&ntilde;ol que sale a las calles unido en una sola proclama contra la ignominia.
    </p><p class="article-text">
        Esas manifestaciones de gentes que portan banderas palestinas para denunciar el exterminio de gazat&iacute;es son las mismas que sellaron en su d&iacute;a una poderosa alianza contra el terrorismo etarra o yihadista. Las mueve el mismo esp&iacute;ritu pac&iacute;fico, pero rebelde que se levant&oacute; contra la guerra. Pero los partidos pol&iacute;ticos no son capaces de verlo, tan enredados andan en sus peleas tabernarias. Tampoco las danas, los incendios y cat&aacute;strofes clim&aacute;ticas encuentran la piedad que deber&iacute;an entre nuestra clase pol&iacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; esperar, pues, de una falta de humanidad y responsabilidad semejantes? &iquest;Por qu&eacute; no les mueve el espanto que invade al pueblo espa&ntilde;ol en estos d&iacute;as?&nbsp;&iquest;Qu&eacute; hay en la conciencia de quienes se dicen comprometidos con la democracia, pero solo buscan herirse mutuamente en una pelea de gallos? Cunde la desesperanza entre nosotros y nosotras porque no vemos salida a un mundo tan convulso y un pa&iacute;s que se resiste a la radicalizaci&oacute;n, pero que, si nadie lo remedia, terminar&aacute; por caer v&iacute;ctima del enfrentamiento entre sus &eacute;lites pol&iacute;ticas, como vemos que ha ocurrido en tantos otros lugares. Necesitamos el consenso como el comer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/espanto_129_12617353.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Sep 2025 19:33:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El espanto]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En la isla de San Simón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/isla-san-simon_129_12494151.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ea722af5-abe3-4a08-9acb-088586a2f3fe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En la isla de San Simón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El silencio sobre el horror, que mantuvo mi padre y guardaron tantas y tantas familias españolas sobre el dolor infligido por la guerra y la dictadura posterior, no permitió una sana superación del trauma. La úlcera causada por la muerte, la tortura y la indignidad se cubrió con el oprobioso telón de la negación y el olvido</p></div><p class="article-text">
        Llamaron a la puerta y, como ocurr&iacute;a algunas noches desde que empez&oacute; la guerra, una vecina ven&iacute;a en busca de la ayuda de Josefa. Quer&iacute;a visitar a su marido, llevarle algo de ropa y comida porque recibi&oacute; aviso de que estaba preso. La mujer fue a llamar su hijo Lalo, el m&aacute;s peque&ntilde;o. Su marido estaba enfermo y el mayor, en el frente. Ella corr&iacute;a a cargo de los otros cuatro varones y la ni&ntilde;a, tambi&eacute;n encamada. Sobreviv&iacute;an en un bajo alquilado, pasando estrecheces y hasta hambre cuando los chicos no ten&iacute;an que llevarse a la boca porque lo primero eran los enfermos. Ella sab&iacute;a que Lalo, un ni&ntilde;o muy trag&oacute;n que com&iacute;a todo lo que encontraba, iba al parque de la ciudad en busca de ra&iacute;ces para comer cuando no pod&iacute;a aguantar la gazuza. Pero era muy querido en el barrio y sol&iacute;a conseguir alg&uacute;n chusco de pan o pieles de patatas del vecindario a cambio de alg&uacute;n favor. Acompa&ntilde;aba a las mujeres de camino al penal cuando quer&iacute;an visitar a sus familiares encarcelados. Ten&iacute;a apenas 10 a&ntilde;os pero su presencia era menos que nada para andar por esos caminos de Teis, Redondela y Cesantes hasta coger la barca a la isla de San Sim&oacute;n, donde se hacinaban los presos en espera de juicio o de la saca que los llevaba a la muerte en cualquier cuneta. El ni&ntilde;o conoc&iacute;a bien aquel muelle de la isla al que tantas veces hab&iacute;a llegado con las vecinas a las que aguardaban hombres demacrados, en harapos, de ojos hundidos y rostros de desesperaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lalo vivi&oacute; hasta los 89 a&ntilde;os y, s&oacute;lo en los &uacute;ltimos d&iacute;as previos a su muerte, me revel&oacute; esta historia y desvel&oacute; los dolorosos recuerdos de aquellos viajes al campo de concentraci&oacute;n. Fue una imagen que le acompa&ntilde;&oacute; durante toda su vida pero de la que nunca quiso hablar. Aquella historia fue una sorpresa para m&iacute;.  Mi padre jam&aacute;s quiso contarnos c&oacute;mo hab&iacute;a pasado la guerra y la posguerra, de su penosa infancia y la penuria de su hogar cuando, siendo apenas un ni&ntilde;o, ten&iacute;a que ejercer de &ldquo;homi&ntilde;o&rdquo; en la retaguardia y crec&iacute;a desesperado para saciar la hambruna que se ceb&oacute; con los urbanitas. Galicia cay&oacute; muy pronto en manos de los militares golpistas porque la primera respuesta de los sindicatos en las ciudades fue fulminada a base de ametralladora, mientras que los guerrilleros republicanos resistieron en los montes y los falangistas aterrorizaron pueblos y aldeas con sus aterradores pase&iacute;llos.
    </p><p class="article-text">
        Cada mes de julio de este siglo XXI, en coincidencia con el aniversario del golpe de Estado y el inicio de la guerra civil, diversos colectivos -entre los que se encuentran familiares y presos pol&iacute;ticos de la represi&oacute;n franquista-, viajan hasta la isla de San Sim&oacute;n para recordar a quienes all&iacute; padecieron el dolor, la tortura, c&aacute;rcel e incluso la muerte rodeados de sus magn&iacute;ficos bosques de <em>buxos</em> (bojes), en los espantosos calabozos excavados en la piedra o los pabellones del campo de concentraci&oacute;n, que hab&iacute;an sido construidos tiempo atr&aacute;s como lazareto y alojamiento para cuarentena de viajeros. El gu&iacute;a que narraba esta semana la historia de este enclave situado en la r&iacute;a de Vigo -en un aniversario m&aacute;s en julio de 2025- nos explicaba detalles espantosos de lo que pasaron quienes sufrieron en la isla de San Sim&oacute;n el castigo durante y despu&eacute;s de la contienda b&eacute;lica, su hacinamiento, maltrato y enfermedades. Escuch&eacute; el relato con los ojos de hoy porque era el ep&iacute;tome de los malos tiempos del belicoso siglo XX que conviene conocer a la luz de las voces que escuchamos ahora cada vez con m&aacute;s fuerza. Una historia de la maldad humana en el que no faltaban pruebas de la end&eacute;mica corrupci&oacute;n, en la que incurrieron las autoridades del penal, en connivencia con el alcalde y el p&aacute;rroco, que se repart&iacute;an el dinero que detra&iacute;an del presupuesto para alimentaci&oacute;n de los presos. Sin olvidar la penosa situaci&oacute;n en que se encontraban las diversas edificaciones de la isla, en ruinas por el abandono de a&ntilde;os. Sin embargo la residencia del director de la prisi&oacute;n hab&iacute;a sido reconstruida y ocupaba el edificio m&aacute;s amplio del campo de concentraci&oacute;n. Al ver el gran pabell&oacute;n residencial no pude evitar recordar el impacto que me caus&oacute; la pel&iacute;cula de Jonathan Glazer, &ldquo;La zona de inter&eacute;s&rdquo;, que recrea la pl&aacute;cida existencia de la familia del comandante de Auschwitz, Rudolf H&ouml;ss, en inusitada vecindad con el escalofriante sonido ambiente de los estertores de susurros, gritos humanos, disparos o siniestros ruidos de maquinaria para el exterminio de los jud&iacute;os.
    </p><p class="article-text">
        En el corto periodo que gobern&oacute; la izquierda en la Xunta de Galicia, el antiguo penal se convirti&oacute; en &ldquo;<em>illa da memoria</em>&rdquo;, donde se organizaban visitas y actividades que rememoraban los horrores del penal as&iacute; como de las historias de sus habitantes, sin olvidar la corajuda solidaridad de las mujeres de Cesantes que ejerc&iacute;an de madrinas de los presos. Pero el Partido Popular, a su regreso al poder en la comunidad aut&oacute;noma, suspendi&oacute; toda acci&oacute;n para el recuerdo y cerr&oacute; sus instalaciones que s&oacute;lo se abren para albergar congresos o jornadas culturales. 
    </p><p class="article-text">
        El arque&oacute;logo Xurxo Ay&aacute;n llam&oacute; a mantener el cord&oacute;n que une a esta isla, desde la historiograf&iacute;a, la arqueolog&iacute;a, la antropolog&iacute;a y las Humanidades, con el activismo a favor de la memoria democr&aacute;tica porque &ldquo;es necesario un nuevo despertar mar&iacute;timo a lo largo de todo el pa&iacute;s&rdquo;, similar al que -desde 2006- descubri&oacute; m&uacute;ltiples trazas del pasado en los penales de las costas gallegas, de cuya red tambi&eacute;n form&oacute; parte la colonia penitenciaria de San Sim&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Los familiares de personas muertas y reclusos que padecieron en la isla viven estos d&iacute;as doloridos por una justa indignaci&oacute;n tras haberse celebrado recientemente un festival de m&uacute;sica indie, en el que los asistentes terminaron bailando bachata en San Sim&oacute;n, un lugar que consideran sagrado. Sus esperanzas se centran ahora en la inminente consideraci&oacute;n de &ldquo;lugar de la memoria&rdquo;, que podr&iacute;a declararse el pr&oacute;ximo mes de agosto, en virtud de la Ley de la Memoria Democr&aacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Dice Marilar Aleixandre, en su libro &ldquo;<em>As Bocas Cosidas</em>&rdquo;, que es necesario desbridar las cicatrices del pasado para que puedan curarse, lo que exige -seg&uacute;n la explicaci&oacute;n quir&uacute;rgica del t&eacute;rmino- volver a abrir la herida infectada. El silencio sobre el horror, que mantuvo mi padre y guardaron tantas y tantas familias espa&ntilde;olas sobre el dolor infligido por la guerra y la dictadura posterior, no permiti&oacute; una sana superaci&oacute;n del trauma. La &uacute;lcera causada por la muerte, la tortura y la indignidad se cubri&oacute; con el oprobioso tel&oacute;n de la negaci&oacute;n y el olvido. Adem&aacute;s, al no haber sido adecuadamente informadas y formadas las generaciones posteriores, han crecido sin conciencia de la valiosa libertad y bonanza de la que disfrutan. Con el consiguiente riesgo de que cale m&aacute;s f&aacute;cilmente entre la juventud el populismo y el fascismo, como estamos viendo que reflejan las encuestas de opini&oacute;n. Ojal&aacute; que la desclasificaci&oacute;n de los secretos del franquismo, gracias a la nueva Ley de Informaci&oacute;n Clasificada aprobada esta semana por el Consejo de Ministros, nos permita desbridar las cicatrices de nuestras laceraciones del pasado. 
    </p><p class="article-text">
        La periodista y escritora Geraldin Schwarz narra la historia de su familia franco-alemana en su magn&iacute;fica obra &ldquo;Los amn&eacute;sicos&rdquo; (<em>Mitfl&auml;ufer</em>), en la que repasa el comportamiento de la sociedad de los pa&iacute;ses de origen de sus padres y abuelos durante el nazismo. Nos detalla lo mucho que le cost&oacute; al pueblo alem&aacute;n asumir su complicidad con el horror del Holocausto, mientras que los franceses retrasaron ese proceso al tratar de tapar el colaboracionismo resumiendo esa etapa s&oacute;lo con la heroicidad de la resistencia. De acuerdo con la tesis de esta periodista, las sociedades que reconocen su silencio c&oacute;mplice ante las atrocidades de sus gobiernos fascistas est&aacute;n mejor preparadas e incluso vacunadas para no repetir los horrores cometidos.  &ldquo;Si Italia hubiera hecho su trabajo de memoria, &iquest;ser&iacute;an tan numerosos los ciudadanos que excusan y relativizan el fascismo? Si los responsables pero tambi&eacute;n la poblaci&oacute;n que hab&iacute;a apoyado al r&eacute;gimen criminal, hubieran asumido su responsabilidad &iquest;los italianos ser&iacute;an tan sensibles a los discursos demag&oacute;gicos?&rdquo;, se pregunta Schwarz con reflexiones que podr&iacute;amos hacernos tambi&eacute;n en Espa&ntilde;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/isla-san-simon_129_12494151.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Jul 2025 20:20:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En la isla de San Simón]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el nombre del padre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nombre-padre_129_12458104.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3291148d-eafe-4972-a2c4-f729ef315e48_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En el nombre del padre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lamentablemente, a la vista de los deplorables espectáculos que nos ofrecen a menudo sus señorías, son escasas las ocasiones que podemos apreciar el aspecto más noble de este oficio y hay que aprovecharlas</p></div><p class="article-text">
        Se habr&iacute;an quedado pasmados de estar vivos. Los legisladores de tiempos pasados -griegos, romanos, godos y de las Cortes de C&aacute;diz-, fueron testigos de un hecho inusual desde la c&uacute;pula del hemiciclo del Congreso de los Diputados. Nunca antes aquellas solemnes pinturas hab&iacute;an presenciado el llanto de una parlamentaria, vicepresidenta del Gobierno y portavoz de su grupo pol&iacute;tico, en pleno ejercicio de sus funciones. Yolanda D&iacute;az represent&oacute; con sus l&aacute;grimas y pucheros la verdad humana de la pol&iacute;tica al dejar salir su dolor con naturalidad, sin dramatismo pero sin reparos hip&oacute;critas. 
    </p><p class="article-text">
        Frente a la tan habitual deshumanizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica que chapotea entre detritus de los ataques personales m&aacute;s mezquinos, esta mujer nos record&oacute; que quienes nos representan en la sede de la soberan&iacute;a popular son personas comprometidas con el bien com&uacute;n y capaces de sacrificios tales como acudir a su puesto de trabajo para cumplir con su obligaci&oacute;n horas despu&eacute;s de la muerte de su padre. Su discurso destil&oacute; tanta pasi&oacute;n y verdad que reconciliaron al electorado de izquierdas con sus valores en el momento m&aacute;s cr&iacute;tico de los que ha vivido el Gobierno actual. Lamentablemente, a la vista de los deplorables espect&aacute;culos que nos ofrecen a menudo sus se&ntilde;or&iacute;as, son escasas las ocasiones que podemos apreciar el aspecto m&aacute;s noble de este oficio y hay que aprovecharlas.
    </p><p class="article-text">
        Fue un pleno duro y dif&iacute;cil para la mayor&iacute;a gubernamental que, no obstante, super&oacute; aliviada el trance, a pesar de la gravedad del caso Cerd&aacute;n, por el voto de confianza de sus socios parlamentarios dispuestos, de momento, a seguir adelante con la legislatura aunque sea tap&aacute;ndose la nariz. El reparto de papeles entre los aliados funcion&oacute; con eficacia y exactitud. Con los puntales de Rufi&aacute;n y D&iacute;az dibujando el nuevo panorama poniendo pies en pared ante la bronca montada en los esca&ntilde;os de los populares e infundiendo &aacute;nimos a la coalici&oacute;n para afrontar el futuro con mucha m&aacute;s pasi&oacute;n de la que le puso el jefe del Ejecutivo.
    </p><p class="article-text">
         Por a&ntilde;adidura, el presidente del Gobierno y el l&iacute;der de la oposici&oacute;n tambi&eacute;n se jugaban mucho. A grandes rasgos, ambos consiguieron sus respectivos objetivos. S&aacute;nchez, porque demostr&oacute; su cintura pol&iacute;tica, superioridad parlamentaria y control de la situaci&oacute;n gracias a un nuevo acto de contrici&oacute;n y al uso de los datos objetivos que sepultan al PP bajo un alud de casos de corrupci&oacute;n. Feij&oacute;o, gracias a que consigui&oacute; representar a la &uacute;nica oposici&oacute;n posible al suplantar a la ultraderecha en la confrontaci&oacute;n con el Gobierno. Le vimos competir en fondo y forma con Abascal por su comportamiento agresivo y hasta barriobajero, sobre todo en su violenta r&eacute;plica que encar&oacute; con evidente nerviosismo en la menci&oacute;n a los negocios del suegro de S&aacute;nchez, que son&oacute; como un escupitajo en tan respetable recinto. Con este salto cualitativo en el discurso de oposici&oacute;n para profundizar en la campa&ntilde;a de odio personal al l&iacute;der del PSOE quiere impedir la sangr&iacute;a de votos del PP hacia Vox. Esa es la estrategia, ya apuntada en su congreso nacional y ahora rubricada en el Parlamento donde hemos visto como nunca que ya no estamos ante una mera cuesti&oacute;n de alternancia en el gobierno. Lo que se dirime es la elecci&oacute;n entre la continuidad de una pol&iacute;tica socialdem&oacute;crata o un cambio brusco hacia la derecha m&aacute;s intolerante. Y ya no es un mero recurso ret&oacute;rico de campa&ntilde;a electoral. La ruptura de puentes de Feij&oacute;o con los nacionalistas moderados deja muy a las claras que ha quemado sus naves y apuesta decididamente por la radicalizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
         Por cierto, la t&aacute;ctica escapista de Santiago Abascal lo convirti&oacute; en alguien irrelevante en esta ocasi&oacute;n por lo que no ser&iacute;a de extra&ntilde;ar que, en el futuro, abandone esa forma de despreciar el debate parlamentario ausent&aacute;ndose del pleno, una vez proferidos sus exabruptos e insultos.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los resultados tangibles del pleno extraordinario sobre el grave caso de corrupci&oacute;n, el debate mostr&oacute; una instant&aacute;nea muy elocuente de la situaci&oacute;n ideol&oacute;gica de Espa&ntilde;a en la actualidad. Cada grupo parlamentario se expres&oacute; con su perfil particular, pero la C&aacute;mara se articul&oacute; en dos corrientes diferenciadas, pol&iacute;tica y generacionalmente, a favor y en contra de los principios sobre los que se han asentado las mayor&iacute;as gubernamentales situadas en el centro desde que en 1978 se aprob&oacute; la Constituci&oacute;n. Generacionalmente, los <em>baby boomers</em> y sus coet&aacute;neos han votado y ganado elecciones desde la centralidad de un sistema que promete garantizar la defensa de las libertades p&uacute;blicas, medidas sociales para superar desigualdades y un capitalismo corregido con moderada intervenci&oacute;n estatal. Hasta el partido heredero del franquismo evolucion&oacute; hacia ese modelo para ocupar la derecha y tambi&eacute;n el centro ideol&oacute;gico y as&iacute; alcanzar el poder.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la realidad ha cambiado y debemos tenerlo en cuenta si queremos entenderla para conocer las nuevas reglas y jugar con &eacute;xito la partida. Los profundos cambios que ha tra&iacute;do el siglo XXI han transformado nuestras sociedades en sistemas cada vez m&aacute;s complejos en los que, curiosamente, tienen &eacute;xito recetas simples como soluci&oacute;n a sus problemas: expulsi&oacute;n de millones de emigrantes, reducci&oacute;n de impuestos, recortes dram&aacute;ticos del gasto p&uacute;blico, privatizaciones, negacionismo de la violencia de g&eacute;nero, prohibici&oacute;n de derechos individuales como el aborto, el matrimonio homosexual, etc. El populismo campa por sus respetos y la democracia pierde cr&eacute;dito progresivamente con la aparici&oacute;n de pulsiones autoritarias. A Espa&ntilde;a todav&iacute;a no ha llegado la ola reaccionaria que ya gobierna en otros pa&iacute;ses, pero la deriva ya resulta evidente.
    </p><p class="article-text">
        El crecimiento de Vox, sostenido en el tiempo y ganando adeptos entre los j&oacute;venes, confirma que esa nueva forma de entender el mundo est&aacute; entre nosotros. Porque, adem&aacute;s, defiende sin complejos el franquismo de manera que los nost&aacute;lgicos del r&eacute;gimen se sienten reivindicados mientras que los nativos digitales se creen todo tipo de bulos que banalizan la dictadura que ellos no conocieron y no pueden imaginar. La decisi&oacute;n del l&iacute;der del Partido Popular, motivada por el miedo a Vox y condicionada por el ala m&aacute;s a la derecha de su organizaci&oacute;n (Aznar y Ayuso), le ha llevado a asumir principios y m&eacute;todos de los que en otros tiempos se habr&iacute;a avergonzado. El contagio populista y la deriva derechista est&aacute;n servidos. Como dice Daniel Innerarity, &ldquo;la sociedad es un conjunto de perspectivas mal avenidas&rdquo; que la pol&iacute;tica debe articular adecuadamente eligiendo siempre la m&aacute;s adecuada en cada momento. Esa es la virtud de los grandes referentes hist&oacute;ricos que han sabido acertar en las encrucijadas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Yolanda D&iacute;az anunci&oacute; a la C&aacute;mara &ldquo;hoy subo aqu&iacute;, en nombre de mi padre&rdquo; reivindicaba los valores democr&aacute;ticos y el coraje pol&iacute;tico de Suso D&iacute;az, el sindicalista y luchador antifranquista del que su hija hered&oacute; un fuerte compromiso con una pol&iacute;tica de izquierdas. Varias generaciones que compartieron los mismos objetivos de justicia social y defensa de las libertades conviven ahora con gentes m&aacute;s preocupadas por el corto plazo y partidarias de alternativas m&aacute;s espectaculares que realistas. No hay m&aacute;s que ver a Trump, Milei, Bolsonaro&hellip; para saber que las pel&iacute;culas poco tienen que ver con la realidad y las promesas de un mundo mejor pueden llevarse por delante nuestro estado del bienestar, una convivencia pac&iacute;fica, principios y libertades que hasta ahora hemos construido entre todos y todas. Frente a esa amenaza, la l&iacute;der de Sumar pidi&oacute; a S&aacute;nchez un giro a la izquierda y cambio de rumbo en el Gobierno para llevar al BOE buenas noticias porque &ldquo;la ciudadan&iacute;a est&aacute; angustiada&rdquo;. Pero Rufi&aacute;n, muy realista e informado, ya nos advirti&oacute; de que &ldquo;la gente no lee el BOE. La gente mira el m&oacute;vil&rdquo;. Tendr&aacute;n que empezar por ah&iacute; para ganar esa batalla porque nos va el futuro en ello.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nombre-padre_129_12458104.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Jul 2025 19:23:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En el nombre del padre]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Culpa 'in vigilando']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/culpa-in-vigilando_129_12417568.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/50c200f0-c129-403b-8f2d-7d6a3eed5eab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Culpa &#039;in vigilando&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El efecto político de las conversaciones y los informes policiales ha puesto en alto riesgo a la coalición gubernamental. La dimisión sería la respuesta más inesperada, pero también la más ejemplar para garantizar la continuidad del proyecto de gobierno con otro presidente</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Respice post te! Hominem te esse memento</em>&rdquo; (&ldquo;Recuerda que s&oacute;lo eres un hombre&rdquo;), le susurraba el esclavo a Marco Antonio, como hac&iacute;an siempre los romanos con los generales victoriosos para conjurar la soberbia del poder. La atracci&oacute;n es tan fuerte que, en nuestros d&iacute;as, quienes alcanzan la presidencia del Ejecutivo est&aacute;n constantemente tentados a aislarse y rodearse de un cord&oacute;n sanitario de personas complacientes. As&iacute; es como habitan una realidad paralela que los mantiene en la mayor ignorancia, al tiempo que exportan a sus cargos inferiores el mismo modelo. Pero el precio a pagar por tan lamentable estilo de liderazgo es la <em>culpa in vigilando, </em>en la que han incurrido l&iacute;deres democr&aacute;ticos ante casos de corrupci&oacute;n. Pedro S&aacute;nchez &ndash;pendiente a&uacute;n de la causa judicial de Koldo, &Aacute;balos y Cerd&aacute;n&ndash; es pol&iacute;ticamente culpable de haber permitido que el vicesecretario del PSOE machacara literalmente a colaboradoras tan valiosas como Adriana Lastra.
    </p><p class="article-text">
        Ninguno de los presidentes de Gobierno que ha habido en democracia han asumido la culpa de los casos que les afectaban cuando a todos les habr&iacute;a correspondido hacerlo, como m&iacute;nimo, por no vigilar los desmanes de sus colaboradores. Que la Justicia sentencie a quienes son culpables o inocentes no exime a los responsables pol&iacute;ticos de reconocer su fracaso personal. El esc&aacute;ndalo le obligar&iacute;a a asumir, cuando menos, su <em>culpa in vigilando </em>aunque no se haya enterado de nada hasta ahora. El da&ntilde;o que ha hecho a las feministas al depositar su confianza en gentes que hablan de las mujeres como de ganado merece una justa reparaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El efecto pol&iacute;tico de las conversaciones y los informes policiales ha puesto en alto riesgo a la coalici&oacute;n gubernamental. La dimisi&oacute;n ser&iacute;a la respuesta m&aacute;s inesperada, pero tambi&eacute;n la m&aacute;s ejemplar para garantizar la continuidad del proyecto de gobierno con otro presidente y que la ciudadan&iacute;a siga confiando en su partido y en la democracia. Nada indica que eso vaya a suceder, al menos, de momento. Pero tan alto sacrificio ser&iacute;a coherente con el coraje que S&aacute;nchez ha demostrado a lo largo de su trayectoria. Har&iacute;a historia porque en Espa&ntilde;a no existen precedentes de tan exigente y &eacute;tico comportamiento aunque, por desgracia, se hayan sucedido tantos casos de corrupci&oacute;n que revelan un fallo sist&eacute;mico de necesaria correcci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero pudo completar dos mandatos sin verse salpicado por esc&aacute;ndalos o actuaciones ilegales de sus equipos, no obstante el esc&aacute;ndalo de los ERE afect&oacute; al PSOE de Andaluc&iacute;a. Su&aacute;rez apenas gobern&oacute; por elecci&oacute;n democr&aacute;tica durante cuatro a&ntilde;os (1977-1981), se vio sacudido por la intoxicaci&oacute;n del aceite de colza y otras irregularidades de supuestos regalos del rey Em&eacute;rito que nunca fueron investigados. Pero no dimiti&oacute; por corrupci&oacute;n sino como consecuencia del abandono y descomposici&oacute;n de la UCD mientras &eacute;l se atrincheraba en la c&uacute;pula monclovita.
    </p><p class="article-text">
        Fue el &ldquo;s&iacute;ndrome de la Moncloa&rdquo; lo que acab&oacute; con Su&aacute;rez que supo transitar del franquismo a la democracia pero fue incapaz de sustraerse a las tentaciones y la soledad del poder. En Espa&ntilde;a se acu&ntilde;&oacute; este concepto para definir la progresiva lejan&iacute;a de la realidad que experimentan los presidentes desde que llegan al palacio de la carretera de A Coru&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        La lejan&iacute;a y decadencia de Felipe Gonz&aacute;lez fue mucho m&aacute;s lenta que la de Su&aacute;rez porque el PSOE estuvo 14 a&ntilde;os en el Gobierno y fue sepultado por una ola de corrupci&oacute;n insoportable con los casos Rold&aacute;n, Mariano Rubio, los GAL... Alfonso Guerra, que era su hombre de confianza, lo controlaba todo con mano de hierro. Precisamente, el declive socialista dio comienzo en 1990 con el hallazgo del despacho particular de negocios de su hermano Juan en la delegaci&oacute;n del Gobierno de Sevilla. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s del &ldquo;caso Guerra&rdquo; &ndash;que termin&oacute; con el desalojo de Alfonso del poder&ndash;,  Filesa, Malesa y Time Sport, adem&aacute;s del internacional Flick, ambos de financiaci&oacute;n ilegal del PSOE. Supuestamente, el presidente del Gobierno nunca supo nada de nada, aislado en un mundo feliz dentro del palacio de la Moncloa pero el hostigamiento de la oposici&oacute;n provoc&oacute; investigaciones parlamentarias y una comisi&oacute;n de estudio para reformar el sistema de financiaci&oacute;n de los partidos que tuvo poco &eacute;xito. 
    </p><p class="article-text">
        La sombra del caso Naseiro de financiaci&oacute;n ilegal del PP ensombreci&oacute; la candidatura de Aznar en 1990 porque salieron a la luz conversaciones inculpatorias del tesorero y un directivo de su equipo. La anulaci&oacute;n de pruebas zanj&oacute; la causa judicial, Aznar ces&oacute; a su colaborador y nunca asumi&oacute; responsabilidades pol&iacute;ticas por ello. Lleg&oacute; al poder en 1996 con un mensaje de regeneraci&oacute;n democr&aacute;tica contra la corrupci&oacute;n del PSOE pero sufri&oacute; casos de corrupci&oacute;n como el de Gescartera y, como despu&eacute;s se demostrar&iacute;a, no supo extirpar el modelo de financiaci&oacute;n ilegal heredado de AP.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a absoluta de 2000 lo llev&oacute; a la autocomplacencia porque &ldquo;Espa&ntilde;a va bien&rdquo;. Mientras tanto, en el interior del PP, crec&iacute;a una red delictiva de mordidas y financiaci&oacute;n ilegal que no aflorar&iacute;a hasta a&ntilde;os despu&eacute;s, como tambi&eacute;n los procesos que llevaron a la c&aacute;rcel a Jaume Matas y Rodrigo Rato.
    </p><p class="article-text">
        Con la presidencia del PP y su candidatura a las elecciones de 2004, Mariano Rajoy tambi&eacute;n hered&oacute; el tinglado del tesorero Luis B&aacute;rcenas con una caja B de las finanzas del partido. &ldquo;M. Rajoy&rdquo; figuraba en el listado de pagos ilegales y le salpicaron las muchas implicaciones del Caso G&uuml;rtel. &Eacute;l se mostr&oacute; impasible e ignorante de todo. 
    </p><p class="article-text">
        Con la primera sentencia que conden&oacute; al PP por financiaci&oacute;n ilegal, fue desalojado del poder en su segundo mandato por una moci&oacute;n de censura. El castigo del electorado al en las elecciones de 2019 cuando obtuvo el peor resultado de su historia. Est&aacute; claro que la corrupci&oacute;n tiene un coste electoral que se cobra m&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/culpa-in-vigilando_129_12417568.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Jun 2025 19:56:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Culpa 'in vigilando']]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Cuidatoriado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cuidatoriado_129_12383263.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4963a714-38e4-44da-890a-cad8a63592fe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Cuidatoriado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se trata de poner el foco en el trabajo doméstico y el cuidado de personas dependientes o enfermas, una realidad permanentemente presente en nuestros hogares pero inapreciable social y económicamente</p></div><p class="article-text">
        Despert&oacute; con la cabeza embotada de tanto dormir. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo no me han despertado a la hora de siempre?&rdquo;, se pregunt&oacute; todav&iacute;a en duermevela. Palp&oacute; el otro lado de la cama y comprob&oacute; que estaba vac&iacute;a. Busc&oacute; a tientas el reloj entre los trastos de la mesilla y s&oacute;lo encontr&oacute; su m&oacute;vil exang&uuml;e. Por suerte, el mando de la persiana el&eacute;ctrica descansaba en su sitio, puls&oacute; el bot&oacute;n y sinti&oacute; la entrada de un fogonazo de luz a medida que sonaba el tableteo de las lamas de aluminio. Consigui&oacute; abrir los ojos y vio que el sol estaba muy alto. &ldquo;Debe de ser casi mediod&iacute;a&rdquo;, pens&oacute; y record&oacute; que, en apenas una hora, ten&iacute;a la cita crucial que hab&iacute;a estado buscando durante tanto tiempo. Como con un resorte, abandon&oacute; la cama, corri&oacute; veloz al ba&ntilde;o y abri&oacute; la ducha. &ldquo;&iexcl;Vaya! no queda papel higi&eacute;nico&rdquo; Se meti&oacute; bajo el agua helada con apenas una raspa de jab&oacute;n. &ldquo;&iexcl;Cielos! La bombona se ha agotado&rdquo;. Tiritando, frot&oacute; y sec&oacute; su cuerpo con una toalla h&uacute;meda y parduzca que ped&iacute;a lavadora a gritos. 
    </p><p class="article-text">
        Regres&oacute; al cuarto y abri&oacute; el armario para elegir un conjunto fresco de primavera. Nada que hacer. De las perchas s&oacute;lo colgaban trajes de invierno. En los cajones, no encontr&oacute; m&aacute;s que ropa de playa y jers&eacute;is de lana. &ldquo;&iquest;Pero d&oacute;nde est&aacute;n las camisas?&rdquo;. Acudi&oacute; al lavadero por si hab&iacute;a alguna en la plancha y comprob&oacute; que la cesta de ropa sucia rebosaba de prendas para lavar. Tuvo que enfundarse un jersey de algod&oacute;n con las mangas remangadas para disimular y aliviar el calor. Al buscar los zapatos de debajo de la cama, un paisaje de lanas y pelusas le record&oacute; que la casa merec&iacute;a una limpieza. A causa del retraso, renunci&oacute; a los habituales huevos revueltos y tostadas. Se propuso tomar un desayuno r&aacute;pido de yogur y nueces. Pero la nevera estaba vac&iacute;a. Apenas vio un tomate mustio que agonizaba en el fondo del caj&oacute;n de los vegetales y un sobre enmohecido de queso rallado pegoteado en un estante de la puerta. S&oacute;lo dispon&iacute;a de diez minutos si quer&iacute;a llegar a tiempo a la reuni&oacute;n de su vida con la que aspiraba a lograr el lanzamiento definitivo de su negocio. Tendr&iacute;a que conformarse con un caf&eacute; de m&aacute;quina. Naturalmente, nadie hab&iacute;a comprado c&aacute;psulas por lo que el dispositivo s&oacute;lo dispens&oacute; un chorro de agua caliente. 
    </p><p class="article-text">
        Ante tama&ntilde;a cat&aacute;strofe dom&eacute;stica, sinti&oacute; la ira manejando sus manos que tropezaban con el port&aacute;til y las llaves de la moto cuando intentaba hacerse con ellas. Apur&oacute; el paso y enganch&oacute; con premura el picaporte de la puerta para salir a la calle. Cuando ten&iacute;a medio cuerpo en el descansillo y estaba a punto de cerrar de un portazo, escuch&oacute; una voz cascada y temblorosa que, desde alg&uacute;n lugar de la vivienda, pronunciaba su nombre. &ldquo;Por favor &iquest;puedes alcanzarme las muletas, vaciar el orinal y traerme la medicaci&oacute;n del pastillero? Recuerda que estamos sin ayuda desde hace varias semanas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        He creado este relato de ficci&oacute;n para imaginar c&oacute;mo ser&iacute;a la vida diaria de una persona de &eacute;xito en el mundo actual, pero privada del apoyo de quienes cubren sus necesidades m&aacute;s b&aacute;sicas, las que apenas se aprecian ni valoran cuando lo cierto es que resultan imprescindibles. Se trata de poner el foco en el trabajo dom&eacute;stico y el cuidado de personas dependientes o enfermas, una realidad permanentemente presente en nuestros hogares pero inapreciable social y econ&oacute;micamente. Hemos empezado a fijarnos en esta realidad palmaria pero inconsciente cuando la investigadora de la UAM, soci&oacute;loga, economista y feminista pionera, Mar&iacute;a &Aacute;ngeles Dur&aacute;n, nos habl&oacute; &ndash;en el a&ntilde;o 2000&ndash; del coste invisible del trabajo de las mujeres en la familia a principios. Fue quien acu&ntilde;&oacute; el concepto de &ldquo;El Cuidatoriado&rdquo; para definir -todav&iacute;a con perfiles imprecisos &ndash;una nueva clase social de la que toda la poblaci&oacute;n se beneficia y nadie valora ni prestigia aunque merecer&iacute;a ocupar el centro del sistema productivo&ndash;. Lo compara con un iceberg, un fen&oacute;meno visible &uacute;nicamente en una &iacute;nfima parte mientras la magnitud m&aacute;s considerable est&aacute; oculta, aunque de ella depende la vida. Seg&uacute;n sus c&aacute;lculos, el trabajo de las personas que desempe&ntilde;an esa actividad aportan dos terceras partes del esfuerzo productivo del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Tras la II Guerra Mundial &ndash;en Espa&ntilde;a, despu&eacute;s del Plan de Estabilizaci&oacute;n de 1959&ndash; ocurri&oacute; que los espacios p&uacute;blicos &ndash;f&aacute;bricas, oficinas, despachos, tribunales, fuerzas armadas, instituciones democr&aacute;ticas, etc.&ndash; se beneficiaron del talento, la inteligencia y la fuerza de la mano de obra femenina. Sin embargo, los hogares no vieron llegar con similar &iacute;mpetu al relevo masculino que habr&iacute;a de lavar, planchar, cocinar, limpiar mocos, llevar a las criaturas al pediatra, cambiar pa&ntilde;ales a los mayores con incontinencia, administrar medicamentos&hellip;  ni nada por el estilo. As&iacute; pues, las mujeres aceptaron &ndash;de facto&ndash; realizar doble jornada: actuaron en su puesto de trabajo como si no tuvieran familia y cumplieron en el hogar disimulando las exigencias laborales propias de sus puestos. Es llegado el tiempo en que los hombres asuman esta realidad y se incorporen a las tareas de atenci&oacute;n a la familia, como ya hacen muchos j&oacute;venes que han iniciado un nuevo y prometedor camino gracias al permiso parental en que se establece, desde los primeros d&iacute;as, una ligaz&oacute;n que ser&aacute; indisoluble con sus hijos e hijas. 
    </p><p class="article-text">
        A pesar de esos prometedores rayos de esperanza, por desgracia, las cosas no han cambiado mucho todav&iacute;a y todos los estudios se&ntilde;alan que las mujeres dedican tres veces m&aacute;s tiempo a los trabajos dom&eacute;sticos que los varones. En la terminolog&iacute;a socioecon&oacute;mica moderna, llamamos <em>Lo</em>s<em> Cuidados</em> al trabajo que se realiza, generalmente, en el hogar pero que incluye mucho m&aacute;s con el objetivo de garantizar el bienestar del grupo o la familia. Es una idea ampl&iacute;sima y resulta, a la vez, et&eacute;rea y casi imposible de detallar. Implica los trabajos de limpieza y alimentaci&oacute;n, cocina y lavander&iacute;a, avituallamiento y mantenimiento de las instalaciones, adem&aacute;s de la crianza de menores, as&iacute; como atenci&oacute;n a las personas mayores o dependientes. En general, contempla tambi&eacute;n el acompa&ntilde;amiento, las prestaciones sanitarias, psicol&oacute;gica y de enfermer&iacute;a dom&eacute;stica cuando son necesarias para cualquier miembro de la familia, especialmente, en la adolescencia y la vejez. Todo este c&uacute;mulo de tareas, que han venido haciendo las personas denominadas &ldquo;Amas de Casa&rdquo;, nunca han sido tenidas en cuenta para el c&aacute;lculo de las cifras macroecon&oacute;micas, tampoco en la microeconom&iacute;a dom&eacute;stica. En Espa&ntilde;a, el INE ha calculado que, de pagarse este esfuerzo a quienes lo realizan, el Producto Interior Bruto espa&ntilde;ol crecer&iacute;a hasta un 28,4%.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de ser la base de nuestra existencia en las sociedades modernas, como no est&aacute; monetizada, esta labor de soporte del hogar y la familia, resulta inexistente a efectos econ&oacute;micos. Socialmente, estas tareas no cuentan con el reconocimiento que deber&iacute;an. No hay m&aacute;s que ver que el escaso prestigio social les lleva a decir a las &ldquo;Amas de Casa&rdquo; que ellas &ldquo;no trabajan&rdquo;, como si su dedicaci&oacute;n no fuera de las m&aacute;s dif&iacute;ciles y esforzadas. En cualquier caso, Dur&aacute;n asegura que &ndash;toda ayuda es bienvenida&ndash; ning&uacute;n estado tendr&iacute;a solvencia econ&oacute;mica suficiente para sustituir al Cuidatoriado, de modo que siempre ser&aacute; necesaria la dedicaci&oacute;n entre las personas del grupo familiar, de manera compartida.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, los cuidados y el servicio dom&eacute;stico que son remunerados est&aacute;n en la base de la pir&aacute;mide laboral como trabajo no cualificado y es realizado casi siempre por personas inmigrantes, tambi&eacute;n en su mayor&iacute;a mujeres. De todos los que emigrantes que llegan a trabajar a nuestro pa&iacute;s (el grueso procede de Iberoam&eacute;rica), el 46% son mujeres que suelen ser agentes econ&oacute;micos activos y casi siempre independientes o con una familia en sus pa&iacute;ses de origen que viven de sus remesas. El Instituto de las Mujeres se&ntilde;ala que existe una alta concentraci&oacute;n de ellas en el servicio dom&eacute;stico y el cuidado a la dependencia. Pero tambi&eacute;n se constata una sobrecualificaci&oacute;n en muchos casos, as&iacute; como un alto nivel de econom&iacute;a sumergida por la situaci&oacute;n irregular de las trabajadoras. Sin duda, es urgente arbitrar medidas para la regularizaci&oacute;n de esta mano de obra para acabar con los abusos en el sector. Adem&aacute;s de ayudarnos a incrementar la tasa de nacimientos, las inmigrantes resuelven un serio problema al ocupar estos puestos de trabajo que cada vez son m&aacute;s necesarios a medida que aumenta la esperanza de vida y crece la poblaci&oacute;n dependiente. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cuidatoriado_129_12383263.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Jun 2025 20:03:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Cuidatoriado]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hijas del miedo, simiente de odio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hijas-miedo-simiente-odio_129_12346712.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/073dd82f-9b8b-4e15-8a6a-156f7c2a0fe2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hijas del miedo, simiente de odio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué les dirán a sus descendientes quienes hoy secundan, callan o miran para otro lado en una revictimización del pueblo gazatí masacrado? En esta ocasión, será imposible alegar ignorancia porque se está martirizando a miles de personas ante nuestros ojos</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Esta ma&ntilde;ana me he levantado con ganas de destruir Gaza&rdquo;, afirma con entusiasmo una adolescente israel&iacute; que vive en un asentamiento jud&iacute;o en Cisjordania, ha perdido a su padre en manos de terroristas palestinos y se ha comprometido con la causa. &ldquo;Yo quiero ser m&aacute;rtir&rdquo;, confiesa, como toda ilusi&oacute;n, una ni&ntilde;a palestina del campo de refugiados de Yen&iacute;n donde las incursiones del ej&eacute;rcito israel&iacute; se han intensificado destruyendo la&nbsp;vida de las familias &aacute;rabes.&nbsp;Ambas se sinceran ante la c&aacute;mara de la pel&iacute;cula documental &ldquo;Hijas de Tierra Santa&rdquo;, donde reconocen su desprecio por el pueblo vecino, transpiran odio al adversario, repiten las consignas de sus mayores y terminan por admitir que pasan miedo, mucho miedo. Pero, como bien dice la peque&ntilde;a palestina, no cabe equidistancia entre el miserable pueblo ocupado y el poderoso estado colonizador. Sin embargo, en sus corazones, ambas se alimenta id&eacute;ntica simiente. &ldquo;Quien odia, antes temi&oacute;&rdquo;, dice con acierto la fil&oacute;sofa brasile&ntilde;a Marcia Tibur.
    </p><p class="article-text">
        Consciente de vivir el tiempo de la cat&aacute;strofe humanitaria m&aacute;s pavorosa de nuestra historia reciente, por lo que est&aacute; padeciendo el pueblo palestino, he&nbsp;querido acercarme al coraz&oacute;n de los seres humanos&nbsp;jud&iacute;os y &aacute;rabes, a trav&eacute;s de sus sentimientos, para intentar vislumbrar una salida a tan temible ratonera que parece empeorar cada d&iacute;a sin soluci&oacute;n de continuidad. Con la ingenuidad de sus pocos a&ntilde;os pero toda la carga del rencor acumulado por el dolor que han respirado desde su nacimiento, los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as crecen en medio de la confrontaci&oacute;n, la animadversi&oacute;n y el rechazo al diferente en sus respectivos entornos. Ser&aacute; imposible que sean capaces de generar empat&iacute;a para ver como sus semejantes a quienes profesan distinta religi&oacute;n y disputan la tierra que consideran propia. Mucho menos que alg&uacute;n d&iacute;a busquen su mano amiga para caminar por la senda del entendimiento y la convivencia. No parece haber esperanza para Palestina e Israel, para Israel y Palestina, mientras el totalitarismo y el fanatismo religioso sigan sembrando de violencia y dolor el terreno abonado de rencor en las criaturas nacidas de los dos pueblos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        He tomado las declaraciones de las dos protagonistas de la pel&iacute;cula documental &ldquo;State of rage&rdquo; (Hijas de Tierra Santa), de Marcel&nbsp;Metelsiefen y Mayte Carrasco -que acaba de ser premiada con un premio BAFTA-, porque me parece que nos ofrecen una mirada in&eacute;dita a las nuevas generaciones que conviven en la Cisjordania ocupada y refleja el estado de opini&oacute;n m&aacute;s actual (tras los atentados de Ham&aacute;s el 7 de octubre) de la zona en conflicto y amenazada por la guerra que est&aacute; devastando la franja de Gaza donde el gobierno de Netanyahu perpetra un genocidio del pueblo palestino ante la pasividad de la llamada Comunidad Internacional. Una Comunidad Internacional que ni est&aacute; ni se le espera porque no se ha pasado apenas de la verborrea dial&eacute;ctica.
    </p><p class="article-text">
        Las cifras de la debacle en Gaza son espeluznantes y los m&eacute;todos del ej&eacute;rcito israel&iacute;, de aut&eacute;ntico exterminio. Me identifico con tanta gente que se confiesa sin recursos dial&eacute;cticos para expresar sus sentimientos porque no nos quedan palabras a las que recurrir para explicarnos o valorar los hechos de los que somos testigos a trav&eacute;s de nuestro televisor. Pero s&eacute; que es una trampa, una coartada de nuestra mala conciencia, como cuando vemos tantas pel&iacute;culas sobre el Holocausto nazi que ponemos distancia con aquellos cuerpos esquel&eacute;ticos y destinados a los hornos crematorios para que no nos destruyan emocionalmente porque devastan nuestro &aacute;nimo y nos resultan insoportables como seres humanos. Sin embargo, mi yo interno me exige ser honesta y sumarme a los gritos de socorro y denuncia contra las atrocidades que conozco a diario de lo que ocurre en Gaza, de lo que padecen tantos seres inocentes, condenados a la hambruna, la violencia, el &eacute;xodo y la muerte. Como las im&aacute;genes del telediario ya no nos conmueven porque hemos llegado al punto de insensibilidad por saturaci&oacute;n, he preferido recurrir a los trabajos period&iacute;sticos de pel&iacute;culas documentales que nos acercan a las tripas de la tragedia de forma mucho m&aacute;s cruda pero tambi&eacute;n m&aacute;s comprensible. Mi voluntad es clamar desde estas l&iacute;neas contra este horror por si pudiera conmover corazones. Los pocos movimientos de denuncia de gobiernos e instituciones internacionales son motivados por unas opiniones p&uacute;blicas que alzan la voz contra la clamorosa injusticia que hace ya mucho tiempo que vulnera todas las normas internacionales y de la decencia.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula premiada con un &Oacute;scar de Hollywood, &ldquo;<em>No Other Land&rdquo;</em>, tiene la virtualidad de acercarnos a la terror&iacute;fica vida diaria de las familias de una aldea palestina que sufre la destrucci&oacute;n sistem&aacute;tica de sus viviendas y recursos por parte del ej&eacute;rcito y los colonos jud&iacute;os, en cumplimiento de unas leyes unilaterales que las condenan a la miseria y donde pueden encontrar la muerte a la menor protesta. La ira, ante los sangrantes abusos y el maltrato que reciben, contagia al espectador m&aacute;s neutral pero es una &iacute;nfima prueba de lo que puede pasar por la cabeza de estos padres y madres que, a pesar de todo, tienen que seguir alimentando y acariciando a sus criaturas en medio de la violencia y la opresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ya sabemos que Israel, ante cualquier cr&iacute;tica de este tipo que se pueda hacer de su comportamiento y el trato que dispensa a los palestinos, es tachada de parcial y atribuida al antisemitismo de quien la formula. Pero es un recurso ya tan gastado y tiene tan poca credibilidad que no merece ni comentarios. Tengo m&aacute;s amigos y amigas jud&iacute;os que &aacute;rabes y -a excepci&oacute;n hecha de c&oacute;mo tratan los ortodoxos a las mujeres-, coincido mucho m&aacute;s con sus costumbres que con los de los &aacute;rabes. Lo cual no me impide ver el desequilibrio de derechos y la crueldad desmedida con claridad meridiana, adem&aacute;s de coincidir con Saramago en que creen disponer de patente de corso por haber padecido el Holocausto nazi del que abomino, como ha hecho el mundo entero. S&eacute; muy bien que el silencio es complicidad.
    </p><p class="article-text">
        Como periodista, me siento impelida a conocer tambi&eacute;n la versi&oacute;n del otro lado y tratar de comprender por qu&eacute; los israel&iacute;es apenas protestan contra su gobierno genocida o incluso apoyan mayoritariamente su actuaci&oacute;n. As&iacute;, he visto en todo detalle la espeluznante reproducci&oacute;n de los atentados de Ham&aacute;s en el sur de Israel, el 7 de octubre de 2023, en el documental <em>&ldquo;We will dance again</em>&rdquo;, que recrea el terror sembrado por la guerrilla palestina en el festival de M&uacute;sica Nova. He terminado llorando por aquellos j&oacute;venes que podr&iacute;an ser nuestros hijos e hijas; la tortura y muerte de los cuerpos sembrados por la carretera; los ca&iacute;dos en las cunetas, las mujeres violentadas y tratadas como animales y -lo m&aacute;s vomitivo- la aberraci&oacute;n de las risas y comentarios de los verdugos palestinos en una org&iacute;a de furia, profanaci&oacute;n y salvajismo.
    </p><p class="article-text">
        Tanto dolor y el sufrimiento padecido es desgarrador e inasumible pero no puede explicar, a mi juicio, por qu&eacute; los israel&iacute;es honestos justifican la respuesta exterminadora de su gobierno o asisten en silencio y no se distancian de los m&eacute;todos que utiliza en Gaza contra civiles inocentes. Aunque s&eacute; bien que algunos movimientos contestatarios existen en sus calles pero son minoritarios y apenas hacen mella en el gabinete de Netanyahu. Las movilizaciones de los familiares de los rehenes de Ham&aacute;s son apagadas e ignoradas, mientras los partidos fundamentalistas y nacionalistas sionistas incitan a la violencia sin complejos. Que sepamos, apenas algunos j&oacute;venes desertan y se niegan a incorporarse a filas, como hizo Einat Gerlitz que, en septiembre de 2022 se neg&oacute; a alistarse en Israel porque &ldquo;no pod&iacute;a sumarme a un ej&eacute;rcito que oprime a mis amigos palestinos&rdquo; y fue condenada a 87 d&iacute;as de c&aacute;rcel en una prisi&oacute;n militar. Para poder dar difusi&oacute;n a su protesta, tuvo que hacer su denuncia en Canad&aacute;. Obviamente, en su pa&iacute;s hab&iacute;a sido silenciada. Por desgracia, gestos de este tipo son excepci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; les dir&aacute;n a sus descendientes quienes hoy secundan, callan o miran para otro lado en una revictimizaci&oacute;n del pueblo gazat&iacute; masacrado? En esta ocasi&oacute;n, ser&aacute; imposible alegar ignorancia porque se est&aacute; martirizando a miles de personas ante nuestros ojos.
    </p><p class="article-text">
        El fil&oacute;sofo existencialista y psiquiatra alem&aacute;n Karl Jaspers, represaliado por los nazis y activista de la reconstrucci&oacute;n de Alemania tras la ca&iacute;da del III Reich, entreg&oacute; su pasaporte germano y se nacionaliz&oacute; suizo en protesta ante la nula voluntad del gobierno de Konrad Adenauer de limpiar las administraciones de todo resto del r&eacute;gimen anterior. Fue Jaspers quien, en 1967, invalid&oacute; el argumento de &ldquo;la obediencia debida&rdquo;, esgrimida por los militares alemanes como disculpa por su colaboraci&oacute;n en los cr&iacute;menes nazis. En su opini&oacute;n, no hay obediencia debida si no est&aacute;n en riesgo sus vidas. La persecuci&oacute;n, el encarcelamiento u otros castigos a los disidentes no justifican el seguidismo de los israel&iacute;es que contribuyen al genocidio gazat&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo he visto un rayo de esperanza en la oscuridad de esta calamidad humana y geopol&iacute;tica que nos contempla, en la amistad y ayuda mutua de los protagonistas de <em>No Other Land,</em> el palestino Basel y el jud&iacute;o Juval, que luchan juntos contra la opresi&oacute;n. Y en las madres de las &ldquo;<em>Ni&ntilde;as de Tierra Santa&rdquo;</em>, que sufren preocupadas por lo que han hecho de sus hijas. Quiz&aacute;s ellas puedan devolvernos la fe en el ser humano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hijas-miedo-simiente-odio_129_12346712.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 May 2025 20:25:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hijas del miedo, simiente de odio]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El sueño de Iara Mantiñán Búa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sueno-iara-mantinan-bua_129_12306251.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/02fc9960-0f5f-4978-a782-bdaaac1e94e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1117975.jpg" width="1194" height="671" alt="El sueño de Iara Mantiñán Búa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde que descubrió aquel bulto en la pierna cuando preparaba un reportaje sobre la caída del poder de los Hermanos Musulmanes en Egipto, no ha dejado de pensar, investigar, escribir y difundir la realidad de la enfermedad y sus pacientes, convertida así en profesional de lo que ella misma ha bautizado como Periodismo Oncológico</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Soy Iara Manti&ntilde;&aacute;n B&uacute;a, de A Coru&ntilde;a, estudi&eacute; Periodismo en Salamanca y quiero ser reportera en zonas de conflicto&rdquo;. As&iacute; se present&oacute; aquella joven de hermosa cabellera dorada y ojos claros, uno de los primeros d&iacute;as de clase de Periodismo Pol&iacute;tico que yo impart&iacute;a. No era una novedad encontrar alumnas de ese perfil, con esa determinaci&oacute;n y las ideas tan claras como la de la estudiante gallega, aunque, por lo general, el alumnado de los primeros a&ntilde;os de este siglo XXI carec&iacute;an de tablas y el arrojo de Iara como para reinar con esa firmeza en medio de sus compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras de clase. Por eso, siempre me ha gustado empezar el curso viendo c&oacute;mo se desenvuelven en p&uacute;blico quienes pretenden ser profesionales de la informaci&oacute;n, comprometidos con la b&uacute;squeda de la verdad y la vigilancia de los poderes p&uacute;blicos en beneficio del inter&eacute;s general. Adem&aacute;s de su experimentada puesta en escena -cultivada sin duda en su maestr&iacute;a anterior en un <em>college</em> de Londres- la pasi&oacute;n desbordante, que transmit&iacute;an su voz, sus gestos y la poderosa sonrisa que quer&iacute;a comerse el mundo, no me pas&oacute; desapercibida. Era evidente que tanto desgaste emocional iba a ser causa de incontables sufrimientos para ella en el futuro pero tambi&eacute;n ser&iacute;a una herramienta imprescindible para convertirse en una buena periodista y alcanzar los logros que se propusiera. Ni ella ni yo pod&iacute;amos imaginar que la vida se lo iba a poner tan dif&iacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        Poco m&aacute;s de una d&eacute;cada despu&eacute;s, el pasado lunes, me reencontr&eacute; con aquella alumna en una habitaci&oacute;n del hospital cl&iacute;nico San Carlos de Madrid, con el cuerpo deformado, sometida a un tratamiento in extremis para salvarla de las garras del c&aacute;ncer cerebral que afecta tambi&eacute;n al p&aacute;ncreas y el pulm&oacute;n, que no es sino un nuevo embate de la grav&iacute;sima enfermedad que la aqueja desde hace 9 a&ntilde;os. Estrenaba la treintena cuando le diagnosticaron un &ldquo;condrosarcoma extraesquel&eacute;tico mixoide&rdquo;, una dolencia oncol&oacute;gica ultrarrara, que padece uno de cada mill&oacute;n de habitantes. Este tipo de sarcoma convierte la existencia de los y las pacientes en una permanente monta&ntilde;a rusa en la que sus organismos se ven sometidos a la aparici&oacute;n constante de diferentes met&aacute;stasis en diversos &oacute;rganos, sucedidas por etapas de serena y aparente curaci&oacute;n que les proporcionan los tratamientos de los que la medicina dispone en la actualidad.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de una d&eacute;cada de dif&iacute;cil resistencia y convivencia con la enfermedad, encontr&eacute; a Iara con la misma fuerza y determinaci&oacute;n que cuando curs&oacute; el posgrado en mi clase y su voz imperiosa reinaba en aquella habitaci&oacute;n de hospital que habita, convertida en la ajetreada redacci&oacute;n de un gabinete de comunicaci&oacute;n trabajando a toda m&aacute;quina. La paciente&nbsp; manten&iacute;a imparables entrevistas con los medios de comunicaci&oacute;n e impart&iacute;a &oacute;rdenes constantes a la tribu de familiares y colegas periodistas que la rodeaban para difundir sus mensajes sin l&iacute;mite.&nbsp; A pesar de la hinchaz&oacute;n de su cuerpo, el agotamiento derivado de su estado de gravedad extrema y tosiendo constantemente por la debilidad de sus pulmones invadidos en un 60% por la met&aacute;stasis, hablaba a diestra y siniestra de la imperiosa e inaplazable necesidad de clamar por la resoluci&oacute;n de los problemas que, como ella, afrontan todos los enfermos de sarcoma.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Voy a salir de &eacute;sta&rdquo;, me dijo por todo saludo, horas despu&eacute;s de haber atravesado media Espa&ntilde;a, casi al borde de la muerte, en una ambulancia que ella misma sufrag&oacute; y contrat&oacute; tras haberse dado de alta voluntaria en el CHUAC de A Coru&ntilde;a, donde el equipo oncol&oacute;gico &ndash; del que habla maravillas- hab&iacute;a llegado al l&iacute;mite de sus posibilidades y s&oacute;lo le daba la opci&oacute;n de recurrir a la sedaci&oacute;n final. Con una fe inquebrantable en los tratamientos especializados que aportan los centros de referencia del sarcoma (s&oacute;lo 7 en toda Espa&ntilde;a), removi&oacute; Roma con Santiago hasta conseguir llegar al que tiene el Cl&iacute;nico de Madrid. Interrumpe nuestra conversaci&oacute;n s&oacute;lo unos instantes para dejarse inyectar la medicina por la enfermera y contin&uacute;a entre toses sin inmutarse. Aunque salva la &ldquo;excelente&rdquo; cooperaci&oacute;n entre los equipos m&eacute;dicos de Madrid y A Coru&ntilde;a, est&aacute; decidida a denunciar sin descanso las trabas que el reparto de competencias auton&oacute;micas en sanidad p&uacute;blica suponen para pacientes como ella. Obligada a buscar el m&aacute;s especializado tratamiento en la capital, su traslado se ha retrasado varios d&iacute;as mientras las terminales administrativas de Madrid y Galicia decid&iacute;an qui&eacute;n asum&iacute;a los costes de la &ldquo;derivaci&oacute;n&rdquo;. Finalmente, ella tom&oacute; el camino de en medio y recurri&oacute; a su cuenta corriente para intentar prolongar su vida un poco m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi sue&ntilde;o es curarme, pero el sue&ntilde;o m&aacute;ximo ser&iacute;a que se pudieran curar todas las personas que tienen la misma enfermedad y hacer lo posible para que sean tratadas como se merecen, que se avance en la investigaci&oacute;n de la vacuna curativa y se supriman todas las barreras que nos encontramos&rdquo;, me dijo. &ldquo;Puede que me muera hoy&rdquo;, espet&oacute; con la naturalidad que derrocha en sus v&iacute;deo blogs de @iarambua en Instagram, donde aconseja a pacientes oncol&oacute;gicos y sus allegados que miren a la enfermedad con naturalidad y sin dramatismos. &ldquo;Si consigo que la investigaci&oacute;n avance, que se disuelvan los nudos burocr&aacute;ticos entre autonom&iacute;as, que se les trate en centros especializados&hellip; morir&iacute;a feliz porque mi vida ha sido muy feliz, me he criado en una familia feliz y llena de amor&rdquo;, &eacute;se es su mensaje y su testamento que no duda en afrontar con la firmeza y la pasi&oacute;n con la que ejerci&oacute; como periodista en zonas de conflicto: Egipto, Israel, Palestina, Sud&aacute;frica, Bolivia&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde que descubri&oacute; aquel bulto en la pierna cuando preparaba un reportaje sobre la ca&iacute;da del poder de los Hermanos Musulmanes en Egipto, no ha dejado de pensar, investigar, escribir y difundir la realidad de la enfermedad y sus pacientes, convertida as&iacute; en profesional de lo que ella misma ha bautizado como Periodismo Oncol&oacute;gico. En apenas diez a&ntilde;os, adem&aacute;s de sufrir tumores, tratarse, mejorar, reincidir, padecer y renacer de sus cenizas cual Ave F&eacute;nix, ha fundado una asociaci&oacute;n que presta apoyo, ayuda y acompa&ntilde;amiento a v&iacute;ctimas del sarcoma y sus familias: ASARGA (Asociaci&oacute;n Sarcomas Grupo Asistencial). Dentro de este paraguas asociativo y colaborativo ha coordinado y colaborado en la publicaci&oacute;n de un libro -<em>El Sarcoma D&iacute;a a D&iacute;a</em>- con testimonios de personas afectadas y un documental financiado por la Diputaci&oacute;n de A Coru&ntilde;a. Ha investigado sobre la dolencia y sus posibles manifestaciones, tratamientos, experiencias sanitarias, etc. Fruto de ese estudio intensivo son sus art&iacute;culos en diversos soportes que difunde en sus perfiles en redes sociales, blogs y entrevistas o art&iacute;culos en prensa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay que hacer la Revoluci&oacute;n del Paciente Informado&rdquo;, exclama, en un nuevo giro de la conversaci&oacute;n en la que lanza sus sentencias como un volc&aacute;n en erupci&oacute;n. Su familiaridad con el personal y los t&eacute;rminos m&eacute;dicos y las m&uacute;ltiples variantes de la dolencia, as&iacute; como su experiencia con los recursos y penosos tr&aacute;mites burocr&aacute;ticos a superar, la han convertido en un libro andante empe&ntilde;ado en la vulgarizaci&oacute;n de los &ldquo;palabros&rdquo; de la medicina. Tiene consejos para todo y para todos: &ldquo;Las familias y las personas cercanas tienen que dejar hablar a los pacientes y acompa&ntilde;arnos en los vaivenes de esta enfermedad para poder enfocarnos en las actividades que nos hagan felices&rdquo;. Para ella, la m&aacute;xima felicidad est&aacute; en su profesi&oacute;n, contar su historia y aportar respuestas al flagelo de su enfermedad. &ldquo;A quienes tienen sarcoma les digo que aguanten, que no falta mucho porque la cura ya est&aacute; ah&iacute;&rdquo;, se refiere a la vacuna curativa de ARNmensajero, que se utiliz&oacute; para la COVID y de la que ahora ya existen estudios cl&iacute;nicos que apuntan a una exitosa soluci&oacute;n para los pacientes con sarcoma. &ldquo;El doctor Manuel Cobo de M&aacute;laga, de la Unidad de Investigaci&oacute;n de Oncolog&iacute;a del Hospital Quir&oacute;n Salud, ya la est&aacute; utilizando en pacientes con c&aacute;ncer de pulm&oacute;n para tratar de evitar la recurrencia de la enfermedad&rdquo;, me dice, y asegura que en Rusia se abrir&aacute; un ensayo cl&iacute;nico este verano y ella ya se ha apuntado en la lista de espera.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; sigue, sin dejar de hablar y sin dar un respiro a su interlocutora que, por un momento, olvida que est&aacute; hablando con una enferma en situaci&oacute;n l&iacute;mite y hace esfuerzos por ordenar esa avalancha de sentimientos, datos e informaciones mezcladas que la mujer encamada acaba de poner en sus manos. &ldquo;Yo necesito escribir para contar- confiesa Iara- porque para m&iacute; escribir es como respirar&rdquo; la escucha decir y es como si oyera sus propias palabras. Inmediatamente, sabe que tiene entre manos una historia que regalar, una vida que puede ser la de otras y otros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este siglo XXI en la academia, el mundo de las artes, la filosof&iacute;a y la literatura se derrochan esfuerzos para completar la historia tradicional masculina con el descubrimiento y recreaci&oacute;n de las vidas de mujeres extraordinarias que han sido preteridas, olvidadas o, simplemente, ignoradas. L&aacute;stima que estos testimonios salgan a la luz cuando ellas ya no est&aacute;n entre nosotras. Afortunadamente, Iara est&aacute; muy viva y puede contar su propio relato.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magis Iglesias]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 May 2025 20:21:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El sueño de Iara Mantiñán Búa]]></media:title>
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