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    <title><![CDATA[elDiario.es - Yago Álvarez Barba]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/yago-alvarez-barba/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Yago Álvarez Barba]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los problemas genéticos del sueño económico europeo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/problemas-geneticos-sueno-economico-europeo_129_11390245.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/45e6a031-baa9-42e2-bbec-c9c796a39412_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los problemas genéticos del sueño económico europeo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una integración que cojea en todo lo social, la falta de una política fiscal común (el presupuesto de la UE equivale solo al 1% de su PIB), la existencia de paraísos fiscales dentro de la propia Europa y una política monetaria obsesionada con la inflación, lastran las posibilidades de aumentar los mecanismos de acción conjunta y reducir la desconfianza</p><p class="subtitle">Brexitland: la sombría vida en el Reino Unido fuera de la Unión Europea</p></div><p class="article-text">
        La Uni&oacute;n Europea se plante&oacute; como un club de pa&iacute;ses que colaborar&iacute;an por el avance com&uacute;n y la convergencia de sus econom&iacute;as, pero sus fallos estructurales acabaron por acentuar las desigualdades y avivar la competencia entre ellos.
    </p><p class="article-text">
        El comercio y el movimiento de capitales se encuentran en los propios cimientos de la Uni&oacute;n Europea. Tras el shock de la II Guerra Mundial, la canalizaci&oacute;n de fondos del Plan Marshall y en medio de una &eacute;poca donde las principales potencias mundiales hicieron caso finalmente a Keynes impulsando la econom&iacute;a desde la inversi&oacute;n p&uacute;blica y creando los estados de bienestar, seis pa&iacute;ses decidieron formar un acuerdo para regular el mercado de la energ&iacute;a y del acero. Alemania, B&eacute;lgica, Francia, Italia, Luxemburgo constituyen en 1951 la Comunidad del Carb&oacute;n y del Acero (CECA).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los art&iacute;fices de aquel gran acuerdo &ldquo;no hablaban tan solo de un mercado &uacute;nico&rdquo;, explica el historiador belga y doctor en Ciencias Pol&iacute;ticas por la Universidad de Lieja Eric Toussaint, &ldquo;sino de un espacio de paz y de un modelo social&rdquo;. Una meta que, seg&uacute;n Toussaint, ha quedado muy desdibujada: &ldquo;En realidad la construcci&oacute;n ha sido sobre la idea del mercado &uacute;nico y los sue&ntilde;os de una Europa social han fracasado. Todos los tratados contienen obligaciones para los Estados en relaci&oacute;n a la deuda, el d&eacute;ficit o la libre competencia&hellip; pero no hay casi nada al respecto a los derechos laborales o medioambientales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aquel proyecto del sue&ntilde;o de la Europa social y sin guerras tambi&eacute;n ocultaba otros objetivos que no eran tan visibles en los discursos pol&iacute;ticos. &ldquo;Se estaba creando un muro de contenci&oacute;n contra la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica&rdquo;, explica Iv&aacute;n Ayala, profesor de Econom&iacute;a Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos. De hecho, la desintegraci&oacute;n del bloque sovi&eacute;tico acelera los procesos de integraci&oacute;n europea. &ldquo;Hasta entonces, todos los tratados tienen alg&uacute;n punto de car&aacute;cter social que intenta generar ese bloque de contenci&oacute;n, como los estados de bienestar &ndash;dice Ayala&ndash;, pero hay un antes y un despu&eacute;s en los tratados desde el de Maastricht, que es el primero que se firma tras la ca&iacute;da, en 1992, y donde se pone toda la carne en el asador con la creaci&oacute;n del Banco Central Europeo (BCE), la convergencia macroecon&oacute;mica y las pol&iacute;ticas fiscales&rdquo;, en lo que el economista define como una &ldquo;neoliberalizaci&oacute;n de la UE&rdquo;, impulsada &ldquo;porque la ideolog&iacute;a dominante ya hab&iacute;a ganado, por lo que ya no hab&iacute;a razones para seguir desarrollando ese estado de bienestar&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Los fondos de cohesi&oacute;n&nbsp;</strong></h3><p class="article-text">
        En la columna de cosas positivas de la uni&oacute;n se encuentran las pol&iacute;ticas de cohesi&oacute;n, como los Fondos Europeos de Desarrollo Regional (FEDER), el Fondo Social Europeo, los Fondos de Cohesi&oacute;n y los Fondos Agr&iacute;colas y de Desarrollo Rural. &ldquo;Espa&ntilde;a e Irlanda han sido los pa&iacute;ses que m&aacute;s se han beneficiado de los fondos de cohesi&oacute;n&rdquo;, explica el economista y profesor de la Universidad de Alcal&aacute; Daniel Fuentes Castro, que se pregunta d&oacute;nde estar&iacute;a Espa&ntilde;a si no fuera por las inversiones en infraestructuras que se pudieron realizar gracias a aquel flujo de ayudas europeas, al mismo tiempo que recuerda las carreteras gallegas y las tres horas que tardaba hace a&ntilde;os en ir en coche desde Vigo, su ciudad natal, a Ourense y que ahora se recorren en unos 50 minutos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dichas pol&iacute;ticas facilitan la convergencia entre pa&iacute;ses, reducen sus desequilibrios y reparten los beneficios de la integraci&oacute;n, tal y como explica L&iacute;dia Brun, economista que actualmente trabaja en el El Centro Com&uacute;n de Investigaci&oacute;n de la Comisi&oacute;n Europa, en un estudio titulado &ldquo;Transformaci&oacute;n econ&oacute;mica: Perspectivas desde la UE&rdquo; publicado en 2022. Adem&aacute;s, se&ntilde;ala, &ldquo;estimulan el crecimiento, entre otras razones porque compensan las externalidades de demanda que sufren los pa&iacute;ses deficitarios, y lo hace a cargo de los que tienen super&aacute;vit, sus principales beneficiarios&rdquo;.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Espa&ntilde;a y su lugar asignado en Europa</strong></h3><p class="article-text">
        El acceso a esos fondos y al mercado com&uacute;n tambi&eacute;n ten&iacute;a su contrapartida. Y aqu&iacute; fue donde llegaron los problemas para Espa&ntilde;a. El primero fue la desindustrializaci&oacute;n del pa&iacute;s. Los acuerdos en el seno de la UE fuerzan a que Espa&ntilde;a elimine ciertos sectores que consideraban perjudiciales, &ldquo;aunque en realidad lo que ocurr&iacute;a es que esos sectores le hac&iacute;an la competencia a Francia o Alemania&rdquo;, opina Ayala se&ntilde;alando ese gran poder que siempre han ejercido los dos pa&iacute;ses centroeuropeos sobre las decisiones y marcha de la Uni&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Durante ese tiempo sucede la especializaci&oacute;n econ&oacute;mica de los Estados miembros dentro del club europeo y a Espa&ntilde;a le toca una labor perif&eacute;rica y de poco valor a&ntilde;adido. &ldquo;A Espa&ntilde;a se nos prometi&oacute; entrar en la modernidad, pero con la desindustrializaci&oacute;n acabamos siendo consumidores de la industria del norte y oferentes de servicios de poco valor, como el turismo&rdquo;. Una relaci&oacute;n de intercambio que ha sido el germen de uno de los principales males de la econom&iacute;a europea: los d&eacute;ficits de los pa&iacute;ses del sur son los super&aacute;vits de los pa&iacute;ses del norte. Cuando ese dinero no encontraba circuitos de inversi&oacute;n para rentabilizarse, los sistemas financieros de esos pa&iacute;ses con super&aacute;vit prestaban a espuertas a los pa&iacute;ses del sur, lo que en Espa&ntilde;a fue una de las semillas de la burbuja inmobiliaria y sus desastrosas consecuencias.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Hola euro, adi&oacute;s soberan&iacute;a&nbsp;</strong></h3><p class="article-text">
        El proyecto europeo tuvo su pico y expresi&oacute;n m&aacute;xima con la adopci&oacute;n de la moneda &uacute;nica. Por primera vez, los habitantes de los distintos pa&iacute;ses ten&iacute;an algo realmente en com&uacute;n, aunque fuera la unidad monetaria con la que med&iacute;an valores. El mercado &uacute;nico y el uso de una &uacute;nica moneda tiene sus ventajas en el corto plazo para la mayor&iacute;a de los actores econ&oacute;micos. A las empresas se les abre las puertas a un mercado mucho mayor con una carga administrativa m&iacute;nima, favorece el comercio, la inversi&oacute;n extranjera y la estabilidad en el tipo de cambio (que se elimina frente al resto de pa&iacute;ses que usan la misma moneda) reduce riesgos cambiarios. Adem&aacute;s, la entrada en el Euro tuvo como notas positivas para Espa&ntilde;a la bajada de tipos de inter&eacute;s y el control de la inflaci&oacute;n. &ldquo;Espa&ntilde;a ten&iacute;a una menor credibilidad en t&eacute;rminos de pol&iacute;tica monetaria, y la importa de Alemania&rdquo;, afirma Ayala, lo que abarata y facilita su capacidad de financiaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero aquella integraci&oacute;n constitu&iacute;a una &ldquo;cesi&oacute;n de soberan&iacute;a muy poderosa&rdquo;, en palabras de Fuentes, ya que extra&iacute;a de los Estados y centralizaba en una sola instituci&oacute;n no democr&aacute;tica una de sus dos principales herramientas: la pol&iacute;tica monetaria. La entrada en la moneda &uacute;nica fue aplaudida en tiempos de bonanza y de un flujo de capitales que dejaron de encontrar muchas barreras al comercio, como los tipos de cambio fluctuantes. Pero en tiempos de crisis, la pol&iacute;tica monetaria es la principal herramienta contrac&iacute;clica que tienen los Estados. Si la crisis no afecta a todos por igual o no todos sufren los mismos desequilibrios, una pol&iacute;tica monetaria con &ldquo;un sesgo del control inflacionario y de los d&eacute;ficits como el alem&aacute;n que domina en la instituci&oacute;n&rdquo;, en palabras de Ayala, puede tener consecuencias desastrosas para el resto de econom&iacute;as.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias de todo ello se sufrieron en Espa&ntilde;a con la subida de tipos de inter&eacute;s que dieron como resultado el estallido de la burbuja inmobiliaria. Con la econom&iacute;a recalentada y la deuda de las familias y las empresas en niveles muy elevados, el BCE subi&oacute; los tipos de inter&eacute;s del euro desde el 2,25% a finales de 2005 hasta el 4,25% en julio de 2008, dos meses antes de la ca&iacute;da de Lehman Brothers y el pistoletazo de salida de la Gran Recesi&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Una integraci&oacute;n que cojea&nbsp;</strong></h3><p class="article-text">
        Aquel sue&ntilde;o europeo pasaba por unas pol&iacute;ticas comunes que formaran un bloque que funcionaba cada vez m&aacute;s al un&iacute;sono. Una verdadera uni&oacute;n que alcanzara la convergencia real en t&eacute;rminos sociales o de renta entre las poblaciones de los Estados miembro. Se complet&oacute; la uni&oacute;n monetaria con el euro, pero nunca se avanz&oacute; en la integraci&oacute;n fiscal. La pol&iacute;tica monetaria se centraliz&oacute; en una instituci&oacute;n, mientras que las pol&iacute;ticas fiscales de ingresos y gastos pertenec&iacute;a a cada pa&iacute;s, sin ning&uacute;n tipo de coordinaci&oacute;n. Un dise&ntilde;o incompleto que cojea. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para el profesor Fuentes, ese dise&ntilde;o incompleto es lo que provoca que tenga fallos. Pero, adem&aacute;s, se&ntilde;ala que &ldquo;esos fallos son gen&eacute;ticos&rdquo; y, por lo tanto, &ldquo;no se pueden corregir con las nuevas reglas fiscales&rdquo;, que Fuentes cree que son mejores que la anteriores y van en la buena direcci&oacute;n, &ldquo;pero que son claramente insuficientes porque son herramientas coyunturales que tratan de responder a un problema estructural&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El profesor de la Universidad de Alcal&aacute; argumenta que esa inconsistencia en &ldquo;lo com&uacute;n&rdquo; se puede observar con un dato que para &eacute;l es tan clave como rid&iacute;culo: &ldquo;El presupuesto de la UE equivale aproximadamente al 1% de su PIB&rdquo;, lo que muestra lo lejos que se encuentra de completar el pilar presupuestario. &ldquo;Europa est&aacute; en un momento trascendental&rdquo;, alerta Fuentes, en el que dicho dise&ntilde;o incompleto no permite habilitar pol&iacute;ticas fiscales presupuestarias a un nivel europeo. Apunta a cuatro necesidades que ve como fundamentales en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas: las pensiones y los cuidados, &ldquo;algo que no tiene nada que ver con lo pol&iacute;tico sino que es una variable demogr&aacute;fica&rdquo;, los gastos en defensa y seguridad, la necesaria transici&oacute;n energ&eacute;tica y la lucha contra el cambio clim&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, el de aumentar las competencias fiscales por parte de la Uni&oacute;n Europea, Ayala ve otro problema muy parecido al que ya se ha descrito con la centralizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica monetaria: &ldquo;Dejas de decidir en tu parlamento, con tus procesos y tus controles democr&aacute;ticos, hacia d&oacute;nde va el gasto p&uacute;blico que se aprueba&rdquo;. Con la experiencia del BCE en mente, Ayala cree que es arriesgado dejar las decisiones fiscales en manos de las instituciones europeas, &ldquo;porque uno de los problemas de la UE es el d&eacute;ficit democr&aacute;tico&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Espa&ntilde;a cojea el doble</strong></h3><p class="article-text">
        Si las pol&iacute;ticas no se hacen pensando en todos los pa&iacute;ses, aquellos con m&aacute;s debilidades o caracter&iacute;sticas especiales sufrir&aacute;n m&aacute;s esa falta de libertad de acci&oacute;n. Espa&ntilde;a tiene el doble de desempleo estructural m&aacute;s alto de Europa, por lo tanto &ldquo;las necesidades fiscales que tiene un pa&iacute;s como Espa&ntilde;a son mayores que las que tiene un pa&iacute;s como Alemania&rdquo;, cita como ejemplo Ayala. &ldquo;Al restringir la capacidad que tiene de impulso fiscal, lo que hace es condenarla a tener un desempleo ad infinitum, por encima de lo que podr&iacute;a tener&rdquo;, lamenta. Es decir, al tener limitaciones presupuestarias para cuadrar el d&eacute;ficit exigido por Bruselas, no se puede invertir lo suficiente en pol&iacute;ticas de gasto que impulsen el empleo.
    </p><h3 class="article-text"><strong>M&aacute;s competencia que colaboraci&oacute;n</strong></h3><p class="article-text">
        Cuando se pierde la soberan&iacute;a sobre tus pol&iacute;ticas monetarias y arancelarias, la competencia a la baja en materia salarial y fiscal se posicionan como las &uacute;nicas formas de atraer la inversi&oacute;n a tu Estado. Esto es exactamente lo que ha ocurrido en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas en la UE, mermando el consumo interno de aquellos pa&iacute;ses que deval&uacute;an los salarios y los ingresos tributarios y, por lo tanto, sus estados de bienestar, de los Estados que ven como dichos flujos de dinero vuelan hacia Estados miembro que han puesto la alfombra roja fiscal a las multinacionales. &ldquo;Las pol&iacute;ticas de devaluaci&oacute;n interna para mantener la competitividad empobrecen a los pa&iacute;ses y aumentan la desigualdad&rdquo;, argumenta Brun en su informe.
    </p><p class="article-text">
        Esto fue especialmente sangrante para Espa&ntilde;a y el lugar en que se la dej&oacute;. Por un lado, la industria espa&ntilde;ola no pudo competir con la fuerte y especializada industria del norte de Europa. Por el otro, los bajos salarios espa&ntilde;oles no eran lo suficientemente bajos para competir con las industrias de Europa del Este.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa &ldquo;voluntad de poner en competencia a los pa&iacute;ses y los trabajadores&rdquo; ha sido uno de los cimientos de la UE seg&uacute;n Toussaint, que tambi&eacute;n se&ntilde;ala la competencia fiscal a la baja. &ldquo;Pa&iacute;ses como Luxemburgo o Irlanda rebajan los impuestos a las multinacionales, que ven como se incrementan sus ingresos tributarios gracias a la concentraci&oacute;n de grandes corporaciones y a la merma de ingresos del resto de pa&iacute;ses&rdquo;, lamenta el historiador.
    </p><p class="article-text">
        En este tema de la nula integraci&oacute;n fiscal y en la norma de toma de decisiones por unanimidad en dicha materia nos encontramos otro bache en el camino: &ldquo;Le estamos dando derecho a veto a micro econom&iacute;as o a para&iacute;sos fiscales sobre decisiones absolutamente vitales&rdquo;, lamenta el profesor Fuentes, que pone como ejemplo la dificultada para crear impuestos comunitarios que pudieran financiar el presupuesto com&uacute;n.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>La pandemia mostr&oacute; caminos diferentes</strong></h3><p class="article-text">
        No obstante, la pandemia ha marcado un antes y un despu&eacute;s. La crisis ya no solo afectaba a los &ldquo;derrochadores PIGS&rdquo;, sino que el shock de oferta y demanda puso en jaque a los mism&iacute;simos halcones de Centroeuropa. Y eso lo cambia todo. Tuvo que llegar un virus para mostrarle a las instituciones europeas que se necesitaban reacciones r&aacute;pidas, contundentes y coordinadas, con pol&iacute;ticas p&uacute;blicas expansivas en el gasto y con mecanismos nuevos que act&uacute;en de forma conjunta, como la deuda mutualizada o los Fondos Next Generation EU. &ldquo;A diferencia de la crisis financiera &ndash;explica Brun&ndash; la respuesta de la UE a la pandemia marc&oacute; un cambio de rumbo con un acuerdo sin precedentes que puede sentar las bases para completar su configuraci&oacute;n institucional&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La reacci&oacute;n fue mucho m&aacute;s r&aacute;pida y contundente por parte de las instituciones europeas. La presidenta de la Comisi&oacute;n Europea, Ursula von der Leyen, pausaba las restrictivas reglas fiscales, lo que vino a decir: &ldquo;Gastad lo que haga falta, que yo levanto las restricciones&rdquo;. En la parte que le corresponde al BCE, &ldquo;el mensaje fue muy claro: gastar lo que haga falta que yo comprar&eacute; la deuda p&uacute;blica&rdquo;, explica Fuentes que lamenta que no fuera igual durante la anterior crisis, teniendo en cuenta que estall&oacute; en 2008, y el &ldquo;har&eacute; lo que sea necesario&rdquo; de Mario Draghi no se pronunci&oacute; en 2012 y el programa de compras masivo (el Quantitative Easing) no se puso en marcha hasta 2015.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a las reglas fiscales, Ayala se pregunta para qu&eacute; sirve algo que no sirve cuando hay una crisis. &ldquo;Cuando la crisis est&aacute; m&aacute;s o menos controlada, se vuelven a poner en marcha y se va a obligar a los Estados a implementar pol&iacute;ticas fiscales restrictivas&rdquo;, lamenta el economista, &ldquo;lo que tendr&aacute;, nuevamente, consecuencias negativas como ya vimos en 2007&rdquo;. Y ah&iacute; es donde ve el problema. &ldquo;Europa ha actuado bien con una fuerte capacidad de gasto centralizada y contrac&iacute;clica, generando deuda com&uacute;n&rdquo;, pero eso es &ldquo;lo que ha hecho todo el mundo y ha funcionado, por lo que no tiene ning&uacute;n sentido que ahora quieran volver otra vez lo de siempre&rdquo;, lamenta.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Europa en un mundo de bloques</strong></h3><p class="article-text">
        Los tiempos cambian y los nuevos shocks econ&oacute;micos como la pandemia o las guerras que hace unos a&ntilde;os nadie esperaba est&aacute;n modificando la reconfiguraci&oacute;n geopol&iacute;tica y econ&oacute;mica de todo el globo. Si el mundo ya se divid&iacute;a en grandes bloques, ahora se hace cada vez m&aacute;s evidente que el futuro pasa m&aacute;s por la cooperaci&oacute;n interna de esos bloques y la dura competencia entre ellos. Todo ello en un momento hist&oacute;rico donde China se posiciona como firme candidato a disputar la hegemon&iacute;a global a Estados Unidos. En ese punto, el viejo continente se est&aacute; quedando totalmente atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Mientras China sigue impulsando su econom&iacute;a con planes centralizados e ingentes ayudas a sus grandes empresas en la toma de los mercados globales, a Estados Unidos no le tiembla la mano a la hora de gastar o proteger su mercado. &ldquo;Solo hay que ver lo que ha invertido Estados Unidos en el Inflation Reduction Act&rdquo;, argumenta Ayala. &ldquo;La UE no puede hacer nada parecido, no tiene capacidad para invertir teniendo tan solo ese 1% de su PIB como presupuesto com&uacute;n y con su locomotora, Alemania, teniendo problemas de competencia y energ&eacute;ticos&rdquo;. explica el economista.
    </p><p class="article-text">
        Pero el problema no est&aacute; tanto en lo que no puede hacer ahora, sino en la poca capacidad que tiene para hacer que las cosas cambien. Con una integraci&oacute;n incompleta, con pa&iacute;ses compitiendo entre s&iacute; en materia fiscal y salarial, con pol&iacute;ticas que no corresponden al conjunto de la Uni&oacute;n sino a la de unos pocos con mayor control sobre las instituciones, y con sistemas de toma de decisiones donde premia m&aacute;s la avaricia que la colaboraci&oacute;n en un continente cada vez m&aacute;s polarizado y con un fuerte avance de la extrema derecha, los &ldquo;problemas gen&eacute;ticos&rdquo; a los que se refer&iacute;a Fuentes tienen dif&iacute;cil soluci&oacute;n y no parece que se vayan a solventar en unas elecciones europeas.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/redaccion/hecho-europa-nueva-revista-eldiario_132_11380596.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Texto publicado en el n&uacute;mero 44 de la revista de elDiario.es, 'Qu&eacute; ha hecho Europa por nosotros'.</a> Si t&uacute; tambi&eacute;n quieres recibirla en tu casa, <a href="https://usuarios.eldiario.es/hazte_socio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#f8e71c;"><strong>hazte socio, hazte socia. </strong></span></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yago Álvarez Barba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/problemas-geneticos-sueno-economico-europeo_129_11390245.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Jun 2024 19:30:40 +0000]]></pubDate>
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