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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alva Saa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alva-saa/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alva Saa]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[De voces y de ecos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/voces-ecos_129_12499428.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, miles de mujeres han alzado la voz para denunciar agresiones, violencias y desigualdades. Han hablado ante jueces, fiscales, periodistas y en manifestaciones multitudinarias. A pesar de ello, muchas de esas voces no han sido escuchadas, han sido puestas en duda o directamente castigadas por atreverse a romper el silencio.
    </p><p class="article-text">
        Esta situaci&oacute;n nos debe hacer reflexionar sobre cu&aacute;n v&aacute;lida es la voz de las mujeres a la hora de expresar sus ideas o de que se tenga en consideraci&oacute;n incluso su relato personal. 
    </p><p class="article-text">
        La mitolog&iacute;a cl&aacute;sica ejemplifica c&oacute;mo la voz de las mujeres ha sido v&iacute;ctima del poder establecido. Tenemos a &Iacute;o, convertida en vaca tras ser acosada por Zeus, condenada a vagar muda, sin que nadie escuchara su dolor. Eco, castigada a repetir &uacute;nicamente palabras ajenas, encarnando a todas las mujeres cuya voz ha sido permitida solamente cuando no desaf&iacute;a el orden masculino. La mitolog&iacute;a nos ense&ntilde;a que a cada mujer que alz&oacute; la voz, la historia le devolvi&oacute; el castigo. 
    </p><p class="article-text">
        Esa misma l&oacute;gica pervive hoy, cuando la justicia trata con desconfianza a las v&iacute;ctimas y con indulgencia a muchos agresores. En Espa&ntilde;a, casos como el de <em>La Manada</em> en 2016 evidencian c&oacute;mo, a pesar de tener voz, se contin&uacute;a cuestionando la veracidad del testimonio de las v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        En el plano internacional, el caso de Jeffrey Epstein nos demuestra hasta qu&eacute; punto el poder, el dinero y la masculinidad dominante protegen a los agresores. Durante a&ntilde;os, decenas de chicas adolescentes fueron explotadas por una red criminal amparada por pol&iacute;ticos, empresarios y figuras p&uacute;blicas. Conocemos los testimonios de varias de esas mujeres, compartidos en documentales, entrevistas y eventos como el Festival de Cannes. Sin embargo, muchos de los nombres implicados permanecen ocultos, y a&uacute;n no se ha juzgado ni visibilizado plenamente a quienes facilitaron, encubrieron o participaron en esos delitos.
    </p><p class="article-text">
        La justicia patriarcal no siempre act&uacute;a de forma tan expl&iacute;cita sino que lo hace a trav&eacute;s de la demora, la indiferencia y la sospecha sistem&aacute;tica. Lo vemos con el caso de Juana Rivas, que en 2016 decidi&oacute; huir con sus hijos para protegerlos de un padre denunciado por violencia de g&eacute;nero. Durante a&ntilde;os, su historia fue expuesta al juicio p&uacute;blico, su testimonio deslegitimado y su derecho a proteger a sus hijos cuestionado. Hace unos d&iacute;as su hijo Daniel fue entregado a su padre. Este hecho ha generado una gran controversia judicial y medi&aacute;tica por la percepci&oacute;n de que no se escuch&oacute; suficientemente la voz del Daniel y de su madre, priorizando la formalidad legal sobre la protecci&oacute;n real del menor.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a cuenta desde 2004 con una jurisdicci&oacute;n espec&iacute;fica para juzgar delitos de violencia machista. Sin embargo, la realidad demuestra que, pese a los avances legales, los recursos siguen siendo insuficientes.
    </p><p class="article-text">
        La estructura legal, si no incorpora una mirada feminista y reparadora continuar&aacute; perpetuando siglos de mitolog&iacute;a convertida en norma. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alva Saa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/voces-ecos_129_12499428.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Aug 2025 08:41:18 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[De voces y de ecos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De objetos y de sujetos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/objetos-sujetos_129_12358632.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En pleno siglo XXI, el cuerpo de las mujeres sigue siendo un campo de batalla. Nuestra capacidad reproductiva -la de la mayor&iacute;a de mujeres, aclaro- ha sido motivo para que la sociedad y el patriarcado decida c&oacute;mo se debe organizar nuestro cuerpo.  
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a todav&iacute;a existen legislaciones que limitan el acceso al aborto libre y seguro, vientres de alquiler regulados por intereses econ&oacute;micos e incluso pr&aacute;cticas culturales que perpet&uacute;an la mutilaci&oacute;n genital femenina. Todo esto nos recuerda que existe la necesidad de controlar y dominar el cuerpo femenino. Por si fuera poco, estas formas de control no se presentan como castigos, sino como decisiones &ldquo;por el bien com&uacute;n&rdquo;, &ldquo;por el bienestar del ni&ntilde;o&rdquo;, &ldquo;por la moral social&rdquo; o incluso &ldquo;por el derecho a la familia&rdquo;. Otros deciden por nosotras, despoj&aacute;ndonos de la oportunidad de decidir, como si no tuvi&eacute;semos tal capacidad. 
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de estos discursos se esconde una larga genealog&iacute;a de poder: la idea de que el cuerpo de las mujeres no nos pertenece de todo. Que no sabemos o no podemos controlar qu&eacute; es lo que queremos. En definitiva, no somos sujetos que piensan sino objetos para reproducir y/o dar placer. 
    </p><p class="article-text">
        La representaci&oacute;n de las mujeres ha estado hist&oacute;ricamente mediatizada por la mirada masculina. En el arte, la literatura y la religi&oacute;n, la mujer aparece no como sujeto de su propia narrativa, sino como objeto de contemplaci&oacute;n o salvaci&oacute;n. Su cuerpo es observado, juzgado, deseado o repudiado, pero rara vez comprendido desde su propia experiencia. Por poner un ejemplo, la figura paleol&iacute;tica de la Venus de Willendorf ha sido analizada err&oacute;neamente y en base a unos valores de la edad Moderna, atribuy&eacute;ndole caracter&iacute;sticas propias del heteropatriarcado, entendiendo que la figura hac&iacute;a referencia a atributos relacionados con la fertilidad y la sensualidad (objeto). A d&iacute;a de hoy, gracias a una reinterpretaci&oacute;n feminista de la historia, sabemos que es m&aacute;s probable que fuese un s&iacute;mbolo de poder femenino, abundancia, autonom&iacute;a corporal, espiritualidad, o incluso una deidad matriarcal (sujeto). 
    </p><p class="article-text">
        Otro ejemplo de objetivaci&oacute;n hist&oacute;rica de las mujeres sucede durante siglos en Occidente. La lactancia era considerada como un acto inferior, incompatible con el rol social y sus deberes conyugales. No se consideraba la lactancia como un acto natural de v&iacute;nculo entre madre e hijo por lo que la mujer no pod&iacute;a amamantar ya que su cuerpo pertenec&iacute;a, ante todo, al marido y a la sociedad. La lactancia supon&iacute;a para la mujer un desgaste f&iacute;sico y mental, interfiriendo con el deseo sexual y cambiando la forma de los pechos. En este sentido el acto de amamantar era censurado ya que el cuerpo femenino deb&iacute;a estar disponible para el goce del c&oacute;nyuge. 
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, no es hasta la Edad Media que aparecen las representaciones de la Virgen Mar&iacute;a lactante (V&iacute;rgenes de la leche) como excepci&oacute;n sagrada a esta norma, una figura que alimenta al hijo de Dios sin perder su pureza. Pero incluso esa imagen est&aacute; cuidadosamente controlada: la &uacute;nica mujer que puede mostrar su pecho en p&uacute;blico y sin verg&uuml;enza es una virgen, inmaculada, fuera del deseo y del sexo.
    </p><p class="article-text">
        La historia de la representaci&oacute;n, regulaci&oacute;n y control de las mujeres ha estado marcada por una constante: vernos como objetos, no como sujetos. Objetos de deseo, de reproducci&oacute;n, de salvaci&oacute;n y de domesticaci&oacute;n. Desde las interpretaciones de la Venus de Willendorf hasta la censura de la lactancia, pasando por el control contempor&aacute;neo de nuestros derechos sexuales y reproductivos, la mirada que pesa sobre nuestros cuerpos ha sido, mayoritariamente, una mirada externa, masculina, opresora y sujeta a normas. 
    </p><p class="article-text">
        Ser objeto implica ser interpretada, utilizada, juzgada o regulada desde fuera. Significa que el valor del cuerpo femenino se mide en funci&oacute;n de su utilidad para otros: para el c&oacute;nyuge, para la familia, para el mercado, para la religi&oacute;n&hellip; Implica que las mujeres no hablamos desde nosotras, sino que son otros los que hablan y nos ponen valor. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alva Saa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/objetos-sujetos_129_12358632.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Jun 2025 09:27:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[De objetos y de sujetos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De diagnósticos y de patriarcado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/diagnosticos-patriarcado_129_12073208.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El reci&eacute;n elegido presidente de Estados Unidos, Donald Trump ha ordenado eliminar y silenciar los art&iacute;culos de investigaci&oacute;n que identifiquen cualquier indicio de g&eacute;nero, en su batalla por preservar la hegemon&iacute;a masculina y el heteropatriarcado. Una acci&oacute;n igual de in&uacute;til para la evidencia cient&iacute;fica como eliminar todos los globos terr&aacute;queos, pero muy peligrosa cuando se trata de estudios y avances para la salud de las personas. Especialmente de las mujeres y de las personas LGTBIQ+.
    </p><p class="article-text">
        La naturaleza es compleja y diversa, como tambi&eacute;n lo es la sociedad en la que queremos vivir. Reducirla a interpretaciones binarias no va a hacer que deje de serlo, sino m&aacute;s bien que no sepamos entenderla. Yo Tarz&aacute;n, t&uacute; Jane.&nbsp;Negar la diversidad es determinante tambi&eacute;n en la salud f&iacute;sica y mental y hay estudios realizados en los &uacute;ltimos a&ntilde;os que as&iacute; lo demuestran.
    </p><p class="article-text">
        El primer paso cuando nos encontramos mal es buscar asistencia sanitaria. Pues ya desde el inicio hay diferencia entre los hombres y las mujeres. La masculinidad hegem&oacute;nica promueve la idea de que los hombres deben ser fuertes, autosuficientes y evitar mostrar vulnerabilidad. Esto lleva a que muchos hombres no busquen atenci&oacute;n m&eacute;dica, incluso cuando la necesitan. Lo que agrava problemas de salud prevenibles contribuyendo a diagn&oacute;sticos tard&iacute;os y mayores tasas de enfermedades graves.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, en un estudio elaborado en 2019 por Soren Brunak, de la <a href="https://www.ku.dk/english/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Universidad de Copenhague</a>, se constat&oacute; una diferencia media de 4 a&ntilde;os en el diagn&oacute;stico de enfermedades cr&oacute;nicas entre hombres y mujeres. Y de casi dos a&ntilde;os en los casos graves de c&aacute;ncer. Para situarnos, demorar el diagn&oacute;stico de una enfermedad puede cambiar tanto el pron&oacute;stico como la supervivencia de la misma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De hecho, la Comisi&oacute;n de Mujeres en Oncologia de la Sociedad Espa&ntilde;ola de Oncolog&iacute;a M&eacute;dica, afirma que las diferencias de sexo y g&eacute;nero influyen en el cribado, el diagn&oacute;stico y el tratamiento del c&aacute;ncer colorrectal (CCR). Y lo hace en los propios factores de riesgo, en la forma en la que se manifiesta el tumor, en la interpretaci&oacute;n de las pruebas de cribado y en la eficacia y toxicidad de los tratamientos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otro ejemplo es la epidemia de SIDA en los a&ntilde;os 80. Andrea Galaxina en su ensayo<em> Nadie miraba hacia aqu&iacute;, </em>explica que<em> </em>las mujeres eran diagnosticadas en etapas m&aacute;s avanzadas del VIH disminuyendo notablemente su esperanza de vida al no recibir tratamiento de manera precoz. En aquel momento, los conocimientos y estigmas hacia la enfermedad no consideraban a las mujeres (heterosexuales) como poblaci&oacute;n de riesgo. En este caso no solo el tiempo jugaba en contra de las mujeres, tambi&eacute;n el estigma asociado a la enfermedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El a&ntilde;o pasado la periodista Isabel Muntan&eacute; y la doctora Blanca Coll-Vinent, en su libro <em>Ets una exagerada, </em>explican la necesidad de una atenci&oacute;n sanitaria con perspectiva de g&eacute;nero mediante varios testimonios reales de mujeres afectadas, incidiendo no solo en su necesidad en el diagn&oacute;stico sino tambi&eacute;n en los diferentes tratamientos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El estudio realizado en el Instituto de Salud Carlos III &ldquo;Transaludes: salud en personas trans y/o no binaries en Espa&ntilde;a&rdquo;, revel&oacute; que las personas trans y no binaries tienen 16 veces m&aacute;s probabilidades de sufrir depresi&oacute;n y 11 veces m&aacute;s de padecer ansiedad en comparaci&oacute;n con la poblaci&oacute;n general. Estos problemas de salud mental se atribuyen sobre todo a la discriminaci&oacute;n estructural que desgraciadamente sufren d&iacute;a a d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Ordenar por decreto el fin de la diversidad es llegar al final de la tierra conocida y querer caerse. Pero no, la tierra sigue dando vueltas y todas aquellas personas que no somos hombres, blancos y heterosexuales (m&aacute;s de la mitad de la poblaci&oacute;n mundial, por cierto) corremos el riesgo de vivir menos o vivir peor ya que nuestro diagn&oacute;stico y tambi&eacute;n nuestro pron&oacute;stico se basa en patrones de hombres, blancos y cis.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La soluci&oacute;n a estas cuestiones no solo pasa por la educaci&oacute;n m&eacute;dica, sino que debemos transformar la idea tradicional de masculinidad que no sea da&ntilde;ina incluso para los hombres y desde luego permitir una investigaci&oacute;n libre y sin sesgos de g&eacute;nero.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alva Saa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/diagnosticos-patriarcado_129_12073208.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Feb 2025 11:25:55 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[De diagnósticos y de patriarcado]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De osos y de calles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/osos-calles_129_11923212.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Desde hace unos meses se ha intensificado la respuesta de hombres indignados con que no todos son unos monstruos capaces de violentar a las mujeres a ra&iacute;z de una encuesta en la que se preguntaba a las mujeres con qui&eacute;n preferir&iacute;an quedarse a solas en un bosque: con un hombre desconocido o con un oso. La respuesta fue abrumadora a favor del oso. Esto ha llevado al debate sobre si son TODOS los hombres enemigos de las mujeres. 
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute;, personalmente, me lleg&oacute; este debate con la duda de un amigo que iba andando por la calle a mitad tarde y percibi&oacute; que la mujer que iba delante apret&oacute; el paso porque se pod&iacute;a sentir insegura, o cuanto menos inc&oacute;moda. 
    </p><p class="article-text">
        Me asalt&oacute; la duda de si quiz&aacute;s el nerviosismo que sentimos cuando vamos solas por la calle y detr&aacute;s camina un hombre es instinto de supervivencia, un &ldquo;algo&rdquo; innato con lo que nacemos las mujeres que provoca que nuestro cuerpo reaccione de tal manera. Sinceramente dudo que tal reacci&oacute;n sea explicable desde la biolog&iacute;a adem&aacute;s que estar&iacute;amos olvid&aacute;ndonos de las mujeres trans. 
    </p><p class="article-text">
        No se explica con biolog&iacute;a el hecho que desde bien temprana edad las mujeres aprendemos a convivir con una realidad diferente a nuestros compa&ntilde;eros los hombres. Tenemos libertad de movimientos pero siempre desde un estado de hipervigilancia. Y eso, sigue sin ser la libertad de la que gozan los hombres. 
    </p><p class="article-text">
        A las mujeres, desde bien peque&ntilde;as, nos han ense&ntilde;ado a cuidarnos de lo extra&ntilde;o con mensajes tales como: &ldquo;no puedes ir sola con un chico que no conoces&rdquo;, &ldquo;cuidado con c&oacute;mo vistes&rdquo;, &ldquo;no te f&iacute;es&rdquo;. En lugar de ense&ntilde;arles a no atacarnos tenemos que aprender a defendernos. Un cl&aacute;sico. 
    </p><p class="article-text">
        Si desde corta edad esto es nuestro d&iacute;a a d&iacute;a, no hace falta imaginarse a una misma a solas en una calle oscura para sentir ese miedo. Nos pasa a plena luz del d&iacute;a, yendo a por el coche al garaje, al subir en un ascensor con alguien que no conocemos, o volviendo a casa despu&eacute;s de una noche de fiesta. Y no tiene por qu&eacute; haber un motivo, la mera presencia de un desconocido nos pone en alerta. 
    </p><p class="article-text">
        Solo con leer la prensa, vemos la cantidad de mujeres asesinadas, violadas, agredidas, acosadas en cualquier &aacute;mbito. Seg&uacute;n datos oficiales, en lo que llevamos de 2024, un total de 38 mujeres han sido asesinadas en Espa&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        Nos educan a temer lo extra&ntilde;o s&iacute;, pero por desgracia, la mayor&iacute;a de actos contra las mujeres se cometen por personas conocidas y allegadas. En m&aacute;s del 60% de las agresiones sexuales declaradas por las mujeres el agresor era una persona de su entorno &iacute;ntimo (familiar o amigo). Por mencionar alg&uacute;n caso medi&aacute;tico, Giselle Pellicot fue drogada por su marido durante a&ntilde;os y en el caso Nevenka, el acosador era el jefe de ella. Personas, insisto, completamente conocidas por las v&iacute;ctimas y en ambientes familiares. Ambas historias representan c&oacute;mo las mujeres nos sentimos desamparadas ante estas situaciones ya que algunos agresores salen con total impunidad social y judicialmente. Lo vimos recientemente con el caso de las ni&ntilde;as prostituidas en Murcia, en el que varios de los acusados se han librado de la c&aacute;rcel por la lentitud de la Justicia. Tenemos que aguantar opiniones p&uacute;blicas y tertulias que a&uacute;n siguen debatiendo si la culpa es de la v&iacute;ctima o del agresor. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo no vamos a tener miedo si nos educan en protegernos de lo extra&ntilde;o y son incluso los conocidos los que nos causan da&ntilde;o? &iquest;Entienden ahora por qu&eacute; la mayor&iacute;a hemos elegido al oso? 
    </p><p class="article-text">
        PD: He tardado 2 meses en redactar este art&iacute;culo y en cada actualizaci&oacute;n tuve que aumentar el n&uacute;mero total de v&iacute;ctimas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alva Saa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/osos-calles_129_11923212.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Dec 2024 11:20:46 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[De osos y de calles]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De arte y de ausencias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/arte-ausencias_129_11740296.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Podemos definir el arte como todas las obras que han permanecido en el tiempo, los nombres de artistas y t&iacute;tulos de cuadros que reconocemos incluso sin haberlos visto en persona. Sin embargo, la definici&oacute;n de arte es fluida y se puede explicar desde varias perspectivas que han evolucionado desde que en el S.XIX se comenz&oacute; a estudiar la historia del arte en Europa. Entonces por qu&eacute;, cuando pensamos en obras y artistas posiblemente, lo primero que se nos viene a la cabeza son artistas masculinos occidentales. &iquest;Y el arte fuera de Occidente? &iquest;Y las mujeres?
    </p><p class="article-text">
        Estas cuestiones tienen una explicaci&oacute;n, o muchas, pero se puede resumir en que el arte tambi&eacute;n se entiende desde las ausencias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la d&eacute;cada de 1970 la investigadora Linda Nochklin centr&oacute; su trabajo en comprender los motivos de la ausencia de mujeres artistas. La hip&oacute;tesis se centraba en la idea de si durante tantos a&ntilde;os no hab&iacute;a habido inter&eacute;s en buscar y reconocer a las mujeres artistas o si realmente las mujeres no gozaban de capacidad para crear. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que se encontr&oacute; fue un mundo en el que los privilegios de nacer hombre prevalec&iacute;an sobre la igualdad de oportunidades, y que la presencia no depend&iacute;a de las capacidades de cada persona, sino de las oportunidades que solamente pertenec&iacute;an a los hombres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al igual que el arte, existen otros &aacute;mbitos que tambi&eacute;n se explican desde las ausencias. La ausencia de mujeres en puestos directivos incluso en profesiones claramente feminizadas. 
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que m&aacute;s del 70% del personal sanitario en el pa&iacute;s son mujeres solamente el 30% ocupa puestos de liderazgo. Tambi&eacute;n en el &aacute;mbito sanitario y en la investigaci&oacute;n se percibe la ausencia de las mujeres como sujetos en los estudios cient&iacute;ficos. Durante a&ntilde;os en los ensayos cl&iacute;nicos las mujeres estaban subrepresentadas por lo que no se ten&iacute;an en cuenta diferencias biol&oacute;gicas importantes como el ciclo menstrual o las fluctuaciones hormonales para valorar los resultados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Podemos mencionar tambi&eacute;n la ausencia del reconocimiento del trabajo en el hogar y de cuidados puesto que est&aacute; considerado como irrelevante. Adem&aacute;s de ser realizado, en su mayor&iacute;a, por mujeres de los estratos econ&oacute;micos m&aacute;s desfavorecidos y en condiciones precarias. 
    </p><p class="article-text">
        Incluso, a d&iacute;a de hoy, seguimos percibiendo ausencias que nos erizan la piel: la ausencia de la mujer en los espacios p&uacute;blicos y en el d&iacute;a a d&iacute;a de una sociedad como la afgana, donde los talibanes han prohibido la voz de las mujeres y tambi&eacute;n las ausencias que m&aacute;s rabia y que m&aacute;s nos duelen: las ausencias totales, prematuras, y quiz&aacute;s evitables, de las mujeres asesinadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a casi rid&iacute;culo un museo en el que las obras estuviesen ausentes, &iquest;Por qu&eacute; lo asumimos con normalidad en el caso de las mujeres?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alva Saa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/arte-ausencias_129_11740296.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Oct 2024 09:10:21 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[De arte y de ausencias]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De okupas y propietarias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/okupas-propietarias_129_11530124.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Desde hace un tiempo se ha repetido, y he repetido, en varias ocasiones la necesidad de que las mujeres ocupemos espacios: ocupar espacios de responsabilidad en las empresas, ocupar espacios en organismos p&uacute;blicos, ocupar espacios de liderazgo, espacios, espacios, ocupar, okupar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute;, que me encanta descifrar el lenguaje y que considero que las palabras con las que definimos son claves, siempre me ha dado rechazo decir &ldquo;ocupar&rdquo; en esta situaci&oacute;n. A d&iacute;a de hoy &ldquo;okupar&rdquo; se ha vuelto una palabra que asusta a las personas que quieren bajar a por el pan y tienen miedo de no tener vivienda a la vuelta. Obviamente que no es una realidad la amenaza de la okupaci&oacute;n y que solamente est&aacute; alimentada por ciertos sectores de nuestra sociedad, pero yo tampoco quiero estar en un espacio y que unos matones fascistas vengan a echarme a hostias de un sitio que estoy &ldquo;okupando&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pens&eacute; en c&oacute;mo pod&iacute;a definir esa realidad de que las mujeres estemos, al igual que los hombres, en esos espacios:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Colonizar espacios&rdquo;, bueno quiz&aacute;s esta la rechac&eacute; en cuanto pens&eacute; en ella por dos motivos: primero por el contexto b&eacute;lico que se est&aacute; produciendo en Gaza ahora mismo y segundo porque, como buena m&eacute;dica preventivista, una colonizaci&oacute;n en un paciente no es un buen signo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Conquistar espacios&rdquo;, bien la historia nos ha hablado de grandes conquistadores, de batallas surgidas con el fin de conquistar lugares&hellip; pero en esos lugares y esas tierras ya hab&iacute;a personas que habitaban y quiz&aacute;s la historia est&aacute; vista desde una perspectiva demasiado occidental. No, conquistar es demasiado belicista. Adem&aacute;s, &iquest;Por qu&eacute; las mujeres tenemos que conquistar espacios? &iquest;Acaso esos espacios no son nuestros ya? &iquest;Qui&eacute;n ha decidido que no nos corresponden? &iquest;Por qu&eacute; esto no me pertenece ya?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pertenecer espacios&rdquo;. La pertenencia lleva impl&iacute;cito un v&iacute;nculo, una obligaci&oacute;n, que es propia de algo o que le es debida. Porque si algo me pertenece o soy la propietaria tendr&eacute; un ticket de compra, una escritura o incluso un mero papel, que en el caso de que haya una posterior separaci&oacute;n, ese espacio seguir&aacute; siendo m&iacute;o.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alva Saa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/okupas-propietarias_129_11530124.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jul 2024 20:35:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[De okupas y propietarias]]></media:title>
    </item>
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