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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juanpe Sánchez López]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juanpe-sanchez-lopez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juanpe Sánchez López]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Poner los libros en el centro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/poner-libros-centro_129_11361762.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/43e7808b-e0a4-46d5-9769-9f6a0ac54093_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Poner los libros en el centro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Por qué me aburren cada vez más todas estas interacciones en las redes sociales? ¿Se ha acabado —al menos para mí— el debate online? Creo que hay cierto empecinamiento en tomar el lugar de enunciación como casi único elemento interpretativo de la literatura</p><p class="subtitle">¿Son los clásicos intocables o se pueden reescribir? Una pregunta pendiente tras lo que Barthes llama “la muerte del Autor”
</p></div><p class="article-text">
        Estas &uacute;ltimas semanas han surgido y resurgido debates en torno a los lugares de enunciaci&oacute;n dentro de la literatura. Por un lado, <a href="https://www.elmundo.es/la-lectura/2024/04/19/661fe7f821efa031778b45c0.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el discutid&iacute;simo art&iacute;culo escrito por Aloma Rodr&iacute;guez en El Mundo</a> sobre un supuesto bum de las escritoras espa&ntilde;olas y su asimilaci&oacute;n por parte del mercado. Por otro, <a href="https://blogs.elconfidencial.com/cultura/mala-fama/2024-02-26/800-paginas-hazana-fallida-sara-barquinero_3836367/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la cr&iacute;tica de Alberto Olmos a la &uacute;ltima novela de Sara Barquinero</a>, <em>Los escorpiones </em>(Lumen, 2024), que queriendo parecer brutalmente honesta, acaba pos&aacute;ndose en los mismos clich&eacute;s y herramientas que ha utilizado hist&oacute;ricamente la cr&iacute;tica literaria masculina para desprestigiar e invisibilizar la escritura de las mujeres, como se&ntilde;ala <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/formas-historicas-ridiculizar-escritoras_1_1853978.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joanna Russ en su ensayo</a> <em>C&oacute;mo acabar con la escritura de las mujeres </em>(Dos Bigotes y Barrett, 2018). 
    </p><p class="article-text">
        Y, durante esas publicaciones, <a href="https://www.revistavanityfair.es/articulos/sara-torres-entrevista-la-seduccion-libro" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las respuestas de la escritora Sara Torres en una entrevista en Vanity Fair</a> sobre la honestidad de marcar la procedencia del lugar de enunciaci&oacute;n &mdash;en t&eacute;rminos de clase, g&eacute;nero y sexualidad&mdash; suscitaron un debate en Twitter (o X) en el que se discut&iacute;a si esa misma honestidad sobre el lugar desde donde se escribe y se habla debe ser celebrada o si, por otra parte, se podr&iacute;a estar creando una m&iacute;stica del propio espacio de enunciaci&oacute;n &mdash;que puede ser no solo inalcanzable para muchas personas, sino incluso violento o da&ntilde;ino para las vidas, las escrituras y los accesos a la escritura de muchas vidas&mdash;. Y mientras que me parecen interesant&iacute;simas las cuestiones que se abren en torno a la literatura y su relaci&oacute;n intr&iacute;nseca a las identidades y al mercado y a los deseos y necesidades de los consumidores y lectores &mdash;que a veces en nuestro sistema capitalista son tristemente lo mismo&mdash;, las preguntas me asaltan: &iquest;Por qu&eacute; me aburren cada vez m&aacute;s todas estas interacciones en las redes sociales? &iquest;Se ha acabado &mdash;al menos para m&iacute;&mdash; el debate online?
    </p><p class="article-text">
        No es solo una intuici&oacute;n que las redes sociales, y especialmente Twitter, se han convertido en lugares dedicados a lo reactivo y al mon&oacute;logo exterior: por la limitaci&oacute;n que tenemos en sus caracteres para explicarnos, s&iacute;; pero sobre todo porque hay un cerramiento a la conversaci&oacute;n que el propio algoritmo premia. Por ejemplo: un &ldquo;me gusta&rdquo; a un post obtiene un impulso de visualizaci&oacute;n treinta veces mayor que un comentario, produciendo que lo que m&aacute;s se nos muestre en nuestras pantallas sean publicaciones a las que se reacciona y no en s&iacute; las conversaciones que se generan. Y esa recompensa se ha traspasado a las mec&aacute;nicas interactivas de la red social, que est&aacute;n m&aacute;s dirigidas al &ldquo;zasca&rdquo; que a una intenci&oacute;n genuina de conversaci&oacute;n, de debate, de la fricci&oacute;n que promete un movimiento y que &mdash;s&iacute;, un poco cursi, pero es verdad&mdash; nos transforma porque nos hace pensar y cuestionarnos. 
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                    alt="Las redes sociales se han convertido en prescriptoras de libros"
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            <span class="title">
                Las redes sociales se han convertido en prescriptoras de libros                            </span>
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        Por otro lado &mdash;y esto es lo que verdaderamente me aburre&mdash; creo que hay cierto empecinamiento en tomar el lugar de enunciaci&oacute;n como casi &uacute;nico elemento interpretativo de la literatura. Qui&eacute;n es una &mdash;y uso el femenino como marca de g&eacute;nero consciente&mdash; se toma no solo como tarjeta de entrada a la obra y lo que gira alrededor de la obra sino como centro de discusi&oacute;n, incluso desplazando a la propia obra del coraz&oacute;n del an&aacute;lisis. 
    </p><p class="article-text">
        No hay m&aacute;s que ver que todo libro de cierto &eacute;xito debe ir acompa&ntilde;ado y enfajado de un discurso cr&iacute;tico impoluto que el escritor o la escritora han de defender y hacer por que no se tambalee lo m&aacute;s m&iacute;nimo. La obra literaria ha de ser defendida desde un discurso extratextual y, muchas veces, extraliterario. Porque la literatura y los libros hablan de cosas de fuera de los libros, s&iacute;; pero tambi&eacute;n &mdash;y esto es una intuici&oacute;n&mdash; porque estamos &aacute;vidos de discursos que nos quiten la ansiedad que crea la incertidumbre moral: &iquest;qu&eacute; deber&iacute;a pensar?, &iquest;por qu&eacute; esto est&aacute; bien o mal?, &iquest;cu&aacute;l es el camino a seguir? 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Esto que voy a decir, por otro lado, no es nada nuevo y lo muestra maravillosamente Pau Luque en su ensayo </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>Las cosas como son y otras fantas&iacute;as </em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">(Anagrama, 2020): la literatura es un discurrir imaginativo, el lugar donde disfrazarse de uno mismo &mdash;haciendo hincapi&eacute; en el matiz que nos da el disfraz como algo construido, artificioso y festivo&mdash; o donde poder ser otro, incluso muchos otros. Y la literatura &mdash;al menos aquella que me interesa&mdash; supone un espacio que se abre a la contradicci&oacute;n, a la pregunta, invita a cuestionarnos qu&eacute; somos, por qu&eacute; actuamos as&iacute; y c&oacute;mo se ligan fantasiosa y fant&aacute;sticamente las palabras y las cosas. El lugar desde el que nos enunciamos, por supuesto, es important&iacute;simo para determinar qu&eacute;, a qui&eacute;n, c&oacute;mo y por qu&eacute; s&iacute; o por qu&eacute; no escribimos. </span>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No hay ni siquiera una forma literaria que no esté determinada por quiénes somos, de dónde venimos, con quiénes y a quiénes hablamos, con quiénes y cómo podemos hablar</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">En este sentido, no hay relaci&oacute;n social, cultural y afectiva que no est&eacute; determinada por una relaci&oacute;n de clase, g&eacute;nero, raza y discapacidad, entre otras disposiciones sociales, culturales y econ&oacute;micas. No hay ni siquiera una forma literaria que no est&eacute; determinada por qui&eacute;nes somos, de d&oacute;nde venimos, con qui&eacute;nes y a qui&eacute;nes hablamos, con qui&eacute;nes y c&oacute;mo podemos hablar. Es decir, vida y literatura est&aacute;n &iacute;ntimamente ligadas. Y, sin embargo, siento que las din&aacute;micas que se imponen en las redes sociales y en el periodismo erosionan los debates y las conversaciones valiosas y dinamizadoras sobre lo literario. &iquest;No estamos cayendo casi forzadamente en la trampa de hablar en t&eacute;rminos de subg&eacute;neros literarios?, &iquest;&ldquo;literatura LGTB&rdquo;?, &iquest;&ldquo;la escritura de las mujeres&rdquo;? &iquest;No estamos cerrando las etiquetas &mdash;a veces rozando lo esencialista&mdash; que impiden que muchas de las voces desplazadas hist&oacute;ricamente no formen parte del relato de la Literatura con may&uacute;sculas?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">A este respecto Monique Wittig, en su famoso ensayo </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>El pensamiento heterosexual</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">, expresa la preocupaci&oacute;n de que las autoras no heterosexuales sean le&iacute;das solo a partir de su lugar de enunciaci&oacute;n y de sus tem&aacute;ticas: &ldquo;Escribir un texto que tenga entre sus temas la homosexualidad es una apuesta, es asumir el riesgo de que en cualquier momento el elemento formal que es el tema sobredetermine el sentido, acapare todo el sentido, en contra de la intenci&oacute;n del autor, que quiere ante todo crear una obra literaria&rdquo;. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Su preocupaci&oacute;n parte de que si nos fijamos &uacute;nica o generalmente en esos aspectos, estas obras y autoras sean &mdash;como ya ha sucedido en muchos otros momentos en la historia de la literatura&mdash; tratadas como un nicho, como un subg&eacute;nero literario injusto que no les permita participar de las conversaciones y de las discusiones de la Literatura. Tomados los libros como s&iacute;mbolos, le&iacute;dos desde un punto de vista exacto, el texto pierde la polisemia, pierde toda la capacidad de explotar en mil sentidos, su ambig&uuml;edad, su fricci&oacute;n, su capacidad de acci&oacute;n.</span>
    </p><h3 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:transparent;">Matar a las autoras</span></h3><p class="article-text">
        Para no cerrar las obras, para no encerrar nuestros debates en mon&oacute;logos, una propuesta tentativa: &iquest;no deber&iacute;amos, tal y como hizo Roland Barthes en su art&iacute;culo <em>La muerte del autor</em>, matar a las autoras? Me refiero a, de forma figurada, desplazar una posici&oacute;n que parece demasiado trascendente en nuestros debates. Es decir, alejarnos de una fijaci&oacute;n casi forzada a mirar y a interpretar desde el lugar de enunciaci&oacute;n, desde la identidad; dejar de tomar la biograf&iacute;a, el relato o la imagen autoral como clave interpretativa si no &uacute;nica al menos muy importante. Esto no quiere decir, por supuesto, que ese lugar no sea un espacio abierto a la cr&iacute;tica y al cuestionamiento y/o que tenga relevancia en nuestro pensamiento literario e incluso que sea constitutivo, pero s&iacute; poder desplazarlo de su hegemon&iacute;a para poner las obras y los libros en el centro. No se malinterprete: esto tampoco quiere decir la invisibilizaci&oacute;n del origen del trabajo de las autoras sino un intento de esparcirnos en la complejidad riqu&iacute;sima que ofrecen las obras literarias.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Esta muerte hipot&eacute;tica de las autoras quiz&aacute;s signifique no llegar a un ansiado centro, sino multiplicar los centros, dislocarlos, desviarlos, agrandarlos, hacerlos imposibles. Quiz&aacute;s suponga dejar de tomar el sujeto universal como lo masculinizado &mdash;entre otras posiciones sociales y culturales&mdash; e igualarlo con los dem&aacute;s lugares de enunciaci&oacute;n, desestabiliz&aacute;ndolo. Y a partir de ah&iacute; poder ampliar qu&eacute; significa la Literatura, qu&eacute; implica, qui&eacute;n puede y qui&eacute;n no puede acceder a ella. Quiz&aacute;s esto suponga agotar la motivaci&oacute;n de que el tema o el lugar de enunciaci&oacute;n, como apuntaba Wittig, dejen de determinar (tanto) la interpretaci&oacute;n, no ahoguen la pluralidad de sentidos. Y as&iacute; poder decir: &ldquo;este texto es incre&iacute;ble&rdquo; o &ldquo;este texto es una mierda&rdquo;, pero que est&eacute; primando en nuestro juicio no tanto qui&eacute;n lo escribi&oacute; sino c&oacute;mo lo escribi&oacute;. Que la vida de quien escribe no le quite vida al texto. Poner los libros en el centro para que dejen de estar siempre los mismos en el centro.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanpe Sánchez López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/poner-libros-centro_129_11361762.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Jun 2024 19:30:46 +0000]]></pubDate>
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