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    <title><![CDATA[elDiario.es - Iratxe Serrano]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/iratxe-serrano/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Iratxe Serrano]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Vacaciones de la infancia institucionalizada y su derecho al tiempo compartido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/vacaciones-infancia-institucionalizada-derecho-tiempo-compartido_132_13111758.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cfa8fd76-d5df-4d7b-bf59-30d7951b92c4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vacaciones de la infancia institucionalizada y su derecho al tiempo compartido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estas fechas invitan a la sociedad a recordar que la crianza no es solo una tarea privada de las familias, sino también una responsabilidad colectiva. Cuando un niño o una niña vive bajo la protección del sistema público, su bienestar depende en gran medida de la capacidad de la comunidad para generar apoyos, vínculos y oportunidades de relación</p></div><p class="article-text">
        Cuando llegan las vacaciones escolares, como ocurre durante la Semana Santa, muchas familias reorganizan sus rutinas. Los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as dejan temporalmente el ritmo de la escuela y aparecen d&iacute;as distintos: m&aacute;s tiempo en casa, visitas a los abuelos, actividades en familia, excursiones o campamentos. Para muchos adultos, estas fechas implican tambi&eacute;n el desaf&iacute;o de conciliar el trabajo con el cuidado de los hijos, recurriendo a redes familiares o a recursos comunitarios que ayudan a sostener la crianza durante los d&iacute;as no lectivos.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hay una realidad de la que poco se habla cuando se mencionan las vacaciones escolares: la de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que viven en el sistema de protecci&oacute;n, en hogares o centros residenciales. Para ellos, los periodos vacacionales tambi&eacute;n llegan, pero no siempre significan lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        En la infancia institucionalizada, la vida cotidiana est&aacute; necesariamente organizada a trav&eacute;s de normas, horarios y turnos profesionales. Los centros de protecci&oacute;n realizan un trabajo complejo y necesario, pero no pueden sustituir completamente aquello que para muchos resulta m&aacute;s significativo durante las vacaciones: la experiencia de compartir tiempo cotidiano con personas adultas de referencia en un entorno familiar.
    </p><p class="article-text">
        Mientras algunos ni&ntilde;os&nbsp;y ni&ntilde;as esperan con ilusi&oacute;n el final de las clases para pasar m&aacute;s tiempo con sus familias, visitar a sus abuelos o disfrutar de actividades especiales, otros permanecen en recursos residenciales donde la vida contin&uacute;a con una organizaci&oacute;n m&aacute;s institucional. En estos contextos, las vacaciones escolares pueden ser vividas de formas muy diversas: como una oportunidad para realizar actividades diferentes, pero tambi&eacute;n, en ocasiones, como un recordatorio de las distancias que existen respecto a la vida familiar de muchos de sus compa&ntilde;eros.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, en el &aacute;mbito de la protecci&oacute;n a la infancia, los periodos vacacionales adquieren un significado particular. No se trata &uacute;nicamente de organizar actividades de ocio o campamentos para los ni&ntilde;os que viven en centros, sino tambi&eacute;n de pensar c&oacute;mo ofrecer experiencias que se acerquen lo m&aacute;s posible a entornos relacionales significativos.
    </p><p class="article-text">
        En algunos casos, esto se traduce en la participaci&oacute;n en programas de familias colaboradoras o familias de respiro, que acogen temporalmente a ni&ntilde;os y ni&ntilde;as durante fines de semana o periodos vacacionales. En otros, en el fortalecimiento de v&iacute;nculos con la familia extensa que pueden compartir algunos d&iacute;as con ellos. Tambi&eacute;n existen iniciativas comunitarias que buscan que puedan disfrutar de experiencias cotidianas fuera del marco institucional.
    </p><p class="article-text">
        Estas experiencias no son un simple complemento recreativo. Numerosos estudios en el &aacute;mbito de la protecci&oacute;n infantil subrayan la importancia de que los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que crecen en contextos institucionales tengan oportunidades de establecer relaciones significativas y experimentar din&aacute;micas familiares normalizadas, aunque sea de forma temporal.
    </p><p class="article-text">
        Las vacaciones escolares, por tanto, pueden convertirse en una ocasi&oacute;n especialmente valiosa para promover este tipo de experiencias. En lugar de entenderlas &uacute;nicamente como un periodo en el que los centros organizan actividades distintas, pueden pensarse tambi&eacute;n como una oportunidad para ampliar las redes de relaci&oacute;n de estos ni&ntilde;os y ni&ntilde;as y acercarles a entornos comunitarios m&aacute;s amplios.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, estas fechas invitan a la sociedad a recordar que la crianza no es solo una tarea privada de las familias, sino tambi&eacute;n una responsabilidad colectiva. Cuando un ni&ntilde;o o una ni&ntilde;a vive bajo la protecci&oacute;n del sistema p&uacute;blico, su bienestar depende en gran medida de la capacidad de la comunidad para generar apoyos, v&iacute;nculos y oportunidades de relaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las vacaciones escolares nos recuerdan algo sencillo pero profundo: la infancia necesita juego, descanso y experiencias significativas. Pero, sobre todo, necesita personas adultas disponibles para compartir el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso conviene preguntarnos si, cuando llegan las vacaciones, estamos pensando tambi&eacute;n en aquellos ni&ntilde;os y ni&ntilde;as para quienes ese tiempo transcurre entre las paredes de una instituci&oacute;n. Porque las vacaciones deber&iacute;an ser, para todos ellos, una oportunidad de vivir algo m&aacute;s cercano a lo que toda infancia merece: tiempo, v&iacute;nculos y experiencias que hagan sentir que se pertenece a alg&uacute;n lugar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/vacaciones-infancia-institucionalizada-derecho-tiempo-compartido_132_13111758.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Mar 2026 10:56:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vacaciones de la infancia institucionalizada y su derecho al tiempo compartido]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el titular convierte una política de protección a la infancia en un atajo hacia la adopción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/titular-convierte-politica-proteccion-infancia-atajo-adopcion_132_13052258.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5443fc32-283f-4aef-88eb-85fc5955a261_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando el titular convierte una política de protección a la infancia en un atajo hacia la adopción"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El debate queda reducido a una relación entre adultos y decisiones administrativas. Y en ese desplazamiento del foco se pierde algo esencial: que el sistema de protección no existe para satisfacer expectativas adultas, sino para garantizar derechos y trayectorias vitales de niños y niñas</p></div><p class="article-text">
        En ocasiones una pol&iacute;tica p&uacute;blica puede partir de una intenci&oacute;n razonable y, sin embargo, terminar generando una percepci&oacute;n social distorsionada. No siempre ocurre por el contenido de la norma, sino por la manera en que se comunica. Y cuando se trata de infancia y protecci&oacute;n, esa diferencia entre lo que se pretende y lo que la ciudadan&iacute;a entiende no es un asunto balad&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as varios medios han publicado titulares sobre la futura ley de infancia que se prepara en Galicia. Los enunciados son muy similares entre s&iacute;: &ldquo;Las familias que acojan a menores con &eacute;xito tendr&aacute;n preferencia para adoptarlo&rdquo;, &ldquo;Galicia permitir&aacute; que los menores acogidos puedan ser adoptados por su misma familia&rdquo;, &ldquo;Las familias de acogida tendr&aacute;n prioridad para adoptar&rdquo;. Tres medios distintos, un mismo encuadre.
    </p><p class="article-text">
        Puede parecer una cuesti&oacute;n menor, una manera simple de sintetizar una reforma legislativa compleja. Pero los titulares no son neutros. Son la puerta de entrada al significado de una noticia. Y lo que estos titulares est&aacute;n transmitiendo es un mensaje muy concreto: que quien acoja a un ni&ntilde;o o una ni&ntilde;a tendr&aacute; una posici&oacute;n privilegiada para adoptarlo.
    </p><p class="article-text">
        El problema no es &uacute;nicamente que el titular simplifique. El problema es que la simplificaci&oacute;n termina alterando la l&oacute;gica del propio sistema de protecci&oacute;n. Porque el acogimiento familiar y la adopci&oacute;n, como medidas de protecci&oacute;n, no nacieron para lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        El acogimiento familiar es una medida de cuidado temporal. Su funci&oacute;n es ofrecer a un ni&ntilde;o o a una ni&ntilde;a un entorno familiar y seguro mientras se trabaja con su familia de origen o mientras se define su proyecto de vida. La adopci&oacute;n, en cambio, implica una ruptura jur&iacute;dica definitiva con la filiaci&oacute;n anterior y la creaci&oacute;n de un nuevo v&iacute;nculo de parentesco.
    </p><p class="article-text">
        Son figuras distintas porque responden a objetivos distintos. Cuando ambas se presentan en el espacio p&uacute;blico como etapas sucesivas de un mismo itinerario, el mensaje que se instala en el imaginario colectivo cambia radicalmente.
    </p><p class="article-text">
        Si alguien ajeno al funcionamiento del sistema de protecci&oacute;n lee solo esos titulares, la conclusi&oacute;n que probablemente extraer&aacute; es sencilla: acoges y si la situaci&oacute;n evoluciona de determinada manera, tendr&aacute;s preferencia para adoptarlo. Dicho de otro modo, el acogimiento aparece representado como una especie de antesala de la adopci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; es donde surge la incomodidad.
    </p><p class="article-text">
        Porque lo que podr&iacute;a haber sido presentado como una medida para evitar rupturas innecesarias en situaciones muy concretas termina siendo percibido socialmente como una v&iacute;a preferente hacia la adopci&oacute;n. Un atajo. Una puerta trasera.
    </p><p class="article-text">
        Esa narrativa no solo es problem&aacute;tica, sino que roza algo m&aacute;s inquietante. Sugiere que basta con acoger para situarse en una posici&oacute;n privilegiada desde la que aspirar a quedarse definitivamente con el ni&ntilde;o o ni&ntilde;a que se tiene bajo guarda. Como si el acogimiento pudiera convertirse en una forma indirecta de acceder a la adopci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Nadie que conozca m&iacute;nimamente el sistema de protecci&oacute;n defender&iacute;a algo as&iacute; de manera expl&iacute;cita. Sin embargo, ese es exactamente el mensaje que se desprende de muchos de los titulares que est&aacute;n circulando.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la comunicaci&oacute;n p&uacute;blica de una pol&iacute;tica produce ese efecto, conviene detenerse y preguntarse qu&eacute; est&aacute; ocurriendo. Porque en el terreno de la infancia el uso del lenguaje importa. Y mucho.
    </p><p class="article-text">
        Los titulares que hemos le&iacute;do estos d&iacute;as tambi&eacute;n comparten otra caracter&iacute;stica reveladora. En ellos aparecen las familias acogedoras y la administraci&oacute;n. Pero desaparecen casi por completo otros actores fundamentales: las familias de origen, las personas adoptadas y, sobre todo, los propios ni&ntilde;os y ni&ntilde;as como sujetos de derechos. Por ende, desaparecen de la ecuaci&oacute;n derechos fundamentales como la preservaci&oacute;n familiar.
    </p><p class="article-text">
        El debate queda reducido a una relaci&oacute;n entre adultos y decisiones administrativas. Y en ese desplazamiento del foco se pierde algo esencial: que el sistema de protecci&oacute;n no existe para satisfacer expectativas adultas, sino para garantizar derechos y trayectorias vitales de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        Hay adem&aacute;s otro elemento que rara vez se menciona cuando se construyen estas narrativas. Existen muchas personas y familias que se ofrecen para la adopci&oacute;n con una motivaci&oacute;n muy concreta: ser familia para toda la vida. Y esa decisi&oacute;n implica recorrer un proceso largo, exigente y lleno de incertidumbres. Supone formaci&oacute;n previa, evaluaciones psicosociales complejas y, en todos los casos, a&ntilde;os de espera. Todo ello bajo la premisa de que la adopci&oacute;n es una medida subsidiaria dentro del sistema de protecci&oacute;n y que solo se produce cuando no existe otra alternativa para garantizar el bienestar de la persona menor de edad.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se difunde la idea de que el acogimiento puede convertirse en una v&iacute;a preferente hacia la adopci&oacute;n, tambi&eacute;n se introduce una distorsi&oacute;n respecto a ese proceso. Porque transmite la impresi&oacute;n de que existe un camino m&aacute;s corto, una forma indirecta de llegar a aquello para lo que otras personas llevan a&ntilde;os prepar&aacute;ndose y esperando.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay una dimensi&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s profunda que tampoco suele aparecer en estos titulares: la experiencia de las propias personas adoptadas.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os muchas de ellas hemos empezado a relatar p&uacute;blicamente lo que supone crecer con la experiencia del abandono en la propia biograf&iacute;a. Hablamos de la p&eacute;rdida de nuestra historia familiar, de la ruptura de la filiaci&oacute;n original, de la dificultad para reconstruir la identidad o de la sensaci&oacute;n persistente de haber sido separadas de nuestro origen. Algunas describen esa experiencia como una herida que atraviesa toda la vida y otras, incluso, hablan de la necesidad de abolir la medida.
    </p><p class="article-text">
        Y no son pocas las personas adoptadas que han afirmado algo que incomoda profundamente al relato tradicional de la adopci&oacute;n: que, de haber tenido elecci&oacute;n, habr&iacute;an preferido no ser adoptadas y haber podido crecer dentro de su familia de origen o mantener v&iacute;nculos m&aacute;s significativos con ella.
    </p><p class="article-text">
        Escuchar estas voces no significa negar que existan adopciones que han ofrecido entornos protectores y afectivos. Significa reconocer que la adopci&oacute;n no es una soluci&oacute;n neutra, ni un ideal incuestionable. Es una medida extrema y subsidiaria del sistema de protecci&oacute;n, que implica p&eacute;rdidas profundas incluso cuando el resultado final puede ser positivo.
    </p><p class="article-text">
        Por eso resulta inevitable preguntarse qu&eacute; hay detr&aacute;s del impulso actual de determinadas reformas legislativas que facilitan la transici&oacute;n entre acogimiento y adopci&oacute;n. No es ning&uacute;n secreto que este tipo de propuestas cuenta con el respaldo de algunos profesionales y sobre todo de determinados lobbies familiares que llevan tiempo defendiendo esa aproximaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta que deber&iacute;amos hacernos es inc&oacute;moda, pero necesaria: &iquest;este impulso responde realmente al inter&eacute;s superior del menor que, a mi juicio es un concepto indeterminado o, en parte, al deseo leg&iacute;timo de algunas personas adultas de quedarse con un ni&ntilde;o o una ni&ntilde;a con quien ya han establecido un v&iacute;nculo?
    </p><p class="article-text">
        Dicho de forma a&uacute;n m&aacute;s directa, aunque resulte duro formularlo: &iquest;corremos el riesgo de que el acogimiento empiece a percibirse socialmente como una especie de &ldquo;alquiler con opci&oacute;n a compra&rdquo;? Lo entrecomillo porque soy consciente que puede sonar provocador, incluso injusto para muchas familias acogedoras que realizan una labor generosa y valiosa. Pero precisamente por respeto a esa labor conviene ser honestos con el debate.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, conviene se&ntilde;alar que lo que ahora se plantea en Galicia no es un fen&oacute;meno aislado. F&oacute;rmulas similares ya se han incorporado a la legislaci&oacute;n en otras comunidades aut&oacute;nomas, como la Comunidad de Madrid, y se est&aacute;n preparando textos con planteamientos parecidos en territorios como la Comunidad Valenciana, Castilla y Le&oacute;n o Canarias. Es decir, no estamos ante una medida puntual, sino ante una tendencia normativa que podr&iacute;a terminar reconfigurando el equilibrio entre acogimiento y adopci&oacute;n en el sistema de protecci&oacute;n espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Y precisamente por eso el debate deber&iacute;a ser mucho m&aacute;s profundo de lo que estamos viendo en el espacio p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Las pol&iacute;ticas de protecci&oacute;n de la infancia requieren delicadeza institucional, rigor jur&iacute;dico y una enorme responsabilidad &eacute;tica. Pero tambi&eacute;n necesitan la capacidad de formular preguntas inc&oacute;modas cuando las narrativas p&uacute;blicas empiezan a deslizarse hacia terrenos moral y &eacute;ticamente ambiguos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una buena idea se comunica mal, el resultado puede ser parad&oacute;jico. Lo que pretend&iacute;a proteger v&iacute;nculos puede terminar proyectando la idea de que existe un camino r&aacute;pido hacia la adopci&oacute;n. Y cuando la ciudadan&iacute;a percibe un atajo en un &aacute;mbito tan sensible como este, lo que se erosiona no es solo una reforma legislativa concreta. Lo que se resiente es la confianza en el propio sistema de protecci&oacute;n. Y esa es una consecuencia que ning&uacute;n titular ni ninguna administraci&oacute;n competente en la materia deber&iacute;a permitirse.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/titular-convierte-politica-proteccion-infancia-atajo-adopcion_132_13052258.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Mar 2026 10:40:10 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El código postal como destino: la brecha invisible de la infancia canaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/codigo-postal-destino-brecha-invisible-infancia-canaria_132_13029261.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f1f9a9c4-2f23-4387-bf13-16d578e8404b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El código postal como destino: la brecha invisible de la infancia canaria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pobreza infantil en Canarias no es un fenómeno inevitable ni un rasgo folclórico de la insularidad. Es consecuencia de decisiones políticas sostenidas en el tiempo. Mientras se afinan los lemas, miles de niños y niñas siguen esperando que la igualdad abandone el plano simbólico y se instale en su vida cotidiana
</p></div><p class="article-text">
        Canarias proyecta al exterior una imagen luminosa, casi id&iacute;lica. Sin embargo, cuando se observa con atenci&oacute;n la realidad de la infancia, esa postal se agrieta. <strong>Cuatro de cada diez ni&ntilde;os y ni&ntilde;as </strong>viven en riesgo de pobreza o exclusi&oacute;n social. No es un dato anecd&oacute;tico ni una mala racha estad&iacute;stica. Es la expresi&oacute;n de una fractura estructural que atraviesa el Archipi&eacute;lago y que tiene una dimensi&oacute;n especialmente inc&oacute;moda: la desigualdad territorial.
    </p><p class="article-text">
        En Canarias, el c&oacute;digo postal pesa demasiado. No solo determina el paisaje que se ve desde la ventana, sino las oportunidades reales a las que se puede acceder. Mientras en las &aacute;reas metropolitanas la pobreza se hace visible en la precariedad laboral o en la escalada del precio de la vivienda, en las zonas rurales y en las islas no capitalinas adopta una forma m&aacute;s silenciosa. Es una pobreza de acceso. No siempre se percibe a simple vista, pero limita trayectorias desde la primera infancia.
    </p><p class="article-text">
        Para muchas familias de las median&iacute;as o de municipios alejados de los grandes n&uacute;cleos, el problema no es &uacute;nicamente la renta. Es la distancia. Distancia a un recurso de atenci&oacute;n temprana, a un especialista en salud mental infantil o a una escuela infantil p&uacute;blica. Cada necesidad se traduce en desplazamientos largos, costes a&ntilde;adidos y una log&iacute;stica imposible para quienes ya viven en precariedad. Esta doble insularidad, geogr&aacute;fica y social, coloca a la infancia rural en una desventaja estructural dif&iacute;cil de remontar.
    </p><p class="article-text">
        La etapa de cero a tres a&ntilde;os evidencia con claridad esta brecha. La escasez de plazas p&uacute;blicas fuera de las zonas urbanas no solo complica la conciliaci&oacute;n. Condiciona el desarrollo cognitivo, emocional y social. Antes incluso de comenzar la educaci&oacute;n obligatoria, muchos ni&ntilde;os y ni&ntilde;as ya han acumulado desventajas que nada tienen que ver con su talento o esfuerzo.
    </p><p class="article-text">
        Ante esta realidad, las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas deber&iacute;an actuar como corrector de desigualdades. Redistribuir recursos, descentralizar servicios, garantizar prestaciones universales por crianza y asegurar alimentaci&oacute;n saludable durante todo el a&ntilde;o no son extravagancias. Son medidas b&aacute;sicas si se aspira a una m&iacute;nima cohesi&oacute;n territorial. La singularidad canaria no puede invocarse solo cuando conviene negociar financiaci&oacute;n; tambi&eacute;n obliga a compensar las desventajas internas.
    </p><p class="article-text">
        Es aqu&iacute; donde conviene detenerse, sin demasiada ingenuidad, en la pasi&oacute;n casi creativa con la que determinados gobiernos han cultivado el arte del eslogan. Con Coalici&oacute;n Canaria vivimos el &ldquo;un solo pueblo&rdquo;. Ahora, en la nueva temporada de la misma serie, toca &ldquo;islas iguales&rdquo;. La constancia es encomiable: cambian las legislaturas, cambian los socios, pero el departamento de marketing permanece firme como un roque. Hay que reconocer que, si la cohesi&oacute;n territorial dependiera del dise&ntilde;o gr&aacute;fico y de una banda sonora inspiradora, Canarias ser&iacute;a Finlandia.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que la realidad, tozuda y poco impresionable, no parece haber recibido el <em>briefing</em>. Porque si realmente fu&eacute;ramos un solo pueblo, no tendr&iacute;amos mapas de recursos que parecen dise&ntilde;ados desde las capitales con una precisi&oacute;n quir&uacute;rgica que siempre deja fuera a las mismas zonas. Y si las islas fueran iguales, el acceso a atenci&oacute;n temprana, salud mental infantil o escuelas infantiles p&uacute;blicas no depender&iacute;a tanto del c&oacute;digo postal. A veces da la sensaci&oacute;n de que basta con repetir la consigna en rueda de prensa para que las median&iacute;as florezcan en servicios por generaci&oacute;n espont&aacute;nea. Como si el territorio obedeciera por saturaci&oacute;n sem&aacute;ntica.
    </p><p class="article-text">
        Luego est&aacute; la invocaci&oacute;n casi lit&uacute;rgica a &ldquo;lo nuestro&rdquo;. Se pronuncia con tal solemnidad que una teme que, en cualquier momento, empiecen a repartir certificados de pureza insular en la puerta del Parlamento. &ldquo;Lo nuestro&rdquo; sirve para blindar decisiones, para cerrar filas y, sobre todo, para incomodar a quien ose preguntar por qu&eacute; las cifras de pobreza infantil siguen encabezando rankings poco honorables. Resulta curioso que reclamar equidad territorial pueda interpretarse como una traici&oacute;n identitaria. Como si defender que la infancia de una isla no capitalina tenga los mismos derechos fuera una extravagancia tra&iacute;da en la maleta desde Wisconsin.
    </p><p class="article-text">
        Pero la canariedad no es patrimonio exclusivo de ning&uacute;n partido ni se activa por repetici&oacute;n de lema. No consiste en apropiarse del territorio en primera persona del plural mientras se gobierna en singular. Si de verdad hablamos de cohesi&oacute;n, habr&aacute; que demostrarla donde importa: en la distribuci&oacute;n de recursos, en la descentralizaci&oacute;n efectiva y en presupuestos que compensen desigualdades hist&oacute;ricas. Lo dem&aacute;s es ret&oacute;rica con acento local y vocaci&oacute;n de pancarta.
    </p><p class="article-text">
        Porque una cosa es el orgullo leg&iacute;timo de pertenencia y otra convertir la identidad en cortina de humo. La infancia no necesita consignas emocionantes ni campa&ntilde;as con estribillo pegadizo. Necesita planificaci&oacute;n seria, redistribuci&oacute;n real y servicios p&uacute;blicos que no dependan del lugar de nacimiento.
    </p><p class="article-text">
        La pobreza infantil en Canarias no es un fen&oacute;meno inevitable ni un rasgo folcl&oacute;rico de la insularidad. Es consecuencia de decisiones pol&iacute;ticas sostenidas en el tiempo. Mientras se afinan los lemas, miles de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as siguen esperando que la igualdad abandone el plano simb&oacute;lico y se instale en su vida cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        Si aspiramos a un Archipi&eacute;lago verdaderamente cohesionado, el primer indicador no deber&iacute;a ser la creatividad del eslogan, sino la capacidad de garantizar que nacer en una median&iacute;a o en una isla no capitalina no condicione el futuro. Porque la verdadera canariedad se mide en derechos efectivos, no en frases repetidas hasta que suenan convincentes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/codigo-postal-destino-brecha-invisible-infancia-canaria_132_13029261.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Feb 2026 12:33:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El código postal como destino: la brecha invisible de la infancia canaria]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las escuelas infantiles, un servicio ejemplar con un reto pendiente: promover horarios más compatibles para las familias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/escuelas-infantiles-servicio-ejemplar-reto-pendiente-promover-horarios-compatibles-familias_132_13001022.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a294ee91-12cb-48cc-82ba-ac1ecebdb3a2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las escuelas infantiles, un servicio ejemplar con un reto pendiente: promover horarios más compatibles para las familias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las escuelas infantiles públicas funcionan, sobre todo, porque hay personas que las sostienen con algo más que profesionalidad. Las educadoras no solo llegan con títulos y competencias bajo el brazo; llegan con paciencia infinita, con una sensibilidad afinada y con esa ternura que no se aprende en cursos, pero marca la diferencia</p></div><p class="article-text">
        La Consejer&iacute;a de Bienestar Social del Gobierno de Canarias gestiona una red de trece escuelas infantiles repartidas por las islas: cuatro en Gran Canaria, ocho en Tenerife y una en La Palma. Trece espacios donde lo cotidiano adquiere un valor extraordinario, donde el llanto deja de ser desconsuelo para convertirse en lenguaje y la rutina diaria se transforma, casi sin que nadie lo note, en un peque&ntilde;o milagro de cuidado y crecimiento.
    </p><p class="article-text">
        Antes de entrar en balances, horarios y organigramas, conviene decir algo que no cabe en ninguna memoria t&eacute;cnica. Las escuelas infantiles p&uacute;blicas funcionan, sobre todo, porque hay personas que las sostienen con algo m&aacute;s que profesionalidad. Las educadoras no solo llegan con t&iacute;tulos y competencias bajo el brazo; llegan con paciencia infinita, con una sensibilidad afinada y con esa ternura que no se aprende en cursos, pero marca la diferencia. Saben escuchar llantos como quien lee entre l&iacute;neas, entienden lo que a&uacute;n no tiene palabras y ponen calma donde solo hay sue&ntilde;o o miedo. Quien ha dejado alguna vez a su hijo o hija en sus brazos sabe que all&iacute; no se custodia el tiempo: se cuida la vida; no se atiende un servicio, se acompa&ntilde;a una infancia.
    </p><p class="article-text">
        Ese cuidado no se queda solo en el aula, se contagia al resto del equipo. El personal de cocina, limpieza y mantenimiento trabaja sin focos ni aplausos, pero su labor es la que hace que todo funcione. Son quienes dejan los suelos listos para que gatear sea seguro, porque alguien entendi&oacute; que tambi&eacute;n ah&iacute; se juegan los derechos de la infancia. Son quienes cocinan pensando no solo en calor&iacute;as, sino en cari&ntilde;o, y quienes arreglan lo que se estropea antes de que el problema tenga nombre. Gracias a&nbsp;cada uno de esos profesionales, el bienestar infantil no es una frase bonita para colgar en la pared, sino algo que se nota cada d&iacute;a, aunque casi nadie lo diga en voz alta.
    </p><p class="article-text">
        La escuela infantil es tambi&eacute;n ese primer escenario donde se aprende a vivir con otros. All&iacute; los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as empiezan a compartir juguetes, miradas y el cat&aacute;logo completo de virus de la primera infancia. Se acatarran, claro, pero en el proceso se hacen fuertes. No solo por dentro, tambi&eacute;n por fuera. Aprenden que el mundo no acaba en el sal&oacute;n de casa, que hay otros brazos fiables, otras voces que consuelan y otros espacios donde sentirse a salvo. Y eso, aunque no figure en ning&uacute;n curr&iacute;culo, es una de las lecciones m&aacute;s importantes de todas.
    </p><p class="article-text">
        Es precisamente desde este reconocimiento a la calidad humana y profesional del servicio desde donde toca decir lo inc&oacute;modo. El horario. La hora de entrada y la de salida, fijadas en un marco r&iacute;gido, dif&iacute;cilmente dialogan con la realidad laboral de la mayor&iacute;a de las familias. En la pr&aacute;ctica, sigue apoy&aacute;ndose en la idea de que alguien, casi siempre una mujer, estar&aacute; disponible para llegar a tiempo. Un planteamiento que choca frontalmente con los discursos sobre igualdad, corresponsabilidad y conciliaci&oacute;n que decimos defender, pero que todav&iacute;a cuesta llevar al terreno de lo cotidiano.
    </p><p class="article-text">
        Y no, esta no es una inquietud que solo se escuche en las puertas de entrada cuando se mira el reloj con prisa. Una parte importante del propio personal de las escuelas infantiles lleva tiempo diciendo, con calma y con sentido com&uacute;n, que los horarios necesitan ponerse al d&iacute;a. No para trabajar menos ni para cuidar peor, sino para adaptarse a una realidad social que ya no es la de antes, sin tocar en absoluto lo que hoy funciona y lo que hace que el servicio sea tan bueno como es.
    </p><p class="article-text">
        Perm&iacute;tanme introducir aqu&iacute; una experiencia personal. A pesar de mi trayectoria profesional en el &aacute;mbito de la protecci&oacute;n a la infancia, nunca antes hab&iacute;a necesitado recurrir a una escuela infantil para un beb&eacute; de apenas cuatro meses. Cuando se present&oacute; esa circunstancia, motivada por mis propias exigencias laborales durante el periodo en que ten&iacute;a al menor en acogimiento familiar, fue la Escuela Infantil Asunci&oacute;n la que nos acogi&oacute;. Entonces comprob&eacute; que, incluso disponiendo de la relativa flexibilidad propia de un puesto en la administraci&oacute;n p&uacute;blica, no lograba llegar a tiempo a la recogida. Un aspecto aparentemente tan simple como el horario se transformaba as&iacute; en una dificultad diaria.
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que a m&aacute;s de una persona le rondar&aacute; la pregunta, dicha en voz alta o en silencio: &ldquo;&iquest;Y por qu&eacute; no se cambi&oacute; esto cuando usted fue directora general?&rdquo;. Es una pregunta leg&iacute;tima, incluso necesaria. La respuesta no es una coartada, es una constataci&oacute;n. Hay decisiones que, por mucho conocimiento t&eacute;cnico que se tenga, no se entienden del todo hasta que te atraviesan la rutina. La vida diaria tiene una forma muy eficaz de ense&ntilde;arnos lo que los despachos no siempre alcanzan a ver.
    </p><p class="article-text">
        Por eso esta reflexi&oacute;n no apunta ni se&ntilde;ala a quienes hoy est&aacute;n al frente de la Consejer&iacute;a. Todo lo contrario. Nace desde el respeto institucional y con una voluntad claramente constructiva. Se trata de abrir una conversaci&oacute;n honesta sobre c&oacute;mo ajustar lo organizativo a la vida real de las familias y del propio personal, sin tocar lo esencial, porque lo esencial ya est&aacute; bien hecho y funciona.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y quiero terminar como se terminan las cosas importantes, dando las gracias. Gracias a las educadoras, especialmente a Patri y a Carmen y a todo el personal que cuid&oacute;, acompa&ntilde;&oacute; y sostuvo con profesionalidad y una ternura inmensa al beb&eacute; que tuve en acogimiento familiar. Gracias por la calma, por la mirada atenta, por cada gesto peque&ntilde;o que hac&iacute;a grande el d&iacute;a. Gracias por la paciencia infinita que mostraron frente a llantos inesperados, por la capacidad de entender lo que a&uacute;n no pod&iacute;a decirse con palabras y por convertir cada rutina en un acto de cuidado real. Gracias por el respeto con el que trataron su individualidad, por la coherencia y constancia que transmiten seguridad y confianza, y por ese equilibrio sutil entre disciplina y cari&ntilde;o que hace que los ni&ntilde;os se sientan acompa&ntilde;ados sin perder libertad. Gracias tambi&eacute;n al personal de cocina, limpieza y mantenimiento, que con su dedicaci&oacute;n silenciosa hacen que cada aula sea segura, acogedora y viva. Si este servicio es ejemplar, lo es por ustedes. Y ese reconocimiento, de vez en cuando, tambi&eacute;n merece ocupar un lugar en la opini&oacute;n p&uacute;blica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/escuelas-infantiles-servicio-ejemplar-reto-pendiente-promover-horarios-compatibles-familias_132_13001022.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Feb 2026 13:08:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las escuelas infantiles, un servicio ejemplar con un reto pendiente: promover horarios más compatibles para las familias]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amar sin apropiarse: reflexiones éticas sobre el acogimiento familiar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/amar-apropiarse-reflexiones-eticas-acogimiento-familiar_132_12960464.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Amar a una niña o un niño acogido supone implicarse de verdad. Conlleva cuidar, vincular, responder, estar disponible emocionalmente y ofrecer seguridad. Pero amar sin apropiarse exige, además, una renuncia consciente: la de no ocupar un lugar que no nos corresponde, por legítimo y profundo que sea el afecto construido
</p></div><p class="article-text">
        En el acogimiento familiar hay una idea que resulta tan sencilla en apariencia como profundamente exigente en la pr&aacute;ctica: amar sin apropiarse. No es una verdad revelada ni una consigna incuestionable, sino una reflexi&oacute;n que se va construyendo con el tiempo, desde la experiencia y desde las preguntas que inevitablemente surgen cuando se acompa&ntilde;a de cerca la vida de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que han atravesado situaciones de desprotecci&oacute;n. Es, en cualquier caso, uno de los ejes &eacute;ticos que, a mi juicio, sostienen con mayor coherencia esta medida de protecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lo que comparto aqu&iacute; no pretende sentar c&aacute;tedra ni ofrecer respuestas cerradas. Hablo desde un lugar concreto: el de quien ha acompa&ntilde;ado procesos de acogimiento desde la pr&aacute;ctica profesional y tambi&eacute;n desde una implicaci&oacute;n personal prolongada en el sistema de protecci&oacute;n. Esa doble mirada, necesariamente parcial y situada, me ha ense&ntilde;ado sobre todo a desconfiar de las certezas absolutas. Si algo exige la &eacute;tica es precisamente prudencia, humildad y la conciencia permanente de que siempre hablamos desde l&iacute;mites propios.
    </p><p class="article-text">
        Amar a una ni&ntilde;a o un ni&ntilde;o acogido supone implicarse de verdad. Conlleva cuidar, vincular, responder, estar disponible emocionalmente y ofrecer seguridad. Pero amar sin apropiarse exige, adem&aacute;s, una renuncia consciente: la de no ocupar un lugar que no nos corresponde, por leg&iacute;timo y profundo que sea el afecto construido. En acogimiento familiar, el amor no otorga derechos de pertenencia, y asumirlo es&nbsp;para m&iacute; una de las mayores complejidades emocionales y &eacute;ticas del proceso.
    </p><p class="article-text">
        La apropiaci&oacute;n no siempre adopta formas expl&iacute;citas. A veces se cuela en el lenguaje, en los gestos, en la manera de narrar la historia del ni&ntilde;o o la ni&ntilde;a, en la comparaci&oacute;n impl&iacute;cita con su familia de origen. Otras veces aparece en el deseo, comprensible y humano, de &ldquo;haberlo hecho mejor&rdquo;, de &ldquo;haber estado antes&rdquo;, de &ldquo;haber sido suficiente&rdquo;. Pero el acogimiento familiar no va de ser mejores padres o madres que nadie. Va de ser un sost&eacute;n temporal al servicio del inter&eacute;s superior de esa persona menor de edad.
    </p><p class="article-text">
        En ese marco, honrar el origen no es una consigna ideol&oacute;gica ni un posicionamiento te&oacute;rico abstracto, sino una responsabilidad &eacute;tica concreta. Toda persona menor de edad susceptible de una medida de protecci&oacute;n tiene un origen, y ese origen tiene nombre propio. En la inmensa mayor&iacute;a de los casos, ese origen es una madre. Una madre que puede haber fallado, que puede haber estado ausente, que puede haber causado da&ntilde;o o que puede no haber podido ejercer el cuidado en un momento determinado. Reconocer esto no implica justificar ni minimizar el sufrimiento vivido por el ni&ntilde;o o la ni&ntilde;a, implica algo distinto y m&aacute;s complejo: aceptar que esa mujer sigue siendo su madre, y que ocupar simb&oacute;licamente su lugar es una forma de violencia, aunque se haga desde el amor.
    </p><p class="article-text">
        Honrar a la madre biol&oacute;gica no significa idealizarla ni negar los hechos. Significa no borrarla, no degradarla, no convertirla en un obst&aacute;culo narrativo. Significa permitir que el ni&ntilde;o o la ni&ntilde;a construya su identidad sin tener que romper con su origen para poder vincularse con quienes le cuidan. Porque cuando una persona menor de edad percibe, aunque nadie lo diga expl&iacute;citamente, que para ser querida debe renegar de su madre, se la coloca ante un conflicto imposible.
    </p><p class="article-text">
        Amar sin apropiarse es, en este sentido, un acto profundamente reparador. Permite integrar la historia sin fragmentarla, querer a quienes cuidan sin sentir que se traiciona a la madre, y volver a ella, si ese es el&nbsp;pron&oacute;stico y objetivo de la medida, sin culpa ni lealtades divididas. Es una forma de cuidado que no coloniza la identidad del otro y que respeta sus v&iacute;nculos esenciales.
    </p><p class="article-text">
        Desde esta mirada, el acogimiento familiar se revela como una tarea de enorme madurez emocional. Exige revisar el propio ego, las expectativas, las motivaciones y el lugar desde el que se ejerce el cuidado. Exige aceptar que el &eacute;xito del acogimiento familiar, en muchos casos, se mide precisamente por la capacidad de hacerse a un lado cuando ya no se es necesario. Y eso no es abandono; es coherencia con el sentido profundo de la medida.
    </p><p class="article-text">
        Hablar de &eacute;tica en este contexto, al menos para m&iacute;, implica asumir tambi&eacute;n una cierta incomodidad. &iquest;Qui&eacute;n es una para hablar de &eacute;tica? Probablemente alguien que sigue aprendiendo, equivoc&aacute;ndose y revis&aacute;ndose. La &eacute;tica no se proclama; se practica de manera imperfecta, en decisiones concretas y en dilemas reales. Por eso estas reflexiones no nacen desde una posici&oacute;n de superioridad moral, sino desde la responsabilidad de pensar cr&iacute;ticamente aquello que hacemos y el impacto que tiene en la vida de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        Honrar el origen, y en concreto a la madre biol&oacute;gica, es tambi&eacute;n una manera de sostener el sistema de protecci&oacute;n desde la &eacute;tica y no desde el juicio moral. El acogimiento familiar no existe para se&ntilde;alar culpables, sino para proteger a la infancia mientras los adultos, todos, hacemos lo que nos corresponde. Cuando una madre puede recuperar a su criatura, ese no es un fracaso del acogimiento familiar, sino su culminaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Amar sin apropiarse es, probablemente, una de las formas m&aacute;s dif&iacute;ciles y m&aacute;s honestas de amar. Implica aceptar que el v&iacute;nculo no te pertenece, que ese ni&ntilde;o o ni&ntilde;a no es tuyo, y que tu funci&oacute;n tiene un l&iacute;mite claro y necesario. Pero tambi&eacute;n es una forma de amor profundamente respetuosa, que no exige renuncias identitarias ni cobra deudas emocionales.
    </p><p class="article-text">
        En el acogimiento familiar, amar bien no es amar m&aacute;s, sino amar mejor. Y amar mejor, muchas veces, consiste en cuidar con todo el coraz&oacute;n mientras se protege, sin condiciones ni reservas, el lugar irrenunciable del origen. Solo desde ah&iacute; una ni&ntilde;a o un ni&ntilde;o puede crecer libre, &iacute;ntegro y en paz con su propia historia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/amar-apropiarse-reflexiones-eticas-acogimiento-familiar_132_12960464.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Feb 2026 18:04:19 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Amar sin apropiarse: reflexiones éticas sobre el acogimiento familiar]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el sistema no cambia, pero la infancia sí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/sistema-no-cambia-infancia-si_132_12938014.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0a1ba607-e4f0-4c4e-bf95-97502566cc40_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando el sistema no cambia, pero la infancia sí"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No basta con crear más plazas para el acogimiento residencial o endurecer las medidas de control. Es imprescindible fortalecer la atención en salud mental infantojuvenil, formar de manera especializada a los equipos técnicos de protección y dotar a los centros educativos de recursos suficientes para acompañar trayectorias vitales complejas</p></div><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas, el sistema de protecci&oacute;n a la infancia en Espa&ntilde;a ha experimentado reformas normativas relevantes, ajustes organizativos y una creciente especializaci&oacute;n t&eacute;cnica. Sin embargo, hay una realidad que no siempre se nombra con la claridad necesaria: los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que hoy forman parte del sistema de protecci&oacute;n no son los mismos que hace veinte o treinta a&ntilde;os, y el sistema no ha sabido adaptarse a ese cambio con la profundidad que requiere.
    </p><p class="article-text">
        Durante buena parte de los a&ntilde;os noventa y principios de los dos mil, el perfil mayoritario de los menores atendidos en protecci&oacute;n respond&iacute;a, en t&eacute;rminos generales, a situaciones de abandono, negligencia o desestructuraci&oacute;n familiar vinculadas a pobreza, exclusi&oacute;n social, consumo de sustancias o ausencia de apoyos parentales. Eran ni&ntilde;os y ni&ntilde;as con carencias afectivas y educativas, pero no necesariamente con problem&aacute;ticas cl&iacute;nicas complejas. El sistema, con todas sus limitaciones, estaba pensado para responder a ese perfil: ofrecer cuidado, estabilidad, escolarizaci&oacute;n y, en el mejor de los casos, una alternativa familiar.
    </p><p class="article-text">
        Hoy la realidad es otra. De forma cada vez m&aacute;s evidente, una parte muy significativa de los ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes del sistema de protecci&oacute;n presenta problemas de salud mental. Trastornos de ansiedad, depresi&oacute;n, conductas autolesivas, ideaci&oacute;n suicida, trastornos del v&iacute;nculo, trauma complejo o dificultades graves de regulaci&oacute;n emocional forman parte del d&iacute;a a d&iacute;a de los recursos de acogimiento residencial y familiar. Esta situaci&oacute;n no es anecd&oacute;tica ni excepcional. Se ha convertido en un rasgo estructural del sistema.
    </p><p class="article-text">
        Este cambio de perfil interpela directamente a nuestras pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. No se trata solo de que los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as lleguen al sistema con historias vitales m&aacute;s complejas, marcadas por violencias tempranas, negligencias prolongadas o experiencias traum&aacute;ticas acumuladas. El problema de fondo es que el sistema de protecci&oacute;n sigue funcionando, en gran medida, como si estos perfiles no existieran o como si pudieran abordarse &uacute;nicamente desde una l&oacute;gica social y educativa.
    </p><p class="article-text">
        La realidad demuestra que no es as&iacute;. Un sistema de protecci&oacute;n que atiende a una infancia con elevados niveles de sufrimiento ps&iacute;quico no puede operar de espaldas a la sanidad ni a la educaci&oacute;n. Pretender que equipos sociales y educativos, por muy comprometidos que est&eacute;n, asuman en solitario problem&aacute;ticas de salud mental graves es no solo ineficaz, sino profundamente injusto, tanto para los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as como para los propios profesionales.
    </p><p class="article-text">
        La fragmentaci&oacute;n entre sistemas es, en este sentido, uno de los grandes fracasos estructurales. La coordinaci&oacute;n con salud mental infantojuvenil suele ser insuficiente, lenta o condicionada por listas de espera interminables. Los recursos sanitarios especializados no siempre reconocen a los menores tutelados como una prioridad, a pesar de su extrema vulnerabilidad. En el &aacute;mbito educativo, la falta de apoyos espec&iacute;ficos, de adaptaciones reales y de una comprensi&oacute;n profunda del impacto del trauma en el aprendizaje sigue provocando expulsiones encubiertas, absentismo y fracaso escolar.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es un sistema de protecci&oacute;n que act&uacute;a como contenedor del malestar, pero no como espacio real de reparaci&oacute;n. Se multiplican las medidas restrictivas, los cambios de recurso, las rupturas de v&iacute;nculo y las derivaciones tard&iacute;as, mientras el sufrimiento de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as se cronifica. Cuando esto ocurre, el sistema no solo falla en su funci&oacute;n protectora, sino que contribuye, sin pretenderlo, a profundizar el da&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Desde una perspectiva de derechos humanos, esta situaci&oacute;n es especialmente preocupante. El derecho a la protecci&oacute;n no puede desvincularse del derecho a la salud y del derecho a la educaci&oacute;n. No son compartimentos estancos, sino dimensiones inseparables del desarrollo integral de la infancia. Un ni&ntilde;o o una ni&ntilde;a con problemas de salud mental no puede ser protegido adecuadamente si no recibe atenci&oacute;n sanitaria especializada, ni puede construir un proyecto de vida sin un sistema educativo que comprenda y acompa&ntilde;e su proceso.
    </p><p class="article-text">
        Resulta necesario asumir, con total honestidad, que el sistema de protecci&oacute;n no puede hacerlo todo solo. La respuesta a la infancia m&aacute;s vulnerable exige un compromiso real y corresponsable de todas las &aacute;reas implicadas. Sanidad, educaci&oacute;n y servicios sociales deben dejar de operar como sistemas independientes y empezar a funcionar como una red integrada, con protocolos claros, recursos compartidos y una visi&oacute;n com&uacute;n centrada en el inter&eacute;s superior de la infancia.
    </p><p class="article-text">
        Esto implica tambi&eacute;n una revisi&oacute;n profunda de la inversi&oacute;n p&uacute;blica. No basta con crear m&aacute;s plazas para el acogimiento residencial o endurecer las medidas de control. Es imprescindible fortalecer la atenci&oacute;n en salud mental infantojuvenil, formar de manera especializada a los equipos t&eacute;cnicos de protecci&oacute;n y dotar a los centros educativos de recursos suficientes para acompa&ntilde;ar trayectorias vitales complejas. Sin esta apuesta, cualquier discurso sobre protecci&oacute;n integral queda vac&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        La infancia que hoy llega al sistema de protecci&oacute;n nos est&aacute; diciendo algo con claridad: necesita algo m&aacute;s que custodia y supervisi&oacute;n. Necesita cuidado, reparaci&oacute;n y acompa&ntilde;amiento integral. Si el sistema no escucha este cambio de perfil y no se transforma en consecuencia, seguir&aacute; acumulando fracasos, aunque las leyes sigan proclamando derechos.
    </p><p class="article-text">
        Proteger a la infancia hoy exige asumir que el problema no es solo social, sino tambi&eacute;n sanitario y educativo. Y exige, sobre todo, voluntad pol&iacute;tica para construir respuestas integrales que est&eacute;n a la altura de una infancia que ha cambiado y que no puede seguir esperando a que los sistemas se pongan de acuerdo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/sistema-no-cambia-infancia-si_132_12938014.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Jan 2026 21:55:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando el sistema no cambia, pero la infancia sí]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hijos que estorban, adultos que dimiten]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/hijos-estorban-adultos-dimiten_132_12902684.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde los poderes públicos se constata el síntoma, pero no se asume ninguna responsabilidad política sobre sus causas. No se anuncian programas sólidos de acompañamiento a la parentalidad, ni estrategias preventivas, ni una coordinación real entre servicios sociales, educación y sanidad</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos d&iacute;as se ha instalado en el debate p&uacute;blico un relato inquietante: padres y madres que, desbordados, acuden a la Administraci&oacute;n porque dicen no poder &ldquo;controlar&rdquo; a sus hijos y piden que sea el sistema de protecci&oacute;n quien se haga cargo. El mensaje se lanza desde instancias institucionales como si estuvi&eacute;ramos ante una &ldquo;nueva realidad&rdquo; inevitable, casi natural, ante la que poco cabe hacer m&aacute;s all&aacute; de asumirla y gestionarla. Y ah&iacute; empieza el verdadero problema.
    </p><p class="article-text">
        Porque no es inocente c&oacute;mo se nombra lo que ocurre. Hablar de &ldquo;renuncias&rdquo; a la patria potestad no solo es jur&iacute;dicamente incorrecto, sino profundamente revelador del marco mental desde el que se interpreta la crianza. La patria potestad no es un derecho opcional ni una carga que se pueda devolver cuando pesa demasiado. Es un conjunto de deberes irrenunciables hacia los hijos e hijas, establecidos precisamente para protegerlos cuando los adultos fallan. Presentar estas situaciones como una suerte de decisi&oacute;n voluntaria de los progenitores banaliza la responsabilidad parental y genera una peligrosa confusi&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s preocupante a&uacute;n es el enfoque que reduce todo a una supuesta incapacidad de &ldquo;controlar&rdquo; a los menores. Controlar. Como si educar fuera someter, como si criar consistiera en dominar conductas y no en acompa&ntilde;ar procesos. Este lenguaje no es neutro: coloca el foco en ni&ntilde;os y adolescentes como sujetos problem&aacute;ticos y desplaza la responsabilidad de los adultos y del propio sistema. No se habla de acompa&ntilde;amiento, de v&iacute;nculos, de l&iacute;mites coherentes, de presencia adulta. Se habla de control, y cuando este falla, de derivaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lo que brilla por su ausencia en este discurso institucional es cualquier an&aacute;lisis estructural. No se menciona el uso masivo y desregulado de pantallas desde edades cada vez m&aacute;s tempranas. No se habla de la falta de alfabetizaci&oacute;n digital de las familias ni de la sustituci&oacute;n de la presencia adulta por dispositivos. No se alude al deterioro de la salud mental infantojuvenil, ni a la precariedad vital de muchas familias, ni a la soledad con la que hoy se ejerce la crianza. Tampoco aparece la corresponsabilidad de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en esta situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Desde los poderes p&uacute;blicos se constata el s&iacute;ntoma, pero no se asume ninguna responsabilidad pol&iacute;tica sobre sus causas. No se anuncian programas s&oacute;lidos de acompa&ntilde;amiento a la parentalidad, ni estrategias preventivas, ni una coordinaci&oacute;n real entre servicios sociales, educaci&oacute;n y sanidad. No hay propuestas de intervenci&oacute;n temprana ni de fortalecimiento comunitario. Solo un relato descriptivo, casi resignado, que normaliza que cuando la crianza se vuelve dif&iacute;cil, el sistema de protecci&oacute;n act&uacute;e como contenedor final.
    </p><p class="article-text">
        Este planteamiento enlaza con una crisis m&aacute;s profunda que llevamos tiempo arrastrando: la de una sociedad que ha trivializado la decisi&oacute;n de tener hijos. Se tienen hijos &ldquo;porque toca&rdquo;, porque forma parte del gui&oacute;n vital esperado, pero sin una reflexi&oacute;n real sobre lo que implica sostener un proceso de crianza a largo plazo. Criar no es delegar, ni externalizar, ni esperar que otros arreglen lo que no se sostiene en el &aacute;mbito familiar. Criar exige tiempo, l&iacute;mites, implicaci&oacute;n emocional y responsabilidad adulta. Y tambi&eacute;n exige apoyos p&uacute;blicos cuando estos fallan.
    </p><p class="article-text">
        El problema no es que existan familias desbordadas; eso ha ocurrido siempre. El verdadero problema es que desde las instituciones se responda con un discurso pobre, sin horizonte pol&iacute;tico, sin atisbo de soluciones estructurales. Nombrar el fen&oacute;meno sin cuestionar el modelo es una forma elegante de eludir responsabilidades. Y cuando hablamos de infancia y adolescencia, esa evasi&oacute;n tiene consecuencias graves.
    </p><p class="article-text">
        La crianza no es un asunto privado que, cuando fracasa, se deriva al sistema de protecci&oacute;n. Es una responsabilidad social que requiere pol&iacute;ticas p&uacute;blicas valientes, preventivas y sostenidas en el tiempo. Mientras sigamos aceptando discursos que gestionan el s&iacute;ntoma pero no afrontan las causas, seguiremos cronificando el problema. Y en ese proceso, quienes pagan el precio m&aacute;s alto no son los adultos desbordados, sino los ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes a los que decimos proteger.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/hijos-estorban-adultos-dimiten_132_12902684.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Jan 2026 20:41:14 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Hijos que estorban, adultos que dimiten]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Infancia en jaque]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/infancia-jaque_132_12879077.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e38c9767-c171-4b7d-8d06-6af720178f4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Infancia en jaque"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde una mirada progresista y centrada en los derechos de la infancia, la pregunta clave no es quién tutela, sino con qué medios, bajo qué controles y con qué prioridad política</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos meses, el debate p&uacute;blico sobre el sistema de protecci&oacute;n a la infancia en Espa&ntilde;a ha vuelto a ocupar titulares a ra&iacute;z de distintos casos y sucesos ocurridos en varias comunidades aut&oacute;nomas. En algunos territorios, estas situaciones han generado una fuerte conmoci&oacute;n social; en otros, han pasado casi desapercibidas. Pero ser&iacute;a un error interpretar el silencio medi&aacute;tico como ausencia de problemas. La realidad es mucho m&aacute;s inc&oacute;moda. En todas partes se cuecen habas y, cuando hablamos de infancia tutelada, el silencio no protege, sino que agrava.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; saliendo a la luz no responde a episodios aislados ni a fallos puntuales de gesti&oacute;n, sino a las grietas profundas de un modelo que muestra signos evidentes de agotamiento. All&iacute; donde la prensa ha puesto el foco, las carencias han quedado expuestas; donde no lo ha hecho, estas siguen operando de manera soterrada, sostenidas por la precariedad cr&oacute;nica de los recursos, la sobrecarga permanente de los equipos y una falta de inversi&oacute;n estructural que ya no puede justificarse por desconocimiento. El debate sobre c&oacute;mo protegemos a ni&ntilde;os y ni&ntilde;as en situaci&oacute;n de vulnerabilidad no es solo oportuno, es urgente, porque los fallos se repiten con demasiada similitud en pr&aacute;cticamente todas las comunidades aut&oacute;nomas.
    </p><p class="article-text">
        Resulta especialmente preocupante comprobar c&oacute;mo, en algunos territorios, la acumulaci&oacute;n de irregularidades administrativas, deficiencias en el control del gasto y fragilidades organizativas ha terminado teniendo un impacto directo en la vida de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as bajo tutela p&uacute;blica. Cuando un menor sufre abusos graves mientras se encuentra protegido por la Administraci&oacute;n, no estamos ante un accidente ni ante una mala praxis individual. Estamos ante el fracaso del sistema en su funci&oacute;n m&aacute;s b&aacute;sica: garantizar la seguridad y los derechos fundamentales de la infancia.
    </p><p class="article-text">
        Insistir en que se trata de excepciones resulta cada vez menos cre&iacute;ble. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os han aflorado denuncias de abusos sexuales y situaciones de violencia en recursos de protecci&oacute;n de distintas comunidades aut&oacute;nomas. M&aacute;s de mil menores tutelados han denunciado abusos desde 2019, una cifra que deber&iacute;a haber provocado una reacci&oacute;n pol&iacute;tica mucho m&aacute;s contundente de la que hemos visto hasta ahora. Detr&aacute;s de estos n&uacute;meros hay ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que crecieron con miedo, desamparo y desconfianza hacia unas instituciones que deb&iacute;an cuidarlos. Y eso, como sociedad, no podemos normalizarlo.
    </p><p class="article-text">
        En comunidades como Madrid o Baleares, j&oacute;venes extutelados han relatado p&uacute;blicamente experiencias marcadas por la falta de supervisi&oacute;n, la ausencia de referentes adultos estables y una preocupante desprotecci&oacute;n dentro de centros residenciales. En Canarias, la situaci&oacute;n de los centros de acogida para menores migrantes no acompa&ntilde;ados ha puesto de manifiesto las consecuencias de la saturaci&oacute;n, la falta de profesionalidad de quienes dirigen esos centros y la falta de planificaci&oacute;n. Las denuncias de organizaciones sociales y las intervenciones judiciales en algunos recursos evidencian una realidad que lleva a&ntilde;os advirti&eacute;ndose desde los equipos profesionales, sin que se haya producido una respuesta estructural a la altura.
    </p><p class="article-text">
        A esta realidad se suma otra menos medi&aacute;tica, pero igual de reveladora. En varias comunidades aut&oacute;nomas, ni&ntilde;os y ni&ntilde;as muy peque&ntilde;os siguen creciendo en centros residenciales por la falta de familias de acogida disponibles. Esto ocurre mientras se repite, una y otra vez, el discurso institucional sobre la prioridad del acogimiento familiar. La contradicci&oacute;n entre el relato pol&iacute;tico y la realidad presupuestaria no es casual. Es la consecuencia directa de pol&iacute;ticas que declaran derechos, pero no los sostienen con recursos suficientes.
    </p><p class="article-text">
        Desde una perspectiva de derechos humanos, el panorama es alarmante. Espa&ntilde;a dispone de un marco normativo avanzado y ha incorporado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os reformas legislativas relevantes para la protecci&oacute;n de la infancia. Sin embargo, la brecha entre el reconocimiento legal de los derechos y su garant&iacute;a efectiva es cada vez m&aacute;s evidente. Las leyes no protegen por s&iacute; solas. Protegen los sistemas bien dotados, los equipos estables y las decisiones pol&iacute;ticas que priorizan la infancia m&aacute;s all&aacute; del discurso.
    </p><p class="article-text">
        El debate sobre el modelo de tutela ilustra bien esta tensi&oacute;n. La tutela administrativa permite una intervenci&oacute;n r&aacute;pida y, en muchos casos, imprescindible ante situaciones de desamparo. Pero cuando se ejerce desde estructuras debilitadas, sin control suficiente y con profesionales desbordados, corre el riesgo de convertirse en un espacio opaco, donde las decisiones afectan de manera profunda a la vida de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as sin una supervisi&oacute;n efectiva. La tutela judicial, por su parte, ofrece mayores garant&iacute;as formales, pero adolece de lentitud y falta de especializaci&oacute;n suficiente. Pretender que uno u otro modelo, por s&iacute; solo, resolver&aacute; el problema es una simplificaci&oacute;n peligrosa.
    </p><p class="article-text">
        Desde una mirada progresista y centrada en los derechos de la infancia, la pregunta clave no es qui&eacute;n tutela, sino con qu&eacute; medios, bajo qu&eacute; controles y con qu&eacute; prioridad pol&iacute;tica. Un sistema garantista debe combinar capacidad de intervenci&oacute;n inmediata con control judicial real, evaluaci&oacute;n externa, transparencia y rendici&oacute;n de cuentas. No puede descansar sobre la precariedad laboral de sus profesionales ni sobre recursos residenciales saturados que cronifican la institucionalizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La conclusi&oacute;n es inc&oacute;moda, pero inevitable. El sistema de protecci&oacute;n a la infancia en Espa&ntilde;a necesita una revisi&oacute;n profunda que vaya mucho m&aacute;s all&aacute; de reformas normativas o ajustes t&eacute;cnicos. Es imprescindible invertir de manera decidida en prevenci&oacute;n y en preservaci&oacute;n familiar, fortaleciendo los servicios sociales comunitarios para actuar antes de que la separaci&oacute;n sea la &uacute;nica alternativa. Es igualmente urgente mejorar las condiciones laborales, la formaci&oacute;n y la estabilidad de los equipos t&eacute;cnicos, porque proteger a la infancia exige profesionales cuidados, no exhaustos.
    </p><p class="article-text">
        Hablar de infancia es hablar de derechos humanos y de responsabilidad colectiva. Cada fallo del sistema, cada abuso no detectado, cada ni&ntilde;o o ni&ntilde;a que crece sin v&iacute;nculos estables por falta de recursos es una deuda social que no puede seguir posponi&eacute;ndose. Desde una perspectiva progresista, la protecci&oacute;n a la infancia no es un gasto ni un problema t&eacute;cnico. Es una inversi&oacute;n &eacute;tica y democr&aacute;tica. O situamos de una vez a los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as en el centro de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, o seguiremos llegando tarde, una y otra vez, cuando el da&ntilde;o ya est&aacute; hecho.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/infancia-jaque_132_12879077.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 31 Dec 2025 12:26:14 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un hogar que cobija mientras la vida se recompone]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/hogar-cobija-vida-recompone_132_12849077.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/44987332-02c1-4eb6-ad26-9c619074f306_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un hogar que cobija mientras la vida se recompone"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Querer a un niño al que he cuidado desde casi su nacimiento sabiendo que se irá es, probablemente, uno de los actos de amor más complejos que he vivido. Implica darse de verdad, crear un apego seguro y, al mismo tiempo, sostener la claridad de que ese vínculo es temporal. Es un amor que no se apropia, que no compite y que no sustituye, sino que prepara
</p></div><p class="article-text">
        Cerrar una etapa como acogedora de M. es, para m&iacute;, un ejercicio profundo de honestidad emocional. No existen palabras que alcancen a describir lo que supone abrir la puerta de casa y del coraz&oacute;n a un beb&eacute; de apenas veinticinco d&iacute;as de vida, fr&aacute;gil, absolutamente dependiente y con una historia que acababa de comenzar, pero que ya necesitaba protecci&oacute;n. Tampoco es sencillo explicar lo que implica acompa&ntilde;arlo mientras se trabaja, con tiempo, cuidado y responsabilidad, la reconstrucci&oacute;n de un v&iacute;nculo tan esencial como el de una madre y su hijo. Pero s&iacute; hay una certeza que atraviesa todo el proceso: este camino ha tenido sentido, ha sido necesario y ha cumplido su prop&oacute;sito.
    </p><p class="article-text">
        M. lleg&oacute; a mi vida siendo casi un reci&eacute;n nacido. Lleg&oacute; cuando a&uacute;n no hab&iacute;a horarios, ni rutinas, ni palabras; solo llanto, piel, brazos y presencia constante. Lleg&oacute; en un momento vital en el que el cuidado no admite espera ni distancia, y en el que la funci&oacute;n protectora se expresa, sobre todo, a trav&eacute;s del sost&eacute;n f&iacute;sico y emocional continuado. Desde ese primer d&iacute;a, el acogimiento signific&oacute; para m&iacute; ofrecer seguridad, regular, atender y responder, para que pudiera crecer sabiendo que el mundo pod&iacute;a ser un lugar predecible y seguro.
    </p><p class="article-text">
        Con el paso del tiempo, fueron apareciendo las rutinas, las t&iacute;midas sonrisas, los primeros v&iacute;nculos conscientes, las miradas que buscan y reconocen. En mi hogar, que siempre supe transitorio, M. encontr&oacute; un espacio donde desarrollarse sin reservas, donde sus necesidades fueron atendidas de manera constante, sin ocupar un lugar que no le correspond&iacute;a, pero s&iacute; cumpliendo una funci&oacute;n imprescindible: garantizar su bienestar mientras su madre pod&iacute;a recorrer su propio proceso. Ese es, en esencia, el sentido t&eacute;cnico y &eacute;tico del acogimiento familiar, especialmente cuando se produce desde etapas tan tempranas de la vida.
    </p><p class="article-text">
        Nunca entend&iacute; el acogimiento como una sustituci&oacute;n, sino como un acompa&ntilde;amiento. Mi papel no era reemplazar a su madre, sino cuidar mientras el v&iacute;nculo principal se fortalec&iacute;a. Cada avance de ella, cada paso que daba para poder ejercer plenamente su maternidad, lo viv&iacute;a como una buena noticia, aun cuando sab&iacute;a que cada logro acercaba el momento de la despedida. Porque desde el inicio tuve claro que el objetivo no era que M. se quedara conmigo, sino que pudiera volver a su hogar en las mejores condiciones posibles.
    </p><p class="article-text">
        Querer a un ni&ntilde;o al que he cuidado desde casi su nacimiento sabiendo que se ir&aacute; es, probablemente, uno de los actos de amor m&aacute;s complejos que he vivido. Implica darse de verdad, crear un apego seguro y, al mismo tiempo, sostener la claridad de que ese v&iacute;nculo es temporal. Es un amor que no se apropia, que no compite y que no sustituye, sino que prepara. Y cuando ese d&iacute;a llega, el coraz&oacute;n se llena de emociones que conviven sin excluirse: orgullo, tristeza, alivio, gratitud y una ternura serena.
    </p><p class="article-text">
        La despedida de M. no ha sido una ruptura para m&iacute;. Ha sido una transici&oacute;n cuidadosamente acompa&ntilde;ada. El cierre coherente de un proceso de protecci&oacute;n bien trabajado. Mirarlo marchar, sabiendo que vuelve con su madre, a su lugar leg&iacute;timo, a su historia y a su identidad, ha sido&nbsp;profundamente reparador. Poder decir, desde la emoci&oacute;n y desde el rigor, que est&aacute; exactamente donde debe estar, le da sentido a todo lo vivido.
    </p><p class="article-text">
        Ya ha pasado un mes desde que M. volvi&oacute; con su mam&aacute;. En este tiempo hemos mantenido el contacto: hacemos videollamadas y nos vemos los fines de semana. Estos encuentros no responden a una necesidad m&iacute;a, sino al respeto por sus tiempos y a la importancia de que la transici&oacute;n se produzca sin quiebres innecesarios, priorizando siempre su bienestar y su seguridad afectiva. Acompa&ntilde;ar tambi&eacute;n es saber estar sin invadir, sostener sin interferir y retirarse sin desaparecer.
    </p><p class="article-text">
        Porque s&iacute;, hay un vac&iacute;o. Hay d&iacute;as en los que la casa se siente demasiado silenciosa y en los que los ritmos cotidianos recuerdan su ausencia. Esa vivencia forma parte del acogimiento y no deber&iacute;a ocultarse. Pero junto a ese vac&iacute;o queda algo profundamente valioso: la certeza de haber sido un lugar seguro en un momento crucial de su vida, de haber ofrecido estabilidad cuando m&aacute;s la necesitaba.
    </p><p class="article-text">
        Acoger a M. ha sido acompa&ntilde;ar sus primeros pasos vitales, su crecimiento, su confianza b&aacute;sica en el entorno. Ha sido sostener, d&iacute;a a d&iacute;a, la responsabilidad de cuidar sin poseer. Ese aprendizaje no se pierde. Esa transformaci&oacute;n no se deshace. Ese v&iacute;nculo, aunque ahora ocupa otro lugar, permanece de forma serena y respetuosa.
    </p><p class="article-text">
        Hoy M. est&aacute; con su mam&aacute;, donde debe estar, donde merece estar, donde puede construir su historia con ra&iacute;ces propias. Y ese resultado es, para m&iacute;, el mayor &eacute;xito posible. No es solo un cierre emocional; es la confirmaci&oacute;n de que el acogimiento familiar, cuando se ejerce desde su esencia protectora y reparadora, funciona. Se cierra una etapa, s&iacute;. Pero lo vivido queda. Y queda tambi&eacute;n la convicci&oacute;n de que acompa&ntilde;ar a un ni&ntilde;o, desde casi su nacimiento, en su tr&aacute;nsito de vuelta a casa, es una de las experiencias m&aacute;s profundas, exigentes y humanas que se pueden vivir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/hogar-cobija-vida-recompone_132_12849077.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Dec 2025 11:22:25 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que Canarias no dice: el atasco no es por falta de niños y niñas adoptables, sino de medios técnicos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/canarias-no-dice-atasco-no-falta-ninos-ninas-adoptables-medios-tecnicos_132_12809026.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/26d78415-f54a-41d3-9ba2-4c6d1df6a98d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que Canarias no dice: el atasco no es por falta de niños y niñas adoptables, sino de medios técnicos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este discurso oficial, lejos de aportar claridad, erosiona la confianza de la ciudadanía en el sistema y perpetúa la idea de que la adopción es un campo cerrado, cuando lo que realmente está cerrado es el grifo de los recursos técnicos necesarios
</p></div><p class="article-text">
        La lectura de las declaraciones del Gobierno de Canarias afirmando que &ldquo;no hay menores en Canarias para ser adoptados&rdquo; provoca, como m&iacute;nimo, perplejidad profesional. No porque la Administraci&oacute;n desconozca los datos, sino porque opta por un relato que distorsiona la realidad y genera un profundo da&ntilde;o en la comprensi&oacute;n p&uacute;blica del sistema de protecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El mensaje institucional, tal como se ha difundido, transmite la idea de que la adopci&oacute;n ha dejado de ser necesaria en Canarias porque no existen ni&ntilde;os o ni&ntilde;as susceptibles de ser adoptados. Esta afirmaci&oacute;n es falsa. S&iacute; es cierto que el n&uacute;mero de ni&ntilde;as y ni&ntilde;os adoptables ha disminuido progresivamente, y que la adopci&oacute;n es una medida subsidiaria que debe aplicarse cuando la reunificaci&oacute;n familiar no es posible y el acogimiento no garantiza estabilidad suficiente. Pero afirmar que &ldquo;no hay menores&rdquo; es una simplificaci&oacute;n inaceptable que oculta la realidad y, adem&aacute;s, esquiva responsabilidades.
    </p><p class="article-text">
        En Canarias hay pocos ni&ntilde;os y ni&ntilde;as adoptables, pero los hay. Existen ni&ntilde;os y ni&ntilde;as jur&iacute;dicamente en situaci&oacute;n de adoptabilidad, o en proceso de estarlo, as&iacute; como casos en los que la adopci&oacute;n constituye la medida m&aacute;s id&oacute;nea para asegurar un proyecto de vida permanente. La Administraci&oacute;n lo sabe, y por eso sorprende que el discurso p&uacute;blico opte por negar la evidencia en lugar de explicar honestamente las dificultades estructurales que afronta el sistema.
    </p><p class="article-text">
        Uno de esos problemas estructurales, especialmente acusado en la provincia de Las Palmas, tiene que ver con la falta de personal t&eacute;cnico. Desde 2023, las jubilaciones no se han cubierto con la rapidez necesaria y no se ha abordado la imprescindible actualizaci&oacute;n de la Relaci&oacute;n de Puestos de Trabajo. A esto se suma que el servicio de programas de adopci&oacute;n de menores ha asumido nuevas funciones relevantes, como la gesti&oacute;n del acogimiento familiar en familia ajena y especializada incrementando exponencialmente la carga de trabajo sin un refuerzo paralelo de los equipos. La consecuencia directa es evidente: valoraciones de idoneidad que se demoran, expedientes que avanzan con cuentagotas y un cuello de botella que nada tiene que ver con la inexistencia de menores adoptables, sino con la falta de recursos humanos suficientes para gestionar los procedimientos con eficacia y garant&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Atribuir la paralizaci&oacute;n de solicitudes a la ausencia de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as para adoptar, en lugar de reconocer la escasez de personal y la necesidad urgente de redimensionar los equipos, es una estrategia profundamente deshonesta. Es m&aacute;s f&aacute;cil trasladar la responsabilidad a la supuesta inexistencia de menores que asumir la obligaci&oacute;n de reforzar servicios esenciales, dotarlos de estabilidad y garantizar que la protecci&oacute;n a la infancia se gestione con el rigor que merece.
    </p><p class="article-text">
        Las familias no tienen derecho a ser padres, eso es incuestionable. La adopci&oacute;n existe para proteger los derechos de la infancia a crecer en un contexto familiar. Pero las familias s&iacute; tienen derecho a ofrecerse, a ser valoradas en tiempo razonable y a no quedar atrapadas en procesos interminables generados por d&eacute;ficits administrativos. La Administraci&oacute;n, en vez de insistir en que &ldquo;no hay menores&rdquo;, deber&iacute;a explicar por qu&eacute; no se sustituye al personal jubilado, por qu&eacute; no se adec&uacute;a la RPT a las nuevas funciones asumidas y por qu&eacute; no se garantiza una estructura suficiente para atender la demanda presente y futura.
    </p><p class="article-text">
        Este discurso oficial, lejos de aportar claridad, erosiona la confianza de la ciudadan&iacute;a en el sistema y perpet&uacute;a la idea de que la adopci&oacute;n es un campo cerrado, cuando lo que realmente est&aacute; cerrado es el grifo de los recursos t&eacute;cnicos necesarios. La transparencia exige decir la verdad: hay pocos ni&ntilde;os y ni&ntilde;as adoptables, su situaci&oacute;n es compleja, la adopci&oacute;n requiere garant&iacute;as jur&iacute;dicas y t&eacute;cnicas, y el sistema necesita una reestructuraci&oacute;n profunda para responder con agilidad y rigor.
    </p><p class="article-text">
        La infancia no se protege con declaraciones complacientes, sino con estructuras s&oacute;lidas, equipos suficientes y mensajes institucionales honestos. Negar la existencia de menores adoptables no solo es falso, es negligente. La protecci&oacute;n a la infancia exige claridad, responsabilidad y valent&iacute;a pol&iacute;tica para reconocer las carencias y afrontarlas, no para disimularlas tras titulares llamativos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/canarias-no-dice-atasco-no-falta-ninos-ninas-adoptables-medios-tecnicos_132_12809026.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Nov 2025 13:17:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo que Canarias no dice: el atasco no es por falta de niños y niñas adoptables, sino de medios técnicos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día Internacional de la Adopción: un día para reflexionar, no para celebrar una historia perfecta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/dia-internacional-adopcion-dia-reflexionar-no-celebrar-historia-perfecta_132_12756147.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8348bfb4-bc26-44fa-b183-e44afeca9419_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día Internacional de la Adopción: un día para reflexionar, no para celebrar una historia perfecta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Debería ser un espacio colectivo para escuchar las voces de las personas adoptadas, revisar críticamente los sistemas de protección y recordar que el derecho a la identidad, a conocer los propios orígenes y a mantener la historia personal son tan importantes como el derecho a tener una familia</p></div><p class="article-text">
        Cada 9 de noviembre se conmemora el <em>D&iacute;a Internacional de la Adopci&oacute;n</em>, una fecha que con frecuencia se presenta en clave de celebraci&oacute;n, como si la adopci&oacute;n fuese el final feliz de una historia dif&iacute;cil. Sin embargo, para muchas personas adoptadas, este d&iacute;a tiene un significado distinto. No es una jornada de fiesta, sino de reflexi&oacute;n sobre una medida de protecci&oacute;n que, aunque busca garantizar derechos, tambi&eacute;n implica p&eacute;rdidas, rupturas y silencios que acompa&ntilde;an toda una vida.
    </p><p class="article-text">
        La <strong>Convenci&oacute;n sobre los Derechos del Ni&ntilde;o (CDN)</strong>, en su art&iacute;culo 21, establece que la adopci&oacute;n debe ser considerada &uacute;nicamente &ldquo;cuando no pueda mantenerse al ni&ntilde;o en su familia de origen&rdquo;, y que su finalidad es garantizar el inter&eacute;s superior del ni&ntilde;o, asegurando las mismas salvaguardias y normas que rigen para cualquier otra medida de protecci&oacute;n. La <strong>adopci&oacute;n</strong>, por tanto, no es un acto altruista ni una respuesta afectiva a los deseos de las personas adultas; es una <strong>medida jur&iacute;dica de protecci&oacute;n</strong> que busca restituir derechos vulnerados, en un marco de intervenci&oacute;n que debe ser excepcional, temporal y subsidiario.
    </p><p class="article-text">
        El <strong>Convenio de La Haya de 1993 sobre la Protecci&oacute;n del Ni&ntilde;o y la Cooperaci&oacute;n en Materia de Adopci&oacute;n Internacional</strong> refuerza esta idea al subrayar que toda adopci&oacute;n debe priorizar el inter&eacute;s superior de la persona menor de edad, prevenir el tr&aacute;fico y la explotaci&oacute;n, y asegurar que se hayan explorado todas las posibilidades de permanencia en la familia de origen antes de proceder a una adopci&oacute;n, especialmente si es internacional. Sin embargo, en la pr&aacute;ctica, estas garant&iacute;as no siempre se cumplen con la profundidad &eacute;tica y t&eacute;cnica que exigen los instrumentos internacionales.
    </p><p class="article-text">
        Desde el <strong>marco de protecci&oacute;n a la infancia</strong>, la adopci&oacute;n se entiende como una de las medidas m&aacute;s estables y permanentes dentro del sistema de protecci&oacute;n. Pero precisamente por su car&aacute;cter definitivo, requiere <strong>procesos de acompa&ntilde;amiento continuos</strong>, tanto para las personas adoptadas como para las familias de origen y las adoptivas. No se trata solo de &ldquo;crear una familia&rdquo;, sino de reconocer y reparar una trayectoria vital marcada por la separaci&oacute;n, la p&eacute;rdida de v&iacute;nculos primarios y, en muchos casos, por la falta de acceso a la verdad sobre los propios or&iacute;genes.
    </p><p class="article-text">
        Para las personas adoptadas, el 9 de noviembre es una fecha que nos invita a pensar en todo lo que la narrativa social suele ocultar: en las historias de desarraigo, en las identidades partidas, en los expedientes incompletos, en las preguntas sin respuesta. La adopci&oacute;n no empieza con el encuentro entre una familia y un ni&ntilde;o o ni&ntilde;a, sino con una <strong>ruptura previa</strong>, y eso merece ser reconocido con sensibilidad, no romantizado.
    </p><p class="article-text">
        Hablar de adopci&oacute;n desde un enfoque de derechos humanos implica reconocer que <strong>no deber&iacute;a ser motivo de celebraci&oacute;n que un ni&ntilde;o o una ni&ntilde;a necesite ser separado de su familia de origen</strong> para poder estar protegido. Significa tambi&eacute;n exigir que los Estados cumplan con su obligaci&oacute;n de prevenir esas situaciones y de acompa&ntilde;ar a las familias vulnerables antes de llegar a una medida tan extrema.
    </p><p class="article-text">
        El <em>D&iacute;a Internacional de la Adopci&oacute;n</em> deber&iacute;a ser, por tanto, un espacio colectivo para <strong>escuchar las voces de las personas adoptadas</strong>, revisar cr&iacute;ticamente los sistemas de protecci&oacute;n y recordar que el derecho a la identidad, a conocer los propios or&iacute;genes y a mantener la historia personal son tan importantes como el derecho a tener una familia.
    </p><p class="article-text">
        Solo cuando comprendamos la adopci&oacute;n en toda su complejidad &mdash;como un proceso de protecci&oacute;n, reparaci&oacute;n y acompa&ntilde;amiento, no como un final feliz&mdash; podremos transformarla en una pr&aacute;ctica verdaderamente respetuosa con los derechos humanos y con la verdad de quienes la vivimos desde dentro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/dia-internacional-adopcion-dia-reflexionar-no-celebrar-historia-perfecta_132_12756147.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Nov 2025 14:32:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día Internacional de la Adopción: un día para reflexionar, no para celebrar una historia perfecta]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cultivar el Buen Nacer: una inversión colectiva en vínculo y resiliencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/cultivar-buen-nacer-inversion-colectiva-vinculo-resiliencia_132_12741887.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde una perspectiva de derechos humanos y de género, el nacimiento es un acontecimiento que merece respeto y acompañamiento consciente. Cada bebé tiene derecho a ser recibido en un entorno seguro y cálido; cada madre a decidir sobre su cuerpo y a contar con apoyo emocional

</p></div><p class="article-text">
        La manera en que llegamos al mundo no es solo un asunto m&eacute;dico. Es el primer relato de nuestra existencia, una experiencia que deja huellas en nuestro cuerpo, en nuestras emociones y en nuestra forma de vincularnos. Nacer no es solo empezar a respirar fuera del &uacute;tero; es vivir una transici&oacute;n profunda, en la que el entorno, las personas presentes y las condiciones del parto marcan la manera en que comenzamos a sentir el mundo.
    </p><h2 class="article-text">El nacimiento como experiencia emocional</h2><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo se pens&oacute; que los beb&eacute;s no &ldquo;recordaban&rdquo; su nacimiento, y que lo importante era lo que ocurr&iacute;a despu&eacute;s: la alimentaci&oacute;n, el apego, la estimulaci&oacute;n. Hoy sabemos que el nacimiento en s&iacute; mismo es una experiencia que el cuerpo y el sistema nervioso registran profundamente.
    </p><p class="article-text">
        El paso del &uacute;tero &mdash;un entorno c&aacute;lido, r&iacute;tmico y protegido&mdash; al mundo exterior supone una avalancha de est&iacute;mulos: luces, sonidos, temperaturas, texturas. En este contexto, <strong>la presencia sensible de los adultos que reciben al beb&eacute;</strong> (madre, padre, acompa&ntilde;antes, personal sanitario) act&uacute;a como un regulador emocional fundamental. Cuando ese recibimiento ocurre con calma, respeto y contacto, el reci&eacute;n nacido puede sentirse seguro en medio del cambio m&aacute;s radical de su vida.
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, un nacimiento vivido con separaci&oacute;n temprana, exceso de intervenciones o falta de acompa&ntilde;amiento emocional puede generar respuestas de estr&eacute;s que, si bien no determinan el futuro, s&iacute; influyen en c&oacute;mo se organiza el sistema nervioso y en la manera en que el beb&eacute; se vincula.
    </p><h2 class="article-text">Lo que dice la ciencia</h2><p class="article-text">
        La investigaci&oacute;n reciente respalda la importancia de c&oacute;mo nacemos. Un estudio publicado en 2024 en <em>Frontiers in Pediatrics</em> se&ntilde;al&oacute; que los ni&ntilde;os nacidos por ces&aacute;rea presentaban, en promedio, un desarrollo ligeramente m&aacute;s lento en &aacute;reas como el lenguaje y la motricidad durante los primeros a&ntilde;os de vida, en comparaci&oacute;n con quienes nacieron por parto vaginal.
    </p><p class="article-text">
        Otra investigaci&oacute;n de la cohorte DREAM (<em>BMC Pregnancy and Childbirth</em>, 2023) demostr&oacute; que la <strong>experiencia subjetiva del parto</strong> &mdash;es decir, c&oacute;mo lo vivi&oacute; la madre o persona gestante&mdash; influye en la calidad del v&iacute;nculo afectivo con el beb&eacute;. No se trata solo del tipo de parto, sino de si la madre se sinti&oacute; acompa&ntilde;ada, respetada y segura.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se ha documentado que el modo de parto afecta las primeras interacciones: por ejemplo, un estudio con m&aacute;s de dos mil mujeres mostr&oacute; que los partos por ces&aacute;rea reduc&iacute;an la probabilidad de contacto piel con piel inmediato y de lactancia exclusiva en las primeras horas (<em>Healthcare</em>, 2024). Estos factores, aparentemente simples, son en realidad grandes facilitadores del apego y del desarrollo emocional temprano.
    </p><h2 class="article-text">Un asunto de derechos, no solo de salud</h2><p class="article-text">
        Desde una perspectiva de derechos humanos y de g&eacute;nero, <strong>el nacimiento es un acontecimiento que merece respeto y acompa&ntilde;amiento consciente</strong>. Cada beb&eacute; tiene derecho a ser recibido en un entorno seguro y c&aacute;lido; cada madre a decidir sobre su cuerpo y a contar con apoyo emocional.
    </p><p class="article-text">
        Humanizar los partos no es una moda: es una inversi&oacute;n en salud f&iacute;sica, mental y social. Un parto respetado reduce complicaciones m&eacute;dicas, favorece la lactancia, fortalece el v&iacute;nculo familiar y promueve una base segura para el desarrollo emocional del ni&ntilde;o o ni&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, los partos medicalizados sin necesidad, los entornos fr&iacute;os o la violencia obst&eacute;trica , a veces normalizada, pueden dejar cicatrices invisibles que acompa&ntilde;an la vida familiar durante a&ntilde;os.
    </p><h2 class="article-text">Por qu&eacute; importa tambi&eacute;n a educadores y profesionales sociales</h2><p class="article-text">
        Para quienes trabajamos en el &aacute;mbito de la infancia, conocer c&oacute;mo fue el nacimiento de un ni&ntilde;o o ni&ntilde;a &mdash;si hubo separaci&oacute;n, complicaciones, acompa&ntilde;amiento o no&mdash; aporta informaci&oacute;n valiosa. No se trata de buscar causas &uacute;nicas, sino de entender el contexto emocional desde el que comenz&oacute; su historia.
    </p><p class="article-text">
        En muchos casos de protecci&oacute;n a la infancia, por ejemplo, <strong>las experiencias tempranas de estr&eacute;s o separaci&oacute;n</strong> influyen en la capacidad de apego, en la regulaci&oacute;n emocional o en la respuesta ante la frustraci&oacute;n. Saber c&oacute;mo fue ese inicio puede orientar mejor la intervenci&oacute;n, el acompa&ntilde;amiento y el trabajo con las familias.
    </p><h2 class="article-text">Construir una cultura del Buen Nacer</h2><p class="article-text">
        El nacimiento no determina qui&eacute;nes seremos, pero s&iacute; <strong>marca el tono emocional con el que empezamos la vida</strong>. Por eso, es responsabilidad colectiva crear entornos donde nacer sea una experiencia de cuidado y respeto.
    </p><p class="article-text">
        Promover partos respetados, favorecer el contacto piel con piel, apoyar la lactancia y garantizar acompa&ntilde;amiento emocional a las madres y beb&eacute;s no son solo pr&aacute;cticas de salud: son actos de humanidad.
    </p><p class="article-text">
        Recibir a un beb&eacute; no es simplemente un procedimiento m&eacute;dico, sino un gesto cultural que dice: <em>&ldquo;te vemos, te esperamos, est&aacute;s seguro&rdquo;</em>. Ese mensaje, repetido a lo largo de la vida, es el que construye personas m&aacute;s confiadas, resilientes y emp&aacute;ticas. Y, por extensi&oacute;n, una sociedad m&aacute;s justa y cuidadora.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/cultivar-buen-nacer-inversion-colectiva-vinculo-resiliencia_132_12741887.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Nov 2025 21:37:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cultivar el Buen Nacer: una inversión colectiva en vínculo y resiliencia]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La participación de niñas, niños y adolescentes en el ámbito de la protección: entre el reconocimiento legal y la práctica limitada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/participacion-ninas-ninos-adolescentes-ambito-proteccion-reconocimiento-legal-practica-limitada_132_12702238.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/767aa662-e979-4a56-b620-ffab0ca95b42_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La participación de niñas, niños y adolescentes en el ámbito de la protección: entre el reconocimiento legal y la práctica limitada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde el punto de vista individual, no ser escuchado ni tomado en cuenta puede generar sentimientos de invisibilidad, desconfianza y despersonalización
</p></div><p class="article-text">
        La participaci&oacute;n de la infancia y la adolescencia en los procesos de protecci&oacute;n es, sobre el papel, un derecho innegociable. As&iacute; lo establece la <strong>Convenci&oacute;n sobre los Derechos del Ni&ntilde;o (CDN, 1989)</strong> y se recoge en nuestro marco jur&iacute;dico estatal, especialmente en la <strong>Ley Org&aacute;nica 1/1996, de Protecci&oacute;n Jur&iacute;dica del Menor.</strong> Sin embargo, cuando descendemos al terreno de la pr&aacute;ctica en los sistemas de protecci&oacute;n en Espa&ntilde;a, surge una pregunta inevitable: &iquest;se est&aacute; garantizando verdaderamente este derecho o seguimos abord&aacute;ndolo como un mero tr&aacute;mite administrativo?
    </p><h2 class="article-text"><strong>Del reconocimiento formal a las barreras pr&aacute;cticas</strong></h2><p class="article-text">
        Es indiscutible que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se han producido avances normativos y conceptuales. Comunidades aut&oacute;nomas como Catalunya y Navarra han dise&ntilde;ado marcos estrat&eacute;gicos que impulsan la participaci&oacute;n efectiva de ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes en las decisiones que afectan su vida. Catalu&ntilde;a, a trav&eacute;s del <em>Pla d'Acci&oacute; en Pol&iacute;tiques d'Inf&agrave;ncia i Adolesc&egrave;ncia</em> y de las iniciativas de la Direcci&oacute;n General de Atenci&oacute;n a la Infancia y la Adolescencia (DGAIA), ha desarrollado experiencias como los Consejos Asesores J&oacute;venes, donde adolescentes tutelados colaboran activamente en la revisi&oacute;n de pr&aacute;cticas institucionales. En Navarra, el programa <em>Escucha Activa</em> ha introducido procesos sistem&aacute;ticos que garantizan la consulta directa a los y las menores en la elaboraci&oacute;n de su Plan Individual de Protecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, estos esfuerzos siguen siendo excepcionales y no representan a&uacute;n la norma generalizada. En la pr&aacute;ctica diaria, muchos procesos de protecci&oacute;n contin&uacute;an reproduciendo patrones adultoc&eacute;ntricos que invisibilizan la voz de las personas menores de edad, trat&aacute;ndolas como objetos de protecci&oacute;n en lugar de reconocerlas como sujetos plenos de derechos.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Obst&aacute;culos estructurales y culturales</strong></h2><p class="article-text">
        Uno de los principales obst&aacute;culos que limita la participaci&oacute;n efectiva es la persistencia de una cultura adultoc&eacute;ntrica que sit&uacute;a al adulto como &uacute;nico sujeto competente para tomar decisiones, minimizando o directamente ignorando la capacidad de ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes para expresar opiniones v&aacute;lidas sobre su propia vida. Bajo esta mirada, la protecci&oacute;n se convierte en un acto vertical, que define unilateralmente el bienestar infantil, sin integrar de manera real las percepciones, deseos y necesidades expresadas por las personas menores de edad.
    </p><p class="article-text">
        A esta situaci&oacute;n se suma una carencia significativa de formaci&oacute;n espec&iacute;fica entre los equipos t&eacute;cnicos que intervienen en los sistemas de protecci&oacute;n. Aunque existe una creciente sensibilizaci&oacute;n sobre la importancia de la participaci&oacute;n, muchos profesionales carecen de herramientas metodol&oacute;gicas adaptadas a las diferentes etapas evolutivas y circunstancias emocionales de la infancia y adolescencia. La ausencia de competencias en comunicaci&oacute;n respetuosa, t&eacute;cnicas de entrevista adaptadas o metodolog&iacute;as participativas limita la capacidad de los servicios para generar entornos de escucha activa y segura.
    </p><p class="article-text">
        La rigidez de los protocolos administrativos y judiciales constituye otro freno relevante. Los procedimientos establecidos priorizan frecuentemente la rapidez procesal y la eficiencia burocr&aacute;tica, relegando las necesidades de expresi&oacute;n de los y las menores a un segundo plano. La falta de flexibilidad para adaptar tiempos, espacios y formatos a las caracter&iacute;sticas particulares de cada ni&ntilde;o o ni&ntilde;a obstaculiza seriamente la posibilidad de una participaci&oacute;n genuina.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, debe se&ntilde;alarse el miedo institucional a la participaci&oacute;n aut&eacute;ntica. En numerosos contextos, se percibe que abrir espacios de verdadera consulta podr&iacute;a cuestionar las decisiones profesionales ya adoptadas, ralentizar procesos o generar situaciones de conflicto dif&iacute;ciles de gestionar. Esta percepci&oacute;n, aunque no siempre expl&iacute;cita, act&uacute;a como una barrera cultural que refuerza din&aacute;micas de exclusi&oacute;n de las voces infantiles, bajo la falsa premisa de que se act&uacute;a en su mejor inter&eacute;s.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El impacto de un derecho no garantizado</strong></h2><p class="article-text">
        La ausencia de una participaci&oacute;n real y efectiva de ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes en los sistemas de protecci&oacute;n no constituye &uacute;nicamente una deficiencia t&eacute;cnica o administrativa: representa una vulneraci&oacute;n de derechos con profundas implicaciones en su desarrollo psicosocial y en la legitimidad de las actuaciones institucionales.
    </p><p class="article-text">
        Desde el punto de vista individual, no ser escuchado ni tomado en cuenta puede generar sentimientos de invisibilidad, desconfianza y despersonalizaci&oacute;n. Numerosos estudios en el &aacute;mbito de la protecci&oacute;n infantil, tanto en Espa&ntilde;a como a nivel internacional, subrayan que la falta de participaci&oacute;n incrementa el riesgo de sufrir retraimiento emocional, indefensi&oacute;n aprendida y dificultades posteriores en la construcci&oacute;n de la autonom&iacute;a personal. La infancia tutelada que no participa en las decisiones que afectan su vida experimenta mayores niveles de ansiedad, baja autoestima y menor percepci&oacute;n de control sobre su propio futuro, elementos esenciales para una transici&oacute;n positiva a la vida adulta.
    </p><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos colectivos, la negaci&oacute;n de la participaci&oacute;n erosiona la credibilidad y eficacia del sistema de protecci&oacute;n. Las medidas adoptadas sin la implicaci&oacute;n activa de quienes deben ser sus principales protagonistas tienden a ser menos adecuadas, menos ajustadas a las necesidades reales y, por tanto, menos efectivas. Se reduce la adherencia a los planes individualizados de protecci&oacute;n y se incrementan las situaciones de conflictividad institucional, rupturas de acogimiento y abandono prematuro de los recursos de apoyo.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, desde un enfoque de derechos humanos, la no garant&iacute;a de la participaci&oacute;n infantil perpet&uacute;a una visi&oacute;n adultoc&eacute;ntrica que invisibiliza la agencia de la infancia y refuerza pr&aacute;cticas asistencialistas, en lugar de construir modelos de protecci&oacute;n basados en el empoderamiento, la autonom&iacute;a progresiva y el reconocimiento de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as como ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, es importante considerar que la exclusi&oacute;n sistem&aacute;tica de sus voces genera una p&eacute;rdida de conocimiento valioso. Los ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes, especialmente aquellos con experiencia directa en el sistema de protecci&oacute;n, poseen un saber experto indispensable para la mejora de las pol&iacute;ticas y pr&aacute;cticas. Desaprovechar su perspectiva no solo les perjudica a ellos, sino que debilita los propios sistemas p&uacute;blicos de protecci&oacute;n, haci&eacute;ndolos menos sensibles, menos eficaces y menos leg&iacute;timos.
    </p><p class="article-text">
        Garantizar su participaci&oacute;n no es, por tanto, un acto opcional ni un a&ntilde;adido decorativo: es una condici&oacute;n sine qua non para el cumplimiento efectivo de sus derechos y para la construcci&oacute;n de sistemas de protecci&oacute;n verdaderamente centrados en la dignidad humana.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Buenas pr&aacute;cticas que muestran el camino</strong></h2><p class="article-text">
        Existen en Espa&ntilde;a y a nivel internacional ejemplos que demuestran que una participaci&oacute;n infantil genuina no solo es posible, sino tambi&eacute;n transformadora para los propios sistemas de protecci&oacute;n. En el &aacute;mbito auton&oacute;mico, Catalu&ntilde;a ha impulsado de manera pionera los <em>Consejos Asesores J&oacute;venes</em> de la Direcci&oacute;n General de Atenci&oacute;n a la Infancia y la Adolescencia (DGAIA). Estos &oacute;rganos consultivos, formados por adolescentes en acogimiento residencial y familiar, tienen como objetivo ofrecer su visi&oacute;n y propuestas sobre las pol&iacute;ticas y pr&aacute;cticas de protecci&oacute;n. Este modelo reconoce la capacidad cr&iacute;tica y constructiva de los y las j&oacute;venes, y ha permitido introducir cambios en los protocolos de atenci&oacute;n basados en su experiencia vivida.
    </p><p class="article-text">
        En Navarra, el programa <em>Escucha Activa</em> del Gobierno Foral promueve la participaci&oacute;n directa de ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes tutelados en la construcci&oacute;n de su Plan Individual de Protecci&oacute;n. A trav&eacute;s de entrevistas adaptadas a su edad y comprensi&oacute;n, se fomenta un di&aacute;logo real en torno a sus deseos, miedos y expectativas, facilitando decisiones m&aacute;s ajustadas y respetuosas con su subjetividad.
    </p><p class="article-text">
        Andaluc&iacute;a, por su parte, ha desarrollado iniciativas de mentor&iacute;a social con j&oacute;venes extutelados, como el programa <em>Acompa&ntilde;a</em>, que no solo ofrece apoyo en la transici&oacute;n a la vida adulta, sino que tambi&eacute;n incorpora su voz en la evaluaci&oacute;n y dise&ntilde;o de los servicios, garantizando que las experiencias de quienes han pasado por el sistema sirvan para mejorarlo.
    </p><p class="article-text">
        A nivel internacional, UNICEF ha impulsado iniciativas clave como el programa <em>Ciudades Amigas de la Infancia</em>, que promueve en varios municipios espa&ntilde;oles la creaci&oacute;n de &oacute;rganos estables de participaci&oacute;n infantil y adolescente, como consejos municipales o asambleas locales. En comunidades como Castilla-La Mancha, Extremadura o Canarias, UNICEF ha acompa&ntilde;ado la implementaci&oacute;n de mecanismos donde los ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes pueden expresar su opini&oacute;n sobre pol&iacute;ticas p&uacute;blicas locales que afectan directamente su vida cotidiana. Asimismo, la organizaci&oacute;n trabaja en la capacitaci&oacute;n de profesionales y responsables institucionales para fortalecer sus competencias en participaci&oacute;n infantil, desarrollando metodolog&iacute;as adaptadas, marcos de protecci&oacute;n segura para la expresi&oacute;n libre y la promoci&oacute;n de una cultura de respeto a la voz de la infancia. Estas pr&aacute;cticas muestran que con voluntad pol&iacute;tica, formaci&oacute;n adecuada y un enfoque centrado en los derechos, es posible construir sistemas de protecci&oacute;n m&aacute;s eficaces y profundamente respetuosos de la dignidad de ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&iquest;Qu&eacute; cambios son necesarios?</strong></h2><p class="article-text">
        Para transformar la participaci&oacute;n en una realidad efectiva, es imprescindible invertir de manera decidida en la formaci&oacute;n continua y especializada de los y las profesionales del sistema de protecci&oacute;n. Esta formaci&oacute;n debe centrarse en el desarrollo de competencias pr&aacute;cticas que faciliten la comunicaci&oacute;n adaptada a distintas edades, contextos y necesidades emocionales, incorporando t&eacute;cnicas de entrevista, escucha activa y metodolog&iacute;as participativas sensibles al trauma.
    </p><p class="article-text">
        Igualmente, resulta urgente revisar y modificar los protocolos de actuaci&oacute;n para integrar la participaci&oacute;n como principio transversal en todas las fases del proceso de protecci&oacute;n. No se trata de a&ntilde;adir una fase m&aacute;s en los procedimientos existentes, sino de reformular el enfoque completo, asegurando tiempos adecuados, espacios de expresi&oacute;n y mecanismos claros para recoger, valorar y utilizar las opiniones de los y las menores.
    </p><p class="article-text">
        Otro cambio indispensable es la creaci&oacute;n de sistemas de retroalimentaci&oacute;n que permitan a ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes comprender de forma accesible c&oacute;mo sus opiniones han sido consideradas en las decisiones adoptadas. La participaci&oacute;n aut&eacute;ntica implica tambi&eacute;n el derecho a recibir informaci&oacute;n clara sobre el impacto de su contribuci&oacute;n, fortaleciendo as&iacute; su agencia y su confianza en los procesos institucionales.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, es imprescindible incorporar una perspectiva interseccional en todas las intervenciones de protecci&oacute;n. La participaci&oacute;n debe ser inclusiva y tener en cuenta la diversidad de experiencias y situaciones que atraviesan las infancias y adolescencias, reconociendo las desigualdades derivadas del g&eacute;nero, la discapacidad, el origen cultural o la identidad sexual, entre otros factores. Sin esta mirada, cualquier esfuerzo de participaci&oacute;n corre el riesgo de reproducir nuevas exclusiones.
    </p><p class="article-text">
        La participaci&oacute;n infantil en los procesos de protecci&oacute;n no puede seguir siendo una asignatura pendiente. Es un imperativo legal, &eacute;tico y democr&aacute;tico que exige un cambio de paradigma: dejar de hablar &ldquo;por&rdquo; los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as para empezar a hablar &ldquo;con&rdquo; ellos y ellas. Escuchar, creer, validar y actuar en consecuencia son acciones imprescindibles para garantizar no solo el respeto a sus derechos, sino tambi&eacute;n la eficacia y legitimidad de cualquier medida de protecci&oacute;n. Mientras no logremos integrar verdaderamente sus voces en el coraz&oacute;n de nuestras intervenciones, estaremos perpetuando un sistema que protege sin empoderar, que asiste sin reconocer, y que ampara sin construir ciudadan&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/participacion-ninas-ninos-adolescentes-ambito-proteccion-reconocimiento-legal-practica-limitada_132_12702238.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Oct 2025 13:14:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La participación de niñas, niños y adolescentes en el ámbito de la protección: entre el reconocimiento legal y la práctica limitada]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El eco de mi origen, lo que mi cumpleaños despierta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/eco-origen-cumpleanos-despierta_132_12671945.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Conocer mis orígenes no me ha hecho menos hija ni menos familia. Me ha hecho más consciente, más libre y más entera. Mi cumpleaños me recuerda que la verdad, incluso cuando duele, siempre dignifica. Que toda persona adoptada tiene derecho a saber, a conocer su historia y a darle sentido
</p></div><p class="article-text">
        Cada a&ntilde;o cuando se acerca la fecha de mi cumplea&ntilde;os, el 2 de octubre, algo se remueve dentro de m&iacute;. No es una tristeza concreta ni una nostalgia definida, sino un movimiento interno, una especie de eco que me devuelve a los primeros d&iacute;as de mi vida, a ese punto de partida del que durante a&ntilde;os solo tuve fragmentos. Mi cumplea&ntilde;os no es solo una celebraci&oacute;n: es tambi&eacute;n un recordatorio. Un recordatorio de lo que conozco, de lo que tuve que buscar, y de aquello que quiz&aacute; nunca sabr&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Mi b&uacute;squeda de or&iacute;genes comenz&oacute; en los a&ntilde;os noventa, mucho antes de que se hablara abiertamente de estos temas, cuando todav&iacute;a pesaban el silencio, la desinformaci&oacute;n y el miedo. Fue un proceso largo, lleno de idas y venidas, de puertas que se abr&iacute;an y otras que se cerraban sin explicaci&oacute;n. No fue hasta <strong>2011</strong> cuando pude decir que la hab&iacute;a culminado, que por fin ten&iacute;a acceso a la mayor parte de la informaci&oacute;n que me concern&iacute;a. Saber qui&eacute;nes fueron mis padres biol&oacute;gicos, en qu&eacute; circunstancias se produjo mi nacimiento, y por qu&eacute; se tomaron determinadas decisiones, me permiti&oacute; dotar de coherencia a mi propia historia.
    </p><p class="article-text">
        A menudo se tiende a pensar que cuando una persona adoptada inicia la b&uacute;squeda de sus or&iacute;genes lo hace porque le falta algo o porque necesita encontrar otra familia. Pero quienes hemos vivido este proceso sabemos que no se trata de eso. Yo no buscaba sustituir v&iacute;nculos, ni llenar un vac&iacute;o afectivo. Buscaba verdad. Quer&iacute;a entender, poner nombre y contexto a una historia que me hab&iacute;a sido contada de forma incompleta. La b&uacute;squeda de or&iacute;genes es, en esencia, una b&uacute;squeda de informaci&oacute;n y de sentido. No pretende deshacer lo que existe, sino completarlo.
    </p><p class="article-text">
        En mi caso, acceder a esa verdad fue tan reparador como desafiante. Supuso poner orden en mis recuerdos y en mis emociones, pero tambi&eacute;n asumir realidades complejas y aceptar silencios que forman parte de la historia adoptiva. Esa verdad no vino envuelta en idealizaciones ni en reencuentros de pel&iacute;cula; vino acompa&ntilde;ada de humanidad, de l&iacute;mites y, sobre todo, de dignidad. Saber no siempre cura, pero s&iacute; ubica.
    </p><p class="article-text">
        Lo he contado en distintas ocasiones y espacios p&uacute;blicos &mdash;entre ellos, en <em>ElDiario.es</em> y en el &aacute;mbito asociativo de <em>La Voz de los Adoptados</em>&mdash;, porque creo firmemente que hablar de esto contribuye a que la sociedad comprenda que <strong>buscar no es traicionar</strong>. Todav&iacute;a hoy, demasiadas personas interpretan la b&uacute;squeda de or&iacute;genes como un acto de deslealtad hacia la familia adoptiva, como si el amor recibido tuviera que ser suficiente para acallar cualquier pregunta. Pero el amor no compite con la verdad; la sostiene. Conocer los or&iacute;genes no borra los v&iacute;nculos creados, los refuerza. Quien busca su historia no rechaza a quienes le criaron, simplemente intenta reconciliar todas las partes de su identidad.
    </p><p class="article-text">
        A pesar del tiempo transcurrido desde que conclu&iacute; mi b&uacute;squeda, el cumplea&ntilde;os sigue siendo una fecha cargada de significado. Es el d&iacute;a en que me permito mirar atr&aacute;s, no con tristeza, sino con respeto. Me pregunto qui&eacute;n me sostuvo por primera vez, c&oacute;mo fueron aquellas horas, qui&eacute;n supo de mi llegada y qui&eacute;n tuvo que despedirse. No son preguntas que busquen culpables; son formas de reconocer la existencia de quienes formaron parte de mi inicio. En ese sentido, mi cumplea&ntilde;os tiene una dimensi&oacute;n doble: celebra la vida que tengo y honra el misterio de la que comenz&oacute; antes de que pudiera recordarla.
    </p><p class="article-text">
        Cada a&ntilde;o, al soplar las velas, siento que tambi&eacute;n celebro el coraje de haberme buscado. De no haber aceptado el silencio como respuesta, ni el olvido como destino. Porque la identidad no se construye solo con lo que se vive, sino tambi&eacute;n con lo que se comprende. Tener informaci&oacute;n no significa haber cerrado el proceso, pero s&iacute; haber conquistado un lugar propio dentro de la propia historia.
    </p><p class="article-text">
        Hoy puedo decir que conocer mis or&iacute;genes no me ha hecho menos hija ni menos familia. Me ha hecho m&aacute;s consciente, m&aacute;s libre y m&aacute;s entera. Mi cumplea&ntilde;os me recuerda que la verdad, incluso cuando duele, siempre dignifica. Que toda persona adoptada tiene derecho a saber, a conocer su historia y a darle sentido.
    </p><p class="article-text">
        El eco de mi origen sigue sonando cada a&ntilde;o, cada cumplea&ntilde;os. Ya no duele: acompa&ntilde;a. Es la voz de la verdad que me habita, la que me dice que conocer de d&oacute;nde vengo no me aleja de quien soy, sino que me acerca, por fin, a m&iacute; misma.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/eco-origen-cumpleanos-despierta_132_12671945.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Oct 2025 18:04:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El eco de mi origen, lo que mi cumpleaños despierta]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El impacto de la violencia machista en la infancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/impacto-violencia-machista-infancia_132_12642955.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La violencia machista contra mujeres no puede entenderse como un problema de “relaciones de pareja” exclusivamente, cuando las personas menores de edad están implicadas de forma directa o indirecta. Como sociedad con compromisos en derechos humanos, infancia y equidad de género, tenemos la responsabilidad de visibilizar estos impactos, de actuar con urgencia preventiva, protectora y reparadora
</p></div><p class="article-text">
        La violencia machista no es &uacute;nicamente un atentado contra la integridad de las mujeres. Es tambi&eacute;n una forma de violencia estructural que atraviesa generaciones, dejando cicatrices profundas en la infancia. Esta realidad, aunque cada vez m&aacute;s visible, sigue infrarrepresentada en la agenda p&uacute;blica y en las intervenciones sociales, a pesar de que las evidencias emp&iacute;ricas confirman su magnitud y gravedad.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Infancia y violencia machista: una relaci&oacute;n sistem&aacute;tica</strong></h2><p class="article-text">
        Desde una perspectiva t&eacute;cnica, entendemos la violencia machista como cualquier acto f&iacute;sico, psicol&oacute;gico, sexual, econ&oacute;mico o simb&oacute;lico derivado de desigualdades de g&eacute;nero y dirigido contra las mujeres. Sin embargo, su impacto sobre la infancia se manifiesta en dos planos; como v<strong>iolencia directa </strong>cuando ni&ntilde;as, ni&ntilde;os o adolescentes sufren abusos, acoso, control coercitivo o violencia sexual en sus propias relaciones y como <strong>violencia vicaria o indirecta </strong>cuando los menores son testigos de la violencia ejercida sobre sus madres u otras figuras de referencia.
    </p><p class="article-text">
        Ambas formas de violencia no s&oacute;lo afectan al presente de la infancia, sino que configuran sus aprendizajes sobre v&iacute;nculos, seguridad y poder, perpetuando patrones de desigualdad y riesgo.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Radiograf&iacute;a en Espa&ntilde;a: cifras que interpelan</strong></h2><p class="article-text">
        Los datos disponibles son contundentes. Seg&uacute;n el informe Evoluci&oacute;n de la violencia contra las mujeres en la infancia y adolescencia en Espa&ntilde;a (2018-2022), de Fundaci&oacute;n ANAR, <strong>20.515 menores</strong> fueron atendidos por violencia machista en ese periodo, con <strong>382.219 peticiones de ayuda</strong>. La violencia machista creci&oacute; <strong>un 87%</strong> en cuatro a&ntilde;os y la violencia sexual contra ni&ntilde;as y adolescentes aument&oacute; casi <strong>un 40%</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, la Delegaci&oacute;n del Gobierno para la Violencia de G&eacute;nero, junto con la Universidad Complutense, estima que <strong>casi una cuarta parte de los menores (24,7%) han estado expuestos a violencia machista contra sus madres</strong>. Adem&aacute;s, en 2023 se registraron <strong>m&aacute;s de 1.800 menores como v&iacute;ctimas directas asociadas a los casos de sus madres</strong>, un incremento del <strong>32 %</strong> respecto al a&ntilde;o anterior.
    </p><p class="article-text">
        A esto se suma la realidad de los <strong>menores hu&eacute;rfanos</strong> por violencia de g&eacute;nero: desde 2013, m&aacute;s de <strong>1.800 ni&ntilde;as y ni&ntilde;os</strong> han perdido a su madre por asesinato machista. Cada una de estas cifras no es un n&uacute;mero: es una vida fracturada, un proyecto vital interrumpido y un desaf&iacute;o &eacute;tico para el sistema de protecci&oacute;n a la infancia.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Efectos sobre los ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes (NNA): a corto, medio y largo plazo</strong></h2><p class="article-text">
        La investigaci&oacute;n nacional e internacional demuestra que la exposici&oacute;n a la violencia machista genera impactos profundos y multidimensionales en la infancia. En el <strong>&aacute;mbito psicol&oacute;gico</strong>, la infancia suele experimentar miedo, ansiedad, estr&eacute;s postraum&aacute;tico y sentimientos de culpa o verg&uuml;enza que deterioran su autoestima y percepci&oacute;n de seguridad. Desde el punto de vista neurobiol&oacute;gico y conductual, son frecuentes las alteraciones del sue&ntilde;o, los problemas psicosom&aacute;ticos, la regresi&oacute;n en conductas previamente adquiridas y la aparici&oacute;n de comportamientos agresivos o estados de hiperalerta permanente.
    </p><p class="article-text">
        En el <strong>plano educativo</strong>, esta experiencia se traduce habitualmente en un descenso significativo del rendimiento escolar, absentismo, p&eacute;rdida de motivaci&oacute;n e incluso abandono de los estudios en los casos m&aacute;s graves. Asimismo, en el <strong>plano social y relacional</strong>, los ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes pueden presentar dificultades para establecer v&iacute;nculos seguros y tienden a reproducir, de manera inconsciente, patrones de dominaci&oacute;n y desigualdad en sus relaciones futuras.
    </p><p class="article-text">
        Estos efectos no constituyen simples consecuencias secundarias: suponen aut&eacute;nticas violaciones de derechos fundamentales, que van desde el derecho a la integridad f&iacute;sica y emocional hasta el derecho a la salud, la educaci&oacute;n y el desarrollo integral de la personalidad. Por ello, reconocer y abordar de forma temprana estos da&ntilde;os resulta esencial para garantizar una protecci&oacute;n efectiva y romper el ciclo intergeneracional de la violencia.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un problema estructural, no anecd&oacute;tico</strong></h2><p class="article-text">
        A pesar de la contundencia de los datos, el impacto de la violencia machista en la infancia contin&uacute;a estando infradimensionado. Persisten barreras estructurales que dificultan su visibilizaci&oacute;n y abordaje integral. En primer lugar, la <strong>invisibilidad y la normalizaci&oacute;n</strong> siguen siendo un obst&aacute;culo central: muchas formas de violencia no son identificadas como tales por los propios menores ni por parte de las personas adultas, lo que diluye su gravedad y retrasa la intervenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A ello se suma la <strong>baja denuncia</strong>, derivada del temor, la verg&uuml;enza, la falta de informaci&oacute;n y la dependencia econ&oacute;mica o emocional, factores que refuerzan el silencio y el estigma. Incluso cuando las situaciones son conocidas, se evidencian <strong>deficiencias en la detecci&oacute;n temprana</strong> en &aacute;mbitos clave como la educaci&oacute;n y la sanidad, donde no siempre se reconocen a tiempo las se&ntilde;ales de alarma.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, <strong>la insuficiencia de recursos especializados</strong> agrava el problema.&nbsp;Los servicios de protecci&oacute;n, la salud mental adaptada a menores, la acogida y el apoyo psicosocial presentan limitaciones de capacidad y acceso desigual. Esta combinaci&oacute;n de invisibilidad, baja denuncia, detecci&oacute;n tard&iacute;a y falta de recursos mantiene a muchos ni&ntilde;os y ni&ntilde;as atrapados en entornos de violencia, dificultando su recuperaci&oacute;n y vulnerando sus derechos fundamentales.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Propuestas urgentes desde la experiencia</strong></h2><p class="article-text">
        Para revertir esta situaci&oacute;n y proteger de manera efectiva a la infancia, es imprescindible implementar cambios urgentes sustentados en la evidencia cient&iacute;fica y la pr&aacute;ctica profesional. La <strong>prevenci&oacute;n primaria</strong> debe comenzar en la escuela, incorporando de forma transversal la educaci&oacute;n afectivo-sexual, la igualdad de g&eacute;nero y la resoluci&oacute;n pac&iacute;fica de conflictos para desmontar desde edades tempranas los patrones que sustentan la violencia machista.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, se requiere <strong>formaci&oacute;n obligatoria y especializada</strong> para el personal educativo, sanitario y judicial, de modo que sean capaces de detectar de forma temprana las se&ntilde;ales de violencia y actuar con rapidez y sensibilidad ante casos de menores expuestos o v&iacute;ctimas directas. Esta formaci&oacute;n debe ir acompa&ntilde;ada de <strong>protocolos integrados</strong> entre servicios sociales, sanitarios y educativos que garanticen la derivaci&oacute;n inmediata y la protecci&oacute;n efectiva.
    </p><p class="article-text">
        Junto a la respuesta inicial, es fundamental ofrecer <strong>apoyo psicosocial sostenido</strong> para ni&ntilde;as, ni&ntilde;os y adolescentes, evitando que la intervenci&oacute;n se limite a situaciones de crisis y asegurando un acompa&ntilde;amiento continuado en el tiempo. Igualmente, deben desarrollarse <strong>medidas espec&iacute;ficas para la infancia hu&eacute;rfana por violencia de g&eacute;nero</strong>, garantizando estabilidad familiar, apoyo educativo y atenci&oacute;n especializada al duelo, de modo que no queden en situaci&oacute;n de vulnerabilidad extrema.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, resulta imprescindible <strong>evaluar sistem&aacute;ticamente las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas</strong> y sus resultados para medir su impacto real y ajustar las intervenciones. Con recursos adecuados, coordinaci&oacute;n efectiva y compromiso pol&iacute;tico sostenido es posible proteger los derechos de la infancia y romper el ciclo intergeneracional de la violencia machista.
    </p><p class="article-text">
        La violencia machista contra mujeres no puede entenderse como un problema de &ldquo;relaciones de pareja&rdquo; exclusivamente, cuando las personas menores de edad est&aacute;n implicadas de forma directa o indirecta. Como sociedad con compromisos en derechos humanos, infancia y equidad de g&eacute;nero, tenemos la responsabilidad de visibilizar estos impactos, de actuar con urgencia preventiva, protectora y reparadora.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a ha avanzado en reconocimiento legal, en compilaci&oacute;n de datos y en programas de intervenci&oacute;n, pero los crecimientos porcentuales recientes muestran que no es suficiente: necesitamos una estrategia integral que sit&uacute;e a los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as v&iacute;ctimas&mdash;o expuestos &mdash;como sujetos&nbsp;de derechos, con voz, protecci&oacute;n y reparaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/impacto-violencia-machista-infancia_132_12642955.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Sep 2025 20:01:25 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El impacto de la violencia machista en la infancia]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diez años de la Ley de Infancia: balance y retos pendientes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/diez-anos-ley-infancia-balance-retos-pendientes_132_12616261.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/096ccb88-ef60-43fe-8eaf-49cda3388f1a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diez años de la Ley de Infancia: balance y retos pendientes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Diez años después, la reforma de la Ley de Infancia sigue siendo un hito necesario, pero insuficiente. El marco jurídico es sólido y los avances son evidentes, pero la distancia entre la norma y la realidad cotidiana de miles de niños y niñas continúa siendo considerable</p></div><p class="article-text">
        Han pasado ya diez a&ntilde;os desde que entraron en vigor la Ley 26/2015 y la Ley Org&aacute;nica 8/2015, las dos grandes normas que reformaron el sistema de protecci&oacute;n a la infancia y la adolescencia en Espa&ntilde;a. Aquella reforma fue recibida como un hito legislativo, destinada a modernizar un marco normativo fragmentado y, sobre todo, a situar el inter&eacute;s superior del menor como principio rector de todas las decisiones administrativas, judiciales y sociales. La expectativa era alta: homogeneizar la protecci&oacute;n entre comunidades aut&oacute;nomas, reforzar los derechos de ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes, prevenir el maltrato y dotar de coherencia a un sistema que, pese a sus avances desde los a&ntilde;os noventa, segu&iacute;a adoleciendo de fuertes desigualdades territoriales y presupuestarias. Una d&eacute;cada m&aacute;s tarde, conviene revisar con honestidad qu&eacute; hemos ganado, qu&eacute; hemos perdido y, sobre todo, hacia d&oacute;nde deber&iacute;amos avanzar.
    </p><p class="article-text">
        Entre los avances m&aacute;s notables de la reforma se encuentra la consolidaci&oacute;n de un marco legal m&aacute;s s&oacute;lido y actualizado, que ha incorporado los compromisos internacionales asumidos por Espa&ntilde;a y ha modificado normas esenciales del C&oacute;digo Civil, la Ley de Enjuiciamiento Civil y la Ley de Adopci&oacute;n Internacional. Por primera vez se oblig&oacute; a someter las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas a un an&aacute;lisis de impacto en infancia y familia, se establecieron criterios m&aacute;s claros para la intervenci&oacute;n de las administraciones y se defini&oacute; un cat&aacute;logo de deberes y derechos que reconoce a los ni&ntilde;os y adolescentes no solo como sujetos protegidos sino tambi&eacute;n como ciudadanos con responsabilidades. Asimismo, se han desarrollado sistemas de datos y registros, como el RUMI o los indicadores del Observatorio de la Infancia, que permiten conocer mejor la realidad del maltrato infantil y orientar pol&iacute;ticas basadas en evidencia. Tambi&eacute;n se han incrementado, aunque de forma todav&iacute;a insuficiente, las partidas presupuestarias dedicadas a programas de prevenci&oacute;n y acogimiento, y en algunas comunidades se han creado innovadores proyectos de acogimiento familiar y atenci&oacute;n comunitaria que muestran resultados prometedores.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, estas mejoras normativas y procedimentales contrastan con la persistencia &mdash;e incluso agravamiento&mdash; de problemas estructurales. La pobreza infantil se mantiene como una de las m&aacute;s altas de la Uni&oacute;n Europea y en algunos a&ntilde;os recientes ha crecido ligeramente, hasta superar el 29% de la poblaci&oacute;n menor de edad. Esta realidad revela que los derechos reconocidos en la ley no se traducen autom&aacute;ticamente en condiciones de vida dignas. El gasto p&uacute;blico destinado a familia e infancia sigue en torno al 1,5 % del PIB, muy por debajo de la media europea, lo que limita la capacidad del sistema para prevenir la vulnerabilidad y para responder con agilidad a los casos detectados. Las desigualdades territoriales tambi&eacute;n siguen siendo un obst&aacute;culo importante: hay comunidades aut&oacute;nomas con ratios de profesionales, recursos y programas de acogimiento muy superiores a otras, generando una especie de loter&iacute;a geogr&aacute;fica que contradice la aspiraci&oacute;n de igualdad y universalidad.
    </p><p class="article-text">
        Otro de los puntos cr&iacute;ticos es la atenci&oacute;n a la infancia que migra sola, un desaf&iacute;o que se ha hecho especialmente visible en Canarias y en otras zonas de recepci&oacute;n. La llegada masiva de adolescentes&nbsp;sin referentes familiares y en situaci&oacute;n de vulnerabilidad extrema, ha puesto de manifiesto la fragilidad del sistema. Persisten problemas de saturaci&oacute;n en los dispositivos, retrasos y opacidad en los procedimientos de determinaci&oacute;n de la edad, as&iacute; como una falta de coordinaci&oacute;n clara entre las comunidades aut&oacute;nomas para distribuir la corresponsabilidad de su acogida. Mientras tanto, muchas organizaciones denuncian que estos chicos y chicas sufren discriminaci&oacute;n y estigmatizaci&oacute;n, adem&aacute;s de no poder acceder en igualdad de condiciones a oportunidades educativas y formativas.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco se ha logrado, a pesar de la voluntad legal, que el acogimiento familiar desplace de forma generalizada al residencial. Muchos ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, incluidos menores de seis a&ntilde;os, siguen creciendo en centros cuando las evidencias demuestran que el entorno familiar, ya sea con familia extensa o ajena, ofrece mejores resultados emocionales y de desarrollo. La transici&oacute;n hacia modelos m&aacute;s desinstitucionalizados requiere no solo cambios normativos, sino un importante esfuerzo presupuestario, campa&ntilde;as de sensibilizaci&oacute;n y acompa&ntilde;amiento profesional intenso para las familias acogedoras. Sin estos factores, la preferencia legal por la familia queda en papel mojado.
    </p><p class="article-text">
        A todo ello se suma la necesidad urgente de reforzar los servicios sociales municipales de base. La prevenci&oacute;n y la detecci&oacute;n temprana de situaciones de riesgo contin&uacute;an infradotadas, con ratios de profesionales muy por debajo de las recomendaciones. Esto provoca que muchas intervenciones se activen tarde, cuando los da&ntilde;os ya son profundos y la separaci&oacute;n del NNA se vuelve inevitable. En este contexto, la formaci&oacute;n y estabilidad de los equipos t&eacute;cnicos es crucial. No se puede construir un sistema de protecci&oacute;n s&oacute;lido sin profesionales formados, con condiciones laborales dignas y sin rotaciones constantes que erosionen la calidad del acompa&ntilde;amiento.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los d&eacute;ficits heredados, han surgido nuevos desaf&iacute;os que la reforma de 2015 apenas pod&iacute;a anticipar. El mundo digital, las redes sociales y los entornos virtuales han transformado la vida de la infancia y la adolescencia. Las nuevas formas de acoso, explotaci&oacute;n y desinformaci&oacute;n requieren respuestas integrales y coordinadas que incluyan regulaci&oacute;n, educaci&oacute;n digital y servicios especializados de apoyo psicol&oacute;gico. Al mismo tiempo, la salud mental infantil y adolescente se ha convertido en un asunto prioritario: la pandemia, la precariedad, las tensiones familiares y la incertidumbre econ&oacute;mica han disparado la demanda de atenci&oacute;n psicol&oacute;gica, pero la oferta p&uacute;blica sigue siendo escasa y desigual. Y, mirando m&aacute;s all&aacute; de nuestras fronteras, el cambio clim&aacute;tico, las migraciones forzadas y las crisis internacionales configuran un horizonte en el que ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes ser&aacute;n, de nuevo, el colectivo m&aacute;s vulnerables.
    </p><p class="article-text">
        Diez a&ntilde;os despu&eacute;s, la reforma de la Ley de Infancia sigue siendo un hito necesario, pero insuficiente. El marco jur&iacute;dico es s&oacute;lido y los avances son evidentes, pero la distancia entre la norma y la realidad cotidiana de miles de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as contin&uacute;a siendo considerable. Convertir en hechos los principios del inter&eacute;s superior del menor, la prevenci&oacute;n y la igualdad de oportunidades exige un pacto estable por la infancia, presupuestos blindados, coordinaci&oacute;n efectiva entre administraciones y una mirada renovada hacia los riesgos emergentes. Sin estos elementos, el esfuerzo legislativo de 2015 corre el riesgo de quedar como una promesa incumplida m&aacute;s. Espa&ntilde;a tiene la oportunidad de liderar en Europa una pol&iacute;tica de infancia avanzada y coherente; solo falta la voluntad pol&iacute;tica y social para convertirlo en prioridad real.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/diez-anos-ley-infancia-balance-retos-pendientes_132_12616261.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Sep 2025 11:13:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Diez años de la Ley de Infancia: balance y retos pendientes]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El maravilloso (y a veces desbordante) mundo de las cacas de los bebés]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/maravilloso-veces-desbordante-mundo-cacas-bebes_132_12592951.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Al final, las cacas son un recordatorio entrañable de que el cuerpo de ese pequeño ser funciona, crece y se adapta. Entre pañales, toallitas y cambios de ropa, los adultos aprendemos también a amar lo cotidiano, lo imperfecto y lo sorprendente
</p></div><p class="article-text">
        Hablar de cacas puede sonar escatol&oacute;gico, incluso inc&oacute;modo, poco elegante y nada glamuroso, pero quien convive con un reci&eacute;n nacido sabe que este tema da para largas tertulias, para debates entre familias primerizas y hasta para conversaciones de WhatsApp con fotograf&iacute;as que, en otro contexto, rozar&iacute;an lo impresentable. Lo cierto es que <strong>las deposiciones infantiles son mucho m&aacute;s que un residuo biol&oacute;gico: son una ventana a la salud del beb&eacute; y, de paso, una escuela de paciencia y humor para los adultos que le rodean.</strong>
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un arco&iacute;ris digestivo</strong></h2><p class="article-text">
        Todo comienza con el <strong>meconio</strong>, esa sustancia negra y pegajosa que parece m&aacute;s chapapote que caca y que sorprende tanto como tranquiliza. Su aparici&oacute;n significa que el aparato digestivo del beb&eacute; funciona. Con el paso de los d&iacute;as, este &ldquo;chapapote&rdquo; inicial deja espacio a un universo crom&aacute;tico fascinante: del amarillo mostaza al verde oliva, pasando por tonos ocres o marrones claros.
    </p><p class="article-text">
        La dieta tambi&eacute;n marca la diferencia. Los beb&eacute;s alimentados con <strong>lactancia materna</strong> suelen producir heces m&aacute;s l&iacute;quidas, de un color amarillo dorado, con un olor suave y hasta dulz&oacute;n. Quienes se alimentan con <strong>f&oacute;rmula artificial</strong> tienden a tener cacas m&aacute;s consistentes, m&aacute;s parecidas a las de un ni&ntilde;o mayor. Estas diferencias, lejos de ser anecd&oacute;ticas, permiten a madres, padres y pediatras identificar intolerancias, deshidrataciones o problemas digestivos.
    </p><p class="article-text">
        En resumen: <strong>cada pa&ntilde;al es un parte m&eacute;dico en miniatura</strong>, y por eso los cuidadores acabamos por observarlo con la minuciosidad de un profesional t&eacute;cnico de laboratorio.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Las leyes de la f&iacute;sica&hellip; desafiadas</strong></h2><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los colores, lo verdaderamente inolvidable es la <strong>capacidad expansiva</strong> de estas deposiciones. Cualquiera que haya presenciado un &ldquo;accidente&rdquo; sabe de lo que hablo: un pa&ntilde;al aparentemente seguro puede convertirse, en cuesti&oacute;n de segundos, en una cat&aacute;strofe textil. El fen&oacute;meno se conoce popularmente como <strong>&ldquo;caca explosiva&rdquo;</strong>, y no es exageraci&oacute;n: un estornudo, un bostezo o un movimiento inesperado del beb&eacute; puede desencadenar una fuga que desaf&iacute;a toda l&oacute;gica gravitatoria.
    </p><p class="article-text">
        Las an&eacute;cdotas abundan. Hay quien relata, con la mezcla de horror y orgullo de un veterano de guerra, que la caca de su beb&eacute; lleg&oacute; literalmente <strong>hasta el cuello</strong>. En mi caso particular, debo reconocer que lo m&aacute;ximo alcanzado ha sido a la cintura&hellip; lo cual, cr&eacute;anme, ya es suficiente para tener que dise&ntilde;ar un operativo de rescate con varias toallas, cambio de ropa completo y ba&ntilde;o de emergencia. Estos episodios, por muy dram&aacute;ticos que resulten en el momento, acaban formando parte del anecdotario familiar, de esos recuerdos que se cuentan con carcajadas a&ntilde;os despu&eacute;s.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Ciencia, crianza y complicidad</strong></h2><p class="article-text">
         La parte divertida no debe hacernos olvidar que el pa&ntilde;al es tambi&eacute;n una herramienta de diagn&oacute;stico precoz. La <strong>diarrea persistente</strong> puede ser se&ntilde;al de infecci&oacute;n o deshidrataci&oacute;n. El <strong>estre&ntilde;imiento</strong> excesivo puede indicar intolerancia a la prote&iacute;na de la leche o falta de hidrataci&oacute;n. Colores como el <strong>rojo, negro o blanco</strong> son alertas que requieren consulta m&eacute;dica inmediata. En otras palabras: la observaci&oacute;n constante de las deposiciones no es solo curiosidad, es prevenci&oacute;n de salud.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, este seguimiento cotidiano tiene un efecto inesperado: genera complicidad. Padres, madres y cuidadores nos convertimos en aut&eacute;nticos analistas de pa&ntilde;ales. Conversaciones antes impensables &mdash;&ldquo;&iquest;hoy fue m&aacute;s l&iacute;quida o m&aacute;s pastosa?&rdquo;, &ldquo;&iquest;era m&aacute;s verde o m&aacute;s amarilla?&rdquo;&mdash; se convierten en parte de la rutina, sin verg&uuml;enza alguna. La crianza, al fin y al cabo, normaliza lo que en otro contexto ser&iacute;a tab&uacute;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Entre la risa y el cari&ntilde;o</strong></h2><p class="article-text">
         M&aacute;s all&aacute; de su utilidad cl&iacute;nica, las cacas de los beb&eacute;s tienen un efecto curioso: nos obligan a relativizar. Ante un estallido imprevisto en medio de un paseo, un v&oacute;mito combinado con pa&ntilde;al explosivo o una fuga que llega hasta la ropa del adulto, no queda otra que <strong>respirar, limpiar, y re&iacute;rse un poco de la situaci&oacute;n</strong>. Esa risa compartida, esa capacidad de quitar hierro a lo desagradable, forma parte del v&iacute;nculo afectivo con el beb&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Al final, las cacas son un recordatorio entra&ntilde;able de que el cuerpo de ese peque&ntilde;o ser funciona, crece y se adapta. Entre pa&ntilde;ales, toallitas y cambios de ropa, los adultos aprendemos tambi&eacute;n a amar lo cotidiano, lo imperfecto y lo sorprendente.
    </p><p class="article-text">
        Y s&iacute;, puede que nunca ganemos un premio por nuestras destrezas como &ldquo;limpiadores oficiales de desastres biol&oacute;gicos&rdquo;, pero lo cierto es que, tras sobrevivir a un pa&ntilde;al que llega a la cintura &mdash;o, para los m&aacute;s veteranos, al mism&iacute;simo cuello&mdash;, uno se siente con autoridad suficiente como para a&ntilde;adir una nueva l&iacute;nea al curr&iacute;culum: <strong>&ldquo;experto en gesti&oacute;n de emergencias fecales con final feliz&rdquo;</strong>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/maravilloso-veces-desbordante-mundo-cacas-bebes_132_12592951.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Sep 2025 14:08:28 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El maravilloso (y a veces desbordante) mundo de las cacas de los bebés]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vientres de alquiler: cuando el deseo se convierte en negocio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/vientres-alquiler-deseo-convierte-negocio_132_12572618.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eb4a340a-9362-46b7-92d9-27a3913bf760_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vientres de alquiler: cuando el deseo se convierte en negocio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No se trata de condenar los deseos legítimos de maternidad o paternidad, ni de estigmatizar a quienes acuden a estas prácticas. Se trata de recordar que la satisfacción de un deseo personal no puede hacerse a costa de la explotación de otras personas ni de la cosificación de los más vulnerables: los niños y niñas</p></div><p class="article-text">
        El debate en torno a los llamados &ldquo;vientres de alquiler&rdquo; &mdash;o, con mayor eufemismo, &ldquo;gestaci&oacute;n subrogada&rdquo;&mdash; suele presentarse como una cuesti&oacute;n de libertad individual y de derecho a la maternidad o paternidad. Sin embargo, m&aacute;s all&aacute; de la envoltura discursiva, estamos ante un fen&oacute;meno que plantea serias implicaciones &eacute;ticas, sociales y jur&iacute;dicas, donde el cuerpo de las mujeres y los derechos de los ni&ntilde;os se convierten en objeto de mercado.
    </p><p class="article-text">
        La primera pregunta que deber&iacute;amos hacernos es: <strong>&iquest;de qui&eacute;n es realmente la libertad que se defiende?</strong> Se suele hablar de la libre decisi&oacute;n de las mujeres que &ldquo;eligen&rdquo; gestar para otros. Pero en la gran mayor&iacute;a de los casos, estas mujeres provienen de contextos de vulnerabilidad econ&oacute;mica, donde la supuesta decisi&oacute;n libre se encuentra profundamente condicionada por la necesidad. Una libertad marcada por la precariedad no es aut&eacute;ntica libertad, sino una coacci&oacute;n invisible.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, el deseo de ser madre o padre no constituye un derecho absoluto. La Convenci&oacute;n sobre los Derechos del Ni&ntilde;o nos recuerda que lo que est&aacute; en juego no es el derecho de los adultos a tener hijos, sino el derecho de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as a no ser tratados como mercanc&iacute;as. La gestaci&oacute;n subrogada introduce la l&oacute;gica del contrato en un espacio &iacute;ntimo y vital: la gestaci&oacute;n. Un contrato en el que el beb&eacute; pasa a ser el objeto final de la transacci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La pr&aacute;ctica tambi&eacute;n perpet&uacute;a una visi&oacute;n reduccionista del cuerpo femenino, fragmentado y utilitarista. El &uacute;tero se convierte en un recurso disponible para terceros, y la mujer, en un mero instrumento de producci&oacute;n. Este enfoque no solo atenta contra la dignidad de las mujeres, sino que refuerza estereotipos patriarcales que hist&oacute;ricamente han negado su autonom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El panorama internacional refleja con claridad la controversia. En <strong>Estados Unidos</strong>, la regulaci&oacute;n var&iacute;a seg&uacute;n el estado: lugares como <strong>California</strong> permiten y regulan la gestaci&oacute;n subrogada, mientras que otros la proh&iacute;ben expresamente. En <strong>Ucrania, Rusia y Georgia</strong>, la pr&aacute;ctica est&aacute; legalizada y constituye un sector econ&oacute;mico en expansi&oacute;n, especialmente orientado al mercado internacional. En <strong>M&eacute;xico</strong>, aunque a nivel federal no existe regulaci&oacute;n, algunos estados como Tabasco y Sinaloa llegaron a permitirla, lo que atrajo a clientes extranjeros hasta que se introdujeron limitaciones recientes.
    </p><p class="article-text">
        En <strong>Europa</strong>, la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses la proh&iacute;ben. <strong>Espa&ntilde;a</strong> la declara nula de pleno derecho en el art&iacute;culo 10 de la Ley 14/2006 sobre t&eacute;cnicas de reproducci&oacute;n asistida. <strong>Francia</strong> y <strong>Alemania</strong> tambi&eacute;n la consideran ilegal, apelando a la protecci&oacute;n de la dignidad humana. En <strong>Italia</strong>, el C&oacute;digo Penal sanciona con c&aacute;rcel la gestaci&oacute;n por sustituci&oacute;n. El <strong>Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH)</strong>, aunque ha instado en algunos casos (como <em>Mennesson vs. Francia</em>, 2014) a reconocer ciertos efectos filiales para proteger el inter&eacute;s superior del menor nacido mediante esta pr&aacute;ctica en el extranjero, ha reiterado que los Estados conservan un amplio margen de prohibirla en sus legislaciones.
    </p><p class="article-text">
        En <strong>Asia</strong>, pa&iacute;ses como <strong>India, Tailandia y Nepal</strong> fueron durante a&ntilde;os destinos recurrentes para la gestaci&oacute;n subrogada comercial, hasta que m&uacute;ltiples denuncias de explotaci&oacute;n, abandono de reci&eacute;n nacidos y vulneraci&oacute;n de derechos llevaron a reformas legislativas restrictivas. India, por ejemplo, prohibi&oacute; en 2015 la subrogaci&oacute;n comercial para extranjeros, y en 2021 limit&oacute; incluso la altruista, reserv&aacute;ndola solo a parejas heterosexuales indias casadas y con estrictas condiciones.
    </p><p class="article-text">
        Este mapa desigual evidencia que, all&iacute; donde se permite, la gestaci&oacute;n subrogada se convierte en un mercado transnacional sustentado en la vulnerabilidad de las mujeres de contextos m&aacute;s pobres, mientras que all&iacute; donde se proh&iacute;be se apela a principios de protecci&oacute;n y &eacute;tica p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Es importante subrayar que no se trata de condenar los deseos leg&iacute;timos de maternidad o paternidad, ni de estigmatizar a quienes acuden a estas pr&aacute;cticas. Se trata de recordar que la satisfacci&oacute;n de un deseo personal no puede hacerse a costa de la explotaci&oacute;n de otras personas ni de la cosificaci&oacute;n de los m&aacute;s vulnerables: los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        En sociedades donde la desigualdad de g&eacute;nero y la pobreza contin&uacute;an marcando las biograf&iacute;as de tantas mujeres, legitimar los vientres de alquiler equivale a legalizar una nueva forma de explotaci&oacute;n reproductiva. Lejos de ser un avance en derechos, constituye un retroceso, porque normaliza que los cuerpos puedan ser alquilados y que la vida misma se transforme en objeto de contrato mercantil.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, la gestaci&oacute;n subrogada no es un asunto privado de &ldquo;libertades individuales&rdquo;, sino un problema colectivo que interpela a los valores democr&aacute;ticos, al principio de igualdad y a la protecci&oacute;n de los derechos humanos. La verdadera alternativa pasa por abrir un debate honesto sobre c&oacute;mo acompa&ntilde;ar los deseos de maternidad y paternidad sin poner en riesgo la dignidad de las mujeres ni los derechos de la infancia. Se trata de construir marcos sociales y &eacute;ticos donde los v&iacute;nculos familiares se basen en el cuidado, la responsabilidad y el respeto, y no en la capacidad econ&oacute;mica de unos ni en la vulnerabilidad de otros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/vientres-alquiler-deseo-convierte-negocio_132_12572618.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 Sep 2025 12:25:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vientres de alquiler: cuando el deseo se convierte en negocio]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Infancia en Gaza: la humanidad perdida en medio del genocidio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/infancia-gaza-humanidad-perdida-medio-genocidio_132_12558508.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1c934d70-fb93-40ae-b7ed-a30656e0bb55_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Infancia en Gaza: la humanidad perdida en medio del genocidio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Convención sobre los Derechos del Niño, el tratado de derechos humanos más ratificado del mundo, proclama que todos los menores deben ser protegidos contra la violencia, recibir asistencia humanitaria en situaciones de conflicto y gozar de su derecho inalienable a la vida</p></div><p class="article-text">
        Resulta insoportable escribir sobre la infancia en la Franja de Gaza y, sin embargo, es un deber &eacute;tico y humano hacerlo. Cada d&iacute;a, las im&aacute;genes y los testimonios que llegan desde este peque&ntilde;o territorio palestino reflejan un horror que hiere la conciencia colectiva: ni&ntilde;as y ni&ntilde;os que mueren bajo los escombros, que ven truncados sus juegos y su derecho a la vida, que cargan sobre sus espaldas un dolor imposible de dimensionar. No se trata de una tragedia accidental, sino de una estrategia b&eacute;lica sostenida que est&aacute; reduciendo a cenizas no solo infraestructuras, sino el presente y el futuro de toda una generaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Israel ha desatado una ofensiva militar que no distingue entre combatientes y poblaci&oacute;n civil. Escuelas bombardeadas, hospitales reducidos a ruinas, campos de refugiados arrasados y familias enteras aniquiladas. En Gaza, la infancia se ha convertido en objetivo colateral de una maquinaria de guerra que act&uacute;a con impunidad y bajo la excusa de la seguridad nacional. Pero la seguridad de un Estado no puede justificarse a costa de la aniquilaci&oacute;n sistem&aacute;tica de otro pueblo. Las cifras son escalofriantes: miles de menores han muerto en apenas unos meses, y decenas de miles m&aacute;s han quedado heridos, mutilados o traumatizados de por vida. La infancia gazat&iacute; no conoce lo que significa dormir sin miedo, jugar sin sobresalto o proyectar un futuro.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s indignante no es &uacute;nicamente la barbarie, sino la complicidad silenciosa de la comunidad internacional. Gobiernos que alzan la voz en defensa de los derechos humanos cuando conviene a sus intereses estrat&eacute;gicos, pero que enmudecen ante lo que juristas, organismos independientes y organizaciones humanitarias ya no dudan en calificar como un genocidio. El derecho internacional humanitario, consagrado en los Convenios de Ginebra, proh&iacute;be de manera expl&iacute;cita los ataques indiscriminados contra la poblaci&oacute;n civil, as&iacute; como el uso desproporcionado de la fuerza. Sin embargo, estas normas parecen haberse convertido en letra muerta cuando se trata de Palestina.
    </p><p class="article-text">
        La Convenci&oacute;n sobre los Derechos del Ni&ntilde;o, el tratado de derechos humanos m&aacute;s ratificado del mundo, proclama que todos los menores deben ser protegidos contra la violencia, recibir asistencia humanitaria en situaciones de conflicto y gozar de su derecho inalienable a la vida. Cada bomba que cae sobre Gaza es, por tanto, una violaci&oacute;n directa de este tratado internacional. Cada hospital destruido, cada convoy de ayuda bloqueado, cada aula que se convierte en una fosa com&uacute;n, representa una traici&oacute;n a los compromisos universales asumidos por los Estados. &iquest;De qu&eacute; sirve ratificar convenios si, llegado el momento, se tolera la barbarie?
    </p><p class="article-text">
        No se trata solo de un conflicto territorial o de un enfrentamiento religioso; se trata de un <strong>crimen contra la humanidad</strong>. El uso sistem&aacute;tico del hambre como arma de guerra, los cortes de electricidad y agua potable, la imposibilidad de acceder a medicinas, configuran un escenario de castigo colectivo prohibido por el derecho internacional. Gaza es hoy la met&aacute;fora m&aacute;s brutal de un mundo que ha perdido toda br&uacute;jula &eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        A la devastaci&oacute;n causada por los bombardeos se suma una crisis humanitaria deliberadamente provocada: la hambruna. Millones de personas, en su mayor&iacute;a mujeres y ni&ntilde;os, enfrentan la escasez total de alimentos, mientras los convoyes de ayuda humanitaria son bloqueados o bombardeados. La desnutrici&oacute;n severa se expande como una epidemia silenciosa, cobrando la vida de beb&eacute;s y debilitando a generaciones enteras. Las madres no pueden amamantar por falta de alimentos, los hospitales carecen de f&oacute;rmulas infantiles y los ni&ntilde;os mueren de inanici&oacute;n en pleno siglo XXI, bajo la mirada de un mundo que dice haber aprendido de los horrores del pasado.
    </p><p class="article-text">
        El hambre no es una consecuencia colateral del conflicto, sino un m&eacute;todo de exterminio planificado: impedir el acceso a pan, agua y leche se convierte en un instrumento de control que busca quebrar la resistencia de todo un pueblo. El derecho internacional reconoce el hambre forzada como un crimen de guerra y un crimen contra la humanidad. Sin embargo, la infancia gazat&iacute; se consume en la fragilidad extrema, enfrentando no solo las bombas, sino tambi&eacute;n el vac&iacute;o desgarrador del est&oacute;mago vac&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s doloroso es que no hablamos de un futuro incierto, sino de una infancia rota en presente. Ni&ntilde;os que aprenden a identificar el sonido de los drones antes que el de un juguete, ni&ntilde;as que cargan a sus hermanos peque&ntilde;os huyendo entre ruinas, adolescentes que entierran a sus padres sin haber conocido un solo d&iacute;a de paz. La infancia palestina est&aacute; siendo marcada por un trauma colectivo de dimensiones irreparables. Y ese da&ntilde;o no se limita a las fronteras de Gaza: es una herida abierta en la conciencia del mundo entero.
    </p><p class="article-text">
        Ante esta realidad, no es suficiente la solidaridad simb&oacute;lica, los comunicados ni las l&aacute;grimas de ocasi&oacute;n. El silencio y la inacci&oacute;n equivalen a complicidad. El mundo tiene la obligaci&oacute;n de detener este exterminio, exigir responsabilidades y colocar la vida de la infancia en el centro de cualquier resoluci&oacute;n pol&iacute;tica. Los gobiernos que financian o abastecen de armamento a Israel no pueden seguir lav&aacute;ndose las manos: son corresponsables de cada vida segada. La ciudadan&iacute;a, a su vez, debe asumir que callar o mirar hacia otro lado es una forma de consentimiento t&aacute;cito.
    </p><p class="article-text">
        La infancia palestina nos est&aacute; mostrando el rostro m&aacute;s descarnado de la injusticia. Su sufrimiento interpela a nuestra humanidad, a nuestra coherencia y a nuestra capacidad de reacci&oacute;n. Mirar hacia otro lado es negarnos como sociedad, es aceptar que el genocidio pueda convertirse en una rutina m&aacute;s dentro de la agenda internacional.
    </p><p class="article-text">
        En Gaza no se libra una simple guerra: se est&aacute; perpetrando un crimen de dimensiones hist&oacute;ricas. Y mientras tanto, los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as siguen siendo las primeras v&iacute;ctimas de un mundo que ha decidido olvidar su propia promesa: <strong>que toda infancia merece protecci&oacute;n, paz y futuro</strong>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/infancia-gaza-humanidad-perdida-medio-genocidio_132_12558508.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 Aug 2025 18:51:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Infancia en Gaza: la humanidad perdida en medio del genocidio]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Catálogos de niños: la infancia ucraniana convertida en botín de guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/catalogos-ninos-infancia-ucraniana-convertida-botin-guerra_132_12541632.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c0512f01-eaaa-4391-ae7f-7890dc113ccd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Catálogos de niños: la infancia ucraniana convertida en botín de guerra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Separar a un niño de su familia es un acto de violencia que deja huellas indelebles. No hablamos de una reubicación “benéfica”, sino de un desarraigo forzado. Estos niños no pierden solo un hogar; pierden su lengua, sus costumbres, sus vínculos afectivos y su historia</p></div><p class="article-text">
        Hay im&aacute;genes que estremecen m&aacute;s que un frente de batalla. Una de ellas es el cat&aacute;logo digital en el que aparecen casi 300 ni&ntilde;os ucranianos ofrecidos para adopci&oacute;n en Rusia. Rostros de menores clasificados por edad, g&eacute;nero, color de ojos o incluso rasgos de car&aacute;cter. No es ficci&oacute;n dist&oacute;pica: es la realidad puesta en marcha por las autoridades prorrusas en Lugansk.
    </p><p class="article-text">
        Que en pleno siglo XXI se pueda hojear un &ldquo;listado&rdquo; de ni&ntilde;os como si fueran objetos disponibles para escoger, dice mucho no solo del nivel de crueldad alcanzado por el Kremlin, sino tambi&eacute;n del fracaso de la comunidad internacional en detener un crimen que se prolonga desde hace m&aacute;s de dos a&ntilde;os: la deportaci&oacute;n sistem&aacute;tica de menores ucranianos a territorio ruso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La herida psicol&oacute;gica: infancias amputadas</strong>
    </p><p class="article-text">
        Separar a un ni&ntilde;o de su familia es un acto de violencia que deja huellas indelebles. No hablamos de una reubicaci&oacute;n &ldquo;ben&eacute;fica&rdquo;, sino de un desarraigo forzado. Estos ni&ntilde;os no pierden solo un hogar; pierden su lengua, sus costumbres, sus v&iacute;nculos afectivos y su historia.
    </p><p class="article-text">
        La psicolog&iacute;a lo tiene claro: la ruptura con la familia y la identidad provoca traumas que se traducen en ansiedad, depresi&oacute;n, estr&eacute;s postraum&aacute;tico y trastornos del apego. Si a ello se suma la imposici&oacute;n de un nuevo nombre, una nueva nacionalidad y un relato oficial que niega su origen, el resultado es una fractura identitaria que puede acompa&ntilde;arles toda la vida. No hablamos solo de heridas individuales: se trata de un ataque a la memoria de un pueblo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La ilegalidad manifiesta: cr&iacute;menes tipificados</strong>
    </p><p class="article-text">
        No es necesario ser jurista para entender que lo que ocurre es una violaci&oacute;n flagrante del derecho internacional. El <strong>IV Convenio de Ginebra</strong> proh&iacute;be la deportaci&oacute;n de menores en territorios ocupados. La <strong>Convenci&oacute;n sobre los Derechos del Ni&ntilde;o</strong> garantiza el derecho a preservar identidad, nacionalidad y relaciones familiares.
    </p><p class="article-text">
        Pero adem&aacute;s, el <strong>Estatuto de Roma</strong> considera crimen de guerra el traslado forzado de poblaci&oacute;n civil, y la <strong>Convenci&oacute;n para la Prevenci&oacute;n del Genocidio</strong> define como genocidio el traslado de ni&ntilde;os de un grupo nacional a otro. En este caso, la definici&oacute;n encaja con exactitud.
    </p><p class="article-text">
        La Corte Penal Internacional (CPI) lo ha reconocido al emitir &oacute;rdenes de arresto contra Vladimir Putin y Mar&iacute;a Lvova-Belova. Que un cat&aacute;logo de menores est&eacute; en l&iacute;nea no es un mero &ldquo;fallo &eacute;tico&rdquo;: es la punta del iceberg de una pol&iacute;tica de Estado dise&ntilde;ada para borrar identidades.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Historia que se repite: del Congo al &Aacute;rtico</strong>
    </p><p class="article-text">
        Este cat&aacute;logo digital no surge de la nada. Forma parte de una vieja estrategia: borrar culturas a trav&eacute;s de su infancia.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>En el siglo XIX, miles de ni&ntilde;os polacos fueron deportados a Siberia por el Imperio ruso.</li>
                                    <li>En Australia, la pol&iacute;tica de las <em>Stolen Generations</em> arrebat&oacute; a ni&ntilde;os ind&iacute;genas de sus familias para &ldquo;asimilarlos&rdquo; a la cultura blanca.</li>
                                    <li>En Canad&aacute;, las escuelas residenciales prohib&iacute;an a los ni&ntilde;os ind&iacute;genas hablar su lengua, destruyendo generaciones enteras.</li>
                                    <li>En Dinamarca, el experimento de los <em>Little Danes</em> intent&oacute; &ldquo;convertir&rdquo; a ni&ntilde;os inuit en peque&ntilde;os europeos, con consecuencias devastadoras.</li>
                                    <li>En el Congo belga, los ni&ntilde;os mestizos fueron separados de sus familias y confinados en instituciones religiosas.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        El patr&oacute;n es claro: controlar el futuro de una naci&oacute;n comienza por moldear a sus ni&ntilde;os. Lo que ocurre hoy en Ucrania repite esa l&oacute;gica, con la diferencia de que ahora todo se hace con un clic en un cat&aacute;logo digital.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y la comunidad internacional?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La indiferencia siempre ha sido c&oacute;mplice de los cr&iacute;menes contra la infancia. Ucrania lo ha dejado claro: la repatriaci&oacute;n de los menores secuestrados es una condici&oacute;n no negociable en cualquier negociaci&oacute;n de paz. Pero no basta con exigir: hay que actuar.
    </p><p class="article-text">
        La comunidad internacional debe garantizar la <strong>restituci&oacute;n inmediata</strong> de los ni&ntilde;os, impulsar los procesos judiciales abiertos en la CPI y poner en marcha programas de <strong>reparaci&oacute;n psicol&oacute;gica y cultural</strong>. No se trata solo de devolver cuerpos, sino de reconstruir identidades y restituir memorias.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Infancias no negociables</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo que hoy vemos en Ucrania no es un cap&iacute;tulo menor de la guerra: es una de sus caras m&aacute;s brutales. Los ni&ntilde;os no son hu&eacute;rfanos an&oacute;nimos ni p&aacute;ginas en blanco que un Estado pueda reescribir a conveniencia. Son sujetos de derechos, portadores de memoria y futuro.
    </p><p class="article-text">
        Convertirlos en cat&aacute;logo es tratarlos como mercanc&iacute;a. Y aceptar ese cat&aacute;logo como un da&ntilde;o colateral es permitir que la barbarie se normalice. Si la humanidad ha aprendido algo de su propia historia, es que la infancia nunca debe convertirse en herramienta de guerra ni en moneda de poder.
    </p><p class="article-text">
        La infancia ucraniana no est&aacute; en venta. Su identidad no puede borrarse. Y el mundo, si quiere llamarse civilizado, debe decirlo en voz alta: <strong>ni un ni&ntilde;o m&aacute;s en el cat&aacute;logo del despojo</strong>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iratxe Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/catalogos-ninos-infancia-ucraniana-convertida-botin-guerra_132_12541632.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Aug 2025 13:18:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Catálogos de niños: la infancia ucraniana convertida en botín de guerra]]></media:title>
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    </item>
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