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    <title><![CDATA[elDiario.es - Manuel Vargas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/manuel-vargas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Manuel Vargas]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los oceanógrafos y el mar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/oceanografos-mar_132_11649008.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bcb18f58-5784-4eca-b184-4eb578c1af1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los oceanógrafos y el mar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las oportunidades tecnológicas actuales son maravillosas y, en parte gracias a ellas, las próximas décadas alumbrarán grandes descubrimientos sobre esos mares que cubren la mayor parte de nuestro planeta</p></div><p class="article-text">
        Creo que a todos nos ha pasado en alguna ocasi&oacute;n que la nostalgia y la a&ntilde;oranza se han apoderado de nosotros y, con cierto aire de resignaci&oacute;n, e incluso de autocompasi&oacute;n, hemos parafraseado a Jorge Manrique afirmando que cualquier tiempo pasado fue mejor. Esta afirmaci&oacute;n es, como digo, relativamente frecuente, especialmente entre los que ya vamos cumpliendo algunos a&ntilde;os. Pero no por usual se convierte en algo cierto. M&aacute;s bien al contrario. Seguramente, desde que el ser humano desarroll&oacute; el lenguaje hablado, cada generaci&oacute;n ha mirado con recelo a &ldquo;los nuevos tiempos&rdquo; y ha considerado que antes se hac&iacute;an mejor las cosas. Si esto fuera cierto, y si me permiten la broma, este empeoramiento paulatino de nuestros usos y costumbres nos habr&iacute;an llevado ya a la extinci&oacute;n. En el otro extremo se encuentran los que han desarrollado una fe ciega en el desarrollo cient&iacute;fico y tecnol&oacute;gico, hasta el punto de considerar que los avances en estos campos ser&aacute;n capaces de dar soluci&oacute;n a cuantos problemas tiene en la actualidad nuestra civilizaci&oacute;n. Esta creencia ha dado origen a un nuevo concepto: los tecno-optimistas.
    </p><p class="article-text">
        Posiblemente no sea cierto ni lo primero ni lo segundo, y como dec&iacute;an los cl&aacute;sicos &ldquo;aurea mediocritas&rdquo;, o dorado punto medio, en el que se encuentra la virtud. Pero, el paciente lector se estar&aacute; preguntando: &iquest;en qu&eacute; afecta todo esto a los ocean&oacute;grafos y al estudio de los oc&eacute;anos?
    </p><p class="article-text">
        Si volvemos la vista atr&aacute;s podemos decir que el inter&eacute;s del hombre por la observaci&oacute;n de los mares es tan antiguo como su propia historia. Observar los cambios que se produc&iacute;an en el estado del mar, interpretar los signos que ofrec&iacute;a la atm&oacute;sfera y los mares era fundamental para garantizar el &eacute;xito de los viajes en los que se aventuraban nuestros ancestros para descubrir nuevas tierras. Avanzando m&aacute;s en el tiempo, podr&iacute;amos fijar a finales del Siglo XIX, con la expedici&oacute;n del buque &ldquo;Challenger&rdquo;, el inicio de la oceanograf&iacute;a moderna. En esta, y otras expediciones que se realizaron a lo largo de todos los oc&eacute;anos del planeta durante el siglo XIX y principios del XX, los naturalistas recog&iacute;an datos y muestras de muy diversa &iacute;ndole en un impresionante esfuerzo por conocer el mundo natural que nos rodea. Y dentro de estas medidas, c&oacute;mo no, se encontraban medidas de temperatura y salinidad que ayudaron a hacernos una primera idea de c&oacute;mo se distribuyen estas propiedades a lo largo y ancho del planeta. La recopilaci&oacute;n de observaciones meteorol&oacute;gicas y los datos recogidos en los cuadernos de bit&aacute;cora de estos buques, o de aquellos que realizaban rutas comerciales, permitieron componer los primeros atlas de corrientes para los oc&eacute;anos.
    </p><h2 class="article-text">La botella y las muestras de agua</h2><p class="article-text">
        Esas primeras medidas de temperatura y salinidad se realizaban mediante botellas oceanogr&aacute;ficas y term&oacute;metros reversibles. Expliquemos el procedimiento de forma muy resumida: Los ocean&oacute;grafos deb&iacute;an desplazarse usando un buque oceanogr&aacute;fico hasta un cierto lugar del oc&eacute;ano en el que deseasen realizar las medidas. A este lugar, definido por su latitud y longitud, se le llama estaci&oacute;n oceanogr&aacute;fica. Una especie de cilindro, abierto en sus dos extremos, al que se denomina botella oceanogr&aacute;fica, era bajado, atado a un cable de acero hasta la profundidad deseada. Esa botella llevaba incorporado un term&oacute;metro. A continuaci&oacute;n, se lanzaba un peso a lo largo del mismo cable, el cual, al llegar a la botella, activaba mediante el impacto un sistema mec&aacute;nico que cerraba los dos extremos de la botella, atrapando en su interior el agua de la profundidad a la que se encontraba. Al mismo tiempo, el term&oacute;metro giraba y la columna de mercurio quedaba interrumpida, de tal forma que, al subir el term&oacute;metro a bordo, la temperatura no cambiaba y se pod&iacute;a leer la temperatura de la profundidad a la que se encontraba inicialmente la botella. Las muestras de agua eran analizadas en el laboratorio, y as&iacute; se determinaba la salinidad del mar. Si a lo largo del cable situ&aacute;bamos varias botellas a varias profundidades, por ejemplo, en la superficie del mar, a 10 metros de profundidad, a 50 metros, etc. Se pod&iacute;a conocer la temperatura y salinidad de todas esas profundidades en esa estaci&oacute;n oceanogr&aacute;fica.
    </p><p class="article-text">
        A partir de la d&eacute;cada de 1970 se empezaron a desarrollar instrumentos electr&oacute;nicos capaces de medir la profundidad, la temperatura y la salinidad del mar autom&aacute;ticamente. No obstante, a&uacute;n segu&iacute;amos necesitando un barco para desplazarnos hasta el lugar en el que quer&iacute;amos realizar las medidas. Una vez situados en la estaci&oacute;n oceanogr&aacute;fica, la sonda era bajada hasta el fondo del mar mediante un cable de acero. A lo largo de su viaje hasta las profundidades, este instrumento registraba la temperatura y la salinidad, metro a metro, desde la superficie hasta el fondo. Una vez abordo, los datos registrados eran descargados en un ordenador.
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        A lo largo de m&aacute;s de 100 a&ntilde;os los ocean&oacute;grafos han surcado todos los mares del planeta realizando incontables estaciones oceanogr&aacute;ficas y tomando datos de temperatura y salinidad a lo largo y ancho del oc&eacute;ano global. Estas expediciones, y las personas que decid&iacute;an dedicarse a la oceanograf&iacute;a, ten&iacute;an una cierta componente rom&aacute;ntica o de aventura. Los f&iacute;sicos, qu&iacute;micos, bi&oacute;logos y ge&oacute;logos que embarcaban en las campa&ntilde;as oceanogr&aacute;ficas recorr&iacute;an grandes distancias, visitaban mares remotos y, en ocasiones, se enfrentaban a aut&eacute;nticas aventuras al desafiar temporales y otras vicisitudes. Aqu&iacute; aparece la nostalgia de la que habl&aacute;bamos al principio.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el efecto invernadero de algunos gases era ya conocido desde el siglo XIX, las medidas realizadas durante este siglo y la mayor parte del siglo XX no iban dirigidas a estudiar los efectos del cambio clim&aacute;tico en los oc&eacute;anos, tema del que pr&aacute;cticamente no se hablaba. Sin embargo, la recopilaci&oacute;n de toda esa informaci&oacute;n recogida en numeros&iacute;simas campa&ntilde;as oceanogr&aacute;ficas a lo largo de m&aacute;s de 100 a&ntilde;os, nos ofrece hoy en d&iacute;a una herramienta valios&iacute;sima para entender como est&aacute;n cambiando nuestros mares.
    </p><h2 class="article-text">Informaci&oacute;n v&iacute;a sat&eacute;lite</h2><p class="article-text">
        El incre&iacute;ble desarrollo tecnol&oacute;gico experimentado por la humanidad en los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os ha permitido nuevos sistemas de observaci&oacute;n del planeta, incluyendo, c&oacute;mo no, los oc&eacute;anos. Estos sistemas nos permiten, no solo hacer un seguimiento de los efectos del cambio clim&aacute;tico, sino entender mejor el funcionamiento de la atm&oacute;sfera y los mares. Desde sat&eacute;lites artificiales podemos medir la radiaci&oacute;n emitida por la superficie del mar (como todos los cuerpos) y, a partir de ella conocer la temperatura y salinidad de la superficie del oc&eacute;ano. Tenemos dispositivos que vagan libremente por los mares a unos 1000 metros de profundidad (sin necesidad de la utilizaci&oacute;n de barcos) y que cada diez d&iacute;as miden la temperatura y salinidad del mar desde los 2000 metros de profundidad hasta la superficie del mismo. 
    </p><p class="article-text">
        Una vez en la superficie, transmiten esa informaci&oacute;n v&iacute;a sat&eacute;lite a un centro de datos donde es analizada por los ocean&oacute;grafos. Disponemos de boyas que son ancladas al fondo del mar y que est&aacute;n equipadas con sensores que monitorizan continuamente las propiedades del mar, transmitiendo esta informaci&oacute;n de nuevo a trav&eacute;s de sat&eacute;lites o simplemente por telefon&iacute;a m&oacute;vil. Y, por si fuera poco, nuestra capacidad de computaci&oacute;n, con los nuevos supercomputadores, ha mejorado tanto que podemos incorporar toda esa informaci&oacute;n en tiempo real y realizar predicciones de la evoluci&oacute;n de los oc&eacute;anos de la misma forma que hacemos con el tiempo atmosf&eacute;rico. Si caemos en el segundo de los extremos con el que empez&aacute;bamos estas l&iacute;neas y nos dejamos llevar por la euforia tecnol&oacute;gica, podr&iacute;amos pensar que los ocean&oacute;grafos ya no necesitan salir al mar. La tecnolog&iacute;a nos acerca los datos hasta nuestros c&oacute;modos despachos y los modernos ordenadores hacen el resto. Como en otros campos del conocimiento, ya se habla de gemelos digitales de los oc&eacute;anos. Sin duda, el modelo de evaluaci&oacute;n cient&iacute;fica actual nos empuja a los ocean&oacute;grafos a abrazar estos nuevos usos, pero eso es otra historia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aurea mediocritas&rdquo;, o como dir&iacute;a un castizo, ni calvo ni con tres pelucas. Las oportunidades tecnol&oacute;gicas actuales son maravillosas y, en parte gracias a ellas, las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas alumbrar&aacute;n grandes descubrimientos sobre esos mares que cubren la mayor parte de nuestro planeta. Pero, al menos a corto y medio plazo, la tecnolog&iacute;a no es capaz de realizar todas las medidas que necesitamos, y los modelos, aunque muy valiosos, son solo modelos. Como se dec&iacute;a en la serie televisiva de la d&eacute;cada de 1990 &ldquo;Expediente X&rdquo;, &ldquo;la verdad est&aacute; ah&iacute; fuera&rdquo;, y los ocean&oacute;grafos tendr&aacute;n que seguir saliendo al mar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Vargas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/oceanografos-mar_132_11649008.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Sep 2024 17:58:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los oceanógrafos y el mar]]></media:title>
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