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    <title><![CDATA[elDiario.es - Jorge Dioni]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jorge-dioni/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Jorge Dioni]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Recuperar las ciudades: un país con una brecha entre propietarios e inquilinos no puede tener cohesión social]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/recuperar-ciudades-revista-vivienda_129_11678567.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/af5c7839-ff0c-45ef-9c25-ccb9c759cfc9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1102567.jpg" width="945" height="532" alt="Recuperar las ciudades: un país con una brecha entre propietarios e inquilinos no puede tener cohesión social"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
Es imposible reconquistarlas sin hacer antes una política de acceso a la vivienda que cuestione de forma radical el modelo general, urbano y nacional. O lo que es lo mismo, sin tocar las narices a muchísima gente</p><p class="subtitle">Si todavía no eres socia/o, aquí puedes suscribirte y recibir en tu casa en los próximos días nuestra revista 'Vivienda: errores de un fracaso anunciado' en la que exponemos algunas de las alternativas y soluciones que ya funcionan en otros países</p></div><p class="article-text">
        Una de las cosas que la ultraderecha ha copiado al socialismo es la internacionalizaci&oacute;n. Los soberanistas que no paran de denunciar la globalizaci&oacute;n de la cultura tienen redes mundiales de captaci&oacute;n de fondos y elaboraci&oacute;n de discurso. As&iacute;, hay mensajes o estrategias que se ven por todo el mundo, como el cuestionamiento de los procesos electorales, la idealizaci&oacute;n del mundo rural o el discurso antimigrantes. La ultraderecha espa&ntilde;ola ha roto los gobiernos de coalici&oacute;n con el PP por la acogida de menores no acompa&ntilde;ados tratando de asimilar los discursos habituales en Francia, Alemania y Pa&iacute;ses Bajos. El vicepresidente de Castilla y Le&oacute;n dibuj&oacute; un panorama similar al de Bruselas o Par&iacute;s para Palencia o Zamora. La realidad es que su comunidad ten&iacute;a que acoger a dos ni&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El inconveniente de la ultraderecha espa&ntilde;ola para copiar esos discursos ajenos es Espa&ntilde;a. Es complicado presentarte como un partido contracultural y transgresor cuando naces justo en el centro del sistema. El discurso antimigrantes duro tambi&eacute;n tiene un problema en la estructura social, diferente a otros pa&iacute;ses europeos. En la mayor&iacute;a de las ciudades, la migraci&oacute;n se ha dispersado de forma org&aacute;nica y, aunque hay zonas de m&aacute;s densidad, no hay guetos, como s&iacute; sucede en otras capitales continentales. Las personas migrantes viven en los barrios populares de las grandes ciudades espa&ntilde;olas y sus hijos van a los mismos colegios y juegan en los mismos equipos deportivos. Los bulos o los discursos de odio son m&aacute;s dif&iacute;ciles de trasladar cuando hay un conocimiento directo de las realidades. Por eso, la segregaci&oacute;n urbana suele ser la antesala del conflicto civil.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un partido lepenista en el Cintur&oacute;n del fuet</strong></h2><p class="article-text">
        Uno de los pocos lugares donde s&iacute; existe una mayor concentraci&oacute;n es Catalunya, algo que se percibe, sobre todo, en las zonas vinculadas al turismo o al sector agroalimentario, como el llamado Cintur&oacute;n del fuet. Por eso, no es extra&ntilde;o que all&iacute; s&iacute; haya surgido un partido lepenista que habla de la conservaci&oacute;n de la cultura o de la sustituci&oacute;n poblacional. Tambi&eacute;n, porque Catalunya comparte otro problema con pa&iacute;ses europeos: la globalizaci&oacute;n de su capital. En Barcelona, la presencia de poblaci&oacute;n extranjera de rentas altas desplaza a la poblaci&oacute;n local de una manera significativa, ya que su capacidad econ&oacute;mica es mayor. Es un proceso m&aacute;s silencioso que la migraci&oacute;n del sur porque, en un mundo competitivo, reconocerlo tiene algo de derrota: no me echa un fondo, sino alguien que trabaja en lo mismo que yo, pero que cobra el triple. Algo he hecho mal. Por eso, suele hablarse del turismo, que es solo una parte del fen&oacute;meno y permite que la din&aacute;mica parezca m&aacute;s horizontal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una de las cuestiones m&aacute;s evidentes de este proceso es la lengua. En &Aacute;msterdam, Copenhague, Praga o Budapest es relativamente f&aacute;cil desarrollar la vida personal y profesional en ingl&eacute;s, algo que provoca un cierto shock en los nacionales de m&aacute;s edad o menos formaci&oacute;n que viven en esas ciudades o las visitan: mi capital ya no habla mi idioma. Es algo que comienza a suceder en Barcelona, donde el catal&aacute;n est&aacute; cada vez menos presente y no solo por el espa&ntilde;ol. Hay tiendas que te dan la bienvenida en ingl&eacute;s y chats de comunidades de vecinos que se desarrollan en esta lengua. Parece una iron&iacute;a, pero es probable que, si no hubiera otra lengua cooficial m&aacute;s global, el shock de los catalanes con su capital ser&iacute;a mayor. Es el problema de vender tu ciudad. Te la pueden comprar y ya no es tuya. Si el modelo econ&oacute;mico es convertir la ciudad en un resort, manda el cliente. Ya no hay ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Recuperar una ciudad no es sencillo porque, para hacerlo, ser&iacute;a necesario realizar una pol&iacute;tica decidida de acceso a la vivienda y cuestionar nuestros tres modelos: general, urbano y nacional. Es decir, tocar las narices a mucha gente. De hecho, es probable que la propia poblaci&oacute;n no quiera hacerlo a pesar de las quejas y malestares. Barcelona fue una de las ciudades donde el Partido Inmobiliario gan&oacute; en las pasadas elecciones municipales. Tambi&eacute;n, Palma, C&aacute;diz, Valencia, M&aacute;laga o Sevilla. En todas ellas, se acumulan las noticias sobre subidas de precios, gentrificaci&oacute;n y expulsi&oacute;n de la poblaci&oacute;n residente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, se cuestionar&iacute;a el modelo general, donde todo tiene que convertirse en un producto que forme parte de un mercado. Eso incluye lo que el modelo anterior consideraba derechos, como la sanidad, la educaci&oacute;n o la vivienda y que a&uacute;n aparecen como tales en las constituciones europeas. La crisis de 2008, cuyo origen estuvo en el sector inmobiliario, no provoc&oacute; una huida del sector, sino una reordenaci&oacute;n. La inversi&oacute;n pas&oacute; a ser directa y restringida. Es decir, los diversos fondos de inversi&oacute;n comenzaron a comprar nuestras ciudades con el dinero puesto en circulaci&oacute;n para reactivar la econom&iacute;a. En la actualidad, el dinero metido en ladrillo es mayor que nunca a nivel global. Seg&uacute;n un informe de la consultora McKinsey, dos tercios de la riqueza mundial est&aacute; en el sector inmobiliario.
    </p><p class="article-text">
        El segundo modelo que se pondr&iacute;a en cuesti&oacute;n es el que se ha proporcionado a las ciudades posindustriales. A partir de finales los a&ntilde;os 60, la industria del movimiento apareci&oacute; como salvaci&oacute;n de los espacios que dejaban de producir. El proceso se prob&oacute; en las ciudades estadounidenses, Baltimore, Pittsburgh, Cleveland o Nueva York, y las viejas zonas industriales pasaron a acoger los edificios de la nueva ciudad de servicios: centros comerciales, hoteles, museos, auditorios, centros de convenciones, universidades, teatros de &oacute;pera o acuarios. Todo orientado a atraer movimiento de personas o de capital. Los posibles visitantes comenzaron a ser mucho m&aacute;s importantes que los residentes. En Espa&ntilde;a, es un modelo que comenz&oacute; con &eacute;xito en Barcelona y Bilbao, aunque esta &uacute;ltima decidi&oacute; no perder del todo su porcentaje de econom&iacute;a productiva. Ciudades como Madrid y M&aacute;laga est&aacute;n siguiendo ese camino con entusiasmo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tras la crisis de 2008, los fondos de inversión usaron el dinero que iba a servir para reactivar la economía para comprar nuestras ciudades a precio de saldo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, el tercer pie que pisar&iacute;a una pol&iacute;tica de vivienda decidida es el local. La econom&iacute;a espa&ntilde;ola tiene sus ra&iacute;ces en la revoluci&oacute;n franquista, donde se aprovech&oacute; la migraci&oacute;n del campo a la ciudad para conformar tanto un potente sector de la construcci&oacute;n, siempre &aacute;vido de nuevos territorios, como un pa&iacute;s de propietarios. La vivienda es el principal sistema de ahorro espa&ntilde;ol y tambi&eacute;n, la forma de legado intergeneracional. Para la Espa&ntilde;a propietaria, que es mayor&iacute;a absolut&iacute;sima, las noticias sobre las subidas de precios quieren decir que su hucha es m&aacute;s grande. La ciudad se apaga, pero ande yo caliente.&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>&iquest;Es posible un cambio pol&iacute;tico?</strong></h2><p class="article-text">
        No existe un problema de la vivienda. La falta de acceso provoca multitud de complicaciones personales y colectivas, y estas &uacute;ltimas son culturales, sociales, demogr&aacute;ficas y pol&iacute;ticas. Por ejemplo, hay sectores que se quedan sin trabajadores o la renovaci&oacute;n cultural se estanca porque los j&oacute;venes ya no pueden vivir juntos. Existe la idea de que la situaci&oacute;n estallar&aacute; en alg&uacute;n momento, como si un nuevo crash solo fuera a provocar una bajada de precios en lugar de una conmoci&oacute;n en toda la estructura econ&oacute;mica. Una crisis de vivienda puede provocar un cambio pol&iacute;tico si hay un grupo cohesionado que perciba ese problema y, sobre todo, si hay organizaciones que sean capaces de recogerlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Recuperar las ciudades no es sencillo, pero ser&aacute; algo inevitable. Un pa&iacute;s con esa brecha entre propietarios y no propietarios no puede tener cohesi&oacute;n social. Un pa&iacute;s basado en el rentismo se paraliza, como ya explicaron los liberales del XIX, y no bastar&aacute; con la receta tradicional de hacer vivienda porque, adem&aacute;s de que no siempre garantiza una bajada de precios, puede ser contraproducente, ya que es poner un bien preciado en competici&oacute;n. El partido ultra neerland&eacute;s ha ganado las elecciones hablando de vivienda. Concretamente, diciendo que los migrantes se quedan con las viviendas sociales. Hay que hacer algo m&aacute;s. Hay que cambiar el modelo. Mejor dicho, los modelos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Dioni]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Sep 2024 20:41:57 +0000]]></pubDate>
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