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    <title><![CDATA[elDiario.es - Santi Eraso]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/santi-eraso/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Santi Eraso]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿De verdad hace falta otro museo Guggenheim en Urdaibai?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/falta-museo-guggenheim-urdaibai_132_11741678.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/73fbd50a-73fe-4afa-a5b7-a9793f649332_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿De verdad hace falta otro museo Guggenheim en Urdaibai?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Aunque se nos presente como símbolo de progreso, el proyecto de una nueva sede no es más que un simulacro de destrucción macabro y un atentado contra la necesaria prudencia ecológica"</p></div><p class="article-text">
        Parece que el proyecto de construcci&oacute;n de una nueva sede del museo Guggenheim en Urdaibai, reserva mundial de la biosfera, est&aacute; ya muy avanzado. Pretenden construir sendos equipamientos, uno en Gernika y otro en Murueta, zona especialmente sensible y vulnerable de la reserva, con las correspondientes infraestructuras viarias que permitan vincular ambos edificios y sus servicios. El territorio afectado por el proyecto es un ecosistema excepcional de acantilados, monta&ntilde;as, playas, r&iacute;os y aguas subterr&aacute;neas donde la vida animal y la humana conviven en un paisaje especial que ver&iacute;a alterado sustancialmente su precario equilibrio ecobiosist&eacute;mico. 
    </p><p class="article-text">
        Los primeros pasos &#9472;algunos acuerdos pol&iacute;ticos, provisi&oacute;n de presupuestos (incluidos fondos europeos destinados por el Gobierno de Espa&ntilde;a para la transici&oacute;n energ&eacute;tica), modificaciones de normas urban&iacute;sticas, derribos, etc.&#9472; se est&aacute;n llevando a cabo con de manera bastante subrepticia y con muy poca informaci&oacute;n contrastada. De hecho, m&aacute;s all&aacute; de algunas generalidades sobre la excelencia de la propuesta liderada por la Fundaci&oacute;n Guggenheim Bilbao, no se conocen datos concretos en relaci&oacute;n con el programa arquitect&oacute;nico y de contenidos. Sin embargo, aunque algunos responsables pol&iacute;ticos dicen desconocer el alcance real de la operaci&oacute;n, el proyecto cuenta con un respaldo institucional casi un&aacute;nime. Es decir, una confianza plena &#9472;se podr&iacute;a decir tambi&eacute;n ciega&#9472; en la marca de titularidad privada. Por fortuna, al mismo tiempo ha despertado una significativa oposici&oacute;n ciudadana. De hecho, desde hace meses se extiende el malestar social y este pr&oacute;ximo s&aacute;bado hay convocada en Gernika una manifestaci&oacute;n para exigir la paralizaci&oacute;n de las obras.
    </p><p class="article-text">
        El descontento tiene varias causas, pero, en esencia, es una oposici&oacute;n de car&aacute;cter proteccionista y ecologista que pone en cuesti&oacute;n la pertinencia de la construcci&oacute;n de estos equipamientos e infraestructuras en un paisaje tan caracter&iacute;stico que &uacute;nicamente necesita atenci&oacute;n cuidadosa y protecci&oacute;n patrimonial. Asimismo, existe un desacuerdo social con el modelo econ&oacute;mico que se propone porque implicar&iacute;a un aumento de consecuencias perjudiciales derivadas del crecimiento exponencial de la turistificaci&oacute;n. Las previsiones institucionales calculan un flujo, en primera instancia, de unas ciento cuarenta mil personas (con el efecto Guggenheim en poco tiempo esta cifra se duplicar&aacute; o triplicar&aacute;), la mayor&iacute;a turistas cuyo destino hubiera sido tan solo Bilbao y que a priori, si no fuera por los incentivos a&ntilde;adidos de la industria tur&iacute;stica, no se les hubiera ocurrido desplazarse a Urdaibai.
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente, la poblaci&oacute;n de la comarca, con su oposici&oacute;n a la masificaci&oacute;n tur&iacute;stica, no persigue privar a nadie de la posibilidad de disfrutar del lugar, tan solo pretenden indicar que no es necesario que las instituciones aumenten de manera artificial el deseo de movilizaci&oacute;n permanente. &iquest;No ser&iacute;a posible esperar de las instituciones p&uacute;blicas cierto grado de cordura y mesura a la hora de promover de forma activa pol&iacute;ticas de aceleraci&oacute;n y circulaci&oacute;n humana en zonas sensibles ecol&oacute;gicamente o de espacios urbanos ya de por s&iacute; muy turistificados?
    </p><p class="article-text">
        Deduzco que, en parte, reflexiones parecidas a estas se har&iacute;an en su momento los responsables pol&iacute;ticos que cancelaron el proyecto en varias ocasiones. Seguramente llegar&iacute;an a esa conclusi&oacute;n tras las sucesivas crisis econ&oacute;micas, sanitarias y sociales que hemos padecido en estas dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Entonces hicieron un ejercicio razonado de sensatez al considerar que no era oportuno seguir adelante. Sin embargo, una especie de amnesia institucional hace olvidar las causas de aquellas crisis y borra de la memoria las palabras de contrici&oacute;n que entonces se escuchaban en boca de algunos representantes de los poderes p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        Nos olvidamos con demasiada facilidad que, en el 2008, los bancos a duras penas lograban mantener abiertos los cajeros autom&aacute;ticos; hubo que desembolsar miles de millones de recursos p&uacute;blicos para recuperar al sistema bancario que se mor&iacute;a de &eacute;xito por sus excesos acumuladores. Y poco m&aacute;s de una d&eacute;cada m&aacute;s tarde, el mundo se encerr&oacute; porque un virus mort&iacute;fero se colaba por las grietas de nuestro fr&aacute;gil equilibrio ecobiol&oacute;gico. Las consecuencias de los excesos del sistema especulativo inmobiliario y la alteraci&oacute;n del precario equilibrio sanitario nos enviaron un aviso. A&uacute;n est&aacute;bamos a tiempo de corregir algunos abusos econ&oacute;micos, sanar nuestras redes de asistencia social y atender con m&aacute;s precauci&oacute;n nuestra relaci&oacute;n con los ecosistemas vitales. Pero, como si no hubiera ocurrido nada, continuamos con las mismas din&aacute;micas culturales, sociales y econ&oacute;micas. As&iacute; es como hace apenas un a&ntilde;o se desempolv&oacute; el proyecto de ese nuevo museo en Urdaibai que, en una prudente cuarentena institucional, hab&iacute;a permanecido en los cajones.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Cultura f&oacute;sil. Arte, cultura y pol&iacute;tica entre la Revoluci&oacute;n industrial y el calentamiento global </em>(Akal, 2023)<em>, </em>Jaime Vindel escribe que nuestra (in)consciencia cultural y est&eacute;tica es un inconsciente energ&eacute;tico porque rara vez reparamos sensorialmente en el coste energ&eacute;tico que subyace a nuestra experiencia cotidiana. Seg&uacute;n este investigador del CSIC, ser&iacute;a como una desmemoria (in)voluntaria sobre la cantidad de energ&iacute;a que consumimos en nuestras vidas; una especie de amnesia que nos borra la dependencia que, por ejemplo, nuestro sistema de alimentaci&oacute;n tiene respecto al consumo de petr&oacute;leo, el que necesitamos para mantener en funcionamiento las ciudades o el que empleamos en los desplazamientos que realizamos. A pesar de las evidencias cient&iacute;ficas, damos por hecho que la modernidad y el progreso, sin ning&uacute;n tipo de limite ni consciencia, presupone el acceso autom&aacute;tico a cualquier tipo de energ&iacute;a y a la posibilidad de convertirla en cualquier cosa que satisfaga nuestro deseo.
    </p><p class="article-text">
        Se podr&iacute;a afirmar que esa inconsciencia energ&eacute;tica tambi&eacute;n atraviesa la condici&oacute;n institucional, en la medida que sus pol&iacute;ticas no parecen tener la capacidad para medir el impacto que supone seguir construyendo innecesarias infraestructuras y equipamientos. Porque, &iquest;de verdad es necesario otro Guggenheim en Urdaibai? No me cabe en la cabeza, a no ser que la decisi&oacute;n se inscriba en esas din&aacute;micas amn&eacute;sicas o, peor a&uacute;n, &ldquo;negacionistas,&rdquo; que obvian que el mundo y el planeta est&aacute;n entrando en una era de acelerada e irresoluble degradaci&oacute;n ambiental y clim&aacute;tica. Todo lo damos por v&aacute;lido, sin que nos preguntemos en que raz&oacute;n, m&iacute;nimamente sensata, se sujeta esa din&aacute;mica constructiva que, en el fondo, en muchos casos es caprichosa y destructiva a medio y largo plazo.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as, el lehendakari, Imanol Pradales, uno de los principales adalides del proyecto, en una entrevista para <em>Naiz</em>, comentaba que hab&iacute;a llegado el momento de pensar en la situaci&oacute;n del mundo y dejar atr&aacute;s pol&iacute;ticas est&eacute;ticas. Es probable que no nos refiramos a lo mismo, pero aqu&iacute; tiene una buena oportunidad para aplicar sus propios consejos. Por mucho que se camufle bajo capas de jardiner&iacute;a medio ambientalista este proyecto tiene todas las caracter&iacute;sticas de lo que Vindel denomina &ldquo;est&eacute;tica f&oacute;sil&rdquo;, un imaginario donde confluyen los intereses del capital y de las elites dominantes, junto con una determinada concepci&oacute;n de progreso, vinculada a una supuesta modernidad industrial o, lo que es m&aacute;s c&iacute;nico, a una contemporaneidad cultural, de la mano del arte. 
    </p><p class="article-text">
        Es muy curioso que, en tiempos de crisis clim&aacute;tica, en estas pol&iacute;ticas econ&oacute;micas, sociales y culturales, camufladas de propaganda verde, se exalte, una y otra vez, la &ldquo;energ&iacute;a creativa&rdquo; como &ldquo;motor&rdquo; de la econom&iacute;a de la ciudad, cada vez m&aacute;s sujeta a la industria del turismo (con la gastronom&iacute;a como punta de lanza) o se ensalce la figura del emprendedor, en este caso artistas, como paradigma relacionado con la invenci&oacute;n humana, cuando precisamente tambi&eacute;n es otro sector social precarizado. El arte, por tanto, no necesita que se instrumentalice, de manera burda, para justificar una operaci&oacute;n ajena a los tantas veces proclamados derechos culturales y a la justicia social que deber&iacute;a acompa&ntilde;arlos para su equitativa aplicaci&oacute;n. Las instituciones har&iacute;an bien en pensar mejor los sistemas de redistribuci&oacute;n de los bienes p&uacute;blicos y el destino de los recursos de todes sin la necesidad de erigir m&aacute;s equipamientos culturales costosos, de dudosa necesidad, y cuyo principal objetivo es apropiarse, una vez m&aacute;s, del valor simb&oacute;lico del arte, de nuestros bienes comunes, explotar el territorio y, en este caso, especialmente peculiar, incrementar los beneficios e intereses de la industria del turismo. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, es bastante triste comprobar como la comunicaci&oacute;n institucional se infla de ret&oacute;rica c&iacute;nica con lemas publicitarios demag&oacute;gicos seg&uacute;n los cuales el nuevo museo ser&aacute; una &ldquo;obra acorde al desarrollo integral de la zona con muy pocos visitantes para conservar la sostenibilidad del entorno y evitar la masificaci&oacute;n y disfrutar del arte al aire libre&rdquo;. Como si ahora mismo, en su propia materialidad paisajista, en Urdaibai no hubiera las condiciones suficientes para hacerlo, sin que haga ninguna falta intervenir en ese territorio o saturarlo de flujos humanos. Aunque la publicidad empresarial o la propaganda pol&iacute;tica se empe&ntilde;en en desplegar cierta verborrea sobre la sostenibilidad del nuevo museo Guggenheim, la aceleraci&oacute;n de la crisis ecol&oacute;gica nos exigir&iacute;a, como m&iacute;nimo, cierta antropolog&iacute;a de la renuncia, algo m&aacute;s de modestia y mucha precauci&oacute;n para promover formas de deseo m&aacute;s ajustadas a las demandas inapelables de nuestro tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        En sentido contrario a esa velocidad de la acumulaci&oacute;n capitalista, el principal desaf&iacute;o que deber&iacute;amos abordar para ser algo m&aacute;s consecuentes con la precauci&oacute;n ecol&oacute;gica a la que nos debemos, ser&iacute;a articular entre las instituciones y los movimientos sociales otras pol&iacute;ticas &eacute;ticas y est&eacute;ticas m&aacute;s mesuradas que respondan a las demandas de la crisis ecosocial. &iquest;No es suficiente con el museo que ya existe? &iquest;No son bastantes los m&aacute;s de un mill&oacute;n de visitantes al a&ntilde;o que llegan de fuera de Bilbao? &iquest;No es posible dejar de sumar m&aacute;s y m&aacute;s y pensar que igual menos y mejor es m&aacute;s saludable? &iquest;No hay imaginaci&oacute;n institucional para proponer la recuperaci&oacute;n de esos espacios y el despliegue en ellos de otros programas m&aacute;s coherentes con los discursos institucionales de la sostenibilidad y con otras perspectivas econ&oacute;micas y sociales? Seguro que hay m&aacute;s de un informe estrat&eacute;gico para el desarrollo sostenible de esa zona que no implique necesariamente una operaci&oacute;n de gentrificaci&oacute;n, apropiaci&oacute;n y explotaci&oacute;n desmedida de este territorio excepcional. Aunque se nos presente como s&iacute;mbolo de progreso, el proyecto de una nueva sede del museo Guggenheim en Urdaibai no es m&aacute;s que un simulacro de destrucci&oacute;n macabro y un atentado contra la necesaria prudencia ecol&oacute;gica, que olvida proponer otros modos de producci&oacute;n que pertenezcan a una nueva era de consciencia social y cuidado de nuestros ecosistemas humanos, animales y naturales.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Santi Eraso]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/falta-museo-guggenheim-urdaibai_132_11741678.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Oct 2024 19:45:49 +0000]]></pubDate>
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