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    <title><![CDATA[elDiario.es - Borja Bauzá]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/borja-bauza/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Borja Bauzá]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[J. M. Coetzee, un embajador inesperado del español]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/j-m-coetzee-embajador-inesperado-espanol_1_11765846.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e70001ca-7e22-427b-89b4-1ff6bb7b65a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_1104692.jpg" width="3103" height="1745" alt="J. M. Coetzee, un embajador inesperado del español"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Nobel de Literatura sudafricano continúa escribiendo sus manuscritos en inglés, el idioma en el que se educó, pero de un tiempo a esta parte exige que se publiquen primero en español</p><p class="subtitle">Archiletras - De Universidad Rey Juan Carlos a Universidad del Sur de Madrid</p></div><p class="article-text">
        En el segundo verano despu&eacute;s de la pandemia, John Maxwell Coetzee, el nobel surafricano, cant&oacute; sorpresa. Por duplicado. Y es que, pese a haber sugerido que la trilog&iacute;a sobre Jes&uacute;s, concluida un a&ntilde;o antes de la irrupci&oacute;n del virus, daba por resuelta su trayectoria novelesca, ah&iacute; estaba, reci&eacute;n cocinada, una nueva obra: <em>El polaco</em>. Un romance entre Witold, el aclamado pianista que da t&iacute;tulo al libro, y una se&ntilde;ora bien de Barcelona llamada Beatriz. Esa era la primera sorpresa; su vuelta al ruedo. La segunda resid&iacute;a en que, pese a haber redactado el manuscrito en ingl&eacute;s, Coetzee quiso volver a publicar primero su traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol. Era la tercera vez que lo hac&iacute;a y, como reza el dicho, dos pueden ser coincidencia pero tres hacen tendencia. En otras palabras: <em>El polaco</em> consolidaba a Coetzee como el &uacute;nico nobel vivo, junto a Mario Vargas Llosa, que cuando se asoma al mundo a hombros de su literatura lo hace en nuestro idioma. La pregunta surge sola: &iquest;a qu&eacute; debemos semejante honor?
    </p><p class="article-text">
        Para tratar de entender los porqu&eacute;s de una decisi&oacute;n semejante, conviene conocer la evoluci&oacute;n del propio Coetzee empezando por el principio: sus or&iacute;genes.
    </p><p class="article-text">
        Nacido en Ciudad del Cabo en 1940, Coetzee creci&oacute; en una familia culturalmente afrik&aacute;ner pero angl&oacute;fila. De las que mezclaban ambas lenguas, vaya. Y si bien es cierto que recibi&oacute; su educaci&oacute;n en ingl&eacute;s, no es menos cierto que los responsables de la misma no dominaban el idioma. Todo ello, junto a las tensiones de un pa&iacute;s partido en mil pedazos a causa de los contenciosos identitarios, hizo que durante su infancia cosechara una sensaci&oacute;n de arraigo bastante relativa.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a pesar de toda aquella confusi&oacute;n, Coetzee abraz&oacute; la juventud teniendo muy claro que la lengua de Shakespeare supon&iacute;a una liberaci&oacute;n frente al opresivo y limitado afrik&aacute;ans. Por eso estudi&oacute; Ingl&eacute;s (y Matem&aacute;ticas) en la Universidad del Cabo y por eso, al graduarse, no tard&oacute; en hacer las maletas y emigrar primero a Londres y despu&eacute;s a Texas, donde realiz&oacute; un doctorado sobre el escritor Samuel Beckett. Fue al terminar la tesis, mientras impart&iacute;a clases en B&uacute;falo, cuando se sent&oacute; a escribir su primera novela. En ingl&eacute;s, claro.
    </p><p class="article-text">
        <em>Tierras de Poniente</em> lleg&oacute; a las librer&iacute;as de Sud&aacute;frica en 1973, con Coetzee ya de vuelta en casa. Al haber aparecido en la lengua &lsquo;neutral&rsquo; del pa&iacute;s, logr&oacute; vender varios miles de copias y ganar unos cuantos premios literarios locales. Sin embargo, a nuestro protagonista lo conseguido le supo a poco. Recibir aplausos en los c&iacute;rculos culturales sudafricanos estaba muy bien, pero &eacute;l lo que quer&iacute;a era llegar al &lsquo;mundo real&rsquo;. Un mundo al que solo se pod&iacute;a acceder, le dec&iacute;a su cabeza, siendo le&iacute;do en dos lugares: Londres y Nueva York.
    </p><p class="article-text">
        Sus siguientes trabajos &mdash;entre los que destacan <em>Esperando a los b&aacute;rbaros</em> (1980), <em>El maestro de San Petersburgo</em> (1994) y <em>Desgracia </em>(1999)&mdash; le llevaron al lugar que deseaba y todav&iacute;a un poquito m&aacute;s all&aacute;: hasta el Nobel de Literatura. Lo consigui&oacute; en 2003, convirti&eacute;ndose as&iacute; en el escritor m&aacute;s importante de Sud&aacute;frica.
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente, Coetzee recibi&oacute; la noticia del Nobel en Australia, el pa&iacute;s al que se hab&iacute;a mudado un a&ntilde;o antes, fruto del cansancio que le generaba su propia tierra. Aunque cit&oacute; razones mundanas, como la tasa de criminalidad, la cr&iacute;tica literaria Jennifer Wilson se&ntilde;ala que el escritor llevaba tiempo quej&aacute;ndose de la presi&oacute;n recibida por parte de unas &eacute;lites culturales locales que buscaban a un novelista que se pudiese asociar abiertamente a Sud&aacute;frica; que escribiese &ldquo;abierta y directamente&rdquo; sobre la realidad sudafricana. Y a Coetzee, a&ntilde;ade Wilson, esa insistencia le agotaba. No quer&iacute;a convertirse en el representante de ning&uacute;n lugar concreto.
    </p><p class="article-text">
        Fue en ese momento, parece, cuando su relaci&oacute;n con el ingl&eacute;s empez&oacute; a deteriorarse y no suele percibirse como una casualidad que en <em>Desgracia</em>, un libro de esa &eacute;poca, pusiese en boca de su protagonista que el ingl&eacute;s no siempre es la mejor opci&oacute;n a la hora de explicar seg&uacute;n qu&eacute; realidades. Sin embargo, no fue hasta el final de la primera d&eacute;cada del nuevo siglo cuando el deterioro se hizo evidente al agradecer p&uacute;blicamente la lectura de sus traducciones, en lugar de los originales. Coetzee, viendo las caras de interrogaci&oacute;n que despertaron sus declaraciones, aclar&oacute; que la esencia de lo que quer&iacute;a contar se transmit&iacute;a mejor en otros idiomas y que de ah&iacute; su comentario.
    </p><p class="article-text">
        Lejos de remitir, tal deterioro fue <em>in crescendo</em> hasta alcanzar su c&eacute;nit en 2018, cuando decidi&oacute; publicar antes en espa&ntilde;ol que en ingl&eacute;s una colecci&oacute;n de cuentos titulada, precisamente, Siete cuentos morales. Es decir: tradujo el manuscrito antes de su publicaci&oacute;n, cediendo al espa&ntilde;ol el honor de estrenar mercado. Coetzee explic&oacute; aquella decisi&oacute;n ese mismo a&ntilde;o, en un festival literario celebrado en Colombia, al presentarse como alguien dispuesto a &ldquo;resistir la hegemon&iacute;a del ingl&eacute;s&rdquo;. &ldquo;No me gusta la forma que tiene de ahogar a las lenguas menores que se cruzan en su camino; no me gustan sus pretensiones universalistas &mdash;me refiero a la manera en la que el mundo es entendido como un espejo del ingl&eacute;s&mdash; y no me gusta la arrogancia que todo ello despierta entre quienes lo tienen como lengua materna&rdquo;, dijo.
    </p><p class="article-text">
        Su intervenci&oacute;n en aquel festival de Colombia explica por qu&eacute; Coetzee ha dejado de publicar en ingl&eacute;s. Busca, seg&uacute;n dice, combatir la hegemon&iacute;a de la lengua m&aacute;s hablada del planeta. O &mdash;seg&uacute;n otros&mdash; darle un portazo a su yo del pasado, en l&iacute;nea con varias de sus referencias literarias; escritores caracterizados por su naturaleza huidiza. Lo que no explica es por qu&eacute; hacerlo en espa&ntilde;ol. Un idioma que, como ya han se&ntilde;alado varios de sus cr&iacute;ticos, no es precisamente menor. Es entonces, al presentar la cuesti&oacute;n, cuando entra en juego un lugar llamado Argentina.
    </p><p class="article-text">
        Dicen quienes han seguido de cerca su trayectoria que Coetzee se enamor&oacute; de la tierra de Borges, Cort&aacute;zar y Victoria Ocampo hace unos diez a&ntilde;os y que la clave de dicho enamoramiento no es otra que el p&uacute;blico que encontr&oacute; all&aacute;. Un p&uacute;blico que, seg&uacute;n expuso en una conferencia ofrecida en 2015, &ldquo;se toma en serio la literatura y lee con inteligencia&rdquo;. Algo que, por lo visto, no ve con frecuencia. A partir de ese momento decidi&oacute; invertir parte de sus energ&iacute;as en colaborar con los c&iacute;rculos culturales del pa&iacute;s. Imparti&oacute; seminarios en universidades locales y entr&oacute; a formar parte del equipo de una peque&ntilde;a editorial llamada El hilo de Ariadna, con la que sigue colaborando hoy en d&iacute;a, ya no solo como el responsable de una de sus colecciones, su labor inicial, sino tambi&eacute;n como autor.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es: fue<em> El hilo de Ariadna</em> quien llev&oacute; hasta las librer&iacute;as, durante el segundo verano despu&eacute;s de la pandemia, la obra que mucho despu&eacute;s aparecer&iacute;a como <em>The Pole</em> en los escaparates de su anta&ntilde;o admirada Nueva York. La obra con la que Coetzee se ha consolidado, tras dar prioridad al espa&ntilde;ol en aquella colecci&oacute;n de cuentos y en el &uacute;ltimo volumen de la trilog&iacute;a de Jes&uacute;s, como el &uacute;nico nobel vivo, junto a Vargas Llosa, que se presenta ante el mundo en nuestro idioma.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Borja Bauzá]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/j-m-coetzee-embajador-inesperado-espanol_1_11765846.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Oct 2024 21:00:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[J. M. Coetzee, un embajador inesperado del español]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Nobel de Literatura]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA['Lagerszpracha', el argot de los campos nazis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/lagerszpracha-argot-campos-nazis_1_11552530.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bd2d79e8-87da-49c7-98ea-c5c679a14861_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Lagerszpracha&#039;, el argot de los campos nazis"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En los campos de concentración del Tercer Reich convivieron un sinfín de nacionalidades. Sus integrantes no tardaron en descubrir que, para intentar sobrevivir, debían encontrar la manera de entenderse</p><p class="subtitle">Archiletras - Si de Twitter tuitear, ¿de X equisear o xuitear?</p></div><p class="article-text">
        Uno de los momentos m&aacute;s ic&oacute;nicos en <em>La vida es bella</em>, la f&aacute;bula sobre el Holocausto que puso tres premios Oscar en la vitrina de Roberto Benigni, es el que muestra a su protagonista, Guido, traduciendo al SS, que explica las normas del campo de concentraci&oacute;n a todos los jud&iacute;os italianos que, como &eacute;l, acaban de llegar. Guido no tiene la menor idea de alem&aacute;n, pero como su hijo Giosu&egrave;, apenas un cr&iacute;o, tambi&eacute;n se encuentra entre los prisioneros y no quiere que sea consciente de la realidad, decide ponerse al lado del nazi invent&aacute;ndose sobre la marcha que est&aacute;n en una especie de campamento y que todo es un juego. El momento es particularmente poderoso porque parte la pel&iacute;cula en dos; ejerce de transici&oacute;n entre el canto a la libertad, a la risa y al amor de la primera parte y el descenso a los infiernos que la sigue. Pero tambi&eacute;n sirve para mostrar otro aspecto del universo concentracionario, del Lager, al que no se suele prestar demasiada atenci&oacute;n: el asunto de la comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los testimonios de los supervivientes coinciden: no era tarea f&aacute;cil. Pongamos por caso a Guido. La traducci&oacute;n del guardi&aacute;n nazi le ha salido bien, no le han pillado y su hijo se ha cre&iacute;do el cuento, &iquest;pero qu&eacute; har&aacute; cuando un SS le d&eacute; una instrucci&oacute;n concreta? A Guido le urge aprender nociones b&aacute;sicas del idioma de sus verdugos para evitar males mayores &mdash;golpizas por desobediencia, equivocaciones fatales&mdash; y tambi&eacute;n para evitar, como explicaba Primo Levi en sus reflexiones sobre Auschwitz, acelerar el proceso de deshumanizaci&oacute;n al que los nazis le est&aacute;n sometiendo.
    </p><p class="article-text">
        Esa ser&iacute;a la primera pata de la <em>Lagerszpracha</em>, o &ldquo;lengua del Lager&rdquo;, un t&eacute;rmino de (intencionados) matices eslavos acu&ntilde;ado a mediados de los ochenta por el investigador Wolf Oschlies para referirse a la protolengua que emergi&oacute; a lo largo y ancho del sistema concentracionario del Tercer Reich. Una primera pata consistente en un alem&aacute;n rudimentario, balbuceado y en muchas ocasiones vocalizado como buenamente se pod&iacute;a. Y no cualquier alem&aacute;n sino el alem&aacute;n adaptado al r&eacute;gimen totalitario hitleriano &mdash;lo que el fil&oacute;logo jud&iacute;o Victor Klemperer llam&oacute; <em>Lingua Tertii Imperii</em>&mdash; en su versi&oacute;n m&aacute;s cruda: la que se aplicaba en los campos de concentraci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, y contra la idea incrustada en el imaginario popular, las interacciones con los guardias no eran tantas. La mayor&iacute;a de los intercambios, aseguran muchos supervivientes, se daba con otros presos. Gente llegada de todos los rincones de Europa que tra&iacute;a consigo su propia lengua y con la que conven&iacute;a entenderse para poder participar en las din&aacute;micas del campo &mdash;cu&aacute;ntos cazos de sopa vale un mendrugo de pan, a qui&eacute;n es mejor dirigirse en la enfermer&iacute;a, etc&eacute;tera&mdash; y aumentar, as&iacute;, las posibilidades de supervivencia.
    </p><p class="article-text">
        Y es ah&iacute;, en las interacciones entre prisioneros, donde aparece la segunda pata de la <em>Lagerszpracha</em>. Una pata consistente en todas aquellas palabras y expresiones de tal o cual idioma convertidas en lenguaje com&uacute;n. Laura Mi&ntilde;ano-Ma&ntilde;ero, doctora en Filolog&iacute;a, profesora de la Universitat de Val&egrave;ncia, especialista en el tema y autora de un ensayo titulado <em>Contacto de lenguas en espacios extremos</em>, lo resume de la siguiente manera: &ldquo;Primero estaba el alem&aacute;n, el idioma que vertebraba todo al ser el que utilizaban los verdugos, y luego estaba el lenguaje que surgi&oacute; entre los prisioneros al mezclar fragmentos de ese alem&aacute;n con los de sus propias lenguas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No en todos los <em>Lager </em>emerg&iacute;an las mismas palabras, claro. En muchas ocasiones, la elevaci&oacute;n al uso com&uacute;n depend&iacute;a de la demograf&iacute;a. En Auschwitz, por citar el campo m&aacute;s famoso, predominaron los t&eacute;rminos en polaco porque muchos de sus presos &mdash;y la mayor&iacute;a de <em>kapos</em>&mdash; eran polacos. <em>Selekcja</em>, por ejemplo, era de uso com&uacute;n. Hac&iacute;a alusi&oacute;n a las selecciones que hac&iacute;an los SS para determinar qui&eacute;n deb&iacute;a ser enviado a la c&aacute;mara de gas. Otro t&eacute;rmino com&uacute;n de origen polaco era <em>kombinacje</em>; se utilizaba para hablar del tr&aacute;fico de objetos entre presos. Su hegemon&iacute;a solo se vio disputada durante los &uacute;ltimos meses de Auschwitz, cuando la llegada de miles de h&uacute;ngaros logr&oacute; introducir varias expresiones de origen magiar en el argot compartido por todos. 
    </p><p class="article-text">
        Hubo, no obstante, excepciones a la norma demogr&aacute;fica. Y la de los espa&ntilde;oles fue, quiz&aacute;s, la m&aacute;s notable. Un contingente num&eacute;ricamente discreto que, sin embargo, logr&oacute; dejar su huella en la <em>Lagerszpracha </em>gracias a su capacidad organizativa, a las redes de solidaridad que estableci&oacute; dentro de Mauthausen &mdash;donde terminaron muchos de los 9.000 republicanos deportados&mdash; y al sinf&iacute;n de vidas que se salvaron gracias a dichas redes. Palabras como <em>granuja</em>, <em>campo</em>, <em>venga </em>o <em>camela </em>y expresiones como <em>No pasar&aacute;n</em> ejercen hoy, casi un siglo despu&eacute;s, como testigos de su influencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Borja Bauzá]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/lagerszpracha-argot-campos-nazis_1_11552530.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jul 2024 20:13:03 +0000]]></pubDate>
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