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    <title><![CDATA[elDiario.es - Valentina Torres Zorrilla]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/valentina-torres-zorrilla/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Valentina Torres Zorrilla]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el sexo se convierte en norma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/sexo-convierte-norma_132_13200931.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/add932a8-4309-4cdf-b963-32b73b17d155_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando el sexo se convierte en norma"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Las estadísticas pueden describir tendencias, pero no deberían dictar qué es bueno o malo, qué es correcto o incorrecto ni cómo deben ser nuestras relaciones"</p></div><p class="article-text">
        Cada cierto tiempo, un nuevo titular promete descifrar c&oacute;mo est&aacute; cambiando nuestra sexualidad. Art&iacute;culos, estudios y contenidos virales se&ntilde;alan tendencias: cu&aacute;nto ha subido o bajado el consumo de porno, qu&eacute; pr&aacute;cticas er&oacute;ticas se extienden o qu&eacute; desean hoy las personas. Muchos de esos relatos se apoyan en estudios avalados por instituciones acad&eacute;micas, lo que les otorga una apariencia de rigor. Sin embargo, en no pocos casos se trata de investigaciones con escaso peso cient&iacute;fico, metodolog&iacute;as cuestionables o conclusiones sobredimensionadas que no justifican el nivel de autoridad con el que se difunden.
    </p><p class="article-text">
        A partir de encuestas parciales o muestras peque&ntilde;as se construyen relatos que pretenden describir tendencias generales, cuando en realidad solo recogen experiencias concretas. As&iacute;, experiencias profundamente singulares terminan present&aacute;ndose como si fueran realidades universales.
    </p><p class="article-text">
        A esta tendencia se suma otra: pr&aacute;cticamente cualquiera se siente legitimado para hablar con autoridad sobre sexo. El hecho de tener una vida sexual parece bastar para muchos como fundamento para opinar sobre el fen&oacute;meno en su conjunto. Sin embargo, rara vez se recurre a los marcos conceptuales y al trabajo de quienes se dedican profesionalmente a la sexolog&iacute;a, un campo que lleva d&eacute;cadas investigando y pensando estas cuestiones.
    </p><p class="article-text">
        Las cifras agregadas nos ofrecen una apariencia de objetividad, pero dejan fuera algo esencial: la singularidad desde la que cada persona construye su forma de amar, ser y sentir. Cuando estas generalizaciones se convierten en relatos dominantes, muchas personas terminan sin verse reflejadas en ellos. Esto no significa negar el valor de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica ni de las mediciones. La sexolog&iacute;a, de hecho, se nutre profundamente de ellas: buena parte de lo que hoy sabemos sobre la sexualidad humana proviene de estudios emp&iacute;ricos rigurosos. Investigaciones como las de William Masters y Virginia Johnson permitieron describir con precisi&oacute;n numerosos aspectos del funcionamiento fisiol&oacute;gico del placer, entre ellos elementos fundamentales del orgasmo femenino. Hablar de sexualidad desde la sexolog&iacute;a implica, por tanto, apoyarse en evidencia cient&iacute;fica y, por supuesto, en los procesos biogr&aacute;ficos.
    </p><p class="article-text">
        Las mediciones son necesarias porque nos ayudan a comprender fen&oacute;menos complejos. Las dificultades surgen cuando esos datos se usan para establecer normas sobre c&oacute;mo se debe vivir. Las estad&iacute;sticas pueden describir tendencias, pero no deber&iacute;an dictar qu&eacute; es bueno o malo, qu&eacute; es correcto o incorrecto ni c&oacute;mo deben ser nuestras relaciones. Sirven como mapas aproximados de lo general. La experiencia er&oacute;tica, en cambio, se construye siempre en el territorio de lo particular.
    </p><p class="article-text">
        &Uacute;ltimamente, algunos de esos datos sugieren que los j&oacute;venes parecen estar cansados de tanto &ldquo;sexo&rdquo; en las pantallas. Esta discusi&oacute;n no es nueva. Desde hace tiempo existen cr&iacute;ticas a la manera en que el sexo aparece representado en la cultura audiovisual. Muchas de esas representaciones han puesto en circulaci&oacute;n modelos relacionales que pocas veces se ajustan a la realidad y que, en ocasiones, generan expectativas poco realistas. Algo parecido ocurre con el porno, que propone guiones y formas de encuentro que terminan funcionando como referencia para muchas personas, aunque no necesariamente correspondan con sus propias experiencias.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la diversidad de esas im&aacute;genes o relatos no depende tanto de cada pieza concreta como de c&oacute;mo funciona la industria audiovisual. Es esa estructura la que puede imponer estereotipos, normalizar ciertos modelos de deseo y determinar qu&eacute; historias se ven y cu&aacute;les quedan fuera. Por eso es imprescindible avanzar hacia representaciones m&aacute;s diversas: en orientaci&oacute;n, identidad, corporalidad, deseos y formas de relacionarse. Pero cuando se espera que la ficci&oacute;n cumpla una funci&oacute;n pedag&oacute;gica, se coloca sobre sus hombros una tarea que corresponde a la educaci&oacute;n y al di&aacute;logo social.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de la historia, modelos autoritarios ya disciplinaron las artes para que cumplieran una funci&oacute;n social y pol&iacute;tica concreta. No podemos repetir ese error disfrazado de progreso: la ficci&oacute;n puede abrir horizontes, provocar reflexi&oacute;n y cuestionar normas, pero no debe convertirse en un manual de conducta sexual. Su valor est&aacute; en ampliar nuestra imaginaci&oacute;n de lo posible, no en dictar lo que tenemos que hacer.
    </p><p class="article-text">
        En estos debates suele aparecer otra cr&iacute;tica: muchas representaciones del sexo no reflejan realmente c&oacute;mo se viven esos encuentros. Ese reproche se&ntilde;ala la distancia que a menudo existe entre la representaci&oacute;n audiovisual y la experiencia vivida. Un encuentro er&oacute;tico no es solo desnudarse y coitar. Y, sin embargo, eso es muchas veces lo que se muestra: cuerpos que se desnudan y un coito m&aacute;s o menos coreografiado. Esa reducci&oacute;n puede estar presente, pero resulta insuficiente para dar cuenta del encuentro. Un encuentro er&oacute;tico desborda cualquier intento de fijaci&oacute;n completa en una imagen: hay dimensiones afectivas, temporales y relacionales que exceden lo visible, incluso lo narrable.
    </p><p class="article-text">
        Si toda representaci&oacute;n es necesariamente parcial, entonces la cuesti&oacute;n no puede resolverse solo en el plano de las im&aacute;genes. Tal vez el problema est&eacute; mal planteado. No se trata de exigirle m&aacute;s al cine, sino de reconocer que una vida er&oacute;tica m&aacute;s rica, y relaciones m&aacute;s plenas, pasan por otro lugar: la educaci&oacute;n sexual. No como un conjunto de prescripciones, sino como un espacio de circulaci&oacute;n de ideas y desde el que podemos ir configurando nuestra particular forma de ser, desear, percibir y relacionarnos.
    </p><p class="article-text">
        Las im&aacute;genes que consumimos no solo influyen en lo que esperamos de los encuentros, sino tambi&eacute;n en aquello que aprendemos a considerar deseable. En este contexto cada vez m&aacute;s hay cr&iacute;ticas hacia quienes sienten atracci&oacute;n por cuerpos muy estereotipados, &ldquo;perfectos&rdquo; o marcados por ciertos ideales: se plantea que desearlos implicar&iacute;a cosificar a la persona y reducirla &uacute;nicamente a su aspecto f&iacute;sico. Sin embargo, este argumento merece matices. El hecho de sentir deseo hacia ciertos cuerpos no implica necesariamente negar a la persona ni reducirla a su apariencia. Aunque no conviene olvidar que parte de nuestras inclinaciones y preferencias no surgen de la nada: muchas est&aacute;n mediadas por la construcci&oacute;n cultural.
    </p><p class="article-text">
        El deseo muchas veces comienza precisamente en el cuerpo: en una mirada, en un gesto, en una forma de moverse o en una presencia f&iacute;sica que nos atrae. Y no todos esos deseos implican un proyecto relacional. A veces deseamos a alguien sin querer establecer una relaci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; del propio encuentro. Y tambi&eacute;n est&aacute; la fantas&iacute;a, que nos desplaza hacia territorios insospechados, donde lo imaginado no busca realizarse, sino que encuentra su sentido en el propio despliegue de lo imposible.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, algunos discursos parten de una distinci&oacute;n discutible: tratan lo sexual como si pudiera entenderse separado de toda dimensi&oacute;n afectiva, como si designara &uacute;nicamente lo genital o lo mec&aacute;nico del encuentro. Sin embargo, esa separaci&oacute;n no se sostiene. Lo sexual, en tanto relaci&oacute;n con otro cuerpo, implica ya una forma de afectaci&oacute;n: no es un &aacute;mbito aislado de lo que nos pasa con la otra persona. Incluso en los encuentros m&aacute;s fugaces, algo nos ocurre, algo nos afecta.
    </p><p class="article-text">
        Cuando nos relacionamos er&oacute;ticamente con alguien, ese encuentro nos expone y nos vuelve vulnerables en alg&uacute;n grado. No se trata de enamoramiento ni de la necesidad de una relaci&oacute;n estable, pero s&iacute; de que los encuentros er&oacute;ticos nunca son ajenos a lo que somos: dejan una huella que transforma la manera en que nos vivimos y nos comprendemos. Siempre en relaci&oacute;n con otra persona, en ese &ldquo;entre&rdquo; donde el v&iacute;nculo nos constituye y nos desplaza al mismo tiempo.
    </p><p class="article-text">
        A partir de esta complejidad de lo vivido, no siempre f&aacute;cil de reducir a categor&iacute;as fijas, tambi&eacute;n se han construido distintos modos de hablar sobre la sexualidad. Devaluar el sentido del hecho sexual humano mediante la distinci&oacute;n entre lo afectivo y lo sexual arrastra una herencia cultural que durante mucho tiempo opuso el cuerpo y el alma, como si pertenecieran a &oacute;rdenes distintos de la experiencia humana. Esta manera de escindir la experiencia no s&oacute;lo describe, sino que tambi&eacute;n organiza ciertos modos de pensar y de normativizar el deseo.
    </p><p class="article-text">
        Hoy tambi&eacute;n circulan mensajes que sugieren que una vida er&oacute;tica plena deber&iacute;a incluir determinadas experiencias: abrir la relaci&oacute;n, probar tr&iacute;os, visitar clubes liberales, incorporar juguetes o experimentar constantemente nuevas pr&aacute;cticas. Estas propuestas pueden ser estimulantes para algunas personas y formar parte de su manera de vivir la er&oacute;tica. Pero cuando empiezan a funcionar como expectativas sociales, tambi&eacute;n pueden convertirse en nuevas formas de norma.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El deseo necesita espacio, singularidad y una apertura a lo diverso entendido no como exigencia de novedad, sino la posibilidad de que cada encuentro conserve su carácter irrepetible</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La norma no siempre dice &ldquo;no hagas&rdquo;. A veces dice &ldquo;deber&iacute;as estar haciendo esto&rdquo; o &ldquo;deber&iacute;as estar haciendo m&aacute;s&rdquo;. En ese sentido, la presi&oacute;n no solo surge en discursos conservadores limitantes. Tambi&eacute;n puede surgir en discursos que, en nombre de la libertad o de la exploraci&oacute;n, establecen nuevas pautas sobre c&oacute;mo deber&iacute;a ser una vida er&oacute;tica interesante, abierta o suficientemente moderna.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando el deseo empieza a vivirse como una obligaci&oacute;n, aunque sea una obligaci&oacute;n de experimentar, innovar o ampliar continuamente los l&iacute;mites, puede dejar de funcionar. Porque el deseo necesita justamente otra cosa: espacio, singularidad y una apertura a lo diverso entendido no como exigencia de novedad, sino la posibilidad de que cada encuentro conserve su car&aacute;cter irrepetible.
    </p><p class="article-text">
        Al final, la riqueza de la er&oacute;tica no reside en los guiones que nos proponen ni en las normas que intentan ordenar el deseo. Est&aacute; en algo mucho m&aacute;s simple y mucho m&aacute;s complejo a la vez: en el encuentro entre dos personas que, sin manual previo, van explorando qu&eacute; puede surgir entre ellas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Valentina Torres Zorrilla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/sexo-convierte-norma_132_13200931.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 May 2026 19:45:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Sexología,Sexo,Deseo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Más allá de las hormonas: ¿por qué hacer la compra a veces compensa más que follar?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/hormonas-compra-veces-compensa-follar_132_12998406.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/191c574f-e53f-43e4-9366-d64f5416c61f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más allá de las hormonas: ¿por qué hacer la compra a veces compensa más que follar?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La sexualidad se ha organizado alrededor de un guion exigente: disponibilidad, rendimiento, centralidad del coito, confirmación constante de que todo funciona como debe"</p></div><p class="article-text">
        Puede parecer una broma, pero muchas mujeres reconocen sin pudor que hay d&iacute;as en que organizar la despensa, hacer una caminata sin prisa o estar sola en casa resulta m&aacute;s gratificante que un encuentro er&oacute;tico que, en teor&iacute;a, deber&iacute;a ser mucho m&aacute;s apetecible y placentero.
    </p><p class="article-text">
        La explicaci&oacute;n reduccionista se&ntilde;ala al laboratorio. La interesante mira la biograf&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Se ha difundido mucho la idea de que la vida er&oacute;tica, en el climaterio (antes, durante y despu&eacute;s de la menopausia), &ldquo;depende&rdquo; en gran medida de las hormonas. Estas pueden facilitar o dificultar la respuesta corporal, pero no deciden sobre el deseo ni la excitaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las hormonas pueden modular la energ&iacute;a, el metabolismo o el estado de &aacute;nimo (entre otras muchas cosas). Pero no fabrican sentido. Y cuando algo pierde sentido, por muy posible que sea fisiol&oacute;gicamente, deja de compensar.
    </p><p class="article-text">
        En esta etapa, lo que cambia no es tanto la existencia del deseo, sino el marco en el que se expresa. Sin embargo, se sigue cometiendo el mismo error: tomar el nivel hormonal en sangre como explicaci&oacute;n principal, cuando es solo el dato m&aacute;s f&aacute;cil de medir. Que una hormona est&eacute; m&aacute;s baja o m&aacute;s alta no explica por s&iacute; sola qu&eacute; le pasa a una persona con sus ganas.
    </p><p class="article-text">
        En la menopausia, la clave no est&aacute; tanto en cu&aacute;nta hormona hay, sino en c&oacute;mo responde el organismo y, sobre todo, en c&oacute;mo se integra esa se&ntilde;al en la experiencia vital de la persona. Por eso, dos personas con anal&iacute;ticas similares pueden vivir su vida er&oacute;tica de formas radicalmente distintas.
    </p><p class="article-text">
        Ni el gusto ni la apetencia se eligen de manera voluntaria. No decidimos que algo nos atraiga; m&aacute;s bien lo vamos descubriendo o incluso puede sorprendernos sin que siquiera seamos conscientes. En la posmenopausia, no es que el deseo desaparezca necesariamente; a veces simplemente cuesta reconocer como propias ciertas formas de apetencia que antes pod&iacute;an surgir espont&aacute;neamente.
    </p><p class="article-text">
        En un momento concreto puede haber varias preferencias: conversar, dormir, tocar, estar sola, abrazar&hellip; Elegir una no invalida las otras. En ese cruce entre energ&iacute;a disponible, contexto relacional y estado corporal, una puede tomar la delantera.
    </p><p class="article-text">
        Ya sea por la edad o por la experiencia acumulada, cambia la manera en que se perciben las propias inclinaciones. No porque antes no hubiera criterio ni porque ahora todo sea m&aacute;s consciente, sino porque el contexto vital es distinto. Hay menos respuestas autom&aacute;ticas y m&aacute;s interferencias reales: energ&iacute;a disponible, falta de sue&ntilde;o, preocupaciones, carga mental, etc. Eso a veces se interpreta como p&eacute;rdida, cuando en realidad es un ajuste. No porque haya menos capacidad, sino porque las circunstancias ya no son las mismas y el cuerpo no responde igual ante cualquier est&iacute;mulo.
    </p><p class="article-text">
        En determinados momentos del propio recorrido biogr&aacute;fico, cuando los cambios interfieren m&aacute;s en lo cotidiano, no solo cambia el cuerpo: cambia el umbral de disponibilidad. Aparece un cansancio que no es exactamente f&iacute;sico ni exactamente emocional, sino acumulativo. A&ntilde;os de trabajo, de cuidados, de sostener relaciones, de exigencias y de adaptaci&oacute;n constante dejan huella. Ese desgaste no elimina el deseo, pero s&iacute; influye en cu&aacute;ndo y c&oacute;mo se activa. Forma parte del mismo organismo que desea.
    </p><p class="article-text">
        Ese ajuste tambi&eacute;n se refleja en la experiencia er&oacute;tica. No todo convoca del mismo modo que antes, pero tampoco antes todo convocaba siempre. En ese movimiento intervienen m&uacute;ltiples factores, entre ellos la forma de habitar el propio cuerpo y la relaci&oacute;n con quien est&aacute; delante. No es una causa &uacute;nica ni una evoluci&oacute;n lineal; es un entramado que se va reorganizando.
    </p><p class="article-text">
        Muchas de las dificultades que percibimos como &ldquo;falta de deseo&rdquo; tienen m&aacute;s relaci&oacute;n con la permanencia de un esquema relacional aprendido que no se ha ajustado a nuestra biograf&iacute;a. Queremos que la vida er&oacute;tica funcione igual que a los treinta, con la misma disponibilidad, la misma centralidad de algunas pr&aacute;cticas o la misma idea de rendimiento.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; entra de lleno la educaci&oacute;n sexual que hemos &mdash;o no&mdash; recibido. El discurso institucional ha reducido la sexualidad a prevenci&oacute;n y riesgo: primero evitar embarazos, luego evitar infecciones. Pero casi nunca aprender a relacionarnos a lo largo del tiempo, a ajustar las convivencias ni a renegociar con nuestra propia er&oacute;tica cuando cambia el cuerpo, cuando cambia la prioridad vital.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, durante demasiado tiempo, el modelo er&oacute;tico dominante ha distribuido cargas de manera desigual y r&iacute;gida. No solo en t&eacute;rminos de anticoncepci&oacute;n o cuidado, sino tambi&eacute;n en t&eacute;rminos de expectativas corporales y desempe&ntilde;o. La sexualidad se ha organizado alrededor de un guion exigente: disponibilidad, rendimiento, centralidad del coito, confirmaci&oacute;n constante de que todo funciona como debe.
    </p><p class="article-text">
        Estos patrones no nos han afectado solamente a las mujeres. Responden a un sistema cultural que convierte el encuentro en una prueba m&aacute;s que en una experiencia. Cuando el valor se mide en t&eacute;rminos de respuesta, duraci&oacute;n o eficacia, el margen para la vulnerabilidad, la negociaci&oacute;n o el cambio se estrecha. Y eso tiene consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        Ninguna de las posiciones que se construyen dentro de este modelo es neutra, porque ninguna surge de la nada. Est&aacute;n atravesadas por mandatos culturales que presionan, encorsetan y generan tensiones. No es solo desgaste individual; es una forma de desencuentro estructural. Cuando el encuentro est&aacute; guiado por expectativas heredadas y poco ajustadas a lo que vamos siendo &mdash;tanto en lo personal como en la relaci&oacute;n&mdash;<strong>,</strong> la experiencia deja de ser un espacio de cultivo y se convierte en un lugar donde algo tiene que demostrarse o sostenerse.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando el valor se mide en términos de respuesta, duración o eficacia, el margen para la vulnerabilidad, la negociación o el cambio se estrecha. Y eso tiene consecuencias</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Con el paso del tiempo &mdash;y especialmente en etapas como la menopausia, donde hay cambios numerosos y, a veces, abruptos&mdash; ese esquema muestra m&aacute;s claramente sus l&iacute;mites. Lo que antes pod&iacute;a sostenerse por inercia empieza a sentirse forzado. Y lo que se interpreta como d&eacute;ficit puede ser, en realidad, cansancio de una l&oacute;gica relacional que ya no encaja.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de los 50, ese desgaste se hace m&aacute;s visible. Puede aparecer una econom&iacute;a interna m&aacute;s estricta: menos disponibilidad. No es rechazo al encuentro con el otro. Es rechazo a seguir representando un guion que exige m&aacute;s de lo que devuelve.
    </p><p class="article-text">
        Mientras no revisemos ese modelo, seguiremos interpretando como &ldquo;p&eacute;rdida de deseo&rdquo; lo que, a veces, es simplemente cansancio de sostener siempre lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la pregunta no sea por qu&eacute; hacer la compra compensa m&aacute;s que follar. Quiz&aacute; la pregunta sea qu&eacute; tendr&iacute;a que reorganizarse en nuestras relaciones para que el encuentro er&oacute;tico vuelva a ser un espacio de disfrute.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Valentina Torres Zorrilla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/hormonas-compra-veces-compensa-follar_132_12998406.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Feb 2026 20:47:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Sexología,Sexo,Menopausia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el cuerpo nos recuerda que seguimos vivas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/cuerpo-recuerda-seguimos-vivas_132_12693208.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3e6475cb-559a-4f1f-8814-9cfb7638d6eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando el cuerpo nos recuerda que seguimos vivas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Lo importante es que la menopausia deje de tratarse como un fenómeno y empiece a asumirse como una condición vital más, sin necesidad de justificar"</p></div><p class="article-text">
        En poco tiempo hemos pasado de no saber nada sobre la menopausia a verla en todas partes: en televisi&oacute;n, en redes sociales, en boca de psic&oacute;logas, psiquiatras, nutricionistas, influencers. Lo que no se hablaba hoy ocupa titulares, campa&ntilde;as de ministerios, podcasts y, como no pod&iacute;a ser de otra manera, anuncios ofertando productos para sentirnos mejor.
    </p><p class="article-text">
        Y s&iacute;, puede parecer una sobresaturaci&oacute;n, pero es algo que suele ocurrir cuando un tema oculto ve por fin la luz. Lo importante es que la menopausia deje de tratarse como un fen&oacute;meno y empiece a asumirse como una condici&oacute;n vital m&aacute;s, sin necesidad de justificar. Que deje de ser noticia y pueda volverse una experiencia que merece ser vivida, sin dramatismos ni eufemismos, simplemente parte de lo que somos.
    </p><p class="article-text">
        Por ahora necesitamos seguir hablando, ya que requerir&aacute; de un tiempo para ver ese paso en toda su dimensi&oacute;n. Pero sobre todo, necesitamos que las mujeres se sientan mejor, que puedan mirar la menopausia como una posibilidad para abrir perspectivas, para reconfigurar la relaci&oacute;n con el propio cuerpo y el futuro.
    </p><p class="article-text">
        Algo empieza a cambiar. Las mujeres ya hablan en voz alta de sus sofocos &mdash;hasta presumen de abanico&mdash;, de su insomnio, de su deseo cambiante. Se hacen bromas, se comparten consejos, se recomiendan alimentos y suplementos para reducir la inflamaci&oacute;n, dormir mejor o recuperar la libido.
    </p><p class="article-text">
        Esa nueva conversaci&oacute;n p&uacute;blica, aunque a veces se quede en lo superficial, es un paso importante: hablar significa ponerlo en la agenda &mdash;tambi&eacute;n en la pol&iacute;tica&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s all&aacute; de las recetas, los ejercicios o los mil productos para hidratar nuestras vaginas y vulvas, hay algo m&aacute;s profundo: c&oacute;mo nos sentimos y relacionamos con el otro. C&oacute;mo nos miramos. C&oacute;mo nos miran.
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente, en un momento hist&oacute;rico en que la maternidad ha dejado de ser una prioridad vital para muchas mujeres, y cuando las sociedades atraviesan una crisis demogr&aacute;fica que pone en duda la propia continuidad de la especie, la menopausia sigue estando le&iacute;da desde la falta: la falta de fertilidad, la incapacidad de reproducci&oacute;n. Como si el valor del cuerpo de la mujer solo pudiera medirse por su capacidad de dar vida.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s lo que nos falta hoy es el reconocimiento: del otro, de los otros.
    </p><p class="article-text">
        En 'La desaparici&oacute;n de los rituales', Byung-Chul Han explica que, al perder el v&iacute;nculo simb&oacute;lico con el mundo, tambi&eacute;n perdemos la capacidad de habitar las transiciones de la vida con sentido. Los rituales eran formas de reconocer lo que cambia y, al mismo tiempo, de dar continuidad a lo que permanece: permit&iacute;an &ldquo;instalarse en el tiempo&rdquo; y convertir el paso por las distintas etapas en una experiencia realmente habitable.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, sin s&iacute;mbolos ni ritos, las transformaciones vitales se viven como interrupciones de &ldquo;lo normal&rdquo;. La menopausia, que antes pod&iacute;a haber sido acompa&ntilde;ada por saberes comunitarios o gestos que marcaban un nuevo lugar en el ciclo de la vida, ha quedado reducida al lenguaje biom&eacute;dico, a veces al estigma o al silencio. La sociedad no ofrece marcos que la reconozcan.
    </p><p class="article-text">
        Esta ausencia de sentido colectivo nos deja sin herramientas para interpretar el cambio. El cuerpo &ldquo;menop&aacute;usico&rdquo; se experimenta entonces como un cuerpo &ldquo;fuera de lugar&rdquo; en una sociedad que solo valora lo productivo, lo joven y lo inmediato. Sin rituales que acompa&ntilde;en la transformaci&oacute;n, la menopausia se vive en soledad, sin la dimensi&oacute;n comunitaria que antes pod&iacute;a ayudar a integrar lo que se pierde y a celebrar lo que nace.
    </p><p class="article-text">
        Recuperar lo simb&oacute;lico &mdash;como forma de reconocimiento y pertenencia&mdash; permitir&iacute;a resignificar esta etapa: no como decadencia, sino como un nuevo modo de estar en el mundo. Restaurar espacios de encuentro podr&iacute;a devolverle a la menopausia su car&aacute;cter de tr&aacute;nsito, de reencuentro con una totalidad que vuelve a unir las partes que el tiempo ha separado.
    </p><p class="article-text">
        Lo simb&oacute;lico nos permite habitar el tiempo, ordenar lo cotidiano, crear pertenencia. Cuando desaparece, quedamos expuestas a un tiempo acelerado y sin memoria, donde los cambios vitales &mdash;como la menopausia&mdash; se viven de forma individual, sin relato ni reconocimiento.
    </p><p class="article-text">
        La menopausia no solo transforma el cuerpo: transforma la mirada y, al mismo tiempo, remueve &mdash;a veces desajusta&mdash; la manera en que nos relacionamos er&oacute;ticamente, porque pone el cuerpo &mdash;sus l&iacute;mites, sus ritmos, sus nuevas formas de placer o cansancio&mdash; en primer plano. Y eso lo cambia todo.
    </p><p class="article-text">
        A veces el deseo est&aacute;, pero el cuerpo no acompa&ntilde;a. O al rev&eacute;s: el cuerpo responde, pero el deseo parece ausente. Pueden aparecer incomodidades, dolores, ritmos diferentes, pero tambi&eacute;n una nueva lucidez sobre lo que ya no queremos sostener. No se trata solo de hormonas: es una reconfiguraci&oacute;n profunda de c&oacute;mo queremos encontrarnos con el otro, de qu&eacute; lugar le damos al placer, al descanso, a la ternura o al juego.
    </p><p class="article-text">
        A veces incluso aparece la pereza, no por desinter&eacute;s, sino porque ya no queremos lidiar con ciertas din&aacute;micas que antes toler&aacute;bamos sin pensarlo: la prisa, la exigencia, la necesidad de agradar o de rendir. El cuerpo, en esta etapa, marca otro ritmo, m&aacute;s honesto, m&aacute;s libre. Escucharlo puede abrir un modo distinto de vivir el deseo.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute;s ah&iacute; est&aacute; su potencia: en permitirnos relacionarnos desde otro lugar, menos condicionado por la producci&oacute;n o el vigor de la juventud.
    </p><p class="article-text">
        La menopausia, inevitablemente, se cruza con esa frontera. Es parte del proceso de envejecer o, si se quiere, de madurar. Pero conviene recordar que envejecer no empieza con la menopausia: comienza desde el momento en que nacemos. Lo que cambia es la conciencia del tiempo. En el climaterio, ese paso se hace visible, tangible. El cuerpo nos recuerda que estamos vivas, que el tiempo nos habita, y que a&uacute;n hay muchos modos de sentir y desear.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Valentina Torres Zorrilla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/cuerpo-recuerda-seguimos-vivas_132_12693208.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Oct 2025 19:46:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando el cuerpo nos recuerda que seguimos vivas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Menstruación,Menopausia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Menopausia y deseo: nuevos mapas para encontrar el camino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/menopausia-deseo-nuevos-mapas-encontrar-camino_132_11918979.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/27a99d5f-b6b3-470d-a113-0ab4dcfcea2a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Menopausia y deseo: nuevos mapas para encontrar el camino"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la menopausia muchas mujeres conservan intacto su deseo, sus apetencias e intensidades, pero se enfrentan a encuentros eróticos que ya no las satisfacen</p></div><p class="article-text">
        El climaterio llega sin avisar &mdash;o las pistas que nos va dejando, m&aacute;s que guiarnos, nos confunden&mdash; y con &eacute;l, una ola de cambios que nos sacuden profundamente. Algunos son visibles, otros no tanto, pero todos tienen una fuerza que marca nuestras vidas.&nbsp; En ocasiones, interpretamos los cambios propios del paso del tiempo como signos de deterioro o enfermedad, cayendo en una preocupaci&oacute;n a veces innecesaria. En otras, ignoramos se&ntilde;ales importantes, atribuy&eacute;ndolas al devenir natural de la edad, como si todo lo que ocurre en el cuerpo maduro fuera inevitable.
    </p><p class="article-text">
        Esta tensi&oacute;n entre lo que percibimos y lo que realmente sucede refleja una desconexi&oacute;n con nuestra propia corporalidad, influida por discursos que patologizan el envejecimiento o, por el contrario, lo trivializan. M&aacute;s all&aacute; del diagn&oacute;stico, lo que se nos impone es la necesidad de escuchar nuestro cuerpo, estar en di&aacute;logo con &eacute;l, y reconocer que, aunque cambia, no deja de ser fuente de sentido, placer y deseo. Sin embargo, esta reconexi&oacute;n no es inmediata ni sencilla, y enfrentarnos con optimismo a estos cambios no garantiza una aceptaci&oacute;n autom&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Aprender a habitar nuestros &ldquo;nuevos&rdquo; cuerpos implica aceptar que no todo cambio es una p&eacute;rdida, y que el conocimiento de sus ritmos y se&ntilde;ales es lo que nos permite transitar estas transformaciones con mayor libertad y autonom&iacute;a. La palabra climaterio proviene del griego <em>klimakt&#275;r</em>, que significa &ldquo;escal&oacute;n&rdquo; o &ldquo;gradaci&oacute;n&rdquo;. Curiosamente, comparte ra&iacute;z con la palabra cl&iacute;max, y ambas aluden, en su origen, a momentos de transici&oacute;n cruciales. Mientras el cl&iacute;max evoca el punto culminante de una experiencia, el climaterio describe una etapa de cambio profundo en la vida humana, particularmente en relaci&oacute;n con la menopausia.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de las mujeres, la menopausia suele presentarse como un momento determinante donde el cuerpo parece convertirse en un territorio extra&ntilde;o, m&aacute;s complejo de habitar. Pero, &iquest;Y si esta perspectiva no fuera la &uacute;nica posible? &iquest;Y si, en lugar de verlo como un cierre, lo entendi&eacute;ramos como el comienzo de una forma distinta de conectar con nosotras mismas y con nuestra sexualidad? Una sexualidad entendida como la manera en que nos sentimos, nos percibimos y nos vivimos, siempre en un continuo.
    </p><p class="article-text">
        Una de las ideas m&aacute;s repetidas, ya sea en internet, en consultas m&eacute;dicas o en cualquier fuente que busquemos, es que en esta etapa el deseo disminuye inevitablemente. Sin embargo, muchas mujeres conservan intacto su deseo, sus apetencias e intensidades, pero se enfrentan a encuentros er&oacute;ticos que ya no las satisfacen. Esto puede estar relacionado, entre otras cosas, con la falta de una revisi&oacute;n conjunta en la pareja acerca de qui&eacute;nes somos ahora. Los cuerpos, las emociones y las necesidades han cambiado, como tambi&eacute;n cambia nuestra forma de ser pareja, de relacionarnos o, para quienes no tienen pareja, de explorar la seducci&oacute;n y el placer en esta nueva etapa.
    </p><p class="article-text">
        La persistencia del deseo no suele ser la dificultad m&aacute;s importante, sino nuestra mirada, domesticada por un discurso que asocia la erosi&oacute;n del tiempo con la ausencia de placer. Pero el deseo no se pierde: se desplaza, muta, resiste.
    </p><p class="article-text">
        El cuerpo, ese archivo de memoria, habla en un idioma nuevo. Sus se&ntilde;ales ambiguas no son silencios, sino interrogantes. No es la falta de deseo lo que se instala, sino la falsa certeza de que el deseo tiene un &uacute;nico destino, una &uacute;nica forma. La piel, ahora m&aacute;s densa en su historia, no pierde sensibilidad; solo exige un nuevo mapa para recorrerla.
    </p><p class="article-text">
        El deseo no desaparece con los a&ntilde;os; deviene. Se desancla de las narrativas que lo reduc&iacute;an al vigor, y encuentra refugio en otros rincones. Quiz&aacute;s ya no se trata de conquistar cuerpos, sino de habitar el propio, con sus surcos, su nueva l&oacute;gica, sus placeres inesperados. En esa transformaci&oacute;n, la subjetividad encuentra nuevas maneras de reescribirse.
    </p><p class="article-text">
        La madurez no clausura el deseo, sino que lo abre a otros territorios, donde buscar en lo perdido podr&iacute;a perder sentido. Tal vez la clave est&eacute; en mirar hacia lo que est&aacute; por venir. El poder sobre el cuerpo no solo est&aacute; en el discurso m&eacute;dico o cultural, sino en nuestra capacidad de resistirlo, de subvertirlo.
    </p><p class="article-text">
        Mirar el cuerpo con nuevos ojos es un acto pol&iacute;tico. Es afirmar que el deseo es lenguaje, es piel, es presencia. Que el deseo en la madurez no es un espectro de lo que fue, sino una construcci&oacute;n renovada. Es dejar de ver al cuerpo como ruina y entenderlo como palimpsesto: un lugar donde el tiempo no borra, sino que escribe una y otra vez sobre lo ya escrito.
    </p><p class="article-text">
        El deseo en la vejez genera una tensi&oacute;n, un estado de inestabilidad que rompe con los estereotipos culturales de esta etapa como sin&oacute;nimo de pasividad o p&eacute;rdida. M&aacute;s all&aacute; de los ideales de una juventud perpetua o de la negaci&oacute;n del deseo en edades avanzadas, la vejez nos confronta con un nuevo terreno donde el deseo puede manifestarse de maneras inesperadas.
    </p><p class="article-text">
        Es f&aacute;cil caer en la trampa de pensar que el deseo s&oacute;lo existe de una manera: la que nos ense&ntilde;aron a trav&eacute;s de im&aacute;genes, discursos y expectativas sociales que nos han acompa&ntilde;ado durante toda nuestra vida. Como bien dice Efigenio Amez&uacute;a, la er&oacute;tica nunca responde a una l&iacute;nea recta, sino a la sinuosidades propias de los sujetos.
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos que las mujeres se sientan acompa&ntilde;adas, informadas y escuchadas, para que puedan tomar decisiones sobre su sexualidad de manera consciente, libre y plena. Esto no significa que todas deban seguir el mismo camino ni tener las mismas experiencias, pero s&iacute; implica tener las herramientas para explorar nuestras nuevas necesidades sin culpa ni verg&uuml;enza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Valentina Torres Zorrilla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/menopausia-deseo-nuevos-mapas-encontrar-camino_132_11918979.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Dec 2024 20:46:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Menopausia y deseo: nuevos mapas para encontrar el camino]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los cuerpos silenciados: hablemos de menopausia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/cuerpos-silenciados-hablemos-menopausia_132_11742269.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8433b4e3-4f86-4ee3-9657-edeb90c79c06_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los cuerpos silenciados: hablemos de menopausia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Solo es posible transitar este tiempo si tienes los recursos, porque las respuestas desde lo público son pocas o incompletas"</p></div><p class="article-text">
        Me despierto a las 5:00, no porque tenga que levantarme pronto, sino porque es un d&iacute;a m&aacute;s de insomnio, de despertar cada hora, con la cabeza atiborrada de tareas, preocupaciones, ideas y planes. Lo que quiero no es precisamente pensar; solo quiero dormir una noche completa. A este insomnio le llaman &ldquo;de mantenimiento&rdquo;, y hasta suena bien (pareciera que lo necesit&aacute;semos para estar mejor), pero es todo lo contrario: conlleva desgaste y agotamiento, tanto f&iacute;sico como mental.
    </p><p class="article-text">
        Si no es por un motivo, es por otro. La menstruaci&oacute;n, la menopausia, las realidades y transformaciones del cuerpo de las mujeres han sido hist&oacute;ricamente silenciadas, relegadas al rinc&oacute;n de lo inc&oacute;modo y lo tab&uacute; (como todo lo que nos acontece). En una sociedad que dicta normas y expectativas, la experiencia femenina se vuelve un susurro, algo que se tolera en silencio, pero no se celebra ni se comparte.
    </p><p class="article-text">
        La menstruaci&oacute;n, fuente de vida y ciclo de renovaci&oacute;n, se convierte en objeto de verg&uuml;enza. La menopausia, una etapa de sabidur&iacute;a y transformaci&oacute;n, se reduce a una ausencia, un silencio que se espera, pero no se entiende. Nuestras inquietudes, malestares y, tambi&eacute;n, nuestras alegr&iacute;as quedan enterradas bajo capas de expectativas y estigmas.
    </p><p class="article-text">
        Por casualidad, en una conversaci&oacute;n con mi madre, haciendo bromas sobre la menopausia, me di cuenta de que estaba cruzando el camino sin retorno hacia el &ldquo;fin de mi vida reproductiva&rdquo;. Llevaba unos cuantos a&ntilde;os visitando distintos profesionales de la salud: m&eacute;dico de cabecera, matrona, ginec&oacute;loga, psiquiatra, dermat&oacute;logo, oculista, por mi sintomatolog&iacute;a: fatiga, dolores de cabeza, nieblas mentales, sudores nocturnos, prurito vulvar cr&oacute;nico, sequedad de piel y ojos, entre otros muchos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de a&ntilde;os de pasarlo mal, disminuir mi rendimiento intelectual, vivir permanentemente cansada, y que mi vida er&oacute;tica se viera resentida, busqu&eacute; todo tipo de alternativas que me dieran alg&uacute;n tipo de alivio: homeopat&iacute;a, flores de Bach, fisioterapia, etc. Gast&eacute; lo indecible en cremas, aceites, multivitaminas y tratamientos, todo lo que pudiese aliviar un poco algo tan claro como los s&iacute;ntomas de la perimenopausia, cuesti&oacute;n que, hasta siete a&ntilde;os despu&eacute;s y casi volvi&eacute;ndome loca por no encontrar nada que me hiciese sentir mejor, un ginec&oacute;logo privado dio con el &ldquo;diagn&oacute;stico&rdquo;: menopausia precoz.
    </p><p class="article-text">
        Un proceso fundamental de nuestra biograf&iacute;a &mdash;y para m&iacute;, que no pretend&iacute;a ser madre, motivo de celebraci&oacute;n&mdash; se convirti&oacute; en un pesar y en un viacrucis por la Sanidad P&uacute;blica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; pasa con nuestra sanidad? &iquest;Qu&eacute; puede llevar a que una ginec&oacute;loga te trate durante a&ntilde;o y medio por candidiasis cr&oacute;nica cuando todos tus s&iacute;ntomas son de menopausia precoz? &iquest;O que se nieguen a hacerte pruebas porque ya te han hecho suficientes y todas son negativas? 
    </p><p class="article-text">
        Los recortes en sanidad, que como consecuencia tienen profesionales sin actualizaci&oacute;n en su formaci&oacute;n o directamente la falta de especialistas, la incapacidad de tener una atenci&oacute;n integral, la desidia y falta de empat&iacute;a, son algunos de los motivos por los que permanentemente nos sentimos abandonadas a nuestra suerte.&nbsp;Solo es posible transitar este tiempo si tienes los recursos, porque las respuestas desde lo p&uacute;blico son pocas o incompletas, a d&iacute;a de hoy, lamentablemente hay muchas m&aacute;s herramientas desde la iniciativa privada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de los productos para acompa&ntilde;ar este proceso: vitaminas, cremas, hidratantes, etc, no son cubiertas por la seguridad social y en determinados momentos son fundamentales para poder vivir mejor.
    </p><p class="article-text">
        Sin siquiera profundizar en lo estructural, en las huellas del patriarcado que desecha, invalida y considera que ya, despu&eacute;s de ciertas edades, quienes producimos menos o ya no tenemos capacidad reproductiva no servimos, porque si profundizamos en ello podr&iacute;amos escribir un libro. 
    </p><p class="article-text">
        No saldremos del c&iacute;rculo de la desigualdad si en el centro del debate estamos tambi&eacute;n las mujeres a las que no se les devuelve la mirada.&nbsp;Hablemos, pues, no solo para visibilizar nuestros cuerpos y nuestras experiencias, sino para reclamar un espacio que tambi&eacute;n nos pertenece, para desafiar el silencio y el olvido. Que nuestras palabras, nuestras voces, vayan hacia una realidad donde nuestras historias, inquietudes y celebraciones ya no sean ocultadas, sino abrazadas y comprendidas en toda su complejidad.
    </p><p class="article-text">
        La menopausia es una etapa que merece ser mirada con detenimiento, merece ser contada, para que otras mujeres descubran en sus huellas un eco com&uacute;n, y en sus vivencias, un reflejo de tantas historias entrelazadas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Valentina Torres Zorrilla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/cuerpos-silenciados-hablemos-menopausia_132_11742269.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Oct 2024 19:45:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los cuerpos silenciados: hablemos de menopausia]]></media:title>
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