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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alejandro Krawietz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alejandro-krawietz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alejandro Krawietz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¡Viva la vulgaridad! (sobre la torre de Ten-Bel convertida en soporte publicitario)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/viva-vulgaridad-torre-ten-bel-convertida-soporte-publicitario_132_12342018.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0a83c5b2-4d02-415b-8dd9-15cdc51097bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¡Viva la vulgaridad! (sobre la torre de Ten-Bel convertida en soporte publicitario)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Que ese lugar, Ten-Bel, que probablemente se hubiera podido constituir como emblema y modelo de desarrollo y como espacio de peregrinación para arquitectos de todo el mundo se haya convertido en un territorio de devastación, debería ser motivo de vergüenza insular</p></div><p class="article-text">
        El martes pasado, d&iacute;a 27 de mayo, se present&oacute; en TEA el cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n <em>Materia contempor&aacute;nea, </em>que recorre de manera muy convincente el trabajo de Javier D&iacute;az Llanos y Vicente Saavedra en el campo de la arquitectura. El libro es resultado de la muestra que, con el mismo t&iacute;tulo, tuvo lugar en las salas del museo en el a&ntilde;o 2017. Sus comisarios, editores ahora de este volumen, fueron Juan Manuel Rodr&iacute;guez Pe&ntilde;a y Rafael Escobedo de la Riva. Vaya por delante el elogio al gran trabajo realizado y a la pertinencia del momento. Lo que sigue, nada tiene que ver, sino en la convergencia temporal, con el feliz acontecimiento sucedido en TEA.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tenemos en las islas una rara afici&oacute;n para esconder, elidir y menospreciar las trayectorias creativas m&aacute;s se&ntilde;eras, al mismo tiempo que procuramos encumbramientos meramente dom&eacute;sticos para trayectorias mucho m&aacute;s bajas que medianas. Expertos en distribuir la c&eacute;dula de &laquo;celebridad local&raquo;, nos las arreglamos para llenar de nader&iacute;as y eventos todo el espacio &mdash;de modo que los focos caigan casi siempre sobre asuntos de poca enjundia y escasa capacidad para perdurar y significar&mdash;, mientras se condena al ostracismo a figuras que sin embargo construyen trayectorias nacionales e internacionales a pesar de los esfuerzos por el ninguneo. Sin embargo, por la perseverancia y la val&iacute;a, los trabajos de relevancia terminan por volverse inapelables y llega el momento en que la reparaci&oacute;n hist&oacute;rica resulta perentoria: mantener esas obras en la irrelevancia resulta imposible, y contribuye a la generaci&oacute;n de profundas anomal&iacute;as. As&iacute; sucede que del mismo modo en que hab&iacute;amos despreciado, mediante m&eacute;todos variopintos, la repercusi&oacute;n de lo hecho, nos lanzamos de pronto, con la mejor de las intenciones e impulsados por una honesta necesidad, al asunto de recuperar, valorar y reubicar en su contexto a la figura o figuras a las que antes se hab&iacute;a preterido. Esto ha sido as&iacute; tantas veces que podemos ahorrarnos la necesidad de poner ejemplos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este cat&aacute;logo permite, en el caso de Javier D&iacute;az Llanos y Vicente Saavedra, completar un rescate obligatorio de una manera ejemplar y muy significativa. Me parece que los textos que acompa&ntilde;an esta edici&oacute;n, especialmente la entrevista a los dos arquitectos, los art&iacute;culos de Juan Manuel Rodr&iacute;guez Pe&ntilde;a y Efra&iacute;n Pintos y el estudio de Juan Antonio Gonz&aacute;lez P&eacute;rez completan y amplifican el trabajo de recuperaci&oacute;n gr&aacute;fica de los proyectos principales de los protagonistas y sus m&eacute;todos de trabajo. Gonz&aacute;lez P&eacute;rez ofrece, por citar s&oacute;lo un ejemplo, un recorrido por los sistemas constructivos basados en la adici&oacute;n formal &mdash;lo que en artes pl&aacute;sticas ser&iacute;a la serialidad moderna&mdash; que aclara doblemente la funci&oacute;n combinatoria en relaci&oacute;n tanto con las po&eacute;ticas de los materiales y sus posibilidades formales, como con los procesos de reflexi&oacute;n sobre la arquitectura tradicional (motivado, este inter&eacute;s, seg&uacute;n se cuenta, por los continuos viajes a trav&eacute;s de la carretera general del sur a lo largo de los a&ntilde;os de trabajo en Costa del Silencio). Por su parte, D&aacute;cil Perdig&oacute;n P&eacute;rez recorre de manera l&uacute;cida la especial relaci&oacute;n de Saavedra y D&iacute;az Llanos con las artes pl&aacute;sticas, y su inclusi&oacute;n natural en muchos de los proyectos del estudio durante d&eacute;cadas, hasta el punto de convertirse en una marca de estilo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, y aunque me propon&iacute;a escribir una rese&ntilde;a del imprescindible cat&aacute;logo al que ha dado lugar la exposici&oacute;n, me veo en la obligaci&oacute;n de pronunciarme antes acerca de la cruel iron&iacute;a con la que, no s&eacute; bien por parte de qui&eacute;n a&uacute;n &mdash;quiz&aacute; la isla, quiz&aacute; la industria del turismo, quiz&aacute; alg&uacute;n poco avisado empresario, quiz&aacute; responsables p&uacute;blicos en el campo del patrimonio y del patrimonio cultural&mdash;, ha sido recibido el cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Para bien o para mal, todos sabemos en Tenerife el estado deplorable en el que se encuentra Ten-Bel, una de las pocas obras tur&iacute;sticas que construyeron D&iacute;az Llanos y Saavedra. La importancia de esa urbanizaci&oacute;n es tal que el espacio que se le dedica en el cat&aacute;logo ocupa casi la mitad de la edici&oacute;n. No en vano esa obra es, probablemente &mdash;con permiso del Colegio de Arquitectos&mdash;, la m&aacute;s emblem&aacute;tica de toda la producci&oacute;n de Saavedra y D&iacute;az Llanos, no s&oacute;lo por el volumen de obra construida, sino por la sabia perspicacia, la gran inteligencia con la que los dos arquitectos construyeron un modelo ejemplar como propuesta de un &lsquo;habitar&rsquo; para el turismo en las Islas. El modo en que esa obra puso en valor el paisaje para el que se dise&ntilde;&oacute;, las b&uacute;squedas y progresos en la idea de que un &laquo;turismo de calidad&raquo; solo es posible amparado por un &laquo;espacio de calidad&raquo;, y cuestiones formales como la segregaci&oacute;n del tr&aacute;fico peatonal del rodado &mdash;&iexcl;en la d&eacute;cada de 1960!&mdash;, la utilizaci&oacute;n de los materiales m&iacute;nimos necesarios o la convicci&oacute;n de aspirar a la creaci&oacute;n de un para&iacute;so, convirtieron a Ten-Bel, y as&iacute; lo atestigua el cat&aacute;logo, en un espacio singular y mod&eacute;lico, que forma parte del imaginario de infancia y juventud de quienes lo vivieron y visitaron.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace solo unos a&ntilde;os, en la pel&iacute;cula <em>Para crear un para&iacute;so, </em>que tuve la oportunidad de concebir y rodar con David Baute, d&aacute;bamos cuenta de Ten-Bel como term&oacute;metro del grado de deterioro del proyecto tur&iacute;stico de Canarias, hoy puesto en cuesti&oacute;n como nunca por la ciudadan&iacute;a. Que ese lugar, Ten-Bel, que probablemente se hubiera podido constituir como emblema y modelo de desarrollo y como espacio de peregrinaci&oacute;n para arquitectos de todo el mundo &mdash;as&iacute; sucede con uno de sus modelos confesos, la ciudad-jard&iacute;n de Tapiola en Helsinki&mdash;, se haya convertido en un territorio de devastaci&oacute;n, deber&iacute;a ser motivo de verg&uuml;enza insular. Pasear por Ten-Bel, hoy, supone en buena medida transitar por una experiencia extrema de destrucci&oacute;n y barbarie, que en cierto modo solo puede explicarse por fen&oacute;menos de odio hacia la belleza (puesto que no ha habido guerras o enfrentamientos violentos que lamentar). Del mismo modo, las operaciones de sedicentes reformas que se han practicado en hoteles y apartamentos &mdash;se ha pintado el hormig&oacute;n, se ha panelado, se ha a&ntilde;adido todo tipo de ap&oacute;sitos&mdash; forman parte de procesos de deformaci&oacute;n que atentan contra el patrimonio cultural que esos mismos lugares encarnan. Que, por ejemplo, se haya sustituido las celos&iacute;as del edificio de la entrada, se entiende que con el benepl&aacute;cito de alg&uacute;n protector p&uacute;blico de patrimonios, por cristaleras &mdash;que, se puede adivinar, no redundar&aacute;n en beneficio clim&aacute;tico alguno para la estructura&mdash;, mueve tambi&eacute;n a la pena o a la risa sarc&aacute;stica. Sin embargo, que la torre-escultura-escalera-mirador que da la bienvenida a la urbanizaci&oacute;n, hito principal del lugar, se haya convertido en el soporte publicitario de un parque tem&aacute;tico (que tiene a gloria explotar para el disfrute del turista especies ex&oacute;ticas y salvajes), se constituye &mdash;en la misma semana en que se presenta el cat&aacute;logo de Saavedra y D&iacute;az Llanos, con todos los honores, en TEA&mdash;, en algo m&aacute;s que un s&iacute;mbolo, en algo m&aacute;s que una iron&iacute;a, en algo m&aacute;s que una met&aacute;fora acerca de la <em>materia contempor&aacute;nea</em> de esta isla desdichada y triste. Es un golpe de efecto teatral, cinematogr&aacute;fico, en el guion horrendo de nuestra historia reciente. Si as&iacute; vamos, as&iacute; seguiremos. &iexcl;Viva la vulgaridad! 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Krawietz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/viva-vulgaridad-torre-ten-bel-convertida-soporte-publicitario_132_12342018.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 May 2025 18:10:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¡Viva la vulgaridad! (sobre la torre de Ten-Bel convertida en soporte publicitario)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos horas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/horas_132_13128143.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta Isla no tiene ni idea de la enorme cantidad de acciones decisivas que se pueden emprender en dos horas. Esta isla no sabe cuánto valen dos horas en la vida de una persona, ni mucho menos cuánto valen dos horas cada día
</p></div><p class="article-text">
        He tardado unas dos horas en escribir el borrador de este art&iacute;culo y pasarlo a limpio. Hoy he estado dos horas en un atasco. Son cerca de mil doscientas palabras.
    </p><p class="article-text">
        Dos horas es el tiempo de una buena sesi&oacute;n de lectura. Por ejemplo, se tarda dos horas, m&aacute;s o menos, en leer <em>Libro sexto</em> de Sophia de Mello. Lo mismo para <em>An&aacute;basis</em> de Saint-John Perse, <em>Regreso al pa&iacute;s natal</em> de Aym&eacute; Cesaire, <em>Orientaciones </em>de Odysseas Elytis, <em>No amanece el cantor </em>de Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente o <em>Egeo</em> de Lorand Gaspar. Se podr&iacute;a leer en dos horas <em>Ficciones</em>, de Jorge Luis Borges. O <em>El mito de S&iacute;sifo</em> de Albert Camus, tomando notas. Una entrada de formato medio del <em>Glosario insular</em> me lleva unas dos horas, puede que un poco m&aacute;s. En dos horas puedo mantener una conversaci&oacute;n honda con un conocido sentado a mi lado en un trayecto entre Tenerife y Madrid. Un partido de f&uacute;tbol con viejos amigos dura cerca de dos horas. Hace poco sub&iacute; el puerto de Irati en bicicleta, a ritmo, en un poco menos de dos horas. Ayer sub&iacute; a y baj&eacute; de Chinamada en dos horas. Dos horas es el tiempo m&iacute;nimo para una visita a mis padres cuando logro bajar a Santa Cruz entre semana. 
    </p><p class="article-text">
        Si tengo los ingredientes, preparo comida para media semana en dos horas. &iexcl;Dos horas para un camino sereno por un acantilado, contemplando el mar! Dos horas me permiten escuchar completos mis tres discos preferidos de John Coltrane. O un disco de Grant Green, uno de Horace Silver y uno de Cedar Walton: dos horas. Dos horas es el tiempo para cenar, conversar y amar. Glenn Gould y las variaciones Goldberg: se puede escuchar las dos grabaciones, la de 1955 y la de 1982, haciendo una pausa, en un poco menos de dos horas. Dos horas es el tiempo necesario para ver una pel&iacute;cula (por ejemplo, hace una semana, falt&oacute; un poco de tiempo para ver <em>Correspondencias</em> de Rita Azevedo), para visitar una exposici&oacute;n en un museo (por ejemplo, <em>La conquista del mundo por la imagen</em>, de &Oacute;scar Dom&iacute;nguez), para asistir a un concierto de la Sinf&oacute;nica (por ejemplo, Askenar, Panisello y Berio), para escuchar una conferencia y hacer algunas preguntas al conferenciante (por ejemplo, Juan Manuel Bonet hablando sobre Cristino de Vera). 
    </p><p class="article-text">
        En dos horas comemos con un amigo al que vemos ahora un poco menos de lo que quisi&eacute;ramos, cogemos unas olas y no da tiempo de cansarnos, bajamos a una playa por un sendero y tomamos el sol. En dos horas se podr&iacute;a nacer, y tambi&eacute;n se podr&iacute;a morir. Una vez estuve dos horas armando un juguete de piezas de Lego con mi hijo Aral. Una vez convers&eacute; durante dos horas con Juan Hidalgo, con Eduardo Galeano, con Avi Mograbi, con Isabel Coixet, con Juan Goytisolo, con Pilar G&oacute;mez Bedate, con C&eacute;sar Antonio Molina, con Haroldo de Campos, con Basilio Mart&iacute;n Patino. Una vez convers&eacute; durante dos horas con Jes&uacute;s Mora, con Cristo Gil, con Briac Badt, con David Baute, con Roberto Lucas, con Carlos Hern&aacute;ndez Dorta. Casi nunca da con dos horas cuando hablo con Leopoldo Santos. 
    </p><p class="article-text">
        En cambio, en dos horas, Sim&oacute;n de la Rosa y yo repasamos la naturaleza humana y la divina, hablamos del &laquo;colc&aacute;n&raquo; y lo ayudo a pasar el duelo por ser del Atl&eacute;tico de Madrid. Por suerte para m&iacute;, una comida de verano en casa de Juan Fuentes, con los amigos, dura mucho m&aacute;s de dos horas. Muchas veces he conversado m&aacute;s de dos horas con mis padres, en El M&eacute;dano, sobre la juventud, la madurez y lo curioso que es el destino. He hablado mucho m&aacute;s de dos horas con Francisco Le&oacute;n, en un coche, cruzando Europa. Una vez me llam&oacute; mi hermano Javier desde Berl&iacute;n y estuvimos hablando m&aacute;s de dos horas sobre teatro y m&uacute;sica electr&oacute;nica. Hace poco estuve charlando con mi hermano Daniel, mientras ve&iacute;amos un Legan&eacute;s-Barcelona, en su casa de Barcelona, durante dos horas o m&aacute;s: el tema de conversaci&oacute;n fueron las traves&iacute;as marinas, las diferencias entre el Atl&aacute;ntico y el Mediterr&aacute;neo y lo divertido que es ir en moto por la ciudad. Una vez me tom&eacute; un caf&eacute; con mi hermana Marta, en Madrid, y no nos bast&oacute; con dos horas para hablar de nuestros hijos. En dos horas puedo montar tres estanter&iacute;as de Ikea y llenarlas con libros viejos. Mi biblioteca, balda por balda, tardo dos horas en limpiarla. Dos horas es lo que tardo en llegar desde Bilbao a San Juan de Pie de Puerto con una furgoneta. 
    </p><p class="article-text">
        En cierta ocasi&oacute;n escuch&eacute; a Carlos Edmundo de Ory leer su <em>Aerolitos </em>durante dos horas en Madrid, calle O&rsquo;Donell. Tard&eacute; dos horas, m&aacute;s o menos, en bajar el barranco de Masca con Tito y pasamos todo el camino hablando de diosas, de Antonio Machado, de las playas y su significado y del Pinar de las Navas del Marqu&eacute;s. Cuando terminaba la carrera asist&iacute; a las clases, de dos horas de duraci&oacute;n cada una, sobre literatura portuguesa, del profesor Alberto Giordano. Y cuando viv&iacute; en Francia, yo mismo di clases de dos horas, dos veces en semana, durante cuatro cursos, sobre Severo Sarduy, Unamuno, Garcilaso y el <em>Victorial</em>. Las sesiones de cine del festival MiradasDoc, que dirig&iacute; durante muchos a&ntilde;os y que hoy ha desaparecido, duraban dos horas cada una (hab&iacute;a cuatro sesiones diarias en cada una de las dos salas durante nueve d&iacute;as). 
    </p><p class="article-text">
        A veces duermo siestas de dos horas, cuando llega el verano, durante el final de las etapas del Tour. He cronometrado: mi media de lectura es de unas ochenta p&aacute;ginas cada dos horas. Una vez llam&eacute; a mi hijo Gabriel a Copenhague y hablamos durante dos horas sobre los planes de ese invierno. Y las dos primeras horas del camino del Metra, por la Cordillera de Anaga, subiendo desde Igueste, las pas&eacute; hablando con mi hijo Aner acerca de lo importante que hab&iacute;a sido para m&iacute; el instituto (&eacute;l comenzaba ese a&ntilde;o la secundaria). Hace poco di una charla sobre cr&iacute;tica cinematogr&aacute;fica en cuarto curso de Historia del Arte, invitado por mi amiga Lola Barrena: dispuse de dos horas para tratar de decir algo que fuera &uacute;til para los alumnos. Cuando escribo estas columnas para la prensa, que llamo &laquo;Manchas, malezas&hellip;&raquo; en homenaje a Octavio Paz, procuro no tardar m&aacute;s de dos horas por cada mil doscientas palabras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde hace algunos meses, cuando salgo de mi trabajo a las dos de la tarde, en Gu&iacute;a de Isora, mis compa&ntilde;eros y yo tardamos m&aacute;s de dos horas en llegar a casa. Esta Isla no tiene ni idea de la enorme cantidad de acciones decisivas que se pueden emprender en dos horas. Esta isla no sabe cu&aacute;nto valen dos horas en la vida de una persona, ni mucho menos cu&aacute;nto valen dos horas cada d&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Krawietz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/horas_132_13128143.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Apr 2026 16:25:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Dos horas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Acción de borrar islas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/accion-borrar-islas_132_12313522.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8a1646a1-ef6a-471a-8bee-2553bc766093_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Acción de borrar islas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La cuestión principal es que los problemas históricos de las islas —la gestión del territorio, la gestión de los recursos, la gestión de los residuos, la gestión de la movilidad y la gestión de la convivencia— se han convertido en los problemas transversales del planeta</p></div><p class="article-text">
        Hace ya algunos meses que escrib&iacute;, como pr&oacute;logo al libro <em>Isla</em> del pintor Juan Gopar, un peque&ntilde;o ensayo titulado &laquo;Isla: lugar en el centro de todos los instantes&raquo;. El excelente trabajo del creador conejero a prop&oacute;sito de Lanzarote, su voluntad firme de desvelar lo mirado &mdash;cuando lo mirado es, en s&iacute; mismo, un secreto a voces&mdash; me llev&oacute; a formular una pregunta anclada en esa misma naturaleza (aquello que no se ve por culpa de un exceso de exposici&oacute;n, lo que se olvida de puro sabido). S&iacute;, es cierto, me dec&iacute;a yo entonces: sabemos muy bien qu&eacute; imagina el continental, qu&eacute; imagina lo que llamamos &laquo;mundo&raquo;, cuando <em>imagina en islas</em>. La mirada ha sido consolidada por el discurso publicitario e industrial antes que por la cultura, pero ha habido un acomodo del pensamiento alrededor de esas im&aacute;genes del esplendor de las islas como para&iacute;so que el turismo trajo hasta nosotros hace muchas d&eacute;cadas, hasta el punto de convertirnos a nosotros en seres conniventes. El &laquo;qu&eacute; bueno vivir aqu&iacute;&raquo; ha sido refrendado en alguna ocasi&oacute;n por todos nosotros, los insulares, desde una acriticidad consciente, cuando hemos sido preguntados por el &laquo;extranjero&raquo; acerca de las calidades de la existencia en las islas. Sabemos qu&eacute; imagina el continental cuando sue&ntilde;a islas porque de alg&uacute;n modo hemos comprado artificialmente &mdash;incluso sabiendo que no es cierto&mdash; ese sue&ntilde;o tentador de vivir en el para&iacute;so. Sin embargo, y esta era la pregunta que me formulaba, &iquest;qu&eacute; sue&ntilde;an los insulares cuando sue&ntilde;as con islas?: &iquest;realmente hemos desterrado al n&aacute;ufrago que lanza cada d&iacute;a su botella al mar mientras, lejos del ensue&ntilde;o de para&iacute;so, habita fatalmente un ensue&ntilde;o de rescate? Pensemos, por ejemplo, en lo que afirma Carolyn Steel en <em>Ciudades hambrientas</em>: &ldquo;La comida de la pr&oacute;xima semana a&uacute;n no est&aacute; en la isla&rdquo;. &iquest;Nos permite ese hecho afirmar que los insulares quiz&aacute; habitamos en una conciencia del tiempo m&aacute;s imperiosa? &iquest;Es cierto que por detr&aacute;s del cartel tur&iacute;stico de aguas l&iacute;mpidas, soles llenos y cielos azules, por detr&aacute;s de la dulzura artificial del agua de las piscinas, fuera del escenario brillante del buffet pantagru&eacute;lico de cada ma&ntilde;ana y cada mediod&iacute;a y cada noche, asoma, certera y oscura, la sombra de un &ldquo;cierto infierno&rdquo;?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El para&iacute;so &mdash;dice Gopar siguiendo al Ballart de <em>D&iacute;as felices</em>&mdash; es el billete de vuelta&rdquo;. Ser&aacute; que el camino que va desde <em>Diario de un sol de verano </em>hasta <em>Lo imprevisto </em>(Domingo L&oacute;pez Torres), desde <em>Campanario de la primavera </em>hasta <em>Enigma del invitado </em>(Emeterio Guti&eacute;rrez Albelo), desde <em>Transparencias fugadas </em>hasta <em>D&aacute;rsena con despertadores </em>(Pedro Garc&iacute;a Cabrera) o desde <em>Lancelot 28-7 </em>hasta <em>Crimen</em> (Agust&iacute;n Espinosa) hunde sus ra&iacute;ces, m&aacute;s all&aacute; de los giros de la historia y de la est&eacute;tica, m&aacute;s all&aacute; de la oposici&oacute;n para&iacute;so-infierno, en las aguas profundas que aparecen casi siempre, all&aacute; en lo hondo del mundo, en las profundidades geol&oacute;gicas percibidas oscuramente por &Oacute;scar Dom&iacute;nguez, es decir, en la naturaleza precaria, en la hondura l&iacute;tica, apartada del tiempo, que supone habitar una isla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al menos en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas el lugar de las islas con respecto del mundo se ha transformado r&aacute;pidamente. La realidad del planeta &mdash;la conciencia de la escala <em>Tierra</em>&mdash; se ha modificado, y esa transformaci&oacute;n ha tra&iacute;do consigo, de manera no lineal, nuevas formas de implicar a los territorios insulares en el contexto del presente. La cuesti&oacute;n principal es que los problemas hist&oacute;ricos de las islas &mdash;la gesti&oacute;n del territorio, la gesti&oacute;n de los recursos, la gesti&oacute;n de los residuos, la gesti&oacute;n de la movilidad y la gesti&oacute;n de la convivencia&mdash; se han convertido en los problemas transversales del planeta. La Tierra se ha insularizado: la humanidad ha tomado conciencia de que habita una isla, una isla de n&aacute;ufragos, en un lugar en la ultraperiferia del cosmos, en el lugar m&aacute;s alejado posible de no se sabe qu&eacute;, porque, como es sabido, &ldquo;el desierto es un lugar cuyo centro est&aacute; en todas partes&rdquo;. De pronto, el planeta-isla se ve obligado a fijarse en sus islas: en los territorios que ocupan los lugares equiparables, por su periferia, por su soledad, por su lejan&iacute;a, a la posici&oacute;n ultraperif&eacute;rica del planeta en el vac&iacute;o. &iquest;Acaso poseen esos territorios para los que ya no vale el calificativo tradicional de aislados, algunos conocimientos v&aacute;lidos para aplicar al conjunto, a la bolita azul que gira sus dobles giros alrededor de s&iacute; misma y del sol? Hay islas en el planeta que reciben &iexcl;m&aacute;s de diecinueve millones de visitantes cada a&ntilde;o, lo que no deja de parecerles normal, lo que no deja de interpretarse como que algo va bien! No hay tal aislamiento, se dicen los expertos, pero s&iacute; que hay algo que se le parece: las islas poseen un cierto conocimiento alrededor de la &ldquo;conciencia de l&iacute;mite&rdquo;. Esta conciencia de l&iacute;mite, cuyas derivas metaf&iacute;sicas aparecen desde antiguo en el trabajo de los poetas insulares (pensemos en Saint-John Perse, en Derek Walcott, en Aim&eacute; C&eacute;saire, en Yorgos Seferis, en S&aacute;nchez Robayna&hellip;), posee fundamentales correas de transmisi&oacute;n con el gran tema de nuestro tiempo, pues conciencia de l&iacute;mite no es otra cosa que &ldquo;sostenibilidad&rdquo;. &iquest;Acaso podr&aacute;n, las islas de la Tierra, aportar reflexiones v&aacute;lidas para el caso de la Tierra como isla?
    </p><p class="article-text">
        Las islas han sido, as&iacute;, atra&iacute;das hacia el centro. Aquellas que fueron c&aacute;rceles, lugares de destierro, escenarios para las pruebas de lo infernal, trasuntos comerciales del para&iacute;so, teatros para la jubilaci&oacute;n, las islas de los n&aacute;ufragos y de los salvajes, las islas de los volcanes explosivos y las sequ&iacute;as, las islas de los desclasados y los milagros evolutivos, han comenzado a ser miradas de reojo, a ser contempladas mientras se acerca a la comisura de los labios, a&uacute;n con la boca peque&ntilde;a, un lac&oacute;nico &ldquo;&iquest;y si&hellip;?&rdquo;. &iquest;Y si fuera que hay algunas respuestas ah&iacute;, algunas ideas aprovechables, ahora que el planeta parece enfrentar su gran crisis, su gran amenaza? Las islas han sido atra&iacute;das hacia el centro, y han pagado por ello un alto precio: el precio de un borrado. Casi han dejado de ser islas. Casi han dejado de poder ser. Han tenido que dejar de ser para que se decida llevarlas al centro, despu&eacute;s de siglos de displicente ignorancia. Esto es as&iacute; porque lo que dicen que va a pasar, ya est&aacute; pasando en las islas, ya comenz&oacute; a pasar en las islas. Archipi&eacute;lagos que desaparecen bajo el mar, archipi&eacute;lagos que se salinizan con las crecidas del oc&eacute;ano, archipi&eacute;lagos tragados por las temporadas de huracanes, de tifones, de tragedias. Los ciudadanos de las islas, bien har&iacute;an en comenzar a preparar la estiba para los barcos de rescate, porque la pregunta no es ya &ldquo;&iquest;qu&eacute; te llevar&iacute;as a un isla desierta?&rdquo;, sino &ldquo;&iquest;qu&eacute; te llevar&aacute;s de la isla para poder guardar la memoria de las culturas insulares?&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo vamos a estibar el barco cuando llegue el rescate, si es que llega?
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, no puedo dejar de pensar en el mapa de los borrados, en la acci&oacute;n m&aacute;s frecuente de borrar islas, tarea que no asume la naturaleza, tarea para la que se basta perfectamente el hombre. Pienso, por ejemplo, en Tenerife (hay otros ejemplos cercanos, claro que s&iacute;). Isla que est&aacute; siendo borrada por las mareas: isla colmada, repleta. Muerta de &eacute;xito. Isla que no ha sabido cuidar su propio habitar, mientras se ha puesto a disposici&oacute;n (el &ldquo;h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&rdquo; se ha entonado sin l&iacute;mites) de la industria. Isla que no ha sabido prever. &iquest;Acaso no se supo que era necesario construir un sistema de ense&ntilde;anza internacional? &iquest;Acaso no se supo que nuestros barrios de habitaci&oacute;n no superaban ni uno solo de los criterios que definen el buen habitar (que haya sombra, que no haya tr&aacute;fico, que haya paisaje que mirar, que haya donde conversar, que haya donde pasear, que haya silencio&hellip;)? &iquest;Acaso no se supo que llegar&iacute;an in&eacute;ditas necesidades sanitarias? Isla que ha borrado de su superficie un lugar llamado Masca, un lugar llamado Anaga, un lugar llamado Teide, un lugar llamado playa, un lugar llamado mar, un lugar llamado plaza, un lugar llamado vivienda, para dejar paso a un lugar llamado tr&aacute;fico, a un lugar llamado basura, a un lugar llamado econom&iacute;a extractiva, a un lugar llamado cantidad, a un lugar llamado turismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Acci&oacute;n de borrar islas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Krawietz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/accion-borrar-islas_132_12313522.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 May 2025 10:14:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Acción de borrar islas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Endiosar, odiar, temer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/endiosar-odiar-temer_132_12116082.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Escrib&iacute; hace poco un texto que lleva por t&iacute;tulo <em>Mon&oacute;logo sobre el acantilado</em>. De momento ha carecido de cualquier tipo de fortuna editorial. No es, creo, un mal ejemplo de construcci&oacute;n literaria &mdash;al margen de que sea dif&iacute;cil de encasillar en ese placer mediocre de la clasificaci&oacute;n por g&eacute;neros (el &laquo;engendro&raquo; participa del ensayo, del relato breve, del mon&oacute;logo teatral, del poema)&mdash;, ni es un texto especialmente dif&iacute;cil (&iquest;cu&aacute;ndo se convirti&oacute; para nuestro mundo la dificultad en una dificultad?, &iquest;qu&eacute; andaba haciendo yo ese d&iacute;a?, &iquest;le&iacute;a, extraviado, a Lezama Lima?, &iquest;escuchaba los cuartetos tard&iacute;os de Beethoven?, &iquest;volv&iacute;a sobre las p&aacute;ginas luminosas de <em>Claros del bosque</em>?), ni versa sobre un tema que se pueda considerar fuera de actualidad (de hecho, constituye una buena parte de la m&eacute;dula del presente, m&aacute;s a&uacute;n, de lo urgente), ni se ubica en un espacio ideol&oacute;gico amparado por una radicalidad autoexcluyente (participa, antes que eso, y salvo que hayamos perdido pie, de par&aacute;metros democr&aacute;ticos consensuables). Si no me equivoco &mdash;con la apreciaci&oacute;n de un texto propio como v&aacute;lido, quiero decir&mdash;, creo que la raz&oacute;n de esa poca fortuna con las prensas es pragm&aacute;tica: tiene que ver con la forma y no con el fondo. Las ocho o nueve p&aacute;ginas que ocupa (cuerpo doce, espacio simple) lo convierten en un texto con muy mal acomodo en casi cualquier parte, lo que me lleva a pensar que otro de los fen&oacute;menos que hablan de la crisis actual de la cultura es la casi completa desaparici&oacute;n de esos escenarios de la modernidad que fueron las revistas.
    </p><p class="article-text">
        En los mismos d&iacute;as en que redact&eacute; el mon&oacute;logo, una vi&ntilde;eta de El Roto llevaba por t&iacute;tulo &laquo;El silencio de los intelectuales&raquo; y como lema el siguiente: &laquo;&iexcl;No callamos, es que nos hemos quedado sin palabras!&raquo; No me atrevo a asegurar ahora si interpret&eacute; esas palabras en el mismo sentido en que fueron formuladas. Todo depende, seg&uacute;n creo, del modo en que el emisor entienda la palabra &lsquo;intelectual&rsquo; en ese contexto. Si el &lsquo;intelectual&rsquo; es para el autor alguien que se dedica a generar opini&oacute;n, quiz&aacute; mi interpretaci&oacute;n haya esquivado la diana y el ensayo visual &mdash;no otra cosa son muchas veces las intervenciones p&uacute;blicas del admirado pensador&mdash; quisiera indicar la incapacidad de esos guardianes para abordar la realidad desde sus meras herramientas de an&aacute;lisis. Si, en cambio, el &lsquo;intelectual&rsquo; es aquel que aspira a pensar el mundo y, sobre todo, a expresar lo pensado, quiz&aacute; haya dado en el blanco al identificar lo propuesto con un verdadero estupor: con un silencio provocado por una fenomenal perplejidad. Lo cierto es que la vi&ntilde;eta de El Roto y el mon&oacute;logo fallido se perge&ntilde;aron a la vez, en la misma marea del tiempo, porque compart&iacute;an, desafortunadamente, un mismo acontecimiento: Trump acababa de ganar las elecciones. Muchos fuimos los que en ese momento, y en los d&iacute;as posteriores, enmudecimos. Yo lo hice, ya me disculpar&aacute;n la contradicci&oacute;n, desde un cierto exceso de palabras. Mi enmudecimiento fue verboso (si no verborreico, que espero que no).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un art&iacute;culo incluido en un libro poco citado llamado <em>Ser espa&ntilde;ol</em>, un libro que podr&iacute;a, en estos momentos, poseer una car&aacute;cter de reconstituyente &mdash;si no abiertamente de medicamento recetable&mdash; Juli&aacute;n Mar&iacute;as afirmaba con Ortega y Gasset (y para otro momento, reconocible, de la historia reciente) que si una sociedad se empe&ntilde;a en crear ovejas en lugar de ciudadanos, esas mismas ovejas acabar&aacute;n pidiendo &laquo;pastores y mastines&raquo;. Lo dec&iacute;a Mar&iacute;as en un ensayo titulado &laquo;Treinta a&ntilde;os de vida intelectual en un mundo problem&aacute;tico&raquo; le&iacute;do como conferencia en Buenos Aires en 1971, en el que reclamaba menos nostalgia hacia el pasado, un mayor desd&eacute;n por el presente y una gran, intensa y sin fisuras, fidelidad hacia el futuro: &laquo;Hay muchos que prefieren olvidar lo que han hecho hace diez o hace veinte o hace treinta a&ntilde;os. Yo reimprimo casi todo, por lo menos todo lo que los editores quieren reimprimir. Y no tanto, no primariamente porque yo tenga esp&iacute;ritu conservador &mdash;creo que tengo bastante poco&mdash;, no es por fidelidad al pasado siquiera. Esto me parece importante que lo vean claro: no es fidelidad al pasado, es <em>fidelidad al futuro. </em>Quiero decir: es fidelidad a los proyectos y empresas, es fidelidad a la meta. No es que yo sea fiel a lo que he hecho o he dicho hace treinta a&ntilde;os; es que soy fiel a lo que quer&iacute;a decir y quer&iacute;a ser hace treinta a&ntilde;os, y lo sigo queriendo porque no lo he conseguido&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sobra decir que me pareci&oacute; &laquo;estupefaciente&raquo; &mdash;uso esa palabra, no sin iron&iacute;a, a la manera de Ortega&mdash; el resultado electoral americano porque una parte de los electores, amplia como para procurar una mayor&iacute;a, decidi&oacute; perder de vista la fidelidad hacia el futuro, es decir, la apuesta por la convivencia y decidieron apostar, a cambio, por los pastores y los mastines, incluso peor, por parodias de pastores que llevan de la correa, no nos equivoquemos, mastines con pedigr&iacute;. En mi <em>Mon&oacute;logo del acantilado</em> se observa lo real desde la perspectiva particular de esas ovejas, es decir, de los ciudadanos que han decidido suspender sus aportaciones y su creatividad, su capacidad para la acci&oacute;n, con el objetivo de volver a enarbolar tres verbos que la historia de la humanidad conoce muy bien: endiosar, odiar, temer. Si analizamos lo sucedido desde esta perspectiva, debemos pensar que habitan en nuestro mundo, conviven con nosotros, ovejas que despu&eacute;s de renunciar a comprender la realidad, han decidido dar un paso atr&aacute;s, ignorar el logro moderno de la conciencia hist&oacute;rica y olvidarse del reto de ser <em>persona</em> en la historia. Aumenta, seg&uacute;n parece, el n&uacute;mero de seres humanos que <em>temen</em> a los que son m&aacute;s pobres que ellos mismos (puesto que esos pobres son la amenaza en que redunda una oportunidad a&uacute;n mayor de empobrecerse), que <em>odian</em> a quienes poseen la capacidad de percibir el mundo desde la comunidad (es decir, con la necesidad de un an&aacute;lisis racional que no impide el conmoverse ante el sufrimiento ajeno) y que est&aacute;n dispuestos a <em>endiosar </em>de nuevo a los tiranos (pues son ellos quienes los relevan de la necesidad de aportar creatividad y responsabilidad a lo com&uacute;n consider&aacute;ndolos meros demandantes de supuestos derechos, enti&eacute;ndase &laquo;protecciones&raquo;). En <em>Persona y democracia &mdash;</em>otro libro &laquo;reconstituyente&raquo;&mdash; Mar&iacute;a Zambrano parece interpelarlos a todos cuando ofrece una medida para la acci&oacute;n: &laquo;Si se hubiera de definir la democracia podr&iacute;a hacerse diciendo que es la sociedad en la cual no s&oacute;lo es permitido, sino exigido, ser persona&raquo;. Y a&ntilde;ade, m&aacute;s tarde: &laquo;Y no es posible elegirse a s&iacute; mismo como persona sin elegir, al mismo tiempo, a los dem&aacute;s. Y los dem&aacute;s son todos los hombres&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La alarma, la estupefacci&oacute;n, el estupor, sin embargo, no los produce solamente ese &laquo;temer, odiar, endiosar&raquo; &mdash;que se opone al &laquo;anhelar, esperar, querer&raquo; del que habla Zambrano en ese libro&mdash; sino la capacidad de que tal conformaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a tienda a repetirse en el tiempo:&nbsp; &laquo;Es el punto m&aacute;s tenebroso en que el absolutismo se hace diab&oacute;lico y, por tanto, escapa a la raz&oacute;n que dif&iacute;cilmente puede describirlo ni fijarlo. El hecho sobrepasa todo intento de an&aacute;lisis. Por eso cuando ha pasado resulta incre&iacute;ble. Y el que resulte incre&iacute;ble puede hacer que se repita&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las semanas siguientes a la lecci&oacute;n de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos de Am&eacute;rica, y el posterior &mdash;inusitado&mdash; inicio de su mandato, permiten advertir, no sin cierta desgana, no sin cierto meridiano enmudecimiento, que el pensamiento de Zambrano acierta: lo incre&iacute;ble se repite. En ese contexto no nos resistimos a copiar, como colof&oacute;n, lo que sigue: &laquo;Para comprender la historia en su totalidad, en su &iacute;ntimo funcionamiento, hay que admitir lo incre&iacute;ble, hay que constatar lo absurdo y al menos registrarlo. Una de las debilidades del hombre europeo de finales y de principios de siglo (aunque parezca mentira, Zambrano se refiere aqu&iacute; al XIX y al XX y no al XX y al XXI) ha sido el no creer en el absurdo, en el horror, en el crimen gratuito, [&hellip;] el no haber sospechado que pod&iacute;an suceder de nuevo bajo otra m&aacute;scara, y por otros motivos, pues de ciertos horrores lo importante es que ocurran. Que el hombre, y el hombre civilizado, haya sido capaz de cometerlos; los motivos&hellip; se inventan.&raquo; 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Krawietz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/endiosar-odiar-temer_132_12116082.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Mar 2025 19:18:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Endiosar, odiar, temer]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Resignificación(es)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/resignificacion_132_11919560.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En la primavera del a&ntilde;o 2008 tuvo lugar, en el municipio de Gu&iacute;a de Isora, la primera y &uacute;nica edici&oacute;n de una muestra de obras de artistas pl&aacute;sticos llamado <em>Intervenciones en el espacio p&uacute;blico. </em>Bajo el lema com&uacute;n <em>Entre memorias y expectativas, </em>aquel encuentro propuso a diez artistas &mdash;internacionales e insulares&mdash; utilizar espacios p&uacute;blicos del municipio para elaborar propuestas creativas de car&aacute;cter ef&iacute;mero. 
    </p><p class="article-text">
        La exposici&oacute;n procuraba establecer una reflexi&oacute;n, y sobre todo buscaba una expresi&oacute;n<em>, </em>ante las profundas transformaciones que se operaban en ese momento en el entorno social y cultural del suroeste insular. Seguimos en esto al muy recordado Fernando Est&eacute;vez, cuando establec&iacute;a las responsabilidades del ritmo est&eacute;tico, moral y hasta ideol&oacute;gico de los &laquo;expertos&raquo; en el desarrollo de los espacios tur&iacute;sticos. Frente a la construcci&oacute;n de infraestructuras permanentes para la movilidad, la industria tur&iacute;stica y los consensos gen&eacute;ricos sobre el espacio p&uacute;blico, artistas como Hassan Darsi, Nayari Castillo, Drago D&iacute;az, Mariela Limerutti o Adri&aacute;n Alem&aacute;n propusieron, desde la ligereza de la intervenci&oacute;n, expresiones s&oacute;lidas acerca del vaciamiento de sentido que aquellas otras &laquo;intervenciones&raquo; permanentes significaban.
    </p><p class="article-text">
        Otra concepci&oacute;n de &laquo;memoria&raquo; fue convocada tambi&eacute;n en aquellos d&iacute;as. Junto a la memoria digamos de car&aacute;cter antropol&oacute;gico a la que apelaba el espacio creativo del encuentro &mdash;la lectura e interpretaci&oacute;n original y novedosa<em> </em>de un mundo espec&iacute;fico (el de ese territorio antes de la llegada de los turoperadores)<em> </em>se hallaba ya cercada entre los muros de la cultura popular normativa y el avance del <em>universal tur&iacute;stico</em> de la realidad representada&mdash;, se decidi&oacute; traer al encuentro la reflexi&oacute;n, a&uacute;n incipiente en aquel momento, acerca de la memoria hist&oacute;rica. 
    </p><p class="article-text">
        Tuve el privilegio de compartir la direcci&oacute;n de aquellas intervenciones<em> </em>con el artista pl&aacute;stico Ralph Kistler. Afincado en Tenerife desde la veintena, formado como creador en el &aacute;mbito de las Islas, Kistler guardaba una memoria muy precisa acerca del modo en que su pa&iacute;s de origen ha trabajado con el desgarro hist&oacute;rico del nazismo y el holocausto. Los esfuerzos de Alemania para refundar en su seno los principios democr&aacute;ticos &mdash;hoy nuevamente amenazados&mdash; llevaron a su pa&iacute;s a establecer alt&iacute;simos esfuerzos para lograr una reconstituci&oacute;n simb&oacute;lica de la convivencia. Pero esto no se hizo mediante el di&aacute;logo, sino mediante la confrontaci&oacute;n dura con los principios org&aacute;nicos del nacionalsocialismo. Al artista aventajado y fino que era Kistler ya en aquel momento &mdash;contempor&aacute;neo de este proyecto son las primeras versiones de sus <em>Esculturas de sombra&mdash; </em>no dejaba de extra&ntilde;arle, por contraste, el modo tan superficial y tibio con el que se trataba la dictadura franquista en la ense&ntilde;anza secundaria que hab&iacute;a cursado en nuestro pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras prepar&aacute;bamos aquel encuentro fueron muchas las ocasiones en que conversamos sobre esa otra anomal&iacute;a espa&ntilde;ola. Concluimos aquellas meditaciones con un diagn&oacute;stico que, no por adelantado a su tiempo, dejaba de mostrar una justa relevancia. Todo parec&iacute;a indicar que a Espa&ntilde;a le quedaba un largu&iacute;simo camino que recorrer en el campo de la memoria hist&oacute;rica, es decir, en la necesidad de contender y de oponer la convivencia democr&aacute;tica de tradici&oacute;n europea con los inm&oacute;viles y a&uacute;n silenciosos monumentos (s&iacute;mbolos y pensamientos asumidos) provenientes del franquismo. Signos, as&iacute; pues, enquistados en una buena parte del espectro pol&iacute;tico sedicentemente democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Fue Ralph Kistler quien propici&oacute; que, en paralelo a la muestra <em>Entre memorias y expectativas</em>, se celebrase un taller que propusiera, a su fin, la idea de una instalaci&oacute;n permanente alrededor de los desaparecidos canarios de la Guerra Civil. Apareci&oacute; entonces, avalado por el propio Kistler, el nombre de Horst Hoheisel, uno de los artistas alemanes que con mayor precisi&oacute;n y relevancia ha trabajado en los amplios contextos en los que opera la memoria hist&oacute;rica. Especialmente en aquellos aspectos en los que la creaci&oacute;n se articula como un elemento de oposici&oacute;n y reformulaci&oacute;n ontol&oacute;gica alrededor de los desmanes y los traumas generados por el totalitarismo. El taller <em>La memoria del arte. El arte de la memoria</em> se imparti&oacute; en varias sedes (Gu&iacute;a de Isora, Facultad de Bellas Artes de la ULL, Monumento a Franco en Las Ra&iacute;ces) entre los d&iacute;as 12 y 18 de abril de 2008. Hubo una jornada, que recuerdo muy bien, en torno al concepto de &lsquo;resignificaci&oacute;n&rsquo; en el contexto de la memoria hist&oacute;rica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Viene esto a cuento de un caso que toda la sociedad canaria en su conjunto tiene cerca en estos d&iacute;as: &iquest;qu&eacute; hacer con el conocido como <em>Monumento a Franco</em> que decora el final de las Ramblas de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife? Pocas capitales de provincia cuentan, a&uacute;n hoy, con un informe tan pertinente, ecu&aacute;nime y justamente relevante como el redactado por la profesora Maysa Navarro a trav&eacute;s de la Universidad de La Laguna a prop&oacute;sito de los vestigios franquistas de la ciudad de <em>Gaceta de Arte</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Resulta muy sorprendente que un documento as&iacute; haya podido ser ignorado hasta ahora por el equipo de gobierno municipal &mdash;que seg&uacute;n todos los indicios prefiere continuar con el homenaje a la dictadura a&uacute;n un poco m&aacute;s. Pues bien, la propuesta de resignificaci&oacute;n de ese espacio que recientemente se ha lanzado desde el Cabildo de Tenerife, a trav&eacute;s de un comunicado emitido a dos voces por su presidenta y su vicepresidente, pretende subir la apuesta y generar, todo a una, tanta intoxicaci&oacute;n sobre el debate como estupefacci&oacute;n en la ciudadan&iacute;a. Se propone, dicen, pasar a redenominar el conjunto como <em>Monumento para la Concordia </em>y <em>resignificarlo (sic.) </em>como &laquo;un espacio de memoria que promueva la paz y el entendimiento entre los ciudadanos&raquo;. Seg&uacute;n parece, tanto la presidenta como el vicepresidente del Cabildo piensan que la mera expresi&oacute;n de un anhelo basta para transformarlo en realidad.
    </p><p class="article-text">
        Volvamos a 2008: algunas de las conclusiones que saqu&eacute; de aquella tarde dedicada a reflexionar con Horst Hoheisel sobre el concepto de resignificaci&oacute;n son &eacute;stas: 1.- La resignificaci&oacute;n puede ser una buena herramienta para construir espacio democr&aacute;tico y rechazar el pasado dictatorial en aquellos casos en los que ha sido posible una transici&oacute;n medianamente pac&iacute;fica. 2.- Este hecho no puede evitar la explicitaci&oacute;n firme del rechazo de la sociedad a la dictadura a trav&eacute;s de la resignificaci&oacute;n: no se busca la concordia entre los partidarios de la dictadura y los partidarios de la democracia. Esa batalla la ganaron los dem&oacute;cratas en su momento y sigue vigente hoy: la concordia es la democracia. 3.- La resignificaci&oacute;n pasa siempre, y sin excepciones, por intervenir, es decir, modificar duramente, el objeto resignificado, que debe ser transformado inequ&iacute;vocamente, de modo fuerte, hasta el punto de que no quede la menor duda de que la sociedad abraza el proceso democr&aacute;tico y reniega de los s&iacute;mbolos dictatoriales del monumento.
    </p><p class="article-text">
        En el a&ntilde;o 2018 volv&iacute; a saber de Horst Hoheisel. Hab&iacute;an pasado diez a&ntilde;os. Se encontraba en Pamplona, junto a uno de los artistas intervinientes en el proyecto isorano, el chileno Rodrigo Yanes (quien, por cierto, mostr&oacute;, en un solar del centro del casco hist&oacute;rico, una bandera de m&aacute;s de cuarenta metros cuadrados tejida con ropas usadas por los emigrantes de los invernaderos de El &Eacute;gido), para presentar un informe sobre las posibles actuaciones de resignificaci&oacute;n del Monumento a los Ca&iacute;dos en la capital navarra. El informe puede ser le&iacute;do, pues el ayuntamiento de Pamplona lo guarda a&uacute;n en su p&aacute;gina web. La primera de las propuestas que el artista alem&aacute;n expone ante los ciudadanos &mdash;hay otras, tambi&eacute;n de gran inter&eacute;s&mdash; explica de modo muy eficaz en qu&eacute; consiste una acci&oacute;n resignificadora, y a la vez se&ntilde;ala el rid&iacute;culo en el que hemos ca&iacute;do en Tenerife a prop&oacute;sito de ese concepto:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;El traslado de los generales, la clausura de la cripta y la ocultaci&oacute;n de los s&iacute;mbolos y las inscripciones de la dictadura, podr&iacute;an potenciarse cercando el Monumento a los Ca&iacute;dos y sus instalaciones con un muro, dejando as&iacute; que la naturaleza desintegre y reconquiste ese espacio. Esto implicar&iacute;a hacer que esta parte de la historia espa&ntilde;ola fuese un espacio intransitable, ocultarla, y al igual que con un trauma, se crear&iacute;a un lugar herm&eacute;tico del silencio y del ocultamiento. Pero Espa&ntilde;a deber&iacute;a romper el silencio sobre la guerra civil y la dictadura asociado a la transici&oacute;n. Por ello, en el muro tendr&iacute;a que haber un texto que explicase y recordase por qu&eacute; este lugar ha sido excluido de la historia y del espacio urbano, dej&aacute;ndolo a merced de la acci&oacute;n de la naturaleza. 
    </p><p class="article-text">
        El muro del silencio en torno al Monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada se inscribir&iacute;a en un contexto. &Eacute;ste podr&iacute;a contar la historia desde la perspectiva de una sociedad constituida democr&aacute;ticamente y tambi&eacute;n recordar&iacute;a a los muertos del otro lado de la Cruzada franquista (contra los comunistas). Podr&iacute;a surgir la imagen de un cementerio con inscripciones, una gran ruina en vez de un monumento neobarroco enalteciendo la dictadura. Un lugar terriblemente tranquilo al final de la zona comercial y peatonal de la Avenida Carlos III.&raquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	&nbsp; 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Krawietz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/resignificacion_132_11919560.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Dec 2024 18:04:55 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Resignificación(es)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rescates, ecuaciones, sustituciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/rescates-ecuaciones-sustituciones_132_11848386.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El poema de Goethe <em>El rey de los Elfos</em> muestra a un padre que cabalga en la noche, al galope, con su hijo en brazos, protegido. A lo largo de esa senda nocturna, mientras atraviesan el bosque oscuro, el ni&ntilde;o asustado cuenta c&oacute;mo se acerca el Rey de los Elfos, c&oacute;mo le hace promesas para llev&aacute;rselo con &eacute;l a su reino, c&oacute;mo le ofrece juegos, c&oacute;mo ensalza a sus propias hijas, que lo atender&aacute;n. Mientras, el padre, cada vez que el hijo cuenta lo que ve, trata de calmarlo: es la niebla, son las hojas, pronto vamos a llegar, descansa. En la pen&uacute;ltima estrofa, el ni&ntilde;o grita: &ldquo;&iexcl;El Rey de los Elfos me ha herido!&rdquo;. En la &uacute;ltima, el padre tiembla y cabalga m&aacute;s aprisa. Pero el poema termina: &ldquo;En sus brazos el ni&ntilde;o estaba muerto&rdquo;. No era la niebla, ni las hojas. Era el Rey de los Elfos.
    </p><p class="article-text">
        En 1937 los directores Gernot Bock-Stieber y Kurt Botner estrenaron en todos los cines de Alemania (m&aacute;s de 5.000 copias) la pel&iacute;cula <em>Opfer der Vergangenheit (V&iacute;ctimas del pasado). </em>En ella se pod&iacute;an escuchar frases como &eacute;stas: &ldquo;[&hellip;]gente sana y normal vive en estrechos callejones oscuros, mientras que para los idiotas y los locos se han construido palacios que ni siquiera aprecian&rdquo;. &ldquo;En los &uacute;ltimos setenta a&ntilde;os nuestra poblaci&oacute;n ha crecido en un cincuenta por ciento, mientras que la herencia enfermiza ha aumentado en un cuatrocientos cincuenta. Si sigue este desarrollo una eterna procesi&oacute;n del horror invadir&aacute; nuestra naci&oacute;n. En cincuenta a&ntilde;os habr&iacute;a un extra&ntilde;o por cada cuatro personas normales. Una invasi&oacute;n en masa&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1984 los profesores Noakes y Pridham dan a las prensas de la Universidad de Exeter (Reino Unido) el segundo volumen de <em>Nazism 1919-1945</em>, bajo el t&iacute;tulo <em>State, Economy and Society 1933-1939. </em>En la p&aacute;gina 453 de esa monograf&iacute;a pueden leerse las preguntas que en esas fechas deb&iacute;an contestar con los alumnos alemanes de matem&aacute;ticas en los &uacute;ltimos a&ntilde;os educaci&oacute;n primaria. &ldquo;Pregunta 95: la construcci&oacute;n de un asilo para lun&aacute;ticos cuesta 6 millones de reichsmarks. &iquest;Cu&aacute;ntas casas para alemanes se podr&iacute;an construir si cada casa cuesta 15 mil reichsmarks? Pregunta 97: Mantener un manicomio cuesta por persona una media diaria de 4 reichsmarks, un criminal 3,5 reichsmarks. Muchos trabajadores civiles reciben s&oacute;lo 4 reichsmarks por d&iacute;a, un no profesional no llega a los 2 reichsmarks por cabeza para su familia. A) Ilustra estos datos en un diagrama. Siguiendo estimaciones conservadoras, existe al cuidado unos 300 mil enfermos mentales, epil&eacute;pticos, etc&eacute;tera. B) &iquest;Cu&aacute;nto cuesta en total mantener a toda esa gente si se gasta diariamente por cada persona 4 reichsmarks? C) &iquest;Cu&aacute;ntos cupones de 1.000 reichsmarks se podr&iacute;an conceder a los futuros esposos con esa suma?&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De 1989 data esta apreciaci&oacute;n de Zygmunt Bauman sobre la estructura imaginaria del genocidio moderno (<em>Modernity and the Holocaust</em>, Polity Press-Blackwell, Inglaterra): &ldquo;[...] el genocidio moderno [...] es el trabajo de un jardinero. Es simplemente uno de los muchos trabajos rutinarios que necesita hacer la gente que piensa que la sociedad es como un jard&iacute;n. Si el dise&ntilde;o del jard&iacute;n define a sus malas hierbas, entonces es que hay malas hierbas ah&iacute; donde hay un jard&iacute;n y hay que exterminarlas. Hacerlo es una actividad creativa, no destructiva&rdquo;. En 1934 el Ministro de Agricultura Richard Walther Darr&eacute;, te&oacute;rico del concepto <em>Blut und Boden (Sangre y suelo)</em>, ya hab&iacute;a aventurado en <em>Neuadel aus Blut und Boden (La raza. Nueva nobleza de sangre y suelo)</em>: &ldquo;[...] debemos incluso aclarar que un pueblo s&oacute;lo puede alcanzar el equilibrio espiritual y moral si, en el n&uacute;cleo mismo de su cultura, hay un plan de cultivo bien proyectado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s conocidas que las anteriores son las referencias del propio Adolf Hitler en <em>Mi lucha</em> (1925). &ldquo;El Estado nacional debe reconocer a la raza el principal papel en la vida de la naci&oacute;n y velar porque ella se conserve pura. Debe declarar que los ni&ntilde;os constituyen el patrimonio m&aacute;s precioso de la naci&oacute;n. Debe procurar que s&oacute;lo engendren hijos los individuos sanos, porque el hecho de que personas enfermas o incapaces pongan hijos en el mundo es una desgracia, en tanto que el abstenerse de hacerlo es un acto altamente honroso&rdquo;. (p&aacute;gs. 185-186) Tambi&eacute;n en el discurso de Nuremberg, de 1929, pudieron escucharse alharacas como esta: &ldquo;Como consecuencia de nuestro humanitarismo sentimental moderno, intentamos mantener a los d&eacute;biles a expensas de los sanos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        (<em>Propaganda</em>). Debemos al dictador la siguiente prospecci&oacute;n antecedente de la ret&oacute;rica pr&aacute;ctica de la informaci&oacute;n contempor&aacute;nea: &ldquo;Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel intelectual a la capacidad respectiva del menos inteligente de los individuos a quienes se desee que vaya dirigida. De esta suerte, es menester que la evaluaci&oacute;n mental sea tanto menor cuanto m&aacute;s grande la muchedumbre que deba conquistar. [...] El &eacute;xito de un anuncio, as&iacute; sea comercial o pol&iacute;tico, se debe a la persistencia y asiduidad con que se lo emplea&rdquo;. &ldquo;Las asambleas de grandes muchedumbres son necesarias, pues cuando a ellas asiste el individuo acometido del deseo de alistarse en un flamante movimiento y temeroso de encontrase s&oacute;lo, recibe all&iacute; la primera impresi&oacute;n de una numerosa comunidad, lo cual ejerce un efecto vigorizador y estimulante en la mayor&iacute;a de las personas. Estas se someten a la m&aacute;gica influencia de lo que llamamos <em>sugesti&oacute;n de la multitud&rdquo;</em>. &ldquo;La capacidad receptiva de las multitudes es sumamente limitada y su comprensi&oacute;n escasa; por otra parte, tienen ellas una gran facilidad para el olvido. As&iacute; las cosas, fuerza ser&aacute; que toda propaganda, para que sea eficaz, se limite a muy pocos puntos, present&aacute;ndolos en forma de gritos de combate hasta que el &uacute;ltimo hombre haya interpretado el significado de cada uno. Si se sacrificara este principio al deseo de presentar la propaganda bajo m&uacute;ltiples aspectos, &eacute;sta perder&iacute;a su efecto, ya que la muchedumbre resulta impotente para dirigir y asumir el material que se le ofrezca&rdquo;.&nbsp; (<em>Mi lucha, </em>1925).
    </p><p class="article-text">
        V&iacute;ctor Kemplerer se hac&iacute;a eco, en 1975 (<em>Lingua Tertii Imperii. Notizbuch eines Philologen</em>, Reclam, Leipzig) de los esquemas expresivos de la <em>comunicaci&oacute;n del &eacute;xito:</em> &ldquo;[&hellip;] es hist&oacute;rica la victoria de un coche de carreras alem&aacute;n, es hist&oacute;rica la inauguraci&oacute;n de cualquier cosa, es hist&oacute;rica la fiesta de acci&oacute;n de gracias por la cosecha, es hist&oacute;rico cada congreso del Partido, es hist&oacute;rico cualquier d&iacute;a de fiesta de cualquier tipo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los miembros de las SD &ndash;que no llevaban uniforme para camuflarse mejor en sus tareas de vigilancia social&mdash;recibieron el 12 de octubre de 1940, por parte de la oficina de Stuttgart, las siguientes instrucciones de obligado cumplimiento: &ldquo;Con el fin de asegurar que las actitudes de todas las secciones de la poblaci&oacute;n est&eacute;n bajo observaci&oacute;n continua, todos los agentes deben aprovechar cualquier oportunidad en las conversaciones cotidianas con sus familiares, c&iacute;rculo de amigos y conocidos, pero sobre todo en su lugar de trabajo, para reforzar los efectos concretos producidos en la moral de todos los acontecimientos y medidas tanto del pa&iacute;s como del extranjero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, debemos a Jean-Marie Domenach la atribuci&oacute;n temprana (1950) de este listado de principios propagand&iacute;sticos a Joseph Goebbels (<em>La propagande politique</em>):
    </p><p class="article-text">
        <em>&laquo;</em>1. <em>Principio de simplificaci&oacute;n y del enemigo &uacute;nico</em>: adoptar una &uacute;nica idea, un &uacute;nico s&iacute;mbolo. Individualizar al adversario en un &uacute;nico enemigo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        2. Prin<em>cipio del m&eacute;todo de contagio</em>: reunir diversos adversarios en una sola categor&iacute;a o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
    </p><p class="article-text">
        3. Prin<em>cipio de la transposici&oacute;n</em>: cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.
    </p><p class="article-text">
        4. Pri<em>ncipio de la exageraci&oacute;n y desfiguraci&oacute;n</em>: convertir cualquier an&eacute;cdota, por peque&ntilde;a que sea, en amenaza grave.
    </p><p class="article-text">
        5. Princ<em>ipio de la vulgarizaci&oacute;n</em>: toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto m&aacute;s grande sea la masa para convencer, m&aacute;s peque&ntilde;o ha de ser el esfuerzo mental&nbsp; realizado. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensi&oacute;n escasa; adem&aacute;s, tienen gran facilidad para olvidar.
    </p><p class="article-text">
        6. Principio<em> de orquestaci&oacute;n</em>: la propaganda debe limitarse a un n&uacute;mero peque&ntilde;o de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aqu&iacute; viene tambi&eacute;n la famosa frase: 
    </p><p class="article-text">
        Si una menti<em>ra se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad</em>.
    </p><p class="article-text">
        7. Principio<em> de renovaci&oacute;n</em>: hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el p&uacute;blico est&eacute; ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
    </p><p class="article-text">
        8. Principio <em>de la verosimilitud</em>: construir argumentos a partir de fuentes diversas, a trav&eacute;s de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias.
    </p><p class="article-text">
        9. Principio<em> del silenciamiento:</em> acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, tambi&eacute;n contraprogramando con la ayuda de medios de comunicaci&oacute;n afines.
    </p><p class="article-text">
        10. Principio<em> de la transfusi&oacute;n</em>: por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitolog&iacute;a nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
    </p><p class="article-text">
        11. Principio<em> de la unanimidad</em>: Llegar a convencer a mucha gente de que piensa &ldquo;como todo el mundo&rdquo;, creando una falsa impresi&oacute;n de unanimidad.
    </p><p class="article-text">
        Hijo m&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        (Todas las citas provienen del libro in&eacute;dito de Nayra Sanz Fuentes <em>El cuerpo nazi. El cuerpo contenido. La representaci&oacute;n del cuerpo en el cine de Leni Riefenstahl.</em>)
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Krawietz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/rescates-ecuaciones-sustituciones_132_11848386.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Nov 2024 09:11:36 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Rescates, ecuaciones, sustituciones]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Hablamos de la estupidez?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/hablamos-estupidez_132_11776369.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Resulta cuanto menos curioso: en un universo de comunicaci&oacute;n como el nuestro, acaso el que re&uacute;ne bajo su manto supremo el mayor acopio de posibilidades de difusi&oacute;n de informaci&oacute;n de la historia, se habla constantemente de la <em>inteligencia artificial</em>, pero se reflexiona muy poco, demasiado poco a la luz de los acontecimientos, acerca de su referente paralelo, la <em>estupidez artificial. </em>M&aacute;s a&uacute;n cuando, desde cualquier an&aacute;lisis medianamente sesudo que pueda hacerse, la estupidez artificial &mdash;exclusivamente aquella forma de estupidez que se propaga desde las agencias publicitarias en que se han convertido muchos medios de comunicaci&oacute;n y que casi siempre fueron las redes sociales&mdash; va ganando la partida. Lamentablemente, parece que hay pocos datos que permitan refutar la idea de que la propia inteligencia artificial no es m&aacute;s que un agente eficaz de aqu&eacute;lla: un agente infiltrado, capaz de generar v&iacute;ctimas, incapaz de hacer prisioneros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica de mercado propia de la actual revoluci&oacute;n capitalista confiere a la &laquo;creaci&oacute;n de la necesidad de consumo&raquo; una importancia sobrenatural &mdash;como es sabido, las l&oacute;gicas de mercado est&aacute;n repletas de tales sobrenaturalezas (comenzando por el mercado mismo)&mdash;, de tal modo que en el af&aacute;n de crear <em>nuevas necesidades</em> podemos encontrarnos con un grupo no desde&ntilde;able de personas inteligentes que seg&uacute;n pregonan a los cuatro vientos, duermen en sus despachos, renuncian al tiempo libre y abandonan a sus familias para crear herramientas que nos facilitan la vida al mismo tiempo que enriquecen a sus promotores. Peque&ntilde;os grupos de humanos que &laquo;hacen mucho&raquo; para que otros &ldquo;hagan nada&rdquo;. Los diez mil hijos de los Elon Musk <em>et alia</em> han asumido como propia la m&aacute;xima de sus l&iacute;deres y del mercado para ofrecernos vidas simplificadas servidas en dispositivos de dise&ntilde;o. Un poco conocido, pero muy l&uacute;cido, adagio de Lev Tolstoi describe bien el escenario: &ldquo;M&aacute;s vale no hacer nada que hacer nada&rdquo;. A cambio de unas pocas monedas, la humanidad puede suprimir la necesidad de escribir, de leer, de investigar, de conocer, de calcular, de participar, de construir, de planificar, de pintar, de fotografiar, de saber y hasta &mdash;&iquest;cu&aacute;nto queda para ello?&mdash; de gobernar. Esta idea de &laquo;renuncia&raquo; es en s&iacute; misma una falacia y esos peque&ntilde;os grupos de trabajadores abnegados son la mejor prueba de ello. Por m&aacute;s que se publicite, la inteligencia artificial, como herramienta que es, no puede &laquo;salvarnos&raquo; de la necesidad ingrata &mdash;estimulante&mdash; de frecuentar lo dif&iacute;cil. Sin embargo, la acci&oacute;n conjunta de algoritmos y anhelos teje en la actualidad numerosos da&ntilde;os colaterales capaces de embelesarnos, de mecernos, de embaucarnos hacia un mundo en el que, al menos en su apariencia virtual, cada problema tiene su soluci&oacute;n y cada acci&oacute;n su herramienta simplificadora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ha llegado, entonces, el momento de comenzar a hablar de la estupidez, de la estupidez artificial, y del peligro que se corre si no hallamos la f&oacute;rmula para ponerle freno? Es f&aacute;cil comprender la renuencia de la pol&iacute;tica para manifestarse acerca de la creciente estupidez artificial de una parte significativa de la ciudadan&iacute;a. Nadie se atreve a decir desde una tribuna p&uacute;blica, aunque se piense, que una parte de los votantes &mdash;una parte cada vez m&aacute;s decisiva&mdash; hace tiempo que dej&oacute; de comprender de qu&eacute; va el mundo y, m&aacute;s a&uacute;n, renunci&oacute; a la idea de tratar de volver a comprenderlo. Una parte de la ciudadan&iacute;a siente que obscenidades como el terraplanismo, el creacionismo o el conspiracionismo son opciones aceptables. Opciones verdaderas porque as&iacute; &laquo;las sienten&raquo;. Sienten que la tierra es plana y nadie posee legitimidad para menospreciar ese &ldquo;sentimiento sentido&rdquo; con fuerza y con convicci&oacute;n. Sienten que la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n es una patra&ntilde;a y nadie puede alterar la pureza con la que &ldquo;sienten ese sentimiento&rdquo;. Y con tan ligeras alforjas les basta para obrar en consecuencia. (De hecho, el descenso de creyentes en el terraplanismo es una constante universal que se usa como medida de evoluci&oacute;n de la especie: en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas, la curva de descenso del terraplanismo no s&oacute;lo se ha estabilizado, sino que se ha invertido y ha comenzado a crecer.)&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, hay opciones pol&iacute;ticas a las que este tipo de sentimiento les permite ganar opciones de poder. Una vez que la pragm&aacute;tica ha puesto en relaci&oacute;n el desconcierto generalizado y las opciones de voto, no han dudado en utilizar a su favor, mediante la administraci&oacute;n de est&iacute;mulos publicitarios disfrazados de noticias, tales argumentos. Del otro lado, hay un miedo sincero a que el electorado se moleste si de repente alg&uacute;n an&aacute;lisis se atreve a desvelar, como en el cuento, pero d&aacute;ndole la vuelta al cuento, que el p&uacute;blico del desfile va desnudo mientras el emperador trota sobre su caballo trajeado con esplendor. Hay miedo a que el electorado se revuelva, y ese miedo parece ser, de momento, m&aacute;s decisivo que el da&ntilde;o que se hace al mism&iacute;simo sistema democr&aacute;tico. Cuando la ciudadan&iacute;a naufraga, la democracia es poco m&aacute;s que un barco a la deriva. En lo hondo de la democracia subyacen valores ut&oacute;picos que ninguna purga pragm&aacute;tica logra deshacer. Hay, en ella, una voluntad de hacer posible la convivencia que adquiere rango racional cuando quienes la ejecutan pueden discernir su voto mediante un an&aacute;lisis apto de sus intereses, por contrapuestos o alineados que se encuentren con los intereses colectivos. La democracia no es una oportunidad para convencer al que piensa distinto, como muchas veces se dice entre apelaciones al consenso, sino un buen sistema para lograr que los que piensan distinto puedan convivir. No es lo mismo, aunque pueda parecerse. Cuando esa capacidad de an&aacute;lisis no est&aacute; presente, la democracia deja de ser un sistema efectivo para lograr la convivencia, y se convierte, en cambio, &mdash;&iexcl;maldita sea!&mdash; en un sistema de legitimaci&oacute;n de desmanes. Conocemos la relaci&oacute;n de Hitler con las urnas. Esto algo que deber&iacute;a alarmarnos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muy pronto, en Estados Unidos, se dar&aacute; la posibilidad de que un candidato que ataca directamente en sus m&iacute;tines a latinos, afroamericanos, musulmanes, &aacute;rabes, jud&iacute;os, feministas o comunidad LGTBI gane las elecciones gracias &mdash;tambi&eacute;n&mdash; a los votos de algunos latinos, de algunos afroamericanos, de algunos musulmanes, de algunos &aacute;rabes, de algunos jud&iacute;os, de algunas&nbsp;feministas y de algunos miembros de la comunidad LGTBI. Este es, al menos, un buen ejemplo de estupidez artificial. Un candidato que utiliza el argumento de que si, a pesar de sus condenas en los juzgados, de lo sucedido en el Capitolio, de sus abusos, el voto de sus partidarios crece es porque es un &laquo;elegido&raquo;, un l&iacute;der, un <em>duce; </em>el &uacute;nico que puede salvar su naci&oacute;n &mdash;y salvar, ha dicho ya, supone aqu&iacute; &ldquo;limpiar la sangre&rdquo;. Otro buen ejemplo de estupidez artificial.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, un porcentaje relevante de la ciudadan&iacute;a acepta con entusiasmo que se atraigan hacia la agenda social problemas ficticios (como la competencia de la emigraci&oacute;n en el mercado de trabajo o la delincuencia) y aumenta su apoyo a la ultraderecha &mdash;a esa ultraderecha subida a la parra de la desinformaci&oacute;n y el bulo&mdash; con cada nuevo esc&aacute;ndalo. Otro ejemplo de estupidez artificial. Habr&iacute;a muchos m&aacute;s. Aqu&iacute; y all&aacute; la realidad est&aacute; te&ntilde;ida, lamentablemente, de casos abundantes (sangrantes, en el sentido literal): en Gaza, en Albania, en Turingia, en Argentina, en Arabia Saud&iacute;, en Israel, en Italia, en Hungr&iacute;a, en Gaza, en Gaza, en Gaza&hellip; Quiz&aacute; por ello &mdash;proponemos&mdash; ha llegado el momento de hablar de la estupidez, de la estupidez artificial. No hay ninguna l&iacute;nea de pensamiento que lleve de la inteligencia artificial a la inteligencia universal. En cambio, la l&iacute;nea que va de la estupidez artificial a la estupidez universal parece ya trazada. &iquest;Hablamos?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Krawietz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/hablamos-estupidez_132_11776369.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Oct 2024 08:13:49 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Hablamos de la estupidez?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La lectura sin sustituto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lectura-sustituto_132_11714626.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Cualquier manual reciente sobre el agua y sus problemas en el presente insistir&aacute; a poco que lo fatiguemos en una idea antigua, en una conclusi&oacute;n a la que ni siquiera la sed, como fuerza acuciante en muchos lugares del planeta, ha sabido ofrecer respuesta: el agua no tiene sustituto. En la monograf&iacute;a <em>Las guerras del agua </em>(Icaria, 2004)<em> </em>la ensayista Vandana Shiva recuerda las palabras pronunciadas en 1995 por el entonces vicepresidente del Banco Mundial Ismael Serageldin &laquo;Si las guerras de este siglo fueron por el petr&oacute;leo, las del siglo XXI ser&aacute;n por el agua&raquo;. Nadie desea siquiera imaginar el desarrollo o las consecuencias de un conflicto presidido por la sed, pero obligados a registrar algunas de sus posibles causas, seguramente no se hallar&iacute;a entre las menos determinantes el hecho de que, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, las ideolog&iacute;as de mercado han ubicado al agua dentro de la categor&iacute;a de los bienes de consumo (y eso ha tra&iacute;do como consecuencia el alejamiento de las formas tradicionales de uso, el derroche y la carest&iacute;a). La l&oacute;gica mercantil establece la presunci&oacute;n de que cualquier producto es susceptible de sustituci&oacute;n: la naturaleza, y si no la tecnolog&iacute;a, se encargar&aacute;n de ofrecer a los consumidores el remedo adecuado &mdash;el que abarata y mejora al original&mdash; cuando &eacute;ste ha menguado su presencia en el mundo. Sin embargo, como se ha dicho ya, cuando el agua se agota, no hay nada que pueda sustituirla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No son muchas, es cierto, las materias o las acciones que carecen de sustituto, que no poseen relevo y que resultan, adem&aacute;s, imprescindibles. Por esa misma raz&oacute;n, trabajar en profundidad para la detecci&oacute;n de tales cuestiones y plantear a los sistemas de convivencia social los m&aacute;s eficaces modos de protegerlas deber&iacute;a ser objeto de investigaciones multidisciplinares debidamente organizadas. Es casi seguro que nos va la vida en ello.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Viene toda esta reflexi&oacute;n a prop&oacute;sito una actividad humana que tampoco posee sustituto y cuya definici&oacute;n &mdash;primero&mdash; y puesta en pr&aacute;ctica &mdash;despu&eacute;s&mdash; se ha convertido igualmente en imprescindible. Como sucede con el agua, la lectura tampoco tiene sustituto. S&oacute;lo se puede leer, valga la redundancia, leyendo: cuando tomamos un libro, cuando escuchamos una composici&oacute;n, cuando miramos un cuadro, cuando vemos una pel&iacute;cula, cuando nos concentramos en esa contemplaci&oacute;n que llamamos lectura, lo que hacemos es dejar que la obra obre en nosotros, que la acci&oacute;n nos lleve fuera del tiempo, esto es, dentro del tiempo. Esa actividad &mdash;y sus resultados&mdash; carecen de sustituto. No hay otra manera. Ninguna otra actividad ofrece al ser humano el caudal de oportunidades que la lectura abre: la memoria, la creaci&oacute;n, la fabulaci&oacute;n, la aptitud para relacionar, la indagaci&oacute;n sobre la verdad de los hechos, la posibilidad sobre las estructuras de lo imaginario, la informaci&oacute;n&hellip; No leer lleva a la especie a suspender sus capacidades cognitivas: supone renunciar al don, &uacute;nico en el planeta, que caracteriza a los humanos: la capacidad de comprender. Renunciar al ejercicio de la lectura compromete &mdash;como podemos comprobar estos d&iacute;as&mdash; la mism&iacute;sima pervivencia en la Tierra. Un ciudadano consciente no puede decir: <em>no tengo tiempo para leer</em>. Dos horas de buena lectura al d&iacute;a bastar&iacute;an para cambiar muchas cosas.
    </p><p class="article-text">
        No se trata solamente de lo que cada libro es capaz de darnos a trav&eacute;s de sus contenidos justos: adem&aacute;s de ese conocimiento unitario, la lectura aporta otros <em>inmotivados</em>, otros <em>indispensables</em> para la comprensi&oacute;n del mundo. La lectura aporta una capacidad de interiorizaci&oacute;n, de adentramiento en la hondura, de convivencia con la enso&ntilde;aci&oacute;n, de transformaci&oacute;n de la informaci&oacute;n en conocimiento, de enfrentamiento con la dificultad que ninguna otra acci&oacute;n es capaz de sumar a nuestra realidad de <em>ser humanos</em>. Leer permite el contacto profundo con el ahora, con el &aacute;pice del presente para obtener de &eacute;l un valor que supera con mucho la suma de las partes: que se establece, precisamente, en el valor continuo de las partes. As&iacute; mismo, leer nos pone en comunicaci&oacute;n directa con el pasado y abre para nosotros las puertas de lo futuro. Es una acci&oacute;n integral. Completa. Emocionante. Concisa. Desatada. Se trata de una acci&oacute;n en la que tanto el sujeto como el objeto se permiten confirmar un di&aacute;logo susceptible de remontarse hasta recoger sobre s&iacute; mismo algo del roc&iacute;o de la conciencia.
    </p><p class="article-text">
        El sujeto debe prepararse para la lectura con m&aacute;s lecturas, para cumplir con un camino que le ense&ntilde;a a leer cada vez mejor. La lectura es, entonces, una pr&aacute;ctica que puede entrenarse, que mejora cuanto m&aacute;s se pr&aacute;ctica: no se lee cuando se descifran las letras y se les concede significado, se lee cuando se completa el milagro seg&uacute;n el cual lo le&iacute;do se une a todo lo le&iacute;do, lo experimentado se une a toda nuestra experiencia del mundo, lo observado se une a toda la observaci&oacute;n de lo real de la que somos capaces. Entonces, la lectura se constituye &mdash;en esa reuni&oacute;n aventurada y venturosa&mdash; como un sistema de profundizaci&oacute;n y de intensificaci&oacute;n de la realidad. Por su parte, el sujeto de la lectura &mdash;no necesariamente un libro (se pueden leer cuadros, pinturas, fotograf&iacute;as, pel&iacute;culas, obras de teatro, tratados de filosof&iacute;a, ensayos y casi cualquier signo complejo que responda &uacute;nicamente ante su propia ley) y no cualquier libro: (hay libros que no se leen, se redundan)&mdash; no es un mero soporte de ocio (as&iacute; defin&iacute;a <em>libro</em>, no hace tanto, una ley educativa) sino un veh&iacute;culo para alcanzar, en un solo movimiento, la percepci&oacute;n de lo real&nbsp; entre las posibilidades de lo imaginario. Nada da tanto a cambio de tanto esfuerzo. Leer es dif&iacute;cil. Leer bien es muy dif&iacute;cil. Por eso carece de sustituto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Creo que Espa&ntilde;a &mdash;y no s&oacute;lo los j&oacute;venes en las escuelas como se dice, no s&oacute;lo la clase pol&iacute;tica como se repite (tambi&eacute;n los profesores, los maestros, los m&eacute;dicos, los venteros, los polic&iacute;as, los deportistas, los pastores&hellip;)&mdash;, Espa&ntilde;a entera, necesita un plan lector. Necesitamos que la vida nacional vuelva a entrar en un tiempo distinto, m&aacute;s lento y pausado, un tiempo de lectura, en el que cincuenta buenas p&aacute;ginas son una buena ma&ntilde;ana junto a una ventana al sol. Un tiempo de palabras escritas, y no dichas al buen tunt&uacute;n en las pantallas, en las ondas, en las terrazas. Necesitamos una vida nacional que no compre infamias, estupideces, estulticias y mentiras porque a cambio, a trav&eacute;s del ejercicio de leer, sea capaz de ofrecerse a s&iacute; misma una vivencia consciente de s&iacute; misma. Necesitamos un plan lector, volver a leer, a leer bien, no para entretenernos, sino para desafiarnos: para jugar con nosotros mismos al gran juego.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lamentablemente, la ciudadan&iacute;a &mdash;el ejercicio de la ciudadan&iacute;a&mdash; no se sostiene en el tiempo con inercias viejas, sino con certidumbres nuevas: con certidumbres tan fuertes que puedan allanar el camino de nuevas incertidumbres. Porque la lectura no nos hace, como se suele decir en el mundo de las habladur&iacute;as, mejores personas: s&oacute;lo nos hace personas m&aacute;s profundas y m&aacute;s conscientes. S&oacute;lo m&aacute;s capaces de comprender. M&aacute;s buenos o m&aacute;s malos. M&aacute;s capaces para todo aquello que nos propongamos. Acaso una persona que lee podr&aacute; comprar igual que una que no lo hace las patra&ntilde;as del populismo, los bulos all&iacute; donde se produzcan, las conspiraciones b&aacute;rbaras. Acaso una persona que lee transformar&aacute;, como una que no lo hace, las injusticias en relato, la violencia en necesidad, la desigualdad en sistema. Quiz&aacute; eso pueda ser posible, por dif&iacute;cil que parezca. En ese caso, al menos sabremos que estamos ante una<em> persona mala</em> y no necesariamente, como tantas veces sucede, ante otro tonto al que han enga&ntilde;ado. Esto ya ser&iacute;a una importante ganancia para la salud de la convivencia y la propia salud del tonto.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Krawietz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lectura-sustituto_132_11714626.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Oct 2024 07:16:31 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La lectura sin sustituto]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La lectura sin sustituto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lectura-sustituto_132_11714290.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Cualquier manual reciente sobre el agua y sus problemas en el presente insistir&aacute; a poco que lo fatiguemos en una idea antigua, en una conclusi&oacute;n a la que ni siquiera la sed, como fuerza acuciante en muchos lugares del planeta, ha sabido ofrecer respuesta: el agua no tiene sustituto. En la monograf&iacute;a <em>Las guerras del agua </em>(Icaria, 2004)<em> </em>la ensayista Vandana Shiva recuerda las palabras pronunciadas en 1995 por el entonces vicepresidente del Banco Mundial Ismael Serageldin &laquo;Si las guerras de este siglo fueron por el petr&oacute;leo, las del siglo XXI ser&aacute;n por el agua&raquo;. Nadie desea siquiera imaginar el desarrollo o las consecuencias de un conflicto presidido por la sed, pero obligados a registrar algunas de sus posibles causas, seguramente no se hallar&iacute;a entre las menos determinantes el hecho de que, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, las ideolog&iacute;as de mercado han ubicado al agua dentro de la categor&iacute;a de los bienes de consumo (y eso ha tra&iacute;do como consecuencia el alejamiento de las formas tradicionales de uso, el derroche y la carest&iacute;a). La l&oacute;gica mercantil establece la presunci&oacute;n de que cualquier producto es susceptible de sustituci&oacute;n: la naturaleza, y si no la tecnolog&iacute;a, se encargar&aacute;n de ofrecer a los consumidores el remedo adecuado &mdash;el que abarata y mejora al original&mdash; cuando &eacute;ste ha menguado su presencia en el mundo. Sin embargo, como se ha dicho ya, cuando el agua se agota, no hay nada que pueda sustituirla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No son muchas, es cierto, las materias o las acciones que carecen de sustituto, que no poseen relevo y que resultan, adem&aacute;s, imprescindibles. Por esa misma raz&oacute;n, trabajar en profundidad para la detecci&oacute;n de tales cuestiones y plantear a los sistemas de convivencia social los m&aacute;s eficaces modos de protegerlas deber&iacute;a ser objeto de investigaciones multidisciplinares debidamente organizadas. Es casi seguro que nos va la vida en ello.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Viene toda esta reflexi&oacute;n a prop&oacute;sito una actividad humana que tampoco posee sustituto y cuya definici&oacute;n &mdash;primero&mdash; y puesta en pr&aacute;ctica &mdash;despu&eacute;s&mdash; se ha convertido igualmente en imprescindible. Como sucede con el agua, la lectura tampoco tiene sustituto. S&oacute;lo se puede leer, valga la redundancia, leyendo: cuando tomamos un libro, cuando escuchamos una composici&oacute;n, cuando miramos un cuadro, cuando vemos una pel&iacute;cula, cuando nos concentramos en esa contemplaci&oacute;n que llamamos lectura, lo que hacemos es dejar que la obra obre en nosotros, que la acci&oacute;n nos lleve fuera del tiempo, esto es, dentro del tiempo. Esa actividad &mdash;y sus resultados&mdash; carecen de sustituto. No hay otra manera. Ninguna otra actividad ofrece al ser humano el caudal de oportunidades que la lectura abre: la memoria, la creaci&oacute;n, la fabulaci&oacute;n, la aptitud para relacionar, la indagaci&oacute;n sobre la verdad de los hechos, la posibilidad sobre las estructuras de lo imaginario, la informaci&oacute;n&hellip; No leer lleva a la especie a suspender sus capacidades cognitivas: supone renunciar al don, &uacute;nico en el planeta, que caracteriza a los humanos: la capacidad de comprender. Renunciar al ejercicio de la lectura compromete &mdash;como podemos comprobar estos d&iacute;as&mdash; la mism&iacute;sima pervivencia en la Tierra. Un ciudadano consciente no puede decir: <em>no tengo tiempo para leer</em>. Dos horas de buena lectura al d&iacute;a bastar&iacute;an para cambiar muchas cosas.
    </p><p class="article-text">
        No se trata solamente de lo que cada libro es capaz de darnos a trav&eacute;s de sus contenidos justos: adem&aacute;s de ese conocimiento unitario, la lectura aporta otros <em>inmotivados</em>, otros <em>indispensables</em> para la comprensi&oacute;n del mundo. La lectura aporta una capacidad de interiorizaci&oacute;n, de adentramiento en la hondura, de convivencia con la enso&ntilde;aci&oacute;n, de transformaci&oacute;n de la informaci&oacute;n en conocimiento, de enfrentamiento con la dificultad que ninguna otra acci&oacute;n es capaz de sumar a nuestra realidad de <em>ser humanos</em>. Leer permite el contacto profundo con el ahora, con el &aacute;pice del presente para obtener de &eacute;l un valor que supera con mucho la suma de las partes: que se establece, precisamente, en el valor continuo de las partes. As&iacute; mismo, leer nos pone en comunicaci&oacute;n directa con el pasado y abre para nosotros las puertas de lo futuro. Es una acci&oacute;n integral. Completa. Emocionante. Concisa. Desatada. Se trata de una acci&oacute;n en la que tanto el sujeto como el objeto se permiten confirmar un di&aacute;logo susceptible de remontarse hasta recoger sobre s&iacute; mismo algo del roc&iacute;o de la conciencia.
    </p><p class="article-text">
        El sujeto debe prepararse para la lectura con m&aacute;s lecturas, para cumplir con un camino que le ense&ntilde;a a leer cada vez mejor. La lectura es, entonces, una pr&aacute;ctica que puede entrenarse, que mejora cuanto m&aacute;s se pr&aacute;ctica: no se lee cuando se descifran las letras y se les concede significado, se lee cuando se completa el milagro seg&uacute;n el cual lo le&iacute;do se une a todo lo le&iacute;do, lo experimentado se une a toda nuestra experiencia del mundo, lo observado se une a toda la observaci&oacute;n de lo real de la que somos capaces. Entonces, la lectura se constituye &mdash;en esa reuni&oacute;n aventurada y venturosa&mdash; como un sistema de profundizaci&oacute;n y de intensificaci&oacute;n de la realidad. Por su parte, el sujeto de la lectura &mdash;no necesariamente un libro (se pueden leer cuadros, pinturas, fotograf&iacute;as, pel&iacute;culas, obras de teatro, tratados de filosof&iacute;a, ensayos y casi cualquier signo complejo que responda &uacute;nicamente ante su propia ley) y no cualquier libro: (hay libros que no se leen, se redundan)&mdash; no es un mero soporte de ocio (as&iacute; defin&iacute;a <em>libro</em>, no hace tanto, una ley educativa) sino un veh&iacute;culo para alcanzar, en un solo movimiento, la percepci&oacute;n de lo real&nbsp; entre las posibilidades de lo imaginario. Nada da tanto a cambio de tanto esfuerzo. Leer es dif&iacute;cil. Leer bien es muy dif&iacute;cil. Por eso carece de sustituto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Creo que Espa&ntilde;a &mdash;y no s&oacute;lo los j&oacute;venes en las escuelas como se dice, no s&oacute;lo la clase pol&iacute;tica como se repite (tambi&eacute;n los profesores, los maestros, los m&eacute;dicos, los venteros, los polic&iacute;as, los deportistas, los pastores&hellip;)&mdash;, Espa&ntilde;a entera, necesita un plan lector. Necesitamos que la vida nacional vuelva a entrar en un tiempo distinto, m&aacute;s lento y pausado, un tiempo de lectura, en el que cincuenta buenas p&aacute;ginas son una buena ma&ntilde;ana junto a una ventana al sol. Un tiempo de palabras escritas, y no dichas al buen tunt&uacute;n en las pantallas, en las ondas, en las terrazas. Necesitamos una vida nacional que no compre infamias, estupideces, estulticias y mentiras porque a cambio, a trav&eacute;s del ejercicio de leer, sea capaz de ofrecerse a s&iacute; misma una vivencia consciente de s&iacute; misma. Necesitamos un plan lector, volver a leer, a leer bien, no para entretenernos, sino para desafiarnos: para jugar con nosotros mismos al gran juego.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lamentablemente, la ciudadan&iacute;a &mdash;el ejercicio de la ciudadan&iacute;a&mdash; no se sostiene en el tiempo con inercias viejas, sino con certidumbres nuevas: con certidumbres tan fuertes que puedan allanar el camino de nuevas incertidumbres. Porque la lectura no nos hace, como se suele decir en el mundo de las habladur&iacute;as, mejores personas: s&oacute;lo nos hace personas m&aacute;s profundas y m&aacute;s conscientes. S&oacute;lo m&aacute;s capaces de comprender. M&aacute;s buenos o m&aacute;s malos. M&aacute;s capaces para todo aquello que nos propongamos. Acaso una persona que lee podr&aacute; comprar igual que una que no lo hace las patra&ntilde;as del populismo, los bulos all&iacute; donde se produzcan, las conspiraciones b&aacute;rbaras. Acaso una persona que lee transformar&aacute;, como una que no lo hace, las injusticias en relato, la violencia en necesidad, la desigualdad en sistema. Quiz&aacute; eso pueda ser posible, por dif&iacute;cil que parezca. En ese caso, al menos sabremos que estamos ante una<em> persona mala</em> y no necesariamente, como tantas veces sucede, ante otro tonto al que han enga&ntilde;ado. Esto ya ser&iacute;a una importante ganancia para la salud de la convivencia y la propia salud del tonto. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Krawietz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lectura-sustituto_132_11714290.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Oct 2024 19:38:42 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La lectura sin sustituto]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Menudo chasco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/menudo-chasco_132_11654795.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Leo en la prensa un an&aacute;lisis de la victoria de la ultraderecha en los estados alemanes de&nbsp;Turingia y Sajonia. Uno de los muchos titulares que aparecen en los medios afirma que el&nbsp; voto joven recibido por los partidos radicales se debe a que estos &ldquo;no se sienten&nbsp; escuchados por la democracia&rdquo;. Otros peri&oacute;dicos insisten, con palabras similares, en esos&nbsp; mismos argumentos. La frase desata en mi cabeza una reflexi&oacute;n en cascada. &iquest;Y si fuera que&nbsp;en estos d&iacute;as se consuma, al fin, un proceso de casi dos d&eacute;cadas que transforma valores&nbsp; esenciales para la convivencia en un juego de trileros? &iquest;Y si no fu&eacute;ramos capaces de&nbsp; percibir ese cambio que sucede ante nuestros ojos? He hablado ya en otras ocasiones de la&nbsp;convicci&oacute;n personal de que a lo largo de estos a&ntilde;os el sistema occidental (es decir, lo que&nbsp; quiera que sea nuestro marco de horizonte com&uacute;n y de convivencia) ha dado en construir,&nbsp;mediante el sumatorio de las redes sociales, el desamparo cultural, la felicidad como&nbsp; imagen fija, la compra como deidad, el inter&eacute;s neoliberal&hellip; una suerte de <em>itinerario de&nbsp;consumo </em>que determina lo que van a ver, leer, comprar, comer y vestir los nuevos&nbsp;ciudadanos desde su nacimiento hasta m&aacute;s all&aacute; de la mayor&iacute;a de edad. Este itinerario de&nbsp;consumo, que abarca los principales &aacute;mbitos de la existencia social de las personas &mdash;la&nbsp;moda, la comida, los juegos, los medios de comunicaci&oacute;n, la m&uacute;sica, la lectura&hellip;&mdash;,&nbsp;determina lo que un porcentaje lo suficientemente amplio de la poblaci&oacute;n va a convertir en&nbsp;experiencia vital. Por supuesto que hay una minor&iacute;a que se escapar&aacute;, por los dos laterales&nbsp;de ese escenario, ampar&aacute;ndose en circunstancias propicias (que van desde la pertenencia a&nbsp; la elite cultural hasta el conservadurismo religioso pasando por la riqueza o la pobreza&nbsp; extremas). No importa: probablemente en el propio plan se haya calculado el porcentaje&nbsp;necesario de &ldquo;participaci&oacute;n&rdquo; en el itinerario para que la inversi&oacute;n &mdash;millonaria&mdash; en&nbsp; publicidad y recursos merezca la pena. &iquest;Un sesenta, un setenta por ciento?&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es plausible pensar que ese orden aplicado a las fenomenolog&iacute;as del consumo haya&nbsp; logrado la consolidaci&oacute;n de efectos imprevistos o colaterales. La extensi&oacute;n en el uso (y el&nbsp; abuso) de las redes sociales, por ejemplo &mdash;que sin duda ser&aacute;n utilizadas con provecho por ciertas individualidades conscientes&mdash;, est&aacute; propiciando, como sabemos, la generalizaci&oacute;n&nbsp; de experimentos modales exitosos e in&eacute;ditos (como ligar con una pi&ntilde;a en un&nbsp;supermercado) en los que grandes bolsas de poblaci&oacute;n se sienten concernidas. Si este&nbsp;ejemplo es el resultado de una &laquo;propuesta inocente&raquo; o de un recurso publicitario de&nbsp; vanguardia, es algo que no pretendo analizar ahora. Pues lo que el titular de prensa sobre&nbsp; los j&oacute;venes me llev&oacute; a pensar posee otro calado: &iquest;y si por esa v&iacute;a de la creaci&oacute;n de&nbsp; itinerarios de consumo tan potentes, una parte de la poblaci&oacute;n hubiera comenzado a&nbsp; mantener, con todo el espacio social &mdash;incluida probablemente la familia&mdash;, un sistema de&nbsp;relaci&oacute;n basado no en el esquema ciudadano-ciudadano, docente-discente, padre/madre hijo/hija, sino en el esquema de relaciones de mercado vendedor-cliente? &iquest;Si se hubieran&nbsp; reducido las categor&iacute;as de relaciones humanas a una sola, la que media entre&nbsp;distribuidores y consumidores? Cuando los j&oacute;venes dicen que la democracia no los&nbsp;escucha, &iquest;no revelan con ello la percepci&oacute;n de ser <em>clientes de la pol&iacute;tica? </em>Cuando vemos a&nbsp;estudiantes universitarios que obligan a la renuncia de profesores porque no quieren que&nbsp;se les ense&ntilde;e aquello que juzgan in&uacute;til, falto de inter&eacute;s u ofensivo a la propia moral, &iquest;no&nbsp;revelan con ello la idea de que son clientes de la universidad y que pagan por recibir unos&nbsp;servicios que est&aacute;n sujetos al argumento de que el cliente siempre tiene raz&oacute;n? Cuando se&nbsp;ha visto llorar a l&aacute;grima viva a una jovenc&iacute;sima trabajadora que se queja amargamente de&nbsp; haber descubierto que, para el resto de su vida, le esperan jornadas de ocho horas diarias&nbsp;m&aacute;s traslado, &iquest;no parece indicar que est&aacute; percibiendo a su patr&oacute;n como un dispensador de servicios que deben moldearse a sus querencias? Cuando se viraliza la queja de un hijo a&nbsp; sus padres por haberlo tra&iacute;do al mundo, y junto a ella, expresa la obligaci&oacute;n de ser&nbsp;mantenido por aquellos que tomaron la decisi&oacute;n de hacerlo nacer, &iquest;no da p&aacute;bulo a pensar&nbsp;que se siente cliente de sus progenitores?&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica no es un &oacute;rgano de representaci&oacute;n de toda la sociedad: es la sociedad. El&nbsp;parlamento representa, la democracia organiza la representaci&oacute;n. Pero la pol&iacute;tica es exactamente la sociedad y no deja a nadie fuera, ni aunque lo deseen. Somos, como&nbsp; ciudadanos, responsables de hacer pol&iacute;tica. Escucharla o pretender hacerla escuchar como&nbsp;norma vital supone no haber comprendido nada. Cuando los partidos <em>no escuchan</em>, como se&nbsp;dice, se habilita la opci&oacute;n no de <em>obligar a la escucha</em>, sino de directamente asumir las&nbsp;responsabilidades elocutivas propias y, por lo tanto, la obligaci&oacute;n de <em>tomar la palabra</em>.&nbsp;&iquest;C&oacute;mo les vamos a decir a los que se dejan arrullar por el canto de sirenas de los&nbsp;algoritmos que han sido v&iacute;ctimas de un timo que les impide percibir la realidad? &iquest;C&oacute;mo&nbsp;les haremos saber que la realidad existe y es perseverante y desaf&iacute;a constantemente al ser?&nbsp;&iquest;C&oacute;mo convencerlos ahora de que disponen de obligaciones inalienables y de que no&nbsp; pueden aceptar a simple vista el halago de los que pronuncian las palabras que desean&nbsp;escuchar porque el latiguillo contentador es un placebo incapaz, pese a quien pese, de&nbsp;poner el mundo a su favor? &iquest;C&oacute;mo les vamos a decir que el mundo existe, y que ellos&nbsp;existen en el mundo y que lamentablemente no pueden recibir las atenciones de los&nbsp; clientes por parte de todo y de todos?&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Menudo chasco.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Krawietz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/menudo-chasco_132_11654795.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Sep 2024 10:45:10 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Menudo chasco]]></media:title>
    </item>
  </channel>
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