<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Marcial Morera]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/marcial-morera/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Marcial Morera]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1052353/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo universal en lo local]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/universal-local_132_13445138.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/06ddd6ec-6533-424e-963c-db5925db52d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo universal en lo local"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sin tener en cuenta lo general, no pueden comprenderse lo local; ni lo canario ni lo estándar ni nada, porque lo local no es otra cosa que manifestación de lo general; y, sin tener en cuenta lo particular, lo canario, lo estándar o lo de todos los demás ámbitos del idioma, tampoco puede comprenderse lo general, porque lo general sólo existe en lo local</p></div><p class="article-text">
        Todos sabemos que s&oacute;lo a partir de los valores invariantes o esenciales de la lengua y determinando el lugar que ocupan dentro del complejo dialectal al que pertenecen pueden entenderse las hablas regionales, sean estos los que sean. Por eso, el estudio del habla de las Islas no puede limitarse a describir sus localismos, sino que debe aspirar a hacer una gram&aacute;tica y <strong>un diccionario de todo el idioma para uso de los canarios</strong>, como hicieron <strong>Andr&eacute;s Bello </strong>y<strong> Rufino Jos&eacute; Cuervo</strong> para Am&eacute;rica. Sin estas dos herramientas imprescindibles para la cultura del pueblo, es imposible colocar el espa&ntilde;ol de Canarias, que es, como sabemos, mucho m&aacute;s que un pu&ntilde;ado de voces ex&oacute;ticas, en el lugar que le corresponde en el complejo dialectal de la lengua hispana.  
    </p><p class="article-text">
        Los canarios deben estudiar su dialecto, s&iacute;, pero, para hacerlo como Dios manda, tienen que mirar necesariamente hacia los fundamentos b&aacute;sicos de la lengua espa&ntilde;ola, las formas de expresarse del resto de sus compatriotas de lengua, las lenguas hermanas de Europa (empezando por el lat&iacute;n y el griego) y el resto de las lenguas del planeta (que las palabras del hombre llegan de todos los horizontes, porque son de la humanidad), todos ellos imprescindibles para comprender su forma de decir y entender el mundo en que viven. Hay que salir no s&oacute;lo de los l&iacute;mites de la isla, sino tambi&eacute;n de las fronteras de Espa&ntilde;a, y aprender de los europeos (tan pr&oacute;ximos y distantes a la vez para los espa&ntilde;oles), siempre atentos a todo lo que ocurra m&aacute;s all&aacute; de su entorno. Ellos saben muy bien que las ciencias no tienen patria. 
    </p><p class="article-text">
        Nunca ha dejado de admirarme el entusiasmo con que han viajado y siguen viajando a Canarias tantos estudiosos y estudiantes italianos, ingleses, polacos, alemanes, austriacos, b&uacute;lgaros, franceses, etc&eacute;tera, a estudiar la lengua, la prehistoria, la historia, la cultura, el lenguaje silbado, la flora, la fauna, los volcanes, etc&eacute;tera, del lugar y de entristecerme profundamente que haya tan pocos estudiosos y estudiantes canarios que se hayan interesado y se interesen en serio por la lengua, la cultura, la historia, la flora, la fauna de los pueblos del resto del mundo. Si los italianos, los ingleses, los polacos, los b&uacute;lgaros, los silesios, los austriacos, los alemanes, etc&eacute;tera, se interesan por su historia, su lengua y su cultura, &iquest;por qu&eacute; no sienten nuestros compatriotas rec&iacute;proca curiosidad por el dialecto siciliano, los poetas de Polonia o la interesante historia de Silesia, por limitarme a un par de ejemplos? 
    </p><p class="article-text">
        En la ling&uuml;&iacute;stica canaria ha habido frecuentemente un <strong>divorcio entre dialect&oacute;logos y ling&uuml;istas</strong>. Los primeros que se atrevieron a hacer algunos pinitos en la dialectolog&iacute;a insular (<strong>Sebasti&aacute;n de Lugo, El&iacute;as Zerolo, &Aacute;lvarez Rixo, Antonio Mar&iacute;a Manrique</strong>&hellip;) se limitaron a recopilar palabras y formas de decir locales, generalmente privilegiando las m&aacute;s antiguas, ex&oacute;ticas o raras, sin tener en cuenta los aspectos generales que les subyac&iacute;an, generalmente por falta de formaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica. De ah&iacute; que fueran siempre mirados por encima del hombro por los ling&uuml;istas m&aacute;s ortodoxos; como una especie de trasnochados coleccionistas de rarezas y antiguallas. De &ldquo;pincharranas&rdquo; o &ldquo;cazadores de detalles&rdquo; hablaba ir&oacute;nicamente <strong>don Miguel de Unamuno</strong> en estos casos. Por su parte, los ling&uuml;istas ortodoxos no pasaban del espa&ntilde;ol est&aacute;ndar, normativo o acad&eacute;mico, haciendo caso omiso del habla viva del pueblo, incluso conden&aacute;ndola por su supuesta corrupci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; que fueran habitualmente acusados por los anteriores de ser gentes de ordenanzas, receteros o meros especuladores, y hasta de vivir al margen de la realidad insular. Este divorcio entre ling&uuml;istas y dialect&oacute;logos ha resultado catastr&oacute;fico para el estudio del habla canaria, porque, sin tener en cuenta lo general, no pueden comprenderse lo local; ni lo canario ni lo est&aacute;ndar ni nada, porque lo local no es otra cosa que manifestaci&oacute;n de lo general; y, sin tener en cuenta lo particular, lo canario, lo est&aacute;ndar o lo de todos los dem&aacute;s &aacute;mbitos del idioma, tampoco puede comprenderse lo general, porque lo general s&oacute;lo existe en lo local. 
    </p><p class="article-text">
        No se trata de coleccionar palabritas o formas de pronunciar antiguas o modernas; se trata de explicarlas, tanto en su dimensi&oacute;n sincr&oacute;nica como en su dimensi&oacute;n diacr&oacute;nica, ambas inexorablemente imbricadas. Y, para explicarlas sincr&oacute;nica y diacr&oacute;nicamente, resulta imprescindible mirar hacia los fundamentos ling&uuml;&iacute;sticos que les dan vida, hacia los otros dialectos del idioma y hacia el resto de las lenguas del mundo, como con tanta sabidur&iacute;a y gracia hace <strong>&Aacute;ngel Rosenblat</strong>, por ejemplo, con las formas de decir venezolanas en su <em><strong>Buenas y malas palabras</strong></em>. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo puede darse una explicaci&oacute;n de nuestro seseo, por ejemplo, sin tener en cuenta el seseo andaluz, que es de donde procede, el sistema de consonantes sibilantes del castellano medieval, que constituye su punto de partida, el sistema fonol&oacute;gico latino, que es de donde surgi&oacute; dicho sistema castellano y las soluciones que aquel adopt&oacute; en el resto de las lenguas rom&aacute;nicas? &iquest;C&oacute;mo puede darse una explicaci&oacute;n coherente de la voz canaria <em>anjova </em>(<em>ajova</em>), designativa del pez que los cient&iacute;ficos denominan <em>Pomatomus saltatrix</em>, sin tener en cuenta el vocabulario de los pescadores portugueses, de cuya voz <em>anxova</em> procede, el vocabulario de los pescadores andaluces, de cuya forma <em>anchova</em> procede la portuguesa, y el vocabulario de los pescadores genoveses, de cuya forma <em>acciughe</em>, expandida por el sur de Espa&ntilde;a en la &eacute;poca medieval, procede la andaluza? &iquest;C&oacute;mo puede explicarse el nombre del emblem&aacute;tico timple canario o timple de Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, Colombia, Uruguay y Venezuela sin tener en cuenta la forma <em>tiple</em> con que se designaba en la Espa&ntilde;a del siglo XVII un guitarrillo de voces muy agudas, convertida en <em>triplo</em>, <em>timple </em>y <em>chiple</em> en Gandesa (Tarragona), Murcia y Cespedosa de Tormes (Salamanca), respectivamente? Por donde se ve claro que lo que tienen de canario las palabras y las expresiones que emplean los isle&ntilde;os es mucho menos de lo que tienen de espa&ntilde;ol, europeo y universal.
    </p><p class="article-text">
        Por lo general, las palabras m&aacute;s tradicionales de una lengua o de un dialecto no son nunca producto de un lugar en exclusiva, sino que surgen de la colaboraci&oacute;n de parte de la humanidad, o de toda ella; proyectos colectivos donde cada cual aporta lo que puede, seg&uacute;n sus necesidades y circunstancias, a veces, en recorridos rocambolescos. As&iacute;, sabemos que, como nos ha hecho ver el citado Rosenblat, la voz espa&ntilde;ola <em>apartamento</em>, en el sentido de &lsquo;piso peque&ntilde;o para vivir&rsquo;, tiene su origen m&aacute;s inmediato en el ingl&eacute;s <em>apartament</em> o el franc&eacute;s <em>appartament</em>, que proceden del italiano <em>appartamento</em> &lsquo;piso para vivir&rsquo;, adaptaci&oacute;n del nombre verbal espa&ntilde;ol <em>apartamento</em> &lsquo;acci&oacute;n y efecto de apartar o apartarse&rsquo;; que la voz tinerfe&ntilde;a y palmera <em>gandola</em> &lsquo;cami&oacute;n de grandes dimensiones&rsquo; lleg&oacute; a Canarias desde Venezuela, que la hab&iacute;a adoptado del ingl&eacute;s norteamericano <em>gandola</em> &lsquo;tubo largo fijado a dos ruedas que se pod&iacute;a unir al eje trasero de un cami&oacute;n&rsquo;, que la hab&iacute;a tomado a su vez de la voz italiana <em>g&oacute;ndola</em>, diminutivo de <em>gonda</em>, que los venecianos hab&iacute;an tomado del griego <em>kondy</em> &lsquo;vaso para beber&rsquo;, que, seg&uacute;n el parecer de Diez, procede de la lengua persa; o que la voz canaria <em>juercan </em>&lsquo;vara con pelota de trapo en un extremo para remover el grano en el tostador&rsquo; tiene su origen en la voz bereber <em>aferkan</em> &lsquo;palo para remover el fuego&rsquo;, que deriva a su vez del lat&iacute;n <em>furca</em> &lsquo;horca&rsquo;. &iquest;C&oacute;mo puede negarse que toda palabra, sea la que sea, implica a la humanidad toda?
    </p><p class="article-text">
        Y, a pesar de ello, a pesar de que la mayor parte de las cosas de Canarias tienen su origen en el exterior, en los &uacute;ltimos siglos, por lo menos, ha habido en ellas una especie de alergia hacia lo nacional o internacional, como pone de manifiesto el escaso n&uacute;mero de isle&ntilde;os (Juan de Iriarte y Cisneros, Bernardo, Tom&aacute;s y Domingo de Iriarte y Nieves Ravelo, Clavijo Fajardo, Agust&iacute;n de Betencourt y Molina, Nicol&aacute;s Est&eacute;vanez, Fernando Le&oacute;n y Castillo, P&eacute;rez Gald&oacute;s, Juan Negr&iacute;n, Blas Cabrera Felipe, &Oacute;scar Dom&iacute;nguez, Josefina de la Torre, Millares Carlo, Alfredo Kraus, Juan Marichal, Rumeu de Armas, Mart&iacute;n Chirino o Ram&oacute;n Trujillo, constituyen excepciones) que ha irradiado su acci&oacute;n pol&iacute;tica, cultural, art&iacute;stica, ling&uuml;&iacute;stica, literaria, hist&oacute;rica, acad&eacute;mica o cient&iacute;fica m&aacute;s all&aacute; de las Islas. Como si no hubiera sentido inter&eacute;s por lo que pasaba fuera de su peque&ntilde;o mundo. 
    </p><p class="article-text">
        Enciende uno la radio o la televisi&oacute;n nacionales y oye a compatriotas gallegos, andaluces, aragoneses, murcianos, catalanes, vascos, castellanos, leoneses, asturianos, riojanos, c&aacute;ntabros&hellip; opinando, con m&aacute;s o menos tino, sobre los problemas grandes y peque&ntilde;os de la patria, que a todos conciernen, pero nunca o muy pocas veces (Juan Cruz y Armas Marcelo constituyen excepciones) oye abrir la boca a los canarios, como si se hubieran comido la lengua. &iquest;Por qu&eacute; no ha interesado al canario del com&uacute;n las cosas que pasan en Bilbao, Zaragoza, Barcelona, Madrid o Sevilla, siendo, como es, que esas cosas, aparentemente lejanas, tambi&eacute;n a &eacute;l afectan y sin las cuales no se pueden explicar su realidad y sus problemas? &iquest;Por qu&eacute; han tenido los canarios y lo canario tan poca presencia en la vida nacional espa&ntilde;ola, de la que forman parte inseparable y que tan determinante es para sus compatriotas peninsulares como para ellos? 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/universal-local_132_13445138.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Aug 2026 11:20:19 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/06ddd6ec-6533-424e-963c-db5925db52d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="47548" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/06ddd6ec-6533-424e-963c-db5925db52d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="47548" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lo universal en lo local]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/06ddd6ec-6533-424e-963c-db5925db52d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Canarias,Lenguaje,Lingüística]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Lengua criolla el habla canaria?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lengua-criolla-habla-canaria_132_13431223.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/09b44e6a-5fa6-475f-9976-b0f23af91065_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Lengua criolla el habla canaria?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las lenguas en contacto no se funden, sino que, por lo general, las fuertes sobreviven y las débiles desaparecen, dejando alguna que otra voz en el vocabulario de aquellas, digerida por su aparato fónico, gramatical y léxico</p></div><p class="article-text">
        No menos descarriadas que los defensores de la identidad guanche del habla canaria andan todas aquellas personas que, aun aceptando que en la base de nuestra forma de hablar se encuentra el espa&ntilde;ol, sostienen que la lengua que habla el pueblo canario actual no es propiamente espa&ntilde;ol, sino una lengua derivada de &eacute;l, con rasgos f&oacute;nicos, gramaticales y l&eacute;xicos propios. As&iacute;, para <strong>J. M. Encinoso Mena</strong>, por ejemplo, la &ldquo;lengua canaria&rdquo; ser&iacute;a una lengua en parte distinta del espa&ntilde;ol, porque posee voces y expresiones que no existen en el espa&ntilde;ol general. &ldquo;Confieso y creo que lo he dicho en alguna ocasi&oacute;n&rdquo; -escribe este autor- &ldquo;que yo, que me considero persona instruida, pronuncio al d&iacute;a m&aacute;s de 20 o 30 vocablos &rdquo;canarios&ldquo; en el lenguaje coloquial con familiares y amigos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En la misma l&iacute;nea, sostiene <strong>Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Concepci&oacute;n</strong> que &ldquo;con las m&aacute;s de doce mil voces que tenemos, y las que se puedan recuperar, podemos tener un idioma: el canario&rdquo;. Por su parte, el <strong>grupo Avanza Canarias / Palabras Canarias</strong> afirma, sin ambages, que el sistema fonol&oacute;gico y el sistema l&eacute;xico que emplean los canarios son parcialmente distintos del sistema fonol&oacute;gico y el sistema l&eacute;xico del espa&ntilde;ol. &ldquo;Sin dejar de reconocer que el habla canaria tiene una parte mayoritaria que pertenece al conjunto fonol&oacute;gico y ling&uuml;&iacute;stico del espa&ntilde;ol, no podemos negar ni olvidar la parte significativa del habla canaria que no pertenece a este conjunto fonol&oacute;gico y ling&uuml;&iacute;stico. Pocos niegan el mestizaje de la cultura canaria; desde esa &oacute;ptica no se entiende c&oacute;mo se niega el mestizaje ling&uuml;&iacute;stico, sin el cual no se podr&iacute;a construir una cultura con esa misma caracter&iacute;stica. Toda cultura se estructura sobre una lengua que le transmite sus propios c&oacute;digos para articular y comprender esa cultura&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Algunos se atreven a afinar a&uacute;n m&aacute;s la hip&oacute;tesis que comentamos y llegan a afirmar que esa supuesta lengua particular que hablan los canarios es en realidad una lengua criolla, resultado de la fusi&oacute;n del espa&ntilde;ol, el guanche y el portugu&eacute;s. As&iacute;, para <strong>Alfonso O&rsquo;Shanahan</strong>, muchas palabras canarias &ldquo;nada tienen que ver con Espa&ntilde;a, y s&iacute; con nuestros antepasados abor&iacute;genes, con la lengua portuguesa, con los arabismos posteriores a la ignominiosa conquista, con americanismos, con indigenismos o criollismos fruto del mestizaje, y, efectivamente, no parece muy adecuado tildar de &rdquo;espa&ntilde;ol de Canarias&ldquo; al habla canaria o, por simplificar, al canario&rdquo;. Circunscribiendo el problema a la isla de La Palma, para <strong>Pedro Nolasco Lean Cruz</strong>, el habla palmera &ldquo;puede ser considerada una lengua criolla como lo fue el papiamento de Cura&ccedil;ao&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Es rigurosamente cierto que el habla canaria posee voces procedentes de la lengua o lenguas que hablaba la poblaci&oacute;n canaria preeuropea, de la lengua que hablaban los miles de portugueses que empezaron a establecerse en las Islas casi al mismo tiempo de su conquista y colonizaci&oacute;n y contribuyeron a organizar su vida social y econ&oacute;mica, de la lengua que hablaba el pu&ntilde;ado de normandos que estableci&oacute; <strong>Jean de Bethencourt</strong> en las islas de Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro, fundamentalmente, en los primeros tiempos de la invasi&oacute;n europea, del espa&ntilde;ol de Am&eacute;rica, etc&eacute;tera. De ah&iacute; que se pueda decir con raz&oacute;n que el vocabulario m&aacute;s local o familiar del habla canaria es producto de todos los pueblos que han estado en contacto con los isle&ntilde;os, tanto dentro como fuera de las Islas. Pero no menos verdad que ello es que este material l&eacute;xico prestado por el guanche, el portugu&eacute;s, el franc&eacute;s y espa&ntilde;ol de Am&eacute;rica al espa&ntilde;ol que trajeron los andaluces a Canarias desde principios del siglo XV no alter&oacute; lo m&aacute;s m&iacute;nimo sus estructuras f&oacute;nicas, gramaticales y l&eacute;xicas, sino que fueron absorbidos enteramente por ellas. Como tampoco alteraron esencialmente las estructuras del viejo castellano los miles de voces que este tom&oacute; prestadas del &aacute;rabe durante los ocho siglos que los castellanos estuvieron en contacto con los musulmanes en la Pen&iacute;nsula ib&eacute;rica. Debe rechazarse, por tanto, la ingenua creencia de que el habla canaria naci&oacute; de la mezcla del espa&ntilde;ol con las lenguas ind&iacute;genas y el portugu&eacute;s. Las lenguas en contacto no se funden, sino que, por lo general, las fuertes sobreviven y las d&eacute;biles desaparecen, dejando alguna que otra voz en el vocabulario de aquellas, digerida por su aparato f&oacute;nico, gramatical y l&eacute;xico. Y no se funden, sino que se imponen o desaparecen porque se trata de sistemas, de organismos internamente unitarios, no de nomenclaturas o listas de palabras, como nos ense&ntilde;&oacute; Ferdinand de Saussure. Como ha advertido la ling&uuml;&iacute;stica moderna, las lenguas no admiten ni fonemas ni idiotismos gramaticales que repugnen a su propio organismo. Ni siquiera las llamadas lenguas criollas son el resultado de un proceso de fusi&oacute;n, sino de un proceso de simplificaci&oacute;n de sistemas. 
    </p><p class="article-text">
        Nada hay en el habla canaria que &ldquo;no pertenezca al conjunto fonol&oacute;gico y ling&uuml;&iacute;stico espa&ntilde;ol&rdquo;, en contra de lo que sostiene el grupo Avanza Canaria / Palabra Canaria. Un an&aacute;lisis medianamente ecu&aacute;nime de sus materiales permitir&iacute;a demostrar que los procedimientos sem&aacute;nticos (gramaticales y l&eacute;xicos) y formales o fonol&oacute;gicos invariantes que subyacen a esas pr&aacute;cticas idiom&aacute;ticas son esencialmente los mismos que sustentan el habla del resto del mundo hisp&aacute;nico. Lo que hicieron el guanche, el franc&eacute;s o el portugu&eacute;s en Canarias no fue otra cosa que enriquecer el inventario de las ra&iacute;ces l&eacute;xicas de la lengua espa&ntilde;ola con nuevas aportaciones, no modificar sus estructuras f&oacute;nicas, gramaticales y l&eacute;xicas. 
    </p><p class="article-text">
        Y, si las palabras que prestaron los guanches, los franceses y los portugueses al habla canaria no alteraron en lo esencial las estructuras f&oacute;nicas, gramaticales y l&eacute;xicas de la lengua espa&ntilde;ola de base, sino que se integraron en ella, entonces lo que se habla en Canarias no puede ser una lengua criolla, sino la lengua espa&ntilde;ola. Es verdad que el espa&ntilde;ol que hablan los canarios posee palabras, expresiones y melod&iacute;as que no encontramos en otras variedades de este idioma, como el castellano, el andaluz o el espa&ntilde;ol de Am&eacute;rica, pero eso no implica que hablen una lengua distinta de la que hablan castellanos, andaluces e hispanoamericanos, sino simplemente que la hablan de forma diferente de ellos. Las lenguas naturales no se hablan ni pueden hablarse nunca igual porque las condiciones materiales de los hablantes y las necesidades expresivas, las vicisitudes hist&oacute;ricas y los contextos propios de cada comunidad humana son siempre distintos. Es lo que explica la variaci&oacute;n geogr&aacute;fica, social, hist&oacute;rica, estil&iacute;stica, etc., que encontramos siempre asociada a todas las lenguas hist&oacute;ricas del mundo, independientemente de la extensi&oacute;n que tengan. Es la <em>langue</em> o c&oacute;digo quien garantiza la unidad de la lengua; no la <em>parole </em>o ejecuci&oacute;n de ella, que es por naturaleza distinta de lugar a lugar, de grupo humano a grupo humano, de persona a persona y hasta de acto comunicativo a acto comunicativo.     
    </p><p class="article-text">
        M&iacute;rese por donde se mire el asunto que nos ocupa, no existe el m&aacute;s m&iacute;nimo fundamento cient&iacute;fico para afirmar que en Canarias se habla una lengua distinta (sea guanche o criolla) de la lengua hispana. Y digo <em>hispana</em> para evitar el gentilicio <em>espa&ntilde;ol</em>, que, para los indigenistas y africanistas canarios, es como mentar la soga en casa del ahorcado. Porque est&aacute; claro que el hecho de que la lengua que habla el pueblo canario, la lengua que le proporciona su verdadera alma, porque, como hemos dicho ya, lo que llamamos <em>alma</em> no es otra cosa, en el fondo, que la lengua que se habla, el aliento cargado de sentido y vida que exhalamos al expresarnos, tenga el mismo nombre que los naturales de lo que ellos llaman &ldquo;naci&oacute;n invasora&rdquo; (es decir, Espa&ntilde;a), ha distorsionado gravemente, tanto en Canarias como en Am&eacute;rica, el problema de su identidad ling&uuml;&iacute;stica.
    </p><p class="article-text">
        La no menos grave de estas distorsiones ha sido la obsesi&oacute;n por sustituir el nombre verdadero de la lengua, que es <em>espa&ntilde;ol</em>, como hemos dicho antes, por el de <em>castellano</em>, como si en Canarias se hablara con las zetas, ches y jotas del espa&ntilde;ol de Castilla. Pero no, no se trata de <em>castellano</em>, porque, pese a haber sido Castilla quien dio el primer aliento a la lengua que habla el canario, la acun&oacute; reci&eacute;n nacida y la aliment&oacute; en su adolescencia, hoy el castellano no es otra cosa que una modalidad m&aacute;s de esa lengua, una modalidad bastante diferenciada (b&aacute;sicamente, por su consonantismo tenso y la rotundidad y crudeza con que la emplean sus hablantes), de la modalidad atl&aacute;ntica (de consonantismo relajado y expresi&oacute;n menos contundente y m&aacute;s recatada), a la que pertenece el habla canaria. &iquest;Por qu&eacute; se habla de <em>espa&ntilde;ol de Canarias</em> y no de <em>castellano de Canarias</em>, sino porque lo que hablan los canarios es espa&ntilde;ol y no castellano? En Canarias, nunca se ha hablado castellano (si acaso, andaluz, en los primeros momentos de su historia). La denominaci&oacute;n <em>castellano de Canarias</em> implica una impropiedad manifiesta, y hasta una contradicci&oacute;n, porque, actualmente, el castellano es, como el mismo gentilicio indica, el dialecto de Castilla. Precisamente por ello, nadie en su sano juicio hablar&aacute; hoy de <em>castellano de Canarias</em>.
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que el problema fundamental que subyace en estos cambios de denominaciones en cierta manera infantiles es el sempiterno problema de las lenguas que han devenido internacionales o universales. &iquest;Qu&eacute; nombre corresponde a estas lenguas de gentes tan diversas?: &iquest;el de los pueblos que las crearon o el de los pueblos que las han adoptado? Desde el punto de vista hist&oacute;rico, lo l&oacute;gico es que ostenten el nombre de los pueblos que las crearon, que fueron los que las bautizaron por primera vez. Ya se sabe que, como todo lo que existe, tambi&eacute;n los nombres (sobre todo, los nombres) perseveran en ser. Pero, desde el punto de vista sincr&oacute;nico, que es lo que, seg&uacute;n vimos m&aacute;s arriba, cuenta para el hablante, esta persistencia resulta problem&aacute;tica, porque esas lenguas ya no son propiedad exclusiva del pueblo que las cre&oacute; y difundi&oacute; por el mundo, sino que pertenecen por igual a todos los pueblos que las hablan: al que las cre&oacute; y a los que las adoptaron despu&eacute;s, que las han enriquecido con sus propias aportaciones  y que, como es natural, se sienten heridos en su amor propio cuando le dicen que hablan una lengua que es de otros. Por eso, hay quienes creen que el problema podr&iacute;a resolverse redenominando estas lenguas internacionales con nombres neutros o generales, que eviten las susceptibilidades de los hablantes que no se sienten identificados con el original. Concretamente en el caso que nos ocupa, si la lengua que comparten los canarios con los hispanoamericanos y los espa&ntilde;oles peninsulares, en lugar de llamarse <em>espa&ntilde;ola</em>, se llamara <em>hispana</em>, como llego a llamarla Borges en alguna ocasi&oacute;n, o <em>hispana, hispanoamericana </em>o <em>sobrecastellano</em>, como quer&iacute;a Unamuno, para dejar claro que esa lengua se ha construido sobre el viejo castellano, con desarrollos f&oacute;nicos, gramaticales y l&eacute;xicos de aragoneses, leoneses, extreme&ntilde;os, murcianos, andaluces, canarios o americanos, esta susceptibilidad dejar&iacute;a de existir, o, por lo menos, se paliar&iacute;a en buena medida.
    </p><p class="article-text">
        La pol&eacute;mica no tiene, empero, justificaci&oacute;n alguna, puesto que la combinaci&oacute;n <em>lengua espa&ntilde;ola</em> no es un sintagma libre, sino eso que la pedanter&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica suele llamar <em>lex&iacute;a compleja</em>; una lex&iacute;a compleja donde el adjetivo de relaci&oacute;n <em>espa&ntilde;ol</em> no tiene el sentido gentilicio de &lsquo;perteneciente o relativo a Espa&ntilde;a&rsquo; que ten&iacute;a en origen, sino que forma parte de una denominaci&oacute;n unitaria, la denominaci&oacute;n unitaria <em>lengua espa&ntilde;ola</em>, que significa algo as&iacute; como &ldquo;lengua con caracter&iacute;sticas f&oacute;nicas, gramaticales y l&eacute;xicas determinadas que se habla en la Pen&iacute;nsula ib&eacute;rica, Canarias y Am&eacute;rica, principalmente&rdquo;. Como en las combinaciones <em>ensaladilla rusa, crema catalana </em>o <em>silbo gomero</em> los gentilicios <em>ruso, catal&aacute;n </em>y <em>gomero</em> no ostentan el sentido gentilicio de &ldquo;perteneciente o relativo a Rusia&rdquo;, &ldquo;perteneciente o relativo a Catalu&ntilde;a&rdquo; y &ldquo;perteneciente o relativo a La Gomera&rdquo; que ostentan respectivamente en sus usos independientes, sino que forman parte de una expresi&oacute;n unitaria que significa &ldquo;determinado tipo de ensaladilla&rdquo;, &ldquo;determinado tipo de crema&rdquo; y &ldquo;determinado tipo de silbo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por lo dem&aacute;s, como percibe expl&iacute;cita o impl&iacute;citamente todo hispanohablante <em>lengua espa&ntilde;ola </em>y <em>lengua de Espa&ntilde;a</em> significan cosas distintas, como no puede ser de otra manera, porque se trata de construcciones gramaticales diferentes. Como acabamos de decir, <em>lengua espa&ntilde;ola</em> se entiende como determinado tipo de lengua, porque, como el t&eacute;rmino <em>espa&ntilde;ol</em> tiene significaci&oacute;n categorial adjetiva, se integra como rasgo sem&aacute;ntico simple en el nombre <em>lengua</em> que lo rige; en tanto que <em>lengua de Espa&ntilde;a</em> se entiende como &lsquo;lengua perteneciente a Espa&ntilde;a&rsquo;, porque, como el t&eacute;rmino <em>Espa&ntilde;a </em>es nombre propio, atrae hacia s&iacute; el concepto implicado en el nombre <em>lengua</em>. Mientras que en la combinaci&oacute;n <em>lengua espa&ntilde;ola</em> es el concepto complementario &lsquo;Espa&ntilde;a&rsquo; el que se integra en el concepto nuclear &lsquo;lengua&rsquo;, en la combinaci&oacute;n <em>lengua de Espa&ntilde;a</em> es el concepto nuclear &lsquo;lengua&rsquo; el que se integra en el concepto complementario &lsquo;Espa&ntilde;a&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, no deja de resultar sorprendente, por irracional e il&oacute;gico, el desd&eacute;n que muestran determinadas personas por una lengua como la espa&ntilde;ola, de tanta amplitud geogr&aacute;fica y social y que cifra una de las literaturas y culturas m&aacute;s importantes del planeta. Porque el espa&ntilde;ol no es s&oacute;lo la lengua que hablaban los conquistadores de Canarias y Am&eacute;rica y los espa&ntilde;oles m&aacute;s intransigentes (algunos de ellos canarios), como suponen muchos de los que desde&ntilde;an lo espa&ntilde;ol. La lengua espa&ntilde;ola es mucho m&aacute;s que todo esto: es, por encima de todo, el veh&iacute;culo de expresi&oacute;n de buena parte del mundo civilizado, con creadores de una enorme potencia, como Fernando de Rojas, Cervantes, G&oacute;ngora, Jos&eacute; Hern&aacute;ndez, Mart&iacute;, C&eacute;sar Vallejo, Lorca, S&aacute;bato, Garc&iacute;a M&aacute;rquez, Tom&aacute;s Morales, Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez y tantas gentes de talento m&aacute;s, sin las cuales no se explicar&iacute;a la civilizaci&oacute;n hispana e incluso, la occidental toda. &iquest;Ignora el chovinismo localista el hecho cultural que comentamos?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;O ser&aacute; que se odia la lengua espa&ntilde;ola, no tanto porque esta se designe con el gentilicio de la metr&oacute;poli, cuanto porque es una lengua universal, que no cuadra a los intereses tribales o pueblerinos de algunos? Desde luego, no s&eacute; yo hasta qu&eacute; punto puede ser esta segunda la verdadera raz&oacute;n del desprecio que sienten determinados hispanohablantes de la periferia por la lengua que hablan. Una prueba m&aacute;s o menos evidente de que la hip&oacute;tesis que planteo no es ni mucho menos una quimera la tenemos en la iglesia del pa&iacute;s vasco, tan c&oacute;mplice siempre con los defensores de la endogamia de su pueblo, &ldquo;que confiaba en que llegar&iacute;a el d&iacute;a en que los vascos dejar&iacute;an de aprender el castellano, la &lsquo;lengua del liberalismo&rsquo;&rdquo;, como se&ntilde;ala <strong>Hugh Thomas </strong>en su importante obra <em>La guerra civil espa&ntilde;ola</em>. S&iacute; se&ntilde;or, los obispos nacionalistas vascos lo vieron muy claro desde el principio: lo que es el espa&ntilde;ol es la &ldquo;lengua del liberalismo&rdquo;. Y &ldquo;lengua del liberalismo&rdquo; no tanto en el sentido decimon&oacute;nico de lengua de personas pol&iacute;ticamente liberales, frente a los conservadores, supuestamente hablantes del vern&aacute;culo, sino &ldquo;lengua del liberalismo&rdquo; en todos los sentidos de la expresi&oacute;n. &ldquo;Lengua del liberalismo&rdquo;, porque, como se vio m&aacute;s arriba, el espa&ntilde;ol se ha dado liberal o generosamente al mundo. &ldquo;Lengua del liberalismo&rdquo;, porque se trata de una lengua universal, no una lengua mezquina, circunscrita a una peque&ntilde;a aldea y a una culturilla de andar por casa; lengua abierta a todos los horizontes del planeta. Y &ldquo;lengua del liberalismo&rdquo;, porque, precisamente por ser universal, libera a los que la hablan de la c&aacute;rcel aldeana en que los encierra su vida m&aacute;s inmediata de todos los d&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        Una lengua de tal envergadura cultural y literaria y de tal amplitud territorial y humana como la espa&ntilde;ola no puede usarse como bandera de guerra, ni nacional, ni nacionalista, porque pertenece a la humanidad. Por eso, las lenguas internacionales o trasnacionales no interesan a los nacionalismos castizos, sean estatales o regionales, tan dados a instrumentalizarlo todo para marcar los l&iacute;mites de su guarida o territorio de influencia. En realidad, a buena parte de los defensores de las lenguas minoritarias, esas lenguas, tan importantes desde el punto de vista cultural y humano, les traen sin cuidado. Les interesa como instrumento pol&iacute;tico, no como instrumento ling&uuml;&iacute;stico y cultural. 
    </p><p class="article-text">
        La transformaci&oacute;n de las lenguas en banderas de guerra, emblemas o insignias para marcar el territorio pol&iacute;tico (casi como los animales su guarida mediante olores o lo que sea) constituye una aut&eacute;ntica calamidad, tanto para las lenguas mismas como para los hablantes. Para las lenguas porque, de instrumentos de concordia o entendimiento, instrumentos para poner en com&uacute;n almas, que es para lo que se crearon (&ldquo;hablando se entiende la gente&rdquo;, reza el dicho popular), pasan a ser, parad&oacute;jicamente, instrumentos de discordia, instrumentos para separarse o diferenciarse de todo aquel que no pertenezca a la horda propia, o que no piensa como a uno interesa. Para los hablantes, porque de instrumentos para pensar con libertad y defenderse de la irracionalidad, animalidad o bestialidad que implican los dogmas, lugares comunes o discurso repetido de los tiranos, los malvados o los est&uacute;pidos, que es para lo que deben servir, se degradan a la condici&oacute;n de instrumentos de opresi&oacute;n, instrumentos para imponer una forma de pensar &uacute;nica: el dogma, lugar com&uacute;n, discurso repetido o disco rayado identitario estatal o regional de que se trate.
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo defendiendo y estudiando a fondo la lengua espa&ntilde;ola en toda su dimensi&oacute;n territorial, cultural y humana podr&aacute;n mantenerse los canarios, sean independentistas o no, libres de los salvapatrias que aspiran a rebajar las Islas a la condici&oacute;n de rep&uacute;blica bananera, y de los que hacen lo posible y hasta lo imposible para que se mantengan en la ignorancia, enzarzados en quimeras o extravagancias, para controlarlos mejor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lengua-criolla-habla-canaria_132_13431223.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Aug 2026 08:04:20 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/09b44e6a-5fa6-475f-9976-b0f23af91065_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="45003" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/09b44e6a-5fa6-475f-9976-b0f23af91065_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="45003" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Lengua criolla el habla canaria?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/09b44e6a-5fa6-475f-9976-b0f23af91065_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Prejuicios castellanistas en el habla canaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/prejuicios-castellanistas-habla-canaria_132_13409017.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/016561f3-3d81-4942-bf2b-8c65218b3970_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Prejuicios castellanistas en el habla canaria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ni siquiera en los llamados guanchismos puede decirse que quede ya nada de la lengua guanche, al contrario de lo que suelen pensar todos aquellos que desconocen la verdadera naturaleza y el funcionamiento de las lenguas naturales. No quedan sonidos guanches porque los fonemas que conforman el significante de estas voces son las vocales, las consonantes y las sílabas de la lengua española</p></div><p class="article-text">
        A pesar de la evidencia de que la lengua espa&ntilde;ola es tan de los canarios como del resto de los hispanos, no faltan quienes piensen que dicha lengua pertenece en exclusiva a los castellanos, que, como es de sobra sabido, fueron, en efecto, quienes empezaron a desarrollarla de forma paulatina, hacia el siglo X de nuestra era, a partir del lat&iacute;n vulgar que se hab&iacute;a hablado hasta entonces en <strong>el viejo condado de Castilla</strong>, quienes aportaron su base fundamental y quienes la difundieron por el resto del planeta, desde finales de la Edad Media. De este prejuicio derivan dos consecuencias de una enorme trascendencia para la gente de las Islas. 
    </p><p class="article-text">
        La primera consecuencia que se deriva del prejuicio de que la lengua que se habla en Canarias es propiedad exclusiva de Castilla es que Canarias no tiene derecho ni a modificarla ni a influir sobre ella, sino que debe limitarse a aceptar las imposiciones de los espa&ntilde;oles peninsulares. &ldquo;Los espa&ntilde;oles de Am&eacute;rica, si dan todo el valor que dar se debe a la uniformidad de nuestro lenguaje en ambos hemisferios, han de hacer el sacrificio de atenerse, como a centro de unidad, al de Castilla, que le dio el ser y el nombre&rdquo;, dec&iacute;a el fil&oacute;logo espa&ntilde;ol <strong>Antonio Puigblanch</strong> a principios del siglo XIX, seg&uacute;n recoge el gran fil&oacute;logo colombiano <strong>Rufino Jos&eacute; Cuervo</strong> en el frontispicio de sus <em>Apuntaciones cr&iacute;ticas sobre el lenguaje bogotano</em>. Y lo mismo han pensado y siguen pensando muchos canarios respecto del habla de las Islas. Pero, aunque pueda parecer l&oacute;gico, el razonamiento es absolutamente disparatado, porque las lenguas naturales, como las ideas, que son entes espirituales, no materiales, no pertenecen en exclusiva a quienes las han creado, sino que pertenecen por igual, sin excepci&oacute;n alguna, a todos los que las usan, a todos aquellos que las tienen como instrumento para organizar el mundo en que viven, archivarlo en la memoria y comunicarse con los semejantes. Las lenguas son como las personas y los animales: no son de donde nacen, sino de donde pacen o se hacen. Como afirma <strong>&Aacute;ngel Rosenblat,</strong> &ldquo;ni Espa&ntilde;a, ni Am&eacute;rica, tienen por qu&eacute; plegarse a ninguna imposici&oacute;n. Unidad y variedad son dos fuerzas permanentes en la vida de una lengua. Unidad sobre todo en lo morfol&oacute;gico y sint&aacute;ctico, es decir, unidad gramatical, pero variedad en el vocabulario, sobre todo en los nombres familiares de las cosas&rdquo;. No por haber surgido y haberse desarrollado en el viejo condado de Castilla de forma natural, a partir del lat&iacute;n que se hablaba en la zona, es el espa&ntilde;ol m&aacute;s de los castellanos que de los andaluces, los canarios o los hispanoamericanos, que lo recibieron por trasplante, ya bastante crecido, varios siglos despu&eacute;s. &ldquo;Lo primero que sorprende cuando se observan los hechos de lengua -afirma <strong>Ferdinand de Saussure</strong>- es que, para el sujeto hablante, su sucesi&oacute;n en el tiempo no existe: &eacute;l est&aacute; en un estado&rdquo;. Desde el punto de vista sincr&oacute;nico, que es el &uacute;nico que existe para el hablante, tanto derecho tienen los canarios de usar los verbos <em>virar, botar </em>o <em>trincar</em>, por ejemplo, en los sentidos particulares de <em>orientar una cosa en sentido distinto del que tiene</em>, <em>arrojar con fuerza</em> y <em>sorprender, pillar</em>, respectivamente, como los castellanos en los sentidos de <em>cambiar la direcci&oacute;n de un veh&iacute;culo o un barco</em>, <em>echar fuera</em> y <em>coger con fuerza</em>, tambi&eacute;n respectivamente. Se crea un neologismo f&oacute;nico, gramatical o l&eacute;xico en lugares tan alejados de Canarias como Burgos o Punta Arenas, por ejemplo, y ese neologismo f&oacute;nico, gramatical o l&eacute;xico, precisamente por estar construido con los recursos invariantes de la lengua espa&ntilde;ola, que es la suya, es tan de los canarios, andaluces o argentinos que se animen a usarlo como de los burgaleses o puntarenenses que lo han creado. Todo lo que se haga con una lengua, independientemente de quien lo haga, pertenece por igual a todos sus hablantes, sin excepci&oacute;n alguna.
    </p><p class="article-text">
        Nadie niega que los espa&ntilde;oles de las distintas zonas de la Pen&iacute;nsula tienen derecho a usar la lengua que naci&oacute; en Castilla como mejor cuadre a sus intereses expresivos, porque lengua materna suya es. Pero tampoco puede negarse que tambi&eacute;n andaluces, canarios y americanos est&aacute;n legitimados para hacerlo, no s&oacute;lo porque esa lengua es la herramienta de su conocimiento, pensar y sentir, sino porque tambi&eacute;n ellos han contribuido a su desarrollo y ampliaci&oacute;n, d&aacute;ndole un aliento particular, enriqueci&eacute;ndola con sus propias aportaciones guanches, portuguesas, americanas y neol&oacute;gicas, y conservando algunos de sus tesoros perdidos ya en la tierra de los abuelos. Tan propia siente el canario la lengua que habla, que la acrecienta y cambia con nuevas palabras, nuevos sentidos y nuevas melod&iacute;as, de acuerdo con sus necesidades expresivas. 
    </p><p class="article-text">
        La segunda consecuencia grave que se deriva del prejuicio de que la Lengua que hablan los canarios no es de ellos, sino de los castellanos, ha sido que ha allanado el terreno a la quimera de todos aquellos africanistas que sostienen que la verdadera lengua de Canarias es la lengua que hablaba su antigua poblaci&oacute;n bereber. Es lo que nos viene a decir <strong>Jos&eacute; Diego D&iacute;az-Llanos Guigou</strong> en las l&iacute;neas que siguen: &ldquo;Tanto los antiguos canarios como los antiguos americanos, ten&iacute;an, entre otras muchas cosas, sus propias lenguas, sus propios idiomas; pero desde el fat&iacute;dico d&iacute;a que llegaron a estas tierras los Colonos, Pizarros, Lugos, Corteses, etc&eacute;tera, dentro del imperdonable e injustificable genocidio que cometieron y del que la Historia les est&aacute; pasando factura, hay que contabilizar el de la destrucci&oacute;n de esas hablas para imponer la que trajeron aquellos despiadados conquistadores. Por esa &uacute;nica raz&oacute;n, y no por ninguna otra, es por lo que hoy no tenemos lengua propia&rdquo;. Desde este particular punto de vista, la lengua que hablan en la actualidad los canarios no ser&iacute;a otra cosa que una losa que anula su verdadera identidad guanche, que se encontrar&iacute;a reprimida en las profundidades de su ser. Obviamente, este planteamiento se basa en una falacia: la falacia de que identidad y lengua son cosas distintas; de que la identidad es una realidad et&eacute;rea, ajena a la lengua, que ser&iacute;a un c&oacute;digo de comunicaci&oacute;n meramente formal. Pero no, lo que da identidad a los pueblos, lo que los hace ser de la forma que son, y no de otra, es la lengua que hablan, su lengua materna. Identidad y lengua se encuentra inextricablemente unidas; tan unidas se encuentran, que en el fondo vienen a ser lo mismo. Por tanto, si la lengua materna del pueblo canario es el espa&ntilde;ol, su identidad es hispana, no guanche o de cualquier otro tipo.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a m&aacute;s discutible que la suposici&oacute;n de aquellos que sostienen que la verdadera lengua de Canarias es la lengua que hablaba la poblaci&oacute;n canaria preeuropea es la suposici&oacute;n de aquellos que afirman, sin el m&aacute;s m&iacute;nimo rebozo, que, incluso en la actualidad, lo que se habla en Canarias es la lengua guanche, aunque con sonidos espa&ntilde;oles. Para decirlo con terminolog&iacute;a moderna: que el pueblo canario actual tendr&iacute;a estructura profunda o mental guanche y estructura superficial o material espa&ntilde;ola. Tambi&eacute;n nos encontramos aqu&iacute; con otra ilusi&oacute;n tan propia de los indigenistas. Como sabe cualquier persona con un m&iacute;nimo de conocimiento de ling&uuml;&iacute;stica moderna, el plano del contenido de las lenguas naturales es inseparable del plano de la expresi&oacute;n, a pesar de la arbitrariedad te&oacute;rica (que no emp&iacute;rica) que, seg&uacute;n Ferdinand de Saussure, preside la relaci&oacute;n entre las dos caras del signo ling&uuml;&iacute;stico: el significante o aspecto material y el significado o aspecto espiritual. Por tanto, si los canarios actuales usan el sistema formal del espa&ntilde;ol, usan tambi&eacute;n su sistema sem&aacute;ntico, porque uno y otro son solidarios. Y, si usa el sistema formal y el sistema sem&aacute;ntico del espa&ntilde;ol, los canarios actuales son, tanto en el fondo como en la forma, hispanos, no guanches. Todo aquel que habla la lengua espa&ntilde;ola piensa y siente en lengua espa&ntilde;ola, qui&eacute;ralo o no.
    </p><p class="article-text">
        Ni siquiera en los llamados guanchismos puede decirse que quede ya nada de la lengua guanche, al contrario de lo que suelen pensar todos aquellos que desconocen la verdadera naturaleza y el funcionamiento de las lenguas naturales. No quedan sonidos guanches porque los fonemas que conforman el significante de estas voces son las vocales, las consonantes y las s&iacute;labas de la lengua espa&ntilde;ola. No hay nada en la pronunciaci&oacute;n y entonaci&oacute;n del canario actual que proceda de la lengua de sustrato. No quedan significados guanches porque los significados que las caracterizan surgen de relaciones de oposici&oacute;n con palabras de la lengua espa&ntilde;ola. Y no puede ser de otra manera porque el &aacute;mbito cultural y afectivo en que se integran los pr&eacute;stamos guanches es totalmente distinto del &aacute;mbito cultura y afectivo de la lengua originaria. Ni siquiera el significado (<em>polvo que resulta de la molienda de granos tostados</em>) y los referentes de un guanchismo tan genuino como <em>gofio</em> tienen ya nada que ver con el mundo guanche. Su significaci&oacute;n no tiene nada que ver con el mundo guanche, porque la misma surge de su relaci&oacute;n de oposici&oacute;n con la voz de procedencia latina <em>harina</em> <em>polvo que resulta de la molienda de granos</em>. Y los referentes poco tienen que ver con la lengua originaria porque los mismos han ampliado enormemente su materia prima (trigo, millo, garbanzos, etc., que no exist&iacute;an en la Canarias preeuropea) y su forma de elaboraci&oacute;n: escaldado, frito, amasado en lebrillo, amasado en zurr&oacute;n&hellip; De ah&iacute; la riqu&iacute;sima fraseolog&iacute;a y los diversos usos metaf&oacute;ricos que ha desarrollado esta emblem&aacute;tica palabra canaria a lo largo del tiempo.  
    </p><p class="article-text">
        Tampoco puede decirse que los guanchismos impliquen connotaciones guanches, porque, para que tuvieran connotaciones guanches (es decir, sentimientos o evocaciones guanches, que es lo que son gran parte de lo que solemos llamar <em>connotaciones guanches</em>), sus denotaciones (de las que, por lo general, dependen las connotaciones) habr&iacute;an de ser guanches y los hablantes tendr&iacute;an que tener conciencia de su filiaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica originaria. El hablante canario ingenuo no tiene conciencia de que canarismos tan populares como <em>perinqu&eacute;n, tafe&ntilde;a, tajinaste, goro, belet&eacute;n, gofio, tajorase, Escanfraga, Tamabada </em>o <em>guanil</em>, por ejemplo, procedan de la lengua o las lenguas de los viejos majos, canarios, guanches, auaritas, gomeros o bimbapes<em>. </em>Por eso mismo, es imposible que le evoquen la lengua o el mundo prehisp&aacute;nico. Para el canario del com&uacute;n, las voces citadas tienen exactamente la misma connotaci&oacute;n de registro que sus palabras de origen latino <em>lagarto, hinojo, corral, leche, harina </em>o <em>cabra</em>, sus palabras de origen &aacute;rabe <em>almac&eacute;n, acelga, alfombra, arroz, noria, tabique, sof&aacute; </em>o <em>alm&iacute;bar</em> o sus palabras de procedencia portuguesa <em>jeito, mojo, mares&iacute;a, fechillo, enchumbarse </em>o <em>millo</em>. Es decir, la connotaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica de palabras de la lengua espa&ntilde;ola, aunque es evidente que, en los guanchismos y portuguesismos, esa connotaci&oacute;n primaria vaya acompa&ntilde;ada de una connotaci&oacute;n secundaria de <em>palabra canaria</em>. &ldquo;Los nombres ind&iacute;genas -escribe &Aacute;ngel Rosenblat para los americanismos de Venezuela- son fantasmas evocadores de un mundo lejano y misterioso, casi desaparecido (&hellip;). Esas palabras son tambi&eacute;n el testimonio de lo que el indio ha dado a nuestra cultura. Representan la supervivencia del indio. Es su voz que sigue a&uacute;n resonando entre nosotros. Y esa voz, conducida por las amplias alas de nuestra literatura, se oye hoy a trav&eacute;s de mares y continentes&rdquo;. Y, efectivamente, as&iacute; es. No cabe ninguna duda de que voces ind&iacute;genas canarias como <em>Escanfraga </em>o <em>Tamadaba</em>, por ejemplo, encerraban una forma particular de ver el territorio (la primera, a partir de la idea de <em>esqu&eacute;n</em> <em>adoratorio</em>, y la segunda, a partir de la idea de <em>l&iacute;mite</em> de <em>tama</em>), la forma de ver el territorio de los viejos guanches. Pero esas representaciones guanches de ver el territorio s&oacute;lo cuentan hoy para los especialistas, no para los hablantes ingenuos, que constituyen la inmensa mayor&iacute;a de los hispanohablantes. Para estos, se trata de misterios que nunca podr&aacute; desvelar, porque desconocen el sistema gramatical que les sirve de base. Y, como ni el significante ni el significado de los guanchismos, que es lo &uacute;nico que queda de la lengua guanche, pertenece a la lengua guanche, pues, lamentablemente, resulta imposible su reconstrucci&oacute;n o resurrecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lo que ponen de manifiesto las quimeras idiom&aacute;ticas que comentamos es que no hay lengua o dialecto de invasi&oacute;n o conquista que se encuentre libre de los fantasmas sustrat&iacute;sticos. El andaluz tiene los fantasmas sustrat&iacute;sticos del moz&aacute;rabe y el &aacute;rabe, de los que tanto abusan los defensores m&aacute;s fan&aacute;ticos de ese dialecto del espa&ntilde;ol y que tanto han cuestionado los ling&uuml;istas m&aacute;s rigurosos (Antonio Narbona, Rafael Cano Aguilar, Ram&oacute;n Morillo&hellip;); el espa&ntilde;ol de Am&eacute;rica tiene que lidiar con los fantasmas sustrat&iacute;sticos de las lenguas amerindias, a los que sucumbi&oacute; el mism&iacute;simo Rodolfo Lenz, con toda su solvencia acad&eacute;mica, y que tanto cuestionaron ling&uuml;istas como Amado Alonso y Lope Blanch, por ejemplo; y el espa&ntilde;ol de Canarias ha sido perseguido casi desde su misma aclimataci&oacute;n a las Islas por el fantasma sustrat&iacute;stico del guanche, como vamos viendo. Soportar el espectro de las v&iacute;ctimas, que se resisten a morir del todo, recordando que ellas estuvieron antes en el territorio invadido, es el tributo que tienen que pagar las lenguas invasoras por su atrevimiento.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/prejuicios-castellanistas-habla-canaria_132_13409017.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Jul 2026 10:16:29 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/016561f3-3d81-4942-bf2b-8c65218b3970_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="53905" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/016561f3-3d81-4942-bf2b-8c65218b3970_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="53905" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Prejuicios castellanistas en el habla canaria]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/016561f3-3d81-4942-bf2b-8c65218b3970_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La lengua de los canarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lengua-canarios_132_13394958.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3a878ec5-5e5e-43b9-a8d5-7e2e0270950d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La lengua de los canarios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La lengua española no es cárcel para los canarios, como suelen sentir, pensar y decir algunas personas. Es todo lo contrario: como la risa del niño al poeta, al canario quien “lo hace libre, le pone alas, soledades le quita y cárcel le arranca” es precisamente la lengua española</p></div><p class="article-text">
        La lengua materna, nativa o propia de los canarios es <strong>la lengua espa&ntilde;ola (no castellana)</strong>, que es la que les permite organizar el mundo que los rodea, conservar su memoria, la memoria que los conecta con sus antepasados y garantiza su continuidad hist&oacute;rica, construir el futuro, sentir y comunicarse con sus semejantes. &ldquo;El hombre es sobre todo memoria y lenguaje&rdquo;, como se&ntilde;ala Emilio Lled&oacute;. Sin la lengua espa&ntilde;ola, el pueblo canario actual no entender&iacute;a ni sentir&iacute;a el mundo como lo entiende y siente, y, por tanto, no ser&iacute;a lo que realmente es. Por eso digo que la lengua propia de los canarios es la lengua espa&ntilde;ola; la lengua espa&ntilde;ola hablada con aliento f&iacute;sico y espiritual propio; con el aliento f&iacute;sico de su voz concreta y el aliento espiritual de sus conceptos, deseos, ilusiones y frustraciones insulares u oce&aacute;nicas. 
    </p><p class="article-text">
        Hay canarios que dicen sentirse, primero, canarios, y, despu&eacute;s, espa&ntilde;oles. Otros, a la inversa, confiesan sentirse, en primer lugar, espa&ntilde;oles, y, luego, canarios. En tercer lugar, los hay que aseguran sentirse canarios y no espa&ntilde;oles. Y otros, por &uacute;ltimo, manifiestan sentirse espa&ntilde;oles y no canarios. Y todos ellos tienen derecho a hacerlo, porque los sentimientos, como las ideolog&iacute;as, las creencias religiosas o las inclinaciones sexuales pertenecen al dominio, la privacidad o la intimidad de cada cual. Pero, desde el punto de vista de la lengua, que es un hecho objetivo, la canariedad y la hispanidad del canario moderno no pueden separarse de ninguna manera, porque son caras de una misma moneda: todo canario moderno es hispano, porque tiene como lengua materna la lengua espa&ntilde;ola, que le proporciona los esquemas f&oacute;nicos, gramaticales y l&eacute;xicos a trav&eacute;s de los cuales organiza y ve el mundo que lo rodea y construye su &ldquo;canariedad&rdquo;; y todo canario moderno es canario porque rellena esos esquemas mentales de representaci&oacute;n espacial, temporal y conceptual que es la lengua espa&ntilde;ola con su aliento personal y la sustancia de su realidad f&iacute;sica y psicol&oacute;gica de hombre insular. Por lo tanto, ni lo ling&uuml;&iacute;sticamente canario del canario puede separarse de lo hispano, ni lo ling&uuml;&iacute;sticamente hispano del canario puede separarse de lo canario. Dig&aacute;moslo con una obviedad: desde el punto de vista ling&uuml;&iacute;stico, que es el que nos interesa aqu&iacute;, el hombre de las Islas no es otra cosa que hispano-canario; es decir, hablante de la lengua espa&ntilde;ola en su modalidad canaria; como el hombre de Castilla no es otra cosa que hispano-castellano, el hombre de Andaluc&iacute;a, hispano-andaluz, el hombre de Cuba, hispano-cubano, y as&iacute; sucesivamente. 
    </p><p class="article-text">
        Claro que, como sabemos todos, la lengua propia de los canarios, que es la lengua espa&ntilde;ola, repetimos, no es exclusiva de ellos, sino que la comparten con sus compatriotas del resto de Espa&ntilde;a, que fueron quienes la trasplantaron ya bastante desarrollada a las Islas, desde principios del siglo XV, y con sus hermanos de Hispanoam&eacute;rica, que la recibieron, casi un siglo despu&eacute;s de que la misma empezara a aclimatarse a los aires y necesidades del Atl&aacute;ntico en las Islas Canarias, de estas y de la Pen&iacute;nsula. La propiedad ling&uuml;&iacute;stica de los canarios es una propiedad compartida con gentes de mundos cultural, racial y geogr&aacute;ficamente diversos; lo que, dicho sea de paso, no constituye ning&uacute;n inconveniente, al contrario de lo que sucede cuando se comparten propiedades materiales (porque los beneficiarios del reparto tocan a menos), sino una ventaja, por tres razones principales:
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, compartir su lengua con otros pueblos del mundo constituye una ventaja para el canario, porque esa lengua, que abraza la inmensidad territorial que va desde los Pirineos hasta la Patagonia, le permite rebasar ampliamente la rutina del diminutivo mundo f&iacute;sico de apenas siete mil quil&oacute;metros cuadrados rodeados de oc&eacute;ano que tiene su h&aacute;bitat natural.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, el hecho de que su lengua sea hablada por gentes de razas, culturas y procedencias tan diversas constituye para ellos una gran ventaja, por lo que significa de enriquecimiento de sus expectativas culturales, literarias y cient&iacute;ficas. Por escribir en espa&ntilde;ol, el madrile&ntilde;o Cervantes, el vasco Unamuno, el andaluz Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, el mejicano Juan Rulfo, el colombiano Garc&iacute;a M&aacute;rquez, el argentino Jorge Luis Borges, el uruguayo Horacio Quiroga y la chilena Gabriela Mistral, por limitarnos a unos cuantos ejemplos no menores, son tan de los canarios como sus paisanos Cairasco de Figueroa, Clavijo y Fajardo, Viera y Clavijo, P&eacute;rez Gald&oacute;s, Alonso Quesada, Tom&aacute;s Morales, Josefina de la Torre o Manuel Padorno. Como es evidente, que una lengua sea hablada por multitud de gentes no es s&oacute;lo importante por lo que implica de ampliaci&oacute;n del &aacute;mbito de comprensi&oacute;n de los que la hablan. Es importante tambi&eacute;n por lo que supone de suma de voluntades e inteligencias (el habla -dice Saussure- implica siempre una &ldquo;acto de voluntad e inteligencia&rdquo;) en el desarrollo de sus posibilidades expresivas. Las civilizaciones y las culturas no las dan las lenguas de forma espont&aacute;nea, sino que las inventan los hablantes con ellas en la dial&eacute;ctica concreta del vivir cotidiano y su actividad intelectual. Por eso, cuantos m&aacute;s hablantes tenga una lengua natural, m&aacute;s posibilidades tendr&aacute; de desarrollar las potencialidades expresivas que contiene y m&aacute;s ricas y variadas ser&aacute;n las civilizaciones que sobre ella se construyan. Los hablantes son la mano de obra de las lenguas; y, cuanto m&aacute;s mano de obra haya, de mayor envergadura y finura ser&aacute; la obra que construyan.
    </p><p class="article-text">
        Y, en tercer lugar, el hecho de que el canario hable una lengua de tanto huelgo territorial y humano como la espa&ntilde;ola constituye una gran ventaja para la promoci&oacute;n de la cultura y la literatura propias. Por estar escrita en lengua espa&ntilde;ola, la obra de un Clavijo y Fajardo, un Viera y Clavijo, un Alonso Quesada, un Tom&aacute;s Morales, un V&iacute;ctor Ram&iacute;rez, un Andr&eacute;s S&aacute;nchez Robayna o un Eugenio Padorno, por ejemplo, tiene una potencialidad de lectores que va mucho m&aacute;s all&aacute; de los poco m&aacute;s de dos millones de persona que constituye la poblaci&oacute;n canaria de hoy. Los escritores canarios actuales no tienen un mercado de dos millones de posibles lectores, sino de m&aacute;s de seiscientos millones, independientemente de que logren o no suscitar el inter&eacute;s de todos.
    </p><p class="article-text">
        En s&iacute;ntesis, que, gracias a la lengua espa&ntilde;ola, la geograf&iacute;a mental y cultural de los isle&ntilde;os no se reduce a las limitadas dimensiones de su modesto archipi&eacute;lago o de sus reducidas islas. Abarca la inmensa geograf&iacute;a espiritual y cultural de m&aacute;s de veinte naciones, separadas en lo pol&iacute;tico, pero unidas en lo espiritual, que les proporciona un amplio margen de libertad individual, m&aacute;s all&aacute; de las fronteras de su patria material. Lo que quiere decir que la patria espiritual del canario, que es la importante, no se reduce a la geograf&iacute;a canaria. Tampoco se limita a la geograf&iacute;a de Espa&ntilde;a. La patria espiritual del canario es la lengua espa&ntilde;ola toda, forjada a base de voluntad e inteligencia por autores diversos, de todas partes del mundo hisp&aacute;nico y de todas las &eacute;pocas del idioma, como los castellanos Alfonso X el Sabio, el Arcipreste de Hita, Jorge Manrique, Bernal D&iacute;az del Castillo, Cervantes o Quevedo, los andaluces G&oacute;ngora, B&eacute;cquer, Antonio Machado o Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, los vascos Unamuno o Gabriel Celaya, los mejicanos Sor Juana In&eacute;s de la Cruz o Alfonso Reyes, los cubanos Jos&eacute; Mart&iacute; o Alejo Carpentier, los canarios Viera y Clavijo o Alonso Quesada, los argentinos Jos&eacute; Hern&aacute;ndez o Jorge Luis Borges, los chilenos Gabriela Mistral o Pablo Neruda, los nicarag&uuml;enses Rub&eacute;n Dar&iacute;o o Ernesto Cardenal, etc&eacute;tera, que son los aut&eacute;nticos padres espirituales de espa&ntilde;oles e hispanoamericanos. 
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;C&oacute;mo no va a constituir una ventaja formar parte de una de las patrias idiom&aacute;ticas m&aacute;s grandes del mundo occidental e, incluso, del planeta todo! &iexcl;Pobres canarios si, en lugar de hablar la lengua global que hablan, que les ampl&iacute;a su &aacute;mbito de comprensi&oacute;n y entendimiento hasta los confines de la tierra, hablaran una leng&uuml;illa de andar por casa, criolla o no criolla, una leng&uuml;illa regional; o siete leng&uuml;illas insulares, cuyo &aacute;mbito de entendimiento no pasara de la punta del muelle, que, adem&aacute;s, los embarcar&iacute;a en pueblerinas guerras con sus vecinos insulares por qu&iacute;tame all&aacute; esas palabras!
    </p><p class="article-text">
        Queda claro, por tanto, que, al contrario de lo que ocurre con los bienes de consumo, bienes espirituales como las lenguas son tanto m&aacute;s grandes cuanto m&aacute;s se comparten. Y son tanto m&aacute;s grandes cuanto m&aacute;s se comparten, porque, en las lenguas, el aumento de propietarios no empeque&ntilde;ece la propiedad, sino que la acrece. En las lenguas naturales, no cuentan s&oacute;lo las lenguas; cuenta tambi&eacute;n el n&uacute;mero y la calidad de sus hablantes.
    </p><p class="article-text">
        La historia de la lengua espa&ntilde;ola ha sido siempre una historia de &ldquo;compartimiento&rdquo; y &ldquo;departimiento&rdquo;, a la vez, casi desde sus or&iacute;genes mismos. De una parte, una historia de compartimiento, porque ha hermanado o unido en una misma alma sem&aacute;ntica y en una misma melod&iacute;a f&oacute;nica a gente de la m&aacute;s diversa condici&oacute;n (moros, jud&iacute;os, cristianos; blancos, negros, cobrizos, mestizos y mulatos; creyentes y ateos; republicanos y mon&aacute;rquicos; peninsulares, canarios, americanos, africanos, asi&aacute;ticos, etc.) desde el viejo continente hasta el Pac&iacute;fico occidental, pasando por la colosal Am&eacute;rica, superando as&iacute; incomprensiones y mezquindades aldeanas, empobrecedoras del esp&iacute;ritu. Uni&oacute; primero en su verbo a gentes de todos los rincones de la Pen&iacute;nsula ib&eacute;rica y de allende los Pirineos, como castellanos, vascos, navarros, aragoneses, catalanes, francos y gallegos, que participaron codo con codo en las huestes que lucharon contra el islam, durante los 800 a&ntilde;os de la famosa Reconquista. La misma onom&aacute;stica personal hisp&aacute;nica, plagada de apellidos de origen gentilicio y topon&iacute;mico de toda la Pen&iacute;nsula, como <em>Castellano, Navarro, Aragon&eacute;s, Gallego, de Le&oacute;n, Madrid, Lugo, Toledo, Sevilla, Cuenca, Soria, Zaragoza, C&aacute;ceres, Asturias, Segovia, Trujillo, Valenciano, Murciano, Soriano, Vasco, Toledano, Portugu&eacute;s, Cordob&eacute;s </em>o <em>Franco</em>, no deja mentir. A la Pen&iacute;nsula ib&eacute;rica, primero la unific&oacute; idiom&aacute;ticamente el lat&iacute;n y, cuando la unificaci&oacute;n del lat&iacute;n se vino abajo por la irrupci&oacute;n de los b&aacute;rbaros del norte y los &aacute;rabes, entonces le toc&oacute; unificarla al espa&ntilde;ol. Luego fue integrando en su &aacute;mbito de hermandad a los &aacute;rabes que, tras el colapso del califato, hubieron de plegarse a la nueva realidad. M&aacute;s tarde, esta lengua, que hab&iacute;a nacido tierra adentro, decidi&oacute; echarse a la mar oc&eacute;ano del Atl&aacute;ntico y del Pac&iacute;fico, y se extendi&oacute;, lamentablemente, no sin violencia, como en todo proceso de conquista y colonizaci&oacute;n, a los bereberes de Canarias (de donde apellidos como <em>Guanche, Bencomo, Chinea </em>o <em>Tacoronte</em>), a los indios de Am&eacute;rica (de donde apellidos como <em>Apaza, Atahualpa, Quispe, Vilca, Cocotle, Atonal </em>o<em> Xonchicalle</em>), a los cobrizos de Filipinas (de donde apellidos como <em>Aquino, Habalo </em>o <em>Tibayan</em>), a los negros de Guinea Ecuatorial, a los bereberes y &aacute;rabes del Sahara occidental, uniendo espiritualmente lo que la mar ten&iacute;a separado f&iacute;sicamente y dando lugar a un inmenso pueblo de alma idiom&aacute;tica &uacute;nica: el pueblo hispano, que contiene en su germen a &iacute;beros, vascos, romanos, visigodos, &aacute;rabes, jud&iacute;os, gitanos, canarios, caribes, aztecas, quechuas, araucanos, saharianos, etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        Y, de otra parte, ha sido la lengua espa&ntilde;ola una historia de &ldquo;departimiento&rdquo;, porque ha permitido que, con los mismos procedimientos espirituales de base, cada pueblo en ella integrado haya creado su proyecto cultural y literario propio. Pocas lenguas como la espa&ntilde;ola han hecho tanto por el anhelado ideal de integrar a todos los seres humanos en un esp&iacute;ritu com&uacute;n, sin por ello impedir la libertad expresiva y el desarrollo cultural, literario, pol&iacute;tico o religioso de cada uno de los pueblos que lo comparten. Ah&iacute; est&aacute; Am&eacute;rica, con su prodigioso desarrollo literario y cultural propio, con su arrolladora personalidad, para demostrarlo. Identidad ling&uuml;&iacute;stica no implica identidad cultural ni identidad racial. Como escribe Unamuno, &ldquo;los celtas del pa&iacute;s de Cornualles hablan ingl&eacute;s, y los jud&iacute;os del Austria meridional consideran el castellano como su lengua sagrada; los lapones y los fineses en Europa, los melanesios y pap&uacute;es en Ocean&iacute;a, tienen la misma lengua y son esencialmente diferentes. El eslav&oacute;n se extingui&oacute; en 1683 en Prusia, donde cinco siglos antes no se conoc&iacute;a el alem&aacute;n; los galos fueron vencidos por el esp&iacute;ritu romano; los normandos, por el franc&eacute;s e ingl&eacute;s; los waregos en Rusia y los francos, en Galia. Todos estos hechos prueban que la raza ling&uuml;&iacute;stica no es id&eacute;ntica a la fisiol&oacute;gica, pero nada prueba contra la proposici&oacute;n que he sentado, que el lenguaje es el esp&iacute;ritu de la raza. Esas son razas cuyo esp&iacute;ritu se ha enajenado, razas en el cuerpo, no razas en el alma&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Todo ello pone claramente de manifiesto que las lenguas, en s&iacute; mismas y por s&iacute; mismas, nada tienen que ver con las razas biol&oacute;gicas, las religiones, las culturas, las geograf&iacute;as o los m&aacute;s o menos ef&iacute;meros proyectos pol&iacute;ticos de cada quisque. En realidad, en y por s&iacute; mismas, las lenguas s&oacute;lo son sistemas de intuiciones formales y sem&aacute;nticas, impulsos espirituales de posibilidades designativas y denotativas infinitas, bastante resistentes al paso del tiempo, con los que puede construirse cualquier religi&oacute;n, cualquier cultura o cualquier proyecto pol&iacute;tico, por muy diversos que estos sean. &ldquo;Una lengua&rdquo; -dice Andr&eacute;s Bello- &ldquo;es como un cuerpo viviente: su vitalidad no consiste en la constante identidad de sus elementos, sino en la regular uniformidad de las funciones que estos ejercen, y de que proceden la forma y la &iacute;ndole que distingue al todo&rdquo;. La capacidad generativa de las lenguas naturales no tiene l&iacute;mites. Por eso, puede decirse que la libertad del ser humano, que depende de la lengua, es infinita. 
    </p><p class="article-text">
        Esto que comentamos es tan obvio, que lo aceptan, de mejor o peor grado, incluso los independentistas canarios (por lo menos, los m&aacute;s sensatos), tan cr&iacute;ticos siempre con Espa&ntilde;a y lo espa&ntilde;ol, como es l&oacute;gico. As&iacute;, para Manuel Meneses, por ejemplo, &ldquo;la lengua castellana, de Espa&ntilde;a, o el espa&ntilde;ol de Canarias, la haremos nuestra en el sentido de lengua nacional canaria como accedamos a la independencia de Canarias, entonces podremos decir, como lo dijeron los colombianos, los peruanos, argentinos, cubanos o puertorrique&ntilde;os que tenemos una lengua y que por lo tanto nadie nos podr&aacute; impedir desde Espa&ntilde;a el sentimiento de nuestra nacionalidad, o el que queramos tener una televisi&oacute;n propia o una Academia de la lengua como ahora la tienen los pa&iacute;ses que en tiempo de colonias de Espa&ntilde;a no la pudieron tener&rdquo;. Efectivamente, as&iacute; es. Lo que hablan los canarios de hoy no es otra cosa que espa&ntilde;ol, un espa&ntilde;ol con aire y alma de Canarias. Y eso, con todas las prerrogativas que este hecho idiom&aacute;tico implica, sin necesidad de ninguna independencia. Porque Canarias podr&aacute; necesitar la independencia por razones pol&iacute;ticas o econ&oacute;micas, seg&uacute;n los pareceres de cada cual, pero no por razones ling&uuml;&iacute;sticas. Ling&uuml;&iacute;sticamente, el canario es ya inmensamente independiente y libre. Y es inmensamente independiente y libre porque habla una lengua que no s&oacute;lo le proporciona, como hacen todas, los recursos t&eacute;cnicos imprescindibles para ejercer la libertad de pensamiento (que es la libertad m&aacute;xima a que puede aspirar el ser humano), creando, seg&uacute;n su libre albedr&iacute;o, las palabras, las oraciones y los textos que necesite para dar vida a las criaturas de su imaginaci&oacute;n, fantas&iacute;as o sue&ntilde;o de hombre insular, sino porque esa lengua abarca un inmenso &aacute;mbito de humanidad.
    </p><p class="article-text">
        La lengua espa&ntilde;ola no es c&aacute;rcel para los canarios, como suelen sentir, pensar y decir algunas personas. Es todo lo contrario: como la risa del ni&ntilde;o al poeta, al canario quien &ldquo;lo hace libre, le pone alas, soledades le quita y c&aacute;rcel le arranca&rdquo; es precisamente la lengua espa&ntilde;ola. No se olvide que, como se&ntilde;ala Gregorio Salvador, &ldquo;en este mundo en que vivimos, el &aacute;mbito ling&uuml;&iacute;stico en que se mueve un hombre se&ntilde;ala, en buena parte, los l&iacute;mites de su verdadera independencia&rdquo;. Lo que quiere decir que, si el pueblo canario trocara la lengua universal que habla por una lengua minoritaria cualquiera, antes que ampliar su &aacute;mbito de libertad de millones y millones de quil&oacute;metros cuadrados y de millones y millones de almas, lo reducir&iacute;a dr&aacute;sticamente a una peque&ntilde;a &aacute;rea de siete mil quil&oacute;metros y apenas dos millones de hablantes. Borges se lo hab&iacute;a advertido ya a sus paisanos m&aacute;s resentidos con la madre patria, siempre tan dispuestos a desertar de la lengua espa&ntilde;ola, all&aacute; en los espejismos de su pampa, con estas palabras tan certeras: &ldquo;Desertar porque s&iacute; de la casi universalidad del idioma, para esconderse en un dialecto ch&uacute;caro y receloso es proyecto de malhumorados y rezongones&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lengua-canarios_132_13394958.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Jul 2026 07:15:20 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3a878ec5-5e5e-43b9-a8d5-7e2e0270950d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="49155" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3a878ec5-5e5e-43b9-a8d5-7e2e0270950d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="49155" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La lengua de los canarios]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3a878ec5-5e5e-43b9-a8d5-7e2e0270950d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El punto de vista canario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/punto-vista-canario_132_13377685.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf5a8f5d-191c-45a4-af7e-2e9c49609540_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El punto de vista canario"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Resulta aberrante que haya lexicógrafos o aficionados a la lexicografía que se limiten a presentar las palabras canarias como meros equivalentes de los términos castellanos que confluyen en su misma designación</p></div><p class="article-text">
        Toda persona y todo pueblo tienen sus propios puntos de vista, determinados por el lugar que ocupan en el planeta, la perspicacia de sus ojos y los avatares de su historia; puntos de vista que se encuentran impresos en sus palabras, que son las que les permiten ver e interpretar el mundo que los circunda en funci&oacute;n de sus propios intereses y sensibilidad. El punto de vista es de vital importancia para el ser humano, porque pone el foco en la parte de la realidad que conviene a sus intereses particulares. Por ejemplo, el punto de vista bot&aacute;nico es de una enorme importancia para el campesino, porque de las plantas vive, pero no lo es para el marinero, que es ajeno a ellas. Por eso cuesta tanto a la gente de la mar distinguir entre un manzanero y un peral o un ficus y un laurel, por ejemplo. Como el punto de vista de la fauna acu&aacute;tica es importante para el marinero, porque de ella depende su sustento y el de su familia, pero no lo es tanto para el campesino, que no tiene trato con ella. 
    </p><p class="article-text">
        Exagerando la nota, podr&iacute;a decirse que para los campesinos todos los peces son m&aacute;s o menos iguales. Cuando hablamos del punto de vista de los pueblos, no hablamos, por tanto, de vaguedades o impresiones m&aacute;s o menos ingeniosas, como las de Valbuena Prat o Manuel Alem&aacute;n, por ejemplo, cuando afirman que <strong>el alma canaria se define por el sentimiento del mar</strong>, la melancol&iacute;a, el aislamiento, la nostalgia, la suspicacia, la sumisi&oacute;n, el mutismo, el sentimiento de familia o la orfandad paterna; o la de la compa&ntilde;&iacute;a a&eacute;rea <strong>Binter</strong>, que nos promete viajar a la Pen&iacute;nsula &ldquo;en modo canario&rdquo;, que, seg&uacute;n ella misma explica, &ldquo;evoca la sensaci&oacute;n de desconectar del estr&eacute;s, conectar con el entorno y vivir el presente, inspirado en el estilo de vida relajado y alegre de las Islas Canarias,&rdquo;. Cuando hablamos del punto de vista de los pueblos, hablamos de algo mucho m&aacute;s objetivo que todo esto: hablamos de valores sem&aacute;nticos concretos, los valores sem&aacute;nticos de las palabras, que, si bien resultan muy dif&iacute;ciles de definir, porque no son cosas materiales ni conceptos, sino intuiciones, es algo que puede comprobarse y demostrarse emp&iacute;ricamente. 
    </p><p class="article-text">
        En particular, los puntos de vista de los canarios han surgido de circunstancias materiales y espirituales m&aacute;s o menos determinadas. En el &aacute;mbito de las circunstancias materiales, se encuentran la condici&oacute;n insular de su territorio, su naturaleza volc&aacute;nica y lo limitado de su geograf&iacute;a. Hasta tal punto es complejo el medio f&iacute;sico del canario, que sus islas se encuentran divididas en tres &aacute;reas territoriales distintas (costa, median&iacute;a y cumbre), cada una de ellas con sus propias particularidades clim&aacute;ticas, bot&aacute;nicas y hasta zool&oacute;gicas, y los fondos marinos de su litoral, en tres &aacute;reas tambi&eacute;n distintas: la llamada cabezos, formada por las primeras piedras de pesca que se encuentran a partir de la orilla, entre 6 y 8 brazas de profundidad, donde habitan mugarras, seif&iacute;os, chopas y viejas; la llamada piedras, que viene a continuaci&oacute;n de la anterior, que se encuentra entre 2 y 6 li&ntilde;as de profundidad y que est&aacute; habitada por bocinegros, cabrillas, pejeperros, cantareros, samas, meros y burros; y el &aacute;rea llamada el alto o el hondo, que se encuentra a continuaci&oacute;n de la plataforma insular, desde los 250 hasta m&aacute;s de 500 metros de profundidad, donde viven congrios, obispos, escolares, bocanegras, conejos, samas, chernes, cazones, p&aacute;mpanos, albajares o alcatri&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        De una parte, a <strong>la condici&oacute;n insular del territorio</strong> deben los canarios la enorme cantidad de nombres relacionados con la mar y el barco y las actividades que con &eacute;l se realizan que existe en su vocabulario regional, voces tan comunes como engodar, virar, balde, escorar, botar o soco, que, de significar cosas y actividades propias del mundo de la mar (&lsquo;echar cebo al agua para atraer los peces donde se quiere pescar&rsquo;, &lsquo;cambiar de bordada la nave&rsquo;, &lsquo;en las embarcaciones, recipiente que se emplea para sacar y transportar agua&rsquo;, &lsquo;inclinar la embarcaci&oacute;n a un lado&rsquo;, &lsquo;echar el barco al agua&rsquo;, &lsquo;sitio en que se protegen del viento barcos y marineros&rsquo;, respectivamente), han extendido su radio de acci&oacute;n, generalmente por aplicaci&oacute;n metaf&oacute;rica, hasta las gentes de tierra firme, que las utilizan con los sentidos m&aacute;s generales de &lsquo;engatusar&rsquo;, &lsquo;dar vuelta&rsquo;, &lsquo;recipiente de forma y tama&ntilde;o parecidos a los del cubo&rsquo;, &lsquo;inclinarse a un lado, apoy&aacute;ndose o no sobre otra cosa&rsquo;, &lsquo;tirar, arrojar&rsquo; y &lsquo;sitio para protegerse del viento&rsquo;, respectivamente. El mundo de la mar ha modelado hasta tal punto la personalidad del canario, que los marinerismos constituyen uno de los componentes m&aacute;s destacados de su tesoro l&eacute;xico, en forma tanto de palabras como de frases hechas.
    </p><p class="article-text">
        De otra parte, a la naturaleza volc&aacute;nica de su tierra, debe la gente de las Islas la gran cantidad de voces de su vocabulario designativas del territorio y sus accidentes, como malpa&iacute;s &lsquo;terreno volc&aacute;nico&rsquo;, caldera &lsquo;cr&aacute;ter del volc&aacute;n&rsquo;, fajana &lsquo;faja de tierra al pie de un acantilado&rsquo;, tenique &lsquo;piedra grande&rsquo;, goro &lsquo;corral de piedra&rsquo;, gorona &lsquo;peque&ntilde;o muro circular de piedra para proteger del viento&rsquo;, letime &lsquo;borde del acandilado&rsquo;, jameo &lsquo;cueva grande y profunda&rsquo;, bufadero &lsquo;cueva en la costa con un agujero en el techo por donde sale el agua que entra en ella dando un fuerte bufido&rsquo; o furnia &lsquo;sima vertical en terreno pe&ntilde;ascoso&rsquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Y, de otra parte, a la limitaci&oacute;n de su geograf&iacute;a, debe la abundante cantidad de expresiones diminutivas que encontramos en su toponimia mayor y menor, tanto en la costera como en la de tierra adentro. As&iacute;, caleta &lsquo;entrada de la mar en tierra, m&aacute;s peque&ntilde;a que la bah&iacute;a&rsquo;, caletilla &lsquo;caleta peque&ntilde;a&rsquo;, puntilla &lsquo;peque&ntilde;o saliente de tierra que penetra en el mar&rsquo;, barranquillo &lsquo;barranco peque&ntilde;o que, por lo general, afluye a otro mayor&rsquo;, vegueta &lsquo;vega peque&ntilde;a&rsquo;, bajeta &lsquo;peque&ntilde;a baja marina cerca de la costa&rsquo;, monta&ntilde;eta &lsquo;peque&ntilde;a monta&ntilde;a redondeada no rocosa&rsquo;, ereta &lsquo;peque&ntilde;a huerta en una ladera&rsquo;, atalayita &lsquo;atalaya de poca altura&rsquo;, furnaco &lsquo;cueva estrecha y profunda&rsquo; o puertito &lsquo;puerto de dimensiones reducidas&rsquo;, En las costas canarias no hay golfos o cabos, sino puntas o calas, porque la tierra insular no da para m&aacute;s. Todo este vocabulario constituye una prueba fehaciente de que el sentimiento que tiene el canario del espacio y del tiempo difiere sustancialmente del que de estas categor&iacute;as del entendimiento tiene el resto de los hispanohablantes. Tal vez de ah&iacute; proceda el ritmo pausado del hombre tradicional de las Islas y el t&oacute;pico de aplatanamiento que le han atribuido los peninsulares espa&ntilde;oles desde tiempos inmemoriales. &iexcl;Para qu&eacute; correr en un mundo de dimensiones tan reducidas! No se trata de que el canario sea lento o perezoso en el actuar; es simplemente que ha adaptado el ritmo de su vivir a las condiciones de la tierra. Tan improcedente es el ritmo peninsular o europeo en Canarias, como el ritmo canario en la Pen&iacute;nsula o Europa.
    </p><p class="article-text">
        Y, en el &aacute;mbito de las circunstancias espirituales que han condicionado los particulares puntos de vista del pueblo canario, hay que destacar, en primer lugar, el hecho de haber surgido de un acto de agresi&oacute;n, de un acto de agresi&oacute;n de conquista y colonizaci&oacute;n; en segundo lugar, los contactos que ha mantenido con diversos pueblos no hisp&aacute;nicos, como los bereberes que ocupaban las islas a la llegada de los europeos, los normandos de Jean de Bethencourt y los portugueses que vinieron despu&eacute;s a arar con sus manos y el sudor de su frente las tierras de costas y median&iacute;as para plantar cereales, ca&ntilde;a de az&uacute;car y vi&ntilde;a y los mares de su litoral para extraer sus tesoros sumergidos; en tercer lugar, la situaci&oacute;n de encrucijada de su territorio, que lo ha puesto en contacto permanente con los pueblos de Europa, &Aacute;frica y Am&eacute;rica; y, en cuarto lugar, su propia inventiva, que, como ocurre en el caso del resto de los pueblos del planeta, lo ha llevado a crear palabras y cosas nuevas. A lo primero, deben los canarios nombres como la Matanza de Acentejo o La Victoria, que evocan sendos episodios tr&aacute;gicos de la conquista de Tenerife. 
    </p><p class="article-text">
        A lo segundo, deben la inmensa mayor&iacute;a de las voces m&aacute;s caracter&iacute;sticas de su vocabulario particular o diferencial. As&iacute;, los bereberes insulares les proporcionaron m&uacute;ltiples expresiones referentes a la ganader&iacute;a, la flora, la fauna y el mundo dom&eacute;stico, como gofio &lsquo;harina de granos tostados&rsquo;, belet&eacute;n (belete, tafor o tafosa) &lsquo;primera leche que da la hembra de determinados animales despu&eacute;s de parida&rsquo;, goro &lsquo;recinto de piedra&rsquo;, tabaiba &lsquo;especie de euforbi&aacute;cea&rsquo;, tajinaste &lsquo;especie de Echium&rsquo;, perinqu&eacute;n (perenqu&eacute;n o pracan) &lsquo;especie de lagarto&rsquo;, tofio &lsquo;tipo determinado de vasija de barro&rsquo;, tabajoste &lsquo;tipo determinado de vasija de barro&rsquo;, guirre &lsquo;especie de alimoche&rsquo;, tajorase &lsquo;macho cabr&iacute;o joven&rsquo;, tafe&ntilde;a &lsquo;cereales tostados&rsquo; o tenique &lsquo;piedra grande&rsquo;, y buena parte de los nombres propios de su geograf&iacute;a, como Tenerife, Teide y Taganana, en la isla de Tenerife,  Tindaya, Tamasite y Tef&iacute;a, en Fuerteventura; Gomera, Chipude y Alajer&oacute;, en La Gomera; Guiniguada, G&aacute;ldar y Guayadeque, en Gran Canaria; Taburiente, Aridane y Tijarafe, en La Palma; Guarazoca, Tacor&oacute;n y Tigaday, en El Hierro; y Timanfaya, Yaiza y Teguise, en Lanzarote. En estas denominaciones geogr&aacute;ficas tan singulares, si las comparamos con las del resto del mundo hisp&aacute;nico, se oyen todav&iacute;a ecos lejanos de los antiguos moradores de este viejo archipi&eacute;lago atl&aacute;ntico. 
    </p><p class="article-text">
        Los normandos les legaron un pu&ntilde;ado de voces relacionadas con el terreno, la flora y la fauna, como malpa&iacute;s &lsquo;terreno volc&aacute;nico&rsquo;, mareta &lsquo;hondonada grande en el terreno para recoger agua de lluvia&rsquo;, card&oacute;n &lsquo;especie de euforbi&aacute;cea&rsquo;, jable &lsquo;arena fina de playa o barranco&rsquo; y payete &lsquo;bocinegro peque&ntilde;o&rsquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Y los portugueses les transfirieron infinidad de palabras relacionadas con la vida de la casa, la agricultura, la artesan&iacute;a, la climatolog&iacute;a y, sobre todo, el mundo del mar, entre ellas, mojo &lsquo;salsa para mojar pan, gofio, papas, pescado, carne&rsquo;, millo &lsquo;determinada especie de cereal&rsquo;, enchumbar &lsquo;mojarse mucho&rsquo;, leito &lsquo;cubierta de proa y popa del barquillo de pesca&rsquo;, fechillo &lsquo;pasador para cerrar puertas y ventanas&rsquo;, mollo &lsquo;mont&oacute;n de gavillas&rsquo;, guecho &lsquo;novillo&rsquo;, fajana &lsquo;llano al pie de un acantilado&rsquo;, guincho &lsquo;&aacute;guila pescadora&rsquo;, andori&ntilde;a &lsquo;determinado p&aacute;jaro insect&iacute;voro migrante&rsquo;, cherne &lsquo;pez marino tele&oacute;steo de color pardo gris&aacute;ceo&rsquo;, vieja &lsquo;pez marino de la familia de los escaros&rsquo;, engodar &lsquo;echar cebo al agua para atraer los peces al lugar donde se quiere pescar&rsquo;, rociega &lsquo;especie de ancla peque&ntilde;a&rsquo; o chillera &lsquo;escotilla del leito&rsquo;; voces que, dicho sea de paso, tanto asemejan a los canarios con el resto de los pueblos de la Macaronesia (el madeirense, el azoreano y el caboverdiano), cuya lengua oficial es el portugu&eacute;s, adem&aacute;s de un criollo de base portuguesa en Cabo Verde. 
    </p><p class="article-text">
        A su situaci&oacute;n de encrucijada, deben los isle&ntilde;os, por una parte, voces tan singulares como majalulo &lsquo;camello joven&rsquo;, fuche (o tuche) &lsquo;arrodillar el camello para su carga o montura&rsquo;, t&eacute;fana &lsquo;callo de las rodillas del camello&rsquo;, nailas &lsquo;sandalias de goma u otro material&rsquo;,  guayete &lsquo;chico de corta edad&rsquo;, tabique &lsquo;suero que se desprende al cuajarse la leche&rsquo; o arife &lsquo;aire caliente&rsquo;, que les llegaron del &Aacute;frica cercana, donde los canarios practicaron en los lejanos tiempos del se&ntilde;or&iacute;o infinidad de cabalgadas para capturar esclavos (los llamados moriscos, tan decisivos en el poblamiento de Lanzarote y Fuerteventura, sobre todo), donde iban a pescar en fr&aacute;giles barquichuelas hasta hace muy poco tiempo y donde fundaron pueblos como el Aai&uacute;n y Villa Cisneros; y, por otra parte, voces como machango &lsquo;persona de nula representaci&oacute;n&rsquo;, macana &lsquo;tipo de garrote o porra&rsquo;, papa &lsquo;especie de tub&eacute;rculo&rsquo; o guagua &lsquo;veh&iacute;culo de transporte colectivo&rsquo;, que les llegaron de Am&eacute;rica, donde se encuentran presentes desde el mismo instante en que los espa&ntilde;oles descubrieron, conquistaron y colonizaron aquella enorme regi&oacute;n del mundo y adonde no han dejado de afluir desde entonces, para fundar pueblos, defenderlos y sacar su econom&iacute;a adelante con el esfuerzo de su trabajo. 
    </p><p class="article-text">
        Y a su propia inventiva deben los canarios voces como como gavia &lsquo;huerta que se riega por encharcamiento&rsquo;, apa&ntilde;ada &lsquo;recogida del ganado de suelta&rsquo;, natero &lsquo;peque&ntilde;o huerto en los m&aacute;rgenes de los barrancos&rsquo;, barquillo &lsquo;barranco peque&ntilde;o que afluye generalmente a otro mayor&rsquo;, pulpear &lsquo;pescar pulpos&rsquo;, lapero &lsquo;paleta de hierro para arrancar las lapas de las rocas&rsquo;, guadrao &lsquo;esqueletos de algas marinas que se encuentran en las playas en forma de piedrecitas blancas&rsquo;, alcogida &lsquo;terrenos preparados para la recogida del agua de lluvia&rsquo;, barraquito &lsquo;cortado largo de leche y leche&rsquo;, nevero &lsquo;barco de pesca a motor con neveras de hielo para conservar el pescado&rsquo;, fal&uacute;a &lsquo;barco de pesca de motor&rsquo;, gomer&oacute;n &lsquo;bebida alcoh&oacute;lica a base de aguardiente y miel de palma&rsquo;, calima &lsquo;polvo en suspensi&oacute;n&rsquo;, guelfo &lsquo;camello peque&ntilde;o&rsquo;, sorinque &lsquo;l&aacute;tigo para arrear los animales&rsquo;, empinar &lsquo;matar&rsquo;, tablero &lsquo;llanura en terreno erial&rsquo; o mentecato &lsquo;taca&ntilde;o&rsquo;, que han tenido que forjar ellos mismos con su imaginaci&oacute;n, para dar satisfacci&oacute;n a sus propias necesidades expresivas, a partir de los procedimiento f&oacute;nicos, gramaticales y l&eacute;xico de la lengua espa&ntilde;ola, que es tan de ellos como del resto de los hispanohablantes.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de esto, est&aacute; la temperatura emotiva que da nuestra gente a todas y cada una de las voces del espa&ntilde;ol com&uacute;n. El concepto y el sentimiento que tienen los canarios del mar, las ensenadas marinas o las monta&ntilde;as, por ejemplo, son en parte distintos de los que tienen de ellos los castellanos, los andaluces o los americanos. Por ejemplo, la ensenada no es para el isle&ntilde;o una mera porci&oacute;n de mar que entra en la tierra, como dicen los diccionarios al uso, sino m&aacute;s exactamente una porci&oacute;n de mar abrigada por la tierra como lugar de cobijo o protecci&oacute;n de las embarcaciones; lo que determina que esta palabra lleve aparejadas para muchos canarios connotaciones de tranquilidad y sosiego que no tienen fuera de sus fronteras. Tampoco las monta&ntilde;as del isle&ntilde;o son las monta&ntilde;as del resto de los hispanohablantes, pues mientras que para estos se trata de elevaciones del terreno grandes y rocosas, aquellos las entienden como elevaciones del terreno grandes pero no necesariamente rocosas, que es lo que el espa&ntilde;ol general denomina conos volc&aacute;nicos. De esta manera han contribuido los canarios a enriquecer el espa&ntilde;ol de todos con soluciones propias.
    </p><p class="article-text">
        La enorme cantidad de palabras y expresiones que acabo de citar pone claramente de manifiesto hasta qu&eacute; punto tiene el pueblo canario un punto de vista propio dentro del mundo hisp&aacute;nico; un punto de vista que lo diferencia sustancialmente de castellanos, andaluces o americanos. Cuando un canario dice mojo, jeito, guagua, alongarse, volador, f&oacute;sforo, engodar, mares&iacute;a o magua no est&aacute; diciendo lo mismo que el castellano que dice salsa, habilidad, autob&uacute;s, aproximarse, cohete, cerilla, engatusar, humedad marina o desconsuelo, sino cosas distintas, porque las palabras que usa para designar esas realidades son diferentes, tanto desde el punto de vista estrictamente idiom&aacute;tico como desde el punto de vista denotativo como desde el connotativo: mojo significa la cosa de que se trata como &lsquo;producto culinario en que se moja&rsquo;, jeito, como &lsquo;impulso determinado dejando libre la cosa de que se trata&rsquo;, guagua, como &lsquo;vag&oacute;n que transporta personas&rsquo;, alongarse, como &lsquo;hacerse longo&rsquo;, volador, como &lsquo;artefacto que vuela&rsquo;, f&oacute;sforo, como &lsquo;llevador de fuego&rsquo;, engodar, como &lsquo;alegrar las pajarillas a alguien para llevarlo al huerto&rsquo;, por decirlo de alguna manera, mares&iacute;a, como &lsquo;lo que emana del mar&rsquo;, y magua, como &lsquo;mancha o herida que hay en el alma&rsquo;, en tanto que salsa significa la referencia citada como &lsquo;mezcla de sustancias para ali&ntilde;ar comida&rsquo;, habilidad, como &lsquo;capacidad que se tiene para hacer algo&rsquo;, autob&uacute;s, como &lsquo;veh&iacute;culo de transporte colectivo que se mueve por s&iacute; mismo&rsquo;, aproximarse, como &lsquo;ir acerc&aacute;ndose a un lugar&rsquo;, cohete, como &lsquo;artefacto pirot&eacute;cnico que tiene cola&rsquo;, cerilla, como &lsquo;varilla con cera&rsquo;, engatusar, como &lsquo;seducir como los gatos&rsquo;, humedad marina, como &lsquo;vapor de agua que sale  del mar&rsquo;, y desconsuelo, como &lsquo;falta de consuelo&rsquo;. Queda as&iacute; claro que la forma que tienen los canarios de significar y, por tanto, de sentir (es decir, ver, oler, o&iacute;r, gustar y hasta palpar) determinadas realidades no coinciden con la forma propia de los espa&ntilde;oles peninsulares. No se trata de reclamar diferencias porque s&iacute;, como piensan los m&aacute;s cr&iacute;ticos con la canariedad. Se trata m&aacute;s bien de reconocer un hecho objetivo. El canario tiene sus propios puntos de vista. &iexcl;Qu&eacute; le vamos a hacer! 
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por ello resulta aberrante que haya lexic&oacute;grafos o aficionados a la lexicograf&iacute;a que se limiten a presentar las palabras canarias como meros equivalentes de los t&eacute;rminos castellanos que confluyen en su misma designaci&oacute;n. Hablamos concretamente de esos que nos dicen que perinqu&eacute;n significa &lsquo;salamanquesa&rsquo;, guagua, &lsquo;autob&uacute;s&rsquo;, jeito, &lsquo;habilidad&rsquo;, magua, &lsquo;desconsuelo&rsquo;, baifo, &lsquo;cabrito&rsquo;, o belet&eacute;n, calostro&rsquo;, sin m&aacute;s. Y es aberrante esta forma de operar, al menos, por dos razones muy concretas. La primera, porque, con estas definiciones supuestamente sinon&iacute;micas no se hace justicia ni a las palabras locales ni a las palabras generales. Sabido es desde hace tiempo, porque lo ha ense&ntilde;ado la teor&iacute;a del lenguaje moderna, que en las lenguas humanas no hay sin&oacute;nimos ling&uuml;&iacute;sticos, aunque no falta quien defienda con vehemencia su existencia, sino sin&oacute;nimos referenciales. Pero que dos o m&aacute;s palabras confluyen en la misma designaci&oacute;n no implica que signifiquen lo mismo. Significaci&oacute;n y designaci&oacute;n son cosas radicalmente distintas. La una pertenece al mundo de eso que llamamos &ldquo;realidad emp&iacute;rica&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La otra, al mundo interno de la lengua, que tiene sus propias leyes sem&aacute;nticas y formales. Por mucho que se diga que la voz canaria jeito significa &lsquo;habilidad&rsquo;, la verdad es que, desde el punto de vista ling&uuml;&iacute;stico, absolutamente nada tiene que ver con ella: habilidad pertenece a la familia de palabras del verbo haber, que lo que viene a implicar es la intuici&oacute;n sem&aacute;ntica de &lsquo;aguante interno pasivo o visto desde el objeto (frente a tener, que tambi&eacute;n implica aguante interno, pero activo o visto desde el sujeto)&rsquo;, en tanto que jeito pertenece a la familia de palabras del verbo echar, que lo que viene a significar es algo as&iacute; como &lsquo;impulso determinado dejando libre&rsquo;, como dijimos m&aacute;s arriba. Y, en segundo lugar, es aberrante esta forma de tratar el material ling&uuml;&iacute;stico que nos ocupa porque subordina las voces canarias a la voces castellanas o generales, como si de meras deformaciones de ellas, expresiones espurias o formas de hablar de b&aacute;rbaros o gente inculta se tratara. De esta manera quedan deslegitimados o, cuando menos, degradados a la condici&oacute;n de no recomendables, los puntos de vista idiom&aacute;ticos de los canarios, tan leg&iacute;timos y correctos dentro de su historia, como los propios de castellanos, andaluces y americanos. Cada pueblo y cada persona tiene sus propios puntos de vista, porque tanto sus circunstancias geogr&aacute;ficas como su devenir hist&oacute;rico y sus anhelos, sue&ntilde;os y aspiraciones son total o parcialmente distintos de los de los dem&aacute;s; unos puntos de vista que hay que respetar, porque de ellos depende su raz&oacute;n de ser. Si desaparecieran de golpe y porrazo los puntos de vista ling&uuml;&iacute;sticos que comentamos, los canarios perder&iacute;an su continuidad hist&oacute;rica y se convertir&iacute;an en canarios de otro tipo o condici&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/punto-vista-canario_132_13377685.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Jul 2026 17:53:56 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/cf5a8f5d-191c-45a4-af7e-2e9c49609540_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="42901" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/cf5a8f5d-191c-45a4-af7e-2e9c49609540_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="42901" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El punto de vista canario]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/cf5a8f5d-191c-45a4-af7e-2e9c49609540_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Identidad lingüística de la Macaronesia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/identidad-linguistica-macaronesia_132_13359089.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/16a4e263-cdda-4738-9fa1-895be3b48b01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Identidad lingüística de la Macaronesia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El factor que más contribuye a dar unidad a estos cuatro archipiélagos supuestamente bienaventurados no son tanto las coincidencias geográficas, insulares, volcánicas, de flora y fauna, de cultura tradicional o genealógicas mencionadas cuanto las palabras que se usan para designarlas, que son en buena medida las mismas, la inmensa mayoría de ellas procedente de la lengua portuguesa</p></div><p class="article-text">
        De sobra sabido es que esos cuatro archipi&eacute;lagos que conocemos con los nombres de <em>Canarias, Azores, Madeira </em>y <em>Cabo Verde </em>desde finales de la Edad Media presentan grandes coincidencias entre s&iacute;, determinadas en buena medida por su ubicaci&oacute;n en la misma zona del planeta, que es el Atl&aacute;ntico Norte. Coinciden en su condici&oacute;n insular. Coinciden en su naturaleza volc&aacute;nica. Coinciden en buena parte de su flora y de su fauna, principalmente, la mar&iacute;tima. Coinciden tambi&eacute;n en un porcentaje bastante alto de su cultura tradicional, aunque en este caso por razones hist&oacute;ricas y no por razones naturales. Y coinciden asimismo en buena parte de la raigambre de su gente. De ah&iacute; que los estudiosos los hayan encuadrados a todos ellos en una categor&iacute;a com&uacute;n, en la categor&iacute;a com&uacute;n de la Macaronesia, cuyo nombre, de origen griego, tiene la pretenciosa, cursi e id&iacute;lica significaci&oacute;n etimol&oacute;gica de &ldquo;islas felices&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que, sin embargo, no es tan sabido es que el factor que m&aacute;s contribuye a dar unidad a estos cuatro archipi&eacute;lagos supuestamente bienaventurados no son tanto las coincidencias geogr&aacute;ficas, insulares, volc&aacute;nicas, de flora y fauna, de cultura tradicional o geneal&oacute;gicas mencionadas cuanto las palabras que se usan para designarlas, que son en buena medida las mismas, la inmensa mayor&iacute;a de ellas procedente de la lengua portuguesa, que es la oficial de la gente de Madeira y Azores, que se encuentra en la base de la lengua criolla que se habla actualmente en Cabo Verde y que influy&oacute; de forma decisiva sobre el espa&ntilde;ol de Canarias durante los siglos XVI, XVII y XVIII, principalmente, como nos han hecho ver tantos dialect&oacute;logos, historiadores y etn&oacute;grafos de dentro y de fuera de las Islas, como El&iacute;as Serra R&agrave;fols, Manuel Alvar, Jos&eacute; P&eacute;rez Vidal, Juan R&eacute;gulo P&eacute;rez, Antonio Lorenzo Ramos, Manuel Lobo, Carmen D&iacute;az Alay&oacute;n, Manuel Torres Stinga, Francisco Garc&iacute;a Talavera, Pedro Nolasco Leal y yo mismo. 
    </p><p class="article-text">
        En efecto, as&iacute; es. En primer lugar, son las palabras de la lengua portuguesa el factor que m&aacute;s contribuye a dar unidad a la geograf&iacute;a de la Macaronesia porque son ellas quienes dan nombre a gran parte de las llanuras, elevaciones y depresiones de su territorio. As&iacute; las ensenadas en la costa, los terrenos llanos al pie de las laderas o escarpes que se forman con materiales desprendidos de las alturas, las oquedades en terrenos pe&ntilde;ascosos, los agujeros abiertos por la erosi&oacute;n del mar en las rocas, por donde, al comprimirse, sale el agua dando un fuerte bufido, las prolongaciones de tierra que penetran en el mar, los escollos pr&oacute;ximos a la costa, el terreno bald&iacute;o o erial, las piedras planas y los cantos rodados, por ejemplo, que reciben en todas ellas las denominaciones portuguesas comunes de <em>caleta, fajana, furnia, bufadero, punta</em>,<em> baja, arrife, lajas </em>y <em>callaos </em>(citamos por las versiones f&oacute;nica y ortogr&aacute;fica espa&ntilde;olas, para simplificar), respectivamente. 
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, son las palabras de la lengua portuguesa el factor que m&aacute;s contribuye a dar unidad a la flora de la Macaronesia, porque ellas son las que proporcionan nombre a gran parte de sus especies vegetales. As&iacute; los &aacute;rboles, arbustos o plantas que los bot&aacute;nicos denominan <em>Apollonia barbujana</em>, <em>Ocotea foetens</em>, <em>Laurus azorica</em>, <em>Ilex aquifolium</em>, <em>Notelaea excelsa</em>, <em>Ardisia excelsa, Lolium perenne</em> y <em>Zea mays</em>, que reciben las denominaciones portuguesas de <em>barbuzano, til, loro, acebi&ntilde;o,</em> <em>palo blanco, aderno, aceb&eacute;n </em>y <em>millo</em>, respectivamente. 
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, son las palabras de la lengua portuguesa el factor que m&aacute;s contribuye a dar unidad a la fauna de la Macaronesia porque de ella procede el nombre de buena parte de las distintas especies que la constituyen. As&iacute; los peces que los zo&oacute;logos denominan <em>Helicolenus dactylopterus</em>, <em>Gymnothorax unicolor, Scarus cretensis, Polyprion americanum </em>y <em>Trachurus picturatus </em>y las aves que denominan <em>Pandion haliaetus</em>, <em>Puffinus assimilis</em>, <em>Sterna hirundo </em>e <em>Hydrobates pelagicus</em>, por ejemplo, que reciben en todas ellas las denominaciones portuguesas de <em>bocanegra, muri&oacute;n, vieja, cherne</em>, <em>chicharro, guincho, pardela</em>, <em>garajao </em>y <em>almamestre</em>, respectivamente. 
    </p><p class="article-text">
        En cuarto lugar, es el vocabulario portugu&eacute;s el factor que m&aacute;s contribuye a dar unidad a los fen&oacute;menos naturales de la Macaronesia porque es &eacute;l quien da nombre a los fen&oacute;menos atmosf&eacute;ricos y el estado de la mar que la caracterizan. As&iacute; la marejadilla muy viva que salpica, el viento de no mucha intensidad, el temporal marino con olas grandes, la humedad marina y la lluvia menuda, que reciben en todas ellas las denominaciones portuguesas de <em>marullo, orasa, levad&iacute;a, gar&uacute;a </em>y <em>mares&iacute;a</em>, respectivamente. 
    </p><p class="article-text">
        En quinto lugar, son las palabras de la lengua portuguesa el factor que m&aacute;s contribuye a dar unidad a la cultura tradicional de la Macaronesia porque ellas son las que dan nombre a buena parte de sus pr&aacute;cticas marineras, artesanas, agr&iacute;colas, etc&eacute;tera. As&iacute; la cubierta del barco de pesca, la escotilla de sus bodegas, la tabla de cierre de sus cascos, el sedal que se emplea para pescar, el aparejo que se echa por la popa para pescar mientras se va navegando, la nasa para capturar pulpos y el esparavel que se emplea para pescar gueldes y otros peces menores&rsquo;, que reciben en todas ellas las denominaciones portuguesas de <em>leito, chillera, fecho, li&ntilde;a, corriquia, tambor </em>y <em>gueldera</em>, respectivamente. 
    </p><p class="article-text">
        En sexto lugar, son las palabras de la lengua portuguesa el factor que m&aacute;s contribuye a dar unidad a la vida dom&eacute;stica de la Macaronesia porque de ella procede el nombre de buena parte de sus especialidades gastron&oacute;micas, enseres del hogar, costumbres, remedios caseros, etc&eacute;tera. As&iacute; la cesta de poca altura con boca m&aacute;s ancha que la base, la salsa para ali&ntilde;ar la comida, la vasija para contener el agua potable, el postre que se hace con yemas de huevo, almendras molidas y az&uacute;car, el hueso de cochino que se emplea para sazonar el caldo, el llanto repetitivo y mon&oacute;tono de los ni&ntilde;os, el caj&oacute;n corredizo de los muebles, la vianda que acompa&ntilde;a al alimento principal, la nuca, la talega de cuero y el mueble para escurrir los platos, que reciben en todas ellas las denominaciones portuguesas de <em>balayo, mojo, talla, bienmesabe, templero, guineo, gaveta, conduto,</em> <em>totizo, fole </em>y <em>locero</em>, respectivamente.<em> </em>
    </p><p class="article-text">
        Y, en s&eacute;ptimo lugar, por poner un ejemplo m&aacute;s, son las palabras de la lengua portuguesa el factor que m&aacute;s contribuye a dar unidad a los pueblos de la Macaronesia porque, como es de sobra sabido, son los apellidos de esta lengua los que dan nombre a gran parte de su gente, como <em>Melo, Sosa, Bacallado, Abreu, Castro, Tabares, Saavedra, Silva, Almeida, Batista, Guedes, Coello, N&uacute;&ntilde;ez, Afonso, Aguiar, Mart&iacute;n, Acevedo, Lima, Osorio, Rivero, Caraballo, Pimentel</em>, <em>Pi&ntilde;ero, Sarmiento, Ferrera, Pereira, Olivera, Lima&hellip; </em>
    </p><p class="article-text">
        Este predominio del vocabulario luso en la Macaronesia se vio evidentemente favorecido por el hecho de que la lengua que le hac&iacute;a competencia en este gran espacio geogr&aacute;fico, que era el espa&ntilde;ol, compartiera con ella buena parte de su sistema fonol&oacute;gico, su sistema gramatical, sus ra&iacute;ces l&eacute;xicas y una parte importante de su historia, puesto que tanto la una como la otra pertenecen a esa regi&oacute;n del mundo rom&aacute;nico que los especialistas han dado en llamar la <em>Iberorromania</em>. Es lo que explica que haya tantos lusismos canarios que no son otra cosa que variantes de expresi&oacute;n o variantes sem&aacute;nticas de formas de la lengua espa&ntilde;ola, y no palabras distintas de estas. As&iacute; las formas <em>bico </em>&lsquo;pico de las vasijas&rsquo;<em> , bellisco </em>&lsquo;cebo para pescar&rsquo;<em>, chumbo </em>&lsquo;peso del sedal de pesca&rsquo;<em>, goraz </em>&lsquo;besugo&rsquo;<em>, desinquieto </em>&lsquo;bullicioso&rsquo;, <em>leito </em>&lsquo;cubierta de proa y popa del bote de pesca&rsquo;<em>, himpar </em>&lsquo;hartar&rsquo;<em>, isca </em>&lsquo;cebo que se pone en el anzuelo&rsquo;<em>, li&ntilde;a </em>&lsquo;cuerda delgada&rsquo;<em>, mazaroca </em>&lsquo;pi&ntilde;a de millo&rsquo;<em> </em>o <em>bucio</em> &lsquo;caracol marino&rsquo;, por ejemplo, que no son otra cosa que meras cognadas de las espa&ntilde;olas <em>pico </em>&lsquo;parte saliente de la cabeza de las aves&rsquo;<em>, pellizco </em>&lsquo;porci&oacute;n peque&ntilde;a de algo&rsquo;<em>, plomo </em>&lsquo;tipo de metal pesado&rsquo;<em>, voraz </em>&lsquo;que come mucho&rsquo;<em>, inquieto </em>&lsquo;bullicioso&rsquo;,<em> lecho </em>&lsquo;lugar en que se echa algo&rsquo;<em>, hipar </em>&lsquo;sufrir hipo&rsquo;<em>, yesca </em>&lsquo;materia muy seca que prende con facilidad&rsquo;<em>, l&iacute;nea </em>&lsquo;raya en un cuerpo cualquiera&rsquo;<em>, mazorca </em>&lsquo;pi&ntilde;a del millo&rsquo;<em> </em>y <em>buzo </em>&lsquo;persona que hace inmersiones bajo el agua&rsquo;, respectivamente.
    </p><p class="article-text">
        Y no es que la lengua espa&ntilde;ola no haya aportado su granito de arena a la unidad ling&uuml;&iacute;stica y cultural de la Macaronesia. Evidentemente lo hizo, como ponen de manifiesto canarismos como <em>gofio, tabaiba</em>,<em> canario</em> o <em>Bethencourt, </em>por ejemplo, tan presentes en Madeira, Azores y Cabo Verde, pero su influencia en ella ha sido m&aacute;s bien anecd&oacute;tica, porque los reyes de la navegaci&oacute;n y de la emigraci&oacute;n cuando los archipi&eacute;lagos que habr&iacute;an de constituir la Macaronesia empezaron a ser conquistados u ocupados por los europeos, desde finales de la Edad Media, fueron siempre los portugueses. Y menos todav&iacute;a han contribuido a esta unidad las Islas de Cabo Verde, que, como nacieron como almacenes de esclavos y empezaron a desarrollar pronto una lengua propia, una lengua criolla, carec&iacute;an en principio del prestigio necesario para que su gente fuera imitada en su forma de hablar y de hacer por el resto de la poblaci&oacute;n macaron&eacute;sica. En el vocabulario canario por lo menos, no existe ni una sola palabra que tenga su origen en la lengua de Cabo Verde. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y por qu&eacute; es la lengua el factor que m&aacute;s contribuye a dar unidad a la flora, la fauna, la geograf&iacute;a, la climatolog&iacute;a, las profesiones, las tradiciones populares, la gastronom&iacute;a, etc&eacute;tera, de la Macaronesia o de la zona del mundo que sea? Pues simplemente porque el conocimiento que tenemos de la realidad que nos circunda se encuentra en buena medida determinado por las palabras con que la designamos. A palabras iguales, realidades iguales, aunque estas sean distintas; y a palabras distintas, realidades distintas, aunque estas sean las mismas. Como dicen los fil&oacute;sofos idealistas (Kant, Shopenhauer, Nietzsche, Haidegger&hellip;) y los ling&uuml;istas modernos (Saussure, Hjelmslev, Coseriu, Trujillo&hellip;), &ldquo;las cosas no son en verdad reales o verdaderamente existentes sino en nuestra representaci&oacute;n&rdquo;. No reconocemos las cosas como son en s&iacute; mismas y por s&iacute; mismas, sino como las representan las significaciones de las palabras con que las designamos y los sentidos con que las percibimos. El objeto est&aacute; condicionado por el sujeto; es lo que ve el sujeto. &ldquo;La existencia verdadera y real est&aacute; en los individuos&rdquo;, dice categ&oacute;ricamente el citado Shopenhauer. Hasta tal punto es esto as&iacute;, que Borges lleg&oacute; a decir que las calles que &eacute;l ve&iacute;a se morir&iacute;an si &eacute;l dejara de verlas (&ldquo;Yo soy el &uacute;nico espectador de esta calle; / si dejara de verla se morir&iacute;a&rdquo;, son literalmente sus palabras). 
    </p><p class="article-text">
        Porque la designamos con las mismas expresiones, tenemos los canarios percepci&oacute;n del mundo muy parecida a la que tienen los madeirenses, azoreanos y caboverdianos. Si las bocas por la que sale la lava el volc&aacute;n, los deltas l&aacute;vicos, las lluvias menudas, las salsas para ali&ntilde;ar la comida, el cereal que los bot&aacute;nicos llaman <em>Zea mays</em>, la parte trasera del cuello o el hilo que utilizamos para pescar se llamaran en Canarias <em>cr&aacute;teres, deltas l&aacute;vicos, lloviznas, salsas</em>, <em>ma&iacute;z</em>, <em>nuca</em> y <em>sedal </em>o <em>cordel</em>, por ejemplo, que son las propias de la lengua espa&ntilde;ola, en lugar de llamarse <em>calderas, fajanas, garugas</em>, <em>mojos</em>, <em>millo</em>, <em>totizo </em>y <em>li&ntilde;a</em>, como en Madeira, Azores y Cabo Verde, no cabe ninguna duda de que su semejanza con estos archipi&eacute;lagos atl&aacute;nticos no ser&iacute;a tan grande como la que tiene actualmente. 
    </p><p class="article-text">
        Tanta unidad natural y en parte cultural como la Macaronesia tiene, por ejemplo, la regi&oacute;n de las Antillas, a la que pertenecen tierras tan pr&oacute;ximas como Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo, Jamaica, Guyana, Granada, Martinica, Bonaire, San Eustaquio o Saba, por ejemplo, y, sin embargo, no se tiene conciencia de que gocen de una identidad tan grande como aquella. &iquest;Y por qu&eacute;, a pesar de tener una realidad y una historia tan similares parece tener la regi&oacute;n del Caribe que citamos una unidad m&aacute;s laxa que la que tiene la Macaronesia? Pues simplemente porque carece de unidad idiom&aacute;tica. En efecto, en el Caribe cada territorio o grupo de territorios tienen una o varias lenguas propias. As&iacute;, como es de sobra sabido, en Cuba, Puerto Rico y Rep&uacute;blica Dominicana, se habla espa&ntilde;ol; en Jamaica, Granada y Guyana, ingl&eacute;s y criollo; en Martinica, Guayana francesa y Hait&iacute;, franc&eacute;s y criollo; en Cura&ccedil;ao, Aruba, Bonaire, San Eustaquio y Saba, holand&eacute;s y el criollo llamado <em>papiamento</em>; etc&eacute;tera. Precisamente porque los elementos de su flora, su fauna, su geograf&iacute;a, su climatolog&iacute;a, su cultura tradicional, etc., tienen nombres distintos, a pesar de la indudable semejanza que existe entre todos ellos, es por lo que parecen tener las tierras y los pueblos del Caribe una unidad mucho m&aacute;s diluida laxa que la que tienen las tierras y los pueblos de la Macaronesia.<em> </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/identidad-linguistica-macaronesia_132_13359089.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Jul 2026 10:39:12 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/16a4e263-cdda-4738-9fa1-895be3b48b01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="55378" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/16a4e263-cdda-4738-9fa1-895be3b48b01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="55378" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Identidad lingüística de la Macaronesia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/16a4e263-cdda-4738-9fa1-895be3b48b01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Palabras de Papa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/palabras-papa_132_13341462.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f7269020-09ee-49a3-b91c-47051b21ef0e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Palabras de Papa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si una máquina come, piensa, trabaja, se divierte, sufre, ama y odia por nosotros, entonces nuestra vida habrá terminado para siempre, porque la vida no es otra cosa que experiencia y aventura personales</p></div><p class="article-text">
        En su reciente viaje apost&oacute;lico a Espa&ntilde;a, dijo el <strong>papa Le&oacute;n XIV</strong>, en su importante discurso del pasado d&iacute;a 8 en el <strong>Congreso de los Diputados</strong>, dos cosas de una extraordinaria importancia para el mundo de odio, falta de humanidad, corrupci&oacute;n, arbitrariedad y caos que nos ha tocado vivir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dijo, en primer lugar, que hay que huir del insulto y la crispaci&oacute;n, tan frecuentes hoy en la vida pol&iacute;tica, social y hasta familiar, de nuestro pa&iacute;s y de fuera de &eacute;l; que hay que recuperar la cultura del di&aacute;logo razonado y amistoso, que es lo &uacute;nico que puede garantizar la concordia y la paz entre las gentes y los pueblos. Para el Santo Padre, &ldquo;la pluralidad pol&iacute;tica no deber&iacute;a degenerar en descalificaciones permanentes al adversario. En una convivencia madura, incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz, cuando las diferencias se dejan mitigar por la escucha y se ordenan al reconocimiento de las necesidades, los anhelos y las capacidades de todos&rdquo;. En efecto, las palabras deben ser empleadas de forma constructiva, no de forma destructiva, porque, tras los discursos de odio, en que las palabras claudican en su potencial sem&aacute;ntico y se convierten en navajazos, tiros o ca&ntilde;onazos dial&eacute;cticos, vienen los navajazos, los tiros y los ca&ntilde;onazos de verdad. Sabe el Papa muy bien, pues ha sido doctrina de la iglesia cristiana desde siempre, que las palabras son instrumentos de creaci&oacute;n, no de destrucci&oacute;n; y que su uso para atemorizar y destruir a la gente supone pervertir su santidad. &ldquo;En el principio era el verbo, y el verbo era Dios; en &eacute;l estaba la vida y la vida era la luz de los hombres&rdquo;, nos dice el ap&oacute;stol San Juan en su famoso evangelio. Si pervertimos la funci&oacute;n divina de la palabra, que es lo que nos permite pensar, razonar y entendernos mediante el di&aacute;logo, y la empleamos como arma de agresi&oacute;n y destrucci&oacute;n, se acab&oacute; la humanidad, porque lo que hace humano al hombre es la palabra cordial, la palabra de comprensi&oacute;n. En cierta manera, cuando una persona insulta a otra, deja de ser persona y se convierte en animal. Basta con ver la transformaci&oacute;n que experimenta su cara para comprobar hasta qu&eacute; punto es esto as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y la segunda cosa important&iacute;sima que dijo el pont&iacute;fice en su reciente periplo por las tierras de Espa&ntilde;a, en la l&iacute;nea de su enc&iacute;clica <em>Magnifica Humanitas</em>, reci&eacute;n publicada, es que hay que vigilar ese artefacto demon&iacute;aco que llaman, con horrible ox&iacute;moron, <em>inteligencia artificial </em>(<em>IA</em>, en siglas, para que parezca m&aacute;s importante de lo que realmente es). En opini&oacute;n del Santo Padre, &ldquo;el desarrollo de las nuevas tecnolog&iacute;as y de la inteligencia artificial en el &aacute;mbito militar exigen una vigilancia &eacute;tica rigurosa, para que las decisiones sobre la vida y la muerte nunca sean descargadas sobre automatismos ni sustra&iacute;das a la responsabilidad moral de la persona humana&rdquo;. En efecto, si la inteligencia artificial no se pone bajo control democr&aacute;tico o, mejor, se desmantela, como sugiere el mismo Le&oacute;n XIV en la enc&iacute;clica que acabamos de citar, el mundo humano e, incluso, el no humano, terminar&aacute;n colapsando y, acaso, hasta extingui&eacute;ndose. &iquest;Por qu&eacute; es perversa la inteligencia artificial? Pues es perversa, al menos, por ocho razones m&aacute;s o menos evidentes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es perversa porque, en el fondo, su aspiraci&oacute;n m&aacute;xima es suplantar el vivir real y concreto de la gente, reduci&eacute;ndola as&iacute; a la nada. &ldquo;&Eacute;chate a dormir, que yo hago las cosas por ti&rdquo; o &ldquo;No pienses, que yo lo hago por ti&rdquo; parece decir el robot supuestamente inteligente a aquellos que hacen uso de &eacute;l. Y lo malo de ello es que muchos han terminado sucumbiendo a sus cantos de sirena, sin percatarse de que las cosas humanas (el pensamiento, el arte, la artesan&iacute;a, los oficios, el amor, el dolor&hellip;) son importantes no por ellos mismos, sino porque los hace y los siente el hombre en sus propias carnes, cabezas y corazones. Un soneto, un discurso, una pesca en alta mar o un examen de matem&aacute;ticas son v&aacute;lidos porque est&aacute;n hechos por el hombre; porque son el resultado de la aplicaci&oacute;n de un saber, unas competencias y unas capacidades suyas. Vivir no es otra cosa que hacer aquello que necesitamos para cumplir con nuestro ciclo vital: comer, pensar, trabajar, divertirnos, sufrir, amar, odiar&hellip; Si una m&aacute;quina come, piensa, trabaja, se divierte, sufre, ama y odia por nosotros, entonces nuestra vida habr&aacute; terminado para siempre, porque la vida no es otra cosa que experiencia y aventura personales. Es como el famoso viaje de Cavafis a &Iacute;taca: lo importante no es el destino, sino el camino mismo. &ldquo;Cuando emprendas tu viaje a &Iacute;taca, / pide que el camino sea largo, / lleno de aventuras, lleno de experiencias&rdquo;. La inteligencia artificial no es inteligencia, sino usurpaci&oacute;n del vivir humano, invasi&oacute;n del vivir de las personas concretas por parte de robots. Es perversa simplemente porque es artificial, no natural; porque se trata de cosa de m&aacute;quinas, no de personas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es perversa porque, como es l&oacute;gico, puede reducir dr&aacute;sticamente el mercado laboral, al eliminar millones de ocupaciones que realizan actualmente las personas de carne y hueso con sus manos y su inteligencia y que les permite ganarse el sustento con el sudor de su frente. Por eso me extra&ntilde;&oacute; tanto que defendiera el secretario general de la UGT el otro d&iacute;a ante el Papa una t&eacute;cnica que lo puede mandar a &eacute;l mismo a engrosar las listas del paro.
    </p><p class="article-text">
        Es perversa la inteligencia artificial por lo que supone de usurpaci&oacute;n del saber de los dem&aacute;s, sin el m&aacute;s m&iacute;nimo reconocimiento de su autor&iacute;a. Lo que sabe el hombre de hoy no lo ha inventado ni &eacute;l mismo ni Dios, ni ha surgido en la naturaleza por generaci&oacute;n espont&aacute;nea, sino que lo han creado gente que lo ha precedido, desde el primitivo de las cavernas hasta el m&aacute;s sofisticado investigador o artista moderno, pasando por Homero, S&oacute;crates, Plat&oacute;n, Horacio, Dante, Leonardo, Cervantes, Shakespeare, Kant, Darwin, Cajal, Einstein u Ochoa. Y con esta ocultaci&oacute;n elimina la inteligencia artificial la historia de la creaci&oacute;n del mundo, que no es otra cosa que tradici&oacute;n, y su estudio. Con todo, el peligro m&aacute;s grande de la IA no radica en que se trate de refritos de datos de otros. Tambi&eacute;n recogen el saber de la tradici&oacute;n obras como <em>Las Etimolog&iacute;as </em>de San Isidoro, la <em>Comedia</em> de Dante, la <em>Encyclop&eacute;die </em>francesa o incluso internet. Su peligro mayor radica en que pretende crear y crea textos, que es privilegio del ser humano, porque la comunicaci&oacute;n verdadera consiste en transferencia de contenidos de alma a alma, del alma del emisor al alma del receptor, en dial&eacute;ctica alternancia. En el di&aacute;logo cordial, los roles de emisor y receptor no son ni pueden ser fijos, sino que saltan juguetonamente de un interlocutor a otro al albur de las demandas de cada cual.
    </p><p class="article-text">
        Es perversa la inteligencia artificial por la autoridad omn&iacute;moda que se arroga y se le reconoce. Hasta tal punto es as&iacute;, que muchos modernos piensan que lo que no aparece en ella no existe. Es como el diccionario tradicional, considerado perversamente como el representante del mundo y el depositario de la verdad. En realidad, el peligro de estos robots no se encuentra en ellos mismos, sino en el cr&eacute;dito que les confieren indocumentados y fan&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Es perversa porque ofrece una visi&oacute;n muy parcial del mundo, la visi&oacute;n del mundo occidental, como si no existieran otras formas de entender la realidad, esas formas que el gran Claude L&eacute;vi-Strauss llama &ldquo;pensamiento salvaje&rdquo;, por ejemplo. Las culturas minoritarias (las populares entre ellas) tanto del llamado <em>primer mundo</em> como del <em>tercero</em>, tan importantes para comprender el desarrollo de la humanidad (incluso el de las culturas mayoritarias) es como si no existieran para el hombre moderno, porque las ignora la inteligencia artificial.
    </p><p class="article-text">
        Es perversa la tecnolog&iacute;a que comentamos porque puede falsificar y hasta suplantar las opiniones, la personalidad y la imagen de las gentes, haci&eacute;ndoles decir, hacer y parecer cosas que realmente no han dicho, hecho o sido, tergiversando as&iacute; su verdadera identidad. Ah&iacute; est&aacute;n los <em>deepfakes</em>, de los que tanto abusan gente como Donald Trump, por ejemplo, las estafas digitales, las identidades sint&eacute;ticas, las falsificaciones de documentos, los secuestros virtuales, los hackeos, la copiadera de trabajos acad&eacute;micos, etc., para demostrarlo; <em>deepfakes</em>, estafas digitales, identidades sint&eacute;ticas, falsificaciones documentales, secuestros virtuales, hackeos y la copiadera de trabajos acad&eacute;micos que han provocado una histeria colectiva de claves, ocultaciones y controles para minimizar (nunca eliminar del todo, porque no se puede) los riesgos que aquella implica. En manos de muchos, la inteligencia artificial no pasa de ser otra cosa que un instrumento para hacer el mal.
    </p><p class="article-text">
        Es perversa porque, como no es humana, carece de moral y de sentido de lo bello. Es incapaz de distinguir lo bueno de lo malo y lo bello de lo feo. Y, al contrario que el ser humano, que, cuando hace el mal, responde por ello ante la ley, la inteligencia artificial no tiene ning&uacute;n tipo de responsabilidad, precisamente porque depende de una m&aacute;quina.
    </p><p class="article-text">
        Y, por &uacute;ltimo, es perversa la inteligencia artificial porque se encuentra en manos de cuatro oligarcas, que pueden terminar controlando el mundo y hacer lo que les venga en gana con la humanidad toda. Elon Musk, Liang Wenfeng, Mark Zuckerberg, Larry Ellison, Jensen Huang, Sam Altman, Brannin McBee, Jack Cogen, Michel Dell&hellip; son cada vez m&aacute;s ricos, concentran m&aacute;s poder y ejercen mayor influencia sobre los seres humanos gracias a la inteligencia artificial. Es a estos oligarcas a quienes tienen que vigilar y poner coto los Estados, porque, si el mundo queda a expensas de ellos, terminar&aacute; convirti&eacute;ndose en una tiran&iacute;a. No es casual que los fascismos de todo tipo (sobre todo, los de derechas) hayan adquirido tanto auge en los &uacute;ltimos tiempos.
    </p><p class="article-text">
        Tiene, pues, toda la raz&oacute;n del mundo el papa Le&oacute;n XIV cuando dice que hay que tener mucho cuidado con la ret&oacute;rica del insulto y vigilar o desmantelar la inteligencia artificial, plagada de ignorancia, maldad, podredumbre e inmoralidad, porque detr&aacute;s del insulto y de las inteligencias artificiales vienen el fracaso de la cultura human&iacute;stica y la destrucci&oacute;n del mundo. Ya s&eacute; que se trata de cr&iacute;ticas obvias, de cr&iacute;ticas de sentido com&uacute;n, que podr&iacute;an ocurr&iacute;rsele a cualquiera que tenga dos dedos de frente. Pero que estas obviedades las exprese el pont&iacute;fice de Roma en actos solemnes es de una extraordinaria importancia, por dos razones fundamentales. De un lado, es de una extraordinaria importancia porque, en un mundo tan intransigente con los que disienten de lo pol&iacute;ticamente correcto y tan fanatizado por la beater&iacute;a de la nueva cacharrer&iacute;a, de la que vive tanta gente, se necesita valent&iacute;a para decirlo, y el Papa la tiene. Y, de otro lado, lo es porque no tiene el mismo efecto que cosas tan trascendentes como las que comentamos las diga un don nadie, que somos la inmensa mayor&iacute;a de los particulares, que las diga el Papa, que tiene una enorme autoridad moral y un enorme prestigio, porque se le considera el representante del Sumo Arquitecto en la Tierra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/palabras-papa_132_13341462.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Jun 2026 10:48:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f7269020-09ee-49a3-b91c-47051b21ef0e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="37575" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f7269020-09ee-49a3-b91c-47051b21ef0e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="37575" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Palabras de Papa]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f7269020-09ee-49a3-b91c-47051b21ef0e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las palabras que nos identifican]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/palabras-identifican_132_13323239.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/73b603a0-3150-463f-a0a1-71ecb2744eab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las palabras que nos identifican"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El pueblo canario no nació en el siglo XV, con la conquista y colonización de las Islas, como es habitual creer, sino que empezó a forjarse desde por lo menos el siglo X antes de Cristo, en las estepas de la Europa oriental, para luego enriquecerse con la aportación de romanos, griegos, árabes, germanos, franceses, ingleses, portugueses o bereberes insulares</p></div><p class="article-text">
        Aunque no carezcamos de alguna que otra palabrita de cosecha propia, como <em>lapero </em>(&lsquo;paleta para arrancar lapas de las rocas&rsquo;)<em>, millero </em>(&lsquo;especie de p&aacute;jaro gran&iacute;voro&rsquo;)<em>, malpa&iacute;s </em>(&lsquo;terreno cubierto de lava&rsquo;) o<em> letime </em>(&lsquo;orilla de un precipicio&rsquo;),<em> </em>por ejemplo (construidas generalmente, eso s&iacute;, sobre la base de las que nos donaron otros (<em>lapero, </em>sobre el castellano <em>lapa</em>, <em>millero</em>, sobre el portugu&eacute;s <em>milho</em>, <em>malpa&iacute;s</em>, sobre el franc&eacute;s <em>mouvais pais</em>, y <em>letime</em>, sobre el guanche <em>time</em>), la mayor parte del vocabulario que utilizamos los canarios para significar y organizar el mundo que nos rodea ha sido creado por gentes de fuera de las Islas, que, en muchos casos, ni siquiera las conoc&iacute;an.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, la inmensa mayor&iacute;a de las voces que empleamos para designar a las personas, los animales, las cosas, las cualidades, los sentimientos, las emociones, los deseos, las virtudes, los vicios, los pensamientos y las acciones m&aacute;s frecuentes de nuestro vivir cotidiano y que nos ubica en las coordenadas del mundo occidental fueron creadas por los castellanos. Es el caso de formas tan comunes como <em>mano, coraz&oacute;n, cabeza, comer, venir, saltar, romper, seguir, sue&ntilde;os, conducir, negro, bueno, malo, ilusi&oacute;n, alto, bajo, ir, esperar, mesa </em>o<em> monta&ntilde;a</em>, que cultivaron y enriquecieron con su talento y arte autores como Alfonso X el Sabio, el Arcipreste de Hita, Juan Manuel, Fernando de Rojas, San Juan, Santa Teresa, Cervantes, G&oacute;ngora, Quevedo, B&eacute;cquer, Unamuno, Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez o Lorca, y que proceden, a su vez, de la lengua latina, cuyos autores (Plauto, Horacio, Cicer&oacute;n, T&aacute;cito, Tito Livio, C&eacute;sar, Virgilio, los padres de la Iglesia) cultivaron y enriquecieron a su vez con su propia inventiva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, algunas de las palabras con que designamos ciertos elementos de nuestro mundo material y espiritual, fueron creadas por el antiguo pueblo griego. Es el caso de formas como <em>or&eacute;gano, jibia, ba&ntilde;o, c&aacute;mara, bodega, ampolla, &aacute;nfora, cuerda, jalma, ancla, zampo&ntilde;a, &aacute;ngel, evangelio, demonio </em>o<em> c&iacute;tara</em>, que cultivaron y enriquecieron autores como Homero, Plat&oacute;n, Arist&oacute;teles, S&oacute;crates, Dem&oacute;stenes, Esquilo, S&oacute;focles o Arist&oacute;fanes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, determinadas expresiones que nos sirven para designar cosas relacionadas con la guerra, objetos de uso diario y comportamientos diversos fueron creadas por los pueblos germ&aacute;nicos que invadieron la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica entre los siglos VI y VII de nuestra era. Es el caso de formas tan comunes como <em>guerra, heraldo, bando, rapar, brotar, hato, albergue, espuela, guarecerse, tregua, bramar, ropa, esp&iacute;a </em>o <em>guardi&aacute;n</em>, que andando el tiempo cultivaron y enriquecieron autores como Goethe, Tomas Mann, Rilke, Heine, etc.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cuarto lugar, muchas de las palabras con que nombramos infinidad de productos agr&iacute;colas, ropa, cargos administrativos, comida, las matem&aacute;ticas, la alquimia, determinados objetos dom&eacute;sticos, etc&eacute;tera, fueron creadas por los &aacute;rabes. Es el caso de formas tan comunes en nuestra vida diaria como <em>alubia, zanahoria, alfalfa, azafr&aacute;n, algod&oacute;n, aceituna, naranja, arroz, acelga, taza, jarra, alfiler, alfombra, arancel</em>,<em> atalaya, tambor, alf&eacute;rez, jinete, acequia, aljibe, alberca, aduana, almac&eacute;n, quintal fanega, alcoba, azotea, alba&ntilde;il, tabique, azulejo, alcantarilla, alb&oacute;ndiga, albornoz, babucha, la&uacute;d, ajedrez, alcalde, alguacil, cero, cifra, &aacute;lgebra </em>o<em> alcohol</em>, que cultivaron y enriquecieron pensadores, m&eacute;dicos y escritores antiguos como Averroes, Avicena, Avempace, Mahmud, Muqqadam, Ben Quzm&aacute;n Rashi, Yehudah Halevi o Najmanides.
    </p><p class="article-text">
        	&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En quinto lugar, ciertas palabras que usamos para designar la gastronom&iacute;a, el ej&eacute;rcito, los accidentes del terreno, etc., fueron creadas por los franceses. Es el caso de formas tan comunes como <em>jard&iacute;n, mareta, malpa&iacute;s, sargento, cap&oacute;, cabar&eacute;, carn&eacute;, chal&eacute;, ch&oacute;fer, complot, debut, masacre, restaurante, tour, men&uacute;, garaje </em>o <em>filete</em>, que cultivaron y enriquecieron autores antiguos como Vill&oacute;n, Rabelais, Descartes o Moliere y, m&aacute;s recientemente, Balzac, V&iacute;ctor Hugo, Mallarm&eacute;, Flaubert o Stendhal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En sexto lugar, no pocas de las voces con que designamos los vestidos, la t&eacute;cnica, el comercio y el deporte fueron creadas por los ingleses. Es el caso de formas tan comunes como <em>jersey, su&eacute;ter, v&aacute;ter, powerpoint, f&uacute;tbol, gol, m&aacute;ster, bar, chat, confort, gol, jeans, lunch, parking, poster, s&aacute;ndwich, short, show, stop </em>o<em> g&uuml;iqui</em>, que cultivaron y enriquecieron autores como Chaucer, Shakespeare, Stern, Defoe, Bernard Shaw, Dickens, Byron, etc.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En s&eacute;ptimo lugar, una porci&oacute;n considerable de las palabras con que designamos los canarios determinados elementos de la vida dom&eacute;stica, la pesca, la agricultura, la artesan&iacute;a, la gastronom&iacute;a, las enfermedades, etc&eacute;tera, fueron creadas por los portugueses. Es el caso de formas tan comunes como <em>potala, jeito, mojo, millo, caldera, magua, mares&iacute;a, guincho, andori&ntilde;a</em>, <em>enchumbarse, fechillo </em>o<em> cherne</em>, que cultivaron y enriquecieron autores de la talla de un Cam&otilde;ens, un Antero de Quental, un Pessoa, un Raul Brand&atilde;o, o un Saramago.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, en octavo lugar, algunas palabras que usamos los canarios para designar determinados elementos de la flora, la fauna, la vida pastoril y el mundo dom&eacute;stico fueron creadas por los bereberes que habitaban las Islas al tiempo de la conquista. Es el caso de formas tan comunes como <em>goro, belet&eacute;n, tafe&ntilde;a, tabaiba, tajinaste, perinqu&eacute;n, guirre, tajorase, gambuesa, taferte, taro, tafor, chag&uuml;iguo, eres, tajaraste, gofio</em>, etc., que tambi&eacute;n fueron cultivadas y enriquecidas por sus humildes poetas populares, que, con toda seguridad, como todo pueblo del mundo, pose&iacute;a la sociedad canaria prehisp&aacute;nica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todas estas voces, sin excepci&oacute;n alguna, definen a los canarios, porque son las que les permiten ver el mundo que los rodea y comunicarse con sus semejantes. Por eso puede decirse que tan canarias como las voces regionales <em>gofio, guagua, guirre, perinqu&eacute;n, papas arrug&aacute;s, alongarse </em>o <em>mojo </em>son las voces generales <em>mano, coraz&oacute;n, cabeza, comer, dormir, bueno, malo </em>o <em>alto</em>, que compartimos con el resto del mundo hisp&aacute;nico. Y no s&eacute; si m&aacute;s, porque tanto su frecuencia como su campo de usos son mucho m&aacute;s amplios que los de aquellas. Somos continuaci&oacute;n de nuestros antepasados, que echaron nuestras ra&iacute;ces. Por eso, no es ning&uacute;n disparate decir que los viejos indoeuropeos, los romanos, los griegos, los castellanos, los &aacute;rabes, los franceses, los portugueses, los ingleses y los bereberes prosiguen oscuramente en nuestra sangre y en nuestras mentes; principalmente en nuestras mentes, a trav&eacute;s de sus palabras y su cultura. Llevamos dentro de nosotros de forma imperceptible a Plat&oacute;n, Horacio, Averroes, Cervantes, Shakespeare, Goethe, Flaubert, Antero de Quental. Vivimos de las palabras y las cosas que ellos forjaron con su sensibilidad e inteligencia y que nos transfirieron con el correr del tiempo. A ellos debemos el bast&oacute;n, la moneda, el reloj, la columna, el techo, el llavero, la cuchara, el cuchillo, la cerradura de las casas, los libros, las barajas, el atlas, las copas, los clavos, el vino, la cerveza, el g&uuml;isqui, etc. Ninguna de estas palabras y cosas tan importantes para la vida material y espiritual del pueblo canario, en particular, y para el resto de la gente del mundo, en general, surgieron por generaci&oacute;n espont&aacute;nea en la naturaleza ni fueron creadas por &eacute;l en su soledad insular, sino que fueron inventadas por el ingenio y trabajo de la gente que acabamos de citar. Con tales palabras llevamos la historia de Europa y de Espa&ntilde;a en nuestras mentes y en nuestros corazones, desde la rueda hasta las nuevas tecnolog&iacute;as, pasando por las guerras p&uacute;nicas, los Escipiones que conquistaron la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica, la reconquista, los Reyes Cat&oacute;licos, los Austrias, los Borbones, el descubrimiento, la conquista y la colonizaci&oacute;n de Am&eacute;rica, la Revoluci&oacute;n francesa, las dictaduras militares que hemos tenido que sufrir, la transici&oacute;n democr&aacute;tica del 78, etc. No olvidemos que, como dice Borges, &ldquo;un idioma es una tradici&oacute;n, un modo de sentir la realidad, no un arbitrario repertorio de s&iacute;mbolos&rdquo;. No somos s&oacute;lo memoria, como es habitual creer. Somos mucho m&aacute;s que eso. Somos tambi&eacute;n las intuiciones de las cosas que tenemos ligadas a nuestras palabras, aunque se trate de entes inconscientes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En realidad, lo que hemos hecho los canarios es dar un barniz particular a las voces y las cosas que hemos recibido de otros, dejar nuestra impronta en su significaci&oacute;n y en su pronunciaci&oacute;n, en funci&oacute;n de nuestra propia realidad, circunstancias hist&oacute;ricas, anhelos e ilusiones. Las palabras <em>mar</em>, <em>bodega</em>, <em>mojo</em>, <em>botar,</em> <em>virar</em>, <em>piedra, agua, pan, ma&ntilde;ana, ensenada, zanja, aire </em>o<em> rez&oacute;n</em>, por ejemplo, tienen en Canarias una pronunciaci&oacute;n y un sentido particulares, dentro de su identidad general, una pronunciaci&oacute;n y un sentido que no tienen sus correspondientes en Castilla, Grecia o Portugal. El mar, las bodegas, las monta&ntilde;as, las llanuras, etc., de Canarias son distintos del mar, las bodegas, las monta&ntilde;as y las llanuras de Castilla o del resto del mundo porque distintos son sus referentes y el sentimiento que el insular tiene de ellos. &iquest;D&oacute;nde hay un puerto como el de Santa Cruz? &iquest;D&oacute;nde unas monta&ntilde;as como las del Fuego o la de Tindaya? &iquest;D&oacute;nde un mar con el de Las Calmas? &iquest;D&oacute;nde unos roques como El Nublo o Garajonay? &iquest;D&oacute;nde una caldera como la de Taburiente? El nombre <em>rez&oacute;n </em>tiene en nuestra tierra una pronunciaci&oacute;n particular, la pronunciaci&oacute;n <em>roz&oacute;n</em>, que no encontramos en el resto de las variedades del idioma. El bote de pesca o barquillo de los canarios tiene el matadero protegido por una especie de media ca&ntilde;a u otro material (<em>lasca </em>la llaman los pescadores), que no existe en el bote de pesca de Andaluc&iacute;a o Portugal, de donde procede el insular. En las voces <em>comer</em>, <em>alto</em>, <em>barranco</em> y <em>mar</em>, por ejemplo,<em> </em>de los canarios hay experiencias que no hay en las voces <em>comer</em>, <em>alto</em>, <em>barranco</em> y <em>mar</em> de los castellanos, andaluces o americanos. Todas las voces que se emplean en las Islas, sean de origen castellano o no, est&aacute;n impregnadas de la experiencia particular de nuestras gentes, de su entorno y de su sensibilidad. Las lisas, las salemas, los meros, los sargos de Canarias no son las lisas, las salemas, los meros, los sargos de Andaluc&iacute;a, Castilla o Cuba, sino lisas, salemas, meros, y sargos particulares. Por eso, a pesar de su car&aacute;cter general, los nombres <em>lisa, salema, mero </em>y <em>sargo</em> son tan canarios como los nombres <em>gofio, guagua </em>o <em>tajinaste</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En muchas ocasiones, el cambio afecta a la forma general que se elige para significar la experiencia. As&iacute;,&nbsp;mientras que la gente de la pen&iacute;nsula suele significar las referencias &lsquo;canuto de fuego de artificio que vuela&rsquo;, &lsquo;ir de un lugar a otro dando pasos&rsquo;, &lsquo;sujetar con ligaduras o nudos&rsquo;, &lsquo;varilla de cera, madera o cart&oacute;n con cabeza de f&oacute;sforo que se enciente al frotarlo&rsquo;, bola peque&ntilde;a que usan los ni&ntilde;os para jugar&rsquo;, &lsquo;cambiar de direcci&oacute;n&rsquo;, &lsquo;echar fuera a alguien o algo&rsquo; y &lsquo;hacer fuerza para atraer hacia s&iacute;&rsquo;, por ejemplo, con las voces generales <em>cohete, caminar, atar, cerilla, canica, girar, expulsar </em>y <em>tirar</em>,<em> </em>respectivamente, la gente de Canarias suele preferir las expresiones tambi&eacute;n generales <em>volador, andar, amarrar, f&oacute;sforo, boliche, virar, botar </em>y <em>jalar</em>, que las significan de forma sustancialmente distintas.<em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Esta es la aportaci&oacute;n que hemos hecho los canarios a la construcci&oacute;n de la civilizaci&oacute;n occidental: dar un sentimiento distinto a las palabras de todos o simplemente ampliar su &aacute;mbito de referencia; una aportaci&oacute;n que no se explica sin tener en cuenta lo heredado, porque no otra cosa que aplicaci&oacute;n o desarrollo de ello es. El sentido &lsquo;hacer cambiar a uno de idea o pensamiento&rsquo; con que empleamos los canarios el verbo <em>virar</em> no puede explicarse sin la significaci&oacute;n invariante de &lsquo;inversi&oacute;n puntual de la orientaci&oacute;n&rsquo; que esta voz implica constante e invariablemente, porque no otra cosa que un matiz contextual de ella es; el sentido de &lsquo;pasado con repercusiones en el presente&rsquo; que damos a la per&iacute;frasis verbal <em>he-participio</em> no puede explicarse sin tener en cuenta la significaci&oacute;n invariante &lsquo;tengo en m&iacute; acabada la acci&oacute;n designada por el participio&rsquo; que la misma implica constante e invariablemente, porque no otra cosa que una orientaci&oacute;n de sentido de ella es. Acaso la aportaci&oacute;n m&aacute;s grande de Canarias a la historia de la humanidad se encuentre en su propia gente, gente de alma viajera como andori&ntilde;as, que se reg&oacute; por el mundo desde muy temprano, llevando con ella su sangre, sus palabras y su cultura a pueblos nuevos y no tan nuevos. Ah&iacute; est&aacute;n Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo, Venezuela, Uruguay, Argentina, Luisiana, Madeira, el Sahara, etc., para demostrarlo.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, los canarios de hoy tenemos que reconocer que no somos otra cosa que una extensi&oacute;n de los pueblos indoeuropeos y una concreci&oacute;n m&aacute;s de la especie humana. Incluso cosas que se consideran tan peculiares de Canarias como el silbo gomero, el gofio o la guagua las comparten los isle&ntilde;os con otros pueblos del planeta. El lenguaje silbado, con los bereberes del norte de &Aacute;frica, los griegos de Eubea, los turcos del Kusk&ouml;y y los tepehuas de M&eacute;xico. La harina de granos tostados que llamamos <em>gofio</em>, con los argentinos, los chilenos, los mejicanos, los bolivianos, los peruanos, los ecuatorianos, los venezolanos, los colombinos y los tibetanos, que la designan con los nombres de <em>&ntilde;aco, pinole, m&aacute;chica, fororo, chancarina </em>y <em>tsampa</em>, respectivamente. La voz <em>guagua</em>, con los cubanos, los puertorrique&ntilde;os, los dominicanos y los ecuatoguineanos. Lo que aporta cada pueblo a la cultura del mundo es siempre muy poco; generalmente, peque&ntilde;as modificaciones de lo que ha heredado de los otros. En realidad, no somos nada sin ellos. Y este &ldquo;no somos nada sin ellos&rdquo; hay que entenderlo tanto hacia el futuro como hacia el pasado. No es s&oacute;lo que no podamos hacer nada importante sin la colaboraci&oacute;n del resto de la humanidad. Por eso, ser&iacute;a absurdo cerrarse al mundo. Es que tampoco podemos explicar nuestro pasado sin &eacute;l, porque fueron los otros los que echaron nuestras ra&iacute;ces, desarrollaron nuestro tronco y nos dieron cabeza para pensar; sobre todo, nos dieron cabeza para pensar. El ser humano s&oacute;lo existe dentro de la tradici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El pueblo canario no naci&oacute; en el siglo XV, con la conquista y colonizaci&oacute;n de las Islas, como es habitual creer, sino que empez&oacute; a forjarse desde por lo menos el siglo X antes de Cristo, en las estepas de la Europa oriental, para luego enriquecerse con la aportaci&oacute;n de romanos, griegos, &aacute;rabes, germanos, franceses, ingleses, portugueses o bereberes insulares. Pueblo de cultura y lengua mestizas, por tanto, como el resto de los pueblos del planeta. No nacimos el otro d&iacute;a. Somos hijos de una tradici&oacute;n milenaria. La forja de lo que somos empez&oacute; mucho antes de que nos llam&aacute;ramos <em>canarios</em>. Por eso, sin estudiar las palabras y las cosas de todos los pueblos citados (los pueblos indoeuropeos (griegos, latino, neolatinos, germ&aacute;nicos), el pueblo &aacute;rabe, el pueblo bereber, etc.), no podemos explicarnos ni entendemos las gentes de las Islas. Si queremos tomar conciencia verdadera de lo que somos, tenemos que ir m&aacute;s all&aacute; de lo que llamamos &ldquo;palabras y expresiones nuestras&rdquo; y estudiar las palabras de todos, esas palabras que vienen rodando desde la noche de los tiempos hasta los albores de nuestros d&iacute;as y que son las que dan luz al mundo en que vivimos.
    </p><p class="article-text">
        Y, si la inmensa mayor&iacute;a de las voces con que significamos y organizamos el mundo nos rodea nos han llegado desde m&aacute;s all&aacute; de nuestras fronteras f&iacute;sicas, si quienes nos han modelado han sido las cabezas de los pueblos indoeuropeos m&aacute;s antiguos y sus creadores, del pueblo griego y sus creadores, del pueblo romano y sus creadores, del pueblo &aacute;rabe y sus creadores, del pueblo bereber insular y sus creadores, del pueblo portugu&eacute;s y sus creadores, del pueblo ingl&eacute;s y sus creadores y del pueblo franc&eacute;s y sus creadores, entonces &iquest;por qu&eacute; consideran ciertos canarios que su pueblo es una suerte de pueblo venusino, un pueblo surgido de las espumas del Atl&aacute;ntico? &iquest;Por qu&eacute; hay canarios que piensan que no deben nada a los dem&aacute;s? No hay ninguna raz&oacute;n para sentirnos especiales, porque no somos otra cosa que una min&uacute;scula parte del g&eacute;nero humano. Esos pujos de originalidad absoluta tan habituales en el mundo actual est&aacute;n m&aacute;s determinados por razones econ&oacute;micas o pol&iacute;ticas o por temor a que el otro ignore lo poco que hemos aportado al mundo de todos que por razones hist&oacute;ricas objetivas. Reivindicamos lo que hemos aportado al patrimonio de todos para sentir que somos algo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/palabras-identifican_132_13323239.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Jun 2026 11:28:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/73b603a0-3150-463f-a0a1-71ecb2744eab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="56136" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/73b603a0-3150-463f-a0a1-71ecb2744eab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="56136" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las palabras que nos identifican]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/73b603a0-3150-463f-a0a1-71ecb2744eab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Réquiem por los pámpanos y los chicharros canarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/requiem-pampanos-chicharros-canarios_132_13305850.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e60b8d9f-500a-44cb-92de-2bd9a61b8209_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Réquiem por los pámpanos y los chicharros canarios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando el canario come rufo o jurel, no come pámpano o chicharro, aunque el pescado designado sea exactamente el mismo, porque lo que come la gente no es pescado, carne, fruta o verdura en abstracto, sino el pescado, la carne, la fruta o la verdura que ella designan con sus propias palabras
</p></div><p class="article-text">
        D&iacute;as atr&aacute;s acud&iacute; a comprar pescado a uno de esos templos del despilfarro y la opulencia que tanto alegran las pajarillas al consumidor moderno que son las grandes superficies y me sucedi&oacute; algo que me hizo caer en la cuenta de hasta qu&eacute; punto tienen las palabras poder para cambiar el mundo. Hab&iacute;a en la pescader&iacute;a unos hermosos ejemplares de ese manjar del mar que los canarios llamamos <em>p&aacute;mpano</em> y un par de canastas de humildes chicharros, casi saltando, de lo fresco que estaban, como si acabaran de sacarlos del agua. Ped&iacute; al mozalbete que tuvo la amabilidad de atenderme, casi un adolescente, con apenas unos pelillos en el bozo, que me pusiera uno de aquellos <strong>p&aacute;mpanos</strong>, cortado en rodajas, y un kilito de <strong>chicharros</strong>, simplemente desbuchados. Me respondi&oacute; de inmediato de forma tajante, con filigrana sint&aacute;ctica incluida, mientras se&ntilde;alaba a los interfectos:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&ldquo;Ni esto son p&aacute;mpanos, caballero, sino <strong>rufos africanos</strong>, ni esto son chicharros, sino <strong>jureles</strong>&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Qued&eacute; at&oacute;nito. &iquest;C&oacute;mo era posible que yo, que presumo de conocer bien el pescado de nuestro litoral, me equivocara en la identificaci&oacute;n de especies marinas tan comunes para cualquier isle&ntilde;o medianamente familiarizado con la mar?&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&ldquo;Bueno, estos no ser&aacute;n p&aacute;mpanos, aunque se les parece mucho, sino rufos -respond&iacute; a mi contradictor, cuando me recuper&eacute; del soponcio-, pero que estos sean jureles me parece m&aacute;s discutible, porque el jurel es un pescado grande y adem&aacute;s atabletado, no peque&ntilde;o y redondo como este&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&ldquo;Pues yo le aseguro a usted que estos no son ni p&aacute;mpanos ni chicharros, sino rufos y jureles. Me lo va a discutir usted a m&iacute;, que soy pescadero de toda la vida&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La actitud categ&oacute;rica del chico provoc&oacute; en m&iacute; una reacci&oacute;n de resignada aceptaci&oacute;n. &ldquo;Si habla con tanta seguridad, debe de ser verdad. Estar&eacute; espeso hoy -me dije para mis adentros-&rdquo;. Tras este momento de amarga claudicaci&oacute;n, por una suerte de sugesti&oacute;n mi cabeza crey&oacute; columbrar diferencias no bien definidas entre los peces que ten&iacute;a delante de m&iacute; y mis p&aacute;mpanos y chicharros de toda la vida. &iquest;Ser&iacute;a que lo que estaba viendo no eran ni p&aacute;mpanos ni chicharros &ldquo;atuales&rdquo;, como dir&iacute;an nuestros pescadores, sino especies parecidas, y que esas diferencias sutiles explicar&iacute;an los cambios de nombre que tan perplejo me hab&iacute;an dejado?&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, puesto que en la pescader&iacute;a de mis desenga&ntilde;os no hab&iacute;a m&aacute;s que rufos y jureles, pues un rufo en rodajas para hacer a la plancha con ajo y un poco de pimienta y un kilo de jureles desbuchados para fre&iacute;r ped&iacute;, por favor, al atildado y tenaz empleado que me pusiera. Con toda la profesionalidad y diligencia de que fue capaz, el militante defensor de nombres nuevos me escam&oacute; y cort&oacute; en rodajas el primer rufo que le vino a la mano y me desbuch&oacute; un pu&ntilde;ado de lo que &eacute;l llamaba jureles (aunque yo estaba seguro de que eran chicharros), me empaquet&oacute; ambos pedidos en una espl&eacute;ndida bandeja de pl&aacute;stico, que envolvi&oacute; en dos capas del mismo material, por si acaso los desdichados hijos de la mar ten&iacute;an la tentaci&oacute;n de escaparse para volver a su medio natural, y regres&eacute; al hogar dulce hogar un tanto escamado, con un&nbsp;nombre extra&ntilde;o en la cabeza (<em>rufo</em>), que hab&iacute;a usurpado el puesto de uno familiar,&nbsp;y otro desplazado de&nbsp;su referente habitual (<em>jurel</em>).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para almorzar, decid&iacute; fre&iacute;rme un par de los jureles de marras y hacerme a la plancha una rodajita del rufo reci&eacute;n adquirido. Al llev&aacute;rmelos a la boca, no sin cierta aprensi&oacute;n, el paladar me convenci&oacute; de que, en efecto, el pescadero ten&iacute;a raz&oacute;n: aquellos bichos acu&aacute;ticos que hab&iacute;a comprado no pod&iacute;an ser ni p&aacute;mpanos ni chicharros, porque no sab&iacute;an ni a una cosa ni a la otra. &iquest;C&oacute;mo era posible que peces que eran exactamente iguales a los que he llamado toda la vida <em>p&aacute;mpanos </em>y <em>chicharros</em> no tuvieran el sabor de siempre? La explicaci&oacute;n era muy sencilla: mi pescado no sab&iacute;a a p&aacute;mpano ni a chicharro porque le hab&iacute;an cambiado el nombre. Como la realidad depende del nombre, el cambio de nombre hab&iacute;a cambiado la cosa. Ah&iacute; radica la gravedad de asunto que nos ocupa. Cuando cambiamos el nombre de las cosas, no cambiamos s&oacute;lo el ruido o la etiqueta sonora del significante. Cambiamos fundamentalmente su significaci&oacute;n y, con &eacute;l, la sensibilidad y la forma de percibir la cosa designada; la forma de relacionarnos con ella. Lo que quiere decir que los cambios de nombre alteran en mayor o menor medida el ecosistema ling&uuml;&iacute;stico de la gente que los padece. Y no es que el cambio de significante carezca de importancia. Todo lo contrario. Tambi&eacute;n la musicalidad y el ritmo juegan un papel destacad&iacute;simo en la percepci&oacute;n del mundo. Evidentemente, no entran de la misma forma por el o&iacute;do humano monos&iacute;labos como <em>rufo </em>y <em>jurel </em>que tris&iacute;labos como<em> p&aacute;mpano </em>y <em>chicharro</em>. Pero quien se lleva la peor parte en el desaguisado que comentamos son los contenidos espirituales y su influencia en los sentidos corporales.
    </p><p class="article-text">
        Por eso deber&iacute;an las grandes superficies y franquicias nacionales o internacionales que hacen negocio u operan en Canarias respetar no s&oacute;lo los productos y la ecolog&iacute;a del lugar, sino tambi&eacute;n el lenguaje de sus gentes, para no ser c&oacute;mplices de la desaparici&oacute;n de su forma de ver, sentir, oler, gustar y palpar. Los consumidores canarios no deber&iacute;an permitir que los establecimientos comerciales les den rufo o jurel por p&aacute;mpano o chicharro, porque, cuando les dan rufo o jurel por p&aacute;mpano o chicharro, es como si les dieran gato por liebre. Cuando el canario come rufo o jurel, no come p&aacute;mpano o chicharro, aunque el pescado designado sea exactamente el mismo, porque lo que come la gente no es pescado, carne, fruta o verdura en abstracto, sino el pescado, la carne, la fruta o la verdura que ella designan con sus propias palabras. Los nombres de las cosas no son inocuos, como piensa tanta gente inocente y quieren hacerle creer los tiburones que se aprovechan de ella, sino que es quien nos proporciona el sabor, el olor, el color, etc., que las caracteriza. Los nombres est&aacute;n cargados de la experiencia, sensibilidad, ideolog&iacute;a y cultura a que inducen tanto sus valores denotativos como sus valores connotativos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, los hurtos idiom&aacute;ticos que nos ocupan son tanto m&aacute;s graves si tenemos en cuenta que afectan a uno de los pilares de nuestra identidad, que es la mar. Los canarios somos mar&iacute;timos y volc&aacute;nicos a la vez, porque de mar y lava est&aacute;n hechas las islas y de mar y lava estamos hechos nosotros mismos. Y, si perdemos los nombres que hemos dado a la mar y sus cosas (<em>baja, caleta, calet&oacute;n, baj&iacute;o, baj&oacute;n, cherne, vieja, chicharro, seba, mares&iacute;a, marullo, guadrao, majuga, chumacera, leito&hellip;</em>) y a nuestros volcanes y las suyas (<em>malpa&iacute;s, caldera, fajana, jameos, roques, furnias&hellip;</em>), entonces desaparecemos. No son los canarismos <em>p&aacute;mpano </em>y <em>chicharro</em> palabras del mont&oacute;n, como pueden serlo el <em>atezado</em> con que designamos la capa de argamasa que echamos a los pisos para que queden lisos o el <em>crey&oacute;n</em> con que designamos el l&aacute;piz de color, por ejemplo, sino palabras de potente caballaje identitario. Tan importante es <em>chicharro</em> en nuestro vocabulario dialectal, que de &eacute;l deriva uno de los gentilicios m&aacute;s caracter&iacute;sticos de las Islas: el <em>chicharrero</em> con que se designa a los naturales de Santa Cruz de Tenerife (y, por extensi&oacute;n, a los tinerfe&ntilde;os todos, por lo menos, desde las otras islas) y hasta a su propia ciudad, en su forma simplificada <em>el Chicharro</em>: &ldquo;Vamos para el Chicharro&rdquo;, dice a veces el castizo chicharrero a sus paisanos cuando se encuentra fuera de su medio natural, para dar fuerza expresiva a su apego a ella. No, no es el canarismo <em>chicharro</em>, que viene rodando a las islas de Portugal o Andaluc&iacute;a desde tiempos inmemoriales, una palabra m&aacute;s, sino una palabra especial. Por eso, si nos la cambian por un jurel cualquiera, nos embruman el entendimiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No falta quien piense que el cambio de los nombres dialectales por nombres generales es inevitable, porque, con la globalizaci&oacute;n, la clientela de los centros comerciales no es s&oacute;lo local, sino tambi&eacute;n nacional e internacional. Se trata de un sofisma. En realidad, el mantenimiento de los nombres tradicionales, es decir, el respeto por la sensibilidad y la forma de ver el mundo de la gente de los lugares concretos, no es incompatibles con la globalizaci&oacute;n ni con el hecho de que los forasteros puedan integrarse con todas las de la ley en la sociedad o el pueblo que han elegido para vivir y hasta para hacer negocios. Lo que ocurre es que el viene de fuera tiene la obligaci&oacute;n moral de esforzarse por aprender los nombres, la cultura y las costumbres de la tierra que lo acoge, para no atentar contra la identidad de su gente y enriquecer a su vez su propia alma y su propia cultura. Todos los nombres del mundo -incluso los m&aacute;s generales- tienen su propio medio ambiente, que hay que respetar por encima de todo, porque son la raz&oacute;n de ser del grupo humano que los usa. El mundo no tiene sentido sin palabras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tan fuera de lugar est&aacute;n los nombres de<em> p&aacute;mpano </em>o <em>chicharro</em> en las pescader&iacute;as de Madrid o Burgos como los de <em>rufo </em>o <em>jurel </em>en las de Canarias; como tan fuera de lugar est&aacute;n los nombres ingleses <em>room </em>y <em>door</em>, por ejemplo, en el mundo hispano como los nombres espa&ntilde;oles <em>habitaci&oacute;n </em>y <em>puerta </em>en el mundo anglosaj&oacute;n. Cada pueblo tiene su propia ecolog&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica, que hay que respetar siempre, porque es quien da sentido a su vida. Los nombres locales no son un problema para la comprensi&oacute;n del ser humano, como piensan los que presumen de <em>universalistas</em>, sino una fuente de enriquecimiento para &eacute;l. No hay que temer a la abundancia de nombres. Eso que algunos llaman &ldquo;inflaci&oacute;n verbal&rdquo; es bien una ingenuidad de indocumentados, bien una treta de mercachifles o dictadores para controlar a la gente con esas peligrosas simplezas que algunos denominan &ldquo;espa&ntilde;ol neutro&rdquo; o &ldquo;espa&ntilde;ol deslocalizado&rdquo;, que no es otra cosa que una entelequia, porque no hay lengua o, mejor, manifestaci&oacute;n de una lengua, sin localizaci&oacute;n determinada, sin lugar concreto que ponga los referentes y sin personas de carne y hueso que las hablen; una entelequia hecha a base de las palabras de los que lo dise&ntilde;an, con exclusi&oacute;n de las de los dem&aacute;s. No, no se trata de espa&ntilde;ol neutro o deslocalizado, sino de espa&ntilde;ol perfectamente localizado; localizado en el &aacute;mbito cultural, ideol&oacute;gico, referencia, etc., de aquellos que lo promueven, con exclusi&oacute;n del espa&ntilde;ol de los dem&aacute;s. El espa&ntilde;ol neutro implica un acto de exaltaci&oacute;n y un acto de enajenaci&oacute;n a la vez. De exaltaci&oacute;n de lo propio y de enajenaci&oacute;n de lo de los otros. Cuantos m&aacute;s nombres haya, m&aacute;s rica y diversa ser&aacute; nuestra experiencia del mundo y de la realidad que vivimos y m&aacute;s libres seremos, porque, como hemos dicho ya, los nombres no se limitan a poner etiquetitas sonoras a las cosas, sino que las inventan. Son los verdaderos dioses; criaturas divinas. Por eso es tan necesario no s&oacute;lo la protecci&oacute;n o salvaguarda de la diversidad biol&oacute;gica, cultural e ideol&oacute;gica del planeta, para que el mundo no se nos extinga, como se viene diciendo con toda justeza desde hace mucho tiempo, sino tambi&eacute;n de su diversidad idiom&aacute;tica, que es quien, en definitiva, lo hace posible, porque le da nombre, y quien garantiza la libertad de expresi&oacute;n del ser humano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/requiem-pampanos-chicharros-canarios_132_13305850.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jun 2026 15:53:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e60b8d9f-500a-44cb-92de-2bd9a61b8209_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="51870" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e60b8d9f-500a-44cb-92de-2bd9a61b8209_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="51870" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Réquiem por los pámpanos y los chicharros canarios]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e60b8d9f-500a-44cb-92de-2bd9a61b8209_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Guardia Civil: las apariencias engañan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/guardia-civil-apariencias-enganan_132_13284268.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5dae8e63-7e8b-449f-b85b-7271b4e18024_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Guardia Civil: las apariencias engañan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las cosas designadas por las palabras y la relación directa con ellas deforman su significación idiomática. Por eso puede entender de forma más exacta lo que significa la expresión “guardia civil” un hispanoamericano, que se encuentra alejado de su presencia, que un español, que convive con ella</p></div><p class="article-text">
        Sostiene la lexic&oacute;grafa espa&ntilde;ola <strong>Mar&iacute;a Moliner</strong>, en su excelente <em><strong>Diccionario de uso del espa&ntilde;ol</strong></em>, que la Guardia Civil es &ldquo;un cuerpo militar destinado a perseguir a los malhechores en el campo&rdquo; y el gran poeta <strong>Federico Garc&iacute;a Lorca</strong>, en su composici&oacute;n <em><strong>Romance de la guardia civil</strong></em>, recogida en el poemario <em>Romancero gitano</em>, que se trata de &ldquo;un grupo de personas con calavera de plomo y alma de charol que ocultan en la cabeza una vaga astronom&iacute;a de pistolas inconcretas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es realmente la Guardia Civil? &iquest;Un cuerpo militar destinado a perseguir malhechores en el campo, como afirma la lexic&oacute;grafa aragonesa y piensa buena parte de los espa&ntilde;oles, o un grupo de personas que tienen calavera de plomo y alma de charol y que ocultan en la cabeza una vaga astronom&iacute;a de pistolas inconcretas, como quieren el poeta granadino y muchos de sus seguidores? Pues, en el fondo, ni una cosa ni la otra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que realmente significa la lex&iacute;a compleja (dig&aacute;moslo con la pedanter&iacute;a gramatical correspondiente) <em>guardia civil</em> en espa&ntilde;ol, lo que perciben constante e invariablemente los hispanohablantes en el fondo de su alma cuando oyen esta expresi&oacute;n, es la intuici&oacute;n sem&aacute;ntica &lsquo;emanaci&oacute;n activa del concepto &lsquo;guarda&rsquo; en la l&iacute;nea del concepto &lsquo;*cives&rsquo;&rsquo;, donde todos y cada uno de los elementos que la constituyen (las ra&iacute;ces l&eacute;xicas <em>guard-</em>, que lo que significa constante e invariablemente es algo as&iacute; como &lsquo;vigilancia protectora&rsquo;,<em> </em>y <em>civ-</em>, que lo que significa constante e invariablemente es algo as&iacute; como &lsquo;convivencia respetuosa&rsquo;, la significaci&oacute;n categorial nominal de que est&aacute;n revestidas ambas ra&iacute;ces, que las presenta como objeto independiente, el sufijo <em>-&iacute;a</em>, que lo que significa constante e invariablemente es algo as&iacute; como &lsquo;emanaci&oacute;n activa (del concepto de base)&rsquo;, el sufijo <em>-il</em>, que lo que significa constante e invariablemente es algo as&iacute; como &lsquo;en la l&iacute;nea de (lo significado por la base)&rsquo;, la relaci&oacute;n morfol&oacute;gica entre el nombre <em>guarda </em>y el sufijo <em>-&iacute;a</em>, que presenta a aquel como &lsquo;emanaci&oacute;n activa&rsquo;, la relaci&oacute;n morfol&oacute;gica entre el nombre *<em>cives</em> y el sufijo <em>-il</em>, que presenta a aquel como &lsquo;l&iacute;nea que se sigue&rsquo;,<em> </em>y la relaci&oacute;n sint&aacute;ctica entre el nombre <em>guardia </em>y el adjetivo de relaci&oacute;n <em>civil</em>, que presenta a aquel en la l&iacute;nea de este) aportan su granito de arena. Esto, y no otra cosa, es lo que percibe en su fuero m&aacute;s &iacute;ntimo cualquier persona que tenga el espa&ntilde;ol como lengua materna, sin excepci&oacute;n alguna, cuando oye la expresi&oacute;n <em>guardia civil</em>, aunque no sepa definirla o parafrasearla, porque dicha significaci&oacute;n o intuici&oacute;n sem&aacute;ntica no aparece nunca en estado puro, sino enmascarada bajo las apariencias de una u otra interpretaci&oacute;n o sustancia, que es lo que realmente se percibe o cree percibirse de forma m&aacute;s o menos consciente en la realidad pr&aacute;ctica del hablar. Los valores idiom&aacute;ticos, que rigen el entendimiento del ser humano, son como los &aacute;tomos, los virus y el resto de las cosas microsc&oacute;picas de la naturaleza, que no se ven ni se sienten, sino que obran su efecto en &eacute;l de forma imperceptible. Las palabras no son unidades de una sola pieza, sino lienzos tejidos a base de la compleja nanosem&aacute;ntica de las lenguas humanas.
    </p><p class="article-text">
        Hay quienes sostienen que los constituyentes <em>guardia </em>y <em>civil </em>de la combinaci&oacute;n <em>guardia civil</em> han perdido ya su significaci&oacute;n originaria y act&uacute;an en bloque, como parte del significante de una expresi&oacute;n unitaria, que lo que vendr&iacute;a a significar es algo as&iacute; como &lsquo;determinado cuerpo de seguridad del Estado espa&ntilde;ol&rsquo;. Es decir, que nos encontrar&iacute;amos ante un caso de eso que la teor&iacute;a del lenguaje suele llamar <em>lexicalizaci&oacute;n</em>. No hay que hacerles caso, porque los que as&iacute; piensan confunden la significaci&oacute;n idiom&aacute;tica o invariante de las palabras, las oraciones y los textos, que es subconsciente, con el concepto o la referencia que estos suelen denotar o designar circunstancialmente en la realidad concreta del hablar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, si las cosas son como acabamos de explicar, si lo que significa constante e invariablemente la expresi&oacute;n <em>guardia civil </em>no es otra cosa que &lsquo;emanaci&oacute;n activa del concepto &lsquo;guarda&rsquo; en la l&iacute;nea del concepto &lsquo;*cives&rsquo;&rsquo;, es decir, lo que hace el guarda que consideramos en relaci&oacute;n con el ciudadano, &iquest;de d&oacute;nde proceden el sentido prosaico &ldquo;cuerpo militar destinado a perseguir malhechores en el campo&rdquo; de Mar&iacute;a Moliner y el po&eacute;tico peyorativo &ldquo;grupo de personas con calavera de plomo y alma de charol que ocultan en la cabeza una vaga astronom&iacute;a de pistolas inconcretas&rdquo; de Garc&iacute;a Lorca? Pues simplemente de las interpretaciones m&aacute;s o menos prejuiciosas de sus autores y de las cosas que la misma designa en la realidad concreta del hablar. Es decir, que se trata de contenidos externos a la lengua, no internos a ella misma.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; suponen Mar&iacute;a Moliner y buena parte de los espa&ntilde;oles, repetimos, que la Guardia Civil es un cuerpo militar destinado a perseguir malhechores en el campo? En primer lugar, dice la lexic&oacute;grafa espa&ntilde;ola que la guardia civil es un cuerpo militar porque as&iacute; lo consignan sus estatutos. No nos encontramos, por tanto, ante una propiedad de la expresi&oacute;n, sino ante un rasgo circunstancial externo a ella, ante un requisito legal. En realidad, la Guardia Civil podr&iacute;a seguir siendo guardia civil aunque la desmilitarizaran, como, por lo dem&aacute;s, han pedido ya en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n algunos de sus miembros. En segundo lugar, supone Mar&iacute;a Moliner que la Guardia Civil persigue a malhechores porque se fija, no en su funci&oacute;n b&aacute;sica, que es guardar a los ciudadanos y sus propiedades, como dice inequ&iacute;vocamente su nombre, sino en una de sus consecuencias circunstanciales, que es perseguir a los que atentan contra ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque no se note, la mayor parte del trabajo de la Guardia Civil no consiste en perseguir malhechores, sino en guardar o proteger a los ciudadanos o las instituciones que se le asignen. En realidad, s&oacute;lo persigue cuando alguien ha atentado contra los derechos de los que tiene que guardar o proteger. En la significaci&oacute;n b&aacute;sica de la Guardia Civil, perseguir es, por tanto, una circunstancia, no un rasgo esencial, aunque sea lo que m&aacute;s llama la atenci&oacute;n de ella, porque es lo que tiene morbo. Y, en tercer lugar, supone Mar&iacute;a Moliner que el &aacute;mbito de acci&oacute;n de la Guardia Civil es el campo porque parece ser que en la inseguridad que hab&iacute;a en los caminos y en las zonas rurales de Espa&ntilde;a en el siglo XIX, con gran presencia de grupos de bandoleros armados, estaba pensando el <strong>duque de Ahumada</strong> cuando la cre&oacute;, en el a&ntilde;o 1844. De nuevo, una apariencia en la significaci&oacute;n de la palabra y no una realidad. Que la ruralidad es una caracter&iacute;stica aparencial y no definidora de la Guardia Civil lo pone de manifiesto el hecho de que hoy, adem&aacute;s de Guardia Civil que opera en el campo, tenemos Guardia Civil de fronteras, de tr&aacute;fico, de la naturaleza (Seprona), de salvamento mar&iacute;timo, de acci&oacute;n r&aacute;pida, de actividad subacu&aacute;tica, de ciberseguridad, de explosivos, cinol&oacute;gica, criminal&iacute;stica, de mujeres y menores, a&eacute;rea y judicial (Unidad Central Operativa, en siglas, OCU), que es la que persigue las formas m&aacute;s graves de delincuencia y crimen organizado, como tr&aacute;fico de drogas o armas, blanqueo de capitales o corrupci&oacute;n pol&iacute;tica, y que tanto protagonismo tiene al presente en la vida de nuestro pa&iacute;s, tan dado al choriceo y las corruptelas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y por qu&eacute; dicen Lorca y sus seguidores que los guardias civiles tienen calavera de plomo y alma de charol y que ocultan en su cabeza una vaga astronom&iacute;a de pistolas inconcretas? Pues simplemente porque, como su intenci&oacute;n en el poema citado no es otra que denunciar las persecuciones, torturas y asesinatos que en ciertos momentos de la historia de Espa&ntilde;a sufri&oacute; el pueblo gitano por parte de algunos miembros de la llamada <em>Benem&eacute;rita</em>, convertir meton&iacute;micamente el plomo de las balas, el charol del tricornio y las pistolas de los servidores p&uacute;blicos que consideramos, con las connotaciones de muerte y luto que los mismos llevan aparejados, en la esencia de su calavera, su alma y su cabeza, les viene a las mil maravillas para deshumanizarlos y degradarlos a la condici&oacute;n de maquinaria de muerte. Apariencias o interpretaciones po&eacute;ticas, por tanto, y no realidad idiom&aacute;tica, exactamente igual que en el caso anterior. Las cosas designadas por las palabras y la relaci&oacute;n directa con ellas deforman su significaci&oacute;n idiom&aacute;tica. Por eso puede entender de forma m&aacute;s exacta lo que significa la expresi&oacute;n &ldquo;guardia civil&rdquo; un hispanoamericano, que se encuentra alejado de su presencia, que un espa&ntilde;ol, que convive con ella.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; son m&aacute;s importantes: las formas sem&aacute;nticas a trav&eacute;s de las cuales organizamos y percibimos el mundo de la experiencia o las sustancias o apariencias circunstanciales que adquieren estas en el hablar concreto? Pues tanto las unas como las otras, porque no hay forma o realidad sin sustancia o apariencia ni sustancia o apariencia sin forma o realidad. Dicho en t&eacute;rminos de la teor&iacute;a del lenguaje: no hay <em>langue</em> sin <em>parole</em>, ni <em>parole</em> sin <em>langue</em>, porque tanto la una como la otra son fundamentales para organizar y comprender el mundo. La lengua aporta las verdades formales, los esquemas mentales constantes o invariantes que permiten dar forma y organizar la experiencia, y el habla, las sustancias del mundo externo, de un mundo heter&oacute;clito que se encuentra en transformaci&oacute;n permanente, aunque las palabras con que lo designamos y los conceptos con que lo pensamos nos hagan creer que no cambia. La lengua, los sentidos y las tecnolog&iacute;as nos enga&ntilde;an de mala manera. No hay nada que sea tal como ellos nos hacen creer, o, mejor, imaginar. Ya dec&iacute;a Descartes que, aunque veamos el sol claramente, no por eso debemos juzgar que sea del tama&ntilde;o con que lo vemos. El ser humano no vive en la geosfera, en el mundo f&iacute;sico de la Tierra. Vive en la logosfera, en el mundo simb&oacute;lico de las palabras, que presentan siempre una significaci&oacute;n invariante interna a ellas mismas, que es lo &uacute;nico verdadero y lo que permite al hombre organizar la experiencia y comunicarse con sus semejantes.
    </p><p class="article-text">
        Y, ci&ntilde;&eacute;ndonos al terreno de las interpretaciones o apariencias, &iquest;qui&eacute;n tiene raz&oacute;n en la disputa que nos ocupa? &iquest;La sesuda lexic&oacute;grafa aragonesa o el atrevido poeta granadino? Pues tanto la una como el otro, aunque cada uno de ellos en su propio &aacute;mbito de referencia. La primera, en el &aacute;mbito hist&oacute;rico y social. Desde el punto de vista hist&oacute;rico y social, la Guardia Civil fue creada como cuerpo militar fundamentalmente para perseguir malhechores en el campo, aunque con el tiempo haya ido ampliando su campo de operaciones a otros &aacute;mbitos de la vida social. El segundo, en el &aacute;mbito po&eacute;tico, en el &aacute;mbito de las impresiones personales o subjetivas, que est&aacute;n para dar nuevas interpretaciones a las palabras de siempre o crear otras nuevas. En ese terreno, no cabe ninguna duda de que la Guardia Civil puede tener calavera de plomo y alma de charol y la cabeza llena de una astronom&iacute;a de pistolas inconcretas, aunque tambi&eacute;n podr&iacute;a tenerlas de oro puro y llena de respeto por la legalidad vigente, como piensa, por el contrario, otra mucha gente. La discrepancia entre lexic&oacute;grafa y poeta es, por tanto, no s&oacute;lo leg&iacute;tima, sino inevitable. Cada cual interpreta las palabras como Dios, la sociedad, su voluntad, su experiencia o su capricho le dan a entender, porque cada cual tiene su propia sensibilidad, ideolog&iacute;a, etc. Y ello es posible porque la significaci&oacute;n de las palabras no es un concepto o un acto, sino una potencia abierta a cualquier interpretaci&oacute;n, que es, dicho sea de paso, lo que hace posible la libertad del ser humano. Pero lo que no puede negarse es que lo que no cambia nunca es la intuici&oacute;n sem&aacute;ntica de que la Guardia Civil es un colectivo que tiene por misi&oacute;n guardar o proteger a los ciudadanos, porque eso es lo que implica constante e invariablemente su nombre, que es el que garantiza el entendimiento de todos los hispanohablantes, m&aacute;s all&aacute; de los prejuicios o los pareceres m&aacute;s o menos circunstanciales de cada uno, sea una lexic&oacute;grafa, un poeta o cualquier otro hijo de vecino. En la roca firme de la significaci&oacute;n invariante de su nombre y no en sus apariencias externas o en las valoraciones que la gente hace de ellas radica la esencia de las cosas
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/guardia-civil-apariencias-enganan_132_13284268.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Jun 2026 11:13:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5dae8e63-7e8b-449f-b85b-7271b4e18024_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="50104" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5dae8e63-7e8b-449f-b85b-7271b4e18024_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="50104" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Guardia Civil: las apariencias engañan]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5dae8e63-7e8b-449f-b85b-7271b4e18024_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“¡Guerra al intruso ‘vosotros’!”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/guerra-intruso_132_13265253.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/61e02ddd-1a17-414a-93fa-0a8ced9c051b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“¡Guerra al intruso ‘vosotros’!”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las calles canarias se han convertido en lugares poco seguros para el decano del pronombre personal de segunda persona plural de la lengua española, que lo heredó del latín en su forma primitiva ‘vos’ hace más de diez siglos</p></div><p class="article-text">
        En el archipi&eacute;lago canario se emple&oacute; siempre la oposici&oacute;n pronominal espa&ntilde;ola <em>vosotros/ustedes</em>, con los mismos o parecidos valores que estos dos importantes recursos gramaticales presentan actualmente en el dialecto castellano o en el andaluz oriental, que son los siguientes: en el caso de <em>vosotros</em>, &lsquo;plural de <em>t&uacute;</em>&rsquo;, que es el verdadero pronombre de segunda persona en nuestra lengua. De ah&iacute; el sentido de confianza o familiaridad que implican siempre tanto <em>t&uacute; </em>como <em>vosotros</em> en la realidad concreta del hablar o <em>parole</em>; y, en el caso de <em>ustedes</em>, &lsquo;plural de <em>usted</em>&rsquo;, que es un pronombre de tercera persona determinada con significaci&oacute;n l&eacute;xica de cortes&iacute;a (de ah&iacute; que concuerde con verbos en tercera persona), proveniente de la f&oacute;rmula <em>vuestra merced</em> de que deriva. Por eso, han desarrollado tanto <em>usted </em>como <em>ustedes</em> un matiz de respeto o cortes&iacute;a en el hablar concreto, que no es otra cosa que un efecto de sentido determinado por el alejamiento personal que implica la significaci&oacute;n de &lsquo;no persona&rsquo; o &lsquo;impersonalidad mostrativa&rsquo; que caracteriza a ambas formas. As&iacute;, para dirigirse familiarmente a un oyente m&uacute;ltiple dec&iacute;an los canarios de anta&ntilde;o y dicen muchos de los de hoy &ldquo;Vosotros ten&eacute;is que coger el coche en la plaza&rdquo;, por ejemplo, y, para dirigirse a &eacute;l con cortes&iacute;a o respeto, &ldquo;Ustedes tienen que coger el coche en la plaza&rdquo;, como en las modalidades peninsulares citadas.
    </p><p class="article-text">
        Esta vieja oposici&oacute;n de la lengua espa&ntilde;ola empez&oacute; a entrar en crisis en las Islas hacia finales del siglo XIX y principios del XX, a imitaci&oacute;n del habla de la Andaluc&iacute;a occidental, donde hab&iacute;a comenzado a neutralizarse tiempo atr&aacute;s, en favor de la forma <em>ustedes</em>, o a imitaci&oacute;n de ciertas hablas de la Am&eacute;rica hispana, tan frecuentada secularmente por la gente de las Islas y donde nuestra neutralizaci&oacute;n ten&iacute;a ya por entonces cierto arraigo. La puerta de entrada de esta novedad idiom&aacute;tica en el Archipi&eacute;lago parece haber sido el habla de Las Palmas de Gran Canaria, que actu&oacute; durante mucho tiempo como locomotora del habla insular. Con ello, se renunciaba a la forma de familiaridad <em>vosotros</em> y se generalizaba la forma de cortes&iacute;a <em>ustedes</em> a todos los oyentes m&uacute;ltiples, fuera cual fuera su condici&oacute;n social, profesional, etc&eacute;tera. Pecando por exceso en la consideraci&oacute;n personal, no se corr&iacute;a el riesgo de que el siempre puntilloso interlocutor pudiera sentirse ofendido por una invocaci&oacute;n que no hiciera justicia a su rango.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; implicaba objetivamente este importante cambio gramatical, que afectaba no a una palabra aislada, sino a todo un sistema ling&uuml;&iacute;stico, con formas muy diversas: la forma de sujeto y terminal de preposici&oacute;n <em>vosotros</em>, la forma complementaria (<em>v</em>)<em>os</em>, las formas posesivas <em>vuestro, vuestra, vuestros </em>y <em>vuestras </em>y los sufijos verbales <em>-is</em> de los modos indicativo y subjetivo y <em>-d</em> del imperativo? Pues lo que implicaba el cambio era nada m&aacute;s y nada menos que la ruina de la important&iacute;sima oposici&oacute;n sem&aacute;ntica &lsquo;segunda persona plural&rsquo;, que permit&iacute;a expresar la familiaridad / &lsquo;tercera persona determinada plural&rsquo;, que permit&iacute;a expresar la cortes&iacute;a, reduci&eacute;ndose as&iacute; la gama de las posibilidades designativas del oyente m&uacute;ltiple a la significaci&oacute;n gramatical de &lsquo;tercera persona determinada plural&rsquo;, sin m&aacute;s. De esta manera se quedaba el hablante canario sin pronombre de segunda persona plural y pasaba a designar al oyente m&uacute;ltiple con uno de tercera, que, precisamente por la desaparici&oacute;n de su contrincante <em>vosotros</em>, perd&iacute;a el matiz de cortes&iacute;a que lo hab&iacute;a caracterizado hasta entonces y se convert&iacute;a en f&oacute;rmula de tratamiento neutro, sin ning&uacute;n matiz de familiaridad o respeto a&ntilde;adido. En la nueva situaci&oacute;n, no hay &lsquo;familiaridad&rsquo; ni &lsquo;cortes&iacute;a&rsquo;, sino simplemente &lsquo;menci&oacute;n inespec&iacute;fica a un oyente m&uacute;ltiple&rsquo;. A partir de ahora, para marcar el rango social o profesional del colectivo que invoca, tendr&aacute; la gente de las Islas que echar mano de recursos expresivos de otro tipo, como los tratamientos l&eacute;xicos <em>se&ntilde;or, se&ntilde;ora, caballero, don, do&ntilde;a, maestro</em>&hellip;, por ejemplo. De esta manera quedaba el sistema pronominal de segunda persona cojo en el habla canaria, pues una distinci&oacute;n que se manten&iacute;a inc&oacute;lume en el singular (en las formas <em>t&uacute; </em>y <em>usted</em>) desaparec&iacute;a enteramente del plural. Como en todo episodio de neutralizaci&oacute;n, el empobrecimiento del sistema era, por tanto, evidente. Es lo que explica que los isle&ntilde;os no distinguidores sientan a veces la tentaci&oacute;n de echar mano de los desterrados <em>vosotros </em>y <em>vuestro</em> para dar claridad o precisi&oacute;n a sus discursos, sobre todo, cuando se trata de la lengua escrita. La p&eacute;rdida del <em>vosotros</em> significaba, adem&aacute;s, el alejamiento de Canarias en este aspecto del resto de la Romania, donde el <em>vos</em> latino (procedente del indoeuropeo <em>wos</em>), adem&aacute;s del espa&ntilde;ol <em>vosotros </em>(combinaci&oacute;n de <em>vos+otros</em>), hab&iacute;a dado el franc&eacute;s <em>vous</em>, el portugu&eacute;s <em>v&oacute;s</em>, el catal&aacute;n <em>vos</em>, el italiano y rumano <em>voi</em> o el romanche <em>vus</em>, por ejemplo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta neutralizaci&oacute;n pronominal lleg&oacute; a alcanzar tanto &eacute;xito y prestigio en el habla que la adopt&oacute;, que no tard&oacute; en empezar a regarse como la p&oacute;lvora por el resto del Archipi&eacute;lago. Primero, por el interior de la misma isla de Gran Canaria, donde la distinci&oacute;n se hab&iacute;a mantenido intacta hasta mitad del siglo XX m&aacute;s o menos, seg&uacute;n se deduce del hecho de que, por ejemplo, sea norma en personajes rurales de algunas novelas grancanarias de la &eacute;poca. Luego se proyect&oacute; hacia las islas de Lanzarote y Fuerteventura (territorios que han estado siempre bajo el radio de acci&oacute;n directo del habla, la cultura y las costumbres de Las Palmas de Gran Canaria), donde la distinci&oacute;n se mantuvo viva hasta bien adentrada la segunda mitad del siglo XX. Todav&iacute;a en la d&eacute;cada de los sesenta o&iacute;a yo en el Puerto del Rosario de mi ni&ntilde;ez frases como &ldquo;Sentaivos&rdquo;, &ldquo;&iquest;Vos vais?&rdquo; o &ldquo;El queso es para vosotros&rdquo;, por ejemplo, en boca de gente de pueblos del interior de la isla, como El Roque, Tindaya, P&aacute;jara, El Time, Betancuria o Guisguey, que acud&iacute;an a la capital insular a hacer sus compras, visitar el m&eacute;dico o realizar gestiones administrativas o que simplemente hab&iacute;a trasladado su residencia a ella de forma m&aacute;s o menos permanente. De su vigencia en Betancuria hasta el a&ntilde;o 1990, da cuenta el profesor Francisco Navarro Artiles en un sabio art&iacute;culo cient&iacute;fico perfectamente documentado y argumentado. Tambi&eacute;n hacia las islas occidentales del Archipi&eacute;lago viaj&oacute; muy pronto la neutralizaci&oacute;n de nuestra oposici&oacute;n, aunque su implantaci&oacute;n en ellas parece haberse producido de forma mucho m&aacute;s lenta y desigual que en las islas orientales. Esta pr&aacute;ctica originariamente grancanaria debi&oacute; de imponerse muy pronto en El Hierro, como se deduce del hecho de que no quede ni el m&aacute;s m&iacute;nimo vestigio de <em>vosotros</em> en la documentaci&oacute;n administrativa y literaria m&aacute;s reciente de la isla. Todo el mundo sabe hasta qu&eacute; punto era Las Palmas de Gran Canaria el destino preferido de la gente de la isla del meridiano cuando esta se ve&iacute;a en el trance amargo de salir de su terru&ntilde;o para procurarse el sustento de la familia. En La Palma y Tenerife, la implantaci&oacute;n no es homog&eacute;nea. Mientras que en lugares como Santa Cruz, La Laguna, Puerto de La Cruz, Tacoronte, La Orotava, etc., en Tenerife, o Santa Cruz de La Palma, Los Llanos de Aridane, Mazo, etc&eacute;tera, en La Palma, nuestra neutralizaci&oacute;n se encuentra totalmente arraigada, en otros, como La Esperanza, Arafo, G&uuml;&iacute;mar, Fasnia, Arico, Granadilla, El Tanque y Buenavista del Norte, en Tenerife, y Barlovento, Punta Gorda, Garaf&iacute;a o incluso el barrio capitalino de Mirca, en La Palma, la distinci&oacute;n se mantiene m&aacute;s o menos viva, con soluciones a veces muy originales, como nos ha hecho ver con su habitual perspicacia en diversos art&iacute;culos cient&iacute;ficos el que fue profesor de Dialectolog&iacute;a hisp&aacute;nica en la Universidad de La Lagua Antonio Lorenzo Ramos, que es la persona que con m&aacute;s detenimiento estudi&oacute; el asunto que nos ocupa. Por el contrario, como en tantos otros aspectos de la lengua y la cultura popular insulares, La Gomera se ha mantenido siempre fiel a los or&iacute;genes. Incluso en boca de los m&aacute;s peque&ntilde;os se oyen aqu&iacute; frases como &ldquo;Si no me dej&aacute;is jugar con vosotros, vos vais pal co&ntilde;o de vuestra madre&rdquo;, donde aparecen contenidas todas y cada una de las piezas del complejo sistema que la forma pronominal <em>vosotros </em>implica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como todo fen&oacute;meno ling&uuml;&iacute;stico local destacado, llamativo o de envergadura, la neutralizaci&oacute;n que comentamos ha terminado convirti&eacute;ndose en una especie de se&ntilde;a de identidad o emblema ling&uuml;&iacute;stico de Canarias, con campa&ntilde;as acad&eacute;micas, sociales e institucionales para promocionar el uso de <em>ustedes </em>y condenar o censurar con m&aacute;s o menos sa&ntilde;a el uso del decadente <em>vosotros</em>. Por su trascendencia, aunque no por su extensi&oacute;n de uso, la neutralizaci&oacute;n de la oposici&oacute;n pronominal <em>vosotros/ustedes</em>,<em> </em>en favor de la forma <em>ustedes</em>, es a la gram&aacute;tica del dialecto lo que el seseo a su pronunciaci&oacute;n. <em>&nbsp;</em>&ldquo;&iexcl;Guerra al afrentoso <em>vosotros</em>!&rdquo; es la consigna de los patriotas ling&uuml;&iacute;sticos. Hasta tal punto ha llegado la virulencia de las batidas contra el <em>vosotros</em> en Canarias, que en la actualidad nuestro pronombre casi tiene que andar escondi&eacute;ndose por las esquinas, por si acaso lo sorprende uno de esos tantos antivosotrista que tenemos en las Islas, dispuestos siempre a soltarle un estacazo. Las calles canarias se han convertido en lugares poco seguros para el decano del pronombre personal de segunda persona plural de la lengua espa&ntilde;ola, que lo hered&oacute; del lat&iacute;n en su forma primitiva <em>vos </em>hace m&aacute;s de diez siglos<em>.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Del apretado an&aacute;lisis sem&aacute;ntico gramatical, referencial, social e hist&oacute;rico que acabamos de hacer, se derivan, al menos, tres conclusiones muy importantes para entender a derechas los problemas ling&uuml;&iacute;sticos, socioling&uuml;&iacute;sticos e identitarios que implica la neutralizaci&oacute;n de la oposici&oacute;n gramatical que nos ocupa:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, que, aunque tendemos a pensar que el presente o la actualidad es eterna, porque carecemos de perspectiva para analizarla, como fen&oacute;meno ling&uuml;&iacute;stico vivo que es, la oposici&oacute;n <em>vosotros / ustedes </em>se encuentra en plena transformaci&oacute;n y cambio en Canarias, sin que en rigor pueda decirse, por tanto, que haya dicho a&uacute;n la &uacute;ltima palabra. &iquest;Cu&aacute;l puede ser el futuro de este proceso sem&aacute;ntico tan din&aacute;mico? Podr&iacute;an ocurrir, al menos, dos cosas radicalmente distintas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        a) Que la neutralizaci&oacute;n en marcha siga avanzando hasta el final, con la claudicaci&oacute;n definitiva de La Gomera y las zonas a&uacute;n distinguidoras de Tenerife y La Palma. Es la hip&oacute;tesis m&aacute;s probable, teniendo en cuenta el prestigio de que goza el uso exclusivo de <em>ustedes</em>, gracias a las hablas capitalinas. Incluso, cabr&iacute;a la posibilidad de que el vencedor <em>ustedes </em>terminara deponiendo su valor terciopersonal actual y desarrollara valor de segunda persona, como sucede ya en partes de Andaluc&iacute;a, donde frases como &ldquo;Ustedes se qued&aacute;is en casa&rdquo; o &ldquo;Ustedes no sab&eacute;is el da&ntilde;o que le est&aacute;is haciendo a los ni&ntilde;os con esa forma de ense&ntilde;ar&rdquo; no son ni mucho menos infrecuentes. Se trata, empero, de una posibilidad muy remota, pues el hecho de que las formas singulares <em>t&uacute; </em>y <em>usted</em> se mantengan tan robustas entre los canarios condiciona seriamente el futuro de las formas plurales. Prueba de lo que decimos es que los casos de combinaci&oacute;n del <em>ustedes </em>con verbos en segunda persona plural son anecd&oacute;ticos en las Islas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        b) Que el desmantelamiento de la oposici&oacute;n se detenga y se inicie un proceso de reposici&oacute;n, en aquellas zonas donde la misma ha quebrado. Como ense&ntilde;a la ling&uuml;&iacute;stica estructural, todo sistema busca siempre el equilibrio perdido. En este sentido podr&iacute;an estar apuntando dos hechos muy concretos. Primero, el hecho de que, como dijimos m&aacute;s arriba, el <em>vosotros</em> sea usado a veces por los hablantes m&aacute;s o menos cultos para evitar ambig&uuml;edades, fundamentalmente en los textos escritos. Y, segundo, el hecho de que la forma <em>vosotros</em> aparezca con m&aacute;s o menos frecuencia en boca de no pocos canarios a imitaci&oacute;n de la norma castellana, que es el espejo ling&uuml;&iacute;stico en que se ha solido mirar siempre la gente de las Islas. Como consecuencia de este prejuicio valorativo, inducido por el sistema educativo, la Espa&ntilde;a oficial, los medios de comunicaci&oacute;n m&aacute;s o menos centralistas y la norma regulada por la Real Academia, que es la que sirve de base a los libros de texto que se emplean en nuestros centros educativos, a la mayor parte de la literatura que lee nuestra gente habitualmente y a las pel&iacute;culas que suele ver en el cine o la televisi&oacute;n, han terminado muchos isle&ntilde;os por volver al rev&eacute;s la sem&aacute;ntica de la oposici&oacute;n tradicional, empleando la originaria forma de familiaridad o confianza <em>vosotros</em> como f&oacute;rmula de cortes&iacute;a o respeto y la originaria forma de cortes&iacute;a o respeto <em>ustedes </em>como f&oacute;rmula de familiaridad o confianza. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; vais a tomar?&rdquo;, por ejemplo, dice el camarero canario a sus clientes para granjearse su simpat&iacute;a o benevolencia, en tanto que emplea siempre su com&uacute;n forma <em>ustedes </em>en situaciones comunicativas menos envaradas, como hablar con los compa&ntilde;eros en el trabajo, con la familia en casa o con los amigos en la calle. Es decir, que una distinci&oacute;n que en principio se basaba en un contraste sem&aacute;ntico exclusivamente mostrativo (&lsquo;mostraci&oacute;n directa o personal&rsquo; (<em>vosotros</em>) / &lsquo;mostraci&oacute;n indirecta o no personal determinada&rsquo; (<em>ustedes</em>)) ha pasado a basarse en un contraste connotativo o socioling&uuml;&iacute;stico de &lsquo;prestigio&rsquo;: <em>vosotros </em>&lsquo;segunda persona plural de prestigio&rsquo; /<em> ustedes</em> &lsquo;segunda persona plural de confianza&rsquo;. Lo que quiere decir que la reposici&oacute;n que comentamos podr&iacute;a muy bien desarrollarse en dos sentidos distintos: en el sentido castellano, gomero, andaluz oriental, etc., con un <em>vosotros </em>de confianza y un <em>ustedes</em> de respeto; o en un sentido in&eacute;dito en espa&ntilde;ol, con un <em>vosotros </em>de respeto y un <em>ustedes </em>de confianza. La limitada implantaci&oacute;n de esta oposici&oacute;n, el escaso prestigio de que gozan las personas que la emplean y el hecho de que la forma singular <em>usted </em>mantenga su sentido de respecto o cortes&iacute;a inc&oacute;lume convierten esta segunda posibilidad en poco menos que imposible; aunque, como dice don Quijote, cosas podr&iacute;amos ver que har&iacute;an hablar hasta a las mismas piedras.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Segunda, que no puede sostenerse que la identidad ling&uuml;&iacute;stica de los canarios en general dependa de la neutralizaci&oacute;n de nuestra oposici&oacute;n, dado que la misma conserva todo su vigor en muchos pueblos insulares. No creo que haya nadie que pueda decir en serio que los gomeros, los tinerfe&ntilde;os de G&uuml;&iacute;mar o Arafo o los palmeros de Barlovento o Puntagorda sean menos canarios que los grancanarios, los majoreros, los conejeros o los herre&ntilde;os, por el mero hecho de que estos usen s&oacute;lo un pronombre de segunda persona plural (<em>ustedes</em>) y aquellos, dos (<em>vosotros </em>y <em>ustedes</em>). Las islas grandes o de m&aacute;s importancia poblacional, pol&iacute;tica, econ&oacute;mica, etc., del Archipi&eacute;lago no deber&iacute;an caer en la tentaci&oacute;n de intentar imponer por decreto su forma de hablar a las m&aacute;s peque&ntilde;as, porque con ello se cometer&iacute;a el mismo pecado de tiran&iacute;a, vasallaje o imposici&oacute;n que con tanta raz&oacute;n solemos criticar los que defendemos la diversidad ling&uuml;&iacute;stica. Cuando por fin hemos logrado quitarnos de encima las inquisiciones idiom&aacute;ticas venidas de fuera, no parece l&oacute;gico que montemos ahora los canarios una nueva para imponer los valores de unos a los dem&aacute;s. En realidad, la identidad ling&uuml;&iacute;stica de los pueblos, siempre tan cambiante de &eacute;poca a &eacute;poca, no depende de un solo rasgo idiom&aacute;tico, por muy importante que este pueda ser, sino de toda una constelaci&oacute;n de ellos, que van desde los imprescindibles fen&oacute;menos f&oacute;nicos, gramaticales y l&eacute;xicos hasta la propia expresividad de los hablantes, con gesto y actitudes diversos a la hora de expresarse.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, tercero, que, hablando con un m&iacute;nimo de rigor cient&iacute;fico sobre el asunto de la identidad personal, tampoco hay razones para afirmar que, si un isle&ntilde;o renuncia a dicha neutralizaci&oacute;n, renuncia a su isla o a su insularidad. No creo yo que pueda decirse que los gomeros, los tinerfe&ntilde;os de G&uuml;&iacute;mar o Arafo o los palmeros de Barlovento o Puntagorda hayan renunciado a su gomeridad, su tinerfe&ntilde;idad y su palmeridad, respectivamente, por el mero hecho de que se mantengan fieles a la distinci&oacute;n pronominal que nos ocupa. La lanzarote&ntilde;idad de la gente de Lanzarote, la majoreridad de la de Fuerteventura, la grancanariedad de la de Gran Canaria, la tinerfe&ntilde;idad de la de Tenerife, la palmeridad de la de La Palma, la gomeridad de la de La Gomera, la herre&ntilde;idad de la de El Hierro y la gracioseridad de la de La Graciosa est&aacute;n, como es l&oacute;gico, muy por encima de la neutralizaci&oacute;n de la vieja oposici&oacute;n pronominal <em>vosotros / ustedes</em>,<em> </em>en favor de la forma <em>ustedes</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/guerra-intruso_132_13265253.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jun 2026 09:57:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/61e02ddd-1a17-414a-93fa-0a8ced9c051b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="42194" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/61e02ddd-1a17-414a-93fa-0a8ced9c051b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="42194" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[“¡Guerra al intruso ‘vosotros’!”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/61e02ddd-1a17-414a-93fa-0a8ced9c051b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El amor en los tiempos de la cólera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/amor-tiempos-colera_132_13248305.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4e683e87-5d26-4771-8ff4-f52f1ea8dc4b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El amor en los tiempos de la cólera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay personas y pueblos predominantemente amantes y personas y pueblos predominantemente odiantes, pero no menos verdad es que la mayor parte de la gente y los pueblos son amadores u odiadores a tiempo parcial. Y es lógico que así sea, porque amor y odio se encuentran en relación dialéctica</p></div><p class="article-text">
        Ya desde el siglo V antes de Cristo, hab&iacute;a dicho el fil&oacute;sofo presocr&aacute;tico <strong>Emp&eacute;docles de Agrigento</strong> que las relaciones que existen entre las personas, los animales y las cosas del mundo las gobiernan dos movimientos universales distintos: un movimiento de atracci&oacute;n o integraci&oacute;n y otro de rechazo o repulsa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El primero de ellos es el que hace que, por ejemplo, el im&aacute;n atraiga el hierro, los cuerpos con masa, a otros cuerpos con masa, los &aacute;tomos o mol&eacute;culas, a los &aacute;tomos o mol&eacute;culas que tienen carga el&eacute;ctrica opuesta a la suya, o los animales hembras, a los animales machos, haciendo posible as&iacute; su perfecci&oacute;n, el orden del mundo y la continuidad de la vida. Cada cosa busca aquello de lo que carece y necesita para seguir siendo. Si el mundo existe, es decir, si tiene perfecci&oacute;n, es gracias al movimiento de atracci&oacute;n que comentamos; lo que algunos fil&oacute;sofos han dado en llamar el &ldquo;genio de las especies (sean &eacute;stas biol&oacute;gicas o no)&rdquo;. Sin &eacute;l, no es que la realidad fuera un caos, sino que simplemente no existir&iacute;a, porque no habr&iacute;a perfecci&oacute;n o completud entre los seres que la constituyen. Todo se reducir&iacute;a a fragmentos de cosas; a cosas incompletas, sin sentido alguno y sin posibilidad de perpetuaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el segundo movimiento universal que rige la relaci&oacute;n entre los seres del mundo es el que determina que, por ejemplo, el agua rechace el aceite, el color rojo, el color verde, los &aacute;tomos y las mol&eacute;culas, los &aacute;tomos y las mol&eacute;culas que tienen su misma carga el&eacute;ctrica, o el perro, el olor del vinagre, provocando as&iacute; disgregaci&oacute;n y desorden en la naturaleza. Es un movimiento que no s&oacute;lo impide la perfecci&oacute;n del ser, sino que conduce tambi&eacute;n a su desintegraci&oacute;n o ruina. Pese a ello, se trata de un movimiento fundamental para la existencia, pues, gracias a la destrucci&oacute;n que le es consustancial, se renueva el mundo. Ning&uacute;n cambio o avance importante es posible en el mundo sin la destrucci&oacute;n del estado anterior. Hasta la dolorosa muerte tiene su justificaci&oacute;n biol&oacute;gica, porque s&oacute;lo acabando con lo caduco y decadente del ser, que es su parte accidental, es posible mantener la esencia de las especies; lo que las define de forma permanente. No se trata de nacimiento a otra vida, a una vida eterna, como suelen decir las religiones con la ret&oacute;rica metaf&iacute;sica que las caracteriza, sino de purificaci&oacute;n de las cosas de esta. Las personas, los animales, las plantas y las cosas mueren para vivir. Hay incluso quienes piensan que la verdadera funci&oacute;n de la muerte, la anulaci&oacute;n de las personas, los animales y las cosas como si no hubieran existido nunca, es limpiar el mundo de la inmundicia que lo habita y volverlo a los or&iacute;genes, a la pureza originaria, a la nada de donde sali&oacute; todo. La muerte es tan tremenda y compleja, que no hay tema que la iguale en cuanto a interpretaciones filos&oacute;ficas y opiniones personales.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, en el &aacute;mbito de los seres humanos, que viven en el mundo simb&oacute;lico del lenguaje, no en el emp&iacute;rico de eso que suele llamarse <em>realidad </em>o <em>naturaleza</em>, los movimientos de atracci&oacute;n y rechazo que comentamos reciben el nombre de <em>amor </em>y <em>odio</em>, respectivamente. El amor implica siempre un movimiento de integraci&oacute;n en el otro pleno de bondad y el odio, un movimiento de rechazo pleno de maldad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En efecto, el amor, que se actualiza en nuestra lengua bajo formas categoriales distintas (bajo las formas categoriales nominales <em>amigo</em>, <em>amistad</em>, <em>amabilidad</em>, <em>amante</em> y <em>amado</em>; bajo la forma categorial verbal <em>amar</em>;<em> </em>y bajo la forma categorial adjetiva <em>amable</em>) y que se manifiesta en formas enormemente diversas (&lsquo;amor materno&rsquo;, &lsquo;amor paterno&rsquo;, &lsquo;amor conyugal&rsquo;, &lsquo;amor filial&rsquo; y &lsquo;amor fraterno&rsquo;, en el &aacute;mbito de la familia; &lsquo;amistad&rsquo;, en el &aacute;mbito de las relaciones extrafamiliares; &lsquo;amor rom&aacute;ntico&rsquo;, en el &aacute;mbito de los sentimientos; &lsquo;amor er&oacute;tico&rsquo;, en el &aacute;mbito del sexo; &lsquo;amor propio&rsquo;, en el &aacute;mbito de la personalidad; &lsquo;amor a Dios&rsquo;, en el &aacute;mbito de la religi&oacute;n; &lsquo;amor a la vida&rsquo;, en el &aacute;mbito de los anhelos y aspiraciones&hellip;), pone a los seres humanos en paz y concordia consigo mismos, por una parte, y con ellos y el resto del mundo, por otra, haciendo as&iacute; posible la armon&iacute;a social y la continuidad de la especie. El que ama se vac&iacute;a en el otro, dejando de pensar en s&iacute; mismo y en sus intereses m&aacute;s personales. Hay personas que se integran en los otros tan plenas de bondad, que se liberan tanto de su prisi&oacute;n personal, que terminan fundi&eacute;ndose enteramente con ellos, convirtiendo los sufrimientos y alegr&iacute;as de estos en los suyos propios. Estas, que nuestra lengua suele llamar &ldquo;fil&aacute;ntropos&rdquo;, &ldquo;santos&rdquo; o &ldquo;h&eacute;roes&rdquo;, son las buenas. Son las que han entendido que el mundo necesita de tolerancia, paciencia, indulgencia y amor para poder ser. Si no tenemos tolerancia, paciencia e indulgencia con el pr&oacute;jimo y amor hacia &eacute;l, estamos condenados a la agresividad, el enfrentamiento, la desuni&oacute;n, la desintegraci&oacute;n o la destrucci&oacute;n. Al menos un poco de amabilidad y comprensi&oacute;n es siempre imprescindible para el funcionamiento del mundo. Incluso las cosas que hacemos, sea con las manos, sea con la inteligencia, son inviables sin amor. Por eso recomendaba <strong>Antonio Machado</strong> a sus disc&iacute;pulos de po&eacute;tica que fueran siempre ben&eacute;volos si alguna vez se dedicaban a esa actividad tan importante en las sociedades humanas civilizadas que es la cr&iacute;tica de arte: &ldquo;Si alguna vez cultiv&aacute;is la cr&iacute;tica literaria o art&iacute;stica, sed ben&eacute;volos. Benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin o conformidad con lo inepto, sino voluntad del bien, en vuestro caso, deseo ardiente de ver realizado el milagro de la belleza. S&oacute;lo con esta disposici&oacute;n de &aacute;nimo la cr&iacute;tica puede ser fecunda. La cr&iacute;tica mal&eacute;vola que ejercen avinagrados y melanc&oacute;licos es frecuente en Espa&ntilde;a y nunca descubre nada bueno. La verdad es que no lo busca ni lo desea&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el odio, que suele manifestarse con intensidad m&aacute;s o menos diversa y versiones distintas, pero que en nuestra lengua se formaliza s&oacute;lo bajo tres formas ling&uuml;&iacute;sticas diferentes (el nombre <em>odio</em>, el adjetivo <em>odioso</em> y el verbo <em>odiar</em>), no genera m&aacute;s que maldad, discordias y guerras, haciendo imposible la vida social y provocando la disgregaci&oacute;n de los individuos, las familias, la sociedad, las naciones y la humanidad toda. A pesar de su poco desarrollo idiom&aacute;tico, sus efectos son devastadores. Es chiquito, pero mat&oacute;n, podr&iacute;amos decir, siguiendo la corriente del dicho popular. El odiador se reserva la bondad para s&iacute; mismo. Y esto no es amor, sino ego&iacute;smo, vanidad o soberbia. Si alguna vez ha producido este sentimiento demon&iacute;aco algo bueno, es m&aacute;s bien modesto. Tal es el caso de la cr&iacute;tica de los avinagrados del citado Machado. &ldquo;M&aacute;s de una vez -nos dice el poeta sevillano- la malevolencia, el odio, la envidia ha aguzado la visi&oacute;n del cr&iacute;tico para hacerle advertir, no lo que hay en las obras de arte, pero s&iacute; algo de lo que falta en ellas. Las enfermedades del h&iacute;gado y del est&oacute;mago han colaborado tambi&eacute;n con el ingenio literario. Pero no han producido nada importante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Obviamente, los acicates de los dos movimientos del alma que comentamos suelen ser muy diversos. Unas veces est&aacute;n en el otro, como su aspecto f&iacute;sico, su <em>sex appeal</em>, su personalidad, su comportamiento, su prestigio, su riqueza o el ambiente en que se mueve. &iquest;Qui&eacute;n no hinca la rodilla ante el poderoso? &iquest;Qui&eacute;n se resiste a la er&oacute;tica del poder, tan fascinante como enga&ntilde;osa? &iquest;Qui&eacute;n no siente repugnancia ante las personas atrabiliarias o violentas? &iquest;Qui&eacute;n no se rinde ante los encantos de un hombre o una mujer exuberante o despampanante, aunque tales encantos no sean m&aacute;s que oropel o meras apariencias? Muchos de estos acicates son azarosos, contingentes o fortuitos, m&aacute;s o menos temporales, impuestos en muchas ocasiones por el imperio de las modas. Lo que hoy es bello y apreciado ma&ntilde;ana es feo y desde&ntilde;ado. Tan importantes son los m&oacute;viles del amor y del odio, que ha terminado generando una poderosa industria, la industria de la belleza, con productos cosm&eacute;ticos cada vez m&aacute;s potentes, operaciones est&eacute;ticas sofisticad&iacute;simas, vestidos provocativos y peluquer&iacute;as, manicuras y tatuajes m&aacute;s o menos glamurosos, cuya finalidad principal es suscitar la admiraci&oacute;n, el amor y hasta la lascivia en el otro y que tantos suculentos beneficios econ&oacute;micos reportan al gran capital. &ldquo;La industria de la belleza genera un impacto de 19.000 millones a la econom&iacute;a espa&ntilde;ola&rdquo;, le&iacute; en un peri&oacute;dico nacional no hace mucho tiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otras veces, dependen estos dos soberanos del universo que son el amor y el odio no de las cualidades del amado o de sus circunstancias, sino de la &iacute;ndole o naturaleza del amante o del odiador. Es decir, que se llevan en la sangre, en el coraz&oacute;n o en el ADN, seg&uacute;n los casos. Son acicates internos al sujeto mismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, tenemos &ldquo;hombres hiperb&oacute;licamente ben&eacute;volos y cordiales, dispuestos siempre a exclamar como el borracho del buen vino: &rdquo;&iexcl;Usted es mi padre!&ldquo;&rdquo;, como dice Machado. Gente con grandeza de alma, que se alegra con el bien del pr&oacute;jimo y se entristece con sus desgracias. Lo que predomina en ellos es el hemisferio derecho del cerebro, que, seg&uacute;n sostiene el prestigioso psiquiatra, escritor y pensador ingl&eacute;s <strong>Iain McGilchrist</strong>, es lo propio de la gente generosa, humilde y flexible; gente con grandeza de alma, que tanto abunda en el mundo oriental, como los nepal&iacute;es, los chinos, los indios o incluso los rusos, de los que dice Machado que son quienes m&aacute;s exactamente han interpretado el sentido fraterno del cristianismo. Es el caso de ese bendito que, a pesar de que un coche estuvo a punto de mandarlo al otro barrio, en lugar de insultar al desaprensivo que lo conduc&iacute;a, le dice ben&eacute;volamente: &ldquo;Ten cuidado, que te vas a matar&rdquo;. Tan an&oacute;malamente buenos son estos seres angelicales, que los listillos de turno suelen calificarlos de &ldquo;pobres diablos&rdquo;, &ldquo;ingenuos&rdquo; o &ldquo;papanatas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otros, sin embargo, parece que llevan el diablo metido en el cuerpo y s&oacute;lo generan da&ntilde;o y desolaci&oacute;n por dondequiera que pasan, sin poderlo remediar. Lo que predomina en ellos es el hemisferio izquierdo del cerebro, que, seg&uacute;n sostiene el citado Iain McGilchrist, es lo propio de los ego&iacute;stas, arrogantes y resentidos, que s&oacute;lo buscan su propio inter&eacute;s y que tanto abundan en los pueblos occidentales, que han llevado el colonialismo a &Aacute;frica, Am&eacute;rica, Asia y Ocean&iacute;a, promovido dos guerras mundiales y van camino de la tercera, una guerra civil en Espa&ntilde;a y otra en los Balcanes, etc. Y no s&oacute;lo hacen da&ntilde;o para sacar tajada del pr&oacute;jimo, sino que, incapaces de empatizar con &eacute;l o ponerse en su lugar, hasta llegan a gozarse gratuitamente en los males que estos padecen o sufren. No pueden soportar al ser humano. Les apesta. Son los demonios de <strong>Dostoievski</strong>, los renegados o &ldquo;&aacute;speros de condici&oacute;n y maldicientes&rdquo; de la Real Academia, los azotes de los canarios o lo que la muchachada actual, tan dada a los expresivos anglicismos, que tanto contribuyen a globalizar el mundo, llama <em>haters</em>. Se trata de una especie muy numerosa y prol&iacute;fica. Los hay encumbrados o de alto copete, como el fil&oacute;sofo alem&aacute;n <strong>Schopenhauer</strong>, que lleg&oacute; a escribir estas palabras terribles en contra del ser humano: &ldquo;La vista de los hombres excita casi siempre en m&iacute; una aversi&oacute;n muy se&ntilde;alada, porque no cortas excepciones me ofrecen el espect&aacute;culo de las deformaciones m&aacute;s horrorosas y variadas: fealdad f&iacute;sica, expresi&oacute;n moral de bajas pasiones y de ambici&oacute;n despreciable, s&iacute;ntomas de locura y perversidad de todas clases y tama&ntilde;os; en fin, una corrupci&oacute;n s&oacute;rdida, fruto y resultado de h&aacute;bitos degradantes. Por eso me aparto de ellos y huyo a refugiarme en la naturaleza, feliz de encontrar all&iacute; a los brutos&rdquo;. Otros no vuelan tan alto ni saben expresar su falta de amor con la maestr&iacute;a que lo hace el padre del pesimismo moderno, aunque no por ello son menos da&ntilde;inos. Son mis&aacute;ntropos de poca monta, como los conductores energ&uacute;menos, que nunca ceden el paso a los dem&aacute;s y que no paran de tocar la pita por dondequiera que pasan, aunque no tengan raz&oacute;n; los ciudadanos malhumorados, que no ven m&aacute;s que hostilidad hacia ellos por todas partes; los sujetos mal encarados, que no sonr&iacute;en nunca ni por equivocaci&oacute;n; o los contrariados, que, por ejemplo,&nbsp;tratan de &ldquo;focas&rdquo; a las personas gordas o de &ldquo;in&uacute;tiles&rdquo; a aquellos que no hacen las cosas a su gusto, o que desean que se mueran los feos, como proclamaba una horrenda canci&oacute;n de hace un mont&oacute;n de a&ntilde;os, sin reparar en que uno no es feo, gordo, tonto o hermoso, porque quiera, sino porque Dios o naturaleza lo ha hecho as&iacute;. Nadie es culpable de sus defectos o virtudes y, por eso, no se le puede hacer responsable de ellos. Tan absurdo es criticar a la gente por su aspecto f&iacute;sico o por su falta de talento como encumbrarla por su hermosura o inteligencia. Ya lo dec&iacute;a la Marcela del Quijote, que los amigos del enamoradizo Gris&oacute;stomo ten&iacute;an por la causante de su muerte por desamor: &ldquo;Hab&eacute;is de considerar que yo no escog&iacute; la hermosura que tengo: que tal cual es, el cielo me la dio de gracia, sin yo <em>pedilla</em> ni <em>escogella</em>. Y as&iacute; como la v&iacute;bora no merece ser culpada por la ponzo&ntilde;a que tiene, puesto que con ella mata, por hab&eacute;rsela dado naturaleza, tampoco yo merezco ser reprehendida por ser hermosa&rdquo;. Nos encontramos ante mala gente, que no tiene regeneraci&oacute;n o enmienda posible, porque, como dec&iacute;amos m&aacute;s arriba, el mal lo lleva metido en la sangre, en el coraz&oacute;n o en el ADN, como el agua, el &aacute;tomo o el perro llevan en sus entra&ntilde;as el rechazo al aceite, al &aacute;tomo que tiene su misma carga el&eacute;ctrica y al olor del vinagre, respectivamente. Es de naturaleza incompatible con el amor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es verdad, por tanto, que hay personas y pueblos predominantemente amantes y personas y pueblos predominantemente odiantes, pero no menos verdad es que la mayor parte de la gente y los pueblos son amadores u odiadores a tiempo parcial. Y es l&oacute;gico que as&iacute; sea, porque amor y odio se encuentran en relaci&oacute;n dial&eacute;ctica. De la misma forma que la luz, el ruido y el color negro, por ejemplo, necesitan la sombra, el silencio y el color blanco para poder ser, el amor no existe sin el odio ni el odio sin el amor. Lo que ocurre es que no siempre tienen el mismo protagonismo.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de las personas, que predomine el amor o el odio depende frecuentemente de los humores. Cuando el cuerpo est&aacute; de &ldquo;buena tiempla&rdquo;, como dice el pueblo llano, impera el amor. Cuando la tiempla es mala, se impone el odio.&nbsp;Otras veces, las personas s&oacute;lo son capaces de amar cuando consiguen controlar los sentimientos mediante la raz&oacute;n, que les permite poner una sonrisa en la boca, que es por donde sale lo bueno y lo malo que hay dentro del hombre, ansias de comprender en los o&iacute;dos, que es por donde entra aquello que viene de los otros, deseos de perd&oacute;n en el coraz&oacute;n y destreza en las manos, que son el instrumento con que construimos el mundo. Es como si s&oacute;lo con el control de las bajas pasiones por parte de la raz&oacute;n fueran capaces de ser bondadosas determinadas personas; obrar el bien y verlo todo con indulgencia y hasta de color de rosa. En el resto del tiempo, lo que predomina en ellas es el odio o la indiferencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la historia de los pueblos, el predominio del amor o el odio depende del momento, las circunstancias o la conjunci&oacute;n de los astros, que dir&iacute;an los amantes de la astrolog&iacute;a. Hay etapas en las que lo que impera es el amor, que propicia la paz, el orden y la civilizaci&oacute;n. Es lo que ha sucedido en Europa desde finales de la segunda guerra mundial. En otras, lo que impera, sin embargo, es el odio, que conduce al asesinato, la destrucci&oacute;n y la guerra. Como si la gente se cansara de amar o vivir en paz y armon&iacute;a y necesitara mancharse las manos de sangre. Al ser humano le aburre y hasta le repugna el h&aacute;bito o la costumbre. Se le hacen tediosos, aunque de ellos dependa su bienestar e incluso la vida. Es algo gen&eacute;tico. Por eso, no hay que alentar la esperanza de que eso que llamamos <em>progreso</em> o <em>civilizaci&oacute;n </em>termine por amasar alguna vez la fiera del hombre y le permita alcanzar la paz definitiva. La &uacute;nica paz definitiva o eterna para el ser humano es la paz de la muerte, el punto final de la vida. Aunque, desde la perspectiva personal, esta paz sirva para poco, porque la paz verdadera es cosa de la vida y la vida no es asunto del muerto. Todo lo dem&aacute;s es guerra o agon&iacute;a, en el sentido unamuniano del t&eacute;rmino; lucha permanente de contrarios, lucha entre las personas, los animales y las cosas; luchas civiles o de ideas y luchas inciviles o de armas. Como escribe Borges en uno de los sonetos de su extensa obra po&eacute;tica, como el del ajedrez, &ldquo;el juego de la guerra es infinito&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lamentablemente, en nuestro tiempo, tras d&eacute;cadas de relativa calma, parece que le ha tocado el turno al odio y, con &eacute;l, a la guerra. Como si nos hubi&eacute;ramos cansado de vivir en paz. Guerra con armas de destrucci&oacute;n masiva en <strong>Gaza, Ucrania, Ir&aacute;n </strong>y otras partes olvidadas del planeta y guerra verbal, que es a veces preludio de las guerras con armas de destrucci&oacute;n masiva, en los parlamentos nacionales, como el nuestro, por ejemplo, y en los foros internacionales, donde no se dialoga, sino que se insulta. &ldquo;Eres basura. Eso es lo que eres. Basura&rdquo;, le espet&oacute; d&iacute;as atr&aacute;s completamente descompuesto un diputado nacional a un periodista que le hab&iacute;a hecho una pregunta capciosa o &ldquo;trincosa&rdquo;, como dicen nuestros chicos. M&aacute;s recientemente recomendaba un diputado regional canario &ldquo;mandar de una patada en el culo a godilandia&rdquo; a los ministros que gestionaron la crisis del crucero <em>Hondius</em>. As&iacute; es como se &ldquo;razona&rdquo; hoy. Pero no conviene jugar con fuego. Con los insultos hay que tener mucho cuidado porque, con el tiempo, la lucha de los esp&iacute;ritus mediante insultos puede desembocar en lucha de los cuerpos mediante armas de destrucci&oacute;n masiva. Y es que estamos gobernados por gente (<strong>Putin, Trump, Netanyahu, Milei, Ortega, Orban, Bukele</strong>...) que lleva el odio metido en el cuerpo; gente enferma de odio, que no entiende el coraz&oacute;n, las necesidades y el sufrimiento del ser humano, porque el poder y el dinero la ha desconectado del mundo de la verdad, que es aquel en el que predominan m&aacute;s los dolores que las dichas. Las inquietantes e incluso pavorosas declaraciones que emiten estos se&ntilde;ores a trav&eacute;s de la radio, la televisi&oacute;n, la prensa o las redes sociales delatan claramente la laya de que est&aacute;n hechos. &iquest;Qu&eacute; amor, cordura o decencia puede haber en el coraz&oacute;n de un individuo que afirma de forma matonesca que el &uacute;nico l&iacute;mite de sus actos es su conciencia; que con Cuba puede hacer lo que le d&eacute; la gana; que va a hacer saltar por los aires a Ir&aacute;n; que los iran&iacute;es son &ldquo;unos hijos de puta&rdquo;; que es merecedor del premio Nobel de la Paz; que deber&iacute;an nombrarlo papa, emperador de Ir&aacute;n o presidente de Cuba; que es Jesucristo; o que el Golfo de M&eacute;xico y el Estrecho de Ormuz deber&iacute;an llamarse &ldquo;Golfo de Estados Unidos&rdquo; y &ldquo;Estrecho de Trump&rdquo;, respectivamente? &iquest;Qu&eacute; locuras, estupideces o payasadas son estas? El odio, la estupidez y la soberbia ciegan. Es verdad que tambi&eacute;n ciega el amor, como se ha dicho siempre. No en vano los griegos representaban a Cupido, su divinidad m&aacute;xima en el Olimpo, con los ojos vendados. &ldquo;Ciego que apuntas y atinas, / caduco dios y rapaz, / vendado que me has vendido / y ni&ntilde;o mayor de edad&rdquo;, escribe G&oacute;ngora en una de sus letrillas m&aacute;s conocidas. Pero la ceguera del amor nada tiene que ver con la ceguera del odio. La ceguera del amor se caracteriza por no querer ver los defectos del amado, para que estos no perjudiquen la relaci&oacute;n con &eacute;l o el inter&eacute;s que se tiene por &eacute;l. Es una ceguera de perd&oacute;n. El amor s&oacute;lo ve virtudes, generalmente exager&aacute;ndolas. Por eso tienen tanto poder sobre nosotros las personas que amamos. Los enamorados son beneficiarios o v&iacute;ctimas de su ceguera o perd&oacute;n. Por el contrario, la del odio no quiere ver las virtudes del odiado, sino sus defectos, exager&aacute;ndolos. Es una ceguera de condena. El amor y el odio no saben de imparcialidades.
    </p><p class="article-text">
        Por fortuna, los exabruptos que se detectan hoy en la vida p&uacute;blica espa&ntilde;ola, con su manifestaci&oacute;n m&aacute;s o menos palpable que es la agresi&oacute;n verbal o el insulto, puede superarse con un poco de amor, porque &ldquo;el espa&ntilde;ol suele ser un buen hombre, generalmente inclinado a la piedad. Las pr&aacute;cticas crueles -a pesar de su afici&oacute;n a los toros- no tendr&aacute; nunca buena opini&oacute;n en Espa&ntilde;a&rdquo;, lleg&oacute; a decir el maestro Antonio Machado, que del alma humana sab&iacute;a mucho, aunque verdad es que, despu&eacute;s de escribir estas l&iacute;neas tan ben&eacute;volas, se desat&oacute; la tormenta criminal de la guerra civil del 36, que se llev&oacute; por delante a m&aacute;s de medio mill&oacute;n de compatriotas llenos de ilusiones y esperanzas. En teor&iacute;a, por lo menos, la cosa es sencilla: hay que esforzarse por que los cambios sociales, pol&iacute;ticos, culturales, educativos, etc., que se promuevan, siempre tan necesarios para que la vida fluya, se hagan con amor o por lo menos con comprensi&oacute;n y respeto hacia aquellos que, por propio inter&eacute;s o por el miedo que les produce la incertidumbre del cambio, suelen oponerse o resistirse a su implantaci&oacute;n. Imponer los cambios a mandoble limpio, sin intentar convencer de su conveniencia y justeza a los que no est&aacute;n de acuerdo con ellos, sin hacer pedagog&iacute;a para que se entienda su raz&oacute;n de ser, en definitiva, significar&iacute;a no s&oacute;lo condenarlos a la irrelevancia, sino adem&aacute;s que la raz&oacute;n es incapaz de imponerse al odio que todo ser humano, por su condici&oacute;n animal, lleva metido en lo m&aacute;s hondo de sus entra&ntilde;as. Obvio es que s&oacute;lo consensuando los cambios tienen los cambios posibilidad de ser importantes y perpetuarse en el tiempo. Si el odio se desata y campa a sus anchas por las calles, volveremos al garrote y las cavernas. No se trata de que se ame a aquellos que tienen planteamientos radicalmente opuestos a los de uno. El amor no depende del querer, porque es un sentimiento irracional, algo que est&aacute; fuera del control de la voluntad y de la raz&oacute;n. &ldquo;L&rsquo;amour est un oiseau rebelle&rdquo;, dice la Carmen de Bizet. Se trata de algo mucho m&aacute;s modesto que esto. Se trata de que, al menos, se les respete y se les reconozca su derecho a la discrepancia; que no se les obligue a pasar por el aro de ese terrible atentado contra la libertad de expresi&oacute;n que llaman &ldquo;lo pol&iacute;ticamente correcto&rdquo;. Y eso s&iacute; que depende de la voluntad y de la raz&oacute;n. No porque una persona discrepe de nuestra forma de pensar y sentir es un b&aacute;rbaro, un salvaje o un fascista, como suelen pensar y decir con tanta frecuencia los tantos iluminados o fan&aacute;ticos que hay por el mundo, que creen en verdades absolutas, que son, obviamente, las que profesan ellos. Al ser humano hay que amarlo o, por lo menos, respetarlo siempre, piense lo que piense, diga lo que diga, sienta lo que sienta y tenga el color de piel que tenga, primero, porque es una persona, segundo, porque, a pesar de todo, todos tenemos algo de raz&oacute;n en lo que decimos, pensamos y hacemos y, tercero, porque, los planteamientos de uno s&oacute;lo existen porque existen los de los dem&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/amor-tiempos-colera_132_13248305.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 May 2026 12:21:06 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4e683e87-5d26-4771-8ff4-f52f1ea8dc4b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="50212" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4e683e87-5d26-4771-8ff4-f52f1ea8dc4b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="50212" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El amor en los tiempos de la cólera]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4e683e87-5d26-4771-8ff4-f52f1ea8dc4b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tafeñas de abuela y tafeñas de madre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/tafenas-abuela-tafenas-madre_132_13232697.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b9870acd-29cc-4335-826e-d8fb08474426_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tafeñas de abuela y tafeñas de madre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los préstamos lingüísticos no empobrecen ni corrompen las lenguas que los adoptan, como suelen creer los defensores a ultranza de las purezas idiomáticas, sino que las enriquecen en mayor o menor medida, proporcionándoles nuevas raíces o unidades léxicas; es decir, nuevas formas de ver el mundo, que contribuyen a abrir las entendederas de sus hablantes</p></div><p class="article-text">
        <em>Tafe&ntilde;a</em> o <em>chafe&ntilde;a</em> es una de las tantas voces que heredamos los hispano-canarios de la lengua o lenguas que hablaba la poblaci&oacute;n que ocupaba las Islas al tiempo de la conquista y colonizaci&oacute;n europeas, que eran lenguas del grupo camito-bereber. Se trata, al parecer, de un heredero de la forma <em>tafedna </em>(<em>tafetna chafedna </em>o <em>chafetna</em>), viva todav&iacute;a en lenguas del &aacute;rea noroeste del continente africano, como el tashehit o shilha, por ejemplo, que designaba una vasija para tostar granos. Este tostador era de una enorme importancia en la sociedad canaria prehisp&aacute;nica, porque con grano tostado se elaboraba el producto que constitu&iacute;a la base de su humilde alimentaci&oacute;n, que era la harina de cebada gruesa que llamaban <em>buffi</em>, que los isle&ntilde;os hispanos convertimos en <em>gofio</em>. &ldquo;Esta cebada, la tostaban al fuego y la mol&iacute;an en unos molinillos de mano que son los que en Espa&ntilde;a tienen para moler el cebo de los bueyes. Esta harina llaman <em>gofio</em>, la cual cernida era su ordinaria comida, amas&aacute;ndola o desli&eacute;ndola con agua o con leche y manteca de ganado, y esta serv&iacute;an por pan, y es de mucho mantenimiento&rdquo;, nos informa Alonso de Espinosa en su archiconocida <em>Historia de Nuestra Se&ntilde;ora de Candelaria</em>, del a&ntilde;o 1595. Como afirma el Tagoror de Betancuria, para la poblaci&oacute;n preeuropea de Canarias, &ldquo;el gofio no era s&oacute;lo un alimento, era una forma de supervivencia, una t&eacute;cnica de conservaci&oacute;n, un s&iacute;mbolo de identidad. Amasado con agua y sal, a veces con miel o leche, era el pan y era la vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por las propiedades nutritivas y el car&aacute;cter pr&aacute;ctico del producto que designaba (el pan de gofio -es decir, la pella- puede hacerse en cualquier momento o lugar, porque no se necesita horno para cocerlo), era inevitable que nuestra palabra fuera prohijada con la realidad que designaba por los nuevos inquilinos del Archipi&eacute;lago, en cuya lengua experiment&oacute;, en principio, cambios formales y sem&aacute;nticos m&aacute;s o menos dr&aacute;sticos. En el plano formal, el grupo conson&aacute;ntico /dn/ o /tn/ se simplific&oacute; en /n/ y luego palataliz&oacute; en /&ntilde;/, acaso por la presencia de un apoyo voc&aacute;lica palatal previo; algo as&iacute; como */taf&eacute;nia/ o */chaf&eacute;nia/. Y, en el plano del contenido, supuesto que este cambio no se hubiera producido en la misma lengua de partida, la significaci&oacute;n originaria &lsquo;vasija para tostar&rsquo; o &lsquo;tostador&rsquo; pas&oacute; a significar, por desplazamiento meton&iacute;mico, en primera instancia &lsquo;cebada o trigo tostado (es decir, lo que se hace en el tostador)&rsquo;, tambi&eacute;n de extraordinaria importancia en la sociedad hispano-canaria, porque la base de su alimentaci&oacute;n sigui&oacute; siendo el gofio de los antiguos isle&ntilde;os, que se elaboraba en principio con cebada, trigo o semilla de cosco tostados, que eran los &uacute;nicos granos existentes por aquel entonces en tierras insulares. Las tafe&ntilde;as se realizaban en tostadores de barro o de metal, a la lumbre de tres teniques, en torno a los cuales se reun&iacute;an los miembros de la familia (los ni&ntilde;os, entre ellos, por supuesto, que constitu&iacute;an una parte fundamental de la fiesta) como si de un rito milenario se tratara, atra&iacute;dos por la magia del fuego, el olor del grano, la m&aacute;s o menos animada conversaci&oacute;n y el gozo que produc&iacute;a la expectativa de llenar la lata del gofio, que garantizaba el sustento del futuro m&aacute;s inmediato. En los tostadores vert&iacute;an generalmente las abuelas, que eran las m&aacute;s veteranas en estos menesteres, el cereal que fuera, frecuentemente sobre una fina cama de arena, para que no se quemara, y lo remov&iacute;an sin parar con el llamado <em>remejedor</em>, <em>juercan</em> o <em>meneador</em>, seg&uacute;n las zonas de las Islas, hasta que el grano alcanzara el grado de tueste que conven&iacute;a para que la tan ansiada harina adquiriera el punto de color, sabor y olor que exigiera el paladar de cada cual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras su adaptaci&oacute;n al espa&ntilde;ol insular, muy probablemente en tierras de <strong>Lanzarote</strong> y <strong>Fuerteventura</strong>, que fueron las que adoptaron y adaptaron a la lengua de los conquistadores la inmensa mayor&iacute;a de los guanchismos comunes (no los top&oacute;nimos, que, como son propios de cada isla en particular, de parte de ellas corri&oacute; su aclimataci&oacute;n al idioma), simplemente porque fueron las primeras en ser conquistadas por lo espa&ntilde;oles para la corona de Castilla y las que sirvieron de base de operaciones para la conquista de las que se incorporar&iacute;an en &uacute;ltimo lugar, que fueron las de realengo (<strong>Gran Canaria, La Palma </strong>y<strong> Tenerife</strong>, por este orden), nuestra voz va a experimentar una transformaci&oacute;n sem&aacute;ntica profunda. En primer lugar, adem&aacute;s de a la tostadura de cebada, trigo o cosco, que es la funci&oacute;n referencial que hab&iacute;a heredado de la lengua aborigen, pasa a aplicarse tambi&eacute;n a la de millo, que es producto que hab&iacute;an tra&iacute;do los espa&ntilde;oles de <strong>Am&eacute;rica</strong>, tras su descubrimiento por el Almirante de la mar oc&eacute;ana. A partir de entonces, las tafe&ntilde;as se har&aacute;n en las Islas no s&oacute;lo de cebada, trigo o cosco, como suced&iacute;a en la sociedad canaria prehisp&aacute;nica, sino tambi&eacute;n de millo o ma&iacute;z (que es el nombre que trajo del Nuevo Mundo), e incluso de garbanzos o ch&iacute;charos, enriqueci&eacute;ndose as&iacute; de forma exponencial en la gastronom&iacute;a de los nuevos isle&ntilde;os. En la cocina hispano-canaria, el gofio alcanz&oacute; especialidades y funciones que no ten&iacute;a en la humilde cocina aborigen.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, adquiere nuestra voz, de nuevo por desplazamiento meton&iacute;mico, el sentido de &lsquo;millo o trigo tostado que se aparta para comer en grano como golosina&rsquo;, con lo que pasa a formar parte del mundo de los ni&ntilde;os, que consideraban este tipo de tafe&ntilde;a una exquisitez para el paladar, tal vez porque entonces no hab&iacute;a otras golosinas que les endulzaran la boca y el coraz&oacute;n. El delicioso olor y sabor a tafe&ntilde;a son algo que no olvidar&aacute;n nunca los canarios tradicionales, porque en el alma se les quedaron grabados desde que eran ni&ntilde;os. En este uso tan particular de nuestra palabra, desempe&ntilde;aron un papel fundamental las abuelas insulares, tan dispuestas siempre, como el resto de las abuelas del mundo, a alegrarles las pajarillas a los m&aacute;s peque&ntilde;os con golosinas y otras moner&iacute;as, para atraerlos a su causa y que les consuelen la vejez. En este &aacute;mbito referencial de las golosinas o goller&iacute;as, va a desarrollar nuestra voz matices m&aacute;s o menos variados dependiendo de las islas. As&iacute;, seg&uacute;n el <em>Diccionario b&aacute;sico de canarismos</em>, de la Academia Canaria de la Lengua, en Lanzarote, Fuerteventura y Tenerife, desarroll&oacute; el sentido m&aacute;s espec&iacute;fico de &lsquo;flor de millo tostado que se aparta para comer como golosina&rsquo;, manjar que termin&oacute; adquiriendo m&aacute;s tarde nombres rom&aacute;nicos diversos, seg&uacute;n las islas, como <em>cotufas, roscas, palomitas </em>o <em>flores</em>, que, aunque confluyen en la misma referencia con <em>tafe&ntilde;a</em>, evidentemente, ni significan lo mismo ni pertenecen al mismo contexto cultural que &eacute;l: <em>tafe&ntilde;a </em>es palabra del campo, asociada a la cultura tradicional de la elaboraci&oacute;n del gofio, en tanto que <em>cotufas, roscas, palomitas </em>y<em> flores</em> son palabras de ciudad y de la cultura moderna, casi del mundo del cine, podr&iacute;amos decir, sin la m&aacute;s m&iacute;nima relaci&oacute;n con el mundo del gofio. En cierta manera, comer tafe&ntilde;a era como comerse el gofio antes de que el grano llegara al molino. Como el hambre apretaba, no se ten&iacute;a paciencia para que las cosas se hicieran a su debido tiempo. En Lanzarote y Tenerife, por extensi&oacute;n sem&aacute;ntica, desarroll&oacute; el guanchismo <em>tafe&ntilde;a</em> el sentido de &lsquo;millo tierno tostado&rsquo;. En Tenerife y La Gomera, el de &lsquo;trigo tostado al que se a&ntilde;ade un poco de az&uacute;car para comer como golosina&rsquo;. Y en El Hierro, asimismo por extensi&oacute;n sem&aacute;ntica, el de &lsquo;asado de casta&ntilde;as que suele acompa&ntilde;arse de vino nuevo&rsquo; y, en relaci&oacute;n con &eacute;l, por desplazamiento meton&iacute;mico, el de &lsquo;reuni&oacute;n de personas donde se degustan productos tostados&rsquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, mucho m&aacute;s tarde, desarrollar&aacute; <em>tafe&ntilde;a</em>, por aplicaci&oacute;n metaf&oacute;rica, el sentido particular de &lsquo;paliza, azotaina&rsquo;, especialmente la que dan las madres a los chicos, por comparaci&oacute;n del ardor que produce la paliza o azotaina con el calor subidito de tono de las tafe&ntilde;as que se hac&iacute;an para tostar los granos del gofio, que es la misma motivaci&oacute;n sem&aacute;ntica que ha llevado a las palabras espa&ntilde;olas <em>calda </em>(<em>caldia</em>),<em> encendida </em>y <em>estufina</em> (de <em>estofar</em>) a desarrollar sentidos similares en el espa&ntilde;ol insular. Evidentemente, estas crueles tafe&ntilde;as que se hac&iacute;an en las posaderas de la muchachada eran propinadas, por lo general, por las madres, que son las que tienen mayor autoridad sobre los chicos, no por las abuelas, generalmente, m&aacute;s ben&eacute;volas que ellas. Siempre se ha dicho que las madres educan a los ni&ntilde;os y las abuelas los miman y consienten. Tampoco eran estas particulares tafe&ntilde;as, no de cebada, trigo, millo o cosco, sino de chola, alpargata o p&iacute;rgano, funci&oacute;n de los padres. La misi&oacute;n punitiva de los paterfamilias fue siempre de m&aacute;s altos designios. Eran los que interven&iacute;an en casos de causa mayor, cuando las travesuras de los muchachos se sal&iacute;an de madre y se necesitaba artiller&iacute;a pesada para meterlos en cintura. Pero eso ya no eran simples <em>tafe&ntilde;as</em>, sino <em>palizas</em>, <em>tareas</em>, <em>tollinas, cuero</em>, <em>cueradas</em> o <em>cuerizas</em> como Dios manda, generalmente por alusi&oacute;n al material que se usaba para zurrar las posaderas de los que hab&iacute;an querido pasarse de listos. &iexcl;Tiempos aquellos en que se estaba convencido de que la letra, la decencia y la disciplina con sangre entraban!
    </p><p class="article-text">
        Es claro, por tanto, que la humilde palabra bereber insular <em>tafedna </em>(<em>tafetna</em>, <em>chafedna </em>o <em>chafetna</em>) ha experimentado en el espa&ntilde;ol de Canarias un desarrollo considerable, pues, de ser palabra monos&eacute;mica, ha pasado a desarrollar un campo de usos altamente polis&eacute;mico, a medida que iban asent&aacute;ndose en el Archipi&eacute;lago los conquistadores y colonizadores europeos y nuestra palabra iba ganando nuevos &aacute;mbitos referenciales. Se trata de un proceso evolutivo bastante general en el campo de los guanchismos; un proceso evolutivo que pone de manifiesto que no fue s&oacute;lo la lengua espa&ntilde;ola la que se enriqueci&oacute; con las palabras de la lengua guanche, sino tambi&eacute;n las palabras de esta las que se enriquecieron con la aportaci&oacute;n f&oacute;nica, gramatical y l&eacute;xica de aquella. La voz <em>tafe&ntilde;a</em> presenta una riqueza sem&aacute;ntica mayor en el habla canaria que en el bereber insular, de donde procede. Por eso no constituye ninguna exageraci&oacute;n decir que los guanchismos vinieron tan bien a la lengua espa&ntilde;ola como la lengua espa&ntilde;ola a los guanchismos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dos conclusiones muy obvias es posible extraer de lo que acabamos de exponer. Primero, que los pr&eacute;stamos ling&uuml;&iacute;sticos no empobrecen ni corrompen las lenguas que los adoptan, como suelen creer los defensores a ultranza de las purezas idiom&aacute;ticas, sino que las enriquecen en mayor o menor medida, proporcion&aacute;ndoles nuevas ra&iacute;ces o unidades l&eacute;xicas; es decir, nuevas formas de ver el mundo, que contribuyen a abrir las entendederas de sus hablantes. No se trata de empobrecimiento cultural o ling&uuml;&iacute;stico, sino todo lo contrario: se trata de ampliaci&oacute;n del campo de mira. Y, segundo, que los pr&eacute;stamos no plantean un problema de remedo o calco, sino un problema de creaci&oacute;n. En este fen&oacute;meno de contacto ling&uuml;&iacute;stico, hay un proceso de asimilaci&oacute;n al sistema f&oacute;nico, gramatical y l&eacute;xico de la lengua de llegada y con ello un proceso de enriquecimiento formal y sem&aacute;ntico, que convierte la palabra extranjera en unidad l&eacute;xica nueva de la lengua que la adopta. Una vez que el <em>tafedna </em>originario se adapt&oacute; al sistema f&oacute;nico, gramatical y l&eacute;xico de la lengua espa&ntilde;ola, dej&oacute; de ser palabra de la lengua bereber y pas&oacute; a ser palabra de aquella. En efecto, <em>tafe&ntilde;a </em>no es palabra de la lengua bereber que hablaba los antiguos isle&ntilde;os cuando los nuevos llegaron a ellas, una lengua que ni siquiera sabemos a ciencia cierta c&oacute;mo era y c&oacute;mo funcionaba, sino palabra de la lengua espa&ntilde;ola. El pr&eacute;stamo ling&uuml;&iacute;stico no plantea un problema de &ldquo;apropiaci&oacute;n con la obligaci&oacute;n de devolver&rdquo;, que es lo que quiere decir la palabra <em>prestar </em>en espa&ntilde;ol, sino un problema de &ldquo;adopci&oacute;n de una materia sem&aacute;ntica extra&ntilde;a con la que crea la maquinaria de hacer palabras de la lengua receptora, que es su gram&aacute;tica y su sistema fonol&oacute;gico, una realidad sem&aacute;ntica y formal in&eacute;dita&rdquo;. No se trata ni de pr&eacute;stamos ni de regal&iacute;as. Se trata en realidad de materia prima con que hacen los hablantes nuevas obras de arte. Son para ellos algo as&iacute; como la piedra para el escultor o el barro para el alfarero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/tafenas-abuela-tafenas-madre_132_13232697.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 May 2026 11:30:48 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b9870acd-29cc-4335-826e-d8fb08474426_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="56687" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b9870acd-29cc-4335-826e-d8fb08474426_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="56687" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Tafeñas de abuela y tafeñas de madre]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b9870acd-29cc-4335-826e-d8fb08474426_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Marica’: aspectos lingüísticos y éticos de un nombre problemático]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/marica-aspectos-linguisticos-eticos-nombre-problematico_132_13212145.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">No se trata realmente de “resignificar” la palabra, como entienden algunos, sino de limpiarla de sus connotaciones negativas o subjetivas más injuriosas y dejarlo reducido a su significación denotativa más objetiva de ‘hombre homosexual’, sin más arreos o caireles significativos
</p></div><p class="article-text">
        Por tratarse del nombre propio de la madre de Cristo, es <em><strong>Mar&iacute;a</strong></em> la denominaci&oacute;n femenina por antonomasia de los pueblos de religi&oacute;n cristiana; el que mejor encarna los valores de la feminidad o mujeridad. De ah&iacute; que su derivado <em><strong>Marica</strong></em><em> </em>(&ldquo;Hermana Marica, / ma&ntilde;ana que es fiesta, / no ir&aacute;s t&uacute; a la amiga / ni ir&eacute; yo a la escuela&rdquo;, escribe <strong>G&oacute;ngora</strong> en una de sus letrillas m&aacute;s celebradas), atenuado en su significaci&oacute;n mostrativa o identificadora por el valor de &lsquo;disminuci&oacute;n&rsquo; o, mejor, de &lsquo;llegada puntual o perfecta al l&iacute;mite&rsquo; que implica el sufijo -<em>ico</em> que porta, haya terminado por entenderse en el sentido general de &lsquo;hombre afeminado&rsquo;, &lsquo;hombre que no cumple con los est&aacute;ndares de virilidad que se les supone a los llamados <em>hombres de verdad</em>, <em>machos</em>, <em>machotes</em>, <em>hombres hombre</em> u <em>hombres de pelo en pecho</em>&rsquo;, que, seg&uacute;n la tradici&oacute;n, son los vigorosos, bien plantados y valientes (&ldquo;groseros, brutos y ego&iacute;stas&rdquo;, en definici&oacute;n de <strong>Unamuno</strong>), con tres matices distintos. Con el matiz de &lsquo;hombre que en su modo de hablar, acciones o adornos se parece a las mujeres&ldquo;: v. gr., &rdquo;Con voz de tiple y modales de marica, me explic&oacute; que serv&iacute;a a las entretenidas de varios se&ntilde;orones&ldquo; (<strong>Torrente Ballester</strong>)&rdquo;; con el matiz de &ldquo;hombre apocado, falto de coraje, pusil&aacute;nime o medroso&rdquo;, atributos que, seg&uacute;n los prejuicios tradicionales, son los que definir&iacute;an a las mujeres: v. gr., &ldquo;Y era tan marica eso de llorar por una hembra&rdquo; (<strong>Enrique Amorim</strong>); y con el matiz de &ldquo;hombre homosexual&rdquo;, es decir, &lsquo;hombre que en el sexo adopta el papel de una mujer&rsquo;, en este caso en dos versiones gen&eacute;ricas distintas: en versi&oacute;n gen&eacute;rica femenina (&ldquo;una marica&rdquo;), impuesta por el g&eacute;nero femenino de la base. &ldquo;Soy una marica, no soy gay&rdquo;, declar&oacute; sin pelos en la lengua no hace mucho tiempo el exministro de igualdad de Colombia Juan Carlos Flori&aacute;n Silva; y en versi&oacute;n gen&eacute;rica masculina (&ldquo;un marica&rdquo;), impuesta por el sexo biol&oacute;gico de la persona designada: v. gr., &ldquo;No me asustas, marica, que eres un marica, todo el barrio lo sabe&rdquo; (<strong>Juan Mars&eacute;</strong>). Precisamente para acomodar la concordancia del nombre a la concordancia del determinante <em>un</em>, <em>el</em> o cualquier otro que lo acompa&ntilde;e, o simplemente para hacer justicia a la condici&oacute;n sexual de la persona designada, surgi&oacute; en Hispanoam&eacute;rica la forma masculina <em>marico </em>(<em>un </em>(<em>el</em>, <em>este&hellip;</em>)<em> marico</em>), que los diccionarios de americanismos suelen definir como &ldquo;marica&rdquo;, sin m&aacute;s, y que presenta la sustancia de base orientada hacia dentro o de forma concentrada, frente a la forma femenina <em>marica</em>, que la presenta orientada hacia fuera o expandida. Por esto, no se pude decir que tengan ambas variantes gen&eacute;ricas de nuestra voz el mismo significado. En <em>marica </em>se pone el acento m&aacute;s en el componente femenino de la significaci&oacute;n b&aacute;sica o nuclear que el t&eacute;rmino implica que en el masculino; en <em>marico</em>, al rev&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Obviamente, en estas nuevas funciones referenciales, pierde nuestra palabra su condici&oacute;n de nombre propio, de nombre identificador de una persona determinada, y se convierte en nombre com&uacute;n, en nombre de clase. De <em>lexicalizaci&oacute;n</em> habla la teor&iacute;a del lenguaje en estos casos. Lo que significa <em>marica</em> (ahora con min&uacute;scula) es, repetimos, &lsquo;hombre afeminado&rsquo;, con, al menos, las tres acepciones que acabamos de definir, con mayor o menor carga despectiva. Que el hombre, considerado tradicionalmente sexo fuerte o dominante, sea designado mediante un nombre de mujer, tradicionalmente reputado como sexo d&eacute;bil o dominado, un nombre que, adem&aacute;s, encarna los valores m&aacute;s esenciales de la feminidad o mujeridad, no puede dejar de interpretarse como una degradaci&oacute;n o injuria de grueso calibre; sobre todo, para el macho hisp&aacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        Definida la hombr&iacute;a desde el punto de los atributos sexuales y la fuerza bruta exclusivamente, se daban todas las condiciones para que la patriarcal o machista sociedad tradicional excluyera al hombre homosexual del &aacute;mbito de lo masculino y lo encerrara en el &aacute;mbito de lo femenino, como si la homosexualidad fuera un hecho contra natura, una transgresi&oacute;n de la ley de Dios o una patolog&iacute;a que hay que tratar cl&iacute;nicamente y la mujer un ser inferior. De ah&iacute; el car&aacute;cter pecaminoso que les atribu&iacute;a a estas pr&aacute;cticas sexuales, las penas de c&aacute;rcel e incluso m&aacute;s severas con que se las condenaba anta&ntilde;o y se las sigue condenando en la actualidad en determinados pa&iacute;ses del mundo y las terapias que recomienda para su curaci&oacute;n. Y decimos la &ldquo;patriarcal o machista sociedad tradicional&rdquo;, porque tal valoraci&oacute;n de la homosexualidad no es ni mucho menos universal, sino propia fundamentalmente de la sociedad judeo-cristiana, como nos han hecho ver todos aquellos que han estudiado el asunto desde el punto de vista hist&oacute;rico. &ldquo;La idea de un rechazo generalizado y absoluto de cualquier tipo de contacto sexual entre personas del mismo sexo es totalmente falsa y s&oacute;lo se entiende desde la perspectiva judeocristiana del &uacute;ltimo milenio donde todo comportamiento sexual ha de ser controlado y en muchos casos reprimido o anulado&rdquo;. En efecto, se trataba de impedir que las personas homosexuales dispusieran de su propio cuerpo (que es suyo y s&oacute;lo suyo) a su voluntad y antojo, que es uno de los derechos fundamentales de cualquier ser humano. A esto hay que a&ntilde;adir, adem&aacute;s, que el binarismo tradicional no permit&iacute;a ver que, como se ha demostrado modernamente, &ldquo;lo que parece haber en la base de muchos casos de homosexualidad es un tercer sexo, una especie de alma de mujer en cuerpo de hombre&rdquo;, como afirman metaf&oacute;ricamente los especialistas en el asunto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De todas formas, pese a las potentes connotaciones peyorativas con que naci&oacute; y se ha perpetuado el t&eacute;rmino <em>marica </em>en la lengua espa&ntilde;ola, hay que decir que no faltan en el mundo hisp&aacute;nico gentes y organizaciones m&aacute;s o menos progresistas, como, por ejemplo, el autodenominado &ldquo;Movimiento de Maricas Bolivia&rdquo;, que &ldquo;llevan a cabo una lucha transversal y &rdquo;descolonial&ldquo; por la emancipaci&oacute;n sexual&rdquo; y que propugnan su regeneraci&oacute;n y normalizaci&oacute;n. No se trata realmente de &ldquo;resignificar&rdquo; la palabra, como entienden algunos, sino de limpiarla de sus connotaciones negativas o subjetivas m&aacute;s injuriosas y dejarlo reducido a su significaci&oacute;n denotativa m&aacute;s objetiva de &lsquo;hombre homosexual&rsquo;, sin m&aacute;s arreos o caireles significativos.
    </p><p class="article-text">
        Una vez consolidado como denominaci&oacute;n habitual del hombre homosexual, nuestro hipocor&iacute;stico originariamente femenino va a desarrollar dos formas derivativas primarias distintas, con connotaciones axiol&oacute;gicas radicalmente diferentes, determinadas en gran medida por la sem&aacute;ntica del sufijo que las acompa&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De una parte, el derivado diminutivo <em>mariquita</em>, donde el sufijo <em>-ito</em>, lloviendo sobre mojado, presenta la sustancia del antiguo diminutivo <em>marica</em> llegando puntualmente a su l&iacute;mite o de forma perfecta, con un matiz m&aacute;s o menos cari&ntilde;oso (o por lo menos atenuativo) del valor de base. &ldquo;El mariquita se peina / en su peinador de seda. / Los vecinos se sonr&iacute;en / en sus ventanas postreras. / El mariquita organiza / los bucles de su cabeza. / Por los patios gritan loros, / surtidores y planetas. / El mariquita se adorna / con un jazm&iacute;n sinverg&uuml;enza. / La tarde se pone extra&ntilde;a / de peines y enredaderas. / El esc&aacute;ndalo temblaba / rayado como una cebra. / &iexcl;Los mariquitas del sur / cantan en las azoteas&rdquo;, escribe Lorca en su delicada y sutil &ldquo;Canci&oacute;n del mariquita&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De otra, desarrolla nuestro otrora hipocor&iacute;stico de <em>Mar&iacute;a</em> el derivado aumentativo <em>maric&oacute;n</em>, donde el sufijo <em>-&oacute;n</em> presenta la sustancia de la base llegando de forma brusca a su l&iacute;mite, con un matiz altamente despectivo y malsonante, como dice la Real Academia Espa&ntilde;ola: v. gr., &ldquo;El gringo ese seguro que era maric&oacute;n degenerado&rdquo; (Bryce Echenique). Precisamente por el valor despectivo que moviliza el derivado que consideramos, no hubiera tenido ning&uacute;n sentido que Lorca hubiera dado a su poema citado el t&iacute;tulo de &ldquo;Canci&oacute;n del maric&oacute;n&rdquo;. A pesar de la groser&iacute;a que implica su valor (o gracias a ella), suele emplearse esta palabra frecuentemente<em> </em>en sentido metaf&oacute;rico o ir&oacute;nico, a veces, incluso con un matiz de cari&ntilde;o, camarader&iacute;a o complicidad: v. gr., &ldquo;Eso es lo que falta por desollar. &iexcl;Qu&eacute; maric&oacute;n!&rdquo; (Garc&iacute;a Pav&oacute;n).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A partir de esta variante morfol&oacute;gica primaria connotativamente negativa, han surgido a su vez nada m&aacute;s y nada menos que siete variantes morfol&oacute;gicas secundarias distintas, lo que no deja de ser una prueba del predominio del valor negativo en la familia de palabras que nos ocupa: la variante <em>maricona, </em>la variante <em>mariconcillo</em>, la variante <em>mariconcete</em>, la variante <em>mariconazo</em>, la variante <em>mariconer&iacute;a</em>, la variante <em>mariconada</em> y la variante <em>mariconear.</em>
    </p><p class="article-text">
        En la variante <em>maricona</em>, el sufijo femenino <em>-a</em> presenta la sustancia de la base orientada hacia fuera, aumentando o intensificando con esta cuantificaci&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s el sentido despectivo de partida: v. gr., &ldquo;Era una maricona mala y las mariconas malas nunca est&aacute;n de moda&rdquo; (Boris Izaguirre). Digamos que el g&eacute;nero femenino se entiende aqu&iacute; m&aacute;s en sentido dimensional que en sentido sexual.
    </p><p class="article-text">
        En la variante diminutiva <em>mariconcillo</em>, el sufijo <em>-illo</em> presenta la sustancia como puntualmente acabada o en estado perfecto, como el <em>-ico </em>y el <em>-ito</em> vistos antes, aunque con un punto de indeterminaci&oacute;n, que provoca un matiz cari&ntilde;oso un tanto informal o simplemente atenuativo del car&aacute;cter grosero que connota el t&eacute;rmino de base: v. gr., &ldquo;(Ten&iacute;a) fama de mariconcillo desesperado, capaz de instigar un buen pleito de cantina&rdquo; (Obando Bola&ntilde;os).
    </p><p class="article-text">
        En la variante <em>mariconcete</em>, el sufijo <em>-ete</em> presenta la sustancia de la base como alcanzando de forma difusa su l&iacute;mite, con un matiz tambi&eacute;n atenuativo de la significaci&oacute;n despectiva que la misma implica: v. gr., &ldquo;&iquest;A poco don Federico, aquel viejo medio mariconcete, conoc&iacute;a todos los intr&iacute;ngulis?&rdquo; (Arturo Azuela); &ldquo;-&iquest;Te gusta el teatro? -&iquest;Me ves a m&iacute; cara de mariconcete?&rdquo; (Gustavo Ott).
    </p><p class="article-text">
        En la variante <em>mariconazo</em>, el sufijo <em>-azo</em>, lloviendo tambi&eacute;n sobre mojado, como el <em>-ito </em>de <em>mariquita</em>, presenta la sustancia de <em>maric&oacute;n</em> como s&uacute;bitamente proyectada hasta un tope, con un matiz intensificador de la significaci&oacute;n despectiva de la base: v. gr., &ldquo;Si es que lo eres, un mariconazo. Si lo sabr&eacute; yo&rdquo; (&Aacute;ngel V&aacute;zquez). Este valor despectivo propicia que muy frecuentemente aparezca en usos metaf&oacute;ricos insultando o degradando a hombres que nada tienen que ver con la homosexualidad, como se aprecia en el texto que sigue: &ldquo;&iexcl;Porque hay temor, hay p&aacute;nico, hay miedo y porque Felipe Gonz&aacute;lez es un mariconazo, un maric&oacute;n integral&rdquo; (Jos&eacute; Mar&iacute;a Ruiz-Mateos). Por s&iacute;ncopa, de esta variante aumentativa de <em>maric&oacute;n</em> parece haber surgido la variante un tanto marginal de <em>mariconz&oacute;n </em>(acaso motivada por cruce con la forma <em>maripos&oacute;n</em>), donde la significaci&oacute;n aumentativa de la base resulta reforzada por la significaci&oacute;n de &lsquo;llegada brusca al l&iacute;mite&rsquo;, que, seg&uacute;n vimos m&aacute;s arriba, significa constante e invariablemente el sufijo espa&ntilde;ol <em>-&oacute;n</em>: v. gr., &ldquo;&iquest;En qu&eacute; ca&iacute;, comemierda? &iquest;En qu&eacute; ca&iacute;, mariconz&oacute;n?&rdquo; (Fidel Castro). Esta variante de <em>maric&oacute;n</em> suele ser definida por algunos, sin argumentos s&oacute;lidos, como &ldquo;hombre homosexual que no ha salido del armario
    </p><p class="article-text">
        En la variante <em>mariconer&iacute;a</em>, que implica en su base el no aut&oacute;nomo derivado de sentido agentivo <em>*mariconero</em>, donde el sufijo <em>-ero</em> hace que la combinaci&oacute;n se entienda como &lsquo;&aacute;mbito del que emana activamente el concepto maric&oacute;n&rsquo;, el sufijo <em>-&iacute;a</em> presenta la significaci&oacute;n del conjunto como &lsquo;emanaci&oacute;n activa&rsquo;, con el sentido de &lsquo;lo que emana de maric&oacute;n&rsquo;, significaci&oacute;n que puede entenderse tanto en el sentido de &lsquo;cualidad de maric&oacute;n&rsquo; como en el de &lsquo;acci&oacute;n propia del maric&oacute;n&rsquo;, como dicen los diccionarios al uso: v. gr., &ldquo;Cuando llegaron a sus o&iacute;dos los rumores de su mariconer&iacute;a, se dedic&oacute; a frecuentar a todas las t&iacute;as que pod&iacute;a&rdquo; (V&aacute;zquez Montalb&aacute;n).
    </p><p class="article-text">
        En la variante <em>mariconada</em>, el sufijo <em>-ada</em> presenta la significaci&oacute;n de base como resultado de <em>mariconear</em>, con la sustancia orientada hacia fuera y el sentido recto de &lsquo;acci&oacute;n propia de maric&oacute;n&rsquo; y los metaf&oacute;ricos de &lsquo;mala pasada&rsquo; y &lsquo;acci&oacute;n u objeto tenidos por afectados&rsquo;, mucho m&aacute;s frecuentes que el primero.
    </p><p class="article-text">
        Y, por &uacute;ltimo, en la variante <em>mariconear</em>, el sufijo <em>-ear</em> presenta la significaci&oacute;n de base en proceso cursivo, con los sentidos rectos de &lsquo;mantener los hombres relaciones homosexuales&rsquo; y &lsquo;buscar los hombres relaciones homosexuales&rsquo; y los metaf&oacute;ricos de &lsquo;acobardarse&rsquo; y &lsquo;tratar a alguien de mala manera&rsquo;: v. gr., &ldquo;Y &eacute;l en La Habana, dando vueltas por la Rampa y tir&aacute;ndoles besitos a los montones de locas que se paran a mariconear en la acera de Coppelia&rdquo; (&Aacute;lvarez Gil).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sabido es que, adem&aacute;s del nombre despectivo que nos ocupa y la tropa de derivados que ha desarrollado a lo largo del tiempo, que proporciona a aquel el abanico de tonos afectivos o valorativos citados, el hombre homosexual, tan mal considerado en la sociedad patriarcal o machista tradicional, por las razones aducidas m&aacute;s arriba, ha recibido, a veces seg&uacute;n regiones o registros ling&uuml;&iacute;sticos, otras denominaciones metaf&oacute;ricas, asimismo altamente peyorativas, entre las que destacan <em>maripos&oacute;n, sarasa, pervertido, p&aacute;jaro, invertido, adelaida, afeminado, sodomita</em>, <em>bujarr&oacute;n, bujarra, trolo, papaya, camar&oacute;n, cholo, se&ntilde;orito, puto, culero, raro, loca, pato, amapola, cabro</em>, etc., como puede comprobarse en cualquier diccionario gay m&iacute;nimamente documentado, que se encuentran tan cargadas de connotaciones injuriosas y hom&oacute;fobas como los mencionadas <em>marica</em> y derivados vistos m&aacute;s arriba. Obviamente, cada una de ellas presenta sus propios matices expresivos y su propia historia sem&aacute;ntica, que, por razones obvias, no puedo analizar aqu&iacute;. Algunas de ellas han alcanzado incluso dignidad literaria, como pone de manifiesto la controvertida &ldquo;Oda a Walt Whitman&rdquo; de Lorca, que pretende reivindicar una homosexualidad m&aacute;s aut&eacute;ntica y natural que la tradicional, tan mal vista y hasta mal asumida a veces, en buena medida por culpa de la sem&aacute;ntica connotativa de los t&eacute;rminos que la designan: &ldquo;Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos / gotas de sucia muerte con amargo veneno. / Contra vosotros siempre, / Faeries de Norteam&eacute;rica, / P&aacute;jaros de La Habana, / Jotos de M&eacute;jico, / Sarasas de C&aacute;diz, / Apios de Sevilla, / Cancos de Madrid, / Floras de Alicante, / Adelaidas de Portugal&rdquo;. &ldquo;Con Whitman -se nos indica en el bloc &rdquo;Historia LGBT&ldquo;- todo cambi&oacute; porque con &eacute;l Lorca encontr&oacute; un nuevo referente. La virilidad, la fraternidad y la camarader&iacute;a, la admiraci&oacute;n del cuerpo masculino, la aceptaci&oacute;n de uno mismo y la expresi&oacute;n propia, la reivindicaci&oacute;n de la homosexualidad, la defensa de los oprimidos y de los explotados son, en esencia, las caracter&iacute;sticas de un nuevo referente que acab&oacute; de construir a Federico, dotando de coherencia a su realidad y a sus aspiraciones&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Precisamente para evitar las lamentables connotaciones que todos estas voces hom&oacute;fobas implican, prefiere el llamado <em>lenguaje inclusivo</em> de hoy, que &ldquo;busca evitar el uso de t&eacute;rminos discriminatorios y promover una comunicaci&oacute;n m&aacute;s respetuosa hacia las personas&rdquo;, hablar, no de <em>maricas, mariquitas </em>o <em>maricones</em>, sino de <em>gays </em>(palabra que, curiosamente, por etimolog&iacute;a popular se convierte en boca de algunos en <em>guais </em>&lsquo;muy buenos&rsquo;, con el cambio sem&aacute;ntico que ello implica), voz anglosajona (procedente, a su vez, del franc&eacute;s antiguo <em>gai </em>&lsquo;placentero, alegre&rsquo;), que, pese a su origen tambi&eacute;n despectivo (seg&uacute;n dice algunos, naci&oacute; en las c&aacute;rceles norteamericanas para designar a los homosexuales de forma peyorativa), presenta una sem&aacute;ntica mucho m&aacute;s neutra que las denominaciones citadas. De &ldquo;fiesta del orgullo gay&rdquo; se habla hoy en cualquier medio y lugar del mundo hisp&aacute;nico sin que nadie se escandalice por ello. No obstante esto, no hay que lanzar las campanas al vuelo, pues, como la homosexualidad es una realidad que no termina todav&iacute;a de ser aceptada por parte de la poblaci&oacute;n, tambi&eacute;n el neologismo que nos ocupa empieza a adquirir ya en el discurso de &uacute;ltima hora ciertas connotaciones negativas, sobre todo cuando se emplea como burla en aquellos contextos sociales en que se sigue rechazando la forma de querer que nos ocupa. Adem&aacute;s de esto, debe tenerse en cuenta que, incluso dentro del c&iacute;rculo de los interesados, tiene detractores la voz <em>gay</em>, por las connotaciones de cultura de los blancos que implica su origen anglosaj&oacute;n, que har&iacute;a suponer que la homosexualidad s&oacute;lo pertenece a los blancos, y no a los negros, a los amarillos, a los cobrizos y a los malayos, como se dec&iacute;a antes.
    </p><p class="article-text">
        La controversia que comentamos es la que explica que haya personas que piensen que el tipo de relaci&oacute;n sexual en cuesti&oacute;n no necesita de nombre alguno. La homosexualidad es una pr&aacute;ctica que, como la heterosexualidad, la ideolog&iacute;a, los gustos o la religi&oacute;n, pertenece a la vida &iacute;ntima de cada cual, en la que nadie tiene derecho a entrar ni a opinar. Para ejercerla, s&oacute;lo se requiere el consentimiento del otro. Si no hay un nombre espec&iacute;fico para designar a las personas que se acuestan con personas del sexo opuesto (<em>heterosexual</em> es voz que s&oacute;lo existe porque existe <em>homosexual</em>), de otra raza o de edad distinta de la suya (excepto que se trate de ni&ntilde;os, que entonces entramos en el terreno del delito, en el terreno de la abominable pederastia), o a las que practican el sexo en posici&oacute;n del misionero o en forma del salto de la rana, por poner un par de ejemplos simplones, sin la m&aacute;s m&iacute;nima intenci&oacute;n de hacer gracia, &iquest;por qu&eacute; tiene que haberlo para se&ntilde;alar o acusar al hombre que se acuesta con otros hombres? Y se comprende que haya gente que plantee las cosas de esta manera, pues, como es el nombre el que genera los prejuicios en cuesti&oacute;n, muerto el perro se acab&oacute; la rabia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Claro que una soluci&oacute;n an&oacute;nima de esta naturaleza dif&iacute;cilmente podr&aacute; convencer a aquellos que consideran que la homosexualidad no plantea s&oacute;lo un problema de relaciones sexuales, sino tambi&eacute;n un problema de identidad social y hasta pol&iacute;tica, que hay que organizar en movimientos para reivindicar sus derechos y lograr las mayores cotas de poder posibles. En este caso, no cabe ninguna duda de que palabras, palabras objetivas, palabras limpias del polvo y la paja de los prejuicios, son imprescindibles para poder articular el discurso que se intenta transmitir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/marica-aspectos-linguisticos-eticos-nombre-problematico_132_13212145.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 May 2026 13:29:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[‘Marica’: aspectos lingüísticos y éticos de un nombre problemático]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La aspiración del habla canaria: ¿flojera fonética?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/aspiracion-habla-canaria-flojera-fonetica_132_13194331.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La mayor parte de las aspiraciones de las lenguas humanas son soluciones naturales de transición. No se trata de degeneraciones, enfermedades, virus o carcomas del sistema fonológico, como suele creerse habitualmente
</p></div><p class="article-text">
        Tras el llamado <em>seseo </em>(fen&oacute;meno consistente en pronunciar como /s/ dorsal las dos consonantes sibilantes de la lengua espa&ntilde;ola), es la aspiraci&oacute;n de los sonidos que se citan a continuaci&oacute;n el rasgo m&aacute;s destacado de la pronunciaci&oacute;n de los canarios. En primer lugar, la aspiraci&oacute;n de la /s/ que aparece a final de s&iacute;laba. As&iacute;, salvo los hablantes m&aacute;s viejos de <strong>El Hierro</strong>, dicen los isle&ntilde;os, /loh much&aacute;choh/ y /lah n&iacute;&ntilde;ah/, en lugar de /los much&aacute;chos/ y /las n&iacute;&ntilde;as/. En la actualidad, cuando la palabra que sigue a esta /s/ empieza por vocal, la aspiraci&oacute;n suele pasar a inicial de la s&iacute;laba siguiente (es decir, a explosiva). As&iacute;, es frecuente o&iacute;r, entre los j&oacute;venes, sobre todo, pronunciaciones como /lo h&aacute;rboles/, /lo h&oacute;hoh/ y /la h&oacute;cho/, en lugar de /loh &aacute;rboleh/, /loh &oacute;hoh/ y /lah &oacute;cho/ o /lo s&aacute;rboleh/, /lo s&oacute;hoh/ y /la s&oacute;cho/, que es como dicen los hablantes de mayor edad. En segundo lugar, la aspiraci&oacute;n de la consonante r cuando aparece ante las consonantes /n/ o /l/. As&iacute;, en las islas orientales y <strong>La Gomera</strong>, se dice, por ejemplo, /c&aacute;hne/ y /c&aacute;hloh/, en lugar de /c&aacute;rne/ y /c&aacute;rlos/. En tercer lugar, se aspira en Canarias el antiguo sonido palatal fricativa /sh/, que en castellano devino jota (/x/). As&iacute;, se dice /<em>d&iacute;ho/</em> y <em>/h&eacute;mir/</em>, en lugar de los antiguos /d&iacute;xo/ y /xem&iacute;r/. Y, por &uacute;ltimo, se aspira asimismo la f inicial de determinadas palabras populares, exactamente igual que en el castellano antiguo. As&iacute;, se suele decir /hirib&iacute;lla/ y /hedi&oacute;ndo/, en lugar de los originales /ferb&iacute;lla/ (de procedencia portuguesa)<em> </em>y /fedi&oacute;ndo/ (del lat. *<em>foetibundum</em>).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque se trata de una pr&aacute;ctica duramente criticada por los puristas m&aacute;s recalcitrantes, estas aspiraciones no dejan de tener su justificaci&oacute;n idiom&aacute;tica.<em> </em>Como se sabe desde el siglo XIX, por lo menos, las lenguas humanas se rigen por la ley del menor esfuerzo. Si el hablante puede comunicar su mensaje con dos palabras, no emplea tres. De ah&iacute; la tendencia que manifiesta la expresi&oacute;n oral a relajarse y acortarse cada vez m&aacute;s, hasta donde lo permita la comprensi&oacute;n de lo que se necesita o se quiere transmitir. Y este relajamiento o acortamiento expresivo es tanto mayor cuanto m&aacute;s cohesionada y cerrada sea la comunidad hablante de que se trata, pues, como parte de la informaci&oacute;n que se pone en com&uacute;n se halla presente en el contexto, o pertenece al conocimiento del mundo compartido por hablante y oyente, poco esfuerzo idiom&aacute;tico basta para hacerse entender.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el plano de la expresi&oacute;n, el relajante m&aacute;ximo es precisamente la aspiraci&oacute;n, que reduce diversos sonidos (sobre todo, los llamados <em>continuos</em> (/s/, /f/, /x/ y /r/), principalmente cuando aparecen a final de s&iacute;laba, que es posici&oacute;n muy d&eacute;bil, a un mero &ldquo;ruido producido por el roce del aire con los pliegues vocales cuando estos se encuentran muy pr&oacute;ximos, pero no cerrados&rdquo;. Es lo que ocurri&oacute; en griego antiguo, donde abland&oacute; la /s/ explosiva indoeuropea, convirti&eacute;ndola en esp&iacute;ritu fuerte (v. gr., /hept&aacute;/, /h&aacute;ls/ y /h&eacute;lios/), consonante que se conserv&oacute;, sin embargo, en otras lenguas indoeuropeas, como el lat&iacute;n, por ejemplo, donde se dec&iacute;a /s&eacute;ptem/, /s&aacute;l/ y /s&oacute;l/. Es lo que ocurri&oacute; en la vieja Castilla, donde abland&oacute; la /f/ inicial de palabra de la lengua madre, al parecer, por influencia del vasco. As&iacute;, los verbos latinos /fabul&aacute;re/ y /fac&eacute;re/, por ejemplo, devinieron en /habl&aacute;r/ y /hac&eacute;r/, respectivamente. Es lo que ocurri&oacute; en Francia, donde se aspiraron todas las /s/ finales de s&iacute;laba. As&iacute;, los antiguos /m&eacute;sme<em>/ </em>(del lat&iacute;n <em>metipse</em>) y /p&aacute;ste/<em> </em>se convirtieron en /m&eacute;hme/ y /p&aacute;hte/, respectivamente. Y es lo que ocurre en la Canarias moderna y otras partes del mundo hisp&aacute;nico, donde, como se&ntilde;al&eacute; al principio del art&iacute;culo, se aspiran la /s/<em> </em>final de s&iacute;laba, la /r/<em> </em>que aparece seguida de /n/<em> </em>o /l/, el antiguos sonido palatal fricativo /sh/ y la /f/<em> </em>inicial latina y de otros or&iacute;genes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, como la aspiraci&oacute;n no es, por lo general, otra cosa que una juntura, como dicen los fon&oacute;logos, un sonido de uni&oacute;n entre una palabra y otra o entre una s&iacute;laba y otra, y no un sonido aut&oacute;nomo (por eso afecta a consonantes tan diversas), termina en muchos casos alterando de forma m&aacute;s o menos dr&aacute;stica los fonemas y la pronunciaci&oacute;n propia de sus v&iacute;ctimas. Unas veces, eliminando el sonido aspirado. As&iacute;, en castellano, actu&oacute; como revulsivo de la desaparici&oacute;n de la /f/ inicial de las palabras del lat&iacute;n vulgar. Por eso dice hoy la mayor&iacute;a de los hispanohablantes /abl&aacute;r/ y /ac&eacute;r/, y no /habl&aacute;r/ y /hac&eacute;r/. En el franc&eacute;s y el espa&ntilde;ol de Canarias, como principio de la desaparici&oacute;n de la /s/<em> </em>final de s&iacute;laba. Por eso dicen hoy los franc&oacute;fonos /m&eacute;m<em>/</em> y /pat&eacute;/, y no /m&eacute;hme/ y /p&aacute;hte/, y determinados hablantes canarios /lo kuch&iacute;llo/ (o, mejor, /lo guch&iacute;llo/, con la velar /k/ sonorizada), y no /loh kuch&iacute;lloh/. Otras veces, asimil&aacute;ndose al sonido que sigue, tens&aacute;ndolo o abri&eacute;ndolo en mayor o menor medida. Es el caso del habla grancanaria, por ejemplo, donde la aspiraci&oacute;n procedente de s final de s&iacute;laba ha reforzado los sonidos /b/, /d/, /g/ y /y/ de la s&iacute;laba o palabra que viene a continuaci&oacute;n. Por eso dicen los grancanarios /lo bbarr&aacute;nkoh/ (los barrancos&ldquo;), /la gg&oacute;mah/ (&rdquo;las gomas&ldquo;), /d&oacute; dd&oacute;nuh/ (&rdquo;dos donuts&ldquo;) y /&uacute;no yy&aacute;teh/ (&rdquo;unos yates&ldquo;), en lugar de /loh barr&aacute;nkoh/, /lah g&oacute;mah/, /d&oacute;h d&oacute;nuh/ y /&uacute;noh y&aacute;teh/, respectivamente, dando lugar a una serie de sonidos nuevos; a una serie de sonidos sonoros tensos, que es una de las caracter&iacute;sticas m&aacute;s relevantes de la pronunciaci&oacute;n grancanaria y de las zonas que se encuentran bajo su radio de acci&oacute;n m&aacute;s inmediata, como Fuerteventura y Lanzarote. Y otras veces, por &uacute;ltimo, aumentando el grado de abertura de la vocal que le precede. Es lo que sucede en el &aacute;mbito de la Andaluc&iacute;a oriental, donde la fuerza articulatoria de la aspiraci&oacute;n de /s/ ha devenido en abertura de la vocal anterior, hasta el punto de que el hablante interpreta esta vocal abierta como marca de plural en aquellos casos en que es la /s/ de plural el sonido afectado por el fen&oacute;meno fon&eacute;tico que nos ocupa. /lo: kab&aacute;llo:/ y /la: karret&eacute;ra:/, en lugar de /loh kab&aacute;lloh/ y /lah karret&eacute;rah/, se oye decir sistem&aacute;ticamente a los granadinos y a los almerienses, por ejemplo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Queda claro, por tanto, que la mayor parte de las aspiraciones de las lenguas humanas son soluciones naturales de transici&oacute;n. No se trata de degeneraciones, enfermedades, virus o carcomas del sistema fonol&oacute;gico, como suele creerse habitualmente. Tampoco est&aacute;n las aspiraciones determinadas por una supuesta flojera o aplatanamiento de los hablantes que las usan. Es m&aacute;s bien un revulsivo fon&eacute;tico, un revulsivo que regula la pronunciaci&oacute;n tradicional, eliminando lo que los hablantes consideran superfluo o convirtiendo en simult&aacute;neos o paradigm&aacute;ticos rasgos que fueron sucesivos o sintagm&aacute;ticos, que requieren mayor gasto de energ&iacute;a articulatoria que aquellos. Mecanismo, por tanto, consustancial al idioma, determinado por la ley del menor esfuerzo, que preside todo hablar natural; ese que no tiene otro objetivo que comunicarse con el pr&oacute;jimo a la pata la llana o a como salga. Tanto alcance tiene el fen&oacute;meno que nos ocupa, que divide los dialectos de las lenguas y hasta las lenguas mismas en dos grupos radicalmente distintos: dialectos o lenguas de habla tensa y dialectos o lenguas de habla relajada. En el mundo hisp&aacute;nico, el espa&ntilde;ol de Castilla y el espa&ntilde;ol de las tierras altas de Am&eacute;rica son modalidades de habla tensa, hablas libres de aspiraci&oacute;n, en tanto que el espa&ntilde;ol de Andaluc&iacute;a, el espa&ntilde;ol de las tierras bajas de Am&eacute;rica y el espa&ntilde;ol de Canarias, modalidades de habla relajada, hablas donde la aspiraci&oacute;n campa por sus respetos.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/aspiracion-habla-canaria-flojera-fonetica_132_13194331.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 May 2026 16:17:18 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La aspiración del habla canaria: ¿flojera fonética?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las palabras son de todos: el falso problema de los préstamos lingüísticos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/palabras-son-falso-problema-prestamos-linguisticos_132_13175407.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c333bc39-0a1c-4695-b908-3bd3d1f875dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las palabras son de todos: el falso problema de los préstamos lingüísticos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En palabras como la inglesa ‘football’, la francesa ‘souvenir’, la española ‘siesta’ o la mejicana ‘chocolate’, por ejemplo, nos identificamos, reconocemos y comulgamos buena parte de los habitantes de la tierra. Sin los préstamos lingüísticos, perdería la humanidad uno de los cementos más poderosos de su solidaridad
</p></div><p class="article-text">
        Arraigada se encuentra en las sociedades humanas la creencia de que las palabras extranjeras empobrecen y corrompen al mismo tiempo las lenguas que las adoptan. &ldquo;Una lengua esmerada debe estar libre de vulgarismos, extranjerismos y palabras malsonantes&rdquo;, vienen repitiendo los puristas espa&ntilde;oles desde tiempos inmemoriales. &ldquo;Si continuamos como hasta ahora y se van extendiendo estas y otras varias especies de galicismos (&hellip;), el feliz resultado de tantas y tan graves innovaciones habr&aacute; de ser la formaci&oacute;n de un idioma nuevo, dialecto franc&eacute;s con pronunciaci&oacute;n castellana&rdquo;, llev&oacute; a profetizar el escritor espa&ntilde;ol Juan Eugenio Hartzenbusch hacia mitad del siglo XIX, alarmado por la entrada de palabras francesas en la lengua espa&ntilde;ola. Conocidos de todos son los anatemas y las soflamas que contra los omnipresentes anglicismos se lanzan un d&iacute;a s&iacute; y otro tambi&eacute;n desde las instituciones acad&eacute;micas, los libros de estilo y hasta las p&aacute;ginas de los peri&oacute;dicos en todos o casi todos los pa&iacute;ses del planeta Tierra. &ldquo;Guerra despiadada al anglicismo vicioso&rdquo; es el lema del <em>Diccionario de anglicismos </em>de Ricardo J. Alfaro. &ldquo;Sustituir con la palabra <em>comit&eacute;</em> la de <em>comisi&oacute;n</em> o de <em>junta</em>, decir <em>debut</em> en lugar de <em>estreno</em>, <em>revancha</em> por <em>desquite</em>, <em>noveaut&eacute;s </em>por <em>g&eacute;neros nuevos</em>, <em>corbeille</em> por <em>canastillo</em>, <em>cab&aacute;</em> por <em>esportilla</em>, <em>cadeau</em> por <em>regalo</em> o <em>fineza</em>, <em>tableau</em> por <em>cuadro</em>, <em>trousseau</em> por <em>galas de novia</em>, <em>bijouterie</em> por <em>joyer&iacute;a</em>, <em>toilette </em>y <em>soire&eacute;</em> por <em>tocado</em> y <em>sarao</em>, no es enriquecer nuestro idioma, sino introducir en &eacute;l voces que ni le hacen falta ni suenan bien&rdquo;, hab&iacute;a sentenciado categ&oacute;ricamente antes el citado Hartzenbusch.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de pareceres que carecen del m&aacute;s m&iacute;nimo fundamento cient&iacute;fico. En realidad, es todo lo contrario de lo que en ellos se plantea. Visto el asunto libre de chovinismos trasnochados, los pr&eacute;stamos extranjeros ni empobrecen ni desvirt&uacute;an las lenguas que los adoptan, sino que las enriquecen y fortifican en su identidad f&oacute;nica, gramatical y l&eacute;xica.
    </p><p class="article-text">
        Por un parte, no las empobrecen, sino que las enriquecen, por tres razones fundamentales:
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, porque introducen en la cultura que los acoge realidades nuevas; realidades pertenecientes al mundo de la industria, la prensa, el comercio, la mar, el vestido, la ciencia, el cine, los deportes, los viajes o las relaciones internacionales, por ejemplo, creadas por otros pueblos y que, por ser invenciones del ingenio de la especie, a todos pertenecen por igual. El mundo lo construimos entre todos de forma m&aacute;s o menos solidaria y, por tanto, justo es que consideremos del com&uacute;n toda creaci&oacute;n humana. Como dice el citado Alfaro respecto de los anglicismos, &ldquo;muchos de los neologismos corrientes han surgido de la necesidad de dar nombre a cosas desconocidas o inexistentes, de traducir t&eacute;rminos nuevos venidos del ingl&eacute;s e impuestos por los descubrimientos, los inventos, la t&eacute;cnica, la industria, las costumbres, las transformaciones en los movimientos ideol&oacute;gicos o est&eacute;ticos, en una palabra, las novedades de todo linaje que han tenido nacimiento en los grandes centros anglosajones de la civilizaci&oacute;n&rdquo;. Es lo que ocurre con<em> </em>el anglicismo <em>pendrive</em>, el italianismo <em>salami </em>y el rusismo<em> estepa</em>, que trajeron consigo tres realidades desconocidas a la cultura hisp&aacute;nica: un pr&aacute;ctico dispositivo electr&oacute;nico para el almacenamiento de datos, un suculento tipo de salchich&oacute;n y una especie de erial llano y muy extenso.<em> </em>&iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a de la cultura espa&ntilde;ola sin las miles de aportaciones agr&iacute;colas, administrativas, culturales, etc&eacute;tera, que hicieron los &aacute;rabes, los franceses o los ingleses, por ejemplo? &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a del vasco sin la gran aportaci&oacute;n l&eacute;xica de la lengua espa&ntilde;ola, que ha impregnado de forma decisiva todos sus campos sem&aacute;nticos? &ldquo;Toda, absolutamente toda la civilizaci&oacute;n que poseemos los vascos&rdquo; -declara Miguel de Unamuno-, &ldquo;se la debemos al cristianismo y a los pueblos extra&ntilde;os: ellos nos han civilizado&rdquo;. Si los pr&eacute;stamos ling&uuml;&iacute;sticos fueran una degeneraci&oacute;n idiom&aacute;tica, y no un fen&oacute;meno natural, &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;a explicarse que existan por miles en tantas lenguas del mundo?
    </p><p class="article-text">
        Cuanto m&aacute;s conservadora y retr&oacute;grada es una sociedad, m&aacute;s se opone a la entrada de voces for&aacute;neas. Por eso suelen ser tan perseguidas por las dictaduras y los nacionalismos excluyentes, sean del signo que sean, que aspiran a mantener incontaminadas las esencias patrias, para que nadie les dispute el poder. Es lo que ocurri&oacute; en la dictadura de Franco, donde no s&oacute;lo se sustituyeron los nombres de las calles y plazas de los pueblos y ciudades del pa&iacute;s de entonces por otros afines a la ideolog&iacute;a de los vencedores, como suele ser habitual en todo cambio de r&eacute;gimen o de gobierno, sino que tambi&eacute;n se cambiaron muchas de las palabras del vocabulario com&uacute;n que sonaban extra&ntilde;as a los rudos o&iacute;dos de los fan&aacute;ticos del nuevo orden, como la ensalada rusa, que se convirti&oacute; en &ldquo;ensalada nacional&rdquo;, o la tortilla francesa, que pas&oacute; a denominarse simplemente &ldquo;tortilla&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, no empobrecen los pr&eacute;stamos extranjeros las lenguas que los adoptan, sino que las enriquecen, porque, incluso aquellos pr&eacute;stamos que algunos llaman &ldquo;superfluos, viciosos o injustificados&rdquo;, que son los que no aportan ni referentes ni informaci&oacute;n denotativa nuevos, introducen matices expresivos o connotativos absolutamente desconocidos en la lengua de llegada. &ldquo;En la medida en que son t&eacute;rminos tomados de una lengua extranjera son susceptibles de introducir connotaciones especiales relacionadas con la idiosincrasia de sus hablantes y de la posici&oacute;n pol&iacute;tica del pa&iacute;s de origen&rdquo;, dice con raz&oacute;n F&eacute;lix Rodr&iacute;guez Gonz&aacute;lez en una reciente monograf&iacute;a sobre los anglicismos en espa&ntilde;ol. Es lo que ocurre en el caso del tan tra&iacute;do y llevado <em>bullying</em>, que, aunque se refiere a algo que ya tiene nombre en espa&ntilde;ol, que es el acoso (sea del tipo que sea), a&ntilde;ade matices connotativos jur&iacute;dicos y del mundo moderno que no tiene el t&eacute;rmino patrio con que compite. Por eso, no se puede decir que sea exactamente lo mismo <em>bullying</em> que <em>acoso</em>. Estos pr&eacute;stamos muchas veces reputados &ldquo;innecesarios, pedantes, extranjerizantes o propios de papanatas seducidos por la moda de lo ingl&eacute;s&rdquo; por puristas de todas las layas, juegan un papel fundamental en la historia de las lenguas humanas, porque permiten dar fuerza expresiva a la denominaci&oacute;n de las realidades de siempre. <em>Espoiler </em>tiene m&aacute;s fuerza expresiva que <em>destripe</em>; <em>hacker</em>, m&aacute;s que <em>pirata inform&aacute;tico</em>; <em>outfit</em>, m&aacute;s que <em>conjunto de ropa o atuendo</em>; <em>lawfare, </em>m&aacute;s que <em>instrumentalizaci&oacute;n pol&iacute;tica de la justicia</em>; y <em>software</em>, m&aacute;s que <em>conjunto de reglas de los ordenadores</em>.<em> </em>El nombre extranjero proporciona a la expresi&oacute;n un halo de prestigio que no tiene el nacional correspondiente. Adem&aacute;s, sucede que, en muchos casos, estos pr&eacute;stamos, en principio meramente connotativos, terminan desarrollando sentidos denotativos que no ten&iacute;an en origen. Es el caso de los m&aacute;s arriba citados <em>bisuter&iacute;a </em>y <em>salami</em>, que, aunque en principio se entendieron respectivamente en el sentido de salchich&oacute;n y joyer&iacute;a, como en la lengua de partida, con el tiempo, terminaron especializ&aacute;ndose en los sentidos m&aacute;s espec&iacute;ficos de &ldquo;joyer&iacute;a hecha de materiales no preciosos&rdquo; y &ldquo;determinado tipo de salchich&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, en tercer lugar, no empobrecen los pr&eacute;stamos extranjeros las lenguas naturales que los adoptan, sino que las enriquecen, porque les proporcionan ra&iacute;ces l&eacute;xicas nuevas, antes desconocidas para ellas. Es el caso de la lengua espa&ntilde;ola, que engros&oacute; su caudal l&eacute;xico con ra&iacute;ces in&eacute;ditas, como <em>f&uacute;tbol</em>- &ldquo;balompi&eacute;&rdquo;, presente en formas como <em>f&uacute;tbol, futbol&iacute;n, futbolero, futbolista</em>&hellip;, <em>asesin- </em>&ldquo;quitar la vida de forma ilegal&rdquo;, presente en formas como <em>asesino, asesinar, asesinato</em>, y <em>estraperl- </em>&ldquo;comercio ilegal&rdquo;, presente en formas como <em>estraperlo, estraperlista, estraperlear</em>&hellip;,<em> </em>que proceden, respectivamente, del nombre ingl&eacute;s <em>football</em> &ldquo;balompi&eacute;&rdquo;, el nombre &aacute;rabe <em>hassasin </em>&ldquo;adicto al hach&iacute;s&rdquo; y el nombre alem&aacute;n <em>Straperlo</em> &ldquo;especie de ruleta cuya suerte pod&iacute;a ser gobernada por la banca&rdquo;, procedente a su vez de la lexicalizaci&oacute;n del nombre propio de sus creadores: <em>Strauss </em>y <em>Perlo</em>. &iquest;C&oacute;mo devinieron estos nombres extranjeros en las mencionadas ra&iacute;ces l&eacute;xicas espa&ntilde;olas? El primero de ellos, simplificando la sintaxis, y el segundo y el tercero, formalizando un rasgo de contenido circunstancial de la forma originaria: <em>asesin-</em>, el rasgo circunstancial de &ldquo;quitar la vida de forma ilegal&rdquo;, porque determinados adictos al hach&iacute;s se dedicaban a asesinar a sus rivales pol&iacute;ticos; el segundo, el rasgo circunstancial de &ldquo;comercio ilegal&rdquo;, porque la mencionada ruleta era manipulada fraudulentamente por los que la manejaban. En este mismo apartado, hay que tener en cuenta que las palabras de una lengua pueden llegar a otra a trav&eacute;s de una tercera, que puede alterar en mayor o menor medida su valor originario. Es lo que sucedi&oacute; con el ruso <em>step</em> &ldquo;erial llano y muy extenso&rdquo;, que lleg&oacute; a la lengua espa&ntilde;ola, no directamente de la lengua originaria, sino a trav&eacute;s del franc&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por la v&iacute;a que comentamos se crearon en el espa&ntilde;ol de Canarias ra&iacute;ces l&eacute;xicas como <em>tabaib- </em>(presente en <em>tabaiba, tabaibal, tabaibera, tabaibilla&hellip;</em>)<em>, tajinast- </em>(presente en <em>tajinaste</em>&hellip;)<em>, tajoras- </em>(presente en <em>tajorase, tajorasear&hellip;</em>)<em>, gor- </em>(presente en <em>goro, gorona, tagoro, tagora, tagoror</em>&hellip;)<em>, guanil- </em>(presente en <em>guanil</em>&hellip;)<em>, tafe&ntilde;- </em>(presente en <em>tafe&ntilde;a</em>&hellip;)<em>, gofi- </em>(presente en <em>gofio, gofiero, gofiento, gofier&iacute;a&hellip;</em>)<em>, guirr- </em>(presente en <em>guirre, enguirrar&hellip;</em>)<em>, baif- </em>(presente en <em>baifo, baifudo&hellip;</em>)<em>, perinqu&eacute;n- </em>(presente en <em>perinqu&eacute;n, perinquena&hellip;</em>)<em>, tafert- </em>(presente en <em>taferte&hellip;</em>)<em>,</em> <em>jeit- </em>(presente en <em>jeito, ajeitar, ajeitado&hellip;</em>)<em>, mill- </em>(presente en <em>millo, millero&hellip;</em>)<em>, encarranch- </em>(presente en <em>escarranchar&hellip;</em>)<em>, entull- </em>(presente en <em>entullar, entullo&hellip;</em>)<em>, atarrac- </em>(presente en <em>atarracar, atarracado&hellip;</em>)<em>, fech- </em>(presente en <em>fechar, fecho, fechillo</em>&hellip;)<em>, chern- </em>(presente en <em>cherne, chernera&hellip;</em>)<em>, majug- </em>(presente en <em>majuga</em>&hellip;)<em>, engod- </em>(presente en <em>engodo, engodar, engodadera&hellip;</em>)<em>, majalul- </em>(presente en <em>majalulo, majalulato&hellip;</em>)<em>, fuch- </em>(presente en <em>fuchir, fuchido</em>&hellip;)<em>, t&eacute;fan- </em>(presente en <em>t&eacute;fana</em>&hellip;)&hellip;, que tienen su origen en la lengua o lenguas bereberes que se hablaban en las Islas al tiempo de la conquista, en el portugu&eacute;s que hablaban los miles de portugueses que se afincaron en Canarias una vez consumada su conquista, a finales del siglo XV, o en la lengua que hablaban los miles de esclavos moriscos que se trajeron entonces del Sahara pr&oacute;ximo a las Islas para aliviar su d&eacute;ficit poblacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los pr&eacute;stamos adquieren el alma de la lengua que los adopta, porque quien da vida a las palabras no son las denotaciones, connotaciones y referencias que reciben del exterior, sino la gram&aacute;tica y la fon&eacute;tica de su lengua. As&iacute;, las voces <em>f&uacute;tbol, alcalde </em>y <em>ma&iacute;z</em>, por ejemplo, que empleamos los hispanohablantes para designar el balompi&eacute;, la autoridad que preside el ayuntamiento y la especie de gram&iacute;nea que los cient&iacute;ficos denominan <em>Zea mays </em>no son palabras de la lengua inglesa, de la lengua &aacute;rabe o de la lengua ta&iacute;na, que es de donde los tom&oacute; respectivamente el espa&ntilde;ol, sino palabras de la lengua espa&ntilde;ola, porque tanto su significante como su significaci&oacute;n inherentes y sus denotaciones y connotaciones son propiamente espa&ntilde;oles.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una de las pruebas m&aacute;s concluyentes de que las lenguas o los dialectos naturalizan los pr&eacute;stamos que adoptan es que, muy frecuentemente, terminan emparej&aacute;ndose con los t&eacute;rminos locales correspondientes, creando as&iacute; oposiciones sem&aacute;nticas nuevas y enriqueciendo su caudal l&eacute;xico. Es lo que ocurri&oacute; en Canarias con los tantos guanchismos, portuguesismos, arabismos, etc&eacute;tera, que entraron en el habla insular inmediatamente despu&eacute;s de la conquista y colonizaci&oacute;n europeas. As&iacute; los portuguesismos <em>mojo, &ldquo;</em>salsa de aceite y vinagre, principalmente&rdquo;<em> </em>y <em>fechar,</em> &ldquo;cerrar ajustadamente&rdquo; y los guanchismos <em>gofio, </em>&ldquo;harina de cereales tostados&rdquo;<em>, baifo,</em> &ldquo;cr&iacute;a de la cabra&rdquo;<em> </em>y <em>tajorase, </em>&ldquo;macho cabr&iacute;o joven&rdquo;, por ejemplo, que pasaron a formar oposici&oacute;n sem&aacute;ntica con las voces espa&ntilde;olas <em>salsa</em>, que se especializ&oacute; en el sentido de &ldquo;mezcla de sustancias para aderezar la comida&rdquo;,<em> cerrar</em>, que se especializ&oacute; en el sentido de<em> </em>&ldquo;tapar la entrada&rdquo;, sin m&aacute;s<em>, harina,</em> que se especializ&oacute; en el sentido de &ldquo;polvo que resulta de la molienda de cereales no tostados&rdquo;,<em> cabrito</em>, que se especializ&oacute; en el sentido de<em> </em>&ldquo;cr&iacute;a de la cabra mientras mama&rdquo;,<em> </em>y <em>macho</em>, que se especializ&oacute; en el sentido de<em> </em>&ldquo;macho cabr&iacute;o, en general&rdquo;. Este maridaje o casamiento entre palabras nacionales y palabras de procedencia extranjera no deja de ser una prueba evidente de la reconversi&oacute;n del pr&eacute;stamo en voz nacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Queda, por tanto, demostrado que el pr&eacute;stamo extranjero es una de las fuentes m&aacute;s importantes del enriquecimiento l&eacute;xico de las lenguas naturales. No es verdad, por tanto, que los pr&eacute;stamos &ldquo;no hagan falta&rdquo;, como afirma el citado Hartzenbusch, sino todo lo contrario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este paso tan natural y frecuente de material de una lengua a otra, tanto m&aacute;s habitual en el mundo moderno, por las comunicaciones y mezclas de poblaciones inherentes a la globalizaci&oacute;n, pone de manifiesto que las lenguas naturales no son compartimentos estancos o realidades absolutamente independientes las unas de las otras, sino formas de expresarse que tienen similares fundamentos sem&aacute;nticos y formales, por mucho que puedan diferir en su realizaci&oacute;n hist&oacute;rica. Lo que une a las distintas lenguas del mundo es mucho m&aacute;s que lo que las separa, pese a que, siempre que se habla de ellas, se ponga el acento m&aacute;s sobre lo segundo que sobre lo primero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Obviamente, esto no quiere decir que en ciertos casos los pr&eacute;stamos no pueden afectar a la identidad de una lengua natural e incluso acabar con ella, pero para que eso se produzca tienen que darse dos circunstancias muy dram&aacute;ticas. Primero, que el n&uacute;mero de pr&eacute;stamos sea abrumador. Es decir, que llegue a la categor&iacute;a de invasi&oacute;n, cosa no frecuente. Y, segundo, que la lengua de adopci&oacute;n se encuentre tan debilitada, tan falta de fuerza creativa o productiva, que sea incapaz de levantar cabeza. En este caso, nos encontrar&iacute;amos ante la desaparici&oacute;n de una lengua precaria sustituida por otra m&aacute;s vigorosa. Es lo que pas&oacute; con la mencionada lengua guanche y, para poner un ejemplo m&aacute;s reciente, con la vieja lengua rom&aacute;nica de Dalmacia, el d&aacute;lmata, que terminaron siendo invadidas, primero, y eliminadas, despu&eacute;s, por la lengua espa&ntilde;ola y la lengua croata, respectivamente.
    </p><p class="article-text">
        Y, por otra parte, hay que decir que no desvirt&uacute;an o degradan los pr&eacute;stamos a las lenguas que los acogen, sino que las fortifican en su identidad, porque no son ellas las que se adaptan a las estructuras o condiciones del pr&eacute;stamo, sino a la inversa: los pr&eacute;stamos los que se adaptan a las condiciones f&oacute;nicas, gramaticales y l&eacute;xicas de las lenguas que los adoptan, dejando de ser as&iacute; palabras de la lengua de partida y convirti&eacute;ndose en palabra de la lengua llegada. Como escribe Unamuno, &ldquo;todo idioma, que es un gran organismo vivo, respira, se nutre, asimila y segrega. Todo vocablo, al pasar de un idioma a otro, sufre una alteraci&oacute;n f&oacute;nica, necesaria para adaptarse al nuevo organismo en que entra&rdquo;. El extranjerismo que no se adapta a las estructuras de la lengua receptora tiende a olvidarse y desaparecer con el paso del tiempo. Por eso, no se puede decir que sean los guanchismos <em>gofio, tafe&ntilde;a, goro, tajinaste, tajorase </em>o<em> guirre</em> (al parecer, procedentes de <em>buffi, tafedna, grur, tahinast, *tagherst </em>y <em>guirgue</em>, respectivamente) palabras de la lengua o lenguas bereberes insulares que las prestaron, sino palabras de la lengua espa&ntilde;ola, porque totalmente integradas en sus estructuras f&oacute;nicas, gramaticales y l&eacute;xicas se encuentran ya. En efecto, una vez que dichas palabras perdieron sus propiedades f&oacute;nicas, gramaticales y l&eacute;xicas originarias y adoptaron las de la lengua espa&ntilde;ola, dejaron de ser palabras bereberes y se convirtieron en palabras espa&ntilde;olas. Con su adaptaci&oacute;n .a la lengua de llegada, deja la palabra extranjera de &ldquo;sonar mal&rdquo;, al contrario de lo que sostiene Harzentbuch en el texto citado m&aacute;s arriba.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo ello pone claramente de manifiesto que, como decimos, los llamados <em>pr&eacute;stamos idiom&aacute;ticos</em> no s&oacute;lo enriquecen la lengua que los adopta, sino que, al tener que asimilarlos, tambi&eacute;n robustecen la musculatura de sus estructuras f&oacute;nicas, gramaticales y l&eacute;xicas. C&oacute;mo en la vida de los pueblos, los elementos extranjeros purifican y vivifican las lenguas, ayudando a liberarlas de las degeneraciones y malformaciones consustanciales a la endogamia.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, los pr&eacute;stamos ling&uuml;&iacute;sticos no son pr&eacute;stamos, porque nada hay que devolver. Tampoco son usurpaciones o depredaciones, porque patrimonio de todos son. Se trata de puntos de encuentro que contribuyen a dar unidad a la familia humana. En palabras como la inglesa <em>football</em>, la francesa <em>souvenir</em>, la espa&ntilde;ola <em>siesta </em>o la mejicana <em>chocolate</em>, por ejemplo, nos identificamos, reconocemos y comulgamos buena parte de los habitantes de la tierra. Sin los pr&eacute;stamos ling&uuml;&iacute;sticos, perder&iacute;a la humanidad uno de los cementos m&aacute;s poderosos de su solidaridad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/palabras-son-falso-problema-prestamos-linguisticos_132_13175407.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Apr 2026 11:07:59 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c333bc39-0a1c-4695-b908-3bd3d1f875dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="63102" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c333bc39-0a1c-4695-b908-3bd3d1f875dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="63102" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las palabras son de todos: el falso problema de los préstamos lingüísticos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c333bc39-0a1c-4695-b908-3bd3d1f875dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre verdad y mentira en sentido moral: tipología del mentiroso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/mentira-sentido-moral-tipologia-mentiroso_132_13158571.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Mentiras y mentiras por todas partes: mentiras personales, mentiras familiares, mentiras sociales y mentiras institucionales. El mundo está lleno de mentiras. Y más en los tiempos que corren, en los que lo que predomina es la hedonista filosofía superficial o frívola de “a vivir que son dos días”, tan contraria a la verdad, que habita en el fondo de las cosas, y en los que tanto protagonismo tiene lo que llamamos “nuevas tecnologías”, que han ampliado de forma exponencial la capacidad de difundir la mentira por todo el planeta
</p></div><p class="article-text">
        En el a&ntilde;o 1873 dict&oacute; un joven <strong>Nietzsche</strong> a su amigo <strong>Carl von Gersdorff </strong>unas hond&iacute;simas reflexiones sobre el problema de la verdad y la mentira, reflexiones que habr&iacute;an de publicarse en 1903 con el t&iacute;tulo de <em>Sobre verdad y mentira en sentido extramoral</em> y que, como el propio nombre indica, dejaban deliberadamente fuera de consideraci&oacute;n el important&iacute;simo problema moral que es inherente a estos dos conceptos. En realidad, lo que interesaba al fil&oacute;sofo alem&aacute;n en estas reflexiones de juventud no eran tanto los problemas pr&aacute;cticos que la verdad y la mentira implican en la vida cotidiana de la gente cuanto su problema metaf&iacute;sico: el problema metaf&iacute;sico de que el ser humano no vive en la verdad, sino en la mentira, porque el conocimiento que tiene de la realidad que lo circunda no es un conocimiento directo, sino que est&aacute; mediatizado tanto por los sentidos con que la percibe como por las met&aacute;foras ling&uuml;&iacute;sticas con que la designa. &ldquo;Los diferentes lenguajes&rdquo; -nos dice el propio autor del texto-, &ldquo;comparados unos con otros, ponen en evidencia que con las palabras jam&aacute;s se llega a la verdad ni a una expresi&oacute;n adecuada, pues, en caso contrario, no habr&iacute;a tantos lenguajes. 
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;cosa en s&iacute;&rdquo; (esto ser&iacute;a justamente la verdad pura, sin consecuencias) es totalmente inalcanzable&ldquo;. Es decir, que esas cosas que llamamos &rdquo;verdades&ldquo; en la vida real (el tiempo, el espacio, Dios, la felicidad, la casa en que vivimos o el amor o el odio que sentimos por los dem&aacute;s, por ejemplo) son &rdquo;mentiras&ldquo;, m&aacute;s que verdades, porque lo que manejamos al hablar no son ni ellas mismas ni una imagen que se les parezca, sino una representaci&oacute;n arbitraria hecha con un material ajeno a ellas, que es la significaci&oacute;n de las palabras con que las designamos y las denotamos. Mentiras &uacute;tiles, si se quiere, pero mentiras, al fin y al cabo. 
    </p><p class="article-text">
        Y no cabe ninguna duda de que las cosas son como dice el atormentado pensador alem&aacute;n. Las personas, los animales, las cosas, las cualidades y las acciones que constituyen el mundo de los humanos son s&oacute;lo creaciones de las met&aacute;foras de su lengua y de las sensaciones que captan sus sentidos a partir de ellos. Tiene, por tanto, raz&oacute;n Nietzsche cuando dice que la vida del ser humano es una entelequia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero que el ser humano no conozca las cosas tal y como ellas son en s&iacute; mismas y por s&iacute; mismas no quiere decir ni mucho menos que no haya verdades, como suelen afirmar exultantes esos simp&aacute;ticos cuestionadores de la verdad que son los pesimistas, los nihilistas y los anarquistas (<strong>Schopenhauer</strong>, <strong>Cioran</strong>, <strong>Bakunin&hellip;</strong>), tan &aacute;vidos de negaci&oacute;n los unos como los otros. Claro que hay verdades, aunque esas verdades sean en realidad el resultado de un pacto social, de un pacto entre toda la gente del mundo o parte de ella, no hechos f&iacute;sicos. Sin verdades no ser&iacute;a posible la vida. Y no me refiero, obviamente, s&oacute;lo a las verdades de opini&oacute;n o de creencia, como esas que afirman que el &uacute;nico dios verdadero, el &uacute;nico partido pol&iacute;tico democr&aacute;tico o el &uacute;nico equipo que juega bien al f&uacute;tbol, por ejemplo, es el de uno mismo, que son s&oacute;lo verdad para los que las profesan. Me refiero a verdades m&aacute;s objetivas, como, por ejemplo, las que sostienen que &ldquo;el coraz&oacute;n es la bomba de la sangre&rdquo;, &ldquo;Am&eacute;rica fue descubierta por Col&oacute;n&rdquo;, &ldquo;la declaraci&oacute;n de los derechos del hombre data de 1789&rdquo; o &ldquo;el autor de la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n naci&oacute; en Inglaterra&rdquo;, por ejemplo. Sin verdades (verdades relativas, es decir, que hemos convenido entre todos, no verdades absolutas, es decir, dadas por Dios o la naturaleza) no es posible la vida humana. Y de esta premisa voy a partir yo aqu&iacute; para abordar el important&iacute;simo problema que eludi&oacute; Nietzsche en el trabajo que acabamos de citar, que es el problema moral que plantean esas cosas tan trascendentes en la vida de los seres humanos que son la verdad y la mentira<em>.&nbsp;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; son en realidad la verdad y la mentira? Llamamos <em>verdad</em> a la coincidencia de nuestro discurso con la realidad que hemos creado con las met&aacute;foras de la lengua que hablamos y con las impresiones de los sentidos y <em>mentira </em>(expresa o t&aacute;cita o silenciosa), a la falta a esa verdad, con el prop&oacute;sito deliberado de conseguir algo m&aacute;s o menos espurio. La intenci&oacute;n de enga&ntilde;ar es fundamental en la mentira. Precisamente porque lo hacen con la intenci&oacute;n de enga&ntilde;ar a los votantes, al ciego que lo hab&iacute;a adoptado, a don Quijote y Sancho y a su marido, decimos que mienten respectivamente los pol&iacute;ticos demagogos, el protagonista del Lazarillo de Tormes, los rufianescos duques del Quijote y la Emma Bovary de <strong>Flaubert</strong>. Por el contrario, pese a lo que dice Nietzsche, no podemos decir que nos mientan los sentidos con que percibimos la realidad y la lengua con que la metaforizamos. Tampoco miente la mar al mariscador cuando, tras un rato de quietud o jac&iacute;o, suelta inesperadamente un latigazo que lo deja temblando, o el escritor a sus lectores, con sus ficciones novelescas o po&eacute;ticas. Y no mienten ni los unos ni las otras porque, a pesar de que el hombre puede sentirse enga&ntilde;ado o sorprendido con su comportamiento, no hay voluntariedad en ello. Los sentidos y la lengua se limitan a hacer de forma natural lo que pueden hacer, que es dar una versi&oacute;n determinada de la realidad, en funci&oacute;n de sus propias capacidades; la mar, a seguir los impulsos que le marcan la luna y los vientos; y los escritores, a presentar la realidad ya designada desde puntos de vista ling&uuml;&iacute;sticos in&eacute;ditos o con otras palabras, o a crear otra nueva con im&aacute;genes po&eacute;ticas. Las faltas a la verdad no intencionadas no son mentiras. En el peor de los casos, son enga&ntilde;os. Por eso ha distinguido siempre la filosof&iacute;a entre <em>paralogismo</em>, que es el razonamiento no v&aacute;lido que se hace sin intenci&oacute;n de enga&ntilde;ar, y <em>sofisma</em>, que es el que se hace con la intenci&oacute;n de hacerlo. El l&iacute;mite entre el enga&ntilde;o fortuito o no voluntario y el enga&ntilde;o premeditado, voluntario o con alevos&iacute;a o mentira es muy sutil, pero siempre existe.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Verdad y mentira son, por tanto, posturas que se adoptan ante la realidad: la verdad implica respeto a los hechos, tal y como han sido entendidos tradicionalmente por la sociedad; y la mentira, falta u ocultamiento de la verdad, sea suplantando el nombre propio de la realidad que se designa por otro distinto, sea suplant&aacute;ndola a ella misma. En el primer caso, el hablante se atiene a lo que hay en la referencia. Por eso es considerado persona cabal o &iacute;ntegra; hombre de palabra, que se dice en espa&ntilde;ol, porque la funci&oacute;n originaria de la palabra es decir la verdad. S&oacute;lo mucho despu&eacute;s de haber aprendido la hablar, empez&oacute; el hombre a mentir. Decir la verdad, o lo que uno cree que es la verdad, es obligaci&oacute;n ineludible de toda persona decente; su obligaci&oacute;n m&aacute;s sagrada, porque la verdad es lo que define a las cosas. Lo dem&aacute;s (es decir, la mentira) son tonter&iacute;as, como dir&iacute;a <strong>Machado</strong>. En el segundo caso, el sujeto sustrae la referencia o la representaci&oacute;n propia de la referencia y pone otra en su lugar, que es una mera quimera. De ah&iacute; la dificultad que tiene el mentiroso para mantener sus embustes a lo largo del tiempo. Para tener &eacute;xito en la mentira, debe poseerse buena memoria y andarse siempre con pies de plomo. &ldquo;Se coge antes a un mentiroso que a un cojo&rdquo;, dice el refranero espa&ntilde;ol. Al contrario que la verdad, que es intemporal, la mentira es temporal; su embeleco s&oacute;lo dura hasta que alguien lo descubre. El mentiroso es reo de sus mentiras. Por eso se dice que la verdad hace libre al hombre y esclavo la mentira.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El mentiroso es abominable y rastrero, por dos razones fundamentales. Primero, porque atenta contra el imperativo moral m&aacute;s importante del ser humano, que es decir la verdad. Y, en segundo lugar, es abominable y rastrero porque con ello traiciona vilmente la confianza que preside todo acto comunicativo honesto. La vida social y la comunicaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica son posibles gracias a que la gente tiene buena fe; gracias a que cree que el interlocutor o sus cong&eacute;neres van a decirle la verdad; que no tienen la intenci&oacute;n de enga&ntilde;arla ni de hacerle da&ntilde;o alguno. Si no fuera por esta buena fe, la convivencia y la comunicaci&oacute;n entre los seres humanos ser&iacute;an muy penosas y poco efectivas, porque tendr&iacute;an que andar verificando por su propia cuenta en la realidad el contenido de todo mensaje que les llegue y vigilar las intenciones de aquellos que se los han transmitido. Y lo que hace el mentiroso es precisamente traicionar esa buena fe; aprovecharse alevosamente de la circunstancia de que el interlocutor se pone incondicionalmente en sus manos. &ldquo;Al realizar nuestro entendimiento &uacute;nicamente por medio de palabras -nos dice <strong>Michel Montaigne</strong>-, aquel que la traiciona falsea la relaci&oacute;n p&uacute;blica. Es el &uacute;nico instrumento mediante el cual se comunican nuestras voluntades y nuestros pensamientos; es el portavoz de nuestra alma: si llega a faltarnos, dejamos de sostenernos entre nosotros. El que nos enga&ntilde;a rompe todo nuestro trato disolviendo todos los lazos de nuestra sociedad&rdquo;. Por eso es tan grave la mentira. Es lo que explica que la iglesia, arrimando el ascua a su sardina, la identifique con el demonio, mientras que la verdad se atribuye a la divinidad, y que haya creado un mandamiento expreso para prohibirla, el octavo mandamiento de la ley de Dios, que ordena: &ldquo;No dir&aacute;s falsos testimonios ni mentir&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y las consecuencias de la violaci&oacute;n del pacto social que comentamos no son graves s&oacute;lo para las v&iacute;ctimas. Son tambi&eacute;n graves para el mentiroso, que liquida con ella todo su cr&eacute;dito personal y social. En cuanto cogemos a alguien en una mentira, cambiamos radicalmente el concepto que tenemos de &eacute;l. &ldquo;La mentira hace al hombre odioso ante la divinidad y despreciable ante sus semejantes&rdquo;, dec&iacute;a Arist&oacute;teles. Tan sin cr&eacute;dito se queda el mentiroso, que, cuando dice la verdad, ya nadie lo cree. La vida real y la literatura est&aacute;n llenas de casos de embusteros que han terminado siendo v&iacute;ctimas de sus propias mentiras. As&iacute; el protagonista del famoso cuento tradicional &ldquo;El pastorcito mentiroso&rdquo;, que, tras perder el cr&eacute;dito de sus vecinos por sus falsos avisos acerca de la llegada del lobo, cuando este vino de veras, nadie le hizo caso y la fiera se comi&oacute; a su anchas las ovejas de su reba&ntilde;o. Ya dice el refr&aacute;n que &ldquo;quien en mentira es cogido, aunque diga verdad no es cre&iacute;do&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La mentira lo domina todo en la vida familiar, social, laboral, pol&iacute;tica y hasta personal. S&oacute;lo la naturaleza dice la verdad. En el &aacute;mbito social y familiar, se mienten los esposos cuando se juran amor eterno, por ejemplo; los padres, cuando les dicen a los ni&ntilde;os que han venido de Par&iacute;s o que los regalos del d&iacute;a seis de enero los traen unos lejanos reyes montados en camello que nadie ha visto nunca y a los hay que dejar alfalfa y agua; los hijos, cuando dicen a los padres que el chocolate que falta en la alacena se lo comieron los ratones; los falsos amigos, cuando dicen hip&oacute;critamente a los amigos que no hay gente m&aacute;s guapa e inteligente que ellos en toda la extensi&oacute;n de la Tierra; los maduritos, cuando se quitan a&ntilde;os para hacer creer a los dem&aacute;s que son m&aacute;s j&oacute;venes de lo que en verdad son. En el &aacute;mbito laboral, los trabajadores mienten a los jefes, simulando enfermedades que no tienen, para gandulear, y estos a aquellos, ocult&aacute;ndoles los beneficios de la empresa, para no subirles el jornal. En el &aacute;mbito pol&iacute;tico, los aspirantes a gobernar las instituciones mienten a los votantes, prometi&eacute;ndoles el oro y el moro, promesas que luego quedan en aguas de borrajas, y, a su vez, los votantes les mienten a ellos, prometi&eacute;ndoles un voto que al final va a parar a la cuenta del contrario. En el &aacute;mbito de los relatos de la vida personal, los narradores mienten al oyente, present&aacute;ndose como m&aacute;s ingeniosos y listos de lo que en realidad son o han sido. Y, en su fuero interno, la gente se miente a s&iacute; misma, resisti&eacute;ndose a reconocer los defectos f&iacute;sicos o de car&aacute;cter que tiene y exagerando la autoestima, para consolarse, autojustificarse o concitar la atenci&oacute;n o la admiraci&oacute;n de los dem&aacute;s. Mentiras y mentiras por todas partes: mentiras personales, mentiras familiares, mentiras sociales y mentiras institucionales. El mundo est&aacute; lleno de mentiras. Y m&aacute;s en los tiempos que corren, en los que lo que predomina es la hedonista filosof&iacute;a superficial o fr&iacute;vola de &ldquo;a vivir que son dos d&iacute;as&rdquo;, tan contraria a la verdad, que habita en el fondo de las cosas, y en los que tanto protagonismo tiene lo que llamamos &ldquo;nuevas tecnolog&iacute;as&rdquo;, que han ampliado de forma exponencial la capacidad de difundir la mentira por todo el planeta. Se urde una mentira en el coraz&oacute;n del mundo y alcanza al instante hasta a la Conchinchina, cuyas gentes se la creer&aacute;n a pies juntillas. Y con la mentira hay que tener mucho cuidado, porque con la mentira empieza la decadencia de las personas, las familias, los Estados y las civilizaciones.
    </p><p class="article-text">
        La mentira y el mentiroso se encuentran tan extendidos por el mundo, que <strong>Dante</strong> tuvo que habilitar varios c&iacute;rculos del Infierno de su famosa Comedia para abarcar fauna tan abundante y variada. As&iacute;, a los fraudulentos, aduladores, cortesanos, rufianes, seductores, simon&iacute;acos, adivinos, traficantes, hip&oacute;critas, ladrones, herejes, charlatanes y falsarios (que son tanto aquellos que toman el nombre o el aspecto de otros como los calumniadores) les dedic&oacute; nada m&aacute;s y nada menos que diez fosas en el octavo c&iacute;rculo, y a los traidores a los parientes, a la patria, a los amigos, a los hu&eacute;spedes y a los bienhechores, les dedic&oacute; cuatro en el noveno. Y hasta corto se qued&oacute;, con ser muchos los que puso.
    </p><p class="article-text">
        Las mentiras responden a m&oacute;viles y funciones tan distintos y se superponen hasta tal punto entre s&iacute;, que dif&iacute;cil resulta establecer una clasificaci&oacute;n m&aacute;s o menos homog&eacute;nea de ellas, como se comprueba en cualquier tratado de psicolog&iacute;a medianamente documentado, aunque las que se llevan la palma de oro parecen ser las siguientes: a) Las <em>mentiras viles</em>, que son las que dicen los mentirosos para obtener un dinero, un poder, un placer, un prestigio, etc., espurio o bastardo. Son los corruptos pol&iacute;ticos (es decir, los B&aacute;rcenas, los &Aacute;balos o los Koldos de todos los tiempos y lugares), los defraudadores, los violadores, los delincuentes, los criminales y los mafiosos, m&aacute;s o menos sofisticados o de mayor o menor entidad, que vemos todos los d&iacute;as de Dios entrando y saliendo de los juzgados como Perico por su casa, donde los magistrados intentan descubrir la verdad que tan tenazmente esconden, o ingresando en la c&aacute;rcel, para expiar sus penas; b) Las <em>mentiras administrativas </em>u<em> obligadas</em>, que son aquellas que cometen los mentirosos para sortear un defecto o una restricci&oacute;n irracional del sistema que sea. Son las que practican los directores o administradores de instituciones, por ejemplo, que trampean los libros de cuentas para no tener que devolver dineros no gastados, que podr&iacute;an rebajarles en el ejercicio venidero. Son los <em>mentirosos contables</em>; c) Las <em>mentiras babosas</em>, que son aquellas que dicen los mentirosos con el fin de agradar servilmente a los poderosos y conseguir privilegios de ellos. Es el tipo de mentiras que practican, por ejemplo, los aduladores o pelotas de los que ostentan el poder pol&iacute;tico, en busca de puestos de relieve, o el actual secretario general de la OTAN, que no para de besarle las botas (por no decir partes m&aacute;s soeces) al presidente de los Estados Unidos de Am&eacute;rica. 
    </p><p class="article-text">
        Se trata de mercenarios del halago, que, cuando sus v&iacute;ctimas pierden el poder, si te vi, no me acuerdo, como ponen de manifiesto, por ejemplo, los zafios criados del conde de Albrit, protagonista de <em>El Abuelo </em>de <strong>Gald&oacute;s</strong>. Es lo que el pueblo llama <em>pelotillas</em> o <em>pelotilleros</em>; d) Las <em>mentiras bulo </em>o <em>fake news</em>, como se llaman hoy, que son aquellas que se propagan an&oacute;nimamente por toda la sociedad para confundirla y aprovecharse de ella. Son las propias de los mentirosos insidiosos, como los tan de moda <em>hackers</em> <em>de sombrero negro</em>, que timan y chantajean a la gente y hacen perder o ganar elecciones de forma fraudulenta; e) Las <em>mentiras pomposas</em>, que son aquellas que dicen los mentirosos para agrandar su figura o sus cosas y sacar ventajas sobre los dem&aacute;s, atribuy&eacute;ndose m&eacute;ritos, virtudes o aptitudes que en realidad no tienen. 
    </p><p class="article-text">
        Se trata de falsificadores que crean una distorsi&oacute;n entre quienes son y quienes pretenden ser. Es el tipo de mentira que practica el pretendiente de una muchacha, para deslumbrarla; el opositor que sea, para impresionar al tribunal que juzga su competencia; la persona que narra su vida, para dejar al auditorio con la boca abierta o para ocultar sus desgracias y evitar que los dem&aacute;s se alegren por ellas; el viejo ingenuo, para disimular la ruina que el tiempo ha provocado en su cuerpo y esp&iacute;ritu; o el charlat&aacute;n que presume de se&ntilde;orito en el pa&iacute;s de otro, como los famosos &ldquo;chonis&rdquo; o &ldquo;godos&rdquo; de Canarias, los &ldquo;gachupines&rdquo; de Am&eacute;rica o los &ldquo;gabachos&rdquo; de Espa&ntilde;a. Son los mentirosos narcisistas, vanidosos, altaneros o &ldquo;fantasmillas&rdquo;, como suele llamarlos el pueblo llano; unos mentirosos tan pat&eacute;ticos, que nadie se toma en serio; f) Las <em>mentiras difamaci&oacute;n</em>, que son aquellas que dicen los mentirosos para minar la fama y reputaci&oacute;n del pr&oacute;jimo. Son, por ejemplo, las que urden los participantes en esas abominables tertulias sobre la vida privada de la jet set y otros famosillos que se emiten ininterrumpidamente por radio o televisi&oacute;n y que tanto alegran las pajarillas al personal ocioso, siempre &aacute;vido de carnaza.
    </p><p class="article-text">
         Es lo que podr&iacute;amos llamar <em>mentirosos calumniadores </em>o <em>sacacueros</em>, que han hecho de la calumnia medio de vida. Verdad es que, en general, todos murmuramos de una u otra manera cuando hablamos de los dem&aacute;s a sus espaldas, pero los mentirosos calumniadores murmuran con tanta sa&ntilde;a y ah&iacute;nco, que la murmuraci&oacute;n se ha convertido en su boca en oficio de arte mayor; g) Las <em>mentiras de ocultamiento</em>, que son aquellas que usan los mentirosos para esconder sus comportamientos reprobables o ruines, y que con harta frecuencia intentan colar como mentiras piadosas. Es el tipo de mentiras que practican los esposos infieles y otras gentes de poco fiar, por ejemplo. Por eso, podr&iacute;amos llamarlos <em>mentirosos cobardes. </em>A pesar de ello, no dejan de tener cierto cr&eacute;dito estas mentiras, como pone de manifiesto el hecho de que haya psic&oacute;logos poco compasivos con las v&iacute;ctimas que no dudan en recomendarlas, diz que para que no se rompan las parejas; h) Las <em>mentiras emocionales</em>, que son las que dicen los mentirosos para manipular a los que conviven con ellos, haci&eacute;ndoles sentir culpables de todos sus males y chantajearlos sentimentalmente. Estos diablos atormentadores de conciencias ajenas, incapaces de empat&iacute;a o remordimiento, que suelen llamar <em>soci&oacute;patas </em>los psic&oacute;logos, aunque con igual propiedad podr&iacute;an llamarse <em>t&oacute;xicos</em>, mienten con total frialdad. Son gente que necesita terapia psicol&oacute;gica; i) Las <em>mentiras grandilocuentes</em> o <em>mitoman&iacute;as</em>, que son aquellas que engrandecen exageradamente la realidad o mitifican a las gentes. Son las propias de los mentirosos mit&oacute;manos o patol&oacute;gicos, incapaces de distinguir entre la verdad y la mentira. Mienten de forma sistem&aacute;tica y sin necesidad aparente. No se dicen la verdad ni a ellos mismos. &ldquo;Mienten m&aacute;s que hablan&rdquo;, dice el refranero espa&ntilde;ol. Obviamente, en el mundo actual, el mentiroso mit&oacute;mano o patol&oacute;gico por antonomasia es <strong>Donald Trump</strong>, que ha llegado a identificarse incluso con Jesucristo. 
    </p><p class="article-text">
        Como los anteriores, tambi&eacute;n los mit&oacute;manos o mentirosos patol&oacute;gicos necesitan de terapia psicol&oacute;gica para enmendar su conducta; j) Las <em>mentiras nobles </em>(&iexcl;menudo ox&iacute;moron!), que, seg&uacute;n dice <strong>Plat&oacute;n</strong> en su <em>Politeia </em>o <em>La Rep&uacute;blica</em>, son aquellas que usan los gobernantes para garantizar el bien com&uacute;n y proteger al Estado. Son las que practican los estadistas corruptos, de los que est&aacute; lleno el mundo; k) Las <em>mentiras piadosas, blancas</em> u <em>oficiosas</em>, como las llama la iglesia, o <em>mentirijillas</em>, como las llama el pueblo llano, con diminutivo atenuador, porque cree que no hacen da&ntilde;o, que son aquellas que dicen los mentirosos para evitar disgustos o penas al pr&oacute;jimo o para darle seguridad, como, por ejemplo, la que dicen las madres para disculpar a un chico que ha suspendido un examen, cualquier hijo de vecino, para eludir la invitaci&oacute;n inoportuna de un amigo, o un invitado, para disimular la comida vomitiva con que lo obsequia su anfitri&oacute;n. Hablamos, por tanto, de mentirosos compasivos; y l) Las <em>medias verdades</em>, que son aquellas que se basan en la manipulaci&oacute;n torticera de las palabras de otros, sea sac&aacute;ndolas de contexto, sea tergivers&aacute;ndolas. Es lo propio del mentiroso chanchullero, tan abundante en el mundo de la pol&iacute;tica, donde con tanta frecuencia se confunde propaganda con verdad.
    </p><p class="article-text">
        Pero, aunque, como pone de manifiesto la clasificaci&oacute;n que acabo de hacer, ni todas las mentiras ni todos los mentirosos son iguales, todos ellos son reprobables, en mayor o menor medida. Son altamente reprobables los mentirosos corruptos, defraudadores, delincuentes, violadores, criminales, mafiosos y similares, porque, con sus mentiras viles, saquean y desacreditan las instituciones, ponen en riesgo la democracia y la convivencia, hacen un da&ntilde;o f&iacute;sico o moral enorme a sus v&iacute;ctimas y constituyen un muy mal ejemplo para la sociedad toda. Son reprobables los mentirosos contables, porque, a pesar de que lo que pretenden con sus mentiras administrativas no es el lucro personal, sino no perder capacidad de financiaci&oacute;n en la instituci&oacute;n que presiden, prologan el mal funcionamiento de las instituciones, impidiendo que sus responsables tomen conciencia de sus defectos y las enmienden. Son reprobables los mentirosos pelotas o pelotillas, porque, con sus mentiras babosas consiguen de manera innoble d&aacute;divas que no les corresponden y hacen creer a sus v&iacute;ctimas virtudes o m&eacute;ritos que no tienen. Aquellos que nos obsequian con su caridad y piedad deben ser tratados con consideraci&oacute;n y agradecimiento, no con enga&ntilde;os y falta de respeto. 
    </p><p class="article-text">
        Son reprobables los mentirosos insidiosos, tanto por la extensi&oacute;n de la confusi&oacute;n que provocan como porque, con el anonimato de sus trolas, tratan de eludir toda responsabilidad personal. Son reprobables los mentirosos narcisistas, vanidosos, altaneros o &ldquo;fantasmillas&rdquo;, porque, aunque nadie los tome en serio, con sus mentiras pomposas adulteran su personalidad, impidiendo as&iacute; que los dem&aacute;s los conozcan en lo que son en s&iacute; mismos y por s&iacute; mismos y los valoren en lo que merecen, y porque con su actitud indulgente hacia ellos mismos dan que merecer injustamente a otros, frecuentemente, mejores que ellos. Cuando una persona miente sobre s&iacute; misma, falta al respeto hacia su propia persona y hacia los dem&aacute;s. Adem&aacute;s de que, al ocultar sus defectos o ineptitudes, cierra la puerta a toda posibilidad de superar la baja estima, la inseguridad, la falta de confianza en s&iacute; mismo y el temor al rechazo, al castigo y a la cr&iacute;tica que suelen padecer. Son reprobables los mentirosos calumniadores, porque, con sus mentiras de difamaci&oacute;n, dinamitan injustamente el buen nombre y la fama de sus v&iacute;ctimas. 
    </p><p class="article-text">
        Convertir el desprestigio del pr&oacute;jimo en un medio de vida es algo repugnante y abyecto. Son reprobables los mentirosos cobardes, porque, con sus mentiras de ocultamiento, ponen de manifiesto que aspiran a perseverar en sus delitos o faltas de respeto, en lugar de arrepentirse y abjurar de ellos. Son reprobables los mentirosos soci&oacute;patas o t&oacute;xicos, porque, con sus mentiras emocionales, manipulan lo m&aacute;s sagrado del mundo, que es el afecto que le tienen los otros, para hacerles da&ntilde;o. Son reprobables los mentirosos patol&oacute;gicos o mit&oacute;manos, porque, con sus mentiras compulsivas, viven en una realidad ficticia sin sinton&iacute;a alguna con el mundo que los rodea. 
    </p><p class="article-text">
        Son reprobables los estadistas corruptos, porque, con sus mal llamadas <em>mentiras nobles</em>, para las que suelen usar infames fondos reservados o de reptiles, polic&iacute;as paralelas, etc., envilecen al Estado, que debe obrar siempre con arreglo a los principios de la raz&oacute;n y la justicia. Un Estado que se defienda desde las cloacas, como lleg&oacute; a reivindicar cierto pol&iacute;tico de la transici&oacute;n democr&aacute;tica de nuestro pa&iacute;s, no es un Estado, sino una mafia. Son reprobables los mentirosos compasivos, porque, con sus mentiras piadosas, blancas u oficiosas, impiden que el interlocutor tome conciencia de sus defectos o desgracias, para asumirlos, ponerles remedio o simplemente cumplir con el duelo que corresponda, y porque corren el riesgo de habituarse a ellas y convertirse en pat&eacute;ticos mentirosos compulsivos. La comodidad inherente a la mentira hace que la gente le tome cari&ntilde;o y se convierta en una adicci&oacute;n. Las mentiras son como el vino: cuanto m&aacute;s las dice uno, m&aacute;s le gustan. Y son reprobables los mentirosos chanchulleros, porque, con sus medias verdades, tergiversan el discurso del otro con la perversa finalidad de hacerle decir lo contrario de lo que ha dicho y condenarlo. Las llamadas <em>medias verdades </em>no son en realidad &ldquo;medias verdades&rdquo;, sino &ldquo;dobles mentiras&rdquo;, porque mienten respecto del objeto (el discurso que manipulan) y respecto del sujeto (la persona que lo emiti&oacute;).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La verdad hay que decirla siempre, caiga quien caiga, porque sin verdad no hay vida personal, familiar, social o institucional decente y arm&oacute;nica. Porque la verdad no s&oacute;lo es buena, sino tambi&eacute;n bella y, por eso, lo &uacute;nico que merece ser amado. Y no hay ninguna raz&oacute;n para temerla: &ldquo;el hombre ama la verdad hasta tal punto que incluso acepta anticipadamente la m&aacute;s amarga de todas ellas&rdquo;, que es la de la muerte, como dice don Antonio Machado en su <em>Juan de Mairena</em>. Callarse es mucho mejor que mentir. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/mentira-sentido-moral-tipologia-mentiroso_132_13158571.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Apr 2026 19:13:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sobre verdad y mentira en sentido moral: tipología del mentiroso]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Chicharreros y conejeros: donde hubo fuego, cenizas quedan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/chicharreros-conejeros-hubo-fuego-cenizas-quedan_132_13138478.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/da5b1322-a4c9-4484-ba03-a03ac86c3943_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Chicharreros y conejeros: donde hubo fuego, cenizas quedan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las palabras denotativas pueden ser empleadas por todo el mundo, porque son objetivas; las connotativas, sólo por aquellos que pertenecen a la familia o por los autorizados por los interesados, porque son subjetivas</p></div><p class="article-text">
        Existen dos tipos de gentilicios o nombres designativos de relaciones con los lugares radicalmente distintos: gentilicios denotativos u objetivos, como alem&aacute;n, franc&eacute;s, chino, espa&ntilde;ol o canario, y gentilicios connotativos o subjetivos, como pej&iacute;n, pepinero, culeto, gato, morisco, rat&oacute;n, gabacho, yanqui, conejero o chicharrero, y los dos presentan implicaciones ling&uuml;&iacute;sticas, sociales, hist&oacute;ricas y hasta culturales distintas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los primeros, que derivan, por lo general, de nombres de lugares o top&oacute;nimos, son meramente descriptivos y se refieren tanto a personas como a cosas. Como puede verse en cualquier diccionario al uso, el gentilicio alem&aacute;n, significa &ldquo;natural de Alemania&rdquo; o &ldquo;perteneciente o relativo a Alemania&rdquo;; franc&eacute;s, &ldquo;natural de Francia&rdquo; o &ldquo;perteneciente o relativo a Francia&rdquo;; chino, &ldquo;natural de China&rdquo; o &ldquo;perteneciente o relativo a China&rdquo;; espa&ntilde;ol &ldquo;natural de Espa&ntilde;a&rdquo; o &ldquo;perteneciente o relativo a Espa&ntilde;a&rdquo;; y canario, &ldquo;natural de Canarias&rdquo; o &ldquo;perteneciente o relativo a Canarias&rdquo;, sin m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pesar de ello, con el transcurrir del tiempo pueden enriquecerse y, de hecho, se enriquecen estos gentilicios detopon&iacute;micos con sentidos connotativos (frecuentemente, despectivos) m&aacute;s o menos variados, generalmente, por desplazamiento meton&iacute;mico. As&iacute;, la forma <em>alem&aacute;n</em> ha desarrollado entre los espa&ntilde;oles la connotaci&oacute;n peyorativa &ldquo;cabeza cuadrada&rdquo;; la forma <em>franc&eacute;s</em>, la connotaci&oacute;n peyorativa &ldquo;chovinista&rdquo;; la forma <em>canario</em>, la connotaci&oacute;n peyorativa &ldquo;aplatanado&rdquo;. Se trata de creaciones propias de grupos humanos externos a los titulares del nombre y, por razones obvias, dif&iacute;cilmente suelen ser aceptados de buen grado por estos. A pesar de ello, por este camino connotativo han terminado muchos de estos adjetivos de relaci&oacute;n de origen topon&iacute;mico convirti&eacute;ndose en adjetivo calificativos independientes. Es el caso de la forma <em>campechano</em>, cuya significaci&oacute;n gentilicia &ldquo;natural de Campeche&rdquo; devino en la significaci&oacute;n calificativa &ldquo;se dice de la persona de trato llano&rdquo;; o de la forma <em>eslavo</em>, cuya significaci&oacute;n gentilicia<em> </em>&ldquo;natural de la Europa central u oriental&rdquo; devino, bajo la forma <em>esclavo</em>, en la significaci&oacute;n calificativa &ldquo;dicho de una persona, que carece de libertad por estar bajo el dominio de otra&rdquo;, y de este la forma <em>cicl&aacute;n </em>&ldquo;carnero con un solo test&iacute;culo&rdquo;. Nos encontramos, por tanto, ante una clase de palabras que va de la significaci&oacute;n denotativa, descriptiva u objetiva a la connotativa, valorativa o subjetiva. Obviamente, este salto sem&aacute;ntico mortal de lo denotativo a lo connotativo no se produce de golpe y porrazo, sino de forma gradual, como ocurre con todo idiom&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, los gentilicios connotativos o subjetivos, que se basan en nombres descriptivos que nada tienen que ver con el top&oacute;nimo de base y que se refieren siempre a personas (nunca a animales ni a cosas), son siempre valorativos o burlescos. Se trata de denominaciones generalmente meton&iacute;micas (referidas a cosas, actitudes, comportamientos, etc&eacute;tera, propios de las personas aludidas) que emplea la gente externa al grupo del designado (com&uacute;nmente, vecino) con intenci&oacute;n m&aacute;s o menos humor&iacute;stica o ir&oacute;nica. Ya se sabe lo problem&aacute;ticas que suelen ser las relaciones entre vecinos, que se comportan muchas veces como despiadados competidores. As&iacute;, los santanderinos son denominados <em>pejines</em>, por su dedicaci&oacute;n a las faenas pesqueras; los de Madrid, <em>gatos</em>,<em> </em>por la agilidad con que en cierta ocasi&oacute;n trep&oacute; uno de ellos por una muralla defensiva;<em> </em>los de Tuineje, <em>moriscos</em>,<em> </em>por su piel morena y tal vez por la presencia de poblaci&oacute;n morisca en los or&iacute;genes del pueblo; los de Agaete, <em>culetos</em>, acaso por el calz&oacute;n blanco que utilizaban los jugadores de su equipo de f&uacute;tbol o sus pescadores, que los asemejaba a las cabras culetas (que son las que tienen la parte trasera de color blanco); los norteamericanos, <em>yanquis</em>,<em> </em>porque, al parecer, los colonos holandeses del sur de Nueva Inglaterra llamaban &ldquo;Jan Quees&rdquo; (Juan Queso) a los del norte; los de Lanzarote, conejeros,<em> </em>por la abundancia de conejos que hab&iacute;a en la isla y el comercio que hac&iacute;an sus habitantes con sus pieles;<em> </em>y los santacruceros, chicharrero,<em> </em>por la pesca y el consumo de ese humilde pescado que es el chicharro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De la misma forma que con el tiempo pueden desarrollar sentidos connotativos los gentilicios denotativos o descriptivos, pueden desarrollar sentidos denotativos los gentilicios connotativos o burlescos, pasando a designar de esta manera no s&oacute;lo personas, sino tambi&eacute;n animales, plantas y cosas. Es, precisamente, lo que ha sucedido en Canarias con las citadas formas conejero y chicharrero. El primero ha adquirido ya el sentido denotativo, descriptivo u objetivo (es decir, sin ning&uacute;n matiz burlesco) &ldquo;natural de Lanzarote&rdquo; y &ldquo;perteneciente o relativo a Lanzarote&rdquo;. As&iacute;, lo que suele decirse en el habla m&aacute;s popular de Canarias es &ldquo;se cas&oacute; con una conejera&rdquo;, &ldquo;luchadores conejeros&rdquo;, &ldquo;vino conejero&rdquo; o &ldquo;cebollas conejeras&rdquo;, y menos &ldquo;se cas&oacute; con una lanzarote&ntilde;a&rdquo;, &ldquo;luchadores lanzarote&ntilde;os&rdquo;, &ldquo;vino lanzarote&ntilde;o&rdquo;, &ldquo;cebollas lanzarote&ntilde;as&rdquo;, que tienen un matiz m&aacute;s formal. El segundo ha adquirido el sentido denotativo, descriptivo u objetivo (es decir, sin ning&uacute;n matiz burlesco) de &ldquo;natural de Santa Cruz de Tenerife&rdquo; y &ldquo;perteneciente o relativo a Santa Cruz de Tenerife&rdquo;. As&iacute;, lo que suele decirse tambi&eacute;n en el habla m&aacute;s popular de la isla es &ldquo;ni&ntilde;as chicharreras&rdquo;, &ldquo;abogado chicharrero&rdquo;, &ldquo;ayuntamiento chicharrero&rdquo;, &ldquo;carnavales chicharreros&rdquo;, etc&eacute;tera, y menos &ldquo;ni&ntilde;as santacruceras&rdquo;, &ldquo;abogado santacrucero&rdquo;, &ldquo;ayuntamiento santacrucero&rdquo;, &ldquo;carnavales santacruceros&rdquo;, que tambi&eacute;n presentan un matiz m&aacute;s formal que aquel. Adem&aacute;s de esto, a partir de aqu&iacute;, ha adquirido <em>chicharrero </em>por metonimia (por lo destacado de Santa Cruz en el contexto de su isla) el sentido general de &ldquo;natural de Tenerife&rdquo; y &ldquo;perteneciente o relativo a Tenerife&rdquo; en el resto del Archipi&eacute;lago. Para la gente de Fuerteventura, por ejemplo, <em>chicharreros </em>no son tanto los santacruceros, sino los tinerfe&ntilde;os en general, sin excepci&oacute;n alguna. A trav&eacute;s de este mecanismo sem&aacute;ntico de &ldquo;blanqueamiento&rdquo; (valga la expresi&oacute;n) de su significaci&oacute;n originaria, dejan de ser los gentilicios humor&iacute;sticos o burlescos gentilicios connotativos, figurados o subjetivos y se convierten en gentilicios denotativos, descriptivos u objetivos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Obviamente, tampoco este salto sem&aacute;ntico mortal de lo connotativo o subjetivo a lo denotativo u objetivo se produce de la noche a la ma&ntilde;ana, sino que surge siempre de forma gradual, llegando a convivir ambas etapas evolutivas durante m&aacute;s o menos tiempo. Es el caso de los citados conejero y chicharrero, que, aunque para mucha gente significan ya &ldquo;natural de Lanzarote&rdquo; o &ldquo;perteneciente o relativo a Lanzarote&rdquo; y &ldquo;natural de Tenerife&rdquo; o &ldquo;perteneciente o relativo a Tenerife&rdquo;, respectivamente, como acabamos de decir, para otra siguen manteniendo las connotaciones burlescas originarias. A&uacute;n hay gente en Lanzarote y en Santa Cruz de Tenerife que repugnan que los llamen &ldquo;conejeros&rdquo; o &ldquo;chicharreros&rdquo;. Como si siguieren escociendo su sem&aacute;ntica originaria, a pesar del tiempo que ha pasado desde que aparecieron sobre la tierra. Lo que quiere decir que el tiempo no siempre lo cur&oacute; todo, pese a lo que pregona el refranero espa&ntilde;ol. Para esta gente, se trata de denominaciones que s&oacute;lo se admiten cuando son empleadas por amigos o conocidos, pero no cuando las emplean los extra&ntilde;os, se&ntilde;al de que, para ellos, ambos gentilicios conservan todav&iacute;a restos del valor burlesco con que vinieron al mundo. Las palabras denotativas pueden ser empleadas por todo el mundo, porque son objetivas; las connotativas, s&oacute;lo por aquellos que pertenecen a la familia o por los autorizados por los interesados, porque son subjetivas. Hermosa lecci&oacute;n de sem&aacute;ntica, pues, la que ofrecen a ling&uuml;istas y p&uacute;blico en general los gentilicios de origen burlescos conejero y chicharrero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/chicharreros-conejeros-hubo-fuego-cenizas-quedan_132_13138478.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Apr 2026 11:09:41 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/da5b1322-a4c9-4484-ba03-a03ac86c3943_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="44375" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/da5b1322-a4c9-4484-ba03-a03ac86c3943_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="44375" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Chicharreros y conejeros: donde hubo fuego, cenizas quedan]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/da5b1322-a4c9-4484-ba03-a03ac86c3943_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sólo permanece el nombre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/permanece-nombre_132_13121907.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Las personas, los animales y las cosas son fundamentalmente nombre. Por eso siguen existiendo en el recuerdo de las gentes una vez que han desaparecido de la faz de la tierra
</p></div><p class="article-text">
        Suele pensar el com&uacute;n de los mortales que el significado de la palabra es la persona, el animal, la cosa, la cualidad o la acci&oacute;n que esta designa en la realidad concreta del hablar. Para &eacute;l, palabras como <em>casa</em>, <em>tiempo</em>, <em>Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells </em>o <em>Fuerteventura</em>, por ejemplo, no significan otra cosa que el edificio para vivir, la duraci&oacute;n, la mujer de carne y hueso concreta y la isla canaria determinada que estas palabras designan, respectivamente, en el habla real.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, toda persona medianamente culta sabe hoy que, como han descubierto la filosof&iacute;a y la ling&uuml;&iacute;stica modernas, las cosas no funcionan as&iacute; en el <strong>lenguaje humano</strong>: que una cosa es el valor o la significaci&oacute;n de la palabra, que es una intuici&oacute;n inherente a ella misma, otra, la persona, animal o cosa que esa intuici&oacute;n designa en el momento de hablar, que es ajeno a ella, y otra distinta, el concepto que el individuo o la sociedad que sea se ha forjado en su mente a partir de esa persona, animal, cosa, cualidad o acci&oacute;n concretos, que le es asimismo accidental. No hay que confundir la cosa real ni el concepto con la significaci&oacute;n, aunque relacionados con ella est&aacute;n. La cosa, que pertenece al mundo de la realidad, es la sustancia a la que da forma la significaci&oacute;n en cada acto de hablar y el concepto, una especie de superfetaci&oacute;n de la significaci&oacute;n; una superfetaci&oacute;n que surge por abstracci&oacute;n de la cosa misma. As&iacute;, el nombre <em>casa</em> de nuestro ejemplo significa algo as&iacute; como &ldquo;acomodaci&oacute;n perfecta&rdquo;, designa, entre otras cosas, el edificio concreto en que se vive o la sede de una empresa o compa&ntilde;&iacute;a comercial y denota un concepto general de vivienda y otro de sede mercantil constituidos por todos los rasgos comunes a las referencias citadas; el nombre <em>tiempo</em> significa algo as&iacute; como &ldquo;puesta a punto&rdquo;, designa, entre otras cosas, la &ldquo;duraci&oacute;n determinada de una persona, animal o cosa&rdquo; o un &ldquo;estado atmosf&eacute;rico determinado&rdquo; y denota un concepto general de duraci&oacute;n temporal y otro de estado atmosf&eacute;rico constituidos por los rasgos comunes a las referencias citadas; el antrop&oacute;nimo <em>Mar&iacute;a</em> <em>Estupi&ntilde;&aacute;n Wells </em>significa algo as&iacute; como &ldquo;identificaci&oacute;n unipersonal&rdquo;, designa a la distintas Mar&iacute;as Estupi&ntilde;&aacute;n Wells (Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells ni&ntilde;a, Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells joven, Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells madura y Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells anciana) por las que ha pasado la persona as&iacute; llamada y denota un ser humano con identidad determinada que acoge todos los rasgos comunes a esas referencias; y el top&oacute;nimo <em><strong>Fuerteventura</strong></em> significa algo&nbsp;as&iacute; como &ldquo;identificaci&oacute;n uniespacial&rdquo;, designa las distintas Fuerteventuras f&iacute;sicas e hist&oacute;ricas que ha habido y habr&aacute; a lo largo de los tiempos (la Fuerteventura bereber, la Fuerteventura normanda, la Fuerteventura espa&ntilde;ola del siglo XV, la Fuerteventura espa&ntilde;ola del siglo XVI, la Fuerteventura espa&ntilde;ola del siglo XVII, etc.) y denota un concepto general de isla determinada que acoge asimismo los rasgos comunes a todas esas referencias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que quiere decir que es la significaci&oacute;n de las palabras, la intuici&oacute;n que estas implican de forma invariante, la que da vida a la cosa que designan en la realidad concreta del hablar, al proporcionarle una forma de existir determinada; que no hay realidad &ldquo;casa&rdquo;, realidad &ldquo;tiempo&rdquo;, realidad &ldquo;Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells&rdquo; y realidad &ldquo;Fuerteventura&rdquo; tal y como nosotros las conocemos sin las significaciones &ldquo;acomodaci&oacute;n perfecta&rdquo;, &lsquo;puesta a punto&rsquo;, &lsquo;identificaci&oacute;n unipersonal&rsquo; e &lsquo;identificaci&oacute;n uniespacial&rsquo; que implican las palabras <em>casa, tiempo, Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells </em>y <em>Fuerteventura</em>, respectivamente. Ya hab&iacute;a dicho Kant que nuestro intelecto no deriva sus leyes de la naturaleza, sino que impone sus leyes, que son las categor&iacute;as del entendimiento formalizadas en las palabras, a la naturaleza. Por ello, todos los edificios que reciben el nombre de <em>casa</em>, todas las cosas que tienen el nombre de <em>tiempo</em>, todas las personas que encierra la persona <em>Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells </em>y todas las islas que encierra la isla de <em>Fuerteventura</em> tienen, respectivamente, el mismo valor formal: el valor formal de &ldquo;acomodaci&oacute;n perfecta&rdquo;, &ldquo;puesta a punto&rdquo;, &ldquo;identificaci&oacute;n unipersonal&rdquo; e &ldquo;identificaci&oacute;n uniespacial&rdquo;, respectivamente. Las palabras no son &ldquo;ruidos para clasificar cosas&rdquo;, como suele creerse habitualmente, sino &ldquo;sonido con significaci&oacute;n que hace existir las cosas que designan de una determinada manera&rdquo;; o, por decirlo en modo pedante, &ldquo;significaci&oacute;n formalizada mediante una expresi&oacute;n f&oacute;nica o una distribuci&oacute;n determinada que usan los seres humanos para crear el mundo de sus amores y desgracias&rdquo;; una significaci&oacute;n que, como las figuras geom&eacute;tricas y los n&uacute;meros, no aparece nunca en estado puro, sino encarnada en sustancia, que es lo que suele percibir conscientemente la persona que habla. El hablante no tiene conciencia de la significaci&oacute;n, sino de la referencia y de la denotaci&oacute;n. Por eso no puede dar cuenta de aquella. Pregunta el dialect&oacute;logo a su informante canario por la significaci&oacute;n de la palabra <em>jeito </em>de una frase como &ldquo;Tener mucho jeito para tocar el timple&rdquo;, por ejemplo, y le responder&aacute; con el sentido de &ldquo;ma&ntilde;a o habilidad&rdquo;, y no con su verdadera significaci&oacute;n, que es algo as&iacute; como &ldquo;impulso dejando libre-en proceso-puntualmente acabado-sustancialmente orientado hacia dentro&rdquo;, que aportan la ra&iacute;z *<em>iac-</em>, que presenta la significaci&oacute;n b&aacute;sica &ldquo;impulso dejando libre&rdquo;, la categor&iacute;a gramatical verbo, que presenta esta significaci&oacute;n b&aacute;sica como &ldquo;proceso&rdquo;, el morfema de participio de pasado <em>-t-</em>, que presenta el proceso como &ldquo;puntualmente acabado&rdquo;, y el llamado morfema de g&eacute;nero masculino <em>-o</em>, que presenta siempre la sustancia como &ldquo;orientada hacia dentro&rsquo;&rsquo;. Y no se trata de que los informantes quieran tomarle el pelo al pobre dialect&oacute;logo o jugar con &eacute;l. Se trata simplemente de que su conciencia no va m&aacute;s all&aacute; de los referentes y las ideas que profesa acerca de ellos, porque la significaci&oacute;n es subconsciente.
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente, la relaci&oacute;n que existe entre el valor o significaci&oacute;n de la palabra y la persona, animal o cosa que esta designa en la realidad concreta del hablar es arbitraria: una misma palabra puede designar y de hecho designa cosas muy diferentes. Es lo que suele llamarse <em>polisemia </em>en los estudios del lenguaje. As&iacute;, como hemos indicado ya, la palabra <em>casa</em> presenta la designaci&oacute;n &ldquo;edificio para vivir&rdquo;, pero tambi&eacute;n la de &ldquo;sede de una marca comercial&rdquo;, etc&eacute;tera.; la palabra <em>tiempo</em>, &ldquo;duraci&oacute;n de las cosas&rdquo;, pero tambi&eacute;n la de &ldquo;estado atmosf&eacute;rico&rdquo;, etc&eacute;tera; el antrop&oacute;nimo <em>Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells</em>, &ldquo;Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells adulta&rdquo;, pero tambi&eacute;n &ldquo;Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells ni&ntilde;a&rdquo;, &ldquo;Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells adolescente&rdquo;, &ldquo;Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells veterana&rdquo; y &ldquo;Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells anciana&rdquo;; el top&oacute;nimo Fuerteventura, &ldquo;Fuerteventura prehisp&aacute;nica&rdquo;, pero tambi&eacute;n &ldquo;Fuerteventura normanda&rdquo; y &ldquo;Fuerteventura hisp&aacute;nica&rdquo;. &ldquo;Edificio para vivir&rdquo;, &ldquo;sede de una marca comercial&rdquo;, &ldquo;duraci&oacute;n de las cosas&rdquo;, &ldquo;estado atmosf&eacute;rico&rdquo;, &ldquo;Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells ni&ntilde;a&rdquo;, &ldquo;Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells adolescente&rdquo;, &ldquo;Fuerteventura normanda&rdquo; y &ldquo;Fuerteventura hisp&aacute;nica&rdquo; tienen, respectivamente, el mismo valor desde el punto de vista de la lengua y distintos sentidos desde el punto de vista de la referencia o del concepto. Que yo sepa, no hay autor que tuviera m&aacute;s consciencia de esta propiedad de las palabras que el escritor argentino Jorge Luis Borges, seg&uacute;n vemos en su curioso relato <em>El informe de Brodie,</em> donde nos dice que en el lenguaje de los yahoos &ldquo;la palabra <em>nrz</em>, por ejemplo, sugiere la dispersi&oacute;n o las manchas; puede significar el cielo estrellado, un leopardo, una bandada de aves, la viruela, lo salpicado, el acto de desparramar o la fuga que sigue a la derrota. <em>Hrl</em>, en cambio, indica lo apretado o lo denso; puede significar la tribu, un trono, una piedra, un mont&oacute;n de piedras, el hecho de apilarlas, el congreso de los cuatro hechiceros, la uni&oacute;n carnal y un bosque&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se comprueba, por tanto, que lo &uacute;nico que permanece m&aacute;s o menos constante de los tres niveles sem&aacute;nticos que implican las palabras (significaci&oacute;n, designaci&oacute;n y denotaci&oacute;n) es la significaci&oacute;n inherente o intuici&oacute;n sem&aacute;ntica y la denotaci&oacute;n, pero no la persona, el animal, la cosa, la cualidad o la acci&oacute;n que las mismas designan en cada momento del hablar, que puede cambiar y de hecho cambia de contexto a contexto y de instante a instante. Los referentes, las cosas concretas o la realidad emp&iacute;rica no permanecen nunca estables, porque son reos de los vaivenes del tiempo y del espacio. S&oacute;lo la significaci&oacute;n de las palabras y la denotaci&oacute;n o concepto archivado en ella garantizan la identidad y la unidad de las cosas. &iquest;Qu&eacute; tiene que ver la Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells personita de piel tersa, fr&aacute;gil, graciosa y saltarina de la infancia con la Mar&iacute;a Estupi&ntilde;&aacute;n Wells de piel arrugada, de armas tomar, de car&aacute;cter agrio, de memoria flaca y postrada en silla de ruedas de la vejez o ancianidad? &iquest;Qu&eacute; tiene que ver la Fuerteventura bereber con que se encontraron los conquistadores europeos al llegar a ella con la Fuerteventura del siglo XXI? Absolutamente nada, o muy poco, desde el punto de la referencia, pero mucho desde el punto de vista de la significaci&oacute;n formal y de su denotaci&oacute;n o concepto. S&oacute;lo la memoria de los hombres, la mayor o menor inmediatez de los cambios que sufren las personas, los animales y las cosas a lo largo del tiempo y la documentaci&oacute;n que sobre ellos haya hacen posible que la gente relacione realidades tan distintas. &iquest;Y por qu&eacute;, si las personas, los animales y las cosas designados por las palabras presentan tantas diferencias entre ellos, las consideramos los mismas? Pues simplemente porque el nombre guarda en su significaci&oacute;n recuerdo de su existencia; guarda denotaci&oacute;n. El nombre se impregna tanto de las particularidades de la cosa que designa, que, al final, termina identific&aacute;ndose totalmente con ella, usurpando as&iacute; su realidad. En cuanto las personas, los animales y las cosas adquieren nombre, para su identidad es m&aacute;s importante ese nombre (o la informaci&oacute;n que este porta) que ellos mismos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las personas, los animales y las cosas son fundamentalmente nombre. Por eso siguen existiendo en el recuerdo de las gentes una vez que han desaparecido de la faz de la tierra. S&oacute;lo los nombres nos hacen eternos o menos caducos o ef&iacute;meros de lo que lo en realidad somos. Y, cuando, con el paso de los a&ntilde;os, se desvanece el recuerdo de la persona, el animal o la cosa que ha muerto, si el nombre persevera en ser y no se olvida con ellos, queda revoloteando como alma en pena, en busca de otra persona, animal o cosa en que encarnar. En vestir nuevas personas, animales y cosas con nombres viejos, consiste el arte de los poetas, como todo el mundo sabe. Las palabras son mucho m&aacute;s perdurables que las personas, los animales y las cosas que designan, las casas que habitamos, los cuadros que deleitan nuestra vista o las esculturas que adornan nuestras calles y parques. En ellas radica la continuidad de las generaciones, las civilizaciones y hasta la raza humana; el v&iacute;nculo entre las generaciones de hoy y las generaciones de ayer, con las que a&uacute;n podemos dialogar a trav&eacute;s de la lengua escrita. La palabra &ldquo;mar&rdquo; por ejemplo, tan relevante en la historia de la humanidad, por la importancia que tiene el medio que designa (&ldquo;parte l&iacute;quida de la Tierra&rdquo;, frente a su &ldquo;parte s&oacute;lida&rdquo;), que empez&oacute; siendo <em>*mor </em>(la abertura de la vocal vino despu&eacute;s) y que en principio significaba s&oacute;lo &ldquo;extensi&oacute;n de agua&rdquo;, sin m&aacute;s, independientemente de su ubicaci&oacute;n, seg&uacute;n nos dice el excelente ling&uuml;ista franc&eacute;s Andr&eacute; Martinet, ha llegado hasta nosotros rodando sin parar a trav&eacute;s de las estepas, las mesetas, los r&iacute;os, los lagos, las cordilleras y los oc&eacute;anos del mundo, desde los tiempos inmemoriales de los viejos indoeuropeos, hace ya m&aacute;s de cuatro mil a&ntilde;os. Es como una especie de punto de encuentro entre el alma de los indoeuropeos de hoy, que somos los hispanos, los franceses, los ingleses, los alemanes, los rusos, los griegos, los italianos, los norteamericanos, los australianos, etc&eacute;tera, y la de los indoeuropeos euroasi&aacute;ticos originarios. En la perpetuaci&oacute;n del alma humana a trav&eacute;s de los tiempos, radican el misterio y tambi&eacute;n la grandeza de las palabras y las lenguas que permiten crearlas. Esta es el alma que perdura despu&eacute;s de que hayamos muerto y la que nos hace, por tanto, eternos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/permanece-nombre_132_13121907.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 13:22:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sólo permanece el nombre]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo primero es lo primero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lo-primero-es-lo-primero_132_13110153.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Sin tener en cuenta la lengua hablada, que es la natural, nada de la lengua escrita, que es un lenguaje sustitutivo, puede entenderse a derechas

</p></div><p class="article-text">
        No hay ruido sin silencio, como no hay amor sin odio, muerte sin vida, claridad sin oscuridad o alegr&iacute;a sin tristeza. Y en la lengua, el silencio se llama <em>pausa</em>, que es lo que permite separar unas palabras, oraciones y textos de otros, d&aacute;ndoles autonom&iacute;a o enfatiz&aacute;ndolos, y permitiendo respirar al sufrido hablador.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Primero, la separaci&oacute;n de una palabra, sintagma o frase de otra de una misma serie se indica mediante una pausa breve, de cent&eacute;simas de segundo, aunque el &uacute;ltimo de los eslabones se introduzca a veces mediante una de esas part&iacute;culas que los gram&aacute;ticos llaman <em>conjunciones coordinantes</em>: es decir, &ldquo;y&rdquo; (v. gr., &ldquo;coches, guaguas y motos&rdquo;)<em> </em>u &ldquo;o&rdquo; (v. gr., &ldquo;coches, guaguas o motos&rdquo;), seg&uacute;n que los elementos encadenados se consideren incluidos o no en la enumeraci&oacute;n que estas part&iacute;culas delimitan. Este silencio de cent&eacute;simas de segundo significa que entre las palabras o frases separadas no hay relaci&oacute;n de dependencia, sino pertenencia a una misma cadena conceptual o una denominaci&oacute;n distinta del referente de la expresi&oacute;n previa. As&iacute;, en la frase &ldquo;Coches, guaguas y motos colapsaron la ciudad&rdquo;, por ejemplo, sabemos que los nombres &ldquo;coches&rdquo;, &ldquo;guaguas&rdquo; y &ldquo;motos&rdquo;<em> </em>no est&aacute;n subordinados unos a otros, sino encadenados en un mismo nivel, porque hay una brev&iacute;sima pausa que separa unos de otros; y en la secuencia &ldquo;Aventino, el nieto de Aurora&rdquo;, tambi&eacute;n&nbsp;por ejemplo, sabemos que el nombre &ldquo;el nieto de Aurora&rdquo; no se encuentra subordinado a <em>Aventino</em>, sino que es una especie de explicaci&oacute;n parent&eacute;tica de su referente, porque hay una pausa que lo separa de &eacute;l.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Segundo, la separaci&oacute;n entre una frase que da una versi&oacute;n distinta del tema que trata la que la antecede o que la explica se indica mediante una pausa algo m&aacute;s larga que la anterior. As&iacute;, en una secuencia de frases como &ldquo;Tiene muchos amigos; muchas personas que lo quieren&rdquo;, sabemos que la segunda frase no est&aacute; subordinada a la primera, sino que se limita a dar una versi&oacute;n distinta de su contenido, porque hay una peque&ntilde;a pausa entre ellas<em>.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tercero, para llamar la atenci&oacute;n sobre lo que viene a continuaci&oacute;n se hace una pausa de duraci&oacute;n semejante a la anterior. As&iacute;, en una expresi&oacute;n como &ldquo;Dijo Descartes: pienso, luego existo&rdquo;, la pausa despu&eacute;s del sujeto l&eacute;xico permite al hablante enfatizar la importancia del complemento directo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuarto, la separaci&oacute;n entre dos frases que desarrollan aspectos distintos de un mismo juicio general se indica mediante una pausa algo m&aacute;s larga que la que acabamos que comentar. As&iacute;, en una secuencia como &ldquo;Los ni&ntilde;os salieron en tromba de la escuela. Los padres los esperaban en la puerta&rdquo;, sabemos que la segunda frase no est&aacute; subordinada a la primera, sino que a&ntilde;ade un contenido que mantiene alguna relaci&oacute;n l&oacute;gica con el contenido de aquella, porque hay una pausa de d&eacute;cimas de segundo que las separa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quinto, la separaci&oacute;n entre frases que desarrollan aspectos distintos del tema que se considera se indica mediante una pausa o silencio algo mayor que el anterior. As&iacute;, en una secuencia como &ldquo;La Guindilla mayor se ten&iacute;a bien ganado su apodo por su carita redonda y colorada. Daniel, el Mochuelo, no cre&iacute;a que hacer lo que la Guindilla mayor hac&iacute;a fuese ser buena&rdquo;, de Miguel Delibes, por ejemplo, sabemos que la segunda frase no se encuentra sint&aacute;cticamente subordinada a la que le precede, sino que simplemente a&ntilde;ade un contenido nuevo m&aacute;s o menos relacionado con &eacute;l, porque hay una pausa de cierta duraci&oacute;n que la separa de ella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y sexto, la indicaci&oacute;n de que el mensaje ha concluido se indica con un silencio infinito o eterno, como el de la muerte. As&iacute;, en el famoso microrrelato de Monterroso &ldquo;Cuando despert&oacute;, el dinosaurio todav&iacute;a estaba all&iacute;&rdquo;, sabemos que el texto est&aacute; completo porque despu&eacute;s de &eacute;l no hay m&aacute;s que silencio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Menci&oacute;n aparte merece la llamada &ldquo;pausa versal&rdquo;, que separa los versos de las composiciones po&eacute;ticas, haciendo posible el ritmo que le es consustancial. Es una pausa que tiene fundamentalmente valor r&iacute;tmico o musical, aunque tambi&eacute;n puede tener efectos sem&aacute;nticos, dando realce a la voz que antecede y rompiendo la continuidad de los elementos del sintagma, los grupos f&oacute;nicos o las palabras de que se trata. &ldquo;Este cielo una palma de tu mano, / Se&ntilde;or, que me protege de la muerte / del alma, y la otra palma este de Fuerte/ventura sosegado y fiel oc&eacute;ano&rdquo;, escribe Unamuno en el soneto 18 de <em>De Fuerteventura a Par&iacute;s</em>, separando mediante pausa versal, por razones r&iacute;tmicas y sem&aacute;nticas, los dos constituyentes etimol&oacute;gicos del nombre de la isla de Fuerteventura, aunque ese nombre, por tratarse de un nombre propio, tenga un valor unitario.<em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay que separar de las pausas citadas, que son convenciones reguladas por el idioma, las pausas o silencios que suelen hacer facultativamente los hablantes con la finalidad de encontrar la expresi&oacute;n m&aacute;s adecuada para su mensaje, intrigar al oyente, darse un respiro, transformar en otro el significado habitual de una palabra o simplemente pausar la expresi&oacute;n. As&iacute;, en el teatro, por ejemplo, seg&uacute;n nos dice Juan Mayorga, &ldquo;se hace el silencio para que el espectador oiga no s&oacute;lo las palabras y los silencios que vienen del escenario, sino tambi&eacute;n las palabras y los silencios de su propia vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es claro, por tanto, que las pausas son fundamentales para la sem&aacute;ntica del discurso y que, sin ellas, este no tendr&iacute;a sentido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como es bien sabido, en la lengua escrita, que es mera sustituci&oacute;n de la lengua hablada, las pausas que acabamos de describir se representan mediante indicaciones gr&aacute;ficas propias: la que separa elementos de una misma cadena, se representa mediante una coma; la que separa elementos que apuntan hacia un mismo juicio, mediante punto y coma; la que separa miembros de una frase para resaltarlos o aclararlos, mediante dos puntos; la que separa juicios distintos de un mismo concepto general, mediante punto y seguido; la que separa juicios de conceptos generales distintos, mediante punto y aparte o escribiendo en la l&iacute;nea siguiente; y la pausa infinita con que concluye el mensaje, mediante punto final. Siempre hay que tener presente que no es la llamada <em>puntuaci&oacute;n </em>(coma, punto y coma, dos puntos, punto y seguido, punto y aparte y punto final) un recurso ling&uuml;&iacute;stico aut&oacute;nomo o primario, sino subrogado o secundario. Son reflejos convencionales de un hecho ling&uuml;&iacute;stico natural, que son las pausas que emplea el hablante para separar debidamente los distintos constituyentes del texto. La puntuaci&oacute;n es a las pausas lo que las letras son al fonema. Es decir, meras representaciones secundarias de hechos naturales. &ldquo;Lengua y escritura son dos sistemas distintos; la &uacute;nica raz&oacute;n de ser del segundo es representar al primero; el objeto ling&uuml;&iacute;stico no es definido por la combinaci&oacute;n de la palabra escrita y la palabra hablada; esta &uacute;ltima constituye por s&iacute; sola este objeto&rdquo;, dice Saussure. En todo caso, por representar lo que representa tiene tanta importancia la puntuaci&oacute;n en la lectura de los textos.
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo sabiendo lo que acabamos de comentar, se entiende lo que la llamada <em>puntuaci&oacute;n</em> implica. La frecuente confusi&oacute;n entre lengua hablada y lengua escrita explica el protagonismo que han logrado estos representantes gr&aacute;ficos de las pausas ling&uuml;&iacute;sticas llamados <em>coma</em>, <em>punto y coma</em>, <em>dos puntos</em>, <em>punto y seguido</em>, <em>punto y aparte</em> y <em>punto final</em> en el habla corriente, como si se tratara de hechos primarios o aut&oacute;nomos. As&iacute;, para indicar categ&oacute;ricamente que una conversaci&oacute;n ha acabado, solemos decir, metaf&oacute;ricamente &ldquo;y punto&rdquo;, en lugar de &ldquo;y nada m&aacute;s&rdquo; o &ldquo;y se acab&oacute;&rdquo;; para ponderar la puntualidad o literalidad de una relaci&oacute;n, decimos &ldquo;sin faltar una coma&rdquo;, en lugar de &ldquo;sin faltar nada&rdquo;; y, para indicar que se mantiene intacto lo que se ha dicho o prometido, &ldquo;sin quitar una coma&rdquo;, en lugar de &ldquo;sin quitar nada&rdquo;. . Lo que no quiere decir, por supuesto, que la lengua escrita no tenga sus propios fueros, en parte distintos de los de la lengua hablada. Como dice Saussure, &ldquo;la palaba escrita se mezcla tan &iacute;ntimamente a la palabra hablada de que es imagen, que termina por usurpar el papel principal; y se llega a dar a la representaci&oacute;n del signo vocal tanta y m&aacute;s importancia que al signo mismo. Es como si se creyese que para conocer a alguien vale m&aacute;s mirar su fotograf&iacute;a que su rostro (&hellip;). Se termina por olvidar que se aprende a hablar antes de aprender a escribir, y la relaci&oacute;n natural termina invertida (&hellip;). La escritura se arroga una importancia a la que no tiene derecho&rdquo;. Por eso, no debemos olvidar los que ejercemos la profesi&oacute;n de maestros de lengua que lo primero es lo primero: que Sin tener en cuenta la lengua hablada, que es la natural, nada de la lengua escrita, que es un lenguaje sustitutivo, puede entenderse a derechasprimero est&aacute; la lengua hablada, que es la verdadera, y luego, la lengua escrita, que es un mero remedio para curar a aquella de la enfermedad de fugacidad que la aqueja.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcial Morera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lo-primero-es-lo-primero_132_13110153.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Mar 2026 16:21:34 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Lo primero es lo primero]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
