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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ana Geranios]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ana-geranios/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ana Geranios]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Turistas somos casi todos: el modo avión y el espejismo de bienestar cuando viajamos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/turistas-somos-casi-todos_129_11593433.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/82249037-c51e-46de-95c0-2453a7b66289_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Turistas somos casi todos: el modo avión y el espejismo de bienestar cuando viajamos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nos agarramos a que adquirir un billete que nos lleve a otro sitio es sinónimo de bienestar y en un momento decidimos subir un escalón de clase y exigimos que esta pompa de jabón en la que hemos invertido organización y dinero no se vea amenazada por ningún olor, ruido o situación que nos perturbe</p><p class="subtitle">Entrevista - "Los espacios para nosotros son cada vez más reducidos": quién puede vivir en un lugar entregado al turismo</p></div><p class="article-text">
        Suenan las chicharras y corre poco fresco. Es una tarde insulsa, pero no por ello menos importante que cualquier otra, de mediados de julio en la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica. Afortunadamente no tengo que desplazarme a mi lugar de trabajo porque mi lugar de trabajo est&aacute; conmigo, es mi casa, algo que considero una ventaja en contadas ocasiones. En un momento de necesidad busco una de esas herramientas que me hace la vida m&aacute;s f&aacute;cil y conectada, incluida en el sistema operativo de mi tel&eacute;fono m&oacute;vil. Despliego uno de sus completos men&uacute;s y mi vista se pierde entre las diferentes funciones. La intenci&oacute;n primera se diluye y aparecen otras cuestiones ante el abanico de posibilidades.
    </p><p class="article-text">
        En esa tarde tonta y caliente me encuentro con un icono bien conocido que por primera vez me descoloca: dentro del c&iacute;rculo translucido se adivina una silueta sim&eacute;trica y aerodin&aacute;mica, de l&iacute;neas redondeadas y con una forma que podr&iacute;a recordar a una flecha. No hay vuelta de hoja, lo que aparece dentro del botoncito t&aacute;ctil e iluminado es un avi&oacute;n. Me quedo un rato pensando qu&eacute; hace ese avi&oacute;n en mi tel&eacute;fono y de repente me entran ganas de irme de vacaciones.
    </p><p class="article-text">
        En los tel&eacute;fonos hay un pu&ntilde;ado de prestaciones, entre las que se encuentra el avioncito, que se denominan &ldquo;interruptores&rdquo;. La posibilidad de activarlas o inutilizarlas depende solo de un roce, por lo que en este caso, se nos facilita a la poblaci&oacute;n potencialmente turista o viajera &ndash;t&eacute;rminos ya sin&oacute;nimos&ndash;, el velar por la supervivencia de una porci&oacute;n de la humanidad mientras nos encontramos volando a cientos de kil&oacute;metros por hora a miles de metros sobre nuestra casa. Formulando una ecuaci&oacute;n sencilla, cabe pensar que si ese bot&oacute;n est&aacute; en todos los tel&eacute;fonos m&oacute;viles es porque tiene una utilidad incuestionable.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en la &eacute;poca m&aacute;s moderna y avanzada de la historia conocida y la globalizaci&oacute;n tecnol&oacute;gica intuye al g&eacute;nero humano como a un turista. En los a&ntilde;os 2000 se implement&oacute; por primera vez el modo avi&oacute;n en los tel&eacute;fonos m&oacute;viles por seguridad durante el vuelo, ya que la maquinita que ir&iacute;a pegada para siempre a una persona podr&iacute;a interferir en las comunicaciones de la nave. Ya desde los albores de la tecnolog&iacute;a m&oacute;vil se supon&iacute;a que la necesidad de contacto con pantallas iba a ser tal que eso de &ldquo;se ruega apagar los tel&eacute;fonos m&oacute;viles&rdquo; podr&iacute;a convertirse en una peque&ntilde;a batalla al comienzo de cada vuelo. El modo avi&oacute;n fue un <em>win-win</em>: piloto tranquilo, turista entretenido y contento.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Irse de vacaciones es un sueño corriente e inducido a partes iguales, como conseguir el cuerpo perfecto o encontrar la media naranja. No podemos negar que para la parte más chiquitita de la población, la menos pobre, no es tan difícil, solo hace falta una cosa: dinero</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hemos interiorizado f&aacute;cilmente el uso de este interruptor silencioso de nuestros dispositivos. La tecnolog&iacute;a se considera al servicio de lo humano, pero de toda la poblaci&oacute;n mundial, que se presupone como turista, poco m&aacute;s de un 12% <a href="https://es.statista.com/temas/3612/el-turismo-en-el-mundo/#topicOverview" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">puede viajar</a>. Coger un vuelo es una cosa asimilada, cada vez m&aacute;s integrada en las vidas de una parte de la sociedad, mientras la mayor&iacute;a de la humanidad mirar&aacute; desde tierra esas naves que atraviesan el cielo sin tener acceso a un billete y sentir esa inquietud por saber si le ha tocado ventana o pasillo. No hay <em>low cost</em> que valga para m&aacute;s del 80% de esta especie que no deja de inventar productos y aparatos en pro del progreso, con sus consecuentes necesidades derivadas y destrucciones asumidas.
    </p><p class="article-text">
        Parece que <a href="https://www.eldiario.es/era/renunciar-a-hacer-turismo_1_11448379.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">irse de vacaciones</a> es f&aacute;cil, que est&aacute; al alcance de la mano de cualquiera. La publicidad ineludible en marquesinas, autobuses y peri&oacute;dicos, en v&iacute;deos, <em>cookies </em>y canciones hacen mella en las ganas y las apetencias. Irse de vacaciones es un sue&ntilde;o corriente e inducido a partes iguales, como conseguir el <a href="https://www.eldiario.es/era/eterno-retorno-culto-delgadez-extrema_129_10572891.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuerpo perfecto</a> o encontrar la media naranja. No podemos negar que para la parte m&aacute;s chiquitita de la poblaci&oacute;n, la menos pobre, irse de vacaciones no es tan dif&iacute;cil, porque para irse de vacaciones solo hace falta una cosa: dinero.
    </p><p class="article-text">
        Para ser turista no es necesario ense&ntilde;ar un carn&eacute; ni demostrar una trayectoria, tampoco presentar un expediente ni incluir referencias. No hace falta ser buena gente ni haber escrito una carta de motivaci&oacute;n. Es dif&iacute;cil que para emprender unas vacaciones se pida dinero prestado a la familia o se empe&ntilde;e la tele, aunque tampoco ser&iacute;a imposible. Com&uacute;nmente viajar&aacute; quien pueda permit&iacute;rselo por s&iacute; mismo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ser turista es una forma de habitar la realidad pasajera y esporádica, en la que nos convertimos en sujetos un tanto inútiles, bastante dependientes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hacer turismo es una demostraci&oacute;n escueta de poder&iacute;o, de que los deseos se cumplen, aunque sea por el tiempo limitado que concede la empresa y que ubica los periodos vacacionales de sus empleados seg&uacute;n las necesidades del negocio. El turista es el protagonista del mundo durante el tiempo que duran sus vacaciones, &eacute;l y solo &eacute;l tienen las riendas de su vida. Pero ser turista es una forma de habitar la realidad pasajera y espor&aacute;dica, en la que nos convertimos en sujetos un tanto in&uacute;tiles, bastante dependientes. El turista se sit&uacute;a por encima del bien y del mal. El turista ni pincha ni corta.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n as&iacute;, cuando ocupamos el asiento de la clase turista de alg&uacute;n medio de transporte, siempre nos colocamos en otro sitio, siempre por encima (por encima de la tripulaci&oacute;n y de quien trabaja en el aeropuerto o la estaci&oacute;n, por encima de la realidad), ya que somos consumidores con pleno derecho a todo lo que indican la letra peque&ntilde;a y nuestros caprichos. Hemos pagado por un viaje y nos molesta cualquier escena que no se corresponda con la pel&iacute;cula que nos hemos ido haciendo antes de que llegara el momento de partir, de vivir una experiencia desconocida pero merecida.
    </p><p class="article-text">
        Nos agarramos a que adquirir un billete que nos lleve a otro sitio es sin&oacute;nimo de bienestar, y en un momento decidimos subir un escal&oacute;n de clase y exigimos que esta pompa de jab&oacute;n en la que hemos invertido organizaci&oacute;n y dinero no se vea amenazada por ning&uacute;n olor, ruido o situaci&oacute;n que nos perturbe: &ldquo;un ni&ntilde;o llorando en la fila de atr&aacute;s, &iexcl;qu&eacute; horror! &iquest;Por qu&eacute; he de merecer esto? &iquest;Por qu&eacute; durante mis vacaciones? Qu&iacute;tamelo&rdquo;<em>.</em> Lo que vale un turista es lo que puede permitirse seg&uacute;n su presupuesto, y para el turista, esto es much&iacute;simo. Esto merma un poco la empat&iacute;a, el cari&ntilde;o y en ocasiones el sentido com&uacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando ocupamos el asiento de la clase turista nos colocamos en otro sitio, siempre por encima (de la tripulación y de quien trabaja en el aeropuerto o estación, de la realidad), somos consumidores con pleno derecho a todo lo que indican la letra pequeña y nuestros caprichos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Para el turista hay todo un mercado exclusivo, y no solo el de postales y <em>souvenirs</em>. Cada vez aparecen m&aacute;s productos y aparatos que har&aacute;n su vida m&aacute;s f&aacute;cil, que es lo que el turista se merece por encima de todo y en lo que invertir&aacute; una parte de su dinerito: almohadas ergon&oacute;micas y suavitas colgantes para soportar cualquier trayecto sin perder la nuca, ajuares en miniatura que caben en cualquier bolsillo, bater&iacute;as extra para evitar cualquier momento de desconexi&oacute;n o mochilas tan compactas en las que todo cabe, alegr&iacute;as y decepciones. 
    </p><p class="article-text">
        Vamos adquiriendo en mayor medida y de forma m&aacute;s com&uacute;n estos elementos como una inversi&oacute;n a la que sacaremos partido en los pr&oacute;ximos viajes que vayamos a realizar. Por pocos que sean, sale rentable ser previsor e ir adquiriendo la identidad del turista a plazos. Pero el turista tambi&eacute;n sufre. Cuando llega a su destino se deja llevar por el hedonismo y la est&eacute;tica y se pone los zapatos nuevos que le har&aacute;n unas grandes y dolorosas rozaduras, se dormir&aacute; al calorcito del sol de mediod&iacute;a que le despellejar&aacute; el torso, y beber&aacute; posiblemente m&aacute;s de la cuenta, lo que le har&aacute; dudar de sus argumentos con car&aacute;cter retroactivo.
    </p><p class="article-text">
        Turistas somos casi todos, y mientras <em>turisteamos</em>, en nuestros barrios proliferan locales para que <a href="https://www.eldiario.es/era/ana-geranios-verano-sin-vacaciones_128_11401278.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los turistas que vienen</a> guarden sus maletas. No es solo coraje, es rabia e impotencia lo que se siente, aunque solo sea un poquito, al ver c&oacute;mo los <a href="https://www.eldiario.es/viajes/urbanalizacion-centros-ciudad-iguales_1_10917174.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">comercios locales van desapareciendo</a> para ser sustituidos por negocios de car&aacute;cter inhumano, in&uacute;tiles para el d&iacute;a a d&iacute;a. La ONU establece que la poblaci&oacute;n mundial alcanzar&aacute; su nivel m&aacute;ximo entre 2080 y 2090, cuando el planeta albergue a 10.300 millones de personas, ni uno m&aacute;s ni uno menos. Del n&uacute;mero m&aacute;ximo de turistas que es capaz de soportar un territorio todav&iacute;a no hay datos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Geranios]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Aug 2024 19:58:19 +0000]]></pubDate>
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