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    <title><![CDATA[elDiario.es - Rosario López]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/rosario-lopez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Rosario López]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La ambigüedad de los mares]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/ambiguedad-mares_1_12382125.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1a10a51b-7414-4027-baf8-084171f92ce0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ambigüedad de los mares"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Poetas y gentes del mar dicen, a veces, "la mar". Algunos piensan que el mar es lo que es; y la mar, aquello en lo que se está  </p><p class="subtitle">Del traje de luces al traje de rayas: la sastrería de la composición de palabras
</p></div><p class="article-text">
        Cuando echo de menos el mar en Madrid, me preparo un bocadillo de at&uacute;n y busco consuelo. Digo el <em>mar</em>, pero en realidad echo de menos un mar muy concreto, un mar oc&eacute;ano, como en el que pensaba Rafael Alberti cuando escribi&oacute; &ldquo;el mar, la mar&rdquo; en su <em>Marinero en tierra</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em>Mar viene del lat&iacute;n mare, </em>que era un sustantivo neutro. En espa&ntilde;ol, podemos decir <em>la mar</em> o <em>el mar</em>. <em>Mar </em>es nombre ambiguo en cuanto al g&eacute;nero, del mismo modo que lo es <em>az&uacute;car </em>o <em>arte</em>.Tambi&eacute;n <em>el calor</em> o <em>la calor</em>.
    </p><p class="article-text">
        Hay que distinguir los sustantivos ambiguos de los comunes (los segundos tienen la misma forma para masculino y femenino, son los art&iacute;culos o adjetivos los que determinan el g&eacute;nero, <em>el/la pianista</em>) y de los epicenos (cuya forma es &uacute;nica y con un solo g&eacute;nero gramatical designan seres de uno u otro sexo: <em>perdiz </em>puede ser hembra o macho, pero gram&aacute;ticamente solo es correcto decir: <em>una perdiz, un pez</em>).
    </p><p class="article-text">
        Los sustantivos ambiguos no cambian de significado por decirse en masculino o en femenino; pero la elecci&oacute;n de uno u otra, <em>el mar</em>, <em>la mar</em>, da informaci&oacute;n del hablante, de su origen, de su registro e, incluso, revela su oficio.
    </p><p class="article-text">
        No es extra&ntilde;o escuchar <em>la mar</em> entre gentes del mar y entre poetas. No est&aacute; claro cu&aacute;l es el motivo, si no fue pura intuici&oacute;n, por el que Alberti elige a veces el masculino: &ldquo;Gimiendo por ver el mar, /un marinerito en tierra&rdquo;, y otras, el femenino: &ldquo;Algas frescas de la mar, algas, algas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El acad&eacute;mico y almirante Eliseo &Aacute;lvarez-Arenas, en su <em>Canto al mar</em>, dijo que el mar es lo que es, mientras que la mar es eso en lo que se est&aacute;; e hizo estas distinciones sobre dos esencias en su <em>El espa&ntilde;ol ante el mar</em>: &ldquo;Lo atl&aacute;ntico es bruma y viento duro, agua frecuente y ola larga y poderosa, masa acuosa cansada de recorrer el oc&eacute;ano originada en remoto conf&iacute;n; lo mediterr&aacute;neo es claridad y c&eacute;firo blando, lluvia escasa y onda estrecha y empenachada de espuma gr&aacute;cil y ligera, tiempo local de variaci&oacute;n r&aacute;pida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Estas palabras las recog&iacute;a en su discurso de ingreso a la Real Academia Espa&ntilde;ola el traductor Miguel S&aacute;enz, al ocupar el sill&oacute;n de &Aacute;lvarez-Arenas. Aprovechaba para hablar tambi&eacute;n del poeta alem&aacute;n de ra&iacute;ces andaluzas Jos&eacute; E. A. Oliver, quien recordaba lo que le cont&oacute; su abuelo: que cuando los pescadores de M&aacute;laga volv&iacute;an con las redes repletas hablaban de <em>la mar</em>; que cuando lo hac&iacute;an sin nada, dec&iacute;an <em>el mar</em>. Probablemente, Ernest Hemingway se suicid&oacute; sin saber que opinaba como estos pescadores. Ahora querr&iacute;a dec&iacute;rselo yo, para enraizarlo un rato a un trozo de tierra y recordarle que en <em>El viejo y el mar</em>, su protagonista, Santiago, se preguntaba por qu&eacute; har&iacute;an p&aacute;jaros demasiado delicados para la mar, y a&ntilde;ad&iacute;a el narrador: &ldquo;Dec&iacute;a siempre la mar. As&iacute; es como le dicen en espa&ntilde;ol cuando la quieren. A veces los que la quieren hablan mal de ella, pero lo hacen siempre como si fuera una mujer [&hellip;] y como algo que conced&iacute;a o negaba grandes favores, y si hac&iacute;a cosas perversas y terribles era porque no pod&iacute;a remediarlo. La luna, pensaba, le afectaba lo mismo que a una mujer&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Del mar, marejada. Del mar, los mares. Del mar, Mar, nombre de mujer. Del mar, marea, mira si la <em>marea baja</em>, y entonces el gaditano dice que est&aacute; <em>vac&iacute;a</em>, y <em>llena </em>cuando est&aacute; <em>alta</em>.
    </p><p class="article-text">
        Santiago pesc&oacute; un gran pez, pero no tuvo fuerzas para subirlo a su esquife, lo devoraron los tiburones y regres&oacute; a tierra con el esqueleto. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado, se dice. &ldquo;Me cago en la mar&rdquo;, habr&iacute;a pensado un Santiago de un pueblo cerca del m&iacute;o. Por mucho que las espinas demostraran su haza&ntilde;a, no podr&iacute;a vender el pescado, no podr&iacute;a comprarse una almohada y dejar de dormir sobre su pantal&oacute;n enrollado con peri&oacute;dicos de ayer. De ni&ntilde;a pensaba que <em>cagarse en la mar</em> era como no cagarse en nada, porque el mar es tan inmenso que lo esconde todo, y uno se queja para que lo escuchen, &iquest;no? Pensaba. Ayer.
    </p><p class="article-text">
        Todo en el tibur&oacute;n es hermoso, menos sus mand&iacute;bulas. Todo en el viejo Santiago era viejo, menos sus ojos, que vieron los tiburones en <em>alta mar</em> (o <em>altamar </em>o mar <em>ancha</em>), la parte del mar que est&aacute; a bastante distancia de la costa, aunque no s&eacute; muy bien cu&aacute;nto es bastante cuando se habla del mar, quiz&aacute; el lugar del que es posible no regresar con vida, especialmente si eres un viejo pescador con un temblor en la mano que se enmara en un esquife. Qu&eacute; hermoso verbo es <em>enmararse</em>, hace que a una se le olviden colmillos y espinas.
    </p><p class="article-text">
        Teniendo en cuenta que no es extra&ntilde;o el uso del femenino entre marineros, no lo es tampoco que encontremos sus estados en femenino, con frecuencia seg&uacute;n grados de peligrosidad: <em>mar arbolada</em> (muy agitada, con olas que sobrepasan los seis metros), <em>mar calma</em> o <em>en bonanza</em> o <em>de leche</em> (sosegada, sin agitaci&oacute;n), <em>mar gruesa</em> (con olas de hasta seis metros), <em>mar picada</em>,<em> mar rizada</em>, <em>mar brava</em>, la brava mar, o expresiones como<em> hacerse a la mar</em>, <em>la mar de bien</em> &mdash;que tan dif&iacute;cil se le hace traducir a Google y me regala una peque&ntilde;a risa: <em>&ldquo;the sea of good</em>&rdquo;&mdash;, <em>hablar de la mar</em>, para hacer planes o proyectos prematuramente o hablar de cosas que todav&iacute;a son improbables, ilusorias o imposibles, seg&uacute;n Mar&iacute;a Moliner. Pero en cambio decimos, en masculino: <em>estar hecho un mar de dudas</em>, cuando no podemos tomar una decisi&oacute;n; <em>estar hecho un mar de l&aacute;grimas</em>, cuando nos desborda la pena; o <em>arar en el mar</em>, que es lo que parece cuando son in&uacute;tiles, incluso, los mayores esfuerzos.
    </p><p class="article-text">
        No hace demasiado, el mar en las provincias de interior era un asunto tan abstracto como la palabra <em>ausencia </em>para un ni&ntilde;o. Por eso, a algunas personas muy mayores que nacieron lejos del mar les pregunto como un ni&ntilde;o buscando en el diccionario: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es el mar?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El mar ser&aacute; muy ancho y muy grande. Pero sobre todo hondo. El agua estar&aacute; m&aacute;s caliente que la de los r&iacute;os. Y debe ser muy salada. El mar es donde se va a ba&ntilde;os. Por &eacute;l pasan los barcos. Al lado habr&aacute; alguna casilla, para secarse cuando salen de ba&ntilde;arse. En la orilla debe haber arena&rdquo;. As&iacute; defin&iacute;a una alumna de un pueblo de Burgos el mar, al que le prometi&oacute; que la llevar&iacute;a su profesor, Antoni Benaiges. Les prometi&oacute; a sus escolares el mar, pero estall&oacute; la Guerra Civil y Benaiges fue fusilado.
    </p><p class="article-text">
        Hay quienes mueren sin ver el mar, como el escritor Rafael Cansinos Assens, que escribi&oacute; sobre el mar sin conocerlo. Qu&eacute; poder el del mar para ser imaginado, &iquest;porque vinimos del mar todos?
    </p><p class="article-text">
        Como si fuera la primera vez que lo veo, que descubro que el mar es un buen mont&oacute;n de lejos reunido, que una ola es su gesto; cuando echo de menos el mar, mi mar, el estado del que soy, cojo fuerzas y lo escribo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosario López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/ambiguedad-mares_1_12382125.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jun 2025 20:25:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ambigüedad de los mares]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cada uno estornuda como Dios le ayuda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/estornuda-dios-le-ayuda_1_11972876.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ce962132-9434-4bc9-8202-f27dbe90e3b0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cada uno estornuda como Dios le ayuda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sobre el ‘cuerpo cortao’, ‘estar maluquillo’, el origen de ‘trancazo’ y otras palabras relacionadas con la gripe, el resfriado y nuestra mortalidad</p><p class="subtitle">Archiletras | Todo es lengua - Los cerdos del sur europeo hoy damos lecciones al norte
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Tu cuerpo ser&aacute; m&iacute;o, te llevar&eacute; a la cama, te har&eacute; sudar, temblar y te dejar&eacute; sin fuerzas. Atentamente, la gripe&rdquo;. Es un mensaje que circula por redes sociales y que define muy bien los s&iacute;ntomas de la enfermedad. 
    </p><p class="article-text">
        La palabra <em>gripe </em>est&aacute; registrada desde 1897 en espa&ntilde;ol, proviene del franc&eacute;s <em>grippe</em>, que, seg&uacute;n el <em>Diccionario etimol&oacute;gico</em> de Joan Corominas, deriva del t&eacute;rmino suizo-alem&aacute;n <em>gr&uuml;pi</em>, y este de <em>gr&ucirc;pe</em>, y significa: agacharse, acurrucarse; temblar de fr&iacute;o; o, tambi&eacute;n, estar enfermo y encontrarse mal. 
    </p><p class="article-text">
        Antes de que <em>grippe </em>en franc&eacute;s tuviera el significado de la enfermedad, seg&uacute;n Juan Carlos Moreno Cabrera en <em>Spanish is different</em>, era sin&oacute;nimo de capricho, fantas&iacute;a repentina. Lo relaciona con el verbo de origen germ&aacute;nico <em>gripper</em>, que traduce como &ldquo;atrapar&rdquo;, &ldquo;agarrar&rdquo;, y nos conduce al ingl&eacute;s <em>grip</em>, que significa lo mismo, y al sustantivo <em>grip</em>, que nos habla, adem&aacute;s, de &ldquo;firmeza&rdquo;. Etimol&oacute;gicamente, <em>enfermo </em>es aquel que no est&aacute; firme. Deriva del lat&iacute;n <em>infirmus</em>, compuesto por el prefijo privativo <em>in-</em> y el adjetivo <em>firmus</em>. &iquest;Ser&aacute; por eso que, cuando estamos enfermos, sentimos que podemos deshacernos, que nos desbaratamos como la caca de un pajarito?
    </p><p class="article-text">
        A la gripe tambi&eacute;n se le conoce como <em>gripa</em>, en M&eacute;xico y Colombia, o como <em>influenza </em>en algunos otros pa&iacute;ses latinoamericanos, proveniente del italiano <em>influenza</em>, atestiguada en esta lengua desde 1282, seg&uacute;n el <em>Diccionario hist&oacute;rico de la lengua espa&ntilde;ola</em>, con el valor de: acci&oacute;n ejercida por los astros sobre el destino humano o sobre los fen&oacute;menos naturales o clim&aacute;ticos terrestres; y, m&aacute;s tarde, como influjo, y como enfermedad infecciosa caracterizada por fiebre, cefalea, desarreglos intestinales y afectaci&oacute;n de las v&iacute;as respiratorias. Viene del lat&iacute;n medieval <em>influentia</em>, de <em>influere</em>. Se cre&iacute;a que un fluido o un influjo celestial era el causante de esta dolencia, que tiene s&iacute;ntomas parecidos al <em>resfriado</em>, tambi&eacute;n <em>resfr&iacute;o </em>en Am&eacute;rica, pero con diferencias en las maneras de aparecer y en lo que pueden una y otro desencadenar. 
    </p><p class="article-text">
        Un simple constipado aparece de manera m&aacute;s gradual y dif&iacute;cilmente desemboca en <em>neumon&iacute;a </em>o <em>bronquitis</em>. La virulencia de la gripe deja al cuerpo m&aacute;s <em>mortal</em>, menos <em>firme</em>. A la gripe, coloquialmente, tambi&eacute;n se le conoce como <em>trancazo</em>. Puede que tenga algo que ver con el golpe que literalmente significa la palabra. Claro que a nadie le amarga un cuento: la leyenda muestra un origen mucho m&aacute;s interesante. Cuentan que Mar&iacute;a Cristina de Borb&oacute;n-Dos Sicilias, la famosa de &ldquo;Mar&iacute;a Cristina me quiere gobernar&rdquo;, regresaba a la alcoba tras encontrarse con su amante, un sargento de la guardia de Corps, y una de sus damas de confianza le pregunt&oacute; si no hab&iacute;a salido perdiendo con el cambio, pues su esposo, y tambi&eacute;n t&iacute;o, que aquella noche estaba con gripe, Fernando VII, era conocido en palacio por el tama&ntilde;o de su sexo, a lo que la reina contest&oacute;: &ldquo;No creas, el sargento Mu&ntilde;oz tambi&eacute;n tiene un buen trancazo&rdquo;. Al parecer, el rey la oy&oacute; y le pidi&oacute; explicaciones. Entonces Mar&iacute;a Cristina se invent&oacute; que en la provincia del sargento, en Cuenca, se le llamaba as&iacute; a la gripe. El doctor, que estaba all&iacute;, le sigui&oacute; la corriente a Mar&iacute;a Cristina, y desde entonces lleg&oacute; el t&eacute;rmino trancazo a nuestros d&iacute;as. Verdad o no, el cuento hace el malestar m&aacute;s llevadero.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de tener cuidado con quien est&aacute; delante si uno habla del trancazo del amante, hay que ser cauteloso con decir que est&aacute; <em>constipado </em>delante de un italiano, un ingl&eacute;s o un franc&eacute;s, porque pensar&aacute;n que les estamos dando una informaci&oacute;n que, con casi toda probabilidad, no les interesa. <em>Constipado </em>es lo que se conoce como falso amigo, podr&iacute;an traducirlo como: &ldquo;estre&ntilde;ido&rdquo;, que es lo que significa <em>constipatio </em>en italiano; <em>constip&eacute; </em>en franc&eacute;s; y <em>constipated </em>en ingl&eacute;s. <em>&ldquo;Too much information</em>&rdquo;, respondi&oacute; un amigo guiri reci&eacute;n llegado a Espa&ntilde;a a su casero, cuando este le cont&oacute; que ten&iacute;a la voz tomada por el constipado. Por cierto que <em>guiri</em>, el extranjero tipo y bastante blanquito, proviene del vasco <em>guiristino</em>, cristino, y es como se llamaba a los partidarios de la regente. La segunda acepci&oacute;n del diccionario lo explica: &ldquo;En las guerras civiles del siglo XIX, partidario de la reina Cristina. Era usado tambi&eacute;n para designar a los liberales, y en especial a los soldados del Gobierno&rdquo;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Además de tener cuidado con quien está delante si uno habla del trancazo del amante, hay que ser cauteloso con decir que está constipado delante de un italiano, un inglés o un francés, porque pensarán que les estamos dando una información que, con casi toda probabilidad, no les interesa. Constipado podrían traducirlo como &quot;estreñido&quot;</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Constipado viene del lat&iacute;n <em>constipatio</em>, del verbo <em>constipo</em>, cuyo significado es &ldquo;estrechar&rdquo;, &ldquo;encerrar&rdquo;. Seg&uacute;n Corominas, en espa&ntilde;ol <em>constipar </em>adquiri&oacute; el sentido de acatarrarse en el siglo XIX, porque cuando uno se resfr&iacute;a se estrechan las v&iacute;as respiratorias, igual que les pasa a otros conductos fisiol&oacute;gicos, a los intestinos, con el estre&ntilde;imiento.
    </p><p class="article-text">
        Algunas teor&iacute;as relacionan el estre&ntilde;imiento con el miedo. Entonces me acuerdo de aquella expresi&oacute;n que le dicen al ni&ntilde;o travieso, tras su trastada y esa cara de bueno, como si no fuera el responsable de la fechor&iacute;a: &ldquo;Mucho miedo y muy poca verg&uuml;enza&rdquo;. &iquest;Hablar&iacute;an en palacio de <em>obrar</em>, <em>dar de cuerpo</em>, <em>defecar</em>?, &iquest;c&oacute;mo llamar&iacute;an al asunto de ir al ba&ntilde;o? Escatol&oacute;gico viene del griego <em>skat&oacute;s</em>, excremento, y <em>-log&iacute;a</em>, la ciencia que estudia&hellip; en este caso ya se sabe. Quiz&aacute; porque cada a&ntilde;o regresa, el resfriado tiene tantos sin&oacute;nimos. Tambi&eacute;n se le llama <em>catarro</em>, del lat&iacute;n tard&iacute;o <em>catarrhus</em>, y este del griego <em>kat&aacute;rrhoos</em>, de <em>katarrh&eacute;o</em>, fluir hacia abajo, dice Mar&iacute;a Moliner. Corre (un l&iacute;quido) de arriba abajo, especifica Corominas.
    </p><p class="article-text">
        No se considera <em>fiebre </em>si el enfermo no pasa de los 37 grados, <em>febr&iacute;cula </em>hasta los 38, que antes se comprobaban con esos term&oacute;metros de mercurio que hab&iacute;a que sacudir. Ahora han de ser electr&oacute;nicos y, cuando han terminado de tomar la temperatura corporal, pitan: 35,6 grados cent&iacute;grados bajo el ala izquierda de este cuerpo que escribe. En algunos lugares, a la fiebre se le conoce como <em>calentura</em>. Hablamos del fen&oacute;meno patol&oacute;gico, no de la excitaci&oacute;n sexual. La palabra <em>axila</em>, espacio que transita el term&oacute;metro con frecuencia cuando estamos enfermos, proviene del lat&iacute;n <em>axilla</em>, eje, ala; pero <em>sobaco</em>, que significa lo mismo aunque suena muy diferente, es de origen incierto. Corominas explica que quiz&aacute; pueda deberse a un cruce de las dos voces latinas <em>subala </em>(debajo del ala) y <em>subhircus </em>(debajo del arco). Al fin y al cabo, concavidad entre el brazo y el cuerpo. Tambi&eacute;n de <em>sobaco </em>viene el nombre de una parte del olivo, aquella a la que llegamos alzando los brazos, desde la tierra: las <em>sobaqueras</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de la <em>calentura</em>, la tos puede impedir dormir; la tos es la m&uacute;sica que el cuerpo produce para expulsar lo que no desea. La tos, en ocasiones tan intensa que parece que nos va a desgarrar las costillas, al d&iacute;a siguiente nos regala agujetas en el <em>abdomen</em>, t&eacute;rmino que parece proceder de <em>abdere</em>, &ldquo;ocultar&rdquo;. El abdomen esconde nuestras v&iacute;sceras y la ropa esconde nuestro abdomen; la tos consigue escaparse por la boca, como <em>s&iacute;ntoma </em>que dura. 
    </p><p class="article-text">
        Curiosamente, <em>s&iacute;ntoma </em>tiene el mismo origen que <em>as&iacute;ntota</em>. S&iacute;ntoma proviene del verbo <em>sympiptein</em>, &ldquo;coincidir juntos&rdquo;, &ldquo;coincidir con&rdquo;. Son, entonces, los s&iacute;ntomas que coinciden los que determinan el diagn&oacute;stico: resfriado o gripe. La <em>as&iacute;ntota </em>es para unos la recta que se aproxima permanentemente a una curva sin alcanzar a tocarla y, para otros, la curva que se acerca a la recta. En cualquier caso y con el prefijo privativo <em>a</em>, viene a significar: que no coincide, que no cae junto. A la <em>farmacia</em>, que antes era <em>botica</em>, si la tos insiste, vamos a por un <em>jarabe</em>, palabra que proviene del &aacute;rabe andaluc&iacute;, <em>&scaron;ar&aacute;b</em>, &ldquo;poci&oacute;n&rdquo;, derivada a su vez de <em>&scaron;&aacute;rib</em>, &ldquo;beber&rdquo;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Además de la calentura, la tos puede impedir dormir; la tos es la música que el cuerpo produce para expulsar lo que no desea. La tos, en ocasiones tan intensa que parece que nos va a desgarrar las costillas, al día siguiente nos regala agujetas en el abdomen, término que parece proceder de abdere, &quot;ocultar&quot;. El abdomen esconde nuestras vísceras y la ropa esconde nuestro abdomen; la tos consigue escaparse por la boca, como síntoma que dura</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Cristina y el sargento no solo coincidieron una vez, sino que terminaron cas&aacute;ndose y tuvieron cinco hijos y tres hijas. Seguramente, poseer&iacute;an pa&ntilde;uelos bordados para sonarse los mocos. M&aacute;s que echar, las personas se suenan los mocos o se los comen. Recuerdo a una ni&ntilde;a disfrutando de su moco, de espaldas al padre. Se cruzaba conmigo. &ldquo;&iquest;Todo bien, Natalia?&rdquo;, pregunt&oacute; el padre. La ni&ntilde;a, despu&eacute;s de terminarse su moco, se puso el mismo dedo en la boca para rogarme que le guardara el secreto: &ldquo;Todo bien, papi&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si Natalia seguir&aacute; ocultando su placer, si ya usar&aacute; pa&ntilde;uelos bordados o si habr&aacute; experimentado el sentido figurado que se le dio a <em>comerse los mocos </em>(fracasar), antes usado mucho para quien no ligaba: comerse los mocos, no comerse ni una rosca. A veces el fracaso en algo nos reconduce hacia el &eacute;xito. A veces un resfriado nos convierte en lectores y de lectores nacen escritores.
    </p><p class="article-text">
        <em>Cada uno estornuda como Dios le ayuda</em>, dice un refr&aacute;n que G&oacute;ngora glosa en una letrilla. En todos los barrios hay quien recibe mucha ayuda del todopoderoso y, con sus estornudos, parece que derribar&aacute; nuestras casas. Cuando el vecino m&aacute;s escandaloso estornuda, el vecindario grita &ldquo;&iexcl;Jes&uacute;s!&rdquo;, una costumbre que surgi&oacute; como ruego, como un modo de pedir a los dioses por la salud del enfermo. Un estornudo no era se&ntilde;al de buen augurio. 
    </p><p class="article-text">
        Mejor pecar de inoportuno que de inhumano, preguntar c&oacute;mo est&aacute;s al otro, si ya consigui&oacute; echar del todo el malestar, si su cuerpo est&aacute; libre y no tomado, desde la voz, por la gripe. La madre de la escritora Herta M&uuml;ller siempre le preguntaba antes de salir si llevaba un pa&ntilde;uelo. Ella no cog&iacute;a nunca el pa&ntilde;uelo para que su madre le hiciese la pregunta cada ma&ntilde;ana. Cuidar viene del lat&iacute;n <em>cogitare</em>, &ldquo;pensar&rdquo;. Pensar en un hombre, escribi&oacute; Roberto Juarroz, se parece a salvarlo.
    </p><p class="article-text">
        Voz, en griego, es <em>phon&eacute;</em>, y lleva adentro <em>phosy nous</em>, que quiere decir &ldquo;luz y pensamiento&rdquo;. Por tanto, como cuenta Pedro Olalla en <em>Palabras del Egeo</em>, la voz es la luz que hace visible el pensamiento. La voz <em>tomada</em>, la voz <em>constipada </em>suena m&aacute;s nost&aacute;lgica, m&aacute;s nasal, incluso, dir&iacute;amos, m&aacute;s triste, como met&aacute;lica. El modo en el que hablamos tambi&eacute;n cuenta el modo en el que el cuerpo est&aacute;. Lo emocional no est&aacute; apartado de lo f&iacute;sico. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando la sanidad p&uacute;blica era ciencia ficci&oacute;n, se dec&iacute;a: &ldquo;El dinero se va en un resfriado&rdquo;, literal o exageradamente, buscando maneras y remedios para evitar nuestra penosa mortalidad, algo que ten&iacute;an muy presente los griegos antiguos, quienes llamaban al ser humano <em>brotos</em>, &ldquo;el mortal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pedro Pay&aacute;n establece categor&iacute;as para el diagn&oacute;stico de nuestro organismo, siguiendo el uso popular gaditano, de mejor a peor, as&iacute;: <em>tener el cuerpo cortao</em>, <em>tener el cuerpo disgustao</em>, <em>estar maluquillo</em>, <em>estar malo</em>, <em>estar enfermo</em>. &ldquo;De aqu&iacute; se pasa ya a estirar la pata o hincar el pico&rdquo;. No estaremos mal del todo, aun entre toses, mocos, estrechamientos y p&eacute;simos amores, mientras las ganas de re&iacute;r permanezcan. &iexcl;Salud!&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosario López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/estornuda-dios-le-ayuda_1_11972876.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jan 2025 21:12:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cada uno estornuda como Dios le ayuda]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lenguaje,Lingüística,Español,Gripe]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el principio era el delirio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/principio-delirio_1_11652864.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dd7e3d35-e6db-4c01-9657-2d77ea87be38_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En el principio era el delirio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunas palabras sobre el desvío, la rutina, el cansancio y el compromiso</p><p class="subtitle">El español encuentra eco en el Himalaya
</p></div><p class="article-text">
        Te arremangas y preparas el brazo izquierdo. &ldquo;No te preocupes, tienes muy buenas venas&rdquo;, te dice la enfermera tras limpiarte la flexura del codo, colocar una cinta de goma como compresor y palpar. Cuando le cuentas para qu&eacute; son las anal&iacute;ticas, asiente y a&ntilde;ade: &ldquo;Todos estamos muy cansados&rdquo;. Te pincha. 
    </p><p class="article-text">
        El verbo <em>cansar </em>viene del lat&iacute;n <em>campsare</em>, que significaba: doblar un cabo en la navegaci&oacute;n, desviarse del camino. Leyendo a Mar&iacute;a Zambrano entiendes que en el principio no fue el verbo, sino el <em>delirio</em>; habla de la creaci&oacute;n como un modo de pasar, m&aacute;s que de lo posible a lo real, de lo imposible a lo verdadero. Lo verdadero contiene verdad. Hay ficciones que te permiten re&iacute;r y llorar y tus babas y tus l&aacute;grimas son flujo que tocas. 
    </p><p class="article-text">
        En su delirio, don Quijote sent&iacute;a ese mundo que estaba viendo y a la vez creando, acompa&ntilde;ado de su escudero. Pero despert&oacute; y muri&oacute;, pese al ruego de Sancho: &ldquo;No se muera vuestra merced, se&ntilde;or m&iacute;o, sino tome mi consejo y viva muchos a&ntilde;os, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin m&aacute;s ni m&aacute;s, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancol&iacute;a&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Dice Marina Garc&eacute;s en <em>El tiempo de la promesa</em> que hay dos maneras de relacionarse con los inicios: buscar el origen o encontrar los comienzos, y que la promesa no es un discurso; la promesa es una acci&oacute;n de la palabra, &ldquo;quiz&aacute; una forma de delirio&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Ya las personas no <em>apalabran </em>asuntos demasiado importantes, firman contratos para amarrar esa verdad que quieren; pero no hace tanto en los pueblos la palabra compromet&iacute;a. Tambi&eacute;n se usaba <em>apalabrado </em>como sin&oacute;nimo de prometido para casamiento. El mismo Cervantes, en la <em>Novela de la gitanilla</em>, escribi&oacute; por boca de Andr&eacute;s: &ldquo;Se&ntilde;ora doncella, yo estoy apalabrado para casarme, y los gitanos no nos casamos sino con gitanas; <em>gu&aacute;rdela </em>Dios por la merced que me quer&iacute;a hacer&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ndo fue la &uacute;ltima vez que prometiste o te prometieron algo?, pregunta Garc&eacute;s. &iquest;Cu&aacute;les son los compromisos contigo misma?, te preguntas t&uacute;, para mantener el vigor mientras esperas los resultados. <em>Delirar </em>fue tomado del lat&iacute;n <em>delirare</em>. <em>Lirare </em>es hacer surcos con el arado en la tierra, roturar, por lo que <em>delirar</em>, literalmente, es salirse de la <em>lira</em>, del surco. Quien se sale del camino, se sale de lo com&uacute;n, no siempre para algo honroso. <em>Raro </em>viene de <em>rarus</em>, poco numeroso, poco frecuente. De la capacidad de <em>delirio</em>, muy relacionada con la capacidad de ver lo que no est&aacute; como si fuera una vena que pinchas y de la que extraes sangre, secretos y rutinas, depende en buena medida la capacidad de nuevas realidades, de un comienzo. 
    </p><p class="article-text">
        El <em>cansancio </em>es lo que experimentas cuando te faltan las fuerzas, cuando te has fatigado. Lo contrario, su ant&oacute;nimo, es <em>descanso</em>. &ldquo;No puedo dormir, / el cansancio es / como hierba suelta / por el cuerpo&rdquo;, escribi&oacute; el nobel de Literatura Jon Fosse. La segunda acepci&oacute;n del diccionario para cansancio habla del hast&iacute;o, del tedio, del aburrimiento. Lo contrario es inter&eacute;s. Por suerte, tu rutina no te aburre. 
    </p><p class="article-text">
        Aburrir viene del lat&iacute;n <em>abhorr&#275;re</em>, derivado de <em>horr&#275;re</em>, erizarse. Aburrir y aborrecer eran sin&oacute;nimos en la Edad Media; seg&uacute;n Corominas, la distinci&oacute;n moderna entre <em>aborrecer </em>y <em>aburrirse </em>no aparece, m&iacute;nimo, hasta el siglo XVI. Tambi&eacute;n hay rutinas que te tranquilizan.
    </p><p class="article-text">
        La palabra <em>rutina </em>proviene del franc&eacute;s <em>route</em>, y este del lat&iacute;n <em>rupta</em>, un camino abierto en el bosque, y tambi&eacute;n el participio de <em>rumpere</em>, romper. Subes las escaleras, t&uacute; no vives en un bosque, vives en un cuarto sin ascensor. No hay modo de evitar los pelda&ntilde;os, pero no tienes que romper ramas a machetazos para hacer camino, y oyes la &uacute;ltima palabra que ha llamado tu atenci&oacute;n, la pronuncias, como quien canta, que escuchen tus vecinos: <em>alb&oacute;rbola</em>. Tu mal espanta. Tu cansancio no imposibilita tu capacidad de asombro; y disfrutas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Aburrir viene del latín abhorrēre, derivado de horrēre, erizarse. Aburrir y aborrecer eran sinónimos en la Edad Media; según Corominas, la distinción moderna entre aborrecer y aburrirse no aparece, mínimo, hasta el siglo XVI. También hay rutinas que te tranquilizan.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Lo que siente alguien que dice estar <em>reventado </em>parece m&aacute;s inabarcable, m&aacute;s violento que lo que siente quien solo est&aacute; <em>cansado</em>. &ldquo;Est&aacute;s m&aacute;s movida que una enjalma&rdquo;, dec&iacute;a tu abuela, que siempre vivi&oacute; en la misma casa y en el mismo pueblo, donde sigue habiendo un Barrio Fatiga, &ldquo;porque la gente pas&oacute; mucha fatiga para tener sus casitas&rdquo;, y una calle llamada Malasma&ntilde;anas, <em>&ldquo;porque cuando llov&iacute;a, como llov&iacute;a antiguamente</em>, en esa cuesta te enfangabas hasta los ojos&rdquo;. Mar&iacute;a Moliner recoge en su diccionario lo que significa <em>andaluzada</em>: cosa propia de andaluces, particularmente, exageraci&oacute;n. Las buenas exageraciones iluminan. Las malas, enfangan. <em>Enjalma</em>, del &aacute;rabe, designa a una especie de aparejo para los animales de carga, es decir, para las bestias. Celebras que en la sangre que riega tu imaginario la bestia no sea un monstruo, sino un animal cansado en la voz de tu abuela, que a&uacute;n sientes. &ldquo;&iexcl;<em>Gu&aacute;rdate</em>!&rdquo;, te repet&iacute;a cuando el coronavirus campaba a sus anchas. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tener cuidado de algo o de alguien, vigilarlo y defenderlo&rdquo;. Es la primera acepci&oacute;n de <em>guardar</em>. Entonces, mientras llegas al segundo piso, recuerdas cuando una ni&ntilde;a de cinco a&ntilde;os te pregunt&oacute; qu&eacute; es defender y no supiste decirle en su idioma que quiz&aacute; sea proteger tu naturaleza, por lo que es necesario conocerse, revisarse. 
    </p><p class="article-text">
        No es igual pedir a alguien que se cuide dici&eacute;ndole &ldquo;cu&iacute;date&rdquo; que &ldquo;prom&eacute;teme que vas a cuidarte&rdquo;. En lo segundo, te involucras; en lo primero, ordenas, el compromiso generado es menor, piensas, mientras sigues subiendo. Diversi&oacute;n viene del lat&iacute;n <em>diversio</em>: acci&oacute;n y efecto de entretener, alejar o dirigir la atenci&oacute;n del enemigo a otro lado. En los or&iacute;genes de <em>diversi&oacute;n</em>, as&iacute;, tambi&eacute;n est&aacute; el <em>desv&iacute;o</em>. En pandemia, los discursos pol&iacute;ticos hablaban del enemigo, aunque no estuvi&eacute;semos en guerra. Escribi&oacute; Kallifatides: &ldquo;La mayor&iacute;a de las desgracias que nos golpean se deben a que intentamos vivir una vida que nuestra alma no aguanta&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Para atravesar el camino de la <em>angustia </em>&mdash;de angostura, dificultad&mdash;, para que lo que te traiga por <em>la calle de la amargura</em> desaparezca, para alcanzar el tercer piso m&aacute;s liviana, hay que mantener el desv&iacute;o en forma, darle una senda ancha, jugar como si tuvieras cinco a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Alb&oacute;rbola </em>es sin&oacute;nimo de algazara, una voz, de una o muchas personas, que nace de la alegr&iacute;a. <em>Algazara </em>viene, tambi&eacute;n, del &aacute;rabe cl&aacute;sico, <em>&#7713;az&#257;rah</em>, abundancia, palabra que suena a lo que significa. Sonr&iacute;es mientras metes la llave en la puerta, por fin llegaste al cuarto piso. El sof&aacute; sigue aqu&iacute;, si&eacute;ntate, escucha tu pulso. Ni siquiera tienes anemia, sabr&aacute;s en una semana. Gu&aacute;rdate, sigue creyendo en tu palabra. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosario López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/principio-delirio_1_11652864.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Sep 2024 20:04:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Lenguaje,Lingüística]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Melilla, más faro que valla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/melilla-faro-valla_1_11375643.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cabcdbf5-7b86-48c6-b242-7c4e0ca60428_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Melilla, más faro que valla"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El idioma oficial de Melilla es el español, pero la lengua amazigh es la que habla mayoritariamente el pueblo de origen bereber en la ciudad autónoma  </p><p class="subtitle">Archiletras - ‘Adiós’ es a veces ‘hasta luego’ en política, por Arsenio Escolar
</p></div><p class="article-text">
        Una de las primeras palabras que un ni&ntilde;o necesita aprender a decir es agua. En Melilla, ciudad espa&ntilde;ola situada en &Aacute;frica, con unos 80.000 habitantes, la mitad de la poblaci&oacute;n en sus casas dice y escucha <em>aman</em>, que es agua en tamazight, la lengua amazigh que habla mayoritariamente el pueblo de origen bereber en la ciudad aut&oacute;noma. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Bereber </em>significa <em>b&aacute;rbaro</em>, mientras que <em>imazighen </em>quiere decir <em>hombres libres</em>. Lo recuerda Mohamed Hamm&uacute;, fundador de La Casa de la Palabra Rife&ntilde;a, que quisiera que Melilla fuera valorada porque en apenas doce kil&oacute;metros cuadrados se mezclan muchos mundos. 
    </p><p class="article-text">
        Lamenta la situaci&oacute;n de diglosia, del espa&ntilde;ol sobre la lengua del pueblo amazigh, la superioridad del mundo occidental, y que a&uacute;n se extra&ntilde;en, fuera de Melilla, de lo bien que habla espa&ntilde;ol. &ldquo;Es que soy espa&ntilde;ol&rdquo;, les contesta. Espa&ntilde;ol de origen amazigh. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando yo llegu&eacute; a Melilla, donde viv&iacute; unos a&ntilde;os, pregunt&eacute; c&oacute;mo el tamazight no era tambi&eacute;n lengua oficial. Me miraron con extra&ntilde;eza, llevaba la inocencia del reci&eacute;n llegado, compraba agua a Driss, al que tambi&eacute;n llamaban Andr&eacute;s. Hamm&uacute; bromea y dice que alg&uacute;n Mohamed termin&oacute; aceptando ser llamado Jaime. Mi jefe en el peri&oacute;dico era Mustafa, no Mustaf&aacute;, como tendemos a tildar la palabra en la pen&iacute;nsula, que tan poco y tan mal mira a Melilla, la diminuta gran desconocida.
    </p><p class="article-text">
        Hamm&uacute; lamenta que la ciudad mire al mar Mediterr&aacute;neo buscando un horizonte que no le corresponde en lealtad emocional. El tamazight, aunque es fundamentalmente una lengua oral de m&aacute;s de mil cuatrocientos a&ntilde;os, se escribe de izquierda a derecha, al contrario que el &aacute;rabe. El tamazight es de origen camita, mientras que el &aacute;rabe es de origen semita, como el hebreo. Puede que haya personas en Melilla que reciten el Cor&aacute;n de memoria, como un canto, sin conocer su verdadero mensaje. Porque el tamazight no es &aacute;rabe. Hamm&uacute; ya no vive en Melilla, pero es melillense y, por tanto, espa&ntilde;ol, que hablaba tamazight con sus padres. Como ya murieron y ahora &eacute;l vive en Moguer, se encuentra a veces hablando solo en su lengua familiar, como un modo de recuperar la ni&ntilde;ez, la casa. 
    </p><p class="article-text">
        El idioma oficial de Melilla es el espa&ntilde;ol, as&iacute; como la lengua vehicular en los colegios. La ciudad tiene una tasa de abandono escolar superior a la del pa&iacute;s, que ya es superior a la europea, y buena parte de este abandono comienza en el origen. 
    </p><p class="article-text">
        Elvira Molina, profesora de la Universidad de Granada y exdocente en Melilla, donde vivi&oacute; 14 a&ntilde;os, recuerda c&oacute;mo al inicio de las clases se dec&iacute;a de los escolares de origen amazigh: &ldquo;Estos ni&ntilde;os no saben hablar&rdquo;, c&oacute;mo esa frase resonaba en su cabeza. No sab&iacute;an o no quer&iacute;an hablar, pero en espa&ntilde;ol, precisaban un entorno que no les recordara que hablar su lengua estaba prohibido. Puso en marcha el proyecto Alehop para facilitar la confianza en el aula. &ldquo;No puedes obligar a hablar a nadie. Lo &uacute;nico que puedes hacer es crear un ambiente que motive que los ni&ntilde;os te quieran contar cosas y, si te quieren contar cosas, te lo van a contar de la forma que sea&rdquo;. Insiste en la importancia de considerar que la lengua es m&aacute;s que la graf&iacute;a. Recuerda c&oacute;mo un ni&ntilde;o que no hablaba empez&oacute; a hacerle cosquillas, tras ella acariciarlo. Explica que, a trav&eacute;s de retah&iacute;las sencillas para abrir el apetito por la lengua, todos se sienten parte de la misma canci&oacute;n y aprenden el idioma aceptado institucionalmente. En una parte del proyecto, los escolares hac&iacute;an de maestros, ense&ntilde;aban a Elvira su lengua amazigh, comprobaban que su torpeza no era &uacute;nica, que todos somos ni&ntilde;os en una lengua extranjera. Dejaban de sentirse incapaces.
    </p><p class="article-text">
        <em>Iwa</em>, en tamazight, es un saludo, como un modo de decir &ldquo;hola, &iquest;qu&eacute; tal?&rdquo;, y el nombre del festival que se celebra en septiembre, en el que la cultura amazigh es la protagonista. Dice Hamm&uacute; que el pueblo amazigh no tiene una palabra para el Mediterr&aacute;neo, pero que en &aacute;rabe significa &ldquo;el mar blanco de en medio&rdquo;. El blanco es el color del luto para los musulmanes, aunque insiste en desvincular la nacionalidad de la religi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En el Mediterr&aacute;neo cay&oacute; la madre embarazada de un ni&ntilde;o que lleg&oacute; del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes al colegio, estando Elvira de maestra. Al principio, solo era un negro al que los otros ni&ntilde;os no quer&iacute;an tocar. Al terminar de contar su relato, m&aacute;s con gestos que palabras, le dijeron: &ldquo;&iexcl;T&uacute; eres un h&eacute;roe!&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El espa&ntilde;ol que se habla en Melilla es muy andaluz; de hecho, la ciudad aut&oacute;noma perteneci&oacute; administrativamente a M&aacute;laga. Pero tambi&eacute;n hay mucho funcionariado y periodistas de toda Espa&ntilde;a, por lo que, en un sitio tan peque&ntilde;o, pueden escucharse acentos muy distintos. Quien en Melilla ha vivido ya no ve a Melilla como el resto de los espa&ntilde;oles, tan desconocida, tan lejana; y sabe que <em>cirila </em>es una horquilla, que <em>ziriguizo </em>es como se le llama a la rayuela, que Melilla antes fue nombrada Rusadir, que no es el lugar que se asalta a trav&eacute;s de una valla, sino el faro al que llegan muchos en busca de esperanza.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosario López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/melilla-faro-valla_1_11375643.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 May 2024 20:38:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Melilla, más faro que valla]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lenguaje,Lingüística]]></media:keywords>
    </item>
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