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    <title><![CDATA[elDiario.es - Marcial Morera]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/marcial-morera/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Marcial Morera]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las palabras son de todos: el falso problema de los préstamos lingüísticos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/palabras-son-falso-problema-prestamos-linguisticos_132_13175407.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c333bc39-0a1c-4695-b908-3bd3d1f875dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las palabras son de todos: el falso problema de los préstamos lingüísticos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En palabras como la inglesa ‘football’, la francesa ‘souvenir’, la española ‘siesta’ o la mejicana ‘chocolate’, por ejemplo, nos identificamos, reconocemos y comulgamos buena parte de los habitantes de la tierra. Sin los préstamos lingüísticos, perdería la humanidad uno de los cementos más poderosos de su solidaridad
</p></div><p class="article-text">
        Arraigada se encuentra en las sociedades humanas la creencia de que las palabras extranjeras empobrecen y corrompen al mismo tiempo las lenguas que las adoptan. &ldquo;Una lengua esmerada debe estar libre de vulgarismos, extranjerismos y palabras malsonantes&rdquo;, vienen repitiendo los puristas espa&ntilde;oles desde tiempos inmemoriales. &ldquo;Si continuamos como hasta ahora y se van extendiendo estas y otras varias especies de galicismos (&hellip;), el feliz resultado de tantas y tan graves innovaciones habr&aacute; de ser la formaci&oacute;n de un idioma nuevo, dialecto franc&eacute;s con pronunciaci&oacute;n castellana&rdquo;, llev&oacute; a profetizar el escritor espa&ntilde;ol Juan Eugenio Hartzenbusch hacia mitad del siglo XIX, alarmado por la entrada de palabras francesas en la lengua espa&ntilde;ola. Conocidos de todos son los anatemas y las soflamas que contra los omnipresentes anglicismos se lanzan un d&iacute;a s&iacute; y otro tambi&eacute;n desde las instituciones acad&eacute;micas, los libros de estilo y hasta las p&aacute;ginas de los peri&oacute;dicos en todos o casi todos los pa&iacute;ses del planeta Tierra. &ldquo;Guerra despiadada al anglicismo vicioso&rdquo; es el lema del <em>Diccionario de anglicismos </em>de Ricardo J. Alfaro. &ldquo;Sustituir con la palabra <em>comit&eacute;</em> la de <em>comisi&oacute;n</em> o de <em>junta</em>, decir <em>debut</em> en lugar de <em>estreno</em>, <em>revancha</em> por <em>desquite</em>, <em>noveaut&eacute;s </em>por <em>g&eacute;neros nuevos</em>, <em>corbeille</em> por <em>canastillo</em>, <em>cab&aacute;</em> por <em>esportilla</em>, <em>cadeau</em> por <em>regalo</em> o <em>fineza</em>, <em>tableau</em> por <em>cuadro</em>, <em>trousseau</em> por <em>galas de novia</em>, <em>bijouterie</em> por <em>joyer&iacute;a</em>, <em>toilette </em>y <em>soire&eacute;</em> por <em>tocado</em> y <em>sarao</em>, no es enriquecer nuestro idioma, sino introducir en &eacute;l voces que ni le hacen falta ni suenan bien&rdquo;, hab&iacute;a sentenciado categ&oacute;ricamente antes el citado Hartzenbusch.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de pareceres que carecen del m&aacute;s m&iacute;nimo fundamento cient&iacute;fico. En realidad, es todo lo contrario de lo que en ellos se plantea. Visto el asunto libre de chovinismos trasnochados, los pr&eacute;stamos extranjeros ni empobrecen ni desvirt&uacute;an las lenguas que los adoptan, sino que las enriquecen y fortifican en su identidad f&oacute;nica, gramatical y l&eacute;xica.
    </p><p class="article-text">
        Por un parte, no las empobrecen, sino que las enriquecen, por tres razones fundamentales:
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, porque introducen en la cultura que los acoge realidades nuevas; realidades pertenecientes al mundo de la industria, la prensa, el comercio, la mar, el vestido, la ciencia, el cine, los deportes, los viajes o las relaciones internacionales, por ejemplo, creadas por otros pueblos y que, por ser invenciones del ingenio de la especie, a todos pertenecen por igual. El mundo lo construimos entre todos de forma m&aacute;s o menos solidaria y, por tanto, justo es que consideremos del com&uacute;n toda creaci&oacute;n humana. Como dice el citado Alfaro respecto de los anglicismos, &ldquo;muchos de los neologismos corrientes han surgido de la necesidad de dar nombre a cosas desconocidas o inexistentes, de traducir t&eacute;rminos nuevos venidos del ingl&eacute;s e impuestos por los descubrimientos, los inventos, la t&eacute;cnica, la industria, las costumbres, las transformaciones en los movimientos ideol&oacute;gicos o est&eacute;ticos, en una palabra, las novedades de todo linaje que han tenido nacimiento en los grandes centros anglosajones de la civilizaci&oacute;n&rdquo;. Es lo que ocurre con<em> </em>el anglicismo <em>pendrive</em>, el italianismo <em>salami </em>y el rusismo<em> estepa</em>, que trajeron consigo tres realidades desconocidas a la cultura hisp&aacute;nica: un pr&aacute;ctico dispositivo electr&oacute;nico para el almacenamiento de datos, un suculento tipo de salchich&oacute;n y una especie de erial llano y muy extenso.<em> </em>&iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a de la cultura espa&ntilde;ola sin las miles de aportaciones agr&iacute;colas, administrativas, culturales, etc&eacute;tera, que hicieron los &aacute;rabes, los franceses o los ingleses, por ejemplo? &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a del vasco sin la gran aportaci&oacute;n l&eacute;xica de la lengua espa&ntilde;ola, que ha impregnado de forma decisiva todos sus campos sem&aacute;nticos? &ldquo;Toda, absolutamente toda la civilizaci&oacute;n que poseemos los vascos&rdquo; -declara Miguel de Unamuno-, &ldquo;se la debemos al cristianismo y a los pueblos extra&ntilde;os: ellos nos han civilizado&rdquo;. Si los pr&eacute;stamos ling&uuml;&iacute;sticos fueran una degeneraci&oacute;n idiom&aacute;tica, y no un fen&oacute;meno natural, &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;a explicarse que existan por miles en tantas lenguas del mundo?
    </p><p class="article-text">
        Cuanto m&aacute;s conservadora y retr&oacute;grada es una sociedad, m&aacute;s se opone a la entrada de voces for&aacute;neas. Por eso suelen ser tan perseguidas por las dictaduras y los nacionalismos excluyentes, sean del signo que sean, que aspiran a mantener incontaminadas las esencias patrias, para que nadie les dispute el poder. Es lo que ocurri&oacute; en la dictadura de Franco, donde no s&oacute;lo se sustituyeron los nombres de las calles y plazas de los pueblos y ciudades del pa&iacute;s de entonces por otros afines a la ideolog&iacute;a de los vencedores, como suele ser habitual en todo cambio de r&eacute;gimen o de gobierno, sino que tambi&eacute;n se cambiaron muchas de las palabras del vocabulario com&uacute;n que sonaban extra&ntilde;as a los rudos o&iacute;dos de los fan&aacute;ticos del nuevo orden, como la ensalada rusa, que se convirti&oacute; en &ldquo;ensalada nacional&rdquo;, o la tortilla francesa, que pas&oacute; a denominarse simplemente &ldquo;tortilla&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, no empobrecen los pr&eacute;stamos extranjeros las lenguas que los adoptan, sino que las enriquecen, porque, incluso aquellos pr&eacute;stamos que algunos llaman &ldquo;superfluos, viciosos o injustificados&rdquo;, que son los que no aportan ni referentes ni informaci&oacute;n denotativa nuevos, introducen matices expresivos o connotativos absolutamente desconocidos en la lengua de llegada. &ldquo;En la medida en que son t&eacute;rminos tomados de una lengua extranjera son susceptibles de introducir connotaciones especiales relacionadas con la idiosincrasia de sus hablantes y de la posici&oacute;n pol&iacute;tica del pa&iacute;s de origen&rdquo;, dice con raz&oacute;n F&eacute;lix Rodr&iacute;guez Gonz&aacute;lez en una reciente monograf&iacute;a sobre los anglicismos en espa&ntilde;ol. Es lo que ocurre en el caso del tan tra&iacute;do y llevado <em>bullying</em>, que, aunque se refiere a algo que ya tiene nombre en espa&ntilde;ol, que es el acoso (sea del tipo que sea), a&ntilde;ade matices connotativos jur&iacute;dicos y del mundo moderno que no tiene el t&eacute;rmino patrio con que compite. Por eso, no se puede decir que sea exactamente lo mismo <em>bullying</em> que <em>acoso</em>. Estos pr&eacute;stamos muchas veces reputados &ldquo;innecesarios, pedantes, extranjerizantes o propios de papanatas seducidos por la moda de lo ingl&eacute;s&rdquo; por puristas de todas las layas, juegan un papel fundamental en la historia de las lenguas humanas, porque permiten dar fuerza expresiva a la denominaci&oacute;n de las realidades de siempre. <em>Espoiler </em>tiene m&aacute;s fuerza expresiva que <em>destripe</em>; <em>hacker</em>, m&aacute;s que <em>pirata inform&aacute;tico</em>; <em>outfit</em>, m&aacute;s que <em>conjunto de ropa o atuendo</em>; <em>lawfare, </em>m&aacute;s que <em>instrumentalizaci&oacute;n pol&iacute;tica de la justicia</em>; y <em>software</em>, m&aacute;s que <em>conjunto de reglas de los ordenadores</em>.<em> </em>El nombre extranjero proporciona a la expresi&oacute;n un halo de prestigio que no tiene el nacional correspondiente. Adem&aacute;s, sucede que, en muchos casos, estos pr&eacute;stamos, en principio meramente connotativos, terminan desarrollando sentidos denotativos que no ten&iacute;an en origen. Es el caso de los m&aacute;s arriba citados <em>bisuter&iacute;a </em>y <em>salami</em>, que, aunque en principio se entendieron respectivamente en el sentido de salchich&oacute;n y joyer&iacute;a, como en la lengua de partida, con el tiempo, terminaron especializ&aacute;ndose en los sentidos m&aacute;s espec&iacute;ficos de &ldquo;joyer&iacute;a hecha de materiales no preciosos&rdquo; y &ldquo;determinado tipo de salchich&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, en tercer lugar, no empobrecen los pr&eacute;stamos extranjeros las lenguas naturales que los adoptan, sino que las enriquecen, porque les proporcionan ra&iacute;ces l&eacute;xicas nuevas, antes desconocidas para ellas. Es el caso de la lengua espa&ntilde;ola, que engros&oacute; su caudal l&eacute;xico con ra&iacute;ces in&eacute;ditas, como <em>f&uacute;tbol</em>- &ldquo;balompi&eacute;&rdquo;, presente en formas como <em>f&uacute;tbol, futbol&iacute;n, futbolero, futbolista</em>&hellip;, <em>asesin- </em>&ldquo;quitar la vida de forma ilegal&rdquo;, presente en formas como <em>asesino, asesinar, asesinato</em>, y <em>estraperl- </em>&ldquo;comercio ilegal&rdquo;, presente en formas como <em>estraperlo, estraperlista, estraperlear</em>&hellip;,<em> </em>que proceden, respectivamente, del nombre ingl&eacute;s <em>football</em> &ldquo;balompi&eacute;&rdquo;, el nombre &aacute;rabe <em>hassasin </em>&ldquo;adicto al hach&iacute;s&rdquo; y el nombre alem&aacute;n <em>Straperlo</em> &ldquo;especie de ruleta cuya suerte pod&iacute;a ser gobernada por la banca&rdquo;, procedente a su vez de la lexicalizaci&oacute;n del nombre propio de sus creadores: <em>Strauss </em>y <em>Perlo</em>. &iquest;C&oacute;mo devinieron estos nombres extranjeros en las mencionadas ra&iacute;ces l&eacute;xicas espa&ntilde;olas? El primero de ellos, simplificando la sintaxis, y el segundo y el tercero, formalizando un rasgo de contenido circunstancial de la forma originaria: <em>asesin-</em>, el rasgo circunstancial de &ldquo;quitar la vida de forma ilegal&rdquo;, porque determinados adictos al hach&iacute;s se dedicaban a asesinar a sus rivales pol&iacute;ticos; el segundo, el rasgo circunstancial de &ldquo;comercio ilegal&rdquo;, porque la mencionada ruleta era manipulada fraudulentamente por los que la manejaban. En este mismo apartado, hay que tener en cuenta que las palabras de una lengua pueden llegar a otra a trav&eacute;s de una tercera, que puede alterar en mayor o menor medida su valor originario. Es lo que sucedi&oacute; con el ruso <em>step</em> &ldquo;erial llano y muy extenso&rdquo;, que lleg&oacute; a la lengua espa&ntilde;ola, no directamente de la lengua originaria, sino a trav&eacute;s del franc&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por la v&iacute;a que comentamos se crearon en el espa&ntilde;ol de Canarias ra&iacute;ces l&eacute;xicas como <em>tabaib- </em>(presente en <em>tabaiba, tabaibal, tabaibera, tabaibilla&hellip;</em>)<em>, tajinast- </em>(presente en <em>tajinaste</em>&hellip;)<em>, tajoras- </em>(presente en <em>tajorase, tajorasear&hellip;</em>)<em>, gor- </em>(presente en <em>goro, gorona, tagoro, tagora, tagoror</em>&hellip;)<em>, guanil- </em>(presente en <em>guanil</em>&hellip;)<em>, tafe&ntilde;- </em>(presente en <em>tafe&ntilde;a</em>&hellip;)<em>, gofi- </em>(presente en <em>gofio, gofiero, gofiento, gofier&iacute;a&hellip;</em>)<em>, guirr- </em>(presente en <em>guirre, enguirrar&hellip;</em>)<em>, baif- </em>(presente en <em>baifo, baifudo&hellip;</em>)<em>, perinqu&eacute;n- </em>(presente en <em>perinqu&eacute;n, perinquena&hellip;</em>)<em>, tafert- </em>(presente en <em>taferte&hellip;</em>)<em>,</em> <em>jeit- </em>(presente en <em>jeito, ajeitar, ajeitado&hellip;</em>)<em>, mill- </em>(presente en <em>millo, millero&hellip;</em>)<em>, encarranch- </em>(presente en <em>escarranchar&hellip;</em>)<em>, entull- </em>(presente en <em>entullar, entullo&hellip;</em>)<em>, atarrac- </em>(presente en <em>atarracar, atarracado&hellip;</em>)<em>, fech- </em>(presente en <em>fechar, fecho, fechillo</em>&hellip;)<em>, chern- </em>(presente en <em>cherne, chernera&hellip;</em>)<em>, majug- </em>(presente en <em>majuga</em>&hellip;)<em>, engod- </em>(presente en <em>engodo, engodar, engodadera&hellip;</em>)<em>, majalul- </em>(presente en <em>majalulo, majalulato&hellip;</em>)<em>, fuch- </em>(presente en <em>fuchir, fuchido</em>&hellip;)<em>, t&eacute;fan- </em>(presente en <em>t&eacute;fana</em>&hellip;)&hellip;, que tienen su origen en la lengua o lenguas bereberes que se hablaban en las Islas al tiempo de la conquista, en el portugu&eacute;s que hablaban los miles de portugueses que se afincaron en Canarias una vez consumada su conquista, a finales del siglo XV, o en la lengua que hablaban los miles de esclavos moriscos que se trajeron entonces del Sahara pr&oacute;ximo a las Islas para aliviar su d&eacute;ficit poblacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los pr&eacute;stamos adquieren el alma de la lengua que los adopta, porque quien da vida a las palabras no son las denotaciones, connotaciones y referencias que reciben del exterior, sino la gram&aacute;tica y la fon&eacute;tica de su lengua. As&iacute;, las voces <em>f&uacute;tbol, alcalde </em>y <em>ma&iacute;z</em>, por ejemplo, que empleamos los hispanohablantes para designar el balompi&eacute;, la autoridad que preside el ayuntamiento y la especie de gram&iacute;nea que los cient&iacute;ficos denominan <em>Zea mays </em>no son palabras de la lengua inglesa, de la lengua &aacute;rabe o de la lengua ta&iacute;na, que es de donde los tom&oacute; respectivamente el espa&ntilde;ol, sino palabras de la lengua espa&ntilde;ola, porque tanto su significante como su significaci&oacute;n inherentes y sus denotaciones y connotaciones son propiamente espa&ntilde;oles.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una de las pruebas m&aacute;s concluyentes de que las lenguas o los dialectos naturalizan los pr&eacute;stamos que adoptan es que, muy frecuentemente, terminan emparej&aacute;ndose con los t&eacute;rminos locales correspondientes, creando as&iacute; oposiciones sem&aacute;nticas nuevas y enriqueciendo su caudal l&eacute;xico. Es lo que ocurri&oacute; en Canarias con los tantos guanchismos, portuguesismos, arabismos, etc&eacute;tera, que entraron en el habla insular inmediatamente despu&eacute;s de la conquista y colonizaci&oacute;n europeas. As&iacute; los portuguesismos <em>mojo, &ldquo;</em>salsa de aceite y vinagre, principalmente&rdquo;<em> </em>y <em>fechar,</em> &ldquo;cerrar ajustadamente&rdquo; y los guanchismos <em>gofio, </em>&ldquo;harina de cereales tostados&rdquo;<em>, baifo,</em> &ldquo;cr&iacute;a de la cabra&rdquo;<em> </em>y <em>tajorase, </em>&ldquo;macho cabr&iacute;o joven&rdquo;, por ejemplo, que pasaron a formar oposici&oacute;n sem&aacute;ntica con las voces espa&ntilde;olas <em>salsa</em>, que se especializ&oacute; en el sentido de &ldquo;mezcla de sustancias para aderezar la comida&rdquo;,<em> cerrar</em>, que se especializ&oacute; en el sentido de<em> </em>&ldquo;tapar la entrada&rdquo;, sin m&aacute;s<em>, harina,</em> que se especializ&oacute; en el sentido de &ldquo;polvo que resulta de la molienda de cereales no tostados&rdquo;,<em> cabrito</em>, que se especializ&oacute; en el sentido de<em> </em>&ldquo;cr&iacute;a de la cabra mientras mama&rdquo;,<em> </em>y <em>macho</em>, que se especializ&oacute; en el sentido de<em> </em>&ldquo;macho cabr&iacute;o, en general&rdquo;. Este maridaje o casamiento entre palabras nacionales y palabras de procedencia extranjera no deja de ser una prueba evidente de la reconversi&oacute;n del pr&eacute;stamo en voz nacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Queda, por tanto, demostrado que el pr&eacute;stamo extranjero es una de las fuentes m&aacute;s importantes del enriquecimiento l&eacute;xico de las lenguas naturales. No es verdad, por tanto, que los pr&eacute;stamos &ldquo;no hagan falta&rdquo;, como afirma el citado Hartzenbusch, sino todo lo contrario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este paso tan natural y frecuente de material de una lengua a otra, tanto m&aacute;s habitual en el mundo moderno, por las comunicaciones y mezclas de poblaciones inherentes a la globalizaci&oacute;n, pone de manifiesto que las lenguas naturales no son compartimentos estancos o realidades absolutamente independientes las unas de las otras, sino formas de expresarse que tienen similares fundamentos sem&aacute;nticos y formales, por mucho que puedan diferir en su realizaci&oacute;n hist&oacute;rica. Lo que une a las distintas lenguas del mundo es mucho m&aacute;s que lo que las separa, pese a que, siempre que se habla de ellas, se ponga el acento m&aacute;s sobre lo segundo que sobre lo primero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Obviamente, esto no quiere decir que en ciertos casos los pr&eacute;stamos no pueden afectar a la identidad de una lengua natural e incluso acabar con ella, pero para que eso se produzca tienen que darse dos circunstancias muy dram&aacute;ticas. Primero, que el n&uacute;mero de pr&eacute;stamos sea abrumador. Es decir, que llegue a la categor&iacute;a de invasi&oacute;n, cosa no frecuente. Y, segundo, que la lengua de adopci&oacute;n se encuentre tan debilitada, tan falta de fuerza creativa o productiva, que sea incapaz de levantar cabeza. En este caso, nos encontrar&iacute;amos ante la desaparici&oacute;n de una lengua precaria sustituida por otra m&aacute;s vigorosa. Es lo que pas&oacute; con la mencionada lengua guanche y, para poner un ejemplo m&aacute;s reciente, con la vieja lengua rom&aacute;nica de Dalmacia, el d&aacute;lmata, que terminaron siendo invadidas, primero, y eliminadas, despu&eacute;s, por la lengua espa&ntilde;ola y la lengua croata, respectivamente.
    </p><p class="article-text">
        Y, por otra parte, hay que decir que no desvirt&uacute;an o degradan los pr&eacute;stamos a las lenguas que los acogen, sino que las fortifican en su identidad, porque no son ellas las que se adaptan a las estructuras o condiciones del pr&eacute;stamo, sino a la inversa: los pr&eacute;stamos los que se adaptan a las condiciones f&oacute;nicas, gramaticales y l&eacute;xicas de las lenguas que los adoptan, dejando de ser as&iacute; palabras de la lengua de partida y convirti&eacute;ndose en palabra de la lengua llegada. Como escribe Unamuno, &ldquo;todo idioma, que es un gran organismo vivo, respira, se nutre, asimila y segrega. Todo vocablo, al pasar de un idioma a otro, sufre una alteraci&oacute;n f&oacute;nica, necesaria para adaptarse al nuevo organismo en que entra&rdquo;. El extranjerismo que no se adapta a las estructuras de la lengua receptora tiende a olvidarse y desaparecer con el paso del tiempo. Por eso, no se puede decir que sean los guanchismos <em>gofio, tafe&ntilde;a, goro, tajinaste, tajorase </em>o<em> guirre</em> (al parecer, procedentes de <em>buffi, tafedna, grur, tahinast, *tagherst </em>y <em>guirgue</em>, respectivamente) palabras de la lengua o lenguas bereberes insulares que las prestaron, sino palabras de la lengua espa&ntilde;ola, porque totalmente integradas en sus estructuras f&oacute;nicas, gramaticales y l&eacute;xicas se encuentran ya. En efecto, una vez que dichas palabras perdieron sus propiedades f&oacute;nicas, gramaticales y l&eacute;xicas originarias y adoptaron las de la lengua espa&ntilde;ola, dejaron de ser palabras bereberes y se convirtieron en palabras espa&ntilde;olas. Con su adaptaci&oacute;n .a la lengua de llegada, deja la palabra extranjera de &ldquo;sonar mal&rdquo;, al contrario de lo que sostiene Harzentbuch en el texto citado m&aacute;s arriba.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo ello pone claramente de manifiesto que, como decimos, los llamados <em>pr&eacute;stamos idiom&aacute;ticos</em> no s&oacute;lo enriquecen la lengua que los adopta, sino que, al tener que asimilarlos, tambi&eacute;n robustecen la musculatura de sus estructuras f&oacute;nicas, gramaticales y l&eacute;xicas. C&oacute;mo en la vida de los pueblos, los elementos extranjeros purifican y vivifican las lenguas, ayudando a liberarlas de las degeneraciones y malformaciones consustanciales a la endogamia.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, los pr&eacute;stamos ling&uuml;&iacute;sticos no son pr&eacute;stamos, porque nada hay que devolver. Tampoco son usurpaciones o depredaciones, porque patrimonio de todos son. Se trata de puntos de encuentro que contribuyen a dar unidad a la familia humana. En palabras como la inglesa <em>football</em>, la francesa <em>souvenir</em>, la espa&ntilde;ola <em>siesta </em>o la mejicana <em>chocolate</em>, por ejemplo, nos identificamos, reconocemos y comulgamos buena parte de los habitantes de la tierra. Sin los pr&eacute;stamos ling&uuml;&iacute;sticos, perder&iacute;a la humanidad uno de los cementos m&aacute;s poderosos de su solidaridad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/palabras-son-falso-problema-prestamos-linguisticos_132_13175407.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Apr 2026 11:07:59 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[‘Marica’: aspectos lingüísticos y éticos de un nombre problemático]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/marica-aspectos-linguisticos-eticos-nombre-problematico_132_13212145.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">No se trata realmente de “resignificar” la palabra, como entienden algunos, sino de limpiarla de sus connotaciones negativas o subjetivas más injuriosas y dejarlo reducido a su significación denotativa más objetiva de ‘hombre homosexual’, sin más arreos o caireles significativos
</p></div><p class="article-text">
        Por tratarse del nombre propio de la madre de Cristo, es <em><strong>Mar&iacute;a</strong></em> la denominaci&oacute;n femenina por antonomasia de los pueblos de religi&oacute;n cristiana; el que mejor encarna los valores de la feminidad o mujeridad. De ah&iacute; que su derivado <em><strong>Marica</strong></em><em> </em>(&ldquo;Hermana Marica, / ma&ntilde;ana que es fiesta, / no ir&aacute;s t&uacute; a la amiga / ni ir&eacute; yo a la escuela&rdquo;, escribe <strong>G&oacute;ngora</strong> en una de sus letrillas m&aacute;s celebradas), atenuado en su significaci&oacute;n mostrativa o identificadora por el valor de &lsquo;disminuci&oacute;n&rsquo; o, mejor, de &lsquo;llegada puntual o perfecta al l&iacute;mite&rsquo; que implica el sufijo -<em>ico</em> que porta, haya terminado por entenderse en el sentido general de &lsquo;hombre afeminado&rsquo;, &lsquo;hombre que no cumple con los est&aacute;ndares de virilidad que se les supone a los llamados <em>hombres de verdad</em>, <em>machos</em>, <em>machotes</em>, <em>hombres hombre</em> u <em>hombres de pelo en pecho</em>&rsquo;, que, seg&uacute;n la tradici&oacute;n, son los vigorosos, bien plantados y valientes (&ldquo;groseros, brutos y ego&iacute;stas&rdquo;, en definici&oacute;n de <strong>Unamuno</strong>), con tres matices distintos. Con el matiz de &lsquo;hombre que en su modo de hablar, acciones o adornos se parece a las mujeres&ldquo;: v. gr., &rdquo;Con voz de tiple y modales de marica, me explic&oacute; que serv&iacute;a a las entretenidas de varios se&ntilde;orones&ldquo; (<strong>Torrente Ballester</strong>)&rdquo;; con el matiz de &ldquo;hombre apocado, falto de coraje, pusil&aacute;nime o medroso&rdquo;, atributos que, seg&uacute;n los prejuicios tradicionales, son los que definir&iacute;an a las mujeres: v. gr., &ldquo;Y era tan marica eso de llorar por una hembra&rdquo; (<strong>Enrique Amorim</strong>); y con el matiz de &ldquo;hombre homosexual&rdquo;, es decir, &lsquo;hombre que en el sexo adopta el papel de una mujer&rsquo;, en este caso en dos versiones gen&eacute;ricas distintas: en versi&oacute;n gen&eacute;rica femenina (&ldquo;una marica&rdquo;), impuesta por el g&eacute;nero femenino de la base. &ldquo;Soy una marica, no soy gay&rdquo;, declar&oacute; sin pelos en la lengua no hace mucho tiempo el exministro de igualdad de Colombia Juan Carlos Flori&aacute;n Silva; y en versi&oacute;n gen&eacute;rica masculina (&ldquo;un marica&rdquo;), impuesta por el sexo biol&oacute;gico de la persona designada: v. gr., &ldquo;No me asustas, marica, que eres un marica, todo el barrio lo sabe&rdquo; (<strong>Juan Mars&eacute;</strong>). Precisamente para acomodar la concordancia del nombre a la concordancia del determinante <em>un</em>, <em>el</em> o cualquier otro que lo acompa&ntilde;e, o simplemente para hacer justicia a la condici&oacute;n sexual de la persona designada, surgi&oacute; en Hispanoam&eacute;rica la forma masculina <em>marico </em>(<em>un </em>(<em>el</em>, <em>este&hellip;</em>)<em> marico</em>), que los diccionarios de americanismos suelen definir como &ldquo;marica&rdquo;, sin m&aacute;s, y que presenta la sustancia de base orientada hacia dentro o de forma concentrada, frente a la forma femenina <em>marica</em>, que la presenta orientada hacia fuera o expandida. Por esto, no se pude decir que tengan ambas variantes gen&eacute;ricas de nuestra voz el mismo significado. En <em>marica </em>se pone el acento m&aacute;s en el componente femenino de la significaci&oacute;n b&aacute;sica o nuclear que el t&eacute;rmino implica que en el masculino; en <em>marico</em>, al rev&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Obviamente, en estas nuevas funciones referenciales, pierde nuestra palabra su condici&oacute;n de nombre propio, de nombre identificador de una persona determinada, y se convierte en nombre com&uacute;n, en nombre de clase. De <em>lexicalizaci&oacute;n</em> habla la teor&iacute;a del lenguaje en estos casos. Lo que significa <em>marica</em> (ahora con min&uacute;scula) es, repetimos, &lsquo;hombre afeminado&rsquo;, con, al menos, las tres acepciones que acabamos de definir, con mayor o menor carga despectiva. Que el hombre, considerado tradicionalmente sexo fuerte o dominante, sea designado mediante un nombre de mujer, tradicionalmente reputado como sexo d&eacute;bil o dominado, un nombre que, adem&aacute;s, encarna los valores m&aacute;s esenciales de la feminidad o mujeridad, no puede dejar de interpretarse como una degradaci&oacute;n o injuria de grueso calibre; sobre todo, para el macho hisp&aacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        Definida la hombr&iacute;a desde el punto de los atributos sexuales y la fuerza bruta exclusivamente, se daban todas las condiciones para que la patriarcal o machista sociedad tradicional excluyera al hombre homosexual del &aacute;mbito de lo masculino y lo encerrara en el &aacute;mbito de lo femenino, como si la homosexualidad fuera un hecho contra natura, una transgresi&oacute;n de la ley de Dios o una patolog&iacute;a que hay que tratar cl&iacute;nicamente y la mujer un ser inferior. De ah&iacute; el car&aacute;cter pecaminoso que les atribu&iacute;a a estas pr&aacute;cticas sexuales, las penas de c&aacute;rcel e incluso m&aacute;s severas con que se las condenaba anta&ntilde;o y se las sigue condenando en la actualidad en determinados pa&iacute;ses del mundo y las terapias que recomienda para su curaci&oacute;n. Y decimos la &ldquo;patriarcal o machista sociedad tradicional&rdquo;, porque tal valoraci&oacute;n de la homosexualidad no es ni mucho menos universal, sino propia fundamentalmente de la sociedad judeo-cristiana, como nos han hecho ver todos aquellos que han estudiado el asunto desde el punto de vista hist&oacute;rico. &ldquo;La idea de un rechazo generalizado y absoluto de cualquier tipo de contacto sexual entre personas del mismo sexo es totalmente falsa y s&oacute;lo se entiende desde la perspectiva judeocristiana del &uacute;ltimo milenio donde todo comportamiento sexual ha de ser controlado y en muchos casos reprimido o anulado&rdquo;. En efecto, se trataba de impedir que las personas homosexuales dispusieran de su propio cuerpo (que es suyo y s&oacute;lo suyo) a su voluntad y antojo, que es uno de los derechos fundamentales de cualquier ser humano. A esto hay que a&ntilde;adir, adem&aacute;s, que el binarismo tradicional no permit&iacute;a ver que, como se ha demostrado modernamente, &ldquo;lo que parece haber en la base de muchos casos de homosexualidad es un tercer sexo, una especie de alma de mujer en cuerpo de hombre&rdquo;, como afirman metaf&oacute;ricamente los especialistas en el asunto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De todas formas, pese a las potentes connotaciones peyorativas con que naci&oacute; y se ha perpetuado el t&eacute;rmino <em>marica </em>en la lengua espa&ntilde;ola, hay que decir que no faltan en el mundo hisp&aacute;nico gentes y organizaciones m&aacute;s o menos progresistas, como, por ejemplo, el autodenominado &ldquo;Movimiento de Maricas Bolivia&rdquo;, que &ldquo;llevan a cabo una lucha transversal y &rdquo;descolonial&ldquo; por la emancipaci&oacute;n sexual&rdquo; y que propugnan su regeneraci&oacute;n y normalizaci&oacute;n. No se trata realmente de &ldquo;resignificar&rdquo; la palabra, como entienden algunos, sino de limpiarla de sus connotaciones negativas o subjetivas m&aacute;s injuriosas y dejarlo reducido a su significaci&oacute;n denotativa m&aacute;s objetiva de &lsquo;hombre homosexual&rsquo;, sin m&aacute;s arreos o caireles significativos.
    </p><p class="article-text">
        Una vez consolidado como denominaci&oacute;n habitual del hombre homosexual, nuestro hipocor&iacute;stico originariamente femenino va a desarrollar dos formas derivativas primarias distintas, con connotaciones axiol&oacute;gicas radicalmente diferentes, determinadas en gran medida por la sem&aacute;ntica del sufijo que las acompa&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De una parte, el derivado diminutivo <em>mariquita</em>, donde el sufijo <em>-ito</em>, lloviendo sobre mojado, presenta la sustancia del antiguo diminutivo <em>marica</em> llegando puntualmente a su l&iacute;mite o de forma perfecta, con un matiz m&aacute;s o menos cari&ntilde;oso (o por lo menos atenuativo) del valor de base. &ldquo;El mariquita se peina / en su peinador de seda. / Los vecinos se sonr&iacute;en / en sus ventanas postreras. / El mariquita organiza / los bucles de su cabeza. / Por los patios gritan loros, / surtidores y planetas. / El mariquita se adorna / con un jazm&iacute;n sinverg&uuml;enza. / La tarde se pone extra&ntilde;a / de peines y enredaderas. / El esc&aacute;ndalo temblaba / rayado como una cebra. / &iexcl;Los mariquitas del sur / cantan en las azoteas&rdquo;, escribe Lorca en su delicada y sutil &ldquo;Canci&oacute;n del mariquita&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De otra, desarrolla nuestro otrora hipocor&iacute;stico de <em>Mar&iacute;a</em> el derivado aumentativo <em>maric&oacute;n</em>, donde el sufijo <em>-&oacute;n</em> presenta la sustancia de la base llegando de forma brusca a su l&iacute;mite, con un matiz altamente despectivo y malsonante, como dice la Real Academia Espa&ntilde;ola: v. gr., &ldquo;El gringo ese seguro que era maric&oacute;n degenerado&rdquo; (Bryce Echenique). Precisamente por el valor despectivo que moviliza el derivado que consideramos, no hubiera tenido ning&uacute;n sentido que Lorca hubiera dado a su poema citado el t&iacute;tulo de &ldquo;Canci&oacute;n del maric&oacute;n&rdquo;. A pesar de la groser&iacute;a que implica su valor (o gracias a ella), suele emplearse esta palabra frecuentemente<em> </em>en sentido metaf&oacute;rico o ir&oacute;nico, a veces, incluso con un matiz de cari&ntilde;o, camarader&iacute;a o complicidad: v. gr., &ldquo;Eso es lo que falta por desollar. &iexcl;Qu&eacute; maric&oacute;n!&rdquo; (Garc&iacute;a Pav&oacute;n).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A partir de esta variante morfol&oacute;gica primaria connotativamente negativa, han surgido a su vez nada m&aacute;s y nada menos que siete variantes morfol&oacute;gicas secundarias distintas, lo que no deja de ser una prueba del predominio del valor negativo en la familia de palabras que nos ocupa: la variante <em>maricona, </em>la variante <em>mariconcillo</em>, la variante <em>mariconcete</em>, la variante <em>mariconazo</em>, la variante <em>mariconer&iacute;a</em>, la variante <em>mariconada</em> y la variante <em>mariconear.</em>
    </p><p class="article-text">
        En la variante <em>maricona</em>, el sufijo femenino <em>-a</em> presenta la sustancia de la base orientada hacia fuera, aumentando o intensificando con esta cuantificaci&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s el sentido despectivo de partida: v. gr., &ldquo;Era una maricona mala y las mariconas malas nunca est&aacute;n de moda&rdquo; (Boris Izaguirre). Digamos que el g&eacute;nero femenino se entiende aqu&iacute; m&aacute;s en sentido dimensional que en sentido sexual.
    </p><p class="article-text">
        En la variante diminutiva <em>mariconcillo</em>, el sufijo <em>-illo</em> presenta la sustancia como puntualmente acabada o en estado perfecto, como el <em>-ico </em>y el <em>-ito</em> vistos antes, aunque con un punto de indeterminaci&oacute;n, que provoca un matiz cari&ntilde;oso un tanto informal o simplemente atenuativo del car&aacute;cter grosero que connota el t&eacute;rmino de base: v. gr., &ldquo;(Ten&iacute;a) fama de mariconcillo desesperado, capaz de instigar un buen pleito de cantina&rdquo; (Obando Bola&ntilde;os).
    </p><p class="article-text">
        En la variante <em>mariconcete</em>, el sufijo <em>-ete</em> presenta la sustancia de la base como alcanzando de forma difusa su l&iacute;mite, con un matiz tambi&eacute;n atenuativo de la significaci&oacute;n despectiva que la misma implica: v. gr., &ldquo;&iquest;A poco don Federico, aquel viejo medio mariconcete, conoc&iacute;a todos los intr&iacute;ngulis?&rdquo; (Arturo Azuela); &ldquo;-&iquest;Te gusta el teatro? -&iquest;Me ves a m&iacute; cara de mariconcete?&rdquo; (Gustavo Ott).
    </p><p class="article-text">
        En la variante <em>mariconazo</em>, el sufijo <em>-azo</em>, lloviendo tambi&eacute;n sobre mojado, como el <em>-ito </em>de <em>mariquita</em>, presenta la sustancia de <em>maric&oacute;n</em> como s&uacute;bitamente proyectada hasta un tope, con un matiz intensificador de la significaci&oacute;n despectiva de la base: v. gr., &ldquo;Si es que lo eres, un mariconazo. Si lo sabr&eacute; yo&rdquo; (&Aacute;ngel V&aacute;zquez). Este valor despectivo propicia que muy frecuentemente aparezca en usos metaf&oacute;ricos insultando o degradando a hombres que nada tienen que ver con la homosexualidad, como se aprecia en el texto que sigue: &ldquo;&iexcl;Porque hay temor, hay p&aacute;nico, hay miedo y porque Felipe Gonz&aacute;lez es un mariconazo, un maric&oacute;n integral&rdquo; (Jos&eacute; Mar&iacute;a Ruiz-Mateos). Por s&iacute;ncopa, de esta variante aumentativa de <em>maric&oacute;n</em> parece haber surgido la variante un tanto marginal de <em>mariconz&oacute;n </em>(acaso motivada por cruce con la forma <em>maripos&oacute;n</em>), donde la significaci&oacute;n aumentativa de la base resulta reforzada por la significaci&oacute;n de &lsquo;llegada brusca al l&iacute;mite&rsquo;, que, seg&uacute;n vimos m&aacute;s arriba, significa constante e invariablemente el sufijo espa&ntilde;ol <em>-&oacute;n</em>: v. gr., &ldquo;&iquest;En qu&eacute; ca&iacute;, comemierda? &iquest;En qu&eacute; ca&iacute;, mariconz&oacute;n?&rdquo; (Fidel Castro). Esta variante de <em>maric&oacute;n</em> suele ser definida por algunos, sin argumentos s&oacute;lidos, como &ldquo;hombre homosexual que no ha salido del armario
    </p><p class="article-text">
        En la variante <em>mariconer&iacute;a</em>, que implica en su base el no aut&oacute;nomo derivado de sentido agentivo <em>*mariconero</em>, donde el sufijo <em>-ero</em> hace que la combinaci&oacute;n se entienda como &lsquo;&aacute;mbito del que emana activamente el concepto maric&oacute;n&rsquo;, el sufijo <em>-&iacute;a</em> presenta la significaci&oacute;n del conjunto como &lsquo;emanaci&oacute;n activa&rsquo;, con el sentido de &lsquo;lo que emana de maric&oacute;n&rsquo;, significaci&oacute;n que puede entenderse tanto en el sentido de &lsquo;cualidad de maric&oacute;n&rsquo; como en el de &lsquo;acci&oacute;n propia del maric&oacute;n&rsquo;, como dicen los diccionarios al uso: v. gr., &ldquo;Cuando llegaron a sus o&iacute;dos los rumores de su mariconer&iacute;a, se dedic&oacute; a frecuentar a todas las t&iacute;as que pod&iacute;a&rdquo; (V&aacute;zquez Montalb&aacute;n).
    </p><p class="article-text">
        En la variante <em>mariconada</em>, el sufijo <em>-ada</em> presenta la significaci&oacute;n de base como resultado de <em>mariconear</em>, con la sustancia orientada hacia fuera y el sentido recto de &lsquo;acci&oacute;n propia de maric&oacute;n&rsquo; y los metaf&oacute;ricos de &lsquo;mala pasada&rsquo; y &lsquo;acci&oacute;n u objeto tenidos por afectados&rsquo;, mucho m&aacute;s frecuentes que el primero.
    </p><p class="article-text">
        Y, por &uacute;ltimo, en la variante <em>mariconear</em>, el sufijo <em>-ear</em> presenta la significaci&oacute;n de base en proceso cursivo, con los sentidos rectos de &lsquo;mantener los hombres relaciones homosexuales&rsquo; y &lsquo;buscar los hombres relaciones homosexuales&rsquo; y los metaf&oacute;ricos de &lsquo;acobardarse&rsquo; y &lsquo;tratar a alguien de mala manera&rsquo;: v. gr., &ldquo;Y &eacute;l en La Habana, dando vueltas por la Rampa y tir&aacute;ndoles besitos a los montones de locas que se paran a mariconear en la acera de Coppelia&rdquo; (&Aacute;lvarez Gil).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sabido es que, adem&aacute;s del nombre despectivo que nos ocupa y la tropa de derivados que ha desarrollado a lo largo del tiempo, que proporciona a aquel el abanico de tonos afectivos o valorativos citados, el hombre homosexual, tan mal considerado en la sociedad patriarcal o machista tradicional, por las razones aducidas m&aacute;s arriba, ha recibido, a veces seg&uacute;n regiones o registros ling&uuml;&iacute;sticos, otras denominaciones metaf&oacute;ricas, asimismo altamente peyorativas, entre las que destacan <em>maripos&oacute;n, sarasa, pervertido, p&aacute;jaro, invertido, adelaida, afeminado, sodomita</em>, <em>bujarr&oacute;n, bujarra, trolo, papaya, camar&oacute;n, cholo, se&ntilde;orito, puto, culero, raro, loca, pato, amapola, cabro</em>, etc., como puede comprobarse en cualquier diccionario gay m&iacute;nimamente documentado, que se encuentran tan cargadas de connotaciones injuriosas y hom&oacute;fobas como los mencionadas <em>marica</em> y derivados vistos m&aacute;s arriba. Obviamente, cada una de ellas presenta sus propios matices expresivos y su propia historia sem&aacute;ntica, que, por razones obvias, no puedo analizar aqu&iacute;. Algunas de ellas han alcanzado incluso dignidad literaria, como pone de manifiesto la controvertida &ldquo;Oda a Walt Whitman&rdquo; de Lorca, que pretende reivindicar una homosexualidad m&aacute;s aut&eacute;ntica y natural que la tradicional, tan mal vista y hasta mal asumida a veces, en buena medida por culpa de la sem&aacute;ntica connotativa de los t&eacute;rminos que la designan: &ldquo;Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos / gotas de sucia muerte con amargo veneno. / Contra vosotros siempre, / Faeries de Norteam&eacute;rica, / P&aacute;jaros de La Habana, / Jotos de M&eacute;jico, / Sarasas de C&aacute;diz, / Apios de Sevilla, / Cancos de Madrid, / Floras de Alicante, / Adelaidas de Portugal&rdquo;. &ldquo;Con Whitman -se nos indica en el bloc &rdquo;Historia LGBT&ldquo;- todo cambi&oacute; porque con &eacute;l Lorca encontr&oacute; un nuevo referente. La virilidad, la fraternidad y la camarader&iacute;a, la admiraci&oacute;n del cuerpo masculino, la aceptaci&oacute;n de uno mismo y la expresi&oacute;n propia, la reivindicaci&oacute;n de la homosexualidad, la defensa de los oprimidos y de los explotados son, en esencia, las caracter&iacute;sticas de un nuevo referente que acab&oacute; de construir a Federico, dotando de coherencia a su realidad y a sus aspiraciones&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Precisamente para evitar las lamentables connotaciones que todos estas voces hom&oacute;fobas implican, prefiere el llamado <em>lenguaje inclusivo</em> de hoy, que &ldquo;busca evitar el uso de t&eacute;rminos discriminatorios y promover una comunicaci&oacute;n m&aacute;s respetuosa hacia las personas&rdquo;, hablar, no de <em>maricas, mariquitas </em>o <em>maricones</em>, sino de <em>gays </em>(palabra que, curiosamente, por etimolog&iacute;a popular se convierte en boca de algunos en <em>guais </em>&lsquo;muy buenos&rsquo;, con el cambio sem&aacute;ntico que ello implica), voz anglosajona (procedente, a su vez, del franc&eacute;s antiguo <em>gai </em>&lsquo;placentero, alegre&rsquo;), que, pese a su origen tambi&eacute;n despectivo (seg&uacute;n dice algunos, naci&oacute; en las c&aacute;rceles norteamericanas para designar a los homosexuales de forma peyorativa), presenta una sem&aacute;ntica mucho m&aacute;s neutra que las denominaciones citadas. De &ldquo;fiesta del orgullo gay&rdquo; se habla hoy en cualquier medio y lugar del mundo hisp&aacute;nico sin que nadie se escandalice por ello. No obstante esto, no hay que lanzar las campanas al vuelo, pues, como la homosexualidad es una realidad que no termina todav&iacute;a de ser aceptada por parte de la poblaci&oacute;n, tambi&eacute;n el neologismo que nos ocupa empieza a adquirir ya en el discurso de &uacute;ltima hora ciertas connotaciones negativas, sobre todo cuando se emplea como burla en aquellos contextos sociales en que se sigue rechazando la forma de querer que nos ocupa. Adem&aacute;s de esto, debe tenerse en cuenta que, incluso dentro del c&iacute;rculo de los interesados, tiene detractores la voz <em>gay</em>, por las connotaciones de cultura de los blancos que implica su origen anglosaj&oacute;n, que har&iacute;a suponer que la homosexualidad s&oacute;lo pertenece a los blancos, y no a los negros, a los amarillos, a los cobrizos y a los malayos, como se dec&iacute;a antes.
    </p><p class="article-text">
        La controversia que comentamos es la que explica que haya personas que piensen que el tipo de relaci&oacute;n sexual en cuesti&oacute;n no necesita de nombre alguno. La homosexualidad es una pr&aacute;ctica que, como la heterosexualidad, la ideolog&iacute;a, los gustos o la religi&oacute;n, pertenece a la vida &iacute;ntima de cada cual, en la que nadie tiene derecho a entrar ni a opinar. Para ejercerla, s&oacute;lo se requiere el consentimiento del otro. Si no hay un nombre espec&iacute;fico para designar a las personas que se acuestan con personas del sexo opuesto (<em>heterosexual</em> es voz que s&oacute;lo existe porque existe <em>homosexual</em>), de otra raza o de edad distinta de la suya (excepto que se trate de ni&ntilde;os, que entonces entramos en el terreno del delito, en el terreno de la abominable pederastia), o a las que practican el sexo en posici&oacute;n del misionero o en forma del salto de la rana, por poner un par de ejemplos simplones, sin la m&aacute;s m&iacute;nima intenci&oacute;n de hacer gracia, &iquest;por qu&eacute; tiene que haberlo para se&ntilde;alar o acusar al hombre que se acuesta con otros hombres? Y se comprende que haya gente que plantee las cosas de esta manera, pues, como es el nombre el que genera los prejuicios en cuesti&oacute;n, muerto el perro se acab&oacute; la rabia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Claro que una soluci&oacute;n an&oacute;nima de esta naturaleza dif&iacute;cilmente podr&aacute; convencer a aquellos que consideran que la homosexualidad no plantea s&oacute;lo un problema de relaciones sexuales, sino tambi&eacute;n un problema de identidad social y hasta pol&iacute;tica, que hay que organizar en movimientos para reivindicar sus derechos y lograr las mayores cotas de poder posibles. En este caso, no cabe ninguna duda de que palabras, palabras objetivas, palabras limpias del polvo y la paja de los prejuicios, son imprescindibles para poder articular el discurso que se intenta transmitir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/marica-aspectos-linguisticos-eticos-nombre-problematico_132_13212145.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 May 2026 13:29:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[‘Marica’: aspectos lingüísticos y éticos de un nombre problemático]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La aspiración del habla canaria: ¿flojera fonética?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/aspiracion-habla-canaria-flojera-fonetica_132_13194331.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La mayor parte de las aspiraciones de las lenguas humanas son soluciones naturales de transición. No se trata de degeneraciones, enfermedades, virus o carcomas del sistema fonológico, como suele creerse habitualmente
</p></div><p class="article-text">
        Tras el llamado <em>seseo </em>(fen&oacute;meno consistente en pronunciar como /s/ dorsal las dos consonantes sibilantes de la lengua espa&ntilde;ola), es la aspiraci&oacute;n de los sonidos que se citan a continuaci&oacute;n el rasgo m&aacute;s destacado de la pronunciaci&oacute;n de los canarios. En primer lugar, la aspiraci&oacute;n de la /s/ que aparece a final de s&iacute;laba. As&iacute;, salvo los hablantes m&aacute;s viejos de <strong>El Hierro</strong>, dicen los isle&ntilde;os, /loh much&aacute;choh/ y /lah n&iacute;&ntilde;ah/, en lugar de /los much&aacute;chos/ y /las n&iacute;&ntilde;as/. En la actualidad, cuando la palabra que sigue a esta /s/ empieza por vocal, la aspiraci&oacute;n suele pasar a inicial de la s&iacute;laba siguiente (es decir, a explosiva). As&iacute;, es frecuente o&iacute;r, entre los j&oacute;venes, sobre todo, pronunciaciones como /lo h&aacute;rboles/, /lo h&oacute;hoh/ y /la h&oacute;cho/, en lugar de /loh &aacute;rboleh/, /loh &oacute;hoh/ y /lah &oacute;cho/ o /lo s&aacute;rboleh/, /lo s&oacute;hoh/ y /la s&oacute;cho/, que es como dicen los hablantes de mayor edad. En segundo lugar, la aspiraci&oacute;n de la consonante r cuando aparece ante las consonantes /n/ o /l/. As&iacute;, en las islas orientales y <strong>La Gomera</strong>, se dice, por ejemplo, /c&aacute;hne/ y /c&aacute;hloh/, en lugar de /c&aacute;rne/ y /c&aacute;rlos/. En tercer lugar, se aspira en Canarias el antiguo sonido palatal fricativa /sh/, que en castellano devino jota (/x/). As&iacute;, se dice /<em>d&iacute;ho/</em> y <em>/h&eacute;mir/</em>, en lugar de los antiguos /d&iacute;xo/ y /xem&iacute;r/. Y, por &uacute;ltimo, se aspira asimismo la f inicial de determinadas palabras populares, exactamente igual que en el castellano antiguo. As&iacute;, se suele decir /hirib&iacute;lla/ y /hedi&oacute;ndo/, en lugar de los originales /ferb&iacute;lla/ (de procedencia portuguesa)<em> </em>y /fedi&oacute;ndo/ (del lat. *<em>foetibundum</em>).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque se trata de una pr&aacute;ctica duramente criticada por los puristas m&aacute;s recalcitrantes, estas aspiraciones no dejan de tener su justificaci&oacute;n idiom&aacute;tica.<em> </em>Como se sabe desde el siglo XIX, por lo menos, las lenguas humanas se rigen por la ley del menor esfuerzo. Si el hablante puede comunicar su mensaje con dos palabras, no emplea tres. De ah&iacute; la tendencia que manifiesta la expresi&oacute;n oral a relajarse y acortarse cada vez m&aacute;s, hasta donde lo permita la comprensi&oacute;n de lo que se necesita o se quiere transmitir. Y este relajamiento o acortamiento expresivo es tanto mayor cuanto m&aacute;s cohesionada y cerrada sea la comunidad hablante de que se trata, pues, como parte de la informaci&oacute;n que se pone en com&uacute;n se halla presente en el contexto, o pertenece al conocimiento del mundo compartido por hablante y oyente, poco esfuerzo idiom&aacute;tico basta para hacerse entender.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el plano de la expresi&oacute;n, el relajante m&aacute;ximo es precisamente la aspiraci&oacute;n, que reduce diversos sonidos (sobre todo, los llamados <em>continuos</em> (/s/, /f/, /x/ y /r/), principalmente cuando aparecen a final de s&iacute;laba, que es posici&oacute;n muy d&eacute;bil, a un mero &ldquo;ruido producido por el roce del aire con los pliegues vocales cuando estos se encuentran muy pr&oacute;ximos, pero no cerrados&rdquo;. Es lo que ocurri&oacute; en griego antiguo, donde abland&oacute; la /s/ explosiva indoeuropea, convirti&eacute;ndola en esp&iacute;ritu fuerte (v. gr., /hept&aacute;/, /h&aacute;ls/ y /h&eacute;lios/), consonante que se conserv&oacute;, sin embargo, en otras lenguas indoeuropeas, como el lat&iacute;n, por ejemplo, donde se dec&iacute;a /s&eacute;ptem/, /s&aacute;l/ y /s&oacute;l/. Es lo que ocurri&oacute; en la vieja Castilla, donde abland&oacute; la /f/ inicial de palabra de la lengua madre, al parecer, por influencia del vasco. As&iacute;, los verbos latinos /fabul&aacute;re/ y /fac&eacute;re/, por ejemplo, devinieron en /habl&aacute;r/ y /hac&eacute;r/, respectivamente. Es lo que ocurri&oacute; en Francia, donde se aspiraron todas las /s/ finales de s&iacute;laba. As&iacute;, los antiguos /m&eacute;sme<em>/ </em>(del lat&iacute;n <em>metipse</em>) y /p&aacute;ste/<em> </em>se convirtieron en /m&eacute;hme/ y /p&aacute;hte/, respectivamente. Y es lo que ocurre en la Canarias moderna y otras partes del mundo hisp&aacute;nico, donde, como se&ntilde;al&eacute; al principio del art&iacute;culo, se aspiran la /s/<em> </em>final de s&iacute;laba, la /r/<em> </em>que aparece seguida de /n/<em> </em>o /l/, el antiguos sonido palatal fricativo /sh/ y la /f/<em> </em>inicial latina y de otros or&iacute;genes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, como la aspiraci&oacute;n no es, por lo general, otra cosa que una juntura, como dicen los fon&oacute;logos, un sonido de uni&oacute;n entre una palabra y otra o entre una s&iacute;laba y otra, y no un sonido aut&oacute;nomo (por eso afecta a consonantes tan diversas), termina en muchos casos alterando de forma m&aacute;s o menos dr&aacute;stica los fonemas y la pronunciaci&oacute;n propia de sus v&iacute;ctimas. Unas veces, eliminando el sonido aspirado. As&iacute;, en castellano, actu&oacute; como revulsivo de la desaparici&oacute;n de la /f/ inicial de las palabras del lat&iacute;n vulgar. Por eso dice hoy la mayor&iacute;a de los hispanohablantes /abl&aacute;r/ y /ac&eacute;r/, y no /habl&aacute;r/ y /hac&eacute;r/. En el franc&eacute;s y el espa&ntilde;ol de Canarias, como principio de la desaparici&oacute;n de la /s/<em> </em>final de s&iacute;laba. Por eso dicen hoy los franc&oacute;fonos /m&eacute;m<em>/</em> y /pat&eacute;/, y no /m&eacute;hme/ y /p&aacute;hte/, y determinados hablantes canarios /lo kuch&iacute;llo/ (o, mejor, /lo guch&iacute;llo/, con la velar /k/ sonorizada), y no /loh kuch&iacute;lloh/. Otras veces, asimil&aacute;ndose al sonido que sigue, tens&aacute;ndolo o abri&eacute;ndolo en mayor o menor medida. Es el caso del habla grancanaria, por ejemplo, donde la aspiraci&oacute;n procedente de s final de s&iacute;laba ha reforzado los sonidos /b/, /d/, /g/ y /y/ de la s&iacute;laba o palabra que viene a continuaci&oacute;n. Por eso dicen los grancanarios /lo bbarr&aacute;nkoh/ (los barrancos&ldquo;), /la gg&oacute;mah/ (&rdquo;las gomas&ldquo;), /d&oacute; dd&oacute;nuh/ (&rdquo;dos donuts&ldquo;) y /&uacute;no yy&aacute;teh/ (&rdquo;unos yates&ldquo;), en lugar de /loh barr&aacute;nkoh/, /lah g&oacute;mah/, /d&oacute;h d&oacute;nuh/ y /&uacute;noh y&aacute;teh/, respectivamente, dando lugar a una serie de sonidos nuevos; a una serie de sonidos sonoros tensos, que es una de las caracter&iacute;sticas m&aacute;s relevantes de la pronunciaci&oacute;n grancanaria y de las zonas que se encuentran bajo su radio de acci&oacute;n m&aacute;s inmediata, como Fuerteventura y Lanzarote. Y otras veces, por &uacute;ltimo, aumentando el grado de abertura de la vocal que le precede. Es lo que sucede en el &aacute;mbito de la Andaluc&iacute;a oriental, donde la fuerza articulatoria de la aspiraci&oacute;n de /s/ ha devenido en abertura de la vocal anterior, hasta el punto de que el hablante interpreta esta vocal abierta como marca de plural en aquellos casos en que es la /s/ de plural el sonido afectado por el fen&oacute;meno fon&eacute;tico que nos ocupa. /lo: kab&aacute;llo:/ y /la: karret&eacute;ra:/, en lugar de /loh kab&aacute;lloh/ y /lah karret&eacute;rah/, se oye decir sistem&aacute;ticamente a los granadinos y a los almerienses, por ejemplo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Queda claro, por tanto, que la mayor parte de las aspiraciones de las lenguas humanas son soluciones naturales de transici&oacute;n. No se trata de degeneraciones, enfermedades, virus o carcomas del sistema fonol&oacute;gico, como suele creerse habitualmente. Tampoco est&aacute;n las aspiraciones determinadas por una supuesta flojera o aplatanamiento de los hablantes que las usan. Es m&aacute;s bien un revulsivo fon&eacute;tico, un revulsivo que regula la pronunciaci&oacute;n tradicional, eliminando lo que los hablantes consideran superfluo o convirtiendo en simult&aacute;neos o paradigm&aacute;ticos rasgos que fueron sucesivos o sintagm&aacute;ticos, que requieren mayor gasto de energ&iacute;a articulatoria que aquellos. Mecanismo, por tanto, consustancial al idioma, determinado por la ley del menor esfuerzo, que preside todo hablar natural; ese que no tiene otro objetivo que comunicarse con el pr&oacute;jimo a la pata la llana o a como salga. Tanto alcance tiene el fen&oacute;meno que nos ocupa, que divide los dialectos de las lenguas y hasta las lenguas mismas en dos grupos radicalmente distintos: dialectos o lenguas de habla tensa y dialectos o lenguas de habla relajada. En el mundo hisp&aacute;nico, el espa&ntilde;ol de Castilla y el espa&ntilde;ol de las tierras altas de Am&eacute;rica son modalidades de habla tensa, hablas libres de aspiraci&oacute;n, en tanto que el espa&ntilde;ol de Andaluc&iacute;a, el espa&ntilde;ol de las tierras bajas de Am&eacute;rica y el espa&ntilde;ol de Canarias, modalidades de habla relajada, hablas donde la aspiraci&oacute;n campa por sus respetos.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/aspiracion-habla-canaria-flojera-fonetica_132_13194331.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 May 2026 16:17:18 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La aspiración del habla canaria: ¿flojera fonética?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre verdad y mentira en sentido moral: tipología del mentiroso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/mentira-sentido-moral-tipologia-mentiroso_132_13158571.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Mentiras y mentiras por todas partes: mentiras personales, mentiras familiares, mentiras sociales y mentiras institucionales. El mundo está lleno de mentiras. Y más en los tiempos que corren, en los que lo que predomina es la hedonista filosofía superficial o frívola de “a vivir que son dos días”, tan contraria a la verdad, que habita en el fondo de las cosas, y en los que tanto protagonismo tiene lo que llamamos “nuevas tecnologías”, que han ampliado de forma exponencial la capacidad de difundir la mentira por todo el planeta
</p></div><p class="article-text">
        En el a&ntilde;o 1873 dict&oacute; un joven <strong>Nietzsche</strong> a su amigo <strong>Carl von Gersdorff </strong>unas hond&iacute;simas reflexiones sobre el problema de la verdad y la mentira, reflexiones que habr&iacute;an de publicarse en 1903 con el t&iacute;tulo de <em>Sobre verdad y mentira en sentido extramoral</em> y que, como el propio nombre indica, dejaban deliberadamente fuera de consideraci&oacute;n el important&iacute;simo problema moral que es inherente a estos dos conceptos. En realidad, lo que interesaba al fil&oacute;sofo alem&aacute;n en estas reflexiones de juventud no eran tanto los problemas pr&aacute;cticos que la verdad y la mentira implican en la vida cotidiana de la gente cuanto su problema metaf&iacute;sico: el problema metaf&iacute;sico de que el ser humano no vive en la verdad, sino en la mentira, porque el conocimiento que tiene de la realidad que lo circunda no es un conocimiento directo, sino que est&aacute; mediatizado tanto por los sentidos con que la percibe como por las met&aacute;foras ling&uuml;&iacute;sticas con que la designa. &ldquo;Los diferentes lenguajes&rdquo; -nos dice el propio autor del texto-, &ldquo;comparados unos con otros, ponen en evidencia que con las palabras jam&aacute;s se llega a la verdad ni a una expresi&oacute;n adecuada, pues, en caso contrario, no habr&iacute;a tantos lenguajes. 
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;cosa en s&iacute;&rdquo; (esto ser&iacute;a justamente la verdad pura, sin consecuencias) es totalmente inalcanzable&ldquo;. Es decir, que esas cosas que llamamos &rdquo;verdades&ldquo; en la vida real (el tiempo, el espacio, Dios, la felicidad, la casa en que vivimos o el amor o el odio que sentimos por los dem&aacute;s, por ejemplo) son &rdquo;mentiras&ldquo;, m&aacute;s que verdades, porque lo que manejamos al hablar no son ni ellas mismas ni una imagen que se les parezca, sino una representaci&oacute;n arbitraria hecha con un material ajeno a ellas, que es la significaci&oacute;n de las palabras con que las designamos y las denotamos. Mentiras &uacute;tiles, si se quiere, pero mentiras, al fin y al cabo. 
    </p><p class="article-text">
        Y no cabe ninguna duda de que las cosas son como dice el atormentado pensador alem&aacute;n. Las personas, los animales, las cosas, las cualidades y las acciones que constituyen el mundo de los humanos son s&oacute;lo creaciones de las met&aacute;foras de su lengua y de las sensaciones que captan sus sentidos a partir de ellos. Tiene, por tanto, raz&oacute;n Nietzsche cuando dice que la vida del ser humano es una entelequia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero que el ser humano no conozca las cosas tal y como ellas son en s&iacute; mismas y por s&iacute; mismas no quiere decir ni mucho menos que no haya verdades, como suelen afirmar exultantes esos simp&aacute;ticos cuestionadores de la verdad que son los pesimistas, los nihilistas y los anarquistas (<strong>Schopenhauer</strong>, <strong>Cioran</strong>, <strong>Bakunin&hellip;</strong>), tan &aacute;vidos de negaci&oacute;n los unos como los otros. Claro que hay verdades, aunque esas verdades sean en realidad el resultado de un pacto social, de un pacto entre toda la gente del mundo o parte de ella, no hechos f&iacute;sicos. Sin verdades no ser&iacute;a posible la vida. Y no me refiero, obviamente, s&oacute;lo a las verdades de opini&oacute;n o de creencia, como esas que afirman que el &uacute;nico dios verdadero, el &uacute;nico partido pol&iacute;tico democr&aacute;tico o el &uacute;nico equipo que juega bien al f&uacute;tbol, por ejemplo, es el de uno mismo, que son s&oacute;lo verdad para los que las profesan. Me refiero a verdades m&aacute;s objetivas, como, por ejemplo, las que sostienen que &ldquo;el coraz&oacute;n es la bomba de la sangre&rdquo;, &ldquo;Am&eacute;rica fue descubierta por Col&oacute;n&rdquo;, &ldquo;la declaraci&oacute;n de los derechos del hombre data de 1789&rdquo; o &ldquo;el autor de la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n naci&oacute; en Inglaterra&rdquo;, por ejemplo. Sin verdades (verdades relativas, es decir, que hemos convenido entre todos, no verdades absolutas, es decir, dadas por Dios o la naturaleza) no es posible la vida humana. Y de esta premisa voy a partir yo aqu&iacute; para abordar el important&iacute;simo problema que eludi&oacute; Nietzsche en el trabajo que acabamos de citar, que es el problema moral que plantean esas cosas tan trascendentes en la vida de los seres humanos que son la verdad y la mentira<em>.&nbsp;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; son en realidad la verdad y la mentira? Llamamos <em>verdad</em> a la coincidencia de nuestro discurso con la realidad que hemos creado con las met&aacute;foras de la lengua que hablamos y con las impresiones de los sentidos y <em>mentira </em>(expresa o t&aacute;cita o silenciosa), a la falta a esa verdad, con el prop&oacute;sito deliberado de conseguir algo m&aacute;s o menos espurio. La intenci&oacute;n de enga&ntilde;ar es fundamental en la mentira. Precisamente porque lo hacen con la intenci&oacute;n de enga&ntilde;ar a los votantes, al ciego que lo hab&iacute;a adoptado, a don Quijote y Sancho y a su marido, decimos que mienten respectivamente los pol&iacute;ticos demagogos, el protagonista del Lazarillo de Tormes, los rufianescos duques del Quijote y la Emma Bovary de <strong>Flaubert</strong>. Por el contrario, pese a lo que dice Nietzsche, no podemos decir que nos mientan los sentidos con que percibimos la realidad y la lengua con que la metaforizamos. Tampoco miente la mar al mariscador cuando, tras un rato de quietud o jac&iacute;o, suelta inesperadamente un latigazo que lo deja temblando, o el escritor a sus lectores, con sus ficciones novelescas o po&eacute;ticas. Y no mienten ni los unos ni las otras porque, a pesar de que el hombre puede sentirse enga&ntilde;ado o sorprendido con su comportamiento, no hay voluntariedad en ello. Los sentidos y la lengua se limitan a hacer de forma natural lo que pueden hacer, que es dar una versi&oacute;n determinada de la realidad, en funci&oacute;n de sus propias capacidades; la mar, a seguir los impulsos que le marcan la luna y los vientos; y los escritores, a presentar la realidad ya designada desde puntos de vista ling&uuml;&iacute;sticos in&eacute;ditos o con otras palabras, o a crear otra nueva con im&aacute;genes po&eacute;ticas. Las faltas a la verdad no intencionadas no son mentiras. En el peor de los casos, son enga&ntilde;os. Por eso ha distinguido siempre la filosof&iacute;a entre <em>paralogismo</em>, que es el razonamiento no v&aacute;lido que se hace sin intenci&oacute;n de enga&ntilde;ar, y <em>sofisma</em>, que es el que se hace con la intenci&oacute;n de hacerlo. El l&iacute;mite entre el enga&ntilde;o fortuito o no voluntario y el enga&ntilde;o premeditado, voluntario o con alevos&iacute;a o mentira es muy sutil, pero siempre existe.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Verdad y mentira son, por tanto, posturas que se adoptan ante la realidad: la verdad implica respeto a los hechos, tal y como han sido entendidos tradicionalmente por la sociedad; y la mentira, falta u ocultamiento de la verdad, sea suplantando el nombre propio de la realidad que se designa por otro distinto, sea suplant&aacute;ndola a ella misma. En el primer caso, el hablante se atiene a lo que hay en la referencia. Por eso es considerado persona cabal o &iacute;ntegra; hombre de palabra, que se dice en espa&ntilde;ol, porque la funci&oacute;n originaria de la palabra es decir la verdad. S&oacute;lo mucho despu&eacute;s de haber aprendido la hablar, empez&oacute; el hombre a mentir. Decir la verdad, o lo que uno cree que es la verdad, es obligaci&oacute;n ineludible de toda persona decente; su obligaci&oacute;n m&aacute;s sagrada, porque la verdad es lo que define a las cosas. Lo dem&aacute;s (es decir, la mentira) son tonter&iacute;as, como dir&iacute;a <strong>Machado</strong>. En el segundo caso, el sujeto sustrae la referencia o la representaci&oacute;n propia de la referencia y pone otra en su lugar, que es una mera quimera. De ah&iacute; la dificultad que tiene el mentiroso para mantener sus embustes a lo largo del tiempo. Para tener &eacute;xito en la mentira, debe poseerse buena memoria y andarse siempre con pies de plomo. &ldquo;Se coge antes a un mentiroso que a un cojo&rdquo;, dice el refranero espa&ntilde;ol. Al contrario que la verdad, que es intemporal, la mentira es temporal; su embeleco s&oacute;lo dura hasta que alguien lo descubre. El mentiroso es reo de sus mentiras. Por eso se dice que la verdad hace libre al hombre y esclavo la mentira.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El mentiroso es abominable y rastrero, por dos razones fundamentales. Primero, porque atenta contra el imperativo moral m&aacute;s importante del ser humano, que es decir la verdad. Y, en segundo lugar, es abominable y rastrero porque con ello traiciona vilmente la confianza que preside todo acto comunicativo honesto. La vida social y la comunicaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica son posibles gracias a que la gente tiene buena fe; gracias a que cree que el interlocutor o sus cong&eacute;neres van a decirle la verdad; que no tienen la intenci&oacute;n de enga&ntilde;arla ni de hacerle da&ntilde;o alguno. Si no fuera por esta buena fe, la convivencia y la comunicaci&oacute;n entre los seres humanos ser&iacute;an muy penosas y poco efectivas, porque tendr&iacute;an que andar verificando por su propia cuenta en la realidad el contenido de todo mensaje que les llegue y vigilar las intenciones de aquellos que se los han transmitido. Y lo que hace el mentiroso es precisamente traicionar esa buena fe; aprovecharse alevosamente de la circunstancia de que el interlocutor se pone incondicionalmente en sus manos. &ldquo;Al realizar nuestro entendimiento &uacute;nicamente por medio de palabras -nos dice <strong>Michel Montaigne</strong>-, aquel que la traiciona falsea la relaci&oacute;n p&uacute;blica. Es el &uacute;nico instrumento mediante el cual se comunican nuestras voluntades y nuestros pensamientos; es el portavoz de nuestra alma: si llega a faltarnos, dejamos de sostenernos entre nosotros. El que nos enga&ntilde;a rompe todo nuestro trato disolviendo todos los lazos de nuestra sociedad&rdquo;. Por eso es tan grave la mentira. Es lo que explica que la iglesia, arrimando el ascua a su sardina, la identifique con el demonio, mientras que la verdad se atribuye a la divinidad, y que haya creado un mandamiento expreso para prohibirla, el octavo mandamiento de la ley de Dios, que ordena: &ldquo;No dir&aacute;s falsos testimonios ni mentir&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y las consecuencias de la violaci&oacute;n del pacto social que comentamos no son graves s&oacute;lo para las v&iacute;ctimas. Son tambi&eacute;n graves para el mentiroso, que liquida con ella todo su cr&eacute;dito personal y social. En cuanto cogemos a alguien en una mentira, cambiamos radicalmente el concepto que tenemos de &eacute;l. &ldquo;La mentira hace al hombre odioso ante la divinidad y despreciable ante sus semejantes&rdquo;, dec&iacute;a Arist&oacute;teles. Tan sin cr&eacute;dito se queda el mentiroso, que, cuando dice la verdad, ya nadie lo cree. La vida real y la literatura est&aacute;n llenas de casos de embusteros que han terminado siendo v&iacute;ctimas de sus propias mentiras. As&iacute; el protagonista del famoso cuento tradicional &ldquo;El pastorcito mentiroso&rdquo;, que, tras perder el cr&eacute;dito de sus vecinos por sus falsos avisos acerca de la llegada del lobo, cuando este vino de veras, nadie le hizo caso y la fiera se comi&oacute; a su anchas las ovejas de su reba&ntilde;o. Ya dice el refr&aacute;n que &ldquo;quien en mentira es cogido, aunque diga verdad no es cre&iacute;do&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La mentira lo domina todo en la vida familiar, social, laboral, pol&iacute;tica y hasta personal. S&oacute;lo la naturaleza dice la verdad. En el &aacute;mbito social y familiar, se mienten los esposos cuando se juran amor eterno, por ejemplo; los padres, cuando les dicen a los ni&ntilde;os que han venido de Par&iacute;s o que los regalos del d&iacute;a seis de enero los traen unos lejanos reyes montados en camello que nadie ha visto nunca y a los hay que dejar alfalfa y agua; los hijos, cuando dicen a los padres que el chocolate que falta en la alacena se lo comieron los ratones; los falsos amigos, cuando dicen hip&oacute;critamente a los amigos que no hay gente m&aacute;s guapa e inteligente que ellos en toda la extensi&oacute;n de la Tierra; los maduritos, cuando se quitan a&ntilde;os para hacer creer a los dem&aacute;s que son m&aacute;s j&oacute;venes de lo que en verdad son. En el &aacute;mbito laboral, los trabajadores mienten a los jefes, simulando enfermedades que no tienen, para gandulear, y estos a aquellos, ocult&aacute;ndoles los beneficios de la empresa, para no subirles el jornal. En el &aacute;mbito pol&iacute;tico, los aspirantes a gobernar las instituciones mienten a los votantes, prometi&eacute;ndoles el oro y el moro, promesas que luego quedan en aguas de borrajas, y, a su vez, los votantes les mienten a ellos, prometi&eacute;ndoles un voto que al final va a parar a la cuenta del contrario. En el &aacute;mbito de los relatos de la vida personal, los narradores mienten al oyente, present&aacute;ndose como m&aacute;s ingeniosos y listos de lo que en realidad son o han sido. Y, en su fuero interno, la gente se miente a s&iacute; misma, resisti&eacute;ndose a reconocer los defectos f&iacute;sicos o de car&aacute;cter que tiene y exagerando la autoestima, para consolarse, autojustificarse o concitar la atenci&oacute;n o la admiraci&oacute;n de los dem&aacute;s. Mentiras y mentiras por todas partes: mentiras personales, mentiras familiares, mentiras sociales y mentiras institucionales. El mundo est&aacute; lleno de mentiras. Y m&aacute;s en los tiempos que corren, en los que lo que predomina es la hedonista filosof&iacute;a superficial o fr&iacute;vola de &ldquo;a vivir que son dos d&iacute;as&rdquo;, tan contraria a la verdad, que habita en el fondo de las cosas, y en los que tanto protagonismo tiene lo que llamamos &ldquo;nuevas tecnolog&iacute;as&rdquo;, que han ampliado de forma exponencial la capacidad de difundir la mentira por todo el planeta. Se urde una mentira en el coraz&oacute;n del mundo y alcanza al instante hasta a la Conchinchina, cuyas gentes se la creer&aacute;n a pies juntillas. Y con la mentira hay que tener mucho cuidado, porque con la mentira empieza la decadencia de las personas, las familias, los Estados y las civilizaciones.
    </p><p class="article-text">
        La mentira y el mentiroso se encuentran tan extendidos por el mundo, que <strong>Dante</strong> tuvo que habilitar varios c&iacute;rculos del Infierno de su famosa Comedia para abarcar fauna tan abundante y variada. As&iacute;, a los fraudulentos, aduladores, cortesanos, rufianes, seductores, simon&iacute;acos, adivinos, traficantes, hip&oacute;critas, ladrones, herejes, charlatanes y falsarios (que son tanto aquellos que toman el nombre o el aspecto de otros como los calumniadores) les dedic&oacute; nada m&aacute;s y nada menos que diez fosas en el octavo c&iacute;rculo, y a los traidores a los parientes, a la patria, a los amigos, a los hu&eacute;spedes y a los bienhechores, les dedic&oacute; cuatro en el noveno. Y hasta corto se qued&oacute;, con ser muchos los que puso.
    </p><p class="article-text">
        Las mentiras responden a m&oacute;viles y funciones tan distintos y se superponen hasta tal punto entre s&iacute;, que dif&iacute;cil resulta establecer una clasificaci&oacute;n m&aacute;s o menos homog&eacute;nea de ellas, como se comprueba en cualquier tratado de psicolog&iacute;a medianamente documentado, aunque las que se llevan la palma de oro parecen ser las siguientes: a) Las <em>mentiras viles</em>, que son las que dicen los mentirosos para obtener un dinero, un poder, un placer, un prestigio, etc., espurio o bastardo. Son los corruptos pol&iacute;ticos (es decir, los B&aacute;rcenas, los &Aacute;balos o los Koldos de todos los tiempos y lugares), los defraudadores, los violadores, los delincuentes, los criminales y los mafiosos, m&aacute;s o menos sofisticados o de mayor o menor entidad, que vemos todos los d&iacute;as de Dios entrando y saliendo de los juzgados como Perico por su casa, donde los magistrados intentan descubrir la verdad que tan tenazmente esconden, o ingresando en la c&aacute;rcel, para expiar sus penas; b) Las <em>mentiras administrativas </em>u<em> obligadas</em>, que son aquellas que cometen los mentirosos para sortear un defecto o una restricci&oacute;n irracional del sistema que sea. Son las que practican los directores o administradores de instituciones, por ejemplo, que trampean los libros de cuentas para no tener que devolver dineros no gastados, que podr&iacute;an rebajarles en el ejercicio venidero. Son los <em>mentirosos contables</em>; c) Las <em>mentiras babosas</em>, que son aquellas que dicen los mentirosos con el fin de agradar servilmente a los poderosos y conseguir privilegios de ellos. Es el tipo de mentiras que practican, por ejemplo, los aduladores o pelotas de los que ostentan el poder pol&iacute;tico, en busca de puestos de relieve, o el actual secretario general de la OTAN, que no para de besarle las botas (por no decir partes m&aacute;s soeces) al presidente de los Estados Unidos de Am&eacute;rica. 
    </p><p class="article-text">
        Se trata de mercenarios del halago, que, cuando sus v&iacute;ctimas pierden el poder, si te vi, no me acuerdo, como ponen de manifiesto, por ejemplo, los zafios criados del conde de Albrit, protagonista de <em>El Abuelo </em>de <strong>Gald&oacute;s</strong>. Es lo que el pueblo llama <em>pelotillas</em> o <em>pelotilleros</em>; d) Las <em>mentiras bulo </em>o <em>fake news</em>, como se llaman hoy, que son aquellas que se propagan an&oacute;nimamente por toda la sociedad para confundirla y aprovecharse de ella. Son las propias de los mentirosos insidiosos, como los tan de moda <em>hackers</em> <em>de sombrero negro</em>, que timan y chantajean a la gente y hacen perder o ganar elecciones de forma fraudulenta; e) Las <em>mentiras pomposas</em>, que son aquellas que dicen los mentirosos para agrandar su figura o sus cosas y sacar ventajas sobre los dem&aacute;s, atribuy&eacute;ndose m&eacute;ritos, virtudes o aptitudes que en realidad no tienen. 
    </p><p class="article-text">
        Se trata de falsificadores que crean una distorsi&oacute;n entre quienes son y quienes pretenden ser. Es el tipo de mentira que practica el pretendiente de una muchacha, para deslumbrarla; el opositor que sea, para impresionar al tribunal que juzga su competencia; la persona que narra su vida, para dejar al auditorio con la boca abierta o para ocultar sus desgracias y evitar que los dem&aacute;s se alegren por ellas; el viejo ingenuo, para disimular la ruina que el tiempo ha provocado en su cuerpo y esp&iacute;ritu; o el charlat&aacute;n que presume de se&ntilde;orito en el pa&iacute;s de otro, como los famosos &ldquo;chonis&rdquo; o &ldquo;godos&rdquo; de Canarias, los &ldquo;gachupines&rdquo; de Am&eacute;rica o los &ldquo;gabachos&rdquo; de Espa&ntilde;a. Son los mentirosos narcisistas, vanidosos, altaneros o &ldquo;fantasmillas&rdquo;, como suele llamarlos el pueblo llano; unos mentirosos tan pat&eacute;ticos, que nadie se toma en serio; f) Las <em>mentiras difamaci&oacute;n</em>, que son aquellas que dicen los mentirosos para minar la fama y reputaci&oacute;n del pr&oacute;jimo. Son, por ejemplo, las que urden los participantes en esas abominables tertulias sobre la vida privada de la jet set y otros famosillos que se emiten ininterrumpidamente por radio o televisi&oacute;n y que tanto alegran las pajarillas al personal ocioso, siempre &aacute;vido de carnaza.
    </p><p class="article-text">
         Es lo que podr&iacute;amos llamar <em>mentirosos calumniadores </em>o <em>sacacueros</em>, que han hecho de la calumnia medio de vida. Verdad es que, en general, todos murmuramos de una u otra manera cuando hablamos de los dem&aacute;s a sus espaldas, pero los mentirosos calumniadores murmuran con tanta sa&ntilde;a y ah&iacute;nco, que la murmuraci&oacute;n se ha convertido en su boca en oficio de arte mayor; g) Las <em>mentiras de ocultamiento</em>, que son aquellas que usan los mentirosos para esconder sus comportamientos reprobables o ruines, y que con harta frecuencia intentan colar como mentiras piadosas. Es el tipo de mentiras que practican los esposos infieles y otras gentes de poco fiar, por ejemplo. Por eso, podr&iacute;amos llamarlos <em>mentirosos cobardes. </em>A pesar de ello, no dejan de tener cierto cr&eacute;dito estas mentiras, como pone de manifiesto el hecho de que haya psic&oacute;logos poco compasivos con las v&iacute;ctimas que no dudan en recomendarlas, diz que para que no se rompan las parejas; h) Las <em>mentiras emocionales</em>, que son las que dicen los mentirosos para manipular a los que conviven con ellos, haci&eacute;ndoles sentir culpables de todos sus males y chantajearlos sentimentalmente. Estos diablos atormentadores de conciencias ajenas, incapaces de empat&iacute;a o remordimiento, que suelen llamar <em>soci&oacute;patas </em>los psic&oacute;logos, aunque con igual propiedad podr&iacute;an llamarse <em>t&oacute;xicos</em>, mienten con total frialdad. Son gente que necesita terapia psicol&oacute;gica; i) Las <em>mentiras grandilocuentes</em> o <em>mitoman&iacute;as</em>, que son aquellas que engrandecen exageradamente la realidad o mitifican a las gentes. Son las propias de los mentirosos mit&oacute;manos o patol&oacute;gicos, incapaces de distinguir entre la verdad y la mentira. Mienten de forma sistem&aacute;tica y sin necesidad aparente. No se dicen la verdad ni a ellos mismos. &ldquo;Mienten m&aacute;s que hablan&rdquo;, dice el refranero espa&ntilde;ol. Obviamente, en el mundo actual, el mentiroso mit&oacute;mano o patol&oacute;gico por antonomasia es <strong>Donald Trump</strong>, que ha llegado a identificarse incluso con Jesucristo. 
    </p><p class="article-text">
        Como los anteriores, tambi&eacute;n los mit&oacute;manos o mentirosos patol&oacute;gicos necesitan de terapia psicol&oacute;gica para enmendar su conducta; j) Las <em>mentiras nobles </em>(&iexcl;menudo ox&iacute;moron!), que, seg&uacute;n dice <strong>Plat&oacute;n</strong> en su <em>Politeia </em>o <em>La Rep&uacute;blica</em>, son aquellas que usan los gobernantes para garantizar el bien com&uacute;n y proteger al Estado. Son las que practican los estadistas corruptos, de los que est&aacute; lleno el mundo; k) Las <em>mentiras piadosas, blancas</em> u <em>oficiosas</em>, como las llama la iglesia, o <em>mentirijillas</em>, como las llama el pueblo llano, con diminutivo atenuador, porque cree que no hacen da&ntilde;o, que son aquellas que dicen los mentirosos para evitar disgustos o penas al pr&oacute;jimo o para darle seguridad, como, por ejemplo, la que dicen las madres para disculpar a un chico que ha suspendido un examen, cualquier hijo de vecino, para eludir la invitaci&oacute;n inoportuna de un amigo, o un invitado, para disimular la comida vomitiva con que lo obsequia su anfitri&oacute;n. Hablamos, por tanto, de mentirosos compasivos; y l) Las <em>medias verdades</em>, que son aquellas que se basan en la manipulaci&oacute;n torticera de las palabras de otros, sea sac&aacute;ndolas de contexto, sea tergivers&aacute;ndolas. Es lo propio del mentiroso chanchullero, tan abundante en el mundo de la pol&iacute;tica, donde con tanta frecuencia se confunde propaganda con verdad.
    </p><p class="article-text">
        Pero, aunque, como pone de manifiesto la clasificaci&oacute;n que acabo de hacer, ni todas las mentiras ni todos los mentirosos son iguales, todos ellos son reprobables, en mayor o menor medida. Son altamente reprobables los mentirosos corruptos, defraudadores, delincuentes, violadores, criminales, mafiosos y similares, porque, con sus mentiras viles, saquean y desacreditan las instituciones, ponen en riesgo la democracia y la convivencia, hacen un da&ntilde;o f&iacute;sico o moral enorme a sus v&iacute;ctimas y constituyen un muy mal ejemplo para la sociedad toda. Son reprobables los mentirosos contables, porque, a pesar de que lo que pretenden con sus mentiras administrativas no es el lucro personal, sino no perder capacidad de financiaci&oacute;n en la instituci&oacute;n que presiden, prologan el mal funcionamiento de las instituciones, impidiendo que sus responsables tomen conciencia de sus defectos y las enmienden. Son reprobables los mentirosos pelotas o pelotillas, porque, con sus mentiras babosas consiguen de manera innoble d&aacute;divas que no les corresponden y hacen creer a sus v&iacute;ctimas virtudes o m&eacute;ritos que no tienen. Aquellos que nos obsequian con su caridad y piedad deben ser tratados con consideraci&oacute;n y agradecimiento, no con enga&ntilde;os y falta de respeto. 
    </p><p class="article-text">
        Son reprobables los mentirosos insidiosos, tanto por la extensi&oacute;n de la confusi&oacute;n que provocan como porque, con el anonimato de sus trolas, tratan de eludir toda responsabilidad personal. Son reprobables los mentirosos narcisistas, vanidosos, altaneros o &ldquo;fantasmillas&rdquo;, porque, aunque nadie los tome en serio, con sus mentiras pomposas adulteran su personalidad, impidiendo as&iacute; que los dem&aacute;s los conozcan en lo que son en s&iacute; mismos y por s&iacute; mismos y los valoren en lo que merecen, y porque con su actitud indulgente hacia ellos mismos dan que merecer injustamente a otros, frecuentemente, mejores que ellos. Cuando una persona miente sobre s&iacute; misma, falta al respeto hacia su propia persona y hacia los dem&aacute;s. Adem&aacute;s de que, al ocultar sus defectos o ineptitudes, cierra la puerta a toda posibilidad de superar la baja estima, la inseguridad, la falta de confianza en s&iacute; mismo y el temor al rechazo, al castigo y a la cr&iacute;tica que suelen padecer. Son reprobables los mentirosos calumniadores, porque, con sus mentiras de difamaci&oacute;n, dinamitan injustamente el buen nombre y la fama de sus v&iacute;ctimas. 
    </p><p class="article-text">
        Convertir el desprestigio del pr&oacute;jimo en un medio de vida es algo repugnante y abyecto. Son reprobables los mentirosos cobardes, porque, con sus mentiras de ocultamiento, ponen de manifiesto que aspiran a perseverar en sus delitos o faltas de respeto, en lugar de arrepentirse y abjurar de ellos. Son reprobables los mentirosos soci&oacute;patas o t&oacute;xicos, porque, con sus mentiras emocionales, manipulan lo m&aacute;s sagrado del mundo, que es el afecto que le tienen los otros, para hacerles da&ntilde;o. Son reprobables los mentirosos patol&oacute;gicos o mit&oacute;manos, porque, con sus mentiras compulsivas, viven en una realidad ficticia sin sinton&iacute;a alguna con el mundo que los rodea. 
    </p><p class="article-text">
        Son reprobables los estadistas corruptos, porque, con sus mal llamadas <em>mentiras nobles</em>, para las que suelen usar infames fondos reservados o de reptiles, polic&iacute;as paralelas, etc., envilecen al Estado, que debe obrar siempre con arreglo a los principios de la raz&oacute;n y la justicia. Un Estado que se defienda desde las cloacas, como lleg&oacute; a reivindicar cierto pol&iacute;tico de la transici&oacute;n democr&aacute;tica de nuestro pa&iacute;s, no es un Estado, sino una mafia. Son reprobables los mentirosos compasivos, porque, con sus mentiras piadosas, blancas u oficiosas, impiden que el interlocutor tome conciencia de sus defectos o desgracias, para asumirlos, ponerles remedio o simplemente cumplir con el duelo que corresponda, y porque corren el riesgo de habituarse a ellas y convertirse en pat&eacute;ticos mentirosos compulsivos. La comodidad inherente a la mentira hace que la gente le tome cari&ntilde;o y se convierta en una adicci&oacute;n. Las mentiras son como el vino: cuanto m&aacute;s las dice uno, m&aacute;s le gustan. Y son reprobables los mentirosos chanchulleros, porque, con sus medias verdades, tergiversan el discurso del otro con la perversa finalidad de hacerle decir lo contrario de lo que ha dicho y condenarlo. Las llamadas <em>medias verdades </em>no son en realidad &ldquo;medias verdades&rdquo;, sino &ldquo;dobles mentiras&rdquo;, porque mienten respecto del objeto (el discurso que manipulan) y respecto del sujeto (la persona que lo emiti&oacute;).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La verdad hay que decirla siempre, caiga quien caiga, porque sin verdad no hay vida personal, familiar, social o institucional decente y arm&oacute;nica. Porque la verdad no s&oacute;lo es buena, sino tambi&eacute;n bella y, por eso, lo &uacute;nico que merece ser amado. Y no hay ninguna raz&oacute;n para temerla: &ldquo;el hombre ama la verdad hasta tal punto que incluso acepta anticipadamente la m&aacute;s amarga de todas ellas&rdquo;, que es la de la muerte, como dice don Antonio Machado en su <em>Juan de Mairena</em>. Callarse es mucho mejor que mentir. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/mentira-sentido-moral-tipologia-mentiroso_132_13158571.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Apr 2026 19:13:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sobre verdad y mentira en sentido moral: tipología del mentiroso]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Chicharreros y conejeros: donde hubo fuego, cenizas quedan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/chicharreros-conejeros-hubo-fuego-cenizas-quedan_132_13138478.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/da5b1322-a4c9-4484-ba03-a03ac86c3943_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Chicharreros y conejeros: donde hubo fuego, cenizas quedan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las palabras denotativas pueden ser empleadas por todo el mundo, porque son objetivas; las connotativas, sólo por aquellos que pertenecen a la familia o por los autorizados por los interesados, porque son subjetivas</p></div><p class="article-text">
        Existen dos tipos de gentilicios o nombres designativos de relaciones con los lugares radicalmente distintos: gentilicios denotativos u objetivos, como alem&aacute;n, franc&eacute;s, chino, espa&ntilde;ol o canario, y gentilicios connotativos o subjetivos, como pej&iacute;n, pepinero, culeto, gato, morisco, rat&oacute;n, gabacho, yanqui, conejero o chicharrero, y los dos presentan implicaciones ling&uuml;&iacute;sticas, sociales, hist&oacute;ricas y hasta culturales distintas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los primeros, que derivan, por lo general, de nombres de lugares o top&oacute;nimos, son meramente descriptivos y se refieren tanto a personas como a cosas. Como puede verse en cualquier diccionario al uso, el gentilicio alem&aacute;n, significa &ldquo;natural de Alemania&rdquo; o &ldquo;perteneciente o relativo a Alemania&rdquo;; franc&eacute;s, &ldquo;natural de Francia&rdquo; o &ldquo;perteneciente o relativo a Francia&rdquo;; chino, &ldquo;natural de China&rdquo; o &ldquo;perteneciente o relativo a China&rdquo;; espa&ntilde;ol &ldquo;natural de Espa&ntilde;a&rdquo; o &ldquo;perteneciente o relativo a Espa&ntilde;a&rdquo;; y canario, &ldquo;natural de Canarias&rdquo; o &ldquo;perteneciente o relativo a Canarias&rdquo;, sin m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pesar de ello, con el transcurrir del tiempo pueden enriquecerse y, de hecho, se enriquecen estos gentilicios detopon&iacute;micos con sentidos connotativos (frecuentemente, despectivos) m&aacute;s o menos variados, generalmente, por desplazamiento meton&iacute;mico. As&iacute;, la forma <em>alem&aacute;n</em> ha desarrollado entre los espa&ntilde;oles la connotaci&oacute;n peyorativa &ldquo;cabeza cuadrada&rdquo;; la forma <em>franc&eacute;s</em>, la connotaci&oacute;n peyorativa &ldquo;chovinista&rdquo;; la forma <em>canario</em>, la connotaci&oacute;n peyorativa &ldquo;aplatanado&rdquo;. Se trata de creaciones propias de grupos humanos externos a los titulares del nombre y, por razones obvias, dif&iacute;cilmente suelen ser aceptados de buen grado por estos. A pesar de ello, por este camino connotativo han terminado muchos de estos adjetivos de relaci&oacute;n de origen topon&iacute;mico convirti&eacute;ndose en adjetivo calificativos independientes. Es el caso de la forma <em>campechano</em>, cuya significaci&oacute;n gentilicia &ldquo;natural de Campeche&rdquo; devino en la significaci&oacute;n calificativa &ldquo;se dice de la persona de trato llano&rdquo;; o de la forma <em>eslavo</em>, cuya significaci&oacute;n gentilicia<em> </em>&ldquo;natural de la Europa central u oriental&rdquo; devino, bajo la forma <em>esclavo</em>, en la significaci&oacute;n calificativa &ldquo;dicho de una persona, que carece de libertad por estar bajo el dominio de otra&rdquo;, y de este la forma <em>cicl&aacute;n </em>&ldquo;carnero con un solo test&iacute;culo&rdquo;. Nos encontramos, por tanto, ante una clase de palabras que va de la significaci&oacute;n denotativa, descriptiva u objetiva a la connotativa, valorativa o subjetiva. Obviamente, este salto sem&aacute;ntico mortal de lo denotativo a lo connotativo no se produce de golpe y porrazo, sino de forma gradual, como ocurre con todo idiom&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, los gentilicios connotativos o subjetivos, que se basan en nombres descriptivos que nada tienen que ver con el top&oacute;nimo de base y que se refieren siempre a personas (nunca a animales ni a cosas), son siempre valorativos o burlescos. Se trata de denominaciones generalmente meton&iacute;micas (referidas a cosas, actitudes, comportamientos, etc&eacute;tera, propios de las personas aludidas) que emplea la gente externa al grupo del designado (com&uacute;nmente, vecino) con intenci&oacute;n m&aacute;s o menos humor&iacute;stica o ir&oacute;nica. Ya se sabe lo problem&aacute;ticas que suelen ser las relaciones entre vecinos, que se comportan muchas veces como despiadados competidores. As&iacute;, los santanderinos son denominados <em>pejines</em>, por su dedicaci&oacute;n a las faenas pesqueras; los de Madrid, <em>gatos</em>,<em> </em>por la agilidad con que en cierta ocasi&oacute;n trep&oacute; uno de ellos por una muralla defensiva;<em> </em>los de Tuineje, <em>moriscos</em>,<em> </em>por su piel morena y tal vez por la presencia de poblaci&oacute;n morisca en los or&iacute;genes del pueblo; los de Agaete, <em>culetos</em>, acaso por el calz&oacute;n blanco que utilizaban los jugadores de su equipo de f&uacute;tbol o sus pescadores, que los asemejaba a las cabras culetas (que son las que tienen la parte trasera de color blanco); los norteamericanos, <em>yanquis</em>,<em> </em>porque, al parecer, los colonos holandeses del sur de Nueva Inglaterra llamaban &ldquo;Jan Quees&rdquo; (Juan Queso) a los del norte; los de Lanzarote, conejeros,<em> </em>por la abundancia de conejos que hab&iacute;a en la isla y el comercio que hac&iacute;an sus habitantes con sus pieles;<em> </em>y los santacruceros, chicharrero,<em> </em>por la pesca y el consumo de ese humilde pescado que es el chicharro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De la misma forma que con el tiempo pueden desarrollar sentidos connotativos los gentilicios denotativos o descriptivos, pueden desarrollar sentidos denotativos los gentilicios connotativos o burlescos, pasando a designar de esta manera no s&oacute;lo personas, sino tambi&eacute;n animales, plantas y cosas. Es, precisamente, lo que ha sucedido en Canarias con las citadas formas conejero y chicharrero. El primero ha adquirido ya el sentido denotativo, descriptivo u objetivo (es decir, sin ning&uacute;n matiz burlesco) &ldquo;natural de Lanzarote&rdquo; y &ldquo;perteneciente o relativo a Lanzarote&rdquo;. As&iacute;, lo que suele decirse en el habla m&aacute;s popular de Canarias es &ldquo;se cas&oacute; con una conejera&rdquo;, &ldquo;luchadores conejeros&rdquo;, &ldquo;vino conejero&rdquo; o &ldquo;cebollas conejeras&rdquo;, y menos &ldquo;se cas&oacute; con una lanzarote&ntilde;a&rdquo;, &ldquo;luchadores lanzarote&ntilde;os&rdquo;, &ldquo;vino lanzarote&ntilde;o&rdquo;, &ldquo;cebollas lanzarote&ntilde;as&rdquo;, que tienen un matiz m&aacute;s formal. El segundo ha adquirido el sentido denotativo, descriptivo u objetivo (es decir, sin ning&uacute;n matiz burlesco) de &ldquo;natural de Santa Cruz de Tenerife&rdquo; y &ldquo;perteneciente o relativo a Santa Cruz de Tenerife&rdquo;. As&iacute;, lo que suele decirse tambi&eacute;n en el habla m&aacute;s popular de la isla es &ldquo;ni&ntilde;as chicharreras&rdquo;, &ldquo;abogado chicharrero&rdquo;, &ldquo;ayuntamiento chicharrero&rdquo;, &ldquo;carnavales chicharreros&rdquo;, etc&eacute;tera, y menos &ldquo;ni&ntilde;as santacruceras&rdquo;, &ldquo;abogado santacrucero&rdquo;, &ldquo;ayuntamiento santacrucero&rdquo;, &ldquo;carnavales santacruceros&rdquo;, que tambi&eacute;n presentan un matiz m&aacute;s formal que aquel. Adem&aacute;s de esto, a partir de aqu&iacute;, ha adquirido <em>chicharrero </em>por metonimia (por lo destacado de Santa Cruz en el contexto de su isla) el sentido general de &ldquo;natural de Tenerife&rdquo; y &ldquo;perteneciente o relativo a Tenerife&rdquo; en el resto del Archipi&eacute;lago. Para la gente de Fuerteventura, por ejemplo, <em>chicharreros </em>no son tanto los santacruceros, sino los tinerfe&ntilde;os en general, sin excepci&oacute;n alguna. A trav&eacute;s de este mecanismo sem&aacute;ntico de &ldquo;blanqueamiento&rdquo; (valga la expresi&oacute;n) de su significaci&oacute;n originaria, dejan de ser los gentilicios humor&iacute;sticos o burlescos gentilicios connotativos, figurados o subjetivos y se convierten en gentilicios denotativos, descriptivos u objetivos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Obviamente, tampoco este salto sem&aacute;ntico mortal de lo connotativo o subjetivo a lo denotativo u objetivo se produce de la noche a la ma&ntilde;ana, sino que surge siempre de forma gradual, llegando a convivir ambas etapas evolutivas durante m&aacute;s o menos tiempo. Es el caso de los citados conejero y chicharrero, que, aunque para mucha gente significan ya &ldquo;natural de Lanzarote&rdquo; o &ldquo;perteneciente o relativo a Lanzarote&rdquo; y &ldquo;natural de Tenerife&rdquo; o &ldquo;perteneciente o relativo a Tenerife&rdquo;, respectivamente, como acabamos de decir, para otra siguen manteniendo las connotaciones burlescas originarias. A&uacute;n hay gente en Lanzarote y en Santa Cruz de Tenerife que repugnan que los llamen &ldquo;conejeros&rdquo; o &ldquo;chicharreros&rdquo;. Como si siguieren escociendo su sem&aacute;ntica originaria, a pesar del tiempo que ha pasado desde que aparecieron sobre la tierra. Lo que quiere decir que el tiempo no siempre lo cur&oacute; todo, pese a lo que pregona el refranero espa&ntilde;ol. Para esta gente, se trata de denominaciones que s&oacute;lo se admiten cuando son empleadas por amigos o conocidos, pero no cuando las emplean los extra&ntilde;os, se&ntilde;al de que, para ellos, ambos gentilicios conservan todav&iacute;a restos del valor burlesco con que vinieron al mundo. Las palabras denotativas pueden ser empleadas por todo el mundo, porque son objetivas; las connotativas, s&oacute;lo por aquellos que pertenecen a la familia o por los autorizados por los interesados, porque son subjetivas. Hermosa lecci&oacute;n de sem&aacute;ntica, pues, la que ofrecen a ling&uuml;istas y p&uacute;blico en general los gentilicios de origen burlescos conejero y chicharrero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/chicharreros-conejeros-hubo-fuego-cenizas-quedan_132_13138478.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Apr 2026 11:09:41 +0000]]></pubDate>
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    <item>
      <title><![CDATA[Sólo permanece el nombre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/permanece-nombre_132_13121907.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Las personas, los animales y las cosas son fundamentalmente nombre. Por eso siguen existiendo en el recuerdo de las gentes una vez que han desaparecido de la faz de la tierra
</p></div><p class="article-text">
        Suele pensar el com&uacute;n de los mortales que el significado de la palabra es la persona, el animal, la cosa, la cualidad o la acci&oacute;n que esta designa en la realidad concreta del hablar. Para &eacute;l, palabras como <em>casa</em>, <em>tiempo</em>, <em>Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells </em>o <em>Fuerteventura</em>, por ejemplo, no significan otra cosa que el edificio para vivir, la duraci&oacute;n, la mujer de carne y hueso concreta y la isla canaria determinada que estas palabras designan, respectivamente, en el habla real.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, toda persona medianamente culta sabe hoy que, como han descubierto la filosof&iacute;a y la ling&uuml;&iacute;stica modernas, las cosas no funcionan as&iacute; en el <strong>lenguaje humano</strong>: que una cosa es el valor o la significaci&oacute;n de la palabra, que es una intuici&oacute;n inherente a ella misma, otra, la persona, animal o cosa que esa intuici&oacute;n designa en el momento de hablar, que es ajeno a ella, y otra distinta, el concepto que el individuo o la sociedad que sea se ha forjado en su mente a partir de esa persona, animal, cosa, cualidad o acci&oacute;n concretos, que le es asimismo accidental. No hay que confundir la cosa real ni el concepto con la significaci&oacute;n, aunque relacionados con ella est&aacute;n. La cosa, que pertenece al mundo de la realidad, es la sustancia a la que da forma la significaci&oacute;n en cada acto de hablar y el concepto, una especie de superfetaci&oacute;n de la significaci&oacute;n; una superfetaci&oacute;n que surge por abstracci&oacute;n de la cosa misma. As&iacute;, el nombre <em>casa</em> de nuestro ejemplo significa algo as&iacute; como &ldquo;acomodaci&oacute;n perfecta&rdquo;, designa, entre otras cosas, el edificio concreto en que se vive o la sede de una empresa o compa&ntilde;&iacute;a comercial y denota un concepto general de vivienda y otro de sede mercantil constituidos por todos los rasgos comunes a las referencias citadas; el nombre <em>tiempo</em> significa algo as&iacute; como &ldquo;puesta a punto&rdquo;, designa, entre otras cosas, la &ldquo;duraci&oacute;n determinada de una persona, animal o cosa&rdquo; o un &ldquo;estado atmosf&eacute;rico determinado&rdquo; y denota un concepto general de duraci&oacute;n temporal y otro de estado atmosf&eacute;rico constituidos por los rasgos comunes a las referencias citadas; el antrop&oacute;nimo <em>Mar&iacute;a</em> <em>Estupi&ntilde;&aacute;n Wells </em>significa algo as&iacute; como &ldquo;identificaci&oacute;n unipersonal&rdquo;, designa a la distintas Mar&iacute;as Estupi&ntilde;&aacute;n Wells (Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells ni&ntilde;a, Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells joven, Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells madura y Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells anciana) por las que ha pasado la persona as&iacute; llamada y denota un ser humano con identidad determinada que acoge todos los rasgos comunes a esas referencias; y el top&oacute;nimo <em><strong>Fuerteventura</strong></em> significa algo&nbsp;as&iacute; como &ldquo;identificaci&oacute;n uniespacial&rdquo;, designa las distintas Fuerteventuras f&iacute;sicas e hist&oacute;ricas que ha habido y habr&aacute; a lo largo de los tiempos (la Fuerteventura bereber, la Fuerteventura normanda, la Fuerteventura espa&ntilde;ola del siglo XV, la Fuerteventura espa&ntilde;ola del siglo XVI, la Fuerteventura espa&ntilde;ola del siglo XVII, etc.) y denota un concepto general de isla determinada que acoge asimismo los rasgos comunes a todas esas referencias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que quiere decir que es la significaci&oacute;n de las palabras, la intuici&oacute;n que estas implican de forma invariante, la que da vida a la cosa que designan en la realidad concreta del hablar, al proporcionarle una forma de existir determinada; que no hay realidad &ldquo;casa&rdquo;, realidad &ldquo;tiempo&rdquo;, realidad &ldquo;Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells&rdquo; y realidad &ldquo;Fuerteventura&rdquo; tal y como nosotros las conocemos sin las significaciones &ldquo;acomodaci&oacute;n perfecta&rdquo;, &lsquo;puesta a punto&rsquo;, &lsquo;identificaci&oacute;n unipersonal&rsquo; e &lsquo;identificaci&oacute;n uniespacial&rsquo; que implican las palabras <em>casa, tiempo, Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells </em>y <em>Fuerteventura</em>, respectivamente. Ya hab&iacute;a dicho Kant que nuestro intelecto no deriva sus leyes de la naturaleza, sino que impone sus leyes, que son las categor&iacute;as del entendimiento formalizadas en las palabras, a la naturaleza. Por ello, todos los edificios que reciben el nombre de <em>casa</em>, todas las cosas que tienen el nombre de <em>tiempo</em>, todas las personas que encierra la persona <em>Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells </em>y todas las islas que encierra la isla de <em>Fuerteventura</em> tienen, respectivamente, el mismo valor formal: el valor formal de &ldquo;acomodaci&oacute;n perfecta&rdquo;, &ldquo;puesta a punto&rdquo;, &ldquo;identificaci&oacute;n unipersonal&rdquo; e &ldquo;identificaci&oacute;n uniespacial&rdquo;, respectivamente. Las palabras no son &ldquo;ruidos para clasificar cosas&rdquo;, como suele creerse habitualmente, sino &ldquo;sonido con significaci&oacute;n que hace existir las cosas que designan de una determinada manera&rdquo;; o, por decirlo en modo pedante, &ldquo;significaci&oacute;n formalizada mediante una expresi&oacute;n f&oacute;nica o una distribuci&oacute;n determinada que usan los seres humanos para crear el mundo de sus amores y desgracias&rdquo;; una significaci&oacute;n que, como las figuras geom&eacute;tricas y los n&uacute;meros, no aparece nunca en estado puro, sino encarnada en sustancia, que es lo que suele percibir conscientemente la persona que habla. El hablante no tiene conciencia de la significaci&oacute;n, sino de la referencia y de la denotaci&oacute;n. Por eso no puede dar cuenta de aquella. Pregunta el dialect&oacute;logo a su informante canario por la significaci&oacute;n de la palabra <em>jeito </em>de una frase como &ldquo;Tener mucho jeito para tocar el timple&rdquo;, por ejemplo, y le responder&aacute; con el sentido de &ldquo;ma&ntilde;a o habilidad&rdquo;, y no con su verdadera significaci&oacute;n, que es algo as&iacute; como &ldquo;impulso dejando libre-en proceso-puntualmente acabado-sustancialmente orientado hacia dentro&rdquo;, que aportan la ra&iacute;z *<em>iac-</em>, que presenta la significaci&oacute;n b&aacute;sica &ldquo;impulso dejando libre&rdquo;, la categor&iacute;a gramatical verbo, que presenta esta significaci&oacute;n b&aacute;sica como &ldquo;proceso&rdquo;, el morfema de participio de pasado <em>-t-</em>, que presenta el proceso como &ldquo;puntualmente acabado&rdquo;, y el llamado morfema de g&eacute;nero masculino <em>-o</em>, que presenta siempre la sustancia como &ldquo;orientada hacia dentro&rsquo;&rsquo;. Y no se trata de que los informantes quieran tomarle el pelo al pobre dialect&oacute;logo o jugar con &eacute;l. Se trata simplemente de que su conciencia no va m&aacute;s all&aacute; de los referentes y las ideas que profesa acerca de ellos, porque la significaci&oacute;n es subconsciente.
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente, la relaci&oacute;n que existe entre el valor o significaci&oacute;n de la palabra y la persona, animal o cosa que esta designa en la realidad concreta del hablar es arbitraria: una misma palabra puede designar y de hecho designa cosas muy diferentes. Es lo que suele llamarse <em>polisemia </em>en los estudios del lenguaje. As&iacute;, como hemos indicado ya, la palabra <em>casa</em> presenta la designaci&oacute;n &ldquo;edificio para vivir&rdquo;, pero tambi&eacute;n la de &ldquo;sede de una marca comercial&rdquo;, etc&eacute;tera.; la palabra <em>tiempo</em>, &ldquo;duraci&oacute;n de las cosas&rdquo;, pero tambi&eacute;n la de &ldquo;estado atmosf&eacute;rico&rdquo;, etc&eacute;tera; el antrop&oacute;nimo <em>Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells</em>, &ldquo;Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells adulta&rdquo;, pero tambi&eacute;n &ldquo;Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells ni&ntilde;a&rdquo;, &ldquo;Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells adolescente&rdquo;, &ldquo;Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells veterana&rdquo; y &ldquo;Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells anciana&rdquo;; el top&oacute;nimo Fuerteventura, &ldquo;Fuerteventura prehisp&aacute;nica&rdquo;, pero tambi&eacute;n &ldquo;Fuerteventura normanda&rdquo; y &ldquo;Fuerteventura hisp&aacute;nica&rdquo;. &ldquo;Edificio para vivir&rdquo;, &ldquo;sede de una marca comercial&rdquo;, &ldquo;duraci&oacute;n de las cosas&rdquo;, &ldquo;estado atmosf&eacute;rico&rdquo;, &ldquo;Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells ni&ntilde;a&rdquo;, &ldquo;Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells adolescente&rdquo;, &ldquo;Fuerteventura normanda&rdquo; y &ldquo;Fuerteventura hisp&aacute;nica&rdquo; tienen, respectivamente, el mismo valor desde el punto de vista de la lengua y distintos sentidos desde el punto de vista de la referencia o del concepto. Que yo sepa, no hay autor que tuviera m&aacute;s consciencia de esta propiedad de las palabras que el escritor argentino Jorge Luis Borges, seg&uacute;n vemos en su curioso relato <em>El informe de Brodie,</em> donde nos dice que en el lenguaje de los yahoos &ldquo;la palabra <em>nrz</em>, por ejemplo, sugiere la dispersi&oacute;n o las manchas; puede significar el cielo estrellado, un leopardo, una bandada de aves, la viruela, lo salpicado, el acto de desparramar o la fuga que sigue a la derrota. <em>Hrl</em>, en cambio, indica lo apretado o lo denso; puede significar la tribu, un trono, una piedra, un mont&oacute;n de piedras, el hecho de apilarlas, el congreso de los cuatro hechiceros, la uni&oacute;n carnal y un bosque&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se comprueba, por tanto, que lo &uacute;nico que permanece m&aacute;s o menos constante de los tres niveles sem&aacute;nticos que implican las palabras (significaci&oacute;n, designaci&oacute;n y denotaci&oacute;n) es la significaci&oacute;n inherente o intuici&oacute;n sem&aacute;ntica y la denotaci&oacute;n, pero no la persona, el animal, la cosa, la cualidad o la acci&oacute;n que las mismas designan en cada momento del hablar, que puede cambiar y de hecho cambia de contexto a contexto y de instante a instante. Los referentes, las cosas concretas o la realidad emp&iacute;rica no permanecen nunca estables, porque son reos de los vaivenes del tiempo y del espacio. S&oacute;lo la significaci&oacute;n de las palabras y la denotaci&oacute;n o concepto archivado en ella garantizan la identidad y la unidad de las cosas. &iquest;Qu&eacute; tiene que ver la Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells personita de piel tersa, fr&aacute;gil, graciosa y saltarina de la infancia con la Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells de piel arrugada, de armas tomar, de car&aacute;cter agrio, de memoria flaca y postrada en silla de ruedas de la vejez o ancianidad? &iquest;Qu&eacute; tiene que ver la Fuerteventura bereber con que se encontraron los conquistadores europeos al llegar a ella con la Fuerteventura del siglo XXI? Absolutamente nada, o muy poco, desde el punto de la referencia, pero mucho desde el punto de vista de la significaci&oacute;n formal y de su denotaci&oacute;n o concepto. S&oacute;lo la memoria de los hombres, la mayor o menor inmediatez de los cambios que sufren las personas, los animales y las cosas a lo largo del tiempo y la documentaci&oacute;n que sobre ellos haya hacen posible que la gente relacione realidades tan distintas. &iquest;Y por qu&eacute;, si las personas, los animales y las cosas designados por las palabras presentan tantas diferencias entre ellos, las consideramos los mismas? Pues simplemente porque el nombre guarda en su significaci&oacute;n recuerdo de su existencia; guarda denotaci&oacute;n. El nombre se impregna tanto de las particularidades de la cosa que designa, que, al final, termina identific&aacute;ndose totalmente con ella, usurpando as&iacute; su realidad. En cuanto las personas, los animales y las cosas adquieren nombre, para su identidad es m&aacute;s importante ese nombre (o la informaci&oacute;n que este porta) que ellos mismos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las personas, los animales y las cosas son fundamentalmente nombre. Por eso siguen existiendo en el recuerdo de las gentes una vez que han desaparecido de la faz de la tierra. S&oacute;lo los nombres nos hacen eternos o menos caducos o ef&iacute;meros de lo que lo en realidad somos. Y, cuando, con el paso de los a&ntilde;os, se desvanece el recuerdo de la persona, el animal o la cosa que ha muerto, si el nombre persevera en ser y no se olvida con ellos, queda revoloteando como alma en pena, en busca de otra persona, animal o cosa en que encarnar. En vestir nuevas personas, animales y cosas con nombres viejos, consiste el arte de los poetas, como todo el mundo sabe. Las palabras son mucho m&aacute;s perdurables que las personas, los animales y las cosas que designan, las casas que habitamos, los cuadros que deleitan nuestra vista o las esculturas que adornan nuestras calles y parques. En ellas radica la continuidad de las generaciones, las civilizaciones y hasta la raza humana; el v&iacute;nculo entre las generaciones de hoy y las generaciones de ayer, con las que a&uacute;n podemos dialogar a trav&eacute;s de la lengua escrita. La palabra &ldquo;mar&rdquo; por ejemplo, tan relevante en la historia de la humanidad, por la importancia que tiene el medio que designa (&ldquo;parte l&iacute;quida de la Tierra&rdquo;, frente a su &ldquo;parte s&oacute;lida&rdquo;), que empez&oacute; siendo <em>*mor </em>(la abertura de la vocal vino despu&eacute;s) y que en principio significaba s&oacute;lo &ldquo;extensi&oacute;n de agua&rdquo;, sin m&aacute;s, independientemente de su ubicaci&oacute;n, seg&uacute;n nos dice el excelente ling&uuml;ista franc&eacute;s Andr&eacute; Martinet, ha llegado hasta nosotros rodando sin parar a trav&eacute;s de las estepas, las mesetas, los r&iacute;os, los lagos, las cordilleras y los oc&eacute;anos del mundo, desde los tiempos inmemoriales de los viejos indoeuropeos, hace ya m&aacute;s de cuatro mil a&ntilde;os. Es como una especie de punto de encuentro entre el alma de los indoeuropeos de hoy, que somos los hispanos, los franceses, los ingleses, los alemanes, los rusos, los griegos, los italianos, los norteamericanos, los australianos, etc&eacute;tera, y la de los indoeuropeos euroasi&aacute;ticos originarios. En la perpetuaci&oacute;n del alma humana a trav&eacute;s de los tiempos, radican el misterio y tambi&eacute;n la grandeza de las palabras y las lenguas que permiten crearlas. Esta es el alma que perdura despu&eacute;s de que hayamos muerto y la que nos hace, por tanto, eternos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/permanece-nombre_132_13121907.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 13:22:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sólo permanece el nombre]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo primero es lo primero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lo-primero-es-lo-primero_132_13110153.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Sin tener en cuenta la lengua hablada, que es la natural, nada de la lengua escrita, que es un lenguaje sustitutivo, puede entenderse a derechas

</p></div><p class="article-text">
        No hay ruido sin silencio, como no hay amor sin odio, muerte sin vida, claridad sin oscuridad o alegr&iacute;a sin tristeza. Y en la lengua, el silencio se llama <em>pausa</em>, que es lo que permite separar unas palabras, oraciones y textos de otros, d&aacute;ndoles autonom&iacute;a o enfatiz&aacute;ndolos, y permitiendo respirar al sufrido hablador.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Primero, la separaci&oacute;n de una palabra, sintagma o frase de otra de una misma serie se indica mediante una pausa breve, de cent&eacute;simas de segundo, aunque el &uacute;ltimo de los eslabones se introduzca a veces mediante una de esas part&iacute;culas que los gram&aacute;ticos llaman <em>conjunciones coordinantes</em>: es decir, &ldquo;y&rdquo; (v. gr., &ldquo;coches, guaguas y motos&rdquo;)<em> </em>u &ldquo;o&rdquo; (v. gr., &ldquo;coches, guaguas o motos&rdquo;), seg&uacute;n que los elementos encadenados se consideren incluidos o no en la enumeraci&oacute;n que estas part&iacute;culas delimitan. Este silencio de cent&eacute;simas de segundo significa que entre las palabras o frases separadas no hay relaci&oacute;n de dependencia, sino pertenencia a una misma cadena conceptual o una denominaci&oacute;n distinta del referente de la expresi&oacute;n previa. As&iacute;, en la frase &ldquo;Coches, guaguas y motos colapsaron la ciudad&rdquo;, por ejemplo, sabemos que los nombres &ldquo;coches&rdquo;, &ldquo;guaguas&rdquo; y &ldquo;motos&rdquo;<em> </em>no est&aacute;n subordinados unos a otros, sino encadenados en un mismo nivel, porque hay una brev&iacute;sima pausa que separa unos de otros; y en la secuencia &ldquo;Aventino, el nieto de Aurora&rdquo;, tambi&eacute;n&nbsp;por ejemplo, sabemos que el nombre &ldquo;el nieto de Aurora&rdquo; no se encuentra subordinado a <em>Aventino</em>, sino que es una especie de explicaci&oacute;n parent&eacute;tica de su referente, porque hay una pausa que lo separa de &eacute;l.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Segundo, la separaci&oacute;n entre una frase que da una versi&oacute;n distinta del tema que trata la que la antecede o que la explica se indica mediante una pausa algo m&aacute;s larga que la anterior. As&iacute;, en una secuencia de frases como &ldquo;Tiene muchos amigos; muchas personas que lo quieren&rdquo;, sabemos que la segunda frase no est&aacute; subordinada a la primera, sino que se limita a dar una versi&oacute;n distinta de su contenido, porque hay una peque&ntilde;a pausa entre ellas<em>.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tercero, para llamar la atenci&oacute;n sobre lo que viene a continuaci&oacute;n se hace una pausa de duraci&oacute;n semejante a la anterior. As&iacute;, en una expresi&oacute;n como &ldquo;Dijo Descartes: pienso, luego existo&rdquo;, la pausa despu&eacute;s del sujeto l&eacute;xico permite al hablante enfatizar la importancia del complemento directo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuarto, la separaci&oacute;n entre dos frases que desarrollan aspectos distintos de un mismo juicio general se indica mediante una pausa algo m&aacute;s larga que la que acabamos que comentar. As&iacute;, en una secuencia como &ldquo;Los ni&ntilde;os salieron en tromba de la escuela. Los padres los esperaban en la puerta&rdquo;, sabemos que la segunda frase no est&aacute; subordinada a la primera, sino que a&ntilde;ade un contenido que mantiene alguna relaci&oacute;n l&oacute;gica con el contenido de aquella, porque hay una pausa de d&eacute;cimas de segundo que las separa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quinto, la separaci&oacute;n entre frases que desarrollan aspectos distintos del tema que se considera se indica mediante una pausa o silencio algo mayor que el anterior. As&iacute;, en una secuencia como &ldquo;La Guindilla mayor se ten&iacute;a bien ganado su apodo por su carita redonda y colorada. Daniel, el Mochuelo, no cre&iacute;a que hacer lo que la Guindilla mayor hac&iacute;a fuese ser buena&rdquo;, de Miguel Delibes, por ejemplo, sabemos que la segunda frase no se encuentra sint&aacute;cticamente subordinada a la que le precede, sino que simplemente a&ntilde;ade un contenido nuevo m&aacute;s o menos relacionado con &eacute;l, porque hay una pausa de cierta duraci&oacute;n que la separa de ella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y sexto, la indicaci&oacute;n de que el mensaje ha concluido se indica con un silencio infinito o eterno, como el de la muerte. As&iacute;, en el famoso microrrelato de Monterroso &ldquo;Cuando despert&oacute;, el dinosaurio todav&iacute;a estaba all&iacute;&rdquo;, sabemos que el texto est&aacute; completo porque despu&eacute;s de &eacute;l no hay m&aacute;s que silencio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Menci&oacute;n aparte merece la llamada &ldquo;pausa versal&rdquo;, que separa los versos de las composiciones po&eacute;ticas, haciendo posible el ritmo que le es consustancial. Es una pausa que tiene fundamentalmente valor r&iacute;tmico o musical, aunque tambi&eacute;n puede tener efectos sem&aacute;nticos, dando realce a la voz que antecede y rompiendo la continuidad de los elementos del sintagma, los grupos f&oacute;nicos o las palabras de que se trata. &ldquo;Este cielo una palma de tu mano, / Se&ntilde;or, que me protege de la muerte / del alma, y la otra palma este de Fuerte/ventura sosegado y fiel oc&eacute;ano&rdquo;, escribe Unamuno en el soneto 18 de <em>De Fuerteventura a Par&iacute;s</em>, separando mediante pausa versal, por razones r&iacute;tmicas y sem&aacute;nticas, los dos constituyentes etimol&oacute;gicos del nombre de la isla de Fuerteventura, aunque ese nombre, por tratarse de un nombre propio, tenga un valor unitario.<em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay que separar de las pausas citadas, que son convenciones reguladas por el idioma, las pausas o silencios que suelen hacer facultativamente los hablantes con la finalidad de encontrar la expresi&oacute;n m&aacute;s adecuada para su mensaje, intrigar al oyente, darse un respiro, transformar en otro el significado habitual de una palabra o simplemente pausar la expresi&oacute;n. As&iacute;, en el teatro, por ejemplo, seg&uacute;n nos dice Juan Mayorga, &ldquo;se hace el silencio para que el espectador oiga no s&oacute;lo las palabras y los silencios que vienen del escenario, sino tambi&eacute;n las palabras y los silencios de su propia vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es claro, por tanto, que las pausas son fundamentales para la sem&aacute;ntica del discurso y que, sin ellas, este no tendr&iacute;a sentido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como es bien sabido, en la lengua escrita, que es mera sustituci&oacute;n de la lengua hablada, las pausas que acabamos de describir se representan mediante indicaciones gr&aacute;ficas propias: la que separa elementos de una misma cadena, se representa mediante una coma; la que separa elementos que apuntan hacia un mismo juicio, mediante punto y coma; la que separa miembros de una frase para resaltarlos o aclararlos, mediante dos puntos; la que separa juicios distintos de un mismo concepto general, mediante punto y seguido; la que separa juicios de conceptos generales distintos, mediante punto y aparte o escribiendo en la l&iacute;nea siguiente; y la pausa infinita con que concluye el mensaje, mediante punto final. Siempre hay que tener presente que no es la llamada <em>puntuaci&oacute;n </em>(coma, punto y coma, dos puntos, punto y seguido, punto y aparte y punto final) un recurso ling&uuml;&iacute;stico aut&oacute;nomo o primario, sino subrogado o secundario. Son reflejos convencionales de un hecho ling&uuml;&iacute;stico natural, que son las pausas que emplea el hablante para separar debidamente los distintos constituyentes del texto. La puntuaci&oacute;n es a las pausas lo que las letras son al fonema. Es decir, meras representaciones secundarias de hechos naturales. &ldquo;Lengua y escritura son dos sistemas distintos; la &uacute;nica raz&oacute;n de ser del segundo es representar al primero; el objeto ling&uuml;&iacute;stico no es definido por la combinaci&oacute;n de la palabra escrita y la palabra hablada; esta &uacute;ltima constituye por s&iacute; sola este objeto&rdquo;, dice Saussure. En todo caso, por representar lo que representa tiene tanta importancia la puntuaci&oacute;n en la lectura de los textos.
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo sabiendo lo que acabamos de comentar, se entiende lo que la llamada <em>puntuaci&oacute;n</em> implica. La frecuente confusi&oacute;n entre lengua hablada y lengua escrita explica el protagonismo que han logrado estos representantes gr&aacute;ficos de las pausas ling&uuml;&iacute;sticas llamados <em>coma</em>, <em>punto y coma</em>, <em>dos puntos</em>, <em>punto y seguido</em>, <em>punto y aparte</em> y <em>punto final</em> en el habla corriente, como si se tratara de hechos primarios o aut&oacute;nomos. As&iacute;, para indicar categ&oacute;ricamente que una conversaci&oacute;n ha acabado, solemos decir, metaf&oacute;ricamente &ldquo;y punto&rdquo;, en lugar de &ldquo;y nada m&aacute;s&rdquo; o &ldquo;y se acab&oacute;&rdquo;; para ponderar la puntualidad o literalidad de una relaci&oacute;n, decimos &ldquo;sin faltar una coma&rdquo;, en lugar de &ldquo;sin faltar nada&rdquo;; y, para indicar que se mantiene intacto lo que se ha dicho o prometido, &ldquo;sin quitar una coma&rdquo;, en lugar de &ldquo;sin quitar nada&rdquo;. . Lo que no quiere decir, por supuesto, que la lengua escrita no tenga sus propios fueros, en parte distintos de los de la lengua hablada. Como dice Saussure, &ldquo;la palaba escrita se mezcla tan &iacute;ntimamente a la palabra hablada de que es imagen, que termina por usurpar el papel principal; y se llega a dar a la representaci&oacute;n del signo vocal tanta y m&aacute;s importancia que al signo mismo. Es como si se creyese que para conocer a alguien vale m&aacute;s mirar su fotograf&iacute;a que su rostro (&hellip;). Se termina por olvidar que se aprende a hablar antes de aprender a escribir, y la relaci&oacute;n natural termina invertida (&hellip;). La escritura se arroga una importancia a la que no tiene derecho&rdquo;. Por eso, no debemos olvidar los que ejercemos la profesi&oacute;n de maestros de lengua que lo primero es lo primero: que Sin tener en cuenta la lengua hablada, que es la natural, nada de la lengua escrita, que es un lenguaje sustitutivo, puede entenderse a derechasprimero est&aacute; la lengua hablada, que es la verdadera, y luego, la lengua escrita, que es un mero remedio para curar a aquella de la enfermedad de fugacidad que la aqueja.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lo-primero-es-lo-primero_132_13110153.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Mar 2026 16:21:34 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Lo primero es lo primero]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Al rajazo limpio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/rajazo-limpio_132_13091814.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy es más necesario que nunca fortalecer el sistema educativo, invirtiendo en él más dinero del que se invierte en la actualidad, para inculcar a los jóvenes el amor por el trabajo, el esfuerzo, la empatía, el respeto y la comprensión del prójimo y la fe y la esperanza en la capacidad de progreso social y justicia del género humano</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Ronaldo me suda la polla. Que le den pol culo. Desde que le o&iacute; decir que el equipo de mis amores era una mierda, no puedo verlo ni en pintura. Como jugador es un verdadero tarugo. Que lo follen&rdquo;, replicaba el otro d&iacute;a una chica de no m&aacute;s de 18 a&ntilde;os, que respiraba por la herida del resentimiento futbolero, a un chico que le hab&iacute;a dicho, sin m&aacute;s intenci&oacute;n que alimentar la conversaci&oacute;n que manten&iacute;a con ella, que el excelente jugador portugu&eacute;s Cristiano Ronaldo, a pesar de que hab&iacute;a rebasado ya la barrera de los cuarenta a&ntilde;os, segu&iacute;a prestando muy buenos servicios a la selecci&oacute;n de f&uacute;tbol del pueblo que lo vio nacer y al equipo del pa&iacute;s podrido de petrod&oacute;lares que disfrutaba al presente de sus habilidades balomp&eacute;dicas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se explica esta grosera y b&aacute;sica forma de expresarse, donde los argumentos sobre el tema en cuesti&oacute;n (la calidad de un jugador de f&uacute;tbol y su rendimiento deportivo) son sustituidos por soeces palabrotas sexuales o escatol&oacute;gicas de valoraci&oacute;n personal (&ldquo;sudar la polla&rdquo;, &ldquo;dar por el culo&rdquo;, &ldquo;ser una mierda&rdquo;, &ldquo;tarugo&rdquo;, &ldquo;follar&rdquo;), que encontramos a veces en el habla de ciertos j&oacute;venes y hasta la de no pocos durones infantiloides de nuestro tiempo? Porque no se trata de que estos chicos &ldquo;no sean tan remilgados como lo hemos sido los de mi tiempo&rdquo;, como dice la se&ntilde;ora Eynsford en la famosa comedia <em>Pigmali&oacute;n</em>,<em> </em>de Bernard Shaw. Se trata de algo mucho m&aacute;s grave e inquietante que todo esto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para empezar, lo primero que llama la atenci&oacute;n en esta atrabiliaria forma de expresarse es la falta de empat&iacute;a que manifiestan sus autores hacia las personas, los animales y las cosas que trata en sus conversaciones. Como si fueran incapaces de amar a los otros. Porque lo &uacute;nico que parece importar en este tipo de discurso es el desahogo o el lucimiento personal, sin tener en cuenta, no s&oacute;lo el sufrimiento que se puede provocar a las v&iacute;ctimas de tales desconsiderados y subjetivos comentarios, sino tambi&eacute;n el da&ntilde;o que puede hacerse a su reputaci&oacute;n e imagen. No se pretende razonar, sino despacharse a su antojo y quedar a gusto con uno mismo. Y esto no se llama &ldquo;falta de remilgo&rdquo;, sino &ldquo;ego&iacute;smo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, el origen de esta lamentable manera de hablar lo encontramos a veces en el resentimiento o agravio, fundados o infundados, que albergan los que la practican. En unos casos, porque piensan que los dem&aacute;s (los padres, el Estado, la sociedad&hellip;) son injustos con ellos, porque no les han resuelto sus problemas personales, y la gente de fama, unos aprovechados, que deben el &eacute;xito a sus trapacer&iacute;as. Por eso, se rebelan y arremeten contra los ganadores o triunfadores, sin tener en cuenta que estas groseras descalificaciones no resuelven nada, porque no pasan de ser otra cosa que meros exabruptos, sin el m&aacute;s m&iacute;nimo efecto real. Todo el mundo sabe que lo &uacute;nico efectivo para progresar social, laboral y culturalmente es estudiar, trabajar con tes&oacute;n y honradez y denunciar las injusticias sociales o familiares de forma argumentada, como hace hoy de forma casi heroica la llamada generaci&oacute;n &ldquo;sis&iacute;, que, en oposici&oacute;n a la llamada &rdquo;nini&ldquo;, no s&oacute;lo estudia, sino que, adem&aacute;s, trabaja. Y, en otros casos, el resentimiento o agravio que comentamos tiene su origen en el pesimista prejuicio de que, en nuestra sociedad, el pastel est&aacute; ya repartido y que nada puede hacerse para cambiar el <em>statu quo</em>. Son los que han renunciado a luchar contra el estado social vigente y contra aquellos que gobiernan el cotarro; a exigirles rigor y decencia en la gesti&oacute;n de los problemas colectivos. Y esto que comentamos tampoco se llama &rdquo;falta de remilgo&ldquo;, sino m&aacute;s bien &rdquo;victimismo&ldquo;, como se&ntilde;ala Pascal Bruckner en su excelente ensayo <em>La tentaci&oacute;n de la inocencia</em>, de 1998.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n ha influido en este tipo de discurso el modelo de la iconoclasta cultura <em>underground</em> de hip-hop, rock, rap o reguet&oacute;n, que reivindican las formas de hablar m&aacute;s marginales y descarnadas de la sociedad y que tanta ascendencia han tenido y tienen en la expresi&oacute;n, creencias y actitudes de los m&aacute;s j&oacute;venes. Digamos que los g&eacute;neros musicales citados, que tantos seguidores tienen en el mundo moderno, han contribuido a soltar la lengua a muchos de nuestros chicos; a que hablen sin pelos en la lengua, como suele decirse, aunque la educaci&oacute;n y el respeto obliguen a que la lengua siempre tenga pelos. Y esto tampoco se llama &ldquo;falta de remilgo&rdquo;, sino &ldquo;chabacaner&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se debe igualmente el estridente modo de hablar que nos ocupa al capricho e inmadurez de aquellos que lo practican, que piensan que tienen derecho a todo, sin dar nada a cambio. &ldquo;Nos hemos apoltronado tanto que estamos acostumbrados a que los dem&aacute;s hagan todo por nosotros; que todo lo que queremos ya est&aacute; hecho. En cambio, amor propio y bilis tenemos de sobra&rdquo;, dice Dostoievski en su famoso <em>Diario del escritor</em>, comentando situaciones similares a las que aqu&iacute; consideramos. Y, cuando no consiguen aquello que se les antoja, entonces insultan y patalean como ni&ntilde;os chicos. Y esto que comentamos tampoco se llama en espa&ntilde;ol &ldquo;falta de remilgo&rdquo;, sino &ldquo;infantilismo&rdquo; o &ldquo;mala educaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; mismo se encuentra en la base de la forma de expresarse que nos ocupa la pobreza espiritual y cultural de sus protagonistas, como demuestra la simpleza de los temas de sus conversaciones. Sabido es que los temas que se tratan definen a los hablantes. El fuerte de esta gente no son los asuntos m&aacute;s o menos especializados del mundo moderno, sino el chismorreo, el deporte o la vida privada de la gente m&aacute;s o menos afamada, sobre los que, puesto que son de dominio p&uacute;blico, todo dios se cree con derecho a opinar con la lengua desatada. Por eso se los trata con tanta ligereza. En esto no hace el personal aludido otra cosa que seguir el ejemplo de las tantas tertulias abominables que proliferan hoy en la televisi&oacute;n, la red y el cine, que tantas honras dinamitan y tanto tiempo hacen perder a sus v&iacute;ctimas, que son los indefensos seres humanos que las ven o escuchan. Y esto que comentamos tampoco se llama &ldquo;falta de remilgos&rdquo;, sino &ldquo;frivolidad&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y otra de las causas de los discursos que analizamos es la desfachatez que muestran sus protagonistas al expresarse, que no alientan la m&aacute;s m&iacute;nima duda a la hora de emitirlos; como si estuvieran en posesi&oacute;n de la verdad absoluta. Y en esto no hacen nuestros j&oacute;venes otra cosa que imitar a tantos mayores que se creen capacitados para hablar de lo que sea por el mero hecho de ser viejos, aunque carezcan de verdadera formaci&oacute;n para emitir opini&oacute;n fundada sobre los asuntos de que se trata. En buena medida, la democracia mal entendida, que ha hecho creer a la gente que no s&oacute;lo somos iguales en derechos, sino tambi&eacute;n en conocimiento y que, por tanto, no es necesario estudiar o documentarse para opinar sobre temas de especialidad, tiene algo que ver con lo que comentamos. Como si se creyera que el saber es hecho de naturaleza o de derecho, no de cultura. El predominio de lo cuantitativo frente a lo cualitativo que caracteriza a las democracias burguesas ha fomentado una especie de desd&eacute;n por el elitista saber especializado, que no puede obtenerse v&iacute;a decreto administrativo o legislaci&oacute;n ordinaria o constitucional, sino que hay que adquirir mediante esfuerzo personal. Y este equ&iacute;voco no ha hecho otra cosa que aumentar con el paso del tiempo, a medida que se ha ido degradando el sistema educativo de nuestros pa&iacute;ses y las redes sociales han abierto de par en par las puertas del mundo incluso a gente que no sabe hacer la <em>o</em> con un canuto. Es uno de los peligros de las democracias modernas: no tener en cuenta que no s&oacute;lo existe lo que depende de la naturaleza o del derecho, que nos corresponde a todos por igual, sino tambi&eacute;n lo que depende del trabajo y el sacrificio de cada cual, en contra de las proclamas libertarias de tanto ingenuo como hay por el mundo. Y esto que comentamos tampoco se llama &ldquo;falta de remilgo&rdquo;, sino &ldquo;soberbia&rdquo;, &ldquo;dogmatismo&rdquo; o &ldquo;arrogancia&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En s&iacute;ntesis, que lo que implican las formas de hablar que nos ocupan no es &ldquo;falta de remilgo&rdquo;, como supon&iacute;a el personaje de la citada comedia de Bernard Shaw, sino &ldquo;ego&iacute;smo&rdquo;, &ldquo;infantilismo&rdquo;, &ldquo;victimismo&rdquo;, &ldquo;chabacaner&iacute;a&rdquo;, &ldquo;frivolidad&rdquo; y &ldquo;soberbia&rdquo;, &ldquo;dogmatismo&rdquo; o &ldquo;arrogancia&rdquo;. Dec&iacute;an y siguen diciendo los antediluvianos de la ling&uuml;&iacute;stica que el lenguaje del pueblo llano es &ldquo;corrompido y grosero&rdquo;. No es verdad: el lenguaje de la gente corriente y que nos da de comer (agricultores, pastores, marineros, artesanos, amas y amos de casa, empleados, etc&eacute;tera) es tan correcto y atildado como el de la burgues&iacute;a, porque satisface a la perfecci&oacute;n sus propias necesidades expresivas. El que es en verdad corrompido y grosero es el que acabamos de analizar, tan frecuente en los tiempos que corren, m&aacute;s entre la gente de la ciudad que entre la gente del campo; m&aacute;s entre los que viven en la opulencia que entre aquellos que carecen de lo m&aacute;s elemental. Por eso es hoy m&aacute;s necesario que nunca fortalecer el sistema educativo, invirtiendo en &eacute;l m&aacute;s dinero del que se invierte en la actualidad, para inculcar a los j&oacute;venes el amor por el trabajo, el esfuerzo, la empat&iacute;a, el respeto y la comprensi&oacute;n del pr&oacute;jimo y la fe y la esperanza en la capacidad de progreso social y justicia del g&eacute;nero humano. S&oacute;lo as&iacute; podr&aacute;n expresarse nuestros chicos con empat&iacute;a, ecuanimidad, objetividad, madurez, comedimiento (es decir, con pelos en la lengua) y humildad, que son los atributos que no deben faltar nunca en cualquier forma de hablar medianamente civilizada y decente.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/rajazo-limpio_132_13091814.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Mar 2026 18:13:38 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Al rajazo limpio]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por la boca muere el pez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/boca-muere-pez_132_13073520.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Nos encontramos ante un componente lingüístico de una enorme trascendencia para la comunicación, puesto que reconocer el origen del interlocutor, para saber cómo actuar en su presencia o a qué atenernos cuando tratamos con él, es asunto de la máxima importancia
</p></div><p class="article-text">
        Dicen los entendidos en cuestiones de lenguaje que el aspecto sonoro de las palabras (el significante) no pasa de ser otra cosa que un mero instrumento para transmitir el concepto (significado) que est&aacute;s implican, que es su componente fundamental. La funci&oacute;n principal de las lenguas naturales es comunicar contenidos, no producir m&uacute;sica o ruido. Y no cabe ninguna duda de que as&iacute; es; que el significante de las palabras es un mero instrumento del significado, que constituye su verdadera alma. As&iacute;, en el verbo &ldquo;dar&rdquo;, por ejemplo, lo importante no es la melod&iacute;a de su significante, constituido por la combinaci&oacute;n sil&aacute;bica consonante dental sonora /d/, vocal grave t&oacute;nica /&aacute;/ y consonante vibrante /r/, que la transporta de la boca del hablante al o&iacute;do del oyente, sino la significaci&oacute;n invariante &lsquo;soltar o echar de s&iacute;&rsquo; que la caracteriza, que, por lo dem&aacute;s,&nbsp;puede desarrollar sentidos tan diversos como &lsquo;donar&rsquo; (<em>le dio dinero</em>), &lsquo;producir&rsquo; (<em>la tierra da frutos</em>), &lsquo;propinar&rsquo; (<em>dar un golpe</em>), &lsquo;conceder&rsquo; (<em>dar permiso</em>), etc., en la realidad concreta del hablar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero que la funci&oacute;n primordial del componente material de las palabras sea subsidiaria de su significaci&oacute;n no quiere decir que el mismo se limite a un mero papel instrumental. Todo lo contrario. Adem&aacute;s de esta funci&oacute;n f&iacute;sica o material primaria, el significante puede usarse y de hecho se usa, al menos, en tres funciones connotativas distintas, lo que quiere decir que est&aacute; dotado de significaci&oacute;n propia, aunque esta sea secundaria.
    </p><p class="article-text">
        De un lado, puede usarse, y de hecho se usa, para expresar el estado de &aacute;nimo, la actitud, etc&eacute;tera, del que habla. As&iacute;, por ejemplo, para expresar enfado con alguien o algo o alegr&iacute;a por lo que hace o dice, solemos silabear o pronunciar m&aacute;s lentas las s&iacute;labas de las palabras. Es lo que ocurre en una expresi&oacute;n como &ldquo;/no-lo-vu&eacute;l-vas-a-ha-c&eacute;r-m&aacute;s/, que dicen las madres a sus reto&ntilde;os revoltosos, que no s&oacute;lo significa la &lsquo;prohibici&oacute;n&rsquo; que implica la sem&aacute;ntica de las palabras que contiene, sino tambi&eacute;n el contenido &lsquo;enfado (de la progenitora)&rsquo;, que se transmite a trav&eacute;s del &eacute;nfasis que esta pone al hablar.
    </p><p class="article-text">
        De otro lado, puede usarse el significante de las palabras para llamar la atenci&oacute;n sobre la importancia de un determinado elemento del texto, prolongando la duraci&oacute;n de las vocales, por ejemplo. Es lo que hace la enfermera de cualquier centro sanitario cuando alarga la vocal /i/ de la palabra &ldquo;pantallita&rdquo; en la frase &ldquo;La pantalliiita, se&ntilde;or&rdquo;, para indicar al paciente que ha perdido su turno por descuido que debe estar pendiente del monitor para que no ocurra lo que le ha ocurrido; o lo que solemos hacer todos cuando alargamos la vocal de expresiones como &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; horroooor!&rdquo;, para enfatizar la significaci&oacute;n que est&aacute;s implican. Por tanto, ni la expresi&oacute;n &ldquo;La pantalliiita, se&ntilde;or&rdquo; de nuestra enfermera ni la expresi&oacute;n enf&aacute;tica &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; horroooor!&rdquo; que empleamos para enfatizar el espanto que nos provoca algo significan s&oacute;lo que &lsquo;en el centro m&eacute;dico de referencia hay una pantalla que canta el turno de los pacientes&rsquo; y que &lsquo;la persona que habla se encuentra espantada por algo que ha ocurrido&rsquo;, respectivamente, sino, adem&aacute;s, que &lsquo;el paciente tiene que estar pendiente de dicha pantalla, porque es de quien depende el buen funcionamiento de las citas m&eacute;dicas&rsquo; y que &lsquo;el espanto que provoca la cosa de que se trata es may&uacute;sculo&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y, de otro, tambi&eacute;n puede usarse y de hecho se usa el significante de las palabras como identificador del origen ling&uuml;&iacute;stico, geogr&aacute;fico, familiar, personal o social de la persona que habla. En efecto, a trav&eacute;s de &eacute;l sabemos a qu&eacute; familia, regi&oacute;n, naci&oacute;n, clase social, etc., pertenece el hablante. Concretamente en el &aacute;mbito del mundo hisp&aacute;nico, cuando un andaluz, un canario o un americano oye hablar a alguien con eses apicales, zetas, ches tensas o jotas tensas, por ejemplo, lo identifica inmediatamente como castellano. Por tanto, para ellos la palabra /z&aacute;nja/, por ejemplo, no significa s&oacute;lo &lsquo;excavaci&oacute;n ancha y estrecha que se hace en la tierra&rsquo;, sino &lsquo;excavaci&oacute;n ancha y estrecha que se hace en la tierra&rsquo; y &lsquo;hablante castellano&rsquo;. Y, a la inversa, cuando un castellano oye hablar a alguien con /s/ dorsal, ches relajadas o jotas relajadas, por ejemplo, lo identifica inmediatamente como andaluz, canario o americano. Por tanto, para &eacute;l, la palabra /s&aacute;ha/, tambi&eacute;n por ejemplo, no s&oacute;lo significa lo dicho, sino lo dicho y &lsquo;hablante andaluz (canario o americano)&rsquo;. Lo mismo ocurre en el &aacute;mbito de nuestra comunidad aut&oacute;noma: cuando o&iacute;mos que un paisano tensa las consonantes sonoras /b/, /d/, /g/ y /y/ de expresiones como /los barr&aacute;nkoh/, /las g&oacute;mah/, /las d&oacute;h/ y /los y&aacute;teh/, por ejemplo, o elimina las consonantes implosivas de palabras como <em>fatal, Teror </em>o <em>comer</em>, lo identificamos inequ&iacute;vocamente como grancanario. Por tanto, para un tinerfe&ntilde;o, un palmero, un conejero, un majorero, un herre&ntilde;o o un gomero, /lo bbarr&aacute;nkoh/, /la gg&oacute;mah/, /la dd&oacute;h/, /lo yy&aacute;teh/, /fat&aacute;/, /ter&oacute;/ y /kom&eacute;/ no significan s&oacute;lo &lsquo;los barrancos&rsquo;, &lsquo;las gomas&rsquo;, &lsquo;las dos&rsquo;, &lsquo;los yates&rsquo;, &lsquo;Teror&rsquo;, &lsquo;fatal&rsquo; y &lsquo;comer&rsquo;, sino &lsquo;los barrancos&rsquo;, &lsquo;las gomas&rsquo;, &lsquo;las dos&rsquo;, &lsquo;los yates&rsquo;, &lsquo;Teror&rsquo;, &lsquo;fatal&rsquo; y &lsquo;comer&rsquo; y &lsquo;hablante grancanario&rsquo;. Asimismo, cuando o&iacute;mos que un isle&ntilde;o dice /much&aacute;chos/ o /tender&eacute;tes/, con /s/ implosiva plena, en lugar de /much&aacute;choh/ o /tender&eacute;teh/, con /s/ implosiva aspirada, sabemos que es de origen herre&ntilde;o. Por tanto, para un hablante grancanario, tinerfe&ntilde;o, gomero, majorero, conejero o palmero, las expresiones /much&aacute;chos/ y /tender&eacute;tes/ que nos ocupan no significan s&oacute;lo &lsquo;muchachos&rsquo; y &lsquo;tenderetes&rsquo;, sino &lsquo;muchachos&rsquo;, &lsquo;tenderetes&rsquo; y &lsquo;hablante herre&ntilde;o&rsquo;. De forma general, por el acento sabemos qu&eacute; grado de afinidad idiom&aacute;tica tiene la persona que habla con nosotros. Lo que pone claramente de manifiesto la importancia que tiene la forma de pronunciar las palabras en el reconocimiento de las lenguas naturales y sus dialectos. 
    </p><p class="article-text">
        En realidad, se trata de su componente externo m&aacute;s definidor o identatario, frente a los componentes gramatical y l&eacute;xico, que ocupan en este aspecto un lugar secundario. Por eso precisamente entendemos mejor la lengua escrita que la lengua hablada. Y no s&oacute;lo en el caso de la lengua materna, sino tambi&eacute;n en el caso de las extranjeras. Los hispanohablantes podemos entender m&aacute;s o menos bien el portugu&eacute;s escrito, pero tenemos serias dificultades para entender el hablado si no lo hemos estudiado a conciencia. Lo que quiere decir que las diferencias que existen entre los distintos dialectos de una lengua son m&aacute;s de superficie que de profundidad, puesto que se basan en el componente m&aacute;s perif&eacute;rico del lenguaje, que es el plano de la expresi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nos encontramos, por tanto, ante un componente ling&uuml;&iacute;stico de una enorme trascendencia para la comunicaci&oacute;n, puesto que reconocer el origen del interlocutor, para saber c&oacute;mo actuar en su presencia o a qu&eacute; atenernos cuando tratamos con &eacute;l, es asunto de la m&aacute;xima importancia. No podemos tratar de la misma manera a un paisano que a un extra&ntilde;o, simplemente, porque las relaciones, los intereses, los sentimientos, las convenciones, etc., que compartimos con aquel no son los mismos que los que compartimos con este. Por eso solemos utilizar la pronunciaci&oacute;n de la gente para identificarla, sea para bien, sea para mal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la Biblia, para mal la utilizaron los habitantes de Galaad, que se valieron de la incapacidad de sus enemigos los efraimitas para pronunciar la sibilante palatal /sh/ (de palabras como <em>shibolet) </em>para identificarlos y detenerlos. Para mal la utilizaron los secuaces del dictador dominicano Rafael Le&oacute;nidas Trujillo, que se valieron de la /r/ uvular de los haitianos (en palabras como <em>perejil) </em>para identificarlos y matarlos,&nbsp;en la llamada <em>masacre del perejil</em>, de 1937<em>.</em> Para mal la utilizaron los norteamericanos, que en la guerra del Pac&iacute;fico se valieron de la incapacidad de los japoneses para pronunciar la /l/ (en palabras como <em>lollapalooza</em>) para identificar y detener a sus esp&iacute;as. Y para mal la utilizan tambi&eacute;n determinados canarios cuando se valen de la m&aacute;s arriba citada tensi&oacute;n conson&aacute;ntica de los grancanarios, por ejemplo, para identificarlos y burlarse de ellos. Lo que se ha hecho aqu&iacute; es considerar la pronunciaci&oacute;n de las palabras como una especie de santo y se&ntilde;a o pasaporte del hablante. Ya se sabe que, como dice el refr&aacute;n, &ldquo;por la boca muere el pez&rdquo;. Nos encontramos ante el fen&oacute;meno que Unamuno, gran forjador de palabras, dio en llamar <em>chibolete</em>, adaptando a los patrones f&oacute;nicos de la lengua espa&ntilde;ola la palabra de los galaaditas citada m&aacute;s arriba.
    </p><p class="article-text">
        Y para bien utilizamos la capacidad identificadora de la pronunciaci&oacute;n de las palabras cuando nos valemos de&nbsp;ella para identificar a aquellos que no pertenecen a nuestro mundo o que lo desconocen en mayor o menor medida y facilitarles en lo posible la integraci&oacute;n en nuestro entorno o su desplazamiento por &eacute;l; o, cuando, desamparados en un pa&iacute;s extranjero, nos aprovechamos de ella para identificar a los paisanos que se encuentran en la misma situaci&oacute;n que nosotros lejos de la patria y arroparnos en ellos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/boca-muere-pez_132_13073520.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Mar 2026 20:05:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Por la boca muere el pez]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Maestro, más que profesor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/maestro-profesor_132_13052310.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/23819502-34fb-4026-ab6b-831c16299faa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Maestro, más que profesor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A la clase de los profesores "magni" o maestros, a la que no perteneceré yo nunca por muchos años que viva y mucho empeño que ponga en conseguirlo, sí que perteneció don Ramón Trujillo, que nos abandonó hace un par de meses, tras una fecunda vida profesional y familiar</p></div><p class="article-text">
        Todos sabemos que el que se consagra en serio a una determinada actividad es profesor; es decir, profesa esa actividad, en oposici&oacute;n a los que lo hacen por juego o por pasatiempo, que son meros intrusos, aficionados, ama&ntilde;ados o <em>amateurs</em>. As&iacute;, la persona que se dedica en serio a la zapater&iacute;a es profesor o profesional de la zapater&iacute;a; es decir, que profesa la zapater&iacute;a; la persona que se dedica en serio a la medicina es profesor o profesional de la medicina; es decir, que profesa la medicina; y la persona que se dedica en serio a la ense&ntilde;anza es profesor o profesional de la ense&ntilde;anza; es decir, que profesa la ense&ntilde;anza. Vistas las cosas desde el punto de vista m&aacute;s general, todos los que nos dedicamos o nos hemos dedicado alguna vez a la ense&ntilde;anza pertenecemos a la misma categor&iacute;a, a la categor&iacute;a de los profesores de ense&ntilde;anza, sea primaria, secundaria o universitaria, porque todos o casi todos nos consagramos o nos hemos consagrado en serio a ella. Para ser profesional de una cosa, basta con ejercerla &ldquo;con capacidad y aplicaci&oacute;n&rdquo;, como dice la Academia.
    </p><p class="article-text">
        Todo el que se dedica en serio a una determinada actividad es, en efecto, profesor o profesional de esa actividad, pero no todos los profesores o profesionales de algo son iguales, porque el talento, la capacidad de trabajo, la formaci&oacute;n o el entusiasmo de cada cual es siempre diferente. En la ense&ntilde;anza, sin ir m&aacute;s lejos, hay profesores p&eacute;simos o lamentables, como, por ejemplo, los que retrata P&iacute;o Baroja en su tr&aacute;gico-c&oacute;mica novela <em>El &aacute;rbol de la ciencia</em>. No voy hablar de ellos. Todos los conocemos, porque todos hemos sufrido alguna que otra vez la ignorancia de estos pat&eacute;ticos docentes, que, m&aacute;s que dar clase, lo que hacen es quitar tiempo a los pobres chicos que asisten a sus clases. Tambi&eacute;n hay profesores dignos, que intentan ejercer su profesi&oacute;n lo mejor que pueden, y que consiguen transmitir a sus alumnos conocimiento y entusiasmo por el saber. Yo creo que constituyen la mayor&iacute;a. Y, por &uacute;ltimo, est&aacute;n los profesores &ldquo;magni&rdquo;, que llevan la profesi&oacute;n a la m&aacute;s alta de sus cotas; profesores magistrales. Estos ya, m&aacute;s que profesores, son maestros, personas que han llegado al m&aacute;s alto grado en el oficio de ense&ntilde;ar, como sugiere el mismo adverbio &ldquo;magis&rdquo; que el nombre implica. Esta majestad profesoral, que no se consigue con empe&ntilde;o, haciendo cursillos de perfeccionamiento u oposici&oacute;n o por antig&uuml;edad o promoci&oacute;n burocr&aacute;tica o administrativa, sino por la gracia que dan los cielos a los pobres mortales, est&aacute; al alcance de muy pocos. Yo, por ejemplo, para no hablar de otro, soy profesor de gram&aacute;tica espa&ntilde;ola, s&iacute;, pero no soy maestro de gram&aacute;tica espa&ntilde;ola. Por mucho que yo quiera, no ser&eacute; nunca, &iexcl;ay! (y cu&aacute;nto lo lamento), maestro de gram&aacute;tica espa&ntilde;ola, como Antonio de Nebrija, Gonzalo Correas, Andr&eacute;s Bello o Salvador Fern&aacute;ndez Ram&iacute;rez, sino modest&iacute;simo profesor de gram&aacute;tica espa&ntilde;ola, porque los cielos no han querido darme talento para tanto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, a esta clase de profesores, a la clase de los profesores &ldquo;magni&rdquo; o maestros, a la que no pertenecer&eacute; yo nunca por muchos a&ntilde;os que viva y mucho empe&ntilde;o que ponga en conseguirlo, s&iacute; que perteneci&oacute; don Ram&oacute;n Trujillo, que nos abandon&oacute; hace un par de meses, tras una fecunda vida profesional y familiar. &iquest;Por qu&eacute; digo que don Ram&oacute;n Trujillo no fue s&oacute;lo profesor, sino que fue profesor magistral, o maestro, a secas? Digo que don Ram&oacute;n Trujillo no fue s&oacute;lo profesor, sino, m&aacute;s propiamente, maestro, por cuatro razones fundamentales:
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, digo que don Ram&oacute;n fue un maestro integral por su potente capacidad de penetraci&oacute;n de la realidad, por su enorme capacidad para ir al fondo de las cosas y descubrir lo que de esencial hay en ellas, dejando al margen lo accidental. As&iacute; descubri&oacute; don Ram&oacute;n cosas muy importantes para la filolog&iacute;a. Por ejemplo, nos descubri&oacute; (a sus disc&iacute;pulos y al resto del mundo hisp&aacute;nico, porque don Ram&oacute;n no fue s&oacute;lo maestro de la universidad canaria, sino tambi&eacute;n maestro de la universidad espa&ntilde;ola e hispanoamericana en general), nos descubri&oacute;, digo, lo que de esencial hay en la gram&aacute;tica de ese venezolano universal que es don Andr&eacute;s Bello, tan preterido en un mundo tan cainita como el hispano; nos descubri&oacute; que una cosa es la significaci&oacute;n verdadera de las palabras, que est&aacute; en ellas mismas, y otra cosa muy distinta sus sentidos, que est&aacute;n en el contexto o en las cosas designadas por ellas; nos descubri&oacute; que una cosa es la significaci&oacute;n del texto literario y otra muy distinta su interpretaci&oacute;n; nos descubri&oacute; que esa antiguamente enigm&aacute;tica joya de la cultura popular de las Islas que es el silbo gomero no es otra cosa que un sistema fonol&oacute;gico en miniatura, un sistema fonol&oacute;gico reducido a los contrastes b&aacute;sicos de todos los sistemas fonol&oacute;gicos del mundo (vocal / consonante, grave / agudo e interrupto / continuo), por lo que resulta tan interesante para los estudios del lenguaje en general; etc&eacute;tera, etc&eacute;tera. Y todos estos descubrimientos o iluminaciones filol&oacute;gicas trascedentes que hizo don Ram&oacute;n Trujillo han dado lugar a tesinas y tesis (que, como sabemos, constituyen la expresi&oacute;n m&aacute;xima de la vida universitaria) de sus disc&iacute;pulos, como la tesis doctoral de toponimia palmera de Carmen D&iacute;az Alay&oacute;n, la tesis doctoral del campo sem&aacute;ntico del deporte de Maximiano Trapero, la tesis doctoral sobre el habla rural grancanaria de Manuel Almeida, la tesis doctoral sobre los tiempos y modos en la gram&aacute;tica de Bello de Josefa Dorta, la tesis doctoral sobre los verbos de movimiento de Dolores Garc&iacute;a Padr&oacute;n, la tesis doctoral sobre la socioling&uuml;&iacute;stica de los relativos de Juana Herrera Santana, la tesis doctoral sobre las nominalizaciones verbales de Gonzalo Ortega, la tesis doctoral sobre la fon&eacute;tica del habla de Valencia, en Venezuela, de Manuel Navarro, la tesis doctoral sobre lexicograf&iacute;a de Humberto Hern&aacute;ndez o mi tesis doctoral sobre las preposiciones espa&ntilde;olas. As&iacute; agrand&oacute; don Ram&oacute;n Trujillo a sus alumnos y a la Universidad de La Laguna toda, hasta el punto de que en el mundo cient&iacute;fico se suele hablar de Escuela de Sem&aacute;ntica de La Laguna, en gran parte creada por &eacute;l. Esa es una de las propiedades que define al maestro genuino frente a aquellos que no lo son: que no se limita a repetir el saber, sino que lo crea y lo hace crecer.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, digo que don Ram&oacute;n Trujillo fue un consumado maestro por su antidogmatismo, por la capacidad que tuvo siempre para desmontar o desenmascarar lo que de camelo hay en la inmensa mayor&iacute;a de las modas, sectas o capillas a que tan dado es nuestro mundo profesional y que los ac&oacute;litos se limitan a repetir servilmente hasta la saciedad, sin el m&aacute;s m&iacute;nimo esp&iacute;ritu cr&iacute;tico. Don Ram&oacute;n ense&ntilde;&oacute; siempre que la &uacute;nica forma de entender algo a derechas es pensar por cuenta propia.
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, digo que don Ram&oacute;n fue un consumado maestro porque siempre se coloc&oacute; m&aacute;s all&aacute; de todo localismo est&eacute;ril, considerando que el verdadero saber es universal. No hay ling&uuml;&iacute;stica majorera, canaria, espa&ntilde;ola o amaz&oacute;nica, como no hay matem&aacute;ticas majoreras, canarias, espa&ntilde;olas o amaz&oacute;nicas. El saber verdadero es universal, desc&uacute;bralo un majorero, un canario un espa&ntilde;ol o un indio de la Amazon&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Y, en cuarto lugar, digo que don Ram&oacute;n fue un verdadero maestro, porque fue bueno, y sin bondad no hay magisterio. Es m&aacute;s, el magisterio no es otra cosa que la ense&ntilde;anza de lo bueno predicado con el ejemplo. Dif&iacute;cilmente puede encontrarse entre nosotros a alguien que pueda decir que don Ram&oacute;n lo ofendiera. Don Ram&oacute;n no quitaba, sino que daba siempre. Hasta tal punto es esto as&iacute;, que buena parte de los profesores que hemos impartido clase en la Universidad de La Laguna y algunos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria lo hemos hecho no s&oacute;lo porque &eacute;l nos form&oacute;, sino tambi&eacute;n porque &eacute;l nos apoy&oacute; con justicia para conseguir plaza en ellas.
    </p><p class="article-text">
        Las cuatro cosas que acabo de citar (penetraci&oacute;n para llegar al fondo de las cosas, libertad de pensamiento, universalidad del saber y bondad) las transmiti&oacute; siempre don Ram&oacute;n a sus disc&iacute;pulos de forma incansable.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; azares (en la vida, excepto la muerte, que es inexorable, todo es azar, como sabemos por experiencia propia los que vamos cumpliendo a&ntilde;os) conspiraron para convertir a don Ram&oacute;n en un excelente maestro? Yo creo que entre esos azares hay por lo menos cinco que no pueden dejar de citarse.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, se encuentra su talento y su ingenio, puesto de manifiesto no s&oacute;lo en la hondura con que penetraba en el estudio de los textos ling&uuml;&iacute;sticos y literarios, sino tambi&eacute;n en su fin&iacute;simo sentido del humor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, el magisterio de don Ram&oacute;n se deb&iacute;a tambi&eacute;n a su enorme capacidad de trabajo, que le permiti&oacute; publicar decenas y decenas de libros y art&iacute;culos de revistas de sem&aacute;ntica, gram&aacute;tica, fonolog&iacute;a, dialectolog&iacute;a, etc., que han dado la vuelta al mundo, impartir decenas y decenas de conferencias y cursos universitarios en universidades espa&ntilde;olas, europeas y americanas, dirigir decenas de tesinas y tesis doctorales, fundar y dirigir durante muchos a&ntilde;os el Instituto Universitario de Ling&uuml;&iacute;stica Andr&eacute;s Bello y la Academia Canaria de la Lengua.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, tambi&eacute;n debi&oacute; de influir en la competencia profesional o arte de ense&ntilde;ar e investigar de don Ram&oacute;n el ejemplo de su padre, don Ram&oacute;n Trujillo Torres, excelente maestro de qu&iacute;mica, como recuerdan frecuentemente con veneraci&oacute;n sus mismos disc&iacute;pulos, y su t&iacute;o Juan Manuel Trujillo, excelente ensayista de temas canarios y universales, que tantas lecturas le recomendaron y tantos procederes le inculcaron.
    </p><p class="article-text">
        En cuarto lugar, debi&oacute; de jugar asimismo un papel importante en la profesionalidad de don Ram&oacute;n el magisterio y el apoyo de su maestro Gregorio Salvador, que introdujo en nuestra universidad de La Laguna los nombres de los grandes ling&uuml;istas europeos (Saussure, Trubetzkoy, Hjelmslev, Jakobson, Martinet, Coseriu...), sentando as&iacute; las bases de los modernos estudios de letras en su facultad de Filolog&iacute;a, Rom&aacute;nicas o Humanidades.
    </p><p class="article-text">
        En quinto lugar, por &uacute;ltimo, creo que fue fundamental tambi&eacute;n para nuestro maestro el amor y la complicidad de su esposa, do&ntilde;a &Eacute;rika Morales, y sus hijos, Ram&oacute;n y &Eacute;rika. Sin estos amores y complicidades familiares, todo hubiera sido, sin ninguna duda, mucho m&aacute;s dif&iacute;cil para don Ram&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Don Ram&oacute;n fue uno de esos seres humanos que suelen pasar por la vida enriqueciendo con su magisterio y bondad la sociedad y el mundo social, cient&iacute;fico o art&iacute;stico a que pertenecieron. Y esta circunstancia ha hecho a&uacute;n m&aacute;s tr&aacute;gico su desaparici&oacute;n, aunque nos haya quedado la memoria de su generosidad y el consuelo de su obra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/maestro-profesor_132_13052310.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Mar 2026 10:54:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Maestro, más que profesor]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La retórica del insulto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/retorica-insulto_132_13034283.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay quienes dicen que los que manejan a la perfección el dudoso arte de insultar son unos buenos parlamentarios. Yo creo que son un peligro público. Cuanto más se radicalice la vida política, peor para todos. El buen político es el que contribuye a la paz social, no el que la hace imposible
</p></div><p class="article-text">
        La intransigencia y la tiran&iacute;a, manifi&eacute;stense en el terreno que se manifiesten (en el de los hechos o en el de las palabras), suelen conducir al silencio o al insulto, que son reacciones a cada cual peor, porque suponen la quiebra o el fracaso del recurso de convivencia m&aacute;s importante del ser humano, que es el di&aacute;logo, el hablar cordial con el otro en busca de avenencia. Para el g&eacute;nero humano, que no es un agregado o una suma de individuos independientes o m&oacute;nadas de naturaleza distinta (para decirlo con palabra del viejo Leibniz), sino una comunidad espiritual, el di&aacute;logo es fundamental, porque es quien hace posible la convivencia y la integraci&oacute;n social. Los seres humanos dejan de ser individuos y se convierten en sociedad gracias al lenguaje. No somos solos, somos con los dem&aacute;s. El di&aacute;logo con que construimos el mundo y nos entendemos con nuestros cong&eacute;neres es el cemento de la sociedad; la base del altruismo y la solidaridad, tan consustanciales a los humanos e inexistentes o muy raros en el resto de las sociedades animales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el silencio supone la renuncia a hablar, sin m&aacute;s, trag&aacute;ndose los sapos de la mayor o menor indignaci&oacute;n que la cerraz&oacute;n, arbitrariedad o incomprensi&oacute;n del tirano provoca en la v&iacute;ctima. Con ello renunciamos a perder el tiempo, desentendi&eacute;ndonos totalmente del que abusa de nosotros, que hace o&iacute;dos sordos a cualquier cosa que se le diga, por muy razonable que esta pueda ser. Ante la incomprensi&oacute;n, la arbitrariedad o la brutalidad del otro, callamos, por temor a su reacci&oacute;n o por comodidad, aunque la indignaci&oacute;n nos corroa las entra&ntilde;as. &iquest;Qu&eacute; otra cosa podemos hacer si no queremos pelear?
    </p><p class="article-text">
        Por la suya, el insulto consiste en una recriminaci&oacute;n u ofensa hacia el que reputamos culpable de la tiran&iacute;a o de la incomprensi&oacute;n de lo que decimos, de sus actos de fuerza o intransigencia, mediante calificativos de calibre m&aacute;s o menos grueso. No hay aqu&iacute; dial&eacute;ctica cordial entre los interlocutores, sino un discurso unidireccional para destruir al rival. Es el desahogo inherente a eso que se llama en espa&ntilde;ol &ldquo;derecho al pataleo&rdquo;, &uacute;nico recurso que queda cuando se han agotado todas las posibilidades que ofrece el lenguaje de la raz&oacute;n, donde hablante y oyente intentan encontrar la verdad o llegar a un acuerdo m&aacute;s o menos l&oacute;gico. &iquest;Qu&eacute; se pretende con esta sarta de improperios o excesos verbales? Evidentemente, ofender, provocando o irritando al que nos molesta; no dialogar civilizadamente con &eacute;l. La lengua se usa aqu&iacute;, no para entenderse, encontrar la verdad o llegar a acuerdos, sino para echar fuera malos humores, desprestigiar y aun destruir al interlocutor. Son expresiones de estados de &aacute;nimo, no de conciencia y raz&oacute;n. Lo que predomina aqu&iacute; no es la funci&oacute;n representativa del lenguaje, sino la funci&oacute;n expresiva. Es una especie de exclamaci&oacute;n; de exclamaci&oacute;n imprecatoria. La misma palabra con que lo designamos<em> </em>lo dice: se trata de un salto verbal sobre alguien; de una agresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este fue el recurso que eligi&oacute; Unamuno para combatir la dictadura del rey Alfonso XIII y el dictador Miguel Primo de Rivera y sus secuaces, que hab&iacute;an secuestrado por la fuerza de las armas la libertad de los espa&ntilde;oles en el a&ntilde;o 1923 y que lo arrancaron un a&ntilde;o despu&eacute;s de su familia y de su patria y lo confinaron en la para &eacute;l lejana isla de Fuerteventura. Con ellos se despach&oacute; nuestro autor a gusto en varios sonetos de su diario de destierro <em>De Fuerteventura a Par&iacute;s</em> y en m&uacute;ltiples art&iacute;culos publicados, sobre todo, en la revista <em>Hojas Libres </em>y el peri&oacute;dico <em>Espa&ntilde;a con honra</em>, que se editaron en Francia en la &eacute;poca del destierro del autor (1924-1930). As&iacute;, de Alfonso XIII dir&aacute; don Miguel que era un &ldquo;mu&ntilde;eco&rdquo;, un &ldquo;memo&rdquo;, un &ldquo;loco&rdquo;, un &ldquo;bobo&rdquo;, un &ldquo;embustero&rdquo; y un &ldquo;blando&rdquo;; de Primo de Rivera, que era un &ldquo;tonto de capirote&rdquo;, un &ldquo;fr&iacute;volo&rdquo;, un &ldquo;botarate&rdquo;, un &ldquo;vanidoso&rdquo;, un &ldquo;bullanguero&rdquo;, un &ldquo;codicioso&rdquo;, un &ldquo;majalulo&rdquo; (en sentido recto, &lsquo;camello joven&rsquo; en el habla canaria) y un &ldquo;tonto&rdquo;; y del general represor Mart&iacute;nez Anido, que era un &ldquo;tenebroso&rdquo;, un &ldquo;bellaco&rdquo;, un &ldquo;cerdo&rdquo; y un &ldquo;verdugo negociante&rdquo;. Nunca hasta ahora se hab&iacute;a mostrado don Miguel tan contundente en la reivindicaci&oacute;n de la democracia y la libertad, de las que fue siempre un insobornable defensor, pese a las insidias de algunos modernos que deben de haber frecuentado poco su obra. Para nuestro autor, sus insultos, m&aacute;s all&aacute; de las groser&iacute;as e incluso obscenidades que implicaban, no eran algo perverso o reprobable. No se trataba de un acto de energumenismo, como los lleg&oacute; a calificar Juli&aacute;n Mar&iacute;as al analizar esta amarga etapa de la vida de don Miguel. Todo lo contrario: los insultos del rector de Salamanca a Alfonso XIII, Primo de Rivera, Mart&iacute;nez Anido, el populacho espa&ntilde;ol y los pol&iacute;ticos c&oacute;mplices del golpe de Estado primorriverista no s&oacute;lo estaban justificados, sino que constitu&iacute;an un &ldquo;deber noble, santo y justo&rdquo;, pues estaban motivados por un sentimiento o un m&oacute;vil desinteresado y alto, seg&uacute;n dice el mismo autor en carta del 14 de octubre de 1924 al general golpista Adolfo Vallespinos y Vior, que le hab&iacute;a recriminado sus improperios hacia sus superiores: &ldquo;Las serenas regiones de la doctrina -escribe don Miguel a Vallespinos- son para debatir doctrina, pero cuando se trata de debatir actos arbitrarios e injustos, tropel&iacute;as tir&aacute;nicas del Poder, entonces es noble, santo y justo lo que usted llama insulto. San Juan Bautista insult&oacute; a Herodes y fue por ello decapitado. T&aacute;cito insult&oacute; a los tiranos de Roma. V&iacute;ctor Hugo insult&oacute; a Napole&oacute;n el chico (&hellip;). Y es que hay, m&aacute;s que aun el derecho, el deber de insultar, cuando se hace movido por un noble, nobil&iacute;simo sentimiento y un m&oacute;vil desinteresado y alto. 
    </p><p class="article-text">
        El amor a Espa&ntilde;a y a la justicia exige hoy que se insulte a un poder arbitrario que est&aacute; deshonrando y envileciendo a la Patria&ldquo;. &iquest;Qu&eacute; otra cosa pod&iacute;a hacer don Miguel ante la brutalidad y sinraz&oacute;n de la dictadura pretoriana que hab&iacute;a suspendido las libertades civiles (entre ellas, la m&aacute;s querida por nuestro autor, que era la libertad de expresi&oacute;n) y desterrado y encarcelado a los que se rebelaron contra ella? &iquest;Convencer a los tiranos para que depusieran su actitud? No, porque los tiranos no estaban dispuestos a escuchar a nadie. &iquest;Callarse y transigir, como hicieron los pusil&aacute;nimes y los aprovechados, entre ellos, algunos miembros de la izquierda de entonces? Tampoco, porque la integridad moral de don Miguel se lo imped&iacute;a. Por eso no se reprimi&oacute; nuestro autor a la hora de poner como chupa de d&oacute;mine a aquellos que hab&iacute;an degradado a la patria, para ponerlos ante el espejo y que comprobaran cu&aacute;l era su verdadera catadura moral. Y en esto hab&iacute;a tenido nuestro autor un buen maestro, que era Francisco de Quevedo, que hab&iacute;a tenido que usar el mismo recurso contra el conde-duque de Olivares, que lo hab&iacute;a encarcelado por sus cr&iacute;ticas. No se trataba, por tanto, de un mero desahogo sentimental, de una forma de botar fuera la bilis que se ten&iacute;a dentro, sino de un acto de civilidad; de un afeamiento de conducta criminal. Era algo as&iacute; como cantarles las cuarenta al dictador y su pandilla para que tomaran consciencia de la gravedad de los actos que hab&iacute;an cometido, de su arbitrariedad y de su injusticia. En estas circunstancias, el insulto estaba m&aacute;s que justificado. No quedaba otra alternativa, porque no se pod&iacute;a hablar para convencer a los tiranos de la maldad de sus fechor&iacute;as y disuadirlos de ellas. Es lo que hace tambi&eacute;n el pueblo llano cuando de condenar la conducta de asesinos y psic&oacute;patas se trata: denigrarlos con improperios m&aacute;s o menos ominosos cuando salen de los juzgados o se echan a la calle. &iquest;Qu&eacute; otra cosa puede hacerse cuando ya es imposible reparar el da&ntilde;o que se ha hecho?
    </p><p class="article-text">
        Y este mismo recurso ret&oacute;rico es el que emplean muchos pol&iacute;ticos y personajes p&uacute;blicos de la Espa&ntilde;a del momento, que no paran de insultarse un d&iacute;a s&iacute; y otro tambi&eacute;n en los foros p&uacute;blicos y privados del pa&iacute;s. As&iacute;, todos recordamos c&oacute;mo, en el debate de aspirantes a presidente de las elecciones generales de 2015, Pedro S&aacute;nchez tild&oacute; a Rajoy de &ldquo;mentirosos&rdquo; y de &ldquo;persona indecente&rdquo;, y este a aquel de &ldquo;ruin, mezquino y miserable&rdquo;. A partir de entonces la espiral del insulto no ha hecho m&aacute;s que crecer en nuestro pa&iacute;s. Gabriel Rufi&aacute;n, que es uno de pol&iacute;ticos del momento que m&aacute;s pr&aacute;ctica el g&eacute;nero, llam&oacute; recientemente nada m&aacute;s y nada menos que &ldquo;in&uacute;til, mentiroso, homicida y psic&oacute;pata&rdquo; a Carlos Maz&oacute;n, entonces presidente de la Generalitat Valenciana; &ldquo;g&aacute;nster&rdquo;, &ldquo;mamporrero&rdquo;, &ldquo;lacayo&rdquo; y &ldquo;conspirador&rdquo;, a Daniel Alfonso, exdirector de Antifraude;&nbsp;&ldquo;fascista y hooligan&rdquo;, al exministro Josep Borrell; y &ldquo;patriota de cart&oacute;n piedra&rdquo; y &ldquo;miserables y ratas&rdquo;, a determinados miembros de Junts per Catalunya. Pablo Iglesias Turri&oacute;n acaba de llamar &ldquo;escuadrista, provocador y fascista&rdquo; al periodista Vito Quiles.&nbsp;Dirigentes de Junts per Catalunya motejan de &ldquo;indocumentado y nazi&rdquo; al citado Gabriel Rufi&aacute;n. Determinados l&iacute;deres del Frente Obrero consideran que la periodista Sarah P&eacute;rez es una &ldquo;concubina medi&aacute;tica disfrazada de analista pol&iacute;tica&rdquo;. Bel&eacute;n Navarro Ca&ntilde;ete, concejala del ayuntamiento de Vallanca, grita a voz en cuello en un mitin del partido socialista al presidente del Gobierno de Espa&ntilde;a que es un &ldquo;hijo de puta&rdquo;. En una manifestaci&oacute;n reciente en Denia, ciertos manifestantes llaman &ldquo;perro y guarro&rdquo; al citado Gabriel Rufi&aacute;n. Y as&iacute; hasta el infinito.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Hasta qu&eacute; punto est&aacute;n justificados estos insultos en un r&eacute;gimen democr&aacute;tico como el nuestro? &iquest;Por qu&eacute; han llegado nuestros representantes p&uacute;blicos a este nivel de degradaci&oacute;n moral? &iquest;Por qu&eacute; se encuentra tan desbocada la actual pol&iacute;tica espa&ntilde;ola? &iquest;Qu&eacute; justificaci&oacute;n tiene el insulto en la Espa&ntilde;a moderna? Evidentemente, ninguna. Afortunadamente, la situaci&oacute;n de la Espa&ntilde;a actual nada tiene que ver con la que tuvo que sufrir Unamuno en la d&eacute;cada de los veinte del siglo pasado y que, como acabamos de decir, justificaban sobradamente sus incontinencias verbales. Vivimos en una sociedad democr&aacute;tica donde hay libertad de expresi&oacute;n y los derechos de los ciudadanos (entre ellos, la imprescindible libertad de expresi&oacute;n) se encuentran protegidos por las leyes. En esta situaci&oacute;n, no tiene ninguna justificaci&oacute;n el insulto. Se puede hablar y el interlocutor tiene la obligaci&oacute;n de escuchar, para que los dem&aacute;s lo escuchen. &iquest;Que la derecha critica el proceder de la izquierda al pactar con independentistas? Pues hay que o&iacute;rla, aunque uno crea que no tiene raz&oacute;n. Su obligaci&oacute;n es protestar contra todo aquello que vaya contra sus planteamientos ideol&oacute;gicos. Otra cosa ser&iacute;a que cuestionara la legitimidad de esos pactos, que gozan obviamente de los parabienes necesarios a toda acci&oacute;n democr&aacute;tica, que es el respaldo de las mayor&iacute;as. &iquest;Que la patronal se queja porque el gobierno del Estado no los tiene en cuenta a la hora de subir el salario m&iacute;nimo interprofesional? Pues hay que o&iacute;rla tambi&eacute;n, no insultarla. Su obligaci&oacute;n es protestar contra todo aquello que vaya contra sus intereses mercantiles o empresariales. Otra cosa ser&iacute;a que cuestionara la legitimidad de la medida, absolutamente democr&aacute;tica, porque cuenta tambi&eacute;n con las bendiciones del parlamento. Como todo el mundo sabe, una cosa es que algo no coincida con los planteamientos de uno y otra muy distinta que ese algo sea ilegal o antidemocr&aacute;tico. Es lo normal en las democracias liberales. En la Espa&ntilde;a moderna, incluso los que quieren acabar con el Estado (los independentistas) tienen derecho a expresar libremente sus ideas, sin que se les insulte o se les meta en la c&aacute;rcel. &ldquo;Los Diputados y Senadores gozar&aacute;n de inviolabilidad por las opiniones manifestadas en el ejercicio de sus funciones&rdquo;, proclama el art&iacute;culo 71 de nuestra vigente Constituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y &iquest;por qu&eacute;, si eso es as&iacute;, si, seg&uacute;n nuestro ordenamiento jur&iacute;dico, tenemos derecho a expresar libremente nuestras opiniones e ideas, si podemos hablar libremente, hay gente que nos insulta cuando no comparte lo que decimos? &iquest;Por qu&eacute;, a poco que uno discrepe de los dem&aacute;s y se atreva a traspasar los l&iacute;mites de lo pol&iacute;ticamente correcto, que es lo que conviene a los que gobiernan, lo tratan de &ldquo;fascista&rdquo;, &ldquo;dictador&rdquo;, &ldquo;machista&rdquo; o cosas peores? &iquest;Por qu&eacute; no se usa la lengua para dialogar, en lugar de para insultar? &iquest;Por qu&eacute; se ha renunciado a la posibilidad de negociar y pactar y se ha optado por el desahogo emocional? Pues por cinco razones fundamentales. En primer lugar, porque se tiene miedo a la libertad, que suele conducir a discrepancias m&aacute;s o menos inc&oacute;modas, que hacen dif&iacute;cil el ejercicio del poder e impiden que el que gobierna haga lo que le venga en gana. En segundo lugar, porque se tienen dudas de la bondad y decencia de los planteamientos de uno. En tercer lugar, porque se est&aacute; fan&aacute;ticamente convencido de ellos. En cuarto lugar, por la falta de empat&iacute;a y respeto hacia el rival. El jefe de la oposici&oacute;n Alberto Feijoo no puede ver al presidente del gobierno Pedro S&aacute;nchez ni este a aquel. Y esto es grave, porque se trata de las personas que representan a la inmensa mayor&iacute;a de los espa&ntilde;oles. Y, en quinto lugar, se ha optado por el desahogo destructivo por pura estrategia pol&iacute;tica: interesa radicalizar al electorado para mantenerlo fiel y para eso el lenguaje emocional del insulto viene a las mil maravillas. Exagerando los defectos y los peligros del rival pol&iacute;tico mediante el insulto para azuzar el fantasma del miedo nos ganamos la adhesi&oacute;n incondicional de los que pueden auparnos en el poder o perpetuarnos en &eacute;l, mediante el voto. Precisamente por ello ser&iacute;a impensable (y yo creo que es una desgracia para el bien com&uacute;n) que el partido de la oposici&oacute;n apoyara al que gobierna cuando de los grandes asuntos nacionales (educaci&oacute;n, pol&iacute;tica territorial, defensa, sanidad, etc.) se trata. Gran parte de nuestros dirigentes pol&iacute;ticos nacionales se han cerrado en banda. Y, cuando la gente se cierra en banda, entonces surge el insulto, que, por su naturaleza emocional, es contrario a la democracia, que se basa en el imperio de la raz&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y lo malo de todo esto es que el insulto no sale nunca gratis. Y menos aquel que circula desbocadamente por la calle o se produce en el marco sagrado de las instituciones p&uacute;blicas o de los medios de comunicaci&oacute;n, que lo legitiman y le dan prestigio. En primer lugar, no sale nunca gratis porque, como la vida p&uacute;blica es el espejo en que se mira el resto de los ciudadanos, con el tiempo el insulto termina extendi&eacute;ndose a la vida privada de la gente, creando as&iacute; un clima de convivencia social y familiar irrespirable. &iquest;Hasta qu&eacute; punto el lenguaje agresivo de algunos de nuestros j&oacute;venes actuales, incluso en el &aacute;mbito educativo, no est&aacute; motivado por la ret&oacute;rica del insulto que impera en las broncas del parlamento nacional, en los debates p&uacute;blicos y en las tertulias radiof&oacute;nicas y televisivas del pa&iacute;s, donde cada cual aspira a decir la barrabasada mayor para lucirse? Y, en segundo lugar, el insulto en la vida p&uacute;blica no sale nunca gratis porque la violencia verbal solivianta las pasiones y puede armarse la de Dios es Cristo. Ya el otro d&iacute;a, en el parlamento espa&ntilde;ol, dijo m&aacute;s o menos un ministro a un miembro de la oposici&oacute;n que no paraba de insultarlo que lo que le estaba diciendo en sede parlamentaria no se atrev&iacute;a a dec&iacute;rselo en la calle. S&oacute;lo falt&oacute; decirle que eligiera las armas y buscara padrino. Del insulto hay que huir como del demonio, excepto que sea absolutamente imprescindible para protestar contra todos aquellos que intentan amordazarnos para que no hablemos. Hay quienes dicen que los que manejan a la perfecci&oacute;n el dudoso arte de insultar son unos buenos parlamentarios. Yo creo que son un peligro p&uacute;blico. Cuanto m&aacute;s se radicalice la vida pol&iacute;tica, peor para todos. El buen pol&iacute;tico es el que contribuye a la paz social, no el que la hace imposible.
    </p><p class="article-text">
        Por eso piensan tantos espa&ntilde;oles que es necesario volver al esp&iacute;ritu de concordia y negociaci&oacute;n que presidi&oacute; la transici&oacute;n democr&aacute;tica del 78, partiendo del principio de que, cuando se trata de pactar, todos tenemos que ceder algo en nuestros planteamientos; de que no podemos imponer nuestras convicciones a machamartillo, sino que tenemos que asumir parte de los planteamientos de los dem&aacute;s, para que ellos asuman parte de los nuestros. Es lo l&oacute;gico, porque, en toda sociedad humana sana, conviven siempre los valores de la tradici&oacute;n, que representa las llamadas <em>derechas</em>, con las innovaciones de la modernidad, que representan <em>las izquierdas</em>, imprescindibles las unas y las otras. En el equilibrio entre estos dos tipos de valores y la armon&iacute;a con que evolucionen conjuntamente, se encuentra el &eacute;xito de una sociedad civilizada. Hay que decirlo claro: no se trata s&oacute;lo de &ldquo;vencer&rdquo;; hay que convencer y para ello es necesario dialogar, no insultar, que, como hemos visto, no es un discurso cordial, sino un discurso de odio, contrario al di&aacute;logo. Una cosa es &ldquo;vencer&rdquo; (sea mediante la aritm&eacute;tica parlamentaria, el decreto o las armas) y otra muy distinta &ldquo;convencer&rdquo;, como les dijo don Miguel de Unamuno a los secuaces del golpista Franco en los albores de la dictadura m&aacute;s sanguinaria que ha sufrido nuestro pa&iacute;s a lo largo de su historia y que todos estamos obligados a evitar que vuelva a repetirse, para seguir disfrutando de dignidad humana.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/retorica-insulto_132_13034283.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Mar 2026 17:39:19 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La retórica del insulto]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los disparates lingüísticos de Bad Bunny]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/disparates-linguisticos-bad-bunny_132_13014384.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La gente suele pensar que la lengua verdadera es la que ella habla o la que el poder político o académico le ha presentado como tal a través de la escuela, la burguesía y los medios de comunicación
</p></div><p class="article-text">
        D&iacute;as atr&aacute;s me preguntaron en un programa de radio mi opini&oacute;n sobre la lengua que habla <strong>el cantante puertorrique&ntilde;o Bad Bunny</strong>, actualmente tan en boga por su intervenci&oacute;n en la recepci&oacute;n de los premios Grammy y su valiente actuaci&oacute;n en la gala de la Super Bowl americana. &iquest;Habla Bad Bunny espa&ntilde;ol? &iquest;Habla <em>spanglish</em>? &iquest;Habla una jerga de otra galaxia? La pregunta, un tanto extempor&aacute;nea, dicho sea de paso, porque yo no me hallaba en la emisora para hablar del asunto, sino del espa&ntilde;ol de Canarias, no me cogi&oacute;, sin embargo, de sofate. Las dudas acerca de la correcci&oacute;n del espa&ntilde;ol que usa el cantante caribe&ntilde;o en sus actuaciones y conciertos no constituye ninguna novedad para los conocedores de su trayectoria art&iacute;stica. Basta con echar un vistazo a las redes sociales para comprobar hasta qu&eacute; punto est&aacute; extendida la opini&oacute;n de que Bad Bunny es un prevaricador de la lengua espa&ntilde;ola. As&iacute;, sin ir m&aacute;s lejos, en el popular YouTube nos encontramos con afirmaciones de este jaez, algunas de ellas no exentas de iron&iacute;a m&aacute;s o menos ingeniosa: &ldquo;Cuando canta, no se le entiende&rdquo;, &ldquo;No habla, sino que ladra&rdquo;, &ldquo;Da pena, pobre hombre; si es que, pobrecito m&iacute;o, le cuesta hasta vocalizar&rdquo;, &ldquo;Con trabajo se le entiende lo que dice, y eso que habl&oacute; lento&rdquo;, &ldquo;No canta, no habla bien espa&ntilde;ol, no tiene carisma&rdquo;, &ldquo;Es m&aacute;s probable que me gane la loter&iacute;a que que Bad Bunny pueda dar un discurso de cuatro frases y con alg&uacute;n sentido&rdquo;, &ldquo;No habla en espa&ntilde;ol&rdquo;, &ldquo;No sabe hablar ni espa&ntilde;ol ni ingl&eacute;s&rdquo;, &ldquo;No sabe cantar, no se entiende lo que dice&rdquo;, &ldquo;S&oacute;lo balbucea cuando canta&rdquo;, &ldquo;S&oacute;lo balbucea estupideces&rdquo;, &ldquo;Este tipiko no canta; lo que hace es gritar&rdquo; o &ldquo;Hay mejores m&uacute;sicos y le dan el premio a un bobo, que no puede ni pronunciar bien las palabras&rdquo;. Como si todo el mundo se hubiera confabulado para dar la raz&oacute;n al actual presidente de los Estados Unidos de Am&eacute;rica, que, tras la intervenci&oacute;n del cantante latino en la fiesta de la Super Bowl, escribi&oacute; indignado en las redes sociales que &ldquo;nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es lo que pasa aqu&iacute;? &iquest;Es verdad que no hay quien entienda las tan hipersexuales y <em>underground</em> canciones de Bad Bunny? &iquest;Se puede cuestionar la hispanidad de su forma de hablar? Evidentemente, no. La lengua que habla y canta este &iacute;dolo musical de muchos de los j&oacute;venes de hoy es indudablemente espa&ntilde;ol, porque la fon&eacute;tica, la gram&aacute;tica y el l&eacute;xico que emplea en sus canciones y en su vida diaria no son otra cosa que la fon&eacute;tica, la gram&aacute;tica y el l&eacute;xico de la lengua espa&ntilde;ola. Lo que ocurre es que no se trata del espa&ntilde;ol acad&eacute;mico o formal, sino del espa&ntilde;ol particular de su pa&iacute;s de origen (Puerto Rico), algunas de cuyas particularidades (las m&aacute;s destacadas, sobre todo) se reflejan en sus composiciones musicales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, se refleja en la letra de sus composiciones musicales la p&eacute;rdida de la -s implosiva o de final de s&iacute;laba (tras haberse aspirado previamente), tan sistem&aacute;tica en el nivel m&aacute;s popular de su modalidad ling&uuml;&iacute;stica. Es lo que vemos en textos como &ldquo;Vamo&rsquo; a tirarno&rsquo; un selfie&rdquo; (en lugar de &ldquo;Vamos a tirarnos un selfie&rdquo;), &ldquo;Cada uno de ustede&rsquo; significa mucho para m&iacute;&rdquo; (en lugar de &ldquo;Cada uno de ustedes significa mucho para m&iacute;&rdquo;), &ldquo;Pero las tre&rsquo; son una&rsquo; diabla&rsquo;&rdquo; (en lugar de &ldquo;Pero las tres son unas diablas&rdquo;), que encontramos en las canciones que llevan por t&iacute;tulo &ldquo;Tit&iacute; me pregunt&oacute;&rdquo;, &ldquo;Deb&iacute; tirar m&aacute;s fotos&rdquo; y &ldquo;Yo perreo sola&rdquo;, respectivamente.
    </p><p class="article-text">
        Se refleja en la letra de sus canciones la neutralizaci&oacute;n puertorrique&ntilde;a (y de otras variedades hisp&aacute;nicas) de la oposici&oacute;n conson&aacute;ntica r / l, en favor del segundo elemento, como se comprueba en el <em>NuevaYol</em> que da t&iacute;tulo a una de sus canciones m&aacute;s populares y el <em>Soy de Puelto Rico</em> que se le oye decir en tantas de sus entrevistas de radio o televisi&oacute;n, por ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        Se refleja en la letra de sus composiciones la frecuent&iacute;sima asimilaci&oacute;n (tras aspiraci&oacute;n, tambi&eacute;n) que experimentan en el habla de su regi&oacute;n los grupos conson&aacute;nticos /rn/, /rl/, /rt/, /sm/, etc., como pone de manifiesto el &ldquo;Ponte en cuatro, que te vo&rsquo;a dar fuete&rdquo; (<em>fuette</em>, ten&iacute;a que haberse escrito, para hacer justicia a la pronunciaci&oacute;n) (en lugar de &ldquo;Ponte en cuatro, que te voy a dar fuerte&rdquo;), de &ldquo;Voy llevarte pa PR&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se refleja en la letra de sus composiciones la sistem&aacute;tica p&eacute;rdida de la /d/ intervoc&aacute;lica propia del habla de su pa&iacute;s y de otros registros populares del espa&ntilde;ol, como vemos en &ldquo;De la&rsquo;o a la&rsquo;o, ping-pong&rdquo; (en lugar de &ldquo;De lado a lado, ping-pong&rdquo;), &ldquo;Ey, tengo el pecho pela&rsquo;o, me dio una mat&aacute;&rsquo;&rdquo; (en lugar de &ldquo;Ey, tengo el pecho pelado, me dio una matada&rdquo;) o &ldquo;Vine ready ya, puesta pa una cepill&aacute;&rsquo;&rdquo; (en lugar de &ldquo;Viene ready ya, puesta para una cepillada&rdquo;) de las canciones <em>Nuevayol</em>,&nbsp;<em>Deb&iacute; tirar m&aacute;s fotos</em> y <em>Safaera</em>, respectivamente.
    </p><p class="article-text">
        Se refleja en la letra de sus composiciones determinados rasgos gramaticales del Caribe, como: a) La anteposici&oacute;n del sujeto al predicado en las oraciones interrogativas: v. gr., &ldquo;&iquest;Qu&eacute; t&uacute; te cree&rsquo;, jod&iacute;o cabr&oacute;n?&rdquo;&nbsp;(en lugar de &ldquo;&iquest;Qu&eacute; te crees t&uacute;, jodido cabr&oacute;n?&rdquo;), &ldquo;Rojo, blanco, negro, &iquest;cu&aacute;l t&uacute; quieres?&rdquo; (en lugar de &ldquo;Rojo, blanco, negro, &iquest;cu&aacute;l quieres t&uacute;?&rdquo;), &ldquo;Dime, baby, &iquest;d&oacute;nde t&uacute; est&aacute;&rsquo;?&rdquo; (en lugar de &ldquo;Dime, baby, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;s t&uacute;?&rdquo;) de las canciones <em>Safaera</em>, <em>M&oacute;naco</em> y <em>Deb&iacute; tirar m&aacute;s fotos</em>, respectivamente; y b) La profusi&oacute;n de diminutivos afectivos: &ldquo;Por eso es que me gusta ir contigo a la playita / y llenarte de besitos la carita, / y un d&iacute;a juntito&rsquo; es lo que yo necesito&rdquo; de la canci&oacute;n <em>Weltita</em>.
    </p><p class="article-text">
        Y se refleja en la letras de sus composiciones algunas de las voces m&aacute;s comunes de su modalidad ling&uuml;&iacute;stica (muchas de ellas, dicho sea de paso, de procedencia canaria), como <em>botar </em>(&ldquo;La nena bailando se bot&oacute;&rdquo;, dice en <em>Safaera</em>),<em> parar </em>&lsquo;poner de pie&rsquo; (&ldquo;Parao, parao, parao lo tengo&rdquo;, en &iacute;dem), <em>lamber </em>(&ldquo;Baja pa casa que yo te lambo toa&rdquo;, en &iacute;dem), <em>zafadera </em>(&ldquo;Diablo, qu&eacute; safaera&rdquo;, en &iacute;dem), <em>chingar </em>(&ldquo;Se ve que chinga rico&rdquo;, en &iacute;dem),<em> g&uuml;iro </em>(&ldquo;Y ser&iacute;a cabr&oacute;n que t&uacute; me toque&rsquo; el g&uuml;iro&rdquo;, en <em>Deb&iacute; tirar m&aacute;s fotos</em>), <em>estad&iacute;a </em>(&ldquo;Que mi estad&iacute;a cerca de ti ya se termin&oacute;&rdquo;, en &iacute;dem),<em> janguear </em>(&ldquo;Dile que esta noche vamo&rsquo; a janguear&rdquo;, en &ldquo;Voy llevarte pa PR&rdquo;), <em>pichar </em>(&ldquo;Ante&rsquo; t&uacute; me pichaba&rsquo; (t&uacute; me pichaba), / ahora yo picheo&rdquo;, en <em>Yo perreo sola</em>),&nbsp;<em>tit&iacute; </em>(&ldquo;Tit&iacute; me pregunt&oacute; si tengo muchas novia&rsquo;&rdquo;, en <em>Tit&iacute; me pregunt&oacute;</em>),<em> vacilar</em> (&ldquo;Si quiere&rsquo; vacilar, sube t&uacute; pa la monta&ntilde;a&rdquo;, en &ldquo;Caf&eacute; con ron&rdquo;) o <em>virar</em> (&ldquo;Dale, mami, p&eacute;gate (&iexcl;ah!), v&iacute;rate&rdquo;, en <em>Eoo</em>).
    </p><p class="article-text">
        Es el hecho que comentamos, el hecho de que, como es l&oacute;gico, emplee el cantante puertorrique&ntilde;o la forma de hablar corriente y moliente de su pueblo, que es el que le es natural, el que da a las letras de sus composiciones musicales un aire un tanto ex&oacute;tico o extra&ntilde;o para aquellos que ignoran el espa&ntilde;ol popular del Caribe. No es, por tanto, que Bad Bunny &ldquo;balbucee&rdquo;, &ldquo;ladre&rdquo;, &ldquo;grite&rdquo;, &ldquo;no sepa vocalizar&rdquo;, &ldquo;no hable espa&ntilde;ol&rdquo; o &ldquo;no pueda pronunciar bien las palabras de nuestra lengua&rdquo;, como afirman algunos de sus cr&iacute;ticos m&aacute;s desconsiderados, sino simplemente que habla un espa&ntilde;ol muy particular: el espa&ntilde;ol de Puerto Rico, que es su naci&oacute;n de origen. Y es l&oacute;gico que as&iacute; sea, porque el ser humano s&oacute;lo puede hablar sin traicionar su identidad la modalidad ling&uuml;&iacute;stica que mam&oacute; con la leche de su madre, que es la que organiza su geograf&iacute;a, su historia, su flora, su fauna, la sociedad a la que pertenece, su personalidad, etc&eacute;teras, y que todos debemos respetar, aunque s&oacute;lo fuera para que los dem&aacute;s respetaran la nuestra. Como dice Unamuno con met&aacute;fora fisiol&oacute;gica, en el espa&ntilde;ol de Am&eacute;rica &ldquo;hay mucho de diferencial, debido a que el cambio de clima y de &iacute;ntimas condiciones de vida y la mezcla de diversas sangres materiales modifica o la composici&oacute;n misma de aquella sangre espiritual que dec&iacute;a, o el ritmo, por lo menos, de su circulaci&oacute;n, as&iacute; como su manera de renovar los tejidos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si a lo que acabamos de indicar a&ntilde;adimos que el reguet&oacute;n, que es el g&eacute;nero musical que practica el cantante puertorrique&ntilde;o: a) es de raigambre popular y, por tanto, exige el lenguaje llano del pueblos, b) tiene un ritmo repetitivo y cansino, c) usa ciertas voces neol&oacute;gicas, como <em>perrear </em>&lsquo;bailar reguet&oacute;n&rsquo; (&ldquo;Vamo&rsquo; a perrear, la vida es corta&rdquo;, en <em>Yo perreo sola</em>), <em>corillo </em>&lsquo;grupo de amigos&rsquo; (&ldquo;Cuida&rsquo;o con mi corillo, que somo&rsquo; un mont&oacute;n&rdquo;, en <em>El apag&oacute;n</em>)&nbsp; o <em>diabla </em>&lsquo;mujer seductora y poderosa&rsquo; (&ldquo;Mi diabla, mi &aacute;ngel, mi loquita&rdquo;, en <em>Baile inolvidable</em>), d) viola determinadas convenciones ortogr&aacute;ficas para aproximar la lengua escrita a la lengua hablada (&ldquo;Weltita&rdquo; y &ldquo;Safaera&rdquo;, por ejemplo, dan nombre a dos canciones de su repertorio, en lugar de <em>Vueltita</em> y <em>Zafadera</em>) y e) est&aacute; muy influido por el ingl&eacute;s de los Estados Unidos de Am&eacute;rica, de donde ha tomado voces como <em>brother </em>(&ldquo;Brother, yo no s&eacute; ni c&oacute;mo llegu&eacute; a cada anoche&rdquo;, dice en <em>Caf&eacute; con ron</em>), <em>sunset </em>(&ldquo;Otro sunset bonito que veo en San Juan&rdquo;, en <em>Deb&iacute; tirar m&aacute;s fotos</em>), <em>chequear </em>(&ldquo;Chequ&eacute;ate la m&iacute;a c&oacute;mo es que suena&rdquo;, en &iacute;dem), <em>ready </em>(&ldquo;Vine ready ya, puesta pa una cepill&aacute;&rsquo;&rdquo;, en <em>Safaera</em>), <em>panty </em>(&ldquo;&iquest;C&oacute;mo te atreve&rsquo; a venir sin panty?&rdquo;, en &iacute;dem), <em>yes </em>(&ldquo;Ese culo se merece to&rsquo;, se merece to&rsquo;, yes&rdquo;, en &iacute;dem), <em>baby </em>(&ldquo;Bien borracho&rsquo; los tre&rsquo;, baby, a las do&rsquo; me las vo&rsquo;a llevar&rdquo;, en <em>Voy llevarte pa PR</em>), <em>wait </em>(&ldquo;Tiene a 20 en lista de waiting (dale)&rdquo;, en <em>Eoo</em>) y hasta su acertado nombre propio (&ldquo;Bad Bunny&rdquo;, entre otras cosas, paronomasia del famoso juguet&oacute;n, divertido, travieso, irreverente e inteligente conejo de la suerte norteamericano &ldquo;Bugs Bunny), tendremos perfectamente explicadas las causas de la impresi&oacute;n que tienen muchos hispanohablantes de que Bad Bunny o no habla bien espa&ntilde;ol o habla una extra&ntilde;a jerga que no hay Dios que entienda. La gente suele pensar que la lengua verdadera es la que ella habla o la que el poder pol&iacute;tico o acad&eacute;mico le ha presentado como tal a trav&eacute;s de la escuela, la burgues&iacute;a y los medios de comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente, a causas distintas de las comentadas se debe el hecho de que el presidente yanqui no entendiera al cantante boricua en su memorable participaci&oacute;n en la Super Bowl, como, seg&uacute;n se dijo m&aacute;s arriba, se apresur&oacute; a publicar en las redes sociales despu&eacute;s de la glamurosa gala. En efecto, si no entendi&oacute; <strong>Trump</strong> una palabra de lo que cant&oacute; el para &eacute;l inc&oacute;modo reguetonero latino, no fue tanto porque desconociera su particular forma de hablar (que, teniendo en cuenta su desprecio por lo hispano, lo m&aacute;s probable es que ni siquiera sepa que existe) como porque est&aacute; convencido de que todo aquello que no sea ingl&eacute;s no es hablar, sino mero &ldquo;gru&ntilde;ido&rdquo; de lo que &eacute;l considera la &ldquo;desquiciada basura extranjera&rdquo;, sea hispanoamericana o de cualquier otra zona deprimida del planeta, que ha invadido los Estados Unidos de Am&eacute;rica para &ldquo;comerse las mascotas de sus ciudadanos&rdquo; y poner en riesgo su privilegiado mundo de confort. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/disparates-linguisticos-bad-bunny_132_13014384.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Feb 2026 17:57:55 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los disparates lingüísticos de Bad Bunny]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La importancia de los nombretes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/importancia-nombretes_132_12996119.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">De los dos tipos de nombres extraoficiales que hay en español (hipocorísticos y nombretes), son los nombretes en particular (sean estos individuales, como el Muela, el Rompebragas o el Cagalera, o étnicos, como pejines, caballas o gatos) los que presentan mayor fuerza identificadora, por el componente léxico que implican
</p></div><p class="article-text">
        Existen dos tipos de nombres de persona (sean comunes o propios) radicalmente distintos: nombres oficiales, formales o autorizados por el poder y nombres extraoficiales, oficiosos, no formales o no autorizados por el poder.
    </p><p class="article-text">
        Los nombres de persona oficiales, formales o autorizados por el poder, constituidos por los llamados <em>nombres propios </em>(con nombre de pila y dos apellidos, como <em>Miguel de Cervantes Saavedra </em>o<em> Josefina de la Torre Millares</em>) y <em>gentilicios detopon&iacute;micos </em>(<em>italiano, leon&eacute;s, argentino </em>o <em>grancanario</em>), tienen por funci&oacute;n identificar objetivamente la persona aludida, sin la m&aacute;s m&iacute;nima connotaci&oacute;n axiol&oacute;gica o valorativa. Cuando hablamos de <em>Miguel de Cervantes Saavedra </em>o de <em>italianos</em>, por ejemplo, hablamos de personas concretas de forma neutra, sin ninguna consideraci&oacute;n subjetiva. Precisamente por ello carecen los nombres propios y los gentilicios comunes de valor estil&iacute;stico. <em>Miguel de Cervantes Saavedra</em> es nombre que designa un escritor espa&ntilde;ol que naci&oacute; en Alcal&aacute; de Henares (Madrid) y que escribi&oacute; el Quijote, sin m&aacute;s; e <em>italianos</em>, nombre que designa a los naturales de ese pa&iacute;s europeo que se llama <em>Italia</em>, sin ninguna connotaci&oacute;n especial, por lo menos, en el discurso formal: v. gr., &ldquo;Los italianos son gente muy viajera&rdquo; o &ldquo;El italiano Marco Polo trabaj&oacute; al servicio del emperador de China&rdquo;. Es verdad que, cuando los nombres propios se reducen al nombre de pila (<em>Carmen, Mar&iacute;a </em>o <em>Antonio</em>), el nombre de pila y un apellido (<em>Antonio Machado </em>o<em> Rafael Alberti</em>) o uno o los dos apellidos (<em>Unamuno, Garc&iacute;a Lorca </em>o <em>Picasso</em>), adquieren cierto matiz subjetivo de proximidad, pero aun as&iacute; no pierden su car&aacute;cter objetivo u oficial. <em>Aza&ntilde;a,</em> <em>Lorca</em> o <em>Mar&iacute;a</em>, por ejemplo,<em> </em>son nombres personales tan objetivos como <em>Manuel Aza&ntilde;a D&iacute;az-Gallo,</em> <em>Federico Garc&iacute;a Lorca</em> o <em>Mar&iacute;a P&eacute;rez Rodr&iacute;guez.</em>
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, los nombres de persona extraoficiales, oficiosos, no formales o no autorizados por el poder, constituidos por los llamados <em>hipocor&iacute;sticos </em>y <em>nombretes </em>(<em>sobrenombres, motes, alias </em>o <em>apodos</em>, en otros &aacute;mbitos del idioma), tienen por funci&oacute;n no s&oacute;lo identificar a la persona que designan, sino valorarla o tratarla de una u otra manera. Los hipocor&iacute;sticos, que son meras transformaciones gramaticales (por ejemplo, <em>Andresito, Juanona, Maruca, Nievillas </em>o<em> Ricardete</em>) o fon&eacute;ticas (por ejemplo, <em>Yaya </em>(de <em>Candelaria</em>),<em> Lola </em>(de <em>Dolores</em>)<em>, Pancho </em>(de <em>Francisco</em>)<em>, Nacho </em>(de <em>Ignacio</em>)<em>, Fafa </em>(de <em>Rafael</em>)<em>, Pepe </em>(de <em>Jos&eacute;</em>)<em>, Pe&ntilde;i </em>(de <em>Pe&ntilde;a</em>) o <em>Mila </em>(de Milagros) del nombre de pila (pocas veces, del apellido), se refieren a la persona aludida de forma afectiva o cari&ntilde;osa. As&iacute;, <em>Juanona </em>o <em>Fafa</em>, pongamos por caso,<em> </em>no se limitan a identificar a la persona que designan sin m&aacute;s, sino que se refieren a ella de forma afectiva, porque, como se trata de nombres extraoficiales, ubica al hablante en el &aacute;mbito sagrado de la intimidad de su titular. Y los nombretes, sobrenombres, motes o apodos (por ejemplo, <em>el Guirre, la Camella, el Rascancio,</em> <em>la Perejila</em>, <em>pejines </em>(naturales de Santander), <em>gatos</em> (naturales de Madrid), <em>ratones </em>(naturales de Villaverde, Fuerteventura), <em>cangrejos </em>(naturales de Gran Tarajal, Fuerteventura) o <em>culetos </em>(naturales de Agaete, Gran Canaria), que son generalmente nombres de cualidades, experiencias, comportamientos, etc., m&aacute;s o menos negativos o c&oacute;micos de la persona aludida o an&eacute;cdotas o episodios curiosos de su vida, se refieren a ella de forma burlesca, ir&oacute;nica o humor&iacute;stica. As&iacute;, los nombres <em>el Guirre, la Camella </em>o <em>ratones</em>, por ejemplo, no se refieren de forma objetiva a las personas que designan, sino de forma marcada.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por su car&aacute;cter extraoficial o valorativo, pertenecen los nombres de persona que nos ocupan al &aacute;mbito de lo &iacute;ntimo; a la soberan&iacute;a de lo personal. En la realidad concreta del hablar, s&oacute;lo estamos autorizados a llamar a las personas por su nombre oficial, no por el extraoficial. La consecuencia de ello es que los nombretes s&oacute;lo pueden ser utilizados por las personas m&aacute;s pr&oacute;ximas a sus propietarios o por aquellas que ellos permitan. En cierta manera, se trata de cesi&oacute;n de parte de la soberan&iacute;a nominal de uno. Cualquier uso del nombrete por parte de los extra&ntilde;os o no autorizado se considera un acto de hostilidad, groser&iacute;a o descortes&iacute;a. Nada de particular tiene, pues, que la poeta grancanaria Agustina Gonz&aacute;lez y Romero reaccionara con tanta violencia dial&eacute;ctica cuando alguien se atrev&iacute;a a llamarla por su nombrete, <em>la Perejila</em>, generalmente, para chincharla: &ldquo;&iquest;Perejila? / En tu boca mierda <em>estila</em>, / hija de padre cabr&oacute;n: / Ya se te cay&oacute; la flor, / pronto te vendr&aacute; la fruta; / que si ahora eres tan puta / &iquest;qu&eacute; ser&aacute; cuando mayor?&rdquo;, le cant&oacute; una vez a una muchacha que se hab&iacute;a atrevido a llamarla por su nombrete, en lugar de por su nombre propio; y &ldquo;Permita Dios, alba&ntilde;il, / que si dices &rdquo;perejil&ldquo; / te caigas de ese pretil / hecho pedazos al suelo, / te rompas manos y brazos, / molleros y pantorrillas / y te lleven en camilla / al hospital, &iexcl;bandolero!&rdquo;, en otra a un obrero que hab&iacute;a dado en la misma gracieta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, de los dos tipos de nombres extraoficiales que hay en espa&ntilde;ol (hipocor&iacute;sticos y nombretes), son los nombretes en particular (sean estos individuales, como <em>el Muela, el Rompebragas </em>o<em> el Cagalera</em>, o &eacute;tnicos, como <em>pejines, caballas </em>o <em>gatos</em>) los que presentan mayor fuerza identificadora, por el componente l&eacute;xico que implican. Casi est&aacute; uno por decir que se trata de nombres h&iacute;bridos, mitad nombre propio, mitad nombre com&uacute;n. El nombrete dice; el nombre propio simplemente designa. Precisamente, su car&aacute;cter extraoficial y la potencia identificadora que poseen son los que explican el singular comportamiento que tiene este tipo de nombres en la realidad concreta del hablar.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, explica la fuerza identificadora de los nombretes que, a pesar de su naturaleza m&aacute;s o menos burlesca, sean a veces reivindicados (sobre todo, si se trata de gentilicios) por sus propietarios cuando quieren enfatizar su propia identidad. Es el caso del escritor vasco Ignacio Aldecoa, que alardea de su origen &ldquo;godo&rdquo; (&ldquo;despectivamente, espa&ntilde;ol peninsular&rdquo;, como dice la Academia Canaria de la Lengua) en su obrita <em>Cuaderno del godo</em>, de 1961, del pol&iacute;tico espa&ntilde;ol Javier Rufi&aacute;n, que, a pesar de su militancia catalanista, se ha definido en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n como &ldquo;orgulloso charnego&rdquo;, o de la actual presidenta del Cabildo de Fuerteventura, que meses atr&aacute;s invocaba el gentilicio informal <em>cangrejo</em>, designativo de la gente de Gran Tarajal,<em> </em>para reivindicar su &ldquo;grantarajalidad&rdquo; (valga el neologismo). &iquest;Qu&eacute; se pretende con estas denominaciones tan particulares? Pues hacer una afirmaci&oacute;n de identidad personal; expresar el orgullo que se siente por pertenecer al pueblo que nos vio nacer y con el que tanto nos identificamos. Es decir: una especie de declaraci&oacute;n de amor hacia la tierra y la gente de uno. En efecto, no cabe ninguna duda de que, por su singularidad, los gentilicios informales <em>godo, charnego </em>y <em>cangrejo</em> son mucho m&aacute;s significativos o identificadores que los gentilicios oficiales correspondientes <em>peninsular, andaluz </em>y <em>de Gran Tarajal</em>, que simplemente informan de la procedencia de las personas aludidas, sin m&aacute;s. La sem&aacute;ntica particular del nombrete identifica m&aacute;s inequ&iacute;vocamente a su titular que el gentilicio formal. En realidad, lo que hacen los nombretes del tipo <em>gatos, pejines, godos, charnegos, boquerones, cangrejos, ratones, corbatas, hueveros</em> o <em>culetos</em> es representar de manera muy pl&aacute;stica a sus referentes, casi como lo har&iacute;a un emblema, un escudo o un anagrama. De ah&iacute; su potencial identificador, aunque, por su car&aacute;cter extraoficial, puedan provocar escozor. Casi puede decirse que, por su singularidad, el nombrete sit&uacute;a al hombre llano del pueblo al nivel de los prohombres, aunque tal promoci&oacute;n se deba a razones distintas de las que determinan la promoci&oacute;n de estos.<em> </em>El prohombre tiene relevancia pol&iacute;tica; el se&ntilde;alado con un nombrete, relevancia social. Mientras que el ciudadano de a pie que s&oacute;lo tiene nombre propio pasa sin pena ni gloria en la memoria de los pueblos, por lo trivial o anodino de su onom&aacute;stica, el que ostenta nombrete tiene m&aacute;s posibilidades de sobrevivir a la acci&oacute;n devastadora del tiempo, por la singularidad de la suya. Evidentemente, sus modestas haza&ntilde;as no se recogen en los peri&oacute;dicos o en los papeles oficiales de las instituciones, sino en esa cr&oacute;nica oficiosa que es el anecdotario del pueblo. No pertenecen a la historia, sino a la intrahistoria, como dir&iacute;a Unamuno.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, explica la fuerza expresiva de los nombretes que con el tiempo pierdan sus particulares connotaciones burlescas o subjetivas y se conviertan en nombres oficiales u objetivos, totalmente desprovistos de sentido valorativo. As&iacute;, determinados nombretes individuales, que han terminado convirti&eacute;ndose en apellidos. Es el caso de <em>el</em> <em>Feo, el Aguado, el Alegre, el Calvo, el Corzo, el Gordo </em>o <em>el Zumbado</em>, que con el paso de los a&ntilde;os se convirtieron en los apellidos <em>Feo, Aguado, Alegre, Calvo, Corzo, Gordo </em>y <em>Zumbado</em>, de que est&aacute; lleno el registro civil espa&ntilde;ol. Y, as&iacute;, ciertos nombretes de pueblos, que han devenido gentilicios m&aacute;s o menos oficiales. Es el caso del <em>chicharrero</em> y el <em>conejero</em> que se emplearon anta&ntilde;o, el primero, en La Laguna (Tenerife), para designar burlescamente a los naturales de Santa Cruz de Tenerife, y el segundo, en toda Canarias, para designar tambi&eacute;n burlescamente a los naturales de Lanzarote, que, con el transcurrir del tiempo, terminaron convirti&eacute;ndose en los gentilicios oficiales (junto a los detopon&iacute;micos <em>santacrucero </em>y <em>lanzarote&ntilde;o</em>) de uno y otro lugar respectivamente.
    </p><p class="article-text">
        Y, en tercer lugar, explica el car&aacute;cter extraoficial de los nombretes, el hecho de que pertenezcan al &aacute;mbito de los &iacute;ntimos exclusivamente, el importante papel que desempe&ntilde;an en la cohesi&oacute;n del grupo al que pertenecen. Act&uacute;an como una salvaguardia de la identidad del pueblo, puesto que impiden el acceso a &eacute;l a todo aquel que no pertenezca a la familia. Es decir, que constituyen una barrera entre los nuestros y los de los ajenos. De ah&iacute; que los barrios y los pueblos m&aacute;s o menos peque&ntilde;os no pueden describirse de forma cabal sin tenerlos en cuenta. &iquest;C&oacute;mo definir el viejo Puerto de Cabras (Puerto del Rosario a partir del 1956), por ejemplo, sin aludir a los nombretes <em>la Cabra, la Morisca, el Cojo, el Chila, el Torero, el Caga&iacute;to, el Millonario, el Rompebragas, el Chacalote </em>(no <em>el Cachalote), el Guas&oacute;n, el Caballo, la Zorra, Chocolate, el Cuervo, el Tocino, el Cuco, el Chopa, el Palangana, el Pulpo, el Chaqueta, el Palanca, el Pechuga, el Bomb&oacute;n, el Pulga, el Bamba, el Buch&uacute;o, Muchacho Cochino, el Bucio, el Peladilla, el Cagalera, la Correcaminos, el Pl&aacute;tano, Mal Pelo, el Mero, Medio Metro, el Aguilucho, Saconalgas, el Negro, </em>etc., que ostentaban muchos de sus ciudadanos de anta&ntilde;o y que eran los que verdaderamente los identificaban y daban cohesi&oacute;n al grupo? Menciono en la capital de Fuerteventura el antrop&oacute;nimo oficial <em>Juan Rodr&iacute;guez Curbelo</em>, por ejemplo, y corro el riesgo de que nadie o muy poca gente sepa a ciencia cierta a qu&eacute; persona me estoy refiriendo, en tanto que, si digo <em>Juanito el Cojo</em>, no hay portuense entrado en a&ntilde;os que ignore de qu&eacute; persona se trata; de que se trata de un personaje muy popular del Puerto de Cabras o Puerto del Rosario de la segunda mitad del XX; tan popular, que a su memoria se dedic&oacute; un callej&oacute;n de su casco hist&oacute;rico. Los nombretes dan fama. Una fama de dudosa reputaci&oacute;n, &iexcl;qu&eacute; duda cabe!, pero fama al fin y al cabo. Las personas que tienen nombrete son de nosotros; pertenecen a nuestra vida personal. Por eso, sin los nombretes, la descripci&oacute;n de la capital de Fuerteventura o de cualquier otro pueblo o barrio del mundo quedar&iacute;a verdaderamente coja o, por lo menos, bastante descafeinada, porque omitir&iacute;a su componente humano m&aacute;s popular. Los barrios y los pueblos funcionan como una gran familia y la descripci&oacute;n de las familias nunca estar&aacute; completa sin tener en cuenta los nombres que las identifican, jerarquizan y dan vida. De la importancia de los nombretes para la identidad del pueblo fueron siempre conscientes los grandes escritores (Gald&oacute;s, Clar&iacute;n, Cela, Delibes&hellip;), que no dudaron nunca en usarlos cuando de dibujar personajes humildes se trataba.
    </p><p class="article-text">
        Naturalmente que la menci&oacute;n de estos nombres tan especiales en las historias sociales de barrios y pueblos plantea al historiador un problema moral de mayor o menor envergadura, por su misma condici&oacute;n de denominaciones &iacute;ntimas o familiares. A nadie le agrada que su nombre m&aacute;s personal, con la carga de vida &iacute;ntima que implica, se airee por el ancho mundo. Es un problema de autoestima, aunque en ocasiones pueda m&aacute;s la fama que proporciona que el picor que pueda producir o las ampollas que pueda levantar, como vimos antes.
    </p><p class="article-text">
        Y lo mismo que les ocurre a los intrahistoriadores de la vida menuda de los pueblos con los nombretes designativos de personas les ocurre a los lexic&oacute;grafos con los nombretes designativos de pueblos. &iquest;Deben recogerse los gentilicios informales en los diccionarios, con lo que ello implica de difusi&oacute;n y perpetuaci&oacute;n en el tiempo de unos nombres que pertenecen a una gente y a una &eacute;poca concretas? Claro que s&iacute;, porque se trata de material hist&oacute;rico de la lengua que sea, tan importante para su comprensi&oacute;n verdadera como el resto de sus campos sem&aacute;nticos. El &uacute;nico requisito que debe exigirse para hacerlo es que se indique, con las marcas que correspondan, que se trata de voces que tienen un &aacute;mbito de uso muy restringido, un &aacute;mbito de uso familiar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cierta manera, la intromisi&oacute;n en la vida de la gente y de los pueblos es consustancial al trabajo de lexic&oacute;grafos, antrop&oacute;logos, etn&oacute;grafos e historiadores. Al fin y al cabo, el cient&iacute;fico, como el psicoanalista o el <em>paparazzi</em>, es un chismoso y la indiscreci&oacute;n es el tributo que tiene que pagar para cumplir cabalmente con su obligaci&oacute;n de contar c&oacute;mo son y c&oacute;mo funcionan las cosas en las sociedades humanas. La ciencia no tiene respeto por la intimidad o privacidad del individuo. Su vocaci&oacute;n es convertir en colectivo lo que es individual o personal; democratizar la vida privada de la gente. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/importancia-nombretes_132_12996119.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Feb 2026 21:04:23 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La importancia de los nombretes]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hace mucho el poder]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/hace-mucho-el-poder_132_12977269.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/459c3101-3ba2-4283-aee6-c492282bb8c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hace mucho el poder"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Prueba del poco o nulo poder personal de aquellos que desempeñan un cargo sin tener la preparación necesaria para ejercer como es debido el poder que este lleva aparejado es que, cuando se despiden de él y vuelven a los afanes de cada día, lejos ya de los resortes de la maquinaria que les otorgaba poderes de mando, quedan reducidos a su propia nulidad monda y lironda</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Hace mucho el poder, mucho se le ha de amar; / al torpe hace discreto, hombre de respetar, / hace correr al cojo, al mudo le hace hablar; / el que no tiene manos bien lo quiere tomar&rdquo;, podr&iacute;amos decir, remedando los rotundos versos alejandrinos que dedica el socarr&oacute;n arcipreste de Hita al dinero, que es el s&iacute;mbolo m&aacute;ximo del poder que podr&iacute;amos llamar &ldquo;material&rdquo; en la Tierra. Todo el mundo sabe que quien tiene el dinero tiene el poder. As&iacute; es, sin ninguna duda: el poder material (o sea, la &ldquo;suprema potestad rectora y coactiva del Estado&rdquo; (como dice la Academia), o de cualquier otra instancia laboral, cultural, etc., p&uacute;blica o privada&ldquo; (a&ntilde;adimos nosotros)), hace &rdquo;discretos&ldquo; y &rdquo;hombres de respetar&ldquo;, con la admiraci&oacute;n de todos, no s&oacute;lo a los que disponen de capacidad para ejercerlo, sino incluso a los torpes, incompetentes o incapaces; a los cojos o mudos de profesi&oacute;n o de moral. El poder material es capaz de disimular la falta de poder espiritual, sea profesional o &eacute;tico. Y, si no, que se lo pregunten a los espa&ntilde;oles (por poner un ejemplo que nos cae cerca, aunque podr&iacute;amos poner otros, porque, como es de sobra sabido, en esto de la incompetencia en todos sitios cuecen habas), tan frecuentemente gobernados por gente sin la talla intelectual, profesional, t&eacute;cnica o moral que se requiere para gestionar como Dios manda los delicados asuntos de la <em>Res publica</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No es este el caso del se&ntilde;or Carlos Maz&oacute;n, expresidente de la Generalitat Valenciana, y de la se&ntilde;ora Salom&eacute; Pradas, su consellera de Justicia e Interior con competencias sobre emergencias, que tan negligentemente gestionaron la tr&aacute;gica dana que arras&oacute; su comunidad aut&oacute;noma en el mes de octubre del tr&aacute;gico 2024? &iquest;No es este el caso de la se&ntilde;ora Roc&iacute;o Hern&aacute;ndez, consejera de Salud y Consumo de la Junta de Andaluc&iacute;a, que no supo evitar el a&ntilde;o pasado los fallos del Sistema Andaluz de Salud en el cribado de c&aacute;ncer de mama de m&aacute;s de 2.000 mujeres, seg&uacute;n estad&iacute;sticas oficiales, y m&aacute;s de 20.000, seg&uacute;n las asociaciones de afectadas? &iquest;No es este el caso del se&ntilde;or &Oacute;scar Puente, ministro de Transportes y Movilidad Sostenible del actual Gobierno de Espa&ntilde;a, que no supo evitar los recientes accidentes ferroviarios de Adamuz y otros lugares?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y lo m&aacute;s grave de estas negligencias o incompetencias que comentamos, de esta falta de poder espiritual para ejercer el poder material que confieren los cargos que se desempe&ntilde;an, es que no son gratuitas; que suelen pasar factura; una factura frecuentemente muy cara; una factura en forma de vidas humanas. As&iacute;, la factura de la dana de Valencia, tan negligentemente gestionada por el se&ntilde;or Maz&oacute;n y la se&ntilde;ora Pradas, cost&oacute; nada m&aacute;s y nada menos que 240 vidas humanas. La de los fallos en el cribado de c&aacute;ncer de mama en Andaluc&iacute;a, que no supo prever la se&ntilde;ora Roc&iacute;o Hern&aacute;ndez, la vida de un n&uacute;mero de mujeres que no se puede determinar con exactitud, porque es dif&iacute;cil calcular hasta qu&eacute; punto haya podido influir el retraso del diagn&oacute;stico de la enfermedad en la muerte de las mujeres que han perdido la vida desde entonces por c&aacute;ncer de mama en Andaluc&iacute;a. La de los accidentes de trenes en Adamuz y otros lugares, que no supo evitar el se&ntilde;or &Oacute;scar Puente, la vida de 47 personas. &iquest;Qui&eacute;n les devuelve ahora la vida a estos ciudadanos que un d&iacute;a salieron a trabajar o pasear confiados en que el sistema de emergencias de su comunidad aut&oacute;noma estaba regido por gente competente, pusieron su salud en manos de un sistema sanitario que cre&iacute;an bien gestionado o decidieron hacer uso de un transporte ferroviario que consideraban seguro? &iquest;Qui&eacute;n a padres, hijos, esposos y amigos, los hijos, los padres, los esposos y los amigos que perdieron la vida por la incompetencia de aquellos que ten&iacute;an que haber gestionado bien los servicios que se les hab&iacute;an encomendado?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, si esto es as&iacute;, &iquest;por qu&eacute; sigue pontificando esta gente sobre los asuntos que no supo gestionar, como si no hubiera pasado nada? &iquest;Por qu&eacute; sigue creyendo que est&aacute; por encima del bien y del mal y que no tiene que rendir cuentas? &iquest;Por qu&eacute; se resiste a hacer autocr&iacute;tica? &iquest;Por qu&eacute; tiene la desfachatez de alardear de haber gestionado de forma impecable unos servicios que por su falta de competencia se desconcharon? &iquest;Por qu&eacute; se resiste a presentar la dimisi&oacute;n, que es exigencia b&aacute;sica en cualquier cargo, sea p&uacute;blico o privado, cuando se ha fallado, no tanto para sancionar al que ha cometido la falta o el delito como para impedir que haga m&aacute;s da&ntilde;o? &iquest;Cu&aacute;l es la raz&oacute;n de que gente tan manifiestamente incompetente o incapaz para desempe&ntilde;ar su cometido siga suscitando admiraci&oacute;n e incluso envidia entre el resto de los ciudadanos?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pues pontifica, sigue crey&eacute;ndose una especie de dios, no hace autocr&iacute;tica, alardea de perfecci&oacute;n, se resiste a dimitir y es admirada entre sus seguidores por el poder que les confieren las instituciones que rigen y las prerrogativas que este implica; el poder que proporciona el ordenamiento jur&iacute;dico, la polic&iacute;a o el dinero; el poder material, que es una especie de dios o becerro de oro que todo el mundo adora. No se trata de un poder que podr&iacute;amos definir como &ldquo;facultad personal que se tiene para ejercer, mandar o ejecutar adecuadamente las funciones del cargo que se tiene encomendado y que se ha aceptado por voluntad propia&rdquo;, sino del glamuroso poder impersonal que confiere la instituci&oacute;n; el poder que definimos m&aacute;s arriba, con ayuda de la Real Academia, como &ldquo;suprema potestad rectora y coactiva del Estado o cualquier otra instancia&rdquo;. Hay aqu&iacute; una especie de disociaci&oacute;n entre el poder de la persona, que es espiritual, y el poder del cargo, que es material. Se tiene el poder que otorga el cargo, pero no poder o competencia personal para ejercerlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No, se&ntilde;or Maz&oacute;n, no, se&ntilde;ora Pradas, no, se&ntilde;ora Hern&aacute;ndez, no, se&ntilde;or Puente, ni el poder que ustedes han tenido ni la admiraci&oacute;n que les profesan o han profesado muchos de sus compatriotas se deben a su val&iacute;a personal, a sus m&eacute;ritos propios. Se deben a las instituciones que gobiernan o han gobernado. No se trata de un poder espiritual o personal, sino de un poder material o institucional. Un poder de azar, que les toc&oacute; en la loter&iacute;a de las elecciones o en las componendas posteriores a ellas. Y la met&aacute;fora de que un cargo pol&iacute;tico es un premio de loter&iacute;a no es m&iacute;a. Es de cierto pol&iacute;tico conservador malague&ntilde;o de hace ya unos cuantos a&ntilde;os, que, cuando se enter&oacute; de que hab&iacute;a obtenido acta en el Congreso de los Diputados, dijo euf&oacute;rico a un amigo suyo que le hab&iacute;a tocado el gordo en la loter&iacute;a de la pol&iacute;tica. Y no es que en los pa&iacute;ses modernos los pol&iacute;ticos incompetentes carezcan de legitimidad democr&aacute;tica. Al fin y al cabo, por el pueblo, que es soberano, han sido elegidos. Es que carecen de legitimidad profesional; de la legitimidad profesional que hay que tener para desempe&ntilde;ar con la eficacia debida el cargo que se ocupa. A esto es a lo que deben de referirse los cr&iacute;ticos del sistema cuando dicen, exagerando la nota, que para presentarse a las elecciones deber&iacute;a exigirse a los aspirantes al menos el t&iacute;tulo de EGB. Hay quienes se preguntan: &iquest;qu&eacute; poder es m&aacute;s leg&iacute;timo: el espiritual o el material o institucional? Unos responden que el espiritual; otros, que el material o institucional. Yo respondo que los dos tienen que ir aparejados, para que las cosas funcionen bien y no se le desgracie la vida a la gente.
    </p><p class="article-text">
        Prueba del poco o nulo poder personal de aquellos que desempe&ntilde;an un cargo sin tener la preparaci&oacute;n necesaria para ejercer como es debido el poder que este lleva aparejado es que, cuando se despiden de &eacute;l y vuelven a los afanes de cada d&iacute;a, lejos ya de los resortes de la maquinaria que les otorgaba poderes de mando, quedan reducidos a su propia nulidad monda y lironda. En efecto, qu&iacute;tenseles a ciertos gobernantes p&uacute;blicos y privados el poder institucional o empresarial de que est&aacute;n investidos y las prebendas que el cargo conlleva (coche oficial, sueldo m&aacute;s o menos suculento, despacho, pompas institucionales, posibilidad de repartir favores, etc.) y nos encontraremos con los cojos o mudos espirituales que siempre fueron, a veces abandonados u olvidados incluso de aquellos que los admiraban cuando estaban en la cresta de la ola; con el desaprensivo que aspira a seguir aprovech&aacute;ndose de las privilegios del Estado o de la instituci&oacute;n de que se trate, como el inefable se&ntilde;or &Aacute;balos de nuestros d&iacute;as, que aspira a cobrar (y cobrar&aacute;) una generosa indemnizaci&oacute;n estatal, que ya quisieran para s&iacute; los ciudadanos honrados; y hasta con &ldquo;el salvaje o b&aacute;rbaro al desnudo que s&oacute;lo respira los instintos m&aacute;s brutales de la primitiva y desenfrenada lucha por la vida&rdquo;, como dice Unamuno. En realidad, lo importante del poder material no es alcanzarlo, sino merecerlo; es decir, tener poder&nbsp;espiritual (es decir, profesional, humano y moral) para ejercerlo con eficacia y decencia en bien de la gente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/hace-mucho-el-poder_132_12977269.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Feb 2026 09:10:40 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El lenguaje de los matones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lenguaje-matones_132_12957582.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El despotismo es síntoma evidente de la decadencia de los imperios, como demuestran los casos de Nerón o Stalin, por ejemplo. Recemos para que el resto de las potencias del mundo (particularmente, China, Rusia y la Unión Europea) no caiga en las provocaciones de este peligroso megalomaníaco con más dinero en la cuenta corriente que sustancia gris en la mollera
</p></div><p class="article-text">
        De sobra sabido es que cada cual habla en funci&oacute;n de su nivel cultural, del cargo que ostenta, de sus particulares intereses o de la mayor o menor sensibilidad y decencia que tenga.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, los ni&ntilde;os, que, como necesitan la protecci&oacute;n de los mayores para poder subsistir, emplean un lenguaje plagado de voces hipocor&iacute;sticas, generalmente pronunciadas a media lengua, como <em>mami, papi, chupo, tete, bibe, pip&iacute;</em>, <em>caca, yaya, teta, nene </em>o<em> guau-guau, </em>y expresiones b&aacute;sicas, como<em> </em>&ldquo;Nene quere mim&iacute;&rdquo; (&ldquo;quiero dormir&rdquo;), &ldquo;&iexcl;Ya ta!&rdquo; (&ldquo;ya est&aacute;&rdquo;) o &ldquo;Abe la pueta&rdquo;<em> </em>(&ldquo;abre la puerta&rdquo;), para despertar la compasi&oacute;n de aquellos y satisfacer as&iacute; sus necesidades o caprichos. Pronuncia el ni&ntilde;o la palabra &ldquo;&iexcl;teta!&rdquo; y surgen de inmediato ante sus ojos unos pechos repletos de ambros&iacute;a blanca calentita para satisfacer los deseos del rey del universo. &iquest;A qu&eacute; adulto no se le rompe el coraz&oacute;n cuando oye decir a cualquier mocoso en apuros &ldquo;Quero (ir) con mami&rdquo;? (as&iacute;, &ldquo;Quero (ir) con mami (o &rdquo;mam&aacute;)&ldquo;, no &rdquo;Quero (ir) con mi madre&ldquo;, que es frase afectivamente anodina), por ejemplo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, los padres, que, como tienen que preparar a sus hijos para que tomen en sus manos las riendas de sus vidas a medida que van cumpliendo a&ntilde;os, suelen emplear un discurso conductista m&aacute;s o menos severo, con voces de sem&aacute;ntica elemental generalmente bipolares, como <em>bueno, malo, excelente, p&eacute;simo, portarse bien, portarse mal, vas a alcanzar, mi rey </em>o<em> campe&oacute;n</em>, y expresiones de &aacute;nimo o reprobaci&oacute;n como &ldquo;T&uacute; puedes&rdquo;, &ldquo;Tu esfuerzo ha valido la pena&rdquo;, &ldquo;Equivocarse es bueno, as&iacute; puedes mejorar&rdquo; o &ldquo;&iquest;No te lo advert&iacute;? Pues ahora te fastidias&rdquo;, adaptadas a sus tiernas entendederas, frecuentemente acompa&ntilde;adas de premios o castigos m&aacute;s o menos severos, como retirada de la paga o el m&oacute;vil, prohibici&oacute;n de salir a la calle o de ir a solazarse con los amigos y, anta&ntilde;o, cogotazos, capones o palizas, que los antiguos no eran tan contemplativos ni pacientes como los modernos en esto de educar chicos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, los pol&iacute;ticos, que, como tienen que camelarse al ciudadano para que les proporcione el voto que los a&uacute;pe a la tan ansiada poltrona del poder, emplean un vocabulario seductor y, a veces, hasta demag&oacute;gico, prometiendo &ldquo;empleo&rdquo; a tutipl&eacute;n, &ldquo;bajada de impuestos&rdquo;, &ldquo;lucha contra la corrupci&oacute;n&rdquo;, &ldquo;igualdad de g&eacute;nero&rdquo;, &ldquo;becas&rdquo;, &ldquo;inversi&oacute;n en energ&iacute;as renovables, para salvar el planeta de su destrucci&oacute;n&rdquo;, &ldquo;crecimiento econ&oacute;mico&rdquo;, &ldquo;aumento salarial&rdquo;,&nbsp;&ldquo;mejoras en el sistema de salud&rdquo; y hasta &ldquo;el para&iacute;so terrenal en la tierra&rdquo;, si es preciso, aunque a la hora de la verdad se haga todo lo contrario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, los maestros y profesores de nuestros colegios o institutos, que, como tienen que planificar adecuadamente su cada vez m&aacute;s complicada actividad docente, utilizan un lenguaje atestado de voces pedag&oacute;gicas como <em>dise&ntilde;o curricular, estrategias docentes, competencias, estrategias evaluativas, transversalidad, evaluaci&oacute;n compensatoria, gu&iacute;a docente, evaluaci&oacute;n continua </em>o<em> motivaci&oacute;n, </em>adem&aacute;s de los archiconocidos <em>suspenso</em>, <em>aprobado</em>, <em>notable</em>, <em>sobresaliente</em> o <em>matr&iacute;cula</em> <em>de honor</em>, o <em>apto, no apto, progresa adecuadamente, </em>etc&eacute;tera, seg&uacute;n las modas del momento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, los presidentes de las naciones m&aacute;s o menos civilizadas, que, como tienen que entenderse con sus hom&oacute;logos, emplean un &ldquo;vocabulario moral y pol&iacute;tico compartido&rdquo;, como lo llama la profesora de la Universidad Cat&oacute;lica de Chile Sasha Mudd, con voces especializadas, como <em>democracia</em>, que implica &ldquo;poder sometido a la ley&rdquo;, <em>justicia</em>, que implica &ldquo;procedimientos formales con garant&iacute;as&rdquo;, <em>seguridad</em>, que alude a &ldquo;protecci&oacute;n sin dominaci&oacute;n&rdquo;, o <em>soberan&iacute;a</em>, que supone &ldquo;el respeto de las fronteras de los dem&aacute;s&rdquo;; un vocabulario que, aunque no se haya definido nunca de forma inequ&iacute;voca, ha &ldquo;permitido a los Estados del mundo discutir, condenar, justificar y contenerse mutuamente mediante un lenguaje com&uacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, as&iacute;, los matones y mafiosos, que, como lo que persiguen es tiranizar a los dem&aacute;s, para explotarlos, siembran el terror entre ellos, empleando un vocabulario de abusos y de amenazas hacia el que se resiste a sus pretensiones y de halagos hacia los que se pliegan a sus caprichos y hacia sus c&oacute;mplices, con una l&oacute;gica muy semejante a la de los cr&iacute;os m&aacute;s tiranos; un vocabulario en que el mundo se presenta dividido en dos bandos radicalmente distintos, sin matices intermedios, para que puedan entenderlo incluso los m&aacute;s duros de mollera: el bando de los buenos (que es el suyo propio y el de sus secuaces) y el bando de los malos (que es el de los que se resisten a su tiran&iacute;a), dejando claro que quien no est&aacute; con ellos est&aacute; contra ellos. Se trata de un l&eacute;xico de emociones positivas o negativas donde lo que interesa no es tanto razonar como dominar. Siempre se ha dicho que lo m&aacute;s eficaz para que entiendan a uno son las palabras y los conceptos simples, que se imponen al destinatario de forma subliminar. &ldquo;Para ser efectivos, los mensajes tienen que ser claros, concisos, concretos y coherentes&rdquo;, dice la teor&iacute;a de la comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de discurso es el que practica el actual presidente de los Estados Unidos de Am&eacute;rica. Por una parte, usa Trump expresiones b&aacute;sicas de insulto, odio y violencia para descalificar a sus rivales pol&iacute;ticos y a todo aquel que se le meta entre ceja y ceja, generalmente hiperbolizando de forma grosera, para meter el miedo en el cuerpo a sus paisanos y le den su voto. As&iacute;, a los l&iacute;deres dem&oacute;cratas, como Barak Obama, Hillary Clinton, Joe Biden o Kamala Harris y a los republicanos que se oponen a sus caprichos, a los que ha acusado de &ldquo;incompetentes&rdquo;, &ldquo;bobos como una piedra&rdquo;, &ldquo;aut&eacute;ntica basura&rdquo;, &ldquo;vagos&rdquo;, &ldquo;desagradables&rdquo;, &ldquo;hijos de puta&rdquo; o &ldquo;mont&oacute;n de mierda&rdquo;.&nbsp;En concreto, respecto de Obama, ha dicho que &ldquo;es un incompetente, que lleva odio e ira en su coraz&oacute;n&rdquo;; de Biden, que &ldquo;ha sido un chiflado desde a&ntilde;os y todos los saben&rdquo;; de Hillary Clinton, que es &ldquo;una mujer repugnante&rdquo;; de su rival en la campa&ntilde;a de nominaci&oacute;n del partido republicano Ted Cruz, &ldquo;que no s&oacute;lo es un pringado, sino tambi&eacute;n un perturbado mental&rdquo;; de los ciudadanos que se manifiestan en contra de sus pol&iacute;ticas, que &ldquo;no son cr&iacute;ticos, sino tontos&rdquo;; de su opositor republicano Mich McConnell, que &ldquo;es un perdedor&rdquo;. As&iacute;, a los inmigrantes, que ha acusado de &ldquo;criminales&rdquo;, &ldquo;enfermos mentales que se comen las mascotas de los norteamericanos&rdquo; o incluso &ldquo;basura&rdquo;: &ldquo;Estados Unidos est&aacute; siendo invadido por criminales y personas con enfermedades mentales&rdquo;, repet&iacute;a con frecuencias en sus m&iacute;tines. As&iacute;, a las mujeres, a las que acusa de ser inferiores a los hombres y de aprovechadas: &ldquo;Las mujeres ganan porque tienen buena apariencia&rdquo;, &ldquo;Carly Fiorina (candidata a nominaci&oacute;n por los republicanos) no s&oacute;lo es mujer, sino que adem&aacute;s es fea&rdquo;, son algunas de las perlas de una infame oratoria que podemos espigar por aqu&iacute; y por all&aacute; en la prensa de todo el mundo. Y, as&iacute;, a la Uni&oacute;n Europea, a la que no puede ver por su poder&iacute;o econ&oacute;mico y, probablemente tambi&eacute;n, por su influencia moral en el mundo, a la que acusa de ser &ldquo;una sociedad degenerada por culpa de su pol&iacute;tica permisiva respecto de la inmigraci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, como los pol&iacute;ticos del partido dem&oacute;crata, los inmigrantes, las mujeres, los mejicanos, los cubanos, el mundo &aacute;rabe, los chinos, los europeos, etc&eacute;tera, no se someten a sus pretensiones y caprichos atrabiliarios, pues los amenaza con aranceles, muros, invasiones, la c&aacute;rcel o bombardeos. Por ejemplo, a la Uni&oacute;n Europea la ha amenazado &uacute;ltimamente con subirle los aranceles &ldquo;si no acepta su pretensi&oacute;n de anexionarse Groenlandia&rdquo;, y a Canad&aacute;, con &ldquo;imponerle aranceles del 100 % si no renuncia a firmar un acuerdo de libre comercio con China&rdquo;; a aquellos que &eacute;l llama &ldquo;terroristas&rdquo;, con &ldquo;restablecer el ahogamiento simulado para combatirlos&rdquo;; a los miembros del Estado Isl&aacute;mico, con &ldquo;bombardearlos hasta erradicarlos&rdquo;; a los iran&iacute;es, con &ldquo;enviarles una flota enorme, si no se sientan a negociar con &eacute;l&rdquo;; a la congresista dem&oacute;crata Ilhan Omar, opositora de su pol&iacute;tica racista, con enviarla a la c&aacute;rcel o devolverla a su pa&iacute;s de origen (Somalia); a los palestinos, &ldquo;con desatar el infierno, si no liberan a los rehenes israel&iacute;es&rdquo;. Incluso cuando alega alguna raz&oacute;n humanitaria para justificar el uso de la fuerza bruta (&ldquo;garantizar la seguridad&rdquo;, &ldquo;librar de la tiran&iacute;a&rdquo;, &ldquo;restaurar la democracia&rdquo;, &ldquo;evitar un genocidio&rdquo;, etc&eacute;tera), como ocurri&oacute; recientemente en Venezuela y Nigeria, no tiene el presidente de los Estados Unidos el m&aacute;s m&iacute;nimo escr&uacute;pulo en confesar abiertamente que lo que pretende en realidad es apoderarse de los recursos de los pa&iacute;ses invadidos o impedir que caigan bajo el &aacute;rea de influencia de China o Rusia. Y lo malo de todo esto es que el m&eacute;todo suele surtir efecto, como demuestra de forma clara la siguiente noticia aparecida hace pocas fechas en la prensa espa&ntilde;ola: &ldquo;El primer ministro canadiense, Mark Carney, confirm&oacute; que su pa&iacute;s no tiene intenci&oacute;n de firmar un acuerdo de libro comercio con China despu&eacute;s de que Donald Trump amenazara con imponerle aranceles del 100%&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, utiliza el presidente yanqui expresiones de halago muy b&aacute;sicas, casi de patio de colegio, para ensalzar a todos aquellos que le rinden pleites&iacute;a. Por ejemplo, a sus partidarios, seguidores colaboradores y c&oacute;mplices, a los que califica de &ldquo;buenos&rdquo;, &ldquo;excelentes&rdquo;, &ldquo;competentes&rdquo; o &ldquo;incre&iacute;bles&rdquo;. De su correligionario Jeb Bush, por ejemplo, dice que&nbsp;&ldquo;es&nbsp;un&nbsp;buen&nbsp;hombre, aunque deber&iacute;a dar ejemplo y hablar en ingl&eacute;s mientras est&eacute; en Estados Unidos&rdquo;, y de su secretario de Salud, que &ldquo;es un gran tipo. Quiere hacer algunas cosas y vamos a dejar que lo haga&rdquo;; de los delincuentes que asaltaron el Capitolio al parecer instigados por &eacute;l mismo, que &ldquo;son muy especiales&rdquo;; a sus colaboradores o c&oacute;mplices internacionales, como el brasile&ntilde;o Jair Bolsonaro, el h&uacute;ngaro Viktor Orb&aacute;n, el salvadore&ntilde;o Niyib Bukele, el argentino Javier Milei, el espa&ntilde;ol Santiago Abascal y las venezolanas Delcy Rodr&iacute;guez y Mar&iacute;a Corina Machado, a los que alaba por &ldquo;portarse bien&rdquo; o &ldquo;colaborar&rdquo; con &eacute;l. De Delcy Rodr&iacute;guez, por ejemplo, ha llegado a decir que &ldquo;es una persona muy buena, porque est&aacute; colaborando muy bien con los Estados Unidos&rdquo;, y de Mar&iacute;a Corina Machado, que es &ldquo;una&nbsp;mujer incre&iacute;blemente agradable. Hizo algo incre&iacute;ble hace unos d&iacute;as. Estoy hablando con ella, y tal vez podamos involucrarla de alguna manera. Me encantar&iacute;a poder hacerlo. Quiz&aacute; podamos hacerlo&rdquo;; a &eacute;l mismo, que se presenta como &ldquo;un triunfador&rdquo; que posee cualidades f&iacute;sicas y morales extraordinarias o sobrehumanas: &ldquo;Mis dedos con largos y bonitos, como, bien demostrado est&aacute;, otras partes de mi cuerpo&rdquo;, &ldquo;China nos mata, &iexcl;pero yo siempre gano a China!&rdquo;, &ldquo;Todas las mujeres en &rdquo;El Aprendiz&ldquo; ligaron conmigo. Era de esperar&rdquo;, &ldquo;Mi belleza es que soy rico&rdquo; y &ldquo;Merezco el Premio Nobel de la Paz porque he resuelto siete guerras&rdquo; son expresiones que extraemos de la particular antolog&iacute;a de fanfarroner&iacute;as, necedades y vanidades del desabuelado presidente de los Estados Unidos de Am&eacute;rica que corren por la red.
    </p><p class="article-text">
        Y, como se trata de personas que siguen sus consignas sumisamente, pues le regala los o&iacute;dos con mensajes tan b&aacute;sicos y cursis como las palabras que suele emplear para calificarlas, como el &ldquo;Iros a casa con amor y paz. &iexcl;Recordad este d&iacute;a para siempre!&rdquo; y el &ldquo;As&iacute; que volved a casa, os amamos, sois muy especiales&rdquo; que les endos&oacute; a los asaltantes del Capitolio; el &ldquo;Queremos un pa&iacute;s donde se amen unos a otros&rdquo;, el &ldquo;Mujeres de los suburbios, ten&eacute;is que amarme&rdquo;, el &ldquo;Devolveremos la grandeza a los Estados Unidos&rdquo; o el &ldquo;Cr&eacute;anme, volver&aacute; a haber empleo, ser&aacute; realmente sencillo&rdquo; con que ha arengado a sus seguidores en diversos m&iacute;tines de sus campa&ntilde;as electorales.
    </p><p class="article-text">
        Los elementales recursos ling&uuml;&iacute;sticos mencionados hasta aqu&iacute;, donde el m&aacute;s primario de los ego&iacute;smos lo domina todo, bastan para demostrar hasta qu&eacute; punto tiene raz&oacute;n la historiadora y psicoanalista francesa Elisabth Roudinescco cuando escribe que &ldquo;en Donald Trump, todo se reduce a una l&oacute;gica binaria y col&eacute;rica: ganar o perder, aplastar o ser aplastado. Es ambiguo, obsceno, permite una forma de disfrute pol&iacute;tico impulsivo. Encarna una soberan&iacute;a desquiciada&rdquo;. La forma simplona &ldquo;a partir de ahora, s&oacute;lo habr&aacute; dos g&eacute;neros: macho y hembra&rdquo; con que pretendi&oacute; resolver el complej&iacute;simo asunto de la identidad de g&eacute;nero al llegar por segunda vez a la Casa Blanca pone claramente de manifiesto el nivel de endiosamiento que puede llegar a alcanzar una persona que no parece tener conciencia de lo que es el mundo real.
    </p><p class="article-text">
        A juzgar por su simplona forma de hablar, adem&aacute;s de por su mala educaci&oacute;n, sus insultos permanentes, sus tonter&iacute;as, sus mentiras, sus bromas groseras y su ignorancia, queda claro que quien, lamentablemente, gobierna al presente el imperio m&aacute;s poderoso del planeta, que son los Estados Unidos de Am&eacute;rica, no es un estadista (&ldquo;persona con gran saber y experiencia en los asuntos de Estado&rdquo;); ni siquiera un aprendiz de estadista, sino un mat&oacute;n (&ldquo;hombre jactancioso y pendenciero que procura intimidar a los dem&aacute;s&rdquo;) narcisista, que, desgraciadamente para el resto de la humanidad, tiene en sus manos las fuerzas armadas m&aacute;s potentes del planeta, con armas de destrucci&oacute;n masiva incluidas, para imponer su decadente autoritarismo. El despotismo es s&iacute;ntoma evidente de la decadencia de los imperios, como demuestran los casos de Ner&oacute;n o Stalin, por ejemplo. Recemos para que el resto de las potencias del mundo (particularmente, China, Rusia y la Uni&oacute;n Europea) no caiga en las provocaciones de este peligroso megaloman&iacute;aco con m&aacute;s dinero en la cuenta corriente que sustancia gris en la mollera. Tan milagroso es el dinero, que no s&oacute;lo hace discreto al torpe, correr al cojo y hablar al mudo, como dec&iacute;a el Arcipreste de Hita en el siglo XIV, sino tambi&eacute;n presidente del pa&iacute;s m&aacute;s poderoso de la Tierra a un mat&oacute;n. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lenguaje-matones_132_12957582.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Feb 2026 21:43:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El lenguaje de los matones]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Academia Canaria de la Lengua y la política lingüística de Canarias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/academia-canaria-lengua-politica-linguistica-canarias_132_12938376.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5e503a55-2150-4b5f-b56f-9d682d0952dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Academia Canaria de la Lengua y la política lingüística de Canarias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si el presidente del gobierno de Canarias, la alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria o la presidenta del cabildo de Fuerteventura, por poner un par de ejemplos de relieve público, son canarios no es porque tengan un carné de identidad que certifica que han nacido en las Islas, porque gobiernen instituciones canarias o porque se sientan orgullosos de serlo, sino porque hablan canario</p></div><p class="article-text">
        Manda el art&iacute;culo 27.4 del actual Estatuto de Autonom&iacute;a de Canarias que &ldquo;los poderes p&uacute;blicos canarios velar&aacute;n por la protecci&oacute;n y la defensa de la identidad, patrimonio hist&oacute;rico y los valores e intereses de Canarias, del legado etnogr&aacute;fico y arqueol&oacute;gico de los abor&iacute;genes prehisp&aacute;nicos y de las dem&aacute;s culturas que han ido poblando el Archipi&eacute;lago, as&iacute; como de <strong>las distintas modalidades ling&uuml;&iacute;sticas, en particular del silbo gomero&rdquo; </strong>(negrita m&iacute;a), el art&iacute;culo 37.7, que uno de los principios rectores de la pol&iacute;tica del gobierno de las Islas debe ser &ldquo;<strong>la defensa, promoci&oacute;n y estudio del espa&ntilde;ol de Canarias, como variedad ling&uuml;&iacute;stica del espa&ntilde;ol atl&aacute;ntico&rdquo; </strong>(negrita m&iacute;a), y el art&iacute;culo 137.1, que &ldquo;corresponde a la Comunidad Aut&oacute;noma de Canarias la competencia exclusiva sobre el patrimonio cultural, sin perjuicio del art&iacute;culo 149.2 de la Constituci&oacute;n, que en todo caso incluye la regulaci&oacute;n del r&eacute;gimen jur&iacute;dico de los bienes, actividades y dem&aacute;s manifestaciones que lo integran por sus valores hist&oacute;ricos, arquitect&oacute;nicos, art&iacute;sticos, arqueol&oacute;gicos, etnogr&aacute;ficos, paleontol&oacute;gicos, cient&iacute;ficos o t&eacute;cnicos, as&iacute; como los bienes inmateriales de la cultura popular canaria y <strong>las particularidades ling&uuml;&iacute;sticas del espa&ntilde;ol hablado en Canarias&rdquo; </strong>(negrita m&iacute;a). Es decir, que, seg&uacute;n nuestro ordenamiento jur&iacute;dico m&aacute;s importante, todas las instituciones p&uacute;blicas canarias, entre ellas el gobierno aut&oacute;nomo, est&aacute;n obligadas a proteger y defender esa forma de expresarse elevada, como es l&oacute;gico, a la condici&oacute;n de patrimonio cultural de la comunidad aut&oacute;noma que es el espa&ntilde;ol de Canarias. Quien as&iacute; no lo hiciere se situar&iacute;a, obviamente, al margen de la ley.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente para velar por la protecci&oacute;n y promoci&oacute;n de nuestra particular forma de hablar la lengua espa&ntilde;ola, tan marginada e incluso vilipendiada hasta no hace muchos a&ntilde;os por la pol&iacute;tica ling&uuml;&iacute;stica oficial del Estado espa&ntilde;ol, las instituciones que la han apoyado tradicionalmente y sus secuaces, cre&oacute; el Parlamento de Canarias en el a&ntilde;o 1999, no sin la oposici&oacute;n de la Academia de Madrid, que intent&oacute; frenarla a toda costa (como se explica en mi <em>La Academia Canaria de la Lengua. Cr&oacute;nica de la tormenta ideol&oacute;gica de su fundaci&oacute;n</em>), una academia de la lengua, la Academia Canaria de la Lengua, que, seg&uacute;n el art&iacute;culo 3 del cap&iacute;tulo II de sus propios Estatutos, tiene entre sus funciones principales &ldquo;estudiar cient&iacute;ficamente el espa&ntilde;ol de Canarias&rdquo;, &ldquo;divulgar sus resultados&rdquo;, &ldquo;resolver cuantas consultas se le formulen&rdquo;, &ldquo;aconsejar en todo lo que ata&ntilde;a a la ense&ntilde;anza del espa&ntilde;ol en el Archipi&eacute;lago&rdquo;, &ldquo;colaborar con las autoridades educativas en lo relativo a sus competencias&rdquo;, &ldquo;fomentar la colaboraci&oacute;n cient&iacute;fica con las otras academias hisp&aacute;nicas&rdquo; y &ldquo;estimular el desarrollo de las perspectivas culturales de los canarios&rdquo;. Tan importante ha sido el papel que ha jugado esta instituci&oacute;n, constituida por los ling&uuml;istas, poetas, bi&oacute;logos, historiadores, etc&eacute;tera, que mejor representan y conocen la forma de hablar de los isle&ntilde;os (como el profesor y Medalla de Oro de Canarias 2003 Ram&oacute;n Trujillo, el narrador y Premio Canarias de Literatura 1988 Isaac de Vega, el escritor y Premio Canarias de Literatura 1988 Rafael Arozarena, el poeta y Premio Canarias de Literatura 1989 Pedro Lezcano, el poeta y Premio Canarias de Literatura 1990 Manuel Padorno, el acad&eacute;mico de la Real Academia Espa&ntilde;ola Manuel Alvar, el profesor Diego Catal&aacute;n, el profesor Antonio Lorenzo, la profesora Yolanda Arencibia, el profesor Jos&eacute; Antonio Samper Padilla, la profesora Carmen D&iacute;az Alay&oacute;n, el profesor Gonzalo Ortega, el bot&aacute;nico Wolfredo Wildpret, el zo&oacute;logo Antonio Machado, el profesor Humberto Hern&aacute;ndez, el jurista Eligio Hern&aacute;ndez, el profesor Manuel Torres Stinga, el escritor y Premio Canarias de Literatura 2006 Juan Manuel Garc&iacute;a Ramos, el economista Antonio Gonz&aacute;lez Vi&eacute;itez, el arquitecto Faustino Garc&iacute;a M&aacute;rquez, el profesor Antonio Tejera, el profesor Manuel de Paz, la poeta y profesora Alicia Llarena, el profesor Juan Manuel P&eacute;rez Vigaray, la escritora y Premio Canarias de Literatura 2015 Cecilia Dom&iacute;nguez, el periodista Pepe Alem&aacute;n o el profesor Jos&eacute; Juan Batista Rodr&iacute;guez), en la erradicaci&oacute;n del complejo de inferioridad ling&uuml;&iacute;stico que aquejaba a los isle&ntilde;os hasta no hace muchos a&ntilde;os, que tanto los marginaba cultural, social y profesionalmente, y en el conocimiento, promoci&oacute;n y difusi&oacute;n del habla y la literatura insulares, preterida siempre por el canon literario espa&ntilde;ol, que muy dif&iacute;cilmente podr&iacute;a hablarse hoy de normalidad ling&uuml;&iacute;stica en Canarias si no hubiera sido por los denodados esfuerzos que ha realizado esta instituci&oacute;n. Nadie que conozca los &uacute;ltimos a&ntilde;os del devenir hist&oacute;rico de Canarias podr&aacute; negar que su <em>Diccionario b&aacute;sico de canarismos</em>, sus numerosos estudios sobre los diversos aspectos f&oacute;nicos, gramaticales y l&eacute;xicos del habla insular, los autores canarios de m&aacute;s o menos relieve, el silbo gomero, etc., sus&nbsp;varios corpus de material topon&iacute;mico y etnogr&aacute;fico de las Islas, sus miles de conferencias impartidas por los mismos acad&eacute;micos en los centros educativos de toda la comunidad aut&oacute;noma, sus diversas jornadas de asesoramiento dirigidas al profesorado de lengua y literatura que ejerce su magisterio en las escuelas y los institutos de las Islas, sus copiosos materiales did&aacute;cticos para el fomento y la promoci&oacute;n del habla insular y los escritores canarios, su biblioteca digital del espa&ntilde;ol de Canarias, su buz&oacute;n de consultas, etc., han contribuido de forma decisiva a que nuestras gentes, desde los chicos de los colegios hasta los ciudadanos m&aacute;s maduros, se sientan hoy tan argullosas de su forma de hablar como las gentes de Castilla, Andaluc&iacute;a o Am&eacute;rica de la suya. Es, sin ninguna duda, la Academia Canaria de la Lengua la instituci&oacute;n cultural de nuestra comunidad aut&oacute;noma que m&aacute;s ha contribuido a la autoestima ling&uuml;&iacute;stica de los canarios; a que los canarios no escondan hoy su alma ante los dem&aacute;s, como lo hac&iacute;an antes, sino que la manifiesten sin ning&uacute;n tipo de complejo.	
    </p><p class="article-text">
        Por eso llama tanto la atenci&oacute;n que las autoridades de las Islas ignoren con tanta frecuencia una instituci&oacute;n que cre&oacute; el Parlamento de Canarias precisamente para velar por todo lo concerniente a la pol&iacute;tica ling&uuml;&iacute;stica de la comunidad aut&oacute;noma. El mismo art&iacute;culo 27.4 que acabamos de citar, donde el espa&ntilde;ol de Canarias se pone al mismo nivel que el silbo gomero, es prueba de hasta qu&eacute; punto ignoran todav&iacute;a algunos de nuestros responsables pol&iacute;ticos en qu&eacute; consiste realmente el habla insular y qu&eacute; papel juega en la identidad de los isle&ntilde;os. En primer lugar, hay que decir que el espa&ntilde;ol de Canarias nada tiene que ver con el silbo gomero, porque es un lenguaje primario y no secundario, sustitutivo, subrogado o instrumental como este. En segundo lugar, tampoco se confunde con el habla de los campesinos, que es simplemente una parte m&aacute;s del habla insular, la m&aacute;s marginada secularmente, dicho sea de paso. Y, en tercer lugar, no puede ponerse nuestra forma de hablar en el mismo nivel que los materiales sup&eacute;rstites del mundo guanche, la lucha canaria, el traje t&iacute;pico, la isa canaria o el sancocho, por ejemplo, porque, a pesar de la indiscutible importancia que tienen todas estas manifestaciones en la cultura de las Islas, ocupan rangos distintos del que ocupa la lengua en la definici&oacute;n de nuestra identidad. El espa&ntilde;ol de Canarias est&aacute; muy por encima del resto del patrimonio cultural de la comunidad aut&oacute;noma porque es un factor interno o constitutivo de la personalidad del isle&ntilde;o, casi como los ojos con que ve, los o&iacute;dos con que oye y los dedos con que palpa, no externa o material como aquel. Los canarios somos canarios porque hablamos la lengua espa&ntilde;ola al modo canario, como el castellano es castellano porque la habla al modo castellano, los andaluces, andaluces, porque la hablan al modo andaluz, los mejicanos, mejicanos, porque la hablan al modo mejicano, y los peruanos, peruanos, porque la habla al modo peruano. Cada cual emplea la lengua que habla a su modo y manera, porque las lenguas naturales, que son c&oacute;digos abstractos, s&oacute;lo existen bajo realizaciones hist&oacute;ricas concretas. Las palabras est&aacute;n siempre llenas de mundanidad; de la mundanidad que implican tanto las cosas que designan como los sentimientos de las gentes que las emplean. Al contrario de lo que suele creerse, nadie habla la lengua espa&ntilde;ola de forma pura, sino siempre contaminada por su experiencia personal. En las lenguas es imposible lo inmaculado, si dejamos al margen la poes&iacute;a l&iacute;rica. Hasta la misma modalidad est&aacute;ndar del idioma, que es la que suele escribirse, no es otra cosa que un dialecto m&aacute;s de la lengua que hablamos los hispanohablantes, sobre la que todos tenemos los mismos derechos y obligaciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No consiste, por tanto, el espa&ntilde;ol de Canarias en un pu&ntilde;ado de voces (<em>guagua, gofio, baifo, papas arrugadas</em>, por ejemplo) y pronunciaciones (seseo, aspiraciones&hellip;) m&aacute;s o menos pintorescas. Es decir, de una especie de desv&iacute;o de una supuesta lengua general o correcta, que ser&iacute;a la verdadera. Nada de esto. Todas las variedades de espa&ntilde;ol son igualmente correctas dentro de su &aacute;mbito geogr&aacute;fico o social. Se trata m&aacute;s bien de la forma que tenemos los canarios de usar el sistema f&oacute;nico, gramatical y l&eacute;xico de la lengua espa&ntilde;ola en su totalidad. Los canarios s&oacute;lo conocemos la lengua espa&ntilde;ola bajo la modalidad canaria, como los castellanos, los andaluces y los americanos, s&oacute;lo la conocen bajo la modalidad castellana, andaluza y americana, respectivamente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso precisamente, lo que define a la gente de las Islas desde el punto de vista cultural (no desde el punto de vista pol&iacute;tico, obviamente) es que habla canario. Si el presidente del gobierno de Canarias, la alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria o la presidenta del cabildo de Fuerteventura, por poner un par de ejemplos de relieve p&uacute;blico, son canarios no es porque tengan un carn&eacute; de identidad que certifica que han nacido en las Islas, porque gobiernen instituciones canarias o porque se sientan orgullosos de serlo, sino porque hablan canario. Ni nacer en un lugar determinado otorga autom&aacute;ticamente la identidad cultural de ese lugar (pese a haber nacido en Isla de Lobos, la poeta y dramaturga espa&ntilde;ola Josefina Pla no era canaria, porque no hablaba canario, sino espa&ntilde;ol de Paraguay), ni nacer fuera de un lugar impide adquirir la identidad cultural de ese lugar. Por ejemplo, pese a haber nacido en Madrid, el poeta Pedro Lezcano era canario, y no castellano, porque hablaba espa&ntilde;ol de Canarias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se dice en el Pre&aacute;mbulo de nuestro Estatuto de Autonom&iacute;a que &ldquo;la lejan&iacute;a y la insularidad han determinado el car&aacute;cter de los canarios y las peculiaridades de sus principios institucionales desde ese momento (el siglo XVI), y hasta la actualidad, con el reconocimiento de la ultraperificidad como elemento modulador e inspirador del autogobierno&rdquo;. Y no cabe ninguna duda de que as&iacute; es: la insularidad y la ultraperificidad han determinado de forma decisiva el car&aacute;cter particular de los canarios y donde mejor se refleja esa singularidad es en la forma que tienen de usar la lengua espa&ntilde;ola; una lengua que adquiere aqu&iacute; modulaci&oacute;n y sem&aacute;ntica distinta de la que tiene en Castilla, Andaluc&iacute;a o Am&eacute;rica, porque distinta es la geograf&iacute;a, la historia, la flora, la fauna, la gente, el sentido del humor, los sue&ntilde;os, las ilusiones, etc., de la tierra y distintas son las lenguas con que entr&oacute; en contacto desde que lleg&oacute; a esta regi&oacute;n atl&aacute;ntica a principios del siglo XV. Y la forma de hablar la lengua hay que defenderla, con u&ntilde;as y dientes, si es preciso, porque de ella depende tanto la visi&oacute;n que se tiene del mundo como la armon&iacute;a con que nos relacionamos con &eacute;l y la continuidad hist&oacute;rica, social y familiar con nuestros antepasados. Somos lo que hablamos. Cada palabra de la lengua que hablamos contiene los sentimientos, la memoria, el ambiente y el humor que nos identifica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando se cambian las palabras o los modos de decir propios por los ajenos, se cambian tambi&eacute;n las cosas que estas designan, porque, para los seres humanos, palabras y cosas son en realidad lo mismo. Por eso resulta tan pat&eacute;tico o tan grave que la gente abandone sus formas de hablar y adopte las de otros. Pat&eacute;tico, si es ella quien decide hacerlo por voluntad propia. Y grave, sin son los dem&aacute;s (la escuela, los poderes p&uacute;blicos, la iglesia&hellip;) los que la obligan a ello. Y es pat&eacute;tico y grave lo que comentamos porque en ambos casos se desnaturaliza el ser humano, dejando de ser lo que era para convertirse, no en otra cosa, sino en nada, porque no entiende ni puede entender el sentimiento de las palabras con que ha sustituido las suyas. En realidad, lo que hace el ap&oacute;stata de su lengua no pasa de ser una pantomima del ruido externo de la de los otros. El que imita una lengua o una forma de hablar no es otra cosa que un ventr&iacute;culo, sin alma propia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; la necesidad de que tanto las instituciones (p&uacute;blicas y privadas) de la comunidad aut&oacute;noma, en general, como sus ciudadanos, en particular, defiendan sus palabras y formas de expresarse de las imposiciones de los dem&aacute;s. Para ayudar a ello se cre&oacute;, como se&ntilde;alamos m&aacute;s arriba, la Academia Canaria de la Lengua, que no es, como cree mucha gente, un club para estudiar las palabras rurales y los llamados <em>guanchismos </em>del habla insular, ni una especie de museo de tipismos (en este caso ling&uuml;&iacute;sticos), como el museo del traje t&iacute;pico, el museo del queso o el museo del gofio, ni una academia de folclore, dedicada a celebrar los giros m&aacute;s o menos graciosos o las ocurrencias m&aacute;s o menos chuscas del pueblo llano o de nuestros escritores costumbristas, sino algo mucho m&aacute;s trascendente que todo esto. Se trata de una instituci&oacute;n cient&iacute;fica que estudia, defiende y promociona con rigor el alma de los canarios de hoy y de ayer, que est&aacute; cifrada donde se encuentra cifrada siempre el alma de toda persona, que es en las palabras y los modos de decir de la lengua que habla, que, en nuestro caso, es la espa&ntilde;ola. No estudia, por tanto, la Academia Canaria de la Lengua una especie de argot t&iacute;pico, m&aacute;s o menos alejado de un supuesto espa&ntilde;ol verdadero, que ser&iacute;a el que estudia la Academia de Madrid, sino el espa&ntilde;ol verdadero en su modalidad canaria.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso no le faltaba raz&oacute;n al Premio Canarias de Literatura 2006 Juan Manuel Garc&iacute;a Ramos cuando mostraba d&iacute;as atr&aacute;s en las redes sociales su extra&ntilde;eza por el hecho de que, en un reciente acto institucional celebrado en Madrid en que el presidente de Canarias y los rectores de las dos universidades insulares firmaban con el director de la Real Academia Espa&ntilde;ola una declaraci&oacute;n de intenciones para &ldquo;consolidar&rdquo; la relaci&oacute;n existente entre las instituciones que representan, no se hubiera mencionado para nada la Academia Canaria de la Lengua: &ldquo;&iquest;La Academia Canaria de la Lengua -dec&iacute;a nuestro escritor-, fundada por personalidades recientemente fallecidas como Ram&oacute;n Trujillo o Antonio Lorenzo Ramos, no merece ser mencionada en esta declaraci&oacute;n institucional de los se&ntilde;ores rectores? Pues, muy bien. Lo del presidente de la comunidad no lo cito. La ignorancia es manifiesta&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Tiene el gobierno de Canarias la obligaci&oacute;n de invocar a la Academia Canaria de la Lengua en actos como el mencionado o tomar en consideraci&oacute;n sus planteamientos o dict&aacute;menes en su pol&iacute;tica ling&uuml;&iacute;stica? Bueno fuera. Los gobiernos democr&aacute;ticos son libres para aplicar su programa electoral, que fue el pacto que firmaron con los ciudadanos que los eligieron, como mejor crean conveniente. Pero, como las colaboraciones o convenios de que hablamos pueden afectar de forma m&aacute;s o menos grave a la modalidad ling&uuml;&iacute;stica que, seg&uacute;n su propio ordenamiento jur&iacute;dico (art&iacute;culos 27.4, 37.7 y 137.1 de su Estatuto de Autonom&iacute;a), tiene la obligaci&oacute;n de &ldquo;proteger y defender&rdquo;, que es la de sus ciudadanos, no estar&iacute;a de m&aacute;s que contara con asesoramientos especializados (que no todo podemos saberlo), para que pudiera calibrar y tomar conciencia de hasta qu&eacute; punto es coherente o incoherente el apoyo que presta a instituciones que, a pesar del glamur que tienen entre determinada gente y que tanto seducen a los incautos o ingenuos, lo &uacute;nico que han hecho a lo largo de la historia, por su vocaci&oacute;n generalista, elitista o centralista, ha sido marginar las modalidades ling&uuml;&iacute;sticas perif&eacute;ricas (que, dicho sea de paso, constituyen el noventa por ciento del idioma), entre ellas la que el gobierno de Canarias y todos los isle&ntilde;os tenemos la obligaci&oacute;n de cuidar y defender, porque es la que nos define como seres humanos; la base de nuestra identidad como pueblo independiente. Y advertir de estos peligros es tambi&eacute;n responsabilidad de la Academia Canaria de la Lengua. Nadie en su sano juicio entender&iacute;a que se regalara dinero del erario p&uacute;blico canario y se rinda pleites&iacute;a a instituciones que no han hecho m&aacute;s que ningunear la identidad ling&uuml;&iacute;stica de los canarios de ayer y de hoy.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/academia-canaria-lengua-politica-linguistica-canarias_132_12938376.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Jan 2026 08:37:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Academia Canaria de la Lengua y la política lingüística de Canarias]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bronca en la Academia de la Lengua de Madrid]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/bronca-academia-lengua-madrid_132_12921926.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1da990a5-9f11-421e-bc5b-910526c3d167_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bronca en la Academia de la Lengua de Madrid"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La lengua la crea y la regula el pueblo, haciendo uso de su libertad de expresión, que es el derecho fundamental de los seres humanos, no los académicos. Sólo la libertad hace posible el idioma porque sólo ella permite mantenerlo vivo, insuflando aliento nuevo a las palabras ya existentes o creando otras ‘ex novo’ o mediante préstamo, para dar satisfacción a las necesidades expresivas siempre distintas de cada día</p></div><p class="article-text">
        De un tiempo a esta parte, la Real Academia Espa&ntilde;ola no gana para sustos, o para disgustos, ser&iacute;a mejor decir en este caso, debido a las graves acusaciones y hasta anatemas que le han lanzado propios y extra&ntilde;os. Primero fue el varapalo de Luis Garc&iacute;a Montero, director del Instituto Cervantes, que la acus&oacute; de estar gobernada m&aacute;s por mercachifles que por especialistas en filolog&iacute;a, agu&aacute;ndole as&iacute; la fiesta del X Congreso Internacional de la Lengua Espa&ntilde;ola, celebrado a finales del a&ntilde;o pasado en Per&uacute;. Y ahora tiene que lidiar con el rapapolvo del acad&eacute;mico escritor Arturo P&eacute;rez-Reverte, que, en un art&iacute;culo recientemente publicado en el peri&oacute;dico <em>El Mundo</em>,<em> </em>la acusa de haber ca&iacute;do en manos de ling&uuml;istas radicales o &ldquo;talibanes del todo vale&rdquo;, que, ignorando que la verdadera funci&oacute;n de la docta instituci&oacute;n es, como reza su lema fundacional, limpiar, fijar y dar esplendor, que debe aplicarse con mano dura y no con medias tintas, dan m&aacute;s validez a la expresi&oacute;n de los &ldquo;catetos audaces&rdquo; que tanto proliferan en el mundo moderno, como &ldquo;influencers analfabetos, tertulianos, youtubers o periodistas&rdquo;, que a la de los propios escritores de la casa. &ldquo;La voz de los acad&eacute;micos escritores que por naturaleza son creadores, trabajadores y especialistas del lenguaje -afirma P&eacute;rez-Reverte-, apenas cuenta hoy en la RAE. Muchos de ellos, vivos o recientemente fallecidos, han se&ntilde;alado errores, empobrecimientos, banalizaciones del idioma, s&oacute;lo para ver c&oacute;mo el sector ahora dominante en la Academia -los talibanes del todo vale- los ignora y trata como opiniones respetables, pero irrelevantes&rdquo;. El resultado de todo ello es, seg&uacute;n nuestro d&iacute;scolo acad&eacute;mico, un escenario en que el hablante queda &ldquo;sin referencias firmes&rdquo;, a merced de &ldquo;las modas pasajeras, los titulares llamativos y los giros de las redes sociales&rdquo;. Y a esto habr&iacute;a que unir &ldquo;la falta de liderazgo cultural frente a la marea de anglicismos innecesarios, tecnicismos superfluos y empobrecimiento del l&eacute;xico&rdquo;. Por todo ello, considera P&eacute;rez-Reverte que la Academia &ldquo;deber&iacute;a marcar una l&iacute;nea clara frente a estas tendencias, en lugar de limitarse a constatar su expansi&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La discusi&oacute;n acerca de si las riendas de una academia de la lengua deben estar en manos de acad&eacute;micos ling&uuml;istas o de acad&eacute;micos escritores no es nada nuevo. En realidad, meterse con la Academia de Madrid constituye casi un g&eacute;nero literario en el mundo hisp&aacute;nico. Otra gente de mayor peso art&iacute;stico y ling&uuml;&iacute;stico y de mayor autoridad que los que acabamos de citar, que, dicho sea de paso, no se suelen citar porque no conviene o porque se desconocen, hab&iacute;an planteado el asunto mucho antes que ellos. As&iacute;, don Miguel de Unamuno, que consideraba que los &ldquo;t&eacute;cnicos en ling&uuml;&iacute;stica&rdquo; deb&iacute;an ser la pieza fundamental de la instituci&oacute;n y que &ldquo;los peores de sus miembros son los literatos o eruditos <em>aficionados</em> a la ling&uuml;&iacute;stica, los que de esta ciencia poseen el barniz necesario para darse tono, los que toman la filolog&iacute;a como una rama de las humanidades y no como una de las llamadas ciencias naturales, que es lo que es&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;A qu&eacute; se deben reacciones tan encontradas? &iquest;Por qu&eacute; se tiran los trastos a la cabeza los acad&eacute;micos ling&uuml;istas y los acad&eacute;micos escritores de la Academia, como si militaran en instituciones culturales distintas? Pues, porque, como todo el mundo sabe, esta vieja instituci&oacute;n ha intentado compatibilizar dos enfoques que son en s&iacute; mismos incompatibles: el enfoque descriptivista o cient&iacute;fico y el enfoque prescriptivo o axiol&oacute;gico. Es decir, lo objetivo y lo subjetivo. Y, como es natural, de esta forma no puede contentar del todo ni al bando de los cultivadores del lenguaje ni al bando de sus te&oacute;ricos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y son incompatibles estos dos enfoques porque el primero se limita a describir, de una u otra manera, los hechos idiom&aacute;ticos y su siempre compleja manifestaci&oacute;n en la realidad concreta del hablar tal y como son en s&iacute; mismos y por s&iacute; mismos, sin la m&aacute;s m&iacute;nima valoraci&oacute;n subjetiva. Como nos ha hecho ver la ling&uuml;&iacute;stica moderna, enfocado el problema desde la lengua misma, sea esta la que sea, todos sus usos son igualmente leg&iacute;timos. Ninguna palabra es en s&iacute; misma incorrecta, vulgar o &ldquo;sucia&rdquo;, porque todas y cada una de ellas son la expresi&oacute;n natural de sus usuarios, de su forma particular de poner concepto y armon&iacute;a al mundo que los rodea. Lo que quiere decir que en las lenguas no hay nada que limpiar. La expresi&oacute;n popular<em> m&aacute;s nada </em>(<em>nadie, nunca</em>), por ejemplo, no es menos correcta o limpia que la formal <em>nada </em>(<em>nadie, nunca</em>) <em>m&aacute;s</em>, sino diferente: mientras que aquella presenta el cuantificador <em>m&aacute;s </em>como n&uacute;cleo, esta lo presenta como complemento. En ello radica la diferencia entre una y otra. Por eso, cuando se &ldquo;limpia&rdquo; una de ellas, se empobrece el idioma. Tampoco es objetivamente m&aacute;s est&eacute;tica, porque, en el lenguaje pr&aacute;ctico, la est&eacute;tica depende m&aacute;s del sujeto que del objeto: para el hablante corriente la expresi&oacute;n m&aacute;s est&eacute;tica es la suya propia. Casi est&aacute; uno por decir que en este registro &eacute;tica y est&eacute;tica van juntas. Si acaso, se puede decir que tiene m&aacute;s prestigio, que es tambi&eacute;n un hecho meramente subjetivo, porque lo fijan quienes tienen el poder econ&oacute;mico, pol&iacute;tico o social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, el segundo enfoque que comentamos, que es el preceptista, lo que hace es recomendar o imponer aquellos usos que mejor cuadran a los gustos de los que legislan, sean ling&uuml;istas, pol&iacute;ticos, mercachifles o escritores, o mejor convienen a sus intereses de clase, impidiendo as&iacute; que la gente diga lo que tenga que decir y como lo quiera decir, en funci&oacute;n de sus propios gustos e intereses.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y no es que los referentes o modelos no sean necesarios para aprender a hablar y escribir. Los referentes o modelos son imprescindibles para aprender cualquier cosa, porque el ser humano aprende imitando, pero los referentes o modelos ling&uuml;&iacute;sticos que convienen a cada cual, que est&aacute;n para romperse, porque lo que mueve al hombre son las ansias de novedad y originalidad, se encuentran m&aacute;s en los buenos libros de literatura, historia, filosof&iacute;a, antropolog&iacute;a, f&iacute;sica, est&eacute;tica o m&uacute;sica, en el habla viva de la gente del pueblo (empezando por la de los padres, los amigos y los maestros, con que tratamos desde la infancia), en los medios de comunicaci&oacute;n y en las gram&aacute;ticas, que en las envaradas preceptivas acad&eacute;micas.
    </p><p class="article-text">
        Con todo, lo m&aacute;s relevante del caso que nos ocupa no es que la Academia est&eacute; gobernada por ling&uuml;istas o por literatos. Lo realmente relevante en este asunto es que ni describir la lengua y su variaci&oacute;n geogr&aacute;fica, social, estil&iacute;stica e hist&oacute;rica ni imponer o prohibir palabras y formas de hablar son cosas que puedan o deban hacerse desde las academias, que son rehenes de sus liturgias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Describir los hechos de la lengua no es tarea propia de las academias, porque la descripci&oacute;n de los hechos, sean estos los que sean, no puede hacerse con coherencia de forma colectiva, sino individual. Las grandes obras del esp&iacute;ritu son cosa de personas concretas. Ah&iacute; est&aacute;n, sin ir m&aacute;s lejos, las rocas firmes de la <em>Gram&aacute;tica de la lengua castellana, para uso de los americanos</em> del venezolano Andr&eacute;s Bello y las <em>Apuntaciones cr&iacute;ticas del lenguaje bogotano</em> y el <em>Diccionario de construcci&oacute;n y r&eacute;gimen de la lengua castellana</em> del colombiano Rufino Cuervo para demostrarlo.<em> </em>En cierta manera, las mismas gram&aacute;ticas de la Academia son obras individuales, m&aacute;s que colectivas. &iquest;Qu&eacute; es en esencia el <em>Esbozo de una nueva gram&aacute;tica de la lengua espa&ntilde;ola</em>, por ejemplo,<em> </em>sino la gram&aacute;tica de los acad&eacute;micos Samuel Gili Gaya y Salvador Fern&aacute;ndez Ram&iacute;rez? &iquest;Qu&eacute; es la <em>Nueva gram&aacute;tica de la lengua espa&ntilde;ola </em>sino en esencia la gram&aacute;tica del acad&eacute;mico Ignacio Bosque y sus seguidores? Tambi&eacute;n el diccionario oficial, que la Academia ha redactado hasta ahora siguiendo el trasnochado m&eacute;todo de palabras y cosas, como si la revoluci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica saussureana no hubiera sucedido nunca, requiere de profundas investigaciones personales, para determinar la significaci&oacute;n invariante de las ra&iacute;ces l&eacute;xicas y poder explicar a partir de ellas la variaci&oacute;n gramatical y conceptual de las palabras a trav&eacute;s de las cuales vemos el mundo los hispanohablantes. Las palabras hispanas, que son hechos de <em>parole</em>, no de <em>langue</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y prescribir usos ling&uuml;&iacute;sticos no es propio de una academia ni de nadie que tenga dos dedos de frente porque quien &uacute;nico tiene capacidad de decisi&oacute;n sobre la lengua y sus usos en la realidad concreta del hablar son los hablantes mismos, en funci&oacute;n de sus intereses y necesidades comunicativos, que son siempre m&aacute;s pr&aacute;cticos que est&eacute;ticos o intelectuales. La lengua la crea y la regula el pueblo, haciendo uso de su libertad de expresi&oacute;n, que es el derecho fundamental de los seres humanos, no los acad&eacute;micos. S&oacute;lo la libertad hace posible el idioma porque s&oacute;lo ella permite mantenerlo vivo, insuflando aliento nuevo a las palabras ya existentes o creando otras <em>ex novo </em>o mediante pr&eacute;stamo, para dar satisfacci&oacute;n a las necesidades expresivas siempre distintas de cada d&iacute;a. El cambio es consustancial al funcionamiento del idioma, porque la realidad no para de hacerse y deshacerse todos los d&iacute;as de Dios. Por eso, fijarlo es matarlo. Si la lengua espa&ntilde;ola sigue hoy m&aacute;s viva y pujante que nunca (los m&aacute;s optimistas estiman que la hablan ya unos 700 millones de personas), pese a la modestia econ&oacute;mica de sus hablantes, como si la pobreza le sentara bien, es porque ni el pueblo llano ni los grandes escritores hisp&aacute;nicos ni los profesores de lengua m&aacute;s conscientes y competentes se han tomado nunca en serio los trabajos de limpieza, fijaci&oacute;n y dar esplendor de la Academia de Madrid. Es decir, que la lengua que hablamos todos los ciudadanos de la patria hisp&aacute;nica ha crecido y se ha hecho grande no gracias a la tricentenaria instituci&oacute;n, sino a pesar de ella.
    </p><p class="article-text">
        Todo ello ha determinado que m&aacute;s de uno se haya cuestionado no s&oacute;lo el funcionamiento de la &ldquo;docta casa&rdquo;, como la llaman algunos, y su pol&iacute;tica ling&uuml;&iacute;stica, sino incluso su propia raz&oacute;n de ser. As&iacute; el citado Unamuno, que lleg&oacute; a manifestar sin ambages que &ldquo;lo mejor de todo es que suprimiese la Real Academia de la Lengua dej&aacute;ndole a esta entregada a sus fuerzas y a su propio juego, sin tutores ni curadores&rdquo;; que se clausurase una instituci&oacute;n cuyos &ldquo;tutores y curadores&rdquo; no hab&iacute;an hecho otra cosa que frenar el desarrollo de la lengua y entorpecer la formaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica del mundo hisp&aacute;nico, con su pol&iacute;tica represora y sectaria, metiendo constantemente el miedo en el cuerpo a la gente por una hache muda o una tilde de m&aacute;s o de menos. &ldquo;La Academia misma de la Lengua, una corporaci&oacute;n encargada de limpiar, fijar y dar esplendor al idioma, de legislar sobre &eacute;l -insiste en otra parte el fil&oacute;sofo, novelista, poeta, dramaturgo, ensayista, pol&iacute;tico y pedagogo de la generaci&oacute;n del 98-, es ya en s&iacute; un perfecto disparate. Y donde no hay semejante absurdo, las gentes escriben y se entienden entre s&iacute; con m&aacute;s limpieza, con m&aacute;s fijeza y con m&aacute;s esplendor que donde &eacute;l funciona&rdquo;. As&iacute; tambi&eacute;n Garc&iacute;a M&aacute;rquez, que lleg&oacute; a calificar el diccionario de la Academia como un &ldquo;terrible esperpento regresivo&rdquo;, porque las palabras no las crean los acad&eacute;micos, sino la gente de la calle. El idioma se construye de abajo arriba, no de arriba abajo, como cre&iacute;a la tradici&oacute;n y siguen creyendo muchos ingenuos. Y, as&iacute; igualmente, por poner un ejemplo m&aacute;s, el ling&uuml;ista mejicano Fernando Lara, que considera que la Real Academia Espa&ntilde;ola es una instituci&oacute;n nefasta para el idioma por su actitud colonialista; porque sus planteamientos &ldquo;espa&ntilde;olistas&rdquo; desvirt&uacute;an su realidad, ninguneando gran parte de su riqueza americana, que constituye al presente su fracci&oacute;n m&aacute;s importante y sin la cual es imposible entenderlo a derechas. Las lenguas s&oacute;lo se encuentran completas en su diversidad geogr&aacute;fica, social, estil&iacute;stica e hist&oacute;rica.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, si de lo que se trata es de formar buenos hablistas, pues lo que hay que hacer es fortalecer nuestro precario sistema educativo, con mucha m&aacute;s inversi&oacute;n econ&oacute;mica que la actual y con profesores bien instruidos, que conozcan los entresijos de la lengua hasta donde ello es posible, teniendo en cuenta el actual estado del conocimiento f&oacute;nico, gramatical y l&eacute;xico, sus diversas manifestaciones hist&oacute;ricas (el registro popular, el literario, el cient&iacute;fico, el period&iacute;stico, el matem&aacute;tico y el de &ldquo;las modas pasajeras, los titulares llamativos y los giros de las redes sociales&rdquo;, por supuesto, tan importantes en el mundo moderno), los m&eacute;todos para ense&ntilde;arla y la vida real de la gente, no fiar la tarea a academias normativas censoras de usos y desconocedoras del alma y las necesidades del campesino, el marinero o el artesano, porque la formaci&oacute;n del ciudadano no es tanto una cuesti&oacute;n de palabras o formas de decir lo que siempre se ha dicho cuanto una cuesti&oacute;n de ideas nuevas. Si cada vez se habla y se escribe peor no es porque la Academia haya dejado de &ldquo;limpiar, fijar y dar esplendor&rdquo;, sino m&aacute;s bien porque el sistema educativo no funciona como debiera.
    </p><p class="article-text">
        En s&iacute;ntesis, que lo que hay que hacer es ense&ntilde;ar a los muchachos a pensar por cuenta propia, no a que digan las sempiternas trivialidades envueltas en las palabras y las construcciones que el poder pol&iacute;tico, cultural, social o art&iacute;stico dominante recomienda o impone. Ense&ntilde;arlos a crear ideas nuevas, que ya las expresar&aacute;n como Dios les d&eacute; a entender; en espa&ntilde;ol acad&eacute;mico, castellano, andaluz, canario o americano; en la lengua espa&ntilde;ola o la que mejor cuadre a sus intereses comunicativos, sea ingl&eacute;s, chino, &aacute;rabe o ruso, que todas ellas patrimonio de la humanidad son. Hoy hay que pensar m&aacute;s en t&eacute;rminos globales que en t&eacute;rminos locales. De ah&iacute; que no haya que tenerles miedo a los extranjerismos. Las palabras extranjeras no hacen ning&uacute;n da&ntilde;o a las lenguas que las toman en pr&eacute;stamo. Cuando son &uacute;tiles, se nacionalizan en el sistema de la que los ha adoptado, enriqueciendo as&iacute; su caudal l&eacute;xico, como demuestran las tantas ra&iacute;ces de procedencia &aacute;rabe, francesa, amerindia e inglesa, por ejemplo, que tenemos integradas de forma natural en la lengua espa&ntilde;ola, sin que pueda decirse que ninguna de ellas bastardee el idioma o desmerezca respecto de las que proceden de la lengua madre, porque, para el hablante, que no tiene conciencia hist&oacute;rica, todas ellas son exactamente iguales. Y, cuando son superfluas, son devueltas a su propietario por in&uacute;tiles con la misma rapidez con que se les dio acogida. &iquest;Qui&eacute;n recuerda al presente anglicismos como <em>bushel, budjet, attorney, tilbury, cold-cream </em>o <em>twines</em>, que tanto se usaron en el espa&ntilde;ol de anta&ntilde;o para designar cierta unidad de medida de capacidad para s&oacute;lidos, un presupuesto econ&oacute;mico, un abogado, un carruaje de dos ruedas y dos asientos, una especie de crema hidratante y los gemelos o mellizos, respectivamente? S&oacute;lo con buenos maestros que sepan estimular la libertad de creaci&oacute;n de los chicos es posible formar hombres y mujeres libres, lejos de todo academicismo, &ldquo;que es la peor enfermedad que puede padecer una lengua, y s&oacute;lo se cura haciendo caso alguno de la Academia y sin cuidarse de quienes la forman. Lo mismo da que sean unos u otros, ya que la Academia en s&iacute;, como legisladora del idioma, es un desatino&rdquo;, como dej&oacute; escrito don Miguel de Unamuno hace ya un mont&oacute;n de a&ntilde;os.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/bronca-academia-lengua-madrid_132_12921926.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 Jan 2026 13:58:43 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La gramática del imperialismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/gramatica-imperialismo_132_12909404.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/38cacae6-505a-463e-8dd9-bb1e284a1906_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La gramática del imperialismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El poder absoluto para rapiñar es consustancial al imperio. De ahí que no pueda extrañar que no hable nunca el presidente norteamericano de democracia o de derechos humanos. A él lo único que lo mueve son sus intereses particulares y sus negocios</p></div><p class="article-text">
        Dispone la lengua espa&ntilde;ola de una ra&iacute;z l&eacute;xica que expresa una de las relaciones de poder m&aacute;s brutales que existen en las relaciones internacionales. Se trata de la forma <em>imper-</em>, que presenta constante e invariablemente la significaci&oacute;n de &ldquo;mando o dominio sobre otros que son soberanos&rdquo;. &ldquo;Yo soy Dar&iacute;o, el Gran Rey, Rey de reyes, rey de pa&iacute;ses que contienen toda clase de hombres&rdquo;, se lee en la tumba del emperador m&aacute;s grande de la antigua Persia y en estas palabras se pone de manifiesto bien a las claras la brutalidad que tal piececilla idiom&aacute;tica implica: invasi&oacute;n de la soberan&iacute;a de otros, que, por ello, quedan sin capacidad para decidir sobre sus recursos, su identidad, sus leyes, sus costumbres, sus lenguas y su destino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por el impacto que en la vida de los pueblos tiene el fen&oacute;meno que designa, tal intuici&oacute;n sem&aacute;ntica ha desarrollado en nuestra lengua un n&uacute;mero de variantes gramaticales m&aacute;s o menos heterog&eacute;neas, que dan forma a los conceptos y relaciones pr&aacute;cticas que de ella pueden derivarse y que son las que usamos los hispanohablantes para referirnos a los distintos aspectos inherentes a la lacra del imperialismo. Para empezar, nos encontramos con dos variantes categoriales distintas: la variante nominal <em>imperio</em> y la variante verbal <em>imperar</em>.
    </p><p class="article-text">
        En la variante categorial <em>imperio</em>, la mencionada intuici&oacute;n sem&aacute;ntica b&aacute;sica de &ldquo;mando o dominio sobre soberanos&rdquo; aparece presentada como nombre, como ser independiente, y se entiende en tres sentidos distintos, como puede comprobarse en cualquier diccionario al uso: &ldquo;mando o dominio sobre soberanos&rdquo;, a secas, &ldquo;naci&oacute;n que ejerce mando o dominio sobre otras&rdquo; y &ldquo;tiempo que dura un determinado mando o dominio sobre soberanos&rdquo;. Al presente, el pa&iacute;s que mejor personifica el concepto nominal que nos ocupa son los Estados Unidos de Am&eacute;rica, que intentan imponer su dominio a pa&iacute;ses independientes (los hispanoamericanos, sobre todo, que son los que tienen al lado) con mano f&eacute;rrea, salt&aacute;ndose a la torera el derecho internacional y las m&aacute;s elementales normas de civilidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya advirti&oacute; Donald Trump d&iacute;as atr&aacute;s a toda la humanidad que &eacute;l no necesitaba el derecho internacional para justificar sus decisiones, porque los &uacute;nicos l&iacute;mites que tienen sus actos son su moralidad y su conciencia. El poder absoluto para rapi&ntilde;ar es consustancial al imperio. De ah&iacute; que no pueda extra&ntilde;ar que no hable nunca el presidente norteamericano de democracia o de derechos humanos. A &eacute;l lo &uacute;nico que lo mueve son sus intereses particulares y sus negocios. Nos encontramos, evidentemente, ante la versi&oacute;n m&aacute;s descarada y c&iacute;nica de la archiconocida mesi&aacute;nica doctrina del &ldquo;destino manifiesto&rdquo; que se inventaron los yanquis para hacer en el mundo lo que les venga en gana. Digamos que lo que han hecho los Estados Unidos aqu&iacute; no es otra cosa que manifestar sin tapujos las apetencias e intenciones de siempre. &ldquo;Am&eacute;rica first&rdquo; fue el eslogan de la campa&ntilde;a electoral de su actual presidente. Y, para que Am&eacute;rica (es decir, los Estados Unidos) sea &ldquo;first&rdquo;, es necesario que el resto de los pa&iacute;ses de la Tierra se arrodillen a sus pies. El mismo hecho de que la patria de Washington, Jefferson, Franklin o Lincoln se haya apoderado del nombre de todo el continente americano es ya bastante revelador de las ansias de hegemon&iacute;a que tiene el &ldquo;gigante del norte&rdquo;, como lo llaman los mejicanos, y del da&ntilde;o que ha infligido y sigue infligiendo al resto de los pueblos del planeta. De la variante nominal <em>imperio</em> derivan las variantes <em>imperial</em> e <em>imperioso</em>. La variante <em>imperial</em> presenta la significaci&oacute;n nominal &ldquo;mando o dominio sobre soberanos&rdquo; de la base &ldquo;externamente expandida en todas las direcciones del espacio&rdquo; mediante el sufijo <em>-al</em> y se entiende en el sentido cualitativo de &ldquo;perteneciente o relativo al imperio&rdquo;, como dice el diccionario de la Real Academia. As&iacute;, por ejemplo, leemos en los peri&oacute;dicos que &ldquo;Trump es la nueva dictadura <em>imperial </em>que amenaza a Am&eacute;rica Latina&rdquo; o que &ldquo;Estados Unidos reactiva su maquinaria <em>imperial </em>en el Caribe&rdquo;. De lo que se nos habla en estos textos no es de una dictadura y una maquinaria militar de un imperio a secas, sino de una dictadura y de una maquinaria militar de un imperio que ejerce su poder por todas las latitudes del ancho mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De esta variante cualitativa del nombre <em>imperio</em> se derivan, a su vez, dos variantes morfol&oacute;gicas nuevas, de una enorme importancia para el desarrollo conceptual de la intuici&oacute;n sem&aacute;ntica que nos ocupa: la variante <em>imperialista</em> y la variante <em>imperialismo</em>. La primera presenta la significaci&oacute;n cualitativa &ldquo;mando o dominio sobre soberanos expandido en todas las direcciones del espacio&rdquo; de la base como &ldquo;l&iacute;mite de apego activo&rdquo; mediante el sufijo <em>-ista</em> y se entiende en el sentido cualitativo, no de &ldquo;partidario de un imperio&rdquo;, como dicen algunos, sino de &ldquo;partidario de la pol&iacute;tica imperial&rdquo;, es decir, &ldquo;de extender el dominio de una persona o un pa&iacute;s sobre otros que son soberanos&rdquo;, que no es lo mismo. El partidario del imperio tiene como objetivo una cosa delimitada, porque el t&eacute;rmino de la relaci&oacute;n es sustantivo; el de lo imperial, una cosa m&aacute;s amplia, porque el t&eacute;rmino de la relaci&oacute;n es adjetivo, que se encuentra desparramado por la naturaleza. De ah&iacute; el matiz de regodeo y goce en hacer lo que se hace que implica nuestra voz. Como el guitarrista disfruta tocando la guitarra o el futbolista jugando al f&uacute;tbol, el imperialista disfruta invadiendo pueblos que son soberanos para expoliar sus recursos y enriquecerse a su costa. Y tambi&eacute;n en esto los Estados Unidos de Am&eacute;rica y muchos de sus ciudadanos constituyen un ejemplo paradigm&aacute;tico de lo que nuestra voz significa, como nos hacen ver los medios de comunicaci&oacute;n de todo el mundo: &ldquo;La amenaza imperialista de Trump descoloca a Europa&rdquo;, &ldquo;S&aacute;nchez cierra filas ante el af&aacute;n imperialista de Trump&rdquo;, leemos en los peri&oacute;dicos nacionales.
    </p><p class="article-text">
        La forma <em>imperialismo</em> presenta la mencionada significaci&oacute;n cualitativa de <em>imperial </em>como &ldquo;l&iacute;mite de apego pasivo&rdquo; mediante el sufijo <em>-ismo</em> y se entiende en el sentido sustantivo de &ldquo;doctrina, pr&aacute;ctica o comportamiento de imperialistas&rdquo;. Como si de un vicio o una patolog&iacute;a se tratara. As&iacute;, lo que implica nuestra voz en el texto de prensa &ldquo;El nuevo imperialismo de Trump recuerda un per&iacute;odo oscuro de cambio de r&eacute;gimen heredado por los Estados Unidos&rdquo; es algo as&iacute; como que los yanquis tienen una visi&oacute;n imperial del mundo, como, por lo dem&aacute;s, ponen de manifiesto las tantas invasiones y agresiones a pa&iacute;ses soberanos que ha perpetrado a lo largo de su corta historia, como la de Guatemala, en 1954, la de la Rep&uacute;blica Dominicana y Vietnam, en 1965, la de Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil y Bolivia (Operaci&oacute;n C&oacute;ndor), en 1970,&nbsp;la de Chile, en 1973, la de Nicaragua, en 1980,&nbsp;la de Panam&aacute;, en 1989, la de Afganist&aacute;n, en 2001, la de Irak, en 2003, la de Venezuela, d&iacute;as atr&aacute;s, y las que, al parecer, quedan por venir. Pr&aacute;ctica les sobra, porque su misma patria surgi&oacute; de un acto de usurpaci&oacute;n; de la usurpaci&oacute;n a sangre y fuego de su tierra a los indios americanos.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, la forma <em>imperioso</em> presenta la mencionada significaci&oacute;n &ldquo;mando o dominio sobre soberanos&rdquo; de la voz <em>imperio</em> como &ldquo;materia interna del nombre que lo rige&rdquo; mediante el sufijo <em>-oso</em> y se entiende en el sentido cualitativo de &ldquo;que tiene en su interior el concepto de mando sobre soberanos&rdquo;, casi como si la persona o pa&iacute;s as&iacute; calificado llevara el ansia de poder y vasallaje en la sangre. Al presente, como dice el periodista Thomas Frank en una de sus columnas habituales, la persona m&aacute;s imperiosa del mundo es el presidente de los Estados Unidos: &ldquo;El imperioso Donald Trump es otro que no llora en p&uacute;blico, pero s&iacute; que se enfurru&ntilde;a y hace pucheros y protesta&rdquo;. Por eso no tiene el presidente norteamericano el m&aacute;s m&iacute;nimo reparo en manifestar que, si la actual presidenta de Venezuela, que &eacute;l puso al frente del pa&iacute;s para que su reciente intervenci&oacute;n en &eacute;l no se le fuera de las manos, &ldquo;no hace lo que es correcto, va a pagar un precio muy alto, probablemente m&aacute;s alto que el de Maduro&rdquo;. El matonismo del mandatario norteamericano no es otra cosa que una manifestaci&oacute;n clara de la cualidad que comentamos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la variante categorial <em>imper(i)ar</em>, la significaci&oacute;n b&aacute;sica de &ldquo;mando o dominio sobre soberanos&rdquo; de <em>imper(i)- </em>se presenta como &ldquo;proceso&rdquo;, como &ldquo;fen&oacute;meno con tiempo interno&rdquo;, y se entiende en el sentido de &ldquo;mandar o dominar sobre soberanos&rdquo;. Tambi&eacute;n en este caso son los Estados Unidos de Am&eacute;rica y sus ciudadanos imperialistas quienes de forma m&aacute;s evidente ejercen en el mundo actual el oficio de <em>imperar</em>. &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n impera en el imperio americano?&rdquo;, se preguntaba hace poco el periodista Pedro Prieto. &ldquo;Trump impera en el imperio americano&rdquo;, le responde en portada un peri&oacute;dico local.&nbsp;De forma m&aacute;s general, puede decirse que los Estados Unidos han imperado siempre sobre Am&eacute;rica Latina, defenestrando, secuestrando, encarcelando o asesinando a los gobernantes locales que cuestionen su hegemon&iacute;a y poniendo en su lugar a otros que rindan pleites&iacute;a a sus intereses imperialistas. Es lo que hicieron en Nicaragua, donde impusieron a Juan Jos&eacute; Estrada, en perjuicio de Santos Zelaya; en Cuba, a Fulgencio Batista, en perjuicio de Manuel de C&eacute;spedes; en Brasil, a Castelo-Branco, en perjuicio de Joao Goular; en Chile, a Pinochet, en perjuicio de Allende; en Argentina, a Videla, en perjuicio de Isabel Per&oacute;n; en la Rep&uacute;blica Dominicana, a Trujillo, en perjuicio de Horacio V&aacute;squez; en Bolivia, a Hugo B&aacute;nzer, en perjuicio de Juan Jos&eacute; Torres; en Guatemala, a Carlos Castillo Armas, en perjuicio de Jacobo &Aacute;rbenz; en Venezuela, a Delcy Rodr&iacute;guez, en perjuicio de Nicol&aacute;s Maduro, etc. Por eso no metaforiza Donald Trump cuando se jacta de decir que quien manda en Venezuela es &eacute;l. Efectivamente, as&iacute; es: quien gobierna hoy la patria de la persona que liber&oacute; a Am&eacute;rica del imperio espa&ntilde;ol es el presidente yanqui, lo que no deja de ser una terrible paradoja.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta variante verbal de la ra&iacute;z <em>imper-</em> ha desarrollado, a su vez, tres variantes gramaticales distintas: la variante <em>imperante</em>, la variante <em>imperad- </em>y la variante <em>*imperat-.</em> La variante <em>imperante</em> presenta la significaci&oacute;n invariante &lsquo;mandar sobre soberanos&rsquo; de <em>imperar </em>como &ldquo;acci&oacute;n cursiva interna al sujeto&rdquo; mediante el sufijo <em>-ante</em> y se entiende siempre en el sentido contextual o nocional de &ldquo;que manda sobre soberanos&rdquo;. &ldquo;En Estados Unidos, un Donald Trump imperante ha culpado a la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) de encubrir la propagaci&oacute;n del virus&rdquo;, leemos en una nota de la red. El concepto de &ldquo;imperar&rdquo; no se presenta aqu&iacute; como acci&oacute;n o algo externo al sujeto, sino como cualidad o rasgo interno de su personalidad, porque no nos encontramos antes un verbo, sino ante un adjetivo.<em> </em>La forma <em>imperado</em> presenta la significaci&oacute;n verbal que nos ocupa como &ldquo;extensamente acabada&rdquo; o como &ldquo;resultado del proceso despu&eacute;s de su desarrollo&rdquo; mediante el sufijo <em>-ado </em>y, por proceder de un verso intransitivo, se entiende o puede entenderse en el sentido activo de &ldquo;que manda o domina sobre soberanos&rdquo;, como &ldquo;viajado&rdquo;, por ejemplo, se entiende en el sentido de &lsquo;que viaja&rsquo;. Por eso, no ser&iacute;a ning&uacute;n disparate decir que &ldquo;Trump es persona imperada&rdquo;, es decir, &ldquo;que impera&rdquo;, aunque el uso resulte extra&ntilde;o, porque no se ha generalizado en la realidad concreta del hablar. Obviamente, no es lo mismo <em>imperado </em>que <em>imperante</em>, pues, mientras que la cualidad que expresa este se entiende como activa, la que expresa aquel se entiende como pasiva.
    </p><p class="article-text">
        De esta variante del verbo <em>imperar</em> deriva la forma <em>imperador</em>, que presenta la significaci&oacute;n de base (&ldquo;resultado del proceso imperar&rdquo;) como &ldquo;abstracci&oacute;n no esencial activa&rdquo; mediante el sufijo <em>-or</em> y se entiende siempre en el sentido de &ldquo;persona cuyo actuar procede activamente de la noci&oacute;n &lsquo;imperado&rsquo;&rsquo;. No significa <em>imperador</em> &rdquo;dictador&ldquo;, como quieren algunos diccionaristas. <em>Imperador </em>y <em>dictador </em>implican sem&aacute;nticas totalmente distintas: mientras que el primero implica la idea de &rdquo;mandar o dominar sobre soberanos&ldquo;, el segundo se refiere a la idea de &rdquo;dictar &oacute;rdenes para que las cumplan obligatoriamente los ciudadanos del pa&iacute;s de que se trata&ldquo;. El dictador tiraniza a ciudadanos. El emperador, a representantes de ciudadanos, que son reyes, presidentes o gobernadores. Es claro que, en el mundo actual, es a Donald Trump, que no para de <em>imperar</em> a trav&eacute;s de su potente maquinaria de guerra, de aranceles, de supuestas ayudas econ&oacute;micas y de chantajes pol&iacute;ticos, a quien mejor cuadra el t&iacute;tulo de <em>imperador</em>, no <em>emperador</em>. Y decimos que es <em>imperador </em>y no <em>emperador</em> el t&iacute;tulo que mejor cuadra al presidente de los Estados Unidos, porque <em>emperador</em>, que es, obviamente, variante formal y sem&aacute;ntica de la forma <em>imperador</em>, se ha blanqueado con el tiempo en el sentido un tanto neutro de &rdquo;soberano que gobierna sobre otros reyes o grandes pr&iacute;ncipes o en un extenso territorio&ldquo;, a secas, como Dar&iacute;o, Augusto, Octavio, Carlomagno, Carlos V, Napole&oacute;n o Guillermo de Prusia, por poner unos cuantos ejemplos m&aacute;s o menos conocidos, que, dicho sea de paso, no fueron menos depredadores que el actual presidente de los Estados Unidos, pese a la indulgencia con que suele tratarlos la historia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque es evidente que los impuestos que el antiguo imperio persa obten&iacute;a de sus satrap&iacute;as, el oro y la plata que el imperio alejandrino hab&iacute;a&nbsp;obtenido como bot&iacute;n en las ciudades de la antigua Persia que hab&iacute;a saqueado en su periplo por Oriente, los cereales que el imperio romano requisaba en Egipto, el oro que el imperio espa&ntilde;ol extra&iacute;a de Am&eacute;rica, las obras de arte que el imperio napole&oacute;nico expoli&oacute; a lo largo y ancho de toda Europa, el marfil que el imperio austroh&uacute;ngaro sac&oacute; de &Aacute;frica o las especias y el t&eacute; que Inglaterra acaparaba en Asia no estaban menos manchados de sangre que el petr&oacute;leo que intentan robar de Venezuela, sin el m&aacute;s m&iacute;nimo pudor, los Estados Unidos de Am&eacute;rica. Y, por &uacute;ltimo, la forma <em>*imperat-</em> presenta la significaci&oacute;n invariante &ldquo;mandar o dominar sobre soberanos&rdquo; del verbo <em>imperar</em> como &ldquo;puntualmente acabado&rdquo; o como &ldquo;resultado puntual del proceso&rdquo; mediante el sufijo <em>-to</em> y se manifiesta en dos variantes gramaticales distintas: la variante <em>imperativo</em> y la variante <em>*imperator</em>.
    </p><p class="article-text">
        La variante <em>imperativo</em> presenta la significaci&oacute;n de &ldquo;resultado puntual del proceso de imperar&rdquo; como &ldquo;gener&aacute;ndose de forma indefinida en el interior del nombre que la rige&rdquo; mediante el sufijo <em>-ivo</em> y se entiende siempre en el sentido de &ldquo;que manda o domina a soberanos&rdquo;. As&iacute;, se suele decir que el presidente de los Estados Unidos es &ldquo;persona imperativa&rdquo;; es de decir, que es una maquinaria de generar por s&iacute; mismo y emitir &oacute;rdenes sin rodeos, que los dem&aacute;s deben acatar sin rechistar. Como dicen los psic&oacute;logos, &ldquo;las personas imperativas tienden a liderar con instrucciones expl&iacute;citas y a priorizar la eficiencia por encima de la empat&iacute;a o la negociaci&oacute;n&rdquo;. Y la variante <em>*imperator</em> presenta la citada significaci&oacute;n de base como &ldquo;abstracci&oacute;n no esencial activa&rdquo;, como vimos en el caso de <em>imperador </em>(<em>emperador</em>). S&oacute;lo la encontramos como base del derivado <em>imperatorio</em>, que presenta su mencionada significaci&oacute;n invariante como &ldquo;emanaci&oacute;n activa&rdquo; mediante el sufijo <em>-io</em>. Por eso, tampoco es descabellado decir que al presente no hay gobernante m&aacute;s imperatorio, es decir, que transpire la condici&oacute;n de emperador por todos los poros de su cuerpo, que el presidente de los Estados Unidos, aunque la palabra no tenga mucho uso en la realidad concreta del hablar.
    </p><p class="article-text">
        El an&aacute;lisis sem&aacute;ntico que acabamos de hacer nos permite extraer dos conclusiones m&aacute;s o menos evidentes. La primera de ellas es que son los Estados Unidos de Am&eacute;rica y sus dirigentes quienes mejor encarnan en el mundo actual todos y cada uno de los riqu&iacute;simos matices y relaciones conceptuales que la ra&iacute;z l&eacute;xica <em>imper-</em> y sus desarrollos gramaticales implican. Y la segunda es que, con los Estados Unidos de Donald Trump, la verdadera cara del imperialismo, que hab&iacute;a permanecido hasta ahora m&aacute;s o menos oculta bajo la careta de movimiento de expansi&oacute;n civilizadora, defensa de la fe, amparo de los d&eacute;biles, leg&iacute;tima defensa, lucha contra la droga, contenci&oacute;n del comunismo o del fascismo, protecci&oacute;n de los derechos humanos, gendarme del mundo, etc&eacute;tera, en imperios como el alejandrino, el romano, el carolingio, el espa&ntilde;ol, el brit&aacute;nico, el napole&oacute;nico, el austroh&uacute;ngaro, el japon&eacute;s o el ruso, se ha mostrado como realmente es: una suerte de c&iacute;nico matonismo o mafia internacional que vive del expolio o la rapi&ntilde;a de los recursos de los m&aacute;s d&eacute;biles, a los que impide decidir su destino por m&iacute; mismos y vivir con dignidad.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/gramatica-imperialismo_132_12909404.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Jan 2026 11:20:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La gramática del imperialismo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dulce hablar de los canarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/dulce-hablar-canarios_132_12891868.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Se trata de una opinión no acerca de la lengua que hablan los isleños, que es, por lo demás, la misma que usan los sustentadores del tópico, sino acerca del uso que aquellos hacen de ella. Más concretamente, dicha opinión se encuentra determinada, en buena medida, por tres factores de uso idiomático distintos, aunque mancomunados: un factor fónico o de pronunciación, un factor gramatical y un factor léxico

</p></div><p class="article-text">
        Hay gente que piensa que el espa&ntilde;ol de Canarias es el habla &ldquo;m&aacute;s dulce&rdquo; de la lengua espa&ntilde;ola, como la hay que piensa que el franc&eacute;s es la lengua &ldquo;m&aacute;s l&oacute;gica&rdquo; del mundo y el italiano la &ldquo;m&aacute;s po&eacute;tica&rdquo;. Incluso, no falta quien llegue a afirmar que &ldquo;los isle&ntilde;os hablan cantando&rdquo;. Es decir, que, de la misma forma que los archiconocidos pajarillos de su tierra son las aves m&aacute;s cantoras o melodiosas del universo animal, los hablantes insulares lo ser&iacute;an del orbe hisp&aacute;nico &iquest;Qu&eacute; fundamento tiene esta suposici&oacute;n tan arraigada en determinadas zonas de nuestra lengua?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que hay que advertir es que se trata de una opini&oacute;n no acerca de la lengua que hablan los isle&ntilde;os, que es, por lo dem&aacute;s, la misma que usan los sustentadores del t&oacute;pico, sino acerca del uso que aquellos hacen de ella. M&aacute;s concretamente, dicha opini&oacute;n se encuentra determinada, en buena medida, por tres factores de uso idiom&aacute;tico<em> </em>distintos, aunque mancomunados: un factor f&oacute;nico o de pronunciaci&oacute;n, un factor gramatical y un factor l&eacute;xico.
    </p><p class="article-text">
        El factor f&oacute;nico o de pronunciaci&oacute;n es <strong>el relajamiento articulatorio</strong> que experimentan en todo el espa&ntilde;ol de Canarias o&nbsp;en determinados registros de &eacute;l ciertas consonantes del sistema fonol&oacute;gico de la lengua espa&ntilde;ola, entre las que se encuentran las siguientes: a) La consonante palatal /ch/, que se pronuncia en la Islas con un contacto relativamente amplio del dorso de la lengua con el paladar (o mojada, como dice la pedanter&iacute;a f&oacute;nica): v. gr., /much&aacute;cho/ o /m&aacute;cho/, con /ch/ adherente, en lugar de /much&aacute;cho/ o /m&aacute;cho/, con /ch/ africada. Hasta tal punto llega el aflojamiento de la /ch/ en el habla insular, que hay hablantes peninsulares que tienen la impresi&oacute;n de que los canarios la confunden con la /y/. Se trata, obviamente, de una creencia falsa. Que en Canarias no se confunden nunca la /ch/ con la /y/ lo pone claramente de manifiesto el hecho de que sus hablantes distingan siempre sin ning&uacute;n titubeo entre palabras como&nbsp;/m&aacute;cho/&nbsp;y /&aacute;cha/, por ejemplo, y /m&aacute;yo/&nbsp;y /&aacute;ya/. Si el canario confundiera la /ch/ con la /y/ no hablar&iacute;a realmente la lengua espa&ntilde;ola; b) La consonante velar /x/, que se pronuncia aspirada y que llega incluso a simplificar muchos de los grupos conson&aacute;nticos en que aparece: v. gr., /hu&eacute;go/, /ham&aacute;h/, /s&aacute;ha/ o /nar&aacute;ha/, en lugar de /xu&eacute;go/, /xam&aacute;s/, /z&aacute;nxa/ o /nar&aacute;nxa/; c) Las consonantes sordas /p/, /t/ y /k/, que tienden a sonorizarse o aflojar su articulaci&oacute;n en determinados contextos: v. gr., /b&eacute;be b&eacute;reh/ o /loh guch&iacute;lloh/, en lugar de /p&eacute;pe p&eacute;rez/, o /los kuch&iacute;llos/; d) La /s/ implosiva o final de s&iacute;laba, que tiende a ablandarse, convirti&eacute;ndose en aspirada: v. gr., /loh n&iacute;&ntilde;oh/ o /lah m&eacute;sah/, en lugar de /los n&iacute;&ntilde;os/ o&nbsp;/las m&eacute;sas/. Y, como en contextos del tipo <em>los &aacute;rboles </em>o <em>los a&ntilde;os</em>, la aspiraci&oacute;n que nos ocupa es atra&iacute;da a la &oacute;rbita de su s&iacute;laba por la vocal siguiente, pues resultan aspiraciones de /s/ explosivas (/lo h&aacute;rboleh/ o /lo h&aacute;&ntilde;os/, por ejemplo), aspiraciones que, con el tiempo, podr&iacute;an afectar a todas las /s/ explosivas de la lengua espa&ntilde;ola; e) Las consonantes l&iacute;quidas /r/ y /l/, que tienden a neutralizarse en favor del segundo elemento en hablantes muy populares: v. gr., /ark&aacute;rde/, (kard&eacute;ro/, /s&aacute;rsa/ y /&aacute;rma/, en lugar de /alk&aacute;lde/, /kald&eacute;ro/, /s&aacute;lsa/ y /&aacute;lma/; f) Ciertas consonantes, particularmente l&iacute;quidas, que tienden a perderse cuando aparecen en posici&oacute;n implosiva, aligerando as&iacute; la estructura de las palabras que las contienen: v. gr., /ter&oacute;/ o /fat&aacute;/, en lugar de /ter&oacute;r/ o /fat&aacute;l/; g) La consonante /d/ cuando se encuentra en posici&oacute;n intervoc&aacute;lica: v. gr., /fin&aacute;o/, /enta&uacute;ra/ o /mat&aacute;o/, en lugar de /fin&aacute;do/,&nbsp;/dentad&uacute;ra/ o /mat&aacute;do/; y h) La consonante sibilante dorsal /s/, mucho m&aacute;s relajada que sus correspondientes apical /s/ e interdental /z/ del castellano: v. gr., /ser&eacute;sa/ o /s&aacute;ko/, con ese dorsal, en lugar de /zer&eacute;za/ o /s&aacute;ko/, esta &uacute;ltima con ese apical.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por su alt&iacute;sima frecuencia de uso, este relajamiento o ablandamiento de la pronunciaci&oacute;n de las consonantes citadas, que tanto contrasta con la tensi&oacute;n o &eacute;nfasis propia de la modalidad castellana, que es la que se ha tomado siempre como modelo de la lengua espa&ntilde;ola, es, obviamente, el fen&oacute;meno que m&aacute;s poderosamente ha influido en el t&oacute;pico que nos ocupa.
    </p><p class="article-text">
        El factor gramatical que influye en la impresi&oacute;n de dulzura idiom&aacute;tica que comentamos es la <strong>gran cantidad de diminutivos axiol&oacute;gicos o valorativos</strong> que emplean los isle&ntilde;os en su habla cotidiana, que aten&uacute;a de forma ostensible la sem&aacute;ntica de nombres, adjetivos y adverbios por ellos afectados, porque la presenta en su <em>perfecci&oacute;n</em>, sea determinada, si se trata de la forma <em>-ito</em> (<em>cochito, colchonito, Carmita </em>o <em>malito</em>), sea no determinada, si se trata de la forma <em>illo</em> (<em>cochillo, Carmilla </em>o<em> malillo</em>). &ldquo;Aqu&iacute; se llaman todas las cosas as&iacute; (con diminutivo) -escribe la persona que mejor conoc&iacute;a los complejos repliegues del habla isle&ntilde;a, que fue el escritor grancanario Alonso Quesada-. Un comerciante paga una letra y cuando la va a pagar dice: &rdquo;Deme usted esa letrilla&ldquo;. Un enfermo de divieso se dirige a la botica y exclama: &rdquo;&iquest;Tiene usted ah&iacute; una unturilla para este diviesillo que me est&aacute; saliendo?&ldquo;. Un tenorio se despide de nosotros para ver a su amiguilla; un padre compra para su hijo peque&ntilde;o un juguetillo&hellip; Al referirnos a un amigo canceroso solemos exclamar: &rdquo;Est&aacute; jeringadillo&ldquo;. &iexcl;Oh, dulce, pl&aacute;cido y donoso diminutivo!&rdquo;. Mientras que en Castilla la significaci&oacute;n invariante de &lsquo;perfecci&oacute;n&rsquo; que implica el llamado <em>diminutivo </em>se emplea mayoritariamente para hablar de las condiciones objetivas de las cosas, las cualidades o las circunstancias (dependiendo de si el t&eacute;rmino de base es un nombre, un adjetivo o un adverbio), en Canarias y en otras zonas de la geograf&iacute;a del idioma se emplea principalmente en sentido subjetivo, ora para expresar aprecio o desprecio por las cosas designadas, ora para influir de una u otra manera sobre el comportamiento o el estado de &aacute;nimo del oyente. Los primeros parecen observar la realidad circundante con absoluta ecuanimidad, sin implicarse emocionalmente en ella, y a sus interlocutores como destinatarios neutros de sus palabras, sin m&aacute;s; es decir, como sus pares; a veces, incluso como inferiores. Las cosas y los interlocutores no se encuentran aqu&iacute; mediatizados por el afecto o los temores del que habla. Se trata de una expresi&oacute;n impasible, sin el m&aacute;s m&iacute;nimo resquicio de emoci&oacute;n. Los segundos suelen mirar las cosas que los circundan con compasi&oacute;n, cari&ntilde;o o miedo, y a los interlocutores con m&aacute;s o menos consideraci&oacute;n, temor o respeto, por las gracias o desgracias que de ellos puedan proceder. Las cosas designadas y los interlocutores se encuentran aqu&iacute; mediatizados por el afecto o los temores que habitan los insoldables abismos de la mente del que habla. Se trata de un hablar emp&aacute;tico hacia las personas, los animales y las cosas del mundo que lo rodea, podr&iacute;amos decir. De ah&iacute; la alta frecuencia de uso con que apera en ella esa potente maquinaria de expresar emociones que son los diminutivos. Dif&iacute;cil es saber cu&aacute;nto de esta sustancial diferencia de actitud ante el mundo circundante y sus protagonistas (actitud objetiva o m&aacute;s o menos fr&iacute;a / actitud subjetiva o m&aacute;s o menos c&aacute;lida) pueda deberse a la otrora condici&oacute;n metropolitana de Castilla y la actitud que ella implicaba y a la otrora condici&oacute;n colonial (en el amplio sentido de la palabra) de Canarias y Am&eacute;rica y la actitud que asimismo esta supon&iacute;a, aunque no es aventurado imaginar que algo hayan podido marcar estas circunstancias hist&oacute;ricas pret&eacute;ritas la forma de expresarse de unos y otros. Como es de sobra sabido, nada humano hay que sea ajeno a las lenguas que hablan los hombres.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco es descabellado pensar que otro fen&oacute;meno gramatical que haya podido influir en el t&oacute;pico que nos ocupa es la neutralizaci&oacute;n de la oposici&oacute;n pronominal <em>vosotros / ustedes</em>, en favor de la forma <em>ustedes</em>, que el hablante castellano entiende como respetuosa o de cortes&iacute;a, aunque para los isle&ntilde;os ese valor referencial originario haya desaparecido ya.
    </p><p class="article-text">
        Y el factor l&eacute;xico que parece encontrarse detr&aacute;s de la impresi&oacute;n de dulzura que produce el habla canaria en determinados hispanohablantes es <strong>el empleo de ciertas f&oacute;rmulas familiares de tratamiento que llevan aparejadas una profunda carga de cari&ntilde;o, cercan&iacute;a o afecto</strong>, entre las que destacan las siguientes: a) <em>Mi ni&ntilde;o</em>, que se emplea para tratar con afecto tanto a los m&aacute;s peque&ntilde;os como a los adultos: v. gr., &ldquo;Que no, mi ni&ntilde;o, que eso no fue as&iacute;&rdquo;; b)<em> Chico</em>: v. gr., &ldquo;Bueno, chico, por esta vez te perdono, pero no lo vuelvas a hacer&rdquo;; c) <em>Chacho </em>(af&eacute;resis de <em>muchacho</em>): &ldquo;&iexcl;Chacho, no hagas eso, que te desgracias!&rdquo;; d) <em>Compadre</em>: v. gr., &ldquo;&iquest;Qu&eacute; tal est&aacute;, compadre?; e) <em>Cho</em>: v. gr., &rdquo;&Eacute;chese pall&aacute;, cha Mar&iacute;a; / &eacute;chese pall&aacute;, cha Jos&eacute;, / que el cachito pan que ten&iacute;a / se lo comi&oacute; el perinqu&eacute;n&ldquo;; f) <em>Cristiano</em>: &rdquo;&iquest;Usted est&aacute; loco, cristiano, c&oacute;mo le va a quitar el z&aacute;lamo al perro, que muerde a la gente&ldquo;; g) <em>Don</em>: &rdquo;&iquest;Podr&iacute;a decirme la hora, don?&ldquo;; h) Frecuente uso de hipocor&iacute;sticos, algunos de ellos de creaci&oacute;n propia o muy extendidos entre los isle&ntilde;os, como <em>Chich&iacute;n</em>, de Jes&uacute;s, <em>Chalo</em>, <em>Chila</em> y <em>Ciales</em>, de Marcial, <em>Lala, Lali, Cayaya</em>, <em>Yaya, Cande</em>, <em>Candi,</em> etc., de Candelaria, <em>Yoyo</em>, de Gregorio, <em>Chago</em>, de Santiago, <em>Voro</em>, de Salvador, y otros muchos.
    </p><p class="article-text">
        Relajamiento de la pronunciaci&oacute;n de determinadas consonantes, alt&iacute;sima frecuencia de uso de diminutivos valorativos o axiol&oacute;gicos y empleo frecuente de f&oacute;rmulas de tratamiento familiares son, pues, los rasgos del habla insular que han provocado en el hablante castellano la impresi&oacute;n de que los canarios hablan con dulzura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y la segunda consideraci&oacute;n que hay que hacer cuando se trata del t&oacute;pico de la dulzura del habla de los canarios es que nos encontramos ante una impresi&oacute;n muy parcial. En realidad, se trata de un prejuicio propio sobre todo de los castellanos, cuya forma de usar el idioma, con un consonantismo tenso, un uso desnudo u objetivo de nombres, adjetivos y adverbios y unas f&oacute;rmulas de tratamiento l&eacute;xico familiar m&aacute;s bien comedidas, difiere sustancialmente de los canarios, en particular, y de todos los hablantes del espa&ntilde;ol atl&aacute;ntico, en general. Precisamente por ello, perciben andaluces, canarios y americanos el habla de los castellanos m&aacute;s rotunda y tajante que la suya propia, aunque no suelan decirlo en p&uacute;blico, porque se trata de una cualidad que reputan negativa, y el canario sabe que lo malo no debe airearse, bien por educaci&oacute;n, bien por diplomacia. S&oacute;lo el argentino Jorge Luis Borges, con toda su autoridad idiom&aacute;tica, se atrevi&oacute; a poner el dedo en la llaga del problema al se&ntilde;alar, acaso exagerando un tanto la nota, en su excelente estudio <em>El idioma de los argentinos</em>: &ldquo;No he observado jam&aacute;s que los espa&ntilde;oles hablaran mejor que nosotros. Hablan en voz m&aacute;s alta, eso s&iacute;, con el aplomo de quienes ignoran la duda&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/dulce-hablar-canarios_132_12891868.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Jan 2026 19:00:33 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El dulce hablar de los canarios]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[In poesi, ueritas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/in-poesi-ueritas_132_12879095.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La prosa no sirve para “expresar”, sino para “razonar” o “contar”. Como dicen los peritos en cosas del lenguaje, “en la prosa, el hablante interpone entre la sensibilidad del hablante y el mundo una pantalla neutralizadora de juicio racional”, que le impide expresar las emociones; es decir, hablar en plata de sus sentimientos
</p></div><p class="article-text">
        Siempre se ha dicho que s&oacute;lo la poes&iacute;a permite comunicar las verdades m&aacute;s profundas del ser humano, que son las verdades del alma. Y no cabe ninguna duda de que as&iacute; es, pese a la opini&oacute;n de toda esa gente de esp&iacute;ritu de ventero, bur&oacute;crata o cabo interino que piensa que esto no pasan de ser majader&iacute;as o cursiler&iacute;as de pedantes, intelectuales o gente ociosa. Pero, no, no nos encontramos ante una afirmaci&oacute;n ret&oacute;rica o sof&iacute;stica, sino ante una verdad emp&iacute;rica. S&oacute;lo la poes&iacute;a permite expresar las verdades m&aacute;s &iacute;ntimas del hombre por dos razones elementales.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, porque s&oacute;lo a trav&eacute;s de ella, que tiene por funci&oacute;n poner de manifiesto la interioridad del hablante (por eso es el yo quien la protagoniza), puede este expresar de forma aut&eacute;ntica sus sentimientos m&aacute;s profundos, libre de los enga&ntilde;os de las palabras racionales o l&oacute;gicas de todos los d&iacute;as. &ldquo;Cuando la emoci&oacute;n es intensamente personal, la poes&iacute;a es la forma que ofrece la m&aacute;xima posibilidad de gobernarla&rdquo; dicen, con raz&oacute;n, los entendidos en el asunto. No se trata de comunicar o contar, sino de expresar, que es la forma m&aacute;s pura de hablar. El poeta no habla con los otros, sino consigo mismo, que es la &uacute;nica persona que puede entenderlo y a quien &uacute;nico puede decir la verdad sin ruborizarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Se hubiera atrevido San Juan de la Cruz a expresar en prosa la incontenible ansia de Dios que declara en versos de intensidad tan l&iacute;rica como &ldquo;En m&iacute; yo no vivo ya, / y sin Dios vivir no puedo; / pues sin &eacute;l y sin m&iacute; quedo; / este vivir &iquest;qu&eacute; ser&aacute;? / Mil muertes se me har&aacute;, / pues mi misma vida espero, / muriendo porque no muero&rdquo;, de <em>Coplas del alma</em>?; &iquest;expresar Neruda la desgarradora apat&iacute;a que sent&iacute;a ante la vacuidad de la vida moderna que confiesa en versos tan surrealistas como &ldquo;Sucede que me canso de ser hombre. / Sucede que entro en las sastrer&iacute;as y en los cines / marchito e impenetrable, como un cisne de fieltro, / navegando en un agua de origen y ceniza&rdquo;, de su <em>Segunda Residencia</em>? o &iquest;expresar el tr&iacute;o musical Los Panchos la un tanto masoquista declaraci&oacute;n amorosa que manifiesta en versos como &ldquo;Yo que sufro por mi gusto / este cruel martirio / que me da tu amor. / No me importa lo que me hagas / si en tus besos vive toda mi ilusi&oacute;n&rdquo;, de su popular bolero <em>Espinita</em>? No, confesiones tan &iacute;ntimas y personales como estas no pueden expresarse en prosa, que es un g&eacute;nero concebido para la comunicaci&oacute;n l&oacute;gica y, por tanto, para el encubrimiento de los sentimientos y las verdades m&aacute;s profundas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La prosa no sirve para &ldquo;expresar&rdquo;, sino para &ldquo;razonar&rdquo; o &ldquo;contar&rdquo;. Como dicen los peritos en cosas del lenguaje, &ldquo;en la prosa, el hablante interpone entre la sensibilidad del hablante y el mundo una pantalla neutralizadora de juicio racional&rdquo;, que le impide expresar las emociones; es decir, hablar en plata de sus sentimientos. Y no es que la prosa no tenga su raz&oacute;n de ser. Si no dispusi&eacute;ramos de ella para explicar &ldquo;racionalmente&rdquo; las cosas que nos interesan y disimular las que no queremos que sepan los otros, no s&oacute;lo no podr&iacute;amos organizar el mundo que nos rodea ni comunicarnos con nuestros semejantes, sino que, adem&aacute;s, estar&iacute;amos totalmente expuestos a sus agravios y agresiones. Se trata m&aacute;s bien de que con este g&eacute;nero ling&uuml;&iacute;stico no puede llegarse al fondo del alma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por eso, si a Juan de Yepes, Neruda o Los Panchos se les hubiera ocurrido expresar sus sentimientos m&iacute;sticos, metaf&iacute;sicos o amorosos citados con el lenguaje corriente y moliente de todos los d&iacute;as, hubieran sido tomados por falsos, artificiosos, locos, tontos o, lo que es peor todav&iacute;a, por cursis. S&iacute;, no cabe ninguna duda: s&oacute;lo el ritmo y la sem&aacute;ntica desnuda de la poes&iacute;a permiten expresar los sentimientos de forma pura y sincera, porque se trata del lenguaje desnudo del alma; el lenguaje de la intimidad. De ah&iacute; el predominio que ejercen en ella los temas del amor, el dolor y la muerte, que son los que m&aacute;s importancia tienen en la vida del ser humano, con g&eacute;neros propios, como la l&iacute;rica, la &eacute;pica o la eleg&iacute;a. Por su misma definici&oacute;n, el texto po&eacute;tico no miente nunca, aunque su autor se propusiera hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Y, en segundo lugar, en la poes&iacute;a se encuentra la verdad porque se trata de la &uacute;nica forma de hablar que nos muestra al desnudo la forma interna de las cosas humanas, que es la significaci&oacute;n invariante de las palabras que las crean, dejando al margen los sentidos que la camuflan en el lenguaje de Perogrullo. En efecto, por su propia naturaleza, &uacute;nicamente la poes&iacute;a (y tambi&eacute;n cierto tipo de discurso repetido) es capaz de revelarnos el valor esencial, permanente o invariante de las palabras con que creamos las cosas, porque en la poes&iacute;a el verbo se manifiesta siempre de forma pura, sin contaminaci&oacute;n referencial alguna, aunque los lectores m&aacute;s ingenuos se obstinen en adaptarlo a su experiencia o conocimiento del mundo, viendo en &eacute;l sentidos que s&oacute;lo existen en su imaginaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso, &uacute;nicamente en textos como &ldquo;el toro de la reyerta se sube por las paredes&rdquo; lorquiano o en per&iacute;frasis verbales corrientes como &ldquo;van a ser las cuatro&rdquo; o &ldquo;va a llover&rdquo;, por ejemplo, es posible tomar conciencia de la significaci&oacute;n verdadera del nombre <em>toro </em>y el verbo <em>ir</em>, tan contaminada por la referencia en los textos mostrencos o de todos los d&iacute;as &ldquo;corrida de toros&rdquo; o &ldquo;ir al cine&rdquo;, por ejemplo, donde las referencias (en este caso las referencias de &ldquo;macho b&oacute;vido adulto&rsquo; y &rdquo;moverse de un lugar hacia otro apartado de la persona que habla&ldquo;, respectivamente), que son meras orientaciones de sentido de la significaci&oacute;n invariante de aquellas, lo dominan todo. En realidad, la significaci&oacute;n verdadera de las dos criaturas idiom&aacute;ticas que nos ocupan no tiene nada que ver ni con el animal ni con la acci&oacute;n que designan o con el concepto nominal y el concepto verbal que denotan, que son hechos emp&iacute;ricos o mentales externos a la lengua, sino con sendas intuiciones sem&aacute;ntica puras, constituidas por un valor descriptivo de base y una significaci&oacute;n categorial nominal, que hace existir esa significaci&oacute;n descriptiva de base como objeto independiente u ocupando un lugar en la naturaleza, en el caso de la primera, y por un valor tambi&eacute;n descriptivo b&aacute;sico y una significaci&oacute;n categorial verbal, que la hace existir como proceso o desarroll&aacute;ndose en el tiempo, en el caso de la segunda; intuiciones que son las que dan forma a los conceptos que tenemos de las cosas que designan y que no s&oacute;lo permiten explicar y entender los sentidos que han adquirido estas dos hacedoras de realidad en el mundo concreto del hablar hasta el momento presente, sino tambi&eacute;n las que puedan desarrollar en el futuro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque no hay que olvidar que las palabras no s&oacute;lo tienen pasado (es decir, lo que hemos hecho con ellas hasta el momento actual), sino que tienen tambi&eacute;n futuro, que es lo que podemos hacer con ellas de aqu&iacute; en adelante, sin que con ello se altere lo m&aacute;s m&iacute;nimo su valor esencial, que es su verdadera alma, la que garantiza la continuidad hist&oacute;rica de la estirpe que las usa. Lenguaje de trascendencia es, por tanto, la poes&iacute;a, que no s&oacute;lo expresa las verdades del alma, sino que tambi&eacute;n vislumbra el futuro. Por eso dec&iacute;a el poeta, con toda la raz&oacute;n del mundo, que &ldquo;la poes&iacute;a es un arma cargada de futuro&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/in-poesi-ueritas_132_12879095.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 31 Dec 2025 12:37:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[In poesi, ueritas]]></media:title>
    </item>
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