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    <title><![CDATA[elDiario.es - María José Alfonso Bartolomé]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria-jose-alfonso/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María José Alfonso Bartolomé]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La araña]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/arana_129_12933748.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1df58275-d9b5-4fe4-af0d-8bd889360000_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La araña"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - 
Desde fuera, seguía pareciendo inmóvil. Pero ahora sabía que sostener no es lo mismo que retener, y que incluso en la quietud más absoluta existe un movimiento interno: el de quien aprende a habitar sus vínculos sin perderse en ellos
</p></div><p class="article-text">
        Algunas veces, atravesamos etapas en que nos sentimos desubicados en nuestra vida. Nos sentimos prisioneros de nuestro peque&ntilde;o mundo y dudamos entre romper todas las ataduras en un salto gigantesco o permanecer tristes y amargados en el centro del engranaje que hemos creado a lo largo de tantos a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        De pronto, me fijo en una ara&ntilde;a y observ&aacute;ndola a lo largo de varias semanas, creo hallar en ella la inspiraci&oacute;n para resolver mi dilema al tiempo que le dedico este cuento.
    </p><p class="article-text">
        La ara&ntilde;a llevaba tanto tiempo en el centro de su tela que incluso hab&iacute;a olvidado el instante exacto en que decidi&oacute; quedarse all&iacute;. No era inmovilidad por miedo ni por pereza, sino por una forma de atenci&oacute;n que exig&iacute;a quietud: desde ese punto preciso percib&iacute;a cada vibraci&oacute;n, cada m&iacute;nima alteraci&oacute;n del equilibrio que ella misma hab&iacute;a tejido. Los hilos que hab&iacute;a tejido y lanzado lo m&aacute;s lejos que hab&iacute;a sido capaz, no eran simples filamentos; eran tensiones emocionales, v&iacute;nculos sostenidos en el tiempo, ausencias que a&uacute;n temblaban cuando algo las rozaba. Permanecer en el centro era su manera de cuidar la red completa, aunque quien la observa pudiera interpretar que no hac&iacute;a nada.
    </p><p class="article-text">
        Desde ese lugar, la ara&ntilde;a aprendi&oacute; a distinguir vibraciones procedentes de puntos de enganche alejados y por lo tanto m&aacute;s antiguos, de las de alta frecuencia que indicaban que su origen era m&aacute;s cercano. Las primeras se caracterizaban por oscilaciones m&aacute;s lentas, casi previsibles, cuyo ritmo mec&iacute;a toda la estructura dulcemente, lo que impresionaba de poco peligrosas. Sin embargo, su duraci&oacute;n prolongada en el tiempo, acababa desequilibrando el conjunto. 
    </p><p class="article-text">
        Dado que los hilos por donde viajaban esas vibraciones, eran antiguos, desgastados por todo lo que hab&iacute;an tenido que soportar, terminaban por romperse poco a poco. Micra por micra perd&iacute;an consistencia hasta que, por fin, en un &uacute;ltimo golpe, se soltaban de aquel punto en lo que parec&iacute;a un s&oacute;lido muro y quedaban colgando, esperando que el siguiente golpe de viento, los alejara por siempre de la tela de ara&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Las otras irrump&iacute;an sin aviso, sacudiendo la tela con una urgencia que obligaba a tensar todo el cuerpo. No todas merec&iacute;an la misma respuesta. Algunas ped&iacute;an atenci&oacute;n inmediata; otras solo necesitaban ser sentidas, reconocidas, y luego dejarlas en su vaiv&eacute;n natural.
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo comprendi&oacute; que la tela no era un refugio, sino una extensi&oacute;n de s&iacute; misma. Cada hilo hab&iacute;a sido colocado con una intenci&oacute;n concreta, incluso aquellos que ahora parec&iacute;an innecesarios o fr&aacute;giles. Hab&iacute;a tejido para no caer, para no dispersarse, para sostener aquello que tem&iacute;a perder. Y en ese acto inicial, silencioso y meticuloso, ya se hab&iacute;a definido su manera de estar en el mundo: vinculada, atenta, siempre en relaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A veces un hilo se romp&iacute;a. El sonido era seco, breve, pero la sacudida recorr&iacute;a toda la estructura. La ara&ntilde;a sent&iacute;a entonces una tentaci&oacute;n conocida: abandonar el centro, correr hacia el punto exacto de la ruptura, reparar de inmediato lo perdido. Sin embargo, sab&iacute;a que moverse impulsivamente pod&iacute;a debilitar el resto de la red. Hab&iacute;a aprendido &mdash;no sin dolor&mdash; que no toda rotura deb&iacute;a ser evitada, y que insistir en sostener ciertos hilos acababa desgastando todos los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Hubo un tiempo en que crey&oacute; que su valor resid&iacute;a en la perfecci&oacute;n de la tela, en mantener cada v&iacute;nculo intacto. Permanec&iacute;a alerta, r&iacute;gida, anticipando vibraciones que a&uacute;n no exist&iacute;an. Fue entonces cuando el centro empez&oacute; a pesarle. La inmovilidad dej&oacute; de ser elecci&oacute;n y se convirti&oacute; en obligaci&oacute;n. No porque la tela lo exigiera, sino porque ella hab&iacute;a olvidado que tambi&eacute;n pod&iacute;a saltar, pero &iquest;a qu&eacute; precio? &iquest;qu&eacute; har&iacute;a si dejaba esa tela? &iquest;Acaso su misi&oacute;n en la vida no era tejer una sucesi&oacute;n de telas de ara&ntilde;a? Y &iquest;qu&eacute; significaba esa tela de ara&ntilde;a?
    </p><p class="article-text">
        Tras reflexionar sobre esas cuestiones comenz&oacute; a relajarse. Poco a poco le fue encontrando un sentido a su existencia y a su lugar en el mundo. Permanecer en el centro ya no significaba sacrificarse, sino confiar en que la red pod&iacute;a transformarse sin desaparecer. La red pod&iacute;a temblar, algunos hilos pod&iacute;an ceder y otros tensarse y ella seguir&iacute;a en el centro, equilibrando el conjunto.
    </p><p class="article-text">
        La ara&ntilde;a no se movi&oacute;, pero algo en su forma de estar cambi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Desde fuera, segu&iacute;a pareciendo inm&oacute;vil. Pero ahora sab&iacute;a que sostener no es lo mismo que retener, y que incluso en la quietud m&aacute;s absoluta existe un movimiento interno: el de quien aprende a habitar sus v&iacute;nculos sin perderse en ellos.
    </p><p class="article-text">
        Dedicado a todas las personas que en alg&uacute;n momento nos hemos sentido ara&ntilde;as.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/arana_129_12933748.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Jan 2026 09:51:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La araña]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Duelo infantil y Navidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/duelo-infantil-navidad_129_12861952.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cbaf576f-b4dd-420f-baa9-285367ccfec9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Duelo infantil y Navidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Como especialista en psicología infantil puedo afirmar que el punto fundamental es no ocultar la verdad. Explicar la muerte con honestidad, serenidad y un lenguaje adaptado a la edad del niño facilita el proceso de duelo y refuerza la confianza con los adultos</p></div><p class="article-text">
        La Navidad suele intensificar el dolor de las familias que atraviesan un duelo, especialmente cuando hay ni&ntilde;os. Las tradiciones, las reuniones familiares y la presi&oacute;n social por &ldquo;estar felices&rdquo; hacen m&aacute;s evidente la ausencia de la persona fallecida, generando tristeza, confusi&oacute;n y desilusi&oacute;n en los m&aacute;s peque&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Tras numerosas entrevistas a j&oacute;venes que perdieron a su padre o a su madre siendo menores de catorce a&ntilde;os, concluimos que todos expresan una experiencia com&uacute;n: las primeras Navidades sin esa persona tan significativa, estuvieron marcadas por la falta de motivaci&oacute;n para afrontar las celebraciones y por lo duro que result&oacute; soportar los peque&ntilde;os gestos cotidianos. Con el tiempo, las familias recuperaron algunas tradiciones y crearon otras nuevas cuyo objetivo fue integrar la ausencia, sin negarla.
    </p><p class="article-text">
        No existe una &uacute;nica manera correcta de afrontar estas fechas. Cada familia debe hacer lo que sienta que necesita en cada momento, buscando un equilibrio entre recordar y seguir adelante. Durante ese periodo de duelo, es normal que convivan alegr&iacute;a y tristeza, y que compartir las emociones de forma contenida ayuda a los ni&ntilde;os a comprender que sentirse tristes es natural.
    </p><p class="article-text">
        La forma en que los ni&ntilde;os viven el duelo var&iacute;a seg&uacute;n su edad. Los menores de cinco a&ntilde;os no comprenden la permanencia de la muerte y pueden mostrar conductas regresivas; entre los seis y once a&ntilde;os comienzan a entenderla y suelen expresar su dolor con preguntas, enfado o s&iacute;ntomas f&iacute;sicos; en la adolescencia, la p&eacute;rdida puede manifestarse como apat&iacute;a, ira intensa o dificultades de concentraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Como especialista en psicolog&iacute;a infantil puedo afirmar que el punto fundamental es no ocultar la verdad. Explicar la muerte con honestidad, serenidad y un lenguaje adaptado a la edad del ni&ntilde;o facilita el proceso de duelo y refuerza la confianza con los adultos. As&iacute; mismo, mostrar tristeza delante de ellos es saludable, siempre que no resulte desbordante y se les transmita que los adultos, a pesar de su tristeza, siguen disponibles para consolarlos y compartir con ellos los momentos de alegr&iacute;a y tambi&eacute;n los tristes.
    </p><p class="article-text">
        Es importante evitar el silencio, en lo que respecta al ausente en Navidad. No hay que huir de una conversaci&oacute;n en la que se recuerde al familiar fallecido, al recordar algunas an&eacute;cdotas divertidas, por ejemplo. Los ni&ntilde;os tienen que darse cuenta de que recordamos con agrado que esa persona form&oacute; parte de nuestra vida y que compartimos momentos hermosos, que en el presente a&ntilde;oramos. 
    </p><p class="article-text">
        Una estrategia que facilita que validemos las emociones y procesemos la p&eacute;rdida en familia, es la de crear peque&ntilde;os rituales. Una foto o un peque&ntilde;o objeto que perteneci&oacute; a ese familiar puede simbolizar su presencia. 
    </p><p class="article-text">
        Si la situaci&oacute;n nos resulta demasiado abrumadora, es recomendable que varios adultos puedan ejercer el rol de acompa&ntilde;ante del ni&ntilde;o en su dolor. Recordemos que los adultos cercanos a la persona fallecida, tambi&eacute;n tenemos derecho a desfallecer. En ese caso, lo importante es que los ni&ntilde;os no nos vean absolutamente rotos.
    </p><p class="article-text">
        Pasados los momentos m&aacute;s significativos, como pueden ser la Nochebuena, la llegada de Pap&aacute; No&euml;l y los Reyes Magos, hay que volver a las rutinas. Dentro de esa normalizaci&oacute;n que considero necesaria, abogo por fomentar actividades al aire libre. Salir del hogar es muy saludable, ya que permite diluir la energ&iacute;a negativa y disipar esa &ldquo;nube gris&rdquo; que sobrevolar&aacute; el ambiente familiar en esa &eacute;poca tan emocionalmente exigente como la Navidad.
    </p><p class="article-text">
        FELIZ NAVIDAD
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Mar&iacute;a Jos&eacute; Alfonso es psic&oacute;loga cl&iacute;nica</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/duelo-infantil-navidad_129_12861952.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Dec 2025 09:24:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Duelo infantil y Navidad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Septiembre, de vuelta con el síndrome postvacacional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/septiembre-vuelta-sindrome-postvacacional_129_12619786.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fa59de9c-8302-495f-8060-b4033a3c8bbc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Septiembre, de vuelta con el síndrome postvacacional"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Normalizamos guerras, abusos y genocidios sin rechistar, no nos rebelamos ante flagrantes abusos de poder, y sin embargo nos encogemos ante la vuelta a nuestra actividad laboral, porque tenemos ‘síndrome postvacacional’</p></div><p class="article-text">
        Habitualmente se califica la vuelta a la rutina como una situaci&oacute;n negativa por la que todos estamos condenados a pasar cuando termina el verano. Tanto si trabajamos como si no lo hacemos, el mes de septiembre se relaciona con el principio de un nuevo curso.
    </p><p class="article-text">
        Me gustar&iacute;a comenzar septiembre con una sensaci&oacute;n neutra, ni buena, ni mala. Como siempre, mi esp&iacute;ritu cr&iacute;tico me lleva a enfrentarme muchas veces a lo que parece una opini&oacute;n que nos viene impuesta por&hellip;, no s&eacute; qui&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; argumentos apoyan la vuelta a la rutina como un hecho negativo? La rutina se relaciona con monoton&iacute;a, p&eacute;rdida de espontaneidad, creatividad e improvisaci&oacute;n y la vuelta a asumir responsabilidades. Como suele coincidir con el fin de las vacaciones muchas personas lo viven como un choque emocional por p&eacute;rdida de libertad y tener que volver a amoldarse a horarios r&iacute;gidos, lo que genera algo de nostalgia, frustraci&oacute;n y tristeza, que los medios han dado por llamar s&iacute;ndrome postvacacional.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que no tengo claro si es que yo soy muy madura o es que soy conformista, pero nunca sufr&iacute; ese conjunto de s&iacute;ntomas, ni lo vi como algo con entidad suficiente que mereciera darle un nombre. Entiendo que alguien pueda haber disfrutado&nbsp;&nbsp;de momentos agradables y divertidos durante sus vacaciones y que sienta por lo tanto unos instantes de nostalgia al recordarlos. Pero tambi&eacute;n considero que todos sabemos que las vacaciones tienen un fin previsible y previsto, por lo que en mi humilde opini&oacute;n deber&iacute;amos estar preparados para ese d&iacute;a que ya est&aacute; programado desde el principio. 
    </p><p class="article-text">
        En el caso de los ni&ntilde;os acepto que presenten mayores dificultades a la readaptaci&oacute;n a los horarios escolares, pero contrariamente a lo que opinan colegas m&iacute;os de profesi&oacute;n, afirmo que el s&iacute;ndrome vacacional, referido a adultos es una etiqueta artificial que se ha querido poner a un proceso adaptativo leve, de toda la vida. Al ponerle la etiqueta de &ldquo;s&iacute;ndrome&rdquo; creo que le damos m&aacute;s importancia de lo que realmente tiene y hemos proporcionado a la sociedad un argumento para justificar su desgana de reemprender otro estilo de vida m&aacute;s reglado. 
    </p><p class="article-text">
        Como quiero ser equitativa, puedo defender la posici&oacute;n contraria: &ldquo;&iquest;acaso si no le ponemos un nombre nuevo a ese proceso que objetivamente se da en ciertas personas, &eacute;ste desaparece?&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;NOOO! Lo que ocurre es que, si lo etiqueto como s&iacute;ndrome, un proceso leve de adaptaci&oacute;n comienza a ser patol&oacute;gico o al menos as&iacute; suena. Me podr&eacute;is cuestionar por qu&eacute; me molesta que le hayan puesto un nombre. La respuesta, para m&iacute; es muy clara: porque acabamos patologizando cualquier reacci&oacute;n, conducta o respuesta que damos a un hecho determinado y esto est&aacute; llevando a que en general estemos teniendo una sociedad m&aacute;s d&eacute;bil y fr&aacute;gil. Y as&iacute;, vamos&hellip;
    </p><p class="article-text">
        La vuelta a una rutina tambi&eacute;n tiene sus cosas positivas. Nos da mayor tranquilidad, no tenemos que pasarnos el d&iacute;a improvisando o pensando algo <em>bonito y divertido</em> que realizar, ya que de lo contrario sentimos que estamos perdiendo el tiempo o que tenemos unas vacaciones aburridas por no haber hecho <em>cosas interesantes.</em> La rutina nos quita presi&oacute;n social y personal. Tambi&eacute;n hay quien no soporta tener un mes entero de vacaciones ya que se le acaba haciendo rutinario.
    </p><p class="article-text">
        Como sociedad, nos acabamos creyendo que somos seres fr&aacute;giles y desamparados que necesitan constante protecci&oacute;n de alg&uacute;n staff superior y terminamos tragando &oacute;rdenes, normas y reglas &ldquo;infumables&rdquo; sin oponernos. Normalizamos guerras, abusos y genocidios sin rechistar, no nos rebelamos ante flagrantes abusos de poder, y sin embargo nos encogemos ante la vuelta a nuestra actividad laboral, porque tenemos &lsquo;s&iacute;ndrome postvacacional&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la soluci&oacute;n pase por no demonizar la rutina, ni idealizar las vacaciones, sino en aprender a encontrar el equilibrio entre ambos escenarios. La rutina puede ser el marco que nos sostiene y nos organiza; las vacaciones, la pausa que nos renueva y nos recuerda que tambi&eacute;n sabemos disfrutar. Patologizar lo cotidiano nos debilita, pero darle sentido a lo que hacemos cada d&iacute;a. Incluso en septiembre, puede fortalecernos. Tal vez la verdadera madurez consista en dejar de definir etiquetas para lo obvio y empezar a vivir con serenidad lo que venga en cada etapa del a&ntilde;o.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/septiembre-vuelta-sindrome-postvacacional_129_12619786.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Sep 2025 08:48:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Septiembre, de vuelta con el síndrome postvacacional]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La resiliencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/resiliencia_129_12558018.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/339a7baa-ce64-43c7-999d-172f96f4756b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La resiliencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Educar en resiliencia, es dotar a los niños de recursos internos para transformar las dificultades en crecimiento y esperanza, es darles libertad y responsabilidad, fomentar su espíritu crítico y creativo, para con todo ello, afronten la vida con optimismo
</p></div><p class="article-text">
        Encontrar una definici&oacute;n de resiliencia es muy f&aacute;cil. Cualquier diccionario nos la puede ofrecer, pero acercarla a un plano personal es algo m&aacute;s complejo, y eso es lo que voy a intentar en este art&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Sabemos que la resiliencia es un t&eacute;rmino que procede del mundo de la f&iacute;sica y que se refiere a la caracter&iacute;stica de algunos metales, de volver a su estado original, incluso con mayor resistencia y flexibilidad, tras haber sido sometidos a duras pruebas de esfuerzo, como son soportar elevadas temperaturas, cambios radicales de las mismas, aguantar fuerzas opuestas con la intenci&oacute;n de evaluar su resistencia y poder ser utilizados para otros usos de los que en principio estaban previstos.
    </p><p class="article-text">
        Ese concepto en referencia a las personas y utilizado en psicolog&iacute;a, se define como la habilidad emocional, cognitiva y social suficiente para reconocer, enfrentar y transformar constructivamente una situaci&oacute;n dolorosa. En otras palabras, conseguir salir de una situaci&oacute;n horrible, siendo m&aacute;s fuerte emocionalmente, positivo, con mayor confianza en s&iacute; mismo y seguro de ser capaz de enfrentarse a los desaf&iacute;os que la vida le pueda traer a uno. La resiliencia no es resignaci&oacute;n ni resistencia, que nos lleva a pensar que es algo pasivo. Todo lo contrario, la resiliencia es un proceso activo de la persona, supone una transformaci&oacute;n en todas sus facetas. El resiliente, a&uacute;n sin perder su esencia como persona, mantiene su sensibilidad, emotividad o personalidad y desprende algo diferente de otros cuando se le observa atentamente: la serenidad.
    </p><p class="article-text">
        Una met&aacute;fora visual de lo que har&iacute;a la resiliencia en una persona ser&iacute;a relacionarla con el arte japon&eacute;s del <em>Kinsugi </em>que consiste en reparar una pieza de porcelana que se haya roto incrustando oro l&iacute;quido en las grietas, convirtiendo las &ldquo;cicatrices&rdquo; del objeto en algo valioso. La persona resiliente ha aprendido del dolor, ha superado los traumas sufridos d&aacute;ndole un sentido a lo ocurrido lo que le proporciona una raz&oacute;n para seguir y saber que hay m&aacute;s vida fuera del entorno doloroso en el que haya podido encontrarse.
    </p><p class="article-text">
        La resiliencia se asienta en cuatro elementos clave:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>La aceptaci&oacute;n de la realidad</strong>. Creo que resulta evidente que es el primer paso. Es necesario ver la realidad de frente, tratando de ser lo m&aacute;s racional posible para poder evaluar la dificultad a la que nos enfrentamos o a las barreras que deberemos saltar para salir de ese &ldquo;agujero&rdquo;. Digo agujero y no &ldquo;pozo&rdquo; porque los pozos nos sugieren oscuridad y aislamiento.</li>
                                    <li><strong>Red de apoyo</strong>. Amigos, familia, alg&uacute;n vecino o alg&uacute;n miembro de la comunidad en la que estemos instalados, es quien se puede convertir en la persona clave que nos ayuda a volver a creer en nosotros. En m&uacute;ltiples ocasiones, es clave tener a esa persona que manchar&aacute; sus manos para quitarnos parte del barro que tenemos encima y adem&aacute;s lo har&aacute; regal&aacute;ndonos una sonrisa. Un acto as&iacute; de sencillo le da fuerzas a la persona que trata de seguir adelante y de volver a creer en la humanidad.</li>
                                    <li><strong>La b&uacute;squeda de sentido</strong>. No se trata de justificar lo injustificable, ni de disfrazar experiencias dolorosas, sino de transformar la vivencia en un aprendizaje, en un revulsivo para dar un cambio de rumbo a nuestra vida. Ante una profunda crisis personal, nos tenemos que enfrentar a la sensaci&oacute;n que nada o casi nada tiene sentido. Si le damos unas pocas vueltas y transformamos &ldquo;el problema&rdquo; en un reto que nos da la oportunidad de utilizar la creatividad, llegamos al cuarto elemento clave en que se apoyan las personas resilientes.</li>
                                    <li><strong>La creatividad</strong>. La creatividad es la capacidad de encontrar nuevas respuestas a situaciones que parecen no tener una salida. Cuanto m&aacute;s dura es la situaci&oacute;n de crisis, mayores son los motivos para reinventarnos. Con una actitud positiva, a pesar del dolor, iremos encontrando nuevas formas de reorganizar nuestra vida, de descubrir recursos inesperados, en resumen, de empezar a andar por caminos que jam&aacute;s habr&iacute;amos pensado recorrer. Y si,&hellip; no sale bien, habremos tenido nuevas experiencias, lo que equivale a nuevos aprendizajes.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        En definitiva, la resiliencia es una capacidad que se puede aprender a lo largo de toda la vida, pero como todo buen h&aacute;bito es mejor que comience a desarrollarse desde la infancia. Educar en resiliencia, es dotar a los ni&ntilde;os de recursos internos para transformar las dificultades en crecimiento y esperanza, es darles libertad y responsabilidad, fomentar su esp&iacute;ritu cr&iacute;tico y creativo, para con todo ello, afronten la vida con optimismo.
    </p><p class="article-text">
        La resiliencia sembrada en un ni&ntilde;o, se concierte en la fuerza de un adulto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/resiliencia_129_12558018.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 Aug 2025 15:17:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La resiliencia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desafección dicen… Me parece poco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/desafeccion-dicen-parece_129_12481382.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6db81f10-f021-4ad9-849e-c2bd33686012_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desafección dicen… Me parece poco"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Todo ello me lleva a preguntarme si es el poder el que corrompe o si es un tema de personalidad, quiero decir que el que se corrompe, ya viene de casa así y simplemente busca alcanzar aunque sea una brizna de poder, para desarrollar su instinto predador</p></div><p class="article-text">
        Y seguimos con la corrupci&oacute;n de algunos pol&iacute;ticos de nuestro pa&iacute;s y el insoportable juego de &ldquo;&hellip;y t&uacute; m&aacute;s&rdquo; o &ldquo;lo tuyo es peor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Acabo de escuchar en una tertulia que una supuesta representante del pueblo, ya que as&iacute; se autonombran los diputados electos del Congreso, que la corrupci&oacute;n pol&iacute;tica y de las instituciones, generan desafecci&oacute;n del pueblo hacia la pol&iacute;tica. &iquest;Y eso es lo que le preocupa?
    </p><p class="article-text">
        Sinceramente la situaci&oacute;n es nauseabunda y descorazonadora. Yo que soy de una generaci&oacute;n que luch&oacute; por que en este pa&iacute;s hubiese democracia, separaci&oacute;n de poderes y un reparto justo del capital global del Estado, dudo entre vomitar frente cualquier medio de comunicaci&oacute;n, echarme a llorar desconsoladamente o mostrarme agresiva (aunque s&oacute;lo sea verbalmente). Y entonces me acuerdo de que estudi&eacute; psicolog&iacute;a porque quer&iacute;a entender el comportamiento y pensamiento de las personas, aliviarles en sus heridas emocionales y contagiar serenidad a mis semejantes m&aacute;s cercanos. Y, claro: tengo que ponerme a pensar de manera racional y no dejarme llevar por impulsos reactivos a las noticias que voy conociendo. 
    </p><p class="article-text">
        Todo ello me lleva a preguntarme si es el poder el que corrompe o si es un tema de personalidad, quiero decir que el que se corrompe, ya viene de casa as&iacute; y simplemente busca alcanzar, aunque sea una brizna de poder para desarrollar su instinto predador.
    </p><p class="article-text">
        Desde un punto de vista &eacute;tico, es corrupci&oacute;n, tanto el acto del que se lleva a casa un paquete de folios, como el que se lleva cinco millones de euros. Uno de los valores que aprend&iacute; o se me inculp&oacute; en la ni&ntilde;ez, es que <em>NO SE ROBA</em>. Por supuesto que soy consciente de la diferencia abismal entre los dos ejemplos que acabo de nombrar, pero el hecho es el mismo: supone una apropiaci&oacute;n indebida de algo que pertenece a la sociedad. La &uacute;nica diferencia es que cada uno de los agentes que han realizado esa conducta, es que la ha hecho en la medida que sus circunstancias le han permitido. A m&aacute;s poder, mayor bot&iacute;n me puedo llevar.
    </p><p class="article-text">
        Lo triste de esta situaci&oacute;n es que la reacci&oacute;n de los que no cometemos este tipo de actos es analizada por la clase pol&iacute;tica, en general, como una desafecci&oacute;n hacia su cometido. Y no estoy de acuerdo. Es mucho m&aacute;s grave.
    </p><p class="article-text">
        Desde el punto de vista de la psicolog&iacute;a social, me parece que hemos entrado en un cuadro de &ldquo;indefensi&oacute;n aprendida&rdquo;, que se caracteriza por acabar manteni&eacute;ndonos inm&oacute;viles ante cualquier tipo de agresi&oacute;n recibida. Y permitid que os diga que la corrupci&oacute;n es una agresi&oacute;n a la ciudadan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Si nos pasamos al plano individual, tras una primera fase de ira, que como consecuencia de la habituaci&oacute;n a esas &ldquo;agresiones&rdquo; a nuestra dignidad y a nuestros bienes colectivos, va perdiendo intensidad y se acaba quedando en instantes de cabreo o asco hacia la clase pol&iacute;tica. En una fase m&aacute;s avanzada, en la cual seguimos conociendo hechos reprobatorios en todos los niveles e instituciones, nos iremos deprimiendo, sinti&eacute;ndonos indefensos y sin salida aparte de adaptarnos, normalizando la corrupci&oacute;n como un comportamiento inevitable.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qu&eacute; poco cuida esta clase pol&iacute;tica nuestra salud mental! Y eso que parece que la han puesto de moda y supuestamente la apoyan.
    </p><p class="article-text">
        Ni se plantean que sus conductas corruptas y tremendamente injustas, destrozan la salud mental de los individuos a los que piden que les voten. O tal vez, si alguno lee este art&iacute;culo y otros muchos m&aacute;s que publican mis colegas de profesi&oacute;n, a pesar de conocer las consecuencias de su mala gesti&oacute;n y de sus malas acciones, les importe bien poco.
    </p><p class="article-text">
        Soy psic&oacute;loga, s&iacute; y me permito opinar sobre la corrupci&oacute;n porque le duele a mucha gente y tengo la impresi&oacute;n (ojal&aacute; me equivocara) que a ning&uacute;n partido pol&iacute;tico le interesa de verdad desarrollar los mecanismos necesarios para controlarla. Cada vez pago mis impuestos con m&aacute;s dolor y rabia, porque no conf&iacute;o en que se vayan a utilizar de manera adecuada, ya ni me atrevo a decir justa.
    </p><p class="article-text">
        Por la salud mental de una sociedad civil que se est&aacute; hundiendo en un estado emocional de tristeza, anhedonia e indefensi&oacute;n, exijamos la responsabilidad y el respeto que se debe
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/desafeccion-dicen-parece_129_12481382.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Jul 2025 16:55:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Desafección dicen… Me parece poco]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Historia de un narcisista pidiendo perdón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/historia-narcisista-pidiendo-perdon_129_12391627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c4877a8d-ebb1-4b68-8647-5368f83acf48_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Historia de un narcisista pidiendo perdón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Este tipo de personalidades nunca se arrepienten de sus palabras ni de sus acciones. Si buscan nuestro perdón es para que no nos alejemos demasiado ya que siempre necesitan alguien a su alrededor para inflar su ego y validar su existencia</p></div><p class="article-text">
        En este art&iacute;culo de opini&oacute;n, voy a tratar de explicar c&oacute;mo utilizan los narcisistas las disculpas. Cuando un narcisista comienza una alocuci&oacute;n cuyo objetivo, supuestamente es pedir perd&oacute;n, con la frase: &ldquo;Pido perd&oacute;n a la ciudadan&iacute;a. Nunca debimos confiar en &eacute;l&rdquo;, a mi parecer, empieza bien mal. De entrada, ya incluye a los ciudadanos en S&Uacute; error, y eso no me suena para nada a una disculpa. No demuestra un reconocimiento de culpa o asunci&oacute;n de responsabilidad.
    </p><p class="article-text">
        La disculpa narcisista es una artima&ntilde;a, una estrategia sofisticada para lograr que les perdonemos y que todo vuelva a la normalidad.
    </p><p class="article-text">
        Al hacerlo suele quedar algo parecido a una astilla en nuestro interior, que nos ayuda a detectar que esa supuesta disculpa no ha resultado reparadora para nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de personalidades nunca se arrepienten de sus palabras ni de sus acciones. Si buscan nuestro perd&oacute;n es para que no nos alejemos demasiado ya que siempre necesitan alguien a su alrededor para inflar su ego y validar su existencia.
    </p><p class="article-text">
        La personalidad narcisista es el mejor guionista de las disculpas falsas, aquellas que no buscan en absoluto reponer el da&ntilde;o causado.
    </p><p class="article-text">
        Un narcisista nunca reconocer&aacute; un error, ya que esto pondr&iacute;a en peligro la imagen que ha construido cuidadosamente. Adem&aacute;s, su falta de empat&iacute;a les impide conocer el da&ntilde;o que han causado. Pedir disculpas, para ellos, no es m&aacute;s que una herramienta m&aacute;s en su caja de manipulaci&oacute;n. Sus disculpas pueden parecer sinceras ya que dominan el arte de la teatralidad y la dramatizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Investigaciones realizadas en la Universidad de Harvard han revelado algo interesante. No es que estas personalidades carezcan por completo de empat&iacute;a, sino que &eacute;sta es disfuncional.
    </p><p class="article-text">
        Existen cuatro tipos de disculpas narcisistas:
    </p><p class="article-text">
        <em>- </em><em><strong>La disculpa minimizadora</strong></em><em>: &ldquo;S&oacute;lo han sido dos personas&rdquo;, &ldquo;Desgraciadamente en este mundo no existe la corrupci&oacute;n cero, pero s&iacute; existe la tolerancia cero&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>- </em><em><strong>La disculpa blanqueante</strong></em><em>. El narcisista intenta blanquear su responsabilidad.: &ldquo;Yo no era conocedor de las acciones de estas personas&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>- </em><em><strong>La disculpa victimista, en la cual no asume en absoluto su responsabilidad</strong></em><em>: &ldquo;Ya saben que estoy trabajando mucho por el bienestar del pa&iacute;s&rdquo; y &ldquo;no tengo acceso de modo previo a los trabajos que realiza la polic&iacute;a judicial y hasta hoy confiaba en esa persona&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        - <strong>El narcisista se justifica en acciones o actitudes que hizo otra persona: </strong>&ldquo;<em>Lo conozco desde 2014, he trabajado con &eacute;l, y para m&iacute; es una enorme decepci&oacute;n&rdquo;. &ldquo;Yo tengo muchos defectos, pero uno de ellos es creer en la limpieza de la pol&iacute;tica&rdquo;. Otros lo han hecho peor&hellip;</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hacemos entonces al escuchar una excusa de este estilo? 
    </p><p class="article-text">
        Simplemente, tratar de ignorarla, para proteger nuestra salud mental. Las excusas que nos pueda ofrecer cualquier narcisista no ha de ser tomada en serio y debemos procurar no reaccionar ante ella, para impedir ofrecerle un refuerzo positivo. La indiferencia, siempre ser&aacute; nuestra mejor arma ante un narcisista. Otra cosa es que sus actitudes y acciones nos irriten, o lleguen al punto de hacer que nos sintamos ofendidos, ya que su actitud, en muchas ocasiones se pueda considerar una falta de respeto a la inteligencia de la ciudadan&iacute;a. Posiblemente, tengamos que aprender a alejarnos de personas con esa personalidad o esperar unos a&ntilde;os m&aacute;s y acertar a la hora de elegir a nuestros representantes pol&iacute;ticos, si detectamos que sus acciones muestran rasgos de personalidad narcisista.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/historia-narcisista-pidiendo-perdon_129_12391627.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Jun 2025 11:26:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Historia de un narcisista pidiendo perdón]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando dudo de la validez de las respuestas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/dudo-validez-respuestas_129_12339547.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d6ce13ba-775a-4a5b-b864-3ec019271fab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando dudo de la validez de las respuestas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Los saboteadores silenciosos aparentan no hacer mal, pero no colaboran, no instalan barricadas en nuestro camino, pero no nos facilitan la salida, parecen un elemento neutro, pero fastidian. Son los artistas de la insolidaridad</p></div><p class="article-text">
        Pongamos que un d&iacute;a en que me siento especialmente reflexiva, decido hacerme la siguiente pregunta: &iquest;Considero que vivimos en una sociedad solidaria?
    </p><p class="article-text">
        A primera vista, la respuesta que podemos dar cada uno de nosotros, a esta pregunta, se basar&aacute; seguramente en nuestras experiencias personales.
    </p><p class="article-text">
        Mi reflexi&oacute;n entonces se prolongar&iacute;a a cuestionarme la validez de la respuesta ofrecida. Uno de los problemas que detecto es el de su coherencia y estabilidad temporal, dada la inmensa variabilidad de factores que influir&iacute;an en ella.
    </p><p class="article-text">
        Como factores que pueden guiar una respuesta, comenzar&iacute;a nombrando nuestra personalidad, que a su vez est&aacute; conformada por m&uacute;ltiples rasgos. La opini&oacute;n de una persona extrovertida y sociable ser&aacute; diferente de la que ofrezca un introvertido o alguien con tendencia a ser asocial. En ese primer an&aacute;lisis, por muy superficial que lo quiera hacer, necesitar&iacute;a tener en cuenta tambi&eacute;n el estado de &aacute;nimo en el que se encuentre la persona que contesta.
    </p><p class="article-text">
        Posteriormente, si profundizamos en el sujeto preguntado, tendr&iacute;amos que poder valorar las experiencias vitales que le han marcado y la capacidad que ha mostrado para superar los problemas que haya podido sufrir.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Ufff! Creo que si para la respuesta a una sola pregunta, ya de manera superficial, debo tener en cuenta tantas variables, creo que voy a terminar por no confiar en los resultados de ninguna encuesta pseudo &ndash; seria, sea elaborada por el Centro de Investigaciones Sociol&oacute;gicas o por cualquier centro de estudios sociol&oacute;gicos privado. No soy tan inculta como para ignorar que existen medidas que minimizan los efectos distorsionadores de las variables que afectan al resultado de esas encuestas, y que los soci&oacute;logos, por supuesto dominan a la perfecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;F&iacute;jense si las controlan que cuando los resultados no interesan a unos, los otros hablan de las cocinas de esos centros!, refiri&eacute;ndose a la manipulaci&oacute;n que se pueden realizar de los datos obtenidos.
    </p><p class="article-text">
        Pero, volviendo a un nivel m&aacute;s cercano, me pregunto una y otra vez, hasta qu&eacute; punto me puedo tomar en serio las respuestas que escucho, cuando planteo una pregunta a alguien cercano. Una vez escrib&iacute; &ldquo;que pensar dol&iacute;a&rdquo;. En el d&iacute;a de hoy afirmo que, adem&aacute;s de producir dolor, pensar me lleva a dudar, incluso de m&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        Aceptando la relativa validez de las respuestas, quiero volver al tema de mi pregunta. &iquest;Somos solidarios o no?
    </p><p class="article-text">
        Hace unas semanas se dieron unas circunstancias en mi vida que me hicieron sentir que la tendencia de la sociedad era ser insolidaria. Dos d&iacute;as m&aacute;s tarde, ante el apoyo recibido por parte de una persona cercana, ante la misma pregunta, mi opini&oacute;n era diametralmente diferente. Reduje mi opini&oacute;n a que ciertas personas son insolidarias y que existen otras que siempre est&aacute;n dispuestas a ofrecer apoyo emocional, econ&oacute;mico o del que haga falta.
    </p><p class="article-text">
        Y, de pronto, me vuelve a dar por reflexionar y hacerme preguntas: &iquest;qu&eacute; hace que alguien sea insolidario, si cooperar no le supone ning&uacute;n perjuicio?
    </p><p class="article-text">
        Es posible que una emoci&oacute;n compleja como la envidia, sea la que gu&iacute;e las acciones insolidarias e inhiba las que ser&iacute;an generosas, de alguien que arrastre un complejo de inferioridad. En las personas envidiosas se combina el deseo con la insatisfacci&oacute;n personal, lo cual suele ser indicativo que soportan una necesidad interna no reconocida o una herida emocional no resuelta.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y si no fuera la envidia lo que llevara a las personas a ser insolidarias?
    </p><p class="article-text">
        Me inclino a pensar que pudiera ser tambi&eacute;n el egocentrismo, actitud que parece caracterizar nuestra sociedad desde hace varias d&eacute;cadas, la que propicie la insolidaridad. Parece que educamos a los individuos a centrarse en sus propias necesidades, deseos y puntos de vista, sin ser capaces de ampliar su campo de visi&oacute;n. A mayor egocentrismo, menor capacidad de ser receptivo o emp&aacute;tico y, por lo tanto, menor solidaridad.
    </p><p class="article-text">
        Por terminar mi an&aacute;lisis, el cual estoy comenzando a complicar, creo que existe otra conducta caracter&iacute;stica de las personas insolidarias: el sabotaje silencioso. Esa actitud ser&iacute;a propia de las personas que muestran conductas pasivo-agresivas y que muchas veces descolocan a los sujetos con quien se relacionan. Utilizo el verbo <em>descolocar</em>, d&aacute;ndole el significado de la respuesta conductual que mostramos, cuando la conducta de alguien nos dificulta poderla clasificar en el grupo de &ldquo;los buenos&rdquo; o de &ldquo;los malos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los saboteadores silenciosos aparentan no hacer mal, pero no colaboran, no instalan barricadas en nuestro camino, pero no nos facilitan la salida, parecen un elemento neutro, pero fastidian. Son los artistas de la insolidaridad.
    </p><p class="article-text">
        Fijaos d&oacute;nde me llev&oacute; preguntarme si la sociedad es solidaria o no. Voy a concluir en que no responder&eacute; nunca a este tipo de preguntas de manera generalizada, sino &uacute;nicamente desde un punto de vista puramente individual.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Suerte con quien se crucen!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/dudo-validez-respuestas_129_12339547.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 May 2025 09:07:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando dudo de la validez de las respuestas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La cadena invisible del miedo: una sociedad bajo control]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cadena-invisible-miedo-sociedad-control_129_12190727.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/063ac570-f781-40cf-bd79-bfee5f276195_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La cadena invisible del miedo: una sociedad bajo control"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Vista la situación mundial que nos muestran, es importante que, si pretendemos mantenernos mínimamente libres y autónomos, debemos esforzarnos por desarrollar el pensamiento crítico, evitar reaccionar impulsivamente ante los discursos alarmistas que nos lanzan y diversificar las fuentes de información</p></div><p class="article-text">
        La RAE define el miedo como &ldquo;la angustia que alguien siente ante un riesgo de da&ntilde;o real o imaginario&rdquo;. Como segunda acepci&oacute;n, a&ntilde;ade que es &ldquo;el recelo o aprensi&oacute;n que alguien siente ante la posibilidad que le suceda algo contrario a lo que desea&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde una perspectiva biol&oacute;gica, el miedo es una respuesta adaptativa, que, alertado por nuestro sistema nervioso simp&aacute;tico, prepara a nuestro organismo para reaccionar ante una amenaza, sea &eacute;sta real o percibida como tal. Ante la activaci&oacute;n del sistema nervioso simp&aacute;tico, se libera adrenalina y cortisol, de forma que aumenta la frecuencia cardiaca y respiratoria, con la finalidad de aumentar la cantidad de ox&iacute;geno que debe llegar tanto al cerebro como a los m&uacute;sculos, que son los que nos permitir&aacute;n, concluir con una respuesta de lucha, de huida o de par&aacute;lisis global, dependiendo de la evaluaci&oacute;n que nuestro cerebro realice del peligro.
    </p><p class="article-text">
        El miedo es fisiol&oacute;gico, nos permite la supervivencia salvo en los casos en que, siendo inducido artificialmente y sostenido en el tiempo, se convierte en una potent&iacute;sima herramienta de manipulaci&oacute;n y control social, adem&aacute;s de afectar a nuestra salud individual.
    </p><p class="article-text">
        De esa utilizaci&oacute;n del miedo en el plano social hemos tenido m&uacute;ltiples y terribles muestras a lo largo de la historia y parece que no aprendemos. Cualquier dictadura o r&eacute;gimen totalitario ha sabido usar el miedo a la represi&oacute;n o a la violencia para mantener el poder. En dos mil veinte, ante la crisis sanitaria provocada por la COVID-19, la falta de informaci&oacute;n, la incertidumbre y el temor al contagio, permiti&oacute; que se nos recortaran derechos civiles sin ninguna resistencia significativa por parte de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        El miedo colectivo influye en la toma de decisiones colectivas, moldea comportamientos y dirige poco a poco a la sociedad civil hacia una actitud pasiva y entregada a sus l&iacute;deres, a los cuales imbuye unas cualidades que ni siquiera han demostrado.
    </p><p class="article-text">
        El uso sistem&aacute;tico del miedo como mecanismo de control social genera efectos negativos tambi&eacute;n a nivel individual: nos convierte en seres ap&aacute;ticos y conformistas, acabamos normalizando y aceptando la p&eacute;rdida de libertades a favor una supuesta mayor seguridad.
    </p><p class="article-text">
        El miedo en una sociedad engrandece a sus &ldquo;l&iacute;deres&rdquo;, les alimenta el ego, al tiempo que se acurruca mansamente bajo las alas del poder, buscando protecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Vista la situaci&oacute;n mundial que nos muestran, es importante que, si pretendemos mantenernos m&iacute;nimamente libres y aut&oacute;nomos, debemos esforzarnos por desarrollar el pensamiento cr&iacute;tico, evitar reaccionar impulsivamente ante los discursos alarmistas que nos lanzan y diversificar las fuentes de informaci&oacute;n. Tratemos de fomentar la cultura y la conciencia social y aprendamos a identificar lo que son patrones de manipulaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Que en el momento actual existe una situaci&oacute;n sociopol&iacute;tica complicada, que nos llega tanto por el este como por el oeste de la Uni&oacute;n Europea, es una evidencia que no se puede negar. Pero &iexcl;ojo!, no nos dejemos llevar por un estado de histeria colectiva, por el bien de nuestra salud mental.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cadena-invisible-miedo-sociedad-control_129_12190727.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Apr 2025 17:15:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La cadena invisible del miedo: una sociedad bajo control]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¡El pueblo necesita que se le haga pedagogía! ¡Ja!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/pueblo-necesita-le-haga-pedagogia-ja_1_12155874.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/81d83c3e-f4f9-402a-9f82-8d64ee8f6da0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¡El pueblo necesita que se le haga pedagogía! ¡Ja!"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Cuando hablan de hacer pedagogía porque la gente protesta ante decisiones autocráticas, o insensatas, o irracionales, lo que realmente quieren expresar es que nos quieren adoctrinar y acostumbrar a que estemos calladitos</p></div><p class="article-text">
        &iquest;De verdad que algunos, (porque nunca se deben hacer afirmaciones absolutas), pol&iacute;ticos se creen que no los entendemos? &iquest;Acaso creen que tenemos tan pocas luces como para no darnos cuenta de sus intenciones y de sus juegos de palabras?
    </p><p class="article-text">
        Creo que la clase pol&iacute;tica se ha &ldquo;crecido&rdquo; tanto que ha perdido perspectiva de lo que es y c&oacute;mo es la sociedad en general. Cuando hablan de hacer pedagog&iacute;a porque la gente protesta ante decisiones autocr&aacute;ticas, o insensatas, o irracionales, lo que realmente quieren expresar es que nos quieren adoctrinar y acostumbrar a que estemos calladitos. Y&hellip; &iexcl;lo siento, chicos! Eso no es as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        De entrada, me molesta que se atrevan a hablar de pedagog&iacute;a, cuando al aceptar las modificaciones que supuso la aprobaci&oacute;n del Plan Bolonia, desnudaron en gran parte la carrera de pedagog&iacute;a. Poco a poco se ha podido observar c&oacute;mo ning&uacute;n ministro de universidades o de educaci&oacute;n ha respetado y defendido a los licenciados en pedagog&iacute;a y ha mantenido todas las funciones que pueden realizar. Y digo pueden y no, pod&iacute;an, porque seg&uacute;n las funciones y capacidades que definen esa carrera PUEDEN realizar muchas m&aacute;s funciones de las que les permiten cuando van acotando las oposiciones a las cuales se les deja que se presenten.
    </p><p class="article-text">
        Un pedagogo es un profesional que puede elaborar programas educativos adaptados a diferentes contextos (escolar, profesional y social), puede crear metodolog&iacute;as de ense&ntilde;anza y aprendizaje bas&aacute;ndose en la investigaci&oacute;n pedag&oacute;gica. Se puede dedicar a analizar y mejorar los sistemas educativos, de instituciones y evaluar los m&eacute;todos de ense&ntilde;anza, tambi&eacute;n diagnostica y orienta como el alumnado o los empleados de una empresa, pueden superar sus dificultades de aprendizaje. Un pedagogo est&aacute; capacitado para formar y asesorar a docentes y familias. Y como colof&oacute;n, un pedagogo est&aacute; cualificado para asesorar en procesos de innovaci&oacute;n y mejora educativa en colegios, empresas y ORGANISMOS P&Uacute;BLICOS.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, soy consciente de que he puesto en may&uacute;sculas estas dos &uacute;ltimas palabras del p&aacute;rrafo anterior, con el &uacute;nico objetivo que, si alg&uacute;n dirigente de alg&uacute;n organismo p&uacute;blico lee este art&iacute;culo, tenga la sensibilidad suficiente para acordarse de que en este pa&iacute;s existen muchos pedagogos, que est&aacute;n ejerciendo funciones de menor responsabilidad y cualificaci&oacute;n por la que fueron formados, porque les est&aacute;n restringiendo los puestos de trabajo a los que hace unos a&ntilde;os pod&iacute;an aspirar a ocupar. En concreto, en la actualidad, ya no se les permite presentarse a las oposiciones de Formaci&oacute;n y Orientaci&oacute;n Laboral, Pedagog&iacute;a Terap&eacute;utica y est&aacute;n pendientes de poder aspirar a un puesto de Educador Social.
    </p><p class="article-text">
        De paso, tampoco estar&iacute;a mal que la clase pol&iacute;tica, se planteara integrar en los equipos de asesores de ciertos organismos p&uacute;blicos, ayuntamientos, gobiernos locales y auton&oacute;micos e incluso partidos pol&iacute;ticos, alg&uacute;n que otro pedagogo, antes de lanzar al aire aquello de que, si no se les ha aceptado en silencio una norma u orden ministerial, es porque no se ha hecho &ldquo;suficiente pedagog&iacute;a&rdquo;. La clase pol&iacute;tica, ella solita ha entrado en una contradicci&oacute;n que ha creado ella misma.
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;ores pol&iacute;ticos, supuestos representantes del pueblo que les ha votado, &iquest;qu&eacute; tal si hablan claro y comienzan a respetar a la gente que les vot&oacute;?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/pueblo-necesita-le-haga-pedagogia-ja_1_12155874.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Mar 2025 15:46:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¡El pueblo necesita que se le haga pedagogía! ¡Ja!]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El simbolismo oculto del Carnaval]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/simbolismo-oculto-carnaval_129_12108517.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8183fd3b-9a5f-4ae6-b4cc-f93cd184acf1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El simbolismo oculto del Carnaval"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - De ahí que afirme rotundamente que la utilización de una máscara, usada con fines lícitos, puede ser utilizada para superar estados de timidez, mientras se llega al momento de no necesitarla para funcionar por la vida</p></div><p class="article-text">
        Carnaval, d&iacute;as de alegr&iacute;a, juergas y desfases, cierto es, pero &iquest;cre&eacute;is que s&oacute;lo significa eso para los individuos que participan en y de esa fiesta?
    </p><p class="article-text">
        Porque del Carnaval, no s&oacute;lo disfrutan los que desfilan en las hermosas carrozas, o cantan en las charangas. Durante los d&iacute;as de Carnaval, toda la sociedad se ve impregnada de su esp&iacute;ritu, aunque rechacen su significado o se pasen el d&iacute;a criticando las molestias que les suponen los desfiles, los cantos de las charangas o el talco de Los Indianos que cubre las calles de Santa Cruz de La Palma o de Los Llanos de Aridane.
    </p><p class="article-text">
        El Carnaval, a m&iacute; parecer tiene una importante funci&oacute;n que afecta de modo saludable a nuestra salud mental, si la queremos aprovechar, claro.
    </p><p class="article-text">
        Las m&aacute;scaras nos permiten un anonimato que facilita que nos sintamos m&aacute;s libres. Nos permiten jugar, volviendo a disfrutar de la inocencia de la ni&ntilde;ez. Nos liberan de ataduras <em>pseudo-morales</em>, <em>pseudo-&eacute;ticas</em>, <em>pseudo- pol&iacute;ticamente correctas. </em>Esa liberaci&oacute;n moment&aacute;nea puede hacernos tomar conciencia de los l&iacute;mites en pensamiento y en conducta que nos autoimponemos y que acaba rest&aacute;ndonos asertividad.
    </p><p class="article-text">
        El sentirse libres y actuar en completa libertad, no quiere por qu&eacute; ir a la par con molestar a otros o equivaler a hacer el mal. Para m&iacute;, ser libre, significa coordinar lo que siento, con lo que pienso, con las decisiones que tomo y con lo que hago. S&oacute;lo esa perfecta combinaci&oacute;n es la que me permite estar sana mental y f&iacute;sicamente.
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; que afirme rotundamente que la utilizaci&oacute;n de una m&aacute;scara, usada con fines l&iacute;citos, puede ser utilizada para superar estados de timidez, mientras se llega al momento de no necesitarla para funcionar por la vida. El Carnaval en estos casos supone una ocasi&oacute;n ideal.
    </p><p class="article-text">
        Otra ventaja de la festividad de Carnaval es la posibilidad de utilizar disfraces, ya que socialmente resulta aceptado e incluso apropiado. Los disfraces nos permiten explorar otras identidades o roles. Bajo un disfraz el individuo puede dejar fluir algunas caracter&iacute;sticas de su personalidad, que en su vida cotidiana reprime. Si me disfrazo de pirata, puedo dejar escapar el instinto que puedo tener de vez en cuando de apropiarme de lo ajeno. Si me disfrazo de g&aacute;nster o de polic&iacute;a, puedo simular que algunas veces, me gustar&iacute;a hacer &ldquo;desaparecer&rdquo; de mi mundo a alguna persona de mi entorno. Con un disfraz y una m&aacute;scara sublimo instintos no confesables, de manera aceptable tanto en el plano social como personal.
    </p><p class="article-text">
        A nivel individual, lo hago consciente, lo racionalizo, lo transformo y lo acepto, lo que me permite soportarlo sin angustia ni dolor.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que &iexcl;VIVA EL CARNAVAL! Y todo lo que nos aporta a nuestra salud mental.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/simbolismo-oculto-carnaval_129_12108517.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Mar 2025 09:57:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El simbolismo oculto del Carnaval]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Protegerse de la propia resiliencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/protegerse-propia-resiliencia_129_11982461.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/93139179-f009-4ca2-ba6e-d291dbfe5bd5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Protegerse de la propia resiliencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Al resiliente, lo que le ocurre es que nunca espera que nadie le resuelva ‘la papeleta’ que le ha tocado; se la come, la digiere mejor o peor y la expulsa cuando puede, para seguir adelante sin tanta carga negativa</p></div><p class="article-text">
        Ser resiliente es ser capaz de remontar cualquier circunstancia que pretenda tumbarte boca abajo y con las manos atadas. Las personas resilientes, se levantan una y otra vez, en su vocabulario no existe la palabra rendirse por lo que, apenas recuperan fuerzas, vuelven a la lucha.
    </p><p class="article-text">
        Es una caracter&iacute;stica que se plantea como una cualidad positiva de las personas. Pero hoy que me dio por pensar en ella, afirmo que hay que saber manejarla para que no revierta en nuestra contra. La persona resiliente, se acostumbra a serlo y aunque esa caracter&iacute;stica le puede dar seguridad en s&iacute; misma y autoconfianza en que ser&aacute; capaz de salir de cualquier circunstancia complicada de la vida tambi&eacute;n le puede hacer caer en un tobog&aacute;n de asunci&oacute;n de riesgos elevados o incluso tender a asumir la responsabilidad de resolver los problemas de los dem&aacute;s para evitarles sufrimientos. Esa es la actitud m&aacute;s peligrosa que puede afectar al resiliente. El tipo de respuesta, estilo &ldquo;no te preocupes, yo lo arreglo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ya tenemos la primera raz&oacute;n que explica la &ldquo;peligrosidad&rdquo; de la resiliencia, y procede de nosotros mismos, por lo que no podemos echarle la culpa a otros del da&ntilde;o que nos haga. La segunda raz&oacute;n tiene origen externo y consiste en la imagen que los otros tienen del resiliente: <em>el resiliente todo lo puede, al resiliente no le da miedo nada, el resiliente todo lo resiste y supera, al resiliente las cosas le cuestan menos que a los dem&aacute;s</em>.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Pues NO! Al resiliente, <em>las heridas le duelen tanto o m&aacute;s que a los dem&aacute;s, </em>simplemente es de las personas que, como cualquier mam&iacute;fero abandonado, se lame las heridas, espera unos d&iacute;as a que se curen y vuelve a caminar. Al resiliente, lo que le ocurre es que nunca espera que nadie le resuelva<em> la papeleta </em>que le ha tocado; se la come, la digiere mejor o peor y la expulsa cuando puede, para seguir adelante sin tanta carga negativa.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Eso es lo que le ocurre al resiliente!
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;qu&eacute; hacemos? &iquest;trabajamos para ser resilientes o nos hacemos dependientes?
    </p><p class="article-text">
        Lo l&oacute;gico ser&iacute;a contestar que todos debemos trabajarnos la cualidad de resiliencia. En principio, ser&iacute;a genial que todos los miembros de una sociedad fueran resilientes. Lo que ocurre es que aparte de factores de personalidad del individuo y de educaci&oacute;n, la resiliencia tambi&eacute;n se ve afectada por factores externos, no siempre controlables, ni previsibles, por lo que ser&iacute;a muy dif&iacute;cil conseguir esa sociedad ideal. Una resiliencia generalizada, dar&iacute;a una sociedad adaptativa, m&aacute;s productiva y sobre todo creativa.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, para concluir este breve art&iacute;culo, mientras esperamos una sociedad resiliente, el individuo que as&iacute; se considere, deber&aacute; aprender a protegerse de sobrecargas que lo puedan agotar, teniendo en cuenta estos breves consejos:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>No asumas tareas que no sean de tu responsabilidad.</li>
                                    <li>No pretendas solucionar todos los problemas que tienen otros (ayudar no equivale a solucionar, en este caso deber&iacute;a ser facilitar que el otro solucione).</li>
                                    <li>No le grites al mundo que eres resiliente, ni expliques a cualquiera todas las circunstancias por las que has tenido que transitar para llegar a ser qui&eacute;n eres hoy en d&iacute;a.</li>
                                    <li>Si muestras alguna de <em>tus armas</em>, recuerda que cada persona tiene que buscar las suyas propias y que son personales e intransferibles.</li>
                                    <li>Nunca muestres toda tu capacidad de adaptaci&oacute;n y superaci&oacute;n de situaciones o descubrir&aacute;s con qu&eacute; facilidad, personas t&oacute;xicas (por malas o por envidiosas) quieren ponerte a prueba, haci&eacute;ndote pasar malos ratos.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        A partir de ah&iacute;, vive tu vida como puedas, alegr&aacute;ndote discretamente de tu capacidad de resiliencia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>M.J. Alfonso</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/protegerse-propia-resiliencia_129_11982461.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Jan 2025 18:11:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Protegerse de la propia resiliencia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Condición humana invariable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/condicion-humana-invariable_129_11868102.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f1d9a6e9-1484-45e5-a256-cb22e384a6ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Condición humana invariable"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - La condición humana consta de múltiples, por no decir de infinitas versiones y posiblemente en un solo ser humano existen varias de casi todas ellas. He comprobado que no somos seres puros definibles por una sola cualidad, en el momento de enfrentarnos a una situación tan dramática y apocalíptica como la que han vivido los habitantes de las decenas de municipios de la Comunidad Valenciana que arrasó el tsunami</p></div><p class="article-text">
        El 29 de noviembre hizo un mes del tsunami de agua, barro, ca&ntilde;as y residuos de todo tipo que arras&oacute; decenas de municipios de la Comunidad Valenciana.
    </p><p class="article-text">
        He visitado algunos de los lugares en varias ocasiones y he aportado ayuda en la medida que he podido, pero tambi&eacute;n he observado el comportamiento humano.
    </p><p class="article-text">
        La condici&oacute;n humana consta de m&uacute;ltiples, por no decir de infinitas versiones y posiblemente en un solo ser humano existen varias de casi todas ellas. He comprobado que no somos seres puros definibles por una sola cualidad, en el momento de enfrentarnos a una situaci&oacute;n tan dram&aacute;tica y apocal&iacute;ptica como la que han vivido los habitantes de esa zona de nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Aunque son cosas ya sabidas por todos, al menos eso creo yo, no dejo de sorprenderme de las reacciones de las personas.
    </p><p class="article-text">
        Hemos visto im&aacute;genes de personas que arriesgaban su vida por salvar a un desconocido que tristemente iba a la deriva, sobre el techo de un coche. He conocido la solidaridad de vecinos por sacar de su vivienda y poner a salvo a una vecina con la que jam&aacute;s hablaron. Y tambi&eacute;n he comprobado de primera mano, c&oacute;mo esa misma mujer, le negaba el uso de su tel&eacute;fono m&oacute;vil a la persona que la acogi&oacute;, que solo deseaba informar a una de sus hijas que estaba viva y que &eacute;sta pasara la noticia al resto de familiares.
    </p><p class="article-text">
        He visto a decenas de miles de voluntarios, que cargados con escobas y recogedores que parec&iacute;an de juguete, frente a la dimensi&oacute;n de la cat&aacute;strofe, acudir a ayudar a otros seres humanos a salir de ese mar de lodo. Unos voluntarios que fueron llamados por su &eacute;tica, su capacidad de empatizar con el horror y el dolor ajeno, por su instinto solidario y se presentaron en el lugar destruido apenas unas horas despu&eacute;s de la cat&aacute;strofe.
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n hemos sido conocedores y observadores de c&oacute;mo han saqueado comercios, viviendas y rebuscado entre la chatarra de los veh&iacute;culos siniestrados objetos de valor.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n he visto c&oacute;mo se han organizado para ofrecer a los habitantes de esos municipios todo tipo de alimentos, objetos y productos que pudiesen necesitar. Y &iexcl;Ay, esas colas!
    </p><p class="article-text">
        En esas colas a la espera de obtener agua, algo de comida o productos de limpieza, como era de esperar, he visto de todo:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Desde la persona que respeta el turno pacientemente o simplemente abatida y sin &aacute;nimos ni para levantar la mirada.</li>
                                    <li>El &ldquo;espabilado o espabilada&rdquo; de turno que como una anguila se desliza entre las personas que conforman la cola, con tal de avanzar unos puestos.</li>
                                    <li>He visto a la anciana que ante la cantidad de alimentos que le dan, rechaza unos cuantos porque dice que no necesita tanta comida y que hay familias que necesitar&aacute;n m&aacute;s que ella, a la anciana que llega con un carro de la compra nuevo y limpio (lo cual resultaba altamente sospechoso) y lo va llenando hasta los topes y sigue reclamando alguna cosa m&aacute;s.</li>
                                    <li>Y tambi&eacute;n he tenido que soportar c&oacute;mo una se&ntilde;ora exig&iacute;a una marca determinada de conserva, porque las marcas blancas &ldquo;no le sentaban bien&rdquo;.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        En fin, condici&oacute;n humana.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y nuestros<em> queridos</em> pol&iacute;ticos que se suponen que gestionan las cuestiones civiles de nuestra sociedad?
    </p><p class="article-text">
        No quiero meterme en ning&uacute;n jard&iacute;n, pero las luchas dial&eacute;cticas que han protagonizado y que hemos tenido y seguiremos soportando los ciudadanos, son INSOPORTABLES, INSOSTENIBLES E IN&Uacute;TILES. Esa situaci&oacute;n parece, manteniendo la abismal distancia, esa que protagonizan los adolescentes de: _T&uacute;;
    </p><p class="article-text">
        _No t&uacute;
    </p><p class="article-text">
        _No, venga t&uacute;, cuelga primero.
    </p><p class="article-text">
        Ese &ldquo;no me diste&rdquo; frente a ese &ldquo;no me pediste&rdquo;, resulta francamente nauseabundo ante la sociedad civil. Lo m&aacute;s triste, si cabe a mi pobre entender, es que ni tienen verg&uuml;enza del espect&aacute;culo que han dado y siguen dando, y sobre todo no existe un m&iacute;nimo de esperanza que vayan a cambiar su actitud, frente a problemas de envergadura apocal&iacute;ptica como la de esta DANA.
    </p><p class="article-text">
        Y eso, sin querer tener en cuenta en este art&iacute;culo, que la ineptitud no supone una dimisi&oacute;n de ning&uacute;n cargo. S&oacute;lo espero que, dentro de un par de a&ntilde;os, que suele ser lo habitual, no tengamos que enterarnos que comienza un proceso judicial porque algunos comisionistas se enriquecieron a costa de la desgracia ajena y que por supuesto algunos pol&iacute;ticos colaboraron para que esa circunstancia se pudiese dar y que la corrupci&oacute;n tambi&eacute;n &ldquo;adorn&oacute;&rdquo; la cat&aacute;strofe.
    </p><p class="article-text">
        Fuerza y &aacute;nimo para seguir luchando.
    </p><p class="article-text">
        <strong>M.J. Alfonso</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/condicion-humana-invariable_129_11868102.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Dec 2024 10:00:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Condición humana invariable]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Superando el dolor: reflexiones de empatía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/superando-dolor-reflexiones-empatia_129_11785940.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1956ea1f-76eb-4ab9-85c8-d679c35baf84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Superando el dolor: reflexiones de empatía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - No sé en qué momento se realizará una evaluación del protocolo que queremos suponer que existe cuando se produce un fenómeno natural, de la envergadura del que se estaba produciendo en el interior de la provincia de Valencia, el martes pasado</p></div><p class="article-text">
        Llevo desde el martes por la noche pensando en que, a pesar de que mi coraz&oacute;n me pide escribir, no s&eacute; si tengo derecho a expresar lo que siento. Mi consternaci&oacute;n y dolor no es comparable al de los afectados ni al de sus seres queridos y creo que ese hecho me quita legitimidad para hablar.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, s&oacute;lo puede ser d&iacute;a de empat&iacute;a, de reflexionar sobre c&oacute;mo cada uno de nosotros interioriza el dolor y c&oacute;mo puede reaccionar de manera que sea &uacute;til para s&iacute; mismo y para la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Ya se van objetivando una serie de decisiones inadecuadas que se dieron en las horas previas a la gran desgracia. Una cosa es el fen&oacute;meno natural de la gota fr&iacute;a y otra es la sucesi&oacute;n de respuestas que las personas y la administraci&oacute;n fuimos dando.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; en qu&eacute; momento se realizar&aacute; una evaluaci&oacute;n del protocolo que queremos suponer que existe cuando se produce un fen&oacute;meno natural, de la envergadura del que se estaba produciendo en el interior de la provincia de Valencia, el martes pasado. Posiblemente esa evaluaci&oacute;n ir&aacute; seguida, de comprobar qui&eacute;n y c&oacute;mo lo sigui&oacute; de forma correcta y qui&eacute;n no. Posteriormente se pedir&aacute;n responsabilidades.
    </p><p class="article-text">
        Lo triste es que por mucha responsabilidad que se solicite e incluso se asuma, eso nunca reparar&aacute; todos los da&ntilde;os que no sean materiales. El dolor no tiene precio. El dolor deja cicatrices que no se borran, ni se diluyen. Puede que llegue el d&iacute;a en que ese dolor no sea agudo, pero no desaparecer&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Quisiera poder extender un velo de c&aacute;lido afecto sobre todas esas personas que sufren. Quisiera poder dar fuerzas a todas las personas que se esfuerzan por hacer el milagro de que la vida vuelva a la normalidad. Quisiera poder transmitir esperanza cierta y verdadera para aliviar el dolor que en este momento tienen tantos afectados. Quisiera... quisiera...tantas cosas quisieran para hacer el bien, que me siento impotente ante tanta necesidad y tan poco, lo que puedo ofrecer de verdad.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, ser&aacute; mi empat&iacute;a, mi apoyo en la medida que pueda e intentar&eacute; centrarme s&oacute;lo en las personas. El an&aacute;lisis sobre las actuaciones de las diversas administraciones y autoridades, lo dejar&eacute; para cuando mi mente est&eacute; fr&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/superando-dolor-reflexiones-empatia_129_11785940.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Nov 2024 09:34:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Superando el dolor: reflexiones de empatía]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Fatiga por empatía’: cómo cuidar tu salud mental en tiempos de crisis humanitarias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/fatiga-empatia-cuidar-salud-mental-tiempos-crisis-humanitarias_129_11654539.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/665dad09-fe9d-458a-a269-246c72695067_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Fatiga por empatía’: cómo cuidar tu salud mental en tiempos de crisis humanitarias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Las imágenes de conflictos, desastres naturales, crisis humanitarias y la constante exposición a problemas sociales generan una sobrecarga emocional conocida como ‘fatiga por empatía’</p></div><p class="article-text">
        Vivimos en un mundo hiperconectado, donde el acceso constante a las noticias y redes sociales nos mantiene informados, pero tambi&eacute;n puede tener un efecto emocional abrumador. Las im&aacute;genes de conflictos, desastres naturales, crisis humanitarias y la constante exposici&oacute;n a problemas sociales generan una sobrecarga emocional conocida como &lsquo;fatiga por empat&iacute;a&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este art&iacute;culo voy a tratar de explicar qu&eacute; es la fatiga por empat&iacute;a y c&oacute;mo afecta a nuestra salud mental. Al final, os har&eacute; propuestas sobre c&oacute;mo podemos protegernos emocionalmente, sin perder nuestra humanidad. La fatiga por empat&iacute;a es una forma de agotamiento emocional que ocurre cuando estamos expuestos constantemente a los sufrimientos de los dem&aacute;s. Este tipo de fatiga afecta tanto a profesionales de la salud como a cualquier persona que consume informaci&oacute;n sobre crisis humanas a gran escala.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a estamos expuestos a un flujo constante de informaci&oacute;n gracias a los dispositivos m&oacute;viles, las redes sociales y a la rapidez con la cual cualquier reportero o incluso un espectador de una tragedia, la puede transmitir al mundo entero, conect&aacute;ndose a una red social. A menudo nos encontramos desplaz&aacute;ndonos por noticias devastadoras, una tras otra, sin un respiro para procesarlas emocionalmente. Los medios de comunicaci&oacute;n y las redes sociales se fijan y atienden m&aacute;s a las noticias de crisis econ&oacute;micas, desastres naturales, migraciones forzosas, pandemias activas o futuribles de forma que los est&iacute;mulos que vamos recibiendo los sujetos &lsquo;pasivos&rsquo;, son todos negativos, y genera que parezca que el mundo&nbsp;est&eacute; atravesando m&uacute;ltiples crisis a la vez.
    </p><p class="article-text">
        Si bien es cierto que esas situaciones ocurren, me niego a olvidar que tambi&eacute;n ocurren cosas bonitas en el mundo. El fen&oacute;meno de la compasi&oacute;n mediada por la tecnolog&iacute;a que es la que nos lleva a ver las noticias o im&aacute;genes de tragedias de forma digital provoca una desconexi&oacute;n emocional y aumenta la fatiga por empat&iacute;a. Nos sentimos abrumados, pero a la vez desconectados, ya que las tragedias ocurren lejos de nuestra realidad inmediata y a ello se suma que las noticias no duran m&aacute;s que unos segundos y son sustituidas por otra de igual o mayor calibre de dolor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cu&aacute;les son los s&iacute;ntomas de la fatiga por empat&iacute;a</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las personas que sufren fatiga por empat&iacute;a pueden empezar a sentir que se est&aacute;n &lsquo;apagando&rsquo; emocionalmente. Evitan las noticias o las interacciones que les recuerden el sufrimiento de otros porque simplemente no pueden lidiar con m&aacute;s dolor ajeno.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de querer ayudar, pueden sentir una impotencia profunda porque sienten que nada de lo que hagan marcar&aacute; una diferencia. Esas personas se mueven entre sentimientos de culpa y de impotencia. El sentimiento de culpa vendr&iacute;a si uno cree que no est&aacute; sufriendo suficientemente por las desgracias ajenas e incluso por pensar en la suerte que tiene de no estar viviendo la desgracia que se le muestra y la impotencia al comprobar que, como individuo, puede hacer bien poco, por no decir nada para solucionar el problema. Las preocupaciones constantes sobre la situaci&oacute;n del mundo y el sufrimiento ajeno pueden generar s&iacute;ntomas de ansiedad, de desesperanza y de depresi&oacute;n.<strong>&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo puedo proteger mi salud mental sin perder la compasi&oacute;n?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mi primera opci&oacute;n es la de limitar la exposici&oacute;n a las noticias:
    </p><p class="article-text">
        Comienza por establecer l&iacute;mites de tiempo para consumir noticias. Es bueno estar informado, pero es malo estar saturado.
    </p><p class="article-text">
        Sigue por seleccionar fuentes fiables (si sabes cu&aacute;les&hellip;). Huye del sensacionalismo para evitar sobrecargarte de im&aacute;genes horribles.
    </p><p class="article-text">
        Practica la autocompasi&oacute;n. Reconoce que no puedes arreglar todos los problemas del mundo y que es bueno cuidar de ti primero. Recuerda lo que dicen las instrucciones en los aviones: p&oacute;ngase usted primero la mascarilla en caso de despresurizaci&oacute;n y despu&eacute;s ayude a pon&eacute;rsela a otros.
    </p><p class="article-text">
        Haz lo que puedas dentro de tus l&iacute;mites y en tu parcela. Participa en organizaciones que apoyen causas importantes para ti. Recuerda que cada peque&ntilde;o gesto cuenta y contribuye a mejorar la situaci&oacute;n global.
    </p><p class="article-text">
        Mant&eacute;n siempre un equilibrio entre la empat&iacute;a y el autocuidado. Aprende a desconectar para reconectar con la realidad cercana.
    </p><p class="article-text">
        Rod&eacute;ate de gente positiva y de conversaci&oacute;n variada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Conclusi&oacute;n:</strong>
    </p><p class="article-text">
        Proteger tu salud mental no significa volverte insensible al sufrimiento de los dem&aacute;s. Al establecer l&iacute;mites saludables, practicar la autocompasi&oacute;n y participar en acciones significativas, podemos seguir siendo personas emp&aacute;ticas y comprometidas, al mismo tiempo que cuidamos de nuestro bienestar emocional.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/fatiga-empatia-cuidar-salud-mental-tiempos-crisis-humanitarias_129_11654539.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Sep 2024 08:43:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Fatiga por empatía’: cómo cuidar tu salud mental en tiempos de crisis humanitarias]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La culpa no es mía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/culpa-no_129_11602141.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed38d8ec-489a-4139-9686-7f84543bc0f2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La culpa no es mía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Lo que menos importa es la verdad. Eso sí, ha de ser sin piedad y sin escrúpulos, pues cuanto más ensucies el nombre de tu contrincante, menos dejarás de ser tú el culpable
</p></div><p class="article-text">
        Es entonces cuando comienza el espect&aacute;culo. El espectador se sienta en primera fila, con un gran bol de palomitas de mantequilla y un refresco bien fr&iacute;o, a la espera de que alguien le demuestre de qui&eacute;n es la culpa.
    </p><p class="article-text">
        Para ello, los combatientes sacan toda la artiller&iacute;a pesada, lo sucio y lo mal visto, ya sea verdad o mentira, sobre el rival al que se quiere lapidar con injurias ante la sociedad. Lo que menos importa es la verdad. Eso s&iacute;, ha de ser sin piedad y sin escr&uacute;pulos, pues cuanto m&aacute;s ensucies el nombre de tu contrincante, menos dejar&aacute;s de ser t&uacute; el culpable.
    </p><p class="article-text">
        Uno no tiene m&aacute;s que asomarse un poco al balc&oacute;n que te permita ver c&oacute;mo funciona la justicia (y no miro s&oacute;lo a la espa&ntilde;ola) en donde se juzgan a personas por delitos que no han cometido, que son inocentes, pero a la que la opini&oacute;n medi&aacute;tica ya ha juzgado de antemano, gracias al inter&eacute;s que ha despertado en los telespectadores, en muchas ocasiones por una manipulaci&oacute;n que proviene de vete t&uacute; a saber qu&eacute; intereses (tal vez sea mejor no saberlo).
    </p><p class="article-text">
        Pues as&iacute; mismo pasa en nuestras vidas de manera cotidiana. En un barrio cualquiera de cualquier municipio, puede surgir un rumor malintencionado y r&aacute;pidamente hay un juicio social, sin que nadie se moleste en comprobar los hechos. Debe haber mucha vocaci&oacute;n de juez en la sociedad actual&hellip;
    </p><p class="article-text">
        La tendencia natural de la gente es la de evitar tener la culpa de algo, al precio que sea. Lo entiendo, aunque no lo apruebe. Supongo que es un mecanismo de autodefensa para no lastimar nuestra autoestima y la valoraci&oacute;n que los dem&aacute;s puedan tener de nosotros, pero no es justo, sobre todo si para no asumir una responsabilidad, acusamos a otra persona de nuestros actos.
    </p><p class="article-text">
        Si uno sabe qui&eacute;n es, &iexcl;qu&eacute; m&aacute;s da! Eso dicen los que escuchan la versi&oacute;n del inocente. Normalmente las personas que te conocen por dentro y por fuera y saben de tu inocencia, seguir&aacute;n a tu lado. El dilema viene cuando uno debe decidir si utilizar su tiempo en demostrar su inocencia, lo que en el mundo legal no es as&iacute; ya que la carga de la prueba la tiene el que acusa o dejar que las cosas caigan por su propio peso.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a abogo por no perder ese maravilloso tiempo en ir explicando mi versi&oacute;n de ciertos hechos, ya que, al fin y al cabo, cada persona ya habr&aacute; formado su opini&oacute;n, posiblemente la dar&aacute; y te juzgar&aacute; para bien o para mal.
    </p><p class="article-text">
        La mera verdad, la cual suele est&aacute; enredada en esa mara&ntilde;a de acusaciones, siempre acabar&aacute; saliendo a la luz, o eso espero, y la esperanza me hace creer adem&aacute;s de desear, y s&oacute;lo aqu&eacute;l que se atrevi&oacute; a ocultarla, ser&aacute; esclavo de su culpa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Moneyba</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>M. J. Alfonso</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/culpa-no_129_11602141.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Aug 2024 08:04:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La culpa no es mía]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Y eso qué es?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/y-eso-que-es_129_11506407.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9d3bef54-f856-481f-b7e6-5090135967bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Y eso qué es?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Con la madurez y supuestamente la mayor capacidad de autosuficiencia y autonomía, nos hemos convertido en seres dependientes de mil cosas, dígase: tecnología, sustancias, fuentes de energía, ocio de mayor complejidad y se nos olvida gozar de las cosas sencillas</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Imagen de una playa.                            </span>
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        &iquest;Y eso qu&eacute; es? Esa pregunta me la repite una y otra vez mi nieto, hambriento de conocer los nombres de las cosas. En &eacute;l descubres una mirada limpia, sin sombras, atenta.
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Esto es un &aacute;rbol, le respondo. Y repito: &aacute;r &ndash; bol
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l me mira e intenta imitarme: aaa- bol
    </p><p class="article-text">
        Cuando a lo largo de nuestro paseo pasamos junto a otro &aacute;rbol, vuelve la pregunta reiterativa &iquest;Y eso qu&eacute; es? , y le vuelvo a contestar: &aacute;rbol&hellip; y as&iacute; sucesivamente. &Eacute;l hambriento de saber, de conocer este mundo en el cual hace pocos meses que camina, y yo admirada ante ese cerebro que intuyo tras su mirada inocente.
    </p><p class="article-text">
        Me gustar&iacute;a recordar esa &eacute;poca en la que yo tambi&eacute;n deb&iacute; ser inocente como &eacute;l, en la cual mi &uacute;nica ilusi&oacute;n era aprender el nombre de las cosas y re&iacute;r cuando algo se ca&iacute;a al suelo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ndo perdimos la inocencia? Supongo que fue un proceso progresivo del que apenas recordamos algunos sucesos que en su momento nos resultaron traum&aacute;ticos, como cuando supimos que los Reyes Magos no exist&iacute;an como tales, sino que eran los padres y por lo tanto deb&iacute;amos reprimir las ganas de pedir regalos de manera infinita, ya que los regalos de Navidad costaban un dinero que no hab&iacute;a. Aquella situaci&oacute;n que tuvimos que vivir cuando falleci&oacute; alg&uacute;n familiar cercano y tomamos conciencia que la muerte implica la desaparici&oacute;n de una persona, o al menos de su envoltorio en la Tierra. O el momento en el que nos dimos cuenta que Pap&aacute; o Mam&aacute; no lo pueden arreglar todo y que su saliva ya no cura todas las heridas, ni quita el dolor.
    </p><p class="article-text">
        Cuando observo los ni&ntilde;os peque&ntilde;os, me pregunto qu&eacute; necesidad hay de que el precio de la madurez sea tan elevado. Con la madurez y supuestamente la mayor capacidad de autosuficiencia y autonom&iacute;a, nos hemos convertido en seres dependientes de mil cosas, d&iacute;gase: tecnolog&iacute;a, sustancias, fuentes de energ&iacute;a, ocio de mayor complejidad y se nos olvida gozar de las cosas sencillas.
    </p><p class="article-text">
        Me encantar&iacute;a no haber conocido actitudes propias de los adultos como son la hipocres&iacute;a, la falsa modestia, la supuesta correcci&oacute;n que nos da la buena educaci&oacute;n. Quisiera tener vivos los recuerdos y las situaciones en las cuales yo tambi&eacute;n preguntaba &iquest;y eso qu&eacute; es?
    </p><p class="article-text">
        Desde que vuelvo a tener cerca esos ni&ntilde;os peque&ntilde;os, me he dado cuenta de la energ&iacute;a positiva que aporta la inocencia y voy a tratar de empaparme de ella hasta saturarme de curiosidad, amor y felicidad y vivir la vida tal y como la sienten ellos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/y-eso-que-es_129_11506407.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Jul 2024 15:07:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Y eso qué es?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Y a mí quién me recibirá cuando muera?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/recibira-muera_129_11366764.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/37b89439-3fd8-4dc6-b288-f985b0ffda75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Y a mí quién me recibirá cuando muera?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Tanto si nos incineran, como si nos dejan pudrirnos en un ataúd, acabaremos siendo polvo y poco a poco nuestras moléculas acabarán mezcladas con la naturaleza. Pero, ¿qué ocurre con nuestra parte espiritual, energética, o con nuestra alma, como la llaman algunos?</p></div><p class="article-text">
        &iexcl;Ah&iacute; voy! Hoy quiero tocar un tema serio: la muerte y lo que tal vez venga despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Recordando a un amigo que falleci&oacute; hace alg&uacute;n tiempo, estuve reflexionando sobre lo que puede haber despu&eacute;s de la muerte. Sobre lo que le ocurre a nuestra parte f&iacute;sica, no hay lugar a dudas. Tanto si nos incineran, como si nos dejan pudrirnos en un ata&uacute;d, acabaremos siendo polvo y poco a poco nuestras mol&eacute;culas acabar&aacute;n mezcladas con la naturaleza. Pero, &iquest;qu&eacute; ocurre con nuestra parte espiritual, energ&eacute;tica o con nuestra alma, como la llaman algunos?
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que me vino a la cabeza fueron los relatos de las personas que afirman haber tenido una experiencia cercana a la muerte. He le&iacute;do varios libros sobre el tema y si en algo coinciden, independientemente de la cultura a la que pertenezcan, es que recuerdan haber visto un t&uacute;nel con un espacio luminoso al final, que les resulta agradable y atractivo. Algunos relatan c&oacute;mo mientras transcurre el tiempo en que tardan en recorrer dicho t&uacute;nel, ven pasar ante sus ojos, tal y como si fuera una pel&iacute;cula, muchos momentos de su vida. Hasta ah&iacute;, mi reflexi&oacute;n no me creaba ning&uacute;n problema.
    </p><p class="article-text">
        En la segunda parte de la historia del tr&aacute;nsito de la vida al estado de la muerte, siempre desde el punto de vista de este lado, es cuando se me plantean m&uacute;ltiples preguntas. Tanto en las pel&iacute;culas como en los relatos, se nos ha dicho que en &laquo;el cielo&raquo; nos esperan nuestros seres queridos ya fallecidos y que son los que nos acompa&ntilde;ar&aacute;n, aunque nunca suelen dar muchos detalles, acerca del lugar concreto al que iremos posteriormente.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; vienen las preguntas.
    </p><p class="article-text">
        Supongamos que hemos sido buenas personas, pero que en la infancia nos abandon&oacute; nuestra familia, que la vida fue ingrata con nosotros y que nadie se ocup&oacute; de nosotros con cari&ntilde;o y amor. &iquest;Qui&eacute;n nos esperar&iacute;a? &iquest;El director del orfanato o instituci&oacute;n que nos acogi&oacute;? &iquest;Una cajera de un supermercado, que en un acto de piedad no alert&oacute; a seguridad, a pesar de saber que hab&iacute;amos hurtado algo de la tienda? &iquest;El perro callejero que nos acompa&ntilde;&oacute; un trecho del camino y con el que compartimos un trozo de pan?
    </p><p class="article-text">
        Ahora supongamos que hemos sido malos. Me refiero a malos de verdad, de las personas que no tienen escr&uacute;pulos en realizar malas acciones contra otros, que s&oacute;lo emanan odio y crueldad, a pesar de haber tenido buena gente a su alrededor. &iquest;A esos tambi&eacute;n los espera alguien? &iquest;Los padres que lo amaron, pero que no lograron cambiarlo? &iquest;Y si fue &eacute;l o ella que les quit&oacute; la vida? &iquest;Sus v&iacute;ctimas estar&iacute;an a la puerta del t&uacute;nel esper&aacute;ndolo, para indicarle el camino adecuado? &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a ese lugar al que deber&iacute;a dirigirse? Siendo malo como es, seguramente no seguir&iacute;a las instrucciones de nadie.
    </p><p class="article-text">
        Si ocurriesen las cosas tal y c&oacute;mo nos han contado, nos encontrar&iacute;amos con el hecho de que, en el otro lado del t&uacute;nel, se repetir&iacute;an las mismas circunstancias que ya hemos vivido antes de la muerte. Para m&iacute;, todo perder&iacute;a su sentido. El que ha estado solo, seguir&iacute;a solo y abandonado en la eternidad y el ser que ha sido querido, seguir&iacute;a disfrutando de ese privilegio. &iquest;D&oacute;nde quiero ir a parar?
    </p><p class="article-text">
        Quiero creer que somos energ&iacute;a y que tal y como nos explicaron en el colegio, la energ&iacute;a no desaparece, sino que se transforma. Lo que se liberar&aacute; tras el fallecimiento de nuestro cuerpo, ser&aacute; una energ&iacute;a, que no s&eacute; describir, pero existe, ya que es la que ha mantenido unidas nuestras mol&eacute;culas, la que ha producido que nuestras neuronas se hayan comunicado entre s&iacute; y haya facilitado el desarrollo del lenguaje y la comunicaci&oacute;n con otros seres. Esa energ&iacute;a es la que ha permitido que sintamos emociones y sensaciones. Lo que ocurre es que esa energ&iacute;a, en s&iacute; misma, seguramente no tiene memoria y no podemos saber en qu&eacute; se transformar&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Desde la poca humildad que tiene el ser humano en general, nos gustar&iacute;a dirigirla y poder enfocarla hacia un posible reencuentro con personas con las cuales hayamos sido felices, o ayudar a los seres queridos que hemos dejado atr&aacute;s, tras nuestra muerte. El caso es que nadie nos puede asegurar ese poder, as&iacute; que tendremos que conformarnos con ser energ&iacute;a que se mostrar&aacute; de alguna manera desconocida para nosotros, con lo que sabemos hoy.
    </p><p class="article-text">
        Lo que me queda, para mantener una ilusi&oacute;n y algo de esperanza, es definir y pactar, desde ya, una manera de comunicar a mis seres queridos que estoy cerca de ellos, cuando se supone que me haya ido. Me gustar&iacute;a tambi&eacute;n tener una clave secreta para reconocer a qui&eacute;n considero mi alma gemela y seguir volando juntos, aunque seamos unos electrones viajando en un cable.
    </p><p class="article-text">
        Tras esta reflexi&oacute;n, os deseo larga y feliz vida a todos ya que nada de lo que pueda ocurrir despu&eacute;s est&aacute; claro. Disfrutemos hoy, no sea que ma&ntilde;ana, s&oacute;lo exista un vac&iacute;o infinito.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/recibira-muera_129_11366764.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 May 2024 15:50:58 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[La gente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/gente_129_11258643.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/30a2b3de-ee83-452f-a2cb-ad5f051c1b3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La gente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - El caso es que esa forma de hablar no me gusta nada, e incluso me parece altamente peligrosa. Si le doy tanta importancia es porque el lenguaje supone la expresión de los pensamientos y también de los sentimientos. De ahí que si un político de alto nivel habla de 'la gente', como quién realiza una disertación sobre las alcachofas, me está demostrando que no se siente parte de ese grupo conceptual: la gente</p></div><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;</strong>Me ha llamado la atenci&oacute;n una expresi&oacute;n que, en concreto, han utilizado dos pol&iacute;ticos de primer nivel este fin de semana. Esa expresi&oacute;n es:&nbsp;<em>&lsquo;La gente&rsquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Estos pol&iacute;ticos que actualmente tienen el poder de tomar decisiones que afectar&aacute;n a la vida de cada uno de nosotros, como ciudadanos de este pa&iacute;s, en su lenguaje se muestran ajenos a lo que llaman<em>&nbsp;la gente</em>. En sus discursos se evidencia el alejamiento que presentan de la sociedad. Dada esta situaci&oacute;n, que ellos, posiblemente exponen de forma inconsciente deber&iacute;amos cuestionarnos quien rige el destino de nuestra sociedad. Desde mi punto de vista, esa manera de hablar constituye un fallo de comunicaci&oacute;n garrafal. Me cuesta pensar que sus asesores en comunicaci&oacute;n, a los cuales seguramente pagan muy bien, no les corrijan.
    </p><p class="article-text">
        No es posible que yo sea la &uacute;nica persona que se sienta tan distante de esos&nbsp;<em>profesionales de la gesti&oacute;n p&uacute;blica</em>, cuando les escucho esa expresi&oacute;n. Bien cierto es que esos discursos iban dirigidos a sus afiliados, con el objetivo de aumentar su liderazgo y status en el partido. En esa circunstancia, es posible que quisieran que sus seguidores, tambi&eacute;n se sintieran especiales y diferenciados del resto de ciudadanos que conformamos la sociedad, en este pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El caso, es que esa forma de hablar, no me gusta nada e incluso me parece altamente peligroso. Si le doy tanta importancia es porque el lenguaje supone la expresi&oacute;n de los pensamientos y tambi&eacute;n de los sentimientos. De ah&iacute; que si un pol&iacute;tico de alto nivel habla de 'la gente', como qui&eacute;n realiza una disertaci&oacute;n sobre las alcachofas, me est&aacute; demostrando que no se siente parte de ese grupo conceptual:&nbsp;<em>la gente.</em>
    </p><p class="article-text">
        Y si no es gente, &iquest;C&oacute;mo puede saber lo que desea la gente?, &iquest;lo que siente la gente? o &iquest;lo que necesita la gente?. Y sin embargo se atreven a afirmarlo sin pudor.
    </p><p class="article-text">
        En las pr&oacute;ximas elecciones, a pesar que sepamos que las promesas que cualquier pol&iacute;tico realiza, s&oacute;lo podr&aacute;n ser cumplidas por m&uacute;ltiples y variadas razones en un porcentaje menor de un 10%, escuchemos su lenguaje verbal y tratemos de descubrir si son 'gente' o seres de otra especie. Entonces y s&oacute;lo entonces, decidamos a qui&eacute;n queremos votar y si consideramos que nos miran desde la lejan&iacute;a de otro universo, o realmente forman parte si no de nuestra clase social, al menos, de nuestra sociedad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/gente_129_11258643.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 Apr 2024 18:23:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La gente]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Dónde nace el suicidio?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/nace-suicidio_129_10961099.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/26b8e78f-5826-4f06-bd6b-8a0d3d4048af_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Dónde nace el suicidio?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Mi mensaje en una frase: trabajemos desde la primera infancia en crear personitas resilientes</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;El suicidio es ya la primera causa de muerte entre los j&oacute;venes de 16 a 29 a&ntilde;os&nbsp;y el 75% de los trastornos mentales empiezan antes de los 25 a&ntilde;os, seg&uacute;n ha apuntado Celso Arango, el jefe del Servicio de Psiquiatr&iacute;a Infantil y de Adolescentes del Hospital Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n&rdquo;. Esta afirmaci&oacute;n se hace una y otra vez. Las estad&iacute;sticas no mienten en esos datos en particular y yo me pregunto, &iquest;d&oacute;nde y cu&aacute;ndo se gesta la probabilidad de que un joven se suicide?
    </p><p class="article-text">
        El mundo de la Salud Mental se centra en la adolescencia por considerarla una etapa cr&iacute;tica en la evoluci&oacute;n de las personas. Es sabido que es un periodo de inestabilidad emocional, de b&uacute;squeda de la propia personalidad, de actitudes rebeldes ante las normas sociales y contra los que las quieren imponer, de cuestionamiento cr&oacute;nico del orden establecido y en el mejor de los casos de desarrollo del pensamiento cr&iacute;tico. A mi entender y con la experiencia que me ha dado el trato con muchos adolescentes, esa fase convulsa es enriquecedora, sobre todo si hay una buena base. De esa o ese adolescente <em>&ldquo;incordioso&rdquo;</em> surgir&aacute; un adulto reflexivo capaz de realizar un an&aacute;lisis cr&iacute;tico de la sociedad en la que vive y que podr&aacute; aportar ideas para mejorar el mundo en el que vive.
    </p><p class="article-text">
        He hablado de base. &iquest;A qu&eacute; base me refiero? Ahora s&iacute;, entramos en el fondo de la cuesti&oacute;n. Me refiero a una base emocional que se ha construido desde la primera infancia, desde los primeros meses de vida, cuando ese ser humano debe sentir un apego seguro. El apego, del que tanto se habla, es fundamental en la construcci&oacute;n de la personalidad, tanto del adolescente como del adulto. Ese ni&ntilde;o peque&ntilde;o, por supuesto que debe sentirse querido, pero adem&aacute;s debe saber en lo m&aacute;s profundo de su ser, que existen personas que creen en &eacute;l, hasta el punto que &eacute;l acabe confiando en sus propias habilidades y sobre todo posibilidades de surgir victorioso de cualquier circunstancia a la cual se deba enfrentar.
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada era tema de conversaci&oacute;n en varios medios de comunicaci&oacute;n la soledad de la juventud. En todas las tertulias en que se trataba el tema, se tocaba en contraposici&oacute;n con el uso excesivo de las redes sociales. Los expertos afirmaban que la sociedad comenzaba a tomar conciencia de la gravedad del sentimiento de soledad que sufr&iacute;an los j&oacute;venes, a pesar de estar conectados a trav&eacute;s de diversas aplicaciones.
    </p><p class="article-text">
        El joven que decide suicidarse, ya no cree en s&iacute; mismo, ya no soporta una situaci&oacute;n ante la que se siente indefenso e incapaz de afrontar. Ha perdido totalmente la esperanza de alcanzar un bienestar y por ello decide bajarse del tren en marcha. Tal y como dec&iacute;a Mafalda en una de sus vi&ntilde;etas: &ldquo;Paren el mundo que me bajo&rdquo;. El problema es que ellos no se bajan, se marchan y lo hacen para siempre.
    </p><p class="article-text">
        Entre todos, bajo el supuesto de la modernizaci&oacute;n, hemos creado un mundo de ficci&oacute;n donde aparentemente somos felices, donde nos creemos y por lo tanto les hacemos creer que todo es f&aacute;cil, les ponemos frente a objetivos que posiblemente ni siquiera hayan deseado y que, por supuesto, no son v&aacute;lidos para todos. Pero ah&iacute; seguimos, olvidando que no hemos erigido unos s&oacute;lidos cimientos, en los cuales ellos se puedan apoyar para crecer.
    </p><p class="article-text">
        Resiliencia, resiliencia, resiliencia&hellip; esa es la clave. Pero no la resiliencia de los fondos europeos para no s&eacute; qu&eacute; programa de resiliencia y tres o cuatro conceptos a&ntilde;adidos, que parecen sonar bien a los o&iacute;dos de los electores. Estoy en el plano individual, en el aut&eacute;ntico, en el palpable, en el que nos llega a cada uno de nosotros en casa.
    </p><p class="article-text">
        Si queremos que esas terribles cifras de suicidios en j&oacute;venes disminuyan, ense&ntilde;&eacute;mosles desde bien peque&ntilde;os que la vida es adaptaci&oacute;n, que pueden avanzar en la vida, que tienen capacidad de aprender, y que en ese aprendizaje se halla el disfrute. Cualquier adulto puede y deber&iacute;a ser un modelo de felicidad, de esa felicidad que existe tras cada puerta que se abre en la vida. Desde la infancia se les debe mostrar que existen diversas formas de resolver una misma ecuaci&oacute;n y que cada uno de nosotros debe elegir la que m&aacute;s le acomode o con la que m&aacute;s goce.
    </p><p class="article-text">
        Mostr&eacute;mosles que la Naturaleza es m&aacute;s fuerte que nosotros, pero que en su fuerza est&aacute; su belleza y que por ello hemos de respetarla y a su vez, hacerles entender que respetar algo o alguien, no es perder dignidad.
    </p><p class="article-text">
        Mi mensaje en una frase: trabajemos desde la primera infancia en crear personitas resilientes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Mar&iacute;a Jos&eacute; Alfonso Bartolom&eacute; es psic&oacute;loga cl&iacute;nica</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/nace-suicidio_129_10961099.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Feb 2024 12:50:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Dónde nace el suicidio?]]></media:title>
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      <title><![CDATA[¿Qué hacemos con tanta gente ‘lista’ en este mundo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/gente-lista-mundo_129_10922934.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a855b863-73b0-4028-94cb-fb8b479f0440_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué hacemos con tanta gente ‘lista’ en este mundo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Lo que me ha llamado la atención en esta ocasión y me ha incitado a reaccionar, escribiendo este artículo, es el hecho de tener que soportar en una clase de baile a un sujeto ‘listo’ y que no lleva bozal</p></div><p class="article-text">
        Como bien&ensp;digo,&nbsp;<em>gente lista</em> que no inteligente o sabia. Lo que me ha llamado la atenci&oacute;n en esta ocasi&oacute;n y me ha incitado a reaccionar, escribiendo este art&iacute;culo, es el hecho de tener que soportar en una clase de baile a un sujeto<em>&nbsp; listo </em>y que no lleva bozal.
    </p><p class="article-text">
        Voy a aclarar conceptos. Llamo<em> listo</em> o<em> lista</em> a las personas que no tienen ninguna relaci&oacute;n con la humildad. Lo que me resulta curioso es que exista tanta gente que no sepa mostrar algo de esa virtud, que es la humildad, siendo que nuestra cultura se ve impregnada de los valores de la educaci&oacute;n judeocristiana, en la cual se considera a la humildad como una virtud.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la Real Academia Espa&ntilde;ola de la Lengua, la humildad se define como: virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento. Algunos sin&oacute;nimos que propone dicha instituci&oacute;n son: modestia, sencillez, llaneza o moderaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las personas humildes&nbsp;toman responsabilidad por sus acciones, corrigen sus errores, escuchan las ideas de los dem&aacute;s y no sobrestiman sus capacidades.
    </p><p class="article-text">
        En el caso concreto de esta persona, es que es evidente que no domina la t&eacute;cnica del baile, que se defiende dif&iacute;cilmente realizando los pasos b&aacute;sicos que propone el profesor y a pesar de ello se dedica a ofrecer lecciones y opiniones sobre el resto de nuestros compa&ntilde;eros, y en ellos me incluyo, sin que nadie le haya pedido su opini&oacute;n, o su juicio sobre la ejecuci&oacute;n que cada uno de nosotros realiza.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; pasa con &eacute;l? El resto de alumnos no le juzga ni le critica, asumiendo el grupo que, en general, tiene un nivel mucho m&aacute;s elevado que &eacute;l, que esta persona est&aacute; en las primeras fases de un proceso de aprendizaje. Sencillamente el grupo le acepta y le respeta.
    </p><p class="article-text">
        Puedo entender el mecanismo cognitivo y emocional que posiblemente le lleve a actuar de esa manera. Lo f&aacute;cil es deducir que es conocedor de sus dificultades y que sus propios complejos le incitan a utilizar como mecanismo de defensa el ataque preventivo. Ese razonamiento es v&aacute;lido, si analizo la situaci&oacute;n desde el &lsquo;buenismo&rsquo; pero, &iquest;y si simplemente es que esa persona est&aacute; beoda de soberbia y&ensp;ciega ante sus dificultades para seguir un ritmo musical? En ese caso, la soberbia ser&iacute;a la que se escapar&iacute;a por los poros de su piel y necesitar&iacute;a rebajarnos a todos, con tal de mantener su autoestima en un nivel aceptable.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a no se ha dado una conversaci&oacute;n grupal en la cual cada uno de nosotros exprese su opini&oacute;n respecto de las verbalizaciones de este sujeto, y es muy posible que no se d&eacute;, porque, sencillamente, tratamos de evitar un conflicto con &eacute;l, y como grupo somos respetuosos ya que todos en alg&uacute;n momento hemos empezado desde cero en nuestro aprendizaje. Por otro lado, tener un enfrentamiento o afrontamiento verbal con esa persona no es rentable, dado que no hablamos de una situaci&oacute;n que vaya a afectar a nuestra vida de manera importante, salvo que enturbiar&iacute;a un poco el ambiente l&uacute;dico de la clase de los lunes.
    </p><p class="article-text">
        Reflexionar sobre la reacci&oacute;n tanto individual como grupal ante alguien que luce su soberbia sin filtro, es lo que me ha provocado ampliar mi campo de visi&oacute;n y comprobar la cantidad de gente que va de lista por la vida, aprovech&aacute;ndose que muchos de nosotros no los colocamos en su sitio para no parecer bordes, o por pura comodidad. Y as&iacute; nos va.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos pol&iacute;ticos electos que nos han mentido en nuestra cara, que han cambiado mil y una vez su versi&oacute;n de la justificaci&oacute;n de sus decisiones, y no nos rebelamos como sociedad, ni pedimos su dimisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Seguro que todos conocemos a&nbsp;<em>listos</em>&nbsp;que nos tratan como a&nbsp;<em>tontos</em>&nbsp;y ante los cuales no les ponemos un espejo virtual delante para que se reconozcan en su justa medida.
    </p><p class="article-text">
        El luchar contra<em>&nbsp;listos</em>&nbsp;implica un desgaste de energ&iacute;a vital que habitualmente preferimos ahorrar, porque de lo contrario, podr&iacute;amos discutir varias veces al d&iacute;a. Esto me lleva a una contradicci&oacute;n personal. Por un lado, no tengo ganas de desgastarme en una lucha verbal que posiblemente no gane si &eacute;l o la que tengo enfrente es un soberbio con rasgo narcisista, y por otro, estoy harta de tener que o&iacute;rlos, aunque intente no escucharlos, con lo que se perpet&uacute;an en su actitud.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, cada uno que tome la decisi&oacute;n que considere m&aacute;s oportuna cuando tropiece con un&nbsp;<em>listo&nbsp;</em>o<em>&nbsp;lista&nbsp;</em>en&ensp;su vida, en funci&oacute;n de las ganas que tenga de discutir o de perder tiempo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María José Alfonso Bartolomé]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/gente-lista-mundo_129_10922934.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Feb 2024 09:38:25 +0000]]></pubDate>
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