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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carlos Cólogan Soriano]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carlos-cologan-soriano/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carlos Cólogan Soriano]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los aranceles sobre el jerez: la historia se repite]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/aranceles-jerez-historia-repite_132_12229649.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0f3fbbf8-2036-444b-ab87-0a6c831a355c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los aranceles sobre el jerez: la historia se repite"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En su primer año de gobierno (1860), el primer ministro británico Gladstone apreció que los vinos de Jerez ostentaban el 40% de las importaciones así que, ni corto ni perezoso, estableció un nuevo tratado comercial con Francia que cambiaba los aranceles en función del grado alcohólico del vino. Nos dio de lleno
</p></div><p class="article-text">
        Los aranceles son un arma de doble filo muy peligrosa y lo que una empresa consigue con duro trabajo en d&eacute;cadas, un cambio de &eacute;stos lo puede desbaratar en semanas. Trump lo est&aacute; haciendo como antes lo hicieron otros, entre ellos, el primer ministro liberal brit&aacute;nico William Gladstone cuando lleg&oacute; al cargo en 1860. En aquel entones ese pa&iacute;s era la superpotencia y todos quer&iacute;an venderles, &iquest;les suena?
    </p><p class="article-text">
        Igual que ahora con los Estados Unidos, el Reino Unido era entonces, y a&uacute;n lo es, un importador nato de vinos. En su primer a&ntilde;o de gobierno apreci&oacute; que los vinos de Jerez ostentaban el 40% de las importaciones as&iacute; que, ni corto ni perezoso, estableci&oacute; un nuevo tratado comercial con Francia que cambiaba los aranceles en funci&oacute;n del grado alcoh&oacute;lico del vino. Nos dio de lleno.
    </p><p class="article-text">
        En 1860 y de sopet&oacute;n baj&oacute; los impuestos a los franceses nada menos un 48% pasando de 5 chelines y 9 peniques por gal&oacute;n a 3 chelines por gal&oacute;n. Un a&ntilde;o despu&eacute;s los volvi&oacute; a bajar otro 44%, de 3 chelines a 2 chelines y 6 peniques. As&iacute; lo recogi&oacute; el diario <em>La Ilustraci&oacute;n Econ&oacute;mica</em> en 1872.
    </p><p class="article-text">
        El tratado anglo-franc&eacute;s de 1860 cambi&oacute; las condiciones econ&oacute;micas bajo las cuales nuestros vinos concurr&iacute;an a su &uacute;nico mercado. Verdad es que por aquel tratado se abarataron todas las tarifas, que de esta baratura se aprovecharon todos los vinos, que el consumo de todos ellos, incluso el jerez, aument&oacute; enormemente, y que ese aumento continu&oacute; hasta 1872; pero tambi&eacute;n es verdad que las relaciones proporcionales entre el consumo de unos y otros vinos se alteraron por las tarifas nuevas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De todos los vinos consumidos en el reino brit&aacute;nico, el jerez importaba del 40 al 41 por ciento; segu&iacute;anle de cerca el oporto, y el tinto franc&eacute;s ocupaba un lugar relativamente insignificante; hoy Jerez, Oporto y Burdeos figuran en Inglaterra a la misma altura, o sea, alrededor del 20% cada uno, pero con esta diferencia: que el burdeos viene desde hace quince a&ntilde;os en progresi&oacute;n creciente y el jerez sigue al mismo paso en progresi&oacute;n menguante, de donde se puede inferir que dentro de pocos a&ntilde;os la desproporci&oacute;n ser&aacute; mucho m&aacute;s grande.
    </p><p class="article-text">
        La conclusi&oacute;n es obvia, pero dif&iacute;cil de anticipar: no te juegues todo a un solo mercado por mucho que ganes dinero porque al final te castigar&aacute;n los nuevos intereses del pol&iacute;tico de turno. Vigila que la balanza comercial con ese pa&iacute;s est&eacute; equilibrada para que no se enfoquen en tu sector. Y la &uacute;ltima y la m&aacute;s importante, lee libros de historia porque en ellos est&aacute;n siempre las soluciones.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Cólogan Soriano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/aranceles-jerez-historia-repite_132_12229649.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Apr 2025 18:43:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los aranceles sobre el jerez: la historia se repite]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El nombre que ya no es]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/nombre-no_132_11746940.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d299f3ec-2d39-4e01-a43c-3dbfa3d33e40_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El nombre que ya no es"></p><p class="article-text">
        Hace muchos a&ntilde;os en Icod, tantos que ni siquiera era Icod de los Vinos&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1671 -solo hace 350 a&ntilde;os- moverte desde Icod hasta La Orotava requer&iacute;a de una jornada completa y era tan fatigoso que muchos casi prefer&iacute;an hacerlo en barco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El camino serpenteante, bacheado y polvoriento se tornaba calvario. Te pod&iacute;as cruzar con jinetes, carretas y unos pocos y elegantes carruajes. Aunque, sin duda, lo que m&aacute;s se ve&iacute;a entonces eran carromatos tirados por bueyes que arrastraban pesadamente no m&aacute;s de tres o cuatro pipas de vino con destino al muelle de Garachico.
    </p><p class="article-text">
        Las carretas iban tan sobrecargadas que dejaban el camino sembrado de surcos y socavones. Cada pocos a&ntilde;os el alcalde ped&iacute;a a los principales cosecheros que asumieran los arreglos.
    </p><p class="article-text">
        Muchas de aquellas pipas de roble americano se encontraban medio rotas despu&eacute;s de incontables remiendos. Los aros met&aacute;licos que las ataban mostraban su herrumbre, la cicatriz de decenas de vendimias. En fin, que no hab&iacute;a un solo carro que no dejara un reguero de vino, y raro era que llegaran medio llenas al muelle.
    </p><p class="article-text">
        Las pipas se parcheaban una y mil veces hasta lo imposible. Cuando <em>mor&iacute;an</em>, el cosechero se ve&iacute;a obligado a comprar una nueva a los comerciantes del puerto. Algo que trataba de evitar porque el pago casi nunca se hac&iacute;a en efectivo, sino a cambio de m&aacute;s vino. El trueque era lo normal porque las monedas de plata, las reales bambas y otras monedas escaseaban. Si alguien las ten&iacute;a era, sin duda, el comerciante.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Eso s&iacute;, daba gusto ver la costa de Icod abarrotada de vi&ntilde;edos de m&aacute;s de 150 a&ntilde;os! Se contaban entre los m&aacute;s antiguos de la isla. Los hab&iacute;an plantado despu&eacute;s de arrancar las ruinosas ca&ntilde;as all&aacute; por 1550 y sosten&iacute;an la vida de la comarca.
    </p><p class="article-text">
        Volviendo al carreter&iacute;n, discurr&iacute;a paralelo a la costa, a unos escasos 200 metros, y solo ah&iacute;, casi besando el mar, se pod&iacute;a contemplar alg&uacute;n que otro ca&ntilde;averal y muchas sabinas que sobreviv&iacute;an por la beneficiosa protecci&oacute;n de los vi&ntilde;edos. Espl&eacute;ndidos escoltas frente al aire marino.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el camino llegaba a la altura de Icod, se divisaba la Iglesia de San Marcos y ning&uacute;n cosechero dejaba de santiguarse.
    </p><p class="article-text">
        Icod era realmente peque&ntilde;o pero se ergu&iacute;a orgulloso encerrado entre los enormes pinos que le daban sombra. Debajo, los vi&ntilde;edos que, como un gran manto verde, se asomaban hasta el casco, quedando a los pies de la iglesia. Esos vi&ntilde;edos, ni que decir tiene, pertenec&iacute;an al cura y a los franciscanos.
    </p><p class="article-text">
        Casi todos eran de uva malvas&iacute;a, el monocultivo de la &eacute;poca, por ser este vino el preferido de los comerciantes brit&aacute;nicos afincados en Garachico.
    </p><p class="article-text">
        El tortuoso camino de Icod atravesaba los vi&ntilde;edos de Gilbert Smith, un viejo gru&ntilde;&oacute;n escoc&eacute;s que hab&iacute;a arraigado en la isla huyendo de algo en Inglaterra. Hablaba un ingl&eacute;s endemoniado y solamente con la ayuda de su mujer, natural de Icod, se hac&iacute;a entender. Lo cierto es que no era muy querido, pero todos lo consideraban un mal necesario. Cada cosechero con el que se cruzaba le miraba con desd&eacute;n porque se enriquec&iacute;a a costa del esfuerzo de muchos campesinos.
    </p><p class="article-text">
        Smith pose&iacute;a unos hermosos vi&ntilde;edos en la zona que ahora llamamos &ldquo;de Las Ca&ntilde;as&rdquo; y en su finca se levantaba una peque&ntilde;a hacienda, con lagar y una bodega, que se asomaban pr&aacute;cticamente a la playa de San Marcos.
    </p><p class="article-text">
        Conoc&iacute;a muy bien la isla baja. Experto en localizar aguas, en poco tiempo se hizo con las mejores. Pero su verdadera fortaleza se cimentaba en los contactos que manten&iacute;a en Europa, donde enviaba el vino, tanto el suyo como el que compraba a otros.
    </p><p class="article-text">
        Desde 1676 los embarcaba hacia Londres, Plymouth, Dubl&iacute;n e, incluso, hasta el lejano Boston en nav&iacute;os en escala. En aquellos a&ntilde;os, en las Trece Colonias a&uacute;n no hab&iacute;an logrado arraigar cepa alguna -la costa este americana carec&iacute;a de buenas tierras para eso- y el vino hab&iacute;a que llevarlo desde Europa. Un caldo de esa calidad, afrutado, meloso como el membrillo, era una delicatessen para los colonos.
    </p><p class="article-text">
        Su vecino Alzola tambi&eacute;n ten&iacute;a sus propios vi&ntilde;edos, pero no lograba darle salida a sus caldos a un buen precio, as&iacute; que se los terminaba vendiendo a Smith. Muchos otros peque&ntilde;os productores hicieron lo mismo y, con sus destartalados carromatos, los trasladaban a la bodega de Smith donde &eacute;l los mezclaba sin mayor criterio que su paladar. Hab&iacute;a d&iacute;as en que coincid&iacute;an en su bodega no menos de treinta o cuarenta carromatos, pero Smith siempre ten&iacute;a pipas suficientes para todos. Incluso otros cosecheros de zonas cercanas que no dispon&iacute;an de su propio lagar le llevaban los cestos de uva enramada y los operarios de Smith se ocupaban de despalillarlas y prensarlas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando terminaba la vendimia, Smith aguantaba el vino durante un tiempo hasta conocer qu&eacute; nav&iacute;os llegar&iacute;an en las semanas siguientes -nadie logr&oacute; saber nunca c&oacute;mo lo averiguaba- y lo iba sacando poco a poco para mejorar su precio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces mezclaba vinos del a&ntilde;o con alguno m&aacute;s viejo, pero nunca ten&iacute;a nada de m&aacute;s de 24 meses porque necesitaba el dinero. El pago a los peque&ntilde;os productores siempre lo hac&iacute;a de contado. Algo que si bien dinamizaba la producci&oacute;n local, provocaba quejas por el bajo precio que impon&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Si el vi&ntilde;edo entra&ntilde;aba complejidad, la distribuci&oacute;n y exportaci&oacute;n del vino era una aventura arriesgada. Smith a veces manten&iacute;a un peque&ntilde;o nav&iacute;o en San Marcos que cubr&iacute;a la traves&iacute;a hasta el puerto de La Orotava. Cuando el mar se embravec&iacute;a, y muy a su pesar, lo enviaba a la ensenada de Garachico para mayor seguridad. Una decisi&oacute;n que detestaba. El desv&iacute;o de tantas pipas encarec&iacute;a el vino.
    </p><p class="article-text">
        En Garachico, Smith hab&iacute;a alquilado una bodeguita junto a la &ldquo;Puerta de Tierra&rdquo; que le resultaba car&iacute;sima, pero necesaria para ser el primero en vender a cualquier barco. As&iacute; que en cuanto el mar se calmaba, enviaba su bergant&iacute;n al Puerto de La Orotava.
    </p><p class="article-text">
        Todo le iba bien y nada parec&iacute;a perturbar su planificada vejez hasta el 5 de mayo de 1706. Ese d&iacute;a todo se fue a pique, cuando el volc&aacute;n de Trevejos revent&oacute;. La noche anterior Smith sinti&oacute; los primeros temblores y a mediod&iacute;a, mientras hac&iacute;a gestiones en Icod, le sorprendi&oacute; una fuerte explosi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De inmediato, cogi&oacute; su caballo y al galope baj&oacute; a la finca desde donde divis&oacute; una humeante columna de tierra negra descendiendo. La antesala del derrumbe de la monta&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Los temblores aumentaron y a la tarde asomaron varios r&iacute;os de lava que se descolgaban sobre el casco de Garachico. Aquella noche todo fue tr&aacute;gico y muchos de los vecinos huyeron hacia Icod en busca de refugio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando consider&oacute; que aquello no daba m&aacute;s de s&iacute;, se acerc&oacute; a Garachico. Medio pueblo hab&iacute;a desaparecido, incluidos su bodega y una parte del muelle. Un nav&iacute;o ingl&eacute;s que estaba cargando vinos acab&oacute; en el fondo, completamente sepultado y en llamas, y de la colada a&uacute;n asomaba un m&aacute;stil. De su bodega solo quedaban en pie dos paredes. Sus 60 pipas se hab&iacute;an volatilizado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Smith no pudo volver a cargar vinos en Garachico y tuvo que repensar su forma de exportar.
    </p><p class="article-text">
        El muelle qued&oacute; inservible en la zona m&aacute;s apreciada, la de tierra adentro, donde se echaba el ancla. Y lo peor es que no hab&iacute;a terreno ni dinero para reconstruirlo. Poco a poco, se resign&oacute; y comenz&oacute; a olvidarse de ese puerto. Solamente contaba con el de San Marcos, pero &uacute;nicamente cuando el mar dejaba de rugir, para trasladar sus pipas al Puerto de La Orotava.
    </p><p class="article-text">
        Por entonces conoci&oacute; en el Puerto de La Cruz a un joven irland&eacute;s reci&eacute;n llegado a la isla llamado Bernardo Valois, que se traslad&oacute; hasta Icod para ayudarle. Y juntos acabaron alquilando una bodega.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las goletas y bergantines, que despistados a&uacute;n llegaban a Garachico, al apreciar la cat&aacute;strofe, se desviaban al Puerto de La Orotava. Para desgracia de Gilbert Smith, que contempl&oacute; frustrado c&oacute;mo su negocio se quedaba a kil&oacute;metros del nuevo y pujante puerto.
    </p><p class="article-text">
        En cada env&iacute;o que remit&iacute;a al Puerto perd&iacute;a buena parte de su margen comercial, pero no le quedaba otro remedio. Sus terrenos eran excelentes y el agua, pese al volc&aacute;n, a&uacute;n era buena, pero los nav&iacute;os brit&aacute;nicos empezaban a alejarse y sus amigos de Londres cada vez le llamaban menos.
    </p><p class="article-text">
        Mientras eso ocurr&iacute;a, su joven pupilo se convirti&oacute; en su socio y empez&oacute; a adquirir vi&ntilde;edos en La Orotava con los que obten&iacute;a grandes beneficios que &eacute;l ya no percib&iacute;a. Pero Bernardo nunca dej&oacute; a su viejo amigo Gilbert de lado. Siempre que pudo le compr&oacute; sus vinos y pas&oacute; muchos veranos junto a &eacute;l en su casa de Las Ca&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        Veinte a&ntilde;os m&aacute;s tarde, el 12 de marzo de 1721, en una ma&ntilde;ana fresca, Gilbert revisaba los recientes brotes de sus ya viejas vi&ntilde;as de malvas&iacute;a. Ese d&iacute;a se despert&oacute; cansado, pero poco a poco fue recuperando el &aacute;nimo. El reloj marcaba las doce de la ma&ntilde;ana, cuando oy&oacute; el graznido de una bandada de gaviotas y gir&oacute; su cabeza hacia el Teide.
    </p><p class="article-text">
        Bajo la mole volc&aacute;nica, se cruz&oacute; en su visi&oacute;n el campanario de la Iglesia de San Francisco y algo m&aacute;s all&aacute; divis&oacute; el majestuoso drago. Luego, intuy&oacute; el enorme pino situado en medio de su finca, que los viejos del lugar dec&iacute;an que era centenario, y bajo el que frecuentemente se sentaba a dormitar.
    </p><p class="article-text">
        En ese instante sonri&oacute; placenteramente y tras un luminoso fogonazo, su mente se ausent&oacute; y se agarr&oacute; instintivamente a la parra, como si no quisiera despedirse del todo. Gilbert Smith falleci&oacute; dejando viuda y deudas. En previsi&oacute;n, leg&oacute; sus vi&ntilde;edos y sus fincas a su mayor deudor y mejor amigo, Bernardo Valois.
    </p><p class="article-text">
        Los vi&ntilde;edos de Bernardo siguieron prosperando y enriqueci&eacute;ndolo durante toda su vida y aquel famoso pino de los altos de Icod pas&oacute; a ser conocido como &ldquo;el pino de Valois&rdquo;. A&uacute;n hoy lo disfrutamos.
    </p><p class="article-text">
        Bernardo, aunque arraigado en el Puerto de La Cruz, se mantuvo emocionalmente vinculado a sus vi&ntilde;as de Las Ca&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        Ahora ya no existen vi&ntilde;as all&iacute; sino plataneras, pero yo, de vez en cuando, imagino a Gilbert Smith paseando y sosteniendo un racimo de uvas. Gracias a &eacute;l y a muchos otros que le precedieron, Icod le debe su nombre &ldquo;de los Vinos&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Cólogan Soriano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/nombre-no_132_11746940.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Oct 2024 11:10:19 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“El inventor” del Día de la Hispanidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/inventor-dia-hispanidad_132_11728698.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Tan r&aacute;pido pasa el tiempo y con tal sucesi&oacute;n de hechos, la mayor&iacute;a irrelevantes, que las verdaderas razones de las cosas importantes quedan bajo el manto del olvido.
    </p><p class="article-text">
        Sucede lo mismo con lo que celebramos cada 12 de octubre: el D&iacute;a de la Hispanidad que, como otros tantos, casi nadie sabe qui&eacute;n lo promovi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Quien marc&oacute; esta fecha en el calendario no fue ni un rey ni un conquistador sino un pol&iacute;tico malague&ntilde;o llamado C&aacute;novas del Castillo, que entre 1891-92 fue presidente del gobierno de nuestro pa&iacute;s, cuando a Espa&ntilde;a ya no le quedaban territorios en Am&eacute;rica, salvo Cuba, y el &aacute;nimo en la clase pol&iacute;tica espa&ntilde;ola andaba alica&iacute;do por una sucesi&oacute;n de emancipaciones y d&eacute;cadas de luchas intestinas.
    </p><p class="article-text">
        Se acercaba el 400 aniversario de la llegada de Col&oacute;n y C&aacute;novas lo vio como una oportunidad para volver a vincular a Espa&ntilde;a con Am&eacute;rica y recuperar as&iacute; algo de influencia.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de sondear a la clase pol&iacute;tica, convoc&oacute; al Ministerio de Estado para que cada unos de los embajadores de Espa&ntilde;a en los pa&iacute;ses americanos propusieran a los respectivos gobiernos la idea de celebrar el evento en com&uacute;n. Algo que, como se pueden imaginar, no result&oacute; sencillo. La idea cuaj&oacute; m&aacute;s o menos bien y todos aceptaron, pero las diferentes sensibilidades precisaban de distintos niveles de esfuerzo.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Colombia, el asunto era crucial por ser el pa&iacute;s que llevaba el nombre de Col&oacute;n. En aquel momento, Espa&ntilde;a resolvi&oacute; un laudo que puso paz entre esa naci&oacute;n y su vecina, Venezuela, en un asunto de l&iacute;mites territoriales. Un laudo al que ambas se mostraron favorables. En el caso de Colombia, regal&oacute; a Espa&ntilde;a el tesoro de los Quimbayas, ahora tan de actualidad. Pero eso es otra historia.
    </p><p class="article-text">
        Para concretar la celebraci&oacute;n en un lugar, C&aacute;novas decidi&oacute; organizar en Madrid una Exposici&oacute;n Hist&oacute;rica Americana donde cada pa&iacute;s pudiera mostrar su cultura, principalmente la precolombina, para no caer en una visi&oacute;n imperialista.
    </p><p class="article-text">
        Los norteamericanos se subieron al carro con buen criterio y participaron, pero propusieron celebrar otro evento m&aacute;s sonado. Y a finales de 1893, tuvo lugar en Chicago una exposici&oacute;n universal que apellidaron &ldquo;colombina&rdquo;, en la que presentaron tecnolog&iacute;as inalcanzables para Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Con estos eventos, Espa&ntilde;a anhelaba incorporarse a los avances tecnol&oacute;gicos de EEUU y las potencias europeas, as&iacute; como volver a formar una comunidad con los pa&iacute;ses americanos que le permitiera recuperar la posici&oacute;n de anta&ntilde;o. Estoy seguro de que en el fondo era lo que persegu&iacute;a C&aacute;novas con su &ldquo;inventada Hispanidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al menos, y es mucho, este d&iacute;a nos recuerda que los hispanos seguimos siendo una comunidad pendiente de una reconciliaci&oacute;n y mucho hemos de agradecer a C&aacute;novas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                “El inventor” del Día de la Hispanidad                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Carlos Cólogan Soriano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/inventor-dia-hispanidad_132_11728698.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Oct 2024 20:03:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[“El inventor” del Día de la Hispanidad]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Victory: el sarcófago de Nelson]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/victory-sarcofago-nelson_132_11712313.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/97e5f46f-e278-4263-8749-1a62cb47c15f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1103358.jpg" width="1600" height="900" alt="El Victory: el sarcófago de Nelson"></p><p class="article-text">
        Para disfrutar de un magn&iacute;fico viaje en el tiempo, en ocasiones, basta con subirse a un tren. No son necesarios agujeros de gusano ni anacron&oacute;petes, como el de la novela de Enrique Gaspar que, para su desgracia, no goz&oacute; de la misma acogida que los lectores dispensaron a la <em>Fortunata y Jacinta</em> de Gald&oacute;s, en 1887.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El pasado puede estar doblando la esquina, bajo nuestros pies o a una hora y media en tren.
    </p><p class="article-text">
        Hace unas semanas, de viaje en Londres, cruzando Trafalgar Square, no pude evitar detenerme, como siempre, ante la columna de Horacio Nelson. Mil veces mentado y del que est&aacute; casi todo dicho... pero no casi todo visto.
    </p><p class="article-text">
        Pocos de los centenares de turistas que convierten Trafalgar Square en uno de los puntos m&aacute;s visitados de Londres conocen otro lugar, menos concurrido pero igual de imponente, que abre las puertas de la Historia de par en par.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con ganas de cambiar mi percepci&oacute;n de este marino, del que nadie me ha contado nada nuevo en a&ntilde;os, me sub&iacute; a un tren con destino al pasado que, en este caso, estaba a hora y media desde la estaci&oacute;n de Waterloo. En el sur, en Portsmouth. La ciudad portuaria que acoge la mayor base naval brit&aacute;nica y en cuyo entorno se levanta un museo mar&iacute;timo desconocido para m&iacute; hasta entonces, salvo por el hecho de que all&iacute; &ldquo;descansa&rdquo; el HMS Victory, el nav&iacute;o de Nelson en la infausta batalla de Trafalgar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Caminando por la zona portuaria, tratando de ubicarme, la atenci&oacute;n y la mirada se detuvieron durante unos minutos en un portaviones enorme, el HMS Queen Elisabeth, que estaba en parada t&eacute;cnica. El presente cara a cara con un nav&iacute;o botado en 1765.&nbsp;De inmediato, repar&eacute; en mi objetivo: el HMS Victory, en dique seco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El barco no es peque&ntilde;o. De hecho parece, m&aacute;s bien, un tanque acorazado lleno de ca&ntilde;ones dispuestos para la guerra. Al bajar al dique de carena, advert&iacute; que el exterior del casco a&uacute;n tiene la chapa de cobre que lo proteg&iacute;a de los crust&aacute;ceos y que le aportaba mayor velocidad. Un adelanto t&eacute;cnico que cogi&oacute; por sorpresa a los buques espa&ntilde;oles.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Coy de Nelson, en el Victory.                            </span>
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        Durante siglos estos barcos dominaron los mares y observ&aacute;ndolo de cerca se aprecia la gran cantidad de madera necesaria para construirlos. La Royal Navy devor&oacute; bosques enteros de los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos y del Canad&aacute; para mantener una flota cercana a los 500 nav&iacute;os.
    </p><p class="article-text">
        La entrada al Victory sorprende.... e incomoda, si eres demasiado alto. La escasa altura de las cubiertas interiores no estaba pensada para marinos -ni mucho menos, para turistas del futuro- de m&aacute;s de 1,80...&nbsp;Parec&iacute;a m&aacute;s un sumarino que un barco. Imagin&eacute; por un instante los gritos de los tripulantes hacinados dentro de aquel ata&uacute;d con velas del que muchos jam&aacute;s saldr&iacute;an.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me sent&iacute; como un gigante dentro de una carcasa dise&ntilde;ada para gente menuda. En las escaleras, no hab&iacute;a un solo pelda&ntilde;o de m&aacute;s de 10 cm., as&iacute; que me mantuve concentrado para no caer rodando.
    </p><p class="article-text">
        Tras palpar los ca&ntilde;ones -imaginando el ruido atronador que deb&iacute;an soportar los marinos cuando los disparaban-, camin&eacute; hacia la popa en busca del camarote de Nelson. Un lugar con pocos muebles. Todos anclados, para resistir a los vaivenes del oc&eacute;ano.
    </p><p class="article-text">
        Nelson, por la dimensi&oacute;n de su camastro y por lo que he le&iacute;do, deb&iacute;a ser un hombre enjuto, menudo, que ganaba &ldquo;rotundidad&rdquo; con una personalidad arrolladora y una forma de encarar las batallas in&eacute;dita en su tiempo. Sol&iacute;a entrar a cuchillo por el medio,&nbsp;dividiendo a la flota oponente para desarmar su l&iacute;nea de combate. Era una t&aacute;ctica muy revoltosa que dejaba a espa&ntilde;oles y franceses completamente descolocados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde el Victory, lider&oacute; su &uacute;ltima batalla en el cabo de Trafalgar donde fue&nbsp;abatido por un francotirador franc&eacute;s del nav&iacute;o Reudotable. La bala le entr&oacute; por su hombro izquierdo atravesando su columna vertebral en la sexta y s&eacute;ptima v&eacute;rtebras tor&aacute;cicas, y se aloj&oacute; 5 cm. por debajo de su omoplato derecho, en los m&uacute;sculos de la espalda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desangr&aacute;ndose, fue trasladado a una cubierta inferior por el sargento mayor de infanter&iacute;a de marina Robert Adair y dos marineros. Nelson muri&oacute; a las cuatro y media, tres horas despu&eacute;s de que le dispararan, sabiendo que la batalla estaba ganada.
    </p><p class="article-text">
        Cuando, al fin, puse el pie en el muelle, no pude evitar&nbsp;recorrer de nuevo con la mirada el inmenso portaviones, y pensar lo lejos que para las tripulaciones actuales quedan, por fortuna, las penurias del Victory... que dicho sea de paso, era uno de los mejor dotados de la Royal Navy.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A media tarde, dej&eacute; a Nelson y a sus hombres en paz, y me volv&iacute; a Londres pensando que no hay mejor libro que tocar la historia por uno mismo. Y por supuesto, transmitirla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Cólogan Soriano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/victory-sarcofago-nelson_132_11712313.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Oct 2024 10:36:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Victory: el sarcófago de Nelson]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Canary Wharf: el muelle de los canarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/canary-wharf-canarios_132_11687101.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5fb24bfd-383c-4af1-9014-11e47573ff24_16-9-discover-aspect-ratio_default_1102743.jpg" width="1600" height="900" alt="Canary Wharf: el muelle de los canarios"></p><p class="article-text">
        Navegando hacia la desembocadura del T&aacute;mesis, algo que muchos desconocen y que les recomiendo, se dibuja un horizonte de modernos y espectaculares rascacielos que se conoce con el nombre de Canary Wharf.
    </p><p class="article-text">
        Me consta que muchos espa&ntilde;oles que visitan la ciudad saben que tiene algo que ver con nuestras islas y err&oacute;neamente lo vinculan con los vinos, pero no es as&iacute;. Esta es su breve historia.
    </p><p class="article-text">
        La zona que ocupa el Canary Wharf inicia su desarrollo en 1802 en un tiempo en el que el r&iacute;o T&aacute;mesis era excesivamente ancho y lento en su caudal, adem&aacute;s de sinuoso. Eso era algo que no ayudaba nada a los nav&iacute;os que por cientos deb&iacute;an atracar en sus riberas, entorpeci&eacute;ndose unos a otros tratando de dejar sus mercanc&iacute;as lo m&aacute;s cerca del centro de la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Para ordenar el tr&aacute;fico y los atraques se empez&oacute; a vaciar una zona pr&oacute;xima al r&iacute;o conocida como la Isla de los Perros (realmente es una pen&iacute;nsula), creando en esta unos lagos que llenaba el r&iacute;o, dotados de muelles artificiales longil&iacute;neos (West Indian Docks). Estos ya s&iacute; que pod&iacute;an recibir a los grandes nav&iacute;os de las compa&ntilde;&iacute;as que operaban con las Indias Occidentales, es decir, la Am&eacute;rica inglesa o Norteam&eacute;rica, al tiempo que se liberaba al r&iacute;o del colapso.
    </p><p class="article-text">
        Durante el siglo XIX aquellos muelles operaron perfectamente y tanto con los nav&iacute;os a vela como con los vapores a partir de la d&eacute;cada de 1830 resolvieron el problema del abastecimiento de la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Dejando atr&aacute;s esa &eacute;poca y durante las primeras d&eacute;cadas del siglo XX estos muelles se fueron reformando y adapt&aacute;ndose a los nuevos tiempos. Los vapores dejaron paso a los nav&iacute;os di&eacute;sel y a una nueva era del transporte. En 1937 la Autoridad Portuaria de Londres (PLA) acometi&oacute; obras por valor de 12 millones de libras para mejorar los muelles con nuevas gr&uacute;as y edificios modernos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Anuncio de transporte de mercancías desde Canarias a Londres.                            </span>
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        Por entonces, la empresa canaria Fred. Olsen &amp; Co. llevaba barcos con fruta a la ciudad y se implic&oacute; junto con las principales asociaciones de productores agr&iacute;colas de Canarias para tratar de disponer de un gran inmueble, destinado en exclusiva a almacenar pl&aacute;tanos y tomates de Canarias y, en menor medida, del Mediterr&aacute;neo. Ese edificio, operando conjuntamente con modernas gr&uacute;as de descarga, acelerar&iacute;an los tiempos de descarga y abaratar&iacute;an los costes portuarios.
    </p><p class="article-text">
        El edificio previsto ten&iacute;a 128 metros de largo y 36,5 de ancho y dos plantas con un cerramiento de ladrillo rojo cuyo costo ascendi&oacute; a 100.000 libras (5 millones de pesetas de la &eacute;poca). La planta baja estaba destinada para el tr&aacute;nsito, como lo vemos en cualquier empaquetado, y el piso superior, para el almacenamiento. Frente a este el atraque estaba especialmente dise&ntilde;ado para ser tan largo como un buque de 10.000 toneladas.
    </p><p class="article-text">
        Fue tal el &eacute;xito de la inversi&oacute;n y el trasiego de barcos desde Canarias que muy pronto todo aquello empez&oacute; a conocerse como &ldquo;el Muelle de los Canarios&rdquo;: el Canary Wharf.
    </p><p class="article-text">
        Durante la II Guerra Mundial esa zona fue castigada con intensos bombardeos y gran parte de ellos quedaron inservibles, adem&aacute;s de obsoletos, frente al sistema actual de contenedores.
    </p><p class="article-text">
        El r&iacute;o londinense poco a poco dejaba de ser un puerto comercial. El tr&aacute;fico de contenedores ya no hac&iacute;a necesario llegar hasta el centro de la ciudad, motivando que la ciudad perdiera su consideraci&oacute;n de puerto.
    </p><p class="article-text">
        Tras una larga de decadencia en la d&eacute;cada de los ochenta, Margaret Thacher relanz&oacute; la zona para el desarrollo del sector financiero en una ubicaci&oacute;n alternativa a la City londinense. Ahora, ya supera a la City en rascacielos e inversi&oacute;n y es uno de los grandes polos de inversi&oacute;n de la ciudad que emplean las principales empresas financieras para sus negocios a escala mundial.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Cólogan Soriano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/canary-wharf-canarios_132_11687101.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Sep 2024 09:00:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Canary Wharf: el muelle de los canarios]]></media:title>
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