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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alicia del Río]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alicia-del-rio/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alicia del Río]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Se acabó el tiempo de los políticos. Que empiece el tiempo de la política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/acabo-tiempo-politicos-empiece-tiempo-politica_129_13561224.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/623197c3-a565-4ca4-9239-27afc9b33da9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x504y675.jpg" width="1200" height="675" alt="Se acabó el tiempo de los políticos. Que empiece el tiempo de la política"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La fuerza que apareció estos días en Sol tiene sentido si ahora somos capaces de llevarla mucho más lejos. A cada barrio, a cada bloque, a cada centro educativo y a cada centro de trabajo</p></div><p class="article-text">
        Durante los &uacute;ltimos d&iacute;as hemos visto pasar ante nuestros ojos cosas que hace apenas una semana parec&iacute;an imposibles. Vimos a Maricarmen salir en camilla de la casa en la que hab&iacute;a vivido pr&aacute;cticamente toda su vida y conseguimos que, pocos d&iacute;as despu&eacute;s, pudiera volver a ella con un nuevo contrato. Vimos c&oacute;mo una reivindicaci&oacute;n que durante a&ntilde;os hab&iacute;a sido descartada cada vez que la plante&aacute;bamos, la estabilidad indefinida de los contratos de alquiler, llegaba finalmente al Consejo de Ministros convertida en un real decreto. Y vimos tambi&eacute;n c&oacute;mo un conflicto que empez&oacute; alrededor del desahucio de una mujer de 87 a&ntilde;os acababa abriendo una discusi&oacute;n nacional sobre qui&eacute;n tiene derecho a decidir cu&aacute;nto tiempo podemos permanecer en nuestras propias casas.
    </p><p class="article-text">
        Pero el pasado viernes 2 de octubre vimos otra cosa. Vimos c&oacute;mo el Congreso de los Diputados tumbaba los dos decretos de vivienda con los votos de PP, Vox y Junts. El primero cay&oacute; por 172 votos frente a 178; el segundo, que inclu&iacute;a la pr&oacute;rroga indefinida de los contratos de alquiler, por 166 frente a 184. Con ellos desaparecieron medidas que prorrogaban contratos, proteg&iacute;an frente a determinados desahucios, regulaban los alquileres temporales y de habitaci&oacute;n y limitaban la entrada de fondos de inversi&oacute;n en la compra de vivienda.
    </p><p class="article-text">
        Cada cual podr&aacute; buscar la explicaci&oacute;n parlamentaria que prefiera, reconstruir negociaciones, repartir responsabilidades o calcular qu&eacute; partido podr&iacute;a haber cedido un poco m&aacute;s para conseguir unos votos aqu&iacute; o unas abstenciones all&aacute;. Desde el Sindicato de Inquilinas creemos que existe una lectura mucho m&aacute;s sencilla: existe una distancia cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil de sostener entre lo que una mayor&iacute;a de la sociedad est&aacute; reclamando cuando habla de vivienda y lo que finalmente ocurre dentro del Congreso.
    </p><p class="article-text">
        Porque mientras all&iacute; se votaba contra mejorar la vida del 30% de la poblaci&oacute;n que ya vive de alquiler, una encuesta de 40dB para El Pa&iacute;s y la Cadena SER mostraba que dos de cada tres personas apoyan limitar los precios incluso si eso significa reducir la rentabilidad de los rentistas. Lo respaldan tambi&eacute;n m&aacute;s del 55% de los votantes de PP y Vox y, significativamente, una mayor&iacute;a de los propios arrendadores.
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil encontrar una imagen m&aacute;s clara de la crisis pol&iacute;tica que atravesamos. Tenemos un Gobierno que ha necesitado a&ntilde;os y una explosi&oacute;n de indignaci&oacute;n social para llevar al Congreso algunas de las medidas que los movimientos de vivienda llevamos much&iacute;simo tiempo reclamando, y tenemos despu&eacute;s una mayor&iacute;a parlamentaria capaz de derribarlas aunque algunas de ellas encuentren apoyo mucho m&aacute;s all&aacute; de las fronteras ideol&oacute;gicas tradicionales. Para nosotras, el viernes se termin&oacute; definitivamente el tiempo de esperar a que la soluci&oacute;n llegue desde arriba, como ya venimos diciendo desde nuestra manifestaci&oacute;n del 13 de octubre de 2024: <a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/acabo-tiempo-politicos-huelga-alquileres_129_11666932.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el tiempo de los pol&iacute;ticos se ha acabado.&nbsp;</a>
    </p><p class="article-text">
        Pero eso no significa que se haya terminado el tiempo de la pol&iacute;tica, m&aacute;s bien al contrario.
    </p><p class="article-text">
        Durante demasiado tiempo nos han ense&ntilde;ado a confundir pol&iacute;tica con instituciones, como si nuestra capacidad de intervenir en la realidad empezara y terminara introduciendo una papeleta en una urna y esperando despu&eacute;s a que las personas elegidas resolvieran los problemas, pero las &uacute;ltimas semanas han demostrado otra cosa. Mientras el Parlamento era incapaz de aprobar unas medidas m&iacute;nimas, el sindicalismo inquilino consigui&oacute; que una mujer que ya hab&iacute;a sido desahuciada pudiera volver a su casa y logr&oacute; obligar al Gobierno a poner sobre la mesa una renovaci&oacute;n indefinida de los contratos que hasta entonces se hab&iacute;a negado a asumir.
    </p><p class="article-text">
        Nada de eso sali&oacute; espont&aacute;neamente de un despacho, sino que sali&oacute; de un portal en el que cientos de personas pusieron el cuerpo, de calles que se llenaron, de a&ntilde;os de organizaci&oacute;n sindical y de una sociedad que ha empezado a entender que la situaci&oacute;n de la vivienda no es el resultado inevitable de unas misteriosas leyes econ&oacute;micas, sino el resultado de decisiones que pueden ser disputadas. Por eso ser&iacute;a un error vivir la votaci&oacute;n de este viernes como una derrota que nos devuelve al punto de partida, porque no estamos donde est&aacute;bamos hace diez d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Hace unas semanas nos dec&iacute;an que Maricarmen no pod&iacute;a volver a casa y ha vuelto. Nos dec&iacute;an que los contratos indefinidos eran imposibles y un Gobierno que durante a&ntilde;os los hab&iacute;a rechazado termin&oacute; aprob&aacute;ndolos en Consejo de Ministros. Nos dec&iacute;an que determinadas propuestas eran demasiado radicales y hoy sabemos que algunas de ellas cuentan incluso con el apoyo de buena parte de quienes votan a partidos que las han tumbado en el Congreso. Eso es cambiar el sentido com&uacute;n de un pa&iacute;s, aunque todav&iacute;a no tengamos la fuerza suficiente para convertir todo ese sentido com&uacute;n en leyes.
    </p><p class="article-text">
        Y esa es la tarea que tenemos ahora por delante. Este fin de semana ha habido movilizaciones por la vivienda en 54 ciudades del Estado. Nunca hab&iacute;amos visto una movilizaci&oacute;n territorial de estas dimensiones alrededor de una convocatoria que empieza a plantear abiertamente la necesidad de una huelga general por la vivienda. Lo verdaderamente interesante es que la idea de esa huelga tampoco pertenece ya &uacute;nicamente a quienes llevamos a&ntilde;os organiz&aacute;ndonos en el movimiento de vivienda. Una <a href="https://www.eldiario.es/economia/mayoria-ciudadanos-incluidos-votantes-derecha-apoyarian-huelga-general-vivienda_1_13557680.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encuesta publicada por elDiario.es</a> este s&aacute;bado muestra que el 73% de las personas consultadas apoyar&iacute;a una huelga general para exigir medidas que solucionen el problema de la vivienda. Entre quienes votan al PSOE, el respaldo llega al 84%; entre los votantes del PP, al 61%; entre los de Vox, al 63%. Incluso entre quienes viven en una vivienda en propiedad, siete de cada diez apoyar&iacute;an la convocatoria.
    </p><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os se nos dijo que hablar del conflicto entre rentistas e inquilinas era dividir a la sociedad, que intervenir los alquileres era una posici&oacute;n minoritaria y que cuestionar la rentabilidad inmobiliaria enfrentar&iacute;a inevitablemente a quienes alquilan con quienes tienen una propiedad. Lo que estamos viendo apunta en otra direcci&oacute;n, pues sabemos que much&iacute;simas personas propietarias tienen hijos que no pueden emanciparse, compa&ntilde;eras que dedican medio sueldo al alquiler o familiares obligados a abandonar el barrio en el que han vivido durante a&ntilde;os. La crisis de vivienda ha alcanzado tal dimensi&oacute;n que empieza a atravesar identidades pol&iacute;ticas y situaciones patrimoniales que hasta ahora parec&iacute;an separarnos.
    </p><p class="article-text">
        Eso es lo que tenemos que organizar, porque una huelga general no se decreta desde una plaza ni se construye escribiendo una fecha en una pancarta. Mucho menos puede levantarse solamente con quienes ya estamos convencidas. Se construye hablando con miles y miles de personas, organizando bloques, visitando centros de trabajo, sent&aacute;ndonos con sindicatos laborales, entrando en universidades, colegios y centros de salud, escuchando a quienes todav&iacute;a tienen dudas y demostrando que detr&aacute;s de problemas aparentemente distintos existe una experiencia compartida: trabajar cada vez m&aacute;s para poder pagar una vida cada vez m&aacute;s precaria.
    </p><p class="article-text">
        La fuerza que apareci&oacute; estos d&iacute;as en Sol tiene sentido si ahora somos capaces de llevarla mucho m&aacute;s lejos. A cada barrio, a cada bloque, a cada centro educativo y a cada centro de trabajo. No porque exista una forma de movilizaci&oacute;n m&aacute;s pura que otra, sino porque ninguna plaza, por grande que sea, puede sustituir la organizaci&oacute;n paciente y cotidiana que necesitamos para convertir una mayor&iacute;a social en una fuerza capaz de cambiar las cosas.
    </p><p class="article-text">
        Una huelga general ser&aacute; posible cuando suficientes personas hayan llegado a una conclusi&oacute;n muy sencilla: que si somos nosotras quienes pagamos los alquileres, quienes trabajamos en los hospitales, quienes damos clase en los colegios, quienes conducimos los autobuses, levantamos las persianas de los comercios, cuidamos a nuestras mayores y hacemos funcionar las ciudades, tambi&eacute;n tenemos una enorme capacidad para detenerlas.
    </p><p class="article-text">
        El viernes el Congreso cerr&oacute; una puerta, y nosotras no pensamos quedarnos delante esperando a que vuelva a abrirla, porque si algo hemos aprendido estos d&iacute;as es que la pol&iacute;tica no termina all&iacute; donde fracasan los pol&iacute;ticos. En muchos momentos de nuestra historia, ha sido exactamente ah&iacute; donde ha empezado: ahora nos toca construir la fuerza para demostrarlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Valeria Racu, Alicia del Río]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/acabo-tiempo-politicos-empiece-tiempo-politica_129_13561224.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Oct 2026 20:11:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Se acabó el tiempo de los políticos. Que empiece el tiempo de la política]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Maricarmen]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sin vivienda no hay educación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/vivienda-no-hay-educacion_129_11726426.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5177e83d-2d52-49cd-b083-db43495e8376_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Imagen de archivo de un centro educativo público."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En los tres años que llevo trabajando en centros educativos públicos de Villaverde, Carabanchel y Orcasitas, la gran mayoría de casos atendidos han estado atravesados por una dificultad relacionada con la vivienda. Razones por las que apoyar la manifestación del 13 de octubre desde el profesorado.</p></div><p class="article-text">
        En mi primer curso como orientadora atend&iacute; a una alumna de 3&ordm; de la ESO que me derivaron por su salud mental. Era una adolescente lista y espabilada, sacaba buenas notas, pero su estado de &aacute;nimo hab&iacute;a ido empeorando y tambi&eacute;n su atenci&oacute;n en clase. Un d&iacute;a no vino a la cita conmigo. Me dijeron que no hab&iacute;a venido en todo el d&iacute;a y me pareci&oacute; muy raro. Un par de horas despu&eacute;s, supimos que ella y su familia acababan de ser desahuciadas. Ese curso suspendi&oacute; pr&aacute;cticamente todas las asignaturas y despu&eacute;s se cambi&oacute; de centro, m&aacute;s cerca de la habitaci&oacute;n donde otro familiar les acogi&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo la impotencia que sent&iacute; en aquel despacho de orientaci&oacute;n. Mientras el resto de sus profesores y yo intent&aacute;bamos cada d&iacute;a hacer nuestra parte del trabajo, dar a esta adolescente su educaci&oacute;n obligatoria, acompa&ntilde;arla en su desarrollo a la vida adulta, otros nos lo tiraban por tierra. La polic&iacute;a, el sistema judicial y un casero arrancaban a esta menor de su casa, de su barrio, de su <em>insti</em>, de sus amigas, le arrebataban su capacidad de atender, sentirse segura, estudiar y aprender. Le arrancaban, entre tantas cosas, su derecho a la educaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto no es un caso aislado. <a href="https://www.observatoriodelainfancia.es/oia/esp/descargar.aspx?id=5048&amp;tipo=documento" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">De los desahucios que se producen en nuestro pa&iacute;s, entre el 70% y el 80% incluye menores</a> de edad. En muchos de estos casos, los colegios e institutos no nos enteramos hasta que suceden porque familias y alumnado no nos lo cuentan por verg&uuml;enza. O quiz&aacute;s no lo cuentan porque, en general, los profesores no hacemos nada. Un lamento, unas palabras de &aacute;nimo, y a seguir, que tenemos mucho curro y no llegamos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.observatoriodelaeducacion.es/wp-content/uploads/2019/12/Factores-de-exclusi%C3%B3n-educativa-en-Espa%C3%B1a-UICEF-Espa%C3%B1a.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las condiciones materiales influyen en la experiencia escolar </a>y en los resultados acad&eacute;micos, siendo de hecho <a href="https://www.savethechildren.es/sites/default/files/2023-12/PISA22Equidad_EsadeEcPolSavetheChildren.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">uno de los principales factores explicativos del &eacute;xito o fracaso acad&eacute;mico</a>. Es un hecho ampliamente contrastado por estudios de todo tipo. &iquest;Qu&eacute; papel jugamos, entonces, maestras y profesores de la ense&ntilde;anza obligatoria, en el contexto actual en el que nos encontramos con un 30% de pobreza infantil? &iquest;Podemos seguir haciendo nuestro trabajo sin hacernos cargo de que el derecho a la educaci&oacute;n se tambalea cada d&iacute;a para un tercio de nuestra infancia?
    </p><p class="article-text">
        Como orientadora, me llegan los casos identificados como &ldquo;problem&aacute;ticos&rdquo; de cada centro en el que trabajo, con etiquetas para todos los s&iacute;ntomas: absentismo, bajos resultados, problemas de conducta, dificultades de aprendizaje, de salud mental, derivaciones a Diversificaci&oacute;n o Formaci&oacute;n Profesional B&aacute;sica&hellip; En estas situaciones se nos pide a las orientadoras que evaluemos y demos respuesta al caso, asesorando al profesorado para actuar de la mejor manera posible para favorecer el aprendizaje y desarrollo del alumno en cuesti&oacute;n, y que derivemos a otros recursos de ayuda existentes si procede. En los tres a&ntilde;os que llevo trabajando en centros educativos p&uacute;blicos de Villaverde, Carabanchel y Orcasitas, puedo asegurar que la gran mayor&iacute;a de casos atendidos han estado atravesados por una dificultad relacionada con la vivienda que afectaba al alumno y a su familia. No pod&iacute;a explicar &ldquo;el problema&rdquo; del alumno sin reconocer el hecho de que esa unidad familiar no contaba con un lugar adecuado, seguro y estable en el que vivir. Es habitual encontrar alumnado que vive en una habitaci&oacute;n de alquiler con uno de sus progenitores, expuestos al desalojo en cualquier momento y a la falta de intimidad; otros, inmersos en un clima familiar tenso e incluso violento con parejas que no pueden permitirse separarse; alumnos expulsados de sus casas que se tienen que mudar lej&iacute;simos o se cambian de centro; alumnos sin espacio para sentarse a estudiar: alumnos con padres y madres ausentes, trabajando largu&iacute;simas jornadas <a href="https://www.larazon.es/madrid/madrilenos-destinan-62-salario-pago-alquiler_202405136641c773c18d400001342a9e.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">para poder pagar el alquiler</a>. Precariedad e incertidumbre constantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El sistema de vivienda actual, regulado para que las casas sean un bien de mercado que da rentabilidad a unos a costa de otros, es incompatible con un sistema educativo que se pretende universal, de calidad, para todos y todas, en igualdad de oportunidades. La &ldquo;rentabilidad&rdquo; de la que presume el mercado inmobiliario no solo destroza la capacidad econ&oacute;mica de las familias inquilinas, tambi&eacute;n se lleva por delante su bienestar mental, su atenci&oacute;n y regulaci&oacute;n emocional, su tiempo, sus relaciones familiares y trayectorias educativas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si los docentes madrile&ntilde;os tenemos que acudir a la manifestaci&oacute;n por la vivienda del pr&oacute;ximo 13 de octubre, no es s&oacute;lo porque nuestro salario no sea ya capaz de garantizarnos acceder a una vivienda a una distancia razonable de nuestro centro de trabajo. Es el momento de denunciar que en este contexto, los profesores dif&iacute;cilmente podemos hacer nuestra labor. Sin vivienda asegurada para nuestro alumnado y sus unidades familiares, no hay lugar para el aprendizaje y el desarrollo evolutivo adecuado que busca la educaci&oacute;n primaria y secundaria. As&iacute;, las propuestas de bajar el precio de los alquileres y cualquier medida para prohibir la especulaci&oacute;n con la vivienda, se convierten hoy en medidas esencialmente educativas, al igual que lo fue en su momento legislar para que cualquier padre o madre pudiera salir del trabajo para hablar con la tutora de su hijo o acudir a la reuni&oacute;n de familias en en el centro.
    </p><p class="article-text">
        Este 13 de octubre, todas aquellas personas que defendemos el derecho a la educaci&oacute;n debemos defender que la vivienda es, por encima de todo, una necesidad b&aacute;sica y un derecho.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia del Río]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/vivienda-no-hay-educacion_129_11726426.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Oct 2024 20:19:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sin vivienda no hay educación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Desahucios,Jóvenes,Vivienda]]></media:keywords>
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