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    <title><![CDATA[elDiario.es - Clara Timonel]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/clara-timonel/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Clara Timonel]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Gaza o el espejo digital en el que no queremos mirarnos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/gaza-espejo-digital-no-queremos-mirarnos_1_11542334.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf8224fd-4280-49b5-8ae5-89537e8a2753_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gaza o el espejo digital en el que no queremos mirarnos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es la propia población civil gazatí la que está haciendo todo el esfuerzo de documentar y evidenciar su propio genocidio, además de intentar sobrevivir en condiciones infrahumanas </p><p class="subtitle">El anterior 'Rincón de pensar' - Carlos Corrochano: “El único internacionalismo posible es el que apoya a Palestina, Ucrania y Sáhara Occidental”</p></div><p class="article-text">
        Mientras las fuerzas internacionales se ven incapaces de frenar la masacre en Gaza, el torrente de im&aacute;genes cruentas que llegan desde esas coordenadas, tomadas por las propias v&iacute;ctimas, tambi&eacute;n es imposible de frenar. Nuestra relaci&oacute;n diaria con la realidad de Gaza a trav&eacute;s del algoritmo llama a una reflexi&oacute;n sobre los relatos de guerra y las reacciones de quienes terminan convertidos en espectadores de cr&iacute;menes contra la Humanidad.
    </p><p class="article-text">
        Puede que Virginia Woolf fuera la primera persona en analizar de manera cr&iacute;tica las fotograf&iacute;as de guerra. La tecnolog&iacute;a era muy nueva y su impacto todav&iacute;a naciente. &ldquo;Las fotograf&iacute;as, desde luego, no son argumentos dirigidos a la raz&oacute;n; son una simple exposici&oacute;n de los hechos dirigida al ojo&rdquo;. Las im&aacute;genes en cuesti&oacute;n eran capturas de la destrucci&oacute;n causada por la Guerra Civil en Espa&ntilde;a. &ldquo;El Gobierno espa&ntilde;ol las manda con paciente obstinaci&oacute;n aproximadamente dos veces por semana. No son agradables a la vista. Casi todas muestran cad&aacute;veres&rdquo;. Para cuando public&oacute; el libro que conten&iacute;a sus ideas sobre la guerra, sus s&iacute;mbolos y sus encarnaciones &mdash;'Tres guineas'&mdash;, el conflicto espa&ntilde;ol ya hab&iacute;a finalizado y la Rep&uacute;blica hab&iacute;a perdido. La amenaza del fascismo se extend&iacute;a por Europa, en apariencia imparable. Woolf acab&oacute; abandonando toda esperanza.
    </p><p class="article-text">
        Ochenta a&ntilde;os despu&eacute;s, Susan Sontag se apoy&oacute; en 'Tres guineas' para pensar sobre im&aacute;genes de la guerra, sus causas y consecuencias, en un ensayo titulado 'Ante el dolor de los dem&aacute;s'. Sontag ya hab&iacute;a hecho de la fotograf&iacute;a una de sus especialidades ret&oacute;ricas, y despu&eacute;s de las escenas que dejaron los atentados del 11 de septiembre de 2001 se focaliz&oacute; en el mensaje, no tanto el medio, de las im&aacute;genes que brindan conmoci&oacute;n, condolencia, espanto. El dolor es una experiencia hincada en las carnes, y el dolor vicario &mdash;el dolor de los dem&aacute;s&mdash; es una experiencia tan similar como distinta.
    </p><p class="article-text">
        Woolf asumi&oacute; en su d&iacute;a que una fotograf&iacute;a de guerra, con su representaci&oacute;n de truculencia y ruina, provoca la misma sensaci&oacute;n en ella y en cualquier persona que se le ponga delante: una sensaci&oacute;n violenta y urgente que empuja a actuar por la paz. Sontag rebate escribiendo: &ldquo;No deber&iacute;a suponerse un &rdquo;nosotros&ldquo; cuando el tema es el dolor de los dem&aacute;s&rdquo;. Las fotograf&iacute;as dieron paso a las c&aacute;maras de televisi&oacute;n, que introdujeron &ldquo;la teleintimidad de la muerte y la destrucci&oacute;n&rdquo; en las salas de estar de la poblaci&oacute;n civil lejana al conflicto. Quien solo sabe lo que es la guerra a trav&eacute;s de una pantalla no puede concebir la vivencia de una zona de combate, por mucho que crea conocerla. &iquest;C&oacute;mo desentra&ntilde;ar algo que solo entra por los ojos?
    </p><p class="article-text">
        Susan Sontag falleci&oacute; en 2004; Steve Jobs debut&oacute; el iPhone en 2007. La teleintimidad mut&oacute; y se convirti&oacute; en otra cosa. La televisi&oacute;n ya no era solo un mueble hacia el que orientar el sal&oacute;n, sino un dispositivo m&oacute;vil que engendra una dependencia m&uacute;ltiple de la que es dif&iacute;cil escapar. Tambi&eacute;n es un dispositivo que registra. Sontag no contaba con una documentaci&oacute;n sin fot&oacute;grafos, en la que cualquiera puede apuntar una c&aacute;mara y grabar, transmitir, difundir. En 'Ante el dolor de los dem&aacute;s' supone un intermediario, un profesional que carga con la c&aacute;mara y los carretes y acude a la escena desde fuera, enviado especial. Esa figura cl&aacute;sica implica, adem&aacute;s de cierta imparcialidad, que el fot&oacute;grafo o vide&oacute;grafo puede retirarse del conflicto, ya que no est&aacute; envuelto en &eacute;l sino actuando como testigo. Difundiendo un testimonio. &ldquo;La noci&oacute;n misma de atrocidad, de crimen de guerra, est&aacute;  relacionada con la expectativa de los indicios fotogr&aacute;ficos. Tales indicios, por lo general, son de algo p&oacute;stumo&rdquo;, escribi&oacute; Sontag.
    </p><p class="article-text">
        Todo ha cambiado, salvo que seguimos sin saber muy bien qu&eacute; hacer con el dolor de los dem&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        En Gaza, nadie puede entrar ni salir salvo contadas excepciones. Las fotograf&iacute;as, los v&iacute;deos, los testimonios provienen de las propias v&iacute;ctimas de un genocidio. El ej&eacute;rcito de la ocupaci&oacute;n israel&iacute; asesina a periodistas y fotoperiodistas locales, ensa&ntilde;&aacute;ndose tambi&eacute;n con sus familias, e impide el paso de periodistas extranjeros, que se concentran en Tel Aviv a la espera de noticias sancionadas por el gabinete de guerra. La abogada irlandesa Blinne N&iacute; Ghr&aacute;laigh dijo ante la Corte Internacional de Justicia: &ldquo;Este es el primer genocidio de la historia en el que las propias v&iacute;ctimas est&aacute;n dando testimonio de la violencia en directo&rdquo;. Estos testimonios de violencia se acumulan, y su poder reside no solo en el choque que provocan sino en su n&uacute;mero: no hay una sola imagen de un padre intentando rescatar a sus ni&ntilde;os de debajo de los escombros con sus propias manos, sino cientas. No hay una sola imagen de una madre abrazando el cuerpo inerte de su hija, sino cientas. Su n&uacute;mero es inconcebible, abrumador.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, los medios de difusi&oacute;n que alcanzan a un porcentaje mayoritario de la poblaci&oacute;n occidental han desaparecido o encogido inmensamente: las redes sociales, por omnipresentes que puedan parecer, no sustituyen la labor documental de peri&oacute;dicos, revistas y otros medios de comunicaci&oacute;n. En ellas media el algoritmo, adem&aacute;s de la pantalla. El efecto es atomizante y descorazonador: las personas predispuestas a prestar atenci&oacute;n al sufrimiento ajeno se ven anegadas de im&aacute;genes e historias atroces, y las que no, no cuentan ni siquiera con la oportunidad de hacerlo. No hay una situaci&oacute;n com&uacute;n de espectadores, atentos o desatentos. Tan solo un mirar aislado que individualiza.
    </p><p class="article-text">
        Mirar no nos hace &uacute;tiles, por mucho que no podamos hacer otra cosa. Ver, ser testigos, tampoco supone una gran diferencia. &ldquo;La verg&uuml;enza y la conmoci&oacute;n se dan por igual al ver el acercamiento de un horror real&rdquo; &mdash;afirma Sontag&mdash;. &ldquo;Quiz&aacute; las &uacute;nicas personas con derecho a ver im&aacute;genes de semejante sufrimiento extremado son las que pueden hacer algo para aliviarlo&hellip; Los dem&aacute;s somos mirones, tengamos o no la intenci&oacute;n de serlo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A trav&eacute;s de una peque&ntilde;a pantalla he visto a una mujer golpearse la cabeza con ambas manos, aullando desde las entra&ntilde;as mientras sacaban a su primog&eacute;nito de entre los escombros cubierto de polvo gris y sin vida. &ldquo;&iexcl;Dime que no est&aacute; muerto!&rdquo; gritaba. &ldquo;&iexcl;Dime que no han matado a mi hijo!&rdquo;. &ldquo;C&aacute;lmate, por favor&rdquo; &mdash;le ped&iacute;a uno de los rescatadores, &eacute;l tambi&eacute;n cubierto de polvo&mdash; &ldquo;No podemos perderte a ti tambi&eacute;n. Reza. &iexcl;Reza!&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Quizá las únicas personas con derecho a ver imágenes de semejante sufrimiento extremado son las que pueden hacer algo para aliviarlo… Los demás somos mirones, tengamos o no la intención de serlo.</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Susan Sontag</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        He visto los restos humanos de ni&ntilde;os descuartizados y a padres recogi&eacute;ndolos en bolsas de pl&aacute;stico, conmocionados. He visto cuerpos aplastados por tanques. Las ejecuciones son brutales. El ej&eacute;rcito de ocupaci&oacute;n se recrea en la crueldad. Usan armas qu&iacute;micas y bombas equipadas con cuchillas. Emplean francotiradores alrededor de hospitales y escuelas. Atormentan a sus v&iacute;ctimas. Algunas de esas v&iacute;ctimas alcanzan a grabarlo. A veces son los propios verdugos los que graban sus cr&iacute;menes y los suben a internet para compartirlo con sus familiares y amigos, motivo de orgullo.
    </p><p class="article-text">
        He visto a ni&ntilde;os muy peque&ntilde;os conteniendo las l&aacute;grimas mientras explicaban que son hu&eacute;rfanos de padre y de madre, que todos sus t&iacute;os y t&iacute;as han muerto. &ldquo;Son m&aacute;rtires&rdquo;. Shaheed. Han muerto asesinados. Algunos de esos ni&ntilde;os, imposiblemente peque&ntilde;os, quedan al cuidado de sus hermanos m&aacute;s peque&ntilde;os todav&iacute;a, alguno de ellos beb&eacute;s lactantes, en una zona rodeada por tanques y francotiradores, sin acceso a comida, ni leche, ni agua.
    </p><p class="article-text">
        Shaheed &#1588;&#1607;&#1610;&#1583; se traduce como &ldquo;m&aacute;rtir&rdquo;. Viene de la misma ra&iacute;z que shaid &#1588;&#1575;&#1607;&#1583; : testigo. Un shaheed es una persona que presencia una gran injusticia en los &uacute;ltimos momentos de su vida por ser v&iacute;ctima de ella; es dif&iacute;cil concebir en una traducci&oacute;n como &ldquo;m&aacute;rtir&rdquo; su significado completo. Estos m&aacute;rtires no tienen que profesar ninguna fe ni ideal para sufrir esa injusticia y morir en consecuencia. Un beb&eacute; de seis meses puede ser un shaheed, morir sin causa propia, sin vida vivida apenas.
    </p><p class="article-text">
        Los refugiados gazat&iacute;es usan su tel&eacute;fono para pedir ayuda al mundo exterior, en &aacute;rabe y en ingl&eacute;s, solicitando donaciones para pagar las cifras exorbitadas que exigen en la frontera de Egipto y poder huir de la zona asediada. A medida que pasan los d&iacute;as y la situaci&oacute;n se va volviendo m&aacute;s desesperada, con el 100% de la poblaci&oacute;n de la franja en riesgo de inanici&oacute;n, los v&iacute;deos se convierten en algo espeluznante no solo por el sufrimiento que transmiten sino, parad&oacute;jicamente, por su aparente cotidianidad. 
    </p><p class="article-text">
        Para que los v&iacute;deos tengan difusi&oacute;n utilizan canciones de moda, los formatos de las tendencias de esa semana, superpuestos a im&aacute;genes de desolaci&oacute;n y necesidad absolutas y ruegos por sus vidas. Porque esos v&iacute;deos tienen mayor audiencia que los que suben llorando, y cada minuto cuenta cuando es cuesti&oacute;n de vida o muerte y ni cargar una bater&iacute;a ni la conexi&oacute;n a internet est&aacute;n garantizadas. Adem&aacute;s, es humillante llorar. Llorar de desesperaci&oacute;n delante de quienes est&aacute;n provocando una situaci&oacute;n inadmisible, insoportable, tan extrema que no es posible adaptarse ni responder a ella. Y lo &uacute;nico que queda es el llanto, l&aacute;grimas pesadas de alta concentraci&oacute;n salina, y m&aacute;s desesperante es a&uacute;n cuando no hay agua potable. Y adem&aacute;s les apuntan con una c&aacute;mara. Y a saber qui&eacute;n est&aacute; mirando al otro lado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Un padre palestino llora el cuerpo cubierto de su hija en el hospital Al Aqsa en Deir al Balah, fallecida tras un ataque aéreo israelí EFE/ Mohammed Saber                            </span>
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        Los espectadores se dicen, boca a boca, c&oacute;mo hay que comentar para que la promoci&oacute;n interna de un v&iacute;deo funcione: incluir s&iacute;mbolos de puntuaci&oacute;n, may&uacute;sculas y min&uacute;sculas, m&aacute;s de cinco palabras. Tambi&eacute;n utilizan subterfugios, comentando sobre viajes, restaurantes y maquillaje en v&iacute;deos que muestran la destrucci&oacute;n completa de una cultura. Adivinando mediante imaginaci&oacute;n c&oacute;mo enga&ntilde;ar al algoritmo para ganar el juego de la atenci&oacute;n. &ldquo;Ocho palabras para el algoritmo&rdquo;. &ldquo;Comentando en espa&ntilde;ol para que llegue a m&aacute;s gente&rdquo;&hellip; En cada v&iacute;deo en directo desde Gaza, el ruido del zananeh vibra en las tripas. As&iacute; llaman los palestinos a los drones israel&iacute;es que sobrevuelan constantemente la franja, aeronaves no tripuladas cuya funci&oacute;n es hacer ruido continuo y violento, ocupar el cielo con la posibilidad de m&aacute;s bombas. Dron, pr&eacute;stamo del ingl&eacute;s que significa z&aacute;ngano. Z&aacute;ngano, zananeh: onomatopeyas convertidas en un ruido con el objetivo de generar una amenaza y presi&oacute;n ps&iacute;quica permanentes. Pasan los d&iacute;as y a cada v&iacute;deo que consiguen grabar y subir se les ve m&aacute;s delgados, m&aacute;s deteriorados.
    </p><p class="article-text">
        A veces tambi&eacute;n se graban llorando. Lloran y se tapan la cara porque lloran, porque tienen hambre, porque no recuerdan qu&eacute; es dormir, porque conocen el sonido de las bombas y los edificios derrumb&aacute;ndose y los gritos sofocados de sus vecinos entre los escombros. Lloran porque conocen el olor de la carne quemada de sus seres queridos. Lloran porque no pueden enterrar a sus muertos. Lloran porque han perdido la cuenta de sus muertos. Lloran y se tapan la cara porque es humillante llorar, y sobrevivir en esas condiciones, y pedir ayuda en el idioma de quienes firman las partidas de las bombas que arrasan su territorio.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo d&iacute;a del a&ntilde;o 2023, tras 85 d&iacute;as de campa&ntilde;a de exterminio contra su pueblo, el fotoperiodista gazat&iacute; Motaz Azaiza public&oacute; un mensaje en ingl&eacute;s para su audiencia internacional, texto blanco sobre fondo negro, declarando: &ldquo;Sois in&uacute;tiles. Mir&aacute;is sin ning&uacute;n tipo de pudor c&oacute;mo nos matan uno a uno. Llegar&aacute; mi turno de ser asesinado por Israel. Y s&eacute; que vosotros no vais a hacer nada al respecto&rdquo;. Muchos de sus espectadores occidentales manifestaron su disgusto ante semejante mensaje, sinti&eacute;ndose se&ntilde;alados. Eso no cambia el hecho de que Azaiza tiene raz&oacute;n. No hacemos nada, o muy poco. Manifestarnos, tal vez. Boicotear, tal vez. Guardar un modesto registro de las atrocidades cometidas al otro lado del Mediterr&aacute;neo. Donar dinero para que algunas familias puedan escapar. Nuestra impotencia es manifiesta. Solo somos espectadores, testigos, mirones. Y siempre podemos permitirnos mirar hacia otro lado: &ldquo;La gente tiene medios&rdquo; apostilla Susan Sontag, &ldquo;para defenderse de lo que la perturba&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es la propia poblaci&oacute;n civil gazat&iacute; la que est&aacute; haciendo todo el esfuerzo de documentar y evidenciar su propio genocidio, adem&aacute;s de intentar sobrevivir en condiciones infrahumanas fabricadas por un plan de exterminio dise&ntilde;ado hace m&aacute;s de medio siglo. La poeta y pintora Etel Adnan dej&oacute; escrito en 1973: Palestina est&aacute; sembrada por ojos que se niegan a ser cerrados. Los gazat&iacute;es llevan d&eacute;cadas nombrando a sus hijas como poblaciones palestinas ocupadas en la Nakba de 1948: Bisan, Eilabun, Yafa... Cas&aacute;ndose entre descendientes de las mismas ciudades, haciendo esfuerzos por conservar sus tradiciones como si nunca hubieran tenido que irse. Llevando a cuestas las pesadas llaves de hierro de las casas de sus antepasados, muchas ya sin puerta. Son memoria viva. Parte del proyecto colonial consiste en aniquilar esa memoria, la historia entera de un pueblo. Las v&iacute;ctimas lo saben, y se niegan a colaborar. Ante la imposibilidad de huir, algunas gentes emiten su &uacute;ltima voluntad, diciendo: &ldquo;Si tengo que morir ser&aacute; en mi casa, dejo mi destino en manos de Al&aacute; y rezo para que mi muerte sea r&aacute;pida&rdquo;. Utilizan cualquier medio a su disposici&oacute;n para refutar las condiciones impuestas por el invasor; para demostrar lo que realmente est&aacute; pasando. No les queda nada para compartir salvo su dolor.
    </p><p class="article-text">
        Toda la evidencia recogida en directo y desde la primera persona deber&iacute;a ser suficiente para condenar sin ambages las acciones del Estado de Israel. Desgraciadamente, no se puede suponer un &ldquo;nosotros&rdquo; ante el dolor de los dem&aacute;s. Las im&aacute;genes siempre est&aacute;n sujetas a la interpretaci&oacute;n de la comunidad que interacciona con ellas. Algunos sectores solo reconocen un genocidio como algo p&oacute;stumo, una etiqueta hist&oacute;rica con la que es de mal gusto designar el momento presente. Otros sectores promueven esas im&aacute;genes como una victoria, la culminaci&oacute;n de setenta a&ntilde;os &mdash;tres generaciones&mdash; de agresiones y ejecuciones. Y mientras tanto, ciudades enteras son arrasadas y campos de refugiados reventados por bombas. La inmensa mayor&iacute;a de las v&iacute;ctimas son ni&ntilde;os y ni&ntilde;as. Millones de personas pasan el invierno a la intemperie, y ahora el sofocante verano. El tiempo pasa, viscoso como melaza, espeso en sufrimiento.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Timonel]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jul 2024 19:31:26 +0000]]></pubDate>
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