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    <title><![CDATA[elDiario.es - Amparo Merino Segovia]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/amparo-merino-segovia/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Amparo Merino Segovia]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El idioma común de la cooperación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/idioma-comun-cooperacion_129_13354444.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/440a0052-908f-4544-87e7-848c7772df5c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x306y80.jpg" width="1200" height="675" alt="El idioma común de la cooperación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En un tiempo atravesado por la fractura social, la desconfianza y la ley de la fuerza, la propuesta reconoce que la paz no es solo la ausencia de violencia, sino  la presencia de justicia, de participación y de dignidad</p></div><p class="article-text">
        Hay una imagen que vuelve, terca, cada vez que recorro alguna de las cooperativas que  encontramos en cada rinc&oacute;n de nuestra geograf&iacute;a. Es la imagen de un grupo de personas  alrededor de una mesa, decidiendo juntas el rumbo de aquello que han levantado con  sus manos. No hay jefe que dicte la &uacute;ltima palabra desde un despacho lejano. Hay  socias, socios y una pregunta compartida &ldquo;&iquest;Qu&eacute; necesita esta comunidad para seguir  adelante?&rdquo;. En esa escena, repetida en lonjas pesqueras de Galicia, en cooperativas  ole&iacute;colas de Ja&eacute;n, en plataformas digitales de cuidados en Catalunya o en cooperativas  energ&eacute;ticas que, en todo nuestro pa&iacute;s, reparten entre las vecinas y vecinos la luz que  ellos mismos generan, se condensa una manera de mirar el mundo.  
    </p><p class="article-text">
        Este 4 de julio, celebramos el D&iacute;a Mundial del Cooperativismo, y Naciones Unidas ha elegido para 2026 un lema que no podr&iacute;a ser m&aacute;s oportuno: &ldquo;Cooperativas para un  mundo pac&iacute;fico&rdquo;. En un tiempo atravesado por la fractura social, la desconfianza y la ley  de la fuerza, la propuesta reconoce que la paz no es solo la ausencia de violencia, sino  la presencia de justicia, de participaci&oacute;n y de dignidad. Pocas f&oacute;rmulas econ&oacute;micas  conocen ese terreno tan bien como el cooperativismo, que demuestra a diario que se  puede competir sin depredar, crecer sin excluir y producir sin renunciar al cuidado de  quien produce. 
    </p><p class="article-text">
        Porque eso es, en esencia, una cooperativa: ciudadanas que se asocian libremente para  sostener juntas una actividad econ&oacute;mica de propiedad com&uacute;n y gesti&oacute;n democr&aacute;tica.  Una sola persona, un solo voto, sea cual sea el capital aportado. Una arquitectura  empresarial que nace arraigada al territorio y que convierte la cooperaci&oacute;n, la inclusi&oacute;n y  el cuidado en un idioma com&uacute;n, capaz de reconciliar la econom&iacute;a con la dignidad  humana. No lo veamos como una excepci&oacute;n rom&aacute;ntica al capitalismo. Es, cada vez con  m&aacute;s fuerza, una alternativa real y rentable para ordenar los mercados. 
    </p><p class="article-text">
        Las cifras lo confirman, aunque a m&iacute; me sigan emocionando m&aacute;s los rostros que las  representan. La Econom&iacute;a Social supone ya el 11,1% del PIB espa&ntilde;ol en cifra de  negocio, agrupa a m&aacute;s de 127.532 empresas y entidades, factura 169.691 millones de euros y sostiene 2.250.389 empleos, seg&uacute;n los datos del INE. Dentro de ese universo de  cifras, las cooperativas son la columna vertebral. Son 25.500 en toda Espa&ntilde;a, de las que 20.800 son de trabajo asociado, m&aacute;s del 80% del total. En el &uacute;ltimo a&ntilde;o, el empleo en  cooperativas ha crecido un 2,5%, hasta alcanzar las 358.161 personas trabajadoras.  Espa&ntilde;a concentra hoy el 26% del empleo cooperativo de toda Europa y el 9% de las  cooperativas de la Uni&oacute;n Europea. Somos, sin estridencias, uno de los pa&iacute;ses que mejor entiende este modelo.  
    </p><p class="article-text">
        Pero los n&uacute;meros, por s&iacute; solos, no cuentan la historia completa. Lo que de verdad  distingue a una cooperativa es d&oacute;nde echa ra&iacute;ces y a qui&eacute;n sostiene. Seis de cada diez  empleos cooperativos se generan en zonas rurales y ciudades medianas, frente al 43%  del empleo en el conjunto de las empresas. All&iacute; donde el mercado tradicional se retira  porque &ldquo;no es rentable&rdquo;, la cooperativa se queda, porque su rentabilidad se mide tambi&eacute;n  en arraigo y en comunidad. Los salarios cooperativos en zonas rurales alcanzan el 91%  del salario medio nacional, frente al 79% en las sociedades mercantiles. La brecha entre  quien m&aacute;s y quien menos cobra dentro de una cooperativa es de 2,6 veces, frente a las  4 veces de las empresas convencionales. La reducci&oacute;n de la desigualdad directamente  reflejada en una pol&iacute;tica salarial escrita en los estatutos. 
    </p><p class="article-text">
        Y hay algo m&aacute;s que habla del tipo de pa&iacute;s queremos construir. El cooperativismo es,  tambi&eacute;n, un espacio de inclusi&oacute;n real. Las mujeres ocupan ya m&aacute;s de la mitad del empleo  cooperativo, un 52,3%, y tienen un 15% m&aacute;s de probabilidades de llegar a puestos de  direcci&oacute;n que en una sociedad an&oacute;nima o limitada. Solo en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, el empleo  femenino en cooperativas ha crecido a un ritmo de 4,4%, m&aacute;s del doble que el de los  hombres. El empleo joven supera el 23% del total, por encima del 21,6% en las empresas  mercantiles. Y la contrataci&oacute;n de colectivos en situaci&oacute;n de vulnerabilidad &mdash;mayores de  45 a&ntilde;os y j&oacute;venes que buscan su primera oportunidad&mdash; supera en m&aacute;s de 12 puntos la  media de las empresas mercantiles del mismo sector. Ah&iacute; est&aacute; la paz de la que habla  Naciones Unidas, con presencia activa de oportunidades para quien m&aacute;s las necesita. 
    </p><p class="article-text">
        Desde el Ministerio de Trabajo y Econom&iacute;a Social hemos trabajado estos a&ntilde;os con la  conciencia de que impulsar el cooperativismo es contribuir, literalmente, a una sociedad  m&aacute;s justa. Esta primavera vio la luz la Ley Integral de Impulso de la Econom&iacute;a Social, una norma profundamente dialogada, fruto del acuerdo con todo el ecosistema y  negociada con todas las fuerzas parlamentarias. Es el resultado de escuchar, durante  meses, a quienes cada d&iacute;a sostienen este modelo desde una asamblea, una cofrad&iacute;a o  una oficina compartida. La ley, entre muchas cuestiones, moderniza las cooperativas,  con m&aacute;s participaci&oacute;n digital y avances en igualdad y derechos de las socias; impulsa, a  trav&eacute;s de beneficios fiscales, las cooperativas de vivienda en cesi&oacute;n de uso, una f&oacute;rmula  que ya ofrece respuestas tangibles a la mayor preocupaci&oacute;n social de nuestro tiempo; y  abre camino a las comunidades energ&eacute;ticas cooperativas, porque tambi&eacute;n la transici&oacute;n  ecol&oacute;gica necesita decidirse entre vecinas, sin imposiciones de las grandes energ&eacute;ticas. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando pienso en el trabajo de estos a&ntilde;os, no pienso solo en los articulados legales que  hemos logrado, por necesario que sea. Pienso en una forma de gobernar que ha decidido  mirar la econom&iacute;a desde otro lugar: no solo desde el beneficio, sino desde la dignidad  de quien trabaja; no solo desde el crecimiento, sino desde el reparto. Pienso en cada  cooperativa nacida este a&ntilde;o en un pueblo que se resist&iacute;a a vaciarse, en cada mujer que  hoy preside una asamblea que antes no contaba con su voz, en cada joven que ha  encontrado en el trabajo asociado una alternativa real a la precariedad. 
    </p><p class="article-text">
        El cooperativismo no promete un mundo sin conflictos, pero ofrece un m&eacute;todo para  resolverlos en com&uacute;n, alrededor de esa misma mesa con la que empezaba este texto.  Ese es el legado que queremos dejar. No una pol&iacute;tica de Estado para la Econom&iacute;a Social,  sino una Econom&iacute;a Social convertida en pol&iacute;tica de Estado. Una manera de producir que,  frente a la fragmentaci&oacute;n, apuesta por construir comunidad. Frente a la desconfianza,  apuesta por la palabra compartida. Frente a la ley de la fuerza, apuesta por la  cooperaci&oacute;n como idioma com&uacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso, hoy, con el mundo celebrando el Cooperativismo bajo el lema de la paz, en  Espa&ntilde;a tendremos motivos de sobra para hacerlo con orgullo. Porque llevamos a&ntilde;os  demostrando que otra forma de producir, m&aacute;s democr&aacute;tica, m&aacute;s arraigada, m&aacute;s justa y  feminista no solo es posible, sino que ya est&aacute; aqu&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amparo Merino Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/idioma-comun-cooperacion_129_13354444.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jul 2026 04:02:06 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Orgullo de país, esperanza global]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/orgullo-pais-esperanza-global_129_11847892.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2e814816-ed37-492c-b109-3af463ecdbc6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Orgullo de país, esperanza global"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La economía social es una herramienta de democracia económica en un momento en el que los fundamentos mismos de nuestras democracias están amenazados</p></div><p class="article-text">
        Nuestro mundo est&aacute; marcado por la crisis clim&aacute;tica, el aumento de las desigualdades y la erosi&oacute;n de la democracia. Vivimos en una &eacute;poca impregnada de incertidumbre permanente, caracterizada por tensiones ecol&oacute;gicas, econ&oacute;micas y geopol&iacute;ticas que no solo anuncian el colapso de un modelo, sino tambi&eacute;n el surgimiento, a&uacute;n en ciernes, de algo nuevo. En estos momentos de inestabilidad, recae sobre nuestros hombros la responsabilidad de ofrecer imaginarios alternativos, de proyectar nuevas utop&iacute;sticas. S&iacute;, utop&iacute;sticas: no visiones idealizadas de un futuro perfecto, sino, como dir&iacute;a Immanuel Wallerstein, &laquo;horizontes de transformaci&oacute;n cre&iacute;bles, mejores y posibles desde un punto de vista hist&oacute;rico&raquo;. Este, creo yo, es el verdadero papel de la econom&iacute;a social: constituirse en una alternativa democr&aacute;tica, ecol&oacute;gica y feminista frente a un sistema que ha agotado su capacidad de respuesta.
    </p><p class="article-text">
        Escribo estas l&iacute;neas desde Nueva Delhi, en el marco de la Conferencia Cooperativa Mundial, donde se inaugura el pr&oacute;ximo A&ntilde;o Internacional de las Cooperativas. En este espacio de intercambio global me doy cuenta de dos aspectos fundamentales: el presente y el prometedor futuro de la econom&iacute;a social, y el liderazgo que Espa&ntilde;a ha asumido en esta materia.
    </p><p class="article-text">
        La econom&iacute;a social desaf&iacute;a la l&oacute;gica reaccionaria de los tiempos complejos que habitamos. Nos permite afrontar los grandes retos no restringiendo libertades y derechos, sino ampli&aacute;ndolos. Este modelo redefine las coordenadas de la econom&iacute;a tradicional, consolidando un suelo social para nuestros derechos fundamentales y respetando el techo ecol&oacute;gico que impone nuestro planeta.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, la econom&iacute;a social es una herramienta de democracia econ&oacute;mica en un momento en el que los fundamentos mismos de nuestras democracias est&aacute;n amenazados. Es tambi&eacute;n una apuesta s&oacute;lida por una transici&oacute;n ecol&oacute;gica justa en un contexto de crisis clim&aacute;tica exacerbada. Adem&aacute;s, ofrece un camino innovador para avanzar hacia una transformaci&oacute;n digital con derechos, poniendo la tecnolog&iacute;a al servicio de las mayor&iacute;as sociales. Por &uacute;ltimo, y no menos importante, es un modelo feminista que reivindica la inclusi&oacute;n y la dignificaci&oacute;n de los cuidados. En definitiva, la econom&iacute;a social demuestra que, tras d&eacute;cadas de devastaci&oacute;n neoliberal, existe una forma diferente &mdash;y mejor&mdash; de hacer las cosas.
    </p><p class="article-text">
        Por todo ello, podemos sentirnos profundamente orgullosos del papel de Espa&ntilde;a como referente mundial en econom&iacute;a social y cooperativa, un liderazgo que qued&oacute; patente hace m&aacute;s de un a&ntilde;o con la coordinaci&oacute;n de la primera resoluci&oacute;n de la Asamblea General de Naciones Unidas sobre esta materia. Desde la distancia, aqu&iacute; en India, lo afirmo con convicci&oacute;n, aunque plenamente consciente de los desaf&iacute;os que a&uacute;n debemos superar: la econom&iacute;a social es, sin duda, un aut&eacute;ntico orgullo de pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Este &eacute;xito no es fruto de la casualidad. Se debe, principalmente, a un sector din&aacute;mico y a un Gobierno que, por primera vez en democracia, ha situado a la econom&iacute;a social en el centro de sus prioridades. Un ejemplo claro de este compromiso es que Espa&ntilde;a es uno de los pocos pa&iacute;ses del mundo que incluye el t&eacute;rmino &laquo;Econom&iacute;a Social&raquo; en el nombre de un ministerio.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos cuatro a&ntilde;os, hemos apostado de forma decidida por un modelo que no solo fomenta un crecimiento econ&oacute;mico m&aacute;s inclusivo, sino que tambi&eacute;n ofrece mayor estabilidad en un contexto de desorden y contribuye a reducir las desigualdades. Las empresas y entidades de econom&iacute;a social, guiadas por principios como la primac&iacute;a de las personas y el fin social del capital, generan trabajo decente y promueven la inclusi&oacute;n y no discriminaci&oacute;n. Un ejemplo claro es su contribuci&oacute;n a la igualdad de g&eacute;nero, reflejada en menores brechas salariales entre hombres y mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, estas empresas integran a colectivos de personas trabajadoras que enfrentan mayores barreras para acceder al empleo, mostrando as&iacute; una sensibilidad social que rara vez se encuentra en la econom&iacute;a convencional. Su impacto se extiende tambi&eacute;n a &aacute;reas rurales y municipios peque&ntilde;os, donde ayudan a generar empleo y fomentan la cohesi&oacute;n territorial, un elemento esencial para combatir el despoblamiento y reforzar el tejido social de estas zonas.
    </p><p class="article-text">
        Conscientes de este enorme valor a&ntilde;adido &mdash;que a menudo escapa a los &iacute;ndices macroecon&oacute;micos tradicionales&mdash;, el Ministerio de Trabajo y Econom&iacute;a Social impuls&oacute; el PERTE de la Econom&iacute;a Social, respaldado por una inversi&oacute;n hist&oacute;rica de m&aacute;s de 2.500 millones de euros. Este proyecto ha permitido fortalecer iniciativas como cooperativas de energ&iacute;a y de vivienda en cesi&oacute;n de uso, cooperativas de cuidados, sociedades laborales y una banca &eacute;tica, entre otras f&oacute;rmulas empresariales que redefinen y abordan los grandes desaf&iacute;os que tenemos como pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Han pasado casi dos siglos desde que, el 24 de octubre de 1844, un grupo de 28 tejedores, inspirados por el socialismo ut&oacute;pico, fund&oacute; la Sociedad Equitativa de los Pioneros de Rochdale, el hito fundacional del cooperativismo. Uno de los primeros socialistas espa&ntilde;oles, Fernando Garrido, escribi&oacute; tras una visita a Rochdale un breve texto titulado La cooperaci&oacute;n. En &eacute;l, afirmaba: &laquo;Bajo cualquier aspecto que se las considere, estas asociaciones merecen la atenci&oacute;n del fil&oacute;sofo, del estadista y del fil&aacute;ntropo, porque son un s&iacute;ntoma del progreso intelectual de las masas populares y llevan en su seno el germen de profundas transformaciones econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Han cambiado muchas cosas desde Rochdale, pero nuestra atenci&oacute;n permanece intacta. Hoy, seg&uacute;n la Alianza Cooperativa Internacional, el sector cuenta con mil millones de miembros y genera m&aacute;s de cien millones de empleos en todo el mundo. A pesar del tiempo transcurrido, el cooperativismo y la econom&iacute;a social siguen siendo el germen de las transformaciones profundas que necesitamos para afrontar la incertidumbre, la desigualdad y la crisis clim&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Desde Rochdale hasta Nueva Delhi, desde el siglo XIX hasta nuestros d&iacute;as, el cooperativismo y la econom&iacute;a social siguen siendo sin&oacute;nimo de esperanza: la posibilidad concreta de un mundo mejor. Una utop&iacute;stica que, pese a todo, ya comenzamos a acariciar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amparo Merino Segovia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/orgullo-pais-esperanza-global_129_11847892.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Nov 2024 21:36:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Orgullo de país, esperanza global]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Economía social,Cooperativas]]></media:keywords>
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