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    <title><![CDATA[elDiario.es - Manuel Ángel Vázquez Medel]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/manuel-angel-vazquez-medel/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Manuel Ángel Vázquez Medel]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Testigos del horror]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/testigos-horror_132_12394953.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cb769c68-b01c-444f-aa21-bdc6b8670d40_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Testigos del horror"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Caminemos desde la esperanza y recordemos que lo que nos hace humanos es la alteridad, la empatía, la palabra que nos impulsa al diálogo y no al odio y a la confrontación</p></div><p class="article-text">
        Nunca se ha obligado a tantos millones de seres humanos a presenciar en primera l&iacute;nea (a trav&eacute;s de las m&uacute;ltiples pantallas que suplen lo real) y a ser testigos de guerras tan injustas, de genocidios y cr&iacute;menes contra la humanidad, de violaciones, corrupciones y mentiras. A presenciar en silencio, como si fuera algo inevitable, las muertes o mutilaciones (reales y simb&oacute;licas) de ni&ntilde;os, mujeres, ancianos; de seres inocentes. Todo ello afecta a nuestro equilibrio mental, a la integridad &eacute;tica con que hemos de afrontar la vida. Una buena parte de nuestro planeta, al final del primer cuarto del siglo XXI, ha enloquecido. Como hace un siglo, cuando Antonio Machado -consciente de la abyecci&oacute;n generalizada- dec&iacute;a: &ldquo;qu&eacute; dif&iacute;cil es/ cuando todo baja/ no bajar tambi&eacute;n&rdquo; y en el otro extremo, desde el totalitarismo, Marinetti saludaba a la guerra como &ldquo;higiene del mundo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Muchos signos nos advierten de que podemos estar ante una cat&aacute;strofe inimaginable. Incluso alguno de los nuevos dictadores del suprematismo y del nacional-populismo, para fomentar el miedo que nos hace esclavos, dicen que estamos muy cerca de la tercera guerra mundial, si es que no ha comenzado ya. Pero nadie nos puede obligar a callar ni a ser c&oacute;mplices.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Gandhi: &ldquo;No me asusta la maldad de los malos, me aterroriza la indiferencia de los buenos&rdquo;. Por ello no podemos ser indiferentes ni escondernos tras la impotencia de nuestra peque&ntilde;ez frente a la magnitud de los poderes que llevan la humanidad hacia el abismo. Porque es esa peque&ntilde;ez y el gesto honrado -cada d&iacute;a- de la mayor parte de la humanidad, lo que salva el mundo, como afirma Borges en su poema &ldquo;Los justos&rdquo;. Hoy m&aacute;s que nunca recordamos las palabras de Eduardo Galeano: &ldquo;Mucha gente peque&ntilde;a, en lugares peque&ntilde;os, haciendo cosas peque&ntilde;as, puede cambiar el mundo&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        Gritemos alto y claro que vamos a luchar por la democracia, por la libertad aut&eacute;ntica como derecho de todos, por la igualdad y la justicia social, por la fraternidad. Que no vamos a permitir la corrupci&oacute;n y la involuci&oacute;n de tantos logros alcanzados, especialmente en el reconocimiento de la dignidad y los derechos de las mujeres y de otros colectivos que merecen todo nuestro respeto. Que todo ser humano tiene derecho a una vida digna, a la salud, a la educaci&oacute;n, al trabajo, a la vivienda, y que no hay ning&uacute;n ser humano que -por venir de otros lugares del planeta al &ldquo;nuestro&rdquo;, que no nos pertenece- sea ilegal. Que no aceptamos que la vida y la felicidad de los seres humanos sean mercanc&iacute;as para la acumulaci&oacute;n insaciable de unos pocos mercaderes despiadados que no tienen empat&iacute;a ni m&aacute;s horizonte que el lucro.
    </p><p class="article-text">
        No renunciemos a caminar hacia horizontes de verdad, de bondad, de belleza, frente a la mentira, la maldad y el horror grotesco que quieren imponernos.
    </p><p class="article-text">
        Digamos NO. Alto y claro. Con realismo, pero sin perder la idealidad de los altos valores que nos hacen humanos. Sin utopismos est&eacute;riles, pero sin perder una utop&iacute;a razonable que nos impulsa siempre hacia un futuro mejor. D&iacute;a a d&iacute;a, en cada uno de nuestros actos, con fuerza real y simb&oacute;lica.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Proclamemos -no solo con la palabra, sino con la vida y el ejemplo- que no vamos a dejar de tener fe en lo mejor de lo humano, de esperar un mundo mejor y -sobre todo- de amar. Amar la vida</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Desde una esperanza que no lo es por estar segura de alcanzar los grandes y nobles ideales que defiende, sino porque cree que son valiosos y tienen sentido. Y que vale la pena luchar por ellos, porque nuestra dignidad nos va en ese compromiso.
    </p><p class="article-text">
        Caminemos desde la esperanza y recordemos que lo que nos hace humanos es la alteridad, la empat&iacute;a, la palabra que nos impulsa al di&aacute;logo y no al odio y a la confrontaci&oacute;n. Proclamemos -no solo con la palabra, sino con la vida y el ejemplo- que no vamos a dejar de tener fe en lo mejor de lo humano, de esperar un mundo mejor y -sobre todo- de amar. Amar la vida. Amar a los seres humanos, pero tambi&eacute;n toda la vida animal y vegetal con la que estamos en comuni&oacute;n en esta fraternidad planetaria.
    </p><p class="article-text">
        Poco antes de morir, el &uacute;ltimo padre de la Declaraci&oacute;n Universal de Derechos Humanos de la ONU, St&eacute;phan Hessel, publicaba varios libritos cuyo t&iacute;tulo era ya todo un programa. El programa que cualquier persona honrada deber&iacute;a proponerse en estos momentos. Comenzaba con el imperativo &ldquo;&iexcl;Indignaos!&rdquo;, porque hay momentos en los que quien no se indigna es indigno. Y, en la seguridad de que una indignaci&oacute;n que no est&eacute; acompa&ntilde;ada por la acci&oacute;n es est&eacute;ril, nos instaba a dar un segundo paso: &ldquo;&iexcl;Comprometeos!&rdquo;. Desde su dura experiencia hist&oacute;rica -como jud&iacute;o superviviente del holocausto nazi- nos instaba a perseverar, porque esta lucha no es f&aacute;cil: &ldquo;&iexcl;No os rind&aacute;is!&rdquo;. Pero todo eso no basta sin un horizonte, sin una ruta posible, cuando se proclama desde el pensamiento &uacute;nico del ultraliberalismo criminal que no hay alternativa a la suya. Su &uacute;ltima aportaci&oacute;n, en hermoso di&aacute;logo con otro gran sabio centenario, Edgar Morin, fue &ldquo;El camino de la esperanza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sigamos caminando. Cumpliendo nuestra misi&oacute;n de &ldquo;homo viator&rdquo;, el ser que est&aacute; en camino, en la v&iacute;a hacia el futuro. Que es el camino de la esperanza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ángel Vázquez Medel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/testigos-horror_132_12394953.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Jun 2025 18:38:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Testigos del horror]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La grandeza de Emilio Lledó]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/grandeza-emilio-lledo_132_10910101.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d0336cc2-14f9-4a70-9963-885b6c877af0_16-9-discover-aspect-ratio_default_1016532.jpg" width="1188" height="668" alt="La grandeza de Emilio Lledó"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No se me ocurre más alta ejemplaridad, para estos tiempos oscuros, que la de Lledó, que él avala con el testimonio coherente de su vida y su magisterio</p></div><p class="article-text">
        En un tiempo de falta de referentes, de escasa ejemplaridad -cuando no de ejemplaridad negativa- y de toxicidad extrema, necesitamos m&aacute;s que nunca conocer y poner ante los ojos de nuestra sociedad aquellos seres extraordinarios que mantienen nuestra esperanza en la especie humana.
    </p><p class="article-text">
        De entre quienes comparten la vida con nosotros no se me ocurre m&aacute;s alto ejemplo que el de Emilio Lled&oacute; (Sevilla, 1927), exponente de una sabidur&iacute;a que conecta con lo mejor del pensamiento del pasado, que actualiza y aplica con lucidez al momento presente. Nacido en el emblem&aacute;tico a&ntilde;o que da nombre a una generaci&oacute;n no solo de poetas, narradores y dramaturgos excepcionales, sino tambi&eacute;n de m&uacute;sicos, artistas pl&aacute;sticos, cient&iacute;ficos, cineastas y pensadores, como Mar&iacute;a Zambrano, en Lled&oacute; encontramos esa f&oacute;rmula imprescindible para conseguir la excelencia que alcanz&oacute; nuestra Edad de Plata: el di&aacute;logo entre tradici&oacute;n e innovaci&oacute;n; la atenci&oacute;n a la condici&oacute;n humana, pero tambi&eacute;n a su expresi&oacute;n en el momento presente. Pocos pensadores han destacado tanto la importancia de la memoria (individual y colectiva): &ldquo;Sin memoria, en el sentido m&aacute;s amplio e intenso de la palabra, no hay vida, no hay ser&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, ahora que comienzan con tanta ilusi&oacute;n y oportunidad los preparativos de las importantes conmemoraciones del &ldquo;Horizonte 27/29&rdquo;, la celebraci&oacute;n del centenario del nacimiento de Emilio Lled&oacute; -ojal&aacute; que con su autor vivo y l&uacute;cido, como lo est&aacute; a sus 96 a&ntilde;os-, debe ocupar un lugar muy especial.
    </p><p class="article-text">
        Hablamos de quien ha mantenido un inquebrantable compromiso con la libertad y la &eacute;tica. De quien ha erigido su pensamiento como un baluarte contra la opresi&oacute;n y la ignorancia. En un mundo donde la libertad se ve amenazada, sus palabras resuenan como un recordatorio de la importancia de defender la autonom&iacute;a del pensamiento y su adecuada expresi&oacute;n. En su &uacute;ltimo libro, escrito con casi 95 a&ntilde;os, <em>Identidad y amistad </em>(2022), sigue ofreci&eacute;ndonos, como indica su subt&iacute;tulo <em>Palabras para un mundo posible.</em>
    </p><p class="article-text">
        Hablamos de quien nos insta a ir m&aacute;s all&aacute; del &ldquo;bienestar&rdquo; material y buscar el &ldquo;bienser&rdquo;. A trabajar por esa felicidad que expresa la palabra <em>eudaimon&iacute;a, </em>que nos exige pagar un precio por ella. &Eacute;tica. Pol&iacute;tica. Cultura. Educaci&oacute;n. Todo lo que se asienta en la palabra y se dirime a trav&eacute;s de ella, <em>di&agrave;-l&oacute;gos, </em>en di&aacute;logo. Y se culmina en la creatividad (<em>poiesis</em>), en la palabra creadora.
    </p><p class="article-text">
        Esta profunda relaci&oacute;n entre filosof&iacute;a y literatura en Lled&oacute; est&aacute; basada en su amor por los libros y por la lectura: &ldquo;La lectura, los libros son el m&aacute;s asombroso principio de libertad y fraternidad (&hellip;) La literatura no es solo el principio y origen de la libertad intelectual, sino que ella misma es un universo de idealidad libre, un territorio de infinita posibilidad (&hellip;) Las palabras son la sustancia de las que la inteligencia se nutre&rdquo;. Sin esa adecuada alimentaci&oacute;n, la libertad de expresi&oacute;n no vale nada, ya que debe estar cimentada en la libertad de un pensamiento cr&iacute;tico y creativo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lledó ha sabido sobreponer al pesimismo de la inteligencia, que nos dice que las cosas no son como deberían ser, el optimismo de la voluntad, que nos impulsa a trabajar por ese horizonte de una humanidad más justa, más libre, más fraternal</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os, en mi antolog&iacute;a de aforismos y fragmentos <em>El ave de Minerva se eleva en el crep&uacute;sculo, </em>ofrec&iacute; el anticipo de un futuro libro, &ldquo;A hombros de gigantes&rdquo;, como tributo a las grandes mujeres y los grandes hombres que han inspirado lo mejor de mi vida y de mi pensamiento. Cuando cerr&eacute; con Umberto Eco, me qued&eacute; con la duda de si a&ntilde;adir o no alguien vivo, para destacar que, aunque no sean abundantes, hay seres extraordinarios entre nosotros. Y no lo dud&eacute;: eleg&iacute; a Emilio Lled&oacute;. Mi tributo -en apenas unas l&iacute;neas (y por ello necesariamente apretadas y sint&eacute;ticas)- insiste en sus grandes claves, valores y aportaciones: &ldquo;Emilio Lled&oacute; nos ha guiado hacia los or&iacute;genes mismos de la interacci&oacute;n social, basada en la necesidad y en la asistencia mutua, en la solidaridad y en la <em>phil&iacute;a</em>, cuyas bases est&aacute;n en la <em>philaut&iacute;a</em>, el amor a s&iacute; mismo, y se configura en la <em>p&oacute;lis</em> y en la pol&iacute;tica, en la vida compartida regulada por la ley (<em>n&oacute;mos</em>). Cuando la <em>polis</em> resulta amenazada, debe ser defendida siempre por el impulso interior de nuestro <em>ethos</em>. Por ello resulta fundamental la educaci&oacute;n, la <em>paide&iacute;a</em> que, orient&aacute;ndonos desde ni&ntilde;os y hasta el final de nuestros d&iacute;as, nos permite aspirar a los tres grandes universales de &rdquo;Verdad&ldquo;, &rdquo;Bien&ldquo;, &rdquo;Belleza&ldquo; (<em>Al&eacute;theia, Agath&oacute;n, Kal&oacute;n</em>). As&iacute; se alcanza la verdadera <em>aret&eacute;</em>, esa excelencia que se basa en la virtud, en la fuerza de nuestros pensamientos, de nuestros sentimientos y de nuestras acciones&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pasi&oacute;n por el conocimiento y por la vida&rdquo;, titul&eacute; un breve art&iacute;culo que iniciaba con la raz&oacute;n que Lled&oacute; nos daba para seguir viviendo con entusiasmo, a pesar de todos los pesares: &ldquo;La esperanza. A pesar de todo hay que ser optimista, esperar algo positivo, creativo, verdadero. Esperanza es una hermosa palabra de la lengua&rdquo;. Finalizaba recordando que &ldquo;algo que cruza toda su obra es el imperativo del amor: amor a la vida, amor a los dem&aacute;s, amor a la naturaleza, amor a la palabra, a la verdad, la bondad y la belleza, amor a la educaci&oacute;n, la cultura y los libros con los que dialoga, amor a la libertad&rdquo;. Lled&oacute; ha sabido sobreponer al pesimismo de la inteligencia, que nos dice que las cosas no son como deber&iacute;an ser, el optimismo de la voluntad, que nos impulsa a trabajar por ese horizonte de una humanidad m&aacute;s justa, m&aacute;s libre, m&aacute;s fraternal.
    </p><p class="article-text">
        Por ello no se me ocurre m&aacute;s alta ejemplaridad, para estos tiempos oscuros, que la de Lled&oacute;, que &eacute;l avala con el testimonio coherente de su vida y su magisterio, como testimonian grandes nombres del pensamiento como Manuel Cruz o de la comunicaci&oacute;n y la literatura como Juan Cruz Ruiz.
    </p><p class="article-text">
        Quiero concluir aplicando a Emilio Lled&oacute; las palabras con que Luis Cernuda cerraba el hermoso poema <em>1936</em>: &ldquo;Gracias, Compa&ntilde;ero, gracias/ por el ejemplo. Gracias porque me dices/ que el hombre es noble. / Nada importa que tan pocos lo sean:/ Uno, uno tan s&oacute;lo basta/ como testigo irrefutable/ de toda la nobleza humana&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ángel Vázquez Medel]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Feb 2024 05:00:58 +0000]]></pubDate>
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