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    <title><![CDATA[elDiario.es - Manuel Ángel Vázquez Medel]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/manuel-angel-vazquez-medel/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Manuel Ángel Vázquez Medel]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Las poetas en el Paseo de los Poetas de Sevilla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/poetas-paseo-poetas-sevilla_132_13383946.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9dd0cb4b-3144-448e-b749-a3f0a492f7ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x861y90.jpg" width="1200" height="675" alt="Las poetas en el Paseo de los Poetas de Sevilla"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si entendemos la literatura como un acto de comunicación radical y como un compromiso con la verdad y con la belleza, la ausencia de las mujeres creadoras en los hitos conmemorativos de Sevilla no es solo un olvido administrativo; es una distorsión del relato cultural</p><p class="subtitle">En abierto - Sánchez Mejías no lo habría permitido
</p></div><p class="article-text">
        Recientemente, en mi art&iacute;culo <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/sanchez-mejias-no-habria-permitido_132_13326259.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;S&aacute;nchez Mej&iacute;as no lo habr&iacute;a permitido&rdquo;</a>, reflexionaba a prop&oacute;sito de la inauguraci&oacute;n del &ldquo;Paseo de los Poetas&rdquo; en la calle Tetu&aacute;n de Sevilla, y subrayaba la necesidad de que se actuara con ecuanimidad y justicia, para no convertir ninguna presencia (por adecuada que sea) en el contrapunto de omisiones que, de inmediato, deber&iacute;an repararse.
    </p><p class="article-text">
        Hoy deseo completar aquellas l&iacute;neas con otra posible ausencia que resultar&iacute;a igualmente clamorosa: la de las extraordinarias mujeres poetas, artistas, pensadoras del momento cultural que situamos en torno al 27. Para que no tengamos que preguntarnos, cuando las placas comiencen a proliferar, d&oacute;nde est&aacute;n las de aquellas mujeres que, codo a codo con sus compa&ntilde;eros de generaci&oacute;n, fraguaron la modernidad literaria y art&iacute;stica de nuestra cultura .
    </p><p class="article-text">
        Porque, aunque en la foto del Ateneo de diciembre de 1927 solo hay hombres, hay otras fotos igualmente significativas (como los homenajes a Lorca, Cernuda o Aleixandre) en las que la presencia de grandes creadoras es evidente e incuestionable. Y, sobre todo, ah&iacute; est&aacute;n sus importantes libros que las hacen merecedoras de figurar junto a los poetas de su generaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Ya Gerardo Diego fue consciente de ello cuando, en la segunda edici&oacute;n (1934) de su emblem&aacute;tica antolog&iacute;a <em>Poes&iacute;a espa&ntilde;ola</em>, dio un paso significativo -aunque claramente insuficiente- al incluir por primera vez a dos mujeres poetas -Josefina de la Torre y Ernestina de Champourc&iacute;n- corrigiendo la ausencia inexplicable de voces femeninas en la primera edici&oacute;n de 1932.
    </p><p class="article-text">
        Esta inclusi&oacute;n fue un t&iacute;mido gesto de reconocimiento hacia la creaci&oacute;n femenina de la generaci&oacute;n, aunque dej&oacute; fuera a otras voces igualmente valiosas como Concha M&eacute;ndez o Carmen Conde, por solo citar dos incuestionables. La propia Concha M&eacute;ndez expres&oacute; en sus memorias el dolor de esa exclusi&oacute;n, recordando c&oacute;mo muchos compa&ntilde;eros poetas las ve&iacute;an como &ldquo;las mujeres de&rdquo; sus maridos (Alberti, Altolaguirre, Domenchina, Oliver...), en lugar de como creadoras con voz propia. Y prepar&oacute; en 1935 la <em>Antolog&iacute;a de poetisas del 27</em> que solo hemos conocido en edici&oacute;n facs&iacute;mil, en 2018, gracias a Paloma Jim&eacute;nez del Campo y Christina Linares. Las poetas incluidas en este proyecto original eran Josefina de la Torre, Ernestina de Champourc&iacute;n, Carmen Conde, Concha M&eacute;ndez, Pilar de Valderrama, Dolores Catarin&eacute;u y Cristina de Arteaga. Es una muestra la autoconciencia de grupo y la voluntad de estas escritoras por constituirse en parte del canon, sin depender de la mirada masculina.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El espacio público es el gran escenario de la comunicación social. Por ello, la señalética urbana, las placas conmemorativas, cumplen una función pedagógica fundamental. Sevilla, que aspira a ser un referente literario mundial, Capital del 27, debe proyectar una imagen de rigor histórico</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Han tenido que pasar muchas d&eacute;cadas hasta el trabajo ejemplar de Pepa Merlo que, en  2010, ofrec&iacute;a <em>Peces en la tierra: Antolog&iacute;a de mujeres poetas en torno a la Generaci&oacute;n del 27</em>, con una importante relaci&oacute;n de veinte creadoras: Casilda de Ant&oacute;n del Olmet, Gloria de la Prada, Pilar de Valderrama, Luc&iacute;a S&aacute;nchez Saornil, Rosa Chacel, Concha M&eacute;ndez, Mar&iacute;a Luisa Mu&ntilde;oz de Buend&iacute;a, Cristina de Arteaga, Mar&iacute;a Cegarra, Elisabeth Mulder, Ernestina de Champourc&iacute;n, Mar&iacute;a Teresa Roca de Togores, Carmen Conde, Josefina de la Torre, Marina Romero, Josefina Romo Arregui, Dolores Catarin&eacute;u, Josefina Bolinaga, Esther L&oacute;pez Valencia y Margarita Ferreras. A estas alturas del siglo XXI resulta incuestionable la importancia de estas poetas convenientemente rescatadas (tambi&eacute;n, por cierto, en Sevilla). M&aacute;s recientemente Pepa Merlo ha ampliado la antolog&iacute;a en el volumen <em>Con un traje de luna. Di&aacute;logo de voces femeninas de la primera mitad del siglo XX</em> (2022).
    </p><p class="article-text">
        En 2022 se publicaba en la colecci&oacute;n Austral <em>Mujeres del 27. Antolog&iacute;a po&eacute;tica, </em>preparada por el poeta y ensayista Jos&eacute; Luis Ferris, autor de tres libros de referencia sobre mujeres del 27, que segu&iacute;a la estela abierta por Pepa Merlo. Como indica la editorial, se trata de una &ldquo;reveladora antolog&iacute;a con el prop&oacute;sito de contribuir al rescate y la restituci&oacute;n de la vida y la obra de diecisiete poetas que protagonizaron la cultura del primer tercio del siglo XX; diecisiete autoras que formaron parte del tejido de esa &eacute;poca, que se desenvolvieron con naturalidad entre los compa&ntilde;eros de su generaci&oacute;n y que, sin embargo, fueron borradas del tiempo, del recuerdo y del derecho a existir y a ser memoria&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si entendemos la literatura como un acto de comunicaci&oacute;n radical y como un compromiso con la verdad y con la belleza, la ausencia de las mujeres creadoras en los hitos conmemorativos de Sevilla no es solo un olvido administrativo; es una distorsi&oacute;n del relato cultural. Reivindicar la presencia de estas escritoras no es una concesi&oacute;n a la correcci&oacute;n pol&iacute;tica, sino un ejercicio de ecuanimidad intelectual, &eacute;tica y est&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        El espacio p&uacute;blico es el gran escenario de la comunicaci&oacute;n social. Por ello, la se&ntilde;al&eacute;tica urbana, las placas conmemorativas, cumplen una funci&oacute;n pedag&oacute;gica fundamental. Sevilla, que aspira a ser un referente literario mundial, Capital del 27, debe proyectar una imagen de rigor hist&oacute;rico. Incluir a estas mujeres en el &ldquo;Paseo de los Poetas&rdquo; es un acto de justicia y reparaci&oacute;n; de enriquecimiento de la propia ciudad. Tambi&eacute;n es necesario incorporar su presencia en el &ldquo;Jard&iacute;n de los poetas&rdquo; junto a la Puerta de Jerez.
    </p><p class="article-text">
        Leer y difundir a estas escritoras es, en &uacute;ltima instancia, trabajar por la dignidad de la cultura compartida. Hagamos que Sevilla, madre de poetas desde hace siglos, reconozca a estas grandes mujeres con la misma generosidad con la que el tiempo ha preservado su obra, a pesar de todos los silencios impuestos. Solo entonces, la palabra estar&aacute; verdaderamente habitada por la verdad, la bondad y la belleza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ángel Vázquez Medel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/poetas-paseo-poetas-sevilla_132_13383946.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jul 2026 03:30:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las poetas en el Paseo de los Poetas de Sevilla]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mujer,Igualdad de género,Literatura,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sánchez Mejías no lo habría permitido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/sanchez-mejias-no-habria-permitido_132_13326259.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/745dc972-ead4-44f1-bef5-11da80147b3f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sánchez Mejías no lo habría permitido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando la cultura se convierte en escenografía, corre el riesgo de traicionar su función más elevada: la de ser conciencia crítica, faro de verdad y acta de justicia</p></div><p class="article-text">
        La reciente colocaci&oacute;n de una placa en homenaje a Ignacio S&aacute;nchez Mej&iacute;as en el llamado &ldquo;Paseo de los Poetas&rdquo; de Sevilla nos obliga a una serena pero firme reflexi&oacute;n sobre la verdad hist&oacute;rica. Porque, m&aacute;s all&aacute; de la indiscutible talla humana e intelectual del torero, dramaturgo y mecenas, se est&aacute; consumando una injusticia con Jos&eacute; Mar&iacute;a Romero Mart&iacute;nez, que clama al cielo de la cultura espa&ntilde;ola y que el propio S&aacute;nchez Mej&iacute;as, con su honda conciencia &eacute;tica, jam&aacute;s hubiera tolerado.
    </p><p class="article-text">
        Conviene recordar, y as&iacute; lo han acreditado, con todo rigor documental, investigadores como Rogelio Reyes, Eloy Navarro o Jos&eacute; Vallecillo, que el verdadero art&iacute;fice del encuentro po&eacute;tico de diciembre de 1927 en el Ateneo de Sevilla &mdash;aquel acto que servir&iacute;a para bautizar a la generaci&oacute;n m&aacute;s luminosa de nuestras letras, sufragado por la instituci&oacute;n&mdash; no fue otro que Jos&eacute; Mar&iacute;a Romero Mart&iacute;nez. M&eacute;dico humanista, responsable de la secci&oacute;n de Literatura del Ateneo, hombre de ciencia y de esp&iacute;ritu, fue &eacute;l quien concibi&oacute;, impuls&oacute; y materializ&oacute; aquella convocatoria que reuni&oacute;, entre otros, a Lorca, Alberti, Guill&eacute;n, D&aacute;maso Alonso, Gerardo Diego, Chab&aacute;s, Bergam&iacute;n, Bacarisse y al propio S&aacute;nchez Mej&iacute;as, que sin duda colabor&oacute; con su amigo Romero Mart&iacute;nez, como generoso anfitri&oacute;n, para rendir homenaje a G&oacute;ngora en su tricentenario y conocer las nuevas v&iacute;as de la poes&iacute;a del momento. Un encuentro que solo se explica sobre el trasfondo fecundo de la cultura sevillana de las primeras d&eacute;cadas del pasado siglo, en el que tambi&eacute;n hay que subrayar los nombres del Presidente del Ateneo, Manuel Blasco Garz&oacute;n, y del vicepresidente de la secci&oacute;n de Literatura, Alejandro Collantes de Ter&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el nombre de Romero Mart&iacute;nez ha sido silenciado, sepultado dos veces: la primera, de forma brutal, cuando el general Queipo de Llano, tras la entrada de las tropas sublevadas en Sevilla, lo hizo fusilar por su compromiso con la democracia y la Rep&uacute;blica; la segunda, mediante el olvido institucional que a&uacute;n mantiene sus restos en la fosa com&uacute;n del Monumento del Cementerio de Sevilla y borra o desdibuja su imprescindible papel en la gestaci&oacute;n de aquel episodio estelar de nuestra historia cultural. Afortunadamente, parece que este olvido comienza a repararse y acaba de aprobarse en el pleno del Ayuntamiento de Sevilla, por unanimidad, la rotulaci&oacute;n con su nombre de la placita que est&aacute; entre las calles Fern&aacute;n Caballero y Monsalves, solicitada hace un a&ntilde;o. El Ateneo le dedicar&aacute; una exposici&oacute;n, con presentaci&oacute;n de un nuevo e importante libro, escrito por su nieto, en oto&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Decir que S&aacute;nchez Mej&iacute;as no habr&iacute;a permitido que la primera placa del Paseo de los Poetas tuviera su nombre no es una concesi&oacute;n ret&oacute;rica, sino la expresi&oacute;n exacta de su talante. Fue Ignacio un esp&iacute;ritu libre, generoso y profundamente leal con sus amigos. Su amistad con Romero Mart&iacute;nez era de aquellas que se forjan en la admiraci&oacute;n mutua y en el amor compartido por el conocimiento. Habr&iacute;a considerado una afrenta a la verdad que su nombre figurara en placa alguna sin que, en primer t&eacute;rmino, apareciera el nombre del m&eacute;dico humanista que hizo posible aquel acontecimiento po&eacute;tico. Habr&iacute;a sentido, con su acostumbrada sensibilidad, que se le otorgaba un protagonismo usurpado, una centralidad que solo puede sostenerse sobre la losa del olvido ajeno.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La memoria de un hombre bueno y justo, fusilado por la barbarie, aguarda. Porque él es un símbolo de reconciliación. Y el testimonio moral de Ignacio Sánchez Mejías, tan vivo en su ausencia, nos recuerda que callar ante esta ignominia es traicionar su legado. Él, sencillamente, no lo habría permitido</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A esta primera omisi&oacute;n se suma otra que merece igual rechazo: no haber iniciado este paseo con la placa del poeta Vicente Aleixandre, el &uacute;nico Premio Nobel de Literatura nacido en Sevilla, cuya vinculaci&oacute;n con la ciudad y con aquella generaci&oacute;n es indisociable de su grandeza. Tampoco est&aacute;n a&uacute;n Luis Cernuda ni Joaqu&iacute;n Romero Murube (y no basta que se anuncien placas futuras), como si se fuera a trazar una cartograf&iacute;a caprichosa de la memoria, ajena al rigor y a la ecuanimidad, y dependiente de patrocinadores privados.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la cultura se convierte en escenograf&iacute;a, corre el riesgo de traicionar su funci&oacute;n m&aacute;s elevada: la de ser conciencia cr&iacute;tica, faro de verdad y acta de justicia. Lo c&oacute;modo es rendir homenaje a quien ya goza de reconocimiento; lo necesario es rescatar a quienes fueron silenciados injustamente. S&aacute;nchez Mej&iacute;as, que vivi&oacute; en la frontera entre la vida y la muerte, que conoc&iacute;a bien el sabor de la herida, sabr&iacute;a &mdash;lo supo siempre&mdash; que no hay homenaje aut&eacute;ntico si no se levanta sobre el fundamento de la verdad. Y la verdad, documentada, testaruda, insobornable, nos dice hoy que Jos&eacute; Mar&iacute;a Romero Mart&iacute;nez fue el arquitecto silencioso de aquella cita inmortal y que su nombre sigue esperando, desde la fosa com&uacute;n del olvido, la restituci&oacute;n que la historia le debe. Y S&aacute;nchez Mej&iacute;as no merece que se le utilice como arma arrojadiza ni por tirios ni por troyanos.
    </p><p class="article-text">
        La memoria de un hombre bueno y justo, fusilado por la barbarie, aguarda. Porque &eacute;l es un s&iacute;mbolo de reconciliaci&oacute;n. Y el testimonio moral de Ignacio S&aacute;nchez Mej&iacute;as, tan vivo en su ausencia, nos recuerda que callar ante esta ignominia es traicionar su legado. &Eacute;l, sencillamente, no lo habr&iacute;a permitido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ángel Vázquez Medel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/sanchez-mejias-no-habria-permitido_132_13326259.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Jun 2026 19:53:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sánchez Mejías no lo habría permitido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Testigos del horror]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/testigos-horror_132_12394953.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cb769c68-b01c-444f-aa21-bdc6b8670d40_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Testigos del horror"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Caminemos desde la esperanza y recordemos que lo que nos hace humanos es la alteridad, la empatía, la palabra que nos impulsa al diálogo y no al odio y a la confrontación</p></div><p class="article-text">
        Nunca se ha obligado a tantos millones de seres humanos a presenciar en primera l&iacute;nea (a trav&eacute;s de las m&uacute;ltiples pantallas que suplen lo real) y a ser testigos de guerras tan injustas, de genocidios y cr&iacute;menes contra la humanidad, de violaciones, corrupciones y mentiras. A presenciar en silencio, como si fuera algo inevitable, las muertes o mutilaciones (reales y simb&oacute;licas) de ni&ntilde;os, mujeres, ancianos; de seres inocentes. Todo ello afecta a nuestro equilibrio mental, a la integridad &eacute;tica con que hemos de afrontar la vida. Una buena parte de nuestro planeta, al final del primer cuarto del siglo XXI, ha enloquecido. Como hace un siglo, cuando Antonio Machado -consciente de la abyecci&oacute;n generalizada- dec&iacute;a: &ldquo;qu&eacute; dif&iacute;cil es/ cuando todo baja/ no bajar tambi&eacute;n&rdquo; y en el otro extremo, desde el totalitarismo, Marinetti saludaba a la guerra como &ldquo;higiene del mundo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Muchos signos nos advierten de que podemos estar ante una cat&aacute;strofe inimaginable. Incluso alguno de los nuevos dictadores del suprematismo y del nacional-populismo, para fomentar el miedo que nos hace esclavos, dicen que estamos muy cerca de la tercera guerra mundial, si es que no ha comenzado ya. Pero nadie nos puede obligar a callar ni a ser c&oacute;mplices.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Gandhi: &ldquo;No me asusta la maldad de los malos, me aterroriza la indiferencia de los buenos&rdquo;. Por ello no podemos ser indiferentes ni escondernos tras la impotencia de nuestra peque&ntilde;ez frente a la magnitud de los poderes que llevan la humanidad hacia el abismo. Porque es esa peque&ntilde;ez y el gesto honrado -cada d&iacute;a- de la mayor parte de la humanidad, lo que salva el mundo, como afirma Borges en su poema &ldquo;Los justos&rdquo;. Hoy m&aacute;s que nunca recordamos las palabras de Eduardo Galeano: &ldquo;Mucha gente peque&ntilde;a, en lugares peque&ntilde;os, haciendo cosas peque&ntilde;as, puede cambiar el mundo&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        Gritemos alto y claro que vamos a luchar por la democracia, por la libertad aut&eacute;ntica como derecho de todos, por la igualdad y la justicia social, por la fraternidad. Que no vamos a permitir la corrupci&oacute;n y la involuci&oacute;n de tantos logros alcanzados, especialmente en el reconocimiento de la dignidad y los derechos de las mujeres y de otros colectivos que merecen todo nuestro respeto. Que todo ser humano tiene derecho a una vida digna, a la salud, a la educaci&oacute;n, al trabajo, a la vivienda, y que no hay ning&uacute;n ser humano que -por venir de otros lugares del planeta al &ldquo;nuestro&rdquo;, que no nos pertenece- sea ilegal. Que no aceptamos que la vida y la felicidad de los seres humanos sean mercanc&iacute;as para la acumulaci&oacute;n insaciable de unos pocos mercaderes despiadados que no tienen empat&iacute;a ni m&aacute;s horizonte que el lucro.
    </p><p class="article-text">
        No renunciemos a caminar hacia horizontes de verdad, de bondad, de belleza, frente a la mentira, la maldad y el horror grotesco que quieren imponernos.
    </p><p class="article-text">
        Digamos NO. Alto y claro. Con realismo, pero sin perder la idealidad de los altos valores que nos hacen humanos. Sin utopismos est&eacute;riles, pero sin perder una utop&iacute;a razonable que nos impulsa siempre hacia un futuro mejor. D&iacute;a a d&iacute;a, en cada uno de nuestros actos, con fuerza real y simb&oacute;lica.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Proclamemos -no solo con la palabra, sino con la vida y el ejemplo- que no vamos a dejar de tener fe en lo mejor de lo humano, de esperar un mundo mejor y -sobre todo- de amar. Amar la vida</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Desde una esperanza que no lo es por estar segura de alcanzar los grandes y nobles ideales que defiende, sino porque cree que son valiosos y tienen sentido. Y que vale la pena luchar por ellos, porque nuestra dignidad nos va en ese compromiso.
    </p><p class="article-text">
        Caminemos desde la esperanza y recordemos que lo que nos hace humanos es la alteridad, la empat&iacute;a, la palabra que nos impulsa al di&aacute;logo y no al odio y a la confrontaci&oacute;n. Proclamemos -no solo con la palabra, sino con la vida y el ejemplo- que no vamos a dejar de tener fe en lo mejor de lo humano, de esperar un mundo mejor y -sobre todo- de amar. Amar la vida. Amar a los seres humanos, pero tambi&eacute;n toda la vida animal y vegetal con la que estamos en comuni&oacute;n en esta fraternidad planetaria.
    </p><p class="article-text">
        Poco antes de morir, el &uacute;ltimo padre de la Declaraci&oacute;n Universal de Derechos Humanos de la ONU, St&eacute;phan Hessel, publicaba varios libritos cuyo t&iacute;tulo era ya todo un programa. El programa que cualquier persona honrada deber&iacute;a proponerse en estos momentos. Comenzaba con el imperativo &ldquo;&iexcl;Indignaos!&rdquo;, porque hay momentos en los que quien no se indigna es indigno. Y, en la seguridad de que una indignaci&oacute;n que no est&eacute; acompa&ntilde;ada por la acci&oacute;n es est&eacute;ril, nos instaba a dar un segundo paso: &ldquo;&iexcl;Comprometeos!&rdquo;. Desde su dura experiencia hist&oacute;rica -como jud&iacute;o superviviente del holocausto nazi- nos instaba a perseverar, porque esta lucha no es f&aacute;cil: &ldquo;&iexcl;No os rind&aacute;is!&rdquo;. Pero todo eso no basta sin un horizonte, sin una ruta posible, cuando se proclama desde el pensamiento &uacute;nico del ultraliberalismo criminal que no hay alternativa a la suya. Su &uacute;ltima aportaci&oacute;n, en hermoso di&aacute;logo con otro gran sabio centenario, Edgar Morin, fue &ldquo;El camino de la esperanza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sigamos caminando. Cumpliendo nuestra misi&oacute;n de &ldquo;homo viator&rdquo;, el ser que est&aacute; en camino, en la v&iacute;a hacia el futuro. Que es el camino de la esperanza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ángel Vázquez Medel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/testigos-horror_132_12394953.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Jun 2025 18:38:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Testigos del horror]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La grandeza de Emilio Lledó]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/grandeza-emilio-lledo_132_10910101.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d0336cc2-14f9-4a70-9963-885b6c877af0_16-9-discover-aspect-ratio_default_1016532.jpg" width="1188" height="668" alt="La grandeza de Emilio Lledó"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No se me ocurre más alta ejemplaridad, para estos tiempos oscuros, que la de Lledó, que él avala con el testimonio coherente de su vida y su magisterio</p></div><p class="article-text">
        En un tiempo de falta de referentes, de escasa ejemplaridad -cuando no de ejemplaridad negativa- y de toxicidad extrema, necesitamos m&aacute;s que nunca conocer y poner ante los ojos de nuestra sociedad aquellos seres extraordinarios que mantienen nuestra esperanza en la especie humana.
    </p><p class="article-text">
        De entre quienes comparten la vida con nosotros no se me ocurre m&aacute;s alto ejemplo que el de Emilio Lled&oacute; (Sevilla, 1927), exponente de una sabidur&iacute;a que conecta con lo mejor del pensamiento del pasado, que actualiza y aplica con lucidez al momento presente. Nacido en el emblem&aacute;tico a&ntilde;o que da nombre a una generaci&oacute;n no solo de poetas, narradores y dramaturgos excepcionales, sino tambi&eacute;n de m&uacute;sicos, artistas pl&aacute;sticos, cient&iacute;ficos, cineastas y pensadores, como Mar&iacute;a Zambrano, en Lled&oacute; encontramos esa f&oacute;rmula imprescindible para conseguir la excelencia que alcanz&oacute; nuestra Edad de Plata: el di&aacute;logo entre tradici&oacute;n e innovaci&oacute;n; la atenci&oacute;n a la condici&oacute;n humana, pero tambi&eacute;n a su expresi&oacute;n en el momento presente. Pocos pensadores han destacado tanto la importancia de la memoria (individual y colectiva): &ldquo;Sin memoria, en el sentido m&aacute;s amplio e intenso de la palabra, no hay vida, no hay ser&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, ahora que comienzan con tanta ilusi&oacute;n y oportunidad los preparativos de las importantes conmemoraciones del &ldquo;Horizonte 27/29&rdquo;, la celebraci&oacute;n del centenario del nacimiento de Emilio Lled&oacute; -ojal&aacute; que con su autor vivo y l&uacute;cido, como lo est&aacute; a sus 96 a&ntilde;os-, debe ocupar un lugar muy especial.
    </p><p class="article-text">
        Hablamos de quien ha mantenido un inquebrantable compromiso con la libertad y la &eacute;tica. De quien ha erigido su pensamiento como un baluarte contra la opresi&oacute;n y la ignorancia. En un mundo donde la libertad se ve amenazada, sus palabras resuenan como un recordatorio de la importancia de defender la autonom&iacute;a del pensamiento y su adecuada expresi&oacute;n. En su &uacute;ltimo libro, escrito con casi 95 a&ntilde;os, <em>Identidad y amistad </em>(2022), sigue ofreci&eacute;ndonos, como indica su subt&iacute;tulo <em>Palabras para un mundo posible.</em>
    </p><p class="article-text">
        Hablamos de quien nos insta a ir m&aacute;s all&aacute; del &ldquo;bienestar&rdquo; material y buscar el &ldquo;bienser&rdquo;. A trabajar por esa felicidad que expresa la palabra <em>eudaimon&iacute;a, </em>que nos exige pagar un precio por ella. &Eacute;tica. Pol&iacute;tica. Cultura. Educaci&oacute;n. Todo lo que se asienta en la palabra y se dirime a trav&eacute;s de ella, <em>di&agrave;-l&oacute;gos, </em>en di&aacute;logo. Y se culmina en la creatividad (<em>poiesis</em>), en la palabra creadora.
    </p><p class="article-text">
        Esta profunda relaci&oacute;n entre filosof&iacute;a y literatura en Lled&oacute; est&aacute; basada en su amor por los libros y por la lectura: &ldquo;La lectura, los libros son el m&aacute;s asombroso principio de libertad y fraternidad (&hellip;) La literatura no es solo el principio y origen de la libertad intelectual, sino que ella misma es un universo de idealidad libre, un territorio de infinita posibilidad (&hellip;) Las palabras son la sustancia de las que la inteligencia se nutre&rdquo;. Sin esa adecuada alimentaci&oacute;n, la libertad de expresi&oacute;n no vale nada, ya que debe estar cimentada en la libertad de un pensamiento cr&iacute;tico y creativo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lledó ha sabido sobreponer al pesimismo de la inteligencia, que nos dice que las cosas no son como deberían ser, el optimismo de la voluntad, que nos impulsa a trabajar por ese horizonte de una humanidad más justa, más libre, más fraternal</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os, en mi antolog&iacute;a de aforismos y fragmentos <em>El ave de Minerva se eleva en el crep&uacute;sculo, </em>ofrec&iacute; el anticipo de un futuro libro, &ldquo;A hombros de gigantes&rdquo;, como tributo a las grandes mujeres y los grandes hombres que han inspirado lo mejor de mi vida y de mi pensamiento. Cuando cerr&eacute; con Umberto Eco, me qued&eacute; con la duda de si a&ntilde;adir o no alguien vivo, para destacar que, aunque no sean abundantes, hay seres extraordinarios entre nosotros. Y no lo dud&eacute;: eleg&iacute; a Emilio Lled&oacute;. Mi tributo -en apenas unas l&iacute;neas (y por ello necesariamente apretadas y sint&eacute;ticas)- insiste en sus grandes claves, valores y aportaciones: &ldquo;Emilio Lled&oacute; nos ha guiado hacia los or&iacute;genes mismos de la interacci&oacute;n social, basada en la necesidad y en la asistencia mutua, en la solidaridad y en la <em>phil&iacute;a</em>, cuyas bases est&aacute;n en la <em>philaut&iacute;a</em>, el amor a s&iacute; mismo, y se configura en la <em>p&oacute;lis</em> y en la pol&iacute;tica, en la vida compartida regulada por la ley (<em>n&oacute;mos</em>). Cuando la <em>polis</em> resulta amenazada, debe ser defendida siempre por el impulso interior de nuestro <em>ethos</em>. Por ello resulta fundamental la educaci&oacute;n, la <em>paide&iacute;a</em> que, orient&aacute;ndonos desde ni&ntilde;os y hasta el final de nuestros d&iacute;as, nos permite aspirar a los tres grandes universales de &rdquo;Verdad&ldquo;, &rdquo;Bien&ldquo;, &rdquo;Belleza&ldquo; (<em>Al&eacute;theia, Agath&oacute;n, Kal&oacute;n</em>). As&iacute; se alcanza la verdadera <em>aret&eacute;</em>, esa excelencia que se basa en la virtud, en la fuerza de nuestros pensamientos, de nuestros sentimientos y de nuestras acciones&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pasi&oacute;n por el conocimiento y por la vida&rdquo;, titul&eacute; un breve art&iacute;culo que iniciaba con la raz&oacute;n que Lled&oacute; nos daba para seguir viviendo con entusiasmo, a pesar de todos los pesares: &ldquo;La esperanza. A pesar de todo hay que ser optimista, esperar algo positivo, creativo, verdadero. Esperanza es una hermosa palabra de la lengua&rdquo;. Finalizaba recordando que &ldquo;algo que cruza toda su obra es el imperativo del amor: amor a la vida, amor a los dem&aacute;s, amor a la naturaleza, amor a la palabra, a la verdad, la bondad y la belleza, amor a la educaci&oacute;n, la cultura y los libros con los que dialoga, amor a la libertad&rdquo;. Lled&oacute; ha sabido sobreponer al pesimismo de la inteligencia, que nos dice que las cosas no son como deber&iacute;an ser, el optimismo de la voluntad, que nos impulsa a trabajar por ese horizonte de una humanidad m&aacute;s justa, m&aacute;s libre, m&aacute;s fraternal.
    </p><p class="article-text">
        Por ello no se me ocurre m&aacute;s alta ejemplaridad, para estos tiempos oscuros, que la de Lled&oacute;, que &eacute;l avala con el testimonio coherente de su vida y su magisterio, como testimonian grandes nombres del pensamiento como Manuel Cruz o de la comunicaci&oacute;n y la literatura como Juan Cruz Ruiz.
    </p><p class="article-text">
        Quiero concluir aplicando a Emilio Lled&oacute; las palabras con que Luis Cernuda cerraba el hermoso poema <em>1936</em>: &ldquo;Gracias, Compa&ntilde;ero, gracias/ por el ejemplo. Gracias porque me dices/ que el hombre es noble. / Nada importa que tan pocos lo sean:/ Uno, uno tan s&oacute;lo basta/ como testigo irrefutable/ de toda la nobleza humana&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Ángel Vázquez Medel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/grandeza-emilio-lledo_132_10910101.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Feb 2024 05:00:58 +0000]]></pubDate>
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