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    <title><![CDATA[elDiario.es - José Manuel Alcañiz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jose-manuel-alcaniz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José Manuel Alcañiz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Fallece el exalcalde de València Ricard Pérez Casado a los 80 años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/fallece-exalcalde-valencia-ricard-perez-casado-80-anos_129_12906024.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/83ec21e6-3adb-4d96-bd85-b457376d0974_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fallece el exalcalde de València Ricard Pérez Casado a los 80 años"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El expolítico, profesor y colaborador de elDiario.es en la Comunitat Valenciana murió el pasado lunes y ha sido incinerado en la intimidad cerca de sus seres más queridos</p></div><p class="article-text">
        Ricard P&eacute;rez Casado (Val&egrave;ncia 1945-2026) fue, a efectos pr&aacute;cticos, el primer alcalde democr&aacute;tico de la ciudad de Val&egrave;ncia tras el franquismo. El segundo, si queremos ser rigurosos, pero su antecesor apenas estuvo seis meses en el cargo antes de ser apartado por su propio partido en una de las innumerables guerras intestinas del socialismo valenciano. P&eacute;rez Casado figuraba con el n&uacute;mero dos en la papeleta municipal del PSOE por decisi&oacute;n de la direcci&oacute;n estatal, que no lo quer&iacute;a para dar la cara sino para poner orden en el ca&oacute;tico urbanismo de la ciudad, asunto en &eacute;l que hab&iacute;a trabajado como profesional por todo el Pa&iacute;s y conoc&iacute;a como pocos. As&iacute; que la vara de mando le golpe&oacute;, de manera indeseada y s&uacute;bita, en una situaci&oacute;n pol&iacute;tica y econ&oacute;mica muy complicada. Su propio grupo de concejales, que hab&iacute;a llevado mal la intervenci&oacute;n de Madrid en la lista, le consideraba un paracaidista, sospechoso de comunismo adem&aacute;s, y nunca le prest&oacute; su apoyo sincero; s&oacute;lo unos pocos, mayormente los de la corriente Izquierda Socialista, se desmarcaron de una hostilidad que los otros no hac&iacute;an nada por disimular.
    </p><p class="article-text">
        Por el otro lado del arco tampoco lo tuvo mejor: la derecha le acus&oacute; inmediatamente de ser un infiltrado de Barcelona. Sus conexiones con la pol&iacute;tica catalana, sus s&oacute;lidas convicciones valencianistas - fue uno de los fundadores en 1964 del clandestino Partit Socialista Valenci&agrave;, absorbido despu&eacute;s por el PSOE como lo fue el PSPV y otros grup&uacute;sculos activos en la Dictadura - le vinieron de perlas a la caverna para azuzar a&uacute;n m&aacute;s la (mal) llamada Batalla de Val&egrave;ncia. O sea, la acostumbrada resistencia de la derecha a reconocer la legitimidad de los gobiernos de izquierda, vestida esta vez para la ciudadan&iacute;a como enfrentamiento sobre los or&iacute;genes de la lengua valenciana. De hecho, en su primer acto p&uacute;blico, cinco d&iacute;as despu&eacute;s de tomar posesi&oacute;n, fue agredido f&iacute;sicamente, durante la (mal) llamada Procesi&oacute;n C&iacute;vica de la Senyera, el 9 de octubre de 1979, por los herederos del franquismo, bien provistos de banderas con franja azul, y sobre todo con grueso m&aacute;stil, sin que su propia Polic&iacute;a Municipal pusiera mucho empe&ntilde;o en protegerlo. Por supuesto, la Nacional, en manos de un gobierno de la UCD vicepresidido por uno de los promotores del <em>blaverismo</em>, tampoco.
    </p><p class="article-text">
        Y si la situaci&oacute;n pol&iacute;tica era infernal - dos a&ntilde;os despu&eacute;s triunfaba precisamente en Val&egrave;ncia el golpe de Estado de Milans del Bosch tras la toma del Congreso de los Diputados por Tejero - la urban&iacute;stica no pod&iacute;a ser peor. Val&egrave;ncia era una ciudad con un alcantarillado digamos deficiente, donde las aguas fecales e industriales iban a parar directamente al mar a trav&eacute;s de las acequias, tan cantadas por los poetas como putrefactas en la prosa. Los autobuses p&uacute;blicos eran pocos y vetustos; pr&aacute;cticamente el &uacute;nico parque digno de tal nombre, conocido popularmente como Los Viveros, aportaba apenas 100.000 metros cuadrados de zona verde a m&aacute;s de medio mill&oacute;n de habitantes. La nacional 340, eje mediterr&aacute;neo de C&aacute;diz a la frontera francesa, atravesaba la ciudad de norte a sur y de sur a norte con una procesi&oacute;n ininterrumpida de camiones. Lo mismo hac&iacute;a el tren, que catorce horas de las 24 de cada d&iacute;a manten&iacute;a cortada la avenida del Puerto y cualquier otra comunicaci&oacute;n entre la ciudad y sus barrios mar&iacute;timos.
    </p><p class="article-text">
        El bosque de El Saler estaba desapareciendo bajo las edificaciones tur&iacute;sticas y en la Albufera vert&iacute;an sin depuraci&oacute;n previa los pol&iacute;gonos industriales de todo su contorno. El Plan General en vigor preve&iacute;a convertir el antiguo cauce del Turia en autopistas urbanas y derribar pr&aacute;cticamente todo el centro hist&oacute;rico, como ya se hab&iacute;a hecho con la sustituci&oacute;n de una iglesia g&oacute;tica por los primeros grandes almacenes, o con la brutal intervenci&oacute;n que supuso la avenida del Oeste. Y en la periferia las cosas eran mucho peores: hab&iacute;a barrios a los que en d&iacute;as de lluvia, incluso moderada, no se pod&iacute;a acceder. Con raz&oacute;n uno de ellos era conocido por sus vecinos como Isla Perdida, nombre que oficializ&oacute; el ayuntamiento de P&eacute;rez Casado despu&eacute;s de su reforma integral. Al barrio de adopci&oacute;n del futuro alcalde, donde lleg&oacute; en la adolescencia, lo hab&iacute;an bautizado las autoridades franquistas como barrio de La Luz, justo lo que faltaba en sus calles nocturnas.
    </p><p class="article-text">
        Por todo el extrarradio, centenares de calles sin asfaltar: polvo en verano y barro en oto&ntilde;o, con las botas de agua como equipamiento indispensable para los vecinos. A todo esto, las finanzas del Ayuntamiento estaban pr&aacute;cticamente en la quiebra, con decenas de impuestos ineficientes y otros que cargaban el peso de la tributaci&oacute;n sobre los m&aacute;s humildes, que eran muchos porque el paro en ese momento crec&iacute;a en Espa&ntilde;a a raz&oacute;n de mil personas al d&iacute;a. Y, para enderezar la situaci&oacute;n, el nuevo alcalde no dispon&iacute;a ni siquiera de un economista en plantilla, y los arquitectos e ingenieros heredados de la Dictadura se pod&iacute;an contar con los dedos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hizo el gobierno municipal en los nueve a&ntilde;os (1979-89) en que lo dirigi&oacute; P&eacute;rez Casado, en indispensable y bien llevada coalici&oacute;n con el PC? En gran medida, y para desesperaci&oacute;n de algunos socialistas de cortas miras, enterrar cientos de millones en obras de poco r&eacute;dito electoral, porque el proceso causaba muchas molestias y una vez acabado nadie se acordaba, como los colectores de aguas residuales y las tuber&iacute;as de agua potable. Tambi&eacute;n consigui&oacute; que el Gobierno soterrara las v&iacute;as del tren y culminara la construcci&oacute;n del bypass de la autov&iacute;a A7, devolviendo as&iacute; a las calles su condici&oacute;n de tales. Cambi&oacute; las previstas autopistas urbanas por lo que hoy es el Jard&iacute;n del Turia: en su mandato se redact&oacute; el proyecto, no sin enormes resistencias de la derecha, y se construy&oacute; el tramo de Campanar y el del Palau de la M&uacute;sica; a su vera se levant&oacute; el Palau de la M&uacute;sica, un edificio fundamental que tambi&eacute;n consigui&oacute; P&eacute;rez Casado gracias a su buena relaci&oacute;n con Javier Solana, a la saz&oacute;n ministro de Cultura. Jard&iacute;n y Palau, por cierto, con reticencias tambi&eacute;n de su grupo de concejales, para algunos de los cuales todo esto eran lujos burgueses. Por suerte, sus aliados del Partido Comunista no llegaron a tal grado de izquierdismo de sal&oacute;n. Curiosa oposici&oacute;n a un Auditorio, a coste &iacute;nfimo para la ciudad, en la tierra con m&aacute;s bandas de m&uacute;sica de todo el Estado.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; m&aacute;s: detener la destrucci&oacute;n de El Saler y comenzar su restauraci&oacute;n. Colaborar con los dem&aacute;s municipios ribere&ntilde;os en el saneamiento de la Albufera y con la Generalitat en el metro - considerado hasta entonces imposible - con la conexi&oacute;n subterr&aacute;nea a trav&eacute;s de la ciudad de las tradicionales l&iacute;neas de v&iacute;a estrecha del norte con las del sur. Cambiar el mercado de Abastos y el Matadero, situados dentro de la ciudad (y, en el segundo caso, vertiendo los residuos al escaso caudal del r&iacute;o todav&iacute;a urbano) por las modernas instalaciones de Mercavalencia. Renovar por completo los autobuses urbanos y su empresa fallida Saltuv, reconvertida en EMT. Pasar de menos de 1 m2 de zona verde por habitante a casi 5 gracias al Jard&iacute;n del Turia y los nuevos parques de Benicalap, Ayora y Aviaci&oacute;n, adem&aacute;s de otros muchos de menor tama&ntilde;o. Poner a Val&egrave;ncia en el mapa internacional de la cultura con la Mostra de Cinema, por la que desfil&oacute; lo mejor del cine de una y otra ribera del Mediterr&aacute;neo, desde las grandes estrellas francesas o italianas a los j&oacute;venes directores turcos, egipcios o palestinos.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n comenz&oacute; a limpiar la ciudad de los residuos franquistas, a pesar del ruido de sables que acab&oacute; realmente en asonada el 23-F. Fue el primer alcalde entre las capitales de provincia que orden&oacute; retirar la estatua del Dictador de la plaza principal del municipio. Orden&oacute;, digo, pero a&ntilde;ado que sin &eacute;xito, porque los servicios municipales se negaron a cumplir la orden, luego de haber boicoteado varios intentos anteriores a base de contarlos con antelaci&oacute;n a la prensa amiga, y tuvieron que ser militantes antifascistas reclutados en secreto quienes lo hicieran. Los restos de la Dictadura permeaban todav&iacute;a la sociedad. Hasta las comisiones falleras se parec&iacute;an m&aacute;s en muchos casos a una centuria falangista cuando desfilaban a los sones de cornetas y tambores con sus chaquetillas negras &ldquo;de cucaracha&rdquo; introducidas por el franquismo en sustituci&oacute;n del tradicional <em>sarag&uuml;ells</em> o el <em>torrent&iacute;</em>. Ardua tarea esta, la fallera, para la que P&eacute;rez Casado no daba el mejor perfil. Era presa f&aacute;cil con sus antecedentes como antiguo redactor de la Enciclopedia Catalana, en sus tiempos de estudiante en Barcelona, y su empe&ntilde;o en normalizar en el Ayuntamiento y en las fallas el valenciano correcto, no la jerga de la que m&aacute;s presum&iacute;an sus enemigos cuanto peor la hablaban.
    </p><p class="article-text">
        Esa fue quiz&aacute; su peor debilidad como pol&iacute;tico local. El <em>exceso</em> de cultura en una ciudad todav&iacute;a muy provinciana. Dijo en una ocasi&oacute;n su jefe de Gabinete, el desaparecido profesor Josep Sorribes, que Rita Barber&aacute; no escribi&oacute; nada como alcaldesa para no parecer m&aacute;s culta que sus votantes. P&eacute;rez Casado s&iacute; lo hizo, en muchos vol&uacute;menes de variada tem&aacute;tica, y pag&oacute; las consecuencias de su elitismo intelectual. Quiz&aacute; su error fue no comprender que era demasiado joven para ser un <em>viejo profesor</em> como Tierno Galv&aacute;n, al que todo se le permit&iacute;a m&aacute;s por su provecta edad que por su indudable altura intelectual. Y, para acabarlo de complicar, Ricard, adem&aacute;s de culto, era ir&oacute;nico, a veces mordaz y en ocasiones sarc&aacute;stico. De <em>estiradito</em> lo calific&oacute; alguien. Lo atestiguo en primera persona, porque fui su asesor de comunicaci&oacute;n &ndash; por cierto, el &uacute;nico asesor que ten&iacute;a la Alcald&iacute;a en aquel momento - durante los tres a&ntilde;os finales de su mandato, cargo que me ofreci&oacute; despu&eacute;s de haberme ocupado yo largamente de la informaci&oacute;n municipal en diversos medios.
    </p><p class="article-text">
        Comprendo que resulta muy dif&iacute;cil mantener la compostura cuando la subdirectora y propietaria del peri&oacute;dico m&aacute;s influyente se atreve a llamarte <em>Mariquita P&eacute;rez</em> en sus muy influyentes columnas, o cuando otro transmuta un peque&ntilde;o refugio en la sierra de G&uacute;dar, su querida <em>Sierra Callada</em>, en una mansi&oacute;n de lujo. Es dif&iacute;cil de sobrellevar que un conocido pol&iacute;tico (entonces conseller socialista, luego de pasar por el FRAP y acabar en el PP y m&aacute;s tarde en la c&aacute;rcel por robar el dinero destinado a un hospital en Hait&iacute;) movilice una campa&ntilde;a para convencer al respetable de que el alcalde est&aacute; en connivencia con los Jesuitas para llenarse el bolsillo con una codiciada parcela de la Gran V&iacute;a. Una parcela donde, en realidad, lo que consigui&oacute; el alcalde con mucha negociaci&oacute;n fue reducir a la mitad la edificabilidad que los Tribunales hab&iacute;an concedido a una cer&aacute;mica familia valenciana, la aut&eacute;ntica propietaria de la parcela. Y donde, en realidad, la supuesta defensa del vecino Jard&iacute;n Bot&aacute;nico jugaba el mismo papel que el de la lengua en la Batalla de Valencia, el de se&ntilde;uelo para miles de buenas personas convertidas s&uacute;bitamente en bi&oacute;logas, como otras antes hab&iacute;an sido fil&oacute;logas.
    </p><p class="article-text">
        El <em>caso Jesuitas</em> fue, de hecho, el sambenito que le colgaron para explicar su dimisi&oacute;n en 1989, un a&ntilde;o despu&eacute;s de ganar las elecciones por tercera vez. &Eacute;l lo desminti&oacute; ya entonces, pero pocos le cre&iacute;mos. Yo puedo contar que a m&iacute; me aconsej&oacute;, pocos meses antes de dimitir, que me fuera buscando otro trabajo porque &eacute;l hab&iacute;a decidido dejar el suyo tras la &uacute;ltima y tormentosa reuni&oacute;n con Josep Borrell, a la saz&oacute;n secretario de Estado de Hacienda. Borrell fue el brazo ejecutor de unos gobiernos de Felipe Gonz&aacute;lez que ahogaron a Valencia al negarle por en&eacute;sima vez la financiaci&oacute;n del transporte metropolitano, a la que la ten&iacute;a perfecto derecho, y otras compensaciones que ni se acercaban a las se llevaron Barcelona y Sevilla por los Juegos Ol&iacute;mpicos y la Expo de 1982. Todo el apoyo que encontr&oacute; en el entonces President de la Generalitat y de su partido fue, seg&uacute;n &eacute;l, amonestarlo por poner al Gobierno de Espa&ntilde;a en contra de los valencianos debido a la <em>dureza </em>de sus reclamaciones. Al susodicho le fue mejor, sin duda: todav&iacute;a senador hasta hace dos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ah&iacute;, volvi&oacute; a la actividad privada &ndash; esta vez con escaso &eacute;xito, porque la consigna oficial del partido entonces hegem&oacute;nico era <em>a ese ni agua</em> - y tambi&eacute;n ocup&oacute; algunos cargos, m&aacute;s honor&iacute;ficos que de gesti&oacute;n y retribuci&oacute;n, en Bancaja y su Fundaci&oacute;n. All&iacute; fue testigo, demasiado discreto por lo que ahora s&eacute;, de los movimientos sospechosos que se estaban produciendo en el sistema financiero valenciano, favorecidos tanto por el PP gobernante como por el PSOE opositor, y que culminaron a&ntilde;os despu&eacute;s en fiascos como los del Banco de Valencia y la Bankia de Rodrigo Rato. Lo cuenta en <em>Agra&iuml;t amb la vida</em>, un libro de memorias muy personales en el que he tenido la suerte de ayudarle en sus &uacute;ltimos tiempos y que ya est&aacute; en proceso de publicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que pocos amigos le fueron quedando en el PSOE con el paso de los a&ntilde;os. Uno que siempre lo fue, Pasqual Maragall, contribuy&oacute; a que la Uni&oacute;n Europea le nombrara tiempo despu&eacute;s Administrador de Mostar, ciudad bosnia clave en los conflictos que hab&iacute;an llevado a la guerra de la antigua Yugoslavia. Javier Solana, desde la Secretaria General de la OTAN, tambi&eacute;n colabor&oacute;, pero no as&iacute; la direcci&oacute;n del PSOE. En Mostar, al mando de un contingente internacional de casi 20.000 efectivos, logr&oacute; convocar y celebrar las primeras elecciones tras la guerra y cumplir con &eacute;xito un encargo que casi nadie cre&iacute;a posible, comenzando por Felipe Gonz&aacute;lez. Su &eacute;xito le llev&oacute; a ser incluido en la lista socialista del a&ntilde;o 2000 al Congreso de los Diputados, donde dedic&oacute; buena parte de su actividad parlamentaria a luchar para que se reconocieran los derechos y las pensiones de los antiguos guerrilleros del Maquis y de los espa&ntilde;oles que hab&iacute;an sobrevivido a los campos de exterminio nazis.
    </p><p class="article-text">
        Su &uacute;ltimo encargo pol&iacute;tico, que todav&iacute;a no comprendo c&oacute;mo acept&oacute;, fue el que le ofreci&oacute; Zapatero: ser representante del Gobierno en la comisi&oacute;n de la Copa del Am&eacute;rica de Vela celebrada en Valencia el 2007, donde se las tuvo tiesas con la entonces alcaldesa y con la herencia envenenada que hab&iacute;a dejado el gobierno de Aznar, llena de promesas y huera de fondos. &Eacute;l mismo reconoce en <em>Viaje de ida,</em> memorias pol&iacute;ticas publicadas por la Universitat de Valencia el 2013, que aquello fue un error. Pero el m&aacute;s grave de su vida, quiz&aacute;, fue no mirar algo m&aacute;s por sus intereses, de manera que le qued&oacute; una pensi&oacute;n de apenas 1.500 euros y un patrimonio modesto al final de una vida dedicada al bien com&uacute;n. Los primeros ayuntamientos democr&aacute;ticos no cotizaban por sus alcaldes a la Seguridad Social. As&iacute; que, con todas sus luces y sus sombras, su recuerdo hace que me indigne cuando oigo decir que todos los pol&iacute;ticos son iguales.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Alcañiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/fallece-exalcalde-valencia-ricard-perez-casado-80-anos_129_12906024.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Jan 2026 09:59:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fallece el exalcalde de València Ricard Pérez Casado a los 80 años]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Valencia,Ricard Pérez Casado,PSPV - Partido Socialista del País Valenciano]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Defendella y no enmendalla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/defendella-no-enmendalla_129_11788090.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Tiempo habr&aacute; de investigar causas y responsabilidades, dicen. Y dicen con raz&oacute;n: 42 a&ntilde;os despu&eacute;s, a&uacute;n quedan causas abiertas de la pantanada de Tous. Pero, en mi opini&oacute;n, lo fundamental ya est&aacute; bastante claro. Nos encontramos ante un nuevo fiasco de la pol&iacute;tica, descomunal y quiz&aacute; decisivo. Y odio tener que decirlo, por las alas que este tipo de afirmaciones proporcionan al fascismo. Voy a ser sint&eacute;tico y, en consecuencia, poco matizado, aviso. Tambi&eacute;n advierto que no subestimo, ni de lejos, la gravedad y complejidad del suceso clim&aacute;tico. He vivido ya muchos; ninguno como este.
    </p><p class="article-text">
        Defiendo ante todo que el primer y principal responsable de los da&ntilde;os a personas es, no soy original, Carlos Maz&oacute;n, por ignorar las clar&iacute;simas y tempranas alertas de la AEMET. Y, una vez comprobado el l&iacute;o en el que se hab&iacute;a metido, por <em>defendella y no enmendalla</em>, como dijo el valenciano Guillem de Castro que hacen los poderosos. O los que se creen tales. No voy a extenderme en la relaci&oacute;n de los errores en cadena, entre otras cosas porque a estas horas a&uacute;n no ha acabado la serie. S&oacute;lo mencionar&eacute;, por crucial, el empecinamiento del President en no decretar el nivel m&aacute;ximo de emergencia. O sus admoniciones, dig&aacute;moslo suavemente, a toda una juventud movilizada para ayudar a sus vecinos. Para acabar de completar esta ligera mirada a la derecha, la visita de Feij&oacute;o a Valencia no dej&oacute; m&aacute;s que un comportamiento casi peor que el de Maz&oacute;n, debido a las consecuencias futuras que puede traer. La desconfianza que lanz&oacute; hacia la AEMET es una bomba de relojer&iacute;a y confirma que el PP, cuando se habla del clima y de la ciencia, no se ha movido de los tiempos de Rajoy y su primo el f&iacute;sico.
    </p><p class="article-text">
        Miremos tambi&eacute;n hacia el otro lado. Cierto que S&aacute;nchez se ha comportado como un dem&oacute;crata exquisito, con respeto absoluto hacia las competencias auton&oacute;micas. Pero, lamentablemente, ha confirmado el sambenito de ser fr&iacute;o y calculador: nadie que no lo fuera en grado sumo hubiera podido resistir ni unas pocas horas la situaci&oacute;n extrema que estaban viviendo &ndash; y muriendo &ndash; decenas de miles de sus compatriotas cuando &eacute;l ten&iacute;a el alivio al alcance de la mano. Adem&aacute;s, hasta su visi&oacute;n pol&iacute;tica supuestamente despiadada parece haberse nublado. En otro caso, hubiera comprendido que su mejor opci&oacute;n era decretar el estado de emergencia y enviar al Ej&eacute;rcito esa misma noche del martes. A medio y largo plazo, los ciudadanos se lo hubieran reconocido. Quiero pensar que est&aacute; muy quemado por las complicaciones judiciales y pol&iacute;ticas que le supuso hacerlo en la pandemia y lo poco que los espa&ntilde;oles le hemos agradecido su arrojo, que tantas vidas salv&oacute;. No todos lo hemos olvidado, por cierto. Los catalanes han hecho presidente a su exministro de Sanidad.
    </p><p class="article-text">
        Dice Adolf Beltr&aacute;n que tomar el mando desde Madrid hubiera perjudicado al Estado de las Autonom&iacute;as y adem&aacute;s no hubiera comportado mayor eficiencia. Comparto lo primero, no lo segundo. A&uacute;n con la resistencia de Maz&oacute;n, los alcaldes de cualquier partido hubieran estado encantados de guiar a los militares, dijera lo que dijera la c&uacute;pula, porque ellos s&iacute; que estaban junto a sus vecinos con el barro hasta el cuello. Y respecto a la primera objeci&oacute;n, muy seria y pertinente, creo no obstante que todav&iacute;a va a hacer m&aacute;s da&ntilde;o a la autonom&iacute;a la sensaci&oacute;n de total inutilidad que la Generalitat ha repartido a diestro y siniestro en lugar de distribuir pan y agua.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En suma, creo que nadie hubiera podido mantener ante el pueblo valenciano que S&aacute;nchez se hab&iacute;a comportado como un dictador antiautonomista. La derecha y los ultras, por la reafirmaci&oacute;n que interpretar&iacute;an del Estado Central y del Ej&eacute;rcito. La izquierda, no digo los aparatos sino la buena gente de la calle, porque siempre ha hecho gala de poner el coraz&oacute;n por delante. Me temo que S&aacute;nchez puede haber cometido su &uacute;ltimo error de apreciaci&oacute;n. Maz&oacute;n y su corte taurina ya se han ahogado en la DANA, mientras Feij&oacute;o espera el descabello. Qu&eacute; decir de la izquierda del PSOE, demasiado ocupada con el caso Errej&oacute;n como para hacerse presente. S&oacute;lo la movilizaci&oacute;n juvenil me da cierta esperanza ante un futuro tormentoso, y no solo hablo del cambio clim&aacute;tico, que tambi&eacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Confieso que yo tampoco he conseguido mantener el tipo estos d&iacute;as. Despu&eacute;s de haber dirigido en la antigua Canal 9 operativos como el que ahora ha hecho &Agrave; Punt con tanta dignidad, ahora solo he podido llorar delante de la pantalla, mientras mi hijo y sus amig@s recogen barro en los barrios m&aacute;s desfavorecidos de Torrent.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Alcañiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/defendella-no-enmendalla_129_11788090.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Nov 2024 14:53:34 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Defendella y no enmendalla]]></media:title>
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