<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Sara Páez Padrón]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/sara-paez-padron/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Sara Páez Padrón]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1052380/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[A mi yo de mañana: la niña que calló, la adulta que escribe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/manana-nina-callo-adulta-escribe_132_12776024.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d4089342-ecdc-401f-83fa-1f3c0b350e6c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A mi yo de mañana: la niña que calló, la adulta que escribe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En ocasiones, siento que el aire se detiene, que el mundo se encoge, y que mi cuerpo deja de ser mío
</p></div><p class="article-text">
        El abuso sexual infantil no se olvida ni se supera con el tiempo. Se aprende a vivir con&nbsp;&eacute;l, a nombrarlo, a transformarlo en voz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cada 19 de noviembre se celebra el D&iacute;a Internacional contra el Abuso Sexual Infantil.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este texto no busca conmemorar, sino recordar que detr&aacute;s de cada estad&iacute;stica hay una&nbsp;infancia robada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una ni&ntilde;a, un ni&ntilde;o que call&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una adulta, un adulto que hoy decide hablar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&mdash;&mdash;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A mi yo de ma&ntilde;ana:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si esto se llama miedo, o si el miedo tiene otro nombre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Solo s&eacute; que duele cuando &eacute;l se acerca, cuando su voz cambia, cuando todo a mi&nbsp;alrededor parece desaparecer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ocasiones, siento que el aire se detiene, que el mundo se encoge, y que mi cuerpo&nbsp;deja de ser m&iacute;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me dijeron que los mayores saben lo que hacen, que hay que obedecer, que los&nbsp;secretos se guardan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; aprend&iacute; a callar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A sonre&iacute;r cuando dol&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A quedarme quieta mientras por dentro gritaba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A veces miro a los adultos y me pregunto si pueden verlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si notan que ya no corro, que ya no r&iacute;o igual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que mis juegos son excusas, que mis silencios pesan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que me hago peque&ntilde;a para que no me encuentren.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que odio mi reflejo, cansado, fr&aacute;gil, y que mis manos tiemblan incluso al dibujar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo no entend&iacute;a la palabra &ldquo;abuso&rdquo;. Solo sab&iacute;a que algo estaba mal, aunque todos&nbsp;fingieran que no.
    </p><p class="article-text">
        Aprend&iacute; a refugiarme en mis propios pensamientos, a inventar mundos donde nada&nbsp;doliera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y aun as&iacute;, cada noche, reviv&iacute;a la pesadilla con los ojos abiertos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Querida yo del ma&ntilde;ana, ojal&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a puedas decir en voz alta lo que yo ahora no&nbsp;puedo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; no sientas culpa por lo que nunca fue tu culpa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; no sigas escondi&eacute;ndote en cuerpos ajenos ni en sonrisas falsas. Ojal&aacute; puedas mirarte al espejo sin querer desaparecer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y si alg&uacute;n d&iacute;a te preguntan por qu&eacute; callamos durante tanto tiempo, diles que el monstruo no viv&iacute;a en los cuentos, ni debajo de la cama, sino en los lugares donde se&nbsp;supon&iacute;a que deb&iacute;amos estar a salvo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Diles que nos ense&ntilde;aron a temer al lobo, pero nadie nos advirti&oacute; del abrazo que duele. Diles que no fue un secreto: fue abandono.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&mdash;&mdash;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy soy esa adulta que puede poner palabras a lo que aquella ni&ntilde;a no entend&iacute;a. Y s&eacute; que su historia no es una excepci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el informe Save the Children 2023, uno de cada cinco menores en Espa&ntilde;a ha&nbsp;sufrido alg&uacute;n tipo de violencia sexual antes de cumplir los 18 a&ntilde;os. El 85% de los agresores pertenecen al entorno m&aacute;s cercano &mdash;familiares, vecinos,&nbsp;maestros&mdash; y en el 60% de los casos, el abuso ocurre en el hogar o en espacios de&nbsp;confianza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Solo el 15 % de las v&iacute;ctimas denuncia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El resto calla, como aquella ni&ntilde;a que fui.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Calla por miedo, por verg&uuml;enza, por culpa, por desamparo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n callan muchas madres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mujeres que intentaron salvar y fueron ignoradas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que demandaron y quedaron expuestas.
    </p><p class="article-text">
        Que cargan con el dolor de saber que sus hijas e hijos fueron convertidos en&nbsp;instrumento de castigo, v&iacute;ctimas de una violencia vicaria que trasciende sus cuerpos y&nbsp;destroza sus vidas.&nbsp;Ellas tambi&eacute;n sobreviven a un sistema que duda, que las juzga, que las invalida, pero&nbsp;aun as&iacute; permanecen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sostienen el mundo con las manos vac&iacute;as, con la fe intacta en que alg&uacute;n d&iacute;a la verdad&nbsp;tendr&aacute; cabida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, seguimos permitiendo que el silencio proteja al agresor y condene a la&nbsp;v&iacute;ctima.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seguimos criando generaciones de adultos que arrastran heridas que nunca debieron&nbsp;abrirse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seguimos mirando hacia otro lado cuando lo &uacute;nico que hace falta es creer. Escuchar.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Actuar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El abuso sexual infantil no es una historia lejana. Est&aacute; aqu&iacute;, entre t&uacute; y yo, en cada&nbsp;familia, en cada escuela, en cada silencio que prefiere no mirar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Romperlo no es un gesto de valent&iacute;a: es una necesidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque la infancia que se protege hoy no necesitar&aacute; sobrevivir ma&ntilde;ana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo te espero, adulta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No para reprocharte, sino para que me abraces.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para que me digas que ya no hay peligro y que por fin vencimos al miedo&ldquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sara Páez Padrón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/manana-nina-callo-adulta-escribe_132_12776024.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Nov 2025 09:02:38 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d4089342-ecdc-401f-83fa-1f3c0b350e6c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="32801" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d4089342-ecdc-401f-83fa-1f3c0b350e6c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="32801" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[A mi yo de mañana: la niña que calló, la adulta que escribe]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d4089342-ecdc-401f-83fa-1f3c0b350e6c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Queridos Reyes Magos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/queridos-reyes-magos_132_11942319.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Este a&ntilde;o, nuestras cartas no est&aacute;n llenas de juguetes ni de deseos materiales. 
    </p><p class="article-text">
        Somos mujeres que estamos sobreviviendo a la violencia vicaria, de g&eacute;nero e institucional, y nuestras peticiones nacen de un lugar profundamente herido, pero lleno de fe. 
    </p><p class="article-text">
        Queremos pedirles algo que no se puede envolver en un papel brillante, pero que brilla m&aacute;s que cualquier estrella: jus<strong>ticia</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Justicia para nosotras, que hemos sido silenciadas, se&ntilde;aladas y despojadas de lo m&aacute;s sagrado: nuestros hijos e hijas. Justicia para las y los menores que viven atrapados en el ciclo de abuso de quienes deber&iacute;an protegerles. Justicia para todas las familias rotas por sistemas que perpet&uacute;an el dolor en lugar de repararlo. 
    </p><p class="article-text">
        Les pedimos que nos ayuden a sanar, a que nuestras voces sean escuchadas, y a que los derechos de los m&aacute;s vulnerables prevalezcan sobre cualquier poder. Que los sistemas dejen de dar la espalda al sufrimiento, que los jueces vean las l&aacute;grimas de nuestros hijos e hijas, y que las instituciones dejen de proteger a los verdugos. 
    </p><p class="article-text">
        Queremos que este a&ntilde;o nos traigan espera<strong>nza</strong>. Que las leyes cambien, que las madres nunca m&aacute;s sean separadas de sus peques sin raz&oacute;n, y que las heridas invisibles sean reconocidas. Queremos volver a abrazar a quienes amamos y tener la oportunidad de reparar el da&ntilde;o causado por tantos a&ntilde;os de agon&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        No pedimos milagros, sino voluntad. Que quienes tienen el poder de decidir, escuchen con el coraz&oacute;n. Que quienes legislan, lo hagan con humanidad. Y, por supuesto, que se juzgue y condene con equidad. 
    </p><p class="article-text">
        En este d&iacute;<strong>a de ilusi&oacute;n, deseamos que nunca m&aacute;s ning&uacute;n ni&ntilde;o o ni&ntilde;a viva sin el abrazo de su madre por decisiones injustas e impuestas. Que nunca m&aacute;s una mujer sea castigada por alzar la voz. Que nunca m&aacute;s el amor de una madre sea tratado como un p</strong>eligro. 
    </p><p class="article-text">
        Sabemos que la magia no arregla todo, pero sabemos tambi&eacute;n que los sue&ntilde;os pueden convertirse en realidad cuando se lucha con el alma. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy m&aacute;s que nunca, so&ntilde;amos con un mundo m&aacute;s considerado. 
    </p><p class="article-text">
        Con el coraz&oacute;n en la mano, les pedimos a ustedes, queridos Reyes Magos, que cobijen a nuestros hijos e hijas bajo sus mantos, hasta que podamos volver a hacerlo nosotras con la certeza de que el amor y la verdad habr&aacute;n triunfado. 
    </p><p class="article-text">
        Feliz v&iacute;spera de Reyes... 
    </p><p class="article-text">
        Que la magia de esta noche<strong> nos acerque al calor de un hogar lleno de amor, justicia y reencuentros.&nbsp;</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sara Páez Padrón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/queridos-reyes-magos_132_11942319.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jan 2025 13:16:55 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Queridos Reyes Magos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Romper el silencio: un llamamiento a proteger y escuchar a la infancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/romper-silencio-llamamiento-proteger-escuchar-infancia_132_11831489.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        No recuerdo el momento exacto en que el miedo se volvi&oacute; parte de m&iacute;. No s&eacute; cu&aacute;ndo dej&eacute; de ser ni&ntilde;a y comenc&eacute; a sentirme solo un cuerpo. No puedo precisar la primera vez que mir&eacute; a un adulto con ojos suplicantes, buscando ayuda sin palabras, esperando que alguien, cualquiera, notara lo que estaba ocurriendo... Viv&iacute; amordazada, como muchos ni&ntilde;os y ni&ntilde;as lo hacen. Las se&ntilde;ales estaban ah&iacute;, a la vista de todos, y, a&uacute;n as&iacute;, pasaron desapercibidas. Dej&eacute; de sonre&iacute;r, de jugar, de dormir tranquila; incluso dej&eacute; de hablar. Callaba porque el miedo y la verg&uuml;enza me ataban la lengua, y porque en aquel momento nadie me ense&ntilde;&oacute; que ten&iacute;a derecho a alzar mi voz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La infancia deber&iacute;a ser un espacio sagrado, un refugio seguro. Sin embargo, cuando alguien en quien confiamos ciegamente abusa de esa inocencia, nuestro mundo se quiebra para siempre, junto con la idea de estabilidad y confianza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los depredadores sexuales no son desconocidos ocultos entre las sombras. Habitan en nuestro entorno: un familiar, un vecino, un maestro... encubiertos, aprovech&aacute;ndose del silencio de sus v&iacute;ctimas, de su credulidad y de la ceguera de quienes los rodean.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando somos peques, es f&aacute;cil que nos lastimen, pues no tenemos las herramientas necesarias para identificar la manipulaci&oacute;n, para percibir la magnitud del da&ntilde;o, y mucho menos para entender que algo tan atroz nunca debi&oacute; sucedernos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo queda en la penumbra, en el desconcierto, mientras nuestra ni&ntilde;ez y el tiempo se nos escapan entre las manos...&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pasaron a&ntilde;os hasta que fui consciente de que mi historia no era &uacute;nica. Hasta que comprend&iacute; que, en cada esquina, en cada comunidad, existen criaturas gritando auxilio, dejando evidencias como las que yo dej&eacute; y que nadie supo reconocer. Me di cuenta de que el sistema, ese que deb&iacute;a habernos protegido, me fall&oacute; a m&iacute;, como ha fallado a gran parte de la poblaci&oacute;n. Las puertas estaban cerradas, los mecanismos de denuncia eran insuficientes, y la Justicia, como suele suceder, lleg&oacute; demasiado tarde o simplemente nunca lleg&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo, el dolor f&iacute;sico desaparece, pero el dolor emocional permanece. Se incrusta en el alma y se convierte en un lastre del que, dif&iacute;cilmente logramos desprendernos. La herida del abuso no es visible, pero carcome desde lo m&aacute;s profundo, afectando cada aspecto de nuestra vida adulta: <strong>ansiedad, depresi&oacute;n, trastornos del sue&ntilde;o, trastornos alimenticios, dificultades para confiar en los dem&aacute;s y para establecer v&iacute;nculos sanos</strong>... Estos son solo algunos <strong>indicadores </strong>que, como sombras, persiguen a quienes conseguimos sobrevivir a semejante infierno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La salud mental se convierte en una lucha constante, una batalla en la que buscamos entender qui&eacute;nes somos m&aacute;s all&aacute; del trauma. Y es ah&iacute; donde comienza nuestra verdadera &ldquo;carrera de fondo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ser superviviente de ASI (abuso sexual infantil) significa, ante todo, aprender a transitar con la herida abierta, en una sociedad que, en su mayor&iacute;a, opta por mirar hacia otro lado, prefiriendo el silencio a la incomodidad de enfrentar esta terrible realidad.
    </p><p class="article-text">
        Por eso hoy, <strong>19 de noviembre, </strong><em><strong>D&iacute;a Mundial para la Prevenci&oacute;n del Abuso Sexual Infantil,</strong></em> me abro en canal. Necesito hacer llegar a todas las v&iacute;ctimas de esta lacra que no est&aacute;n solas, que su sufrimiento no es un peso que deban cargar en silencio. Deseo que todas esas personas adultas responsables de proteger a quienes son m&aacute;s vulnerables, sus hijos e hijas, comprendan que no basta con decir &ldquo;te quiero&rdquo; o &ldquo;conf&iacute;o en ti&rdquo;. Es necesario observar, preguntar y, sobre todo, escuchar. Hay que integrar, de manera inmediata, la capacidad de percibir lo que ocurre justo ante nuestros ojos, ya que el costo de ignorar las se&ntilde;ales de alarma es demasiado alto y, en ocasiones, irreversible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy, adem&aacute;s, quiero gritar sin reservas que <strong>ning&uacute;n depredador es digno de compasi&oacute;n, justificaci&oacute;n o indulgencia. </strong>No importa cu&aacute;n familiar o cercano sea. El abuso infantil es un crimen monstruoso, una herida imborrable. Una cicatriz permanente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cada ni&ntilde;o y cada ni&ntilde;a merece sentir seguridad en su propio hogar, en su propia piel. Cualquiera que traicione esa confianza deber&iacute;a enfrentar no solo la justicia, sino el m&aacute;s absoluto rechazo y la condena p&uacute;blica.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Todas las personas tenemos el poder de cambiar algo. Hablar de ello no es sencillo, pero es el primer paso. Evitarlo nos hace c&oacute;mplices.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Que quienes lean esta historia decidan actuar. Que decidan tomar conciencia de su papel en la vida de los menores que les rodean. Que abramos los ojos, las puertas, el coraz&oacute;n, y que nunca, pero nunca m&aacute;s, permitamos que el silencio se convierta en un refugio para el abuso y para el agresor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sobrevivir a esta barbarie es un acto de valent&iacute;a que desaf&iacute;a todo lo imaginable. Pero no somos nuestro trauma. Es la resiliencia la que nos define, la capacidad de levantarnos una y otra vez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Recuerda: <em>&ldquo;La infancia que so&ntilde;aste puede renacer en la adultez. </em><em><strong>Sanar es posible</strong></em><em>&rdquo;&nbsp;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Te abrazo fuerte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Te admiro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Te veo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sara Páez Padrón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/romper-silencio-llamamiento-proteger-escuchar-infancia_132_11831489.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Nov 2024 08:25:53 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Romper el silencio: un llamamiento a proteger y escuchar a la infancia]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
