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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ana Bueriberi]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Ana Bueriberi]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA["Las negras no valéis para nada más que follar": los estereotipos racistas y machistas con los que me acosaron]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/blog/micromachismos/negras-no-valeis-follar-estereotipos-racistas-machistas-acosaron_132_11510184.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/57238255-a015-43f6-a669-d17a08f68335_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Las negras no valéis para nada más que follar&quot;: los estereotipos racistas y machistas con los que me acosaron"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desgraciadamente sólo es una anécdota más que añadir al saco, aunque de las más impactantes, pero no lo denuncié, no lo conté ni a mi círculo más cercano y tampoco supe identificar entonces que esto me ocurría por ser mujer y por ser negra</p></div><p class="article-text">
        Era un domingo por la tarde y fuera llov&iacute;a con fuerza. Abr&iacute; la app de citas. &Eacute;l, blanco, atractivo y aparentemente interesado en conocerme. Yo, joven, ingenua y entusiasmada porque nuestros perfiles hubieran hecho <em>match</em>.&nbsp; Parec&iacute;a interesante, aunque no contaba mucho en su biograf&iacute;a. Despu&eacute;s de hablar unos d&iacute;as de manera intermitente, la conversaci&oacute;n pas&oacute; al WhatsApp y la cosa se empez&oacute; a poner turbia. Comenz&oacute; a insistir en lo mucho que yo le excitaba y en c&oacute;mo estaba deseando que nos vi&eacute;ramos para tener relaciones sexuales, llevando todas las conversaciones a un campo er&oacute;tico-sexual que no me hac&iacute;a sentir para nada c&oacute;moda. Todo llevaba a lo mucho que yo le pon&iacute;a y las ganas que ten&iacute;a de &ldquo;probar una chica como yo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que lo ignoraba, la intensidad solo aumentaba a niveles cada vez m&aacute;s desagradables. Me enviaba mensajes de manera persistente, fotograf&iacute;as e incluso amenazas que alud&iacute;an a lo que pod&iacute;a pasar si no le respond&iacute;a. &ldquo;Te estoy viendo en l&iacute;nea, morena&rdquo;. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; pasa, que vas a pasar de mi?&rdquo;. &ldquo;S&eacute; donde vives, no te hagas la loca y cont&eacute;stame de una puta vez&rdquo;. &ldquo;Si es que las negras no val&eacute;is para nada m&aacute;s que follar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al principio parec&iacute;a que hab&iacute;a entendido mi silencio e iba a dejar de insistir, pero entonces dej&oacute; de sexualizarme y sus mensajes se llenaron de un odio que nunca llegar&eacute; a comprender. &ldquo;Eres un mono de mierda&rdquo;. &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n te crees que te va a querer follar con esa cara?&rdquo;. &ldquo;No vales para nada. Vas a contestarme porque yo lo digo. No me cansar&eacute; de llamarte&rdquo;. &ldquo;Te voy a joder la vida negra de mierda&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No me quedaba claro si su problema era el rechazo, si pensaba que pod&iacute;a utilizar sus im&aacute;genes para hacerle alg&uacute;n mal o si simplemente era gilipollas.&nbsp;Tras estos mensajes no tard&eacute; en bloquearle de todos lados. Sin embargo, continu&oacute; llam&aacute;ndome con n&uacute;mero privado hasta que, despu&eacute;s de unas semanas, se fueron espaciando en el tiempo y finalmente se cans&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Esto me ocurri&oacute; hace unos nueve a&ntilde;os y desgraciadamente s&oacute;lo es una an&eacute;cdota m&aacute;s que a&ntilde;adir al saco; aunque quiz&aacute; sea una de las m&aacute;s impactantes ahora que lo estoy reviviendo para escribir este art&iacute;culo.&nbsp;No lo denunci&eacute;, no lo cont&eacute; ni a mi c&iacute;rculo m&aacute;s cercano y tampoco supe identificar entonces que esto me ocurr&iacute;a por ser mujer y por ser negra. Que llevaba desde la preadolescencia (o desde la ni&ntilde;ez, si me apuras) sufriendo los efectos de este racismo sexista -o machismo racista- al que hoy puedo conceptualizar como <em>misogynoir</em>. Que estas dos partes de mi identidad converg&iacute;an en una doble opresi&oacute;n que jam&aacute;s iba a poder ser desdoblada.
    </p><p class="article-text">
        En su d&iacute;a les val&iacute;a para excusar la violencia, el abuso y las violaciones que acompa&ntilde;aban a la esclavizaci&oacute;n de nuestras ancestras. No pasaba nada porque no &eacute;ramos consideradas humanas, sino animales.&nbsp;Hoy, la misma l&oacute;gica perpet&uacute;a que la mujeres negras sigamos marginadas en el &uacute;ltimo escal&oacute;n de la pir&aacute;mide y que nuestros cuerpos padezcan todo tipo de violencias a diario; incluidos los micromachismos y los microrracismos.
    </p><p class="article-text">
        Esta experiencia no es &uacute;nica ni individual. Muchas mujeres, sobre todo las racializadas, enfrentan constantemente el peso de estereotipos que nos reducen a objetos sexuales, siempre disponibles y complacientes. La narrativa de que somos &ldquo;m&aacute;s fogosas o mejores en la cama&rdquo; no es un cumplido; es una herramienta de deshumanizaci&oacute;n que nos niega nuestra complejidad, diversidad y dignidad como mujeres.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Si quieres compartir tu historia de machismo cotidiano escribe a micromachismos@eldiario.es.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Bueriberi]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jul 2024 20:08:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Racismo,Machismo,Acoso]]></media:keywords>
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