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    <title><![CDATA[elDiario.es - Silvia Marte]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/silvia-marte/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Silvia Marte]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Estafada en el Entierro de la Sardina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/estafada-entierro-sardina_132_11276731.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cfeac19e-d1b3-4bc1-b2f5-51154d1f2b6f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Estafada en el Entierro de la Sardina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hombres, solo hombres. Está prohibido que las mujeres suban a las carrozas porque siempre ha sido así. ¿Lo sabías? Me parece tan caduco. Refleja tan bien de qué va toda esta historia, abanderada por la desigualdad y el clasismo</p></div><p class="article-text">
        El s&aacute;bado pasado fui con mi pareja e hijes a ver el Entierro de la Sardina, en parte porque una amiga nos ofreci&oacute; un balc&oacute;n con buenas vistas y tambi&eacute;n por rememorar aquellos a&ntilde;os en los que la hija era yo.  Este a&ntilde;o nos hab&iacute;a tocado currar y no hab&iacute;amos podido escaparnos de la ciudad. La verdad es que fuimos los cuatro con la intenci&oacute;n de disfrutarlo: llevamos nachos con guacamole, salchicha seca y pipas que no pod&iacute;an faltar para sobrellevar la espera al gran desfile que pon&iacute;a el broche de oro a la semana de primavera murciana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las calles del Infante estaban abarrotadas de personas que se organizaban en l&iacute;neas interminables de sillas. Sorprendida, llegu&eacute; a contar hasta nueve filas. Hab&iacute;a mucha m&aacute;s gente que el a&ntilde;o anterior.&nbsp;Muchas de ellas eran familias con peque&ntilde;ines de todas las edades. Y, entre pitos y luces led cual luci&eacute;rnagas, llegaba la noche y nosotros cuatro, como buenos murcianos, aguard&aacute;bamos en nuestro palco ser sorprendidos como ni&ntilde;os por la magia de la cabalgata.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes de empezar, un grupo sardinero acompa&ntilde;ado por una batucada coreaba a pleno pulm&oacute;n: &ldquo;&iexcl;Alcohol, alcohol, hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual!&rdquo;.&nbsp;Y esa ser&iacute;a, a mi parecer, la frase que lo define todo.
    </p><p class="article-text">
        El desfile comenzaba con un ba&ntilde;o de bolsas de pl&aacute;stico regaladas por empresas de bebidas energ&eacute;ticas y casas de apuestas, un pr&oacute;logo muy visual de los valores que apuntalan esta fiesta. Publicidad, pl&aacute;stico y m&aacute;s publicidad y m&aacute;s pl&aacute;stico que dio paso a una dilatada muestra del poder&iacute;o de la polic&iacute;a local y nacional que mostraban sus s&uacute;per veh&iacute;culos y caballos con una representatividad femenina que no alcanzaba ni el 10% en el cuerpo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras la fiesta empezaba la gente ten&iacute;a ganas de juerga, estaba entregada, vitoreaba a los 'polis' y tambi&eacute;n al empleado de limpieza que ten&iacute;a como misi&oacute;n recoger los excrementos de los cuadr&uacute;pedos. Eso estuvo bien.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s, algo dif&iacute;cil de entender, una ristra de camiones y <em>trailers </em>agred&iacute;an con sus bocinas a la multitud, especialmente a los m&aacute;s peque&ntilde;os. Recuerdo a mis hijos de tres y a&ntilde;o a&ntilde;os tap&aacute;ndose los o&iacute;dos y mir&aacute;ndome con cara de s&uacute;plica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s publicidad, m&aacute;s pl&aacute;sticos y, por fin, comenz&oacute; el espect&aacute;culo. Estaban los de siempre con sus tenedores y sus cabezones monstruosos. Hombres recreando luchas violentas entre gladiadores, mujeres hermosas saludando desde las carrozas y plumas de todos los colores bailando al un&iacute;sono. Una carroza de un zoo local en la que se cantaban canciones de animales infantiles, un gran gorila que amenazaba la libertad de la peque&ntilde;a mujer que hac&iacute;a peripecias a&eacute;reas colgada con una tela de uno de sus brazos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo esto nos preparaba para el plato fuerte, las carrozas, esas naves espaciales de purpurina en las que los dioses del Olimpo murcianos, -hombres, de clase alta, blancos y heterosexuales, vestidos con unos trajes muy <em>kitsch</em> y con un cubata, como complemento, en la mano- hacen felices al resto de la poblaci&oacute;n tir&aacute;ndoles juguetes y pelotas de pl&aacute;stico, m&aacute;s publicidad y m&aacute;s pl&aacute;stico. Gratis para todas y todas las murcianas, que eso no falte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hombres, solo hombres. Est&aacute; prohibido que las mujeres suban a las carrozas porque siempre ha sido as&iacute;. &iquest;Lo sab&iacute;as? Me parece tan caduco. Refleja tan bien de qu&eacute; va toda esta historia, abanderada por la desigualdad y el clasismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es que este a&ntilde;o vi por las calles a mujeres vestidas de sardineras y ten&iacute;a la ilusi&oacute;n de poder verlas tambi&eacute;n subidas a las carrozas. Pero qu&eacute; va. Me reconozco una ilusa por pensar que Murcia avanza en igualdad y destruye tradiciones patriarcales y discriminatorias o, al menos, intenta maquillar que en materia de igualdad estamos en el<em> bottom </em>de Europa. Qu&eacute; verg&uuml;enza que esto siga siendo as&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque todos esos sardineros tienen mujeres que, probablemente, disfrutar&iacute;an igual que ellos de esos momentos de subid&oacute;n total de estar ah&iacute; arriba tirando balones al ritmo de <em>reggaeton</em>. Pero no les est&aacute; permitido por el simple hecho de ser mujer. Tal vez aleguen que si estamos all&iacute; arriba les podemos distraer de su importante tarea. Ya se sabe que somos un peligro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pesar de los grupos que aportaron la ilusi&oacute;n y el color en el desfile, ech&eacute; en falta m&aacute;s belleza, m&aacute;s sensibilidad a la hora de ofrecer la magia del espect&aacute;culo a grandes y peque&ntilde;os. Me hubiese gustado mucho encontrar en ese desfile a las personas que lideran iniciativas que hacen de Murcia un lugar mejor como la asociaci&oacute;n contra el c&aacute;ncer o la plataforma Murcia en Bici, por ejemplo. Para que pudi&eacute;ramos aplaudirles por su labor. Eso me hubiera gustado explicar a mis hijes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como no pod&iacute;a ser de otra forma, todo ese disparate acababa con un gran castillo de fuegos artificiales. &iquest;D&oacute;nde? All&iacute; junto al r&iacute;o, el hogar de las garzas, los cormoranes y los &aacute;nades que acaban de tener a sus cr&iacute;as. Eso s&iacute; que es un espect&aacute;culo, ver a la mam&aacute; pata con sus patitos nadando detr&aacute;s. Pero que nadie se equivoque, esto es Murcia, y hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; m&aacute;s bolsas de cart&oacute;n, menos coches de polic&iacute;a y m&aacute;s circo, m&aacute;s artistas y m&aacute;s talento local, que hay mucho y muy bueno. Ojal&aacute; menos toneladas de pl&aacute;sticos y desechos. Ojal&aacute; m&aacute;s sardineras y m&aacute;s personas diversas subidas a esas carrozas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mira que amo Murcia, pero lo siento, el a&ntilde;o que viene a m&iacute; no me pilla. Esta fiesta no me representa. &iquest;Y a ti? 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Silvia Marte]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Apr 2024 04:00:58 +0000]]></pubDate>
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