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    <title><![CDATA[elDiario.es - Hala Alyan]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/hala-alyan/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Hala Alyan]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Perder la capacidad de horrorizarse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/perder-capacidad-horrorizarse_129_11605709.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ad51830b-d8a9-45c3-97fb-10efc841cffa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Perder la capacidad de horrorizarse"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay un momento en el que quedamos saturados por tantas imágenes de horror y destrucción, en el que la psique colectiva se retrae o lo normaliza, en el que la métrica del horror empieza a cambiar. ¿Qué es otro niño muerto frente a veinte mil?</p></div><p class="article-text">
        En mayo, cuando la imagen de un ni&ntilde;o decapitado en Rafah empez&oacute; a difundirse en las redes, un amigo me envi&oacute; un mensaje: Esta es la imagen definitiva. Sin lugar a dudas. Ahora el mundo va a exclamar basta ya. Para muchos de nosotros, esta creencia ha marcado nuestro d&iacute;a a d&iacute;a en los &uacute;ltimos meses: esperar la imagen definitiva que acabe con la complacencia y la complicidad internacional; esperar una imagen tan chocante que el mundo ya no pueda alinearse con Israel. Un ni&ntilde;o amputado. Un cuerpo destrozado. Una ni&ntilde;a colgando de un edificio. Seguimos esperando a que una de estas im&aacute;genes marque el punto de inflexi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La deshumanizaci&oacute;n es un requisito previo de la mayor&iacute;a de las formas de violencia. Mucho antes de que una bomba caiga sobre una escuela donde se refugian ni&ntilde;os -porque t&uacute; les ordenaste que se refugiaran all&iacute;- tienes que haber conseguido que todos puedan vivir con esta acci&oacute;n. Cuantos m&aacute;s cuerpos palestinos sin vida, hambrientos, llorosos y destrozados vea el p&uacute;blico, m&aacute;s se insensibilizar&aacute; el cerebro ante estos horrores. Los palestinos desaparecen en &ldquo;hordas&rdquo;, en &ldquo;masas&rdquo;, en cifras tan elevadas que resulta imposible imaginar que son personas y que tienen apodos o canciones favoritas. El cuerpo de un palestino es algo negociable: un ni&ntilde;o se convierte en un &ldquo;menor&rdquo;. Los muertos se convierten en &ldquo;presuntos&rdquo;, cifras en bocas poco fiables. Este es un viejo truco con las personas negras y marrones: sacarlas del imaginario colectivo, envejecerlas, referirse a ellas en masa. As&iacute;, cuando son trituradas, quemadas, linchadas, agredidas, cuando vemos a un negro mendigar aire, cuando vemos el mont&oacute;n de extremidades en Abu Ghraib, estamos condicionados a aceptar su destino como inevitable.
    </p><p class="article-text">
        La cr&iacute;tica m&aacute;s habitual a las cr&iacute;ticas a Israel gira en torno al excepcionalismo: la idea de que se critica injustamente al Estado, que se le impone un rasero diferente, que se le singulariza. Se trata de una fascinante inversi&oacute;n de la narrativa del excepcionalismo que Israel utiliza para s&iacute;: su derecho a la tierra es excepcional. Sus ciudadanos tienen un derecho excepcional al agua, a los recursos y a la libertad. Incluso su marco pol&iacute;tico es excepcional. De alguna manera consigue ser a la vez un Estado etnorreligioso y una democracia. Consigue reivindicar tanto la modernidad como el derecho al poder ordenado por Dios.
    </p><p class="article-text">
        Las acciones de los &uacute;ltimos 10 meses muestran a un Estado que claramente se cree inmune y con derecho a la protecci&oacute;n exterior. Hemos visto una implacabilidad en Gaza que es multidimensional, tanto militar como psicol&oacute;gicamente, mostrando una comprensi&oacute;n t&aacute;ctica de lo que induce a la desesperanza, el agotamiento y el entumecimiento ps&iacute;quico: bombardeos incesantes, bloqueo de la ayuda humanitaria, el continuo trasiego de civiles en innumerables &oacute;rdenes de evacuaci&oacute;n y, quiz&aacute;s lo m&aacute;s insidioso, la deshumanizaci&oacute;n de los palestinos a trav&eacute;s de la pol&iacute;tica y la narrativa. Se cita a Gaza como el lugar m&aacute;s peligroso para ser ni&ntilde;o. Gaza tiene el mayor n&uacute;mero de ni&ntilde;os con amputaciones de la historia. Gaza es el lugar m&aacute;s mort&iacute;fero para ser periodista desde que el Comit&eacute; para la protecci&oacute;n de los periodistas comenz&oacute; a recopilar datos. En 10 meses, el periodo de gestaci&oacute;n de una vida humana, Gaza se ha convertido en uno de los lugares m&aacute;s inhabitables del planeta.
    </p><p class="article-text">
        Hay un momento en el que quedamos saturados por tantas im&aacute;genes de horror y destrucci&oacute;n, en el que la psique colectiva se retrae o lo normaliza, en el que la m&eacute;trica del horror empieza a cambiar. &iquest;Qu&eacute; es otro ni&ntilde;o muerto frente a veinte mil? Si ya se ha conseguido el consentimiento para masacrar a una familia, a dos, a tres, entonces otras diez ya no importan. El 17 de octubre se produjo un intenso debate sobre si Israel hab&iacute;a bombardeado el hospital al-Ahli, con innumerables cabezas parlantes y representantes que se apresuraban a hablar de autodefensa y ej&eacute;rcitos morales en las noticias de m&aacute;xima audiencia. Menos de un a&ntilde;o despu&eacute;s, Israel ha bombardeado de manera p&uacute;blica y sin contemplaciones docenas de hospitales, escuelas de la ONU y todas las universidades de Gaza. La l&iacute;nea roja de lo tolerable se ha movido a una velocidad vertiginosa.
    </p><p class="article-text">
        Para los que estamos observando la masacre, por no hablar de los que est&aacute;n en Gaza, la b&uacute;squeda de responsabilidades por parte de Israel o Estados Unidos parece cada vez m&aacute;s f&uacute;til. Mientras tanto, no hay ninguna respuesta palestina a la agresi&oacute;n israel&iacute; que sea aceptable. La larga y vibrante historia de resistencia no violenta palestina, que casi siempre se enfrenta a la violencia israel&iacute;, se deslegitima o se ignora. Los movimientos de boicot se tachan de ofensivos. Las manifestaciones en las universidades estadounidenses durante la primavera, en su mayor&iacute;a pac&iacute;ficas y dirigidas por estudiantes, fueron tachadas de peligrosas, insensatas o ambas cosas. Al final, la guardia nacional fue a los campus a poner orden.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante casi un a&ntilde;o, el gobierno de Biden ha jugueteado con la noci&oacute;n de las l&iacute;neas rojas. Pero una l&iacute;nea roja que no es una l&iacute;nea roja es, en &uacute;ltima instancia, una concesi&oacute;n. La ret&oacute;rica estadounidense puede resumirse en una sola frase que se repite como un loro en los micr&oacute;fonos de todo el pa&iacute;s: derecho a la autodefensa, derecho a la autodefensa, derecho a la autodefensa. Preguntar si este derecho se ejerce de forma equitativa equivale a una blasfemia, probablemente porque la cuesti&oacute;n subyacente es a qui&eacute;n se concede el derecho a un yo, a un cuerpo, a una vida. Y &eacute;sta es la cuesti&oacute;n m&aacute;s innombrable de todas.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, los palestinos, incluso los que no est&aacute;n en Gaza, viven dentro de un sistema en el que las familias se despiertan y se encuentran con que han sido desalojadas sumariamente, en el que pueden permanecer detenidas sin cargos indefinidamente, en el que para pedir responsabilidades hay que suplicar al propio sistema que velaba por la injusticia. Tan solo en las &uacute;ltimas semanas, parlamentarios israel&iacute;es han defendido el derecho a agredir sexualmente a presos palestinos, manifestantes israel&iacute;es se han amotinado frente al campo de detenci&oacute;n de Sde Teiman para impedir la detenci&oacute;n de soldados por presunta violaci&oacute;n de presos palestinos, las fuerzas israel&iacute;es han destruido una instalaci&oacute;n de suministro de agua en Gaza y se han producido dos intentos de asesinato en suelo extranjero. Israel se investiga a s&iacute; mismo, nos dicen en las ruedas de prensa ante medios de comunicaci&oacute;n de Estados Unidos. Israel tiene su proceso de investigaci&oacute;n. Luego, meses o a&ntilde;os despu&eacute;s, Israel se ha exonerado a s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        Socialmente nos encanta el concepto de &ldquo;manzanas podridas&rdquo; porque nos gusta creer en el orden social. Es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil leer historias sobre un perro de las Fuerzas de Defensa de Israel que mata a un hombre mientras la v&iacute;ctima implora &ldquo;por favor, basta, querido&rdquo;, sobre otra masacre en un campo de refugiados, sobre prisioneros palestinos agredidos sexualmente con extintores y sondas el&eacute;ctricas, y enfrentarse a la posibilidad de que esto sea la progresi&oacute;n natural de una ideolog&iacute;a que nunca se ha visto obligada a reconocer sus abusos. Que podr&iacute;a ser un sistema, sin restricciones, llevado a la conclusi&oacute;n l&oacute;gica de sus principios fundamentales de qui&eacute;n merece qu&eacute; tipo de vida.
    </p><p class="article-text">
        El posicionamiento del presidente Biden respecto a Gaza es uno de los que heredar&aacute; la candidata presidencial dem&oacute;crata y actual vicepresidenta, Kamala Harris. Muchos est&aacute;n conteniendo la respiraci&oacute;n para ver qu&eacute; har&aacute; con este legado. A muchos otros no les importa. Lo que Harris tiene la oportunidad de hacer ahora es representar a los votantes dem&oacute;cratas y escuchar su petici&oacute;n de rendici&oacute;n de cuentas. Porque la verdad es que cualquier vulneraci&oacute;n del derecho internacional -atacar hospitales, atacar periodistas, aplicar castigos colectivos- supone una ruptura que no s&oacute;lo deber&iacute;a alarmar a los palestinos, sino a todas las entidades y personas que pretenden vivir bajo alg&uacute;n tipo de orden mundial.
    </p><p class="article-text">
        El poder ilimitado rara vez se autorregula, y depende del uso estrat&eacute;gico del silencio. La escritora y activista Audre Lorde escribi&oacute;: &ldquo;Hemos sido educados para respetar el miedo m&aacute;s que nuestra propia necesidad de lenguaje&rdquo;. Ah&iacute; est&aacute; la semilla de la verdadera responsabilidad: comprometerse con ella a pesar del enorme coste.
    </p><p class="article-text">
        Los israel&iacute;es no tienen un derecho especial a la seguridad, diga lo que diga su parlamento o cualquier presidente estadounidense. Tampoco los estadounidenses. No debemos creer ni por un segundo que la implacable deshumanizaci&oacute;n es s&oacute;lo el problema de los deshumanizados. Ellos pagan un coste inimaginable, pero se trata de un fen&oacute;meno multidireccional. De lo que no se dan cuenta los sistemas opresores es de que participar en la deshumanizaci&oacute;n -en el pensamiento, en la palabra, en la acci&oacute;n, en la pol&iacute;tica- es un ejercicio lento y aislante de desv&iacute;o de tu propia humanidad.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos diez meses muchos de ni&ntilde;os en Gaza han sido sepultados. O han quedado hu&eacute;rfanos. O han sido encontrados agarrados a sus mu&ntilde;ecas bajo los escombros. O han muerto de ataques al coraz&oacute;n a causa del terror. Por eso, cuando Netanyahu, un hombre sobre el que pesa una posible orden de detenci&oacute;n por cr&iacute;menes de guerra, recibe una ovaci&oacute;n de nuestro Congreso, no estamos hablando s&oacute;lo del legado de Netanyahu. Tambi&eacute;n es el nuestro. Y cada vez tenemos menos margen para cambiarlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hala Alyan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/perder-capacidad-horrorizarse_129_11605709.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Aug 2024 20:15:09 +0000]]></pubDate>
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