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    <title><![CDATA[elDiario.es - Darío García Rodríguez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/dario-garcia-rodriguez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Darío García Rodríguez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las manos que empujaban el carrito]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/manos-empujaban-carrito_129_13050481.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1cfe8220-7e09-4373-a517-20625448493d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las manos que empujaban el carrito"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">8M - Cuando somos pequeños creemos que el mundo simplemente funciona. Que siempre hay alguien cerca si nos caemos, que siempre hay una mesa preparada, que siempre hay unas manos dispuestas a sostenernos. Con el paso del tiempo entendemos que nada de eso era automático</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Las manos que empujaban el carrito.                            </span>
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        Cada 8 de marzo se publican datos, reivindicaciones y discursos necesarios sobre la igualdad. Y es importante que sea as&iacute;. Pero hay algo que muchas veces queda fuera del foco p&uacute;blico: el cuidado.
    </p><p class="article-text">
        El cuidado cotidiano. El que ocurre lejos de los titulares. El que sostiene la vida sin hacer ruido.
    </p><p class="article-text">
        Pienso en mi madre empujando un carrito.
    </p><p class="article-text">
        Una escena sencilla que podr&iacute;a haber ocurrido en cualquier calle de esta isla. Una imagen que muchos recordamos de nuestra infancia y que, sin embargo, rara vez aparece cuando hablamos de c&oacute;mo se construye una sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Cuando somos peque&ntilde;os creemos que el mundo simplemente funciona. Que siempre hay alguien cerca si nos caemos, que siempre hay una mesa preparada, que siempre hay unas manos dispuestas a sostenernos. Con el paso del tiempo entendemos que nada de eso era autom&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a alguien detr&aacute;s de todo eso.
    </p><p class="article-text">
        En mi caso, mi madre.
    </p><p class="article-text">
        Como tantas otras mujeres que durante generaciones han sostenido la vida desde lugares silenciosos. Mujeres que han acompa&ntilde;ado, protegido, alimentado y cuidado sin que ese trabajo aparezca en estad&iacute;sticas econ&oacute;micas ni en grandes relatos hist&oacute;ricos.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, sin ese cuidado cotidiano no existir&iacute;a nada de lo que hoy damos por hecho.
    </p><p class="article-text">
        No habr&iacute;a personas que llegaran a la escuela, ni j&oacute;venes que pudieran construir su futuro, ni comunidades capaces de seguir adelante cuando la vida se vuelve dif&iacute;cil. El cuidado ha sido &mdash;y sigue siendo&mdash; una de las fuerzas m&aacute;s invisibles y m&aacute;s poderosas que sostienen el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Por eso el 8 de marzo tambi&eacute;n puede ser una oportunidad para mirar hacia atr&aacute;s y reconocer algo sencillo: muchas de nuestras vidas comenzaron gracias a alguien que estaba ah&iacute;, empujando un carrito.
    </p><p class="article-text">
        Alguien que no buscaba reconocimiento.
    </p><p class="article-text">
         Alguien que simplemente cuidaba.
    </p><p class="article-text">
        Hoy pienso en mi madre. Y al hacerlo pienso tambi&eacute;n en tantas otras mujeres que han sostenido generaciones enteras con gestos que parec&iacute;an peque&ntilde;os, pero que en realidad lo eran todo.
    </p><p class="article-text">
        Porque, al final, hay una verdad sencilla que merece ser dicha en voz alta: <strong>el mundo tambi&eacute;n se ha construido con manos que empujaban carritos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute;s lo importante no sea recordarlo solo hoy.
    </p><p class="article-text">
         Quiz&aacute;s lo verdaderamente justo sea no olvidarlo <strong>ning&uacute;n d&iacute;a del a&ntilde;o</strong>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Darío García Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/manos-empujaban-carrito_129_13050481.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Mar 2026 12:02:00 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Narcisismo pop y economía del trauma: Cómo el dolor se convirtió en contenido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/narcisismo-pop-economia-trauma-dolor-convirtio-contenido_129_13024498.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/74768c7b-9d1d-4c32-b85f-1e12e908782c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Narcisismo pop y economía del trauma: Cómo el dolor se convirtió en contenido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">PSICOLOGÍA - Lo que está en juego no es la existencia del abuso, sino la costumbre cultural de llamar narcisismo a casi cualquier historia que dolió. En el ecosistema digital, el trauma no solo se vive: se explica, se comparte y se monetiza</p></div><p class="article-text">
        <strong>Advertencia para lectores sensibles: </strong>Esto no es exactamente lo que suelo escribir. Hoy no traigo met&aacute;foras de islas ni psicolog&iacute;a planchada. A veces el enfado edita mejor que la calma, y hoy me sali&oacute; escribir desde ah&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Si en la palabra &ldquo;<strong>narcisista</strong>&rdquo; encontraste alivio, explicaci&oacute;n o refugio, quiz&aacute; este texto te incomode. No pretende invalidar nada, solo girar la c&aacute;mara a otro &aacute;ngulo, que suele doler m&aacute;s que tener raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lo molesto casi nunca es perder la versi&oacute;n del relato, sino recuperar la historia que hab&iacute;a debajo. Y como casi todo lo que incomoda, empez&oacute; con una escena bastante simple: c&oacute;mo contamos hoy lo que nos pas&oacute; cuando alguien dej&oacute; de querer.
    </p><p class="article-text">
        Conviene dejar algo claro: <strong>la violencia existe, el abuso existe, la manipulaci&oacute;n existe</strong>. No es eso lo que est&aacute; en juego aqu&iacute;. Lo que est&aacute; en juego es la costumbre cultural de llamar narcisismo a cualquier historia que doli&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Si los griegos vieran c&oacute;mo usamos hoy la palabra &ldquo;narcisista&rdquo;, pedir&iacute;an que les devolvieran la tragedia. Ellos trabajaron con dioses, culpa y coro; nosotros hacemos diagn&oacute;stico pop en v&iacute;deos verticales con aro de luz. No hace falta ser psic&oacute;logo para ver la jugada: una ruptura ya no es ruptura, es caso cl&iacute;nico improvisado; un desencuentro es &ldquo;abuso emocional&rdquo;; una incompatibilidad es &ldquo;red flag&rdquo;. Lo humano convertido en taxonom&iacute;a, lo complejo reducido a etiqueta.
    </p><p class="article-text">
        Y encima encaja: villano localizado, autoestima intacta y relato ordenado sin que el narrador tenga que mirarse demasiado. Mejor imposible para el ego.
    </p><p class="article-text">
        El <strong>narcisista pop</strong> es mucho m&aacute;s &uacute;til para quien narra que para quien sufri&oacute;: sirve de trampol&iacute;n identitario, no de reparaci&oacute;n. Sostiene la escena sin tocar la herida. Evita el duelo, que es el deporte emocional que m&aacute;s pereza da practicar.
    </p><p class="article-text">
        Los divulgadores del aro de luz funcionan como coro contempor&aacute;neo. Ense&ntilde;an patrones en 30 segundos, dicen &ldquo;esto s&iacute; es abuso&rdquo;, se&ntilde;alan &ldquo;red flags&rdquo; y cierran la escena con moraleja. Nadie menciona la noche en la que se scrolle&oacute; el chat como si fuese un or&aacute;culo, ni el miedo a estar solo, ni la fantas&iacute;a de ser elegido, ni la ternura torpe que llega tarde. Eso no abre cursos ni vende entradas. El trauma vende; la ambivalencia no. Puro clickbait. 
    </p><p class="article-text">
        Los griegos ten&iacute;an otra cosa: <strong>m&aacute;scara</strong>. Advert&iacute;an que aquello era teatro. La audiencia contempor&aacute;nea lo hace a cara descubierta y despu&eacute;s se sorprende de que duela como identidad. Cuando el v&iacute;nculo se incendia, se buscan villanos con diagn&oacute;stico y h&eacute;roes con autoestima renovada. Y as&iacute; no hay tragedia; hay reparto.
    </p><p class="article-text">
        La psicolog&iacute;a pop vio el hueco y lo aprovech&oacute; con elegancia: no vendi&oacute; consuelo, vendi&oacute; explicaci&oacute;n. No devolvi&oacute; la historia, dio una etiqueta. Lo que parec&iacute;a liberar captur&oacute;. Antes se depend&iacute;a del amor del otro; ahora del sentido que vende quien explica lo que pas&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; aparece el nuevo actor del da&ntilde;o: el psicoinfluencer. No es psic&oacute;logo, pero habla como si lo fuera. No acompa&ntilde;a procesos, acompa&ntilde;a m&eacute;tricas. No trabaja con duelo, trabaja con contenido. Y lo m&aacute;s ir&oacute;nico: no tiene pacientes, tiene audiencia. Y eso, en 2026, da m&aacute;s autoridad que cualquier m&aacute;ster.
    </p><p class="article-text">
        El giro no est&aacute; en la falta de titulaci&oacute;n. El&nbsp;plot twist est&aacute; en la <strong>econom&iacute;a del trauma</strong>, que es uno de los mercados m&aacute;s pr&oacute;speros de la era del scroll. Antes el sufrimiento se compart&iacute;a con dos amigos y una botella de vino; ahora se distribuye en formato vertical. El dolor ya no se procesa: se monetiza. Y no es que est&eacute; mal, es que funciona. Si se habla de &ldquo;sanaci&oacute;n&rdquo; todo se cae; si se habla de &ldquo;engagement&rdquo; todo cuadra.
    </p><p class="article-text">
        El psicoinfluencer explica heridas con tono compasivo, y la audiencia lo agradece con tres monedas muy valiosas para el ecosistema: tiempo, atenci&oacute;n y datos. Antes se depend&iacute;a del amor del otro; ahora del algoritmo que recomienda qui&eacute;n rompi&oacute; y c&oacute;mo deber&iacute;a uno sentirse al respecto. El amor dol&iacute;a m&aacute;s, pero era gratis.
    </p><p class="article-text">
        De repente hay entrevistas sobre trauma hechas por gente que jam&aacute;s sostuvo uno, an&aacute;lisis de abuso hechos por quien nunca vio el coste emocional despu&eacute;s, y conversaciones sobre v&iacute;nculos hechas por quien jam&aacute;s sobrevivi&oacute; a un silencio inc&oacute;modo de pareja. Todo muy profundo, todo muy t&eacute;cnico, todo muy c&oacute;modo. El dolor empaquetado en formato consumo da menos miedo que el dolor real. Es wellness con aro ring light.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; el detalle inc&oacute;modo: este mercado captura sobre todo a las poblaciones emocionalmente alfabetizadas. No por ingenuidad, sino porque aprendieron antes que otras a revisarse, a analizarse, a &ldquo;sanarse&rdquo; y a hacerse cargo. La gente que ya estaba en proceso se convirti&oacute; en target premium del mercado del autocuidado. El capitalismo nunca pierde.
    </p><p class="article-text">
        El narcisista cl&aacute;sico solo necesitaba un espejo.
    </p><p class="article-text">
         El narcisista moderno solo necesita audiencia.
    </p><p class="article-text">
         Y la gente estaba ah&iacute;, desplazada al rol de p&uacute;blico, mientras otro narraba su vida en vertical.
    </p><p class="article-text">
        Si la violencia importa porque da&ntilde;a el cuerpo, y el abuso importa porque captura el deseo, quiz&aacute; tambi&eacute;n importe lo que captura la pantalla. Porque al psicoinfluencer no se le oye gritar ni humillar; ofrece identidad, diagn&oacute;stico y alivio narrativo a cambio de algo muy concreto: permanencia.
    </p><p class="article-text">
        De la violencia algunas personas salen.
    </p><p class="article-text">
         Del abuso algunas personas salen.
    </p><p class="article-text">
         Pero del relato que otro narra sobre uno &mdash;sobre todo si viene filtrado, subtitulado, validado y bien iluminado&mdash; no sale casi nadie sin arrancarle antes la m&aacute;scara.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Narciso se ahog&oacute; en el agua.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong> Nosotros en el feed.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Darío García Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/narcisismo-pop-economia-trauma-dolor-convirtio-contenido_129_13024498.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Feb 2026 17:40:29 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manual breve para fracasar dignamente en este 2026]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/manual-breve-fracasar-dignamente-2026_129_12894863.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8262fa8a-97c2-418b-ad46-5d630c1cec54_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manual breve para fracasar dignamente en este 2026"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">PSICOLOGÍA - La mayoría de los propósitos fracasan antes de febrero. No porque falte voluntad, sino porque la vida interrumpe nuestros planes. Aun así los hacemos, fallamos y lo intentamos de nuevo. En ese gesto mínimo hay una forma silenciosa de dignidad</p></div><p class="article-text">
        Si pudiera darles s&oacute;lo un consejo para este a&ntilde;o que empieza no ser&iacute;a disciplina, ni &eacute;xito, ni dinero: ser&iacute;a que se hagan un prop&oacute;sito propio. No uno perfecto ni heroico ni &uacute;til ni exhibible; uno que s&oacute;lo tenga sentido para ustedes. Yo no s&eacute; muy bien qu&eacute; har&eacute; con los m&iacute;os &mdash;cada a&ntilde;o cambio alguno, abandono otros y alguno que parec&iacute;a absurdo termina convirti&eacute;ndose en direcci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; viene lo inc&oacute;modo: no creo demasiado en los consejos. No hay evidencia convincente de que cambien a nadie. Tampoco hay evidencia de que los prop&oacute;sitos funcionen; lo m&aacute;s consistente que sabemos es que la mayor&iacute;a fracasa antes de que los turrones se derritan. No porque falte voluntad; si desear fuera suficiente, ya estar&iacute;amos todos calmados, con la vida ordenada y contestando mensajes a tiempo. Yo tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La vida, en cambio, interrumpe nuestros planes. Y suele hacerlo en d&iacute;as que ya ven&iacute;an complicados. Lo he visto muchas veces en los dem&aacute;s y demasiadas en m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        En teor&iacute;a, aqu&iacute; deber&iacute;a terminar el texto. Ser&iacute;a un cierre honesto: los planes fracasan, la culpa molesta y enero nos deja sinti&eacute;ndonos insuficientes. Pero no ser&iacute;a completo. Falta algo que no cabe s&oacute;lo en el cinismo.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, hay algo que desarma esa mirada. A pesar de todo, la gente sigue intent&aacute;ndolo. Se hacen planes, fallan, se reajustan, se abandonan, reaparecen y vuelven a empezar con otro nombre. Yo tambi&eacute;n. Ese gesto nada &eacute;pico &mdash;tan poco rentable, tan poco heroico y tan mal iluminado&mdash; es, curiosamente, esperanzador. No porque garantice &eacute;xito, sino porque sostiene una forma silenciosa de dignidad.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que no voy a dar consejos. Voy a hacer algo m&aacute;s modesto: recordar cosas que solemos olvidar. Cosas que yo tambi&eacute;n olvido.
    </p><p class="article-text">
        Como <strong>empezar cansados</strong>. La energ&iacute;a rara vez llega antes; normalmente llega despu&eacute;s, si es que llega.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Compararse menos</strong>. Las vidas que observamos desde fuera nunca ense&ntilde;an sus fregaderos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Descansar antes de romperse</strong>. El cuerpo avisa mucho antes que la cabeza, pero solemos escucharlo tarde, cuando ya hay ojeras, platos sin fregar y una pila de mensajes por responder.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuidarse sin pedir permiso</strong>. Que no es hacerse un spa, sino pedir una cita m&eacute;dica, comprar fruta o decir &ldquo;no me da la vida para esto&rdquo; sin preparar un discurso justificatorio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Celebrar lo peque&ntilde;o</strong>. La ducha que por fin toc&oacute;. La cama tendida. La lavadora puesta. El mensaje enviado despu&eacute;s de tres d&iacute;as de postergarlo. La comida caliente que no fue a toda prisa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dejar espacio a la alegr&iacute;a tonta</strong>. La que aparece cocinando algo sencillo, escuchando una canci&oacute;n absurda o bailando dos segundos mientras se dobla la ropa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pedir ayuda incluso cuando no sea grave</strong>. A veces la gravedad no se mide en eventos, sino en soledades: acompa&ntilde;ar al m&eacute;dico, hacer un recado juntos, hablar cinco minutos desde la puerta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tener paciencia con lo que tarda</strong>. Los cambios importantes se mueven como la administraci&oacute;n p&uacute;blica: lentos, burocr&aacute;ticos y sin notificaciones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Soltar un cent&iacute;metro del pasado</strong>. No porque ya no duela, sino porque cargar eternamente tambi&eacute;n estropea la espalda.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Permitir que los prop&oacute;sitos cambien</strong>. La verdadera direcci&oacute;n a veces s&oacute;lo aparece cuando abandonamos la primera idea.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Elegir una persona con quien se pueda estar en silencio</strong> sin sentirse evaluados. Eso sostiene m&aacute;s que muchas herramientas que prometen productividad.
    </p><p class="article-text">
        Los prop&oacute;sitos pueden fallar &mdash;y es bastante probable que lo hagan&mdash;, pero rara vez es el fracaso lo que m&aacute;s duele. Lo que duele es c&oacute;mo nos hablamos despu&eacute;s: esa voz que exige, compara y sentencia en los ratos en los que nadie nos est&aacute; mirando. Yo la conozco bien. Muchos de ustedes tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        2026 no ser&aacute; perfecto. Ning&uacute;n a&ntilde;o lo es. Hay d&iacute;as que salen como uno quiere y otros que se descarrilan sin previo aviso, a mitad de una ma&ntilde;ana cualquiera. Muchas cosas importantes ocurrir&aacute;n en lugares sin prestigio: en una guagua atascada, en una cita m&eacute;dica rutinaria, en un pasillo del trabajo, en una llamada breve o en un banco mientras esperamos a alguien que llega tarde. Casi nunca en los lugares donde se supone que ocurren las cosas importantes.
    </p><p class="article-text">
        No todo es mejorar. A veces no abandonarse ya es un avance discreto. A veces quedarse es la manera m&aacute;s decente de seguir.
    </p><p class="article-text">
        Pero volvamos a ustedes, porque as&iacute; empez&oacute; todo: con un prop&oacute;sito propio. Es muy probable que no salga. Es muy probable que se deshaga antes de febrero. Es muy probable que se convierta en un recordatorio silencioso de que quer&iacute;amos ser mejores y no nos dio el tiempo, la energ&iacute;a o las ganas. Eso pasa todos los a&ntilde;os. A casi todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Lo ir&oacute;nico es que, aunque falle, sigue teniendo valor. No mejora nada, no cambia el mundo, no nos vuelve m&aacute;s productivos ni m&aacute;s interesantes, pero da rumbo. Y el rumbo &mdash;aunque sea m&iacute;nimo, aunque no llegue a ning&uacute;n sitio, aunque nadie lo vea&mdash; suele ser mejor que quedarse quieto mirando el calendario como si fuera un enemigo.
    </p><p class="article-text">
        Al final del a&ntilde;o nadie va a pasar lista de lo que hicieron o dejaron de hacer. La vida no examina as&iacute;. Lo &uacute;nico que suele importar es si nos acompa&ntilde;amos un poco mientras fracasamos. Con eso basta para que el a&ntilde;o no sea insoportable. Y aunque falle, aunque quede a medias, aunque dure poco, un prop&oacute;sito propio sigue diciendo algo decente de nosotros: que todav&iacute;a intentamos algo que no nos pidi&oacute; nadie.
    </p><p class="article-text">
        <strong>PS:</strong> Las estad&iacute;sticas est&aacute;n en contra. La dignidad, no tanto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Darío García Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/manual-breve-fracasar-dignamente-2026_129_12894863.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Jan 2026 07:50:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Manual breve para fracasar dignamente en este 2026]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Más verdades incómodas, incluso bajo las luces de Navidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/verdades-incomodas-luces-navidad_129_12844632.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1ee343bb-34d5-43ea-9270-8d179392d746_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más verdades incómodas, incluso bajo las luces de Navidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">PSICOLOGÍA - Compramos como si el vacío se llenara por acumulación. Gastamos como si el brillo sustituyera al cuidado. Invertimos en lo que se enciende, se mueve o se graba, mientras lo que no hace ruido -una llamada, una presencia, sentarse al lado- queda fuera del foco</p></div><p class="article-text">
        En La Palma la Navidad se vive a lo grande.
    </p><p class="article-text">
        Luces a todo meter, competici&oacute;n no declarada por ver qui&eacute;n ilumina m&aacute;s, drones sobre la ciudad dibujando figuras en el cielo y la sensaci&oacute;n general de que, si no est&aacute;s feliz, algo est&aacute;s haciendo mal. Todo muy iluminado. Todo muy caro. Todo pensado para verse. Todo, a veces, bastante lejos de quienes m&aacute;s lo necesitan.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, en alg&uacute;n sal&oacute;n, alguien se come las uvas solo viendo a Elo&iacute;sa. Doce uvas, una tele encendida y ese pensamiento inc&oacute;modo que aparece sin pedir permiso: <em>no pens&eacute; que acabar&iacute;a as&iacute;</em>. No es tragedia. Es contexto.
    </p><p class="article-text">
        Otros optan por la alternativa socialmente aceptable: quedar con familiares que no te caen bien. No por amor, sino por p&aacute;nico al silencio. Risas impostadas, brindis tensos, conversaciones recicladas de otros a&ntilde;os. Aguantar un poco para no quedarse solo. Log&iacute;stica emocional b&aacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        La Navidad suele ofrecer dos opciones poco honestas: soledad visible o compa&ntilde;&iacute;a inc&oacute;moda.
    </p><p class="article-text">
        Y ninguna de las dos sale en los v&iacute;deos: ni en ciertos anuncios emotivos donde la Navidad se repite para sostener la memoria fr&aacute;gil de una madre; ni en los cl&aacute;sicos de la loter&iacute;a; ni en los del turr&oacute;n, donde siempre hay alguien que llega justo a tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Compramos como si el vac&iacute;o se llenara por acumulaci&oacute;n. Gastamos como si el brillo sustituyera al cuidado. Invertimos en lo que se enciende, se mueve o se graba, mientras lo que no hace ruido &mdash;una llamada, una presencia, sentarse al lado&mdash; queda fuera del foco. Confundimos luz con calor humano &mdash;error de diagn&oacute;stico bastante com&uacute;n&mdash; y luego nos sorprende que la soledad siga ah&iacute;, intacta, inmune al derroche.
    </p><p class="article-text">
        Y todo esto ocurre aqu&iacute;, en una isla con uno de los mejores cielos del mundo, donde las estrellas llevan siglos alumbrando en silencio, igual que la soledad. Quiz&aacute; tanta luz no sea para ver mejor, sino para no mirar arriba&hellip; ni hacia dentro.
    </p><p class="article-text">
        No falta esp&iacute;ritu navide&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        No falta gratitud.
    </p><p class="article-text">
        No falta esfuerzo.
    </p><p class="article-text">
        Faltan personas concretas, en momentos concretos. Por migraciones, por duelos, por mudanzas forzadas, por v&iacute;nculos que no resistieron el tiempo. Y eso no se arregla con campa&ntilde;as, ni con risas forzadas, ni con una isla iluminada como si la electricidad pudiera abrazar.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, si esta Navidad te toca elegir entre comer las uvas solo o re&iacute;rte donde no te sientes en casa, no te juzgues. No es un fallo personal. Es un sistema que sabe lucirse, pero no siempre sabe acompa&ntilde;ar.
    </p><p class="article-text">
        Las luces se apagar&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los drones aterrizar&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las risas impostadas se quedar&aacute;n sin pilas.
    </p><p class="article-text">
        Y la soledad &mdash;si nadie la mira de frente&mdash; seguir&aacute; ah&iacute;, esperando menos brillo y un poco m&aacute;s de verdad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Darío García Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/verdades-incomodas-luces-navidad_129_12844632.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Dec 2025 15:13:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Más verdades incómodas, incluso bajo las luces de Navidad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Parejas que se pierden en el silencio: comunicación afectiva en tiempos de estrés]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/parejas-pierden-silencio-comunicacion-afectiva-tiempos-estres_129_12801879.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7e8d956a-b3e6-466c-bb9f-14d3568e68d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Parejas que se pierden en el silencio: comunicación afectiva en tiempos de estrés"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">PSICOLOGÍA - A veces las parejas no se rompen: solo se cansan. Se pierden entre responsabilidades, silencios largos y días que pesan más de la cuenta. Este texto habla de cómo volver a encontrarse cuando el silencio empieza a ocupar demasiado espacio, cómo abrir una conversación que cuide, que escuche y que devuelva presencia incluso cuando el estrés ha ido apagando el vínculo. Porque casi siempre, antes de la ruptura, lo que falta es un reencuentro

</p></div><p class="article-text">
        Hay parejas que no se rompen de golpe: se van apagando en un silencio lento, casi imperceptible, como quien baja el volumen sin darse cuenta. No hace falta una discusi&oacute;n enorme para que una relaci&oacute;n se desajuste. A veces basta <strong>acumular cansancio</strong>, <strong>preocupaciones</strong>, <strong>crisis encadenadas</strong>, y ese desgaste emocional que se instala cuando la vida empuja m&aacute;s fuerte de lo que la pareja puede sostener.
    </p><p class="article-text">
        En La Palma lo vemos con claridad. Entre el <strong>volc&aacute;n</strong>, la <strong>inquietud econ&oacute;mica</strong>, las <strong>cargas de cuidado</strong>, los horarios imposibles o la sensaci&oacute;n de &ldquo;ir tirando&rdquo; sin descanso, muchas parejas han pasado a&ntilde;os funcionando en <strong>modo supervivencia</strong>. Y cuando una relaci&oacute;n entra en ese modo, la comunicaci&oacute;n se convierte en una especie de eco: se habla, pero no se siente al otro. Se convive, pero no se comparte. Se est&aacute;, pero no se est&aacute; <em>con</em>.
    </p><p class="article-text">
        El silencio emocional no es dejar de hablar; es dejar de <strong>decirse</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Lo que se pierde en esas etapas es la disponibilidad afectiva: ese gesto sencillo de mirar al otro con curiosidad, de preguntar sin reproche, de escuchar sin preparar una defensa. En su lugar aparecen respuestas cortas, conversaciones que se quedan en lo log&iacute;stico, discusiones que empiezan donde termin&oacute; la del d&iacute;a anterior o un &ldquo;ya da igual&rdquo; que es m&aacute;s un cansancio del alma que una renuncia real.
    </p><p class="article-text">
        La buena noticia es que el silencio tiene traducci&oacute;n. Y la comunicaci&oacute;n afectiva no requiere discursos complicados, sino <strong>formas distintas de estar presentes</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los cambios m&aacute;s potentes ocurre cuando la pareja deja de preguntarse &ldquo;&iquest;qu&eacute; me quiere decir?&rdquo; y comienza a preguntarse &ldquo;&iquest;qu&eacute; le est&aacute; pasando?&rdquo;. Parece una diferencia m&iacute;nima, pero transforma por completo el tono. Permite que el mal humor deje de interpretarse como ataque, que el silencio deje de vivirse como indiferencia, que la distancia no se convierta en juicio. Cuando entendemos el estado interno del otro, la comunicaci&oacute;n baja de revoluciones.
    </p><p class="article-text">
        Existen peque&ntilde;as frases que funcionan como llaves en estas situaciones. Un <strong>&ldquo;no te entiendo a&uacute;n, pero quiero hacerlo&rdquo;</strong>, un <strong>&ldquo;hablemos desde la calma, no desde el miedo&rdquo;</strong>, un <strong>&ldquo;esto no es t&uacute; contra m&iacute;, somos nosotros contra el problema&rdquo;</strong>. Son expresiones simples, pero abren un espacio donde ninguno tiene que defenderse y ambos pueden explicarse.
    </p><p class="article-text">
        La terapia narrativa tambi&eacute;n aporta una mirada &uacute;til: separar el problema de la persona. No es &ldquo;t&uacute; eres distante&rdquo;, sino &ldquo;la distancia est&aacute; entrando entre nosotros&rdquo;. No es &ldquo;ya no hablas&rdquo;, sino &ldquo;el silencio se nos ha colado en la relaci&oacute;n&rdquo;. Nombrar as&iacute; las dificultades permite que la pareja se coloque <strong>junta</strong>, mirando hacia el obst&aacute;culo, no uno frente al otro.
    </p><p class="article-text">
        A veces, lo que m&aacute;s ayuda no es hablar mucho, sino hablar <strong>mejor</strong>. Hacer una pausa antes de responder. Preguntar &ldquo;&iquest;quieres que te escuche o que pensemos soluciones?&rdquo;. Avisar cuando uno est&aacute; saturado para no discutir desde la tensi&oacute;n. Acordar momentos breves sin pantallas. Escuchar sin interpretar. Son gestos peque&ntilde;os, casi dom&eacute;sticos, pero sostienen lo esencial: la sensaci&oacute;n de que la otra persona <strong>sigue ah&iacute;</strong>, accesible emocionalmente.
    </p><p class="article-text">
        Porque lo contrario del silencio no es el ruido. Es la <strong>presencia</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Las relaciones no necesitan perfecci&oacute;n; necesitan <strong>reencuentros</strong>. Incluso en tiempos dif&iacute;ciles, incluso cuando se ha acumulado m&aacute;s cansancio que palabras, siempre hay una manera de volver: a trav&eacute;s de una conversaci&oacute;n sincera, una disculpa bien hecha, un &ldquo;esto me doli&oacute;&rdquo; dicho sin arma, o un abrazo que no busca resultado, solo contacto humano.
    </p><p class="article-text">
        Si algo hemos aprendido en esta isla marcada por crisis, p&eacute;rdidas y reconstrucciones, es que volver a empezar es posible. Las parejas tambi&eacute;n pueden hacerlo. Pero no empieza gritando m&aacute;s fuerte ni hablando m&aacute;s r&aacute;pido: empieza <strong>escuchando de nuevo</strong>, con la intenci&oacute;n abierta y la voz un poco m&aacute;s suave.
    </p><p class="article-text">
        Porque, al final, casi todas las historias de pareja que se pierden en el silencio desean lo mismo: <strong>volver a sentirse encontradas</strong>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Darío García Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/parejas-pierden-silencio-comunicacion-afectiva-tiempos-estres_129_12801879.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Nov 2025 12:44:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Parejas que se pierden en el silencio: comunicación afectiva en tiempos de estrés]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Muéstrate o desaparece: la nueva ley del algoritmo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/muestrate-desaparece-nueva-ley-algoritmo_129_12704180.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4fbecd49-6771-4a15-b515-a488376435f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Muéstrate o desaparece: la nueva ley del algoritmo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Sobre el precio de callar en una era donde todo debe contarse/
Vivimos rodeados de ruido, de opiniones que no pedimos y de algoritmos que no descansan. En este escenario, parar parece una provocación y el silencio, una rareza. ¿Cuándo fue que descansar empezó a necesitar explicaciones?
</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as, una artista canaria decidi&oacute; parar.
    </p><p class="article-text">
         No hacer nada heroico, solo parar.
    </p><p class="article-text">
         Y claro, el mundo se volvi&oacute; loco.
    </p><p class="article-text">
         Porque parece que, si alguien con un poco de visibilidad se detiene, el universo entero necesita una rueda de prensa para saber por qu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        En cuesti&oacute;n de horas, las redes ardieron, los titulares crecieron como setas y las teor&iacute;as se multiplicaron.
    </p><p class="article-text">
         Hasta que ella misma tuvo que explicarlo.
    </p><p class="article-text">
         No porque quisiera, sino porque el silencio, en este tiempo nuestro, <strong>ya no se interpreta: se sospecha.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en una &eacute;poca tan extra&ntilde;a que si no hablas, alguien se inventa tu historia; y si hablas, alguien te acusa de contarlo todo.
    </p><p class="article-text">
         Y as&iacute; andamos, atrapados en esta tragicomedia digital donde el descanso es una performance y la calma necesita subt&iacute;tulos.
    </p><p class="article-text">
        La psicolog&iacute;a, que a veces es menos fr&iacute;a de lo que parece, lo tiene claro: existe algo llamado <strong>tercer derecho asertivo</strong>, y dice que tenemos derecho a <strong>no dar explicaciones.</strong>
    </p><p class="article-text">
         No justificar por qu&eacute; estamos cansados, tristes o hartos.
    </p><p class="article-text">
         No traducir nuestras emociones para que encajen en el algoritmo.
    </p><p class="article-text">
         Pero, claro, el algoritmo no ha le&iacute;do psicolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, mostrar se ha vuelto una especie de deber c&iacute;vico.
    </p><p class="article-text">
         Si no publicas, no existes.
    </p><p class="article-text">
         Si no sonr&iacute;es, preocupas.
    </p><p class="article-text">
         Si no opinas, decepcionas.
    </p><p class="article-text">
         Y si paras&hellip; bueno, ah&iacute; s&iacute; que te metes en un l&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; es donde entra el protagonista de esta historia: <strong>el nuevo Leviat&aacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
         S&iacute;, ese viejo monstruo que Thomas Hobbes invent&oacute; en el siglo XVII para mantener a raya el caos humano.
    </p><p class="article-text">
         Solo que ahora el caos tiene Wi-Fi.
    </p><p class="article-text">
        Este Leviat&aacute;n ya no lleva corona ni espada.
    </p><p class="article-text">
         <strong>Ahora vive en las pantallas, sonr&iacute;e con emojis y se alimenta de likes.</strong>
    </p><p class="article-text">
         No gobierna con miedo, sino con atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
         No impone castigos, impone visibilidad.
    </p><p class="article-text">
         Nos dice: &ldquo;Mu&eacute;strate o desaparece.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
         Y nosotros, obedientes, posteamos hasta nuestras dudas.
    </p><p class="article-text">
        Es un monstruo curioso: no ruge, notifica.
    </p><p class="article-text">
         Y su truco maestro es hacernos sentir que todo esto lo elegimos nosotros.
    </p><p class="article-text">
         Que compartir es libertad, cuando en realidad <strong>es una forma muy elegante de vigilancia voluntaria.</strong>
    </p><p class="article-text">
         Nos tiene tan bien entrenados que ya no necesita vigilarnos: <strong>nos vigilamos solitos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La ciencia lleva tiempo advirti&eacute;ndolo, pero parece que nadie quiere leer los pies de p&aacute;gina.
    </p><p class="article-text">
         Un estudio en <em>Frontiers in Public Health</em> (Hussain &amp; Griffiths, 2020) encontr&oacute; que <strong>el uso intensivo de redes sociales se asocia con depresi&oacute;n, ansiedad y soledad.</strong>
    </p><p class="article-text">
         Otro, en la <em>American Economic Review</em> (Braghieri, Levy &amp; Makarin, 2022), descubri&oacute; que <strong>la llegada de Facebook a las universidades estadounidenses aument&oacute; los casos de depresi&oacute;n grave en un 7% y los de ansiedad en un 20%.</strong>
    </p><p class="article-text">
         Y un metaan&aacute;lisis en el <em>Journal of Medical Internet Research</em> (Ye et al., 2023) concluy&oacute; que incluso sin exceso de tiempo de uso, <strong>la dependencia emocional hacia las redes deteriora el bienestar psicol&oacute;gico.</strong>
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que s&iacute;, <strong>el Leviat&aacute;n no solo roba tiempo, tambi&eacute;n roba salud mental.</strong>
    </p><p class="article-text">
         Y lo hace con una sonrisa amable y una notificaci&oacute;n de &ldquo;te echamos de menos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez que alguien decide parar y tiene que explicarlo, el monstruo gana un poco m&aacute;s de terreno.
    </p><p class="article-text">
         Y nosotros perdemos un trocito de silencio interior.
    </p><p class="article-text">
         <strong>Ese lugar donde uno puede escucharse sin tener que emitirlo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo parad&oacute;jico es que Hobbes pensaba que el Leviat&aacute;n manten&iacute;a el orden.
    </p><p class="article-text">
         Pero ahora, <strong>el caos es &eacute;l.</strong>
    </p><p class="article-text">
         Un caos luminoso, lleno de filtros y motivaci&oacute;n de autoayuda, que nos dice c&oacute;mo sentir, c&oacute;mo descansar y hasta c&oacute;mo sufrir.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s haya llegado la hora de bajarle el volumen.
    </p><p class="article-text">
         De mirar menos hacia afuera y un poco m&aacute;s hacia dentro.
    </p><p class="article-text">
         De recordar que <strong>el derecho a callar no es desinter&eacute;s, sino autocuidado.</strong>
    </p><p class="article-text">
         Y que la privacidad no es una trinchera, <strong>es un jard&iacute;n que uno riega cuando el ruido de fuera se vuelve insoportable.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No hace falta ganar al monstruo.
    </p><p class="article-text">
         Solo dejar de alimentarlo.
    </p><p class="article-text">
         Dejar de ofrecerle nuestra calma disfrazada de contenido.
    </p><p class="article-text">
        Porque <strong>lo privado no es miedo, es ra&iacute;z.</strong>
    </p><p class="article-text">
         Y cuidar esa ra&iacute;z &mdash;aunque el Leviat&aacute;n insista en iluminarlo todo&mdash; sigue siendo <strong>la forma m&aacute;s honesta de libertad que nos queda.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Darío García Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/muestrate-desaparece-nueva-ley-algoritmo_129_12704180.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Oct 2025 09:04:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Muéstrate o desaparece: la nueva ley del algoritmo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vivir en la postal no siempre es fácil: salud mental en La Palma rural]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/vivir-postal-no-facil-salud-mental-palma-rural_129_12496377.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/80f4348c-a9a5-4ac6-8212-46b178c71400_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vivir en la postal no siempre es fácil: salud mental en La Palma rural"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">PSICOLOGÍA - La Isla necesita políticas públicas que entiendan el contexto. Psicología comunitaria, atención descentralizada, espacios preventivos que lleguen a todos los municipios, y no solo a quienes ya están diagnosticados. Porque esperar a que la gente “lo pase mal del todo” para intervenir, no es prevención. Es abandono</p></div><p class="article-text">
        Quienes vivimos en La Palma estamos acostumbrados a escuchar comentarios del tipo &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; suerte tienes!&rdquo;, &ldquo;&iexcl;Vivir ah&iacute; debe ser pura paz!&rdquo;. Y claro que nuestra isla es hermosa: miradores que te dejan sin palabras, senderos que parecen de otro mundo, el mar como compa&ntilde;ero de rutina. Pero vivir en un entorno rural, por muy bonito que sea, no nos hace inmunes al malestar emocional. De hecho, en muchos casos lo complica.
    </p><p class="article-text">
        Hablar de salud mental en zonas rurales como La Palma es hablar de lo que no siempre se ve ni se dice. Es mirar m&aacute;s all&aacute; de la postal y detenerse en la historia de quienes viven en pueblos peque&ntilde;os, a veces con escasos recursos, poca red de apoyo y muchas cargas invisibles.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuando pedir ayuda no es tan f&aacute;cil</strong>
    </p><p class="article-text">
        En entornos rurales, el acceso a servicios especializados de salud mental suele ser limitado. En algunos municipios no hay consulta psicol&oacute;gica p&uacute;blica, o hay que esperar semanas &mdash;incluso meses&mdash; para ser atendido. Para muchas personas, desplazarse a otro punto de la isla no es viable por cuestiones econ&oacute;micas, laborales o log&iacute;sticas. Y cuando se trata de adolescentes o personas mayores, las dificultades se multiplican.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, en lugares donde todo el mundo se conoce, la privacidad tambi&eacute;n se percibe como un riesgo. Hay miedo al estigma, a ser se&ntilde;alados, a que &ldquo;se sepa&rdquo; que uno va al psic&oacute;logo. El resultado: muchas personas aguantan en silencio, normalizan el sufrimiento o lo esconden bajo frases como &ldquo;ya se me pasar&aacute;&rdquo; o &ldquo;yo no creo en esas cosas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero el sufrimiento no desaparece por ignorarlo. Solo se vuelve m&aacute;s pesado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo rural tambi&eacute;n duele</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay una romantizaci&oacute;n constante del mundo rural: se lo pinta como un lugar ideal para vivir, donde todo es m&aacute;s sano, m&aacute;s tranquilo, m&aacute;s aut&eacute;ntico. Pero esa mirada ignora muchas realidades: el aislamiento de las personas mayores, el desempleo juvenil, la sobrecarga de cuidados, la falta de ocio saludable para los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, el duelo constante por lo que se ha perdido &mdash;y no solo tras el volc&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Estas experiencias tienen un impacto directo en el bienestar emocional. La soledad no deseada, la precariedad sostenida o la sensaci&oacute;n de no tener a qui&eacute;n acudir son factores de riesgo que se repiten en muchos hogares palmeros. Y sin embargo, no suelen entrar en la conversaci&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuidar lo emocional tambi&eacute;n es hacer isla</strong>
    </p><p class="article-text">
        En psicolog&iacute;a narrativa, entendemos que el malestar no siempre est&aacute; &ldquo;dentro&rdquo; de la persona, sino en las historias que ha vivido, en los v&iacute;nculos que ha perdido o en los contextos que la han da&ntilde;ado. Por eso, cuando hablamos de salud mental en La Palma, no basta con aumentar el n&uacute;mero de sesiones. Hace falta una apuesta real por crear redes comunitarias que escuchen, cuiden y contengan. Porque los problemas emocionales no se resuelven solo en consulta: tambi&eacute;n se previenen en la plaza, en el aula, en el club de mayores, en los centros de d&iacute;a, en los espacios donde se construye comunidad.
    </p><p class="article-text">
        La prevenci&oacute;n no puede seguir siendo un lujo. Ni la salud mental un privilegio urbano.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una isla que se cuida tambi&eacute;n por dentro</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es hora de reivindicar una salud mental con acento rural. Que entienda las particularidades de vivir en una isla, en un barrio peque&ntilde;o, en un entorno con pocos recursos pero mucha humanidad. Que no infantilice ni culpabilice a quien sufre, sino que ofrezca alternativas reales.
    </p><p class="article-text">
        La Palma necesita pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que entiendan el contexto. Psicolog&iacute;a comunitaria, atenci&oacute;n descentralizada, espacios preventivos que lleguen a todos los municipios, y no solo a quienes ya est&aacute;n diagnosticados. Porque esperar a que la gente &ldquo;lo pase mal del todo&rdquo; para intervenir, no es prevenci&oacute;n. Es abandono.
    </p><p class="article-text">
        Y porque una isla que se cuida tambi&eacute;n por dentro, es una isla que no deja a nadie atr&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Darío García Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/vivir-postal-no-facil-salud-mental-palma-rural_129_12496377.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Jul 2025 10:02:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vivir en la postal no siempre es fácil: salud mental en La Palma rural]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Verano, pantallas y memoria: ¿qué estamos dejando pasar?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/verano-pantallas-memoria-dejando-pasar_129_12399154.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5f31d81a-c859-42af-bb4b-3260ccea7e40_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Verano, pantallas y memoria: ¿qué estamos dejando pasar?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Desde La Palma, una isla que sabe de historias contadas y de silencios que gritan, propongo que miremos el verano como una oportunidad: no para controlar, sino para permitir. Para ofrecer a la infancia algo que las pantallas no pueden dar: experiencias compartidas, vivencias propias, memorias que sí se quedan</p></div><p class="article-text">
        Con la llegada del verano, en La Palma como en tantos otros rincones, cambian las rutinas. El curso escolar termina, las actividades se reducen, los d&iacute;as se alargan y muchas familias respiran&hellip; o al menos, lo intentan. Porque el verano, aunque se nos venda como &eacute;poca de descanso, suele venir cargado de contradicciones: m&aacute;s tiempo libre, pero tambi&eacute;n m&aacute;s cansancio acumulado; m&aacute;s oportunidad de compartir, pero tambi&eacute;n m&aacute;s necesidad de desconectar.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; entran las pantallas.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de demonizarlas. Las pantallas son parte de nuestra vida. Informan, entretienen, ayudan. Pero cuando se convierten en el recurso principal &mdash;o &uacute;nico&mdash; para acompa&ntilde;ar a la infancia y adolescencia durante las vacaciones, quiz&aacute; deber&iacute;amos preguntarnos qu&eacute; estamos perdiendo en el camino.
    </p><p class="article-text">
        En verano, cuando los horarios se desdibujan y la energ&iacute;a flaquea, recurrir a una tablet o una serie parece una soluci&oacute;n pr&aacute;ctica. Y lo es. Pero tambi&eacute;n es una soluci&oacute;n que &mdash;sin querer&mdash; nos empobrece si no la cuestionamos. Porque lo que se juega en esas horas no es solo entretenimiento: es memoria, identidad y posibilidad narrativa.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; tipo de recuerdos construyen nuestras hijas e hijos si el verano se convierte en un scroll infinito? &iquest;Qu&eacute; pasa cuando la experiencia de la vida se da casi exclusivamente a trav&eacute;s de una pantalla?
    </p><p class="article-text">
        Hay algo que no podemos olvidar: la infancia no necesita solo est&iacute;mulos. Necesita conexi&oacute;n, presencia, aburrimiento creativo, exploraci&oacute;n sin guion.
    </p><p class="article-text">
        Elsa L&oacute;pez escribi&oacute; que <em>&ldquo;la memoria se alimenta de lo que no se olvida&rdquo;</em>. Y no se olvida un cuento le&iacute;do bajo una higuera, ni una conversaci&oacute;n mirando las nubes. No se olvida un dibujo sin instrucciones, ni una caminata sin rumbo.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, las pantallas pueden estar. Pero no deber&iacute;an ocuparlo todo. Porque cuando lo hacen, desplazan algo m&aacute;s profundo: la capacidad de crear, de jugar, de sostener la frustraci&oacute;n, de construir v&iacute;nculos reales.
    </p><p class="article-text">
        Y lo preocupante no es solo lo que las criaturas hacen con las pantallas, sino lo que no pueden hacer por pasar tanto tiempo frente a ellas. No juegan, no exploran, no se aburren. Y sin esos espacios vac&iacute;os, la creatividad &mdash;y con ella, la identidad&mdash; se resiente.
    </p><p class="article-text">
        Desde La Palma, una isla que sabe de historias contadas y de silencios que gritan, propongo que miremos el verano como una oportunidad: no para controlar, sino para permitir. Para ofrecer a la infancia algo que las pantallas no pueden dar: experiencias compartidas, vivencias propias, memorias que s&iacute; se quedan.
    </p><p class="article-text">
        Porque si algo nos ense&ntilde;a esta tierra es que no todo lo valioso se ve a simple vista. A veces basta con bajar el volumen, salir de casa, y abrir espacio para que ocurra lo inesperado.
    </p><p class="article-text">
         Y ese, quiz&aacute;s, es el mejor regalo que podemos hacer este verano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Darío García Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/verano-pantallas-memoria-dejando-pasar_129_12399154.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Jun 2025 14:13:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Verano, pantallas y memoria: ¿qué estamos dejando pasar?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo biológico cuando conviene: identidad, cuerpos y relatos que excluyen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/biologico-conviene-identidad-cuerpos-relatos-excluyen_129_12232757.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/74d80b58-5345-4935-86a9-2f8d855da772_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo biológico cuando conviene: identidad, cuerpos y relatos que excluyen"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Porque toda identidad merece contarse con dignidad.  Y toda persona merece el derecho a narrarse sin que la biología —o cualquier otra excusa— le cierre el camino</p></div><p class="article-text">
        El reciente fallo del Tribunal Supremo del Reino Unido, que determina que la palabra &ldquo;mujer&rdquo; debe entenderse en funci&oacute;n del sexo biol&oacute;gico dentro de la Ley de Igualdad, ha vuelto a encender un viejo debate: &iquest;la identidad se nace o se construye?
    </p><p class="article-text">
        Y es curioso c&oacute;mo el argumento &ldquo;biol&oacute;gico&rdquo; &mdash;ese que solemos usar como si fuera incuestionable, objetivo, neutro&mdash; aparece y desaparece seg&uacute;n nos convenga. En ocasiones se usa como barrera de entrada, como criterio de legitimidad, como forma de decir: &ldquo;t&uacute; s&iacute;&rdquo; y &ldquo;t&uacute; no&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero la biolog&iacute;a, por s&iacute; sola, no explica qui&eacute;nes somos. Y mucho menos, qui&eacute;nes queremos ser.
    </p><p class="article-text">
        Pensaba en esto hace unos d&iacute;as, mientras retomaba una idea que mencion&eacute; en otro art&iacute;culo sobre <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/palma-leyenda-negra-cambiemos-historia_129_11712757.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">salud mental en La Palma</a>. Hablaba entonces del poder que tienen las historias &uacute;nicas. De c&oacute;mo un relato puede instalarse como verdad y ocultar la complejidad de lo que vivimos. Lo mismo sucede con el relato biol&oacute;gico. Se convierte en filtro, en verdad &uacute;nica, y acaba excluyendo otras formas de habitar el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Pongamos un ejemplo m&aacute;s cercano: <strong>la identidad canaria.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&iquest;Qui&eacute;n es &ldquo;canario&rdquo;? &iquest;Solo quien ha nacido aqu&iacute;? &iquest;O tambi&eacute;n quien se ha criado aqu&iacute;, ha creado v&iacute;nculos, ha construido sentido de pertenencia en estas islas?
    </p><p class="article-text">
        Pocas personas defender&iacute;an que lo canario se limita exclusivamente al lugar de nacimiento. Entendemos que es algo m&aacute;s amplio, m&aacute;s simb&oacute;lico. Un relato compartido que se vive, se elige y se cuida.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, cuando hablamos de<strong> identidad de g&eacute;nero,</strong> muchos se aferran al cuerpo, al cromosoma, al sexo asignado al nacer. Como si la biolog&iacute;a fuera la &uacute;nica historia v&aacute;lida. Como si lo vivido, lo sentido o lo elegido no tuviera peso.
    </p><p class="article-text">
        Lo que propongo aqu&iacute; no es un argumento contra la biolog&iacute;a, sino una reflexi&oacute;n sobre su uso: &iquest;por qu&eacute; la aceptamos como una categor&iacute;a flexible para unas cosas y r&iacute;gida para otras? &iquest;Por qu&eacute; el relato biol&oacute;gico se convierte en ley cuando se trata de decidir qui&eacute;n entra o qui&eacute;n queda fuera?
    </p><p class="article-text">
        Desde las pr&aacute;cticas narrativas entendemos la identidad como algo m&uacute;ltiple, situado, relacional. No como una esencia fija, sino como un conjunto de historias que se entrelazan. Algunas nos han sido impuestas. Otras, las hemos elegido. Pero todas ellas hablan de la complejidad humana. De nuestras luchas, nuestros valores, nuestras resistencias.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, ante un discurso que reduce la identidad a una caracter&iacute;stica biol&oacute;gica, conviene preguntarnos: &iquest;qui&eacute;n gana con este relato? &iquest;Y qui&eacute;n queda fuera?
    </p><p class="article-text">
        Porque no hay nada m&aacute;s humano que detenernos a pensar en las historias que repetimos&hellip; y en las que a&uacute;n no hemos aprendido a escuchar.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute;s ah&iacute; est&eacute; el verdadero reto: no en encontrar una &ldquo;definici&oacute;n correcta&rdquo; de identidad, sino en abrir espacio a todas esas formas de ser que, aun sin cumplir la norma, siguen siendo profundamente leg&iacute;timas.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s no se trate de definir qu&eacute; es una mujer, una identidad o una pertenencia.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Quiz&aacute;s la pregunta m&aacute;s honesta sea:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>&iquest;Qui&eacute;n est&aacute; escribiendo esta historia&hellip; y a qui&eacute;n estamos dejando fuera?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque toda identidad merece contarse con dignidad.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Y toda persona merece el derecho a narrarse sin que la biolog&iacute;a &mdash;o cualquier otra excusa&mdash; le cierre el camino.
    </p><p class="article-text">
        Las historias que contamos importan. Y las que dejamos fuera, tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Dar&iacute;o Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez  es psic&oacute;logo, terapeuta narrativo y&nbsp;fundador de </strong><a href="https://www.lapalmapsicologia.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>La Palma Psicolog&iacute;a</strong></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Darío García Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/biologico-conviene-identidad-cuerpos-relatos-excluyen_129_12232757.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Apr 2025 14:14:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo biológico cuando conviene: identidad, cuerpos y relatos que excluyen]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La dignidad no se pierde. Se resiste, incluso en silencio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/dignidad-no-pierde-resiste-silencio_129_12196500.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/464cba97-27b4-4375-a318-de8cc82b57cf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La dignidad no se pierde. Se resiste, incluso en silencio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - En un mundo que exige sonreír en redes y rendir en silencio, hablar de dignidad no es un lujo. Es una forma de justicia. De devolver a las personas —todas— el derecho a ser escuchadas sin tener que parecer fuertes. El derecho a nombrar lo que duele sin sentir vergüenza

</p></div><p class="article-text">
        A veces, cuando alguien atraviesa una tormenta emocional, se dice que &ldquo;se vino abajo&rdquo;, &ldquo;toc&oacute; fondo&rdquo; o &ldquo;perdi&oacute; la dignidad&rdquo;. Son frases que, sin querer, encierran una idea peligrosa: que cuando sufrimos, dejamos de ser nosotros mismos. Como si el dolor nos quitara algo esencial.
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;y si no fuera as&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        Desde las pr&aacute;cticas narrativas, preferimos imaginar que la dignidad no se pierde. Que se esconde, s&iacute;. Que a veces queda enterrada bajo la desesperanza, el agotamiento, el miedo o incluso el deseo de desaparecer. Pero que <strong>sigue ah&iacute;</strong>, como una ra&iacute;z en tierra seca. Esperando. Resistiendo.
    </p><p class="article-text">
        Muchas personas llegan a terapia con un nudo en la garganta. No solo por lo que sienten, sino por lo que <strong>se dicen a s&iacute; mismas por sentirse as&iacute;</strong>. Les cuesta nombrar el dolor, pero m&aacute;s a&uacute;n nombrar el hecho de estar vivas. De seguir. De no haberse rendido del todo.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces, aparece esa palabra dif&iacute;cil: suicidio.
    </p><p class="article-text">
        Hay muchas formas de pensarlo, y muchas formas de callarlo. Pero lo que hemos aprendido acompa&ntilde;ando desde esta mirada es que, incluso cuando alguien piensa en irse, <strong>tambi&eacute;n est&aacute; intentando cuidar algo</strong>. Poner un l&iacute;mite al sufrimiento. Defender una parcela de s&iacute; que ya no puede m&aacute;s. Es parad&oacute;jico, pero profundamente humano.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de justificar ni de romantizar. Se trata de mirar con m&aacute;s delicadeza. De preguntarnos:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&mdash;&iquest;Qu&eacute; ha estado tratando de proteger esa persona, incluso en su desesperaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&mdash;&iquest;Qu&eacute; valor no ha querido traicionar, incluso cuando todo dol&iacute;a?
    </p><p class="article-text">
        La dignidad, en estos casos, <strong>no se mide por el &aacute;nimo, ni por las ganas, ni por el optimismo.</strong> Se mide, quiz&aacute;s, por el simple hecho de seguir respirando cuando la vida aprieta. Por escribir un mensaje. Por acudir a una cita. Por hablar aunque sea bajito, aunque sea entre l&aacute;grimas.
    </p><p class="article-text">
        Y eso, desde esta mirada, no es debilidad.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Es resistencia.
    </p><p class="article-text">
        La ideaci&oacute;n suicida no borra la dignidad. De hecho, muchas veces es una muestra del conflicto profundo entre el deseo de seguir y el deseo de que pare el dolor. Y ah&iacute;, justo ah&iacute;, puede empezar una conversaci&oacute;n distinta.
    </p><p class="article-text">
        Una conversaci&oacute;n que no juzgue.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Que no diagnostique al primer minuto.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Que no obligue a dar explicaciones.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Sino que acoja. Que escuche.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Que pregunte:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&mdash;&iquest;Qu&eacute; ha hecho posible que est&eacute;s aqu&iacute; hoy?
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&mdash;&iquest;Qu&eacute; te ha sostenido, aunque nadie lo supiera?
    </p><p class="article-text">
        Las pr&aacute;cticas narrativas nos ense&ntilde;an que el problema nunca es la persona. Que siempre hay relatos de dignidad escondidos bajo el s&iacute;ntoma. Que incluso cuando todo parece derrumbarse, <strong>hay algo que sigue susurrando &ldquo;aqu&iacute; estoy&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute;s eso sea la dignidad:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Un hilo fino que no se rompe.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Una semilla que no se ve, pero sigue latiendo.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Una historia que a&uacute;n quiere ser contada, aunque no sepa c&oacute;mo empezar.
    </p><p class="article-text">
        En un mundo que exige sonre&iacute;r en redes y rendir en silencio, hablar de dignidad no es un lujo. Es una forma de justicia. De devolver a las personas &mdash;todas&mdash; el derecho a ser escuchadas sin tener que parecer fuertes. El derecho a nombrar lo que duele sin sentir verg&uuml;enza.
    </p><p class="article-text">
        Porque <strong>la dignidad no se pierde.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;Y reconocerla, incluso en lo invisible,</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;es tambi&eacute;n una forma de esperanza.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Dar&iacute;o Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez es psic&oacute;logo y terapeuta narrativo, fundador de </strong><a href="https://www.lapalmapsicologia.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>La Palma Psicolog&iacute;a</strong></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Darío García Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/dignidad-no-pierde-resiste-silencio_129_12196500.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Apr 2025 19:10:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La dignidad no se pierde. Se resiste, incluso en silencio]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Palma y su leyenda negra: cambiemos la historia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/palma-leyenda-negra-cambiemos-historia_129_11712757.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b339d909-09dd-41be-9b44-3f59714fdd5c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Palma y su leyenda negra: cambiemos la historia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mito de que somos una isla llena de “locos” ha ocultado la verdadera historia: una de falta de inversión, de listas de espera interminables, de familias que intentan sobrevivir en un sistema de salud mental que no está a la altura

</p></div><p class="article-text">
        Hay historias que se pegan a una comunidad como el musgo a las piedras de la cumbre. Historias que, por m&aacute;s que intentes sacudirlas, ah&iacute; se quedan. Y La Palma tiene una de esas historias pegajosas, una que nos pesa y nos persigue: la leyenda negra del &ldquo;manicomio sin techo&rdquo;. Un mito que se ha repetido tantas veces que, de tanto escucharlo, hemos terminado crey&eacute;ndolo. Pero como todas las leyendas, su peligro radica en su poder para deformar la realidad y hacernos olvidar lo que realmente importa.
    </p><p class="article-text">
        Lo escuchas por todas partes: &ldquo;Es que en La Palma la gente est&aacute; mal de la cabeza.&rdquo; Una frase que suena casi a broma, pero que en realidad no tiene nada de graciosa. Porque cuando una historia as&iacute; se repite lo suficiente, empieza a colarse en nuestra forma de pensar y, lo que es peor, en la forma en que otros nos ven. &iquest;C&oacute;mo hemos llegado a aceptar esto como si fuera la norma?
    </p><p class="article-text">
        Cada 10 de octubre, D&iacute;a Mundial de la Salud Mental, se habla de romper el estigma. Y s&iacute;, todos asentimos con la cabeza como si estuvi&eacute;ramos de acuerdo. Pero, &iquest;cu&aacute;nto hemos hecho realmente para cambiar esta narrativa en La Palma? Porque el problema no es que aqu&iacute; la gente est&eacute; m&aacute;s &ldquo;loca&rdquo; que en otros lugares. El verdadero problema es que aqu&iacute; no hay recursos suficientes para atender a la gente cuando los necesita. Y as&iacute;, la desesperaci&oacute;n crece. Y la narrativa de &ldquo;manicomio sin techo&rdquo; se convierte en un autorretrato distorsionado que seguimos pintando.
    </p><p class="article-text">
        Como dice Chimamanda Ngozi Adichie, el peligro de la historia &uacute;nica es que convierte a las personas en estereotipos. Les roba su complejidad, su humanidad, las reduce a una sola dimensi&oacute;n. Y en La Palma, eso es exactamente lo que ha pasado. El mito de que somos una isla llena de &ldquo;locos&rdquo; ha ocultado la verdadera historia: una de falta de inversi&oacute;n, de listas de espera interminables, de familias que intentan sobrevivir en un sistema de salud mental que no est&aacute; a la altura.
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;sabes qu&eacute; es lo realmente frustrante? Que esta historia &uacute;nica no es solo falsa. Es peligrosa. Porque nos hace pensar que no se puede cambiar. Que la salud mental aqu&iacute; est&aacute; condenada a ser un eterno &ldquo;bueno, es lo que hay&rdquo;. Que siempre habr&aacute; una espera, una barrera, una excusa. Y cada vez que alguien repite lo de &ldquo;manicomio sin techo&rdquo; estamos reforzando ese mito, perpetuando el estigma, empujando a la gente a las sombras del silencio.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, &iquest;qu&eacute; tal si rompemos con todo eso de una vez por todas? &iquest;Qu&eacute; tal si dejamos de lado la resignaci&oacute;n y empezamos a pensar en c&oacute;mo construir una nueva historia para La Palma? Porque cambiar esta narrativa no se trata solo de darle la vuelta a una frase. Se trata de comprometerse de verdad. Se trata de crear un <em>Pacto Insular por la Salud Mental</em> que no se quede en palabras bonitas, sino que se convierta en acciones concretas. Un pacto que implique a todos, sin importar el color pol&iacute;tico, sin importar las diferencias ideol&oacute;gicas.
    </p><p class="article-text">
        Lo que La Palma necesita no es m&aacute;s discursos vac&iacute;os. Necesitamos m&aacute;s psic&oacute;logos, m&aacute;s psiquiatras, m&aacute;s plazas en la sanidad p&uacute;blica. Necesitamos dejar de ver la salud mental como un lujo al que solo unos pocos pueden acceder y empezar a verla como un derecho universal. Un derecho que garantice que nadie se quede fuera por falta de recursos. Y, sobre todo, necesitamos un enfoque comunitario que aborde la salud mental no como un problema individual, sino como un desaf&iacute;o colectivo que todos debemos enfrentar.
    </p><p class="article-text">
        Porque la verdad es que la salud mental no se trata solo de que una persona est&eacute; bien o mal. Se trata de que la comunidad entera tenga las herramientas para apoyar, para acompa&ntilde;ar, para no dejar a nadie atr&aacute;s. Y en La Palma, con el contexto que tenemos &mdash;la insularidad, la falta de recursos, las listas de espera&mdash;, un enfoque comunitario es m&aacute;s necesario que nunca.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Te imaginas lo que ser&iacute;a tener un verdadero Pacto Insular? Uno en el que la prioridad no sea rellenar papeles, sino reducir el tiempo de espera para una consulta. Donde las personas que piden ayuda no tengan que esperar meses para ser atendidas, donde se invierta en prevenci&oacute;n, en programas de apoyo, en iniciativas que conecten a las personas y fortalezcan el tejido social de la isla. Eso no deber&iacute;a ser un sue&ntilde;o imposible. Deber&iacute;a ser la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Y, sinceramente, ya va siendo hora de que dejemos de aceptar el &ldquo;manicomio sin techo&rdquo; como parte de nuestra identidad. La Palma no es un estigma con playas bonitas. Es una comunidad de personas que merecen algo mejor. Una comunidad que puede hacer frente a sus desaf&iacute;os con los recursos adecuados y con un enfoque que ponga a las personas en el centro, no como casos a gestionar, sino como historias a respetar y apoyar.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, este 10 de octubre, basta de repetir la misma historia. Si vas a contar algo, cuenta esto: La Palma no es un &ldquo;manicomio sin techo&rdquo;. Es una isla que merece un pacto real por la salud mental, que se construya sobre la acci&oacute;n, el apoyo y la colaboraci&oacute;n. Una isla que, lejos de resignarse a una narrativa da&ntilde;ina, puede alzar la voz y decir: <em>&ldquo;Estamos aqu&iacute;, y no vamos a aceptar menos de lo que merecemos&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        Porque la verdadera historia de La Palma no es la de una comunidad condenada al estigma. Es la de una comunidad que lucha, que resiste y que est&aacute; dispuesta a cambiar su narrativa. Una comunidad que se merece algo mejor. Y que, con valent&iacute;a, puede construir una nueva historia para todos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dar&iacute;o Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez</strong>
    </p><p class="article-text">
        Psic&oacute;logo colegiado (T-03816)
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://lapalmapsicologia.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La Palma Psicolog&iacute;a</a>
    </p><p class="article-text">
        Contacto: 603-259-115
    </p><p class="article-text">
        Email: dariogarcia@lapalmapsicologia.com
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Darío García Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/palma-leyenda-negra-cambiemos-historia_129_11712757.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Oct 2024 11:53:20 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Promesas de salud: ¿soluciones reales o espejismos peligrosos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/promesas-salud-soluciones-reales-espejismos-peligrosos_129_11688539.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0cc80a16-fcba-4fdb-8140-d156c8b13b6b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Promesas de salud: ¿soluciones reales o espejismos peligrosos?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Esta reflexión no se dirige a un evento específico, sino a todos los responsables públicos que financian proyectos, charlas o talleres con personas no cualificadas para hablar sobre temas de salud y bienestar</p></div><p class="article-text">
        En el contexto actual, es esencial reflexionar sobre la responsabilidad &eacute;tica que conlleva la organizaci&oacute;n de eventos y actividades que abordan temas de salud y bienestar. Los espacios culturales, al estar respaldados por instituciones p&uacute;blicas y financiados con recursos de la ciudadan&iacute;a, deben cumplir con criterios rigurosos de calidad y &eacute;tica, especialmente cuando se tocan cuestiones que pueden influir en la percepci&oacute;n y las decisiones de las personas en relaci&oacute;n a su salud.
    </p><p class="article-text">
        Me permito expresar mi preocupaci&oacute;n respecto a la organizaci&oacute;n de ciertas charlas y talleres que abordan conceptos como el &ldquo;origen emocional de la enfermedad&rdquo; y el &ldquo;sentido biol&oacute;gico del s&iacute;ntoma&rdquo;, los cuales han tenido lugar en nuestra isla de La Palma. Aunque estos enfoques sugieren que las emociones y factores psicol&oacute;gicos pueden influir en la aparici&oacute;n y curso de las enfermedades, la relaci&oacute;n entre estos factores y la salud f&iacute;sica es compleja y no debe interpretarse de manera simplista. El riesgo de promover estos mensajes sin un contexto adecuado radica en que pueden ser malinterpretados y llevar a las personas a creer que son responsables directas de su estado de salud, lo que podr&iacute;a alejarles de tratamientos m&eacute;dicos efectivos y basados en la evidencia.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, el concepto de &ldquo;sentido biol&oacute;gico del s&iacute;ntoma&rdquo; ha sido cuestionado y desacreditado por la comunidad cient&iacute;fica, ya que no existen pruebas emp&iacute;ricas que respalden estas afirmaciones. Sugerir que las enfermedades son respuestas biol&oacute;gicas adaptativas del cuerpo a situaciones emocionales no solo carece de sustento, sino que puede inducir a la adopci&oacute;n de pr&aacute;cticas sin fundamento que, adem&aacute;s de no ser efectivas, resulten perjudiciales. El <em>Plan para la Protecci&oacute;n de la Salud frente a las Pseudoterapias 2018</em> del Ministerio de Sanidad ya ha advertido sobre estos riesgos, subrayando la necesidad de que las instituciones p&uacute;blicas promuevan mensajes responsables y basados en la evidencia.
    </p><p class="article-text">
        Imag&iacute;nese, por un momento, que acude al Hospital Universitario de La Palma en busca de orientaci&oacute;n sobre un problema de salud y le recomiendan pr&aacute;cticas como la orinoterapia o la hidroterapia de colon como tratamientos efectivos. Estas propuestas, adem&aacute;s de carecer de validez cient&iacute;fica, caen en lo escatol&oacute;gico y no tienen ninguna base s&oacute;lida que justifique su uso. Este ejemplo ilustra la necesidad de que quienes difunden conocimientos sobre salud cuenten con la formaci&oacute;n y cualificaci&oacute;n adecuadas para evitar pr&aacute;cticas inadecuadas que puedan comprometer el bienestar de las personas.
    </p><p class="article-text">
        Esta reflexi&oacute;n no se dirige a un evento espec&iacute;fico, sino a todos los responsables p&uacute;blicos que financian proyectos, charlas o talleres con personas no cualificadas para hablar sobre temas de salud y bienestar. La promoci&oacute;n de este tipo de actividades con el respaldo de instituciones p&uacute;blicas y recursos de la ciudadan&iacute;a puede legitimar discursos pseudocient&iacute;ficos y generar desinformaci&oacute;n con consecuencias graves para la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, es fundamental que las instituciones p&uacute;blicas se asesoren con el personal t&eacute;cnico adecuado y consulten a los colegios oficiales de las distintas profesiones sanitarias, quienes pueden proporcionar orientaci&oacute;n sobre la idoneidad de los ponentes y los contenidos. Los colegios oficiales, como el Colegio de Psicolog&iacute;a o el Colegio de M&eacute;dicos, son entidades de referencia que aseguran que los profesionales cuentan con la formaci&oacute;n y experiencia necesarias para abordar estos temas de manera rigurosa y &eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, hago un llamado a la ciudadan&iacute;a para que, antes de participar en talleres o charlas sobre salud, se informen sobre la cualificaci&oacute;n de los ponentes. Un paso sencillo es comprobar si el profesional est&aacute; colegiado en el organismo correspondiente, ya que esto asegura que cumple con los requisitos legales y de formaci&oacute;n para ejercer su profesi&oacute;n. La colaboraci&oacute;n entre las instituciones p&uacute;blicas, los organismos colegiales y la ciudadan&iacute;a es clave para proteger la salud y el bienestar de todos.
    </p><p class="article-text">
        Promover una cultura de salud basada en el conocimiento cient&iacute;fico es una tarea conjunta que requiere el esfuerzo de todos. Solo a trav&eacute;s del trabajo colaborativo y el di&aacute;logo abierto podemos contribuir a crear un entorno cultural responsable y seguro, que fomente la educaci&oacute;n cr&iacute;tica y constructiva sobre la salud y el bienestar de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dar&iacute;o Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez</strong>
    </p><p class="article-text">
        Psic&oacute;logo colegiado (T-03816)
    </p><p class="article-text">
        La Palma Psicolog&iacute;a
    </p><p class="article-text">
        Contacto: 603-259-115
    </p><p class="article-text">
        Email: dariogarcia@lapalmapsicologia.com
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Darío García Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/promesas-salud-soluciones-reales-espejismos-peligrosos_129_11688539.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Sep 2024 13:49:35 +0000]]></pubDate>
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