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    <title><![CDATA[elDiario.es - Laura Torvisco Alzás]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/laura-torvisco-alzas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Laura Torvisco Alzás]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Auge y desvirtuación del 'síndrome del impostor': ¿por qué se ha popularizado la sensación de que no somos suficiente?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/sindrome-de-la-impostora_1_11222634.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/86f8fdfb-6943-4150-b62f-93dda693f575_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Auge y desvirtuación del &#039;síndrome del impostor&#039;: ¿por qué se ha popularizado la sensación de que no somos suficiente?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El uso del término para hacer referencia a la sensación de falta de valía o cualificación para desempeñar ciertas tareas u ocupar determinados espacios se ha acelerado en los últimos años con el impulso de las redes sociales</p><p class="subtitle">Quan Zhou, romper la narrativa 'oficial': "No he conocido ni una mujer racializada sin el síndrome de la impostora"</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, el llamado 's&iacute;ndrome del impostor' ha ganado popularidad al extenderse entre un creciente n&uacute;mero de individuos. Cada vez son m&aacute;s las personas famosas y an&oacute;nimas que confiesan sentirse atrapadas en una espiral de autoduda, llegando a cuestionar sus propios m&eacute;ritos y a sentirse como impostores en sus propias vidas y trabajos. El contenido que responde a <a href="https://www.tiktok.com/search?q=s%C3%ADndrome%20de%20la%20impostora&amp;t=1710788604981" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esta etiqueta</a> prolifera en redes, en ocasiones desvirtuando su sentido original &mdash;se acu&ntilde;&oacute; como fen&oacute;meno, no como s&iacute;ndrome&mdash; y entendi&eacute;ndolo como si fuese una condici&oacute;n psicol&oacute;gica individual m&aacute;s que como un fen&oacute;meno colectivo que responde sobre todo a cuestiones estructurales. As&iacute; se ha difundido su uso.
    </p><p class="article-text">
        El escritor Neil Gaiman, autor de <em>Buenos presagios</em>, <em>Coraline </em>y padre de la serie de c&oacute;mics <em>Sandman</em> tuvo, como &eacute;l mismo <a href="https://journal.neilgaiman.com/2017/05/the-neil-story-with-additional-footnote.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuenta</a> en su web, la suerte de asistir a un encuentro con artistas, cient&iacute;ficos y escritores en 2012. Una vez all&iacute;, rodeado de eminencias &mdash;relata&mdash; recuerda experimentar un extra&ntilde;o temor a ser descubierto como alguien que no hab&iacute;a hecho cosas importantes entre tanta gente que s&iacute; hab&iacute;a aprovechado su tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Transcurrieron los d&iacute;as de la celebraci&oacute;n con este estado permanente de inseguridad. Sin embargo, algo sucedi&oacute; cuando, en la tercera noche, mientras disfrutaba de un espect&aacute;culo musical en la parte trasera del sal&oacute;n, se sent&oacute; a su lado un hombre mayor con el que no solo compart&iacute;a el gusto por el whisky en vaso corto, sino tambi&eacute;n el propio nombre: Neil Armstrong.&nbsp;Entre tragos y conversaciones de sobremesa, el astronauta ech&oacute; la vista a la sala y confes&oacute;: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; diablos estoy haciendo aqu&iacute;? Estas personas han hecho cosas incre&iacute;bles. Yo simplemente fui a donde me enviaron&rdquo;. En ese momento, Gaiman, embriagado entre alivio y comprensi&oacute;n, dijo: &ldquo;Sr. Amstrong, fue usted el primer hombre en pisar la luna. Creo que eso cuenta para algo...&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta sensaci&oacute;n de duda constante sobre uno mismo no la estrenaron 'los Neils' de esta historia, sino que viene desde muy atr&aacute;s. La psic&oacute;loga social Pauline Clance ya se hab&iacute;a topado con &eacute;l. A ella tambi&eacute;n le invad&iacute;a este sentimiento de no estar a la altura. Ni siquiera le bast&oacute; haberse convertido en la primera de su familia en conseguir acceso a la universidad para abandonar esta sospecha persistente de haber enga&ntilde;ado a los dem&aacute;s para que pensaran que era suficiente.&nbsp;A mediados de los 60 comparti&oacute; su preocupaci&oacute;n con su compa&ntilde;era, la tambi&eacute;n psic&oacute;loga Suzanne Imes, que hab&iacute;a experimentado esta misma ansiedad. Ambas, que ya eran profesoras por aquel entonces en Oberlin College, observaron que sus alumnas viv&iacute;an en un estado de alerta constante por temor a fallar, llegando a desvirtuar su propia realidad. De ah&iacute; que algunas confesaran sentirse como &ldquo;impostoras&rdquo; entre la excelencia que caracterizaba a los dem&aacute;s. As&iacute; naci&oacute; lo que denominaron <a href="https://www.paulineroseclance.com/pdf/ip_high_achieving_women.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;el fen&oacute;meno del impostor&rdquo;</a>.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El fenómeno del impostor fue acuñado por primera vez por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes. El concepto invadió el mundo a una velocidad impetuosa, pero el verdadero punto de inflexión y difusión llegó con el auge de las redes sociales</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A partir de ese momento, ambas se pusieron a trabajar en un estudio para el que entrevistaron a m&aacute;s de 150 mujeres, profesoras, alumnas y mujeres vinculadas con las ramas de la abogac&iacute;a, la enfermer&iacute;a y el trabajo social.
    </p><p class="article-text">
        Este concepto invadi&oacute; el mundo a una velocidad impetuosa, pero el verdadero punto de inflexi&oacute;n y difusi&oacute;n tuvo lugar con la llegada y auge de las redes sociales. Tal es su poder, que cualquier t&eacute;rmino que deambule por ese universo puede ser castigado con una saturaci&oacute;n cultural o, lo que es peor, <a href="https://www.eldiario.es/era/pas-persona-altamente-sensible-autodiagnostico-redes_1_10977843.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con su propia deformaci&oacute;n</a>. Esto &uacute;ltimo es precisamente lo que le ha ocurrido al t&eacute;rmino acu&ntilde;ado por Clance e Imes, que se ha convertido, muy a su pesar, en el 's&iacute;ndrome del impostor'.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No faltan los ejemplos de personajes del &aacute;mbito p&uacute;blico &mdash;principalmente mujeres&mdash; que han hablado abiertamente de ello. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/c-tangana-no-formacion-sentimos-no-merecemos-cima_1_10848804.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">C. Tangana en una entrevista</a> con este medio o <a href="https://www.eldiario.es/politica/ultima-hora-manifestaciones-8m-espana-directo_6_10991190_1106550.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la ministra de Igualdad, Ana Redondo</a>, son algunos de los m&aacute;s recientes. Hace apenas unos d&iacute;as, Redondo admit&iacute;a durante un coloquio en el evento institucional del 8 de marzo haber sido impactada por el s&iacute;ndrome del impostor, como un dardo que alcanza su blanco, cuando Pedro S&aacute;nchez la invit&oacute; a liderar la cartera de Igualdad. &ldquo;Cuando me llama el presidente y me dice '&iquest;quieres venirte?' Yo dije 'pero si no puedo, si no voy a ser capaz, no voy a dar la talla, lo &uacute;nico que hab&iacute;a en mi cabeza es &iquest;ser&eacute; capaz de dar la talla? (...) El s&iacute;ndrome de la impostora me ha acompa&ntilde;ado en mi vida (...) Tienes que decirte todos los d&iacute;as 'eres capaz&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n un estudio realizado por la consultora KPMG publicado en 2023, el 75% de las mujeres en puestos ejecutivos lo han experimentado en el &aacute;mbito laboral, sintiendo que no est&aacute;n lo suficientemente cualificadas para desarrollar su trabajo. Pero el llamado 's&iacute;ndrome del impostor' no solo lo experimentan los famosos ni se aparece en el trabajo o entre estudiantes, sino que su popularizaci&oacute;n ha derivado en un uso a veces desvirtuado de su significado original y aplicable a multitud de &aacute;mbitos: &ldquo;&iquest;Os sent&iacute;s impostores cuando os mont&aacute;is en el metro? Tengo la sensaci&oacute;n de merecerme el asiento menos que nadie&rdquo;, dec&iacute;a en Twitter Raquel, una usuaria barcelonesa licenciada en filolog&iacute;a hisp&aacute;nica.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>De fen&oacute;meno a 's&iacute;ndrome'</strong></h3><p class="article-text">
        Salta a la vista que el fen&oacute;meno del impostor se ha adherido a la sociedad y ha abrazado el d&iacute;a a d&iacute;a de muchos. Tanto es as&iacute; que incluso se ha llegado a incorporar al diccionario de la psicolog&iacute;a sin ni siquiera constar en el Manual diagn&oacute;stico y estad&iacute;stico de la Asociaci&oacute;n Estadounidense de Psiquiatr&iacute;a 6 ni figurar como diagn&oacute;stico en la Clasificaci&oacute;n internacional de enfermedades, d&eacute;cima revisi&oacute;n (CIE-10).
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, Mar&iacute;a Mart&iacute;n, psic&oacute;loga, afirma que el 's&iacute;ndrome del impostor', lejos de ser nombrado como s&iacute;ndrome y, considerado, por tanto, como patolog&iacute;a, deber&iacute;a tratarse como &ldquo;un comportamiento que se aprende y unas emociones que se asocian&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mart&iacute;n asegura que, aunque el sentimiento de impostor no es estrictamente similar a la depresi&oacute;n o la ansiedad, s&iacute; que guardan una estrecha relaci&oacute;n: &ldquo;Detr&aacute;s del s&iacute;ndrome del impostor hay miedo y el miedo es ansiedad&rdquo;, alega. En ese miedo irracional quiz&aacute; se encuentre la repercusi&oacute;n m&aacute;s devastadora que, en su opini&oacute;n, este puede ocasionar: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo dedicarte a un trabajo que te ayuda a levantarte feliz por las ma&ntilde;anas y a que la rutina no se te haga tan pesada puede convertirse en tu peor enemigo?&rdquo;, dice la psic&oacute;loga.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">María Martín, psicóloga, afirma que el &#039;síndrome del impostor&#039;, lejos de ser nombrado como síndrome y, considerado, por tanto, como patología, debería tratarse como &#039;un comportamiento que se aprende y unas emociones que se asocian</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text"><strong>El 's&iacute;ndrome de la impostora'</strong></h3><p class="article-text">
        Sin embargo, es evidente e innegable que, como dejan ver las investigaciones y testimonios p&uacute;blicos, por lo general, las mujeres tienen m&aacute;s bajas expectativas que los hombres respecto a sus &eacute;xitos. Tan solo hay que escuchar a una amiga, a una compa&ntilde;era, incluso a una jefa, para ser consciente de que las mujeres, especialmente las que tienen puestos de m&aacute;s responsabilidad, son las que mayor inseguridad sufren en cada paso que dan.
    </p><p class="article-text">
        En una <a href="https://es.ara.cat/estilo/sientes-tienes-lista-clase_130_3908771.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entrevista</a> con el Diario Ara, mujeres de distintas edades y &aacute;mbitos diferentes conversan sobre este fen&oacute;meno&nbsp;transversal, entre ellas la periodista y escritora <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/anna-pacheco-cuela-hoteles-lujo-turistas-ricos-igual-ruidosos-sucios_1_11213346.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Anna Pacheco</a>, copresentadora del p&oacute;dcast <em>Ciberlocutorio</em> y especializada en abordar temas sociales con perspectiva de clase y g&eacute;nero. Pacheco explica que, desde su punto de vista, el problema recae en c&oacute;mo est&aacute; repartida esta tendencia: &ldquo;El s&iacute;ndrome del impostor est&aacute; muy mal repartido. Casi siempre nos afecta a nosotras&rdquo;, destacando que se trata de un problema social determinado por un sesgo de g&eacute;nero. La periodista relaciona este comportamiento con el hecho de que a las mujeres &ldquo;se nos ha educado socioculturalmente en una manera de ser que est&aacute; anclada en el patriarcado&rdquo;, una concepci&oacute;n que tacha de incorrectas a aquellas mujeres que se expresan sin miedo ni reparo.
    </p><p class="article-text">
        Denisa Praje, psic&oacute;loga especializada en trastornos de la conducta alimentaria y conocida por sus reflexiones diarias en Twitter sobre psicolog&iacute;a y sociedad, comentaba al respecto <a href="https://x.com/psidenisa/status/1449401889636995072?s=48&amp;t=F68hK_VYZNKr5V9hoxTZYw" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en esta plataforma</a> que &ldquo;el s&iacute;ndrome del impostor en mujeres se mantiene, en parte, porque parece que es la &uacute;nica forma de que se nos perciba como humildes o modestas ('seguridad=soberbia') y que se nos reconozcan nuestras aptitudes&rdquo;.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1449401889636995072?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Andrea Ram&iacute;rez, estudiante de qu&iacute;mica y aficionada al boxeo, nos cuenta su experiencia al respecto en este deporte altamente masculinizado: &ldquo;Hemos sido educadas en un sistema que da la mano al patriarcado y que nos hace creer mediante la publicidad, la ense&ntilde;anza e incluso desde la propia instituci&oacute;n familiar, que las mujeres no damos la talla en casi nada&rdquo;.&nbsp;El boxeo, un deporte de presencia mayoritariamente masculina, es una de las m&uacute;ltiples realidades que potencian las barreras arquitect&oacute;nicas del techo de cristal y las mentales como el sentimiento de impostoras. Andrea lucha cada d&iacute;a en el ring con comentarios cargados de condescendencia que la empujan a la espiral de la desconfianza: &ldquo;Con este aluvi&oacute;n de inseguridades que nos inculcan desde que damos un salto a la realidad, los hombres nos dejan sin control y nos tienen controladas&rdquo;, a&ntilde;ade.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, ahonda en la cuesti&oacute;n trascendiendo desde el machismo encubierto tras falsa modestia hasta el sistema capitalista que tambi&eacute;n impregna nuestra sociedad. &ldquo;El capitalismo es el que soporta el peso del patriarcado. Saca el m&aacute;ximo beneficio del 's&iacute;ndrome del impostor' generando una competitividad t&oacute;xica entre nosotras que hace que vivamos infinitamente en un bucle de esfuerzo&rdquo;. Adem&aacute;s, el esfuerzo en el caso de las mujeres juega por partida doble, tal y como sostiene la psic&oacute;loga Mar&iacute;a Mart&iacute;n: &ldquo;Las mujeres, aparte de demostrar su val&iacute;a en el trabajo, tiene que demostrar su val&iacute;a en un mundo de hombres&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Es tambi&eacute;n una cuesti&oacute;n de clase</strong></h3><p class="article-text">
        Stephanie Land, la mujer cuyas memorias protagonizaron<em> La asistenta</em>, pon&iacute;a de relieve en una <a href="https://elpais.com/smoda/feminismo/stephanie-land-criada-la-asistenta-netflix-entrevista.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entrevista</a> en S Moda un tema que cala hondo en el universo de los impostores: la clase social. &ldquo;La gente pobre asume que no puede sentir o merecer cosas bellas&rdquo;. Land se hizo famosa por plasmar en su obra las batallas que libr&oacute; para sacar adelante a su hija con 28 a&ntilde;os, sin ahorros y con el peso de haber vivido una relaci&oacute;n violenta, todo ello deambulando entre viviendas de acogida y pisos cochambrosos que pagaba con lo que le daban por limpiar casas. Tras su publicaci&oacute;n empez&oacute; a gozar de unos privilegios que como clase trabajadora no contemplaba anteriormente: &ldquo;Cuando vol&eacute; en primera clase sent&iacute; estar atrapada en un lugar al que no pertenec&iacute;a. Me hac&iacute;a sentir un fraude, o m&aacute;s bien mi yo del pasado un fraude, o de alguna manera ambas versiones de m&iacute; fraudulentas a la vez&rdquo;, dice en la entrevista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En relaci&oacute;n con esto, Cristina Barrial, doctoranda de antropolog&iacute;a social, <a href="https://www.elsaltodiario.com/salud-mental/sindrome-impostor-signo-nuestro-tiempo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">afirmaba</a> en 2021 para el El Salto que la meritocracia se ha convertido en otro factor latente en el v&iacute;nculo que predomina entre clase social y el llamado 's&iacute;ndrome del impostor'. La doctora comenta que el discurso de la meritocracia no valora las dificultades a&ntilde;adidas que dependen de la situaci&oacute;n econ&oacute;mica: &ldquo;No quiere decir que no sirvas para esto, sino que no puedes hacerlo de otra manera porque no tienes recursos. La sensaci&oacute;n de no estar a la altura depende mucho de la clase social&rdquo;.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="6889738238701964546"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Las periodistas Ruchika Tulshyan y Jodi-Ann Burey trasladaron el tema un paso m&aacute;s all&aacute; de la perspectiva capitalista y de g&eacute;nero, abord&aacute;ndolo como una tendencia planteada err&oacute;neamente desde sus or&iacute;genes: &ldquo;El s&iacute;ndrome del impostor dirige nuestra visi&oacute;n hacia arreglar a las mujeres en el trabajo en lugar de arreglar los lugares donde trabajan las mujeres&rdquo;, <a href="https://hbr.org/2021/02/stop-telling-women-they-have-imposter-syndrome" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">escriben</a> en Harvard Business Review. Desde que escucharon por primera vez este t&eacute;rmino hace aproximadamente una d&eacute;cada, siempre han recriminado la falta de toma de conciencia por parte de Clance e Imes respecto al sesgo de g&eacute;nero y el racismo estructural, pues en su estudio se centraban exclusivamente en factores como la din&aacute;mica familiar y la socializaci&oacute;n de g&eacute;nero, ignorando otros indicios de desigualdad como el racismo sist&eacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Lisa Factora-Borchers, autora y activista filipina-estadounidense, revelaba en una <a href="https://www.newyorker.com/magazine/2023/02/13/the-dubious-rise-of-impostor-syndrome" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">conversaci&oacute;n</a> con The New Yorker a prop&oacute;sito del tema sentir cierto resquemor en sus entra&ntilde;as cada vez que escuchaba hablar sobre el 's&iacute;ndrome del impostor' a sus colegas blancos: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo puedes pensar que eres un impostor cuando todos los moldes fueron hechos para ti?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En una entrevista con elDiario.es, la novelista gr&aacute;fica Quan Zhou tambi&eacute;n ahondaba en esta idea: <a href="https://www.eldiario.es/era/la-agridolce-vita-quan-zhou_1_10691012.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;No conozco ninguna mujer racializada que no padezca el s&iacute;ndrome de la impostora&rdquo;</a>, dec&iacute;a. &ldquo;El s&iacute;ndrome de la impostora me viene al preguntarme si es suficiente lo que publico, por ejemplo (...) Hay un dicho que es 'ojal&aacute; nacer con la autoestima de un hombre blanco mediocre' (risas). No todas partimos del mismo sitio y este reconocimiento ayuda a paliar ese 'no valgo suficiente' o 'quiz&aacute;s lo que cuento no es tan importante o tan v&aacute;lido'. En Estados Unidos se llaman <em>identity politics</em><em><strong> </strong></em>o creaciones identitarias. Me pregunto si yo valgo porque soy china. A m&iacute; me sirvi&oacute; de mucho el mirar con amor mi camino&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Todos estos sentimientos que experimentamos como v&iacute;ctimas del fen&oacute;meno del impostor son, en &uacute;ltima instancia, el resultado del sistema en el que (sobre)vivimos, m&aacute;s que una consecuencia psicol&oacute;gica. Es el sistema el que nos hace vivir en guerra con tres preguntas protagonistas de nuestras peores pesadillas: qu&eacute; somos para nosotros mismos, qu&eacute; somos para el mundo y c&oacute;mo entiende el mundo aquello que somos.&nbsp;Si nos paramos a pensarlo, al final este fen&oacute;meno es un poco como esa madre que te dice 'es que no quiero que te salga mal y sufras'. Pero ni siquiera las madres tienen siempre la raz&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Torvisco Alzás]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/sindrome-de-la-impostora_1_11222634.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Mar 2024 22:13:06 +0000]]></pubDate>
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