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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alberto Perdomo de la Hoz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alberto-perdomo-de-la-hoz-2/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alberto Perdomo de la Hoz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[‘Marina’ y los libros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/marina-libros_132_13569374.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5a75d259-551b-4b1f-a707-58c8aaa862a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Marina’ y los libros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Me queda la esperanza de que mis alumnos se hayan asomado, al menos, a un mundo diferente; de que sepan que existe, por quijotesco que les parezca. Algún día podrán abrir la puerta y entrar por su propio pie, cuando su conciencia se lo exija. Creo que ese momento debe llegar, tarde o temprano
</p></div><p class="article-text">
        Cada a&ntilde;o me resisto a retirar de las lecturas propuestas para 3&ordm; de ESO algunos libritos como <em>Marina</em>, de <strong>Carlos Ruiz Zaf&oacute;n</strong>, o el c&eacute;lebre <em>Momo</em>, de <strong>Michael Ende</strong>. Soy consciente de que quiz&aacute; no sean los m&aacute;s populares entre mi alumnado de quince a&ntilde;os, de que muchos no est&aacute;n acostumbrados a leer y de que un cl&aacute;sico de la literatura juvenil puede resultarles menos accesible que otras propuestas m&aacute;s de moda. No se trata de establecer un juicio: buscamos lecturas que conecten con sus intereses porque lo importante es que lean, que se acerquen al magnetismo de los libros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No obstante, me resisto a que pierdan la oportunidad de leer a Carlos Ruiz Zaf&oacute;n, de adentrarse en ese mundo ensimismado y maravilloso que tan pocos eran capaces de construir como &eacute;l. Recuerdo cu&aacute;nto le debo a sus obras: especialmente, aquel idealismo nacido de la convicci&oacute;n de que el mundo deb&iacute;a ser tan bello como los buenos libros que le&iacute;mos. Ese idealismo es un tesoro, sobre todo para quienes nos sent&iacute;amos bichos raros. Me ha acompa&ntilde;ado desde entonces y lo reconozco incluso en la rabia que me provoca la deriva que contemplamos cada d&iacute;a: la desverg&uuml;enza de un pu&ntilde;ado de rufianes empe&ntilde;ados en pon&eacute;rselo dif&iacute;cil a la ficci&oacute;n cuando se trata de crear villanos m&aacute;s c&iacute;nicos, imp&uacute;dicos, ego&iacute;stas y rid&iacute;culos que los que vemos a diario a trav&eacute;s de nuestras pantallas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mario Vargas Llosa</strong> acert&oacute; cuando dijo que &laquo;igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida&raquo;. A principios de curso vuelvo a ese fragmento de su <a href="https://www.nobelprize.org/prizes/literature/2010/vargas_llosa/25185-mario-vargas-llosa-discurso-nobel/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">discurso de aceptaci&oacute;n del Premio Nobel</a> e intento que mis estudiantes se asomen a ese mundo con todas las dificultades de quien ense&ntilde;a a ver a quienes no han visto todav&iacute;a, de quien trata de demostrarles la existencia de la profundidad en un mundo cada vez m&aacute;s plano y homogeneizado. Creo firmemente que la ense&ntilde;anza de la libertad pasa por ah&iacute;, y que es precisamente ah&iacute; donde deben concentrarse nuestros esfuerzos; que cualquier concepci&oacute;n de la educaci&oacute;n que pase por alto este principio es, deliberadamente o no, aliada de &laquo;quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven m&aacute;s seguros y mejor&raquo;, por mucho que los carceleros y las c&aacute;rceles de los que hablaba Vargas Llosa hayan evolucionado hacia formatos m&aacute;s sugerentes, en los que reside su verdadero peligro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es normal perder un poco la fe a ratos. Especialmente cuando el idealismo inicial va cediendo ante cierta sensaci&oacute;n de repetici&oacute;n: de enfrentar cada nuevo curso con la incertidumbre de conocer y adaptarme a nuevos alumnos y alumnas, muchos de los cuales no ven sentido a la educaci&oacute;n en s&iacute; misma; con el imperativo de mantener la disciplina sin dejar de acogerlos; con la dichosa burocracia que ocupa todo el espacio de lo que deber&iacute;a ser estricta reflexi&oacute;n personal y estrategias para conectar con nuestro alumnado. Es dif&iacute;cil por otro lado zafarse de las sedosas s&aacute;banas de un verano que permite la promesa de otros proyectos, de un tiempo libre que favorece la lectura, la reflexi&oacute;n y la contemplaci&oacute;n que me llevaron a elegir un camino &mdash;el de la ense&ntilde;anza&mdash; que, parad&oacute;jicamente, se hace incompatible muchas veces con esas actividades que constituyen su sustento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La desidia es, seguramente, una tentaci&oacute;n. Es, de hecho, la opci&oacute;n de moda entre muchos. Pero significa, en la pr&aacute;ctica, sustraer un sueldo p&uacute;blico. Hay que decirlo tambi&eacute;n. Por eso, intento no confundir la dejaci&oacute;n de nuestras responsabilidades &mdash;convertirme en un mero bur&oacute;crata que sigue un libro y eval&uacute;a contenidos o, en algunos casos, ni eso&mdash; con la sana necesidad de tomar cierta distancia, de no cargar sobre mis espaldas todo el peso del aprendizaje de esos chicos y chicas, el de un mundo que parece ir a la deriva. Me digo que se trata de aprender a ense&ntilde;ar con algo menos de pasi&oacute;n y entrega desmedidas, con algo m&aacute;s de m&eacute;todo, a la par que me recuerdo que la apat&iacute;a es la muerte, y que la muerte de la esperanza es el m&aacute;s terrible de los sentimientos, como dec&iacute;a Lorca.&nbsp;Creo que, m&aacute;s por suerte que por desgracia, estoy lejos de caer ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Uno empieza, no obstante, a ser consciente de sus limitaciones. Me entristece constatar que, pese a nuestros esfuerzos, all&iacute; donde falta un entorno que valore verdaderamente la cultura e invite a sus hijos e hijas a protagonizar su propia historia, a participar del mundo y a conquistar una felicidad que de otro modo les estar&iacute;a vedada, nuestro esfuerzo arraiga con mucha mayor dificultad. Debemos dedicar buena parte de nuestras energ&iacute;as a seducirlos, a justificar la necesidad misma de aprender. He ah&iacute; la paradoja: la educaci&oacute;n p&uacute;blica tiene entre sus principales cometidos restituir el patrimonio cultural que les pertenece por derecho a quienes m&aacute;s dif&iacute;cil lo tienen para acceder a &eacute;l y, sin embargo, son precisamente estos quienes encuentran m&aacute;s obst&aacute;culos para aprovecharlo. Conviene recordar que estamos ante un proyecto pol&iacute;tico concreto y no ante una mera &ldquo;consecuencia&rdquo; del &ldquo;progreso&rdquo;: que el desprestigio del saber es una m&aacute;s de las muchas estrategias con las que cuentan quienes quisieran reducirlo todo a mercanc&iacute;a, empezando por nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        Una persona &mdash;tambi&eacute;n profesora, tambi&eacute;n de Lengua&mdash; que me quiere bien, me recuerda a menudo las palabras de Lourdes, una estimada compa&ntilde;era de Filosof&iacute;a: nuestra tarea es como la lluvia fina. Se trata de ir calando poco a poco, de que el alumnado encuentre cada d&iacute;a en nosotros un ejemplo distinto. Dicen que es as&iacute; como se aprende de verdad, y debo reconocer que lo confirmo a diario, aunque a veces se me olvide, aunque me deje llevar por momentos por la insaciable &laquo;sed de absoluto&raquo;. Me queda la esperanza de que mis alumnos se hayan asomado, al menos, a un mundo diferente; de que sepan que existe, por quijotesco que les parezca. Alg&uacute;n d&iacute;a podr&aacute;n abrir la puerta y entrar por su propio pie, cuando su conciencia se lo exija. Creo que ese momento debe llegar, tarde o temprano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya me hab&iacute;a repetido todas estas cosas durante las primeras semanas de curso. Ya me hab&iacute;a comprometido conmigo mismo a retomar la tarea, consciente de que era el &uacute;nico camino con el que estar&iacute;a satisfecho, cuando lleg&oacute; una de mis alumnas del a&ntilde;o pasado con una peque&ntilde;a cartita. No es la protagonista de un libro de Ruiz Zaf&oacute;n, aunque podr&iacute;a serlo, y me entreg&oacute; &mdash;con su caracter&iacute;stica y entra&ntilde;able timidez&mdash; esa nota que olvid&eacute; en el bolsillo hasta pasados unos d&iacute;as, en los que escribo este texto inspirado por su generosidad (no me juzguen, estaba en medio de una guardia de recreo cuando la recib&iacute;). Reproduzco aqu&iacute; parte de su contenido:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Te agradezco por haberme ense&ntilde;ado la importancia de la literatura y tambi&eacute;n por habernos ense&ntilde;ado lo importante que es la reflexi&oacute;n y el punto de opini&oacute;n propia. Gracias por haberme hecho sentir libre en tus clases y por escuchar mis opiniones o proyectos aunque hayan sido curiosos y sobre todo porque en ning&uacute;n momento me he sentido juzgada&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        No hacemos nuestro trabajo por estas cosas, ni mucho menos. Pero a veces son estos detalles los que mantienen vivos a los idealistas &mdash;o el idealismo que a&uacute;n resiste en nosotros&mdash;,&nbsp;las que justifican nuestra labor y consiguen que septiembre no sea gris, sino un estallido de color y posibilidades, de esperanza y de sentido. Son estas cosas las que nos recuerdan &mdash;por si lo olvidamos o el lunes se nos hace cuesta arriba&mdash; que ense&ntilde;ar no es un mero trabajo, sino una vocaci&oacute;n incomparable: una fortuna, un deseo irrefrenable del coraz&oacute;n que conoce y no puede sino compartir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Perdomo de la Hoz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/marina-libros_132_13569374.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Oct 2026 12:22:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Marina’ y los libros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Septiembre como promesa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/septiembre-promesa_132_11628180.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En el IES Las Salinas, el primer lunes de septiembre es un d&iacute;a bonito. Supongo que es as&iacute; en muchos, si no en la mayor&iacute;a de los centros de ense&ntilde;anza secundaria. Es as&iacute; porque, a la vuelta de las vacaciones, uno puede reconocer en la sonrisa descansada, en el rostro despejado de preocupaciones, en el moreno de sus compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras, los dones de un verano deseado y necesario, las fuerzas renovadas para acometer la tarea que nuestra profesi&oacute;n nos pone delante cada septiembre. <strong>En esa sonrisa y en su reconocimiento hay un compromiso compartido</strong>,<strong> </strong>una complicidad profunda, aunque poco se&ntilde;alada, que reside en la certeza de los retos que vienen y de que, para afrontarlos, necesitamos todas nuestras fuerzas, <strong>disponer de nuestra inteligencia y de nuestro amor al m&aacute;ximo de sus posibilidades</strong>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No dejemos que los automatismos de nuestra profesi&oacute;n nos distraigan de lo trascendente&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        De manera casi un&aacute;nime, la mayor&iacute;a respondemos con un &ldquo;corto&rdquo; a la pregunta &ldquo;&iquest;qu&eacute; tal el verano?&rdquo;. As&iacute; de relativo es el tiempo. <strong>Con la velocidad de su paso, el verano nos confirma que estamos hechos para la novedad</strong> haciendo volver el tiempo del ni&ntilde;o, en el que no existe la rutina porque cada vivencia constituye un tesoro. El disfrute de ese tiempo nos invita a exprimir el presente, lamentando su fugacidad y, sin embargo, a la larga y con perspectiva, nos hace experimentar cu&aacute;nto se dilata cuando es rico en vivencias. La relatividad del tiempo, su dependencia subjetiva de la calidad que atribuimos a nuestras experiencias, se nos muestra en todos sus matices cuando, con ese verano tan corto pero tan ancho de por medio, nos parece que hace un siglo de la despedida en junio. &iquest;Qu&eacute; son dos meses, un a&ntilde;o o una vida anodinas frente a la inmensidad de un solo d&iacute;a vivido con verdadero sentido?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Habitualmente, nuestros conocidos nos se&ntilde;alan con algo de envidia y un asomo de reproche por ese so&ntilde;ado verano de vacaciones del que gozamos los ense&ntilde;antes. Mi respuesta siempre es la misma: de no ser por esos periodos de descanso, nuestra labor ser&iacute;a muy dif&iacute;cil de desempe&ntilde;ar. <strong>Lo cual es muy distinto a se&ntilde;alar que la docencia sea una profesi&oacute;n que merezca la pena por sus condiciones</strong>. Porque, junto a la alegr&iacute;a del encuentro, tambi&eacute;n cabe, c&oacute;mo no, cierto escepticismo. Hay qui&eacute;n se pregunta cu&aacute;nto durar&aacute; esa energ&iacute;a, si llegar&aacute; quiz&aacute; a diciembre, cuando las evaluaciones y los ex&aacute;menes por corregir pesen y el estr&eacute;s no deje lugar para la escucha atenta, ni para una palabra tan generosa como la que nos permite la vuelta del verano. Este que escribe, tambi&eacute;n reposado y consciente de lo que tenemos por delante, se dice: no nos desanimemos; no dejemos que los automatismos de nuestra profesi&oacute;n nos distraigan de lo trascendente.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El disfrute y el entusiasmo &mdash;el nuestro y el de nuestro alumnado&mdash; deber&iacute;an convertirse en la principal referencia de nuestro &eacute;xito&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es una tarea ciertamente tit&aacute;nica la de cambiar el mundo empezando por el aula, pero impera buscar la manera de mantenerla sin perder el sentido de nuestro trabajo</strong>, sin desdibujarnos, sin perder el &uacute;nico punto de referencia que tenemos: nuestro particular punto de vista, esa verdadera <em>novedad </em>que confiere riqueza a lo que ense&ntilde;amos, as&iacute; como las preguntas fundamentales sobre nuestro trabajo. Personalmente, trato de no perder de vista un pu&ntilde;ado de ellas: &iquest;Por qu&eacute; ense&ntilde;o? &iquest;Qu&eacute; valor tiene mi materia para m&iacute;? &iquest;Cu&aacute;les son los elementos de mi disciplina que considero irrenunciables y que me hacen reconocer mi cualidad como ser humano? &iquest;C&oacute;mo transmitir ese valor a mis alumnos? &iquest;C&oacute;mo pretendo que les ayude lo que aprenden?
    </p><p class="article-text">
        Es a la vuelta, con la necesaria perspectiva e imbuidos por un esp&iacute;ritu tan antiguo como el hombre, tan definidor de lo que es la humanidad &mdash;el de ser siempre m&aacute;s de lo que somos, el anhelo de plenitud que nos caracteriza y que se materializa de manera privilegiada en la labor docente&mdash;, cuando los profesores podemos afrontar con mayor conciencia nuestra vuelta al aula. Lejos de la ferocidad del d&iacute;a a d&iacute;a y de los requerimientos que nos hacen <strong>correr el peligro de convertir nuestra tarea, tan sustancialmente humana, en un quehacer burocr&aacute;tico y aletargante</strong>, el profesor puede plantearse qu&eacute; har&aacute; este a&ntilde;o para conseguir disfrutar de su tarea. Y lo que es m&aacute;s importante: conseguir con ello que disfruten sus alumnos. No olvidemos que el verano nos alivia porque brinda un aliento ciertamente necesario, pero no hay mayor fuente de energ&iacute;a que el disfrute y la labor realizada con sentido. Y eso solo se encuentra cuando lo que ofrecemos es genuinamente nuestro. As&iacute;, <strong>el disfrute y el entusiasmo &mdash;el nuestro y el de nuestro alumnado&mdash; deber&iacute;an convertirse en la principal referencia de nuestro &eacute;xito</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es el momento de preguntarnos de nuevo qu&eacute; sentido tiene educar en una democracia&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Por eso, es el momento de preguntarnos de nuevo, con renovado compromiso, qu&eacute; sentido tiene educar en una democracia, qu&eacute; ten&iacute;an esos profesores que nos hicieron vibrar con sus materias y cu&aacute;les nos hicieron detestar la escuela y por qu&eacute;. Y tambi&eacute;n las cuestiones pr&aacute;cticas: c&oacute;mo afrontar una programaci&oacute;n plagada de contenidos sin abrumarnos y sabiendo discernir, c&oacute;mo acoger a los alumnos que conozco y a los que estoy por conocer, c&oacute;mo afrontar el conflicto sin perder la oportunidad de ense&ntilde;ar&hellip; <strong>Es el momento, en definitiva, de hacer nuestros deberes, porque no podemos pedirles a nuestros alumnos que le den sentido a nuestro trabajo por nosotros</strong>. Esa tarea nos corresponde exclusivamente y debemos realizarla en profundidad, dando una respuesta personal a las preguntas que nuestra profesi&oacute;n nos pone delante en todo momento. De asumir esa responsabilidad, convirti&eacute;ndola en un gusto, depende un futuro que la consciencia disputa constantemente a la inercia.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, el &uacute;ltimo viernes de junio, cuando volvamos a despedirnos de nuestros compa&ntilde;eros &mdash;en el sentido profundo del t&eacute;rmino, porque son compa&ntilde;eros de un desaf&iacute;o en la que va el sentido mismo de la vida y del mundo&mdash; reconoceremos en nuestras caras cansadas el esfuerzo invertido, la generosidad diaria, la singular aportaci&oacute;n que nos distingue a cada uno. Entonces, recordaremos que nada tiene m&aacute;s sentido que esto y, quiz&aacute;s, que <strong>ostentamos una gran responsabilidad y un gran privilegio que tiene que ver tambi&eacute;n con lo que recibimos, pero sobre todo con lo que damos</strong>. Y ser&aacute; ya el momento de dejar que el verano vuelva a inundarnos con su hechizo de luz.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Perdomo de la Hoz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/septiembre-promesa_132_11628180.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Sep 2024 11:59:40 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Septiembre como promesa]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre Babel y la izquierda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/babel-izquierda_132_10466304.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Observo con estupor que la inmensa mayor&iacute;a de la izquierda ha celebrado como una gran conquista la decisi&oacute;n de aceptar el uso de las lenguas cooficiales en el Congreso. La alegr&iacute;a est&aacute; justificada si pensamos que estamos m&aacute;s cerca de alcanzar un Gobierno progresista para los pr&oacute;ximos cuatro a&ntilde;os, algo que parec&iacute;a muy complicado meses atr&aacute;s, pero no es solo eso: por el car&aacute;cter de ciertas reacciones, parece que estuvi&eacute;ramos ante un logro fundamental para el proyecto de la izquierda, lo cual denota un severo sobreentendido.
    </p><p class="article-text">
        Celebrar la posible configuraci&oacute;n de una mayor&iacute;a parlamentaria alternativa a la ola reaccionaria no deber&iacute;a impedirnos ver que estas cuestiones, adem&aacute;s de puramente simb&oacute;licas e innecesarias en sentido pr&aacute;ctico, son contrarias al objetivo mismo del parlamento. El Congreso ya refleja la realidad plural del pa&iacute;s. Que uno de sus miembros se permita hablar all&iacute; una lengua diferente a la lengua com&uacute;n, hablada por todos los espa&ntilde;oles &mdash;diputados incluidos&mdash;, es un capricho, porque no va all&iacute; a hacer gala de su identidad, sino a entenderse con los dem&aacute;s. Es un servicio que presta a todo el Estado. Su propio nombre &mdash;que proviene del lat&iacute;n <em>parabolare</em> y que sostiene igualmente el franc&eacute;s <em>parler</em> y el italiano <em>parlare</em>, &ldquo;hablar&rdquo;&mdash; indica que el parlamento es el lugar donde el entendimiento toma su ra&iacute;z en la palabra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En lo que respecta a la comunicaci&oacute;n, el sentido com&uacute;n es claro: debemos ser pr&aacute;cticos. El lenguaje como creaci&oacute;n humana nace hist&oacute;ricamente para encontrarnos con el otro, para posibilitar la comunicaci&oacute;n y, por ende, la comunidad. Por lo tanto, podemos y debemos agradecer que todos los miembros del Congreso cuentan con una lengua com&uacute;n y usarla para tal fin. Usarla, incluso, para decir que Espa&ntilde;a no representa a algunos de ellos; y para responder tambi&eacute;n que el secesionismo es un delirio antihist&oacute;rico y que los nacionalismos, del tipo que sean, sacan fuera lo peor del ser humano obstaculizando la b&uacute;squeda, tan fr&aacute;gil y ardua, del bien com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En lo que respecta a la pol&iacute;tica, debemos tener claro adem&aacute;s que se trata del instrumento para gestionar precisamente esa b&uacute;squeda, de la cual nace la democracia. Su fin es, por tanto, buscar los acuerdos que permitan configurar un proyecto com&uacute;n, entendiendo que existe un futuro que nos une y que debe ser conquistado. En este sentido, la palabra crea el espacio compartido, reconocido por todos los ciudadanos, donde ocurre todo lo anterior. Tal es su vocaci&oacute;n pol&iacute;tica, intr&iacute;nseca al propio lenguaje, y no la de establecer di&aacute;logos sordos.
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, no se trata del gasto que supone el uso de las lenguas cooficiales en el Congreso &mdash;leo que podr&iacute;a alcanzar el mill&oacute;n de euros, lo que supondr&iacute;a un &iacute;nfimo 0,009 del presupuesto total del Congreso&mdash;; se trata de que es un gasto absolutamente injustificado porque no obedece a ning&uacute;n fin pr&aacute;ctico y sobre todo no obedece a la esencia misma del parlamento y la democracia, que buscan un proyecto de convivencia com&uacute;n basado, como no puede ser de otra manera, en la comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por todo lo anterior, el uso de las lenguas cooficiales en el Congreso no es un logro de la izquierda, sino de un proyecto muy diferente con el que, claro est&aacute;, debemos entendernos. No obstante, el camino de la izquierda pasa por imaginarse el mundo que desea crear y dibujar un proyecto claro para alcanzarlo, por asumir la responsabilidad de desarrollar el proyecto hist&oacute;rico de la justicia social y la democracia; no por pelear la causa concreta de cada minor&iacute;a, por hipotecar los avances conquistados &mdash;y aquellos que est&aacute;n por conquistar&mdash; en nombre del constante reconocimiento de las particularidades, ya que no terminar&iacute;amos jam&aacute;s de detenernos en cada una de ellas, y mucho menos por la defensa del privilegio.
    </p><p class="article-text">
        Creo sinceramente que, si comprendemos esto, nos ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil dibujar una historia nueva, comunitaria y m&aacute;s humana, que nos puede unir por la calidad y la universalidad de nuestros avances, y que est&aacute; llamada ya &mdash;por la entidad de los desaf&iacute;os hist&oacute;ricos que afrontamos como civilizaci&oacute;n&mdash; a darse a nivel europeo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Perdomo de la Hoz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/babel-izquierda_132_10466304.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Aug 2023 16:21:13 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sobre Babel y la izquierda]]></media:title>
    </item>
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